No se trata de eliminar la tempestad -lo negativo- sino de meternos en la barca con Jesús. Una reveladora reflexión de Luisa Restrepo
La vida del espíritu es dinámica, es movimiento y siempre quiere crecer. Para no ponerle obstáculos, es necesario, conforme maduramos humanamente, hacerlo también en el espíritu. Estos puntos nos podrían dar algunas claves:
1VIVIR DESDE LO QUE SOY, NO DESDE LO QUE ME SUCEDE. NO QUEDARNOS EN LOS ACCIDENTES
No escapar de lo que nos sucede, sino presentarnos al médico tal cual como estamos.
Situarnos en toda nuestra realidad. Nuestra realidad completa está formada por el fracaso y la gracia.
Sin embargo, estamos llamados a redimensionar la realidad desde lo que somos verdaderamente: lo más real de nosotros mismos es que estamos hechos a imagen de Cristo. La madurez de la vida cristiana consiste en adecuarnos a esta realidad.
“Gusto en ser tal cual soy para ser tuyo y para darme a ti”.
San Juan de la Cruz
2SOY PORQUE SOY AMADO
No asentarnos en la nuestra fragilidad sino mirar a Cristo. Caer en la cuenta de que su amor es el que nos forma.
Estamos estructurados en la Cruz de Cristo y nuestra constitución es el amor. Por eso se trata de usar todas nuestras energías para el amor, para hacer crecer el bien que hay en nosotros y no para fijarnos en nuestros demonios.
Nada, ni la peor circunstancia, puede impedirnos amar, y en el amor somos lo que estamos llamados a ser.
3NUESTRO MAL ESTÁ HABITADO POR EL OMNIPOTENTE
Somos el caos inicial de la creación. Ese es el material sobre el que Dios hace en nosotros la nueva creación. Dios trabaja desde nuestra debilidad para que surja en nosotros algo nuevo.
Sobre cada uno de nosotros Dios ha pronunciado su palabra: Cristo. Y aunque todos los días seamos conscientes de nuestra fragilidad, contamos con la fe y con el amor de Dios, a pesar de todos nuestros problemas.
Nuestra sensibilidad debe estar puesta, no tanto en la presencia del mal sino en el amor y la bendición de Dios.
Cuando peor nos sentimos más ganas tiene Cristo de unirse con nosotros. Toda humillación es donde Jesús nace, como en Belén.
En las limitaciones es donde surge Dios. La presencia de Jesús hace bella y buena cualquier circunstancia.
Si está Jesús está todo.
4SOY PORQUE SOY CONTINUAMENTE SALVADA
Como el pueblo de Israel, en nuestra vida Dios nos regala “pasos por el Mar Rojo”. Si nos detenemos a pensar, todos hemos estado más de una vez en esta experiencia, la experiencia de no poder avanzar ni retroceder, de estar estancados. Dios nos lleva al Mar Rojo para hacernos entender que no hay salida, hay una promesa de salvación.
Lo propio de Dios es hacer maravillas. En nuestra vida, Dios hace que se derrumben sueños y se construyan realidades.
Se trata entonces de no eliminar la tempestad sino de meternos en la barca con Jesús. Solo Él puede calmar los torbellinos de nuestra vida.
La esperanza teologal comienza cuando termina la esperanza humana. Somos permanentemente salvados por la ternura de Dios.
5VIVIR ESPERANDO AL ESPÍRITU SANTO
Nuestra vida cristiana consiste en hacernos dóciles, como María, a la acción del Espíritu en nosotros.
Partir de Dios mismo para realizar las obras de Dios. Esperarlo en nuestra vida y darnos todos los días cuenta de su obra.
Él armoniza nuestro caos, irrumpe en el momento menos esperado y obra en nosotros sin darnos cuenta.
“Habíamos creído que Dios era ternura. Ahora descubríamos que Dios era vértigo. Habíamos creído que Dios era soberanía. Ahora se nos hacía ver que Dios era ebriedad. Habíamos creído que Dios era la última calma. Y alguien vino a contarnos que Dios era locura”.
8 puntos de examen para conocerse, elaborados por un equipo de médicos, filósofos, sacerdotes y educadores
Todos queremos gozar de una personalidad feliz pero, ¿qué hacer para lograrlo? Un grupo de médicos, filósofos, sacerdotes y educadores han dibujado el mapa para guiarse por nuestro propio conocimiento.
La identidad es un tesoro del que cada uno disponemos. Sin embargo, tiene mucho de enigma y no nos ha sido dado de forma acabada. No podemos darle a una tecla y nos aparecen todos los datos sobre nosotros mismos. Ni siquiera el big data podría hacerlo.
Desarrollamos nuestra personalidad a lo largo del tiempo, conforme vamos conociendo el mundo y conociéndonos, y en la formación adquirimos las herramientas para alcanzar -si queremos- el bien en cada propuesta que se nos presenta. Así logramos las virtudes, forjamos nuestro corazón y nos orientamos hacia la felicidad auténtica.
Una personalidad lograda no existe si no hay madurez. Es imposible tenerla si no somos personas maduras. El papa Francisco explica en la encíclica “Amoris laetitia” que la madurez «no es solo el desarrollo de algo ya contenido en el código genético”.
Se refiere a que, por ejemplo, el amor hacia una persona o la decisión de entregar la vida a Dios no están escritos en nuestro ADN, sino que son fruto de decisiones libres.
Francisco habla de los elementos que hacen que se notecuándo hemos adquirido la madurez: la prudencia, el buen juicio y la sensatez. Y afirma: “no dependen de factores meramente cuantitativos de crecimiento sino de toda una cadena de elementos que se sintetizan en el interior de la persona; para ser más exactos, en el centro de su libertad.”
¿Cómo puedo saber si estoy adquiriendo madurez? Los autores del libro “Ser quien eres”(ed. Rialp) proponen una lista de características de la madurez. Así, cuando uno se pregunta si va madurando, tiene pistas para analizar cómo va.
A continuación tienes las ocho facetas de la madurez sobre las que hay que interrogarse y así saber si vamos madurando. Están descritas con las palabras que emplean los autores del libro:
¿Cuál de estos hábitos está más presente en tu vida?
¿Qué entiendes por resiliencia?
¿Has visto aquellos payasitos con cuerpo de muelle? Un juguete que presionas y alargas a voluntad que no sufre ningún daño?
Así es la resiliencia en la física: la capacidad que un tiene un material de volver a su estado original después de colocar una fuerza o presión sobre él.
Pero en psicología, la resiliencia significa otra cosa.
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El concepto define la capacidad de una persona de enfrentar y superar dificultades transformándose a sí misma en alguien más fuerte en el proceso.
Debemos tener cuidado. Algunos hábitos que pasan desapercibidos en el día a día pueden debilitar tu resiliencia con el tiempo.
Mira:
1. Evitar situaciones difíciles y enfrentamientos
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Si una persona provista con resiliencia es capaz de lidiar con situaciones adversas, huir de cualquier cuestión y evitar enfrentamientos es caminar en sentido contrario.
Empiezas a sentir miedo e inseguridad y es sólo cuestión de tiempo antes de retroceder ante los problemas. Cuando te topes dudando demasiado, recuerda: no pospongas, incluso las cuestiones menores.
Por más difícil que sea, vencer cada desafío es lo que te vuelve más fuerte.
2. Mantener personas tóxicas y negativas cerca de ti
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Ese es un hábito delicado, finalmente, tú puedes pensar que necesitas convivir con esas personas que sólo chupan tu energía. No es necesario y no hay nada de malo en eso.
Las relaciones saludables traen efectos saludables para ambas partes. Por eso piensa con cuidado si las personas, a su vez, te incentivan y creen en ti.
Las experiencias de la vida son gasolina de aprendizaje para potenciar tu resiliencia. Pero al dar espacio al negativismo de los demás, el desánimo y la incredulidad en uno mismo empiezan a brotar.
3. Remover preocupaciones y no buscar incentivos que te revitalicen
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Es muy bueno ser independiente y resolver las cuestiones por sí mismo. Aún más, no dejes que tus preocupaciones se apoderen de ti.
Platica con alguien de confianza y abre tu corazón. Buscar incentivos revitalizantes sólo empoderan más tu capacidad de resiliencia.
Y nada como ver otro ángulo de los problemas. Desahogarse es quitarte peso de encima, recibir incentivos y compartir experiencias positivas.
4. No desistir de la zona de confort
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Una cosa que mi mamá siempre dice es que la zona de confort no tiene nada de confortable.
Y es por un simple motivo: no haces cambios, no te desarrollas, no experimentas lo nuevo y quedas preso en las mismas rutinas y hábitos de siempre.
Es como aquel vecino que reclama sobre el precio del mercado del barrio y sigue comprando en el mismo lugar. Si no cambias, no avanzas. Si reclamas, tampoco.
La resiliencia te lleva a lugares nunca antes alcanzados, ¿sabes por qué? Porque surge el valor para avanzar en la dirección de tus objetivos.
Entonces ya sabes, si deseas estudiar, trabajar, pedirle a él o ella matrimonio, hacer un intercambio o hacer algo completamente diferente, abandona tu zona de confort.
5. No agradecer con más frecuencia por las pequeñas cosas
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¿Te acuerdas cuándo fue la última vez que agradeciste por algo o alguien en tu vida cotidiana?
Hasta parece que nada sucede o que son necesarias cosas grandiosas para llamar nuestra atención. Pero no es necesario buscar en nuestra memoria grandes hechos.
Al principio de febrero sonreí por un mensaje de cumpleaños. En éste, una persona especial me hablaba sobre cosas que habíamos aprendido mutuamente. Yo lo agradecí.
No fue sólo un mensaje, no para mí. Y puedes pensar, es más fácil sentirse agradecido por grandes acontecimientos. Por otro lado, no te olvides de las cosas que parecen pequeñas en apariencia pero son enormes en su significado.
6. Ser optimista al decidir, pero no considerar los contras como el otro lado de la moneda
Crédito: Capri23auto
Lo bueno de ser optimista es que crees que las cosas van a salir bien. Tú dudas menos en tomar decisiones.
El hábito que puede confundir tu resiliencia consiste en no considerar los contras con el mismo énfasis.
Cuando sólo intentamos ver lo mejor de todo sin sopesar los riesgos y otras posibilidades, hay una gran posibilidad de sufrir por las expectativas creadas.
Si analizas los pros y los contras de la misma forma, serás capaz de lidiar mejor en caso de que el resultado no sea el esperado. Y, además de eso, creará las condiciones para pensar en soluciones y nuevos caminos para realizar lo que deseas.
7. Mentirse a sí mismo sobre el comportamiento de otras personas
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¿Cuánta presión emocional aguanta tu corazón?
No somos de juguete como el payacito con cuerpo de muelle. Si alguien pisotea tus sentimientos, la caída y el tiempo de recuperación pueden ser largos.
La cuestión es dejar de mentirte a ti mismo sobre los comportamientos que no controlas. Afirmaciones como: “Fue sólo esta vez”, “Él/ella van a cambiar si cedo de nuevo”, “Si yo hiciera esto va a ser mejor”…
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No pongas sobre tus hombros la responsabilidad de generar cambios que no te competen. Las personas necesitan tener el deseo de transformarse a sí mismas positivamente.
Y mentir para disculparlas no resuelve el problema
8. Ser óptimo consejero, pero a la hora de poner en práctica…
Crédito: geralt
No puedes ver a nadie con problemas que ya levantas la bandera de apoyo. Y qué bueno ser alguien tan confiable. Sólo que no te olvides hacer lo mismo por tus propias cuestiones.
Sé que, a veces, es más fácil mirar el problema de afuera, cuando no se está en el ojo del huracán. Pero tus consejos deben valer para ti también.
Lo bueno de compartir experiencias de vida es que podemos aprender y enseñar medios de transformar las dificultades. Y cuanto más aplicas lo que dices a otras personas, más preparado estás para enfrentar los desafíos.
9. Huir del autoanálisis
Crédito: geralt
Del autoanálisis surge el autoconocimiento y el autodominio. Cuando te conoces bien, sabes qué defectos necesitas trabajar y qué cualidades usar a tu favor.
La capacidad de superar las dificultades que la resiliencia proporciona es elevada con el autoanálisis. Tú empiezas a tener más autoconsciencia de tu responsabilidad sobre las causas y efectos de tu vida.
Si has huido del autoanálisis, tal vez por mentirte a ti mismo por el motivo que sea, cambia de actitud.
Al abandonar ese hábito, empiezas a actuar de forma más concreta sobre tus propias cuestiones personales. Sin contar con el hecho de que actúas de forma más flexible en el día a día.
10. Buscar respuestas para todo lo que no sale bien todo el tiempo
Crédito: geralt
Va por mí, ya he sido así. Pensaba que tenía que tener respuestas para todo, principalmente cuando las cosas no salían bien.
Y entonces me quedaba completamente frustrada por no tener las respuestas. Y cuando tiene que ver con relaciones humanas, los resultados son aún más imprevisibles.
Independientemente de tener o no una explicación para todo, enfócate en la reacción que tendrás frente a las circunstancias. Y que sea la más positiva posible y que te ponga en movimiento, siempre adelante.
La resiliencia es tu superpoder, ¡úsalo sin moderación!
En toda relación humana existen cualidades y actitudes que se deben cuidar y cultivar si deseamos crecer en el verdadero amor.
Sabemos que para crecer en el amor y para que nuestra relación sea cada vez más sólida es de suma importancia nutrir nuestro vínculo matrimonial. ¿Cómo? Entre otras cosas satisfaciendo nuestras mutuas necesidades emocionales de la forma en que cada uno necesitamos.
Para ello conviene dar respuesta a la manera en que como individuos entendemos qué es el amor. Es por eso por lo que debemos estar abiertos, dispuestos a aprender el lenguaje amoroso más importante de nuestro cónyuge y así, por medio de nuestro amor llenar su tanque emocional.
El terapeuta y consejero matrimonial Gary Chapman, en su libro “El amor como forma de vida: Siete claves para transformar su vida” ofrece una forma efectiva de comunicación del amor a través del desarrollo de 7 cualidades que, como él dice, no consisten en sentimientos vagos ni buenas intenciones, sino que son hábitos que aprendemos a practicar cuando decidimos transformarnos en personas que aman genuinamente.
Te comparto de forma muy breve las cualidades que son claves para tener éxito en las relaciones y en la vida.
La amabilidad -bondad-. Es la dicha de satisfacer las necesidades de otra persona antes que las propias por el mero hecho de favorecer la relación. Es cuando aprendemos a observar y a describir la necesidad del otro y damos ese extra para que sea nuestra prioridad. Es decir, ponemos su necesidad antes que la nuestra, de una forma generosa. Es importante que entendamos que nunca podremos amar auténticamente si no estamos dispuestos a sacrificarnos. El verdadero acto de amabilidad es aquel que nace de manera natural, espontáneo y sin más interés que brindar bienestar al otro.
Paciencia. Es la capacidad de aceptar con tranquilidad las imperfecciones de los demás reconociendo que todos estamos en proceso de transformación; es esa importante cualidad que nos hace permitir que los demás sean imperfectos. Es importante que entendamos que, si queremos amar bien a los demás, debemos tener paciencia con nosotros mismos.
Perdón. Es recurrir a la sinceridad, la compasión y la conciencia de uno mismo para reconciliarse con alguien que nos ha herido aceptando que el verdadero perdón solo se da cuando la justicia y el amor operan conjuntamente. El perdón solo no basta para recuperar la confianza, pero sin perdón la confianza no puede recuperarse. Por lo tanto, hay que practicar el perdón en las cosas pequeñas y pedir disculpas aun por las pequeñas ofensas.
Cortesía. Es la actitud que nos dispone a tratar a los demás como amigos personales, con amabilidad reconociendo su valor como persona. Esta es esencial para hacer del amor una forma de vida, ya que la persona cortés pone el acento en el valor de las relaciones. Para la persona que ama de verdad, la cortesía es una forma de vida y una fuente de satisfacción.
Humildad. Es situarse por debajo para que alguien pueda situarse por encima. La humildad reafirma la valía de los demás; es la paz interior que nos permite apartarnos para reafirmar el valor de otra persona. Ser conscientes de cuál es la propia valía es un paso hacia amar a los demás de manera más auténtica.
Generosidad. Amar es, en una palabra, regalar el yo. (San Juan Pablo II). La generosidad es entregarse a los demás de una forma libre y desinteresada, ofreciendo nuestra atención, tiempo, talentos, dinero y compasión, simplemente por amor.
Sinceridad. Es mostrarse como la persona que en realidad sé es. Es la coherencia afectuosa entre lo que se dice, lo que se piensa y lo que se hace. Es ir con la verdad por delante. Una persona que ama de verdad es siempre sincera con las personas a las que ama y siempre les dice la verdad con tacto.
Hay más que decir sobre este tema… El amor como forma de vida. Qué mundo sería este si de verdad todos eligiéramos vivir en esta línea, en el amor como estilo de vida. Para comenzar habría más unión y menos división; más altruismo y menos egoísmo…
Esta es nuestra Fe, la Fe de la Iglesia que nos
gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor nuestro.
297. ¿Se
puede formar la conciencia?
Sí; es más, debemos hacerlo. La conciencia que
todo ser humano
tiene por nacimiento, puede ser conducida en mala dirección o adormecida. Por eso debe ser formada para
llegar a ser un instrumento, cada vez más
sensible, de la actuación justa. [1783-1788, 1799-1800]
La primera escuela de la conciencia es la autocrítica, a la luz de la Verdad sinceramente buscada. Pues los hombres tenemos la inclinación a juzgar a favor nuestro.
La segunda escuela de la conciencia es la orientación al buen obrar de los otros.
La formación correcta de la conciencia conduce al hombre a la libertad de hacer el bien conocido rectamente. La Iglesia, con la ayuda del Espíritu Santo y de la Escritura, ha acumulado en su larga historia mucho conocimiento acerca del buen obrar; pertenece a su misión enseñar a las personas y darles también directrices.
* El texto (pregunta y respuesta) proviene del Youcat = Catecismo para Jóvenes. Los números que aparecen
después de la respuesta hacen referencia al pasaje correspondiente del Catecismo
de la Iglesia Católica que desarrolla el tema aún más. Basta un clic en el
número y será transferido.
El book-trailer de un libro sobre la maternidad (Surprised by motherhood [Sorprendida por la maternidad], de Lisa-Jo Baker) ofrece unos hermosos argumentos de todo lo que debemos a quienes nos han traído al mundo o a quienes, como en el caso de la adopción, asumen idénticas responsabilidades y con el mismo amor que si lo hubiesen hecho.
Amado Padre que estás en los cielos:
Vengo a ti cansada y abatida en este día tan largo.
Ser una madre puede ser tan difícil. Tantas veces me siento
impotente e inadecuada. Una parte de mí se quiere quejar,
pero entonces recuerdo hasta qué punto fuiste abatido y
sé que no puedo hablar. Recuerdo que eres el Varón de Dolores
y que entiendes qué tan difícil puede ser la vida. También recuerdo
que tú guardas cada una de mis lágrimas y que te importan mis problemas,
mis pruebas y mis temores.
El libro de Hebreos me dice que puedo acercarme con confianza
y encontrar la gracia y la misericordia que necesito. Así que vengo
donde ti para entregar estas cargas a tus pies. Me siento sobrecogida
por los detalles de mi vida. Siento como que nunca puedo avanzar.
Desde que limpio un desorden por un lado, encuentro otro por otro lado.
Algunos días me pregunto si es que no estoy hecha para ser mamá.
Yo sé que hoy no te he glorificado como es debido. He fallado en amar
como tú me amas. He fallado en extender a otros la gracia que me has
extendido. Perdóname por luchar con mis propias fuerzas. Perdóname
por no encontrar mi satisfacción completa solo en ti y estar buscándola
en otro lugar. Cada una de estas fallas me recuerdan cuánto necesito
de un Salvador. El día de hoy me recuerda que necesito a Jesús más
de lo que lo necesité ayer, y mañana lo necesitaré más todavía.
Estoy tan agradecida de todo lo que me das. Tú nunca te cansas ni desmayas.
Aun mientras estoy dormida, tú sigues trabajando. Nada pasa fuera
de tu conocimiento y voluntad. Tú nunca estás en el punto que no puedes
aguantar más. Y el pozo de tu gracia nunca se seca.
Por lo que Cristo hizo por mí, yo te pido que pongas en mí un corazón limpio.
Renueva mi alma dentro de mí. Dame la fuerza del evangelio para cada día.
Abre mis ojos para que pueda ver tu mano obrando en los desastres de mi vida.
Sé tú mi constante en medio de mis fluctuaciones. Mantén al evangelio siempre
delante de mí y hazlo realidad en mi vida como madre.
Yo oro que mañana estés conmigo en el medio del lodo y el fango de la maternidad.
Ayúdame a encontrar mi gozo en ti y no en mis circunstancias.
Que yo pueda recordar que aun cuando no lo sienta, tú estás conmigo,
nunca me dejarás ni me desampararas. Esta noche dormiré en paz sabiendo
que cuando yo no pueda más, tu me sostienes en tu mano. Y abriré mis ojos
en la mañana encontrando misericordia, nueva y fresca, lista para mí.