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jueves, 13 de febrero de 2025

Por qué la gratitud nos llevará a la fidelidad

 

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La gratitud es una virtud que si se practica cabalmente genera fidelidad hacia las personas que han hecho bien, y a su vez genera mucha bendiciones

Agradecer a los que nos hacen un bien genera deseos de corresponder a quien ha demostrado interés en nosotros. Por eso, la gratitud es una virtud que se debe practicar en todo momento y que, siendo constante, derivará en fidelidad.

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- S. Bernardo de Claraval




miércoles, 7 de junio de 2023

Cómo amar con libertad (y no por obligación)

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"Donde todo está orientado sólo al deber y al derecho, de pronto, todas las relaciones humanas se han roto"...

La libertad es el camino y es la meta.El sueño que habita en mi alma y mi más profundo deseo.

Libre de apegos enfermizos y esclavitudes que no me dejan volar alto. Libre para ser yo mismo sin pretender contentar a todos con mi vida. Para amar sin miedo a dejar el corazón anclado, aunque siempre duela.

Libre para tocar el cielo sin renunciar a ser yo mismo en todo momento. Libre de mi pasado y consciente de lo importante que ha sido lo vivido para ser hoy quien soy.

No importan los años transcurridos, todo cuenta. Lo importante es que entregue el corazón con libertad y viva sin miedo a perder nada.

Libre en la fidelidad a mis compromisos elegidos. Y libre por amor para darme.

«Donde todo está orientado sólo al deber y al derecho, de pronto, todas las relaciones humanas se han roto».

J. Kentenich, Lunes por la tarde,Tomo 2: Caminar con Dios a lo largo del día

El amor no es un derecho

MUM, KISS, BREASTFEED

Por deber no te puedo amar, nunca por obligación. Como dice un dicho popular: «A la fuerza no hay cariño».

No exijo mi derecho a ser amado. Soy libre en mi corazón para amar hasta el final de mis días.

Y permanezco a tu lado por libertad, no por una obligación adquirida. Sino porque vuelvo a elegir lo que ya había elegido antes.

Los errores de los santos Pedro y Pablo

San Pablo fue Saulo antes de caer de su caballo. Pensaba que era libre cuando pensaba que Dios lo guiaba y así mató a cristianos, como un deber sagrado.

Hasta que escuchó una voz que cambió su vida y eligió otro camino: entregar la vida por Aquel al que había perseguido.

Dejó de perseguir para ser perseguido. Dejó el lado de los poderosos para formar parte de los débiles.

Dejó el lado de las obligaciones para elegir la libertad de los hijos de Dios. Dejó de proteger la ley y el derecho para vivir sin protecciones.

Nunca olvidó quién era y tuvo que perdonarse muchas veces por el daño causado a tantos inocentes. Y el perdón de Jesús lo hizo libre.

Y san Pedro, la piedra rota, lloró por haber negado tres veces. No se sintió libre esa noche y midió sus palabras, se protegió en sus silencios, porque amaba su vida.

Se escondió porque no quería perder sus días, aún no era libre. No estaba preparado para entregarlo todo.

Cuándo puedo decidir libremente

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En ocasiones siento que la vida se juega en decisiones libres que tomo cuando llega el momento. Cuando estoy preparado para ser libre y vivir con libertad.

Ese momento llega cuando Dios me mira con ojos de misericordia y me recuerda cuánto valgo y quién soy en realidad.

Y yo entiendo, por fin lo comprendo, y abrazo la libertad soñada sin olvidar nunca de dónde vengo. Soy débil y pecador.

Cada uno tiene su pasado, su vida, su historia. Sus dolores y sus heridas. Sus momentos duros y oscuros, y sus pasajes llenos de luz. Lo que no quiero contar a otros, lo que no me perdono todavía.

Y desde lo vivido sólo tengo una posibilidad. Quiero elegir de nuevo el camino de la libertad.

En mi interior siempre está la libertad

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Elijo lo importante porque las apariencias no son decisivas. Adriana Arreola escribe con un corazón libre desde su enfermedad:

«No importa cuán oscuro sea el camino, siempre hay luz en nuestro interior. Siempre hay fuerza en nuestro ser. Con una sonrisa en el alma».

Y es una gran verdad, en mi interior siempre hay esperanza. Dentro de mí hay una libertad a la que no estoy dispuesto a renunciar nunca.

Una actitud positiva en medio de la tormenta. Y una paz profunda ante el abismo al que me conduce la corriente.

Elijo subir

CLIMBING

Me giro sobre mí mismo y escalo las más altas montañas sin dejarme llevar por el desánimo o el miedo, ni por esa tendencia a no hacer nada.

Elijo el camino escarpado ante mis ojos y me siento libre. Y al escribirlo veo que en mis palabras está el anhelo más profundo de mi alma reflejado.

Y también el de aquel que lea esas mismas palabras. Como leía un día:

«Los libros son espejos: sólo se ve en ellos lo que uno ya lleva dentro».

Carlos Ruiz Zafón, La sombra del viento

Y las palabras sólo son pilares sobre los que se asienta mi vida. Sólo me construyen cuando nacen de dentro.

Y al verme espejado en ellas brota en mi interior ese mismo deseo de ser libre.

El amor libera

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Pedro, al escuchar tres veces una pregunta que no lo acusa, sino que lo sostiene, cambia su mirada y su corazón:

«Pedro, ¿me amas?».

Y elige el amor, porque ahora sí se siente libre. Es más de Dios y está menos atado a las rocas y cadenas que antes llevaba en el alma.

Le pesaban su falta de perdón y su deseo frustrado de salvar la vida del Maestro. Aún recordaba sus palabras grandilocuentes e inútiles dichas en una última cena.

Y Pablo, sostenido por la voz de Jesús que lo ama, lo elige a Él. Resuena una pregunta que no es acusatoria: «Saulo, ¿por qué me persigues?».

Lo confronta con su corazón puro y magnánimo. Y Saulo entiende sin ver, en medio de su ceguera. Y cree. Y se sabe libre siendo el último de los apóstoles. No tenía nada que perder.

Los dos hicieron sus caminos hacia la libertad. Los dos desde esa pregunta hecha por un enamorado.

Saulo dejó de perseguir. Y Pedro dejó de dudar. Y los dos se hicieron libres atados a un amor más grande que los hizo vivir con paz y sin miedo. Es lo que yo deseo, esa libertad profunda.


Carlos Padilla Esteban

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sábado, 4 de septiembre de 2021

El que canta reza 2 veces XX: Eso que tú me das


 

¿Te paras alguna vez a pensar en todo lo que te dan los demás? Tu familia, tus amigos, tus compañeros de trabajo, el pescadero, la estanquera, el conductor del autobús… ¿o das tan por sentado que todo lo que recibes de ellos se te debe, que ni siquiera lo aprecias?

Esto a veces pasa en las familias, por ejemplo, cuando el padre o la madre llevan y recogen todos los días a los niños al colegio en coche y un día se estropea y tienen que ir en Metro. ¡Cómo les fastidia, cómo notan la diferencia de ir cómodamente en su coche a ir espachurrados –bueno, justo ahora con la pandemia espachurrados no vamos ninguno-, rodeados de desconocidos, cada uno con su olores y colores, a tener que esperar en el andén y a tener que caminar hasta casa en vez de subir directamente desde el garaje!

Cuando uno ha recibido algo todos los días de su vida se cree que es lo normal y no cae en la cuenta de que es algo que alguien hace por ti, te da su tiempo, su atención y su hacer lo que sea que haga,  y que hay que agradecerlo.

Detrás de cada cosa pequeña de todos los días hay alguien que te la da. Lo que te decía antes, el conductor del autobús está haciendo su trabajo pero no es lo mismo que te dé un trayecto desagradable lleno de frenazos y giros bruscos a que te dé un paseo agradable por la ciudad. La estanquera: no es lo mismo que te suelte el cartón de tabaco a que mientras te lo pasa por la ventanilla te sonría y te agradezca haber ido a su tienda. Ves la diferencia, ¿verdad?

Aunque cada uno hagamos nuestro trabajo y nuestras obligaciones cada día -lo que se espera de nosotros y con lo que todos contamos- , esas tareas o labores son cosas que les damos a los demás. Toda tarea, todo trabajo es un servicio a los demás.

¿Tú cómo le das los buenos días a tu marido o a tu mujer? Porque no es lo mismo de una forma que de otra. O ¿cómo le pones el desayuno a tu familia? ¿Lo ves?

¿Y te paras a pensar en todo lo que te da Dios todos los días? Con Él es más fácil que se nos pase porque generalmente hace las cosas con tanta discreción que no nos damos cuenta de que son milagros, uno detrás de otro y todos los días.

Para empezar, que amanezca de nuevo es algo que Dios te da y ni se te ocurre agradecérselo porque es lo que pasa todos los días. ¡Precisamente! Todos los días te ha dado un nuevo día, un amanecer que si vives en el campo o en la costa puedes incluso disfrutar, no como los que vivimos en una ciudad rodeados de edificios. Bueno,  si vives en un piso muy alto sí que puedes tener amaneceres bonitos.

Pues en este final de verano/invierno piénsalo, todavía estás a tiempo de dar las gracias.

GUADALUPE GARCÍA, Rel

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sábado, 16 de enero de 2021

Diez consejos para no sucumbir y vencer el peligroso pecado capital de la envidia

 


La envidia es un pecado capital, muy frecuente y que puede destruir a la persona

La envidia es uno de los siete pecados capitales y puede destruir a la persona y a todos aquellos que están a su alrededor. Como todo pecado provoca división y separación, y sobre todo aleja de Dios.

El padre Ed Broom, oblato de María Inmaculada y experto en evangelización digital recuerda que es importante reconocer este pecado en nuestro interior, rechazarlo y pedir la gracia de Dios para expulsarlo de nuestras vidas.

Para ello, este sacerdote ofrece en Catholic Exchange diez sencillos consejos que podemos aplicar en nuestras vidas para vencer el pecado de la envidia:

1. Ser honestos en admitirlo

Si no admitimos y no aceptamos la realidad de la envidia en nuestros corazones, nunca seremos capaces de vencerla. ¡La ceguera a los defectos no los vence sino que los agrava!

Hay una expresión en español que lo resume perfectamente: “No hay peor ciego que quien no quiere ver”.

Sacerdote confesando a un joven

2. Confesión.

Ceder voluntariamente a la envidia es un pecado. Por lo tanto, llevar este pecado al sacramento de la Confesión se convierte en curación. Eso es porque la gracia sacramental específica de la Confesión es la curación para nuestra alma de la enfermedad moral del pecado.

3. El “Agere Contra” ignaciano

Esta es una expresión de San Ignacio de Loyola que significa: “hacer lo totalmente contrario”. En lugar de herir a la persona que envidias, hazle bien, ya sea con oración o con acción.

4. Reza por quien envidias

Una vez que las malas tendencias, especialmente las de la envidia, se llevan a la oración, Dios puede hacer milagros. Puede mover las montañas más altas de nuestro orgullo, ira y envidia.  Por nosotros mismos solo somos la esencia de la debilidad y la miseria. Sin embargo, Dios es Omnipotente. "¡Todo es posible con Dios!".

Una chica rezando

5. Felicitaciones y elogios

Cuando la envidia echa raíces en el corazón la tendencia, con respecto al habla, es criticar, denigrar y degradar a la persona. ¡Vence a la envidia elogiándolo o felicitándolo por sus buenas cualidades! ¡Haz esto en la presencia de Dios o en presencia de otros!

6. Da gracias a Dios

Agradece a Dios desde el fondo tu corazón los maravillosos talentos que le ha dado a todas las personas en este mundo, pero especialmente a la persona que más envidia.

Lo que envidiamos es simplemente un talento que Dios ha dado que ha sido reconocido y cultivado. ¿Por qué envidiar los dones de Dios?

7. Cultivar un espíritu de equipo

En un juego de equipo si un jugador logra el punto definitivo, no es un solo jugador quien gana el partido, sino todo el equipo.

Cuando rezamos el Padre Nuestro reconocemos que Dios es el Padre de toda la humanidad y de todos y cada uno de nosotros en particular. Eso significa que todos somos hermanos y hermanas del mismo Padre Celestial. Por tanto, tu victoria es mi victoria; tu derrota es mi derrota

Recuerde las palabras del Apóstol San Pablo al respecto: “¡Alégrate con los que se alegran; llora con los que lloran!”. Santa Teresa de Lisieux dijo que cuando se hace el mal, el mundo entero desciende. Sin embargo, cuando se hace el bien, el mundo entero se eleva más cerca del cielo. ¿Por qué no regocijarse por las victorias espirituales de los demás? ¡La Tierra se ha elevado más cerca del cielo!

8. Autoconocimiento de nuestros talentos

Una parábola muy reveladora se encuentra en el capítulo 25 del Evangelio de San Mateo. A tres hombres se les dan talentos. Dos de ellos duplican los talentos con trabajo duro. El último, por miedo y pereza, cava un hoyo y entierra el talento bajo tierra.

Al regresar, el Maestro hace una interpretación de los frutos conseguidos. Los dos primeros servidores fieles y trabajadores son elogiados y premiados por su dedicación. Sin embargo, el sirviente perezoso que escondía su talento debajo del suelo fue castigado.

¡Todos tenemos talentos! Arte, música, deportes, estudio, comunicación, pintura, escritura, cocina, oración, espiritualidad, todos estos son talentos dados por Dios. Pueden cultivarse y prosperar y ser útiles para cultivar la “Civilización del Amor” o pueden dejarse en barbecho, oxidarse y deteriorarse. De hecho, incumbe a todos que descubramos nuestros talentos específicos y luego los cultivemos al máximo. Al hacer esto, no nos centraremos en los talentos y el éxito de nuestro "rival" y no permitiremos que la envidia nos posea y conquiste.

San Juan Berchmans

9. Lista de Acción de Gracias

En la vida del joven jesuita San Juan Berchmans John se produjo un incidente, pertinente a la hora de conquistar y aplastar la cabeza del diablo de la envidia.

Juan vivía en una comunidad tanto con hermanos como con sacerdotes. Imbuido de un auténtico espíritu de caridad, Berchmans era muy consciente de los talentos y dones que Dios había otorgado a cada uno de los miembros. Por lo tanto, este santo escribió una lista de todos los miembros de la comunidad jesuita. Luego, junto a todos y cada uno de los miembros, escribió una virtud o atributo positivo y luego compuso una letanía de acción de gracias a Dios por esa virtud.

¿Por qué no enumerar a los miembros de su familia y al lado de cada uno escribir un atributo positivo y agradecer a Dios por ese regalo? ¡Una excelente manera de vencer la envidia!

10. Magnificat de María

Acude a María y reza a ella cuando te sientas tentado a caer en la envidia. ¡Di un rápido Ave María cuando tengas la tentación de estar celoso! Sé agradecido y alaba a Dios con el himno de alabanza de María: "Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador…”.

ReL

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