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miércoles, 20 de agosto de 2025

Evangelio del día - Memoria de San Bernardo


 

Libro de los Jueces 9,6-15.

Entonces se reunieron todos los señores de Siquém y todo Bet Miló, y fueron a proclamar rey a Abimélec, junto a la encina de la piedra conmemorativa que está en Siquém.
Cuando le llevaron la noticia a Jotám, este se puso en la cima del monte Garizím, y gritó con voz potente: "Escúchenme, señores de Siquém, y que Dios los escuche a ustedes:
Los árboles se pusieron en camino para ungir a un rey que los gobernara. Entonces dijeron al olivo: 'Sé tú nuestro rey'.
Pero el olivo les respondió: '¿Voy a renunciar a mi aceite con el que se honra a los dioses y a los hombres, para ir a mecerme por encima de los árboles?'
Los árboles dijeron a la higuera: 'Ven tú a reinar sobre nosotros'.
Pero la higuera les respondió: '¿Voy a renunciar a mi dulzura y a mi sabroso fruto, para ir a mecerme por encima de los árboles?'
Los árboles le dijeron a la vid: 'Ven tú a reinar sobre nosotros'.
Pero la vid les respondió: '¿Voy a renunciar a mi mosto que alegra a los dioses y a los hombres, para ir a mecerme por encima de los árboles?'.
Entonces, todos los árboles dijeron a la zarza: 'Ven tú a reinar sobre nosotros'.
Pero la zarza respondió a los árboles: 'Si de veras quieren ungirme para que reine sobre ustedes, vengan a cobijarse bajo mi sombra; de lo contrario, saldrá fuego de la zarza y consumirá los cedros del Líbano'.


Salmo 21(20),2-3.4-5.6-7.

¡El rey se regocija por tu fuerza, Señor!

Señor, el rey se regocija por tu fuerza,
¡y cuánto se alegra por tu victoria!
Tú has colmado los deseos de su corazón,
no le has negado lo que pedían sus labios.

Porque te anticipas a bendecirlo con el éxito
y pones en su cabeza una corona de oro puro.
Te pidió larga vida y se la diste:
días que se prolongan para siempre.

Su gloria se acrecentó por tu triunfo,
tú lo revistes de esplendor y majestad;
le concedes incesantes bendiciones,
lo colmas de alegría en tu presencia.


Evangelio según San Mateo 19,30.20,1-16.

Jesús dijo a sus discípulos: «Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros.
porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña.
Trató con ellos un denario por día y los envío a su viña.
Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza,
les dijo: 'Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo'.
Y ellos fueron. Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.
Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: '¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?'.
Ellos les respondieron: 'Nadie nos ha contratado'. Entonces les dijo: 'Vayan también ustedes a mi viña'.
Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: 'Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros'.
Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario.
Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario.
Y al recibirlo, protestaban contra el propietario,
diciendo: 'Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada'.
El propietario respondió a uno de ellos: 'Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario?
Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti.
¿No tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?'.
Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos».


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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Bulle

San Gregorio Magno (c. 540-604)
papa y doctor de la Iglesia
Homilías sobre los Evangelios, n° 19


¿Por qué permanecisteis allí todo el día sin hacer nada?

      Podemos repartir estas diversas horas del día entre los años de vida del hombre. El amanecer, es la infancia de nuestra inteligencia. La tercera hora puede aplicarse a la adolescencia, porque el sol deslumbra ya, por decirlo así, desde la altura, en los ardores de la juventud que empiezan a calentarse. La sexta hora, es la edad de la madurez: el sol se establece allí como su punto de equilibrio, ya que el hombre está en la plenitud de su fuerza. La novena hora designa la vejez, dónde el sol desciende, en cierto modo, desde lo alto del cielo, para que los ardores de la edad madura se refresquen. En fin, la undécima hora es la edad que se nombra como vejez avanzada...
      Unos son conducidos a una vida honrada desde la infancia, otros durante la adolescencia, otros en la edad madura, otros en la vejez y otros por fin en edad muy avanzada, es como si fueran llamados a la vid, a diferentes horas del día. Examinad pues vuestro modo de vivir, hermanos, y ved si vosotros actuáis como obreros de Dios. Reflexionad bien, y considerad si trabajáis en la vid del Señor... El que se descuidó de vivir para Dios hasta su última edad, es como el obrero que ha estado sin hacer nada hasta la undécima hora... "¿Por qué habéis estado todo el día sin hacer nada?" Es como si dijéramos claramente: "Si no habéis querido vivir para Dios durante vuestra juventud y edad madura, arrepentíos, por lo menos, en vuestra última edad... Venid, a pesar de todo, hacia los caminos de la vida"... ¿No fue a la undécima hora cuando el ladrón regresó? (Lc 23,39s) No fue por su edad avanzada, sino por el suplicio con que se encontró al llegar a la tarde de su vida. Confesó a Dios sobre la cruz, y expiró casi en el momento en el que el Señor le daba su sentencia. Y el Dueño de todo, admitiendo al ladrón antes que a Pedro en el descanso del paraíso, distribuyó bien el salario comenzando por el último. (EDD)

Reflexión sobre el cuadro

Hoy celebramos la memoria de San Bernardo de Claraval. Nacido en 1090, Bernardo pasó sus primeros años cerca de Dijon (Francia). A los 22 años se unió a los cistercienses, llevando consigo una espléndida educación y una ferviente pasión por su fe. Su celo era tal que convenció a sus hermanos, a su tío y a muchos amigos para que se unieran a él en la abadía. Bernardo ingresó inicialmente en la abadía de Citeaux. Sin embargo, sólo tres años más tarde, fue enviado con otros doce monjes a fundar un nuevo monasterio en la diócesis de Champaña. Este monasterio pasó a llamarse Claraval, el Valle de la Luz. Bernardo fue abad de Claraval durante el resto de su vida. Su liderazgo y carisma atrajeron a numerosos seguidores, ampliando considerablemente la orden cisterciense. Su influencia se extendió más allá del monasterio, ya que se convirtió en consejero clave de papas, mediador en disputas políticas y ferviente predicador de la Segunda Cruzada. Los escritos teológicos de Bernardo, en particular sobre el amor a Dios, la humildad y la Virgen María, han dejado un impacto duradero. Sus escritos y sermones contribuyeron a forjar la teología medieval.

Recuerdo perfectamente haber visto el cuadro de hoy por primera vez, hace unos diez años, en el Museo del Prado de Madrid. Me causó una profunda impresión. El cuadro representa una visión mística de San Bernardo, que experimenta un encuentro íntimo con Cristo. Jesús está representado con una expresión dulce y compasiva, abrazando tiernamente a San Bernardo. Los brazos de Jesús se levantan del crucifijo para rodear a Bernardo, mientras sus pies siguen clavados en la cruz. El abrazo simboliza la relación íntima entre el creyente y lo divino. El fondo del cuadro, oscuro y tenue, atrae la atención del espectador hacia las figuras centrales y transmite misticismo.

Les dejo con esta breve cita de San Bernardo: "Nos pareceremos a lo que amamos". - Esta sencilla pero profunda frase capta el corazón de la transformación cristiana: que al amar a Cristo, nos conformamos gradualmente a su imagen. Palabras sencillas, pero muy poderosas.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

Pidiendo por mi Conversión y librarme de celos y envidia

Aquí estoy, Señor, delante de ti,

con mi presente y con mi pasado a cuestas;

con lo que he sido y con lo que soy ahora;

con todas mis capacidades y todas mis limitaciones;

con todas mis fortalezas y todas mis debilidades.

Te doy gracias por el amor con el que me has amado,

y por el amor con el que me amas ahora, a pesar de mis fallas.

Sé bien, Señor, que por muy cerca que crea estar de Ti,

por muy bueno que me juzgue a mí mismo,

tengo mucho que cambiar en mi vida,

mucho de qué convertirme,

para ser lo que Tú quieres que yo sea,

lo que pensaste para mí cuando me creaste.

Ilumina, Señor, mi entendimiento y mi corazón,

con la luz de tu Verdad y de tu Amor,

para que yo me haga cada día más sensible al mal que hay en mí,

y que se esconde de mil maneras distintas, para que no lo descubra.

Sensible a la injusticia que me aleja de Ti y de tu bondad

para con todos los hombres y mujeres del mundo.

Sensible a los odios y rencores

que me separan de aquellos a quienes debería amar y servir.

Sensible a la mentira, a la hipocresía, a la envidia, al orgullo,

a la idolatría, a la impureza, a la desconfianza,

para que pueda rechazarlos con todas mis fuerzas

y sacarlos de mi vida y de mi obrar.

Ilumina, Señor, mi entendimiento y mi corazón,

con la luz de tu Verdad y de tu Amor,

para que yo me haga cada día más sensible a la bondad de tus palabras,

a la belleza y la profundidad de tu mensaje,

a la generosidad de tu entrega por mi salvación.

Ilumina, Señor, mi entendimiento y mi corazón,

para que yo sepa ver en cada instante de mi vida,

lo que Tú quieres que yo piense,

lo que Tú quieres que yo diga,

lo que Tú quieres que yo haga;

el camino por donde Tú quieres llevarme, para que yo sea salvo.

Ilumina, Señor, mi entendimiento y mi corazón,

para que yo crea de verdad en el Evangelio, la Buena Noticia de tu salvación,

y para que dejándome llevar por Ti, trabaje cada día con mayor decisión,

para hacerlo realidad activa y operante en mi vida personal y en la vida del mundo

Ilumina, Señor, mi entendimiento y mi corazón,

para que yo me haga cada día más sencillo,

más sincero, más justo, más servicial,

más amable en mis palabras y en mis acciones.

Ilumina, Señor, mi entendimiento y mi corazón,

para que Tú seas cada día con más fuerza,

el dueño de mis pensamientos, de mis palabras y de mis actos;

para que todo en mi vida gire en torno a Ti;

para que todo en mi vida sea reflejo de tu amor infinito,

de tu bondad infinita,

de tu misericordia y tu compasión.

Perdona Señor, mi pasado.

El mal que hice y el bien que dejé de hacer.

Y ayúdame a ser desde hoy una persona distinta,

una persona totalmente renovada por tu amor;

una persona cada día más comprometida Contigo

y con tu Buena Noticia de amor y de salvación.

Dame, Señor, la gracia de la conversión sincera y constante.

Dame, Señor, la gracia de mantenerme unido a Ti siempre,

hasta el último instante de mi vida en el mundo,

para luego resucitar Contigo a la Vida eterna. Amén.

(lucesparaelcamino)

«En Jesús de Nazaret, encontramos el rostro de Dios,

que ha bajado de su cielo, para sumergirse en nuestro mundo

y enseñar el «arte de vivir», el camino hacia la felicidad;

para liberarnos del pecado y hacernos plenamente hijos de Dios.

Jesús vino para salvarnos y mostrarnos la vida buena del Evangelio».

Benedicto XVI

 


sábado, 7 de junio de 2025

Evangelio del día


 

Libro de los Hechos de los Apóstoles 28,16-20.30-31.

Cuando llegamos a Roma, recibió autorización para alojarse en una casa particular con un soldado que lo custodiara.
Tres días después convocó a los judíos principales, y cuando se reunieron les dijo: "Hermanos, sin haber hecho nada contra el pueblo ni contra las costumbres de nuestros padres, fui arrestado en Jerusalén y puesto en manos de los romanos.
Después de interrogarme, quisieron dejarme en libertad, porque no encontraban en mí nada que mereciera la muerte;
pero ante la oposición de los judíos, me vi obligado a apelar al Emperador, sin querer por esto acusar en nada a mi pueblo.
Por eso he querido verlos y hablarles, ya que a causa de la esperanza de Israel llevo estas cadenas".
Pablo vivió dos años enteros por sus propios medios, recibiendo a todos los que querían verlo,
proclamando el Reino de Dios, y enseñando con toda libertad y sin encontrar ningún obstáculo, lo concerniente al Señor Jesucristo.


Salmo 11(10),4.5.7.

El Señor está en su santo Templo,
el Señor tiene su trono en el cielo.
Sus ojos observan el mundo,
sus pupilas examinan a los hombres.

El Señor examina al justo y al culpable,
y odia al que ama la violencia.
Porque el Señor es justo y ama la justicia,
y los que son rectos verán su rostro.


Evangelio según San Juan 21,20-25.

Pedro, volviéndose, vio que lo seguía el discípulo al que Jesús amaba, el mismo que durante la Cena se había reclinado sobre Jesús y le había preguntado: "Señor, ¿quién es el que te va a entregar?".
Cuando Pedro lo vio, preguntó a Jesús: "Señor, ¿y qué será de este?".
Jesús le respondió: "Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa? Tú sígueme".
Entonces se divulgó entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría, pero Jesús no había dicho a Pedro: "El no morirá", sino: "Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa?".
Este mismo discípulo es el que da testimonio de estas cosas y el que las ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero.
Jesús hizo también muchas otras cosas. Si se las relata detalladamente, pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que se escribirían.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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Bulle

San Antonio de Padua (1195-1231)
franciscano, doctor de la Iglesia
Sermón para la fiesta de san Juan evangelista, (“Une Parole évangélique”, Franciscaines, 1995), trad. sc©evangelizo.org


Jesús ama a quien lo sigue

El amor de Jesús a su fiel discípulo está indicado en estas palabras: “Pedro, volviéndose, vio que lo seguía el discípulo al que Jesús amaba, el mismo que durante la Cena se había reclinado sobre Jesús” (Jn 21,20).
Quien sigue verdaderamente al Señor, desea que todos lo sigan. Por eso se vuelve hacia su prójimo con atenciones, oración y anuncio de la palabra. El “volverse” de Pedro significa todo esto. Encontramos el mismo pensamiento que en el Apocalipsis: “El Espíritu y la Esposa -Cristo y la Iglesia- dicen: “¡Ven!”, y el que escucha debe decir: “¡Ven!” (Apoc 22,17). Cristo, por inspiración interior, y la Iglesia por la predicación, dicen al hombre: ¡Ven! Quien escucha estas palabras dice a su prójimo: ¡Ven!, es decir ¡Sigue a Jesús! Pedro, volviéndose, vio que lo seguía el discípulo al que Jesús amaba. Jesús ama a quien lo sigue.
Aunque su nombre no es dicho, Juan se distingue de los otros no porque Jesús lo amara sólo a él, sino porque él lo amaba más que los otros. Jesús amaba a todos, mas este discípulo le era más familiar. (…) Era él “el mismo que durante la Cena se había reclinado sobre Jesús” (Jn21,20). Fue un gran signo de amor el hecho que fuera el único que se había reclinado sobre el pecho de Jesús, “en quien están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Col 2,3).
Así, durante la Cena del Cielo, seremos plenos por la eternidad, reposaremos con Juan sobre el pecho de Jesús. El corazón está en el pecho, el amor en el corazón. Reposaremos en su amor porque lo amaremos de todo nuestro corazón y nuestra alma y encontraremos en él todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. (…) A él sean la alabanza y la gloria por los siglos de los siglos. Amén. (EDD)

Reflexión sobre la pintura expresionista

En la lectura del Evangelio de hoy, asistimos a un momento tranquilo pero profundo entre Jesús y Pedro, justo después de que Jesús haya predicho el futuro martirio de Pedro (el tema de la lectura de ayer). Pedro, tal vez procesando todavía el peso de esta llamada, se vuelve y ve al discípulo amado que les sigue. Le pregunta a Jesús: "Señor, ¿y él?" Una pregunta que, a primera vista, puede parecer inofensiva, pero que revela un instinto humano más profundo: el impulso de comparar, de medir el camino de uno con el de otro, incluso un atisbo de celos. En respuesta, Jesús dice con firmeza: "Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué os importa?". Es una reprimenda suave, pero contundente, contra los celos y las comparaciones.

Aquí, Jesús recuerda a Pedro, y a todos nosotros, que cada vocación es única, y que nuestro discipulado no debe verse empañado por la envidia o la rivalidad. La tentación de mirar por encima del hombro el camino de los demás, preguntándonos por qué sus cargas parecen menos pesadas o sus bendiciones mayores, es profundamente humana. Pero Jesús nos llama a mantener nuestra mirada fija sólo en Él. No nos pide que corramos la carrera de otro, sino que le sigamos con fidelidad, dondequiera que nos lleve. En este breve intercambio, Jesús nos enseña que los celos nos distraen de nuestra vocación y distorsionan nuestra confianza en el plan de Dios.

El cuadro Celos de Edvard Munch explora el lado más oscuro y doloroso del amor: cuando el afecto se enreda con la envidia y el resentimiento. La composición gira en torno a una mujer de mejillas sonrojadas, atrapada entre dos hombres. Uno de ellos mira hacia otro lado, apenado o arrepentido, mientras que el otro mira fijamente al espectador con una expresión de celos intensa, casi inquietante. Su rostro está pintado en tonos verdosos, evocando inmediatamente la frase "verde de envidia", un dicho que se remonta a Shakespeare, quien se refirió célebremente a los celos como el "monstruo de ojos verdes" en Otelo. Munch utiliza aquí deliberadamente el color verde para simbolizar la toxicidad emocional, la agitación interior y el poder corrosivo de la envidia.

El simbolismo cromático de nuestro cuadro es poderoso: el verde, asociado a los celos, es el color complementario del rojo, el color del amor. Munch, maestro de la expresión emocional, refuerza la tensión mediante pinceladas desordenadas e inquietantes que reflejan el caos psicológico y la desunión entre las figuras. El cuadro no representa un momento concreto, sino una atmósfera emocional, de sospecha, rivalidad y pérdida. De este modo, Celos se convierte no sólo en el retrato de un triángulo amoroso, sino en una meditación visual sobre cómo la comparación y la posesividad pueden distorsionar nuestras relaciones... incluso nuestra relación con Dios.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

"Oh, Dios, mi refugio y fortaleza, te pido que protejas mi alma de la envidia. Que no me invada la tristeza ni la amargura al ver el éxito de los demás. Que mi corazón se llene de alegría al ver el bien que hacen, y que pueda compartirlo con ellos sin envidia. Ayúdame a ver en los demás mis propios talentos y virtudes, y a aprender de ellos. Que la envidia no tenga lugar en mi corazón, sino que el amor y la gratitud sean mis guías. Amén."



















miércoles, 21 de febrero de 2024

¿Sientes envidia? Sal de dudas y contesta este test

 

envidia           


Un defecto muy común, padecido por mucha gente y que no le permite crecer espiritualmente, es el pecado capital de la envidia. Descubre si lo padeces

Desde el principio de la historia, la envidia ha estado presente. Después de cometer el pecado original que provocó la caída del hombre y la mujer, la humanidad quedó debilitada y propensa a cometer otros pecados.

El Génesis nos narra lo que pasó con Caín y Abel: ambos presentaron sus primicias a Dios, pero al Señor no le gustó lo de Caín, así es que, resentido, mató a Abel (Gn 4, 1-16).

El Catecismo de la Iglesia Católica lo confirma:

«El décimo mandamiento exige que se destierre del corazón humano la envidia (…) La envidia puede conducir a las peores fechorías (cf Gn 4, 3-7; 1 R 21, 1-29). La muerte entró en el mundo por la envidia del diablo (cf Sb 2, 24)»

CEC 2538

El pecado diabólico por excelencia

Sigue explicando el Catecismo:

La envidia es un pecado capital. Manifiesta la tristeza experimentada ante el bien del prójimo y el deseo desordenado de poseerlo, aunque sea en forma indebida. Cuando desea al prójimo un mal grave es un pecado mortal:

San Agustín veía en la envidia el «pecado diabólico por excelencia» (De disciplina christiana, 7, 7).

«De la envidia nacen el odio, la maledicencia, la calumnia, la alegría causada por el mal del prójimo y la tristeza causada por su prosperidad» (San Gregorio Magno, Moralia in Job, 31, 45) (CEC 2539).

¿Sufres de envidia?

Pregúntate y contesta con honestidad:

#
1

Cuando alguna persona cercana tiene éxito en alguna empresa, tú:

a) Te alegras y deseas que le vaya bien.

b) Te enojas y quieres que quiebre porque crees que ni siquiera trabaja tanto.

#
2

Un amigo (a) se casará con una persona rica que conocieron ambos. Tú:

a) Felicitas sinceramente a tu amigo(a).

b) Le hablas mal de él (ella) a su prometida(o) para que se arrepienta de su decisión.

#
3

Tu vecino se compró un auto nuevo. Inmediatamente, tú:

a) Piensas que subió de puesto en su trabajo.

b) Le dices a tus amigos que anda en malos pasos y que ya lo pagará.

#
4

Corrieron a un compañero(a) de trabajo que no te agradaba, aunque era muy eficiente. Tú:

a) Sientes mucho lo que le pasó y pides por él (ella)

b) Te alegras mucho y piensas que se lo merecía.

#
5

Una persona cercana te cuenta que se irá de viaje al extranjero porque ganó un premio. Tú:

a) Te sorprendes y le deseas que siga siendo afortunado en lo que realice.

b) Te entristeces porque a ti no te pasan esas cosas, a pesar de que eres bueno y esa otra persona, no lo es tanto como tú y quieres que su suerte cambie.

Resultados

Si la mayoría de tus respuestas fueron con el inciso B: eres envidioso.

Si la mayoría de tus respuestas fueron con el inciso A: corrige aquellos puntos en los que marcaste la letra B.

Y pon el práctica el remedio que da la Iglesia en el Catecismo:

El bautizado combate la envidia mediante la caridad, la humildad y el abandono en la providencia de Dios. (CEC 2554)

Mónica Muñoz, Aleteia



lunes, 17 de octubre de 2022

Evangelio del día

Evangelio según San Lucas 12,13-21.

En aquel tiempo:
Uno de la multitud le dijo: "Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia".
Jesús le respondió: "Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?".
Después les dijo: "Cuídense de toda avaricia, porque aún en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas".
Les dijo entonces una parábola: "Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho,
y se preguntaba a sí mismo: '¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha'.
Después pensó: 'Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes,
y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida'.
Pero Dios le dijo: 'Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?'.
Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios". 
Bulle

Isaac el Sirio (siglo VII)
monje cercano a Mossoul
Discursos ascéticos, 1ª serie, nº 38


“Esta misma noche te pedirán cuenta de tu vida”

Señor, hazme digno de menospreciar mi vida para obtener la vida que está en ti. En este mundo, la vida se parece a los que se sirven de unas letras para escribir alguna carta. Cuando se quiere, se añade, se quita o se cambia de palabra. Pero la vida del mundo futuro se parece a lo que hay escrito en los libros sellados con el sello real sin la menor falta, donde nada hay que añadir y donde nada falta. Mientras estamos en este mundo cambiante, estemos atentos a nosotros mismos. Mientras tengamos poder sobre el manuscrito de nuestra vida, sobre lo que hemos escrito con nuestras propias manos, esforcémonos para añadir lo que hacemos bien y borremos los defectos de nuestra primitiva conducta. Mientras estamos en este mundo Dios no pone su sello ni sobre el bien ni sobre mal. No lo hace hasta el momento de nuestro éxodo, cuando se termina nuestra obra, en el momento de nuestra partida.
  Tal como lo ha dicho san Efrén, es preciso considerar que nuestra alma se parece a una nave a punto de viajar, pero que no sabe cuando vendrá el viento, y también se parece a un ejército, que no sabe cuando va a sonar la trompeta que anuncia el combate. Si dice esto de una nave o de un ejército que esperan un determinado momento que puede no llegar nunca, ¿cuánto más  conveniente es que nos preparemos para la llegada repentina de este día, en que será echado el puente y se abra la puerta del mundo nuevo? Que Cristo, mediador de nuestra vida, nos conceda estar a punto. (EDD)

Oración

Señor Dios, hoy vengo ante ti para hacerte saber el dolor que he estado padeciendo algunas veces. Me siento extremadamente amargado cuando veo que otras personas tienen más éxito que yo, envidio cuando otros se ríen. Y sé claramente que esto va en contra de tu palabra en el libro de Romanos 12:15 de que debemos regocijarnos con los que se regocijan. Los celos en mi corazón arden tanto que de repente desarrollé odio hacia cualquiera que tenga éxito. Padre, oro para que me ayudes a quitar el corazón de los celos y la envidia en el nombre de Jesús.

Señor Jesús, predicaste que deberíamos amarnos los unos a los otros como nuestro padre celestial nos ha amado. Entendiste que el amor es la cura para todas las enfermedades del mundo. Padre, te pido que en lugar de envidia y celos, crees un corazón amoroso dentro de mí en el nombre de Jesús.

Padre celestial, se ha escrito que todos los árboles que mi padre no plantó serán arrancados de raíz. Señor Dios, sé que nunca me plantaste celos y envidia, el enemigo sí. Te doy acceso completo a mi vida y ser, para que destruyas las obras del demonio en mi vida en el nombre de Jesús.

Padre Lord, oro para que me des un corazón de gratitud que me haga disfrutar de mi satisfacción. Señor Jesús, te pido que me des la gracia de estar satisfecho con las cosas buenas que has hecho por mí, y espero las cosas más grandes que aún harás. Señor, te pido perdón por mis celos y envidia porque parece que no has hecho nada bueno por mí. Señor, busco tu perdón, Señor me perdona, por la sangre preciosa que derramaste en la cruz del Calvario lava mi pecado en el nombre de Jesús.

Señor Jesús, oro para que me des la gracia de encontrar expresión a través de ti en el nombre de Jesús. Sé que tengo los mejores regalos de ti, sé que tengo la mejor de todas las bendiciones de ti, Señor Jesús. Dame la gracia de no desear ser otra persona, sé que soy la mejor versión de mí mismo, concédeme la gracia de estar siempre orgulloso de esto en el nombre de Jesús.

(everydayprayerguide.com)
























sábado, 16 de enero de 2021

Diez consejos para no sucumbir y vencer el peligroso pecado capital de la envidia

 


La envidia es un pecado capital, muy frecuente y que puede destruir a la persona

La envidia es uno de los siete pecados capitales y puede destruir a la persona y a todos aquellos que están a su alrededor. Como todo pecado provoca división y separación, y sobre todo aleja de Dios.

El padre Ed Broom, oblato de María Inmaculada y experto en evangelización digital recuerda que es importante reconocer este pecado en nuestro interior, rechazarlo y pedir la gracia de Dios para expulsarlo de nuestras vidas.

Para ello, este sacerdote ofrece en Catholic Exchange diez sencillos consejos que podemos aplicar en nuestras vidas para vencer el pecado de la envidia:

1. Ser honestos en admitirlo

Si no admitimos y no aceptamos la realidad de la envidia en nuestros corazones, nunca seremos capaces de vencerla. ¡La ceguera a los defectos no los vence sino que los agrava!

Hay una expresión en español que lo resume perfectamente: “No hay peor ciego que quien no quiere ver”.

Sacerdote confesando a un joven

2. Confesión.

Ceder voluntariamente a la envidia es un pecado. Por lo tanto, llevar este pecado al sacramento de la Confesión se convierte en curación. Eso es porque la gracia sacramental específica de la Confesión es la curación para nuestra alma de la enfermedad moral del pecado.

3. El “Agere Contra” ignaciano

Esta es una expresión de San Ignacio de Loyola que significa: “hacer lo totalmente contrario”. En lugar de herir a la persona que envidias, hazle bien, ya sea con oración o con acción.

4. Reza por quien envidias

Una vez que las malas tendencias, especialmente las de la envidia, se llevan a la oración, Dios puede hacer milagros. Puede mover las montañas más altas de nuestro orgullo, ira y envidia.  Por nosotros mismos solo somos la esencia de la debilidad y la miseria. Sin embargo, Dios es Omnipotente. "¡Todo es posible con Dios!".

Una chica rezando

5. Felicitaciones y elogios

Cuando la envidia echa raíces en el corazón la tendencia, con respecto al habla, es criticar, denigrar y degradar a la persona. ¡Vence a la envidia elogiándolo o felicitándolo por sus buenas cualidades! ¡Haz esto en la presencia de Dios o en presencia de otros!

6. Da gracias a Dios

Agradece a Dios desde el fondo tu corazón los maravillosos talentos que le ha dado a todas las personas en este mundo, pero especialmente a la persona que más envidia.

Lo que envidiamos es simplemente un talento que Dios ha dado que ha sido reconocido y cultivado. ¿Por qué envidiar los dones de Dios?

7. Cultivar un espíritu de equipo

En un juego de equipo si un jugador logra el punto definitivo, no es un solo jugador quien gana el partido, sino todo el equipo.

Cuando rezamos el Padre Nuestro reconocemos que Dios es el Padre de toda la humanidad y de todos y cada uno de nosotros en particular. Eso significa que todos somos hermanos y hermanas del mismo Padre Celestial. Por tanto, tu victoria es mi victoria; tu derrota es mi derrota

Recuerde las palabras del Apóstol San Pablo al respecto: “¡Alégrate con los que se alegran; llora con los que lloran!”. Santa Teresa de Lisieux dijo que cuando se hace el mal, el mundo entero desciende. Sin embargo, cuando se hace el bien, el mundo entero se eleva más cerca del cielo. ¿Por qué no regocijarse por las victorias espirituales de los demás? ¡La Tierra se ha elevado más cerca del cielo!

8. Autoconocimiento de nuestros talentos

Una parábola muy reveladora se encuentra en el capítulo 25 del Evangelio de San Mateo. A tres hombres se les dan talentos. Dos de ellos duplican los talentos con trabajo duro. El último, por miedo y pereza, cava un hoyo y entierra el talento bajo tierra.

Al regresar, el Maestro hace una interpretación de los frutos conseguidos. Los dos primeros servidores fieles y trabajadores son elogiados y premiados por su dedicación. Sin embargo, el sirviente perezoso que escondía su talento debajo del suelo fue castigado.

¡Todos tenemos talentos! Arte, música, deportes, estudio, comunicación, pintura, escritura, cocina, oración, espiritualidad, todos estos son talentos dados por Dios. Pueden cultivarse y prosperar y ser útiles para cultivar la “Civilización del Amor” o pueden dejarse en barbecho, oxidarse y deteriorarse. De hecho, incumbe a todos que descubramos nuestros talentos específicos y luego los cultivemos al máximo. Al hacer esto, no nos centraremos en los talentos y el éxito de nuestro "rival" y no permitiremos que la envidia nos posea y conquiste.

San Juan Berchmans

9. Lista de Acción de Gracias

En la vida del joven jesuita San Juan Berchmans John se produjo un incidente, pertinente a la hora de conquistar y aplastar la cabeza del diablo de la envidia.

Juan vivía en una comunidad tanto con hermanos como con sacerdotes. Imbuido de un auténtico espíritu de caridad, Berchmans era muy consciente de los talentos y dones que Dios había otorgado a cada uno de los miembros. Por lo tanto, este santo escribió una lista de todos los miembros de la comunidad jesuita. Luego, junto a todos y cada uno de los miembros, escribió una virtud o atributo positivo y luego compuso una letanía de acción de gracias a Dios por esa virtud.

¿Por qué no enumerar a los miembros de su familia y al lado de cada uno escribir un atributo positivo y agradecer a Dios por ese regalo? ¡Una excelente manera de vencer la envidia!

10. Magnificat de María

Acude a María y reza a ella cuando te sientas tentado a caer en la envidia. ¡Di un rápido Ave María cuando tengas la tentación de estar celoso! Sé agradecido y alaba a Dios con el himno de alabanza de María: "Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador…”.

ReL

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lunes, 6 de abril de 2020

Una disciplina diaria para acallar los pensamientos negativos

Duda, comparación, envidia, desánimo… Todos los días hay pensamientos negativos y estériles que nos invaden y ponen freno a nuestra paz interior. Nos impiden tener buenas relaciones con nuestro entorno. ¿Cómo pensar en positivo y luchar contra todos los pensamientos negativos que envenenan nuestro día a día?



Durante todo el día, nuestra imaginación es bombardeada por pequeños pensamientos negativos sobre el pasado o el futuro, sobre la forma en que deberían pasar las cosas. Pueden empezar a lastrarnos ya desde que nos despertamos.
Abrimos un ojo y el pequeño desfile de las preocupaciones hace su entrada: inquietud sobre un hijo, recuerdo de una frase desagradable que dijo la jefa ayer, duda sobre el amor de nuestro cónyuge o sobre nuestra capacidad para hacer cierto trámite…
Comenzamos nuestra jornada con pensamientos del estilo de: “Nunca me atreveré”, “No lo lograré”, “Tengo la mala impresión de que…”. Estas ideas tienen a menudo su origen en el miedo y nos empujan a tomar las armas para un combate que no es el bueno, contra la sociedad, el vecino, los colegas, la familia, la Iglesia…
Son pensamientos que quizás se apoyen sobre un fondo de verdad o quizás sean totalmente fruto de nuestra imaginación. Sin embargo, si nos detenemos en ellos, se convierten en parte de nosotros y pueden hacernos muy infelices. A continuación, disponéis de consejos para luchar contra esos pensamientos que nos impiden abordar la vida con serenidad.

Las consecuencias de los pensamientos pesimistas para la vida cotidiana

Los pensamientos negativos están presentes en nuestro espíritu. Son el burbujeo habitual de nuestra naturaleza herida y orgullosa, que san Pablo llama “la carne”, es decir, todo aquello en nosotros que rechaza a Dios (Rm 8,5-8). Pero el Maligno se sirve de ellos para entrar en nosotros, para amplificarlos y volverlos obsesivos.
Aunque nuestra vocación es el amor, entonces, el eje del combate espiritual va a colocarse sobre nuestras relaciones con el prójimo, con Dios y con nosotros mismos para desviarnos de esa finalidad. La principal puerta de entrada del demonio está en nuestros pensamientos y nuestra imaginación, primer lugar del combate.
Su conversión, su purificación, son el comienzo de nuestro camino de santidad. Antaño, en el lenguaje de la vida espiritual, se llamaba a esta lucha “la guardia de los pensamientos”. Hoy, ya no se habla de ello y, sin embargo, el combate sigue siendo el mismo.
Esos pensamientos afectan a nuestro humor e influyen en nuestro comportamiento. Determinan también nuestra vida futura, cuando nos empujan a tomar decisiones importantes. Si no somos felices, hay que examinar las impresiones que mantenemos.
Nuestro malestar puede venir de ideas negativas a las que damos vueltas desde hace años en la cabeza: “Mis hermanos y hermanas siempre han tenido más amigos que yo, no sé qué hacer, no soy interesante, así que me callo”.
Así, construimos a nuestro alrededor una fortaleza para escapar de nuestros pensamientos sombríos: “De todas formas, la gente es decepcionante”. Y cuando alguien se nos acerca, nos mostramos agresivos para no vernos decepcionados. Así, esta fortaleza que debía liberarnos de nuestros pensamientos negativos se convierte en una auténtica prisión en la que no somos libres de amar.
Esos pensamientos afectan, por tanto, a nuestras relaciones con los demás. El Maligno siempre intentará hacernos creer que hay algún malestar con alguien de nuestro entorno. “He tenido un desacuerdo durante una reunión con mi jefe, siento amargura hacia él porque imagino que está molesto conmigo, eso me evita pensar en lo que he hecho.
Y de vez en cuando, con mis colegas, diré cosas malas de él”. “La boca habla de la abundancia del corazón”, dijo san Mateo (12,34). Rápidamente, divulgamos nuestros juicios sobre una persona y luego es muy difícil sentirse cómodo con ella. Algunos tienen tantos malos pensamientos sobre los demás que la relación se vuelve imposible.

Discernir los pensamientos imaginarios de los temores legítimos

Es imperativo decidir en un primer momento no admitir todo lo que pueda pasarnos por la mente ni tomarlo como algo serio. En cuanto surge un pensamiento, nos toca a nosotros confrontarlo con la Palabra de Dios. San Ignacio nos enseña el discernimiento. Según él, el Espíritu Santo nos habla palabras de paz y de amor.
Por el contrario, Satanás, nos susurra palabras de duda y de miedo. La forma en que el pensamiento resuena en nosotros nos permite juzgarlo: ¿nos causa paz o angustia? Podemos dedicar cierto tiempo, por ejemplo, antes de levantarnos o durante nuestra oración, para realizar una clasificación de nuestros pensamientos, entre aquellos que se fundamentan sobre una realidad y aquellos que solo son fruto de nuestra imaginación. Para ello, conviene saber prestar atención a los demás, sobre todo a quienes tienen la gracia de arrojar luz sobre nuestros temores o nuestras huidas.
Sin embargo, algunos temores pueden ser legítimos: un adolescente con fracaso escolar, una mujer deprimida, un niño discapacitado… Es normal que eso nos afecte y que tardemos tiempo en restablecernos. Es la perspectiva con que miramos nuestros sufrimientos la que lo cambia todo. Si nos pasamos el día rumiando nuestro sufrimiento, nos encerramos en nuestros pensamientos y no permitimos que Dios actúe en nosotros.
Cuando nuestra vida ya no tiene sentido y esta espiral de pensamientos desalentadores comienza a succionarnos, aferrémonos a la Palabra de Dios y repitámosla con confianza. Recuperaremos pie más rápido. Con frecuencia, leemos la Palabra de Dios como un texto. Nos olvidamos de que es un arma poderosa y eficaz. “Tomen el casco de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios” (Ef 6,17). Dios solo tiene una palabra, la de Jesús, el Verbo encarnado, y Jesús actúa.

Dominar la sensibilidad no equivale a sofocarla

Pero cuidado, Dios no nos pide que dejemos de sentir emociones, cólera, impaciencia, tristeza… Nos pide que las gestionemos para que ocupen su justo lugar. Incluso si tenemos miedo debemos actuar en consecuencia, como Jonás en Nínive (Jon 1,1). Así, nos liberamos de sus cadenas. Si logramos permanecer serenos en la adversidad, comenzamos a adquirir madurez espiritual. Extraemos nuestra fuerza de la alegría del Señor, como dice Nehemías (Ne 8,10), y no de las circunstancias.
Por tanto, luchar contra los pensamientos negativos es una cuestión fundamental si queremos crecer. Dios sigue contando con nosotros, incluso en nuestras dificultades. Fue Dios quien dijo a Josué: “¿Acaso no soy yo el que te ordeno que seas fuerte y valiente? No temas ni te acobardes, porque el Señor, tu Dios, estará contigo dondequiera que vayas” (Jos 1,9). Hay que tomar la decisión de vivir más profundamente, más allá del nivel de nuestras emociones, al nivel de nuestro corazón profundo. Todos estamos llamados a la unificación interior que nos hace más disponibles a los acontecimientos de la vida. Dios puede por fin desplegar en nosotros aquello que quiere.

Se impone una disciplina cotidiana para liberarse de los pensamientos negativos

Para liberarse de los pensamientos negativos, necesitamos un poco de tiempo y de energía para comenzar. Es una auténtica ascesis de todos los días para ganar la batalla. Nos preparamos para ello ofreciendo la jornada para no dejarnos atrapar por las situaciones negativas. Cuando constatamos un pensamiento pesimista, decidimos inmediatamente  no demorarnos en él. Respondemos a los planes del demonio si aceptamos esas ideas parásitas y luego las mantenemos. Una buena manera de combatirlas es alabar al Señor. Permanecer en la acción de gracias intentando bendecir a las personas con quienes la relación es complicada. También podemos hacer una “oración exprés”, como “Jesús, confío en ti” o bien “María, ayúdame”, con una llamada a la ayuda de Dios, o bien decir un versículo de la Biblia. Cuanto más meditemos sobre lo que es bueno y verdadero en el corazón de las personas y en las situaciones, menos pensamientos negativos tendremos. Al principio, es difícil, pero el dominio de nuestra imaginación va mejorando poco a poco.
Para ello, debemos nutrirnos más de la Palabra de Dios y aprenderla. Puede darnos una orientación real cuando nuestras emociones, tan fluctuantes, nos hacen frágiles. La mejor manera de interrumpir un esquema de pensamiento es proclamar la Palabra de Dios en voz alta y salir de la imaginación a través de esta palabra real que nos escuchamos decir. A fuerza de frecuentar la Biblia y de disciplinar la imaginación, terminamos por pensar de manera positiva. Como dice san Pablo: “No tomen como modelo a este mundo. Por el contrario, transfórmense interiormente renovando su mentalidad, a fin de que puedan discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto” (Rm 12, 2).

Leer el salmo 139 cuando los malos pensamientos sean recurrentes

Si no reaccionamos contra los malos pensamientos, estaremos sometidos a nuestros humores y nos arriesgamos a contaminar a todo nuestro entorno. Estamos llamados a la estabilidad afectiva, a ser como Cristo, rocas que las intemperies de la vida no estremecen. Sean cuales sean los sufrimientos, Dios tiene un proyecto magnífico para nuestra vida. Mientras seamos esclavos de nuestros estados anímicos, no podremos entrar en la madurez espiritual a la que nos llama Dios: “Porque yo conozco muy bien los planes que tengo proyectados sobre ustedes –oráculo del Señor–: son planes de prosperidad y no de desgracia, para asegurarles un porvenir y una esperanza” (Jr 29, 11).
Si algunos pensamientos son recurrentes y provocan las mismas emociones negativas, hay que preguntar al Señor en la oración el motivo de nuestros humores demasiado fuertes, de nuestra ira, rencor, envidia… En la oración, presentemos estos sucesos al Espíritu Santo para que, en su luz, comprendamos el origen. A veces, Dios permitirá que revivamos una situación para que logremos comprender que hay que modificar en nosotros. Así, hizo falta que los hebreos pasaran cuarenta años haciendo un viaje que dura once días, hasta que se percataron de que habían de cambiar de actitud. El Señor nos conoce, sabe qué necesitamos para crecer: “También allí me llevaría tu mano y me sostendría tu derecha. Si dijera: ‘¡Que me cubran las tinieblas y la luz sea como la noche a mi alrededor!’, las tinieblas no serían oscuras para ti y la noche será clara como el día. Tú creaste mis entrañas, me plasmaste en el seno de mi madre”. Hay que releer este salmo 139, ¡Dios nos ama con demasiada pasión como para retirar su mano de nuestras vidas!
Florence Brière-Loth, Edifa Aleteia
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