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martes, 5 de septiembre de 2017

A Dios lo encuentro… viviendo intensamente el presente

Quiero aprender a vivir en Dios en cada momento de mi vida.
 En cada paso

Carlos Padilla Esteban, aleteia

Creo que el arte de vivir es el arte de observar las cosas en su presente. El caminante, el peregrino, hace de cada tierra su hogar. Echa raíces donde pisa, ama lo que ve. Contempla la vida en un presente continuo. En un instante sagrado en el que se juega todo. Me gusta vivir así. A pie. Paso a paso. Sin prisas por los caminos de Dios. Acariciando la vida.

Sé que a veces la necesidad me urge a vivir corriendo. Sin mirar lo que sucede ahora. Sin valorar el presente, sin guardarlo como un gran tesoro. Me da miedo convertirme en un consumidor de tiempo. En un vividor de vidas. En un alma inquieta incapaz de detenerse guardando silencio. Contemplando callado. Reteniendo el aliento de cada segundo.
Deseo aprender a absorber los instantes preciosos de mi camino. La naturaleza que me impresiona y que no cabe toda ella recogida en una foto. Porque el momento no lo puedo contener para siempre en una sola imagen. En seguida pasa a ser un recuerdo sagrado que conservo muy dentro. Y mis palabras no logran descifrarlo.
Es demasiada la belleza de la vida como para encadenarla en un papel y retenerla en un recuerdo. Me asombro de nuevo. Pero me cuesta vivir así siempre.
Sé muy bien que de mí depende aprender a hacerlo. Vivir sin pasar por encima de lo que vivo y siento. De las personas que hallo en mi camino. En las que encuentro la huella sagrada de Dios. A veces quiero poseer y retener lo que me sucede. Como si no fuera eterno. Pero lo es.
El otro día leía: Esa tendencia innata de retener y de poseer es el obstáculo más grande para la unión con Dios. La razón por la cual somos posesivos es porque nos sentimos separados de Dios. Cuando retornamos a Dios dejamos ir todo lo que deseamos poseer. No hay nada más deseable y que nos deleite más que la sensación de que Dios está presente. La mejor manera de recibir es regalando. Si le devuelves todo a Dios siempre estarás abierto y cuando estás abierto, habrá espacio para Dios [1].
Vivir en presente supone entonces vivir desprendido de tantas cosas que me atan y me alejan de Dios. De tantos miedos y seguros. No quiero retener lo que ahora observo. El instante que vivo. El amor que entrego o recibo. Ese sueño que brilla en el centro de mi alma.
Quiero entregárselo todo a Dios ahora. En un acto fiel, filial. Lo observo, lo abrazo y lo entrego. Es el amor que busca regalar sin retener. Dar sin querer guardar para cuando no haya.
Esa mirada a Dios que se hace presente en mi vida. Aquí y ahora. Eso es lo que quiero. Sí. En este mismo momento. Abrazando la cruz de mi presente sagrado. Que pronto guardaré en mi alma como un don recibido para siempre.
Pero me da miedo vivir inquieto saltando de un lugar a otro, de una experiencia a otra distinta. Sin tomarme en serio lo que vivo ahora.
Leía: El otro inconveniente de columpiarte por las viñas del pensamiento es que nunca estás donde estás. Siempre estás escarbando en el pasado o metiendo las narices en el futuro, pero sin detenerte en un momento concreto [2].
Quiero aprender a vivir en presente. Sin quedarme en el pasado. Sin angustiarme por el futuro que no controlo. Quiero aprender a vivir en Dios en cada momento de mi vida. En cada paso.
Así me lo recuerda el P. Kentenich: «Sin un recogimiento relativamente continuo de nuestras energías en Dios no es posible una profunda vida de la fe. Por eso, ¡a rezar todo lo posible! ¿Qué es rezar? Ofrecer en silencio mi corazón a Dios, como un regalo»[3].
Le quiero ofrecer a Dios mi vida ahora en un momento de silencio. Ahora, no mañana. No recordando lo que ya le di en el pasado. Ahora mismo es cuando me mira con su amor y me recuerda cuánto me quiere.
Esa forma de vivir es la que me gusta. Sin pensar en lo que podía haber sido mejor, sin querer cambiarlo todo. Sin quedarme en lo que podía haber resultado de otra manera. Sin atarme a lo que vivo. Sin temer perderlo. Se lo entrego todo a Dios. Porque es suyo.
¿Qué es lo que más me cuesta regalarle hoy? ¿Qué me ata por dentro y no me deja mirar con paz y alegría lo que tengo por delante? ¿Qué me ata al pasado? ¿Por qué me angustia el futuro?
Hoy quiero mirar a Jesús que recorre mis pasos. Quiero entregarle lo que soy ahora mismo, lo que tengo hoy en mis manos, lo que temo en lo hondo de mi alma, lo que espero de esta vida. Abrazo su presencia que palpo.
Me gusta tocar su espalda. Escuchar la voz en la brisa. Sostener la tenue luz en la que amanece en mis manos. Me gusta esa presencia misteriosa que sucede ahora. No en el mejor momento de mi vida. Sino en este momento en el que existo.
[1] Thomas Keating, Mente abierta, corazón abierto
[2] Elizabeth Gilbert, Come, reza y ama
[3] J. Kentenich, Niños ante Dios

lunes, 4 de septiembre de 2017

Pregunta 242: ¿Su Fe es la Fe de la Iglesia? ¡Compruébelo!

lEsta es nuestra Fe, la Fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor nuestro.

La Iglesia y los enfermos


242. ¿Por qué debe la Iglesia preocuparse especialmente de los enfermos?
Jesús nos enseña que el cielo sufre cuando nosotros sufrimos. Dios quiere ser reconocido incluso en «uno de estos mis hermanos más pequeños» (Mt 25,40). Por eso Jesús ha establecido el cuidado de los enfermos como tarea central para sus discípulos. Los exhorta: «Curad enfermos» (Mt 10,8), y les promete el poder divino: «Echarán demonios en mi nombre ... impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos» (Mc 16,17-18). [1506-1510]

Uno de los rasgos determinantes del cristianismo ha sido siempre que los ancianos, los enfermos y los necesitados de cuidados estén en el centro. Madre Teresa, que cuidó de los moribundos en los suburbios de Calcuta, es sólo una persona en una larga cadena de cristianos y cristianas que encontraron a Cristo precisamente en aquellos que eran excluidos y evitados por los demás. Cuando los cristianos son verdaderamente cristianos, brota de ellos un efecto curativo. Algunos reciben incluso el don de curar corporalmente en la fuerza del Espíritu Santo .


La Iglesia y los enfermos
vea también: la visita al enfermo


* El texto (pregunta y respuesta) proviene del Youcat = Catecismo para Jóvenes. Los números que aparecen después de la respuesta hacen referencia al pasaje correspondiente del Catecismo de la Iglesia Católica que desarrolla el tema aún más. Basta un clic en el número y será transferido. 

domingo, 3 de septiembre de 2017

Tentaciones típicas del diablo para arruinar matrimonios

El demonio sabe claramente que si trabaja para destruir el matrimonio, puede desentrañar y destruir todo el tejido de la sociedad

Es cierto que muchos de nosotros nos vamos de vacaciones, pero hay alguien que nunca se va de vacaciones, y para el caso, nunca se irá de vacaciones. ¿Puedes adivinar quién puede ser? ¡El diablo! ¡Eso es correcto, el diablo! Trabaja 25 horas al día, ocho días a la semana, y 366 días cada año.

De hecho, ¡es uno de los trabajadores más constantes del mundo! Padre de Mentiras y Asesino desde el Principio, Príncipe de este mundo, serpiente antigua, Lucifer, Satanás, demonio, diablo, todos estos son nombres para el diablo que se encuentran en los Sagrados Textos de la Escritura.
Los santos han acuñado otros nombres que resaltan diferentes aspectos de su mala intención, aquí están algunos:
Santo Tomás de Aquino llama al diablo El Tentador.
San Agustín lo llama un perro enojado en una correa, ¡mejor mantén tu distancia!
San Ignacio, que nos dio los Ejercicios Espirituales y las Reglas para el Discernimiento de los Espíritus (en parte explicando la obra del diablo en nuestras vidas), llama al diablo El Enemigo de la naturaleza humana. En el día de la fiesta litúrgica de San Martín de Tours llama al diablo “Bloque“.
Por último, san Pedro, en una de sus cartas, llama al diablo un León Rugiente que busca devorar a quien puede. ¡Estamos llamados a resistirlo!
Uno de los principales ataques del diablo en la sociedad moderna es lanzar sus misiles contra la institución más antigua establecida por Dios, la familia. El matrimonio es la unión entre hombre y mujer, esposo y esposa, unidos en un sacramento que llamamos Santo Matrimonio, abierto a tener hijos y a educarlos en el amor y el temor del Señor.
El diablo sabe claramente que si puede trabajar para destruir la institución de la familia puede ayudar a desentrañar y destruir todo el tejido de la sociedad. Los historiadores nos dicen que una vez que la familia se desentraña, la sociedad se descompone rápidamente.
Siendo éste el caso, ¿cuáles son algunas de las tentaciones típicas que el diablo lanza contra parejas para debilitar y eventualmente destruir a la familia? En este breve artículo presentaremos cinco de las más insidiosas pero comunes tentaciones que el Padre de la Mentira y el Asesino desde el Principio lanza contra la familia.

1. Vivir juntos. Unión libre. Cohabitación. Matrimonio de prueba.

Hemos enumerado varios títulos para los numerosos acuerdos de parejas que militan contra el Sacramento del Santo Matrimonio.
Hace dos generaciones, una pareja católica que eligiese uno de los arreglos de vida mencionados anteriormente serían vistos como radicales, renegados, parias y un escándalo flagrante en todo el mundo. Hoy en día, si una pareja comienza a convivir en un matrimonio similar, casi se considera normal.
Muchos jóvenes afirman: “Tenemos que probarlo primero, comprobar si tenemos química”. “Tenemos que ver si funciona, si somos compatibles”.
Mientras tanto, están dispuestos a vivir fuera del estado de gracia, poniendo así en peligro su salvación eterna, sin mencionar el mal ejemplo que dan a los niños nacidos en estas circunstancias.
Las parejas que viven en este estado se están convirtiendo en una verdadera epidemia. Peor aún, la sociedad se desensibiliza a creer que esto es normal y que está bien. Detrás de las escenas en este escenario no se encuentra otro que no sea el diablo, ¡el mentiroso!

2. Uniones del mismo sexo.

A pesar de que las uniones homosexuales han sido legalizadas, eso no significa que sean correctas. Como en el caso del aborto que fue legalizado en los Estados Unidos en 1973, no significa que las uniones del mismo sexo legalizadas sean morales.

Lo que es legal no siempre es moral.

La Sagrada Escritura nos enseña que volviendo al Libro del Génesis que Dios creó al hombre ya la mujer, Adán y Eva, y dijo que un hombre debe dejar a su padre y a su madre para unirse a su esposa:
“Lo que Dios ha unido, entre hombre y mujer, no deje que nadie se separe” (Génesis 3).
Detrás de esta mentira de las uniones del mismo sexo está el diablo.

3. Adulterio.

En el Sermón del Monte Jesús elevó el amor, la fidelidad y la pureza a un nivel mucho más elevado. Jesús dijo:
“Tú lo has escuchado: No cometerás adulterio. Pero yo les digo que todo aquel que mire a una mujer con lujuria, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón”(Mateo 5, 27-28).
Una de las interpretaciones modernas de este pasaje, en relación con el Sacramento del Santo Matrimonio, es que aun cuando un hombre casado no cometa el acto de adulterio físico con otra mujer, todavía puede cometer adulterio de otras maneras, a través de sus ojos, en su mente y en las profundidades de su corazón.
Por supuesto, una de las formas más comunes de adulterio moderno es la de hombres casados ​​(y a veces mujeres) que ven pornografía. Más allá de la sombra de la duda, esto se está volviendo más y más común, causando estragos y destruyendo familias.
Una vez más, detrás de gran parte de la industria del porno no está simplemente un diablo, ¡sino una enorme multitud de demonios! Una de las frases más comunes que trata de minimizar la gravedad de ver la pornografía, especialmente en los hombres, es la siguiente: “Bueno, los niños serán niños. Los hombres serán hombres”.
Al mismo tiempo, las familias están siendo destruidas y los niños están siendo gravemente heridos y marcados por esto durante toda su vida.

4. No estar abierto a la vida.

Hace años las parejas se casaban y anhelaban que los niños vinieran lo antes posible. Las parejas con 6, 8, 10 o 12 hijos eran casi la norma. Este siempre era el caso, incluso si económicamente la pareja no tenía una abundancia.
Hoy en día es todo lo contrario. Las parejas se casan y su mentalidad es cómo podemos evitar tener hijos.
Para muchos, la filosofía es como tal: Tengamos nuestro hogar, nuestro nuevo automóvil, nuestra televisión de pantalla grande, nuestro yate, nuestro centro vacacional, y después de que todos estos bienes materiales sean comprados, entonces puede ser hora de tener un hijo o una niña. Dos, como mucho.
En una sociedad saturada por el materialismo, el hedonismo, el egocentrismo y el utilitarismo, la cosa prevalece sobre traer al mundo una nueva entidad con un alma y una existencia inmortal que llamamos persona humana.
Esta atmósfera anticonceptiva y anti-vida es promovida y cultivadapor el diablo. Nuestro Dios es un Dios de vida. El diablo es un mentiroso y un Asesino desde el Principio.

5. Falta de comunicación.

Debe decirse, a nivel social, que muchas parejas, desde el comienzo de su matrimonio, nunca aprendieron realmente a dialogar. Nunca aprendieron el importante arte de la comunicación.
La comunicación es un arte con el que ninguno de nosotros nace. Debe ser aprendido. Por lo tanto, antes de llegar al día de pronunciar la fidelidad en los buenos y malos tiempos, en la salud y en la enfermedad, en las riquezas y en la pobreza, hasta que la muerte nos separe, las parejas deben ser conscientes de la extrema necesidad de comunicarse, del arte de la comunicación, y hacer todo en su poder para nunca renunciar a esforzarse por mejorar en sus habilidades de comunicación.
Incluso en este proceso, el diablo puede actuar como un gusano en el camino de las vidas de las parejas para bloquear la comunicación de las siguientes maneras:
  • El diablo puede convencer a una pareja de que es mejor no hablar para evitar conflictos.
  • El diablo puede tentar a una pareja a pronunciar palabras hirientes que actúen como picaduras de abejas.
  • El diablo puede trabajar de tal manera que uno puede querer hablar de todo y el otro no quiera decir nada.
  • El diablo puede convencer a una pareja de evitar hablar con Dios. En resumen, Dios ayuda a las parejas a comunicarse bien.
  • Por último, el diablo puede mover a una pareja a hablar más a otra persona (exes o incluso nuevos “amigos” del sexo opuesto) que a su propio cónyuge, en gran detrimento de su matrimonio.
En conclusión, incumbe a todos los cristianos ser muy conscientes de las obras del diablo, quien está empeñado en destruir a la humanidad. Uno de sus primeros ataques es sobre la Institución de la Familia, la cuna del niño, la Iglesia Doméstica y el futuro de la humanidad.
Volvamos a la Sagrada Familia: San José, María y Jesús, rogamos su intercesión ayudándonos a ser conscientes de los astuciosos ataques del diablo, ayúdanos a rechazar sus tentaciones y a fomentar todo lo puro, noble y digno de alabanza.
Artículo publicado por Píldoras de fe


Pregunta 241: ¿Su Fe es la Fe de la Iglesia? ¡Compruébelo!

lEsta es nuestra Fe, la Fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Jesús y los enfermos

241. ¿Por qué mostró Jesús tanto interés por los enfermos?
Jesús vino para mostrar el amor de Dios. Con frecuencia lo hizo allí donde nos sentimos especialmente amenazados: en el debilitamiento de nuestra vida a causa de la enfermedad. Dios quiere que recuperemos la salud de alma y cuerpo, y que a causa de ello creamos y reconozcamos el reino de Dios que viene. [1503-­1505]

A veces hay que enfermar para reconocer qué es lo que necesitamos por encima de todo, tanto enfermos como sanos: a Dios. No tenemos vida, si no es en él. Por eso los enfermos y pecadores tienen un instinto especial para lo esencial. Ya en el NUEVO TESTAMENTO eran precisamente los enfermos quienes buscaban la cercanía de Jesús; intentaban «tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos» (Lc 6,19). 

 Jesús y los enfermos



Vea también: Testimonios de Fe ante la enfermedad



 * El texto (pregunta y respuesta) proviene del Youcat = Catecismo para Jóvenes. Los números que aparecen después de la respuesta hacen referencia al pasaje correspondiente del Catecismo de la Iglesia Católica que desarrolla el tema aún más. Basta un clic en el número y será transferido. 

sábado, 2 de septiembre de 2017

7 razones para perderle el miedo a la confesión, y acoger así la misericordia de Dios

Este sacramento, bien entendido, es un acto de amor, de misericordia, de perdón y de reconciliación


7 razones para perderle el miedo a la confesión, y acoger así la misericordia de Dios


ReL
Todos alguna vez hemos sentido miedo a la confesión. No sabemos qué va a suceder, nos enfrentamos a una situación nueva. “Es que me da vergüenza…”, “¡qué va a pensar el padre de mí!”, “ha pasado tanto tiempo, no sé si Dios me acepte…”, “no soy capaz de contar mis pecados…”. Éstas son frases que uno escucha a menudo, explica el H. Edgar Henríquez Carrasco en Catholic-link. Todas tienen un matiz de temor, dolor, vergüenza y conciencia de las propias faltas. Eso es un buen comienzo. Se puede decir que el miedo a la confesión es algo normal, ya que uno debe enfrentarse a sus propias faltas en un auto examen que no suele ser muy agradable. Ponerse frente a los propios pecados cuesta, pero es gratificante saber que Dios siempre nos espera con los brazos abiertos y quiere reconciliarse con nosotros. La confesión es un sacramento necesario para avanzar en la vida espiritual y cristiana, ya que nos da la gracia que nos sostiene en la prueba y nos anima a continuar por el camino del bien.


Entonces, ¡no hay nada que temer! ¡Piérdele el miedo a la confesión! Porque la confesión…

1. Es conciencia de mi fragilidad
Una actitud que busca reparar el daño causado por nuestras faltas. Es conciencia de mi fragilidad, de mi pecado, de mis fallos. Me lleva a acercarme con humildad al Padre y pedirle perdón. Arrepentirse de los pecados cometidos toca directamente el corazón del hombre. Dios quiere sanarlo y lavarlo a través del sacramento de la confesión. Pero dejar entrar a Dios en nuestro interior significa abrir la puerta del corazón y la llave para ello es el arrepentimiento. Así es como Dios entra, mira todo lo que tenemos, ordena el desorden, sana las heridas, limpia la suciedad, reconforta el ánimo y nos devuelve la paz. Dios es quien renueva nuestra imagen ysemejanza de Él.

Es un acto de humildad y sinceridad. Es el primer paso para el perdón y la reconciliación. A éste se llega por un examen personal de los propios fallos cometidos, una reflexión íntima de nuestro interior de cara al Bien. Este arrepentimiento es necesario para la eficacia del sacramento, ya que no se puede perdonar a alguien que no está dolido o compungido de sus faltas.
  
2. Es perdón por amor
Dios nos ama tanto que no se puede pensar en un amor más grande. Dios no tiene amor por nosotros. Dios es Amor, por eso se da a sí mismo cuando ama. Este amor de Padre se ve manifestado en sus obras, ya que nos crea, nos acoge y nos redime. Siempre que caemos está Él allí para ayudarnos a ponernos de pie. Cuando nos arrepentimos con sinceridad y humilde corazón Él nos recibe con los brazos abiertos, es más, espera día y noche a que volvamos a su casa.

El mejor ejemplo de este amor que se hace perdón está en la parábola del hijo pródigo, quien luego de abandonar su casa, gastarse toda la herencia que le corresponde y pasar por mil peripecias, vuelve a la casa del Padre quien le abraza, le besa y le recibe con una fiesta. Este perdón se manifiesta en la confesión. Quien logra profundizar en esto, no puede sino acudir gozoso a la confesión. “La mirada de Dios no es como la del hombre: el hombre ve las apariencias, pero el Señor ve el corazón” (1 Samuel 16,7). Así que no tengas miedo de Dios, al contrario, vive en su Amor que te llama constantemente a su lado.


3. Es reconciliación con nuestro Padre
Las parejas saben muy bien de esto. Es inevitable que no haya discusiones en la vida familiar, que uno se equivoque y se canse de vez en cuando. Pero lo mejor de la discusión y las peleas es la reconciliación. Volver a conciliar (re-conciliar), volver a unirse, renovar la concordia de corazones. Si es hermoso reconciliarse con los hermanos, con los padres, con los amigos… ¡cuánto más hermoso será reconciliarse con nuestro Padre del Cielo!

A veces nos parece lejano, como si viviera físicamente en las estrellas o las nubes, pero no es así. Él está más cerca que cualquiera de nosotros, está en la Eucaristía, se ha hecho carne para vernos, para tocarnos, para visitarnos, para hablar con nosotros, para decirnos que nos ama. ¡Qué gran alegría siente el corazón cuando nos acercamos a esta verdad!

4. Es salud del alma
Vamos al médico cuando tenemos dolores, enfermedades, cuando necesitamos la cura y sanación del cuerpo. De la misma forma acudimos a Dios para sanar nuestros dolores y enfermedades, para buscar la cura del alma. El hombre está constituido de cuerpo y alma, si sanamos el cuerpo, también debemos sanar el alma. Es un estado completo de salud. Tal vez por eso le decimos a los sacerdotes “curas”, porque son los instituidos por Dios para acercar la sanación al alma de sus hijos. Un cuerpo sano y un alma sana te darán paz y alegría constantes. Pudiendo alejar los dolores y las enfermedades, ¿qué hacemos que aún no nos confesamos?

A veces el miedo a la inyección es más fuerte que el deseo de sanar, pero debemos superarlo. El miedo a la confesión puede ser también más fuerte que el deseo de reconciliación, pero debemos enfrentarlo. Lo mejor de todo es que contamos con la ayuda del Espíritu Santo que nos empuja a acercarnos al confesionario y a dejarnos recibir la medicina. ¡Acércate al médico del alma para sanar tu interior!


5. Es revestirse del “hombre nuevo”
Esto es, cambiar de vida, decidirse a ser diferente, a poner la mirada en las cosas del Cielo. Es signo de conversión. Es renovarse completamente, ser un “yo” mejorado. El hombre nuevo se deja guiar por el Espíritu de Dios, goza en espíritu y en verdad. El hombre nuevo no es esclavo de las pasiones y del pecado como lo es el hombre viejo, al contrario, es un hombre libre que vive su vida con tranquilidad y regocijo en el Señor. Pienso que todo cristiano quisiera llevar a plenitud su vida, ya sea en la oración, en los sacramentos, en la vida cotidiana, en el trabajo.

Que todos los aspectos de vida estén unidos y sean dirigidos por el Espíritu Santo, esto es revestirse del hombre nuevo. El hombre nuevo por excelencia es Jesucristo, por eso en la vida espiritual se habla de imitar a Cristo, quien “se desojó de su grandeza, tomó la condición de esclavo y se hizo semejante a los hombres” (Filipenses 2,7) en todo, menos en el pecado.

6. Es fiesta en el Cielo
Sabemos que no estamos solos, antes bien, formamos parte de la comunión de los santos. La iglesia de la tierra (nosotros) somos la Iglesia Peregrina, la de las almas purgantes (purgatorio) es la Iglesia Purgante y quienes ya gozan de la visión beatífica (los santos) son la Iglesia Triunfante. Así, todos constituimos un mismo cuerpo y un mismo espíritu. Por ello, cuando un pecador se convierte, en el Cielo se celebra una Fiesta. Si el gozo aquí en la tierra es grande, ¡imagínense cómo se celebra en el Cielo! Allí están los Ángeles, los Arcángeles, los Tronos, las Potestades, las Dominaciones y todas las demás órdenes celebrando la conversión de un pecador, aquel que deja su antigua vida y se anima a seguir a Cristo como un hombre nuevo. No es un cuento de hadas, es real.


7. Es fuerza para la batalla
“La gracia es el favor, el auxilio gratuito que Dios nos da para responder a su llamada: llegar a ser hijos de Dios” (CEC). Luego de la confesión aumenta esta gracia en nosotros, es Dios mismo quien viene en nuestro auxilio y nos ayuda. Esta gracia será la fuerza en el combate diario. Si vives lleno de tentaciones, si las ocasiones de pecado son muchas que te llevan a caer, si no eres capaz de controlar tus impulsos pasionales… entonces, debes saber que la gracia recibida de Dios es fuerza en la lucha contra el mal. Y si esta gracia se acrecienta al recibir debidamente los sacramentos, ¡esta es tu oportunidad! El pecado debilita tu voluntad, te hace volátil, flexible, te dispone a caer de nuevo… la gracia será siempre ese don, ese favor, ese auxilio que te da Dios para vencer la prueba y salir victorioso. Ya sabes, aprovecha la gracia de Dios y combate el mal a fuerza de bien.

La confesión, un acto de amor
Ya puedes perder el miedo a la confesión. Estas 7 razones te ayudarán a conocer más los sacramentos que Dios ha instituido para el bien de sus hijos, a quienes ama inmensamente. La confesión, bien entendida, deja de ser un lugar de miedo para transformarse en un acto de amor, de misericordia, de perdón y de reconciliación. Este es el verdadero sentido del perdón de los pecados: volver la mirada a Dios nuevamente, limpiarnos de toda mancha, tomar fuerzas para continuar nuestra lucha y no desanimarse si se vuelve a fallar.

No podemos dejar que el tiempo pase y nuestras faltas se vayan “pudriendo”. Apenas tengas conciencia de tu pecado y te arrepientas de ello, no dudes en acudir a la Iglesia en busca de esta medicina de Dios, de este sacramento. Ah, ¡y no te olvides de confesar todos tus pecados! 

viernes, 1 de septiembre de 2017

Intención de oración en septiembre: “Por la evangelización”


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Por la evangelización: Por nuestras parroquias, para que, animadas por un espíritu misionero, sean lugares de transmisión de la fe y testimonio de la caridad”, es la intención de oración del papa Francisco para el mes de septiembre de 2017.

Es una iniciativa promovida por la Red Mundial de Oración del Papa, del Apostolado de la Oración, al servicio de los desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia.

El Papa sueña con una opción misionera “capaz de transformarlo todo”, así lo escribió en la exhortación apostólica “Evangelium Gaudium”: “para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación”.

Asimismo, el papa Franscisco dejó reflejado en la exhortación “Evangelium Gaudium” que la parroquia “es comunidad de comunidades, santuario donde los sedientos van a beber para seguir caminando, y centro de constante envío misionero”.

A continuación, ofrecemos la oración para rezar por esta intención que se propone en septiembre de 2017.

Oración

Señor, Padre nuestro,
tú quieres que la Iglesia sea la presencia visible de tu amor en medio de los hombres.
Cada cristiano es un discípulo enviado a anunciar,
por palabras y por obras,
la buena noticia del Evangelio.
A todas las parroquias
se dirige un llamado a que sean,
cada vez más,
lugares de comunicación de la fe y testimonio de caridad.
Nosotros te pedimos que nuestra parroquia sea un lugar
en que cada uno de nosotros,
dentro de nuestras posibilidades y responsabilidades,
nos sintamos miembros activos en la misión de evangelizar.
 zenit.org

Oración oficial de preparación a la visita del Papa Francisco



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La imagen consta de dos manos, una de color rojo y otra de color amarillo, que representan, en el caso de la roja, al pueblo peruano y su bandera, y la amarilla simboliza al Vaticano. Ambas manos se encuentran unidas por la esperanza y tienen forma de alas para aludir a la oración, alabanza y alegría. Asimismo, el fondo blanco de las manos representa la paz y la unión de ambas naciones por la llegada del Papa Francisco. El logotipo también incorpora el mapa del Perú junto a la fotografía del Sumo Pontífice como expresión de la cercanía del Papa con nuestro pueblo y la unidad que debemos tener como país para su recibimiento.

Oración oficial de preparación para la visita del Papa Francisco al país sudamericano que se realizará del 18 al 21 de enero de 2018.

Dios Padre misericordioso
Llenos de alegría
elevamos hacia Ti
nuestra oración de acción de gracias
por el don de la visita pastoral
del Papa Francisco
Señor Jesucristo
Te pedimos que nos concedas prepararnos
con la oración y los sacramentos
para acoger a quien viene en tu nombre
a confirmarnos en la fe.
Espíritu Santo
Guía de la Iglesia:
haznos vivir como discípulos y misioneros,
el Evangelio de la creación,
la vida, la familia y la paz.
Virgen María
Madre de la Iglesia:
acompaña al Sucesor de Pedro,
que nos animará para que
unidos por la esperanza,
peregrinemos por esta tierra
bendecida por el testimonio
de nuestros santos:
Rosa de Lima,
Toribio de Mogrovejo
y Martín de Porres
Amén.