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martes, 13 de octubre de 2026

¿Sabías que los ángeles y santos se alegran cuando te confiesas?

Choir of angels

Cuando el sacerdote pronuncia las palabras de la absolución en el sacramento de la confesión, todos los santos y ángeles del cielo se regocijan

Acudir a la confesión puede ser una experiencia solitaria, ya que solo nos involucra a nosotros mismos y a un sacerdote. Esto no es algo malo, pues nos proporciona la seguridad que necesitamos para confesar nuestros pecados en privado. Luego, ¿qué tienen que ver los santos y los ángeles en este acto?

Sin embargo, puede que no siempre nos demos cuenta de la extraordinaria realidad espiritual que se nos oculta a la vista.

La hueste celestial de ángeles y santos nos observa mientras nos acercamos al confesionario y nos sentamos o nos arrodillamos ante el sacerdote.

Desean con todas sus fuerzas que nos reconciliemos con Dios y con la Iglesia, y rezan para que tengamos el valor de confesar nuestros pecados.

Frutos espirituales que recibes con la confesión frecuente

Frutos espirituales que recibes con la confesión frecuente

Lea el artículo

El cielo se regocija

El propio Jesús se lo señaló a sus apóstoles, tal y como recoge el Evangelio de Lucas (15, 7).

"Os digo que habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se arrepienta que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse".

San Francisco de Sales ofrece una reflexión similar en su "Introducción a la vida devota".

Espera con atención y abre los oídos de tu corazón, para que puedas escuchar en espíritu la absolución que el Señor de tu alma, sentado en el trono de su misericordia, pronunciará en el cielo ante los santos y los ángeles cuando su sacerdote te absuelva aquí abajo en su nombre.

Ten por seguro que toda esa compañía de bienaventurados se regocija con tu alegría y entona un canto de alegría inefable, abrazándote y aceptándote como purificado y santificado.

confesión


Una hermosa realidad

Esta es una realidad espiritual importante que debemos recordar cada vez que nos confesamos.

A veces podemos sentirnos reacios a confesar nuestros pecados, ya que nos sentimos solos y sin amor, o quizá sintamos vergüenza por ellos.

Sin embargo, no estamos solos: todos los santos y los ángeles nos animan, deseando poder acogernos algún día en sus brazos amorosos, en el abrazo eterno del Cielo.

La próxima vez que vayas a confesarte, intenta visualizar la alegría que sienten los santos y los ángeles después de que el sacerdote pronuncie las palabras de la absolución.

Saborea esa alegría y deja que penetre en tu corazón, para que puedas renovarte y fortalecerte para vivir una vida virtuosa.

Philip Kosloski, Aleteia

Vea también     ¿Por qué la confesión?


domingo, 20 de septiembre de 2026

Entró sin devoción en una iglesia... y la confesión-sorpresa chocó a su mujer y salvó a su padre

Jacques es un octogenario que recuerda muy bien las peculiares circunstancias que le llevaron a la fe y cómo lo entendieron sus seres queridos.

El octogenario Jacques dejó sorprendidos a su esposa y a su padre cuando decidió confesarse.

El octogenario Jacques dejó sorprendidos a su esposa y a su padre cuando decidió confesarse.


    No son octogenarios, como Jacques, los testimonios más frecuentes que ofrece la colección francesa de transformaciones en la fe Découvrir Dieu [Descubrir a Dios]. Y su conversión no es reciente, pues fue hace algunas décadas cuando sirvió para inducir la de su propio padre. Pero acaba de contarla.

    Treinta bares

    El protagonista de esta historia cumplió los 80 años a finales de 2025. Durante toda su vida trabajó como mecánico en garajes de reparación para vehículos, ya fuesen ajenos o propios. Eso sí, en este último caso su vestimenta de mono azul y las manos manchadas de grasa no le impedían tener que tratar bien a sus clientes, y solía hacerlo invitándoles a tomar algo en hasta "treinta bares" que -confiesa- rodeaban el establecimiento.

    Y esto era un problema. 

    Confiesa que se veía obligado a consumir alguna bebida alcohólica por ese motivo y sin criterio para hacerlo, y eso afectaba incluso a sus relaciones femeninas. 

    Un periodo de su vida que no querría repetir, y dice con claridad por qué: "En el fondo, me sentía triste. Vivía con más libertad, pero con una especie de tristeza porque no era la vida que yo quería, no disfrutaba de una alegría interior".

    El cambio que le ha conducido hasta su provecta edad viviendo como cristiano activo se produjo un invierno, a pocos días de Navidad.

    Confesión imprevista

    Pasaba por delante de una iglesia consagrada a San Luis, y tal nombre le evocó a su hermano mellizo Louis, ("¡No creo en el azar! ¡Creo que aquello tenía un sentido!", confiesa). Así que decidió entrar para librarse un poco del frío que se palpaba en las calles.

    Se sentó en la parte derecha del templo, ante una Cruz de Cristo configurada como un cable que colgaba del techo. Por primera vez pensó en una verdad muy asumida en el mundo cristiano al interpretar el Calvario: "¡Un Dios en una Cruz!". Le pareció asombroso. Y empezó a plantearse cuestiones, sentado ante ese crucifijo durante más de media hora. 

    Fue entonces cuando reparó en que a la izquierda de donde se encontraba había un cartel en verde con un aviso: "Confesión".

    Jacques recononce que él no se había confesado desde que contrajo matrimonio. En aquel momento lo hizo a petición de su esposa y solo por complacerla. 

    Esta vez era distinto, porque él sí quería ahora. Tanto, que se acercó a un sacerdote al que vio en el templo para pedírselo. El cual respondió que no podía en ese momento y además debía decir misa, pero que si Jacques podía esperar dos horas y en ese periodo preparar la confesión, él lo haría encantado.

    Así que Jacques esperó esas dos horas. Incluso vinieron a proponerle hacer la colecta durante la misa. Él se negó por temor a que, si le veía pasar la cesta alguien conocido -relata ahora con humor-, se hiciese una idea confusa sobre él.

    Pasaron las dos horas, concluyó la misa y por fin pudo, a petición del confesor, sentarse para contar su vida: 

    -Padre -le dijo- va a ser muy simple, porque soy un vividor en todos los sentidos del término.

    -Entendido -respondió el sacerdote.

    ¿Revelar lo sucedido esa misma noche?

    Jacques no da detalles de lo que explicó, pero cuenta que acabó recibiendo la absolución: "Cuando salí de allí, ¡lloraba de alegría! Sentí una alegría que me invadió y lloraba, lloraba de alegría".

    Cuando volvió a casa con retraso respecto a su horario habitual, su esposa le preguntó dónde había estado, pero él no se sintió capaz de reconocerlo en aquel momento.

    Eso sí, a la mañana siguiente, nada más levantarse se preparó para salir y su mujer le preguntó:

    -¿A dónde vas?

    -Voy a misa -respondió Jacques.

    -Pero ¿estas enfermo? -inquirió la desconcertada cónyuge.

    -No, no estoy enfermo, me voy a misa -insistió el cónyuge desconcertador, quien ahora se ríe abiertamente al contarlo.

    "Y desde entonces siempre he regresado a misa", confiesa a Découvrir Dieu: "Es mi fe la que me ha ayudado, la que me mantiene ahí y hace que me sienta feliz con dicha fe. Es una alegría verdaderamente interior. Es una relación de amor". 

    Y reconoce que siente una sensación de "carencia" cuando se levanta y no puede ir a misa o ni siquiera rezar: "¡Siento una pérdida! ¡Una pérdida espiritual, una pérdida muy fuerte!"

    Lo que pasó con su padre

    Ante esa nueva situación insólita e inédita en la vida de ambos, su esposa se la transmitió al padre de Jacques, sorprendida: "¡Se pasa todo el tiempo en las iglesias!"

    El anciano llamó a Jacques para pedirle explicaciones: "¡Hijo, estás siempre en la iglesia! ¡Tu mujer no te entiende!". Él explicó  a su progenitor lo que le motivaba.

    El último lustro que vivió su padre lo hizo ciego por un problema en la vista. Eso multiplicó los encuentros con Jacques, quien acudía no solo a charlar, sino a ayudarle en sus necesidades y a guiarle del brazo al pasear por la calle.

    "¡Y al concluir su vida, me dijo unas palabras magníficas", evoca Jacques con dulzura ante lo que fue una conversión: "'Jacques, he comprendido lo que tu vives. ¡Eres tú quien tiene razón!' Y mi padre partió tras haber recibido los sacramentos de la Iglesia".

    "¡Estoy seguro de que está en el lado bueno!", concluye refiriéndose al cielo.

    Y remata orando: 

    • "¡Gracias, Señor, por tu amor, por haberme amado como me amas, por haberme protegido! ¡Porque si no, habría muerto!".

    Una conclusión esencial de sentido más espiritual que físico.

    ReL

    Vea también    Confesarse ¿por qué? La reconciliación y la belleza de Dios




    viernes, 4 de septiembre de 2026

    Plantó su puesto de confesiones en la feria de ganado del condado... y la acogida fue sorprendente

    Más de la mitad de los visitantes fueron estudiantes de secundaria y universitarios.

    "Mientras extendía las manos para la absolución, veía a la gente pasar y observar con emoción", explica.


      La feria anual del condado de Washington, Missouri (EE.UU), con casi un siglo de tradición, se convirtió este año en escenario de un gesto insólito: un confesionario instalado en medio de las atracciones, los conciertos y las exposiciones de ganado. 

      La iniciativa, impulsada por el padre Ryan Truss, párroco asociado en Nuestra Señora de Lourdes y San Juan Bautista-Gildehaus, resultó ser un éxito inesperado, especialmente entre los jóvenes. Aleteia cuenta su historia.

      Un puesto sencillo

      El padre Truss confesó que la idea nació como una broma el año pasado, cuando alguien le comentó que hacía mucho tiempo que no se confesaba. "Pensé que quizá el Espíritu Santo me estaba inspirando", relató. 

      Con el apoyo de otros sacerdotes locales, el proyecto se materializó en un puesto sencillo pero llamativo: una imagen de la Divina Misericordia de 2,4 metros presidía el espacio, acompañado de rosarios, estampas y sacramentales ofrecidos por feligreses voluntarios.

      El confesionario improvisado, con luces rojas y verdes para indicar disponibilidad.

      El confesionario improvisado, con luces rojas y verdes para indicar disponibilidad.Fr. Ryan Truss

      El ambiente festivo no fue un obstáculo. De hecho, el padre Truss perdió la voz en algún momento por tener que elevarla sobre la música de los conciertos nocturnos, precisamente cuando más personas acudían al confesionario. 

      "Mientras extendía las manos para la absolución, veía a la gente pasar y observar con emoción. Quizás Dios use esa mirada para que más personas regresen a Él", explicó.

      Más de la mitad de los visitantes del puesto fueron estudiantes de secundaria y universitarios. Muchos llegaron invitados por amigos y aprovecharon la ocasión para recibir el sacramento de la Reconciliación. 

      "Fue un éxito rotundo, mucho mayor de lo que jamás hubiera imaginado", aseguró el padre Truss. La experiencia demostró que, incluso en un entorno poco convencional, los jóvenes buscan espacios de encuentro con Dios.

      El confesionario improvisado, con luces rojas y verdes para indicar disponibilidad, se convirtió en un símbolo de cercanía y creatividad pastoral. La feria, que suele ser un lugar de ocio y comercio, se transformó también en un espacio de gracia. 

      "Aunque no hayan recibido el sacramento en ese mismo momento, espero que les haya recordado el amor y la misericordia de Dios", añadió el sacerdote.

      La iniciativa de Washington muestra cómo la Iglesia puede salir al encuentro de las personas en los lugares más inesperados. En un tiempo en que muchos jóvenes se alejan de la práctica religiosa, un confesionario en la feria se convirtió en puente hacia la fe.

      ReL 

      Vea también    Razones para confesarse







      martes, 23 de junio de 2026

      ¿Cómo se reza el acto de acto de contrición para confesarse?

      confesión, reconciliación, penitencia

      Antes de confesarse es necesario hacer un minucioso examen de conciencia y realizar un acto de contrición. Reza esta oración para prepararte

      Tal vez parezca sencillo, pero no todos saben con certeza cómo deben rezar la oración del acto de contrición para poder acercarse al sacramento de la Reconciliación. Porque si bien, confesarse es difícil - obviamente, para nadie es sencillo porque debemos enfrentar nuestros pecados - hay que hacerlo con humildad y confianza, porque el que así reza, Dios lo mira con infinito amor y misericordia.

      Por eso, para que tengas a la mano la oración, aquí te la dejamos:

      Acto de contrición

      Señor mío Jesucristo,
      Dios y hombre verdadero,
      Creador, Padre y Redentor mío;
      por ser Tú quien eres, Bondad infinita
      y porque te amo sobre todas las cosas,
      me pesa de todo corazón haberte ofendido;
      también me pesa porque puedes castigarme
      con las penas del infierno.
      Ayudado de tu divina Gracia,
      propongo firmemente nunca más pecar,
      confesarme y cumplir la penitencia
      que me fuera impuesta.
      Amén

      Mónica Muñoz, Aleteia

      Vea también   Partes de la Confesión