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jueves, 29 de julio de 2021

La manera cristiana de dar

 


Dios puede hacerlo todo, yo sólo tengo que entregar lo que tengo, mis panes, mis peces

Cuando he tocado la imposibilidad es cuando Jesús me pide que haga lo que pueda. Que no me angustie ni pierda la paz.

Así se lo dice el profeta al criado en el Evangelio:«Dáselos a la gente, que coman. Porque así dice el Señor: Comerán y sobrará».

Y también se lo dice Jesús a los discípulos: «Dadles vosotros de comer». Ellos sólo obedecen y se ponen en camino.

Así hago yo, me pongo en camino. Sé lo que tengo y lo que puedo dar. Sé lo que hay en mi alma y todo lo que falta.

Conozco el camino recorrido y veo a lo lejos lo que aún no he podido caminar, lo que me queda.

Y no me angustio, no pierdo la esperanza, no me desespero en mi soledad. Dios puede hacerlo todo. Yo sólo tengo que entregar lo que tengo, mis panes, mis peces.

Por nosotros mismos poco podemos

magic moment

Me obsesiono por controlar los pasos que doy. Quiero dar de comer a la gente con mis panes, con mis capacidades, con mis dones naturales, con mi inteligencia y capacidad.

Y miro a Jesús y le digo: «Me has llamado porque sé hacer esto y esto otro, ¿verdad?»

Y Jesús me mira divertido y me responde: «¿Pero no ves que yo lo tengo todo? Te he llamado por lo que hay en ti, en lo más hondo, tu pobreza». Y yo no acierto a comprender.

Me siento capaz de ciertas cosas y creo que en ellas, en mi potencial es donde Jesús me necesita para hacer grandes cosas.

Lo que Jesús necesita

Pero Jesús lo que necesita son los panes de un niño, pocos y pequeños. La pobreza del que no tiene demasiado para vivir.

Necesita la verdad del que no sabe cómo enfrentar el camino. Mi sonrisa que no cuesta demasiado, porque los que sonríen iluminan el mundo.

Mi corazón capaz de emocionarse con lo humano que ve ante sus ojos, con eso basta. Y sólo me pide como dice san Pablo que construya desde el bien que hay en mi interior:

«Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz».

Necesito tener paciencia, ser humilde, amar con el bien de mi alma, luchar por la unidad y por la paz.

Dios hace el milagro

Necesito levantar torres altas sin fuerza ni capacidad, porque es Dios quien lo hace. Él trae la sobreabundancia. Trae el amor y obra milagros inmensos que no puedo alcanzar a ver.

Ese milagro de la vida es el que espero ver cada día:

«Entonces el criado se los sirvió, comieron y sobró, como había dicho el Señor».

Y Jesús bendijo los panes y los peces y los repartió. Y sobró mucho, quedaron sorprendidos.

La sobreabundancia siempre sorprende. Dios me sacia en esa sed interior que tengo:

«Abres tú la mano, Señor, y nos sacias».

Él da mucho más

Pienso en la mujer samaritana que no quería tener que volver al pozo cada día a calmar la sed. Y Jesús le dice que tiene un agua que la calmará para siempre. Ella se sorprende.

Cuando me dan más de lo que pido me sorprendo. Siempre es así. Le pido algo a Dios y me da mucho más. Y miro atónito lo que recibo. Es demasiado.

Cuando pienso en mi vida con Dios es mucho más lo recibido que lo entregado. Casi pienso que la mayoría de las veces me he dado con cuentagotas.

He dado esperando recibir más. He medido mi generosidad para no extralimitarme. Y he sentido que tenía que dar sin acabar dándolo yo todo sin recibir nada a cambio.

Me he vuelto egoísta, guardándome para mí las cosas que recibía, sin dar nada, esperándolo todo.

Personas generosas

El desbordamiento del amor me sorprende. Me asombro ante los que dan y nunca esperan. Se entregan y no se guardan. Se dan y no son egoístas.

Me impresionan esas personas que siempre están atentas para ver lo que hace falta, dónde son necesarias, qué tienen que hacer.

Son esos hijos de Dios enamorados que han entregado su vida entera y no viven cuidándose las espaldas.

Me gustan los que dan sin buscar luego compensaciones. Los que piensan más en la otra persona, antes que en ellos mismos.

Que no se ponen en primer lugar contando sus historias. Y no viven centradas en sus problemas esperando que alguien se detenga a saciar la sed que tienen.

Me asombro de los enfermos que ayudan a enfermos. Los que con el riesgo de perder la vida en el intento no lo piensan y se lanzan al mar a salvar al que se está hundiendo.

Me gustan los que no miden su amor, sino que se dan sin medida. No esperan de los demás un amor que se convierte en exigencia.

Los que agradecen todo lo que reciben sin llevar cuentas. Los que no se comparan con los que reciben más o con aquellos a los que les va mejor en la vida.

No dejo de admirar a los que se entierran en el silencio sabiendo que su semilla al morir un día dará vida.

Esa actitud de Jesús es la misma que ellos tienen. Dan agradeciendo, se entregan sin esperar nada a cambio. Aman sin llevar cuenta del amor que entregan, menos aún del que reciben.

Carlos Padilla Esteban, Aleteia 

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Evangelio del día

 


Evangelio según San Juan 11,19-27.

Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano.
Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa.
Marta dijo a Jesús: "Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.
Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas".
Jesús le dijo: "Tu hermano resucitará".
Marta le respondió: "Sé que resucitará en la resurrección del último día".
Jesús le dijo: "Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá;
y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?".
Ella le respondió: "Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo".

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

San Francisco de Sales (1567-1622)
obispo de Ginebra y doctor de la Iglesia
Introducción a la vida devota, III, 19


«Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro» (Jn 11,5)

    Amad a todo el mundo con un amor grande de caridad, pero no tengáis trato de amistad más que con los que podéis intercambiar cosas buenas... Si intercambiáis en el terreno del conocimiento, ciertamente que vuestra amistad es laudable; más aún si compartís con ellos en el terreno de la prudencia, de la discreción, de la fuerza y de la justicia. Pero si vuestra relación está fundada sobre la caridad, la devoción y la perfección cristiana, ¡Dios mío, qué preciosa será vuestra amistad! Será excelente porque viene de Dios, excelente porque tiende a Dios, excelente porque Dios es su lazo de unión, porque durará eternamente en Dios. ¡Qué bueno es amar sobre la tierra como se ama en el cielo, aprender a amarse en este mundo tal como lo haremos eternamente en el otro!
    Yo no hablo aquí del simple amor de caridad, porque éste se debe a todos los hombres; sino que hablo de la amistad espiritual mediante la cual dos o tres, o muchos, comulgan en la vida espiritual y se hacen un solo espíritu entre ellos. Es con todo derecho que estas almas dichosas pueden cantar: «¡Ved qué dulzura, qué delicia convivir los hermanos unidos!» (Sl 132,1)... Me parece que todas las demás amistades no son otra cosa que la sombra de ésta... Para los cristianos que viven en el mundo es necesario que se ayuden unos a otros con santas amistades; mediante ella se ayudan, se sostienen, se acompañan mutuamente hacia el bien... Nadie podrá negar que Nuestro Señor haya amado con una amistad del todo dulce y del todo especial a san Juan, a Lázaro, a Marta y a Magdalena, porque la Escritura da testimonio de ello. (EDD)

Oración

Dios todopoderoso y eterno, cuyo Hijo quiso aceptar la hospitalidad que santa Marta le ofreció en su casa, haz que nosotros, por intercesión de esta santa, estemos siempre dispuestos a servirte en cada uno de nuestros hermanos y así merezcamos ser recibidos por ti en las moradas eternas, al final de nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén











































miércoles, 28 de julio de 2021

¿Qué deberían hacer los católicos hoy? «Proteger y formar a sus hijos», alerta Michael O´Brien

El autor de «El Padre Elías» desgrana el «totalitarismo» ideológico que se expande

Michael O´Brien es el autor de El Padre Elías, novela que han leído decenas
de miles de personas en todo el mundo.

A sus 69 años, el canadiense Michael O´Brien, padre de seis hijos y ahora abuelo, es considerado por muchos como el mejor novelista católico vivo. Cientos de miles de lectores han leído El Padre Elías, la obra con la que se consagró mundialmente, y otras más que se convirtieron en una profecía de lo que se está viviendo ahora, y que con su tinte apocalíptico alertan de los nuevos totalitarismos que se dan en la sociedad actual.

En Francia han publicado Le journal de la peste, novela que sacó en 1999 y que en español se editó bajo el título de La última escapada, y que anticipaba la realidad actual de la imposición escolar de la ideología de género: un padre que lo deja todo y huye con sus hijos, perseguido como un peligroso criminal por no querer que sean adoctrinados en el colegio.

Una revolución que afecta a todas las esferas

En una entrevista en Famille Chretienne, Michael O´Brien habla de la decadencia de Occidente y afirma que “los signos de decadencia son legión. Uno puede ver los síntomas en todas las artes, y especialmente en la glorificación del arte degenerado, la industria del entretenimiento y el poder de los nuevos medios para controlar y reformatear la conciencia. Estamos viviendo una revolución cultural y, de hecho, una revolución que afecta a todas las esferas”.

Justin Trudeau, primer ministro de Canadá

Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, el país del que es natural el escritor O´Brien es uno de los grandes referentes mundiales de la ingeniería social

Preguntado sobre el papel de los católicos en Occidente en este contexto actual donde son cada vez más arrinconados, el escritor canadiense alerta de que “estamos presenciando una revolución social y política impuesta a todas las naciones”. En primer lugar cita “la redefinición de la moralidad sexual, de la cual la revolución de género es un ejemplo obvio. Así como el surgimiento de una cultura de la muerte llamando bien al mal, y al asesinato de un niño en el vientre de su madre un gesto de compasión”.

"Ser signos de contradicción"

A su juicio, “estamos en un universo totalmente invertido. Por eso es tan vital para los católicos defender la verdad. Debemos aceptar, como Jesús, ser signos de contradicción. Pero una contradicción de amor y verdad al mismo tiempo”.

Michael O´Brien asegura que él no hace predicciones, pero en sus novelas que sí tienen tintes apocalípticos sí genera preguntas. “Si es el tiempo profetizado por Jesús, los apóstoles y los profetas, entonces la pregunta que debe hacerse es: ‘¿estoy en vela?’ Porque Jesús nos dice: ‘¡Estad en vela!’”.

Libro de El Padre Elías en Jerusalén

Puede comprar aquí el libro El Padre Elías en Jerusalén de Michael O´Brien

En general las políticas de los dirigentes de los países occidentales como el caso de Trudeau en Canadá, país del escritor, Macron en Francia o Sánchez en España van contra los ideales cristianos. Ante esto, O´Brien cree que “cada vez que una idea va contra la vida y los Evangelios proviene de un espíritu del Anticristo. Pero hay que tener cuidado. No podemos rechazar esto o a aquel líder diciendo: ‘Este es el Anticristo’. Vivimos en medio de este espíritu que impregna todo el mundo occidental . En su primera epístola, el apóstol San Juan dice que un día vendrá el hombre de pecado, el verdadero Anticristo. Y muchos anticristos primitivos lo prefiguran.

El don de la esperanza

Ante esto es necesaria la “esperanza”.  El escritor canadiense asegura que el optimismo, la desesperación, la rabia o el miedo no son cristianas. “Es natural sentir miedo, disgusto o desánimo. Pero luego tenemos que volvernos profundamente a Cristo y pedirle la gracia. La virtud del valor es natural, la esperanza es un don sobrenatural de Dios. Y así, cuando nos enfrentemos a la oscuridad del mundo debemos pedir el don sobrenatural de la esperanza”.

¿Qué deben hacer los católicos en el mundo de hoy? Ante esta pregunta, el autor de El Padre Elías lo tiene claro: “Hay que formar y proteger, sin duda con prudencia, a nuestros hijos. Pero, al mismo tiempo, nuestros corazones deben estar abiertos para amar a cada persona, incluso a nuestros enemigos. Sin compromiso, pero también sin miedo”.

Michael O´Brien, escritor católico

Sin alejarse de lo que ocurre en su país, el gran laboratorio de la ideología de género, O´Brien afirma que en Canadá por ejemplo se produce “un ataque a la familia”, la eutanasia es completamente legal y ahora cualquiera puede ser “sacrificado” sólo por estar deprimido o ser enfermo mental. “Estoy convencido de que uno de los síntomas del totalitarismo es que algunos seres humanos son desechados”, sentencia.

El papel de los pastores

No son tiempos fáciles para la Iglesia, con la grave crisis de los abusos sexuales que la está sacudiendo. Michael O´Brien espera de los obispos  que sean verdaderos pastores. “Su principal responsabilidad es la salud de su rebaño. Los terribles escándalos en EEUU son extremadamente dolorosos para los obispos. Pero tal vez el Señor permita que estos escándalos se vuelvan visibles para que la decadencia secreta emerja y se purifique. Y para que la Iglesia, esposa de Cristo, se prepare para encontrarse con su Esposo”.

A su juicio, “la purificación del mundo está en progreso. Pero debemos rezar por el rebaño y para que esta purificación se realice tanto en la verdad como en la caridad. Y no se sacrifiquen ovejas, ni hijos, ni jóvenes. Un buen pastor no sacrifica sus corderos, él da su vida por ellos. La tarea que tenemos ante nosotros es rezar como nunca hemos rezado por la limpieza y la fortaleza de la Iglesia. Pero no podemos reparar la Iglesia por nuestra cuenta, sólo la Iglesia puede hacerlo”.

J. Lozano / ReL
(Publicado originariamente en
 ReL en enero de 2019)

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Felices Fiestas Patrias


 

Un joven europeo como seminarista y luego sacerdote en Taiwán: los frutos tangibles de la misión

 


Giovanni Battista Bergamo es un sacerdote italiano de tan sólo 36 años pero su labor pastoral está muy lejos de los canales de su Venecia natal, pues su misión está en la isla de Taiwán, donde menos del 1% de la población profesa la fe católica.

Perteneciente al Camino Neocatecumenal y criado en un ambiente muy ligado a la evangelización este joven llegó al seminario de Kaohsiung por un sorteo, tal y como se hace con los candidatos al sacerdocio en esta realidad eclesial. Hay 125 seminarios Redemptoris Mater repartidos por el mundo y los seminaristas llegan tras la extracción de su nombre en una bolsa. Una vez ordenados son sacerdotes diocesanos de aquellas diócesis.

En una entrevista con Gerardo Ferrara para CARF (Centro Académico Romano Fundación), el padre Bergamo habla de cómo llegó a ser sacerdote y de su experiencia misionera en un país en el que en su comunidad conviven católicos con catecúmenos que provienen del ateísmo u otras religiones mientras se preparan para el bautismo:

-¿Cuántos sois en vuestra familia?

-Mis padres tuvieron 5 hijos (yo soy el pequeño). Mis hermanos están casados, ¡y tengo 15 sobrinos! Mi hermano Pietro con su esposa y sus 5 hijas son misioneros en Bélgica. Mi padre siempre ha continuado su vida profesional y académica en Venecia, pero al mismo tiempo, realizaba actividades de catequesis y evangelización en otras ciudades del Véneto. Además, brindó voluntariamente ayuda profesional para el diseño de iglesias y seminarios en territorios de misión (Kazajstán, Georgia, Taiwán, Croacia, Canadá, etc.).

-¿Qué es lo que les atrajo más de esta nueva realidad eclesiástica?

-Pues, sobre todo el hecho de encontrar en el Camino una respuesta seria y profunda a sus más genuinas aspiraciones, en el contacto personal y comunitario con la Palabra de Dios, en una Liturgia participativa y en una vida de celebración comunitaria. Tuvieron un encuentro profundo con el Señor y sus vidas empezaron a cambiar: nacieron familias muy numerosas con 8, 9, 10 hijos; algunos se fueron a evangelizar, algunos incluso al extranjero, a Alemania, Croacia, etc.

Giovanni Bergamo en la JMJ de Colonia

Giovanni, en el extremo derecho de la imagen, en la Jornada Mundial de la Juventud de Colonia de 2005

-Una familia totalmente dedicada a la Iglesia y a su misión. Y una familia que reza es un instrumento de evangelización para los demás.

- Sí, de verdad… Crecí en este ambiente eclesial y tengo recuerdos maravillosos de cuando era niño y nos reuníamos para celebrar la Eucaristía con la comunidad de mis padres.  Además, el Camino inicia a las familias en algunas formas muy hermosas de oración doméstica que yo he experimentado, como la celebración familiar de las Laudes dominicales, a través de las cuales los padres les transmiten la fe a sus hijos.

La belleza de la vida cristiana y los signos de fe que el Espíritu Santo suscitó en el Camino Neocatecumenal han creado un deseo de emulación en nuestra generación. Tanto es así que, a pesar de las dificultades que conocemos de la sociedad cada vez más descristianizada y secularizada de hoy, y a pesar de que la población de Venecia está envejeciendo y es menos numerosa, ahora solo en mi parroquia hay 10 comunidades neocatecumenales, la mayoría de ellas formada por los hijos y nietos, que a su vez se casan, tienen familias numerosas y transmiten la fe a sus hijos.

En mi antigua comunidad veneciana, la quinta comunidad neocatecumenal de la parroquia de Santa María Formosa, actualmente hay unos 30 miembros, muchos matrimonios jóvenes con más de 30 hijos en total y 3 sacerdotes misioneros.

-Pero, como todos los jóvenes, llegó el momento de encontrar tu propia dimensión de desarrollo espiritual y vocacional.

-La fe es una experiencia personal y yo nunca hubiera pensado en encontrarme a los 36 años como sacerdote en el otro lado del mundo. Después de la Confirmación, en el período de la adolescencia inicié el Camino con mi pequeña comunidad, formada principalmente por los hijos de las familias de la primera comunidad. Desde ese momento siempre he participado en las celebraciones, seguido por un grupo de catequistas laicos y el sacerdote responsable. Juntos participamos en las Jornadas Mundiales de la Juventud con el Papa, desde Roma en 2000 hasta la última en Polonia y otras experiencias de evangelización.

Tenía una vida muy activa, en la adolescencia: frecuentaba una escuela pública y sobresalía en muchas materias; jugaba al fútbol y al baloncesto;  me gustaba la música, tocaba la trompeta… Mi vida era básicamente la vida normal de un chico veneciano de clase media. Mi proyecto era tener éxito con mis habilidades, tener una buena familia, ser profesor, un poco como mi padre. Estudié filosofía en Venecia, en un ambiente totalmente ateo, dedicado a la búsqueda autónoma, a través de la razón humana, de una verdad en la que Dios no tiene lugar.

En cierto momento tuve todo lo que pensé que me daría felicidad: tenía una guapa novia y nos preparábamos para el matrimonio, tenía muchos amigos, en la universidad era brillante y entre los mejores, quien me conocía veía a una persona exitosa. Pero por dentro me sentía vacío, solo, lleno de complejos y sustancialmente insatisfecho.

-Pasaste por un momento de desesperación, ¿cómo volviste a casa?

-En ese momento Dios permitió que mi padre tuviera una enfermedad grave, luego unos amigos míos tuvieron algún momento de sufrimiento muy grave: me encontré sin una respuesta concreta ante la muerte y el dolor, a pesar de todos mis éxitos y de mis estudios filosóficos. Entré en un período triste y desesperado, en el que la vida me pareció básicamente una estafa. Me refugiaba cada vez más en mis estudios, en mis proyectos, pero me parecía que ya nada tenía sentido. Mi relación emocional también colapsó y durante un tiempo me encontré sin la fuerza para hacer absolutamente nada.

Gracias a Dios nunca salí de mi comunidad, donde me sentí aún más amado en un período tan oscuro. Aunque había estado en la Iglesia desde que nací, quizás solamente en aquel momento he podido escuchar verdaderamente el anuncio del amor gratuito de Dios por mí, no por mis méritos sino por su bondad. La Palabra de Dios me habló profundamente y en mí renació una nueva vida y la posibilidad de amar y perdonar. Luego reanudé mis estudios, me gradué; pude reconciliarme con mis padres y servir a mi padre en la última parte de su vida: esto me llena de alegría.

Giovanni, sacerdote en Taiwán

-…y decidiste entregarte a Dios.

-Sí, sentí que estaba dispuesto a darle a Dios la disponibilidad para hacer lo que fuera su voluntad, incluso para ingresar al seminario y ser sacerdote. En 2011, tras un tiempo de discernimiento, entré en un Seminario Redemptoris Mater para la nueva evangelización.

En el Camino Neocatecumenal, los candidatos al sacerdocio no ingresan al seminario más cercano a su diócesis. El seminario de destino, pues, se sortea en un momento de oración en el cual hay un tiempo donde, por extracción, se llama a un seminarista a ir a una determinada ciudad trazada en un mapa, cualquiera ciudad en el mundo donde haya un seminario Redemptoris Mater para ayudar a la diócesis local en la nueva evangelización.

Y yo fui enviado por extracción al Seminario Redemptoris Mater en Kaohsiung, Taiwán. Nuestro seminario, por voluntad de S.E. el cardenal Peter Shan, entonces obispo de Kaohsiung, quien firmó el decreto de erección, está destinado al servicio del pueblo chino en cualquier parte del mundo.

-Me imagino que no debe haber sido fácil…

-En absoluto, tan pronto como llegué a Taiwán tuve que aprender el chino. En medio de mil dificultades, la experiencia fue hermosa porque en esta debilidad sientes al Señor ayudándote; ves a los chinos que, aunque no conocen el evangelio, se acercan a ti, te ayudan y al final se conmueven al ver a personas que dan la vida por ellos.

La base de nuestra formación es precisamente el Camino Neocatecumenal como itinerario de formación católica para una fe adulta. Por lo tanto, incluso en el seminario pude continuar el Camino en una comunidad neocatecumenal local. Ahora mis hermanos de la comunidad ya no son mis compañeros de infancia, sino jóvenes, mayores y matrimonios chinos. Pude conocer sus sufrimientos, entrar en sus hogares, preparar la Palabra junto con ellos, celebrar con ellos y conocer a sus familias. Ahora los siento como hermanos: es realmente conmovedor experimentar la comunión y la unidad que el Espíritu Santo da incluso a personas tan distantes cultural y lingüísticamente.

-También hace falta una formación teológica y pastoral muy buena para una misión tan grande y difícil…

-Además del estudio de chino y teología, nuestros seminarios incluyen un tiempo de experiencia misionera itinerante fuera del seminario, acompañando a sacerdotes, catequistas y familias en misiones en todo el mundo. He estado en Hong Kong y China durante aproximadamente un año. Fue un tiempo hermoso en el que pude ver la pobreza pero también el amor de Dios y el poder del anuncio de su Palabra y de los sacramentos.

 El 6 de julio de 2019 fui ordenado sacerdote por S.E. Peter Liu, obispo de Kaohsiung. Serví durante un año en una parroquia aborigen, primero como diácono y luego como presbítero. Finalmente, fui enviado al seminario donde estoy ahora, como prefecto de estudios.

-Y el año pasado te matriculaste en la licenciatura de Teología en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, donde se están formando varios compañeros del Camino Neocatecumenal pero también decenas de sacerdotes, seminaristas, religiosos y religiosas de todo el mundo de distintas órdenes religiosas o realidades de la Iglesia Católica.

-Una maravilla. Por eso en nuestro seminario, junto con los demás formadores y líderes y en comunión con el obispo Liu, sentimos que es importante proporcionar a los sacerdotes una formación seria lo más cercana posible a Roma y por eso continúo mi formación teológica en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, donde muchos de nosotros están teniendo la posibilidad de una enseñanza excelente y con un seguimiento personalizado y familiar.

Yo, en particular, junto con el obispo y mis compañeros del seminario Redemptoris Mater, estamos inmensamente agradecidos por la ayuda que el CARF, con sus benefactores, brinda a nuestra misión particular en una tierra tan lejana, por amor al Señor y al pueblo chino. ¡Cada día recuerdo a mis benefactores en nuestras oraciones y en nuestras celebraciones eucarísticas!

-La ayuda proporcionada por los benefactores del CARF para la formación de los sacerdotes no es tanto al estudiante sino sobre todo a la diócesis y al pueblo de Dios al que el servicio de aquel sacerdote va a beneficiar…

-…¡Y con mucho trabajo por hacer! Taiwán es una isla con una población de alrededor de 23 millones de personas. Los cristianos son menos del 1%. La religión más común es un sincretismo de base taoísta y budista, que también incluye el culto a varias deidades locales y el culto a los antepasados ​​típico de la cultura china.

Estamos aquí sirviendo a la Diócesis de Kaohsiung, anunciando el Evangelio y formando pequeñas comunidades cristianas que emprenden este itinerario de formación cristiana adulta que es el Camino Neocatecumenal. Las comunidades aquí en Taiwán tienen la particularidad de estar compuestas también por muchos catecúmenos no bautizados, provenientes de familias paganas, budistas o taoístas. Este tiempo de iniciación les ayuda a tener una experiencia concreta de Jesucristo: el contacto con la Palabra, el amor cristiano que se vive en la comunidad, cambia poco a poco sus vidas y les da un testimonio profundo del poder de la resurrección.

Cuando llegan al bautismo, que se administra por inmersión durante la vigilia pascual, el sello sacramental del bautismo encuentra una tierra ya roturada, arada y lista para dar hermosos frutos de vida cristiana, hermosos y duraderos. Hoy en nuestras comunidades vemos jóvenes chinos que tienen matrimonios cristianos con muchos hijos, diferentes testimonios de fe ante la enfermedad y la muerte: una luz que brilla en una sociedad todavía en tinieblas.

ReL

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