
Hay un silencio negativo, que es el de la persona enfadada, descontenta con todo, que cuando abre la boca, parece una bomba atómica.
"Nadie le hace caso y esta persona se encierra en sí misma, no habla con nadie. Sus gestos, su mirada, su forma de caminar o de cerrar la puerta dicen todo sobre la rabia que lleva dentro".
Este silencio es terrible, y cuando estas personas se aíslan, no sabemos qué vendrá cuando salgan de su silencio… prepara el paraguas, que vienen tormentas. Debemos huir de este aislamiento de miedo, de agresividad. Es como el perro, cuando tiene miedo se esconde en la perrera, esperando el contraataque.
Sin embargo, también existe un silencio positivo, que es el silencio del amor, de la comprensión y de la atención al otro. Cerca de los hospitales hay una señal que prohíbe tocar el claxon, ¿por qué? Para no molestar a los enfermos. O, después de cierta hora, se prohíbe el ruido para permitir que los residentes descansen; o en la iglesia, que es el lugar preferido para el silencio, para que la gente pueda rezar.
Una lección del Papa
No respetar el silencio es una falta de educación. Pero en Gaudete et exultate, el Papa Francisco quiere llamarnos la atención sobre el "aislamiento", que hoy en día es señal de una inadaptación a la convivencia humana. Los medios de comunicación se están convirtiendo en medios de "descomunicación".
Jóvenes o menos jóvenes, que pasan todo el día encerrados en su habitación frente al ordenador, viajando mentalmente o en red por todo el mundo, creando dependencia y construyendo para sí mismos un mundo de ilusiones que no favorece la verdadera comunicación.
Debemos tener mucho cuidado y saber discernir cuándo el silencio es negativo y cuándo es positivo.
Silencio y oración
En realidad, el silencio es el corazón de la oración. Lo necesitamos para tomar decisiones, para encontrarnos con nosotros mismos, para reequilibrar los momentos de nuestra fragilidad. En este caso, no es un silencio que nos aleja ni de los problemas de los demás ni de nuestra cooperación en la construcción del reino de Dios.
Los monjes, los ermitaños, las monjas de clausura no buscan el silencio para aislarse, sino para crear una red espiritual de comunicación con toda la humanidad. Para vivir bien la vida de comunión necesitamos momentos de gran silencio.
Paulo Teixeira, Aleteia
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