El presidente apela a la Constitución para impedir un «cuasi matrimonio» y el alto tribunal bloquea la inscripción de bodas homosexuales celebradas fuera.

El presidente polaco, Karol Nawrocki
Polonia ha vivido en pocas semanas dos importantes decisiones sobre el reconocimiento jurídico de las parejas del mismo sexo. El presidente de la República, Karol Nawrocki, vetó en julio una ley que permitía formalizar legalmente las uniones de personas no casadas, incluidas las parejas homosexuales.
Poco después, el Tribunal Constitucional declaró inconstitucional una reforma administrativa destinada a facilitar la inscripción en Polonia de matrimonios entre personas del mismo sexo celebrados en el extranjero.
Las dos decisiones tienen un denominador común: el artículo 18 de la Constitución polaca, que establece una protección específica del matrimonio como unión entre un hombre y una mujer.
Nawrocki fue especialmente explícito al justificar su veto. El presidente aseguró que no respaldará ninguna fórmula que pueda convertirse en una institución jurídica alternativa al matrimonio.
«Como guardián de la Constitución, no puedo aceptar una solución que conduzca a la pérdida del estatus especial del matrimonio», explicó al anunciar su decisión.
La primera ley para formalizar parejas homosexuales
La norma había sido aprobada por el Sejm, la Cámara Baja polaca, el pasado 29 de mayo y posteriormente recibió el visto bueno del Senado sin modificaciones. Se trataba de la primera legislación aprobada por el Parlamento polaco que permitía formalizar jurídicamente las parejas del mismo sexo.
La fórmula elegida evitaba utilizar las expresiones «matrimonio» o incluso «pareja de hecho». La ley creaba el denominado «estatus de persona más cercana en una relación» y un «contrato de convivencia».
Dos adultos podían formalizar el acuerdo ante notario y registrarlo posteriormente en el Registro Civil. La legislación regulaba cuestiones como las relaciones patrimoniales, determinadas obligaciones económicas, el derecho a la vivienda, el acceso a información médica o los derechos relacionados con el entierro de la pareja.
El proyecto había sido impulsado por el Gobierno de Donald Tusk y pretendía dar cobertura jurídica tanto a parejas heterosexuales no casadas como a parejas homosexuales.
Para el presidente, sin embargo, la fórmula podía terminar configurando una institución paralela al matrimonio.
Nawrocki: ningún «cuasi matrimonio»
El 17 de julio, Nawrocki se negó formalmente a firmar tanto la ley principal como sus disposiciones de desarrollo y las devolvió al Parlamento.
«Siempre he subrayado que nada que sea un cuasi matrimonio puede contar con mi apoyo», afirmó el mandatario.
Su argumento central se encuentra en el artículo 18 de la Constitución, que sitúa bajo la protección de la República de Polonia «el matrimonio como unión entre una mujer y un hombre».
Desde la Presidencia se insistió además en que Nawrocki no permitirá que se utilicen nuevas figuras legales para sortear la protección constitucional otorgada al matrimonio.
La decisión provocó inmediatamente las críticas del Gobierno.
El primer ministro, Donald Tusk, y varios miembros de su coalición acusaron al presidente de perjudicar a millones de ciudadanos que viven en parejas no matrimoniales. El Ejecutivo defendió que la norma solucionaba problemas cotidianos relacionados, entre otros asuntos, con información sanitaria, patrimonio o gestiones administrativas.
Superar ahora el veto presidencial requeriría una mayoría de tres quintos del Parlamento, una barrera especialmente difícil para la actual coalición gubernamental.
El Constitucional interviene
Al choque entre Nawrocki y el Gobierno se añadió pocos días después una decisión del Tribunal Constitucional.
El 28 de julio, el máximo intérprete de la Constitución polaca declaró inconstitucional un reglamento gubernamental que facilitaba la transcripción al Registro Civil polaco de certificados de matrimonio entre personas del mismo sexo celebrados en otros países.
La sentencia fue adoptada por unanimidad.
El recurso había sido presentado por el partido conservador Ley y Justicia (PiS), que consideraba que el nuevo procedimiento vulneraba igualmente el artículo 18 de la Constitución.
El resultado deja de nuevo en una situación jurídicamente compleja a las parejas homosexuales que se hayan casado legalmente en otro país y pretendan registrar ese matrimonio en Polonia.
La batalla llega desde Europa
El conflicto polaco se enmarca además en un debate mucho más amplio dentro de la Unión Europea sobre hasta dónde alcanza la competencia comunitaria en el reconocimiento de matrimonios celebrados en otros Estados miembros.
Precisamente por ello, las decisiones de Nawrocki y del Constitucional abren un nuevo frente entre las instituciones polacas partidarias de preservar la definición constitucional del matrimonio y quienes defienden una adaptación de la legislación nacional a los criterios europeos sobre reconocimiento de parejas homosexuales.
Por el momento, Nawrocki ha dejado clara cuál será su línea durante la Presidencia: no firmará una legislación que, a su juicio, convierta las uniones civiles en una institución equivalente o paralela al matrimonio.
Una posición que sitúa el artículo 18 de la Constitución polaca en el centro de una batalla política y jurídica que está lejos de haber terminado.
ReL
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