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viernes, 3 de julio de 2026

Lefebvrianos arrepentidos: Roma difunde las nuevas normas para acogerlos

Los sacerdotes que abandonen el lefebvrismo deben buscar un obispo o congregación que les quiera acoger; los laicos siguen otro procedimiento.

Las ordenaciones ilícitas lefebvristas fueron declaradas acto cismático, y algunos pueden arrepentirse y dejar el lefebvrismo

Las ordenaciones ilícitas lefebvristas fueron declaradas acto cismático, y algunos pueden arrepentirse y dejar el lefebvrismo

    Varias horas después de publicarse en medios vaticanos el decreto de excomunión de los consagrantes y consagrados en la ilícita ordenación de obispos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) en Ecône (Suiza), el portal vaticano VaticanNews ha difundido datos sobre el procedimiento que deberán seguir clérigos y laicos que quieran abandonar el lefebvrismo y ser admitidos en la plena comunión con la Iglesia Católica.

    En el pasado los arrepentidos solían ser remitidos a la Comisión Ecclesia Dei, en el Vaticano, que trataba con los adherentes a la liturgia tradicional, pero en 2019 el Papa Francisco disolvió Ecclesia Dei. Ahora, Doctrina de la Fe es quien establece el proceso e itinerario, y está enviando instrucciones a través de las nunciaturas para obispos y superiores de congregaciones y fraternidades.

    Condiciones para sacerdotes ex-lefebvristas

    Un sacerdote que decida abandonar la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, que está en situación de cisma, y quiera volver a la plena comunión con la Iglesia Católica ha de aceptar el Concilio Vaticano II y la legitimidad de la misa Novus Ordo, aunque puede él permanecer vinculado al rito tradicional.

    Ese sacerdote deberá "encontrar un Ordinario (obispo diocesano, superior mayor de institutos religiosos clericales de derecho pontificio y de sociedades clericales de vida apostólica de derecho pontificio, etc.) dispuesto a acogerlo ad experimentum", por un periodo de prueba no menor a 1 año ni superior a 3.

    Cuando encuentre a tal superior dispuesto a acogerle, el sacerdote deberá «escribir de su puño y letra una carta al Santo Padre en la que se presente y solicite la remisión de las censuras en que haya incurrido por haber recibido la ordenación de un obispo excomulgado o irregular, o bien por haber ingresado posteriormente en la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, aun habiendo sido ordenado válida y legítimamente».

    El sacerdote deberá adjuntar asimismo el certificado de ordenación sacerdotal y presentar, fechadas y firmadas, la Professio fidei (Profesión de fe) y la Formula adhaesionis (Fórmula de adhesión).

    La Fórmula de adhesión compromete al sacerdote a guardar fidelidad al Papa y a abstenerse de atacarlo públicamente, así como a su magisterio. Además, acepta la doctrina expuesta en el número 25 de la constitución dogmática conciliar Lumen gentium sobre la adhesión al magisterio de la Iglesia. Declara igualmente que considera válida la celebración de la Misa según los ritos promulgados por Pablo VI y Juan Pablo II y que acepta las normas del Código de Derecho Canónico promulgado por Juan Pablo II.

    El sacerdote deberá hacer llegar al Papa estos documentos (la carta, el certificado de ordenación, la Profesión de fe y la Fórmula de adhesión) por medio del Ordinario, «quien manifestará en la carta de acompañamiento su disponibilidad para acogerlo ad experimentum en su diócesis o en su instituto».

    Una vez recibida esa documentación en el Vaticano, Doctrina de la Fe emitirá un rescripto de remisión de las censuras, autorizando al Ordinario a recibir al sacerdote solicitante «por un período de prueba de al menos un año y no superior a tres, al término del cual podrá procederse a su incardinación», es decir, podrá ser parte de esa diócesis o instituto.

    Laicos exlefevrianos dos tipos: imputables e inimputables

    Entre los laicos que estuvieron implicados en la FSSPX y desean abandonarla para volver a la plena comunión con la Iglesia, se dan dos situaciones posibles y se ha de examinar caso a caso.

    «La imputabilidad requiere pleno conocimiento y consentimiento deliberado», señala el documento del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Pone ejemplo de laicos a los que se les puede imputar su pertenencia clara a la FSSPX: los pertenecientes a la Tercera Orden de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y los que participan habitualmente en las celebraciones de la FSSPX compartiendo formalmente sus posiciones doctrinales.

    Los que estén bajo pena imputable deberán hacer «un acto formal de plena adhesión a la doctrina y de obediencia a la jerarquía católica, bajo la jurisdicción del Ordinario del lugar, garante de la unidad de la Iglesia particular».

    Para eso, el arrepentido deberá presentar a su obispo la Professio fidei y la Formula adhaesionis, fechadas y firmadas. «Una vez obtenida la documentación, el Ordinario del lugar se encargará de acoger al fiel laico en el plazo y de la forma que considere más oportunos».

    El documento precisa que «no deben considerarse imputables: los laicos que hayan frecuentado la Fraternidad Sacerdotal San Pío X únicamente por motivos litúrgicos o espirituales; los laicos que, aun siendo conscientes de las tensiones con la Santa Sede, no rechacen el Magisterio ni la autoridad del Romano Pontífice».

    Para estos laicos no imputables, bastará con que acudan «a un sacerdote en plena comunión con la Iglesia, con la decisión de no frecuentar en el futuro la Fraternidad Sacerdotal San Pío X».

    ¿Adónde ir?

    Como explica la norma, los clérigos ex-lefebvrianos pueden buscar ser acogidos por cualquier obispo o por cualquier congregación religiosa (agustinos, jesuitas, salesianos, etc...). Sin embargo, muchos obispos y congregaciones tienen poca sensibilidad respecto a la liturgia tradicional y su espiritualidad.

    Por eso, puede ser más frecuente que muchos acudan a institutos que tienen permiso para usar la liturgia y disciplina tradicional, que surgieron a partir de 1988, con el impulso del Motu Proprio Ecclesia Dei (de San Juan Pablo II). Estos institutos, a menudo fundados por ex-lefebvristas que deseaban conservar la unidad con Roma y también su tradición litúrgica, están ausentes en muchos países y diócesis, y en muchas sufren cierta hostilidad de la jerarquía diocesana local.

    Fieles en la Vigilia Pascual de 2025, con la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro, en México

    Fieles en la Vigilia Pascual de 2025, con la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro, en Méxicofacebook fssp méxico

    Las opciones más populares pueden ser:

    • La Fraternidad Sacerdotal de San Pedro (FSSP), fundada en 1988 por exlefevrianos, que hoy tiene unos 350 sacerdotes y 150 seminaristas, con presencia en EEUU, Canadá y varios países de Europa y Latinoamérica (en España, en Asidonia-Jerez).
    • El Instituto Cristo Rey Sumo Sacerdote (ICRSS / ICRSS), fundado en 1990, con unos 120 sacerdotes, 110 seminaristas y 50 oblatas, con cierto énfasis en la belleza, música sacra y arte. Tiene comunidades en EEUU, Francia, Italia, Reino Unido y algunos países africanos. En España están en Madrid, en la iglesia Nuestra Señora de la Paz, con actividades en otras ciudades.
    • El Instituto del Buen Pastor (IBP), fundado en 2006, con unos 50 sacerdotes y 40 seminaristas, con presencia en Francia, Colombia, Polonia, Italia. Acostumbran a hablar de la doctrina con una "hermenéutica de la continuidad" (herencia de Benedicto XVI).
    • Administración Apostólica Personal San Juan María Vianney, con presencia solo en la diócesis de Campos (Brasil), con unos 30 sacerdotes. Regularizaron su situación con el Vaticano en 2002.
    • Hay algunas comunidades de sacerdotes seculares en comunión con Roma que usan la liturgia tradicional y se organizan según las normas de los Oratorios de San Felipe Neri (por ejemplo, en Birmingham y Londres).
    • Por último, dentro de órdenes religiosas hay algunas comunidades de rito tradicional como los dominicos de San Vincente Ferrer en Chémeré-le-Roi (Francia) , los benedictinos de Barroux, los de Nursia, etc... 
    • ReL




    viernes, 2 de febrero de 2024

    Las principales causas de divorcio se pueden prevenir: cinco consejos para evitar «las tormentas»


     

    Entre finales de 2023 y principios de este año salían a la luz las alarmantes cifras de divorcios y rupturas matrimoniales en países de todo el mundo. En España, el INE hizo públicas las más de 84.000 disoluciones matrimoniales efectuadas en 2022, cifra cercana a la mitad de enlaces matrimoniales, casi 180.000. En Estados Unidos fueron 700.000 los divorcios, también muy cercana al 50% de matrimonios.

    A finales de noviembre de 2023, la revista Best Life aunaba el criterio de multitud de especialistas de orientación matrimonial, psicólogos y del ámbito legal, arrojando las 20 razones más frecuentes de que un matrimonio concluyese en divorcio.

    Entre las más frecuentes, el psicólogo de la Therapy Calgary Emotions Clinic, Rod Mitchell, situaba en el Top 10 de motivos que llevan al fracaso matrimonial los conflictos no resueltos, en referencia a "las discusiones que las parejas no tienen, los problemas que eluden" y que significan "la ruina de su matrimonio".

    Otro especialista, el terapeuta matrimonial y familiar de Pathways Recovery en California, Raúl Haro, incluía como motivo frecuente de divorcio las discusiones constantes.

    "Siempre habrá desacuerdos en cualquier relación, pero la frecuencia y la intensidad de estos desacuerdos pueden determinar si un matrimonio durará o no. Los malentendidos, los sentimientos heridos y la ira son frecuentemente el resultado de una mala comunicación. Evitar conversaciones difíciles o discutir sobre el mismo tema una y otra vez sin lograr ningún progreso puede erosionar rápidamente los cimientos de la relación", afirmaba.

    El psicólogo John Gottam, con experiencia tratando a 40.000 parejas, también hablaba de que el primero de "los cuatro jinetes" que terminan con un matrimonio es la crítica, o lo que es lo mismo, "un ataque al centro del carácter [de la pareja]" con el que se desmantela "todo su ser".

    Gráfico de El Mundo sobre la evolución de los enlaces y rupturas en la última década. 

    Gráfico de El Mundo sobre la evolución de los enlaces y rupturas en la última década. 

    Otro de los factores que a su juicio erosionan el matrimonio es la actitud defensiva, una estrategia que "casi nunca tiene éxito" pues "es en realidad una forma de culpar a tu pareja y no permitirá una gestión saludable del conflicto".

    Ponerle freno es posible

    Sabiendo que las mencionadas se encuentran -junto a otras- entre los principales responsables de la disolución matrimonial es posible ponerles freno.

    Y es lo que ha hecho el experimentado escritor y orador Derek Maul en su último post para la web familiar All pro dad.

    Bajo el titulo Cinco formas de mantenerse a salvo de las tormentas matrimoniales, Maul ofrecía cinco sencillos consejos que, aplicados con perseverancia, pueden fortalecer al matrimonio y ayudar a encauzar posibles discusiones hacia un final productivo. Su síntesis es que, cuando surgen problemas matrimoniales, normalmente no suceden a propósito y mucho menos ocurren cuando los cónyuges son amables, se apoyan el uno al otro y tratan de hacer lo correcto. Sin embargo, siempre pueden surgir circunstancias que "hacen saltar chispas o estallar tormentas". Y se pueden prevenir:

    1º Ser proactivo y no reactivo: si se siente querido, los roces serán menores

    Maul observa que cuando ambos o uno de los dos trata de ser amable, reflexivo y positivo por defecto, de por sí "habrá menos leña a mano cuando salte una chispa". En conclusión, se dirige a los cónyuges para animarles a que traten de actuar antes que el otro, para bien.

    "Sirve a tu esposa. Levántate antes que ella y hazle el café. Hazle un cumplido cuando no se lo espere, habla su lenguaje de entrega y amor con frecuencia. Las probabilidades de que te critique serán mucho menores si se siente amada", destaca.

    El obispo Munilla también se ha referido con frecuencia al que considera uno de los primeros malos hábitos en el matrimonio, "hacer de la crítica nuestro estilo de expresión, expresar quejas en vez de tener pensamientos motivadores”. ¿Cómo sanar este hábito? “Hay que cultivar el ejercicio de la intuición para percatarnos de que Dios ha puesto junto a mí a la persona que necesito para mi santificación. Dios quiere servirse de las virtudes y defectos de mi cónyuge para ser santo”, explica Munilla.

    2º Ser previsor, pon medidas y estar atentos a las tormentas que puedan venir

    Maul recomienda ser previsor ante las circunstancias que puedan ocasionar problemas y anticiparlas mutuamente. Pone como ejemplo el posible mal humor al acabar la jornada de trabajo.

    "No la dejes a oscuras sobre tu estado de ánimo o tus necesidades. Por ejemplo, si estás de mal humor cuando termina tu jornada laboral, envíale un mensaje y dile lo que podría ayudar: `Mal día en el trabajo. Necesitaré descomprimirme durante media hora antes de poder hablar de ello´".

    3º Afianzar las promesas, prestar atención, estar atento…

    En determinadas circunstancias puede no haber algo objetivo de lo que discutir, simplemente darse ocasiones que lo favorezcan. Para ello, recomienda la lectura de artículos especializados ante posibles crisis, dejar de lado intencionalmente los problemas o poner énfasis en una actitud conciliadora. Es decir,  "crear un ambiente en el que sea menos probable que ocurran peleas prestando atención cuando el otro habla, hacer aquello a lo que te has comprometido o tener en cuenta las necesidades del otro cónyuge o de los hijos a la hora de tomar decisiones".

    4º No te pongas a la defensiva, admite que tienes errores

    Aún tratándose de uno de los aspectos que ocasiona divorcios de forma mantenida, Maul invita a admitir que "a todos nos viene bien que pulan nuestros bordes más irregulares". "La felicidad conyugal no se trata tanto de perfección  como de mantenimiento preventivo. Cuando reconocemos nuestras propias asperezas, podemos y debemos hacer todo lo posible para suavizarlas. Entonces, cuando te des cuenta de que tienes la costumbre de desquitarte con tu esposa cuando estás estresado (o cuando ella te señala que lo estás), haz un esfuerzo por no hacerlo más".

    Un matrimonio discutiendo.

    Ponerse a la defensiva, 'no tragarse el orgullo' o discusiones que no llevan a ningún lado son, a la larga, causa frecuente de divorcio, que se puede prevenir. 

    5º Establece protocolos de emergencia

    En último lugar, considera fundamental "tener un plan", especialmente si uno sabe que no es totalmente efectivo a la hora de evitar problemas o discusiones en el matrimonio. En ese caso, lo indicado es perfeccionar las habilidades para reducir la tensión.

    "La gestión de crisis salva vidas y también matrimonios. Necesitamos tragarnos nuestro orgullo, asumir la responsabilidad de nuestra parte en las peleas y asegurarnos de que nuestro amor por nuestras esposas siga siendo evidente para ellas en medio de una tormenta", concluye.

    José María Carrera, ReL


    jueves, 28 de julio de 2022

    Qué pasa con el divorcio en entornos creyentes

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    La abogada y canonista María Álvarez de las Asturias ofrece respuestas a dudas que planean sobre la separación y el divorcio

    El Papa Francisco acaba de ofrecernos un documento publicado por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, titulado Itinerarios catecumenales para la vida matrimonial, que nace de la preocupación del Santo Padre por las rupturas matrimoniales. Además de proponer una nueva preparación al matrimonio, el Papa anuncia que próximamente publicará otro documento sobre acompañamiento a “aquellas parejas que han experimentado el fracaso de su matrimonio y viven en una nueva unión o se han vuelto a casar civilmente”.

    Y es que una ruptura matrimonial es causa de enorme sufrimiento no sólo para los cónyuges y sus hijos, si los tienen (la parte más débil y cuyo cuidado hay que poner como prioridad, como también recuerda Francisco en Amoris Laetitia, n. 245); también para los familiares, amigos y personas cercanas.

    Cómo reaccionamos

    En general, no sabemos bien cómo reaccionar ante una situación así: no tenemos por qué conocer las consecuencias jurídicas de una separación o divorcio; y las implicaciones emocionales, con frecuencia, nos impiden ofrecer orientaciones objetivas. Parece que hay que tomar parte; y, además, surgen rápidamente el juicio y las valoraciones morales.

    Desde fuera es fácil opinar, pero cuando se conocen por dentro las rupturas, queda claro que casi nunca las cosas son como parecen. Es verdad que, en algunos casos, la decisión de poner fin a un matrimonio puede tomarse de forma frívola; pero también en estos casos es fácil que haya aspectos que, desde fuera, no se ven y, en consecuencia, no se tratan.

    Discernimiento caso por caso

    ¿Por qué dos personas que se amaban llegan a una separación? Las causas pueden ser múltiples. En el matrimonio, como en todos los ámbitos de la vida, los cónyuges -como todas las personas- a veces no hacen las cosas bien o no les salen como querrían, a pesar de todos sus esfuerzos por hacerlo bien; o se encuentran con problemas que no consiguen resolver; o toman decisiones equivocadas e, incluso decisiones que pueden hacer daño a otros. En definitiva, son situaciones muy complejas que no se pueden despachar con una receta única. Una de las enseñanzas más repetidas por el Papa Francisco en este pontificado, y que nos tiene que hacer pensar, es la necesidad de un discernimiento caso por caso, sin recetas generales.

    Si nos referimos a un entorno de Iglesia, ante una separación o divorcio podemos encontrarnos con que se hace un vacío alrededor de los cónyuges; no entendemos bien qué significan y qué consecuencias tienen separación y divorcio. Nos da miedo esta situación en la que no sabemos “quién es el bueno o el malo” y sobre la que enseguida planea la sospecha de “situación irregular”.

    Cuándo hay «situación irregular»

    Estar separado o divorciado es un dato insuficiente para poder decir de una persona que está en “situación irregular”. Lo que se pide a una persona casada es la fidelidad al cónyuge; es decir, que, dado que está unida a otro en un compromiso de amor definitivo, no puede entregarse a otra persona en una relación de amor parecida. Nos encontraríamos ante una “situación irregular” cuando una persona casada -separada o divorciada- establece una nueva unión afectiva con un tercero que no es su cónyuge.

    ¿Está excomulgada?

    Muchas veces decimos de quien vive en una situación así que “está excomulgado”, y esto no es cierto. No es lo mismo excomunión que no estar en disposición de comulgar. La excomunión es una pena canónica reservada a delitos muy graves; una persona divorciada en nueva unión no tiene pena de excomunión. Otra cosa es que no pueda recibir los sacramentos porque la falta a la fidelidad al cónyuge es un pecado contra el sexto mandamiento (Catecismo n. 2380-2386) y, como consecuencia, la persona no está en disposición de recibir la Comunión hasta que se confiese debidamente, que pasa por interrumpir la situación de vida incompatible con la verdad.

    El Papa nos llama continuamente a no juzgar, a no señalar a las personas, a no olvidar la caridad y el cuidado de las personas que sufren. Porque, entre otras cosas, desde nuestra ignorancia podemos cargar a otros con pesos que no tienen fundamento en la doctrina de la Iglesia.

    María Álvarez de las Asturias trabaja en el Instituto Coincidir, dedicado a la atención familiar y personal en Madrid.

    En Aleteia te orientamos gratuitamente, consúltanos escribiendo a: consultorio@aleteia.org

    María Álvarez de las Asturias, Aleteia 



























    lunes, 24 de enero de 2022

    Las dificultades académicas de un sociólogo para explicar el impacto del divorcio sobre los hijos

                           Un mundo de relativismo donde prima lo anecdótico



    Hablar sobre el impacto del divorcio sobre los hijos
    desde una perspectiva sociológica se está convirtiendo
    en algo cada vez más difícil por el relativismo y la trivialización con el que es contemplado.


    A pesar de la evidencia científica sobre el impacto negativo del divorcio sobre los hijos, los sociólogos que tienen que explicarlo a sus alumnos se encuentran con una dificultad que no depende solo de cuestiones ideológicas o políticas: también de la propia forma en la que los alumnos contemplan esa realidad.

    Alexander Riley, profesor de Sociología en la Bucknell University de Lewisburg (Pennsylvania), ha compartido su experiencia al respecto en Public Discourse:

    Las dificultades de la enseñanza sobre el divorcio en un mundo anecdótico

    Desde hace dos décadas me esfuerzo por enseñar a los estudiantes de una pequeña universidad de artes liberales de élite los efectos del divorcio en los niños. Muchos de los trabajos académicos sobre el divorcio en el ámbito de las ciencias sociales adolecen de un sesgo político, dado que los científicos sociales suelen tener una abrumadora mayoría de opiniones progresistas sobre el matrimonio y la familia. Pero, no obstante, hay muchos buenos estudios disponibles. El Proyecto Nacional de Matrimonio de la Universidad de Virginia, dirigido por Brad Wilcox, es un sitio maravilloso de datos y análisis fiables. El editor colaborador de Public Discourse, Mark Regnerus, el difunto Steven Nock, de la Universidad de Virginia, y Sara McLanahan, de Princeton (que ha fallecido recientemente), también han realizado importantes investigaciones sobre el tema, y con frecuencia enseño a mis alumnos sus conclusiones.

    Las pruebas demuestran con innegable claridad que el divorcio perjudica a los niños. Judith Wallerstein hizo un seguimiento de una muestra de hijos de parejas divorciadas durante veinticinco años, documentando múltiples y graves déficits en comparación con los grupos de familias intactas. Se ha demostrado que estos déficits perjudican el desarrollo cognitivo de los niños. Cuanto más se desciende en la jerarquía socioeconómica, mayor es el daño que sufren los hijos de los divorciados. Un estatus económico elevado no protege a los niños de los perjuicios del divorcio. La investigación ha demostrado que el divorcio produce resultados psicológicos adversos para los niños en comparación con sus iguales que provienen de familias biológicas intactas, incluso cuando se controla la situación económica. Sin embargo, el divorcio es menos frecuente entre las familias de clase alta y media que entre las de clase baja. Y cuando las familias de clase media-alta experimentan el divorcio, son capaces de amortiguar al menos su trastorno financiero con sus recursos.

    Gráfico que relaciona índice de divorcio con nivel económico.

    El porcentaje de adultos que se han divorciado alguna vez es tanto mayor cuanto menor es el nivel económico, de ahí también el mayor impacto sobre la estabilidad financiera de los hijos en su nueva situación.

    Teniendo en cuenta estas tendencias, la verdadera dificultad a la que me enfrento para enseñar a los alumnos la dura realidad del divorcio no es la politización de la investigación. Más bien, el mayor desafío para mi enseñanza es la visión relativista, dominada por anécdotas, del conocimiento que muchos de mis alumnos han absorbido cuando entran en mi aula. Esta forma de pensar es cada vez más frecuente en todos los temas, pero quizás sea especialmente común en este, dada la desconexión entre los antecedentes, las experiencias y las creencias de mis alumnos, por un lado, y los datos sobre los efectos del divorcio, por otro.

    Los límites de lo anecdótico

    La epistemología implícitamente relativista y anecdótica de mis estudiantes es antitética al funcionamiento básico de las ciencias sociales. Si se quiere entender con precisión el funcionamiento de una institución como el matrimonio, la primera regla sociológica es que hay que centrarse en los patrones generales que producen los datos basados en un gran número de casos. Las anécdotas personales son, por supuesto, una forma importante de transmitir y comprender las experiencias individuales de los matrimonios y los divorcios, pero no nos dicen necesariamente nada útil sobre el panorama social más amplio. Su caso individual podría ser representativo de tendencias más amplias, pero también podría no serlo. No hay forma de saber cuál es el caso a menos que se mire más allá de lo personal.

    En la universidad en la que trabajo, un dato demográfico sobre la gran mayoría de los estudiantes se interpone a menudo en el camino de la comprensión plena de esta cuestión. El típico estudiante de la Universidad de Bucknell procede de un entorno de clase media-alta que no es representativo de la estructura familiar estadounidense en general. Les doy esta calculadora para obtener una estimación aproximada del lugar que ocupan sus familias en la estructura general de las clases sociales estadounidenses. Estos datos muestran a qué altura se sitúa la familia media de Bucknell en esa jerarquía.

    Al igual que muchas otras personas de su edad, educación y nivel socioeconómico, mis estudiantes se inclinan hacia la izquierda políticamente. Tienden a aceptar las afirmaciones de que el matrimonio es un asunto contractual e individualista que debe durar solo mientras las dos partes del contrato estén plenamente satisfechas. Suponen que el divorcio es un acto básicamente inofensivo que es necesario cuando una u otra parte de ese contrato desea abandonar el acuerdo. A priori, estos prejuicios suelen verse reforzados por sus propias experiencias familiares de divorcio. En prácticamente todas las clases que imparto en las que se trata este tema, al menos un alumno dirá: "Bueno, mis padres están divorciados y a mí me fue bien. Entonces, ¿cómo puede ser cierto algo de lo que estamos leyendo y hablando aquí?".

    Más allá de tu experiencia

    Para ser justos, mucha gente empieza con su propia experiencia cuando discute o piensa en cualquier tema político o social. No es un problema empezar con la anécdota. El problema surge cuando nuestro estudio de un fenómeno termina con la anécdota. Si uno quiere entender un asunto a nivel poblacional, debe ir más allá de lo personal para hacerse estas preguntas: "¿Es mi experiencia representativa de otras en mi sociedad, tanto en general como con respecto a otras de más o menos la misma situación social que la mía? ¿Soy un caso atípico, una excepción a los patrones y tendencias generales, o encajo perfectamente en un patrón más amplio de las experiencias de los demás?".

    Los estudiantes universitarios de dieciocho años tienen excusas razonables para su evidente falta de facilidad con estas cuestiones. A su edad, el poderoso motor de la preocupación por uno mismo que nos impulsa en la infancia y la juventud está empezando, aunque muy lentamente, a apagarse. En la mayoría de los casos, hasta ese momento sus pensamientos están dominados por la preocupación egoísta. Pero vienen a la universidad -o al menos deberíamos desear que vinieran- para ser educados en formas de pensar más sofisticadas, más ligadas a la verdad. Los estudios universitarios son el momento de sacudirse los malos hábitos de la constante autorreferencia.

    Profesores relativistas

    Pero la dificultad de inculcar a los estudiantes la apertura a la evidencia es que demasiados de sus profesores abrazan la opinión de que el conocimiento relativista, subjetivista y, en última instancia, la experiencia personal, es el único tipo disponible para nosotros, o al menos que supera a otros tipos de conocimiento. Se espera que un estudiante de primer año en la universidad piense solo de forma anecdótica. Pero ¿qué debemos hacer con las personas con doctorados en ciencias sociales que enseñan en las universidades y que parecen tan incapaces de este tipo de razonamiento como sus estudiantes de primer año?
    He visto muchos ejemplos de este tipo en mis veinte años en el mundo académico, y se han vuelto más comunes en los últimos años. Hace poco, una científica social de mi generación -es decir, de mediana edad- celebraba en una de sus cuentas de redes sociales el hecho de haberse divorciado de su cónyuge y haber criado a su hijo básicamente como madre soltera, con poca participación del padre. Esto era, según ella, una refutación de las afirmaciones de los conservadores de que el divorcio perjudica a los niños.

    No planteó ninguna de las complejas cuestiones que acabo de señalar. ¿Tenían algo que ver sus ingresos de clase media alta y la flexibilidad de su trabajo académico de élite con el hecho de que el divorcio se hubiera resuelto de forma relativamente poco problemática? No se menciona esto. ¿Cuáles son los datos comparativos sobre los resultados de los niños que, como el suyo, tienen la misma clase pero que crecieron en familias intactas, y qué parte de la diferencia entre los niños de clase media alta de familias intactas y los de la misma clase de familias rotas podría atribuirse razonablemente a los efectos del divorcio? Tampoco tiene nada que decir sobre esto.

    Recientemente he asistido a una charla en el campus de una socióloga de otra universidad que había sido invitada a discutir los patrones de matrimonio entre los estadounidenses de clase trabajadora y pobres. Afirmó con brusquedad que no había pruebas de que las tasas comparativamente bajas de matrimonio y altas de divorcio de los estadounidenses menos prósperos contribuyeran significativamente a las dificultades de los niños de esas familias. Mencioné varios trabajos que demostraban precisamente eso. Desestimó a sus autores como "reaccionarios" y dijo que ella había visto personalmente a muchos niños en esas familias durante su propia experiencia vital y profesional que estaban muy bien. Pregunté cómo constituía esto una respuesta a los amplios datos de los "reaccionarios". La moderadora del acto pasó rápidamente a otra pregunta más amable del público.

    Portada de un libro infantil sobre divorcio.

    Esta obra, "Dos hogares llenos de amor", se presenta como una ayuda a para que el hijo comprenda que en ambas casas de sus padres divorciados se le quiere y apoya. Pero la portada, sin quererlo, lanza un mensaje distinto: el niño no quiere dos hogares donde ser querido, sino ser querido en un solo hogar.

    La cultura estadounidense en general está totalmente saturada del mensaje que se presenta en estos ejemplos. Los escritores populares (que a menudo tienen experiencia personal con el divorcio) explican los efectos negativos murmurando que la adversidad hará más fuertes a los niños y que los matrimonios imperfectos son más perjudiciales que su desmantelamiento. Los libros infantiles presentan el divorcio como un acontecimiento positivo en el sentido de que duplica el número de hogares llenos de amor que los niños podrán habitar. Estos libros predican que nada permanece igual, ni siquiera aquello en lo que más confían los niños para obtener seguridad y estabilidad, así que más vale que se acostumbren a ello.

    Pero esta deriva cultural general no puede excusar el fracaso de los profesores en la enseñanza. De hecho, el movimiento cultural hacia la "alegre conversación sobre el divorcio" se ha visto influenciado en gran medida por la forma en que los educadores han fallado tan atrozmente. Los profesores tienen el deber intelectual y moral de mostrar a sus alumnos la verdad y la mejor manera de discernirla. Con profesores como los que he descrito, ¿es de extrañar que los estudiantes universitarios estén masivamente confundidos en este tema? El público, cuyos hijos están siendo mal educados de esta manera, debe desafiar este proceso para evitar un mayor declive en el pantano cultural relativista.

    ReL, Traducido por Elena Faccia Serrano.

    Vea también     Los Efectos del Divorcio en los Hijos



























    jueves, 6 de septiembre de 2018

    Mis papás se divorciaron, pero así logré superarlo

    "Deben luchar por su matrimonio siempre. Una relación no termina hasta que alguno de los dos ya no está dispuesto a luchar"

    TOMMY

    Entre tanto drama y eventos no tan agradables de los que por diversos medios nos vamos enterando, compartir este tipo de historias en las que la “desgracia” se vuelve bendición nos devuelve la esperanza de que a cada noche oscura siempre le sigue un luminoso resplandecer.
    Tommy es un chico de 22 años que proviene de una familia común y corriente. Tiene un hermano con quien lleva una relación armoniosa y unos padres que apoyan sus sueños.
    Terminó una primera carrera en biología y psicología con los máximos honres posibles: “Summa Cum Laude”. Actualmente estudia la carrera de medicina y desea especializarse en psiquiatría.
    Al parecer no hay nada de extraordinario en esto.
    Sin embargo, no toda su vida ha sido miel sobre hojuelas y para llegar hasta este punto tuvo que vivir el infierno en persona, como él mismo le llama a esa experiencia que más adelante él mismo nos comparte.
    “Soy Tommy, un hijo de Dios y un futuro Doctor, si es su voluntad. Intento ser una persona con mucho amor.
    Deseo seguirme educando y buscar siempre la “Verdad”, con una intención consciente de seguirla y hacerla parte de mi vida. Siempre he sido muy curioso y eso me ha ayudado a dedicar tiempo a buscar respuestas.
    Fui un niño a quien le iba muy bien en el colegio, pero también era muy inquieto y hasta travieso, por lo que mis papás procuraban tenerme muy activo. No medía las consecuencias. Tanto fue así que tuve varios accidentes serios.
    Crecí junto a mi familia siempre unida. Tuvimos varias mudanzas, lo que implicaba nueva casa, colegio, amigos, nuevo todo… La única constante era mi familia junta. Fue una niñez muy feliz de la cual no tengo queja, sino muchas gratas memorias.
    Mis padres, mi ejemplo de vida. Mis papás han tenido toda la influencia en mí. Son las personas que más admiro. Ellos me criaron y con ellos buscaba aprender y a responder a preguntas que tenía.
    Ellos fueron mi ejemplo de cómo ser como persona, como mamá, como papá. Lo bueno y lo malo lo aprendí de ellos. También del mundo, pero lo que allá veía lo traía a casa para que me fuera bien informado.
    Aún hoy, aunque yo soy quien toma sus propias decisiones, ellos siguen teniendo mucha influencia sobre mí porque los respeto mucho.
    Además, estar cerca de ellos me hace muy consciente de la humanidad y de la fragilidad de la vida. Ver a tus papás que no son inmortales, tener dolores y cansancio me hace abre los ojos a la gratitud.
    Y un día desperté del sueño de mi familia perfecta. Todo comenzó cuando me di cuenta de que entre mis papás había problemas y empeoró cuando me enteré de que se iban a divorciar.
    Como mencioné antes, entre tanta mudanza y pérdidas lo único constante era mi familia y al divorciarse ya no tenía nada estable, un piso firme en quien apoyarme.
    Mi mamá, mi héroe me falló… Cuando tenía 13 años ella se fue de la casa con el pretexto de estar cerca de su hermana quien tenía cáncer. Y aunque sí era verdad, esta no era la única razón.
    Me quedé sin mamá por un par de años. Luego, el siguiente año mi hermano se fue a vivir con ella. La relación con mi papá se tornó hostil. Había muchos problemas familiares y personales.
    Mientras tanto yo seguía estudiando en un colegio con un programa para alumnos de IQ elevado y me iba muy bien, pero a partir del divorcio de mis papás todo se vino abajo: no me enfocaba, me distraía mucho con los videojuegos porque estos eran mi escape.
    Caí en depresión clínica; no salía, no comía y me quedaba despierto o a veces no dormía por jugar. Nada estaba bien conmigo. Dejé de ir al colegio…
    Recuerdo que un día la policía tuvo que ir a sacarme de casa para obligarme a regresar al colegio. Casi no logro graduarme de prepa. Ni siquiera había metido solicitudes para estudiar carrera.
    El divorcio para mí fue un infierno. Fui educado en un ambiente en que la familia lo era todo, en que hay que hacer sacrificios para sacarla adelante, amarla y respetarla por sobre todas las cosas.
    Y de repente me salen con que en la familia a veces ya no se quieren, ya no pueden estar juntos y se vale deshacerla. ¿¡Qué!? Eso no tenía sentido para mí.
    Aunque yo era prácticamente un niño sí que captaba lo que pasaba. Lo que no sabía era qué hacer con tanto dolor.
    Yo pensaba: ¿cómo puedo confiar en mis papás si ni siquiera ellos pueden cumplir con la palabra que entre ellos se dieron de amarse, cuidarse y respetarse siempre?
    Y entonces sentí que Dios intervino… Mi mamá regresó a casa, pero no al hogar, y aunque los problemas familiares seguían, mis papás no dejaron de apoyarme.
    Buscaron ayuda emocional y espiritual para todos. Tuve la capacidad de darme cuenta y de aceptar que necesitaba ser ayudado.
    Eso me ayudó para comenzar a tomar responsabilidad de la parte que me correspondía y dejar de culpar a los demás por lo que me pasaba.
    Intenté mejorar y a cambiar cosas de mi vida y fue cuando me di cuenta de lo mal que estaba mi relación con Dios.
    Y es que había llegado a un punto de mi vida en que creía que Él no existía porque cómo era posible que Dios hubiera creado un mundo con tanto dolor para mí.
    Me queda claro que Dios siempre protege a los niños de todos los errores que cometen los padres al destrozarles la vida con sus decisiones.
    El divorcio deja una huella imborrable que solo Dios puede sanar. Pero… si los padres son los representantes de Dios en la tierra, entonces, ¿cómo un niño puede saber aceptar la ayuda de Dios, si ni lo puede llegar a conocer porque los que se supone deben ser sus ejemplos de vida -sus papás- no lo están siendo?
    ¿Cómo salí adelante? Lo que me sacó del hoyo en el que me encontraba fue que mis papás se volvieron a juntar después de 5 años de separación y de un tormentoso divorcio.
    El que ellos me volvieran a dar un piso firme, una base segura, una familia unida en el amor y el perdón fue lo que hoy me permite ser quien soy.
    Hay muchos estudios en psicología que hablan sobre esto, el apego seguro y su importancia. Ellos me enseñaron lo que es el amor y el perdón incondicional.
    Todo eso me ayudó a que hoy desee ser santo, esa es mi meta mayor. Y para llegar a esa meta elegí la medicina como profesión.
    Además, deseo ser un buen padre de familia y dedicar mi vida a los demás. Este es mi -nuestro- llamado: servir.
    Quiero enseñar a la gente, por medio de mi servicio y de mi vocación, lo que hace el amor de Dios, un Dios que nos ama aún en nuestros peores momentos…

    TOMMY
    Archivo personal

    Después de mi experiencia me siento con la capacidad de aconsejar a los padres que pasan por una crisis matrimonial: ¡No se divorcien!
    Y mejor procesen por qué quieren hacerlo; lleguen a la raíz de su problema y sánenlo. Y luego, recuerden que juraron ante Dios y ante la ley, dieron su palabra de que estarían juntos en lo próspero y en lo adverso.
    Por lo tanto, deben luchar por su matrimonio siempre. Una relación no termina hasta que alguno de los dos ya no está dispuesto a luchar.
    Si tú eres la parte que lo sigue intentando, aunque la otra no, no te des por vencido. Gran parte de que mis papás volvieran fue que mi papá nunca se dio por vencido y se mantuvo firme, amando siempre a mi mamá y respetando la palabra que le dio a Dios, que se casaba para siempre.
    Y él siendo una roca mi mamá regresó. O sea, cumplan con su palabra, es así de sencillo… No se casen si no están dispuestos a estar juntos hasta la muerte.
    Por muchos problemas que tenga, todo tiene solución. Nunca se den por vencidos. ¡Qué ejemplo les dan a sus hijos si lo hacen! Si de verdad los aman tanto, den buen ejemplo y no les destrocen la vida con sus decisiones.
    A los hijos de padres que pasan por esta experiencia les digo que no es su culpa, nunca es su culpa, no es posible que lo sea porque ustedes no son los responsables de la familia en el hogar.
    Los responsables son los padres quienes tienen la obligación de mantener a la familia unida – siempre que no haya impedimentos graves que aconsejen la separación. Por mucho que ustedes se comporten de una forma poco adecuada, todo eso es consecuencia de las acciones de los padres.
    Sin embargo, no es el momento de sentirse o hacerse la víctima, sino buscar salir de ahí, de ese estado y de decir, este es un ejemplo de vida que no deseo seguir.
    Engánchense de algo. Prometo que no hay nada mejor que hacerlo de Dios y de su amor incondicional. Mantengan ese pensamiento firme, en ese amor. Este es el primer paso y el más sencillo: buscar a Dios quien es Amor.
    El quedarse triste en casa es bueno, pero solo para procesar las emociones y no para quedarse en ese estado. Eso no ayuda a crecer. Por lo tanto, también buscar ayuda por fuera teniendo la certeza de que no están solos por muy solos que se sientan. Y siempre recuerden: Dios es mayor que cualquiera de sus problemas.”
     Luz Ivonne Ream, Aleteia







    domingo, 25 de febrero de 2018

    7 sugerencias para salvar tu relación

    Siempre hay esperanza si realmente quieres ser feliz en tu matrimonio.

    “¿Cómo hago para salvar mi relación? Lo amo, bueno, no tanto… La verdad ya no sé ni que siento por él. Discutimos de todo y por nada. Ya me tiene harta. Creo en el matrimonio, quiero salvarlo, pero… ¿cómo?” 
    ¿Te suena esta escena? Sí, es verdad, cuando traemos problemas en el matrimonio recibimos cantidad de consejos como que le echemos ganas, que aguantemos, que no tiremos la toalla, que el matrimonio puede mejorar, pero ¡¿cómo le hacemos?!
    La única realidad es que el matrimonio está lleno de problemas y no sabemos ni por dónde comenzar a salvarlo porque, siendo honestos, muchas veces es tan profundo el abismo en el que ambos hemos sumergido a la relación que el tirar la toalla se vislumbra como el camino más sencillo.
    Si esta es tu realidad hoy es el momento de cambiar algunas actitudes y conductas en tu vida. Solo tomando acción de una forma valiente podrás transformar este presente al que poco futuro le ves en un verdadero camino al cielo. Es importante que no pierdas la esperanza.
    Pero ¿cómo? Te comparto unas sencillas sugerencias. Tómalas en cuenta. Te servirán como un buen comienzo.
    1. Voluntad: Disposición de trabajar en pro de la relación. El pretexto es no puedo, la razón es no quiero. Puedes sentirte muy cansado, muy agobiado, pero si tienes la convicción de salvarla encontrarás el cómo. Recuerda que aquel que tiene un “para qué” siempre encontrará el “cómo”.
    2. Todo cambio comienza en primera persona. Yo quiero, yo decido y yo lo hago. Como decía San Agustín: “Procura adquirir las virtudes que crees que faltan en tus hermanos y ya no verás los defectos, porque no los tendrás tú.” No esperes a que el otro haga algo, hazlo tú. Comienza por hacer cambios tú. Lee buenos libros para enriquecerte  y ser una mejor persona y, por ende, un mejor cónyuge. No digo perfecto, simplemente cada día mejor.
    3. No te enfoques solo en las debilidades de tu pareja. Reconoce que tú tampoco eres perfecto, así que no es justo ver lo malo únicamente en el otro. Trata de recordar todas las cosas que en un principio admirabas de él/ ella y también los buenos momentos que pasaron juntos.
    4. Las diferencias entre ustedes no deben ser una amenaza, sino oportunidades para transformarse y enriquecerse mutuamente; son complementarios.
    5. Piensa positivamente. No tienes el poder de cambiar a tu pareja, pero si tienes el poder de cambiar tú. Y con esto de los cambios personales sucede algo maravilloso: cambio yo y como por arte de magia ¡cambia todo! La realidad que antes me chocaba se transforma.
    6. ¡Sé paciente! Roma no se hizo en un año. Quizá en tu matrimonio vivirás una etapa en que hay que ir cuesta arriba, trabajar contra corriente y contra todo pronóstico. Simplemente hazlo sin mirar atrás y sin dejarte llevar por el miedo pensando que es una labor titánica imposible de lograr. No te desesperes si no ves cambios en la forma y el tiempo que tú lo esperas. Todo llegará a su tiempo. Estas crisis se viven día a día.
    7. Oración. Un matrimonio se salva de rodillas, pero a Dios rogando y con el mazo dando. La Gracia de Dios llega a aquellos lugares donde la fuerza humana ya no nos alcanza.
    No se puede hacer nada para cambiar lo que ya pasó, pero sí se puede hacer mucho para cambiar lo que viene. Si realmente quieres ser feliz, si estás dispuesto a tomar el timón de tu relación, si de verdad estás decidido a salvarla siempre habrá una salida.
    Si hoy tu matrimonio no está bien y no haces un parón para rectificar en pocos años estará aún peor. Desanda el camino o bien, corrige. Busca y encuentra ayuda, sobre todo la de Dios.
    Luz Ivonne Ream, aleteia