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sábado, 5 de abril de 2025

Dios perdona incluso a quienes “en nuestra opinión no lo merecen”, meditación del Papa

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Desde la hospitalización del Pontífice, el 14 de febrero, todas sus catequesis se han difundido por escrito. En esta nueva meditación, el Papa continúa el ciclo de enseñanzas iniciado el 12 de marzo, dedicado a "los encuentros narrados en los Evangelios, para comprender mejor el modo en que Jesús da esperanza"

"La mirada de Jesús no es de reproche, sino de misericordia", dice el Papa Francisco en el texto de la catequesis que tenía previsto pronunciar en la Audiencia General del 2 de abril de 2025, que habitualmente se celebra en la Plaza de San Pedro los miércoles por la mañana, pero que se ha publicado por escrito este mediodía. Advirtió contra la tentación de "poner límites al amor de Dios".

I.Media, Aleteia

Vea también        El Perdón de los Pecados sin Sacerdote


























sábado, 9 de diciembre de 2023

La necesidad de la confesión está dentro de nuestro corazón

 

Sacramento de la Reconciliación


El ser humano es comunicativo por naturaleza. Nuestro Señor Jesucristo lo sabía perfectamente y por eso nos dejó el regalo del sacramento de la Confesión

El ser humano necesita comunicarse para vivir. Por eso son tan importantes las relaciones interpersonales que se afianzan hablando, ya que hacen fluir todas las emociones y sentimientos, aún los más recónditos que se alojan en el alma.

Gracias a su naturaleza divina, nuestro Señor Jesucristo era un profundo conocedor del hombre y entendía perfectamente esta necesidad. Por eso los Evangelios recogen los hechos del Señor, que en un principio fueron transmitidos de manera oral, cumpliendo su mandato:

«Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado».

Mt 28, 19-20

Confesarse es una necesidad

Cuando el Señor Jesús fue crucificado los discípulos se escondieron y, luego de la resurrección, para ellos parecía que todo tendría que volver a la normalidad pues no sabían que Jesús vivía, como lo narra el episodio de los discípulos de Emaús:

«Y conversaban entre sí acerca de todas estas cosas que habían acontecido. Y sucedió que mientras conversaban y discutían, Jesús mismo se acercó y caminaba con ellos» (Lc 24, 14-15).

Ellos tenían mucho qué platicar, debían procesar los hechos y poner orden a sus ideas. Por eso, el mismo Jesucristo se aparece a los apóstoles y les da el poder y la orden:

«Jesús les dijo de nuevo: ‘¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes’. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió ‘Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan'».

Jn 20, 21-23
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La incredulidad de santo Tomás, Caravaggio, 1600-1601.

El perdón se da después de decir los pecados

Por supuesto, ¿cómo podían perdonar los pecados si no los escuchaban? Era y es necesario decirlos para que el sacerdote, que ha recibido ese mismo poder de Jesús, pueda saber si debe perdonarlos o retenerlos. Es parte de la lógica humana. Si no digo lo que quiero, no puedo esperar que se me dé solo por el deseo que tengo dentro de mí.

En los juicios orales, es evidente que para dictar una sentencia hay que presentar la acusación y las pruebas, y el abogado defensor hace gala de la retórica para convencer al jurado de la inocencia de su cliente.

Solo el sacerdote puede perdonar

Quienes pertenecen a otras denominaciones religiosas hacen una confesión de sus culpas ante la comunidad cuando dan sus testimonios. Hay quienes acuden al pastor para contarle sus tentaciones, y él, lo más que puede hacer, es escucharlos y aconsejarles qué hacer, pero no perdonarles sus culpas.

El Señor fue muy claro. Es un privilegio para los católicos, porque nadie más puede perdonar válidamente en el nombre de Dios. Además, tenemos el enorme consuelo del perdón dicho de viva voz, no por mera suposición. El que se confiesa tiene la certeza de que sus pecados han sido perdonados. Por eso, aprovechemos esta gracia y confesémonos seguido.

Una confesión que lleve a la santidad:


Mónica Muñoz, Aleteia

Vea también      La Confesión - Adrienne von Speyr (pdf)






















sábado, 6 de agosto de 2022

Volver a la confesión


Para que renazca la vida cristiana es imprescindible que lo haga la costumbre de la confesión, haciéndola disponible en las parroquias.

En una gran parte de parroquias españolas y en las de muchos países de Europa Occidental, la celebración del sacramento de la Penitencia ha desaparecido.

Con la crisis del posconcilio y el desbarajuste doctrinal de aquellos años se vendieron, destruyeron o tiraron a la basura los confesionarios. No solo estos muebles dejaron de existir y sus formas pasaron al baúl de los recuerdos de las personas de cierta edad, sino, lo más grave, en modo alguno se realizan confesiones en muchos templos, aunque se prescindiera del armatoste físico del confesionario.

En algunas parroquias, a lo más, tiene lugar una vez al año una celebración penitencial colectiva en período de Cuaresma, pero no seguida de confesiones individuales como está previsto por la Iglesia, puesto que la celebración penitencial colectiva puede servir como preparación para la confesión individual y secreta, pero no la sustituye.

A pesar de haber quedado orillado en muchos lugares, el sacramento de la Penitencia tiene el gran valor que le dio Cristo, el de ser la forma ordinaria de perdón de los pecados. "A quienes les perdonéis los pecados les serán perdonados, y a quienes se los retuviereis les serán retenidos" (Jn 20, 23). Cristo quiso que la Iglesia continuara su labor de curación y de salvación mediante este sacramento. 

Por su lado, el Papa Francisco ha insistido en su importancia, recordando que el perdón es un don del Espíritu Santo y que no basta pedir perdón a Dios, sino confesarse ante un sacerdote. Él mismo lo hace, dando ejemplo.

La exigencia mínima de la Iglesia para los cristianos es una confesión al año, pero se ha aconsejado siempre la confesión frecuente, ya que todos somos pecadores.

No hace falta haber caído en pecado mortal, sino que es bueno ir al sacerdote para obtener el perdón de pecados veniales o faltas. La confesión da fuerzas, gracia, para la vida espiritual porque es camino de encuentro con Dios. San Juan María Vianney, que administró miles y miles de confesiones y a quien acudían gran número de personas desde muy lejos para que les confesara, llegó a decir: "No es el pecador que el que vuelve a Dios para pedirle perdón, sino que es Dios mismo quien va tras el pecador y lo hace volver a Él".

La pérdida de la práctica de la confesión deriva de la desaparición del sentido del pecado y, a la vez, contribuye a que tal sentido se pierda, para avanzar luego hacia la pérdida de la creencia en Dios mismo.

Como un efecto colateral, la desaparición o mantenimiento de la confesión es uno de aquellos parámetros indicativos de la marcha de una parroquia, grupo, o movimiento.

Los que "funcionan" siguen teniendo una alta práctica de la confesión. Donde hay rebrotes espirituales, la confesión está presente como un aspecto fundamental y los sacerdotes están en los confesionarios. Y a la inversa, en los lugares en que ha desaparecido, el abandono de la práctica religiosa y de la vivencia cristiana siguen bajando por la pendiente.

Afortunadamente, hay focos en los que la confesión es un ingrediente básico. Ahí están algunos lugares de peregrinación masiva, entre los que destacaría Medjugorje, donde un gran número de sacerdotes administra el sacramento a miles de fieles de lenguas y procedencias diversas. Horas y horas de confesiones. Algunos templos y basílicas ponen también el énfasis en ello, como el santuario de Torreciudad, con cuarenta confesionarios.

El fundador del Opus Dei, San Josemaría, por cuya iniciativa se fundó, deseaba que los milagros que allí se realizaran fueran los de miles de confesiones, con personas que dieran un vuelco a su vida espiritual. Asimismo, en las iglesias regidas por sacerdotes de dicha Prelatura hay siempre confesores. San Josemaría decía que su deseo es que "se mataran" los sacerdotes de tanto confesar.

Diversos movimientos cristianos, por su lado, insisten también en la práctica de la confesión. Porque es una realidad que para revitalizar la vida cristiana es imprescindible que la práctica de la confesión vuelva a los templos. Para ello los párrocos habrán de hablar de ella, recordar a los fieles su importancia, indicar las horas habituales para hacerlo aunque indicando que están siempre disponibles, y que las personas que entren en una iglesia vean que hay sacerdotes en los confesionarios o lugares destinados a ello, a disponibilidad de los penitentes.

Daniel Arasa, ReL

 Vea también     Confesarse ¿por qué? La reconciliación
y la belleza de Dios




































domingo, 11 de abril de 2021

Evangelio del día

 

ChristianArt 
 
Juan 20, 19-31 No dudes más y cree
 
 

Dudando de Tomás, Dibujo de Jessie Boston, Pintado en 2016, Lápiz y grafito sobre papel
© Jessie Boston / Sandra Morris Illustration Agency

Evangelio según San Juan 20,19-31.

Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!".
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes".
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo.
Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan".
Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús.
Los otros discípulos le dijeron: "¡Hemos visto al Señor!". El les respondió: "Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré".
Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡La paz esté con ustedes!".
Luego dijo a Tomás: "Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe".
Tomas respondió: "¡Señor mío y Dios mío!".
Jesús le dijo: "Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!".
Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro.
Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

San Gregorio de Narek (c. 944-c. 1010)
monje y poeta armenio
Libro de oraciones, nº 33


«Recibid el Espíritu Santo»

Todopoderoso, Bienhechor, Amigo de los hombres, Dios de todos.
Creador de los seres visibles e invisibles,
a Ti que salvas y fortaleces,
que cuidas y pacificas,
Espíritu poderoso del Padre...,
que compartes el mismo trono, la misma gloria,
la misma acción creadora del Padre...
Por ti, como intermediario, nos ha sido revelada
la Trinidad de Personas en la unidad de la naturaleza de la Divinidad;
Tú eres reconocido ser una entre estas Personas,
Tú, el incomprensible...
Tú has sido proclamado por Moisés, Espíritu de Dios (Gn 1,2):
aleteabas por encima de las aguas
envolviéndolo todo con una protección pavorosa, llena de solicitud,
has desplegado tus alas como signo de tu asistencia compasiva a favor de los recién nacidos,
y por ahí nos revelaste el misterio de la fuente bautismal...
Tú has creado, oh Señor Todopoderoso (cf Credo)
las naturalezas de todo cuanto existe,
de todos los seres salidos de la nada.
Por ti y a través de la resurrección son renovados
todos los seres creados por ti,
en el momento del último día de vida aquí abajo
y el primer día en la Tierra de los vivos.
El que tiene tu misma naturaleza,
Aquel que es consubstancial al Padre, el Hijo primogénito,
en una naturaleza como la nuestra, te ha obedecido como Padre suyo,
uniendo su voluntad a la tuya.
Te anunció como verdadero Dios,
igual y consubstancial a su Padre todopoderoso...
y cerró la boca a los que se te oponían
combatiendo contra Dios (cf Mt 12,28),
pero perdonando lo que iba contra él.
Justo e Inmaculado es el Salvador de todos,
que ha sido entregado a causa de nuestros pecados
y resucitado para nuestra justificación (Rm 4,25).
A él la gloria a través tuyo,
y a ti la alabanza con el Padre todopoderoso,
por los siglos de los siglos.
Amén


Cómo celebrar el Domingo II de Pascua en casa


jueves, 16 de mayo de 2019

POR QUÉ Y CÓMO CONFESARSE BIEN


Samuel Martín, de 19 años, cuenta en una de las Charlas GEN de la Delegación de Pastoral Juvenil de la archidiócesis de Toledo qué le lleva a frecuentar el sacramento de la Penitencia y las partes que integran una buena confesión. 



Confesión