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miércoles, 5 de octubre de 2022

Los 9 últimos consejos de Reig Pla como obispo para enfrentar «un mundo poscristiano y secularizado»


 

Tres meses después de presentar su renuncia al Papa Francisco el 7 de julio, aceptada finalmente este 21 de septimbre, el obispo complutense de Alcalá Juan Antonio Reig Pla concluye hoy el ejercicio de su ministerio episcopal comenzado hace más de 25 años. Su última carta pastoral, publicada "a punto de finalizar" el ejercicio de dicho ministerio ha estado dedicada por entero a la figura de la Virgen María bajo el título ¡Muestra que eres Madre!.

A lo largo de su carta ha ofrecido una extensa catequesis sobre la Virgen, la estrecha relación de María con su ministerio y algunas consideraciones para la devoción "en un mundo poscristiano y secularizado".

Uno de los primeros aspectos sobre los que llama la atención de cara a "la crisis que estamos sufriendo en España y Occidente" -y que es principalmente de fe, según el obispo-, es la necesidad de mantener la devoción mariana, pues ella "conduce a una fe más profunda en Cristo".

En este sentido, destacó  "la importancia de introducir a los niños con signos y gestos en la tradición cristiana y católica. Estos gestos y símbolos son como huellas que se graban en el alma y garantizan la seguridad de la fe y la pertenencia a la Iglesia", añade.

A lo largo del texto, el obispo Complutense da respuesta a interesantes cuestiones relativas a la devoción y la comprensión de la figura de la Virgen, como el por qué de su elección como Madre de Cristo, de que el Señor manifestase la maternidad de María sobre los hombres precisamente en el Calvario o cómo se plasma esta maternidad en el orden de la gracia.

Las "actitudes fundamentales" en la devoción a María

Asimismo, explica que si bien hay "múltiples modos de vivir esta relación" con María, hay unas "actitudes fundamentales" que todo hombre debe tener en torno a su "filiación mariana".

Entre ellas, alienta a manifestar una "veneración llena de afecto y de manera singular en relación con su persona", que se debe expresar "en el culto de la Iglesia" y "en nuestra devoción privada", que debe "enraizarse siempre en el culto". Alude además a la "confianza total, sobre todo cuando estamos ante dificultades" y que debe expresarse "en la oración constante y humilde". Como cuarta nota, destaca la importancia de "introducir a María en la casa de nuestra vida" para "que esta sea fuertemente cristiana".

A continuación, el obispo emerito de Alcalá mencionó cómo María puede contribuir a algunos de los principales retos religiosos del presente.

En este sentido se refirió a "la fe en un mundo secularizado" al advertir sobre cómo este fenómenos "ha hecho estragos en la sociedad y en la Iglesia", pero recordando "que Dios es fiel a la alianza que ha sellado con la sangre de su Hijo", "que no estamos solos" y "que nuestra respuesta no puede ser otra que la misma fe con la que María acogió al Redentor".

"La crisis que estamos sufriendo en España y en Occidente no es simplemente política, social o moral. Nuestra enfermedad es más grave: sufrimos una crisis de fe que nos impide ver la acción de Dios en nuestra historia. Por eso, la respuesta a esta situación no es otra que María, la virgen creyente que responde con docilidad extrema a la iniciativa de Dios", expresó.

Del mismo modo advirtió del riesgo de la Iglesia de convertirse "en una organización humana como tantas otras que responden a los problemas sociales con sus propias capacidades". Para ello, instó nuevamente a "mirarnos en el espejo de María".

Acto seguido advirtió de que "la respuesta al misterio del hombre no está en las fuerzas humanas" y que estas "solo pueden ser camino para encontrar con la verdadera salvación, que viene de Dios". Por ello alentó nuevamente a imitar a María para acoger de nuevo la sombra del Espíritu Santo, para que fecunde las entrañas virginales de la Iglesia, de tal manera que pueda dar a luz a Cristo y dar frutos de santidad".

Antes de concluir, ofreció nueve consejos para hacer frente a la "crisis" de Occidente y "la situación de la Iglesia":

1º Recurrir a María

"En estos momentos, también nosotros hemos de recurrir a María para que, viendo nuestra situación, la situación de la Iglesia, interceda ante su Hijo con las mismas palabras: ¡No tienen vino! En nuestro caso, la ausencia del vino es provocada por la crisis de fe y por habernos apartado del manantial de la vida. Por eso, junto al anuncio cristiano, necesitamos la conversión del corazón para seguir de nuevo las indicaciones de Cristo: ¡Haced lo que Él os diga!".

2º La respuesta es María

"Así pues, la respuesta a nuestra situación es María. De nuevo hemos de ser conscientes que donde Ella se hace presente de nuevo es posible la fiesta. No es posible la fiesta, el deseo de infinito cumplido, donde no hay apertura a la divinidad, donde no se hace presente Cristo, el vencedor del pecado y de la muerte. Él nos trae la alegría de la salvación. Las “fiestas” de este mundo acaban siendo como las “fiestas de los locos” que buscan la exaltación de las emociones y no tienen más horizonte que la muerte. La alegría brota de la resurrección, de saber que la muerte ha sido vencida para siempre y nos abre a un horizonte de eternidad".

3º Crear un hábitat posible para la fe en la sociedad postcristiana

"La Iglesia, disminuida y pequeña como la conocemos hoy, tiene una gran responsabilidad: anunciar, como los primeros cristianos, la resurrección de Cristo, la victoria definitiva sobre la muerte y crear como ellos pequeñas comunidades, un hábitat posible para la fe en medio de una sociedad postcristiana. Nuestras familias cristianas han de ser conscientes de que necesitan el calor de la comunidad pequeña donde escuchar la Palabra de Dios, participar conscientemente de la Eucaristía y aprender el servicio en el amor compartiendo los bienes".

4º Imitar a los primeros cristianos como antídoto a la ingeniería social

"Este es el camino que los primeros cristianos recorrieron y que nosotros hemos de redescubrir. Ante una sociedad planificada globalmente, ante procesos de ingeniería social que han provocado la soledad del individualismo y la decadencia del relativismo moral, cuyo único imperativo es “goza”, la Iglesia ha de presentarse con mansedumbre y humildad como la casa donde se puede vivir. Nuestro programa es la pobreza de Belén, la modestia de Nazaret y la locura de la cruz donde ante la violencia venció el amor".

5º Cambar de mentalidad a través de la catequesis

"Caminar a la intemperie o vivir simplemente de las tradiciones que no cambian el corazón ya no resulta suficiente. La “nueva evangelización” necesita del Catecumenado, de un proceso de iniciación cristiana que provoque el cambio de mentalidad y de la vida, que lleve al encuentro de Cristo y desemboque en la comunidad de discípulos".

6º Renovar la catequesis: más fe, conversión y cambio de vida

"Todo esto requiere un replanteamiento de la catequesis de iniciación cristiana y una profundización en el significado salvífico de la eucaristía y de los demás sacramentos. De la catequesis no hemos de esperar solamente la comunicación de unos conocimientos sobre las verdades cristianas. El anuncio cristiano reclama la fe, el encuentro personal con Cristo mediante la Iglesia-comunidad. El encuentro con Cristo es real cuando cambia el corazón y se produce por la gracia la conversión, el cambio de vida".

7º Acabar con el "analfabetismo religioso"

"Con el encuentro personal con Cristo se requiere la formación cristiana. Hoy el analfabetismo religioso es alarmante. De ahí la necesidad de conocer todo el Catecismo de la Iglesia Católica para que, con una fe formada, podamos ser testigos de Cristo y cooperar en la renovación de la sociedad. Los católicos no podemos retirarnos a los “cuarteles de invierno”. Lo propio de un cristiano es la inmersión en el mundo (sin ser del mundo) para ser como la levadura que transforma la masa".

8º La presencia de los católicos en la vida pública

"Hoy es urgente la presencia de los católicos allí donde se edifica la sociedad: el mundo del trabajo, las agrupaciones sociales, los medios de comunicación, las empresas, la política, etc. Hoy es necesario que los católicos se hagan presentes asociadamente en la vida pública con las señas de identidad de la moral social o Doctrina Social de la Iglesia. Descuidar la dimensión social del catolicismo no hace justicia a lo que significa el discipulado de Cristo. Ni el individualismo, ni la retirada a los “cuarteles de invierno” son expresión del sentido católico de la vida".

9º Dar testimonio desde la familia

Es desde el seno de la comunidad cristiana, formado el sujeto personal cristiano y las familias cristianas, desde donde uno tiene que ser enviado a dar testimonio de Cristo, ordenar los bienes temporales según el designio de Dios. También en esto nos ha de ayudar contemplar a María como peregrina de la fe y como la mujer fuerte al pie de la cruz.

Artículo originalmente publicado en Cari Filii News. 





























martes, 4 de octubre de 2022

«Revolución sexual», ¿el mayor ataque para la libertad religiosa?: «Toca reafirmarse todavía más»

Alvaré anima a las instituciones religiosas de EEUU
a no abandonar sus valores


La escritora católica Helen Alvaré ha escrito un libro para ayudar a colegios,
hospitales... a fortalecer sus principios diferenciales.

Cuando el presidente Bill Clinton ratificó la Ley de Libertad Religiosa en 1993, esta medida apenas tuvo oposición en la sociedad americana. Es más, se aprobó por unanimidad en la Cámara de Representantes y casi por unanimidad en el Senado.

Sin embargo, desde que ocurriera, han sido muchas las voces que han pedido su derogación. Los más críticos la acusan de servir de parapeto a las instituciones religiosas para discriminar por orientación sexual o de género.

Pero, ¿está cambiando la percepción sobre la libertad religiosa en Estados Unidos tras la llamada "revolución sexual"? ¿El cambio en la ética sexual de la sociedad americana puede estar detrás de las demandas para limitar la libertad religiosa? Helen Alvaré es lo que defiende en su nuevo libro titulado Libertad religiosa después de la revolución sexual: una guía católica.

Helen es experta en Derecho de Familia en la Universidad George Mason y miembro del Dicasterio vaticano para los Laicos, la Familia y la Vida. La docente advierte a los católicos, y a los auténticos defensores de la libertad religiosa, de que deben tener muy claro lo que realmente significa ser una institución religiosa, sin limitarse a esperar éxitos en los tribunales o entre la opinión pública.

La web The Pillar ha publicado una interesante entrevista con esta experta, donde vincula el desprestigio de la libertad religiosa con los apoyos crecientes a la llamada "revolución sexual". Para Helen, comprender correctamente los valores propios de una institución, puede ser clave a la hora de defender la libertad religiosa en el país.

Obsesión con el ser humano

"Estamos viviendo un período de la historia en el que Occidente está obsesionado con el ser humano (a diferencia de estarlo con Dios, como era antes), y con su sexualidad. En este sentido, no creo que nadie lo haya definido mejor como el profesor Carl Trueman en The Rise and Triumph of the Modern Self. Allí enumera los pasos que está siguiendo Occidente: de pensar mucho en Dios y en la comunidad, a pensar principalmente en uno mismo; luego, a pensar en la expresión sexual, como centralidad de la propia identidad; y, luego, a politizar lo sexual", señala Helen en la entrevista.

ProtestasOccidente ha dejado a Dios, y pone en el lugar al hombre y a la sexualidad, señala Helen.

Hay una serie de principios que no se pueden negociar. "El cristianismo trata a los miembros de la familia, y a los extraños, como hizo el Buen Samaritano. Pero, también, insiste en el respeto por el diseño creativo de Dios con nuestros cuerpos y relaciones. Esto quiere decir que tenemos que respetar el don de nuestra sexualidad y evitar las relaciones fuera del matrimonio, el divorcio, el aborto y las relaciones entre personas del mismo sexo", apunta.

Para Helen, es normal que los herederos de la revolución sexual vayan contra los ideales cristianos. "En un mundo en el que se antepone cada vez más a Dios y al "otro" en favor de una ética sexual fracturada e individualista era de esperar que se rechazaran los postulados católicos", comenta la autora.

La escritora comenta cuál ha sido el objetivo de escribir el libro. "Muchas de las demandas que se presentan hoy en día en Estados Unidos desafían la libertad religiosa y exigen a las instituciones católicas que cumplan con la nueva ortodoxia sexual del Estado: la separación del sexo de la biología y la separación del sexo de lo que significa el matrimonio", señala.

Las exigencias hacia las instituciones religiosas cada vez son mayores. "Se exige, por ejemplo, que las instituciones católicas brinden servicios de anticoncepción, aborto, transgénero... Los críticos de la libertad religiosa insisten en que las instituciones con cierto carácter religioso, hospitales o colegios, discriminan por motivos de sexo y orientación sexual, y les piden, además, que el hecho de que alguien rechace abiertamente la fe no sea una condición para poder ser contratado", explica Helen.

Para ella, renunciar a la batalla trae consigo el descrédito de la libertad religiosa. "Observé que, cada vez más, si alguna institución católica ganaba un juicio, no sabía ofrecer un argumento sólido de para qué quería la libertad religiosa. Con frecuencia estas organizaciones se limitaban a afirmar que 'hay una ley que hay que cumplir' o que 'el obispo me obligó a hacerlo'. A veces, incluso, trataban de clasificar a sus empleados como "ministros", para aprovechar la protección que da la ley a esta figura. El resultado de esta forma de defenderse fue que la gente dejó de valorar la libertad religiosa y las enseñanzas sexuales católicas", asegura.

En este sentido, Helen añade que es importante diferenciarse. "Descubrí que las instituciones católicas no explicaban al público por qué un hospital o una escuela debe observar el mandamiento más importante: amar a Dios y a los demás como Él nos ha amado, tanto en la expresión sexual como en la social. Muchas veces, la gente ve que estas instituciones simplemente brindan sus servicios de la misma manera que lo haría una institución secular, y se callan sobre otro tipo de asuntos", comenta. 

Helen escribió el libro como ayuda. "Mi propósito es ayudar a las instituciones católicas a hacerlo mejor: a que puedan expresar su naturaleza de testigos de Cristo. Quise mostrar a los empleados y dirigentes de esas organizaciones que el amor cristiano es indivisible. Que el amor que estas instituciones muestran a sus clientes, pacientes, empleados y estudiantes es el mismo que el del Buen Samaritano, que insiste en que permanezcamos fieles a un cónyuge, evitemos usar sexualmente a otros y respetemos la vida de los niños", explica.

HospitalA veces, las instituciones católicas prestan servicios de la misma forma que las seculares.

La autora considera que las instituciones religiosas no se pueden dejar manipular. "Los jóvenes sufren un déficit muy grande de compromiso, una falta de comprensión profunda del significado del sexo. Esto podría estar provocado por la falta de un padre cercano, la separación de sus familias, el cuestionar el sexo biológico dado, el aborto, el divorcio, etc. Los poderes fácticos están caricaturizando las enseñanzas de la Iglesia y las tachan de hirientes, anti-mujeres y anti-LGBT. Han puesto 1000 denuncias para amordazar los valores cristianos", apunta.

Helen apunta un cambio de rumbo. "Veo muchos libros y artículos de personas que siguieron en su día las recetas de la revolución sexual y sufrieron mucho. Ahora, ellos, están contando sus historias para advertir a las generaciones futuras de que no vayan por ahí. Una amplia gama de académicos, tanto de izquierda como de derecha, está llegando a la conclusión de que separar el sexo del matrimonio no es lo que pensaban, y que se convierte en particularmente destructivo para los más vulnerables", comenta. 

La escritora denuncia el inmenso poder que tienen los contrarios a los valores cristianos. "Cuando observas el poder de los medios de comunicación, la industria del entretenimiento, el Gobierno federal y algunos estados, te das cuenta de que estamos muy lejos todavía. Toda esta lista de poderosos apoyan los peores excesos de la revolución sexual, y tienen el dinero, las leyes, los canales y, a menudo, los títulos académicos para hacer que los disidentes se vean y se sientan impotentes, irracionales y mezquinos", advierte.

Pero, concluye, animando a ser optimistas. "Nunca se puede olvidar el poder que tiene la verdad, los pequeños grupos con principios y las personas que atraen con sus vida a otra mucha gente. Y, por supuesto, hay que tener presente el poder de nuestro Dios, que nos ama y que quiere que conozcamos este amor y lo compartamos los unos con los otros. Nadie sospechó que, a día de hoy, las voces que apoyan la integridad sexual y el compromiso conyugal cristiano fueran a estar vivas todavía" relata Helen.

ReL

Vea también    La respuesta cristiana al secularismo































lunes, 14 de febrero de 2022

El suicidio de una civilización humanista


 

El suicidio de una civilización humanista

Russel Ronald Reno, polemista y editor católico norteamericano, analiza en El retorno de los dioses fuertes. Nacionalismo, populismo y el futuro de Occidente, Ed. Homo Legens, 2020, (284 págs.) cómo, después de la II Guerra Mundial y con la intención de evitar la posibilidad de que se repitiese la experiencia de 1914 a 1945, se formó lo que denomina "el consenso de posguerra" consistente en recrear una cultura que excluya "los dioses fuertes" (verdad, Dios, nación, etc) que se supone llevaron a la gran crisis de la primera mitad del siglo XX. Se trató de construir una sociedad en que las grandes verdades fuesen puestas bajo la desconfianza colectiva y sustituidas por convicciones suaves y adaptables, donde solo importen las pequeñas cosas cotidianas y no las grandes verdades que se supone abocan necesariamente a la intolerancia y la violencia.

Reno  comienza su exégesis intelectual de esta lucha contra "los dioses fuertes" con el estudio de la obra de Popper y Hayek, promotores de la sociedad abierta frente a las pasadas sociedades cerradas; y continua con Friedman, Derrida y Vattimo, entre otros autores menores. Identifica así Reno los autores que considera más significativos en la construcción durante la segunda mitad del siglo XX de la actual sociedad tan abierta que carece de convicciones de ningún tipo y rechaza cada vez con más virulencia y agresividad cualquier pretensión de verdad objetiva como si la pretensión de verdad fuese en sí misma una manifestación de la vuelta del fascisno y el totalitarismo.

La tesis de Reno –quizá discutible en su unilateralidad- es que ese intento ha tenido éxito pero sus frutos no son los esperados por sus teóricos: la nueva sociedad abierta carece de alma y de amores compartidos y comienza a autodestruirse dividida en tribus fanáticas cada una de los suyo (por ejemplo, las políticas de identidad) sin nada en común.

Para Reno los nuevos populismos son la expresión de la vuelta por la puerta de atrás de esos dioses fuertes que quisimos matar y reaparecen en forma de pasiones más o menos atávicas y tribales en el seno de sociedades sin alma ni amores compartidos.

El libro de Reno es esperanzado y animante en su conclusión: en la primera mitad del siglo XX los dioses fuertes enloquecieron en forma de ideologías totalitarias e inhumanas, pero el intento de la segunda mitad de sustituirlos por dioses débiles no ha funcionado y está provocando los mismos males que quería evitar. Toca reconstruir una sociedad de amores y verdades fuertes, pero no locos. Esta es la tarea de esta época.

Coincido básicamente con el análisis de Reno: el gran problema de esta época es que nos hemos automutilado voluntariamente y de forma suicida de nuestra capacidad de verdad. Desconfiamos de la razón, de la posibilidad de acceder a verdades compartidas sobre el bien y el mal, renunciamos al diálogo como camino para identificar en común lo valioso … y así poco a poco ya no tenemos nada en común que compartir. Se produce, en consecuencia, una sociedad de individuos aislados, sin identidad ni tradición y sin seguridades morales ni valores compartidos. Y eso no es un paraíso de tolerancia, sino un inmenso vacío de individuos aislados e inseguros que sienten que la única forma de recrear identidad y lazos es crear tribus unidas por algún rasgo secundario como el sexo, el color, la orientación sexual, el sentimiento nacional o local o el odio a alguien.

Caminamos hacia la destrucción del sentimiento básico de ciudadanía compartida basada en la común dignidad humana y en las identidades fuertes que proporcionaban la familia, la religión y el pueblo de pertenencia;  y así creamos el caldo de cultivo de las nuevas tribus que intentan imponer -incluso violentamente- sus peculiares señas de identidad tribal al resto de la sociedad. Quienes soñaron en el siglo XX con un mundo sin familia ni religión, convertido en un mercado universal sin fronteras y de consumidores sin lazos personales que viven felices una vez erradicada la religión concebida como fuentes de conflictos y guerras, se han equivocado totalmente y han creado un monstruo.

La solución está en la que ya identificó acertadamente Alexander Solschenizyn como la clave para derribar el totalitarismo comunista al que él se enfrentó: necesitamos gente que diga sin miedo la verdad sobre el ser humano, sobre nuestro carácter familiar y social, sobre la fuerza moral de la religión y sobre la accesibilidad razonable de ideas claras y compartibles sobre el bien. Dice el autor ruso al comprobar la dinámica liberadora que generó en la Rusia aún comunista la publicación de su primera obra, Un día en la vida de Iván Denissovich: “Yo pensaba: si la primera y diminuta gota de verdad estalló como una bomba sicológica, ¿qué ocurrirá en nuestro país el día en que la verdad resplandezca con toda su claridad? Y resplandecerá, es inevitable” (cfr. Archipiélago Gulag, ed. Círculo de Lectores, Barcelona 1974, pág. 254).

Solschenizyn acertó: así cayó el comunismo, a impulso de gentes valientes que no tuvieron miedo de decir la verdad sobre la sociedad en que vivían. Reno con esta obra se suma hoy a ese mismo movimiento.

Benigno Blanco, ReL

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