Los inesperados frutos de la oración en familia en la cuarentena por la pandemia de Covid
Uno de los frutos más grandes que ha dado esta cuarentena interminable es el descubrir la oración en familia.
Habíamos empezado a hacerla en Cuaresma como una tradición cristiana familiar, y terminó extendiéndose mucho más allá de lo planificado.
Con tantas historias dramáticas que veíamos alrededor del mundo y viendo cómo la enfermedad iba aproximándose a nuestro país y que el desastre era inevitable, continuamos con aquella promesa hecha a finales de febrero.
Cada noche nos uníamos en oración con mi esposo y mis tres hijos de 14, 12 y 4 años.
Al principio, las oraciones costaban, las intenciones eran escasas y superfluas. Conforme los días fueron pasando, empezamos a ver que cada uno se extendía cada vez más en sus peticiones, empezaban a interiorizarse las intenciones, imaginando las diferentes situaciones de aquellos que podían estar sufriendo.
Mi niña más pequeña empezaba a pensar en la soledad de los abuelos, de sus abuelos. Pensaba que sería bueno que tuvieran una mascota, una que no diera alergias decía.
Otro de mis hijos empezaba a descubrir sus debilidades y pedía fortaleza en cada una de ellas.
Algunas noches, las oraciones me producían lágrimas, porque a pesar del encierro y de las circunstancias, solo podía agradecer en silencio por la belleza de esos momentos, por el tesoro de cada uno de ellos y de sus voces, por la unidad de la familia y la bendición de tener a Dios en casa para poder interceder por aquellos que realmente necesitaban de oraciones.
Incluso los ue menos fe tenían en este círculo de oración empezaban a pedir fe y a agradecer por las oraciones respondidas.
En ocasiones, la más pequeña tenía arrebatos de ateísmo, y empezaba a debatir sobre si Dios existía o no existía. Y tocaba hacer pequeñas reflexiones.
Concluía pidiendo a María que cuide bien a su hijo, quizás pensando en que lo había visto tantas veces crucificado. Pero estas reflexiones eran maravillosas.
No siempre la atmósfera era la mejor. Había momentos en que los gritos abruptos entre los juegos y las peleas de los niños rompían la armonía del momento previo a la oración, y costaba mucho hacerla.
Sin embargo, creo que en muchos hogares cristianos la oración ha tenido un proceso de maduración intenso. Ha transformado los hogares, uniendo corazones, abriendo caminos, solidarizando los corazones con muchas situaciones al interior y al exterior de la familia.
Jamás pensé que una costumbre tan dejada de lado por muchas familias cristianas pudiera dar tantos frutos…
Estoy segura de que, al interior de este hogar, hay mucha más paz ahora que en 18 años de matrimonio, más bendiciones que en ningún otro momento.
La oración en familia, las reflexiones unidos, el rezo del Rosario y la bendición de las comidas son actividades que suponen un “estar” en presencia de Dios, de quien el alma de la familia se alimenta y se transforma.
Es al cobijo de Dios Padre como podemos encontrar la armonía, hacernos más humildes, más dóciles a la voluntad de Dios y más fuertes en nuestra fe. Aunque no lo veamos, lo podemos “reconocer” en los frutos producidos en cada una de nuestras almas.
Muchas cosas han cambiado en la vida y en el mundo, muchas situaciones nos han quebrado y nos han obligado a renacer, muchas más nos harán ver que somos vulnerables y débiles lejos de Dios.
Pero estamos con Él, aunque sobrevenga el dolor y la enfermedad.
El abrazo de Dios, de Su voluntad, es un bálsamo bien recibido pues tenemos fe en Su presencia, en Su entrega y en Su amor.
Hoy me pongo a pensar: cuánta riqueza inesperada tenemos hoy y que pobres éramos antes…
El hábito no hace al monje -o la monja- pero lo identifica, y eso es lo que llamó la atención de esta joven religiosa que corre con el hábito de su comunidad.
Aquí puedes ver el video de esta religiosa corriendo con su hábito
El tweet en inglés, dice: “No lo puedo creer. Acabo de ver una monja que conozco en TikTok”
¡Y el video nos muestra una religiosa que corre a un muy buen ritmo con su hábito puesto!
La persona que graba dice: “Es una monja corriendo”. La otra persona que aparece en la grabación le grita: “En nombre del Espíritu Santo, vaya, hermana” a lo que la religiosa contesta “Amén“.
El video se hizo viral en las redes. ¿Quién es esta simpática religiosa que corre con su hábito?
La misma persona que comparte el video -y reconoce a la hermana- dice: “Hna Inés de las Siervas del Corazón de Jesús. Qué reina”.
Y al parecer, el deporte es algo que la hermana Inés disfruta.
Otra usuaria comenta: “La Hna. Inés se enamoró de mi bebé hace 2 años (tenía 3 días) y jugó kickball con mis hijos (y yo, no en la foto). ¡Qué bueno tener a estas hermanas cerca!”.
La usuaria que compartió el video menciona: “Un dato curioso sobre esta orden es que tan solo se fundó en 2009, pero ya tienen más de 20 hermanas. Muy genial :)”.
Aquí puedes ver más fotografías de la comunidad a la que pertenece esta religiosa. ¡Son muy divertidas y devotas!
En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la muchedumbre: “El Reino de los cielos es semejante a la semilla de mostaza que un hombre siembra en su huerto. Ciertamente es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando crece, llega a ser más grande que las hortalizas y se convierte en un arbusto, de manera que los pájaros vienen y hacen su nido en las ramas”. Les dijo también otra parábola: “El Reino de los cielos se parece a un poco de levadura que tomó una mujer y la mezcló con tres medidas de harina, y toda la masa acabó por fermentar”. Jesús decía a la muchedumbre todas estas cosas con parábolas, y sin parábolas nada les decía, para que se cumpliera lo que dijo el profeta: Abriré mi boca y les hablaré con parábolas; anunciaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo.
La gracia de Dios es una semilla que no hay que sofocar, que tampoco hay que exponer mucho. Se debe alimentar en el corazón sin demasiado mostrarla delante de los hombres.
De dos tipos de gracia, aparentemente pequeñas, dependen nuestra perfección y salvación. Primer gracia, una luz que nos hace descubrir una verdad. Tenemos que recogerla con cuidado y velar a que no se apague por nuestra falta, servirnos de ella como regla para nuestras acciones y ver a dónde nos conduce. Segunda gracia, un movimiento que nos lleva a realizar una acción de virtud en ciertas ocasiones. Tenemos que ser fieles a esos movimientos, porque esa fidelidad puede ser el centro de nuestra felicidad.
Dios nos puede inspirar una mortificación en ciertas circunstancias. Si escuchamos su voz, quizás producirá en nosotros grandes frutos y santidad. En cambio, despreciar esta pequeña gracia puede tener funestas consecuencias, como ha ocurrido a ciertos favorecidos por ella, que cayeron en desgracia por no haberla ayudado. (EDD)
Se convirtió al catolicismo siguiendo los pasos de su esposa y del joven Jerry
Son muchos los cantantes cristianos en Estados Unidos que hacen música country, pero pocos son católicos, porque el epicentro de esa música se encuentra en sureño Bible Belt [Cinturón de la Biblia]. Craig Morgan nació allí, en Tennessee. Su conversión es reciente y tiene mucho que ver con un drama, la muerte de uno de sus cuatro hijos, que dio origen a una canción de éxito. Lo cuenta K.V. Turley en el National Catholic Register:
I've been beat up, I been pushed and shoved, but never really knocked down. But the pain of this was more Than I'd ever felt before. Yeah, I was broke.
[Me han golpeado y empujado, pero nunca derribado.
Pero este dolor ha sido más
fuerte que ningún otro.
Sí, estaba destrozado.]
En julio de 2016, Craig Morgan perdió a su hijo Jerry.
Durante un viaje familiar, su hijo, de 19 años, se ahogó en un accidente en el Lago Kentucky, en Tennessee. Ese día de julio, el dolor que sintió Morgan superó a cualquier otro dolor sentido hasta ese momento, era imposible de soportar. Sigue sin poder hablar de lo que pasó ese día.
Tres años más tarde, en julio de 2019, Morgan subió al escenario del Grand Ole Opry de Nashville. Ante un auditorio lleno a rebosar, interpretó una canción cuya letra -explicó más tarde- le vino en sueños, y que sólo puede haber sido escrita por inspiración divina. "Dios me ha utilizado para escribir esta canción", afirma. "He sido el instrumento por Él utilizado. Es un testamento a Dios y Él se ha servido de mí para escribirlo".
In the mornings I wake up, give her a kiss, head to the kitchen,
Pour a cup of wake-me-up and try to rouse up some ambition,
Go outside, sit by myself but I ain't alone:
See, I've got the Father, my son, and the Holy Ghost.
[Por las mañanas me levanto, la beso, me dirijo a la cocina,
me tomo algo para despertarme e intento tener algo de ambición,
salgo, me siento, solo, pero no estoy solo:
sabes, tengo al Padre, a mi hijo y al Espíritu Santo.]
La canción que cantó esa noche se titula The Father, My Son, and the Holy Ghost [El Padre, mi hijo y el Espíritu Santo]. La emoción en carne viva de su letra llegó al corazón de muchos, ganándose el favor inmediato de parte de la audiencia. Sin la ayuda de una casa discográfico o una radio, la canción se situó inmediatamente en lo más alto de la lista de venta de canciones descargadas digitalmente. El video en YouTube supera los tres millones de visitas.
Lo que una buena parte del público no sabía en ese momento es que, en la Vigilia Pascual de 2017, Morgan fue recibido en la Iglesia católica, llegando al final de un viaje que Craig había iniciado con su hijo Jerry, que estaba recibiendo instrucción en la fe católica cuando murió. The Father, My Son, and the Holy Ghost habla del dolor de Morgan por la pérdida de su hijo. Pero también de esa nueva fe católica que el cantante ha encontrado.
Ha pasado un año desde esa actuación en el Grand Old Opry y Morgan habla con el Register desde Nashville, donde vive con su esposa, Karen, y su familia.
Cantando en medio del dolor
Morgan recuerda que, cuando bajó del Grand Ole Opry en medio de un caluroso y sentido aplauso, sintió que nunca más podría volver a cantar esa canción. El tema le dolía mucho. Sin embargo, su amigo Ricky Skaggs, cantante de bluegrass y miembro del Country Hall of Fame, le dijo en ese mismo instante: "Tienes que cantar esta canción durante el resto de tu vida".
La afirmación de Skagg ha demostrado ser más una profecía que una observación, puesto que ha dado un nuevo impulso a la carrera de Morgan. Tras el éxito cosechado con la misma, firmó un contrato con Broken Bow Records. Sin embargo, The Father, My Son, and the Holy Ghost le ha dado algo más: Morgan se dio cuenta inmediatamente de la fuerza que tiene la canción en su capacidad de ayudar a las personas a lidiar con la pérdida de un ser querido, tal como le sucedió a él.
Craig Morgan, con su hijo Jerry, fallecido a los 19 años cuando se preparaba para entrar en la Iglesia católica.
"Sabes, hubiera preferido que nada de eso hubiera sucedido y que Jerry estuviera aquí", nos dice Morgan. "Pero las cosas no son como yo quiero. Y ahora Jerry está en un lugar en el que todo lo que ocurre tiene un significado distinto". Y añade: "Dios ha guiado todo esto".
Cuando la canción estaba en lo más alto en las listas de éxitos, Morgan apareció en el programa televisivo Today. Cuando el presentador le preguntó sobre la naturaleza personal de la canción, Morgan respondió: "Me duele cantarla. No es un canción que me gusta cantar, pero sé que es importante que lo haga... Creo que es lo que Dios quiere que haga, así que lo hago aunque me duela".
I cried and cried and cried until I passed out on the floor.
Then I prayed and prayed and prayed till I thought I couldn't pray anymore.
[Lloré y lloré y lloré hasta que me desvanecí en el suelo.
Y luego recé y recé y recé hasta que pensé que ya no podía rezar más.]
Nativo de Tennessee
Craig Morgan Greer nació en Tennessee en 1964. Dieciocho años más tarde se alistó en el ejército, donde sirvió activamente durante nueve años y medio como miembro de las Divisiones Aerotransportadas 101 y 82. Luego permaneció en la reserva durante seis años y medio. Durante este tiempo en el ejército, prestó servicio activo en tres zonas de guerra.
Cuando dejó el ejército, Morgan volvió a Tennessee donde, para sostener a su joven familia, trabajó en la construcción, como guardia de seguridad y empleado en Walmart. Entonces decidió intentar algo que deseaba hacía tiempo: contar historias cantando.
En 2000, Atlantic Records publicó el primer album de Morgan, Craig Morgan. Entró en la lista de éxitos de venta y tres de sus canciones fueron hits como singles. Su camino estaba trazado. Desde entonces, Morgan ha estado diecisiete veces en la lista Billboard de su país y seis de sus singles han alcanzado la lista de los "10 principales". No sólo ha sido un cantante de éxito en el mundo de la música country, sino que es un artista que ha mantenido una inusual popularidad entre los fans del género. Este año va a empezar la mayor gira de su carrera.
The Father, My Son, and the Holy Ghost no sólo ha dado un nuevo impulso a la carrera de Morgan, sino que ha transformado su vida. "Cuando Jerry murió", reflexiona Morgan, "yo no era católico, no formaba parte de la Iglesia de Dios. Creía que así es como Dios quería que fueran las cosas".
El viaje del cantante hacia la Iglesia se debe, en gran parte, a su esposa, Karen. Ella estudiaba teología cuando conoció a Morgan y ha seguido siendo una firme estudiosa de la fe cristiana a lo largo de sus 31 años de matrimonio. A mediados de la última década, esos estudios la llevaron a la Iglesia católica, lo que confundió a Morgan, que a menudo le decía a su esposa que, en temas como la devoción a la Virgen María o la composición de la Biblia, la postura católica era, sencillamente, "errónea".
Craig, con su esposa Karen, en una ceremonia de los Country Music Awards.
Y para refutar el modo de pensar de su esposa, empezó a estudiar todas estas temáticas católicas. Fue entonces cuando descubrió, respecto al número de libros que conforman la Biblia, que la postura católica seguía siendo la misma desde hacía 1.500 años, muy anterior a la de Martín Lutero. Fue entonces cuando Morgan se preguntó: si los católicos tenían razón en esto, ¿en qué más tenían razón?
Desde su entrada en la Iglesia, Morgan intenta ir a misa cada día. Lucha por permanecer en presencia de Dios mientras realiza sus tareas diarias. Reza el rosario. "San José es mi santo", dice con una sonrisa. Tal vez sea normal que vea en el Santo Patriarca un modelo y una fuente de ayuda. Su antigua desconfianza protestante respecto a la Virgen ha desaparecido por completo. Ahora se refiere a ella como el auxilio que ha tenido en estos años desde la muerte de Jerry; ha pedido su intercesión, ha sido para él "el oído de Nuestro Señor".
La misión a través de la música
Para Morgan, su misión es ayudar a los demás. Sin duda, al hacerlo, se ayuda a sí mismo a sanar. Cuando se le oye hablar de su deseo de ayudar a los demás es evidente que esto no es algo nuevo para él. Y cuando se le pregunta sobre un incidente de hace unos años, es reacio a hablar de ello, y esto es indicativo del tipo de hombre que es.
Dios, familia, Patria: el último álbum de Craig Morgan.
En febrero de 2011, Morgan estaba con Jerry en Dickson (Tennessee), cuando vio una casa en llamas. Morgan se precipitó hacia allí y encontró a una mujer desconsolada en el exterior pidiendo ayuda: sus dos hijos estaban atrapados dentro. Morgan entró sin dudarlo dentro de la casa y, a pesar del humo, encontró a uno de los niños. Lo cogió y lo sacó, entregándoselo a la madre. El antiguo soldado volvió a entrar una segunda vez. Encontró al otro niño, que estaba aterrorizado, y también lo sacó. Entonces llegaron los bomberos. Morgan cogió una manguera y ayudó a apagar el incendio.
Es triste que, cinco años después de estos hechos, su hijo muriera.
El 24 de enero de este año, aniversario del cumpleaños de Jerry, Morgan publicó en su página de Facebook el siguiente tributo: "Nació hace 23 años, Dios nos lo entregó. Parece que fue ayer cuando jugábamos a pelearnos en el campo o nos tumbábamos en el tejado para mirar las estrellas, llenos de amor y felicidad por todo lo que la vida nos daba. Con Jerry había más días buenos que malos, más risas que ira, más sol que lluvia. Su tiempo en la tierra influyó de manera positiva en todos los que lo conocieron. Le enseñó mucho al maestro. Porque sé que su fe en Dios era real, sé que lo volveré a ver. Hoy celebramos su cumpleaños. Gracias, Señor. Rezo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, él ve el amor que sentimos por él. Te echamos de menos".
Sanación y esperanza
I heal a little more each day inside;
I won't completely heal till I go home.
...
One day I'll wake up and I'll be home
With the Father, my son, and the Holy Ghost.
[Dentro de mí, cada día sano un poco más;
No sanaré totalmente hasta que vuelva a casa.
...
Un día me despertaré y estaré en casa
Con el Padre, mi hijo y el Espíritu Santo.]
. Traducción de Elena Faccia Serrano.
La instrucción de la Congregación para el Clero regula el funcionamiento interno de la parroquia y de sus diversos Consejos.
La Santa Sede dio conocer este lunes la instrucción La conversión pastoral de la comunidad parroquial al servicio de la misión evangelizadora de la Iglesia, firmada por el cardenal Bienamino Stella, prefecto de la Congregación para el Clero, con fecha 29 de junio.
Este documento, subraya la Oficina de Prensa del Vaticano, aborda la pastoral de las comunidades parroquiales buscando "una mayor corresponsabilidad de todos los bautizados" en el "respeto a la vocación de cada cual", al mismo tiempo que se subraya "el papel del párroco como 'pastor propio' de la comunidad", entregada a la "única misión evangelizadora de la Iglesia".
Opción misionera
En el texto, la instrucción realza las "experiencias nuevas" de los últimos decenios que han valorado "la dimensión de la comunión... realizando, bajo la guía de los pastores, una síntesis armónica de carismas y vocaciones al servicio del anuncio del Evangelio".
Considera que estas iniciativas constituyen "una preciosa ocasión para la conversión pastoral en sentido misionero": "Una invitación a las comunidades parroquiales a salir de sí mismas, ofreciendo instrumentos para una reforma, incluso estructural, orientada a un estilo de comunión y de colaboración, de encuentro y de cercanía, de misericordia y de solicitud por el anuncio del Evangelio".
El objetivo es que "las comunidades cristianas sean centros que impulsen cada vez más el encuentro con Cristo" y "una decidida opción misionera".
La vida parroquial ha cambiado mucho por dos signos de nuestros tiempos: la movilidad y la digitalización. Sigue siendo la respuesta "a una precisa exigencia pastoral: acercar el Evangelio al pueblo a través del anuncio de la fe y de la celebración de los sacramentos". Pero su "configuración territorial... está llamada a confrontarse con una característica peculiar del mundo contemporáneo, en el cual la creciente movilidad y la cultura digital han dilatado los confines de la existencia. Por una parte, la vida de las personas se identifica cada vez menos con un contexto definido e inmutable, desenvolviéndose más bien en 'una aldea global y plural'; por otra, la cultura digital ha modificado de manera irreversible la comprensión tanto del espacio como del lenguaje y los comportamientos de las personas, especialmente de las generaciones jóvenes".
"Habiendo dejado de ser, como en el pasado, el lugar primario de reunión y de sociabilidad, la parroquia está llamada a encontrar otras modalidades de cercanía y de proximidad respecto a las formas habituales de vida. Esta tarea no constituye una carga a soportar, sino un desafío para ser acogido con entusiasmo", señala la instrucción.
Por ello, "la mera repetición de actividades sin incidencia en la vida de las personas concretas, resulta un intento estéril de supervivencia, a menudo acogido con una general indiferencia. Si no vive del dinamismo espiritual propio de la evangelización, la parroquia corre el riesgo de hacerse autorreferencial y de esclerotizarse, proponiendo experiencias desprovistas de sabor evangélico y de impulso misionero, tal vez destinadas solo a pequeños grupos".
De ahí que pida, ante todo, que "la parroquia sea un 'lugar' que favorezca el 'estar juntos' y el crecimiento de relaciones personales duraderas, que permitan a cada uno percibir el sentido de pertenencia y ser amado".
Reestructuración de la vida parroquial
Tras estas consideraciones generales, el documento profundiza en una detallada perspectiva canónica y organizativa para regular las posibles agrupaciones y fusiones de parroquias y otras formas de estructurar la vida parroquial y de distribuir en ellas las respectivas competencias de párrocos, consagrados y laicos.
Son elementos destacados:
-la instrucción recuerda que para la agrupación o supresión de parroquias "no son causas legítimas... la disminución del clero diocesano, el descenso demográfico o una grave crisis financiera de la diócesis" (n. 51);
-el oficio de párroco "comporta la plena cura de almas" y, por tanto, para ser nombrado párroco es imprescindible ser sacerdote, "excluyendo cualquier posibilidad de nombrar a quien no posea este título o las relativas funciones, incluso en caso de carencia de sacerdotes" (n. 66);
-el párroco tiene "un deber moral, aunque no canónico", de presentar su renuncia a los 75 años, sin que ello implique el cese inmediato de su oficio hasta ser aceptada por el obispo, quien, por otro lado, "puede" ofrecérsela al cumplir esa edad (n. 72);
-la cura pastoral de una comunidad cuando no pueda designarse un párroco por escasez de clero puede encargársele "a un diácono, una persona consagrada o un laico, o incluso a un conjunto de personas (por ejemplo, un instituto religioso, una asociación)" (n. 87), pero se trata de una "solución extraordinaria" para la cual "se requiere preparar adecuadamente al Pueblo de Dios, teniendo cuidado de adoptarla solo por el tiempo necesario, no indefinidamente" (n. 89). La coordinación de la actividad pastoral en este caso "compete al presbítero designado por el obispo diocesano como moderador; este sacerdote tiene de modo exclusivo la potestad y las facultades propias del párroco" (n. 91). Por tanto, "los diáconos, las personas consagradas y los laicos, que tienen roles de responsabilidad en la parroquia, no sean designados con las expresiones 'párroco', 'co-párroco', 'pastor', 'capellán', 'moderador', 'responsable parroquial' o con otras denominaciones similares, reservadas por el derecho a los sacerdotes, en cuanto que hacen alusión directa al perfil ministerial de los presbíteros" (n. 96);
-en cuanto al Consejo pastoral parroquial, la instrucción recuerda que “solo tiene voto consultivo”, en el sentido de que "sus propuestas deben ser acogidas favorablemente por el párroco para llegar a ser operativas" (n. 113);
-sobre las necesidades materiales de la parroquia, el documento señala la importancia de "sensibilizar a los fieles para que contribuyan voluntariamente" a ellas, dado que son "suyas propias” y es bueno "que aprendan espontáneamente a responsabilizarse, de modo especial en aquellos países donde el estipendio de la Santa Misa sigue siendo la única fuente de sustento para los sacerdotes y también de recursos para la evangelización" (n. 119). "Esta sensibilización podrá ser tanto más eficaz cuanto más los presbíteros, por su parte, den ejemplos 'virtuosos' en el uso del dinero, tanto con un estilo de vida sobrio y sin excesos en el plano personal, como con una gestión de los bienes parroquiales transparente y acorde no con los 'proyectos' del párroco o de un reducido grupo de personas, tal vez buenos, pero abstractos, sino con las necesidades reales de los fieles, sobre todo los más pobres y necesitados" (n. 120).
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo. El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra.
“Fue a vender todo lo que tenía y la compró” (Mt 13, 46)
Nuestro Señor Jesucristo ha insistido frecuente y enérgicamente: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga” (Mt 16,24). (…) Afirmaba: “Si quieres ser perfecto, ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres: así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme” (Mt 19,21).
Para los que saben comprender, la parábola del negociante quiere decir lo mismo: “El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró” (Mt 13,45-46). La perla preciosa designa aquí al Reino de los cielos. El Señor nos muestra que es imposible obtenerla si no abandonamos lo que poseemos: riqueza, gloria, nobleza de nacimiento y todo lo que otros buscan ávidamente.
El Señor también declaró que es imposible ocuparse convenientemente de lo que se realiza, cuando el espíritu es solicitado por otras cosas: “Nadie puede servir a dos señores” (Mt 6,24). Por eso, “el tesoro que está en el cielo” es el único que tenemos que elegir para apegar nuestro corazón: “Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón” (Mt 6,20). (…) Se trata de llevar nuestro corazón a la vida del cielo, con el fin de poder decir “nosotros somos ciudadanos del cielo” (cf. Flp 3,20). Sobre todo, es devenir semejantes a Cristo, “que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros” (cf. 2 Cor 8,9).
Desde el respeto de la diversidad a evitar querer cambiar al otro. Así, el amor eterno ya no es una quimera
¿Estás enamorado pero infeliz? ¿Piensas que tu pareja necesita una inyección de energía? Encontrar el equilibrio y la felicidad con la pareja es un recorrido lleno de obstáculos.
El profesor Robert Cheaib, teólogo, profesor en la Univesidad Católica del Sagrado Corazón en Roma y la Universidad Pontificia Gregoriana, en Il gioco dell’Amore (El juego del amor) presenta diez pasos para que una pareja se encamine hacia la felicidad. Diez consejos prácticos y útiles que volverán más sereno tu futuro.
“Este libro –comenta Cheaib– pretende ir más allá del falso mito de que la pareja feliz es una empresa fácil. Feliz y fácil no siempre van de la mano. Por otro lado, feliz y difícil no son antónimos, ni siquiera en el diccionario.
La pareja es un camino, y cuando se camina se tiene menos equilibrio que cuando se está quieto o sentado. Pero los descubrimientos, los encuentros y las experiencias que se tienen mientras se camina valen completamente el riesgo de ponerse en marcha. Si ponerse en camino es arriesgado, estar inmóviles es mortal, es la muerte”.
Y entonces aquí tienes los diez pasos para volar hacia una posible felicidad.
1) Estar bien incluso en soledad
La incapacidad de saber estar solos empuja a las personas a refugiarse en el amor como antidepresivo, como droga, como sedante y a construir parejas hechas de individuos que se refugian en el amor desde su identidad incierta.
El arte de saber estar bien solos, en cambio, abre a un gran privilegio: el de poder elegir con quién estar.
La soledad fecunda y rica nos restaura a nosotros mismos y nos permite compartir con el otro no sólo cosas, no sólo experiencias, no sólo la lista de la compra, sino a nosotros mismos, nuestra misma valiosa vida.
Es bueno casarse con la propia soledad antes de casarse.
2) Respetar (y perdonar) la diversidad
Un dicho anglosajón afirma que no se debe juzgar a una persona antes de haber recorrido una milla con sus zapatos.
Para recorrer una milla con los zapatos de alguien más, debo quitarme primero que nada los míos, esforzándome por llegar a ese difícil desapego de mi subjetividad.
Sólo quien se atreve a vivir la aventura de la alteridad vive un encuentro comprometedor y feliz. Tener pareja sin el intento de ponerse en los zapatos del otro es un preanuncio de desventura asegurada.
Si no estoy listo para la aventura de la alteridad, me encuentro en una condición narcisista de atravesar al otro en busca de mí mismo.
Me engaño al ver al otro y veo visiones y, en realidad, imprimo mi imagen bajo el disfraz del nombre y el rostro del otro.
Lo primero que tenemos que reconocer en el otro es su diversidad. Lo primero que tenemos que perdonar en el otro es su alteridad.
3) Los riesgos de la familiaridad
La pareja es un nido, un refugio, un espacio precioso. Le preguntó el discípulo al maestro: “¿Cuál es el peligro más grande para la vida en común?”. La respuesta decidida y lapidaria fue: “La familiaridad”.
Familiaridad es cuando estás tan habituado a una realidad que no te das cuenta. Pasas al lado o, peor aún, pasas por encima, sin pestañear.
Familiaridad es tomar al otro por descontado, olvidando que las relaciones no pueden vivir de descuentos. Dar por descontado las relaciones genera descontento.
Familiaridad es también creer que tienes el derecho, más aún el sagrado deber, de decir todo lo que “sientes” o lo que te pasa por la cabeza.
Ser uno mismo no equivale a abandonarse a las propias emociones que vienen y van. Ser uno mismo es también estar en control de los propios sentimientos y de los propios cambios de humor. Ser uno mismo es dominar los propios instintos y frenar la propia lengua.
4) Ser exigentes
No se puede amar condicionadamente: “te amo si”, “te amo pero”. Cuando se ama a alguien, se ama por sí mismo. Teniendo en mente el principio de reciprocidad en la exigencia. Exigir es incitar, no exprimir. Es contribuir delicadamente a la floritura de la libertad con el calor de un amor incondicional.
El amor tiene las exigencias de “eternidad”. Pero no sólo.
Incluso exigencias de responsabilidad. Ser responsable de alguien es poder responder por los propios gestos en relación a él y custodiar siempre el espacio de su respuesta.
Responsabilidad implica premura. La premura garantiza la acogida y el cuidado por la existencia del otro. Es una dimensión “materna” que marca el amor que no puede ser condicionado.
5) No actuar como “psicólogos”
Muchas personas se desilusionan del otro, no porque sea malo, sino simplemente porque no las completa.
Esperaban, al estar con esa persona, no aburrirse o sentirse solas y no tener que hablar más porque el otro las habría entendido inmediatamente… en cambio se encuentran con una maldita alteridad, a la que se le necesita explicar todo y repetidamente.
Nadie, pero realmente nadie, puede volverse una presencia total y totalizante en nuestra vida. No idealizar. La persona que encontrarás, o con la que ya estás, no es Dios, sino al máximo un don de Dios.
No es un salvador, ni un salvavidas, sino una persona como tú que necesita salvación.
A propósito de “salvadores”, uno de los grandes errores – especialmente de las personas con el carácter de cruz roja, de madre Teresa o con el síndrome de Jesucristo – es estar con una persona para salvarla, para repararla.
No se puede vivir sanamente una relación a dos niveles y con dobles papeles: no se puede ser el novio y el psicólogo de tu novia.
6) Buen humor
El deseo de amor necesita una seguridad lúcida que le dé la dosis de paz necesaria para permanecer y construirse, pero necesita también de ese toque de lucidez, de novedad y renovación.
Necesita esa pizca de aventura que se regala con la sorpresa recreativa del humor y le permite superar sus desventuras.
Ser lúdico es relativizar sus experiencias, incluso las más bellas… incluso la del amor. La sabiduría de la sonrisa sabe introducir la efervescencia de novedad en la pareja, pero sabe también simpatizar con la familiaridad, con las cosas que no cambian.
7) Morir para saber escuchar
El amor mata el egoísmo para salvarte del ahogo en ti mismo y salvar la pareja de la vorágine del egoísmo a dos. Quien quiere amar realmente, debe salir de sí mismo.
Salir de sí, luego, no siempre es un éxtasis agradable. Es confiar en lo ignoto, como una semilla que se encomienda al frío y a la oscuridad de la tierra, para morir. Sólo aceptando esta “sepultura”, la semilla puede “resurgir” y dar fruto.
Zanjar el propio egoísmo significa haber aprendido a dialogar con el otro. En todo diálogo verdadero hay una muerte a sí mismo, porque la parte esencial del diálogo es la escucha.
Escuchar no es sólo oír, es escuchar los sentimientos que se hacen palabras. Es un gesto de “com-pasión”, de compartir y de acoger el pathos del otro.
8) Resurgir para relanzar
Hay muchas ocasiones por las que una relación de amor llega a un momento de estancamiento. Cada intento de reactivar el dinamismo de vida parece chocar contra un muro de acero.
En situaciones de inactividad y de muerte relacional, se vuelve crucial decir “tú no morirás” porque significa “aún creo en ti”. Significa que quiero invertir nuevamente y todavía. Significa simplemente: “Te amo”.
Y en estos momentos no se debe tener miedo del contraste y la discusión constructiva. Hay personas que piensan que discutir significa no amarse más.
No soy de la filosofía de “el amor no es bello si no es peleonero”. Lo que les digo siempre a las parejas, sin embargo, es esto: no se alarmen si discuten animadamente, teman más bien la concordia sin alma.
Para recomenzar, el amor necesita de tres aliados: humildad, valentía y esperanza.
Atreverse a resurgir no siempre es el lado dramático de una relación que muere y que necesita reanimación, o resurrección.
Puede simplemente adquirir la forma de una elección renovadora del otro después de haber conocido mejor su realidad.
Es escoger al otro, no sólo cuando su atractiva novedad lo impone como perfecto, sino cuando el tiempo lo repropone en su imperfección y, con todo eso, nos atrevemos a escogerlo como perfecto para nosotros, precisamente en esta imperfección.
9) Permanecer conectados (con el mundo real)
“Atreverse a estar conectado”, es uno de los pasos más difíciles de este camino, porque implica al menos restablecer y reforzar tres conexiones: con nosotros mismos, con lo que hacemos y con los demás.
Es el compromiso de estar menos conectados con pseudo mundos wifi y más conectados y presentes en encuentros reales y vivos.
Las parejas, además, necesitan un contexto de parejas para confrontarse y consolarse. Las relaciones permiten a las parejas relativizar sus propios dramas. Y se sorprenden que ciertos dramas sentimentales se vuelven comedias que sacan alguna carcajada.
10) Acercarse a Dios
El amor no es Dios, pero gracias al éxodo del amor comenzamos a parecernos a Dios, permitimos a Dios volverse vida en nuestra vida.
Amar como Dios nos transfigura, no para hacernos dioses caprichosos que poseen al otro, sino para conformarnos a semejanza del Dios que ama donando todo y donándose a sí mismo completamente.
Estamos llamados a ser “por participación lo que Dios es por naturaleza”, por lo tanto, a ser partícipes del amor que Dios es.
La distinción entre Dios y el hombre permanece, pero la posibilidad de amar a Dios es puesta a nuestra disposición para transfigurarnos. Esta es la gran revolución.
El amor es una “virtud teologal” porque es el don puro de Dios que nos permite hacer un acto típico de Dios: amar verdaderamente.