Entradas populares

Mostrando entradas con la etiqueta Tesoro escondido en un Campo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tesoro escondido en un Campo. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de julio de 2020

El Evangelio de hoy

Mt 13, 44-46El reino de los cielos es como un tesoro escondido en un campo
El Tesoro Oculto, Grabado de Sir John Everett Millais (1829-1896), Publicado en 1864,
Grabado en madera sobre papel, © Christian Art
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo. El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra.

ChristianArt

Comentario

Bulle
San Basilio (c. 330-379)
monje y obispo de Cesárea en Capadocia, doctor de la Iglesia
Grandes Reglas Monásticas (Les Règles monastiques, Maredsous, 1969), trad. sc©evangelizo.org

“Fue a vender todo lo que tenía y la compró” (Mt 13, 46)
Nuestro Señor Jesucristo ha insistido frecuente y enérgicamente: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga” (Mt 16,24). (…) Afirmaba: “Si quieres ser perfecto, ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres: así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme” (Mt 19,21).
Para los que saben comprender, la parábola del negociante quiere decir lo mismo: “El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró” (Mt 13,45-46). La perla preciosa designa aquí al Reino de los cielos. El Señor nos muestra que es imposible obtenerla si no abandonamos lo que poseemos: riqueza, gloria, nobleza de nacimiento y todo lo que otros buscan ávidamente.
El Señor también declaró que es imposible ocuparse convenientemente de lo que se realiza, cuando el espíritu es solicitado por otras cosas: “Nadie puede servir a dos señores” (Mt 6,24). Por eso, “el tesoro que está en el cielo” es el único que tenemos que elegir para apegar nuestro corazón: “Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón” (Mt 6,20). (…) Se trata de llevar nuestro corazón a la vida del cielo, con el fin de poder decir “nosotros somos ciudadanos del cielo” (cf. Flp 3,20). Sobre todo, es devenir semejantes a Cristo, “que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros” (cf. 2 Cor 8,9).