Entradas populares

lunes, 10 de agosto de 2026

Evangelio del día - Fiesta de San Lorenzo diácono mártir



Beatos Francisco Drzewiecki , Santa Asteria de BérgamoMás...

Carta II de San Pablo a los Corintios 9,6-10.

Sepan que el que siembra mezquinamente, tendrá una cosecha muy pobre; en cambio, el que siembra con generosidad, cosechará abundantemente.
Que cada uno dé conforme a lo que ha resuelto en su corazón, no de mala gana o por la fuerza, porque Dios ama al que da con alegría.
Por otra parte, Dios tiene poder para colmarlos de todos sus dones, a fin de que siempre tengan lo que les hace falta, y aún les sobre para hacer toda clase de buenas obras.
Como dice la Escritura: El justo ha prodigado sus bienes: dio a los pobres y su justicia permanece eternamente.
El que da al agricultor la semilla y el pan que lo alimenta, también les dará a ustedes la semilla en abundancia, y hará crecer los frutos de su justicia.

Salmo 112(111),1-2.5-6.7-8.9.

Dichoso el que se compadece y da prestado.

Feliz el hombre que teme al Señor
y se complace en sus mandamientos.
Su descendencia será fuerte en la tierra:
la posteridad de los justos es bendecida.

Dichoso el que se compadece y da prestado,
y administra sus negocios con rectitud.
El justo no vacilará jamás,
su recuerdo permanecerá para siempre.

No tendrá que temer malas noticias:
su corazón está firme, confiado en el Señor.
Su ánimo está seguro, y no temerá,
hasta que vea la derrota de sus enemigos.

Él da abundantemente a los pobres:
su generosidad permanecerá para siempre,
y alzará su frente con dignidad.

Evangelio según San Juan 12,24-26.

Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto.
El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna.
El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Compartir el Evangelio en Facebook


Bulle

San Cirilo de Alejandría (380-444)
obispo y doctor de la Iglesia
Comentario al Libro de los Números, 2; PG 69, 619


«Si el grano de trigo muere, da mucho fruto»

Cristo, primicias de la nueva creación..., después de haber derribado a la muerte, resucitó y subió al Padre como una ofrenda magnífica y resplandeciente; en cierta manera, como primicia de la raza humana renovada, incorruptible... Se le podría considerar bajo el símbolo de la gavilla de las primicias del trigo que el Señor manda ofrecer al Templo a Israel (Lv 23,9). ¿Qué es lo que representa este signo?
Al género humano se le puede comparar a las espigas de un campo. Nacen de la tierra, esperan obtener su máximo crecimiento y, en el momento querido, son cortadas por la guadaña de la muerte. Por eso Cristo dice a sus discípulos: «¿No decís vosotros: Cuatro meses más y llega la siega? Pues bien, yo os digo: Alzad vuestros ojos y ved los campos que blanquean ya para la siega. Ya el segador recibe el salario, y recoge el fruto para la vida eterna» (Jn 4,35-36). Ahora bien, Cristo nació en medio de nosotros, nació de la Virgen santa así como las espigas salen de la tierra. Por eso en otra parte él mismo se nombra grano de trigo: «Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere da mucho fruto» (Jn 12,24). Así es como se ofreció él mismo al Padre por nosotros, como una gavilla y como las primicias de la tierra.
Porque la espiga de trigo, por otra parte igual que nosotros, no se la puede considerar aisladamente. Lo vemos en una gavilla formada por numerosos espigas de una sola brazada. Jesucristo es uno solo, pero es y se nos presenta realmente como si fuera una brazada, en el sentido que en él están contenidos todos los creyentes, evidentemente en una unión espiritual. Si no fuera así ¿cómo podría san Pablo escribir: «Nos ha resucitado con él, y con él nos ha sentado en el cielo»? (Ef 2,6-7). Efectivamente, puesto que se ha hecho uno de nosotros, nosotros somos «miembros del mismo Cuerpo» (Ef 3,6)... Él mismo en otra parte dirige estas palabras a su Padre: «Ruego, Padre, que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros» (Jn 17,21). El Señor es, pues, la primicia de la humanidad destinada a ser entrojada en los graneros del cielo.
(EDD)

Reflexión sobre la pintura al fresco

Hoy celebramos la fiesta de San Lorenzo, uno de los siete diáconos de la Iglesia primitiva de Roma. Murió mártir el 10 de agosto del año 258. Solo unos días antes, el 6 de agosto de 258, El papa Sixto II Fue detenido mientras celebraba la liturgia en la catacumba de Calixto y fue ejecutado de inmediato junto con cuatro de sus diáconos. Según la tradición, Lorenzo se encontró con Sixto cuando este se dirigía a su ejecución y le preguntó: “Padre, ¿adónde vas sin tu diácono?”. Se dice que Sixto respondió que Lorenzo le seguiría en tres días... y, de hecho, Laurence fue detenido y martirizado unos días después.

Durante su vida, a Lorenzo se le confió la administración de los bienes materiales de la Iglesia y, sobre todo, el cuidado de los pobres. Durante la persecución del emperador Valeriano, se le ordenó que entregara los tesoros de la Iglesia a las autoridades romanas. Tras solicitar tres días para reunirlos (inmediatamente después del asesinato del papa Sixto II), Lorenzo distribuyó, en cambio, las riquezas de la Iglesia entre los pobres. Cuando finalmente se presentó ante el prefecto de Roma, le mostró a los pobres, los enfermos, las viudas, los huérfanos y los discapacitados, declarando: “Estos son los verdaderos tesoros de la Iglesia”. Enfurecidas por tal valentía, las autoridades lo condenaron a muerte, a ser asado vivo en una parrilla. Lorenzo conservó su serenidad e incluso su ingenio hasta el final, diciendo a sus verdugos: “Dadme la vuelta; por este lado ya estoy hecho”. Sus palabras expresan maravillosamente la alegre confianza con la que el santo afrontó su martirio. Por esta razón, San Lorenzo se ha convertido en el patrón de los diáconos, los cocineros y los chefs.

Nuestro fresco de Fra Angelico, pintado entre 1447 y 1451, muestra a San Lorenzo desempeñando la labor que le hizo tan querido: repartir limosnas a los necesitados. Vestido con la espléndida dalmática roja, la vestimenta litúrgica característica de un diácono, Lorenzo se yergue sereno en el centro de la composición mientras un flujo constante de personas pobres se acerca a él. Fra Angelico confiere a cada destinatario una dignidad propia: un anciano se apoya en su bastón, las madres sostienen a sus hijos, los enfermos y los discapacitados esperan pacientemente recibir ayuda. Laurencio no se limita a repartir monedas; se entrega a sí mismo en un servicio amoroso. La elegante arquitectura renacentista, los colores luminosos y la composición equilibrada reflejan la armonía de una Iglesia cuyas verdaderas riquezas no residen en el oro, sino en la caridad. La dalmática roja también presagia discretamente la sangre del martirio que Laurencio derramará pronto a imitación de Cristo. Fíjate también en las llamas del Espíritu Santo bordadas en la dalmática.

El fresco forma parte de la magnífica decoración de la Capilla Niccolina, la capilla privada del papa Nicolás V situada en el Palacio Apostólico de la Ciudad del Vaticano. El papa encargó a Fra Angelico, él mismo fraile dominico, que transformara este espacio íntimo en una meditación visual sobre el servicio cristiano. La capilla está considerada una de las obras maestras del Renacimiento y, tal vez, la cumbre de la carrera de Fra Angelico en la pintura al fresco. Sus paredes están cubiertas de escenas de las vidas de San Esteban, el primer diácono y primer mártir de la Iglesia, y de San Lorenzo, el diácono más célebre de Roma. La combinación es deliberada. Esteban representa el nacimiento del ministerio diaconal de la Iglesia en Jerusalén, mientras que Lorenzo encarna ese mismo ministerio floreciendo en Roma casi dos siglos más tarde.

Hacia el año 400, San Agustín predicó con motivo de la festividad de San Lorenzo, diciendo: “San Lorenzo amó a Cristo en vida; lo imitó en su muerte… Al fin y al cabo, no podremos dar mejor prueba de amor que imitar su ejemplo”.” En esta festividad, recemos de manera especial por todos los diáconos del mundo. Que, siguiendo el ejemplo de San Lorenzo, sirvan a Cristo con humildad, alegría y compasión, proclamando fielmente el Evangelio y cuidando de los más necesitados.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración
  • Glorioso San Lorenzo, diácono y mártir,
  • amaste tanto a los pobres que diste tu vida por Dios.
  • Tuve fe firme frente al fuego y al dolor.
  • Dame valor en los días difíciles.
  • Dame un corazón generoso para ayudar al que sufre.
  • Que tu ejemplo de amor y fe guíe siempre mis pasos.
  • Amén. [1, 2, 3, 4]

  • domingo, 9 de agosto de 2026

    ¿Puede alguien ser excomulgado por una publicación en redes sociales? Un canonista responde

    ¿Qué dice el derecho canónico sobre los comentarios en Internet y las redes sociales? Crédito: keport/Shutterstock.

    ¿Qué dice el derecho canónico sobre los comentarios en Internet y las redes sociales? 

    Compartir una publicación, dejar un comentario, respaldar públicamente una causa controvertida: hoy, los católicos pueden adoptar una postura en las redes sociales con un solo clic. Hace una generación, expresar públicamente una opinión requería un intermediario oficial —ya fuera un editor, un periodista o un obispo—, a menos que alguien tuviera el valor de dirigirse directamente a las multitudes. El derecho canónico fue redactado para aquel mundo más antiguo y lento. El Código de 1983, que continúa siendo el texto jurídico rector de la Iglesia, fue elaborado décadas antes de la aparición de las redes sociales y nunca ha sido revisado para tenerlas en cuenta.

    Sin embargo, las consecuencias prácticas de este silencio jurídico no son puramente teóricas. Adquirieron especial relevancia cuando la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) regresó a lo que el Vaticano considera un abierto cisma, lo que provocó reacciones en internet desde distintos sectores del espectro litúrgico e ideológico.

    Desatendiendo una petición personal del Papa León XIV y sin la aprobación de Roma, la FSSPX hizo que cuatro de sus sacerdotes fueran consagrados obispos el 1 de julio de 2026, un acto que, según el derecho canónico, conlleva la excomunión automática. El decreto emitido por el Vaticano al día siguiente no sólo declaró que los obispos directamente implicados estaban excomulgados, sino que también indicó que los fieles laicos que “se adhieran formalmente” a la FSSPX deben ser considerados excomulgados, al tiempo que advirtió al clero y a los demás fieles contra la “adhesión” al cisma.

    Ese es precisamente el límite que algunos simpatizantes podrían estar poniendo a prueba en internet. ¿Puede considerarse cismática una publicación o una republicación y dar lugar a una excomunión automática? ¿Establece el derecho canónico una línea divisoria entre la legítima libertad de expresión y un acto lo suficientemente grave como para romper la comunión con Roma?

    Según el P. Cédric Burgun, decano de la Facultad de Derecho Canónico del Instituto Católico de París, es cierto que no existe un marco canónico específico para las redes sociales, pero eso no deja a los fieles en un completo vacío jurídico: simplemente les exige aplicar principios consolidados desde hace mucho tiempo a un espacio público que ha adquirido nuevas dimensiones.

    Lo que importa desde el punto de vista canónico, afirmó, es el carácter público de la declaración, no la plataforma que la difunde. “Todo acto cismático o herético cometido mediante la palabra constituye, de una forma u otra, una declaración pública”, señaló, “ya sea que aparezca escrito en un periódico, se pronuncie en un estudio de televisión o se publique en internet”.

    En otras palabras, una publicación en internet tiene exactamente el mismo peso canónico que una declaración televisada o un comunicado de prensa. Si su contenido es objetivamente cismático, el medio empleado no altera la manera en que la ley lo interpreta. Lo que ha cambiado, sobre todo, es la cantidad de personas que ahora están sujetas a esta ley.

    Hace cuarenta años, antes de que una declaración pudiera llegar al público, por lo general debía pasar por algún tipo de filtro institucional, como su publicación en un periódico o su difusión en un programa de televisión. “Hoy, con las redes sociales, está claro que cada persona tiene su propia plataforma”, dijo el P. Burgun.

    Por tanto, si un comentario público puede constituir un acto cismático o herético, ¿se sigue de ello que alguien puede ser excomulgado de inmediato por algo tan sencillo como una publicación en las redes sociales?

    Canónicamente problemático vs. excomunión automática

    Aunque las declaraciones en internet de carácter manifiestamente cismático no son inocuas desde el punto de vista canónico, no constituyen un delito que conlleve automáticamente la excomunión, pues esta pena está reservada para determinados tipos de casos.

    El derecho canónico define el “cisma” como una ruptura objetiva con el gobierno del Papa o con los miembros de la Iglesia que están sujetos a él. Esta ruptura con la autoridad eclesiástica, observó el P. Burgun, no se limita únicamente al Papa, sino que se extiende a los obispos y a otras autoridades eclesiásticas a las que se ha confiado el gobierno.

    Defender públicamente a un grupo o una causa no es, por sí mismo, un acto cismático. “La defensa sólo se vuelve canónicamente problemática si, por su contenido, constituye en sí misma un acto cismático”, explicó el P. Burgun; por ejemplo, una declaración en internet que rechace objetivamente la autoridad del Papa.

    Sin embargo, a diferencia de la excomunión automática (latae sententiae) que se aplica a un obispo que consagra a otro obispo sin mandato pontificio, las definiciones de cisma y herejía del derecho canónico no conllevan una pena automática. “Para que haya una sanción por cisma o herejía”, explicó, “debe existir un procedimiento que los determine” antes de que pueda imponerse una excomunión.

    La distinción quedó de manifiesto tanto después de las consagraciones ilícitas realizadas en 1988 por el fundador de la FSSPX, el arzobispo Marcel Lefebvre, como tras las consagraciones efectuadas por la FSSPX este verano: aunque en ambos casos los obispos incurrieron en excomunión automática en virtud del canon que regula las consagraciones episcopales ilícitas, cualquier pena para sus partidarios requería una evaluación independiente conforme a la legislación de la Iglesia sobre el cisma.

    Incluso ese segundo paso incluye una salvedad, observó el P. Burgun: la Santa Sede ha señalado explícitamente que una pena para los fieles laicos “no puede presumirse automáticamente, sino que debe evaluarse caso por caso”. La adhesión formal, explicó, por lo general requiere algún tipo de compromiso jurídico: la pertenencia escrita o verbal a la FSSPX, la asistencia exclusiva a sus liturgias o el rechazo de los sacramentos cuando se está presente en una Misa celebrada dentro de la Iglesia Católica por motivos relacionados con la adhesión a la FSSPX, entre otras conductas similares.

    La misma lógica se aplica a lo que las personas publican en internet. Un comentario que vaya más allá de expresar simpatía —por ejemplo, exhortar explícitamente a otras personas a asistir a una Misa de la FSSPX en lugar de a una celebrada según la forma ordinaria— podría tenerse en cuenta en esa evaluación individual, explicó el P. Burgun, en la medida en que fomente una conducta que la Iglesia considera problemática.

    Por consiguiente, ni siquiera una publicación con connotaciones cismáticas provoca por sí misma una excomunión. Debido a que el cisma y la herejía no son delitos sancionados con una pena automática, cualquier sanción requiere un proceso canónico que determine que se han cumplido las condiciones jurídicas, independientemente de si la declaración apareció en internet, en un medio impreso o en otro lugar.

    El canon 1329, que extiende la responsabilidad a los cómplices en circunstancias limitadas, difícilmente se aplicaría a quienes apoyan a la FSSPX en internet, afirmó el P. Burgun, pues una consagración episcopal no depende de la participación de una audiencia en línea.

    El canonista procuró subrayar que los mismos principios canónicos se aplican con independencia de la orientación teológica o litúrgica. Los católicos que rechacen públicamente la autoridad eclesiástica desde una postura progresista estarían sujetos, en principio, al mismo marco jurídico.

    Sin embargo, la condición del autor sí modifica la evaluación. Los sacerdotes y los religiosos tienen una obligación mayor de preservar la comunión eclesial y dar ejemplo, afirmó el P. Burgun, debido a su estado de vida y a su formación. Esto significa que las declaraciones de un clérigo en internet se someten a un criterio más estricto que las de un laico. Los laicos, observó, “son excusados con mayor facilidad” por desconocer la ley que los miembros del clero.

    Libertad dentro de la comunión

    Esto plantea inevitablemente la cuestión de la libertad de expresión de los propios fieles. El P. Burgun se refirió al canon 205, que define la plena comunión con la Iglesia como aquella que incluye tanto la comunión en el gobierno como en la fe, pero al que sigue el canon 212, que reconoce el derecho —“e incluso el deber”— de los fieles a expresar sus opiniones sobre asuntos eclesiales “con respeto hacia sus pastores”.

    “La Iglesia no es”, afirmó, “una democracia en la que cada persona dice lo que quiere cuando quiere”. Reconoció que existe “cierta libertad de expresión” dentro de la Iglesia, pero se trata de una libertad que nunca se aparta del bien común ni de la preocupación por la unidad.

    Más allá de los matices jurídicos que en última instancia puedan permitirse, sugirió el P. Burgun, la verdadera crisis que se desarrolla actualmente en las redes sociales católicas podría ser menos canónica que espiritual. A este respecto, citó la máxima atribuida a San Agustín: in necessariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus caritas, es decir, “en lo esencial, unidad; en lo dudoso, libertad; en todo, caridad”.

    “Muchas reacciones”, afirmó, “carecen de caridad y de unidad hacia una comunión eclesial que ya ha sido suficientemente herida a lo largo de los siglos”.

    Y añadió: “Las redes sociales no deberían agravar unas heridas que tardan en sanar”.

    Solène Tadié

    Artículo publicado originalmente en el National Catholic Register. Traducido y adaptado por el equipo de ACI Prensa.

    Vea también     Causales de la Excomunión


    El consejo de un Padre del Desierto para vencer el orgullo


    MAN MIRROR

    Para luchar contra el orgullo, un buen examen de conciencia implacable como el del Padre del Desierto Hor es ideal para descubrir por qué nos sentimos superiores


    El monje Hor, que aún lleva el nombre de un dios pagano (aquel al que llamamos Horus), es un gran conocedor del alma humana; conoce bien los recovecos donde se esconde el orgullo y, para ayudarnos a luchar contra este demonio particularmente tenaz, nos anima a realizar un riguroso examen de conciencia, con el fin de acabar con toda complacencia en nuestro interior:

    Hor dijo además: "Cada vez que un pensamiento de soberbia u orgullo se insinúe en ti, escudriña tu conciencia para ver si has cumplido todos los mandamientos, si amas a tus enemigos (Mt 5, 44), si te alegras de su éxito y te entristeces por su fracaso, si te consideras un siervo inútil (Lc 17, 10) y el más pecador de todos. Y aun así, no te creas tan importante como si lo hubieras hecho todo bien, sabiendo que ese pensamiento lo destruye todo".

    Ese perdón concedido a regañadientes

    Es evidente que, para creerse justo y capaz de juzgar a los demás, habría que haber "cumplido todos los mandamientos". Pero no es así. Hay muchos comportamientos que hemos intentado evitar porque nos avergüenzan y nuestra atención se centra ante todo en ese aspecto, con la tentación de juzgar sin piedad a quienes caen en ellos. Pero está todo lo demás, en lo que pensamos menos.

    Hor empieza por el amor a los enemigos, que es un tema delicado, pues, aunque podamos intentar pasar página ante los golpes recibidos, seguimos conservando un sentimiento de superioridad respecto a quien nos los infligió: "Perdono, pero no olvido", como decía una señora que conocí, refiriéndose a su marido, quien la había humillado durante mucho tiempo con su mala conducta.

    Pero, si nos quedamos ahí, nos hemos perdido lo esencial: ¡qué regalo envenenado es ese perdón dado a regañadientes, por parte de quien se cree justo y hace notar la diferencia! Por el contrario, ¡qué amor hace falta para aplastar todos esos malos recuerdos y besar la mano que te ha golpeado!

    Como un siervo inútil

    El monje continúa: "¡Alégrate de su éxito y entristécete por su fracaso!" ¿Cómo defenderse de la idea de que el culpable no se merece en absoluto los favores con los que Dios lo colma? Y, aunque no se diga nada al respecto, ¿cómo escapar de la sensación de que su desgracia es una pequeña compensación por el mal que nos ha hecho sufrir? Y, sin embargo, habría que arrancar todos esos sentimientos de nuestro corazón, llorar con los que lloran, alegrarse con los que tienen éxito. ¡Terrible!

    ¡Considérate un siervo inútil!. Entonces, ¿todo lo que hemos hecho por la buena causa y por el bien de los demás no existe? ¿Cómo pensar que somos "inútiles"? Quizá hayamos cometido errores, y de hecho es seguro que los hemos cometido, pero en comparación con los éxitos…

    El Señor tiene derecho a respondernos:

    "¿Qué tienes que no hayas recibido? Esa inteligencia, esa capacidad de trabajo, esos talentos que has puesto en práctica, ¿de dónde te vienen si no es de mí, que te los he concedido durante años, con mucho amor, sin que tú lo merecieras? Y además, ¿siempre has hecho buen uso de esos dones? ¿No habrán servido a menudo para alimentar tu vanidad y para fines egoístas?"

    Echa un vistazo a los dones increíbles que hemos recibido

    Y Hor concluye sus recomendaciones con la frase más desconcertante:

    "'… ¡y [saberse] el más pecador de todos!' Los santos hablaban así, es cierto, ¡pero exageraban! Aunque… en el fondo, quizá no sea tan seguro: ellos veían lo que habían recibido, los tesoros de ternura que les habían concedido Cristo y la Virgen María.

    Sabían mejor que nadie lo rápido que volvía su mediocridad, en cuanto el flujo de la gracia se ralentizaba. Es terrible ver los dones increíbles que hemos recibido y saber que aún estamos tan lejos de la meta.

    Esa es precisamente la situación en la que nos encontramos todos. Adoptemos esa actitud para ahuyentar al demonio que está dispuesto a susurrarnos al oído: 'Mira qué guapo, inteligente y eficaz eres…'"

    Sophie Baron, Aleteia

    Vea también    Santo Cura de Ars: Sermón sobre el Orgullo






    Luciana Rogowicz, conversa del judaísmo: «Edith Stein fue una de las personas que más me impactaron»

     

    Este 9 de agosto se celebra a santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, filósofa, carmelita, mártir y una de las grandes conversas del siglo XX. Si es relevante para muchos, tiene un significado especial para quien, como ella, casi un siglo después, ha recorrido un mismo camino de conversión. Es el caso de Luciana Rogowicz, que fue criada en el judaísmo, estudió en una escuela judía y vivió durante décadas dentro de esa tradición hasta que, a los 33 años, entró en la Iglesia católica.

    “Una de las cosas que más necesitaba era encontrar historias de otros judíos a los que les hubiera pasado algo similar”, explica Rogowicz. Y una de las figuras que más la marcaron fue precisamente Edith Stein, que pasó de abandonar la oración durante su adolescencia a emprender una búsqueda intelectual y espiritual de la verdad que terminaría conduciéndola hasta Cristo y, después, al Carmelo.

    Rogowicz recorre algunos de los grandes momentos de aquella búsqueda: el testimonio de una viuda cristiana cuya paz desconcertó a Stein, la lectura durante toda una noche de la vida de santa Teresa de Jesús y aquel convencimiento definitivo, expresado en su icónico “esta es la verdad”, que transformó su existencia. 



    Evangelio del día Domingo 19 A del Tiempo Ordinario. ¿No sería muchísimo mejor escucharlo proclamado en la Santa Misa Dominical presencial?


    Santa Edith Stein , San Secundino ToscanaMás...

    Primer Libro de los Reyes 19,9a.11-13a.

    Allí, entró en la gruta y pasó la noche. Entonces le fue dirigida la palabra del Señor.
    El Señor le dijo: "Sal y quédate de pie en la montaña, delante del Señor". Y en ese momento el Señor pasaba. Sopló un viento huracanado que partía las montañas y resquebrajaba las rocas delante del Señor. Pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, hubo un terremoto. Pero el Señor no estaba en el terremoto.
    Después del terremoto, se encendió un fuego. Pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó el rumor de una brisa suave.
    Al oírla, Elías se cubrió el rostro con su manto, salió y se quedó de pie a la entrada de la gruta. Entonces le llegó una voz, que decía: "¿Qué haces aquí, Elías?".


    Salmo 85(84),9ab-10.11-12.13-14.

    Muéstranos, Señor, tu misericordia, y danos tu salvación.

    Voy a proclamar lo que dice el Señor:
    el Señor promete la paz,
    Su salvación está muy cerca de sus fieles,
    y la Gloria habitará en nuestra tierra.

    El Amor y la Verdad se encontrarán,
    la Justicia y la Paz se abrazarán;
    la Verdad brotará de la tierra
    y la Justicia mirará desde el cielo.

    El mismo Señor nos dará sus bienes
    y nuestra tierra producirá sus frutos.
    La Justicia irá delante de él,
    y la Paz, sobre la huella de sus pasos.


    Carta de San Pablo a los Romanos 9,1-5.

    Digo la verdad en Cristo, no miento, y mi conciencia me lo atestigua en el Espíritu Santo.
    Siento una gran tristeza y un dolor constante en mi corazón.
    Yo mismo desearía ser maldito, separado de Cristo, en favor de mis hermanos, los de mi propia raza.
    Ellos son israelitas: a ellos pertenecen la adopción filial, la gloria, las alianzas, la legislación, el culto y las promesas.
    A ellos pertenecen también los patriarcas, y de ellos desciende Cristo según su condición humana, el cual está por encima de todo, Dios bendito eternamente. Amén.


    Evangelio según San Mateo 14,22-33.

    Después que se sació la multitud, Jesús obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud.
    Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.
    La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra.
    A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar.
    Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. "Es un fantasma", dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.
    Pero Jesús les dijo: "Tranquilícense, soy yo; no teman".
    Entonces Pedro le respondió: "Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua".
    "Ven", le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él.
    Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: "Señor, sálvame".
    En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?".
    En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó.
    Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: "Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios".


    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

    Compartir el Evangelio en Facebook


    Bulle

    Venerable Pio XII (1876-1958)
    papa 1939-1958
    Discurso del 28 avril 1935, por la clausura del Año Jubilar de la Redención (Sa Sainteté Pie XI, Maison de la Bonne Presse, 1939), trad. sc©evangelizo.org


    La Iglesia, victoriosa en las tempestades

    Nuestra esperanza, como nuestra fe, que es la substancia y realidad, está en el cielo. Es allá arriba que nuestra esperanza permanece fijada, pero aquí abajo sostiene a nuestra vida. Si, en el nombre de Cristo y de su Cruz, los coros de ángeles cantan en el cielo, delante del trono de Dios, “gloria, honor, salvación y bendición”. Aquí abajo, la Iglesia de fieles, todavía peregrinos, pone toda su esperanza en la Cruz: “¡Cruz salvífica, única esperanza!” (Himno de la Pasión).
    El océano de la humanidad se agita, los pueblos como oleaje se levantan y entrechocan bajo los vientos de pasiones sociales y políticas, las Rivas y playas de la paz son abatidos y derribados por las aguas desencadenadas. (…) ¿Quién mandará a los vientos y tempestades? ¿Quién acallará su estruendo y furia? (…)
    No teman hermanos míos. Bajo los caudales de agua y las tempestades, el Señor del cielo y de la tierra camina a la sombra de tabernáculos y no pasará indiferente al lado de nuestra barca agitad. Vendrá a nosotros y nos dirá: “Tengan confianza, soy yo, no teman” (Mt 14,27). ¿No prometió que sería con nosotros hasta el fin de los tiempos? (…) ¿No creemos en él? ¿Quizás no lo conocemos? ¡Que no tenga que decir, después de tanto tiempo pasado con nosotros: “¿desde hace tanto tiempo que estoy con ustedes y todavía no me conocen?” (Jn 14,9).
    Nos hemos perdido en medio de la tempestad, que agita el océano de la sociedad y los pueblos. Pero, nuestra confianza y esperanzas residen en la Cruz de Cristo, que permanece de pie en medio de las perturbaciones del mundo. Es ella el ancla que en las aguas desencadenadas ofrece la seguridad a la barca de la Iglesia y a nuestra alma. Es ella, la Cruz de Cristo, que lleva al puerto de los bienes supremos e invisibles, es ella el ancla fijada a Dios y a sus promesas infalibles. 
    (EDD)

    Reflexión sobre el cuadro

    La mayoría de nosotros buscamos, de forma natural, la estabilidad. Disfrutamos de las rutinas familiares y de los lugares donde nos sentimos seguros. No hay nada de malo en ello. Sin embargo, de vez en cuando, la vida nos invita a ir más allá de lo que nos resulta cómodo. Ya sea explorando un lugar nuevo, escalando una montaña, emprendiendo una larga caminata, leyendo un libro que supone un reto, aprendiendo una nueva habilidad o conociendo a personas que amplían nuestros horizontes, crecemos cada vez que nos 'atrevemos' a dar un paso más allá de lo conocido. Una vida en la que siempre se va sobre seguro rara vez es una vida plenamente vivida.


    Pedro lo entendió, aunque solo fuera por unos instantes. Mientras los demás discípulos permanecían en la barca, él fue el único que se atrevió a asomarse por la borda. Tenía la mirada fija en Jesús y, durante esos momentos extraordinarios, hizo lo que parecía imposible. Solo cuando el miedo se impuso a la fe empezó a hundirse. Aun así, Jesús estuvo allí de inmediato para cogerlo. Sin embargo, el fracaso de Pedro no es realmente el centro de la historia; lo es su valentía. Fue el único discípulo dispuesto a abandonar la seguridad de la barca.


    Nuestras vidas espirituales pueden volverse cómodas con facilidad. Podemos acomodarnos en hábitos que requieren poca confianza y nos exigen muy poco. Nos gusta quedarnos en nuestra pequeña barca. Sin embargo, Cristo nos repite continuamente lo que le dijo a Pedro: “Ven”. Sigue avanzando. Sigue explorando las riquezas de las Escrituras. Sigue orando con mayor profundidad. Sigue haciendo preguntas. Sigue sirviendo. Sigue caminando, incluso cuando el camino te resulte desconocido. La vida cristiana no está pensada para vivirse desde la seguridad de la orilla, sino en la emocionante aventura de seguir a Cristo allá donde Él nos lleve.


    El mayor riesgo en la vida cristiana no es que podamos fracasar, ¡sino que nunca nos atrevamos a dar el paso! El Señor no nos llama simplemente a conservar nuestra fe, sino a vivirla con valentía y audacia. Cada vez que nos atrevemos a abandonar la comodidad de nuestras pequeñas barcas, descubrimos que Cristo ya nos está esperando en las aguas, tendiéndonos la mano y guiándonos hacia una vida mucho más grande de lo que jamás hubiéramos podido imaginar.


    El cuadro que nos ocupa hoy es *Los alegres barqueros* (1846), del artista estadounidense George Caleb Bingham, famoso por sus escenas de la vida cotidiana a orillas de los grandes ríos de la frontera americana. La obra irradia alegría al mostrar a los barqueros bailando, tocando música y relajándose juntos mientras se dejan llevar suavemente por la corriente. Sin embargo, existe un sutil contraste con el Evangelio de hoy. Estos hombres pueden dar la impresión de vivir una aventura simplemente por el hecho de estar en una barca, pero permanecen cómodamente en cubierta, dejándose llevar por la corriente. Pedro, en cambio, escucha la llamada de Cristo y se atreve a salir de la barca. La verdadera aventura no comienza en la propia barca, sino en el momento en que deja atrás su seguridad. Nuestra fe debe ser así: nunca conformarnos con dejarnos llevar por la corriente, sino estar siempre dispuestos a dar el siguiente paso valiente hacia Cristo.

    by Padre Patrick van der Vorst

    Oración

    Señor Jesús, hoy quiero tomar tu mano y caminar contigo cada día. Sé mi luz en la duda, mi fuerza cuando esté cansado y mi guía en cada paso que dé. Enséñame a amar como tú amas y mantén mi corazón unido al tuyo. Amén. [1, 2, 3, 4, 5]
    Puntos para reflexionar en tu camino
    • Confianza: Deja tus miedos y cargas a los pies de Jesús.
    • Guía: Pide al Espíritu Santo que ordene tus pasos y decisiones.
    • Escucha: Busca momentos de silencio para oír su voz en tu interior. [1, 2, 3, 4]

    sábado, 8 de agosto de 2026

    ¿Bienestar espiritual católico? Estudio psicológico sobre felicidad, resiliencia, perdón, gratitud

    Dos expertas realizan un estudio sistemático sobre tres mil personas en 19 países americanos.

    La oración es una fuente de bienestar espiritual, como ha evidenciado un estudio realizado desde la experiencia psicológica.

    La oración es una fuente de bienestar espiritual, como ha evidenciado un estudio realizado desde la experiencia psicológica.


      Un catecismo básico difundido por Aciprensa recuerda que "tenemos obligación de orar a Dios", y recuerda enseguida que es "no sólo obligación, sino necesidad". 

      ¿Por qué es una necesidad?

      • Dicho texto catequético solo menciona razones objetivas: a saber, que "la oración es el medio ordinario de alcanzar la gracia". Y cita a San Alfonso María de Ligorio (1696-1787) cuando afirma que "quien no reza no se salva".
      • Pero además de una necesidad objetiva, la vida espiritual (cuyo quicio es la oración) es asimismo una necesidad subjetiva por su buen impacto anímico y psicológico

      Religión y bienestar espiritual

      Este segundo aspecto ha sido estudiado recientemente por dos expertos, Cecilia Salgado Lévano, de la Universidad Marcelino Champagnat, y Eduardo Manzanares Medina, de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas. Ambas son instituciones académicas bien arraigadas en Lima.

      Hace algunos meses ambos publicaron un estudio experimental para enmarcar esa situación: Influencia de las prácticas religiosas católicas en el bienestar espiritual, consistente en "un estudio sobre la felicidad, la resiliencia, el perdón y la gratitud en 19 países" publicado en Pastoral Psychology.

      El análisis se realizó sobre 3013 personas (22,8% hombres y 77,2% mujeres) procedentes de 19 países iberoamericanos (los cuatro primeros, México, Colombia, Perú y Argentina, y en la cola un puñado de cubanos). Se trató de un muestreo asumido como "no probabilístico para facilitar "la inclusión de participantes accesibles y que dan su consentimiento, lo que facilita la recopilación de datos de manera económica y eficiente en términos de tiempo".

      A los participantes se les interrogó sobre su hábito de cuatro elementos (oración, recitado de oraciones, asistencia a Misa y participación en la Adoración Eucarística) y sus consecuencias en su felicidad, su resiliencia (capacidad de adaptación a situaciones adversas), su capacidad de perdonar y su gratitud, y el impacto de todo ello en su bienestar espiritual.

      Las consecuencias de la investigación es, afirman los autores, que "la participación en las prácticas religiosas católicas tiene un impacto positivo en el bienestar espiritual, lo que a su vez potencia los rasgos psicológicos asociados con el desarrollo personal y social, contribuyendo así a una vida más plena".

      Un porqué no solo teórico

      Antes de ofrecer los datos que justifican esta conclusión, Salgado y Manzanares recuerdan la importancia no solo teórica de esta investigación, sino también económica, pues está acreditado que "los trastornos psicológicos como la depresión y la ansiedad tienen un gran impacto en la sociedad" y esto "contribuye a reducir la productividad".

      El sentido religioso de su averiguación tiene un sentido precisamente en la región analizada, pues en ella "la religión desempeña un papel fundamental en la configuración de sus identidades culturales". Su historia común singulariza "matices únicos que favorecen la comprensión de cómo se viven las tradiciones, las prácticas y los comportamientos asociados con la fe".

      Y si bien nadie niega que la religión influye en diversos aspectos psicológicos y desempeña un papel importante en la vida humana, "esta dimensión ha sido relativamente poco explorada en la literatura científica". Paliar esta carencia es, pues, una de las finalidades de su trabajo, el cual, en cualquier caso, precedió los datos de la racionalidad teórica del vínculo entre la psicología y la fe desde fundamentos no tanto religiosos como científicos, como la propia Escala de Bienestar Espiritual vigente desde su establecimiento por expertos en 1982.

      Los datos y las conclusiones

      Un cuadro que expone -aunque de modo más comprensible por el especialista o por quien analice a fondo el trabajo- los resultados del estudio es el siguiente:

      Relación entre las prácticas religiosas (c04, c03 y c02) y el bienestar espiritual (BE) a través de su impacto en el perdón (DP), la gratitud (EG), la resiliencia (RE) y la felicidad (FS).

      Relación entre las prácticas religiosas (c04, c03 y c02) y el bienestar espiritual (BE) a través de su impacto en el perdón (DP), la gratitud (EG), la resiliencia (RE) y la felicidad (FS).Pastoral Psychology

      La formulación es clara para los autores: los resultados entre las ocho magnitudes "confirman que las prácticas religiosas católicas -la frecuencia de las oraciones, la asistencia a la misa y la asistencia a la adoración eucarística- ejercen efectos directos sobre el bienestar espiritual, lo que, a su vez, repercute directamente en la felicidad, el perdón, la resiliencia y la gratitud".

      El análisis posterior se centra en el análisis de las prácticas concernidas en cuanto católicas, pues "no pretenden generalizarse a otras religiones o contextos ecuménicos" que no han sido sometidos a examen. Esto implica un análisis teológico superpuesto al psicológico del que citan decenas de otros precedentes artículos de publicaciones profesionales. Puede descartase pues que haya un intento de utilización interesada de los datos, si bien es evidente su interpretación en beneficio de la religión católica. Los autores exponen con honestidad las limitaciones del trabajo, una aportación valiosa que tampoco pretende ser definitiva, sobre todo por las peculiaridades estadísticas de la muestra de personas que lo fundamentó.

      Pero está claro, concluyen, que "los resultados indican que las prácticas religiosas católicas actúan como factores protectores que ayudan a las personas a alcanzar una mayor salud mental y bienestar. Aunque los datos presentados son modestos y no pretenden ser generalizados, ofrecen un enfoque valioso para comprender la experiencia de la religiosidad y la espiritualidad católica en estas regiones".

      C.L., ReL

      Vea también   La Santa Misa, Fuente y Cumbre de la Vida Cristiana