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domingo, 9 de agosto de 2026

¿Puede alguien ser excomulgado por una publicación en redes sociales? Un canonista responde

¿Qué dice el derecho canónico sobre los comentarios en Internet y las redes sociales? Crédito: keport/Shutterstock.

¿Qué dice el derecho canónico sobre los comentarios en Internet y las redes sociales? 

Compartir una publicación, dejar un comentario, respaldar públicamente una causa controvertida: hoy, los católicos pueden adoptar una postura en las redes sociales con un solo clic. Hace una generación, expresar públicamente una opinión requería un intermediario oficial —ya fuera un editor, un periodista o un obispo—, a menos que alguien tuviera el valor de dirigirse directamente a las multitudes. El derecho canónico fue redactado para aquel mundo más antiguo y lento. El Código de 1983, que continúa siendo el texto jurídico rector de la Iglesia, fue elaborado décadas antes de la aparición de las redes sociales y nunca ha sido revisado para tenerlas en cuenta.

Sin embargo, las consecuencias prácticas de este silencio jurídico no son puramente teóricas. Adquirieron especial relevancia cuando la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) regresó a lo que el Vaticano considera un abierto cisma, lo que provocó reacciones en internet desde distintos sectores del espectro litúrgico e ideológico.

Desatendiendo una petición personal del Papa León XIV y sin la aprobación de Roma, la FSSPX hizo que cuatro de sus sacerdotes fueran consagrados obispos el 1 de julio de 2026, un acto que, según el derecho canónico, conlleva la excomunión automática. El decreto emitido por el Vaticano al día siguiente no sólo declaró que los obispos directamente implicados estaban excomulgados, sino que también indicó que los fieles laicos que “se adhieran formalmente” a la FSSPX deben ser considerados excomulgados, al tiempo que advirtió al clero y a los demás fieles contra la “adhesión” al cisma.

Ese es precisamente el límite que algunos simpatizantes podrían estar poniendo a prueba en internet. ¿Puede considerarse cismática una publicación o una republicación y dar lugar a una excomunión automática? ¿Establece el derecho canónico una línea divisoria entre la legítima libertad de expresión y un acto lo suficientemente grave como para romper la comunión con Roma?

Según el P. Cédric Burgun, decano de la Facultad de Derecho Canónico del Instituto Católico de París, es cierto que no existe un marco canónico específico para las redes sociales, pero eso no deja a los fieles en un completo vacío jurídico: simplemente les exige aplicar principios consolidados desde hace mucho tiempo a un espacio público que ha adquirido nuevas dimensiones.

Lo que importa desde el punto de vista canónico, afirmó, es el carácter público de la declaración, no la plataforma que la difunde. “Todo acto cismático o herético cometido mediante la palabra constituye, de una forma u otra, una declaración pública”, señaló, “ya sea que aparezca escrito en un periódico, se pronuncie en un estudio de televisión o se publique en internet”.

En otras palabras, una publicación en internet tiene exactamente el mismo peso canónico que una declaración televisada o un comunicado de prensa. Si su contenido es objetivamente cismático, el medio empleado no altera la manera en que la ley lo interpreta. Lo que ha cambiado, sobre todo, es la cantidad de personas que ahora están sujetas a esta ley.

Hace cuarenta años, antes de que una declaración pudiera llegar al público, por lo general debía pasar por algún tipo de filtro institucional, como su publicación en un periódico o su difusión en un programa de televisión. “Hoy, con las redes sociales, está claro que cada persona tiene su propia plataforma”, dijo el P. Burgun.

Por tanto, si un comentario público puede constituir un acto cismático o herético, ¿se sigue de ello que alguien puede ser excomulgado de inmediato por algo tan sencillo como una publicación en las redes sociales?

Canónicamente problemático vs. excomunión automática

Aunque las declaraciones en internet de carácter manifiestamente cismático no son inocuas desde el punto de vista canónico, no constituyen un delito que conlleve automáticamente la excomunión, pues esta pena está reservada para determinados tipos de casos.

El derecho canónico define el “cisma” como una ruptura objetiva con el gobierno del Papa o con los miembros de la Iglesia que están sujetos a él. Esta ruptura con la autoridad eclesiástica, observó el P. Burgun, no se limita únicamente al Papa, sino que se extiende a los obispos y a otras autoridades eclesiásticas a las que se ha confiado el gobierno.

Defender públicamente a un grupo o una causa no es, por sí mismo, un acto cismático. “La defensa sólo se vuelve canónicamente problemática si, por su contenido, constituye en sí misma un acto cismático”, explicó el P. Burgun; por ejemplo, una declaración en internet que rechace objetivamente la autoridad del Papa.

Sin embargo, a diferencia de la excomunión automática (latae sententiae) que se aplica a un obispo que consagra a otro obispo sin mandato pontificio, las definiciones de cisma y herejía del derecho canónico no conllevan una pena automática. “Para que haya una sanción por cisma o herejía”, explicó, “debe existir un procedimiento que los determine” antes de que pueda imponerse una excomunión.

La distinción quedó de manifiesto tanto después de las consagraciones ilícitas realizadas en 1988 por el fundador de la FSSPX, el arzobispo Marcel Lefebvre, como tras las consagraciones efectuadas por la FSSPX este verano: aunque en ambos casos los obispos incurrieron en excomunión automática en virtud del canon que regula las consagraciones episcopales ilícitas, cualquier pena para sus partidarios requería una evaluación independiente conforme a la legislación de la Iglesia sobre el cisma.

Incluso ese segundo paso incluye una salvedad, observó el P. Burgun: la Santa Sede ha señalado explícitamente que una pena para los fieles laicos “no puede presumirse automáticamente, sino que debe evaluarse caso por caso”. La adhesión formal, explicó, por lo general requiere algún tipo de compromiso jurídico: la pertenencia escrita o verbal a la FSSPX, la asistencia exclusiva a sus liturgias o el rechazo de los sacramentos cuando se está presente en una Misa celebrada dentro de la Iglesia Católica por motivos relacionados con la adhesión a la FSSPX, entre otras conductas similares.

La misma lógica se aplica a lo que las personas publican en internet. Un comentario que vaya más allá de expresar simpatía —por ejemplo, exhortar explícitamente a otras personas a asistir a una Misa de la FSSPX en lugar de a una celebrada según la forma ordinaria— podría tenerse en cuenta en esa evaluación individual, explicó el P. Burgun, en la medida en que fomente una conducta que la Iglesia considera problemática.

Por consiguiente, ni siquiera una publicación con connotaciones cismáticas provoca por sí misma una excomunión. Debido a que el cisma y la herejía no son delitos sancionados con una pena automática, cualquier sanción requiere un proceso canónico que determine que se han cumplido las condiciones jurídicas, independientemente de si la declaración apareció en internet, en un medio impreso o en otro lugar.

El canon 1329, que extiende la responsabilidad a los cómplices en circunstancias limitadas, difícilmente se aplicaría a quienes apoyan a la FSSPX en internet, afirmó el P. Burgun, pues una consagración episcopal no depende de la participación de una audiencia en línea.

El canonista procuró subrayar que los mismos principios canónicos se aplican con independencia de la orientación teológica o litúrgica. Los católicos que rechacen públicamente la autoridad eclesiástica desde una postura progresista estarían sujetos, en principio, al mismo marco jurídico.

Sin embargo, la condición del autor sí modifica la evaluación. Los sacerdotes y los religiosos tienen una obligación mayor de preservar la comunión eclesial y dar ejemplo, afirmó el P. Burgun, debido a su estado de vida y a su formación. Esto significa que las declaraciones de un clérigo en internet se someten a un criterio más estricto que las de un laico. Los laicos, observó, “son excusados con mayor facilidad” por desconocer la ley que los miembros del clero.

Libertad dentro de la comunión

Esto plantea inevitablemente la cuestión de la libertad de expresión de los propios fieles. El P. Burgun se refirió al canon 205, que define la plena comunión con la Iglesia como aquella que incluye tanto la comunión en el gobierno como en la fe, pero al que sigue el canon 212, que reconoce el derecho —“e incluso el deber”— de los fieles a expresar sus opiniones sobre asuntos eclesiales “con respeto hacia sus pastores”.

“La Iglesia no es”, afirmó, “una democracia en la que cada persona dice lo que quiere cuando quiere”. Reconoció que existe “cierta libertad de expresión” dentro de la Iglesia, pero se trata de una libertad que nunca se aparta del bien común ni de la preocupación por la unidad.

Más allá de los matices jurídicos que en última instancia puedan permitirse, sugirió el P. Burgun, la verdadera crisis que se desarrolla actualmente en las redes sociales católicas podría ser menos canónica que espiritual. A este respecto, citó la máxima atribuida a San Agustín: in necessariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus caritas, es decir, “en lo esencial, unidad; en lo dudoso, libertad; en todo, caridad”.

“Muchas reacciones”, afirmó, “carecen de caridad y de unidad hacia una comunión eclesial que ya ha sido suficientemente herida a lo largo de los siglos”.

Y añadió: “Las redes sociales no deberían agravar unas heridas que tardan en sanar”.

Solène Tadié

Artículo publicado originalmente en el National Catholic Register. Traducido y adaptado por el equipo de ACI Prensa.

Vea también     Causales de la Excomunión


domingo, 24 de enero de 2021

La «valentía» del arzobispo José Gómez: George Weigel defiende su carta a Biden sobre el aborto

 


Apenas lleva dos días en la Casa Blanca, y Joe Biden ya ha anunciado su intención de "convertir en ley" la sentencia Roe vs Wade del Tribunal Supremo que legalizó el aborto y "nombrar jueces que respeten precedentes fundamentales como Roe". Él y Kamala Harris (pues lo expresan como una intención de la "Administración Biden-Harris") afirman que "durante los últimos cuatro años, el derecho a decidir [el aborto] ha sufrido un ataque implacable y extremo", en referencia a la política abierta y desacomplejadamente provida de Donald Trump.

Es el mismo Joe Biden a quien, horas antes de tomar posesión del cargo, dio de comulgar el cardenal arzobispo de Washington, Wilton Gregory, lo que ha sido considerado por el líder provida Austin Ruse como "un escándalo sobre otro escándalo" con el que Biden "come y bebe su propia muerte espiritual", a tenor de lo que dice San Pablo: "Quien coma del pan y beba del cáliz del Señor indignamente, es reo del cuerpo y de la sangre del Señor... Quien come y bebe sin discernir el cuerpo come y bebe su condenación" (1 Cor 11, 27-29).

En ese contexto, el arzobispo de Los Ángeles y presidente de la conferencia episcopal estadounidense, José Gómez, firmó un comunicado advirtiendo al nuevo inquilino del Despacho Oval de que la Iglesia se mantendrá firme en la defensa de la vida ante la nueva ofensiva abortista. Algunos obispos, como el cardenal arzobispo de Chicago, Blase Cupich, le censuraron públicamente por ello.

Esto ha dado lugar a una polémica cuyas interioridades cuenta George Weigel en First Things (los ladillos son de ReL).

Arzobispo José Gomez: un perfil de valentía episcopal

Durante su reunión anual en noviembre del año pasado, una masa crítica de obispos católicos de Estados Unidos reconoció que la elección de Joe Biden a la presidencia había llevado a la Iglesia a un punto crítico.

El caso Biden

El presidente electo ha hablado durante mucho tiempo, y con evidente sinceridad, del modo en que su fe católica le había sostenido en momentos de gran sufrimiento, incluyendo la muerte de su primera esposa y de su hijo. Asistía regularmente a misa y era famoso por presumir de llevar su rosario consigo. En su campaña de 2020, ha citado al Papa Francisco, ha hablado a menudo de su afecto por las religiosas y ha invocado la doctrina social de la Iglesia como fuente de sus posiciones políticas.

Sin embargo, a lo largo de su carrera en el Senado y en sus ocho años como vicepresidente, Biden se ha convertido en un defensor cada vez más acérrimo de la interpretación más extrema del régimen del aborto impuesto al país por la sentencia Roe v. Wade de 1973, reforzada por la sentencia Planned Parenthood v. Casey de 1992.

Planned Parenthood respalda a Biden.

La multinacional abortera Planned Parenthood respaldó y financió la campaña de Joe Biden a la presidencia "para invertir el daño hecho por Donald Trump a nuestro acceso a la salud", donde "salud" significa "aborto". Foto: Twitter.

Ha sido un gran defensor de la sentencia Obergefell v. Hodges y del "matrimonio gay" (él mismo ofició una ceremonia de este tipo cuando era vicepresidente). No ha habido ninguna distancia visible entre, por un lado, sus posiciones políticas recientes y, por el otro, las de los defensores más agresivos del colectivo LGBT y la "teoría de género". Además, parecía no ser consciente de las amenazas que todo esto suponía para la libertad religiosa de las instituciones católicas y los derechos de conciencia de los católicos en la sanidad, la educación y otros ámbitos.

Durante la campaña de las primarias de 2020, llegó a decir que, como presidente, anularía la exención del mandato anticonceptivo del Obamacare (que incluía algunos abortivos) que la administración saliente había concedido a las Hermanitas de los Pobres, que se negaban a incluir anticonceptivos y abortivos en la cobertura del seguro médico de sus empleados.

Lo que acordaron los obispos

En la reunión de la Conferencia Episcopal estadounidense de noviembre se llegó a un punto de inflexión descrito posteriormente por un obispo como un "consenso atronador"; otro obispo dijo que la reunión concluyó con un "mandato fuerte y claro" para actuar. ¿Qué hacer entonces?

El presidente de la Conferencia Episcopal estadounidense, el arzobispo José Gómez, de Los Ángeles, decidió nombrar un grupo de trabajo para llevar adelante las relaciones con la nueva administración, que propondría un plan de acción a la luz de este desafío sin precedentes para la coherencia sacramental y moral de la Iglesia. El grupo de trabajo estaría presidido por el vicepresidente de la Conferencia Episcopal, el arzobispo Allen Vigneron, de Detroit; entre sus obispos miembros estarían los presidentes de las comisiones permanentes de la conferencia episcopal; y haría sus recomendaciones al presidente de la conferencia, monseñor Gómez, lo antes posible.

En dos reuniones el grupo de trabajo llegó rápidamente a un consenso y formuló sus recomendaciones al arzobispo Gómez. Tal y como informó posteriormente Gómez a los obispos, el grupo de trabajo había propuesto dos iniciativas.

La primera sería una carta dirigida al nuevo presidente por el arzobispo Gómez, escrita como pastor. La carta prometería apoyo a la nueva administración en los puntos de acuerdo. También identificaría las políticas de la administración, incluyendo el aborto, que los obispos consideran que violan la dignidad humana, e instaría al nuevo presidente a replantearse sus posiciones sobre estas cuestiones. La segunda iniciativa propuesta por el grupo de trabajo fue la elaboración de una declaración de la Conferencia sobre la coherencia eucarística de la Iglesia.

Esto último está por desarrollar -y será desarrollado-, pero el arzobispo Gómez está de acuerdo con la recomendación del grupo de trabajo de que se lleve a cabo un acercamiento al nuevo presidente lo antes posible. En lugar de una carta, Gomez optó por emitir una declaración pública el día de la toma de posesión de Biden.

Interviene Cupich

Sin embargo, el día antes de la toma de posesión, el cardenal Blase Cupich, de Chicago, y el cardenal Joseph Tobin, de Newark, presionaron con fuerza al arzobispo Gómez para que no hiciera ninguna declaración; lo mismo hizo el nuncio apostólico en Estados Unidos, el arzobispo Christophe Pierre. El arzobispo Gomez resistió a esas presiones y planeó publicar su declaración a las 9 de la mañana del día de la toma de posesión, tres horas antes de que el nuevo presidente jurara su cargo. Entonces intervino la secretaría de Estado de la Santa Sede, exigiendo que se retrasara la publicación de la declaración.

La interpretación caritativa que se puede a dar a esta injerencia sin precedentes en la acción propuesta por una conferencia nacional de obispos es que reflejaba la preocupación del Vaticano por que la primera declaración católica sobre el nuevo presidente viniera del propio Papa (como ocurrió poco después del mediodía del 20 de enero, en un anodino mensaje de felicitación). También podría especularse, no sin razón, de que algunos de los que habían intentado silenciar al arzobispo Gómez hicieron gestiones ante el Vaticano, y tal vez ante el propio Papa Francisco.

En un artículo publicado en internet en America [revista jesuita], un funcionario del Vaticano no identificado dijo que la Santa Sede no había estado al tanto de la declaración inminente del arzobispo Gómez hasta horas antes de la publicación prevista de la declaración. ¿Quién, puede uno preguntarse, causó inquietud entre los funcionarios romanos en el último momento e instó al Vaticano a intervenir en los asuntos públicos estadounidenses? ¿Nadie, a uno u otro lado del Atlántico, consideró que esa injerencia es precisamente de lo que habían advertido siglos de viejas leyendas negras protestantes (por no hablar de las caricaturas de Thomas Nast)? ¿Habría intentado la Santa Sede anular o retrasar la publicación de una declaración del presidente de la conferencia episcopal alemana (algunas de cuyas recientes declaraciones públicas no han demostrado estar familiarizadas con las cuestiones establecidas de la doctrina y la práctica católica)? ¿Por qué el nuevo ultramontanismo sólo se aplica a Estados Unidos?

Estas son cuestiones interesantes para el futuro.

Una declaración pastoral y "mesurada"

En cualquier caso, la declaración del arzobispo Gómez se publicó poco después de que el presidente Biden terminara su discurso de investidura. Era claramente una declaración pastoral, no un manifiesto político. Su tono era totalmente respetuoso y carente de clericalismo. Reconocía la renovación del nuevo presidente y expresaba públicamente su piedad en "una época de creciente y agresivo secularismo en la cultura estadounidense". Se comprometía a trabajar con la administración entrante en temas que los obispos habían destacado en la edición más reciente de su guía, Forming Consciences for Faithful Citizenship [Formando la conciencia para ser ciudadanos fieles], como la política de inmigración, la reforma de la justicia penal, la lucha contra el racismo y el empoderamiento de los pobres. Acogía con satisfacción "el llamamiento del presidente Biden a la reconciliación y la unidad nacional" y proponía un diálogo con el nuevo presidente y la administración sobre los pasos que hay que llevar a cabo para construir una cultura de la vida en Estados Unidos.

Y la declaración destacaba adecuadamente la singular gravedad moral de las cuestiones relativas a la vida, subrayando que la licencia para abortar "no es solo un asunto privado, [sino que] plantea cuestiones preocupantes y fundamentales de fraternidad, solidaridad e inclusión en la comunidad humana." Así, escribe el arzobispo Gómez, la cuestión del aborto "es un asunto de justicia social", ya que los estadounidenses "no pueden ignorar la realidad de que las tasas de aborto son más altas entre los pobres y las minorías, y que el procedimiento se utiliza regularmente para eliminar niños que nacerían con discapacidades".

Según cualquier criterio razonable, la declaración del arzobispo Gómez fue equilibrada y mesurada; de no ser por la controversia que estalló antes y después de su publicación, algunos probablemente habrían argumentado que era demasiado equilibrada y demasiado mesurada. La controversia, sin embargo, subrayó la postura firme, clara e inequívoca de la declaración sobre la "prioridad preeminente" de las cuestiones relativas a la vida, y, por tanto, aumentó el impacto de aquellas partes de la declaración que los cardenales disidentes encontraron tan objetables que intentaron anular todo el documento.

Cupich hace visible la división

Más tarde, el día de la toma de posesión, el cardenal Cupich emitió una declaración, seguida de una serie de tuits, en los que deploraba la declaración del arzobispo Gómez por considerarla "poco meditada", una "sorpresa para muchos obispos" y el resultado de "fallos institucionales internos" por parte de la Conferencia Episcopal estadounidense. No está claro si estos duros juicios reflejan la opinión tanto de Roma como de Chicago. En cualquier caso, no resistirían un análisis cuidadoso.

La sugerencia de que el arzobispo Gómez estaba actuando, de alguna manera, independientemente de la conferencia episcopal y, por ende, de forma irresponsable, es en sí misma injusta e irresponsable. La declaración del arzobispo se elaboró en respuesta a las recomendaciones del grupo de trabajo que había nombrado en noviembre. Esas recomendaciones reflejaban, a su vez, el amplio consenso entre los obispos mostrado en su reunión de noviembre.

Además, al identificar los puntos de acuerdo y desacuerdo con la administración entrante, la declaración no iba más allá de lo que la Conferencia Episcopal estadounidense había dicho durante años, incluso décadas. Sugerir que había sido una acción sin precedentes es falsificar la historia. Lo que sí era inédito, como señaló el arzobispo Gómez en su declaración, era la situación de un presidente de Estados Unidos que profesaba un catolicismo devoto y sincero y que, sin embargo, se comprometía públicamente a facilitar graves males morales. No reconocer ese hecho, y no abordarlo con el nuevo presidente, habría costado mucho a los obispos en cuanto a su propia autoestima y su credibilidad pública.

[Lee el artículo en el que George Weigel recoge la doctrina de la Iglesia sobre la coherencia eucarística con quienes legislan a favor del aborto: Coherencia católica, integridad católica.]

Ningún obispo que haya asistido a la reunión de la Conferencia Episcopal de noviembre y haya escuchado atentamente las preocupaciones expresadas allí debería haberse sorprendido por el contenido de la declaración del arzobispo Gómez. La declaración reflejaba con bastante precisión los temas dominantes de esa reunión.

Gómez, un hombre de fe y valiente

Hay muchas cuestiones morales graves en el debate político público contemporáneo, pero las cuestiones relativas a la vida, como ha insistido el propio Papa Francisco, tienen prioridad porque afectan a cuestiones básicas de la dignidad humana y los primeros principios de la justicia. Algunos pueden sorprenderse de que el arzobispo Gómez haya tenido el valor de escribir tan directamente al presidente Biden, y hacerlo después de haber sido presionado por dos cardenales; pero tal sorpresa delata una ignorancia del hombre. El arzobispo Gómez es una persona tranquila y gentil que no busca el protagonismo; no es un tuitero empedernido; no es conflictivo. Pero, sobre todo, es un hombre de profunda fe y sólida piedad, que en noviembre comprendió que se había llegado a un punto de inflexión y que la credibilidad evangélica de la Iglesia estaba en juego por ello. Ofreció un perfil de valentía episcopal en un momento en el que otros -los verdaderos atípicos en este drama- exigían (uno espera que sin reconocer la analogía) una repetición del enfoque acomodaticio de los funcionarios públicos católicos defendido durante mucho tiempo por Theodore McCarrick, sobre todo durante las elecciones de 2004.

El padre Santiago Martín coincide con George Weigel en que la unidad de la Iglesia estadounidense no puede intentarse a costa de la verdad de Cristo.

En los últimos meses, los obispos estadounidenses, incluyendo prácticamente a toda la cúpula episcopal de la conferencia, han manifestado su acuerdo en una cosa: mantener una falsa fachada de unidad episcopal no merece el sacrificio de las verdades que la Iglesia debe decir. Estas incluyen la verdad sobre la propia integridad sacramental de la Iglesia y la coherencia eucarística; las verdades sobre la dignidad y el valor inalienables de toda vida humana desde la concepción hasta la muerte natural; la verdad sobre la libertad religiosa en su totalidad y los derechos de conciencia de aquellos que se niegan a actuar contra la dignidad humana; y la verdad sobre la preocupación de la Iglesia por la salud espiritual de los funcionarios públicos católicos que, sea cual sea el grado de culpabilidad subjetiva, facilitan sin embargo graves males morales.

En su a menudo conmovedor discurso inaugural, el presidente Biden nos llamó a "poner fin a esta guerra civil que enfrenta a rojos y azules" y declaró su creencia de que "podemos hacerlo si abrimos nuestras almas en lugar de endurecer nuestros corazones". Dudo que el arzobispo José Gómez haya recibido una copia anticipada del discurso del presidente. Pero, providencialmente, su declaración en el día de la toma de posesión fue una invitación del pastor al presidente Biden para que hiciera precisamente eso: abrir su alma a la plenitud de la verdad católica. El arzobispo merece un gran crédito por haber tenido el valor de hacerlo, al igual que los muchos, muchos cardenales y obispos que lo apoyaron, y que seguirán trabajando para convertir este punto de inflexión en un momento de renovación católica evangélica, sin importar lo que cueste.

Traducción de Elena Faccia Serrano.

ReL

Vea también    El pecado y el delito del aborto: 28 preguntas y respuestas




jueves, 24 de agosto de 2017

Pregunta 237: ¿Su Fe es la Fe de la Iglesia? ¡Compruébelo!

Esta es nuestra Fe, la Fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor nuestro.

 excomunión


237. ¿Hay pecados tan graves que no los pueda absolver un sacerdote normal?

Hay pecados en los cuales el hombre se aparta totalmente de Dios y, dada la gravedad especial del acto, atrae sobre si la pena de  EXCOMUNIÓN. En caso de pecados sancionados con excomunión, sólo puede conceder la absolución el OBISPO o un sacerdote que tenga este oficio especifico, e incluso en algunos casos sólo el PAPA. En caso de peligro de muerte todo SACERDOTE puede absolver de cualquier pecado y de la excomunión. [1463]


Un católico que, por ejemplo, presta una colaboración imprescindible para un aborto que efectivamente se realiza, se excluye automáticamente de los sacramentos; la Iglesia sólo constata este estado. La EXCOMUNIÓN tiene la intención de que el pecador cambie de vida y vuelva al buen camino.
Nota: El Papa Francisco ha dado a todos los sacerdotes del mundo la facultad de absolver de la excomunión por el pecado de aborto - la absolución estaba sólo permitida al obispo y sus delegados - mientras otros pecados siguen reservados.


excomunión por el aborto




* El texto (pregunta y respuesta) proviene del Youcat = Catecismo para Jóvenes. Los números que aparecen después de la respuesta hacen referencia al pasaje correspondiente del Catecismo de la Iglesia Católica que desarrolla el tema aún más. Basta un clic en el número y será transferido. 

domingo, 13 de marzo de 2016

¿Por qué un católico no puede pertenecer a la masonería?

La Iglesia, después de dos siglos, sigue manteniendo la excomunión a los masones.
¿Cuáles son las razones?

Simbolo massoneria - es

Juan Daniel Escobar Soriano, Aleteia
Un católico no puede pertenecer a la masonería, ya que sus principios fundamentales están basados en un racionalismo que niega la revelación de un Dios Personal; además, nos encontramos con un indiferentismo religioso, junto a misterios, secretos y esoterismo que se contraponen a lo enseñado y practicado por el Cristianismo en cualquiera de sus tradiciones. Esta negativa la encontramos en las declaraciones de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el Código de Derecho Canónico y numerosas declaraciones de Conferencias Episcopales.
 
1)    Introducción
 
Es sabido que en la antigüedad las relaciones de la masonería con la Iglesia Católica no fueron buenas. Sin embargo, hoy han existido diálogos oficiales. Entre los años 1974 y 1980, por encargo de la Conferencia Episcopal Alemana, se trató de constatar si la masonería ha experimentado cambios, de tal forma que permitan a los católicos pertenecer a este grupo. Las conversaciones se desarrollaron en un clima de cordialidad y con gran franqueza.
En 1981, la Sagrada Congregación para la Fe emitió una Declaración sobre el tema que nos ocupa. Cf. Sagrada Congregación para la Fe,Declaración sobre la pertenencia de los católicos a asociaciones masónicas (17.02.1981). AAS 73 (1981), 240-241. La misma Congregación, se volvió a pronunciar en 1983. Cf. Sagrada Congregación para la Fe, Declaración sobre asociaciones masónicas(26.05.1983). AAS 76 (1984), 300. Este tema, también ha sido preocupación de algunas Conferencias Episcopales, como el caso de la del Paraguay en el 2012.
 
2)    ¿Puede un católico ser masón?
 
Hasta hoy, la respuesta es NO.
 
3)    ¿Cuáles son las razones fundamentales de esta negativa?
 
La Conferencia Episcopal Alemana, después de 6 años de diálogos y estudios, llegó a la conclusión que la masonería no ha cambiado en su esencia y que la pertenencia a la misma cuestiona los fundamentos de la existencia cristiana, debido a que la cosmología o visión del mundo de los masones no es unitaria, sino relativa, subjetiva, y no se puede armonizar con la fe cristiana; el concepto de verdad es, asimismo, relativista, negando la posibilidad de un conocimiento objetivo de la verdad, lo cual no es compatible con el concepto católico; también el concepto de religión es relativista y no coincide con la convicción fundamental del cristianismo, el concepto de Dios, simbolizado a través del “Gran Arquitecto del Universo” es de tipo deístico y no hay ningún conocimiento objetivo de Dios en el sentido del concepto personal del Dios del teísmo, y está transido de relativismo, lo cual mina los fundamentos de la concepción de Dios de los católicos. Cf. Conferencia Episcopal Alemana, Declaración sobre la pertenencia de los católicos a la masonería (28.04.1980).
 
Los masones, al intentar mantenerse públicamente indiferentes ante la religión concreta, han defendido los estados y la enseñanza laica o sin religión, con lo cual se termina en la neutralidad. Ciertamente, Dios y la religión no estorban a la persona, sino que le ayudan. Para la masonería, la moral no debe estar ligada a ninguna creencia religiosa ni basarse en pretendidas revelaciones divinas, lo que nos lleva a una moral sin Dios, sin Cristo, y sin Evangelio. Cf. B. Kloppenburg, Sectas en América Latina (Bogotá 1983), 219-223; F. Sampedro, Sectas y otras doctrinas en la actualidad (Bogotá 2001), 268- 277; F. Sampedro – J. Escobar, Las Sectas: Análisis desde América Latina (Bogotá 2003), 610-611.
 
La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, publicó en 1981 una declaración en la que reiteraba la excomunión para los católicos que participen en la masonería y asociaciones del mismo género. Cf. Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración sobre la pertenencia de los católicos a asociaciones masónicas(17.02.1981). AAS 73 (1981), 240-241.
 
Por su parte, el Código de Derecho Canónico, nos dice: “Quien se inscribe en una asociación que maquina contra la Iglesia, debe ser castigado con una pena justa; quien promueve o dirige esa asociación, ha de ser castigado con entredicho”(CIC, 1374).
 
En 1983, de nuevo la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, se refiere al problema que nos ocupa. En esta declaración se especificaba que no había cambiado el juicio negativo de la Iglesia sobre la masonería y que seguía prohibida la afiliación de los católicos a la misma. Además se explicita que los fieles que pertenezcan a ella se encuentran en estado de pecado grave y no pueden acercarse a la Eucaristía; y que las autoridades eclesiásticas locales no pueden derogar lo anterior. Cf. Sagrada Congregación para la Fe,Declaración sobre asociaciones masónicas (26.05.1983). ASS 76 (1984), 300.
También es interesante consultar: Lluís Martínez., Las asociaciones de fieles (Barcelona 2012).
 
A modo de conclusión, podemos afirmar, que después de un examen minucioso de las afirmaciones fundamentales y rituales masónicos, como la constatación objetiva de que hasta nuestros días la masonería no ha experimentado cambios significativos, nos lleva a sostener que no es compatible la pertenencia a la Iglesia Católica y al mismo tiempo a la masonería.
 
4) ¿Qué piensan otras iglesias cristianas sobre la masonería?
 
El pensamiento de la Iglesia Católica acerca de la incompatibilidad de las creencias masónicas con la fe cristiana, es compartido por otras Iglesias Cristianas. La opinión del investigador evangélico J. Cabral sobre el tema, es la siguiente:
 
“Analizando la masonería a la luz de las Sagradas Escrituras, se llega a la conclusión que es anticristiana, deísta y racionalista, y que se encuentra perfectamente en el marco de las religiones y sectas falsas”. J. Cabral, Religiones, sectas y herejías (Florida 1995), 85.
 
5) Hemos hablado de la relación entre Masonería y deísmo: ¿qué es el deísmo?
 
Deísmo: Término derivado el latín“Deus” y se aplica al movimiento que rechaza la revelación revelada y acepta una religión natural, es decir, la que se funda en las intuiciones de la persona humana acerca del mundo de la naturaleza y en las deducciones que de ahí se pueden obtener. El deísmo tuvo su origen en Inglaterra a finales del siglo XVII. Se trataba de una reacción frente a las afirmaciones de que el cristianismo era una religión revelada. El deísmo cree en un creador divino, que después no interviene en su creación. Algunos autores representativos, son: J. Locke, M. Tindal, F. Voltaire, J. Rousseau. Cf. S. Brandon,Diccionario de Religiones comparadas (Madrid 1975) vol. I., 481.
 
6) ¿Qué valoración podemos hacer hoy de la Masonería?
 
Básicamente, la masonería es una sociedad secreta con fines filantrópicos y humanitarios, que tiene una filosofía religiosa muy parecida al deísmo inglés de comienzos del siglo XVIII.
 
Desde sus comienzos hasta nuestros días, la masonería ha sufrido muchas divisiones. De hecho, los mismos masones hablan de una masonería “irregular” y de la “regular”; por lo tanto, no existe hoy día un patrón masónico que pueda ser aplicado a todas sus divisiones. Además, las características de la masonería dependerá el país en que se practica.
 
7) ¿Podemos destacar algo positivo de la Masonería?
 
No podemos poner en duda que en la masonería hay objetivos valiosos como la búsqueda de la verdad, el estudio y la práctica de la moral y el trabajo por el bienestar de la humanidad. También son atrayentes para muchos, las ideas de libertad, igualdad y fraternidad.
 
Referencias en internet 
www.enciclopediacatolica.com/f/francmasoneria.htmwww.es.catholic.net/sectasapologeticayconversos/
www.eneseñanza.tripol.com/masoneria_fecristiana.htm