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sábado, 14 de marzo de 2026

Evangelio del día - Sábado 3a Semana de Cuaresma

Libro de Oseas 6,1-6.

«Vengan, volvamos al Señor: él nos ha desgarrado, pero nos sanará; ha golpeado, pero vendará nuestras heridas.
Después de dos días nos hará revivir, al tercer día nos levantará, y viviremos en su presencia.
Esforcémonos por conocer al Señor: su aparición es cierta como la aurora. Vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia de primavera que riega la tierra».
¿Qué haré contigo, Efraím? ¿Qué haré contigo, Judá? Porque el amor de ustedes es como nube matinal, como el rocío que pronto se disipa.
Por eso los hice pedazos por medio de los profetas, los hice morir con las palabras de mi boca, y mi juicio surgirá como la luz.
Porque yo quiero amor y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.


Salmo 51(50),3-4.18-19.20-21ab.

El Señor quiere amor y no sacrificios.

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado!

Los sacrificios no te satisfacen;
si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:
mi sacrificio es un espíritu contrito,
tú no desprecias el corazón contrito y humillado.

Trata bien a Sión, Señor, por tu bondad;
reconstruye los muros de Jerusalén.
Entonces aceptarás los sacrificios rituales
-las oblaciones y los holocaustos-.


Evangelio según San Lucas 18,9-14.

Refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, dijo también esta parábola:
"Dos hombres subieron al Templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano.
El fariseo, de pie, oraba así: 'Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano.
Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas'.
En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: '¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!'.
Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado".


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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Bulle

San Gregorio Magno (c. 540-604)
papa y doctor de la Iglesia
Morales sobre el libro de Job, XII (SC 212. Morales sur Job, Cerf, 1974), trad. sc©evangelizo.org


La humildad de corazón

Frecuentemente, abatido el justo por algunas adversidades, se siente obligado a considerar el estado de su vida. Así acaeció con el bienaventurado Job. Después de una vida justa, era acabado por las desdichas. Acontece que cuando un hombre injusto escucha la palabra del justo, ve en ella orgullo en vez de sinceridad. Según sea su propio corazón mide la palabra del justo y no cree que la palabra del sabio pueda ser dicha con humildad. Es una falta grave arrogarse lo que no se es, en cambio, no hay ninguna falta en expresarlo con humildad cuando se tiene una virtud. El justo y el injusto pueden tener las mismas palabras, pero sus corazones no se asemejan. Según que vengan del justo o del injusto, iguales palabras ofenden o agradan al Señor.
El Fariseo entrado en el Templo decía “Ayuno dos veces por semana, doy la dima de todo lo que poseo”. Pero el Publicano salió del Templo justificado y el Fariseo no. El rey Ezequías, gravemente afectado por la enfermedad y llegado al término de su vida, decía en la compunción de la oración “Te suplico, Señor, recuerda que he caminado en la verdad con un corazón perfecto” (cf. Is 38,3). A esta declaración de perfección, el Señor no opone ni desprecio ni rechazo, sino que escucha enseguida su oración. He aquí el Fariseo, que se declara justo en sus obras, y Ezequías que ha afirmado ser justo hasta en sus pensamientos. Una misma actitud, pero uno a ofendido al Señor y el otro le ha agradado. ¿Por qué?
Porque Dios Todopoderoso pesa las palabras de cada uno de nosotros según nuestros pensamientos y su oído no escucha orgullo en las palabras que vienen de la humildad del corazón. Así actuaba el bienaventurado Job, que exponía sus buenas obras sin el orgullo que desagrada tanto a Dios, diciendo con humildad lo que había hecho en verdad. 
(EDD)

Reflexión sobre el gouache

En la lectura del Evangelio de hoy, oímos hablar de dos personas que subieron al Templo a orar... pero sólo una de ellas oró de verdad. Por fuera, ambos 'parecían' estar rezando. El fariseo ofrece una oración de acción de gracias, que comienza: “Te doy gracias, Dios...”, mientras que el recaudador de impuestos reza una simple súplica: “Dios, sé misericordioso conmigo, pecador”. Ambos utilizan un lenguaje religioso familiar, pero sólo la oración del recaudador de impuestos es recibida como auténtica ante Dios. 

Lo que marca la diferencia no son las palabras, sino el corazón que hay detrás de ellas. La oración del fariseo nace del orgullo y la comparación; se mide con los demás y se considera superior. El recaudador de impuestos, sin embargo, reza con humildad, consciente de su necesidad y de su dependencia de la misericordia de Dios. En realidad, ambos hombres están igualmente necesitados de Dios... pero sólo uno lo reconoce.

Y ahí es donde comienza la auténtica oración: no en la autosuficiencia, sino en la honestidad. Nuestro gouache sobre papel de James Tissot presenta la parábola con una claridad sorprendente. Dos figuras se encuentran en el Templo, situadas una al lado de la otra, aunque separadas por mundos. A la izquierda, el fariseo está erguido, vestido con ropas brillantes, casi luminosas, con la cabeza levantada y la mirada dirigida hacia arriba, como si confiara en su propia rectitud. A la derecha, el recaudador de impuestos está a una ligera distancia, con vestimentas amarillas, la cabeza inclinada y la mano golpeándose el pecho en un gesto de arrepentimiento. Lo que resulta tan impactante en la composición de Tissot es que nada dramático parece suceder exteriormente. No hay grandes gestos y, sin embargo, todo se expresa a través de la postura y la actitud. El fariseo parece sereno, controlado, incluso digno; pero hay en él una distancia, una contención. El recaudador de impuestos, por el contrario, está casi derrumbado sobre sí mismo, incapaz siquiera de levantar los ojos. Sus cuerpos transmiten un mensaje teológico: el orgullo se yergue; la humildad se inclina.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

Oración por la Humildad (P. Ignacio Larrañaga)
"Señor Jesús, manso y humilde de corazón, desde el polvo me sube y me domina esta sed de que todos me estimen... Dame la gracia de la humildad, mi Señor. Dame la gracia de perdonar de corazón, la gracia de aceptar la crítica y aceptar cuando me corrijan... Ayúdame, Señor, a pensar menos en mí y abrir espacios en mi corazón para que los puedas ocupar Tú y mis hermanos. Cristo Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo. Amén."

martes, 3 de marzo de 2026

Evangelio del día - Martes semana 2 de cuaresma

Libro de Isaías 1,10.16-20.

¡Escuchen la palabra del Señor, jefes de Sodoma! ¡Presten atención a la instrucción de nuestro Dios, pueblo de Gomorra!
¡Lávense, purifíquense, aparten de mi vista la maldad de sus acciones! ¡Cesen de hacer el mal,
aprendan a hacer el bien! ¡Busquen el derecho, socorran al oprimido, hagan justicia al huérfano, defiendan a la viuda!
Vengan, y discutamos -dice el Señor-: Aunque sus pecados sean como la escarlata, se volverán blancos como la nieve; aunque sean rojos como la púrpura, serán como la lana.
Si están dispuestos a escuchar, comerán los bienes del país;
pero si rehúsan hacerlo y se rebelan, serán devorados por la espada, porque ha hablado la boca del Señor.


Salmo 50(49),8-9.16bc-17.21.23.

El que sigue el buen camino, gustará la salvación de Dios.

No te acuso por tus sacrificios:
¡tus holocaustos están siempre en mi presencia!
Pero yo no necesito los novillos de tu casa
ni los cabritos de tus corrales.

"¿Cómo te atreves a pregonar mis mandamientos
y a mencionar mi alianza con tu boca,
tú, que aborreces toda enseñanza
y te despreocupas de mis palabras?

Haces esto, ¿y yo me voy a callar?
¿Piensas acaso que soy como tú?
Te acusaré y te argüiré cara a cara.
El que ofrece sacrificios de alabanza,
me honra de verdad;
y al que va por el buen camino,
le haré gustar la salvación de Dios."


Evangelio según San Mateo 23,1-12.

Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos:
"Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés;
ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen.
Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo.
Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos;
les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas,
ser saludados en las plazas y oírse llamar 'mi maestro' por la gente.
En cuanto a ustedes, no se hagan llamar 'maestro', porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos.
A nadie en el mundo llamen 'padre', porque no tienen sino uno, el Padre celestial.
No se dejen llamar tampoco 'doctores', porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías.
Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros,
porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado".

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

San Pascasio Radbert (¿- c. 849)
monje benedictino
Comentario al evangelio de Mateo, 10,23


“Si yo, que soy el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, vosotros debéis hacer lo mismo unos con otros.” (Jn 13,14)

“Quien se humilla será ensalzado” (Lc 14,11) Cristo no sólo encargó a los discípulos no dejarse llamar maestros y no querer ocupar los primeros puestos en los banquetes ni aspirar a otros honores, sino que él mismo dio en su persona el ejemplo y es modelo de toda humildad. Aunque el nombre de Maestro no le corresponde por complacencia sino por derecho de naturaleza, porque “todo subsiste en él y para él” (Col 1,17) por su encarnación nos ha comunicado una enseñanza que nos conduce a todos a la verdadera vida y, porque él es mayor que nosotros, nos ha “reconciliado con Dios” (Rm 5,10). Tal como nos dijo: “No aspiréis a honores, no dejéis que os llamen maestros” también dijo “yo no vivo preocupado por mi honor. Hay uno que se preocupa de eso” (Jn 8,50). Fijad vuestra mirada en mí, “el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por todos” (Mt 20,28).
Ciertamente, en este pasaje del evangelio, el Señor instruye no sólo a los discípulos sino también a los jefes de la Iglesia, encargándoles que no se dejen arrastrar por la avidez de los honores. Al contrario, que “el que quiera ser grande entre vosotros”, sea el primero en hacerse siervo de todos, como él (cf Mt 20, 26-27.)
(EDD)

Reflexión sobre el cuadro

En el Evangelio de esta mañana, Jesús desmonta cualquier intento de crear jerarquías de superioridad entre sus seguidores. Les recuerda que hay un solo Maestro verdadero y un solo Maestro verdadero: él mismo. Y un solo Padre celestial al que todos pertenecemos. Sea cual sea nuestro papel dentro de la Iglesia (como voluntarios, lectores, obispos, seminaristas, sacerdotes, limpiadores, floristas, etc...), estamos ante Dios como hermanos y hermanas, como educandos reunidos a los mismos pies. Puede haber diferentes responsabilidades, diferentes funciones y diferentes dones (como San Pablo describe bellamente a la Iglesia como un solo cuerpo con muchos miembros), pero la diversidad de servicio no significa desigualdad de dignidad. Ante Cristo, somos iguales.


La oración que Jesús nos enseñó, el Padrenuestro, lo deja claro. Todos pedimos el pan de cada día. Todos pedimos perdón. Todos dependemos de la ayuda de Dios en tiempos de prueba. Nadie se libra de esa dependencia. Es precisamente esta humildad la que faltaba en algunos de los líderes religiosos a los que Jesús critica; aquellos que buscaban el honor, el reconocimiento y los mejores asientos. El Evangelio nos llama suave pero firmemente a la sencillez de corazón. Sea cual sea nuestro ministerio o título, seguimos siendo compañeros de peregrinación, caminando codo con codo, aprendiendo juntos a seguir al Señor.


El cuadro de Frans Van Leemputten, que representa a los peregrinos que atraviesan los campos camino de la iglesia, es una bella muestra de ello. Están unidos en su viaje, sin jerarquías. El artista muestra deliberadamente las figuras de espaldas, en lugar de mostrar sus rostros. Esta elección artística constituye una declaración visual sobre la naturaleza misma de la peregrinación. Al dar la espalda a las figuras, Van Leemputten elimina del primer plano la expresión individual y la identidad personal, y en su lugar pone toda la atención en el acto de viajar. No vemos quiénes son estos peregrinos (sus nombres, emociones o estatus social) sólo vemos su actividad: su peregrinación conjunta. De este modo, se convierten en universales: cada creyente en camino, cada buscador de Dios, cada alma en peregrinación.


by Padre Patrick van der Vorst

Oración

"Señor Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo.
Libérame, Señor, del deseo de ser estimado, aplaudido y preferido por los demás.
Ayúdame a no buscar mi propia gloria, ni a regodearme en los elogios, ni a desanimarme con las críticas.
Dame la gracia de la humildad para aceptar correcciones y perdonar de corazón.
Enséñame a mantenerme sereno ante el desprecio y a ser feliz cuando no figuro.
Que pueda servirte con sencillez, reconociendo mi pequeñez ante tu grandeza. Amén"


lunes, 7 de julio de 2025

¿Orgullosos de pecar? 7 consecuencias de celebrar nuestras caídas: del corazón duro al juicio eterno

El orgullo puede nublar el discernimiento, llevando a justificar el mal como bien

Cuando alguien se gloria en su pecado, su conciencia
puede volverse insensible.

Sentirse orgulloso del pecado —es decir, no solo cometerlo, sino justificarlo, celebrarlo o negarse a reconocerlo como algo malo— puede tener serias consecuencias, tanto espirituales como personales y sociales

Desde una perspectiva cristiana, aquí tienes siete consecuencias de estar orgulloso del pecado:

1. Alejamiento de Dios

El orgullo en el pecado endurece el corazón y dificulta el arrepentimiento. Esto interrumpe la comunión con Dios y bloquea la gracia.

"Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes" (Santiago 4:6).

2. Ceguera espiritual

El orgullo puede nublar el discernimiento, llevando a justificar el mal como bien, perdiendo sensibilidad hacia lo que es pecado.

Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo!" (Isaías 5:20).

3. Corazón endurecido

Cuando alguien se gloria en su pecado, su conciencia puede volverse insensible, haciendo que el arrepentimiento sea cada vez más difícil.

"Por la dureza de tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira" (Romanos 2:5).

4. Influencia negativa sobre otros

El orgullo en el pecado no solo afecta al pecador, sino que puede llevar a otros por el mismo camino, escandalizándolos o debilitando su fe.

5. Ruptura de relaciones humanas

El pecado celebrado puede destruir relaciones con familiares, amigos o miembros de la comunidad, especialmente si otros ven el mal que se causa.

6. Consecuencias morales y sociales

Muchos pecados tienen consecuencias tangibles: adicciones, violencia, deshonestidad, promiscuidad, etc. Sentirse orgulloso impide reconocer y corregir esos daños.

7. Juicio eterno

Según la fe cristiana, si una persona persiste en el pecado sin arrepentimiento y se gloria en ello, corre el riesgo de perder la salvación.

"El alma que pecare, esa morirá" (Ezequiel 18:4).

A. Martínez, ReL

Vea también     Pecados capitales y virtudes opuestas:
Reglas de discernimiento de espíritu




















miércoles, 28 de febrero de 2024

Audiencia del Papa: «El envidioso no acepta las 'matemáticas' de Dios, que son siempre el amor»


"Quisiéramos imponer a Dios nuestra lógica egoísta, pero la lógica de Dios es el amor. Los bienes que Él nos da están destinados a ser compartidos", escribió el Papa sobre la envidia.

"El rostro del envidioso es siempre triste: tiene su mirada baja, parece estar constantemente investigando el suelo, pero en realidad no ve nada, porque su mente está envuelta en pensamientos llenos de maldad", leyó en nombre del Papa monseñor Ciampanelli, oficial de la Secretaría de Estado, durante la Audiencia de este miércoles

El Papa, todavía débil por su reciente resfriado, dedicó su texto a la envidia y la vanagloria. Antes de finalizar la Audiencia, Francisco leyó personalmente unos saludos, en donde recordó el 25º aniversario de la convención que puso fin al uso de las minas antipersona, y a pueblos como Ucrania, Palestina, Israel, Burkina Faso y Haití.

"La epifanía de lo que nos gustaría ser"

Tras la bendición final, Francisco saludó al arzobispo de Valladolid, Luis Argüello, quien se encuentra en Roma con la comisión que impulsa la beatificación de Isabel la Católica. Luis Argüello le entregó al Papa una muestra de la documentación sobre la causa de beatificación de la reina castellana.

"La envidia, si no se controla, conduce al odio del otro. Abel morirá por manos de Caín, que no pudo soportar la felicidad de su hermano. La envidia es un mal investigado no sólo en el ámbito cristiano: ha atraído la atención de filósofos y estudiosos de todas las culturas. En su base hay una relación de odio y amor: uno quiere el mal del otro, pero en secreto desea ser como él. El otro es la epifanía de lo que nos gustaría ser, y que en realidad no somos. Su suerte nos parece una injusticia: ¡seguramente -pensamos- nosotros habríamos merecido mucho más sus éxitos o su buena suerte!", dijo Ciampanelli en nombre del Papa.

"En la raíz de este vicio está una falsa idea de Dios: no se acepta que Dios tenga sus propias 'matemáticas', distintas de las nuestras (...). Quisiéramos imponer a Dios nuestra lógica egoísta, pero la lógica de Dios es el amor. Los bienes que Él nos da están destinados a ser compartidos", añadió.

Respecto a la vanagloria, el Papa escribió que "es una autoestima inflada y sin fundamentos. El vanaglorioso posee un 'yo' dominante: carece de empatía y no se da cuenta de que hay otras personas en el mundo además de él. Sus relaciones son siempre instrumentales, marcadas por la prepotencia del otro. Su persona, sus logros, sus éxitos deben ser exhibidos a todo el mundo: es un perpetuo mendigo de atención".

Aquí puedes ver la Audiencia General completa de este miércoles. 

"Para curar al vanidoso, los maestros espirituales no sugieren muchos remedios. Porque, después de todo, el mal de la vanidad tiene su remedio en sí mismo: la alabanza que el vanidoso esperaba cosechar del mundo pronto se volverá contra él. Y ¡cuántas personas, engañadas por una falsa imagen de sí mismas, han caído más tarde en pecados de los que pronto se avergonzarían!", recordó el Papa.

"La instrucción más hermosa para superar la vanagloria se encuentra en el testimonio de San Pablo. El Apóstol se enfrentó siempre a un defecto que nunca pudo superar. Tres veces pidió al Señor que le librara de aquel tormento, pero al final Jesús le respondió: 'Te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debilidad'. Desde ese día Pablo fue liberado. Y su conclusión debería ser también la nuestra: 'Así que muy a gusto me glorío de mis debilidades, para que resida en mí la fuerza de Cristo'". concluyó.

Jesús M.C., ReL


 

miércoles, 22 de noviembre de 2023

Corregir la sobre estima de la mano de San Felipe Neri

 

vanidad sobre estima


Sabemos perfectamente que la baja autoestima es un área que debemos mejorar; sin embargo, poco se habla sobre la contraparte: la sobre estima. El psicólogo Guillermo Dellamary explica qué es y cómo se puede trabajar

Bien decía Alfred Adler, el famoso psicoanalista suizo, que todo sentimiento de superioridad, es un mal manejo del sentimiento de inferioridad. Muchas personas padecen de un engreimiento y una petulancia que los hace creerse por encima de los demás. 

Casi siempre hablamos de baja autoestima, que es el poco cuidado y amor hacia sí mismos, una tendencia a tener un concepto pobre de la propia personalidad que puede llegar a devaluar las propias habilidades y experiencia que se tienen en la vida.  Efectivamente, existen muchas personas que su baja autoestima los hace parecer personas tímidas y limitadas en su manera de realizar las actividades profesionales, porque rayan en la inseguridad y la falta de confianza en sí mismos. 

Pero también está la otra cara de la moneda, de la que poco se habla, que es precisamente una elevada autoestima, lo que lleva a las personas a sentirse superiores y pensar que por poseer los objetos y oportunidades que poseen son mejores que los demás.

Estas personas llegan a creerse más capaces e inteligentes que las personas que los rodean, incluso consideran que todos son estúpidos menos ellos. Se sienten merecedores de todo y su orgullo no les permite aceptar que les nieguen las cosas que ellos quieren, porque se sienten ofendidos. 

Quieren ser protagonistas, destacar, mostrar sus logros y éxitos, poseer objetos de lujo y demostrar que son personas que pertenecen a la clase alta y que brillan por las relaciones que tienen con gente importante y famosa. Se sobre valoran tanto a sí mismos que toman actitudes vanidosas, presumidas y realmente se comportan como si fueran superiores a los demás. 

Una persona vanidosa desea en exceso llamar la atención y el reconocimiento de los demás, hasta el punto de llegar a buscar alabanzas por sus logros y capacidades. Es por ello, que en nuestros tiempos, estamos muy inclinados a una vida superficial, con la constante tentación de ser vanidosos. 

Enseñanzas de san Felipe Neri

PHILIP NERI

De aquí que el famoso san Felipe Neri puso como uno de los impedimentos más grandes para la vida humilde e íntimamente relacionada con el amor de Dios a esta sensación de engreimiento, vanidad y sobre estima.

Una de las más importantes enseñanzas de este gran santo fue demostrar que la sencillez y la simpleza son sumamente valiosas para alcanzar la virtud y que no se necesita de ninguna ostentación de nada. Lo valioso de la vida es lo ordinario, los actos cotidianos de caridad y amor al prójimo con una buena actitud y con gran humor. 

La sobrevaloración de sí mismos, aunado a la vanidad, se convierte en un obstáculo para vivir una vida más genuina que dé testimonio del amor de Dios. 

Darse tanta importancia a sí mismos y querer estar demostrando a los demás que eres grande y muy exitosos en lo que haces te aleja de enfocarte en servir a los demás, pues más bien estás buscando que los demás te admiren y reconozcan por lo que haces. 

La verdadera grandeza:

Una vida espiritual auténtica busca la relación genuina con Dios, por medio de la caridad que es estar centrados en dar y no en estar esperando recibir. En ejercer un servicio desinteresado por los demás. 

En realidad no necesitamos estar exhibiendo ni subrayando lo que somos y hacemos, porque el amor y la caridad son algo discreto, sencillo, que se hace con espontaneidad y sin deseos de notoriedad, porque en esto no hay dobles intenciones, ni ganas de brillar y destacar por encima de nadie. Lo que se hace por los demás no se presume ni debe hacernos creer que somos alguien especial. 

Por el contrario, la sobre estima es estar al pendiente de esa importancia excesiva que se tiene sobre sí mismo, la propia imagen, el estatus social que se tiene; en fin, la importancia, casi escrupulosa, por el qué dirán o qué pensarán los demás de la imagen que uno proyecta. 

El ajuste necesario para equilibrar correctamente la autoestima amerita dejar de buscar ese reconocimiento y admiración que se espera de los demás para enfocarse, de una manera más firme, en la propia seguridad y un amor a sí mismos que permita saber cuánto valor tenemos como personas, sin necesidad de demostrarlo ni esperar aplausos; y mucho menos creer que estamos por encima de los demás. 

San Felipe Neri valoraba mucho el llegar a reconocer las propias limitaciones sin un ego inflado y lleno de preocupaciones por uno mismo, sino, por el contrario, tener una plena disposición a poner a Dios y a los demás antes que a uno mismo. 

La verdadera grandeza, señalaba el Santo, no es auto exaltarse, sino el amor y el servicio a los demás en una relación sincera y profunda con Dios.

Guillermo Dellamary, Aleteia 

Vea también       Los Grados de la Humildad y del Orgullo
- San Bernardo de Claraval






















martes, 7 de septiembre de 2021

Las exigencias para ser un escritor católico. No te lo vas a creer.

 

NOTEBOOK


“Hoy la arrogancia, mañana la vergüenza: la sabiduría vive con los modestos”. (Proverbios 11)

Desde el primer momento lo tuve claro, no solo se trataba de escribir historias, anécdotas, testimonios. Eso podía hacerlo con facilidad, desde niño me apasiona escribir, contar relatos, compartir mis descubrimientos. Tampoco se trataba de publicar artículos en Aleteia o editar mis libros de crecimiento espiritual y tenerlos impresos. Eso no me convertía en un autor católico. Faltaba más, no era tan simple.

Es como cuando te dicen que debes amar a Dios, pero, ¿cómo vas a amarlo si no lo conoces? Primero has de conocerlo y esto te hará amarlo. Quien conoce a Dios no puede menos que amarlo y agradecer tanta bondad y misericordia.

Para mí, existían algunos requerimientos indispensables. ¿El más importante? Llenarnos de Dios para poder llevarlo a los demás.

Tendría que conocer mejor mi fe, vivirla y para ello tenía la ayuda de sacerdotes amigos que me daban dirección espiritual, devoraba el Catecismo de la Iglesia Católica, cientos de libros de espiritualidad, las biografías de los grandes santos de nuestra iglesia y por supuesto la santa Biblia, que tenía abandonada y empecé a leer.

Desde entonces le sugiero a los católicos leer sus Biblias, para que puedan escuchar a Dios y conocer sus Promesas.

Sabía que debía confiar en Dios y su Providencia, esforzarme por dar ejemplo. No podía escribir sobre nuestra fe en el catolicismo si no la practicaba, si no iba a misa, si no perdonaba ni actuaba con Misericordia.

Todo esto fue ocurriendo a medida que caminaba en este proyecto de vida.

Había una exigencia adicional, una de los más importantes y que estaba muy lejos de poder cumplir, no sé si a ti te ocurrirá igual: “La Humildad”.

Dios se complace en los humildes y los llena con gracias abundantes. le hacen sonreír y les muestra el camino al Paraíso.

Esto lo supe cuando empecé a escribir mis primeros libros. Le pedí a un sacerdote al salir de misa que me hiciera el favor de leerlos, para cerciorarme de que no tenían errores de doctrina.

Sugirió llevarlos al Arzobispado para que el Censor Eclesiástico los leyera y me dieran el IMPRIMATUR.

Aquello me pareció muy engorroso. Le pedí nuevamente que los leyera. Yo quería publicar ya mis libros sin tener que esperar tanto. Entonces me dio las palabras que lo cambiaron todo y me siguen aún en el camino de la vida, sobre todo cuando el orgullo me quiere hacer daño.

El sacerdote notó que estaba inconforme. Me miró con serenidad y respondió:

―Si eres humilde lo harás.

Claudio de Castro, Aleteia 

Vea  también       Sermón sobre el orgullo - Santo Cura de Ars









































martes, 2 de marzo de 2021

El poderoso atractivo de la humildad

 LOVE


Un caso llegado a consulta: Un hombre demasiado obsesionado con su autoimagen no entendía por qué las mujeres no le encuentran atractivo

Hay personas cuyo pensamiento gira constantemente sobre si mismas, rumiando todo lo negativo que se ofrece a su imaginación, y como consecuencia se desarrollan enfermizas actitudes como el resentimiento, afán posesivo, autoengaño, susceptibilidad y más.

Personas que sufren de soledad, pues esta actitud las incapacita para dar y recibir amor de calidad.

Este es uno de esos casos:

– Aunque me empeño en ser atractivo, no he sido valorado por las mujeres que he pretendido – expresaba en consulta el varón seriamente deprimido ante la posibilidad de un nuevo fracaso sentimental.

– ¿Que es para usted ser atractivo?– le pregunte con respeto.

– El que me vean interesante por estar bien vestido, tener buena conversación, buenos gustos y cosas así… la verdad es que me concentro mucho en ello.

– El reflexionar demasiado en lo que consideramos un problema, nos lleva a ver todo a través de la emoción y no del razonamiento, y es algo muy desgastante. Por lo que le sugiero que hablemos tranquilamente acerca de lo que pudiera ser la raíz de su preocupación.

– ¡Oh…! menos mal que no ha comenzado por decirme que posiblemente todo me pasa por arrogante, que ya lo he escuchado antes – Afirmo desconfiado mi consultante.

– Por supuesto que no, de lo que hablaremos será sobre aquello en lo que consiste el verdadero atractivo en una persona.

¿Cuál es el verdadero atractivo?

– Explíqueme por favor.

– Vera usted, si no hay coincidencia entre la forma en que una persona se ve sí misma, la forma en que piensa que la ven las demás, y la forma en que éstas la ven realmente… ¿Cuál puede ser el problema?

– ¡Claro que la forma en que se ve a sí misma! – contestó contundente mi consultante.

– Así es, por lo que lo correcto será el verse través de un recto amor a sí mismo y de esa forma ya no hacer depender la autoestima de la opinión ajena – le dije con convencimiento.

– De no ser así ¿qué pasaría?

– Pasa que por dar demasiado peso a la opinión que pretendemos que los demás tengan de nosotros nos comportamos con muchas afectaciones a costa de nuestro verdadero ser personal.

Y tal actitud es desgastante y llega a deprimir.

En cambio, si reconocemos con toda sinceridad y realismo tanto nuestros defectos y limitaciones, así como cualidades y virtudes para aceptarnos tal cual somos entonces podemos descansar en nosotros mismos con la actitud ideal.

Ser sencillo

– Bien, pero y… ¿Cuál es la actitud ideal?

– Se funda en que además de actuar con naturalidad y sencillez, la buena relación con el prójimo se basa más en acompañar, comprender y escuchar con sincero interés, que en el solo ocuparnos y preocuparnos por nuestra imagen o manejo personal.

Aquí llegamos al punto de reconocer que existe una parte verdaderamente amable en su ser personalpara proyectarla desde la madurez de su autenticidad y sobre la cual asentar las virtudes que ya ha logrado.

Para explicarlo gráficamente como desarrollarla, usemos el ejemplo de una cuenta en un banco que de ordinario tiene ingresos y egresos.

Cada ingreso es un valor hecho vida en acciones muy concretas en la que se olvida de sí mismo para pensar en los demás, como un detalle de atención a alguien que sufre, un servicio prestado a un compañero de trabajo, puntualidad, profesionalismo, la amabilidad con quien es impertinente y un largo etc. de posibilidades de hacer el bien.

Y cada egreso es una falta u omisiónen el bien, como lo puede ser presumir, exagerar, un exabrupto, una intolerancia, postura egoísta, un mal comentario y más, que deberá admitir para poder corregir.

Lo que de verdad importa

Luego entonces la humildad que está vinculada a la verdad de su forma de ser, no operará en una resignación pasiva sino como una fuerza que lo impulsará a la superación entre el caer y levantarse tan pleno de humanidad y siendo así el saldo de la cuenta será siempre a favor.

Y en eso consiste tener una personalidad verdaderamente atractiva.

La terapia funciona cuando nos damos cuenta que el verdadero atractivo de una persona es una puerta que se abre hacia los demás, haciendo una reingeniería de vida con propósitos muy concretos para lograr una auténtica confianza en si mismo.

En la base de muchos problemas de personalidad se encuentra la falta de verdadera humildad por lo que algunas personas con muchas afectaciones se desgastan espiritual y psicológicamente, en vez en vez de enfocar sus energías a lo que verdaderamente importa.

Orfa Astorga, Aleteia 

Consúltanos escribiendo a: consultorio@aleteia.org

Vea también      Sermón sobre la Humildad - Santo Cura de Ars