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jueves, 18 de junio de 2026

Evangelio del día Jueves 11a. Semana TO - Oración

 


Libro de Eclesiástico 48,1-14.

Surgió como un fuego el profeta Elías,
su palabra quemaba como una antorcha.
El atrajo el hambre sobre ellos
y con su celo los diezmó.
Por la palabra del Señor, cerró el cielo,
y también hizo caer tres veces fuego de lo alto.
¡Qué glorioso te hiciste, Elías, con tus prodigios!
¿Quién puede jactarse de ser igual a ti?
Tú despertaste a un hombre de la muerte y de la morada de los muertos, por la palabra de Altísimo.
Tú precipitaste a reyes en la ruina y arrojaste de su lecho a hombres insignes:
tú escuchaste un reproche en el Sinaí y en el Horeb una sentencia de condenación;
tú ungiste reyes para ejercer la venganza y profetas para ser tu sucesores
Tú fuiste arrebatado en un torbellino de fuego
en un carro con caballos de fuego.
De ti está escrito que en los castigos futuros
aplacarás la ira antes que estalle,
para hacer volver el corazón de los padres hacia los hijos
y restablecer las tribus de Jacob.
¡Felices los que te verán
y los que se durmieron en el amor,
porque también nosotros poseeremos la vida!
Cuando Elías fue llevado en un torbellino, Eliseo quedó lleno de su espíritu. Durante su vida ningún jefe lo hizo temblar, y nadie pudo someterlo.
Nada era demasiado difícil para él y hasta en la tumba profetizó su cuerpo.
En su vida, hizo prodigios y en su muerte, realizó obras admirables.


Salmo 97(96),1-2.3-4.5-6.7.

¡El Señor reina! Alégrese la tierra,
regocíjense las islas incontables.
Nubes y Tinieblas lo rodean,
la Justicia y el Derecho son

la base de su trono.
Un fuego avanza ante él
y abrasa a los enemigos a su paso;
sus relámpagos iluminan el mundo;

al verlo, la tierra se estremece.
Las montañas se derriten como cera
delante del Señor, que es el dueño de toda la tierra.
Los cielos proclaman su justicia

y todos los pueblos contemplan su gloria.
Se avergüenzan los que sirven a los ídolos,
los que se glorían en dioses falsos;

todos los dioses se postran ante él.


Evangelio según San Mateo 6,7-15.

Jesús dijo a sus discípulos:
Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados.
No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.
Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre,
que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido.
No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal.
Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes.
Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San Juan Casiano (c. 360-435)
fundador de la Abadía de Marsella
Conferencias, Sobre la oración (SC 54. Conférences VIII-XVII, Cerf, 1958), trad. sc©evangelizo.org


¡Danos nuestro pan!

“Danos hoy nuestro pan de cada día”. Pan supersubstancial, epiouson* (Mt 6,11). Según otro evangelista “nuestro pan cotidiano” (Lc 11,3). El primer calificativo expresa su nobleza y el carácter de su substancia, que lo elevan más alto que toda substancia y hacen que sobrepase a todas las criaturas, por su sublime grandeza y santidad. El segundo calificativo expresa el uso que hay que hacer y su utilidad: la palabra “cotidiano” dice que sin este pan, no podemos vivir un solo día de la vida espiritual.
En cuanto a la palabra “hoy”, muestra que es necesario alimentarse con él todos los días, ya que no sería suficiente haberlo recibido ayer si no nos fuera dado igualmente hoy. ¡Qué la necesidad cotidiana que tenemos sea una advertencia para llevarnos a decir esta oración en todo tiempo! No existe un día en el que no nos sea necesario comer este pan para fortificar el corazón del alma interior.
Sin embargo, “hoy” puede comprenderse igualmente en relación a la vida presente: “Mientras somos de este mundo, danos este pan. Sabemos que lo darás también en el mundo a venir a los que lo han merecido, pero te pedimos darnos este pan desde ahora, porque el que no lo haya recibido en esta vida, no sabrá tomar parte de él en la otra vida”.
*Transliteración del término griego del Evangelio.
(EDD)

Reflexión sobre el cuadro

En el Evangelio de hoy, Jesús nos recuerda que nuestro Padre celestial ya sabe lo que necesitamos antes incluso de que se lo pidamos. La oración, por tanto, no consiste en informar a Dios de algo que no sabe. No rezamos porque Dios sea inconsciente, distante o desatento. Pero si ya lo sabe todo, ¿por qué rezar? En primer lugar, porque rezar no es sólo compartir información con Dios. Más bien, la oración nos cambia. Al presentar nuestras necesidades a Dios, nuestro corazón se remodela poco a poco. La verdadera oración nos alinea suavemente con la visión de Dios, con los deseos de Dios para nuestras vidas. Cuanto más oramos, más empezamos a ver como Dios ve. Cuanto más oramos, más nos acercamos a Dios y podemos discernir Su voluntad para nosotros.

Por eso, cuando Jesús nos enseña a rezar en la lectura del Evangelio de hoy, nos aleja inmediatamente de nosotros mismos. Antes de hablar de nuestras necesidades, rezamos “Venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad”. La oración nos saca del pequeño mundo de “yo” y “mío” al horizonte mucho más amplio de “nosotros” y “nos”. Incluso las peticiones más sencillas nos recuerdan nuestra dependencia de Dios: “Danos hoy nuestro pan de cada día”. Cada aliento, cada comida, cada gracia es, en última instancia, un don. La oración nos mantiene enraizados en esa humilde verdad: que no somos autosuficientes, sino hijos amados que viven cada día sostenidos por el cuidado del Padre y el cuidado de los demás.

La Virgen en oración de Sassoferrato es uno de mis cuadros favoritos de todos los tiempos y, sin duda, una de las representaciones más tiernas e íntimas de María jamás pintadas. Casi no hay detalles narrativos, ni grandes fondos, ni acción dramática. Simplemente vemos a la Virgen María en silencio, con las manos suavemente cruzadas en oración, la cabeza inclinada en quietud. El manto azul oscuro y el paño blanco de la cabeza enmarcan bellamente su rostro, mientras que la suave luz crea una atmósfera de extraordinaria paz. Sassoferrato tenía un don extraordinario para pintar el silencio. Al contemplar esta obra, uno casi se siente arrastrado a la oración.

El cuadro también debe entenderse en el contexto de la Iglesia católica tras la Reforma. Tras las turbulencias y divisiones del siglo XVI, la Iglesia fomentó enérgicamente una vida de oración más personal, sentida y meditativa. El arte ya no debía simplemente instruir la mente, sino conmover el corazón. Pinturas como ésta invitaban a los fieles no sólo a admirar a María, sino a imitarla... ¿quién mejor para enseñarnos a rezar que la propia Virgen? Sassoferrato la presenta aquí como el modelo perfecto de oración interior: tranquila, atenta, receptiva a Dios. En un mundo ruidoso y distraído, este cuadro sigue siendo profundamente moderno, recordándonos que la oración a menudo no comienza con muchas palabras, sino con el silencio ante Dios.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

¡Oh vida de mi vida, Cristo santo! ¿A dónde voy de tu hermosura huyendo? ¿Cómo es posible que tu rostro ofendo, que me mira bañado en sangre y llanto?

A mí mismo me doy confuso espanto, de ver que me conozco y no me enmiendo; ya el Ángel de mi guarda está diciendo, que me avergüence de ofenderte tanto.

Detén con esas manos mis perdidos pasos, mi dulce amor; ¿mas de qué suerte las pide quien las clava con la suyas?

¡Ay Dios!, ¿a dónde estaban mis sentidos, que las espaldas pude yo volverte, mirando en una cruz por mí las tuyas? (A Cristo en la cruz.Soneto de Lope de Vega)

Oración

Padre nuestro...

Tome en cuenta: Practicar y enseñar esta oración donde pedir y suplicar la consolación, es el principal servicio a la alegría. Si alguno no se cree digno (cosa muy común en la práctica), al menos insista en pedir esta consolación por amor al mensaje del evangelio, ya que la alegría es constitutiva del mensaje evangélico, y pídala también por amor a los demás, a su familia y al mundo.

(Homilía de S.S. Francisco, 24 de octubre de 2016).


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