Pocos días después de generar un debate en todo España con la polémica del «Adults only», la autora de Feria vuelve abordando el creciente abandono del topless.

El topless ha perdido presencia entre las nuevas generaciones, en un contexto marcado por una mayor exposición y vigilancia del cuerpo femenino.
Desde su salto a la fama con Feria, Ana Iris Simón se ha convertido en una de las voces menos temerosas a la hora de abordar asuntos políticamente incorrectos. Muestra de ello fue su reciente artículo Adults only, donde cuestionaba frontalmente el incremento de establecimientos en España que prohíben el acceso a menores de edad.
Mientras la polémica continúa vigente en medios y redes sociales, la escritora ha vuelto a dar que hablar con un artículo no menos provocador, esta vez sobre el retroceso del toples en playas y piscinas. Para Ana Iris, la explicación no se encuentra tanto en un supuesto regreso del puritanismo como en un fenómeno mucho más profundo: la sexualización extrema del cuerpo y la permanente necesidad de someterlo a examen, comparación y mejora.
La escritora plantea así una paradoja de nuestro tiempo: cada vez se enseñan menos los pechos al mismo tiempo que cada vez más mujeres pasan por el quirófano para modificarlos. Y formula una pregunta incómoda: ¿por qué preocupa más un supuesto regreso del pudor que la normalización de intervenciones cada vez más agresivas para adaptar el cuerpo a determinados cánones de belleza?
Es la tesis que desarrolla Ana Iris Simón en su última columna de El País, de la que recopilamos algunos fragmentos:
Una práctica en retroceso
"El toples, esa práctica presuntamente liberadora, está en retroceso. Resulta que, tras unos años intentando desexualizar los pechos femeninos, reivindicando que un torso de hombre y uno de mujer eran equivalentes, la gente no se lo ha tragado… La nueva derecha es más liberal que conservadora, en ella puede convivir el rechazo al inmigrante con la defensa de las libertades sexuales y de vestimenta. Por eso habitualmente las usan como ariete contra, por ejemplo, los musulmanes".

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Sexualización extrema
"El fenómeno es multicausal. Es probable que las mujeres hayamos dejado de hacer toples por miedo a ser fotografiadas o juzgadas. Pero también y sobre todo por la sexualización extrema y la autoobservación neurótica a la que nos invita nuestro tiempo".
Una seguridad inalcanzable
"Tampoco los enseñamos por el escrutinio al que nos somete el mundo y nosotras mismas, redes sociales e industrias de moda y belleza mediante. Podría parecer paradójico: el tiempo en el que más mujeres se operan es también en el que menos las enseñan en playas y piscinas. Porque la que las tiene operadas no se piensa perfecta —tuvo que invertir dinero, le quedaron cicatrices en cuerpo y quizá en alma y no quiere que se le noten—, y la que no ha pasado por el quirófano tampoco siente que lo sea porque se compara con la que sí".
Sexualización voraz
"Quizá lo que debería alarmarnos no es el auge de un presunto puritanismo que nos hace cubrirnos sino una sexualización tan voraz que nos ha llevado a normalizar que miles de mujeres se metan en un quirófano y se sometan a una anestesia general para arrancarse los pezones y colocarse unos implantes. Porque, si somos serios, tendremos que reconocer que eso es mucho más violento —y está más generalizado— que cualquier mirada de desaprobación en la playa".
ReL
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