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martes, 20 de octubre de 2026

Evangelio del día martes 29a semana del tiempo ordinario


 

Santa María Bertila Boscardin , Beato Jacobo StrepaMás...

Carta de San Pablo a los Efesios 2,12-22.

Hermanos:
Antes ustedes no tenían a Cristo y estaban excluidos de la comunidad de Israel, ajenos a las alianzas de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.
Pero ahora, en Cristo Jesús, ustedes, los que antes estaban lejos, han sido acercados por la sangre de Cristo.
Porque Cristo es nuestra paz; él ha unido a los dos pueblos en uno solo, derribando el muro de enemistad que los separaba,
y aboliendo en su propia carne la Ley con sus mandamientos y prescripciones. Así creó con los dos pueblos un solo Hombre nuevo en su propia persona, restableciendo la paz,
y los reconcilió con Dios en un solo Cuerpo, por medio de la cruz, destruyendo la enemistad en su persona.
Y él vino a proclamar la Buena Noticia de la paz, paz para ustedes, que estaban lejos, paz también para aquellos que estaban cerca.
Porque por medio de Cristo, todos sin distinción tenemos acceso al Padre, en un mismo Espíritu.
Por lo tanto, ustedes ya no son extranjeros ni huéspedes, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios.
Ustedes están edificados sobre los apóstoles y los profetas, que son los cimientos, mientras que la piedra angular es el mismo Jesucristo.
En él, todo el edificio, bien trabado, va creciendo para constituir un templo santo en el Señor.
En él, también ustedes son incorporados al edificio, para llegar a ser una morada de Dios en el Espíritu.

Salmo 85(84),9ab-10.11-12.13-14.

Muéstranos, Señor, tu misericordia, y danos tu salvación.

Voy a proclamar lo que dice el Señor:
el Señor promete la paz,
Su salvación está muy cerca de sus fieles,
y la Gloria habitará en nuestra tierra.

El Amor y la Verdad se encontrarán,
la Justicia y la Paz se abrazarán;
la Verdad brotará de la tierra
y la Justicia mirará desde el cielo.

El mismo Señor nos dará sus bienes
y nuestra tierra producirá sus frutos.
La Justicia irá delante de él,
y la Paz, sobre la huella de sus pasos.

Evangelio según San Lucas 12,35-38.

Jesús dijo a sus discípulos: "Estén preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas.
Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor, que fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta.
¡Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada! Les aseguro que él mismo recogerá su túnica, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlo.
¡Felices ellos, si el señor llega a medianoche o antes del alba y los encuentra así!"

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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Bulle

Juan Taulero (c. 1300-1361)
dominico en Estrasburgo
Sermón 77, para la fiesta de un Confesor (Cerf, 1991), trad. sc©evangelizo.org


“Estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada” (Mt 24,44)

Estas palabras significan que ustedes tienen que estar despiertos y vigilantes, ya que no saben el tiempo en que el Señor vendrá para las bodas… Cuando un sentimiento de orgullo, autocomplacencia o voluntad propia entra en el hombre, enseguida el enemigo ahí está y le saca la bolsa preciosa de todas sus buenas obras. ¡Hijos míos! Cuánta gente verán que han hecho grandes obras y adquirieron gran renombre, pero la presunción los ha desprovisto de todo. Estarán detrás de otros hombres, pobres, simples, que nadie tiene en cuenta, debido a su exterior o a la falta de obras. Porque se abajaron con humildad, serán ubicados antes que otros. Velen entonces con un alma vigilante y con sus ojos abiertos verán la pura verdad. (…)
Estén prevenidos, ceñidos con el hábito de servicio y con las lámparas encendidas. Hay tres elementos a notar. Primero, que deben estar ceñidos como alguien que se ata con una cuerda para conducirlo contra su voluntad, o como un caballo con bridas (…), ya que el placer de los sentidos debe refrenarse. Segundo: deben llevar en sus manos lámparas encendidas, es decir plenas de obras de amor. (…) Tercero, deben esperar al Señor cuando volverá de las bodas. El Señor los establecerá sobre todos sus bienes, se pondrá un delantal y los servirá. Estas bodas se sitúan en el lugar más íntimo del alma, en su profundidad, en dónde se encuentra su imagen más pura. ¡Qué contacto íntimo del alma con Dios y de Dios con ella en esa profundidad, y qué obra maravillosa realiza Dios! ¡Qué regocijo y qué alegría encuentra! Va más allá de todo sentimiento y de toda inteligencia…

Comentarios

Efesios 2,12-22: Él es nuestra paz: Ha hecho de los dos pueblos una sola cosa. Gentiles y judíos son uno en Cristo, y Él es la piedra angular de la Iglesia. Escribe San Ireneo: 

«Allí donde está la Iglesia, está el Espíritu de Dios; y allí donde está el Espíritu de Dios, allí está la Iglesia y toda la gracia» (Contra las herejías 3,24).

 Y San Agustín dice:

«Estos dos pueblos, cual paredes que traen distinta dirección, estaban muy lejos el uno del otro, hasta que fueron conducidos a la piedra angular: Cristo, como ángulo; en Él quedan unidos entre sí» (Sermón 331,1). Y también:

«Si Cristo es la Cabeza de la Iglesia, el Espíritu Santo es su alma. Lo que el alma es en nuestro cuerpo, es el Espíritu Santo en el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia» (Sermón 187). Y en otra ocasión:

«La Iglesia vacilará si su fundamento vacila; pero ¿podrá vacilar Cristo? Mientras Cristo no vacile, la Iglesia no flaqueará jamás hasta el fin de los tiempos» (Comentario al Salmo 103).

–Con el Salmo 84 decimos: «Dios anuncia la paz a su pueblo. Voy a escuchar lo que dice el Señor: Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos. La salvación está ya cerca de sus fieles y la gloria habitará en nuestra tierra. La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra y la justicia mira desde el cielo. El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos».

–Lucas 12,35-38: Dichosos nosotros si el Señor, cuando vuelva, nos encuentra en vela. No sabemos la hora justa de ese momento. El  cristiano, al igual que el padre de familia avisado o que el buen servidor, no debe dejarse vencer por el sueño, debe velar, es decir, estar en guardia y apercibido para recibir al Señor. La vigilancia caracteriza por tanto la actitud del discípulo que espera y aguarda el retorno de Jesucristo; consiste ante todo en mantenerse en estado de alerta espiritual, y por lo mismo exige el despego de los placeres y de los bienes terrestres. Como es imprevisible la hora de la parusía, hay que estar preparados para el caso en que se haga esperar. Esta vigilancia ha de ejercerse día tras día en la lucha contra el Maligno; por eso hay que orar y ser sobrios. Dichosos los que están siempre dispuestos a recibir la venida del Señor.

Reflexión sobre el aldabón

Un golpe en la puerta nos interrumpe. Antes de saber quién está ahí, nos detenemos: ¿es alguien a quien anhelamos ver, un compañero que necesita charlar un momento, un visitante inesperado o una noticia que preferiríamos no recibir? Una puerta cerrada y un golpe nos hacen preguntarnos quién estará al otro lado. En el Evangelio de hoy, Jesús da a esa incertidumbre un significado lleno de esperanza. Los siervos esperan a que su señor regrese de una boda. Tienen las lámparas encendidas; están listos para abrir en cuanto llame a la puerta.

Lo que ocurre a continuación es extraordinario. Al encontrar a sus siervos despiertos, el señor los sienta a la mesa y comienza a servirles él mismo. Aquel a quien han estado esperando para darle la bienvenida los convierte ahora en sus invitados de honor. Se trata de un giro completo respecto a lo esperado. Su llegada trae consigo la asombrosa generosidad de un Señor que se deleita en cuidar de los que le pertenecen. Más allá de la puerta se encuentra verdaderamente aquel que nos ama. Pero su llamada a la puerta no debería sorprendernos. Podemos prepararnos. Podemos prepararnos para su llegada en los encuentros cotidianos de cada día. Alguien nos pide un poco de nuestro tiempo, necesita que le escuchemos o espera en silencio que nos fijemos en él. Todas esas interrupciones son invitaciones a prepararnos para la venida de Cristo.

Los aldabones existen desde hace muchísimos años. No sabemos exactamente quién inventó el primero, ni cuándo, pero se conservan ejemplos del mundo antiguo que se remontan a la época de la Grecia clásica. Muchos de los primeros ejemplares presentan una cabeza de león con un anillo metálico colgando de la boca, un diseño que todavía hoy vemos en las puertas de entrada. A lo largo de los siglos, los artesanos se volvieron más atrevidos. Junto a los sencillos anillos de hierro aparecieron rostros de animales y elaboradas figuras de bronce, convirtiendo un objeto cotidiano en una pequeña obra de arte. Antes incluso de entrar en una casa, su aldaba ya te daba una pequeña idea de lo que te esperaba en su interior. Nuestro aldaba de bronce, maravillosamente elaborada, se fabricó en Venecia a finales del siglo XVI. En su centro se alza una pequeña figura vestida al estilo clásico, enmarcada por dos fantásticas criaturas marinas. Sus largos cuerpos se curvan hacia abajo hasta llegar a unas grandes cabezas con la boca abierta y aletas ondulantes.

Hoy en día, por supuesto, lo más habitual es pulsar un timbre eléctrico. ¡Incluso puede que nos encontremos hablando con una cámara, mientras que la persona que responde ni siquiera está cerca de la casa! El antiguo picaporte se ha convertido ahora en un mero elemento decorativo, aunque sigue habiendo algo bastante satisfactorio en levantar una pesada palanca de latón y dejarla caer. Por mucho que haya cambiado todo, el mensaje sigue siendo sencillo: hay alguien aquí, esperando a que le abramos la puerta. Y eso nos lleva de vuelta al Evangelio de hoy: Cristo viene a nuestro encuentro. Llama a la puerta… ¿y estamos preparados para dejarle entrar?

by Padre Patrick van der Vorst



Esperando que venga el Señor

Oración

(... venga a nosotros tu reino...)

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