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domingo, 11 de agosto de 2024

Para que tu familia sea (más) feliz

Invitamos a los matrimonios y a personas interesadas en una familia feliz, a leer y asimilar pasajes de la Exhortación pontifical 'Amoris laetitia' del Papa Francisco.



 Capítulo tercero

LA MIRADA PUESTA EN JESÚS: VOCACIÓN DE LA FAMILIA

58. Ante las familias, y en medio de ellas, debe volver a resonar siempre el primer anuncio, que es «lo más bello, lo más grande, lo más atractivo y al mismo tiempo lo más necesario»[50], y «debe ocupar el centro de la actividad evangelizadora»[51]. Es el anuncio principal, «ese que siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y ese que siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra»[52]. Porque «nada hay más sólido, más profundo, más seguro, más denso y más sabio que ese anuncio» y «toda formación cristiana es ante todo la profundización del kerygma»[53].

59. Nuestra enseñanza sobre el matrimonio y la familia no puede dejar de inspirarse y de transfigurarse a la luz de este anuncio de amor y de ternura, para no convertirse en una mera defensa de una doctrina fría y sin vida. Porque tampoco el misterio de la familia cristiana puede entenderse plenamente si no es a la luz del infinito amor del Padre, que se manifestó en Cristo, que se entregó hasta el fin y vive entre nosotros. Por eso, quiero contemplar a Cristo vivo presente en tantas historias de amor, e invocar el fuego del Espíritu sobre todas las familias del mundo.

60. Dentro de ese marco, este breve capítulo recoge una síntesis de la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia. También aquí citaré varios aportes presentados por los Padres sinodales en sus consideraciones sobre la luz que nos ofrece la fe. Ellos partieron de la mirada de Jesús e indicaron que él «miró a las mujeres y a los hombres con los que se encontró con amor y ternura, acompañando sus pasos con verdad, paciencia y misericordia, al anunciar las exigencias del Reino de Dios»[54]. Así también, el Señor nos acompaña hoy en nuestro interés por vivir y transmitir el Evangelio de la familia.

De la Exhortación ‘Sobre el Amor en la Familia’ (Capítulo III: Vocación de la Familia)





miércoles, 26 de abril de 2023

Felices los que son perseguidos por anunciar el Evangelio - Hablan los Padres de la Iglesia

 



San Juan Crisóstomo en el siglo V:
«Lo que hay que temer no es el mal que digan contra nosotros, sino la simulación de nuestra parte; entonces sí que perderíais vuestro sabor y seríais pisoteados. Pero, si no cejáis en presentar el mensaje con toda su austeridad, si después oís hablar mal de vosotros, alegraos. Porque lo propio de la sal es morder y escocer a los que llevan una vida de molicie. Por tanto, estas maledicencias son inevitables y en nada os perjudicarán, antes serán pruebas de vuestra firmeza. Mas, si por el temor de ellas, cedéis en la vehemencia conveniente, peor será vuestro sufrimiento, ya que entonces todos hablarán mal de vosotros y os despreciarán; en esto consiste en ser pisoteados por la gente» (Homilía sobre San Mateo 15).
Por eso dice San Gregorio Magno:
«Así como el hablar indiscreto lleva al error, así el silencio imprudente deja en su error a quienes pudieran haber sido adoctrinados» (Regla Pastoral 2).

 






















viernes, 24 de enero de 2020

El Domingo de la Palabra de Dios


 para anunciar el evangelio

Por una iniciativa del Papa Francisco, el domingo toda la Iglesia está invitada a celebrar el “domingo de la Palabra de Dios”. En realidad, el contacto con la Escritura es una tarea permanente de todo cristiano. Por eso, el día dedicado a la Biblia, aclara el Papa, no ha de ser “una vez al año”.
El contacto con la Biblia no puede quedarse sólo con el que la lee:

Catecismo de la Iglesia Católica
§ 74 – 79


«Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1Tm 2,4), es decir, al conocimiento de Cristo Jesús (cf Jn 14,6). Es preciso, pues, que Cristo sea anunciado a todos los pueblos y a todos los hombres y que así la Revelación llegue hasta los confines del mundo... «Cristo nuestro Señor, plenitud de la revelación, mandó a los apóstoles predicar a todos los hombres el Evangelio como fuente de toda verdad salvadora y de toda norma de conducta, comunicándoles así los bienes divinos: el Evangelio prometido por los profetas, que Él mismo cumplió y promulgó con su voz».
La transmisión del Evangelio, según el mandato del Señor, se hizo de dos maneras: oralmente: «los apóstoles, con su predicación, sus ejemplos, sus instituciones, transmitieron de palabra lo que habían aprendido de las obras y palabras de Cristo y lo que el Espíritu Santo les enseñó»; y por escrito: «los mismos apóstoles y otros de su generación pusieron por escrito el mensaje de la salvación inspirados por el Espíritu Santo».
«Para que este Evangelio se conservara siempre vivo y entero en la Iglesia, los apóstoles nombraron como sucesores a los obispos, 'dejándoles su cargo en el magisterio'». En efecto, «la predicación apostólica, expresada de un modo especial en los libros sagrados, se ha de conservar por transmisión continua hasta el fin de los tiempos». Esta transmisión viva, llevada a cabo en el Espíritu Santo es llamada la Tradición en cuanto distinta de la Sagrada Escritura, aunque estrechamente ligada a ella. Por ella «la Iglesia con su enseñanza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree». «Las palabras de los Santos Padres atestiguan la presencia viva de esta Tradición, cuyas riquezas van pasando a la práctica y a la vida de la Iglesia que cree y ora». Así, la comunicación que el Padre ha hecho de sí mismos por su Verbo en el Espíritu Santo sigue presente y activa en la Iglesia.
Referencias: Concilio Vaticano II: Dei Verbum, § 7

¿Usted colabora en y con la Iglesia, en su familia, entre los que necesitan escuchar la Buena Nueva?

sábado, 21 de mayo de 2016

Cómo hablar de Dios hoy






-Le voy a dar unos consejos, mi querido amigo, porque ha perdido usted muchas oportunidades de hablar de Dios a personas conocidas y no tan conocidas, a vecinos y familiares, a los amigos y a los enemigos.

El monje ha aparecido vestido de monje en el jardín de la parroquia. Las flores alaban a Dios con sus colores y su perfume, y el verde de los árboles canta a la esperanza. Yo no sé de dónde ha salido el monje.

-En primer lugar, simplemente, hable de Dios. Diga, por ejemplo: Dios existe y te ama. Te ama tanto que Jesús, que es Dios, dio su vida por ti. Es suficiente. Es una Verdad de Fe. Por lo tanto, es una palabra de Vida. Por lo tanto, actúa por sí misma una vez ha sido sembrada en el alma de quien la ha escuchado.

-Pero, si digo eso, se van a reír de mí. O me van a insultar. O me van a despedir con malos modos. O me van a decir que me vaya con ese cuento a otro. O se van a meter con los curas, con la Iglesia y con las riquezas del Vaticano.

-Mejor.

-¿Mejor? ¿Cómo que mejor?

El monje suspira. Eleva sus ojos al cielo. Pasea, después, la mirada por las flores del jardín y termina observándome compasivo.

-Mejor si se burlan de usted. La palabra de Verdad y de Vida que usted ha sembrado tiene tal poder que actuará, ya se lo he dicho. Porque todos vivimos en esa Verdad y en esa Vida. Recuerde a San Pablo: “En Él somos, nos movemos y existimos”. Su interlocutor también, naturalmente. Y, convénzase, Dios obrará más bien en su alma y en la del otro con esa vergüenza suya de revelarle –y con el consiguiente oprobio-, que si usted hubiera convencido con maravillosos argumentos a lo Chesterton: su soberbia crecería hasta límites infernales. Y Dios no le quiere a usted en el infierno.

-Entonces, ¿solo tengo que hablar de Dios?

-Solo. Pobremente. Esperando el rechazo y la burla. Y la agresión, quizás. Así han actuado los santos. A esto se le llama tener Fe en la Palabra. Y no en la buena figura de usted, claro. Y en su “maravillosa” capacidad dialéctica. Y en su rebuscada oratoria. Moisés o Jeremías eran tartamudos. Y san Pablo reconoce que no hablaba muy bien, “insignificante” se llama a sí mismo cuando se compara con la energía que, por la Gracia de Dios, transmiten sus cartas.

-Pero es que yo soy un gusano cobarde y comodón.

-Como los apóstoles. Nada raro. Usted no es más cobarde que Santo Tomás Moro o Santa Juana de Arco. Usted es un vanidoso que no confía en el Espíritu. “Mis palabras son Espíritu y Vida”. No es usted el que actúa, es Él. Coincide que Él es, recuerde: Él es, la Palabra. Eterna, omnipotente.

-Yo...

-¿Lo ve? “Yo”. Es lo primero que dice usted: yo. Cuando debería ser lo último. Destierre la palabra “yo” de su vocabulario. Olvídala. Olvídese de usted.

Y el monje se acerca a unas rosas blancas. Y las acaricia y las huele. Y sonríe.

-A nadie se le ocurrirá fabricar el robot de una rosa. No sirve para nada y remite al Paraíso. Satán no quiere ver una flor ni siquiera virtual. Las flores podrían salvarles. Pero dudo de que sus contemporáneos caigan en ello.

-Para eso está usted.

-Pobre de mí. No me ven.

-¿No?

-No. Mire: se acerca el párroco. Se cree que está usted loco porque habla solo. Y tiene que cerrar la parroquia para ir a comer.

El monje se pierde detrás del olivo y del ciprés. Y ya no lo veo más.

-Dios le ama, mosén.

El monseñor menea la cabeza, me agarra por el brazo y me acompaña a la salida.



La Columna del #CoronelPakez 21 mayo 2016

viernes, 15 de abril de 2016

¿Cómo ser un apóstol en un ambiente difícil? 13 consejos muy útiles


apostol

Sebastián Campos, catholic-link
Una porción no menor de mi tiempo lo dedico a visitar comunidades, agrupaciones, movimientos y parroquias. Esas visitas son generalmente para hacer una charla sobre algún tema relacionado a la vida juvenil y la experiencia cristiana. Pero no siempre juego de local.
Un número no menor de mis experiencias consiste en dar conferencias en colegios, universidades, institutos y otras organizaciones con jóvenes y adultos no católicos, a veces incluso ni siquiera son cristianos. Solo están sentados ahí porque los obligaron a ir y porque el organizador de la actividad tiene la esperanza de que esa charla les toque el corazón. Casi nunca es fácil y casi nunca es cómodo, pero siempre pasan cosas y siempre Dios está en medio de todo haciendo algo.
Sobre eso quiero compartirte. Seguramente tu tienes que verte varias veces en el año con audiencias que no les interesa el tema «Dios», «fe», «religión», «catequesis, «valores» o cualquiera de las cosas que a ti sí te interesan y que son la razón por la que estás ahí parado con todo listo para entusiasmar y motivar a una experiencia de fe o para profundizar en alguna experiencia cristiana.
Quiero ofrecerte algunas ideas (no solo para salir sin tomates ni huevos sobre la cabeza), sino para que lo que quieres transmitir sea acogido por tu audiencia y sea Dios quien llegue a los corazones, más que tu mensaje. Estas ideas no son leyes, tampoco son métodos infalibles; son solo algunas estrategias y principios que he ido descubriendo en la medida que me ha ido mal y he tenido que replantearme, no para comunicar bien, sino para que Dios no se quede a medio camino y sea Él quien hable a través mio. No solo se aplican cuando te veas enfrentado a dar charlas, sino cuando tengas que argumentar algo tema cercano a tu fe, en tu clase de la universidad, en tu trabajo, con un grupo de amigos, en tu familia, etc.
«La pastoral juvenil, tal como estábamos acostumbrados a desarrollarla, ha sufrido el embate de los cambios sociales. Los jóvenes, en las estructuras habituales, no suelen encontrar respuestas a sus inquietudes, necesidades, problemáticas y heridas». (Evangelii Gaudium 105).

1. No te desesperes
desesperacion
Es una reacción natural comenzar a sudar, hablar más rápido y más fuerte, e incluso exasperarte. No te desesperes ni entres en pánico. No hagas sentir a nadie que estás sufriendo intentando hacer algo que no debería ser incómodo (aunque lo sea). Recuerda quien te puso ahí, recuerda cuál es tu motivación. No se trata de decir todo y salir corriendo, se trata de transmitir un mensaje que vives. Significa comunicar algo realmente importante que puede cambiar la vida de las personas.

2. Con audiencias grandes: sé cercano

audiencia
Es difícil mantener a un gran número de personas completamente atentas a lo que estás intentando compartir y comunicar. Evita comenzar por la información dura: cosas como fechas, datos estadísticos, citas textuales y grandes cantidades de texto; todo eso que hace que la gente se disperse y se distraiga. Cuando la audiencia es grande es más fácil llegar al corazón que a la cabeza. Comienza por ahí. En Chile decimos «tocar la fibra», que se refiere a interpelarlos más que con contenidos concretos, con experiencias y con ideas que les hagan sentido. Hazlos emocionarse como tu estás emocionado.

3. Con audiencias pequeñas: dirígite a ellos como te dirigirías un amigo

pequeno
No esperes que se conmuevan hasta las lágrimas cuando les cuentes una historia, tampoco que rían al punto de rompen en aplausos y carcajadas. Las audiencias pequeñas son un buen lugar para ser concreto, pues es más fácil mantenerlos atentos, mirarlos a los ojos y hablarles por su nombre, como con los amigos. Las audiencias pequeñas son un buen escenario para dar números, fechas, listas de cosas, datos históricos y cualquier tipo de contenido teórico que sea más cercano al mensaje, todo esto acompañado de tuexperiencia personal.

4. Transmite una experiencia, no entregues una información

experiencia
«El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio» ( Evangelii nuntiandi, n. 41).
Por lo tanto, tomando las palabras del Papa Pablo VI, aunque el mensaje que compartas contenga contenidos y doctrina, el gancho que mantendrá a tu audiencia atenta es tu testimonio de vida y tu «ser cristiano en la vida real» más que en los libros. Pero no olvides que es fundamental el contenido. No te quedes pegado en la anécdota, también necesitamos estructura y una base sólida, sino no sabemos dónde iremos a parar.

5. ¡Ve al punto!

grano
«Lo que pasa es que lo que quiero decirte te lo quería decir pero no estoy seguro de poder decírtelo porque al decirlo la verdad es que no te lo estoy diciendo…». No des vueltas o los vas a marear. Si lo que tienes para compartir es breve, pues sé breve. No es necesario que te extiendas más allá de lo necesario y que el querer complementar una idea te haga zarandearte de un lado para el otro sin ser concreto y puntual. Nada más revisa de vez en cuando el twitter del Papa Francisco, que en menos de 140 caracteres nos da tremendos mensajes y no necesita de toda una hora.

6. El humor es un buen ingrediente

humor
No tienes que preparar una rutina de «stand up comedy», tampoco tener una lista de chistes escritos para salir del paso cuando todos se distraigan (aunque a veces sirve tener alguno bajo la manga por si las moscas).
Es un dato, que algunos santos tenían una notable vena humorística, incluso supieron utilizarlo para transmitir el propio carisma. Tal es el caso —entre muchos— de San Juan Bosco que hasta tenía que hacer de mago y equilibrista Santa Teresa de Ávila, con un gran sentido del humor pero pasando por momentos difíciles y muchas pruebas, dijo a Dios en oración: «Si esta es la forma en que tratas a tus amigos, ¡No es de extrañar que tengas tan pocos!». Se trata de que seas tú, espontáneo, alegre y natural –obviamente guardando los cuidados de solemnidad si la ocasión lo requiere–. Usa el humor a tu favor, hazlos reír, ríete con ellos, pero nunca te rías de ellos.

7. Los Santos son un excelente ejemplo. Conoce sus historias y dalas a conocer

santos
Conocer las historias de los santos es importante, no sólo porque inspiran nuestras vidas y son un modelo en cuanto al seguimiento de Cristo, sino porque además son una fuente inagotable de anécdotas, historias entretenidas y testimonios de fragilidad humana pero lucha y santidad, que de seguro te ayudarán a ejemplificar lo que sea que quieres comunicar.

Cada vez que puedas, estudia la vida de algún santo, tener ese conocimiento fresco en tu memoria no solo te ayudará a salir del paso con una buena historia, sino que es la Iglesia misma la que se pone contigo adelante para hablar de Dios.

8. Prepárate no solo teóricamente

preparacion
Esta muy bien que estudies y te prepares, de hecho sería una irresponsabilidad si no lo hicieras. Dominar lo que estás compartiendo es crucial cuando la audiencia se pone cuesta arriba. También es importante que prepares un buen material, ya sean diapositivas o un texto que desees entregar a todos los asistentes. Tener un buen soporte que compartir siempre facilita las cosas. Pero lo más importante es que inviertas tiempo de oración por esas personas, por ti, por tu conversión, para que seas un mejor apóstol. No significa que si las cosas no salen como esperabas es porque rezaste mal o poco. Dios no toma venganza, la oración parte de nuestros apostolado, a través de la oración es que nos encontramos con Dios para poder transmitirlo.

9. No te quedes con los estereotipos, conoce a tu audiencia

conocer
No juzgues a quien tienes al frente y no te quedes con su apariencia. Muchas veces nos hacemos de estereotipos, sobre todo con los jóvenes y con la gente mayor. No caigas en generalizaciones, cada uno es un ser único, por lo tanto dale la oportunidad de sorprenderte. El desafío es mantenerte constantemente actualizado para saber qué cosas están haciendo en su tiempo libre, que ven en televisión e Internet, como gastan su dinero y sus energías. Al mismo tiempo piensa en cómo eres tú cuando formas parte de una audiencia. Yo me he descubierto sentado viendo las mejores charlas de mi vida pero echado atrás sobre la silla, de brazos cruzados, mirando el techo, muy serio y aparentemente distraído, pero mi corazón estaba completamente ahí. Considera la posibilidad de que, quienes se ven tan apáticos frente a ti, están siendo tocados no solo por tu mensaje, sino por Dios, aunque no le hayan avisado a su cara.

10. Recuerda que no es una disertación, ¡es tu vida!

vida
Aunque estés en una clase en el colegio o en una reunión de catequesis donde si o si debes abordar algunos contenidos, el fondo de todo es que estás hablando de algo que te mueve las entrañas. Que eso nunca deje de ocurrirte. Tener la oportunidad de poder enseñar, formar y acompañar a otros en la fe es un regalo y como apóstol que eres, deberías vibrar de pasión por estar ahí. Por lo tanto, como estás compartiendo algo que le da sentido a tu vida, considera hacerlo con pasión, dejar en corazón en la cancha, darlo todo, aunque sea una reunión para tres o cuatro personas.
«Esta pasión suscitará en la Iglesia una nueva acción misionera, que no podrá ser delegada a unos pocos ‘especialistas’, sino que acabará por implicar la responsabilidad de todos los miembros del Pueblo de Dios. Quien ha encontrado verdaderamente a Cristo no puede tenerlo sólo para sí, debe anunciarlo. Es necesario un nuevo impulso apostólico que sea vivido, como compromiso cotidiano de las comunidades y de los grupos cristianos» (Carta Novo millennio ineunte, n. 40).

11. Evita el lenguaje complicado

complicado
Hay ocasiones en que el lenguaje puede crear barreras de comunicación, prestándose para burlas, malas interpretaciones o definitivamente para que no entiendan nada de lo que quieres decir. Imagina que estás en una actividad de evangelización y una de tus diapositivas los invitas a ser apóstoles y titulas: «Sean pescadores de hombres». Nosotros aquí dentro de la barca te entendemos, pero seguro más de alguien lo va a mal interpretar. La lista de cosas que solo nosotros entendemos es inmensa, cuida esas expresiones para comunicarte mejor con quien no está familiarizado. Hay conceptos teológicos y filosóficos que para la mayoría de la gente no son familiares. Un evangelizador es un traductor que explica las enseñanzas de la Iglesia al lenguaje accesible a todos.

12. A veces simplemente hay que callar

callar
Aunque han sido pocas veces, me ha pasado que quienes están frente a mi, no sólo son apáticos o están distraídos, sino que son agresivos, cuestionadores e incluso violentos en su lenguaje. Ciertamente no le deseo a nadie estar en una situación así, pues es muy incómoda. Debemos aprender que hay ocasiones en que debemos aprender a hacer silencio. No es dar la pelea por perdida, se trata de discernir que hay ocasiones en que no vale la pena dar ninguna pelea pues carece de sentido. En mi experiencia, cuando alguien desea atacar a la fe, a la Iglesia y a Dios, eso es lo que quiere: atacar, y digamos lo que digamos, no le haremos cambiar de opinión. Lo único que lograremos es que se radicalice más su postura y nosotros en la nuestra quedando cada vez más lejos el uno del otro. ¿Sirve de algo esa discusión?

13. Escribe tu consejo aquí…

elemento
La idea es dejar este espacio vacío para que tú añadas otro punto que creas nos esta faltando en esta galería y puedas así ayudar a otros desde tu experiencia :)



¡Ánimo!, sigue perseverando, busca nuevas estrategias y ¡no te rindas!, aunque quienes estén frente a ti tengan cara de que no les interesa lo que estás compartiendo.


Fotos tomadas de Pixabay y ecatholic stock photos.

sábado, 7 de marzo de 2015

El Papa envía a 250 familias del Camino Neocatecumenal


Kiko Argüello presenta al Papa las Familias que van a la Misión


Audiencia del Papa Francisco al Camino Neocatecumenal 6 de marzo de 2015







Queridos hermanos y hermanas, buenos días a todos, y gracias, muchas gracias

los saludo a todos cordialmente y ante todo quiero decirles gracias por haber venido a encontrarse con el Papa. La tarea de Pedro es la de confirmar a los hermanos en la fe. Así también ustedes con este gesto han querido pedirle al Sucesor de Pedro confirmar su llamada, sostener su misión, bendecir su carisma. Y yo hoy confirmo vuestra llamada, sostengo vuestra misión y bendigo vuestro carisma.
¡Y lo quiero hacer! Lo hago, no porque él me ha pagado: ¡no! Lo hago porque quiero hacerlo.
Irán en nombre de Cristo a todo el mundo a llevar su Evangelio: ¡Que Cristo los preceda, los acompañe y haga cumplir esa salvación de la cual son portadores!

Juntos a ustedes saludo a los Cardenales y a los Obispos que los acompañan hoy y que en sus diócesis apoyan su misión. En particular, saludo a los iniciadores del Camino Neocatecumenal, Kiko Argüello y Carmen Hernández, junto con el Padre Mario Pezzi: también a ellos les expreso mi aprecio y mi aliento por todo lo que, a través del Camino, están haciendo en beneficio de la Iglesia. Yo digo siempre que el Camino Neocatecumenal hace un gran bien a la Iglesia.

Nuestro encuentro de hoy es un envío misionero, en obediencia a lo que Cristo nos ha pedido: «Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado se salvará» (Mc 16, 15-16). Y estoy muy contento de que esta misión suya se desarrolle gracias a familias cristianas que, reunidas en comunidad, tienen la misión de dar los signos de la fe que atraen a los hombres hacia la belleza del Evangelio, según las palabras de Cristo: «Ámense como yo les he amado;  en esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos», (cfr. Jn 13,34), y «Que todos sean uno… para que el mundo crea» (cfr. Jn 17,21).

Estas comunidades, llamadas por los obispos, están formadas por un presbítero y por cuatro o cinco familias, con hijos también grandes, y constituyen una “missio ad gentes”, con un mandato a evangelizar a los no cristianos. Los no cristianos que nunca han escuchado hablar de Jesucristo y los muchos no cristianos que han olvidado quien era Jesucristo, quién era Jesucristo: “no cristianos bautizados” a quienes la secularización, la mundanidad y tantas otras cosas han hecho que olviden la fe. ¡Despertad aquella fe!

Pues, aún antes que con la palabra, es con su testimonio de vida que manifiestan el corazón de la revelación de Cristo: que Dios ama al hombre hasta entregarse a la muerte por él y que ha sido resucitado por el Padre para darnos la gracia de dar nuestra vida a los demás. De este gran mensaje el mundo de hoy tiene una extrema necesidad. ¡Cuánta soledad, cuánto sufrimiento, cuánto alejamiento de Dios en tantas periferias de Europa y de América y en tantas ciudades de Asia! ¡Cuánta necesidad tiene el hombre de hoy, en toda latitud, de sentir que Dios lo ama y que el amor es posible! Estas comunidades cristianas, gracias a ustedes, familias misioneras, tienen la tarea esencial de hacer visible este mensaje. ¿Y cuál es el mensaje? Cristo está resucitado, Cristo vive, Cristo está entre nosotros.

Ustedes han recibido la fuerza de dejar todo y de partir hacia tierras lejanas gracias a un camino de iniciación cristiana, vivido en pequeñas comunidades, en las que han vuelto a descubrir las inmensas riquezas de su Bautismo. Este es el Camino Neocatecumenal, un verdadero don de la Providencia a la Iglesia de nuestro tiempo, como ya lo han afirmado mis Predecesores; especialmente San Juan Pablo II cuando dijo: “Reconozco el Camino Neocatecumenal como un itinerario de formación católica, válida para la sociedad y para los tiempos de hoy” (Epist Siempre 30 de agosto de 1990: AAS 82 [1990], 1515). El Camino se basa en aquellas tres dimensiones de la Iglesia que son la Palabra, la Liturgia y la Comunidad. Por eso la escucha obediente y constante de la Palabra de Dios; la celebración eucarística en pequeñas comunidades después de las primeras Vísperas del domingo, la celebración de los laudes en familia en la jornada del domingo con todos los hijos, y el compartir la propia fe con otros hermanos, originan los muchos dones que el Señor les ha prodigado, así como las numerosas vocaciones al presbiterio y a la vida consagrada. Ver todo esto es un consuelo, porque confirma que el Espíritu de Dios está vivo y operante en su Iglesia, también hoy, y que responde a las necesidades del hombre moderno.

En varias ocasiones he insistido en la necesidad que tiene la Iglesia de pasar de una pastoral de simple conservación a una pastoral decididamente misionera (cf. ibíd., N. Evangelii gaudium, 15). Es lo más importante que debemos hacer si no queremos que las aguas se estanquen en la Iglesia. Cuántas veces, en la Iglesia, tenemos a Jesús dentro y no lo dejamos salir… ¡Cuántas veces! Esta es la cosa más importante por hacer si no queremos que las aguas se estanquen en la Iglesia.

El Camino desde hace años está realizando estas missio ad gentes entre los no cristianos, para una implantatio Ecclesiae, una nueva presencia de Iglesia, allí donde la Iglesia no existe o ya no es capaz de llegar a la gente. “¡Cuánta alegría nos dan con su presencia y actividad!” -  les dijo el beato Papa Pablo VI en la primera audiencia con ustedes (8 de mayo 1974: Enseñanzas del Papa Pablo VI, XII [1974], 407). También yo hago mías estas palabras y los animo a seguir adelante, confiándolos a la Santísima Virgen María, que inspiró el Camino Neocatecumenal. Ella intercede por ustedes delante de su Hijo divino.

Queridos, que el Señor los acompañe. Vayan, con mi Bendición Apostólica.