En Malabo viven tres familias del Camino Neocatecumenal.ReLcharla con una de ellas.
Juan Pablo y Matilde (justo en el centro de la imagen), junto al resto de familias en misión del Camino Neocatecumenal.
Los primeros misioneros católicos llegaron a Guinea Ecuatorial en 1850, y fueron los claretianos –en aquel momento era el vicariato de Fernando Poo-, entre los bubis, los fang y los criollos.
En circunstancias adversas –entorno geográfico hostil, problema de la lengua, enfermedades, excesiva vinculación inicial a los colonos…-, estos misioneros lograron poner los cimientos de la Iglesia católica, y de su labor educativa y sanitaria, que cuenta hoy con sus propias vocaciones nativas.
Dedicados a evangelizar
Juan Pablo es de Madrid y vive junto a su mujer, Matilde, en Malabo –la antigua capital de Guinea Ecuatorial, hasta este 2026– y son una familia en misión española enviada por el Papa y perteneciente al Camino Neocatecumenal. Este martes, como trabajador de la diócesis, se encontró con León XIV durante unos minutos y cuenta a Religión en Libertad cómo fue ese momento.
"He tenido una mezcla de emoción y otra de mirar todo este tiempo último que hemos vivido aquí, y como el Señor hace la historia. Nunca hemos sabido cuál es la razón concreta de estar en Guinea, pero Dios ha ido preparando una serie de circunstancias que me han llevado a estar trabajando en la administración de la diócesis y a encontrarme hoy con el Papa, que, realmente, siento que es el mismo Jesucristo que nos estaba esperando aquí, que viene a confirmarme que Él quiere hacer con mi vida algo especial, una misión y ponerla en función de ayudar a los demás", comenta Juan Pablo.
Juan Pablo y Matilde llevan cerca de dos años como misioneros en Guinea.MF
"El encuentro ha sido muy rápido, le he dicho que éramos de Madrid, que éramos del Camino Neocatecumenal y que estábamos aquí como misioneros. Él nos ha mirado y, poco más, pero ha sido suficiente", añade.
Matilde, por su parte, relata a ReL cómo es la vida de un misionero español en este país africano. "Nuestro día a día en Guinea es bastante sencillo. Mientras mi marido va a la administración de la diócesis todas las mañanas, donde lleva las cuentas, yo hago las labores de la casa, voy a la compra, preparo la comida, etc. Y, luego, por la tarde, durante algunas épocas, tenemos catequesis, y todos los miércoles y sábados nuestras celebraciones con las demás familias que están aquí con nosotros", comenta.
En Malabo hay dos familias españolas más, una con cinco niños y otra con siete. "Rezamos por la mañana y nos apoyamos en la oración. Hay momentos en que no es nada fácil, sobre todo por el calor y la humedad, que es muy intenso", relata esta madre de familia, que tiene a todos sus hijos y nietos en España.
Sobre lo que esperan de la visita del Papa, la misionera comenta: "Va a ser un gran acontecimiento para este país, que es católico en su mayoría, pero que necesita una confirmación en la fe. Porque también está muy mezclado con sus tradiciones", recuerda.
Emoción y alegría
"Aquí la familia está un poco desestructurada. Y se necesita recibir catequesis sobre el matrimonio, sobre la paternidad, sobre la maternidad. Los guineanos están viviendo la visita del Papa con emoción y con mucha alegría. Es un pueblo alegre. Esta visita será una ayuda y un empujón para afirmarse en que es importante la familia, formar matrimonios cristianos".
"Cuando eres misionero, a veces te sientes un poco como un pez fuera del agua. En el sentido de que no te sientes tan arropado como cuando vives en tu país. Y, supongo, que el Papa, en muchos momentos, se habrá sentido así", comenta sobre la emoción de recibir a un Papa que ha sido misionero como ellos.
De mayoría católica
Con una extensión un poco inferior a Galicia, la República de Guinea Ecuatorial tiene 1.558.000 habitantes, de los cuales 1.165.000 son católicos, el 74,8% de la población. Existen 5 circunscripciones eclesiásticas y 93 parroquias. Actualmente hay 6 obispos, 227 sacerdotes, 178 religiosas, y 675 catequistas. Los seminaristas menores son 58 y los mayores 89.
En la dictadura de Macías, en 1975, se cerraron todos los seminarios, y los que se estaban formando tuvieron que salir fuera del país.
"Aunque, ha sido un pueblo que nos ha acogido con los brazos abiertos. Nos ha apoyado en todo lo que hemos necesitado. Llegamos a una ciudad donde no conocíamos nada, bueno, gracias a Dios, sí conocíamos el idioma, pero donde no conoces la ciudad, y te pierdes, no sabes dónde venden nada", añade.
Matilde le pide al Papa algo en especial. "Que rece por este pueblo, por nosotros y por las familias que han venido con nosotros. Que rece por nuestra comunidad y por nuestra misión. Yo creo que va a dejar poso, la gente está muy contenta y muy expectante", concluye la misionera.
Los Oliva Martínez son del Camino Neocatecumenal y llevan desde 2009 en el país nórdico
"Lo primero es evangelizar con nuestra vida, viviendo como una familia cristiana dentro de una sociedad secularizada", asegura el matrimonio malagueño.
Los Oliva Martínez son una extensa familia del Camino Neocatecumenal,malagueña y misionera desde hace varios años en Dinamarca. El periodista José Vicente Rodríguez, deLa Opinión de Málagapublicó este domingoun reportaje sobre ellos.
Daniel Oliva y Gema Martínez, de la parroquia de San Patricio en Huelin, marcharon de Málaga en 2009 como familia en misión para vivir en un barrio de las afueras de Copenhague.
Evangelizar desde la vida cotidiana y hacer presente a Dios en medio de la sociedad actual, esa era su misión. Daniel y Gema explican a La Opinión de Málaga que la decisión de partir hace 16 años respondió a un sentimiento de "gratitud" hacia Dios.
Nunca exento de dificultades
"Llevábamos unos años casados y teníamos ya varios hijos, éramos felices, con los lógicos sufrimientos y problemas, como todo el mundo. Llegó un momento donde vimos que Dios había hecho tantas cosas buenas en nuestra vida que queríamos anunciar ese amor donde hiciera falta", comentan sobre por qué decidieron cambiar de vida.
Ambos han vivido su fe desde jóvenes en el Camino Neocatecumenal. Cuando a Daniel y a Gema les tocó Dinamarca, acudieron al Vaticano a un encuentro con el entonces Papa Benedicto XVI, en 2008, en el que se realizó el acto de envío de todas las familias que partieron aquel año.
La marcha de España implicó empezar la vida prácticamente desde cero en un país y una cultura completamente diferente, y sin conocer el idioma. Daniel dejó en Málaga un trabajo estable y bien remunerado y le costó un tiempo encontrar su primer empleo allí.
La familia misionera Oliva Martínez en un parque de Huelin, Málaga.
Gema, por su parte, lo pasó mal en su proceso de aprendizaje del danés, con lo que se sentía más aislada en el día a día. Encontrar una casa en alquiler adecuada en tamaño fue también tarea ardua. De hecho, ya han pasado por cuatro desde que están en Copenhague.
"Hemos pasado penurias y estrecheces económicas, sí, pero nunca nos ha faltado lo básico. Ha habido meses, por ejemplo, donde no teníamos para pagar la calefacción, y pasábamos las tardes en la cocina todos juntos con un radiador, pero la experiencia que tenemos es que Dios, de un modo u otro, aparece siempre", explican.
"Lo primero es evangelizar con nuestra vida, viviendo como una familia cristiana dentro de una sociedad secularizada donde el catolicismo es una minoría y hay muchos matrimonios destruidos. Algunos pueden no entender lo de ser misionero en Dinamarca, pero es que a Dios hay que anunciarlo también en los países a los que consideramos ricos", afirman.
«Llegó un momento donde vimos que Dios había hecho tantas cosas buenas en nuestra vida que queríamos anunciar ese amor donde hiciera falta»Familia Oliva Martínez
En el barrio en el que viven no existe una parroquia católica cercana, por lo que, junto a las otras familias con las que comparten misión, disponen de un local para celebrar la misa y el resto de celebraciones litúrgicas.
Suelen realizar una misión de evangelización en la plaza del barrio durante varios domingos del año, rezando los laudes y cantando salmos. A veces predican por las propias casas, llamando a la puerta de los vecinos para anunciar el Evangelio.
A lo largo del año, Daniel y Gema se ocupan de dar catequesis a jóvenes, parejas que van a casarse, familias que se acercan por primera vez a la Iglesia después de muchos años... y también ayudan en el seminario de Copenhague. Su casa siempre está abierta para acoger a los seminaristas que van los domingos a comer con esta nutrida familia malagueña.
Servicios que compaginan con sus trabajos. Daniel es conductor de un autobús de línea urbana y Gema se ha centrado en las tareas de casa y trabaja además ahora en un centro de mayores cuidando a personas ancianas.
"A la casa vienen además compañeros de colegio de nuestros hijos a comer y el simple hecho de que montemos una mesa para tantas personas es un signo para ellos. Los padres nos dicen '¿cómo vivís, cómo lo hacéis?'. A las familias que nos han conocido les gusta venir a la casa, ven cómo vivimos, les sorprende nuestra forma de educar a los hijos...", relatan.
Dios está en el medio
Daniel y Gema afirman que sus 14 hijos (María, David, Eva, Pedro, José, Marta, Teresa, Ana, Manuel, Carmen, Juan Pablo, Miguel, Daniel y Gabriel) son "un regalo tras otro" de Dios. Siete han nacido en España y los otros siete ya en Dinamarca. La mayor tiene 23 años; el más pequeño, tres.
"En nuestra casa se da siempre un orden y una obediencia, pero precisamente porque se da el amor y el cariño y porque Dios está en medio", afirma Gema.
"Hay un dicho que afirma 'No es más rico quien más tiene sino el que menos necesita', y es verdad. A veces, con más dinero, también te falta. Tenemos lo que necesitamos", comenta Daniel.
En unos días, los Oliva Martínez volverán a Dinamarca, tras unas semanas en Málaga. "Es una forma de descansar mentalmente y de poder vernos con la familia y con la gente de la parroquia. Vamos a la playa, los hijos ven a los amigos... para nosotros es muy importante todo este contacto con nuestro origen porque así tomamos más conciencia de que estamos en misión" señala Gema.
"Humanamente hay días que diría: 'Me vuelvo ya' pero la realidad es que, mientras que no tengamos impedimentos reales (porque Dios habla también en los acontecimientos) creemos que nuestro sitio está allí. Y también vemos que nuestros hijos, aunque les encanta venir siempre a Málaga, están felices. Y eso es también lo importante para nosotros", afirma Daniel.
Para los Atienza Ruiz, «cuando Dios llama, lo dejas todo y lo único que te interesa es seguirle»
"Somos testigos de este Evangelio porque quien deja casa, hermanos, padres, o hijos, por Mí y por el Evangelio, recibirá cien veces más", dicen los padres de esta familia numerosa y misionera
"Llevamos en misión en Guam, una isla en medio del Océano Pacífico, desde 2006. Nos envió el Papa Benedicto XVI junto con 200 familias más del Camino Neocatecumenal", así comienza el reportaje de Sandra Madrid, en la web del Arzobispado de Madrid, sobre la familia de David Atienza y Maruxa Ruiz, misioneros en Guam desde hace 18 años, con 10 hijos y 4 en el cielo.
Casados desde hace 24 años, su vocación, dicen los protagonistas, nació "de vivir la fe en este camino de iniciación cristiana, sostenido por nuestra comunidad en Madrid". Pero, antes de marchar a la misión, el matrimonio tuvo que dejar a su familia, amigos, y proyectos laborales en España. Él era doctor de Antropología y ella terapeuta ocupacional.
Te mueve a hacer cosas increíbles
"Es que cuando Dios llama lo dejas todo y lo único que te interesa es seguirle (...). Somos testigos de este Evangelio porque quien deja casa, hermanos, padres, o hijos, por Mí y por el Evangelio, recibirá cien veces más - casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones -, y en la edad futura, vida eterna. Dios ha provisto en abundancia, nunca nos ha faltado nada, y, encima, certifica en nosotros que existe la vida eterna", comentan al portal Archimadrid.
Para Maruxa, "la misión nos ayuda a todos, y abandonar nuestros planes es vital para preservar nuestra fe y la de nuestros hijos". Esta madre de familia numerosa cuenta que una vida asegurada, totalmente controlada, hace que cuando ocurre un imprevisto se olvida "de quién te viene la vida". Empiezas a creer que "la vida te la das tú mismo trabajando, ahorrando, haciendo muchas cosas, y, sobre todo, te crees que lo tienes todo bajo control". Mientras que, "cuando te dejas llevar por el Señor, empiezas a conocerle de verdad".
El matrimonio tuvo que dejar a su familia, amigos, y proyectos laborales en España. Él era doctor de Antropología y ella terapeuta ocupacional (foto: Archimadrid).
Si hay una certeza a la que recurrir, en una vida tan poco segura como la de ser misionero, esa es la de "saber que Dios existe y que es Padre, entonces ya no tienes miedo a la vida". Y, puntualiza Maruxa, que "todo tiene su origen en Dios, que es el creador, el autor de la vida, por ello cuando Él te lo concede tienes la paz".
Sobre la fe, la madre apunta que "no es un accesorio a la vida espiritualidad", es una "certeza que Dios existe y te mueve hacer cosas increíbles". De hecho, asegura que por la fe sigue casada y tiene 10 hijos, ha dejado su carrera profesional sin lamentarse por el tiempo invertido, ha perdido su vida viajando, etc. Y, por esta misma fe, "evangelizamos muchas tardes y fines de semana, agotando nuestro cuerpo y dedicando muchas horas hablando de Jesucristo". En definitiva, "nuestra vida es un milagro donde Dios actúa".
Un tesoro para todos
A los doce años de edad, los padres de Maruxa se separaron. Pensaba, entonces, que "el amor no duraba para siempre", quería "agradar a todos", porque eso sí que me daba seguridad, "era como el oxígeno para vivir", pero no me daba cuenta de que "estaba equivocada porque eso me hacía esclava, sentía un ahogo existencial, siempre buscaba un chico nuevo al que gustar o cualquiera que me hiciera caso".
La familia Atienza Ruiz son diez hijos y cuatro en el cielo (foto: Archimadrid).
Hasta que un día, Maruxa, escuchó la Buena Noticia en su parroquia. Escuchó que Dios le amaba sin condiciones. En ese momento, una alegría enorme la invadió. Se dio cuenta de que había un lugar donde "no tenía que hacer nada", era en la Iglesia. Y, entonces, "me quedé para siempre, porque no he encontrado este amor en otra parte". Maruxa reconoce que ahora sabe que tiene un tesoro y que es para todos, por ello, "hacer una Pascua diaria, es decir, pasar de la muerte a la vida, es el movimiento del cristiano, mueres y recibes la vida de Dios".
Maruxa cuenta orgullosa uno de los regalos que Dios les hizo; "el nacimiento de su primera hija nacida en la isla, con síndrome de down". También señala que su cuarta hija, "fue la puerta que nos abrió a la vida con alegría, disipando todos los miedos de tener más hijos".
La visión de los hijos
Por su parte, otro de los hijos, Mateo, que tiene 21 años, y que llegó a Guam cuando tenía tenía 3, comenta: "Entré en la misión a través de mis padres, que se levantaron para dar la vida en el seminario Redemptoris Mater de esta isla". Su misión era ser "hijo", pero con el tiempo "empecé a ver que mi misión era bastante simple".
El joven había descubierto que su misión "es estar" en medio de sus vecinos, de sus compañeros de clase, de sus hermanos de comunidad... "Que en todas sus acciones pueda representar a Cristo, y así dar un poco de esperanza a la gente que está a mi alrededor". Mateo suele visitar la cárcel "para anunciar la Buena Noticia a los presos" y cuida de sus hermanos "para que mis padres puedan continuar en la evangelización".
Mateo es uno de los hijos y reconoce que su misión es la de "estar" presente entre la gente (foto: Archimadrid).
Su hermano, Gabriel, tiene 18 años y es el tercer hijo de Maruxa y David. Tenía 6 meses cuando sus padres llegaron a Guam. Aunque tuvo que superar algunos obstáculos, reconoce, ahora, que "Dios le ha hecho feliz", y, señala, que tener una comunidad "me ayuda a madurar espiritualmente y a ver el amor de Dios en mi vida y en la misión".
José Agudo y Rosario Romero conocieron a Kiko Argüello y a Carmen Hernández en las barracas de Palomeras Altas de Madrid, allí asistirían al nacimiento de lo que poco después sería el Camino Neocatecumenal.
Son las 9 de la mañana cuando recibo un mensaje en mi teléfono móvil: ha muerto José Agudo. El Camino Neocatecumenal acaba de perder a su "primer hermano", me digo. Aquel testigo privilegiado de lo que fue el nacimiento y gestación de esta apreciada por muchos realidad eclesial.
Hombre de Dios, sin duda, tuve la suerte de conocerlo en los llamados "pueblos jóvenes" de la Lima de los años noventa. Cuando los terribles atentados del Sendero Luminoso —y de sus colegas del MRTA—, el apogeo de la Teología de la Liberación y la devaluación monetaria más grande en toda la historia.
Yo apenas era un niño, es cierto, pero me maravilló que un señor de aspecto tan respetable, con sandalias y barba larga, me animase efusivo a escalar una gigantesca montaña de arena que tenía metida en su propia casa.
José Agudo tenía 84 años y un cáncer se lo ha llevado en las últimas horas. Catequista, misionero y padre de 15 hijos, ha muerto en su casa de Madrid. Muy cerca, precisamente, del lugar en el que se situaron en su día las barracas de Palomeras Altas, donde nació el Camino Neocatecumenal.
El anuncio que cambió todo
"Había un hombre que me la tenía jurada, porque, tiempo atrás, en una pelea, yo le abrí la cabeza a su madre. Quedamos para dirimir el asunto al estilo del lugar, esto es, con sangre. Se trataba de matar o de morir. Me acerqué a hablar con Kiko y me dijo: 'fíate del Señor, que todo te irá bien'. Me presenté desarmado ante aquel que me odiaba y, sorprendentemente, no pasó nada", comentaba José Agudo.
Una palabra de fe, la que le dio aquel joven artista llamado Kiko Argüello, que cambiaría para siempre la vida de este humilde quincallero. Porque, si algo tuvo José Agudo fue un testimonio auténtico, de numerosos cambios sustanciales, no solo de mentalidad sino de hasta de forma de vida: de trashumante por tradición, de carreta y mula, trastos en ristre y los caminos como forma de vida... al anuncio del Evangelio como familia en misión en los barrios más pobres de Lima.
"No somos gitanos, no llegamos a esa categoría, somos una especie de mestizos. Los gitanos no llevaban carro, iban a lomo de caballería; sin embargo, los quinquis, sí. Hacíamos un poco de todo, vendíamos chatarra o lo que fuera. Si las circunstancias se prestaban, se hacían algunas cosas un poco turbias. No teníamos estudios ni casa fija", recordaba Agudo sobre el pueblo quincallero al que pertenecía (una etnia nómada asentada en España).
Kiko Argüello y José Agudo tuvieron siempre gran cercanía y aprecio mutuo.
Hombre curtido, austero y con luenga barba de patriarca, a José Agudo se le podía ver en los encuentros que convocaban Kiko Argüello y Carmen Hernández fumando tabaco de liar... y siempre discreto, en un segundo plano (nació un 29 de febrero, ¿por no molestar?).
José Agudo tuvo 15 hijos (dos de ellos adoptados en el Perú), y fue abuelo de otros tantísimos nietos. Junto con su mujer, Rosario Romero, fueron enviados en 1987 por el Papa San Juan Pablo II como una de las primeras familias en misión del Camino Neocatecumenal. En las barriadas más pobres de Lima permanecerían más de una década anunciando el Evangelio.
Testigo de los inicios
Pero si de algo fue protagonista José Agudo, fue de los inicios del itinerario de iniciación cristiana fundado por Kiko Argüello y Carmen Hernández: una realidad eclesial presente hoy en decenas de países, con miles de comunidades en todo el mundo... y que nació en una humilde chabola de Madrid.
José y Rosario llegaron a Madrid en el año 1961 con tres niños pequeños y con otra hija que venía en camino. Vendieron sus bártulos y se instalaron en unas cuevas que había en Palomeras Altas, entre Vallecas y El Pozo del Tío Raimundo.
"Éramos católicos como todo el mundo, bautizábamos a los niños, pero nada más. Mi primer contacto con la Iglesia fue a los ocho años, en un reformatorio. Aquellas vivencias tan duras me sensibilizaron y, aunque eran situaciones terribles, también conocí vagamente a Dios. Entonces no era consciente, pero ahora veo cómo el Señor estuvo siempre presente y cómo mi vida ha sido una preparación para la misión que me tenía reservada", narraba José.
Un año después de establecerse en Palomeras apareció un tal Kiko Argüello por allí. "Era un personaje muy particular. No era de nuestra clase, por lo tanto levantaba algunas sospechas, ¿qué hace aquí este tío? Poco a poco empezamos a tener contacto con él. Se veía que era un hombre culto, sencillo, accesible, tocaba la guitarra y hablaba de Dios de una manera que cautivaba. Su compañía comenzó a sernos grata", comentaba.
Y, entonces, por las tardes, se empezó a formar una especie de tertulia. "Fuimos creciendo en número. Ya no solo se hablaba, sino que rezábamos juntos y, en algún momento, se empezó a celebrar la Eucaristía. Aquello, sin proponérnoslo, era más serio de lo que pensábamos. Descubrimos con sorpresa cómo personas tan distintas convivíamos y nos queríamos. Era una realidad nueva que no sabíamos explicar, sencillamente la vivíamos", relataba Agudo sobre los inicios del Camino Neocatecumenal.
José llegó a Palomeras en los años 6o, allí conoció a Kiko (abajo, a la derecha) y a Carmen.
Sin embargo, por aquel entonces, Palomeras comenzaba a llenarse de personas llegadas de otros lugares. "Se acercó gente que conocía a Kiko de unos cursillos, esto creó algún problema, los veíamos como unos repipis. Algunos de los que vinieron se podían considerar 'enemigos'. Sin embargo, cada vez nos sentíamos más enganchados a esta realidad y nuestra relación con los demás empezaba a cambiar. Yo jamás hubiera permanecido con cierta gente, pero allí estaba", recordaba José Agudo.
Fue una relación tan estrecha, entre personas de distinta clase, imposible en otras esferas de la sociedad, que solo podía darse gracias a la predicación, que, sin estar todavía muy definida, iba cambiando la vida de los que allí estaban.
"Era todo muy lentamente, siempre volvías a caer en lo mismo, pero algo se transformaba dentro de ti. Rosario no venía al principio, más bien era bastante reacia, sentía que le quitaban al marido. Después de dos años se empezó a acercar, supongo que algo cambiaría en nuestro matrimonio, en mi manera de tratarla a ella y a los chicos, el caso es que empezó a acercarse", explicaba José en su testimonio.
Evangelizando con la vida
Y, entonces, Kiko organizó una primera convivencia, ¡que duró un mes! "Aquello era imposible de aguantar. Pero el Señor reconstruía todos los días lo que parecía imposible. Treinta personas en una iglesia abandonada y con todo en común... ¡eso era una caja de bombas! Sin embargo, el Señor acontecía siempre. Ese tiempo fue un encuentro real con Jesucristo. No con la razón sino con la vida. Era una constatación interior de cómo Jesucristo es enviado con poder para transformar tu vida", afirmaba Agudo.
Aquello que estaba naciendo poco a poco iba a transformarlo todo. "Lo vivíamos de una forma que no lo podíamos explicar, no sabíamos lo que era. No era una experiencia que se pudiera escribir ni hablar. Sencillamente se vivía la presencia de Jesús en medio de una gran precariedad. Rosario se dio cuenta de que algo pasaba allí, poco a poco fue cambiando de mentalidad, de costumbres, hasta nuestra relación iba a mejorar", añadía.
Pasó el tiempo y José vería nacer lo que poco después sería el Camino Neocatecumenal. "Con el tiempo, ante nuestro asombro, lo que empezó siendo unas reuniones entre cuatro 'desgarramantas', se estaba consolidando en algunas parroquias. Se podía ver cómo ésta predicación produce una regeneración en las personas. Podíamos apreciar el nacimiento del hombre nuevo, del que hablaba San Pablo", aseguraba.
José (en el centro) y su mujer fueron de las primeras familias en misión del Camino.
Y, en el año 1987, José, Rosario y ocho de sus hijos partieron al Perú como familia en misión. "A pesar de la acogida tan fenomenal que tuvimos, la realidad era muy dura. La experiencia fue hermosísima pero muy difícil. En el asentamiento al que llegamos no había ni parroquia", recordaba Agudo.
Aquel tiempo le haría revivir sus años en Palomeras. "La parroquia solo tenía un solar, así que nos instalamos en un barracón, como si volviéramos a nuestros orígenes. Estábamos acostumbrados a ello, pero hacía 25 años que nos habíamos asentado en Madrid... y no era lo mismo hacerlo con 20 años que con cincuenta y muchos", apuntaba.
"Los primeros tiempos fueron muy difíciles: arena, ratas, inseguridad. Curiosamente los chicos lo llevaron muy bien. Para los mayores fue una experiencia imborrable. Allí comprobabas cómo el Señor te protege siempre y puedes anunciar el Evangelio entre personas tan destruidas. Cómo el Padre regeneraba los matrimonios. Igual que en Palomeras, era Jesús el que se hacía carne en medio de la precariedad más absoluta", rememoraba José.
Kiko y la madre de Agudo
Estos años le sirvieron a José Agudo para conocer cuál era la verdadera misión. "Ahora veo cómo toda mi vida ha sido una preparación para esto. En Perú cada día se presentaba de una forma nueva, no había un manual de lo que debías hacer. Nuestra misión era sencillamente estar allí y en lo posible anunciar a Jesucristo. Al principio trabajé con una furgoneta haciendo repartos, más tarde en una empresa, pero lo que ganabas no llegaba ni para los desplazamientos", comentaba.
"El problema existencial del hombre es igual en Perú que en Japón, así que no hay que hacer ninguna adecuación de la Buena Noticia. El hombre debe dar respuesta a los designios de Dios desde su realidad. Lo que no se puede hacer es predicar desde la teoría, con una catequesis que no toca tu vida. Puedes anunciar a Jesucristo solo si eres testigo. La gente puede ser ignorante, no haber tenido estudios, pero no es tonta. Ellos ven rápidamente cuando lo que dices corresponde con una vivencia: que estás allí como ellos, con el mismo tipo de vida, y que te conocen", añadía.
En este sentido, Kiko Argüello recordaría en alguna ocasión una anécdota de su paso por Palomeras: "Un día José me llevó a hablar a su 'tribu'. Era una cueva enorme, llena de gitanos. Me dijo: 'Háblales', y yo no sabía qué decir. Así que empecé por el principio, y me puse a hablarles de Adán y Eva. De repente la madre de José Agudo se levantó y me dijo: 'Yo sé que en el cielo hay una mano potente, que es Dios. ¿Pero lo de la otra vida, lo del infierno, todas esas cosas de los curas? ¡Yo lo único que sé es que mi padre murió y no ha vuelto a casa! ¡Cuando yo vea a un muerto volver del cementerio... creeré!".
Puedes ver aquí el testimonio de José Agudo y de Rosario Romero.
"Se levantaron todos y se fueron, y yo me quedé allí, bloqueado, atontado, sin saber qué hacer. Aquella mujer, sin quererlo, me había dado la clave, me había dicho que estaba dispuesta a escucharme si yo era capaz de encontrar a un hombre que hubiese salido del cementerio", añadía el iniciador del Camino Neocatecumenal.
Unas décadas después y habiendo visto millones de gracias recibidas —¡y en la misma esperanza de la madre de José!—, el Camino, y Kiko Argüello en particular, despiden a su "primer hermano", convencidos de que algún día podamos estar todos juntos allá arriba.
Lo que debes saber de una de las grandes realidades de la Iglesia
Comunidades neocatecumenales de Madrid haciendo misión popular, es decir, evangelizando, en el parque del Retiro de la capital de España.
El Camino Neocatecumenal es una de las realidades eclesiales de la Iglesia Católica más difundidas a nivel internacional. Nacido en la década de 1960 en Madrid, rápidamente se extendió por todo el mundo, gracias también al apoyo que encontró entre los Papas.
San Juan Pablo II, en 2002, dirigiéndose a un grupo de catequistas de este itinerario decía: ¡Cómo no dar gracias al Señor por los frutos producidos por el Camino neocatecumenal! (...) En una sociedad secularizada como la nuestra, donde reina la indiferencia religiosa y muchas personas viven como si Dios no existiera, son numerosos los que necesitan redescubrir los sacramentos de la iniciación cristiana, especialmente el bautismo. El Camino es, sin duda alguna, una de las respuestas providenciales a esta necesidad urgente".
Actualmente, su presencia se extiende por todos los continentes y son miles las conversiones que ha propiciado así como las vocaciones que se han producido en su seno para la vida sacerdotal, religiosa y para anunciar el Evangelio como familias en misión.
Índice para conocer mejor el Camino Neocatecumenal
¿Qué es el Camino Neocatecumenal?
¿Cuáles son las cifras del Camino Neocatecumenal en la actualidad?
¿Quiénes son los fundadores del Camino Neocatecumenal?
¿Quién es Kiko Argüello?
¿Quién es Carmen Hernández?
¿Quién dirige actualmente el Camino Neocatecumenal?
¿Qué carismas hay en el Camino Neocatecumenal?
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¿Qué es el Camino Neocatecumenal?
El Camino Neocatecumenal es un itinerario de formación católica nacido tras el Concilio Vaticano II e iniciado por Kiko Argüello y Carmen Hernández. Surgió en 1964 entre los pobres de las chabolas de Palomeras Altas, en Madrid (España).
Es una realidad eclesial netamente evangelizadora que ha atraído a la Iglesia a miles de alejados de la fe. Destaca por la gran cantidad de familias con numerosos hijos que viven su fe en este grupo presente en 135 naciones y que cuenta con numerosas vocaciones de distinto tipo.
A petición de los mismos pobres de estas chabolas junto a los cuales se fueron a vivir, Kiko y Carmen, dos jóvenes célibes, comenzaron a anunciarles el Evangelio. Con el paso del tiempo, este kerygma se concretó en una síntesis catequética, "palabra de Dios-liturgia-comunidad", que trataba de llevar a las personas a una comunión fraterna y a una fe madura. Esta nueva experiencia fue acogida por el entonces arzobispo de Madrid, monseñor Casimiro Morcillo, el cual animó a los iniciadores a expandirla en las parroquias.
Esta experiencia de evangelización se difundió gradualmente en la archidiócesis de Madrid y en otras diócesis españolas. Y rápidamente llegó a Roma, para luego también extenderse por todo el mundo.
El padre Mario Pezzi, Carmen Hernández y Kiko Argüello.
El Pontificio Consejo para los Laicos señalaba en el decreto de aprobación de los estatutos del Camino Neocatecumenal que esta realidad “se pone al servicio de los obispos y de los párrocos como itinerario de redescubrimiento del bautismo y de formación permanente en la fe, propuesto a los fieles que deseen reavivar en su vida la riqueza de la iniciación cristiana, recorriendo este camino de conversión y catequesis. Como ha escrito el Santo Padre [San Juan Pablo II], en ese proceso también puede servir de ayuda importante ‘una catequesis posbautismal a modo de catecumenado, que vuelva a proponer algunos elementos del Ritual de la iniciación cristiana de adultos, destinados a hacer captar y vivir las inmensas y extraordinarias riquezas y responsabilidades del bautismo ya recibido".
De este modo, el dicasterio vaticano explica que “el Camino -cuyo itinerario se vive en las parroquias, en pequeñas comunidades constituidas por personas de diversa edad y condición social- tiene como objetivo último llevar gradualmente a los fieles a la intimidad con Jesucristo y transformarlos en sujetos activos en la Iglesia y testigos creíbles de la buena nueva del Salvador en todas partes. Además, el Camino Neocatecumenal es un instrumento para la iniciación cristiana de los adultos que se preparan para recibir el bautismo”.
Actualmente, apoyados y enviados por los Papas, de las miles de comunidades repartidas por el mundo han surgido numerosas vocaciones al sacerdocio, a la vida religiosa y además miles de familias han partido como misioneras a todos los rincones del mundo a anunciar el Evangelio.
¿Cuáles son las cifras del Camino Neocatecumenal en la actualidad?
Con más de medio siglo de existencia y con Carmen Hernández, uno de los iniciadores, ya en proceso de beatificación, el Camino Neocatecumenal es una de las realidades eclesiales más numerosas de la Iglesia. Tiene especial presencia en países como España, Italia o Polonia, en Europa, así como en toda Iberoamérica y Estados Unidos, países en los que hay miles de miembros de las comunidades neocatecumenales.
En estos momentos, el Camino Neocatecumenal tiene más de un millón de miembros en todo el mundo, está presente en 135 naciones y en 1.366 diócesis de los cinco continentes, desde Canadá a Irak, de Suecia a Sudáfrica o de India a Burkina Faso. Según los datos que ofrece esta realidad eclesial, el itinerario neocatecumenal se realiza en unas 6.300 parroquias en las que hay más de 21.000 comunidades neocatecumaneles, que están conformadas entre 30 y 60 personas cada una.
En estos momentos hay 121 seminarios diocesanos misioneros Redemptoris Mater en el que se forman un total de 1900 seminaristas del Camino Neocatecumenal, siendo España el país que más seminarios tiene. Son de carácter diocesano, se instauran a petición del obispo local y los sacerdotes ordenados pertenecen a dicha diócesis, aunque al tener un carisma misionero también pueden salir a evangelizar a cualquier parte del mundo, siempre con el permiso del obispo. Hasta la fecha hay ya más de 3.000 sacerdotes en todo el mundo que se han formado en estos seminarios Redemptoris Mater.
Uno de los carismas más llamativos es el de las familias misioneras. En la actualidad hay 1.000 familias en 212 missio ad Gentes, repartidas en 62 naciones. Estas misiones se establecen en lugares donde la presencia de la Iglesia es nula o prácticamente ha desaparecido. Pero además, hay otras 800 familias misioneras en decenas de países. Además, otras 300 familias están en equipos de catequistas itinerantes, encargadas de evangelizar en distintas zonas del planeta.
¿Quiénes son los fundadores del Camino Neocatecumenal?
El Camino Neocatecumenal fue iniciado por dos laicos españoles, los célibes Kiko Argüello (1939) y Carmen Hernández (1930-2016), que se conocieron en Madrid cuando ambos respondían a una llamada de Dios, aunque por caminos diferentes. Se conocieron en las chabolas de Vallecas, por la mediación de una hermana de Carmen.
El temperamento artístico de Kiko, su experiencia existencial, su formación como catequista en los Cursillos de Cristiandad y el impulso de evangelización de Carmen, su preparación teológica y su conocimiento de la renovación del Concilio Vaticano II, constituyeron el laboratorio que dio lugar a una síntesis kerigmática, teológico-catequética, que es la columna vertebral de este proceso de evangelización de adultos en que consiste el Camino Neocatecumenal.
¿Quién es Kiko Argüello?
Kiko Argüello (Francisco José Gómez de Argüello Wirtz), es la cara más visible del Camino Neocatecumenal, debido a su carisma arrollador y su fuerte predicación. Este laico nacido en León en 1939l, pero criado en Madrid, es co-iniciador de esta realidad musical, aunque también ha destacado su faceta como pintor y músico, enfocado siempre a la evangelización.
Kiko estudió Bellas Artes en la Academia de San Fernando de Madrid y en 1959 recibió el Premio Nacional Extraordinario de Pintura. Después experimentó una profunda crisis existencial. Posteriormente, vivió una profunda conversión.
Él mismo relata así lo que ocurrió un 8 de diciembre de 1959: “Después de comer sentí que tenía que ir a mi cuarto a rezar. Fui a la habitación, me puse de rodillas sobre la cama y, de pronto, la Virgen María estaba detrás de mí con el niño y dijo esta frase: ‘Hay que hacer comunidades cristianas como la Santa Familia de Nazaret, que vivan en humildad, sencillez y alabanza; el otro es Cristo’”.
Reconoció que en aquel momento no entendió qué quería decirle María con esto. Fue unos pocos años después cuando escandalizado por el sufrimiento de los inocentes decidió irse con una Biblia y una guitarra a vivir con los pobres de las chabolas de Palomeras Altas de Vallecas. Allí, donde sólo quería estar al pie de la cruz fueron tomando todo el sentido aquellas palabras de la Virgen. Y entre los más pobres de los pobres de España nacieron con la ayuda de Carmen estas comunidades que serían el germen del Camino Neocatecumenal.
Para recordar aquel momento del 8 de diciembre de 1959, Kiko Argüello pintó en 1973 un icono en el que aparecen la Virgen y el niño Jesús en el que añadió la frase que recibió de boca de María: “Hay que hacer comunidades cristianas como la Santa Familia de Nazaret, que vivan en humildad, sencillez y alabanza; el otro es Cristo”. El original, pintado al estilo oriental, se expone en estos momentos en una capilla lateral de la catedral de la Almudena de Madrid y es ahora una de las imágenes marianas más conocidas estando presente en decenas de miles de hogares y parroquias de todo el mundo.
Renunciando a una incipiente y exitosa carrera artística, Kiko se marchó en 1964 a vivir entre los pobres en Palomeras Altas. Allí conoció a Carmen, y ambos, impulsados por el ambiente de los pobres, encontraron una forma de predicación, una síntesis kerigmático-catequética, que dio lugar a la formación de una pequeña comunidad cristiana.
Esta comunidad, en la que se hizo visible el amor de Cristo crucificado, se convirtió en una “semilla” que, gracias al entonces arzobispo de Madrid, Casimiro Morcillo, fue plantada en las parroquias de Madrid y más tarde de Roma y de otras naciones. A partir de ahí el Camino se ha extendido por todo el mundo, dando multitud de vocaciones. Todos los Papas que han servido a la Iglesia en estas décadas han acogido y defendido esta realidad eclesial y han recibido en audiencia en numerosas ocasiones a Kiko y Carmen, reconociendo la gracias que aporta este itinerario a la Iglesia universal.
¿Quién es Carmen Hernández?
Carmen Hernández es junto a Kiko Argüello co-iniciadora del Camino Neocatecumenal. Actualmente, “sierva de Dios”, su causa de beatificación se encuentra ya en Roma. En muchas ocasiones, ha estado en un segundo plano junto a un Kiko con un carisma arrollador, pese a que la base teológica del Camino se sustenta en las aportaciones de esta mujer nacida en Ólvega (Soria) el 24 de noviembre de 1930.
En Tudela estudió en la Compañía de María y estuvo en contacto con la Compañía de Jesús. Influenciada por San Francisco Javier, desde muy joven quiso ser misionera, concretamente en la India. Pero finalmente, por voluntad de su padre estudió Química en Madrid, donde se licenció en 1954. Durante un tiempo trabajó en la industria familiar hasta que decidió trasladarse a Javier para unirse a las Misioneras de Cristo Jesús, un nuevo instituto misionero. Después del noviciado, estudió Teología en la casa de formación teológica para religiosos en Valencia. En 1960 fue destinada a la India. Para esta misión tuvo que prepararse en Londres, donde permaneció un año.
En ese tiempo, se dio un cambio de dirección en las Misioneras de Cristo Jesús que limitaba su apertura a la misión, por lo que Carmen regresó de Londres a Barcelona.
Allí conoció al padre Pedro Farnés Scherer que acababa de cursar sus estudios en el Instituto de Liturgia de París, poco antes del Concilio Vaticano Il y que después de él participó activamente en el Concilio para su actuación. Este periodo tuvo mucha influencia en Carmen y por ende en la posterior formación de las catequesis del Camino Neocatecumenal.
Durante un año, hasta mediados de 1964 recorrió Tierra Santa con la Biblia, y a su regresó a España se trasladó a Madrid donde comenzó a ayudar en las barracas de Vallecas mientras pensaba partir como misionera a Bolivia. Fue en ese instante cuando conoció a Kiko.
En medio de los pobres, ambos descubrieron la fuerza del Misterio Pascual y de la predicación del Kerigma y vieron nacer la primera comunidad. Carmen colaboró con Kiko llevando a las parroquias esta nueva realidad eclesial. Tras más de siglo anunciando el Evangelio junto a Kiko Argüello a través del Camino Neocatecumenal, Carmen falleció el 19 de julio de 2016 en Madrid. Está enterrada en el seminario Redemptoris Mater de Madrid.
Ascensión Romero, junto al padre Mario Pezzi y Kiko Argüello.
¿Quién dirige actualmente el Camino Neocatecumenal?
El Camino Neocatecumenal, tal y como establecen los estatutos aprobados por la Santa Sede, está dirigido por un equipo responsable internacional que en estos momentos está compuesto por Kiko Argüello, que es el responsable del equipo, María Ascensión Romero, y el padre Mario Pezzi.
Desde el nacimiento del Camino en 1964 el Camino fue dirigido por Kiko y Carmen, equipo al que posteriormente se incorporaría el padre Mario. Y así fue hasta 2016, cuando falleció Carmen Hernández. Tal y como establecían los estatutos se procedió a nombrar un tercer miembro del equipo y en 2018 se nombró -tras la aprobación de Roma- a Ascensión Romero.
El padre Mario Pezzi nació en 1942 Gottolengo, Brescia (Italia) y desde muy niño sintió la llamada al sacerdocio. Ingresó en en los Misioneros Combonianos con 10 años y sería finalmente ordenado sacerdote de esta congregación en 1969, el mismo año en el que conocería a Kiko y Carmen cuando éstos llegados de España pronunciaban las catequesis de inicio del Camino en una parroquia romana. En 1970 se incorporó a una comunidad y viendo el bien que podría hacer en África pidió permiso a su orden para hacer una experiencia como catequista itinerante. En 1971 empezó a acompañar en distintos periodos a Kiko y Carmen durante sus estancias en Italia, a la vez que abrió esta realidad en distintos lugares de África. Desde 1982 lleva formando parte del equipo responsable del Camino Neocatecumenal junto a Kiko y Carmen a tiempo completo.
Ascensión Romero, es una célibe nacida en 1960 en Tudela (Navarra). Al trasladarse a Soria a estudiar Magisterio conoció, con 19 años, el Camino Neocatecumenal. Después estuvo varios años en una comunidad de su pueblo natal hasta que se mudó a Madrid para trabajar como profesora, donde continuó en la parroquia de Santa Catalina de Siena.
En la JMJ de Santiago de 1989 sintió la llamada a la evangelización. En 1991 comenzó como catequista itinerante en la diócesis de Ciudad Real, hasta que al año siguiente partió a la antigua Unión Soviética, donde durante 25 años anunció el Evangelio en países como Bielorrusia, Kazajistán o Rusia. El 2 de febrero de 2018 fue nombrada oficialmente miembro del Equipo Internacional del Camino Neocatecumenal.
¿Qué carismas hay en el Camino Neocatecumenal?
El Camino Neocatecumenal es un itinerario de renovación bautismal para las parroquias pero que además de atraer a miles de alejados a la Iglesia y fortalecer la fe de numerosos católicos ha tenido frutos inesperados. Debido a su carácter netamente evangelizador han surgido misioneros de todo tipo, jóvenes para el sacerdocio, mujeres para la vida consagrada así como miles de familias enteras que han dejado su vida para anunciar el Evangelio en países de todos los continentes.
Esta realidad no habría podido expandirse tan rápidamente sin los conocidos como “catequistas itinerantes”. Constituidos en equipos formados normalmente por un sacerdote, un matrimonio y un célibe, son enviado a las naciones para iniciar allí el Camino. Los itinerantes responden así a las peticiones de diócesis de todos los lugares: el equipo internacional hace una invitación a los hermanos del Camino a ofrecerse disponibles para ser enviados a cualquier parte del mundo, y los que se sienten llamados por Dios se ofrecen libremente.
Uno de los carismas más conocidos y más llamativos es de las familias en misión. Esta vocación comenzó a darse en el Camino en 1985 cuando Kiko, Carmen y el Padre Mario presentaron a san Juan Pablo II un proyecto para reevangelizar el norte de Europa con el envío de familias misioneras acompañadas de un presbítero. En 1986, el Papa envió las primeras 3 familias: una al norte de Finlandia, otra a Hamburgo (Alemania) y la tercera a Estrasburgo (Francia). En 1987 fueron enviadas las primeras 3 familias a los llamados “pueblos jóvenes” de Latinoamérica.
El 30 de diciembre de 1988, Juan Pablo II llegó en helicóptero al Centro Internacional del Camino Neocatecumenal en Porto San Giorgio para enviar a 72 familias por todo el mundo. Desde entonces, más de 2000 familias han sido enviadas por los últimos Pontífices a los cinco continentes a evangelizar con su testimonio de vida cristiana a imagen de la Sagrada Familia de Nazaret y a través de diversas tareas misioneras.
Son familias que, después de años en este itinerario de formación postbautismal, se ofrecen para ir en misión dejando la comodidad de sus lugares de origen. Parten en misión allá donde los obispos ven la necesidad del testimonio de una familia cristiana, viviendo y arraigándose en las iglesias locales y realizando diversas tareas evangelizadoras, participando en la implantación de nuevas comunidades cristianas.
Una evolución de esta realidad han sido lasMissio Ad Gentes. En 2006, Benedicto XVI inauguró esta nueva forma de evangelización enviando las primeras 7 missio ad gentes.
Cada una de ellas está constituida por un presbítero, acompañado de tres o cuatro familias con varios hijos. A petición del obispo, la familia recibe el mandato de evangelizar zonas descristianizadas o paganas, con la misión de hacer presente una comunidad cristiana en la que “sean perfectamente uno para que el mundo crea”. De este modo, muchos alejados y personas que no conocían a Dios están ahora en la Iglesia. El número de familias del Camino que están en misión para la nueva evangelización es de 1.668, con unos 6.000 hijos, en 108 países de los 5 continentes, incluyendo las 216 missio ad gentes en 62 naciones.