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jueves, 29 de agosto de 2019

Masturbación: Una “estafa emocional”

Un experimento muestra los beneficios de controlar el "instinto sexual"



Lo que comenzó en 2011 como un experimento en internet se ha convertido en un grupo de apoyo para hombres y mujeres que se animan a vivir ordenadamente su sexualidad y que denuncian la «estafa emocional» que esconde el fomento cultural de la masturbación
Víctor tiene 20 años y en internet se oculta tras un complejo nick, un nombre falso. También Víctor es un seudónimo. Como él mismo reconoce no sin cierta amargura, desde que tenía 13 años se masturba a diario, y desde esa edad no ha pasado más de un mes sin ver pornografía.
No se reconoce cristiano, así que no puede achacar a una presunta «moral religiosa y restrictiva» la ansiedad que le produce no ser capaz de controlar a fondo su sexualidad. «Sé que tengo un grave problema de adicción al PMO [NdR.: Pornografía-Masturbación-Orgasmo]. No puedo estar ni una semana sin el porno de mierda, y hasta cuando me masturbo [él usa otra expresión] me doy lástima».
Sociedad hipersexualizada
A pesar de que ante los demás vive una vida normal, Víctor se ha reconocido a sí mismo que es incapaz de controlarse como quisiera, y de sustraerse a los muchos estímulos que excitan su sexualidad: anuncios de productos corrientes pero con gran carga erótica, vídeos musicales y letras de canciones hipersexualizadas, una moda –femenina y masculina– en la que sobreabunda la sensualidad agresiva, programas de radio juveniles que abordan con frivolidad los asuntos sexuales, o artículos periodísticos presuntamente científicos que promueven la experimentación sexual y la desinhibición en esta materia.
Este bombardeo «está afectando a otros aspectos de mi vida –dice–: falta de concentración y de confianza, poca motivación y energía, problemas para socializar, ver a las mujeres como un objeto (desde la primera vez que tuve relaciones sexuales, a los 17, he tenido relaciones con diez chicas, y con tres mantuve noviazgos, aunque con todas terminé mal)…».
Ser consciente de esta pérdida de libertad le provoca ansiedad, que libera de nuevo con la masturbación, en una espiral tormentosa que le dificulta «ser constante en actividades como la natación, el fútbol, ir al gimnasio…».
Pero como Víctor no se resigna a vivir en un callejón de desesperanza, hace unas semanas se puso en contacto con la vertiente española del movimiento NoFap, una corriente que propone el control sobre la propia sexualidad y el progresivo abandono de la masturbación, y al que se han sumado ya decenas de miles de seguidores por todo el mundo.
La red NoFap nació en 2011 vinculada a la red social Reddit, y toma su nombre de la onomatopeya fap, que internet ha adoptado del cómic para referirse a la masturbación. En junio de aquel año, un internauta compartió en Reddit un artículo científico que explicaba por qué abandonar la masturbación favorecía en los varones el aumento de los niveles de testosterona y mejoraba la concentración, entre otras ventajas.
El artículo motivó a un joven estadounidense, Alexander Rhodes, a iniciar un experimento: estar un mes sin masturbarse «para ver qué pasaba». Rhodes reconocía que «hoy la masturbación no es un tabú, todo lo contrario», y que él ya no pertenece a esa generación que amenazaba con la ceguera o el acné a quienes cayesen en el onanismo, sino más bien a una nueva a la que se le amenaza con la inexperiencia sexual, la incapacidad de encontrar pareja «sexualmente compatible» o con ser un reprimido si no se masturba «cuantas más veces, mejor».
El beneficio es la libertad
Como él mismo dice, Rhodes no se convirtió en «un superhombre» tras concluir su experimento, pero sí descubrió hasta qué punto la masturbación, la pornografía y la necesidad de tener un orgasmo se habían convertido para él en una especie de esclavitud, algo que escapaba a su control.
A través de un diario online fue compartiendo las dificultades de encauzar su sexualidad, y también los beneficios: mirar a las mujeres con limpieza y naturalidad, descubrir «trampas sexuales» para incitarle a consumir, mejorar su autoestima, tener más concentración y energía, descansar mejor por no robarse horas de sueño…
Aconfesional, gratuita, anónima
Otros internautas se sumaron al NoFap Challenge (Reto NoFap) iniciado por Rhodes. Cada uno se fijaba sus metas: un mes, una semana, 15 días…
Cuando comprobó que su problema de adicción, su preocupación por la falta de libertad y, sobre todo, los beneficios de su decisión, eran compartidos por miles de personas –hombres y mujeres, jóvenes y adultos–, Rhodes, que ha terminado por licenciarse en Biología en la Universidad de Pittsburg, decidió crear la web nofap.com, en la que de forma «aconfesional, gratuita, anónima y en grupo» da pautas para ayudar a los que se han dejado arrastrar por lo que algunos usuarios definen como la «estafa emocional de quienes promueven la masturbación y nos dejan esclavos de nosotros mismos».
Miles de visitas en Youtube
A Rhodes se le han ido sumando jóvenes profesionales (biólogos, médicos, psicólogos…) que han experimentado en su vida esta esclavitud y quieren, desde distintos enfoques, ayudar a otros a salir de ella.
Entre estos está Mark Queppet, un programador informático y experto en coaching empresarial y personal, que ayuda a los usuarios con pautas y consejos que siguen con criterios científicos algunas de las técnicas más exitosas para dejar de fumar.
Además, Queppet también aborda el problema desde la vertiente espiritual –avisándolo previamente–, no para formarse en una doctrina sino para pedir la gracia de Dios como apoyo imprescindible para alcanzar la fuerza de voluntad necesaria.
Hoy, sus vídeos en Youtube –que están en inglés, pero pueden verse subtitulados al castellano– tienen de promedio más de 30.000 visitas cada uno, y no deja de crecer el número de fapstronautas, como se definen ellos, que comparten sus experiencias de angustia, piden ayuda, reconocen sus recaídas, muestran sus éxitos, se animan mutuamente y crean nuevos hilos y conversaciones de Reddit en varios idiomas, como el español, donde recaló Víctor.
Porque, como él, en pleno siglo XXI hay quien ha dejado de tragarse el cuento de que la masturbación es liberadora, y piden, por favor, «ayuda para cambiar de vida», y ser, como los miles que ya han dejado de masturbarse, «más libres y felices».
Escrito por José Antonio Méndez, en Alfa y Omega, Aleteia



lunes, 28 de agosto de 2017

¿En qué consiste, de verdad, la calidad de la relación íntima entre los esposos?

 Una pista: no tiene que ver con la variedad de posturas en la cama…

Se miran con un cariño y una química tal, que muchos se quedarían desconcertados al escuchar su testimonio. María y Javi vivieron nueve años de noviazgo sin tener relaciones sexuales y hace dos se unieron en matrimonio.
“Como es lógico, esperábamos con muchas ganas el momento de acostarnos juntos y ser una sola carne. Porque si la sociedad te vende que el sexo, incluso sin amor, es la bomba, para nosotros, que nos queremos tanto y tenemos una visión trascendente de nuestro matrimonio, tenía que ser una pasada”, cuentan.
Lo que ocurre es que la realidad no es, ni en su caso ni en ningún otro, como pintan las películas: El día a día está lleno de cansancio, de estrés… y eso, sumado a nuestra inexperiencia, nos ha hecho darnos cuenta de que la relación sexual es muy importante para un matrimonio, pero no por las mismas razones por las que la sociedad dice que importa el sexo”, aclaran.
No hablan de chasco, ni cambiarían sus años de noviazgo, “porque descubrir juntos la vida matrimonial es algo incomparable”, pero reconocen que “las series, los anuncios, etc., no ayuda a vivir el sexo con naturalidad y plenitud. Te venden que debe ser súper intenso, frecuente, innovador, todo placer, y si no lo vives así, es que algo estarás haciendo mal…, y si no haces esta postura, no llegas al orgasmo, o si no tienes ganas siempre, algo falla. Nadie lo vive así, pero la presión la tienes encima”.
El sexo importa mucho
No parece que exageren en el retrato ambiental: “Si tu vida sexual va bien, lo demás no importa”; “Lo que debes decirle para tener el mejor sexo oral de tu vida”; “Cuatro trucos infalibles para que ella alcance el orgasmo”… Estas frases no están sacadas de una página de contactos, sino de anuncios y titulares publicados en los principales medios españoles. Y claro, semejante bombardeo hace mella en los matrimonios, católicos o no. 
Nieves González Rico, máster en Sexología y directora de Centro de Atención Integral a la Familia (CAIF) de la Universidad Francisco de Vitoria, sabe, por lo que ve en consulta, que la sociedad vende una imagen idealizada y falsa de la relación sexual que hace mucho daño, porque, al compararla con nuestra realidad limitada, surgen las preguntas: ¿Por qué no deseo como imagino que debo desear? ¿Acaso no amo? ¿Por qué mi cónyuge no me busca?”.
En realidad, esta visión irreal parte de una premisa cierta: la relación sexual es vital para los esposos; más aún, es parte constitutiva del amor conyugal, porque es lo que diferencia el amor entre los cónyuges de cualquier otro amor. 
“Hay muchos bienes –explica la doctora– que como matrimonio estamos llamados a compartir con otros: el tiempo, el dinero, la casa… pero hay un bien exclusivo de los esposos que es la intimidad conyugal, y que se compone de sentimientos, pensamientos, confidencias, y una entrega física plena a nivel sexual”.
Ya no es un tabú
Inconformes con la propuesta que la sociedad les ofrece, pero conscientes de la importancia del sexo, cada vez son más los matrimonios de todas las edades que buscan vivir su intimidad de un modo pleno.
Matrimonios como Sara Alejandro, que el pasado mayo acudieron a una ITV matrimonial sobre sexualidad, organizada por el COF de Las Rozas (Madrid).
“La gente dice que la Iglesia está obsesionada con el sexo, pero es la sociedad la que lo está –afirman–. Llevamos veinte años juntos y en ningún sitio nos han hablado de estos temas con la claridad, hondura, verdad y belleza con que lo hace la Iglesia”.
Por eso rechazan el cliché de que para los católicos el sexo es un tabú: “Al contrario: antes parecía mal hablar de sexo, porque era algo tan íntimo que exponerlo en público escandalizaba; pero ahora la sexualidad está tan deformada que la propuesta de la Iglesia llena de esperanza, realismo, buen humor y placer a quienes la vivimos”.
Ahora bien, si el sexo es tan importante es justo porque la relación conyugal no se reduce a lo que ocurre bajo las sábanas. Como señala Javier Vidal-Quadras, presidente de la asociación de orientación familiar FERT, “el sexo tiene mucha importancia en un matrimonio, pero no más, ni menos, que el resto de dimensiones de la persona”.
Como recuerda, “somos cuerpo y alma, y nuestra única manera de amar cabalmente es entregando y recibiendo todo lo que somos: sexualidad, afectividad, memoria, inteligencia, voluntad…Todas las dimensiones de nuestro ser han de ponerse al servicio del amor, y no al revés”.
De calidad y sin miedo
Pero, ¿cómo se vive bien la sexualidad conyugal?; ¿depende la calidad de una relación solo de la frecuencia e intensidad? Aunque todo ello influye y no es secundario, “la calidad de una relación sexual se mide, en primer lugar, por el respeto”, afirma Vidal-Quadras, autor también de Amar se escribe contigo (EIUNSA, 2016), entre otras obras.
Y lo explica así: “Cuando entregas el cuerpo con el sí definitivo del matrimonio, el pudor que antes te protegía de ser contemplado como mero objeto de placer, se diluye ante tu cónyuge y se transforma en delicadeza”.
¿Es esto sinónimo de mojigatería, represión o monotonía? En absoluto: “A partir de ese punto, respetando la finalidad de los órganos sexuales y la complementariedad femenina y masculina, cada matrimonio ha de encontrar su camino, sin miedo a disfrutar al máximo de la relación sexual, con la frecuencia, intensidad y diversidad que les una con mayor fuerza”.
Tras diez años de matrimonio, Eva Carlos traducen las palabras del experto con el diccionario de la experiencia: “Para nosotros, lo que hace que una relación sexual sea de calidad es la entrega íntima que ponemos en juego. Desde un punto de vista físico, a veces disfrutas más porque el entorno lo facilita, estás más receptivo, o el otro está más acertado, y a veces disfrutas menos porque estás cansado, menos sensible o el otro no hace lo que esperabas”.
Sin embargo, “cuando eres consciente de que el otro te está dando lo más íntimo que tiene; que te acoge en tu imperfección, te quiere y te desea tal y como eres; que le gustas aunque tengas tripa, la relación sexual es una experiencia impresionante”, dice Carlos.
Y lo curioso es que “en los días en que físicamente la relación no es una pasada, al darte cuenta de todo eso, acabas por disfrutarlo más”, apunta Eva.
Y concluyen: “Cuanto más corazón pones, incluso aunque no te apetezca mucho ese día, sacas fuerzas para unirte con una complicidad preciosa”.
El camino al placer
Para avanzar por este camino de intimidad, los expertos recomiendan tomarse al pie de la letra la expresión “hacer el amor”: aunque los arrebatos de pasión están bien de forma ocasional, conviene cuidar las condiciones para que surjan la unidad y el gozo, sin fiarlo todo al “aquí te pillo, aquí te mato”.
A la noche le precede el día. “Para que surja el placer –asegura González Rico– se necesita un recorrido que es preciso conocer y cuidar con paciencia y delicadeza: buscar momentos en que no se esté muy cansado, cuidar la estética (ducha o baño previos, aceites para masaje, belleza del ambiente…) y descubrir con calma el cuerpo de la persona amada, a través de los besos y las caricias (esencial en la mujer, ya que su respuesta sexual es más lenta), sin precipitar el coito”.
La directora del CAIF, que es también especialista en Pastoral Familiar por el Instituto Pontificio Juan Pablo II, destaca que “es importante tener iniciativa, buscarse y citarse. El placer es un regalo de Dios y está llamado a ir de la mano del gozo, esa alegría profunda que nace al saber que el abrazo es a toda mi persona. Y como momento sagrado que es dentro de la vida matrimonial, encierra una liturgia que hay que cuidar”.
María y Javi lo explican a su modo: “Como nos dijo un amigo cura, la relación sexual del fin de semana empieza el lunes con el primer beso de la mañana. No importa cuidar solo los preliminares de la relación, sino ser cariñosos el resto del tiempo: mandar un mensaje si el otro está agobiado, buscar ratos para hablar de todo aunque sea mientras doblas la ropa…”.
Orgasmo, unión con Dios
Hablar de “liturgia” y de “regalo de Dios” para referirse al sexo no es una metáfora. Autores como el polaco Ksawery Knotz –El sexo que no conoces (Planeta, 2010)– o el francés Yves Semen La espiritualidad conyugal según Juan Pablo II (Desclée De Brouwer, 2011)– apuntan que el propio san Juan Pablo II explicó en sus catequesis sobre la Teología del Cuerpo que el orgasmo es una suerte de éxtasis místico, en el que los esposos se unen entre sí y a Dios, por expreso deseo divino y a ejemplo de la Trinidad.
Ya lo había dicho Pío XII en 1951, en una cita que recoge el Catecismo: “El Creador hizo que los cónyuges, durante la conjunta y plena entrega física, experimenten placer y felicidad corporal y espiritual, y por tanto, cuando buscan y dan uso a este placer, no están haciendo nada malo, tan solo aprovechan algo que les fue dado por el Creador”.
Conscientes de toda esta riqueza, Eva y Carlos lo sintetizan así: “En estos años hemos vivido momentos diferentes y, a veces, nos hemos alejado de la propuesta de la Iglesia, cosa nos ha pasado factura. Por eso somos conscientes de que el sexo es un camino de santidad”.
“Si dejamos a Dios al margen de la vida sexual, no solo se empobrece el sexo, sino todo el matrimonio. No es que Dios nos espíe, sino que sabemos que en la cama podemos optar: o somos la simple unión de dos cuerpos con algo de cariño o somos la unión de dos personas completas que se dan por entero. Al amarnos, abrazamos nuestros cuerpos con toda nuestra alma, y por eso estamos abrazando el plan de Dios para cada uno y para los dos como matrimonio”.
Y concluyen: “Al vivir el sexo como cosa de tres, nosotros dos y Dios, los católicos disfrutamos mucho más del sexo que el resto de la gente”.
Artículo publicado por la Revista Misión
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