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jueves, 22 de agosto de 2024

¿Qué decirle a un niño pequeño que no quiere ir a misa?

Cuatro consejos para compartir con sus hijos la alegría de ir a misa los domingos y hacerles comprender lo importante que es

«¡No quiero ir a misa! Me aburro». ¿Cuántos padres han oído a su hijo pronunciar estas frases antes de ir a la misa dominical? Los padres desesperados no siempre saben qué responder. ¿Cómo hacer comprender a sus hijos que es importante? Mientras que algunos padres dejan la elección en manos de sus hijos, otros la convierten en un tema innegociable, del mismo modo que no dejarían a un niño pequeño elegir si ir a la guardería o ponerse el cinturón de seguridad.

Theresa Civantos Barber, Aleteia 

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la fe que vence el mundo



































sábado, 19 de agosto de 2023

¿A qué edad conviene darle un smartphone a tu hijo? [TEST]

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Estamos en vacaciones de verano y muchos padres buscan cómo entretener a sus hijos con tanto tiempo libre. Estas fechas se vuelven propicias para que los padres regalen un primer smartphone a sus hijos, por ello, conviene hacerse algunas preguntas

Cada día es más común ver niños pequeños con teléfonos o smartphone en las manos, incluso pareciera que nacen sabiendo cómo se utilizan; a esto surge una pregunta muy frecuente en la sociedad: ¿a qué edad es conveniente que un niño tenga acceso a un teléfono? Aleteia consultó con la psicóloga infantil Carolina Rubio acerca de este tema y esto fue lo que nos compartió.

¿Qué tan necesario es que un niño tenga celular?

Es cierto que para cuestiones académicas y escolares, el tener un dispositivo con acceso a internet se ha convertido en algo muy importante. Incluso en algunas escuelas, hasta puede llegar a formar parte de la lista de útiles, por ser herramienta de estudio o trabajo. El celular siempre puede ser un gran aliado.

¿En qué deben fijarse los padres al momento de tomar la decisión de darles un teléfono a sus hijos?

Primeramente, deben preguntarse, realmente, qué tan necesario es que un niño tenga un teléfono inteligente, o que tan viable pudiera ser que tenga un teléfono básico para poder contactarlo y comunicarse con él.

Existen alternativas para cada caso, por ejemplo:

  • Si el niño quisiera un celular para poder tener juegos en él, la mejor alternativa sería una consola de videojuegos que pueda estar en un lugar visible de la casa, para poder administrar sus tiempos y formas de uso.
  • Si el niño dice que quiere un celular para temas de la escuela, una computadora siempre será una buena opción, y si es de escritorio, mucho mejor.
  • Una tablet, meramente para cuestiones escolares, puede ser un buen recurso, ya que los padres de familia pueden controlar (su uso) prestándola y retirándola cuando sea necesario.

Todo con límites

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Es importante tener en cuenta que en el uso de los dispositivos deben estar presentes los límites de tiempo y también la supervisión de los adultos.

Un niño en edad preescolar, mientras más activo sea, mientras más juegue con texturas y objetos reales, y más posibilidades tenga de desarrollar su motricidad fina y gruesa, tendrá un mejor desarrollo cerebral, físico, psicológico y social.

Lo anterior no se logra con un celular, se logra jugando en la tierra, corriendo en un parque, manipulando arcilla o plastilina, jugando con cochecitos, pelotas, muñecos; armando rompecabezas, jugando juegos de mesa.

¿Cómo puedes establecer ciertos límites con el uso del celular?

Con reglas claras y concretas, como por ejemplo: el tiempo de uso y el lugar de la casa en el que ha de usarse o las obligaciones que deben cumplirse antes de poder utilizar el dispositivo, por mencionar algunas.

Estrategias y control de los celulares

Sin embargo, también existen algunas aplicaciones y estrategias de control parental que pueden ser muy útiles en el proceso, para regular el tipo de contenidos que se pueden descargar, prohibir las compras, etc.

Todo es importantísimo hasta para evitar un desfalque innecesario, como aquel caso de un niño en China que gastó el dinero que le habían donado a su papá para un tratamiento de cáncer en un videojuego, a través del celular.

¿Qué peligros o problemáticas saltan a la vista al momento en que un niño tiene celular?

Hay muchos peligros, entre ellos, el Grooming; esto es: la práctica de algunos delincuentes y pederastas en la que se fabrican una identidad falsa de un niño o niña que pretende entablar una “amistad” con tus hijos.

También existe el peligro de que puedan ser víctimas de abuso por parte de algún familiar o conocido que les pida cierto contenido, o que accedan a algunas páginas con temáticas nocivas para su salud mental.

Un test antes de tomar la decisión:

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Si aún tienes dudas para tomar esta importante decisión puedes responder el siguiente test para conocer si las habilidades tecnológicas de tus hijos son mayores que su capacidad para usarlas sabiamente, es posible que debas decir: «No, todavía no».

1. ¿Tus hijos muestran un sentido de responsabilidad?, como avisarte cuando salen de la casa, por ejemplo.

2. ¿Tus hijos tienden a perder cosas, como mochilas o carpetas de tareas? De ser así, es posible que ellos también pierdan un teléfono.

3. ¿Tus hijos necesitan estar en contacto contigo por razones de seguridad?

4. ¿Crees que usarán un teléfono celular de manera responsable?, por ejemplo, sin enviar mensajes de texto durante la clase o sin molestar a otros con sus conversaciones telefónicas.

5. ¿Pueden apegarse a los límites que estableces sobre cuándo, dónde y cuánto tiempo tienen permitido usar el teléfono?

6. ¿Utilizarán las funciones de texto, foto y video de manera responsable y no para avergonzar o acosar a otros?

Si ya has decidido obsequiarle un teléfono a tu hijo, ten presente establecer reglas en cuanto a su uso antes de darle el dispositivo. Recuerda que conviene tener en cuenta que gran parte de los niños saben más y aprenden más rápido a utilizar la tecnología que sus padres, por lo que pueden escaparse del control de los padres.

Mia Schroeder, Aleteia

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domingo, 30 de julio de 2023

¿Qué decirle a un niño pequeño que no quiere ir a misa?


Cuatro consejos para compartir con sus hijos la alegría de ir a misa los domingos y hacerles comprender lo importante que es

«¡No quiero ir a misa! Me aburro». ¿Cuántos padres han oído a su hijo pronunciar estas frases antes de ir a la misa dominical? Los padres desesperados no siempre saben qué responder. ¿Cómo hacer comprender a sus hijos que es importante? Mientras que algunos padres dejan la elección en manos de sus hijos, otros la convierten en un tema innegociable, del mismo modo que no dejarían a un niño pequeño elegir si ir a la guardería o ponerse el cinturón de seguridad.

Para ellos, ir a misa es una cuestión no negociable y se limitan a pedir a su hijo que siga esta norma familiar. Por supuesto, después habrá que explicarle por qué ir a misa es esencial para su vida espiritual. He aquí algunas pautas al respecto:

Reconocer la emoción

Para ayudar a tu hijo a sentirse comprendido es muy importante saber cómo se siente. Puedes decirle algo como «Te entiendo. No quieres ir a la iglesia. En este momento te parece aburrido. Es normal que te sientas así cuando eres pequeño. Yo también pensaba que ir a la iglesia era aburrido cuando tenía tu edad, pero ahora es lo que más me gusta en el mundo». Es importante que le digas a tu hijo que comprendes cómo se siente.

Explicar la importancia de asistir a misa

Puedes explicarle a tu hijo que cada día, hora o minuto de su vida es un regalo de Dios. Son miles de horas dedicadas a divertirse y disfrutar de la vida. Lo único sencillo que les pide el Señor es que le regalen una hora a la semana para ir a misa los domingos. De este modo, comprenderán que una hora no es mucho, pero que esa hora es fundamental para volver a centrar su vida en Dios y alimentarse espiritualmente, y que esa hora transformará también el resto de la semana.

Compartir el testimonio

Como dice la Iglesia, los padres cristianos tienen el deber de introducir a sus hijos en la fe desde la más tierna infancia.

Esta educación en la fe les servirá de apoyo durante toda su vida. Puedes empezar compartiendo tu amor por Cristo, confesando lo mucho que te gusta ir a la iglesia, rezar delante del sagrario donde reside Jesús Eucaristía, rezar con todos los santos y ángeles del cielo que son nuestros amigos e intercesores. También puedes acostumbrarles a rezar, sobre todo por la noche, leyendo la Biblia o rezando una oración delante de una vela y un icono. También puedes hacer saber a tu hijo que vas a Misa no solo porque tienes que hacerlo, sino porque quieres.

Explicar la misa fuera de la misa

Si tienes prisa por ir a misa, puede que ahora no sea el mejor momento para decirle a tu hijo por qué te gusta ir. Del mismo modo, si llega el momento de arrodillarse durante la transubstanciación y tu hijo no quiere hacerlo, probablemente ahora no sea el mejor momento para reprenderle o explicarle por qué es importante.

Sin embargo, puedes hacerlo en otros momentos del día o de la semana. Puedes retomar el tema para explicárselo: «¿Por qué nos arrodillamos en misa? ¿Qué significa? ¿Quién está presente en el pan consagrado? ¿Crees que el Dios que creó el cielo y la tierra, a ti y a todos tus seres queridos, es alguien ante quien debemos arrodillarnos?». Hablar de esto con él y hacerle reflexionar le ayudará a comprender mejor el sentido de la Misa y, en consecuencia, a adherirse a ella de todo corazón.

Theresa Civantos Barber, Aleteia 

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martes, 13 de junio de 2023

¿Los niños miran demasiado las pantallas? Prueba esto con éxito

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"Algo maravilloso sucedió la última vez que busqué el consejo de mi bibliotecaria sobre contenido nuevo para 'esparcir' para mi sala de estar". La colaboradora de la edición inglesa de Aleteia Sarah Robsdottir transmite su experiencia

La última vez que fui a la biblioteca a pedir consejo sobre contenido fresco para “esparcir”  para mi hogar, sucedió algo maravilloso.

¿Qué es esparcir, te preguntarás? Como hojas de colores esparcidas en un campo que llaman la atención, “esparcir” libros, revistas, mapas, Mad Libs, Legos, Play Doh, etc., recién adquiridos, por toda tu casa crea un ambiente de aprendizaje donde la educación y la conexión comunitaria pueden darse de forma natural.

Mi bibliotecaria me dijo: “A mucha gente le encanta leer revistas de historia y ciencia, así como todo lo relacionado con la no ficción”, dijo. “Pero a menudo a estas mismas personas no les ingteresa la ficción”. 

Inmediatamente, pensé en algunos chicos de casa, incluido mi esposo. Así que revisé una pila de revistas de autos, mapas antiguos y guías de viaje. También tomé todas las revistas de National Geographic del «contenedor gratuito» que pude encontrar. Fui a casa y con mis mejores habilidades para esparcir, desperdigué estos artículos por la mesa de mi sala de estar.  

Mi marido, Pete, entró esa noche y ni siquiera cogió su teléfono (por lo general, hace scrolling por la pantalla de su móvil arriba y abajo durante al menos media hora después de la cena). En cambio, tomó una revista y leyó sobre Islandia, mientras decía cosas como: «Mira ese océano oscuro» y «¡No es hermoso este glaciar!» y «¿¡No quieres ir allí algún día!?» Me senté a su lado, asintiendo. Un hijo se subió a su regazo. Los tres vimos escenas vívidas de Escandinavia juntos, compartiendo un momento de asombro en una noche de martes ordinaria. 

Muy variado

Mis hijos adolescentes también leían y hablaban sobre autos juntos en silencio en el otro sofá. Luego enrollaron revistas y se golpearon ferozmente, riéndose todo el tiempo. Algunos de mis otros hijos estaban sentados en el piso cerca, armando un rompecabezas. (Nuestra biblioteca les permite consultar estos juegos junto con los libros porque sabemos que un buen «desparrame» es variado, cambia con frecuencia y se mantiene fresco o, de lo contrario, será ignorado). 

Debo mencionar que, si bien mi bibliotecaria favorita ha pulido mis habilidades para sembrar, ella no fue quien me dio la idea. Aprendí el arte de llenar mi hogar con una canasta llena de libros de cartón aquí y un par de juegos de cartas allá de Maria Montessori, una educadora católica de principios del siglo XX que fue pionera en métodos de enseñanza que se enfocaban en el genio innato de cada niño. Dejó un legado de Escuelas Montessori que se rigen por sus principios de rodear a los niños con un entorno seguro y fascinante lleno de oportunidades de aprendizaje práctico. Estas escuelas siguen siendo populares en todo el mundo. 

Sembrar con éxito

Uno de mis primeros trabajos fuera de la universidad fue en una escuela Montessori. Es por eso que soy tan partidario de esparcir. Últimamente, mis esfuerzos se han extendido a mi sótano, donde coloqué una mesa de ping pong, y nuestro patio, donde una fogata atrae a toda la familia afuera y lejos de las pantallas casi todas las noches. Nunca subestimes el poder de los s’mores recientes y los hot dogs cocinados en un palito. 

Por encima de todo, una casa sembrada con éxito  me da un respiro de estar constantemente regulando y diciendo no  a las pantallas, porque los miembros de mi familia (incluida yo misma) ya están diciendo  a algo más significativo. 



Sarah Robsdottir, Aleteia

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miércoles, 13 de julio de 2022

¿Los niños miran demasiado las pantallas? Prueba esto con éxito


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"Algo maravilloso sucedió la última vez que busqué el consejo de mi bibliotecaria sobre contenido nuevo para 'esparcir' para mi sala de estar". La colaboradora de la edición inglesa de Aleteia Sarah Robsdottir transmite su experiencia

La última vez que fui a la biblioteca a pedir consejo sobre contenido fresco para “esparcir”  para mi hogar, sucedió algo maravilloso.

¿Qué es esparcir, te preguntarás? Como hojas de colores esparcidas en un campo que llaman la atención, “esparcir” libros, revistas, mapas, Mad Libs, Legos, Play Doh, etc., recién adquiridos, por toda tu casa crea un ambiente de aprendizaje donde la educación y la conexión comunitaria pueden darse de forma natural.

Mi bibliotecaria me dijo: “A mucha gente le encanta leer revistas de historia y ciencia, así como todo lo relacionado con la no ficción”, dijo. “Pero a menudo a estas mismas personas no les ingteresa la ficción”. 

Inmediatamente, pensé en algunos chicos de casa, incluido mi esposo. Así que revisé una pila de revistas de autos, mapas antiguos y guías de viaje. También tomé todas las revistas de National Geographic del «contenedor gratuito» que pude encontrar. Fui a casa y con mis mejores habilidades para esparcir, desperdigué estos artículos por la mesa de mi sala de estar.  

Mi marido, Pete, entró esa noche y ni siquiera cogió su teléfono (por lo general, hace scrolling por la pantalla de su móvil arriba y abajo durante al menos media hora después de la cena). En cambio, tomó una revista y leyó sobre Islandia, mientras decía cosas como: «Mira ese océano oscuro» y «¡No es hermoso este glaciar!» y «¿¡No quieres ir allí algún día!?» Me senté a su lado, asintiendo. Un hijo se subió a su regazo. Los tres vimos escenas vívidas de Escandinavia juntos, compartiendo un momento de asombro en una noche de martes ordinaria. 

Muy variado

Mis hijos adolescentes también leían y hablaban sobre autos juntos en silencio en el otro sofá. Luego enrollaron revistas y se golpearon ferozmente, riéndose todo el tiempo. Algunos de mis otros hijos estaban sentados en el piso cerca, armando un rompecabezas. (Nuestra biblioteca les permite consultar estos juegos junto con los libros porque sabemos que un buen «desparrame» es variado, cambia con frecuencia y se mantiene fresco o, de lo contrario, será ignorado). 

Debo mencionar que, si bien mi bibliotecaria favorita ha pulido mis habilidades para sembrar, ella no fue quien me dio la idea. Aprendí el arte de llenar mi hogar con una canasta llena de libros de cartón aquí y un par de juegos de cartas allá de Maria Montessori, una educadora católica de principios del siglo XX que fue pionera en métodos de enseñanza que se enfocaban en el genio innato de cada niño. Dejó un legado de Escuelas Montessori que se rigen por sus principios de rodear a los niños con un entorno seguro y fascinante lleno de oportunidades de aprendizaje práctico. Estas escuelas siguen siendo populares en todo el mundo. 

Sembrar con éxito

Uno de mis primeros trabajos fuera de la universidad fue en una escuela Montessori. Es por eso que soy tan partidario de esparcir. Últimamente, mis esfuerzos se han extendido a mi sótano, donde coloqué una mesa de ping pong, y nuestro patio, donde una fogata atrae a toda la familia afuera y lejos de las pantallas casi todas las noches. Nunca subestimes el poder de los s’mores recientes y los hot dogs cocinados en un palito. 

Por encima de todo, una casa sembrada con éxito  me da un respiro de estar constantemente regulando y diciendo no  a las pantallas, porque los miembros de mi familia (incluida yo misma) ya están diciendo  a algo más significativo. 


Sarah Robsdottir,Aleteia

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miércoles, 16 de febrero de 2022

El complejo de 101 dálmatas en las familias numerosas

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A veces en las familias uno puede tener la impresión de que no da a sus hijos todo lo que recibirían si fueran hijos únicos, y eso genera inquietud

Hace una semana salí del cine con la plenitud de haber visto una película en la que, aparentemente, no pasaba nada, pero contenía la esencia de lo importante: «Belfast».

Estuvo a la altura de todas las buenas críticas que había leído sobre ella. Me cautivaron especialmente las primeras escenas. Se reflejaba la vida en las calles de la ciudad irlandesa: una calle, una comunidad de familias que cuidaban unos de otros.

Calles invadidas por niños que jugaban, cantaban, se peleaban, sin que nadie protestara por el ruido. Abuelos conviviendo con nietos, padres apoyados en la educación de su prole por sus propios vecinos. Una vida rebosante que alcanza su momento álgido de la película en el momento en que sacan el sofá a la calle y convierte todo el barrio en una fiesta espontánea, sin necesidad de una asociación de vecinos. Una calle donde cualquier adulto podía regañar a ese niño que veía crecer día a día. El niño sabía que quien protege se ha ganado la libertad de poder corregir.

«Belfast» muestra cómo en esa forma de querer, de cuidarse, de vivir, encontramos la esencia de la felicidad. Una forma de vida que, los que hemos doblado la esquina de los 40, recordamos con añoranza.

Como en Hamelín, sin niños

Han sido muy pocos los años que han sido necesarios para cambiar el escenario de nuestra vida. Años Hamelín, años que, siguiendo el ejemplo del flautista, se han llevado a más de la mitad de los niños. Los niños que llenaban las casas, los patios, las calles… Con ellos se fueron los juegos, los gritos, los lloros, los sueños, y nos hemos quedado como los ciudadanos de esa ciudad alemana cuando no saldaron la deuda con el flautista: silenciosos, irritados y, sobre todo, solos, muy solos.

El complejo dálmata

Pero, además de todos estos males, ha aparecido otro que yo defino como el complejo dálmata. Las familias grandes conviven en esta nueva sociedad como una rara especie en extinción frente a familias de, como mucho, dos hijos, con su ritmo de vida, sus actividades extraescolares, su dedicación exclusiva de dos adultos por niño… A veces, esta situación nos acompleja. Y sentimos que nuestros peques se ven como el dálmata 101.

Cometemos el error de querer competir, de intentar que nuestras familias numerosas estén llenas de hijos únicos, de pretender darles las mismas condiciones de vida que les dan el resto de las familias estándar de esta sociedad, es decir, las de, como mucho, dos hijos. No nos damos cuenta, o nos olvidamos, de que nuestros niños son como los de esa película, como los de «Belfast». Parece que no tienen nada, pero disfrutan de todo lo esencial, de lo verdaderamente importante. No necesitamos subir en la rueda de hámster que esta sociedad nos presenta como normal.

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En las familias numerosas, parece que los hijos tienen nada, pero disfrutan de lo verdaderamente importante.

Ahora, corriendo el riesgo de meterme en la Calle Melancolía, quiero recrearme, como en la peli, en esos años previos a la veintena de Hamelín, cuando los patios de las casas eran particulares, como en la canción, y se llenaban todas las tardes de bocadillos, cuerdas y peonzas.

Años en los que la ropa se heredaba sin complejos. En los que subir las escaleras de un edificio a las nueve de la noche era garantía de escuchar los compases de la música que creaban los tenedores en el plato al batir un huevo. Años de una comunidad que se alimentaba de la convivencia de la sabiduría de los abuelos con la fuerza y la ilusión de los niños. Una sociedad que no tenía miedo a que los niños se sintieran el 101 de los dálmatas cuando no podían ir a clase de chino mandarín o de kick boxing. Sin miedo a no criarlos como si fueran hijos únicos.

Ya hace una semana que fui al cine, y sigo soñando con esa calle de Belfast antes de que vinieran los años de Hamelín. ¿Y si recuperamos un poco de aquello? ¿Y si superamos los complejos? Why not?

Mar Dorrio, Aleteia 

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viernes, 26 de noviembre de 2021

Poner límites a los niños a través del juego

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Los educadores subrayan que marcar límites a los pequeños es fundamental para que crezcan en seguridad y autoconocimiento

La cuestión de los límites es muy controversial. Se ha vuelto un tema complejo, difícil, y hay muchas opiniones al respecto.

A ningún padre le gusta poner límites a sus hijos ni a los hijos les gusta que se los pongan, pero son muy necesarios porque le ofrecen al niño seguridad, guía, autoconocimiento, protección y autodisciplina.

Actualmente hay algunas ideas desacertadas en cuanto a los límites. No se entiende que educar en positivo, evitando gritarles, pegarles o humillarlos, incluye la puesta de límites puesto que es algo necesario o importante. Por supuesto los gritos y castigos son perjudiciales para el niño, incluso está comprobado científicamente, pero poner límites es muy importante para su desarrollo.

Poner límites es necesario pero sin gritos, golpes o castigos

La Asociación Americana de Pediatría dice al respecto de educar con gritos y castigos:

“Las investigaciones analizadas durante los últimos años dejan una clara evidencia de que los castigos físicos aplicados a la educación suponen un riesgo ya que están asociados con un peor desarrollo cognitivo, emocional, psicosocial y comportamental”.

Pero igualmente algunos padres defienden algunas ideas como que los niños no deben frustrarse, o crecen mejor sin límites impuestos por los padres porque el niño va a encontrar límites de forma natural en su vida más adelante, poner límites o normas reprime al niño y lo perjudica en su desarrollo.

Los profesionales de la educación y los psicólogos, defienden que los límites son necesarios para su desarrollo siempre con respeto y amor.

Estos mensajes son todo lo contrario a lo que la ciencia recomienda como necesario para que un niño se desarrolle correctamente. Incluso los profesionales de la educación y los psicólogos, defienden que los límites son necesarios para su desarrollo siempre con respeto y amor.

El Papa Francisco aconseja corregir con amor. Dice:

«El hijo que comete una mala acción debe ser corregido, pero nunca como un enemigo como aquel con quien se descarga la propia agresividad”

Además agrega que como padres se debe reconocer que algunas de las malas acciones que cometen los niños se deben a la fragilidad y los límites propios de la edad. Por lo tanto no siempre se tiene que tener una actitud sancionatoria porque no ayuda a advertir la distinta gravedad de sus acciones, lo que provoca desánimo e irritación:

“Padres, no exasperéis a vuestros hijos”.

Amoris Laetitia, n. 269

Aprender normas y límites con juegos de mesa

Cuando se nos hace difícil establecer normas o límites, una buena idea para comenzar es a través de lo que más les gusta, el juego.

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En el juego se aprende que hay normas y hemos de seguirlas.

Los juegos de mesa pueden ser una buena opción para ayudar a los peques a entender la función de las normas y también para hacer que se acostumbren a seguirlas.

Estos juegos se caracterizan por lo general por tener fases para jugar y alcanzar la meta. Antes de comenzar el juego nuevo siempre es necesario comprender el juego, y aprender a utilizarlo para ganar, pero para ello se pasa primero por 4 fases:

  1. Conocer las reglas.
  2. Entender su importancia y utilidad.
  3. Ponerlas en práctica.
  4. Interiorizarlas.

Esto mismo es lo que tenemos que poner en práctica en el día a día cuando queremos corregir alguna mala acción del niño. Primero le decimos cual es el límite, luego le explicamos la importancia de que no cruce ese límite, y posteriormente se le puede poner un ejemplo para que lo entienda mejor.

De esta manera ellos comprenden, ven la utilidad, el valor de las normas impuestas y cuales son las consecuencias de no cumplirlas.

Por el contrario, cuando no se las explicamos y solo les damos la orden de no hacer algo, ellos perciben que no tienen sentido, no comprenden la razón, lo que les genera confusión y frustración. Por ello que no quieren cumplir con la norma establecida.

Cuando jugamos con ellos a los juegos de mesa, es costumbre primero aclararles las reglas del juego y analizarlas juntos, explicarles por qué es mejor seguirlas y las consecuencias de no hacerlo.

Jugando los adultos también nos vamos familiarizando con el hecho de explicar las normas y asegurarse de que lo entiendan. Por su parte, los niños a la hora de jugar o de nosotros marcarles una norma estarán más receptivos porque quieren conocer la razón, saben que son de utilidad, y esto les brindará más confianza.

Algunas ideas de juegos para enseñar sobre los límites

1ROMPECABEZAS.

Un simple juego que seguramente tenemos en casa, y que podemos utilizar con los niños de todas las edades.

Este juego permite trabajar en el orden, y los límites a través de ellos.

Enseñarle que la estrategia de este juego es realizar un límite inicial, comenzando por armar las piezas del contorno primero y luego las del centro del rompecabezas. Esto además de facilitarles el armado del puzzle, les ayuda a visualizar que los límites ayudan a dar un orden.

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Dibujando los niños aprenden, entre otras cosas, a autocontrolarse.

2LIBROS PARA PINTAR.

Aquí el desafío para el niño es no salirse de los bordes, (siempre exigiendo acorde a su edad). Con esto desarrollan la función cognitiva de autocontrol. Además le permite visualizar que hay un límite que no puede sobrepasar, pero que puede pintar libremente dentro de los bordes.

3JUEGO DE MESA.

Cualquier juego de mesa que tengamos en casa es útil, porque les permite aprender a seguir instrucciones, cumpliendo las reglas y el autocontrol.

Evitar establecer límites muchas veces empobrece su educación

Los niños pequeños necesitan que nuestro amor y sentido común les ayude a fijar límites de los cuales ellos no son conscientes aún y pueden poner en peligro su seguridad.

Los límites orientan, es una ayuda que el niño espera y necesita y que además lo ayudará a adaptarse al mundo que lo rodea de una mejor forma.

María Eugenia Brun,Aleteia

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