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martes, 4 de abril de 2023

La fea costumbre de reclamar a nuestros seres más queridos

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Muchas personas consideran "normal" reclamar. El psicólogo Guillermo Dellamary describe muy bien cómo son y cómo remediar ese defecto que puede llegar a destruir el matrimonio y la familia

Muchas personas sienten que estar fijándose en lo que no les parece es un derecho que han ganado. Y por consiguiente, pueden decirle a quien sea lo que no les parece.

Entonces se habitúan a reclamar y lo sienten como algo justo.

Hay quien incluso llega a practicarlo con esmero y constancia. Porque sienten que están en su derecho señalar todo lo que no les parece.

De hecho, en muchas tiendas le dan un espacio especial a las quejas de sus clientes. Porque es una manera de mejorar en su servicios. Así que hay consumidores que cualquier cosa que no les parece, de inmediato van al departamento de quejas o al buzón de sugerencias a realizar sus observaciones.

Digamos que en el ámbito comercial es una aportación adecuada para mejorar los servicios.

El problema es trasladarlo al ámbito familiar y entonces querer estar señalando todo lo que ven mal. De inmediato recurren a los reclamos sistemáticos.

He conocido parejas que sienten que están en todo su derecho de estarle reclamando de todo a su esposa o viceversa, lo que acaba por ser un enfado y hasta una falta de respeto.

Algunas víctimas de un recurrente reclamo por parte de un familiar han acuñado el concepto de «reclamómetro»  para indicar una medida de la cantidad de veces que reclaman algo durante el día.

Digamos que una persona que reclama de todo  tiene calificaciones muy elevadas, que en una escala de 1 a 10 están por arriba del 8. Y los que no reclaman para nada, tienen calificaciones menores a cuatro.

Si tienes oportunidad de calificar tu tendencia a reclamar a tus seres queridos durante un día, verás cuál es tu calificación.

Si es elevada, ten mucha conciencia de lo enfadoso que has llegado a ser. Aunque te sientas con el derecho a hacerlo.

Si te gusta reclamar, procura sacar tu desahogo en las tiendas y restaurantes, pero trata de omitir tus reclamos con la familia y tus amistades. Aunque no te lo digan, pero ya caen mal tus comentarios, que rayan en reclamos que no benefician a nadie, y sólo causan malestar.

Es no aceptar y vivir en la inconformidad

El respeto se basa en dejar ser a los demás tal cual son. Permitir la libre expresión y vivir acorde a los criterios que cada quien tiene.

Desde luego que en ocasiones pueden ser actos y decisiones que nos molesten e inciten a quererlos reprochar. Y de ahí viene la tentación de intervenir con regaños y reclamos, para tratar de corregir o influir en el comportamiento de los demás.

En la educación de los hijos o en el magisterio, tiene mucho más sentido estar corrigiendo los errores y las fallas de los hijos y de los alumnos, teniendo cuidado de no lastimar u ofender con métodos punitivos y altaneros. Pero a las demás personas, en especial a la pareja, estar reclamando y reprochando  por las cosas que hace, que no te gustan, se convierte en una falta de caridad.

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En el matrimonio, ¿Qué tal si asumimos que ninguno de los dos es perfecto?

Aceptar con amor la manera de ser de las demás personas es un testimonio de caridad y de respeto,  por lo que es conveniente practicarlo con la mayor frecuencia posible y así retirar de nuestros hábitos la tentación de reclamar. 

Hay quien le reclama a Dios

Cuando en la vida no salen las cosas como queremos, especialmente ante la pérdida de un ser querido, o ante la frustración de un accidente, una enfermedad, una deuda o el despido del trabajo, se nos hace fácil querer reclamar a Dios por qué no ha intervenido para que eso no suceda.

Hay quien llega a enojarse por muchos años con Él, dado que no se hizo «mi voluntad sin aceptar la suya», porque no me parece el resultado de su omisión.

Para dejar de reclamar, hay que aprender a aceptar las cosas tal y como son, porque su Divina Voluntad es perfecta y,  suceda lo que suceda, lo entendamos o no, es así como se cumple lo que Él quiere que pase. Por lo que no tiene caso estar reclamando ni reprochando el plan divino.

Hagamos un esfuerzo por dejar de reclamar

Las tensiones en nuestras relaciones cotidianas se pueden reducir mucho si pones más atención a tus actos y actitudes, en vez de estarse fijando en lo que los demás hacen o dejan de hacer, o hasta en lo que deberían haber hecho. En pocas palabras, tratemos de dejar de reclamar y estar enfadando a nuestros seres queridos con esa constante disposición a mirar el comportamiento de ellos y así quererlos controlar.

Mas vale dominarse a sí mismos que intentar hacerlo con los que nos rodean, demos el debido respeto a su manera de ser y tratemos de vivir con más armonía, disminuyendo notablemente la tentación de reclamar. Para quererlos y aceptarlos como son.

 Aleteia 







domingo, 10 de abril de 2022

Es el momento de agradecer y amar más

 

MOTHER Agradecer es una forma muy completa de amar 


En el consultorio tratamos una cuestión importante: ser agradecidos. Es algo que se nos olvida con facilidad. Este testimonio lleva una gran lección de vida

—Niños, es el momento de amar más y ser más agradecidos.

Era una frase que, como consejo contundente nos daba nuestra madre cuando nos quejábamos de lo que considerábamos injusticias, incomprensiones y los defectos de los demás. Consejos que extendió a toda nuestra vida. Sospechábamos que lo hacía, sobre todo, en referencia a nuestra relación con nuestro cónyuge e hijos, cuando formamos nuestras familias.

Era tal su fortaleza y bondad, que siempre fue nuestro amor refugio, sobre todo cuando ella misma vivía “esos momentos”, hasta que partió al cielo.

Así crecimos con su callado testimonio, que formó en nosotros un buen corazón, por el que nos conducíamos generosa, noble y amorosamente… aunque no siempre.

Era así porque no entendíamos aun en qué consistía el poner la otra mejilla en el amor.

Para nuestra fortuna, mi madre siempre iba por delante en el amar y agradecer, aun cuando de ordinario, por su naturalidad y sencillez, pasaba desapercibido. Con todo hablaba con las “plumas del gallo en la mano”, según un dicho de su terruño, al que solía apelar.

Sobre el momento de amar más

Concediendo sin ceder, nuestra madre nos repetía el consejo oportunamente, hasta que fuimos aprendiendo a descubrir que el amar está más en la voluntad que en los solos sentimientos.

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Amamos cuando servimos a los que no pueden valerse ya por sí mismos.

Aquí unos de sus ejemplos:

  • No tener miedo a corregir, haciéndolo con delicadeza y respeto.
  • Amar a los demás, no soportando o sobrellevando sus defectos, sino a través de ellos, para llevar una relación que permita ayudarles a superarlos, aun cuando nosotros mismos tengamos una pena en el alma, o nuestro estado emocional no sea el mejor.
  • Ayudar a los demás en su tarea, sin que quien recibe la ayuda, lo note.
  • Superar el cansancio, para hacer algo por los demás, aun cuando solo sea el poner buena cara.
  • No admitir resentimientos.
  • Perdonar pronto.
  • Como las humillaciones solo existen para el que las siente, no aceptar esos sentimientos.
  • Controlar los impulsos del propio temperamento.

Entre otros.

Del corazón a la cabeza

También nos decía, que podíamos descubrir nuevos “momentos de amar más”, escuchando las inspiraciones del corazón, que en suave murmullo nos dirían cosas como: “Hace mucho que no visitas a tu tío, que está enfermo”, “participa más en la familia”, “saluda más amablemente al vecino”, “trata de ser comprensivo con tal persona”, “escucha más atentamente a a tu amigo”…

Para mi madre era su forma de enseñarnos a hacer oración.

Sobre el agradecimiento

Mi madre decía que solo un corazón delicado sabía ser agradecido, no así un corazón burdo.

Que había muchos motivos para agradecer a Dios, desde un día más de vida, o un radiante sol, hasta el agua tibia o caliente con la que nos bañamos. Tantas cosas a las que nos hemos acostumbrado y dejado de agradecer, hasta dejar de reconocerlas en su gratuidad, como valiosos dones.

Que, por no ser agradecidos, estábamos perdiendo la capacidad de asombro por las cosas esenciales de la vida, venidas de las manos de Dios.

Decía ella que había que dar gracias por todo a las personas, por lo bueno y por lo malo, y aun cuando fuese a nosotros a los que hubiera que agradecer.

Que, al bendecir la comida, debíamos descubrir cada día nuevos motivos para agradecer y amar más.

Mi madre enfermó por unos días y se preparó para despedirse con mucha paz.

Para nosotros, esos días y noches de vigilia acompañándola en su tránsito al cielo, lejos de ser cansados, estuvieron plenos de momentos para amarla más y agradecerle tanto.

Por Orfa Astorga de Lira

En Aleteia te orientamos gratuitamente, escríbenos a: consultorio@aleteia.org


Vea también  La espiritualidad en Familia  (escoja lo que necesita en este momento)































jueves, 11 de febrero de 2021

¿Qué tan importante es ser puntual, y por qué?

 


El valor que se construye por el esfuerzo de estar a tiempo en el lugar adecuado

El valor de la puntualidad es la disciplina de estar a tiempo para cumplir nuestras obligaciones: una cita del trabajo, una reunión de amigos, un compromiso de la oficina, un trabajo pendiente por entregar.

El valor de la puntualidad es necesario para dotar a nuestra personalidad de carácter, orden y eficacia, pues al vivir este valor en plenitud estamos en condiciones de realizar más actividades, desempeñar mejor nuestro trabajo, ser merecedores de confianza.

La falta de puntualidad habla por sí misma, de ahí se deduce con facilidad la escasa o nula organización de nuestro tiempo, de planeación en nuestras actividades, y por supuesto de una agenda, pero, ¿qué hay detrás de todo esto?

Muchas veces la impuntualidad nace del interés que despierta en nosotros una actividad, por ejemplo, es más atractivo para un joven charlar con los amigos que llegar a tiempo a las clases; para otros es preferible hacer una larga sobremesa y retrasar la llegada a la oficina. El resultado de vivir de acuerdo a nuestros gustos, es la pérdida de formalidad en nuestro actuar y poco a poco se reafirma el vicio de llegar tarde.

En este mismo sentido podríamos añadir la importancia que tiene para nosotros un evento, si tenemos una entrevista para solicitar empleo, la reunión para cerrar un negocio o la cita con el director del centro de estudios, hacemos hasta lo imposible para estar a tiempo; pero si es el amigo de siempre, la reunión donde estarán personas que no frecuentamos y conocemos poco, o la persona –según nosotros- representa poca importancia, hacemos lo posible por no estar a tiempo, ¿qué mas da…?

Para ser puntual primeramente debemos ser conscientes que toda persona, evento, reunión, actividad o cita tiene un grado particular de importancia. Nuestra palabra debería ser el sinónimo de garantía para contar con nuestra presencia en el momento preciso y necesario.

Otro factor que obstaculiza la vivencia de este valor, y es poco visible, se da precisamente en nuestro interior: imaginamos, recordamos, recreamos y supuestamente pensamos cosas diversas a la hora del baño, mientras descansamos un poco en el sofá, cuando pasamos al supermercado a comprar “sólo lo que hace falta”, en el pequeño receso que nos damos en la oficina o entre clases… pero en realidad el tiempo pasa tan de prisa, que cuando “despertamos” y por equivocación observamos la hora, es poco lo que se puede hacer para remediar el descuido.

Un aspecto importante de la puntualidad, es concentrarse en la actividad que estamos realizando, procurando mantener nuestra atención para no divagar y aprovechar mejor el tiempo. Para corregir esto, es de gran utilidad programar la alarma de nuestro reloj o computadora (ordenador), pedirle a un familiar o compañero que nos recuerde la hora (algunas veces para no ser molesto y dependiente), etc., porque es necesario poner un remedio inmediato, de otra forma, imposible.

Lo más grave de todo esto, es encontrar a personas que sienten “distinguirse” por su impuntualidad, llegar tarde es una forma de llamar la atención, ¿falta de seguridad y de carácter? Por otra parte algunos lo han dicho: “si quieren, que me esperen”, “para qué llegar a tiempo, si…”, “no pasa nada…”, “es lo mismo siempre”. Estas y otras actitudes son el reflejo del poco respeto, ya no digamos aprecio, que sentimos por las personas, su tiempo y sus actividades

Para la persona impuntual, los pretextos y justificaciones están agotados, nadie cree en ellos, ¿no es tiempo de hacer algo para cambiar esta actitud? Por el contrario, cada vez que alguien se retrasa de forma extraordinaria, llama la atención y es sujeto de toda credibilidad por su responsabilidad, constancia y sinceridad, pues seguramente algún contratiempo importante ocurrió..

Podemos pensar que el hacerse de una agenda y solicitar ayuda, basta para corregir nuestra situación y por supuesto que nos facilita un poco la vida, pero además de encontrar las causa que provocan nuestra impuntualidad (los ya mencionados: interés, importancia, distracción), se necesita voluntad para cortar a tiempo nuestras actividades, desde el descanso y el trabajo, hasta la reunión de amigos, lo cual supone un esfuerzo extra -sacrificio si se quiere llamar-, de otra manera poco a poco nos alejamos del objetivo.

La cuestión no es decir “quiero ser puntual desde mañana”, lo cual sería retrasar una vez más algo, es hoy, en este momento y poniendo los medios que hagan falta para lograrlo: agenda, recordatorios, alarmas…

Para crecer y hacer más firme este valor en tu vida, puedes iniciar con estas sugerencias:

– Examínate y descubre las causas de tu impuntualidad: pereza, desorden, irresponsabilidad, olvido, etc.

– Establece un medio adecuado para solucionar la causa principal de tu problema (recordando que se necesita voluntad y sacrificio): Reducir distracciones y descansos a lo largo del día; levantarse más temprano para terminar tu arreglo personal con oportunidad; colocar el despertador más lejos…

– Aunque sea algo tedioso, elabora por escrito tu horario y plan de actividades del día siguiente. Si tienes muchas cosas que atender y te sirve poco, hazlo para los siguientes siete días. En lo sucesivo será más fácil incluir otros eventos y podrás calcular mejor tus posibilidades de cumplir con todo. Recuerda que con voluntad y sacrificio, lograrás tu propósito.

– Implementa un sistema de “alarmas” que te ayuden a tener noción del tiempo (no necesariamente sonoras) y cámbialas con regularidad para que no te acostumbres: usa el reloj en la otra mano; pide acompañar al compañero que entra y sale a tiempo; utiliza notas adheribles…

– Establece de manera correcta tus prioridades y dales el lugar adecuado, muy especialmente si tienes que hacer algo importante aunque no te guste.

Vivir el valor de la puntualidad es una forma de hacerle a los demás la vida más agradable, mejora nuestro orden y nos convierte en personas digna de confianza.

encuentra.com

Vea también    ¿Hay alguna razón teológica para ser puntuales a las Celebraciones Litúrgicas?





sábado, 1 de octubre de 2016

El poder del autocontrol

Para dominar situaciones que pueden descentrarnos y conquistar la confianza de los demás

El poder del autocontrol

ADENILTON TURQUETE, aleteia 
El autocontrol, conocido en la traducción más popular como dominio propio, es un modo de vida en el que una persona es capaz de estar equilibrada sin dejar que su conducta sea dominada por sus deseos. El ejercicio de autocontrol debe abarcar todos los aspectos de una vida puesta bajo el dominio del amor.

El principio de autocontrol no trata sólo de abstenerse de ciertas prácticas “nocivas” como peleas, borracheras y el uso constante de malas palabras, sino de tener una vida caracterizada por la disciplina.

La palabra viene del griego cuya raíz significa “agarrar”, “asegurar”, y designa a una persona que, segura de sí misma, mantiene el autocontrol.

San Pablo afirma que “todo atleta se controla completamente” cuando está entrenando. Cuando alguien se prepara para una competencia, todo es regulado: comida, hábitos, sueño y ejercicio.

El autocontrol es una actitud esencial, es una característica que todos deben tener. Sin el autocontrol nuestro testimonio pierde su eficiencia y dejamos de tener el respeto de las personas.

La falta de autocontrol destruye proyectos importantes
Constantemente acompañamos casos de personas muy competentes, pero que sucumbirán debido a la falta de dominio.

La codicia y la extravagancia son grandes tentaciones para quien lidia con el dinero. Otros son seducidos por tentaciones sexuales que destruyen la familia y la reputación.

Nadie es inmune a la tentación, especialmente cuando ocupamos un puesto sobresaliente, tanto profesionalmente como en la vida ministerial o familiar.

Lo que necesitamos es ser conscientes de que las áreas en que tenemos más probabilidades de perder el autocontrol son aquellas en que somos más fuertes, o pensamos que lo somos. El exceso de confianza puede ser nuestro peor enemigo.

El autocontrol conquista la confianza de las personas
Las personas quieren relacionarse con personas en quienes puedan confiar. Todos quieren estar con alguien cuyo ejemplo sea digno. Nadie quiere estar cerca de una persona impulsiva, imprudente en sus palabras y acciones.

Tener un carácter fuerte es algo personal, que exigecultivarse. El autocontrol ayuda a desarrollar un carácter fuerte y confiable.

Cómo desarrollar y ejercitar el autocontrol
El autocontrol no surge, simplemente, debe ser cuidadosamente desarrollado y cultivado. El ejercicio de autocontrol debe realizarse bajo la dependencia de Dios.
Debemos reflejarnos en Cristo, pues Él nos tr
ansformó en nuevas criaturas. Al pertenecer a Él, podemos buscar en Él orientación y esperar su ayuda. Podemos desarrollar y ejercitar el autocontrol a través de la dependencia de Dios.

También debemos aprender a tener una vida disciplinada, en todas las áreas. Alguien disciplinado en las pequeñas cosas también lo es en las grandes, mientras que los que son indisciplinados en un aspecto de la vida, lo son en muchos otros. En tiempos de autosatisfacción la disciplina ha sido descuidada.

Dominando nuestro genio
Al ejercer el autocontrol tenemos que aprender a recibir todo tipo de ofensas y trato rudo sin responder. Cuando somos víctimas de difamación u ofensas, sean justas o injustas, si respondemos de la misma forma, estaremos rebajándonos al mismo nivel. Estaremos permitiendo que nos domine.

El autocontrol nos permite ejercer el dominio sobre situaciones que pueden descentrarnos. Una palabra dicha no vuelve atrás, incluso pidiendo disculpas lo que fue dicho ya conlleva consecuencias naturales.

El dominio del Espíritu Santo y la falta de autocontrol son incompatibles. El Espíritu Santo produce en el corazón sumiso una disposición, una fuerza, una mentalidad que vuelven posible el autocontrol que de otra manera sería imposible.

El autocontrol libera, cuando dominamos el egocentrismo y el miedo. Produce confianza, alegría y estabilidad. El autocontrol viene a ser uno de los más importantes principios de nuestra personalidad.

Referencia bibliográfica
Sea un líder influyente – John Haggai

martes, 27 de septiembre de 2016

Los 5 tipos de mamá

Sus puntos fuertes, sus principales características y las marcas que dejan en sus hijos

Los 5 tipos de mamá


¿Qué tipo de mamá eres? Será el del tipo perfeccionista, imprevisible, “mejor amiga”, “yo en primer lugar” o “madre completa”? Ciertamente existen varios tipos de mamá además de estos, pero el terapeuta familiar y psicólogo Stephen Poulter nos explicó los cinco perfiles de mamá más conocidos y cuáles son sus puntos fuertes, sus principales características y las marcas que dejan en sus hijos.

  1. La mamá perfeccionista
Generalmente es una mujer ansiosa y controladora. Es presa de la apariencia por encima de todo, su fachada autoritaria y perfecta es una forma de esconder sus miedos. Los hijos de estas mujeres tienden a ser hipercríticos de sí mismos y, frecuentemente, se sienten inadecuados y vacíos, dice Poulter.

Cómo son los hijos de una mamá perfeccionista:
Puntos fuertes: Tienen un fuerte sentido del compromiso en las relaciones. Son responsables y confían en todo lo que hacen. Valoran el trabajo y la persistencia por encima de todo, pues es a través de esas cualidades que enfrentan sus desafíos.

El lado emocional: Piensan que la opinión de los demás es siempre mejor o más importante que la de ellos mismos. Frecuentemente piensan que los demás están siempre juzgando, es decir, viven para cumplir las expectativas de los demás.

  1. La mamá imprevisible
Ansiosa, irritada y excesivamente emocional, esta mamá es dominada por sus sentimientos y, por eso, su estilo parental está basado en su humor. Este tipo de mamá es el más caótico de todos. Crea problemas, dudas y crisis en su imaginación, está muy influida por sus emociones, y descarga toda esa energía en sus hijos.

Los hijos de una mamá imprevisible:
Puntos fuertes: Tienen excelentes habilidades para relacionarse con otras personas y una capacidad enorme de empatía. Muchas veces son grandes motivadores y siempre ofrecen apoyo emocional a sus colegas, así como amigos y familiares.

Lado emocional: Crecen con una necesidad intrínseca de cuidar de las personas y sus problemas emocionales. Tienen la tendencia a ser dominados por fuertes emociones como la rabia, la ansiedad y la depresión. Aprenden desde temprano a leer a las personas y las situaciones, de esa forma logran lidiar mejor con los sentimientos de los demás.

  1. La mamá “mejor amiga”.
Le gusta tratar a sus hijos de forma igualitaria, de esa forma evita la responsabilidad de establecer límites. Este tipo de mamá cree que su vida terminaría si abrazara la maternidad con todo su ser, entonces evita la responsabilidad de ese papel. Tanto el niño como la mamá se vuelven confidentes uno de la otra, y aunque sea sin querer, el niño termina sin una “mamá”.

En este caso, las necesidades emocionales de la mamá son tan grandes que intenta rellenarlas a través del niño.

Los hijos de una mamá “mejor amiga”:
Puntos fuertes:Comprenden la necesidad de la existencia de los límites entre padres, hijos, amigos y familiares. Debido a un sentido que fue creado a través de la falta de una madre verdadera, esas personas frecuentemente buscan asumir papeles de liderazgo cuando son adultos.

Lado emocional:Generalmente se sienten descuidados y tienen miedo al rechazo. Tienden a sentirse resentidos y tienen dificultad en mantener relaciones. Frecuentemente se sienten mal queridos por otros.

  1. La madre “yo en primer lugar”
Es uno de los estilos maternales más imperantes hoy en día. Estas madres son incapaces de ver a sus hijos como individuos separados de sí mismas. Sus hijos aprenden desde temprano que el papel de ellos es adular a su madre.

Hijos de una madre “yo en primer lugar”:

Puntos fuertes: Son muy buenos en apoyar a otros. Son intuitivos y perspicaces en todos los tipos de relaciones. Son leales y solidarios, capaces de observar las dificultades ajenas y solucionar sus problemas.

Lado emocional: Tienen dudas respecto a la capacidad de tomar decisiones. Tienen dificultad en confiar en sus sentimientos y ven la opinión de sus mamás como la más importante y más poderosa que la 
suya.
  1. La madre completa
Este es el tipo de madre ideal, desgraciadamente sólo el 10% de la población mundial tiene ese perfil de madre, dice Poulter. La mamá completa es emocionalmente equilibrada, logra ver a sus hijos como individuos y los ayuda a alcanzar su propia independencia. Puede no ser perfecta, pero independientemente de las circunstancias en que se encuentre o las responsabilidades fuera de casa, siempre está comprometida con la maternidad.

Los hijos de una mamá completa:
Puntos fuertes: Se sienten amados y comprendidos, por eso no tienen miedo de correr riesgos o sufrir cambios. Inician relaciones con facilidad, pues no tienen miedo al rechazo.

Lado emocional: Entienden que las otras personas tienen sus propias perspectivas sobre la vida, por eso son receptivos. Son capaces de navegar a través de los desafíos, de volverse independientes sin arraigarse demasiado a sus mamás.

Por Raquel Lopes, Psiconlinews