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jueves, 24 de octubre de 2024

Tenemos carácter tan diferente… ¿podremos llevarnos bien?

 

couple

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Aunque parezca difícil, podemos conciliar nuestras diferencias y salir fortalecidos aún teniendo un carácter diferente. Te damos tres pautas para llevarse bien

Las personas tenemos un temperamento y carácter diferente y -así como los sexos opuestos se atraen porque se complementan en lo afectivo, físico, racional y social- también es muy probable que nos enamoremos de una persona con temperamento diferente al nuestro.

El temperamento es una mezcla de rasgos caracterológicos que no son ni buenos ni malos, pero que es importante reconocer. Esto nos ayuda a establecer algunas pautas que faciliten la convivencia y paz en nuestras diferencias.

Aquí unas sencillas pautas que puedes comenzar a practicar hoy mismo para mejorar la convivencia e, incluso, sacar provecho de esas diferencias:

1Elegir una frase o palabra común

Un rasgo caracterológico es la emotividad: el modo en que la realidad externa nos afecta.

Una persona emotiva se altera, se enoja o se alegra fácilmente, mostrando de manera muy transparente sus estados de ánimo, mientras que la persona que no es emotiva no lo hace.

No significa que la persona no emotiva no tenga emociones, sino que no las manifiesta de inmediato, va acumulando toda la energía que tienen los sentimientos y cuando “explota” lo hace desproporcionadamente a la situación.

Es conveniente que en un momento de serenidad, la pareja acuerde alguna frase o palabra que pueda ser pronunciada en plena discusión para que evitar hablar de ese tema en ese momento y, así, bajar la tensión que pueda surgir entre ambos.

El más tranquilo se lo recordará al que está alterado que, por lo general, será la persona emotiva, aunque podría ser cualquiera de los dos. Es posible que esa frase o palabra tenga que ser dicha varias veces hasta que sea escuchada por el otro.

2Planear y concretar sueños juntos

Couple, holding hands and hug on beach date in outdoors, love and bonding in relationship on vacation

Un segundo rasgo caracterológico es la manera en que nos implicamos en la realidad externa. Y en este sentido, podemos hacerlo activamente o no activamente.

La persona activa es una persona que concreta acciones, mientras que el no activo planifica o proyecta pero le cuesta mucho concretar esas acciones.

Una estrategia exitosa es que el activo ayude al no activo a concretar sus sueños y proyectos, materializando metas en la ejecución de pequeños actos. Y el no activo, puede ayudarle al otro a tomarse un tiempo adicional para proyectar de manera que pueda evitar errores por falta de planificación. 

3Evitar respuestas inmediatas y
saber pedir tiempos

El tercer tipo de rasgo caracterológico es el ritmo con el que se producen ambas influencias, de lo interno a lo externo y viceversa. Una persona primaria no solo piensa y decide rápido, sino que también reacciona del mismo modo ante lo que le sucede. Por ejemplo, podría ofenderse rápido, pero a los cinco minutos se habrá olvidado de lo ocurrido.

La persona secundaria por otro lado requiere de tiempo para analizar las posibilidades antes de movilizarse. Y lo que le afecta también tiene más eco o resonancia afectiva. Este tipo de persona necesita más tiempo para reflexionar sobre la decisión a tomar.

La persona primaria -que piensa y decide rápido- no debe pretender que el otro, que es secundario, le de respuestas inmediatas. Es clave que pueda darle ese espacio diciéndole, por ejemplo: "Piénsatelo y luego me lo contestas".

Y el otro tendrá que aprender a pedir ese tiempo, porque si se lo obliga a decidir en el momento, puede que se equivoque.

Cecilia Zinicola, Aleteia 

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martes, 4 de enero de 2022

¿Qué es la «terapia de la humildad»?

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Una virtud vital en psicoterapia, para ayudar a superar muchos trastornos de la personalidad y a reorientar los pensamientos negativos

Desde la perspectiva de lo ordinario de la vida humana, ciertos trastornos de personalidad suelen tener su raíz en la incapacidad para pensar positivamente en los demás.

Quienes nos dedicamos a la psicoterapia, lo reconocemos cuando escuchamos a alguna persona hablar girando en torno a sus problemas; por lo que alguna vez, al sugerirle la virtud de la humildad para sanar desde el corazón todos sus conflictos, me preguntó:

– Sí, pero… ¿humildad? ¿qué terapia es esa?

Mi respuesta fue, que la humildad es, ante todo, andar en verdad respecto de todo aquello que es bueno, por ser cierto y conviene a nuestro ser.

¿Cómo explicarlo más claramente? 

Se trata de entender que lo que piensa uno acerca de sí mismo, de otras personas y del mundo que le rodea, lo afecta positiva o negativamente; y que podemos aprender a identificar tales pensamientos cuando son negativos, para modificarlos; de tal forma que nuestras acciones sean adaptativas a esa manera vivir cada vez con más paz y libertad.

Es, por así decirlo, todo un programa de madurez en el que se juega la felicidad propia como la ajena; tanto que, ante las dificultades, bien vale la pena pedir consejo y dejarse ayudar por las personas idóneas.

Por ese camino podremos conquistar la buena voluntad tan necesaria para comprender, disculpar, perdonar, acoger y amar a los demás; logrando que muchos problemas desaparezcan, se resuelvan o sobrelleven de la mejor manera.

Aprender a ser sencillos y no darnos tanta importancia, ocupándonos de hacer felices a los demás.

Un paciente me dijo que había empezado a sanar de muchos conflictos en su interior haciendo oración ante un pesebre. Al considerar la humildad del nacimiento de quien, siendo Amo y Señor de toda la creación, necesitó además del cuidado de todo recién nacido para poder subsistir.

La lección fue luminosa.

Dios, quien pudo haber nacido en mil circunstancias diferentes como rey de la creación movido por un infinito amor, escogió la pobreza y la indiferencia de los hombres para señalarnos la necesidad de la humildad parar crecer en la reciprocidad de su amor. Algo que debemos aprender, y reaprender, durante toda nuestra vida.

Por ello, viene muy a propósito preguntarnos: 

¿Cuál es la importancia de aprender a dejarnos humillar por las cosas de este mundo sin que esto se traduzca en complejos, que llegan a enfermarnos al ocupar toda nuestra mente y nuestro corazón? 

Cuantas oportunidades se nos presentan en lo ordinario para dejarnos humillar y salir fortalecidos sin recurrir a frases como: no me quieren, no me comprenden; no me reconocen; no me han pedido perdón; sus defectos son tales o cuales; derramé la bilis o hice el entripado de mi vida.

Son oportunidades de lograr una salud física, psicológica, emocional y espiritual; por la profunda verdad de que los defectos y limitaciones de los demás nada nos restan en lo más importante de nuestras vidas, que es el amor de Dios por nosotros.

Y lograr así verdadera paz y libertad interior.

De otra manera, cuanta infelicidad y trastornos como amor egoísta, afán posesivo, problemas matrimoniales, autoengaño, susceptibilidad, inseguridad, enfermedades neuróticas y tantas y diversas adicciones se podrían evitar. 

Humildad para vivir en sabio poniendo la otra mejilla; que no es aceptar la falta de carácter o permitir una injusticia, sino verdadera fortaleza interior para obrar con la fuerza del amor.

Una fortaleza por la que volvemos a ser como niños, que no es infantilismo, sino madurez para lograr en nuestro corazón la sencillez y espontaneidad en el pensar, decir y hacer con verdad, para sonreír con el alma. 

En Aleteia te orientamos gratuitamente, escríbenos a: consultorio@aleteia.org

Orfa Astorga, Aleteia

Vea también     La práctica de la humildad  -   León XIII




































sábado, 17 de abril de 2021

¿Eres adolescente? ¡Vive tu vida sin miedo al qué dirán!


Para conseguir la madurez de nuestra personalidad es fundamental aprender a ser independiente de la gente

Desde que nacemos somos seres únicos e irrepetibles. ¡No hay dos huellas dactilares iguales! Cada persona -con su inteligencia, voluntad, afectividad y espiritualidad- tiene su esencia propia, lo que la hace ser quien es. Y Dios nos quiere así, a todos por igual. 

Así que nuestra tarea es aprender y enseñar a los niños y adolescentes, que cada persona debe caminar su propio camino a su manera, sin necesidad de ser igual que nadie. Si desde pequeños desarrollamos una sana confianza en nosotros mismos, sin despreciar a los demás, obtendremos una personalidad madura, propia y característica. 

Sin embargo, conseguir esa madurez de la personalidad es un proceso largo y laborioso en el que intervienen muchos factores. 

Pero ¿Cuáles son los principales? Los podríamos resumir en tres fundamentales: 

  • La herencia recibida, que da lugar al temperamento de cada uno; 
  • El ambiente y el entorno que forma nuestro carácter;
  • Y, por último, la historia personal de cada uno, nuestra biografía. 

Así lo señala el psiquiatra Enrique Rojas (http://www.ieip.es/) en su último libro “Todo lo que tienes que saber sobre la vida” en el que trata de la importancia de lograr la madurez psicológica para conseguir una personalidad plena y equilibrada. 

Y entre todos los capítulos y apartados que contiene el libro, os invitamos a centrarnos en uno muy interesante: “Ser independiente de la gente”. Evidentemente, no se trata de ir a la mía y pasar de la gente. No. Como dice el mismo autor significa “lograr un cierto grado de libertad frente a los demás”.

Este punto puede ser una guía para los adolescentes. Esa etapa de la vida llena de inseguridades, de vaivenes y de equivocaciones es una oportunidad para alcanzar, poco a poco, esa madurez soñada.

Así que adolescentes y padres o formadores ¡muy atentos a las recomendaciones! 

  • Luchar para que cada día afecte menos el qué dirán. Es humanamente imposible gustarle a todo el mundo y, además, debido a nuestro comportamiento o nuestros actos, siempre provocaremos comentarios, críticas, burlas o chismes. Es inevitable. 
  • Buscar actuar con naturalidad. Si avanzamos por este camino al final conseguiremos estar a gusto con nosotros mismos. ¿Cómo conseguirlo? Comportándonos con espontaneidad, sencillez, atrevernos a ser nosotros mismos, con nuestro estilo y carácter propio. Y siempre sin ofender a nadie.

Si somos capaces de desenvolvernos así, lograremos una alegría y paz interior. 

  1. No buscar siempre la aprobación y reconocimiento de los demás. Sin embargo, durante la adolescencia es positivo aceptar las correcciones de nuestros mayores, por que ellos quieren lo mejor para nosotros. Con sus comentarios nos pulen, y nos dan buena forma. Pero a excepción de esas personas cercanas que nos conocen, es mejor no dar importancia a lo que los otros nos digan. 
  2. No agrandar ni dramatizar cuando cometamos un fallo. ¡Un fallo lo tiene cualquiera! Hay que aprender a quitar importancia a esas meteduras de pata. Si somos adolescentes, estamos aprendiendo a caminar. 
  3. Por último, no compararnos con otras personas. Cada persona tiene su personalidad y en ocasiones nos fijamos en los otros, pero desde la superficie. Y este comportamiento puede provocarnos envidia. Envidia es la tristeza ante el bien ajeno. ¿Cómo librarnos de ella? Mediante la emulación. Es decir, desear hacer cosas o acciones positivas y valiosas que vemos en otros para integrarlas en nuestra vida. 

En este caso, Enrique Rojas nos propone tener modelos de identidad: “gente valiosa que vemos en nuestra cercanía o en el pasado y que descubrimos su grandeza, su calidad y lo que queremos es parecernos a ellos y tratamos de copiar su comportamiento”. 

En definitiva, para un adolescente seguir estos cinco apartados puede acercarle un poco más a lograr la madurez de la personalidad que tanto ansía. Actuar de esta forma les hará más libres e independientes y se desenvolverán con más naturalidad. 

Sin duda, no necesitamos ser clones de otros. Así que ¡atrévete a ser tú mismo!

Merche Crespo, Aleteia 

Vea también    La independencia en el adolescente




domingo, 20 de agosto de 2017

Los 9 tipos de personalidad, ¿cuál es el tuyo?

No hay un modo de ser mejor que otro, pero conocernos nos ayudará a tomar las riendas para madurar y ser la mejor versión de nosotros mismos

Cada persona, aún siendo única, comparte con un determinado grupo unas características semejantes en lo referente a actitudes, miedos, motivaciones, valores, causas de estrés y compulsiones. Esto hace que cada persona pueda identificarse con un tipo determinado de personalidad y para ello tomaremos de referencia el Eneagrama de la Personalidad.

El Eneagrama de la Personalidad es un sistema de clasificación de la personalidad, un método para el autoconocimiento de origen oriental. Hace unas décadas fue adaptada por diversos autores occidentales, empleándolo como herramienta de desarrollo personal.
Sin embargo, hay que aclarar que no existe un tipo de personalidad mejor que el otro, sino que cada uno tiene ventajas, límites y un camino de maduración por recorrer. Tampoco existe una persona cuyas características sean “puras”, es decir, que tenga exclusivamente las características de un solo tipo de personalidad. Todas las personas tienen algo de las otras tipologías, pero hay una dominante.
El sistema del Eneagrama describe nueve tipos de personalidad, los cuales describiremos a continuación:

El Reformista / El Idealista

Es la persona idealista y racional. Consciente, con fuerte sentido de lo que es correcto e incorrecto. Defensora y maestra. Es agente de cambio: siempre trata de mejorar las cosas pero teme equivocarse. Moral y ética, crítica y perfeccionista. Es una persona bien organizada, ordenada y exigente, pero además puede ser impersonal, rígida y no muy emotiva. Tiene problemas con la ira y la impaciencia. En su mejor momento posee sabiduría y capacidad de discernimiento, es realista y noble. Puede ser moralmente heroica.

El Ayudante / El Servicial

La persona cariñosa y complaciente. Empática, sincera y de buen corazón. Orientada a la gente, amistosa, generosa y sacrificada. También puede ser sentimental, zalamera y entrometida. Posesiva, hace las cosas para sentirse necesitada por otras personas: tiene agendas ocultas y motivos ulteriores. Orgullosa e ilusoria. Puede sentir que no se le aprecia y se le victimiza, y se vuelve manipuladora y controladora. En su mejor momento es persona altruista que ama incondicionalmente a otros.

El Motivador / El Organizador

Es la persona adaptable, orientada al éxito. Segura de sí, atractiva y encantadora. Ambiciosa y enérgica, pero también puede ser muy competitiva e impulsiva. Consciente de su imagen y demasiado consciente de lo que los otros piensan de ella. Es muy cambiante, calculadora, siempre dice y hace aquello que más le conviene. Busca atención y admiración, puede ser arrogante y oportunista. En su mejor momento se acepta a sí misma, y puede ser auténtica.

El Artista / El Especial

Es la persona intuitiva y reservada. Consciente de sí misma, sensitiva, introspectiva y amable. Individualista, expresiva y personal, pero puede ser demasiado temperamental. Vive en sus fantasías, sintiéndose diferente, melancólica. Está apartada de las formas ordinarias de vida. Se torna impráctica, y autoindulgente. En su mejor momento es persona inspirada y creativa, capaz de renovarse a sí misma y de transformar sus experiencias.

El Pensador / El Observador

Es la persona perceptiva y cerebral. Alerta, intuitiva y curiosa. Capaz de concentrarse y comprender ideas complejas. Independiente, innovadora e inventiva, pero puede estar excesivamente preocupada con sus pensamientos y construcciones imaginarias. Se vuelve indiferente, pero es vibrante e intensa. Extraña y aislada, no tiene destrezas interpersonales, y puede ser cínica y excéntrica. En su mejor momento es visionaria, adelantada a su tiempo es capaz de ver el mundo en una forma totalmente nueva.

El Leal / El Compañero

La persona comprometida y orientada a la seguridad. Cariñosa y agradable, capaz de formar fuertes lazos con otras personas. Confiable, responsable y digna de confianza, pero también puede ser muy parcial y sospechosa de otros(as), separa grupo. A la defensiva, contradictoria, evasiva y ansiosa; genera el estrés al tiempo que se queja de él. Cuidadosa e indecisa, pero también desafiante y rebelde, habla muy “fuerte” y busca chivos expiatorios. En su mejor momento tiene una mente abierta, es estable y digna de confianza, valientemente apoya al débil indefenso.

El Super Optimista / El Aventurero Soñador

Es la persona entusiasta y productiva. Extrovertida, optimista y espontánea. Juguetona, animosa, práctica y auto realizada, pero también puede extenderse demasiado sobre las cosas; superficial e indisciplinada. Adquisitiva, busca estimulación constante, se distrae manteniéndose siempre en movimiento. Desinhibida, excesiva y centrada en ella misma. Puede ser infantil, demandante e insensible a otras personas. En su mejor momento enfoca sus talentos en metas que valen la pena, aprecia las cosas y es alegre.

El Líder / El Jefe

Es la persona agresiva y poderosa. Confiada en sí misma, fuerte y asertiva. Protectora, ingeniosa, va directo al punto y es decisiva, pero puede ser orgullosa y dominante. Siente que puede controlar su ambiente siendo confrontadora e intimidante: todo es una lucha de voluntades y rara vez se rinde. Puede volverse dura de corazón y ser abiertamente beligerante. En su mejor momento se autodomina, usa su fortaleza para mejorar la vida de las otras personas, se vuelve heroica, magnánima y grandiosa.

El Conciliador / El Mediador

La persona llevadera y complaciente. Acepta las cosas, confía y es estable. De buena naturaleza, optimista, directa y brinda apoyo, puede estar dispuesta a dejarse llevar por los demás para mantener la paz. Quiere que las cosas sean suaves y fáciles: tiende a ser complaciente, a simplificar los problemas y minimizar cualquier cosa perturbadora. Criatura de hábitos, puede ser pasiva y resistente al cambio. Obstinada, desatenta y negligente. En su mejor momento es indomable y capaz de grandes cosas, es capaz de unir a la gente y sanar conflictos.
Artículo originalmente publicado por lafamilia.info