La frase "purificar el corazón" puede tomar muchas direcciones; y hoy,
que todo está permitido, busquemos los consejos que da la Biblia para desintoxicarlo
Purificar es una palabra ambigua cuando se trata del corazón. En esta época en la que están de moda los detox -procedimientos para eliminar toxinas del cuerpo- bien podemos concentrarnos, más bien, en el alma para eliminar los elementos que la dañan.
La Biblia y la purificación
La Palabra de Dios es viva y eficaz, y siempre tendrá un mensaje nuevo y personal. Por eso, para hablar de purificación interior, no hay nada más acertado que consultar la sagrada Escritura:
1Limpios de corazón
En el Evangelio de san Mateo, Jesús habla de las bienaventuranzas para animar a los oyentes a confiar en Dios, sin importar las circunstancias. Y claramente se refiere a los de corazón puro:
"Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios”.
Solo Dios puede salvar, por eso, la promesa de salvación es para el que rechaza todo lo que le aleja del Señor:
El hombre de manos inocentes, y puro corazón, que no confía en los ídolos ni jura contra el prójimo en falso. Ese recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación.
(Sal 23, 4)
3Purificar el cuerpo y el espíritu
San Pablo ama a los corintios y le preocupa que se mantengan dignos de las promesas que habían recibido, las mismas que se nos han dado a nosotros desde del día de nuestro bautismo:
"Ya que poseemos estas promesas, queridos hermanos, purifiquémonos de todo lo que mancha el cuerpo o el espíritu, llevando a término la obra de nuestra santificación en el temor de Dios".
(2 Cor 7, 1)
4Creer y ser puros
La claridad con la que habla san Pablo no deja lugar a dudas: el pecado mancha y contamina, así como la incredulidad:
"Todo es puro para los puros. En cambio, para los que están contaminados y para los incrédulos, nada es puro. Su espíritu y su conciencia están manchados".
(Tit 1, 15)
5La pureza de los niños
En varias ocasiones, Jesús puso como ejemplo a los niños por su inocencia, humildad y confianza, y por supuesto, por la pureza de su corazón. Por eso, san Pedro hace esta analogía:
"Renuncien a toda maldad y a todo engaño, a la hipocresía, a la envidia y a toda clase de maledicencia. Como niños recién nacidos, deseen la leche pura de la Palabra, que los haré crecer para la salvación, ya que han gustado qué bueno es el Señor".
El cristianismo no es un conjunto de ideas ni de normas, sino una relación de amor que lo impregna todo y llena la vida de esperanza
¿Cómo ponerle palabras a lo que habita mi alma? ¿Cómo encauzar las aguas de mi espíritu? ¿Cómo contener el fuego de mi interior?
Bullen en mi corazón mil sentimientos sin nombre. Tantos abrazos contenidos y palabras calladas.
En ese mar inmenso de mi interior no sé cómo ponerle palabras a la vida. No sé si merece la pena hacerlo. Para entender mejor cómo seguir el camino, cómo emprender un nuevo viaje.
En la oscuridad no sé bien los pasos que dar. Cuando irrumpe el Espíritu en mi alma veo con algo más de claridad. Dice la Biblia:
«Esforcémonos por conocer al Señor. Bajará sobre nosotros como lluvia temprana, como lluvia tardía que empapa la tierra».
Quiero conocer más a Jesús, amarlo más. Quiero estar con Él. Leía el otro día:
«Para encontrarnos con Él no tenemos que salir del mundo, sino acercarnos a Jesús. Para conocerlo no hay que estudiar teología, sino sintonizar con Jesús, comulgar con Él».
Necesito acercarme más a Jesús en mi corazón, en mi vida cotidiana. Una pregunta surge en mi interior mirando este tiempo vivido:
«¿Qué hubiera hecho de forma distinta?».
O quizás lo más fundamental:
«¿Para quién he vivido?».
Miro a Jesús en medio de mi vida detenida, cuando se abren caminos hacia una nueva normalidad. Me pregunto qué tengo que cambiar en mi interior, qué podía haber hecho de otra forma.
Tengo miedo y me asusta que todo siga como antes. Viene el Espíritu a mi vida y nada parece cambiar. ¿Por quién vivo?
Quiero amar a Jesús con todas mis fuerzas, pero veo con tristeza que nada es diferente en mi forma de ver la vida, en mi forma de darme y actuar.
Sólo soy uno más igual a todos en medio de un mundo masificado. Me siento tan humano, tan necesitado de redención…
Veo que todos mis miedos son comunes, mis pasiones parecidas y mis egoísmos compartidos con muchos.
Digo que llevo a Jesús en mi alma, pero tan solo lo tengo metido en mi cabeza, sólo algunas ideas y normas éticas que tengo que cumplir.
El Espíritu Santo no ha logrado vencer las barreras que cierran las puertas de mi corazón. He puesto demasiados seguros para vivir protegido sin que nadie altere mis planes.
Siento que muchas emociones viven en mi alma. No logro ponerles nombre ni darles un sentido, no encuentro una explicación que me convenza.
«Dios ha venido a habitar en el corazón humano, y sentimos un vacío interior insoportable. Dios ha venido a reinar entre nosotros, y parece estar totalmente ausente en nuestras relaciones. Dios ha asumido nuestra carne, y seguimos sin saber vivir dignamente lo carnal».
Es curioso este Jesús que quiere entrar dentro de mí y no logra cambiar mis categorías, mis principios, mi forma de pensar.
Yo me limito a encasillar a Dios en alguno de esos conceptos que me he creado. Lo limito en forma de normas asibles que puedo obedecer. Lo someto para que mi Dios sea manso.
Y a la vez le tengo miedo porque he puesto en Él sentimientos que yo albergo en mi alma. Quiero la perfección y digo que Dios es perfecto a mi manera. Amo la obediencia en los demás y digo que Dios sólo quiere que obedezca sus normas.
Me gusta el orden y el control y digo que Dios es un controlador perfecto que sueña con un orden donde nada esté fuera de su lugar.
Me olvido de esos rasgos de Dios que se me han desvanecido del alma. Olvido su mansedumbre, su bondad, su humildad, su pobreza, su sencillez, su alegría, su misericordia.
Me importa más elogiar al que cumple que salvar al que se aleja. Vivo más feliz abrazando al puro que tratando de atraer al corazón de Dios al que ha pecado y se siente culpable.
Me entretengo peinando a las ovejas que tengo seguras antes que aventurarme a buscar a esa oveja perdida.
Intento cumplir con todas mis obligaciones antes de dejarme llevar por la fuerza del Espíritu que me conduce sin un rumbo claro y me libera de mis seguridades.
Vivo esperando a que vengan los que buscan a Dios en lugar de creer en un Dios que sale a buscar a los perdidos por los caminos, arriesgándose al rechazo y a la burla.
Quiero que el Espíritu de Dios cambie mi corazón herido. No para que deje de estar herido. Sino para que viva feliz en medio de sus límites, abrazando su propio pecado, alegre de poder tocar tanto amor en su vida cotidiana.
Quiero agradecerle a Dios ese cuidado suyo que no olvida mi nombre y pasa por alto todas mis ofensas. Me mira conmovido mientras me arrastro por la vida.
Antes de comprender la importancia del perdón, Él ya me ha perdonado. Yo no me perdono, pero Él ha creído en mí desde el comienzo.
Conoce mis miedos y emociones confusas. Sabe de mis planes retorcidos y egoístas. Ha visto el mal en mis ojos y en medio de su amor quiere que vuelva a vivir desde mis caídas.
Quiere que vuelva a creer en mí cuando yo mismo dejé de creer hace tanto. Viene a habitar mi alma para que nada más pueda quitarme la paz. Asume todos mis miedos y emociones para que pueda beber tranquilo en medio de sus aguas.
Ante el desafío de la educación en tiempos de coronavirus, podemos tomar la oportunidad de enseñar lo esencial de la vida
Millones de niños en todo el mundo han visto interrumpida su educación por culpa de la pandemia de la Covid-19. Como maestros y padres no queremos que se atrasen y puedan estar al día con las actividades desde casa, pero es una tarea que no resulta siempre fácil.
Si los adultos nos sentimos abrumados, es comprensible que ellos también estén ansiosos y aún adaptándose al cambio de vida. De repente ya no pueden salir, tienen que ver a sus maestros a través de una pantalla y asociar el hogar como el nuevo ambiente de estudio.
¿Qué aprenderán nuestros hijos en este tiempo de confinamiento o cuarentena? Esto puede ser algo que nos preocupe pero, en momentos como estos, vale la pena recordar el verdadero significado de la educación: ayudar a crecer. Y esto es algo que se hace desde adentro.
Hoy tenemos la oportunidad de relacionarnos con la gente desde el corazón y con un conocimiento que nos impulsa a comprometernos. El corazón es la sede de los sentimientos profundos que se conectan con la realidad de las cosas a través del intelecto.
Por eso, para una verdadera pedagogía intelectual y moral hace falta algo más que contenidos. Ser capaces de llegar al corazón de nuestros niños es lo que puede dejar una huella en sus vidas y aprender mucho aunque no estén recibiendo el currículo escolar completo.
Cuando estamos más preocupados por introducir verdades a la fuerza, la verdad es que no estamos educando. En cambio, si buscamos mover las fuerzas interiores del alma en el conocimiento de la verdad, podemos tocar su sensibilidad en los valores y su capacidad para decidir con responsabilidad y libertad.
Más que instrucción o comunicación, se trata de lograr despertar la inteligencia mostrando la verdad que la atrae. Y lo que atrae queda grabado.
En medio de la situación que nos toca vivir, contamos con posibilidades concretas para tocar el corazón humano que responde y se siente atraído hacia lo bueno y se compromete.
Cuando les hablamos desde el corazón no solo estamos “cumpliendo” con nuestra tarea de educadores, sino entregando lo que sabemos y nuestra experiencia de vida. Y ahora que podemos pasar más tiempo juntos en casa, es bueno poder ejercer ese rol con ellos.
Si sentimos como una misión propia ayudarlos a crecer, sabremos que esto significa tener que romper los esquemas o el horario varias veces. Dejar de lado las tareas y dedicar tiempo para los juegos, leer un libro o simplemente estar juntos puede ser lo más acertado.
Tenemos que recordar que esto es algo que todas las familias estamos pasando y si hay algo que no hayan hecho durante este tiempo, podrán ponerse al día más adelante. Lo más importante es su bienestar emocional y la manera en que son valorados. Intentemos que puedan sacar lo mejor de ellos mismos y recibir una enseñanza que recuerden para siempre.
Toda tormenta tiene su fin, en Dios siempre hay esperanza
Necesitamos tener esperanza! Quisiera empezar este post diciendo que jamás hubiera imaginado una situación tal. Habiendo crecido entre la guerra fría, la crisis y la cantidad de películas futuristas, para los de mi generación es imposible no habernos imaginado alguna situación similar.
Es más, me atrevo a decir que debido a ello caemos fácilmente en pensamientos catastróficos. Y las películas se quedan cortas ante la cantidad de locuras que imaginamos. Darle cuerda a la imaginación y esos pensamientos de miedo en momentos así, solo causa angustia y desesperación. No son necesarios ni aportan nada en absoluto.
Lo que no imaginábamos era la cantidad de muestras de solidaridad y compañía que se van mostrando en este tiempo de encierro. Queremos compartir con ustedes algunas muestras de cariño que no solo han conmovido al mundo, sino que alimentan nuestra esperanza y nos recuerdan que después de la Cruz siempre viene el triunfo.
1. La fuerza aérea italiana anima al pueblo que sufre
Cuando hablamos del ejército, de las fuerzas armadas, generalmente lo relacionamos a guerra, a fuerza a poderío. Esta vez la fuerza aérea italiana utilizó sus recursos para darle batalla al desánimo.
Y decirle al pueblo italiano que cuentan con ellos, que no desanimen. «Al amanecer venceré», parece una oración que devuelve la esperanza. Dios se manifiesta de maneras misteriosas.
L’unità e il lavoro di squadra sono da sempre i principi su cui si fonda la nostra Forza Armata e, in questo momento più che mai, sono fondamentali.
Ed allora, come fanno da sempre le @FrecceTricolori ‘facciamo squadra’ , uniamo le forze , insieme ce la faremo !
2. La esperanza que canta desde los balcones en italiano
En distintas ciudades de Italia miles de personas salieron a cantar en sus balcones. Amigos, enemigos tal vez, desconocidos, todos sin distinción, cantándole a una nación. Dándose ánimo para vencer juntos. Nuevamente el amor de Dios que se manifiesta a través de los hombres.
3. Una España que aplaude como signo de gratitud a su personal sanitario
¡Gracias! Se escuchaba a través de la noche, miles de españoles aplaudiendo y dándole gracias a sus profesionales sanitarios que se dejan la vida luchando codo a codo por este mal. Qué alimento más grande para el alma.
¡Gracias Padre, que nos has creado en comunidad! Que podemos acompañarnos así no podamos darnos un abrazo, que hacemos sentir el calor del cariño, del agradecimiento por sentirnos protegidos.
4. El personal sanitario que escucha, acoge y agradece
Los profesionales sanitarios escucharon los aplausos del pueblo español y retornaron conmovedores mensajes de gratitud. Me atrevo a pensar que esto ha servido más que sus horas de sueño, que a muchos les ha calmado un poco la desesperación y la tensión de asistir a tantos.
Incluso el miedo de poder ser contagiados. Dios los bendiga, los fortalezca y su Espíritu los ilumine en el momento del discernimiento.
5. «La gira se queda en casa» Artistas que regalan al mundo lo mejor que saben hacer
Alejandro Sanz y Juanes decidieron regalar al mundo su arte. Una forma de llevar amor y esperanza a millones. A través de las canciones que todos disfrutamos, estos dos artistas acompañados de sus músicos e invitados nos hicieron recordar que al mal tiempo hay que ponerle buena cara.
Ambos además de su música llenaron el concierto de palabras de gratitud y reflexión para un momento que lo vivimos todos sin distinción alguna. Un momento para parar, aunque sea a la fuerza y decidir amar al que tenemos al lado.
«A los policías, a los bomberos, a toda la gente que está luchando y trabajando el doble, les mandamos un abrazo desde aquí» (Alejandro Sanz). «Damos muchas cosas por hecho y de repente pasa esto. No estábamos preparados para algo así. Así que este es un momento para reflexionar y pensar en la sociedad que tenemos, invadida por tantas cosas. Pero, bueno, aquí estamos» (Juanes).
6. Pastores que no abandonan a su pueblo
Cuaresma y cuarentena. De sacerdotes y obispos hasta el Papa. Hace unos años el papa Francisco exhortaba a sus sacerdotes en un jueves santo a que fueran sacerdotes con «olor a oveja», pescadores de hombres que ungen a aquellos que están en las periferias, los que sufren, los pobres, los cautivos.
Hoy somos todos cautivos, sedientos de la sangre y el cuerpo de Cristo. Nuestros pastores salen al encuentro para llevarnos al Cristo mismo. El Reverendo Sousa, sacerdote español, nos comparte la nostalgia de su última celebración pública de la Eucaristía y el significado de un ayuno que ninguno de los
cristianos esperaba. Un ayuno que dará sus frutos.
El papa Francisco, nos pone bajo el cuidado de Nuestra Madre y nos enseña a rezar con sencillez. Pedirle con corazón humilde nos proteja y nos fortalezca en este momento de prueba.
La valentía de un sacerdote italiano que se atreve a sacar al Santísimo y visitar a aquellos que no pueden ir a verlo. La reverencia con que lo reciben, un signo tan conmovedor en un mundo que parece perdió la fe. En el momento de prueba la fe se renueva y la ternura del amigo que visita, calienta nuestros corazones con ardor de un amor que nos mueve desde la eternidad.
Ánimo queridos amigos, esta es una pequeña muestra de los millones de actos de ayuda al prójimo. Llenos de fe, esperanza y caridad. No olvidemos que Cristo vino y venció. El carga la Cruz con nosotros.
Comparte con nosotros las hermosas acciones de amor de las que vienes siendo testigo durante este tiempo.