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lunes, 31 de enero de 2022

María Todolí: «Del mal del COVID, Dios ha sacado un bien: nuestra conversión»

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Cuando María estaba al borde de la muerte, él comenzó a enviar audios por Whatsapp pidiendo oración. Lo que sucedió en sus vidas y en su matrimonio no solo fue una sanación física

La noche del 24 de diciembre de 2021, nada hacía presagiar lo que sucedería en casa del matrimonio de María Todolí y Josep Ardit. El canal de la televisión pública valenciana À Punt hablaba de ellos en horario de primetime«Conectamos en directo con una familia para conocer cómo están viviendo la Nochebuena», exclamaba entusiasta el presentador Màxim Huerta. Y una periodista in situ fue presentando a Josep, María y a sus nueve hijos -la mayor, de 13 años.

La cámara paseaba por la cocina, el comedor, se fijaba en la mesa puesta y las luces por toda la casa, en los platos recién cocinados, una de las niñas aderezaba las naranjas del postre con canela… Josep, pianista, había compuesto una canción para la ocasión, así que las pequeñas acabaron cantando a coro en torno a sus padres y al piano. Todo era ideal.

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Josep Ardit, Marí­a y sus nueve hijos.

“Nosotros queríamos mostrar la belleza del Amor de Dios de esa forma, dando a conocer lo que Dios había hecho en nuestras vidas. La felicidad del matrimonio y todos los hijos que Dios nos ha dado. Hemos tenido trece. Nueve nacidos y Caterina que está  en camino, y tres que no llegaron a nacer pero tuvieron y tienen una gran misión: Abiel, Esperanza y Jesús. Cada hijo es una palabra de Dios bellísima. Le decía yo a la presentadora que después de cenar iríamos corriendo a la misa del gallo», recuerda Josep.

María comienza a sentirse mal

Pero al día siguiente sucedió lo imprevisto: María, embarazada, comenzó a encontrarse mal. Muy mal. «Pienso -sigue Josep- que Dios quiso mostrar entonces la belleza del Amor de Jesucristo a toda persona a través del sufrimiento que tantas veces nos hace dudar de Él.”

Todo fue muy rápido e inquietante. El día de Navidad por la noche, María empezó a encontrarse mal y a tener dificultad para respirar. El día 2 de enero ingresó con COVID-19 en el hospital de Alzira (Valencia). En casa quedaron Betlem, Maria, Immaculada, Mercè, Maria Magdalena, Teresa, Manuela, Candela y Josep, el hijo pequeño. Josep recuerda perfectamente la terrible noche del 2 de enero.

En la galería de imágenes pueden verse algunos momentos de lo que ocurrió a continuación:

María Todolí y Josep Ardit: su curación

Una noche de niebla interior y exterior

«La dejé en el hospital porque con el COVID-19 no se me permitía entrar. La miraba  desde el exterior a través de una ventana que daba a la sala donde se encontraba. Yo creía que no la iba a volver a ver más. La grabé en vídeo con el móvil para que  dijera algo a las niñas desde esa ventana semiabierta. Al regresar a casa, aquella noche había mucha niebla y casi no se veía nada. Me venía a la cabeza el salmo 97: “Tiniebla y nube lo rodean…”. Intuí que iba a vivir algo muy serio”.

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Josep grabó un vídeo a María con un mensaje para sus hijos.

Traslado a Cuidados Intensivos

La salud de María -embarazada de 5 meses de una bebé para la que habían decidido el nombre de Caterina- empeoraba por momentos. Peligraban las dos vidas. María se ahogaba. Los médicos decidieron entonces trasladarla al Hospital de la Fe de Valencia, donde pasó inmediatamente a la UCI.

Él pensaba que María se moriría y que todo lo que él era, moriría también con ella. Tenía miedo. ¿Qué iba a ser de sus hijas?

De la noche a la mañana, a Josep se le derrumbó el mundo. Él pensaba que María se moriría y que todo lo que él era, moriría también con ella. Tenía miedo. ¿Qué iba a ser de sus hijas? Entonces sintió en su corazón la certeza de que Dios es su Padre y Padre también de sus 8 hijas y el pequeño Josepet y si María y Caterina se morían “ya las veríamos otra vez en el cielo”.

«¿Está Dios o no?»

Pero el combate de cada día para Josep era vivir la realidad concreta que Dios permitía, que era que María y Caterina estaban enfermas en el hospital, pero no estaban muertas. Dios estaba en esa realidad concreta y no en las fantasías que Josep vivía como reales, las cuales eran insoportables porque en ellas no estaba Dios. “La tentación constante era: ¿Está Dios o no está Dios en esta situación?, ¿es el Señor un esposo bueno o viene a destruirme?”, recuerda.

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Esta foto fue tomada pocos dí­as antes de que María cayera enferma de COVID-19.

Pero esa situación provocó en él algo que nunca imaginó: una verdadera conversión, un giro, pasar de vivir para uno mismo a vivir para Jesucristo por agradecimiento. Dice Josep que su tristeza le venía porque es un egoísta, le espanta sufrir, tantos pecados…dice él, “yo no quería pecar, quería amar a Jesucristo y a los demás porque sé que eso es la verdad pero no podía quitarme la amargura

Entonces ocurrió algo.

Josep mandó audios por Whastapp para pedir oración

«Me llamó una tarde una persona desde Londres, a quien no conocía de nada y se había enterado de la situación por los audios que había mandado. Eran Carismáticos Católicos que vivían en una comunidad contemplativa allí. Fue como un ángel que me anunció que Dios había curado a María y que tenía que empezar a dar gracias por ello. Rezamos por teléfono y me dio el evangelio de San Marcos 11, 20-26 (el de la higuera seca). También mi padre me lo había dicho aquella mañana mientras lavaba unos platos y yo les creí a los dos, pero al ver que la situación de María no mejoraba, me era imposible dar gracias.”

“Aquel hombre desde Londres me continuó diciendo que mirara con los ojos de la fe, que María estaba curada aunque los datos médicos no lo confirmasen todavía. Aquella tarde me fui a misa con las tres mayores lleno de amargura y tristeza y después me confesé llorando. Cuando llegué a casa empecé a dar gracias por cada hija, por Josepet, por mi mujer y Caterina, por tanto recibido. Pusimos vídeos de Maria y la familia, que días antes me era imposible ver por el dolor que me provocaban. Y si mi hijo Josep preguntaba por su madre, le mostraba a la Virgen y les decía ‘mamá no está aquí ahora pero la Virgen sí y os va a abrazar’.

«Entró la alegría aunque mi mujer seguía intubada»

“Era un milagro, Jesucristo -prosigue- verdaderamente había quitado mis pecados en aquella confesión y empecé a rezar desde un rincón en el suelo al lado de mi cama, no solo por María y Caterina sino por todo el mundo, por todos los que estaban sufriendo pero no conocían el consuelo del amor de Dios. Yo era otro, y me enamoré de Jesucristo y la alegría de la Virgen entró en casa aunque mi mujer seguía intubada…”.

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María con Josep y Cristina, médica del hospital, ya superado lo peor.

Me entrevisto con María Todolí cuando ya lo peor ha pasado, aunque sigue en el hospital. Es el 22 de enero y María ha estado durante muchos días a punto de morir. Ha sido intubada dos veces. Ahora ha salido de la UCI y está en una planta del hospital de la Fe, aunque le queda un poco de camino porque está bajo tratamiento de una bacteria, la Costridium difficile, que se coló en el cuerpo de María aprovechando la debilidad de su sistema inmunológico. La conversación será por teléfono, María y Josep con el altavoz de su móvil. No quieren esperar más para contar lo que les ha sucedido. Porque no estamos hablando de una curación física únicamente. Ellos quieren contar su conversión, la de los dos.

Miles de personas rezando por María y Caterina en todo el mundo

Josep ha podido explicar a su mujer lo que ha ocurrido en estos 20 días: miles de personas por todo el mundo rezando por ellas. Recibiendo noticias por los mensajes de audio que grababa su marido. “Nunca pensé que estos audios los escucharía tanta gente, ni que les pudieran ayudar, todo nos ha sorprendido”. Los audios fueron reenviándose y llegaron a muchos países. Había gente que mandaba entonces mensajes de vuelta con ánimo de que alguien los hiciera llegar a Josep, para que supiera que en todo el mundo se rezaba por María y Caterina. Así, se transmitió un primer audio de Josep, y un segundo, y un tercero… Él iba explicando cómo estaba María y qué decían los médicos. Pero muy pronto también abrió su corazón para dar a conocer que Dios le había tocado en lo más hondo.

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Alguien creó un mensaje de Whatsapp para pedir oraciones por Marí­a.

«Nos hemos sentido muy queridos», dice María, «tanto por personas de oración como por los que no rezaban nunca y estaban sufriendo por nosotros”.

A Josep le emociona recordar la fe que tiene el pueblo donde viven. Me decían por la calle ‘¡Josep, María se va a curar, ya verás!’. En la clase de nuestra hija, una niña le decía “en casa hemos rezado y no lo había hecho nunca”. Un matrimonio me explicó: ‘Nunca habíamos rezado y estamos descubriendo lo fantástico que es rezar’. Mucha gente ha rezado y eso ha sido un tesoro, tanto para nosotros como para ellos.»

«Nos han traído a casa la comida cada día»

María y Josep viven la Fe en Gandia en la parroquia San Francisco de Borja, en una pequeña comunidad neocatecumenal. “Esto ha sido fundamental -dicen- ya que la fe recibida por el bautismo ha crecido allí por los sacramentos, la escucha de la Palabra y la vida en comunidad hasta el punto de sostenernos en estos días de enfermedad”. Dice Josep: ”Los hermanos de nuestra comunidad y nuestros padres, no sólo han rezado y sufrido sino que nos han cuidado mucho. Nos han traído a casa la comida cada día y se pusieron a nuestro servicio. ¡Qué maravilla tener una comunidad!. Estamos muy agradecidos y los queremos mucho”.

Calaveras… ¿Sueño o realidad?

Le pido a María que me aclare lo que le he oído en un audio de agradecimiento que envió días después de dejar la UCI.

«Estaba en un caballo a toda velocidad rodeada de calaveras cabalgando a mi alrededor, que me conducían a la muerte. Que me querían llevar a la desesperación y murmuración.»

¿Es verdad que soñaste con unos jinetes que eran calaveras que te llevaban a la muerte y que unos ángeles te salvaban o es un modo metafórico de expresar lo que te ha ocurrido?

María me lo confirma: «Es verdad pero no lo soñé. Lo vivía en mi carne, tal como lo cuento. Ya en el hospital, antes de estar en la UCI, sentía que todo iba muy aprisa, estaba en un caballo a toda velocidad rodeada de calaveras cabalgando a mi alrededor, que me conducían a la muerte. Que me querían llevar a la desesperación y murmuración. Vinieron entonces otros jinetes que eran ángeles y me rescataban, me salvaban de la muerte. Al contarme Josep lo sucedido, entendí que estos ángeles eran todos los que estaban rezando. Sé que suena a película del Oeste, pero es que lo viví con los ojos abiertos.»

Entonces, María sigue con el relato: “Estaba todavía consciente y sin intubar, cuando sentí una alegría inmensa. Era un amor tan grande que era insoportable. Jesucristo me amaba y llenaba de amor mi corazón. Solo quería echarme a los pies de todo el mundo, conocidos o no, y besarlos porque Jesucristo les amaba. Nunca me han caído bien los curas pero en aquel momento tenía un gran amor a todos ellos especialmente a nuestro párroco Don Jesús. Este amor venía de Dios porque se quién soy y de mí no sale nada de esto. Si no, pregunta a los que me conocen”.

Para ella, todo ocurrió de forma muy rápida. «Me dijeron eres positiva y tienes una pulmonía de caballo. Ingreso, me buscan una mascarilla, hay problemas». Ella recuerda perfectamente que «en ningún momento se me ha pasado por la cabeza quejarme a Dios».

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Las ocho hijas del matrimonio jugando en el larguero de una porterí­a de fútbol, junto con el pequeño Josep.

Conducen a María al Hospital de la Fe, en Valencia, para que ingrese en cuidados intensivos «y en la UCI no me iban bien las mascarillas. Requerí dos intubaciones.»

«Yo estaba hecha un trapo, pero en ese momento un celador comienza a ducharme, y cuando peor estaba, llena de pipí y caca, oigo que me dice ‘¡guapa!’ y que me cuida, que no le importa limpiarme y que incluso me hace un masaje en los pies. Eso, que puede parecer una tontería, no se me olvidará en la vida porque me sentí cuidada y querida  por alguien que no me conocía”.

Los audios de whatsapp se extienden, la oración «trabaja»

María pudo hablar con Josep antes de ser intubada. Le transmitió el amor de Dios que estaba sintiendo y que la sostenía. Su vida pendía de un hilo. Josep aquel día reflejó este sentimiento en el audio que mandó. Ya no lo estaban recibiendo sus amigos del pueblo sino una multitud de personas que rezaban para que María y la bebé Caterina sobrevivieran.

“Creí que María había muerto”

Josep explica: «Hay un detalle de esos días que ahora me viene a la cabeza. Hasta la intubación, me comunicaba con ella con mensajes a cuentagotas. Miraba el móvil como el que mira a su amada. No dormía, siempre pendiente de un hilo, unos mensajes donde cada vez percibía más debilidad de María.»

«Una noche -continúa- me despertó uno de ellos. Decía: ‘Tengo frío, me tiembla el cuerpo’, y ya no dijo nada más en varias horas. Creí que ya había muerto y recé por ella y Caterina unas 4 horas. Lo viví en paz, miraba la estampa de Santa Teresita y le decía que le diera besitos, que se estaba muriendo mi mujer y mi hija, pero en sus ojos me daba la sensación de que Santa Teresita estaba sonriendo

«Al final -dice- llamé a mis padres para darles la noticia y mi madre me dice: “Llama al hospital”. Llamo y se enfadan porque eran las 5 de la madrugada y me dicen que no se había muerto nadie, que María estaba durmiendo…Ahora entiendo la cara de Santa Teresita sonriendo porque sus besitos a María la habían dormido.”

«En nuestra casa no nos entendíamos»

A partir de ahí Josep toca fondo. “Yo había hecho como una Torre de Babel, amando el dinero, el éxito, el bienestar, etc. y en nuestra casa no nos entendíamos, como dice la escritura. Toda aquella torre se derrumbó con la enfermedad de María dejando solo la fe, la fe en Jesucristo cambió nuestra vida y también curó a María y Caterina sirviéndose de las manos de unos médicos fantásticos.”

El día 4 de enero María recibió la unción de enfermos y la comunión. Se la administró un capellán del Hospital de la Fe llamado Santos. «‘Qué maravilla’, me dijo María en un mensaje, ‘ha venido el capellán!’. Yo pensaba que se iba a morir por las cosas tan sobrenaturales que me decía en aquellos mensajes.»

La estampa de santa Teresita

«En casa, esa tarde habíamos escrito la carta a los Reyes Magos. Yo coloqué un icono de la Virgen en la mesa con la “risueña cara” de la estampa de Santa Teresita pegada con plastilina y pedí a los Reyes Magos que nos trajeran un pétalo de esperanza de esta Santa».

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La estampa de santa Teresita de Lisieux pegada con plastilina al icono de la Virgen.

«Santa Teresita nos había unido de novios a María y a mí (…) Yo sabía que nos volvería a unir en el cielo para siempre pero le pedí con fe que nos uniera antes de llegar allí, una segunda vez.»

Santa Teresita nos había unido de novios a María y a mí cuando vinieron sus reliquias a Valencia hacía años. Yo sabía que nos volvería a unir en el cielo para siempre pero le pedí con fe que nos uniera antes de llegar allí, una segunda vez. Y así fue: el día 5 por la mañana, la analítica marca que los leucocitos comienzan a subir y, por tanto, la enfermedad remite y mi madre en su casa abre la Biblia al azar y le sale el Evangelio de la hija de Jairo donde Jesucristo dice “no está muerta, está dormida». ¡Los sacramentos son efectivos!», dice con énfasis Josep.

Una señal: pétalos de rosas rojas

Josep explica que pasó un momento de tentación ese mismo día antes de saber los resultados de los análisis la mañana del día 6. «Nos fuimos a ver a los Reyes Magos aquella tarde en la cabalgata. Yo iba con todas, llevaba a dos en mis brazos, corriendo por la calle porque no llegábamos a verlos, yo lloraba y mis hijas mayores también porque no estaba su madre. Aquello no tenía sentido. Fue entonces cuando me agarré a la Virgen. Volvimos a casa y allí dentro encontramos un ramo de rosas y una carta escrita para nosotros que habían dejado los “pajes del Rey”. Ese ramo de rosas rojas, esos pétalos, fueron una señal que me recordaba lo que yo había pedido el día anterior a Santa Teresita del Niño Jesús».

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Para Josep, esas rosas rojas tenían un significado muy especial. Era una señal del cuidado amoroso de la Providencia.
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Una foto del verano pasado.

Aquella Noche de Reyes, Josep quiso grabar un vídeo con la entrada de las niñas y Josepet en casa para que María viera algún día, tal vez, cómo abrían los regalos que habían dejado los reyes. Se ve a Josep tratando de sobreponerse. Quiere que sus hijos disfruten del momento y sean felices, pero no puede parar de pensar en María, que está en la UCI intubada. Una de las hijas está grabando. Él se dirige a la cámara y le dice a su esposa algo que están oyendo los niños pero que solo él sabe qué significa: «Bueno, mamá, estamos grabando aquí para que así cuando vuelvas puedas ver el día que entramos en casa a ver si estaban los regalos de reyes y tú seguías dormidita con Caterina en los brazos de la Virgen María”.

Josep descubre sobre la mesa un ramo de rosas, llama a los niños y dice:

«Estas rosas vamos a guardarlas recordando este día».

Y se dirige a la cámara: «Esta vida es nueva, María. Estamos viviendo una vida nueva, María, de verdad. Es algo… El amor que tengo por estas niñas y por Josepet es nuevo. Es diferente la forma en que estamos juntos. Así que todo está bien. Entonces nos faltas tú. Si quieres venir, estupendo. Y si no puedes, vamos a quererte igual. Pero ¡vas a venir!».

El grito de Josepet que llama a «¡papá!» hace que Josep vuelva a la realidad que le rodea. Y acaba el vídeo.

«Todos los días la amaré así»

«Yo soy un egoísta», explica ahora Josep. «Quería a mi mujer porque amarla me producía un placer. Llegó el sufrimiento de la enfermedad, y solo pensar en ella era  desgarrador, pero me di cuenta de que la estaba amando de una forma diferente, una forma nueva. He comprendido qué significa amar sufriendo. He ofrecido el sufrimiento por ella y por amor a Cristo.»

Pensó entonces: «Todos los días la amaré así aunque se muera. La puedo amar en esta nueva dimensión, sufriendo por ella, aceptando los acontecimientos que Dios permite en mi vida”. Ahora María está a su lado, escuchando lo que Josep va diciendo.

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«Ei, Floreta» comienza el mensaje que Josep puso a los pies de la cama de María. Le decía: «Yo ahora sé que mi amor es tan fuerte como la muerte».

«En el hospital me han tratado con mucho cariño»

María no querría que en esta conversación se dejara de hablar de las personas que la han cuidado. “Como soy desconfiada pensaba que en el hospital me sentiría muy sola pero no fue así. Todos los médicos, enfermeros, hasta la señora de la limpieza… Todos han sido ángeles. Me han tratado con mucho cariño, atentos y llenos de detalles de amor verdaderos.

Aún a costa de olvidarse de nombres, recuerda a los doctores Álvarez y Torres, a Marian -que la intubó-, al enfermero Carles, al celador Iván [el que le dijo aquel sonoro «¡guapa!»], las visitas de Cristina, Ramon y Pilar, todos los capellanes que cada día le traían la comunión y, cómo no, a sus primos médicos Pedro y Juan [aparece en la foto inicial de esta entrevista], tan atentos en todo momento. “Los quiero mucho”, repite.

Lo que hacía sufrir mucho a María

Ahora es ella quien explica que también su enfermedad ha sido un tiempo de purificación. María tiene 40 años. «Yo soy muy soberbia y tengo mucho en cuenta mis pensamientos, demasiado, le doy vueltas a las cosas, juzgándolo todo y poniendo pegas y esto me hacía sufrir mucho. Pero el Señor, con este acontecimiento y su gracia, me ha revestido de algo nuevo: vivir sencillamente.»

“Recuerdo -dice- el día que me quitaron el tubo. Los médicos, viéndome triste y que lo estaba pasando muy mal, llamaron a mi marido para que viniese a verme. Él entró como un ángel en la UCI dando saltos y gritándome: “Alégrate, María, que el Señor está contigo y empieza ya a dar gracias porque te ha curado! Yo le hice caso y a los tres días estaba en planta.”

Días después, María se enteró por Josep de que su suegro Paco había estado durmiendo cada noche en el suelo del comedor de ellos con tres cojines para acompañar a su hijo.

A María le conmueven detalles como saber que un niño se quedaba dormido con la Biblia bajo el brazo rezando por ella cada noche, tantos monasterios de clausura orando, haber tenido a Santa Teresita y Santa Catalina de Siena a ambos lados de la cama de la UCI junto con su suegro Paco sentado a los pies. «¿Pero qué hace Paco aquí?”, se preguntaba María extrañada, y días después María se enteró por Josep de que Paco había estado durmiendo cada noche en el suelo del comedor de ellos con tres cojines para acompañar a su hijo.

Josep: se acabó controlarlo todo

No se lo pregunto, pero Josep dice: «¿Con qué me quedo de estos días? Te lo digo. Mi tendencia es a asegurarlo todo. Todo en mi vida. Tengo 43 años. Tengo una plaza de funcionario. Soy profesor de piano. Me desvivo por asegurarPara que te hagas una idea, ni siquiera me gusta volar porque no tengo el control de lo que le puede pasar a un avión, quiero controlar que mis hijas no sufran, que no les falte nada… Era una esclavitud y hacia sufrir al otro.”

«He experimentado la precariedad de no saber si mi mujer y mi hija vivirían»

Sigue contando Josep: «Estos días he experimentado la precariedad de la vida, que para mí es un infierno. Y en esa precariedad de no saber si mi mujer y mi hija vivirían, he estado con Jesucristo que me decía: “¿Tú quieres vivir aquí conmigo?, ¿caminar por donde no conoces, vivir en las manos de Dios y no en las tuyas?, y aquello que para mí era un infierno se convertía en un lecho de amor con el Señor. “Me enamore de Aquel que quita el pecado del mundo y el Señor se alegró conmigo igual que yo me alegré al ver de nuevo a mi mujer María curada de su enfermedad.”

«María sí tiene fe: tenía la muerte delante y bendecía al Señor»

Josep insiste: “Todos ahora me dicen que qué fe tengo, por los audios que escuchaban, pero yo les digo que quien tiene fe es mi mujer María. Ella tenía la muerte delante y bendecía al Señor”.

Conforme se ha ido recuperando, María ha podido hablar ya con algunas personas. Algunas le dicen para su bien: “Bueno, ahora a olvidarlo todo”. María, en cambio, piensa: “¿A olvidarlo todo?, ¡No quiero!. Quiero guardar esta palabra del Señor para siempre como un sello en mi corazón”.

¡Ya en casa!

Hoy, 28 de enero de 2022, María Todolí ha recibido el alta médica. Al llegar a su casa, ella y Josep han tenido la amabilidad de enviar esta fotografía donde aparece toda la familia. De nuevo juntos y dando gracias:

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María con Josep y sus hijos en la puerta de su casa.

Dolors Massot, Aleteia 

Vea también     Afrontando la enfermedad: tiempo para curar

























martes, 28 de diciembre de 2021

5 maneras en que la pandemia ha cambiado nuestro cuerpo

 


El estrés por aislamiento sumado al miedo a perder la vida a causa del virus repercutió en una serie de efectos que se pueden observar en la salud

En su mensaje para la 28º Jornada Mundial del Enfermo, en febrero de 2020, el papa Francisco se dirigió a la clase médica:

“[] Vuestra profesionalidad, animada por la caridad cristiana, será el mejor servicio al verdadero derecho humano, el derecho a la vida.

Aunque a veces no podáis curar al enfermo, sí que podéis siempre cuidar de él con gestos y procedimientos que le den alivio y consuelo».

Ni siquiera el Papa podría haber predicho cuán importantes serían los médicos en los próximos meses, con la proliferación de la pandemia de covid-19.

Un año y nueve meses después del inicio de los confinamientos y con el terror de ver el rápido aumento en el número de muertes e infecciones, las consecuencias de la pandemia continúan preocupando a la comunidad médica.

Además de los problemas pulmonares y los efectos secundarios de la infección por coronavirus, los expertos están comenzando a ver los efectos de menos de dos años de pandemia en el cuerpo y en la salud de las personas, según un informe del periódico británico The Guardian.

Muchos de los problemas son el resultado del estrés tanto por el riesgo de vida que representa el virus como por quedarse en casa.

Mira los cinco problemas principales a continuación: tanto del virus potencialmente mortal como de quedarse en casa.

Caída del pelo

El estrés libera en el organismo una hormona llamada cortisol, producida por las glándulas suprarrenales, y está asociada a la caída del pelo. Además de la propia infección por coronavirus, que provocaría la caída del cabello, lo que ocurriría en un 78% según una encuesta del Instituto de Tricologistas (IoT), en Inglaterra.

La caída del cabello en la pandemia, que afecta tanto a hombres como a mujeres, también puede consistir en una condición llamada efluvio telógeno. Es una interrupción temporal en la producción de cabello en ciertas áreas del cuero cabelludo.

Ojos secos y cansados 

La pandemia nos ha obligado a muchos a pasar el día en casa con la cara centrada en una pantalla. Esto no tiene ningún efecto beneficioso en los ojos. Primero, cuando trabajamos frente a la computadora, parpadeamos cinco veces menos de lo que normalmente parpadeamos, y esos parpadeos son incompletos, por lo que nuestros ojos se secan más.

Y la llamada luz azul, que emana de los monitores, cansa los ojos. A la larga, puede provocar: degeneración macular asociada a la edad (DMAE), cataratas y fotoqueratitis (quemaduras en la córnea).

Dientes astillados

Los consultorios dentales comenzaron a sentir los efectos de la falta de consultas para la mayoría de sus pacientes durante la pandemia. Aplazar limpiezas, exámenes y otros tratamientos generaron problemas más profundos que los profesionales ahora luchan por revertir.

Otro problema que ha aparecido con frecuencia es el de los dientes astillados o rotos como consecuencia del bruxismo. Es el hábito de rechinar los dientes durante el sueño. Tuvo un incremento del 71% en Estados Unidos debido al estrés provocado por la pandemia, según un estudio de la Asociación Dental Americana.

Irritaciones y enfermedades de la piel

Otro órgano que sufre el estrés provocado por la pandemia es la piel. Empieza a desarrollar inflamaciones como rosácea, eczema y psoriasis, enfermedades que suelen consistir en condiciones psicosomáticas.

Lavarse las manos con frecuencia, lo que todos debemos hacer para prevenir la propagación del virus, también puede dejarlas secas, más propensas a agrietarse. Esto lo señalan los médicos de primera línea que se lavan las manos más de 100 veces al día.

Pies más grandes

Esto no está científicamente probado, pero muchos pacientes informan dificultades para ponerse los mismos zapatos que usaban antes de la pandemia. Como si, después de haber estado sin zapatos más ajustados durante tanto tiempo, sus pies se hubieran expandido durante la pandemia.

Los profesionales todavía trabajan con diferentes hipótesis. Por ejemplo, que los zapatos siempre serían ajustados, pero solo ahora, dada la falta de costumbre, la gente estaría notando el malestar. Los problemas articulares y los tendones desgarrados en la región del tobillo también se hicieron más frecuentes después de la pandemia.

Octavio Messias, Aleteia

Vea también     Afrontando la enfermedad: un tiempo para curar































martes, 16 de noviembre de 2021

En la UCI con Covid redescubrí el propósito de mi vida

La enfermedad hizo sufrir mucho a Marc pero también le permitió centrarse en lo que siempre le había hecho feliz

El pasado 5 de octubre de 2021, el PCR salió positivo: Marc que tenía coronavirus. Ahí empezó su calvario, que fue a la vez su camino de renovación.

Pensando que, a sus 47 años y con una buena salud, pronto se curaría, se quedó confinado en su casa de Berga, una pequeña ciudad de montaña en la provincia de Barcelona (España).

Pero al cabo de cinco días, empezó a ahogarse y casi no se podía mover. Por eso acudió al ambulatorio, donde dijeron que estaba muy mal, con neumonía bilateral.

Una ambulancia lo llevó al hospital de su ciudad, pero a causa de su gravedad, lo trasladaron al de Manresa.

6 días cruciales

Allí pasó seis días en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) y vivió una intensa experiencia que le permitió redescubrir el propósito de su vida, según explicó a Aleteia.

«Esos seis días han sido los peores seis días de mi vida en cuanto a sufrimiento corporal pero han sido también los seis mejores días espirituales de mi vida.

Ha habido un antes y un después. Ha habido una ruptura en mi vida a través de la cual he vuelto a ser el que Dios quiere que sea».

Marc aprendió una gran lección espiritual: que para reencontrar tu misión tienes que eliminar las cosas que te impiden lograr tu objetivo, y acompañar ese proceso con la oración.

Gracias también por el Covid

Ahora, todavía cansado y con secuelas del Covid, ha querido compartir con todos su experiencia en un video publicado en su canal de Youtube:

Venía de un tiempo de dejadez espiritual; a mí esto realmente me pesaba. Yo quería volver a ser aquel Marc, aquella persona comprometida con el Corazón de Jesús que enfoca toda su vida en difundir esta devoción tan preciosa.

Es una alegría saber que uno tiene un objetivo y que este objetivo es santo.

Cuando llegué al hospital sentía que eso era lo que me correspondía en ese momento y que el Señor quería que lo viviera en la acción de gracias.

En esa pecera de cristal, el poder de vivirlo en la acción de gracias haría que lo viviera en paz y en felicidad.

«Nada puede pasarme que Dios no quiera y todo lo que Él quiere por muy malo que nos parezca es en realidad lo mejor», decía santo Tomás Moro. Si vivimos esta frase viviremos en la alegría y en la paz.

Me costaba mucho rezar oraciones como el Rosario, solo decía: «Gracias, Señor. Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío».

Y estaba sufriendo corporalmente, sí. Pero ese sufrimiento lo convertí también en ofrenda.

Me convertí en ofrenda viva por todos aquellos que estaban rezando por mí. Era como un intercambio.

Sentía que había muchas personas rezando por mí, que era muy querido. Y yo, al convertirme en ofrenda, de alguna manera les devolvía a ellos ese amor que ellos expresaban a través de la oración.

Estos días en el hospital, he visto aquellas cosas que estaban por medio siendo tropezones en el camino, que impedían que yo hiciera mi tarea.

Hay que eliminar las cosas que son impedimento para el objetivo. Cuantas más cosas elimines más centrado estarás y más el objetivo se cumplirá.

Ello además acompañado con la oración para estar continuamente en el corazón de Jesús y en el corazón de María.

El objetivo final es: todos centrados en el Señor, en la paz y en la alegría. Seremos felices llenando nuestra vida de Él mismo y vaciándola de esas distracciones que no nos llevan a ningún lado.

Ek Misterio del Corazón de Cristo - S. Juan Pablo II pinchando aquí.

Patricia Navas, Aleteia 




martes, 2 de noviembre de 2021

Catedral de Lima (Perú): 6.500 rostros, las víctimas del coronavirus

LIMA


Un potente homenaje a los fallecidos por el Covid-19 en una iglesia emblema del país sudamericano

No es la tapa del New York Times o iniciativa de algún otro medio de comunicación. Es la Catedral de Lima (Perú), el sitio que se ha transformado en el mejor homenaje a las víctimas de la pandemia del coronavirus.

Es que en los últimos días se han reproducido diversos homenajes en diferentes países del mundo para recordar a las personas fallecidas por la pandemia. Y la imagen fuerte proveniente desde Perú no parece uno más.

LIMA
ERNESTO BENAVIDES | AFP

Es que verdaderamente impacta ver a esta famosa iglesia de sudamericana convertida en galería fotográfica con el rostro de los 6.500 fallecidos debido al nuevo coronavirus.

“En sus más de 400 años de historia, por primera vez la Catedral acogió las más de 5 mil intenciones por fallecidos que llegaron en la última semana y ocuparon las bancas, paredes y paneles de la Basílica”, señala un artículo publicado por el Arzobispado de Lima para hacer referencia a este contundente mensaje. “Médicos, bomberos, policías, militares, periodistas, historiadores, padres, madres, ancianos, niños, personas de todas las edades y estratos sociales, reunidos para ser despedidos simbólicamente en un acto de dignidad y reconocimiento a sus vidas”, se indica.

“Adentrar a alguien en nuestro corazón”

El homenaje se dio durante la fiesta del Corpus Christi y el encargado de contar los entretelones de la idea fue el propio arzobispo de Lima, monseñor Carlos Castillo.

“A través de un signo sencillo, queremos recordar el clamor de todo nuestro pueblo por no haber podido enterrar dignamente a sus muertos debido a las circunstancias que tenemos y las medidas de seguridad. Hoy queremos agradecer a Dios por la vida de todos ellos, bendecirlos y entregarlos al Señor en forma digna, humana y cristianamente”, expresó.

“Nos hemos reunido para recordar, y recordar significa volver a adentrar a alguien en nuestro corazón, y por eso hemos querido festejar esta Fiesta del Corpus Christi, porque Jesús dice – ‘hagan esto en recuerdo, en memoria mía’ – y el recuerdo es algo que nos transforma completamente”, prosiguió.

Para entender el resto solo basta seguir profundizando en las imágenes (hacer click en galerías):

LIMA


LIMA

Perú vs coronavirus

La batalla que se está librando en Perú contra el coronavirus parece muy difícil. En cuanto a cifras, este país sudamericano es actualmente el más afectado detrás de Brasil, epicentro de la pandemia en el continente.

Según los últimos reportes, Perú tenía cerca de 230.000 casos confirmados de coronavirus hasta este lunes 15 de junio, siendo más de 6.000 las personas fallecidas (como bien deja en claro el homenaje en la catedral).

No obstante, a pesar de tanto dolor, este país sudamericano también ha sido protagonista de maravillosas historias en medio de la pandemia. ¿Cómo olvidar al niño que se arrodillaba en la calle para suplicarle a Dios por el fin del coronavirus? ¿Y el primer cura con coronavirus en América Latina que salió triunfante de un hospital? 

Pablo Cesio - Aleteia Perú

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sábado, 25 de septiembre de 2021

Sacerdote con COVID-19: No se puede vivir una enfermedad sin la Eucaristía

 

A punto de morir, sacerdote enfrenta el COVID-19 de la mano de la Eucaristía…

Juan Carlos Romero nació en Niquinohomo, lleva 18 años como sacerdote y 10 años desde que llegó a su primera parroquia, que es la parroquia de Cristo Rey. Es sacerdote diocesano, de la arquidiócesis de Managua. Se hizo mundialmente famoso por una imagen celebrando la Eucaristía en el hospital, ingresado por Covid-19. Aleteia ha querido hablar con él para conocer su historia y su situación actual.

Padre Juan Carlos, ¿qué fue lo que pasó?, ¿quién le tomó la foto que se hizo viral por todos lados? Platíqueme un poco el contexto de por qué esa imagen.

Sí. Dentro de mi amor a la Eucaristía se me hace muy difícil no estar celebrando; y, en medio de lo que estaba pasando, sentí la necesidad de celebrar la Misa, también porque durante ese momento, ese intervalo, ese lapso de tiempo de esos días bastante grave, falleció mi abuelita, falleció mi hermana y ayer falleció un primo hermano mío también.

Me sentía, pues, en la necesidad de celebrar la Misa, acompañar a mi familia y unirme también a la intención que estamos teniendo por la salud del cardenal Leopoldo Brenes, por monseñor Mata, por tantos sacerdotes que también “estamos pegados”, como decimos los nicaragüense, y por mis fieles; también lo estaba haciendo por mis fieles que están sufriendo el látigo de este virus.

Unido en el dolor a la Virgen María

¿Cuándo se contagió, cómo se contagió y cuando se enteró? ¿Cómo ha sido esa noche oscura para usted de contagiarse del covid-19?

Yo creo que la palabra “noche oscura” es clave, porque en el fondo no supe cómo me contagié; simplemente estaba con mis fieles y en mis tareas de dar clase y de hacer mis mandados de un lado para otro; pero de pronto apareció la tos, después la fiebre. Y un gran amigo mío, don Donald McGregor, me dijo: “Padre, estos síntomas no están bien; quiero que vayas a chequearte porque no estás bien”.

Ya después me fui a chequear, me dio positivo y avisé a mis superiores de que estaba dando positivo. No quise ser irresponsable de continuar así con mis fieles y dándomela de Supermán. Quise ser muy responsable y decirle a los fieles: “Estoy pegado y necesito entrar en el proceso de recuperación, en el proceso de medicación”. Y eso es lo que hoy estoy haciendo. Cuando puedo y me siento con un poco más de fuerza estoy celebrando la Misa; pero, desde luego, siempre pido autorización.

¿Cuáles fueron los síntomas de esta enfermedad? ¿Qué información nos puede dar, ya que ha padecido en carne propia este contagio? ¿Cómo se sufre?

Yo considero que hay varias cosas muy importantes. Primero, que místicamente uno tiene que unir este dolor, este sufrimiento al sufrimiento de Cristo, a los sufrimientos de la Virgen María.

Creo que fue una gracia para mí llegar, vivirlo en dos días muy especiales: uno, en el día de la Santa Cruz, la exaltación de la Santa Cruz y, dos, vivirlo el día de la Virgen Dolorosa. Fueron dos días muy plenos que los quise ofrecer místicamente a los dolores del Calvario.

Segundo, es una enfermedad en la que se hace pasar la película de tu vida, tu antes y después; es saber que estás en las manos de Dios, ante el recurso farmacéutico que muchas veces no hay; estamos en un momento bastante difícil en la cuestión del oxígeno, y los médicos se están saturando y el medicamento se está escaseando.

Y, desde luego, los síntomas: tos, fiebre, desánimo, falta de apetito, dolores de cabeza…; y eso va creciendo conforme el tiempo va pasando: los días clave son entre el 9, 10 y 11, cuando la saturación la mantienes o se te baja, y ahí es donde entra la necesidad de oxígeno, del cual ahorita estamos bastante escasos.

El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó

¿Usted en algún momento pensó en la muerte o ha estado pensando en la muerte?

Sí. No te quiero negar que una cosa es hablar de la muerte desde el púlpito. Es fácil hablar de la muerte en una clase, es fácil hablar de la muerte cuando estás en Misa; pero hablar con la muerte es otra cosa.

Hablar con la muerte es saber que hay proyectos de por medio; que hay familia: tu mamá, tu papá, tus hermanos; que hay proyectos que tienes que dejar en tu parroquia… Todo aquello que nosotros podemos ver material. Y puede haber un momento en que la muerte se te convierta en una tristeza, en un miedo, en un terror.

Yo todavía estoy viviendo la secuela de pesadillas de sueño que me están dando a pesar del avance que estoy teniendo. Pero también, en algún momento clave, uno tiene que estar muy consciente: “El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó”; muy conscientes de que sólo somos unos turistas en esta vida y que en un momento va a llegar el tren a su destino y tenemos que bajarnos de ese tren y tenemos que saber qué es lo que llevamos en nuestra mano, qué hicimos en nuestra vida, cuál es el sentido que vimos en ese viaje en esta vida.

Es muy importante que nosotros, poco a poco, estemos preparados; porque, si no, creo que podemos enamorarnos mucho de las cosas materiales, y enamorarnos de las cosas materiales nos puede hacer muy difícil la agonía; creo que el Señor nos dio y que el Señor nos tiene que quitar las cosas.

No dejen solos a los enfermos

¿El contagio de covid ha sido lo más difícil de su vida, o ha habido otros momentos más complicados? ¿Hubo un momento de su niñez, de su infancia, adolescencia o del sacerdocio que haya sido tan complicado como éste? ¿Y considera que esto ha sido un momento de purificación ante los ojos de Dios?

Hay dos cosas que me ha tocado vivir en estos últimos 2 o 3 años. Primero, toda la etapa del 18 de abril..

¿Qué pasó el 18 de abril?

La parte política y social que vivimos un momento, en zonas donde había francotiradores, donde había miedo a un secuestro, miedo a una matanza. Eso fue el 18 de abril del 2018.

La segunda cosa que me ha tocado vivir además de esta enfermedad han sido acontecimientos más bien secundarios y que con la fe lo hemos superado; por ejemplo, nosotros tenemos como familia algo que nos pasa: que cuando muere un familiar de nosotros, va en cadena todo. Hace ya como 6 años se nos murieron 14 familiares, de muerte natural.

Pero aquí ha ido ya mezclado: familiares con covid, con enfermedades particulares, o vejez; pero creo que las pruebas siempre han estado ahí muy duras; creo que, cuando uno es amigo de Dios, hay que estar preparado porque Dios te prueba muy fuerte para ser un buen amigo. Dios es mi Amigo.

¿Cuál es su mensaje para aquellos que están pasando el trance tan difícil de estar intubados, de estar en cama padeciendo la enfermedad del covid, con dolores y falta de respiración? ¿Qué mensaje les da usted a partir de su experiencia? ¿Cómo pasar este este pasaje tan difícil para cada uno de los que están en cama?

Muy importante tu pregunta porque, en primer lugar, es una de las mayores crisis, una de las mayores crisis que uno pasa.

Hay que pedir a los familiares que no lo dejen solo a uno; la enfermedad te lleva una crisis muy grande y fuerte, y uno se siente solo. Por eso pido a los familiares que siempre estén con uno.

Segundo, como sacerdotes debemos de tener a una segunda persona a quién ser obedientes, y esa persona es el médico. Hay que ser obedientes al médico; no dejarse conceptualizar porque soy el líder, porque soy el sacerdote, porque yo mando; eso sería antipedagógico, antiético. Necesitamos ser obedientes a los médicos; una vez un médico me dijo que el peor paciente que puede tener un médico es un sacerdote, porque dice que los sacerdotes no obedecemos. Necesitamos obedecer y cuidarnos mucho aunque ya la oxigenación esté bien.

Y pedirle a la gente, a nuestros fieles, que, por favor, oren mucho por nosotros. ¡Oren mucho por nosotros! Necesitamos, a través de la oración, fortalecer el misterio de la Cruz desde la enfermedad.

Pedirle a nuestros fieles que sean más conscientes, más prudentes. Estamos muriendo, la humanidad está muriendo. No podemos andar sin mascarilla, no podemos nosotros andar sin mascarilla en zonas donde podemos contaminarnos o podemos contaminar; pero, ante todo, todos lo vamos a lograr si somos obedientes y ponemos nuestra fe.

Es hora de que el que es evangélico pueda orar; que el que es católico pueda rezar de rodillas; que el que tenga otro credo lo pueda hacer. Es unir todas nuestra fuerzas, nuestras creencias, nuestras esperanzas a un único Dios, y decirle al Señor: “Aquí estamos”; y que esto nos lleve al arrepentimiento.
Esta enfermedad, Chucho, no es solamente por tenerla; creo que el mundo necesita nacer de nuevo. Necesita nacer de nuevo, y lo vamos a hacer nosotros.

Necesitaba estar con mi Amigo

¿Por qué fue tan importante para usted celebrar la Eucaristía a pesar de sus fiebres, de su dolor, de su tos, de lo que padecía? ¿Por qué se sentaba usted al pie de la cama a celebrar? ¿Qué importancia o relevancia tenía para usted el sacramento de la Eucaristía?

No se puede vivir una enfermedad o una crisis humana sin la Eucaristía. Necesitaba estar con mi Amigo. Porque sé que mi Amigo estaba ahí. No sólo es creer en la Eucaristía, sino que es hacer presente a la Eucaristía.

No fue una foto con motivos de hacer propaganda; fue una foto normal, que se tomó para poder decirle a mi familia y a mis amistades que estaba ofreciendo la Misa también por sus dolores y enfermedades.

Fue sin ninguna intención de hacerla propaganda. Pero si eso sirvió para alentar y motivar a tantos hermanos del covid, pues qué bueno. Si eso fue por ego, no lo creo, pero pido perdón por eso. Aferrémonos a la Eucaristía; que esto nos lleve a saber que sin Cristo nosotros no somos nada, que Él es el Pan vivo.

¿Hay un antes y un después ante esta enfermedad que ha padecido? ¿Algo ha cambiado en usted?

Es tener una vida nueva. Se me ha pasado mucho la pregunta: “Señor; ¿qué quieres de mí?”.

Es como nacer de nuevo. Yo tenía mis proyectos: soy capellán del Hospital Metropolitano; celebro 8 Misas; los días 24 y 31 de diciembre hacemos jornadas para regalar juguetes en las montañas de Nicaragua; hacemos jornadas para dar comida, víveres, a los de la tercera edad… ¡Muchísimos proyectos! ¡Muchos, muchos proyectos!

Pero ya le hice la pregunta a Dios: “Dios, ¿qué quieres más de mí?”. Y, bueno, no me ha contestado, pero ya me lo irá diciendo en el camino. A Dios siempre hay que preguntarle.

Una bendición muy especial

Padre Juan Carlos, quisiera, para despedirnos, que nos diera una bendición especial para todos aquellos que están en riesgo de contagio o que ya están contagiados de covid 19; para que, a través de esta entrevista, les llegue esta bendición a todos.

Claro.

En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Padre, te damos gracias por la vida, por la existencia; gracias por lo que somos, Señor; por los sacramentos, por la fe.

En tus manos quiero poner a aquellos hermanos: mujeres, hombres, niños, jóvenes, adultos; a aquellos que creen y a los que no creen; te los pongo en tus manos para que Tú puedas sanar, para que Tú puedas liberar; para que Tú, Señor, puedas manifestarte, dar más oxígeno; para que pueda disminuir la inflamación de sus pulmones; para que su sangre no se esté coagulando.

Te pido, Señor, para que, ante todo, puedan mantenerse firmes en la fe; que se puedan mantener, Señor, al lado de sus familiares; que el calor humano no les falte; que la oración nuestra sea para ellos la fuerza, la fortaleza en medio de sus debilidades.

Bendice a estos hermanos que están haciendo este programa; te pido para que los protejas de todo contagio, que protejas a su familia; bendice a sus hijos, a su esposa; bendice, Señor, su trabajo. Y te pedimos que tu bendición se manifieste. Bendícelos a ellos en el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Jesús V. Picón, Aleteia

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