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lunes, 15 de agosto de 2022

¿Qué es la Asunción de la Virgen? ¿Qué celebramos hoy? ¿De dónde nace esta fiesta?

Todo lo que debes saber sobre esta importante fiesta mariana


El uno de noviembre de 1950 el Papa Pío XII proclama
el dogma de la Asunción de la Virgen María.

Una de las fiestas marianas más importantes en el calendario es la Asunción. Pero, ¿qué se celebra este día, qué pasajes evangélicos hacen referencia a esta celebración y cuáles son las fiestas más señaladas de este día?

Índice de temas sobre esta fiesta

-¿Qué se celebra en la Asunción?

-¿En qué fechas tiene lugar?

-¿Cuál es su trasfondo histórico?

-¿Cuándo y cómo se aprueba el dogma de la Asunción?

-¿Qué dice la Biblia y otras fuentes sobre la Asunción?

-¿Qué importancia tiene para los cristianos?

-¿Qué tradiciones se asocian a esta fiesta?

 

-¿Qué se celebra en la Asunción?

La Asunción, también llamada Assumptio Beatae Mariae Virginis (Asunción de la Bienaventurada Virgen María), es una solemnidad de la Iglesia Católica que celebra la elevación en cuerpo y alma de la Virgen María desde la vida terrena hasta el cielo. La Virgen no tuvo que padecer la corrupción de su cuerpo al llegar la hora de su partida y, a diferencia de su hijo Jesucristo, que ascendió al cielo, ella fue asunta. La Asunción está considerada un dogma para todos los católicos desde el año 1950.

-¿En qué fechas tiene lugar?

La fiesta de la Asunción en la Iglesia Católica tiene lugar cada año el día 15 de agosto. Es una fiesta fija en el calendario, por lo que siempre se celebra en esta fecha, sin importar el día de la semana en la que caiga.

Procesión de la Asunción.La fiesta de la Asunción de la Virgen tiene lugar todos los años el día 15 de agosto. 

-¿Cuál es su trasfondo histórico?

Las primeras referencias oficiales a la Asunción de la Virgen datan del siglo IV, cuando se celebraba la fiesta de El Recuerdo de María. Fue en el siglo VII cuando esta fiesta pasó a llamarse la Dormición o Asunción.

La doctrina de la Asunción de María se cree que comenzó a ser desarrollada en el siglo XII, cuando aparece el tratado "Ad Interrogata", atribuido a san Agustín, en el cual se aceptaba la asunción corporal de María. Tiempo después, Santo Tomás de Aquino y otros grandes teólogos declararían estar de acuerdo con este texto.

Sin embargo, el gran empujón para que esta fiesta se convirtiera poco a poco en lo que es hoy en día se lo dio el Papa San Pío V, en el siglo XVI. Fue en ese tiempo cuando reformó el Breviario, donde eliminó frases en las que se dudaba de la Asunción de María y las sustituyó por otras que defendían su elevación corporal. Fue otro Papa, Benedicto XIV, el que fomentaría en el pueblo cristiano la piedad a la fiesta de la Asunción

-¿Cuándo y cómo se aprueba el dogma de la Asunción?

Ya desde el año 1849 habían llegado hasta Roma las primeras peticiones de obispos solicitando que se reconociera la Asunción como parte de la doctrina católica. Sin embargo, tuvo que pasar casi un siglo para que el Papa Pío XII consultara sobre esta cuestión al episcopado, por medio de la carta Deiparae Virginis Mariae (1946). El resultado fue casi unánime, los obispos apoyaban que se declarara dogma la Asunción de la Virgen María.

El 1 de noviembre de 1950 se publicó la constitución apostólica Munificentissimus Deus en la que el Papa, basado en la tradición de la Iglesia católica, tomando en cuenta los testimonios de la liturgia, la creencia de los fieles guiados por sus pastores, los testimonios de los Padres y Doctores de la Iglesia y con el consenso de los obispos del mundo, declaraba como dogma de fe la Asunción de la Virgen María.

Texto de la Constitución apostólica Munificentissimus Deus:

"Por eso, después de que una y otra vez hemos elevado a Dios nuestras preces suplicantes e invocado la luz del Espíritu de Verdad, para gloria de Dios omnipotente que otorgó su particular benevolencia a la Virgen María, para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte, para aumento de la gloria de la misma augusta Madre, y gozo y regocijo de toda la Iglesia, por la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y nuestra, proclamamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado: Que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial".

La Asunción de la Virgen, de Francisco Botticini.La Asunción de la Virgen, de Francisco Botticini.

-¿Qué dice la Biblia y otras fuentes cristianas sobre la Asunción?

Aunque la Biblia no habla explícitamente de la Asunción de la Virgen, ni de su muerte física, hay elementos claros que la defienden. Un ejemplo es el salmo 131, 8: "Levántate, Señor, a tu reposo, tú y el arca de tu santificación". Como defiende San Alberto Magno, estas palabras fueron dichas figuradamente de María, quien es el arca de la santificación.

Otro pasaje que confirma la Asunción de la Virgen es el Apocalipsis de San Juan: "Entonces fue abierto el Templo de Dios, el que está en el cielo, y fue vista en su Templo el Arca de Su Alianza; y hubo relámpagos y voces y truenos y terremoto y pedrisco grande". Y, en una segunda cita: "Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas".

Los teólogos también consideran muy vinculado con la Asunción este pasaje del Cantar de los Cantares: "¿Quién es ésta que se muestra como el alba, hermosa como la luna, esclarecida como el sol, imponente como ejércitos en orden?". En la Biblia aparecen más asunciones, además de la de la Virgen, como las de Elías o Enoc. 

El Catecismo de la Iglesia afirma en su número 966 lo siguiente sobre la Asunción de la Virgen:

"Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo y enaltecida por Dios como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los señores y vencedor del pecado y de la muerte".

-¿Qué importancia tiene para los cristianos la Asunción?

Durante el rezo del Ángelus del día de la Asunción del año 2018 el Papa Francisco dijo lo siguiente:

"El cuerpo de la Madre ha sido preservado de la corrupción, como el del Hijo. Este día la Iglesia invita a contemplar este misterio que nos muestra que Dios quiere salvar al hombre por completo, alma y cuerpo. La asunción de María, criatura humana, nos da la confirmación de nuestro destino glorioso. La resurrección de la carne es un elemento propio de la revelación cristiana, una piedra angular de nuestra fe. La realidad estupenda de la Asunción de María manifiesta y confirma la unidad de la persona humana y nos recuerda que estamos llamados a servir y glorificar a Dios con todo nuestro ser, alma y cuerpo. Servir a Dios solo con el cuerpo sería una acción de esclavos; servirlo solo con el alma estaría en contraste con nuestra naturaleza humana. Nuestro destino, en el día de la resurrección, será similar al de nuestra Madre celeste".

El Misterio de Elche es una de las celebraciones más singulares de este día en España.

-¿Qué tradiciones se asocian a esta fiesta?

La fiesta de la Asunción es un motivo de celebración religioso y popular en todo el orbe católico. Son innumerables las ciudades y pueblos donde procesionan con María y le ofrecen todo tipo de homenajes. En este día la Virgen María se viste bajo distintos títulos y advocaciones en todo el mundo. En España destaca la fiesta de la Virgen de los Reyes de Sevilla, de la Virgen del Sagrario en Toledo, de la Virgen de Prado en Ciudad Real, de la Virgen de la Paloma en Madrid y de la Virgen de Begoña en Bilbao. La Asunción es también la fiesta principal de Elche, con su célebre Misterio.

Dándole nombre a la capital de Paraguay, la Asunción es una fiesta muy importante para toda América. En la región de Yucatán, en México, sus habitantes salen a las calles para celebrar a La Pobre de Dios. En Guatemala, pasean una aparatosa plataforma con la Virgen por los alrededores de la catedral. Mientras que en Ohio (EE.UU) se organizan todo tipo de entretenimientos, comidas y música por las calles.

Ya en Europa, en Malta sus habitantes terminan el día de la fiesta de la Virgen de Mosta con un espectáculo de fuegos artificiales. En Francia, la celebración de la Asunción cuenta diferentes procesiones.

Juan Cadarso, ReL

Vea también      La Asunción de la Virgen María al cielo con cuerpo y alma - San Juan Pablo II





sábado, 11 de agosto de 2018

¿Tiene Fe?

tener fe


«Auméntanos la fe» (Lc 17,5)

La palabra «fe» es única en cuanto vocablo, pero tiene una doble significación. En efecto, hay un aspecto de la fe que se refiere a los dogmas; se trata del asentimiento sobre alguna verdad dada. Este aspecto de la fe es provechoso al alma, según dice el Señor: «El que escucha mis palabras y cree en el que me ha enviado, tiene la vida eterna» (Jn 5,24)...

Pero hay un segundo aspecto de la fe: es la fe que nos es dada, gratuitamente, por Cristo como un carisma, como un don espiritual. «Uno recibe del Espíritu el hablar con sabiduría; otro, el hablar con inteligencia, según el mismo Espíritu. Hay quien, por el mismo Espíritu, recibe el don de la fe; y otro, por el mismo Espíritu, don de curar» (1Co 12, 8-9). Esta fe que nos es dada como una gracia por el Espíritu, no es solamente la fe dogmática, sino que tiene el poder de realizar aquello que sobrepasa a las fuerzas humanas. El que posee esta fe, dirá a esta montaña: «Desplázate de aquí a allá, y se desplazará». Porque cuando se pronuncia una palabra con fe «no con dudas sino con fe en que sucederá lo que dice» (Mc 11,23), entonces recibe la gracia de verlo realizado. Es hablando de esta fe que se dice: «Si tenéis una fe como un grano de mostaza». En efecto, el grano de mostaza es muy pequeño pero posee una energía de fuego; simiente minúscula, se desarrolla hasta el punto de que extiende sus largas ramas y puede incluso albergar a los pájaros (Mt 13,32). De la misma manera la fe actúa en el alma haciéndole realizar grandes gestas en un abrir y cerrar de ojos.

Cuando un alma es iluminada por la fe, hace presente a Dios y le contempla tanto cuanto es posible. Abraza hasta los límites del universo y, antes del final de los tiempos, ve ya realizado el juicio y cumplidas las promesas.

San Cirilo de Jerusalén (313-350)
obispo de Jerusalén, doctor de la Iglesia
Catequesis bautismales 5, 10-11; PG 33, 518-519


 tener fe














lunes, 30 de enero de 2017

El Papa: El sucesor de San Padro



Misión del Papa en la Iglesia


141 ¿Cuál es la misión del Papa?

Como sucesor de san Pedro y cabeza del colegio episcopal, el PAPA es el garante de la unidad de la Iglesia. Tiene la potestad pastoral suprema y es la autoridad máxima en las decisiones doctrinales y disciplinares. [880-882, 936-937


Jesús otorgó a Pedro una primacía única entre los APÓSTOLES. Esto le convirtió en la autoridad suprema de la Iglesia primitiva. ROMA, la Iglesia local al frente de la cual estaba Pedro, y el lugar de su martirio, se convirtió después de su muerte en la orientación interior de la Iglesia naciente. Toda comunidad debía estar de acuerdo con Roma; ésta era la regla de la fe recta, plena y apostólica. Hasta nuestros días, todo OBISPO de Roma, como Pedro, es el supremo Pastor de la Iglesia, cuya verdadera Cabeza es Cristo. Sólo en esta función es elD PAPA el «Vicario de Cristo en la tierra». Como autoridad suprema pastoral y doctrinal, vela por la transmisión auténtica de la fe. Si es necesario debe retirar el permiso de enseñanza o suspender a ministros ordenados en casos de faltas graves en su ministerio en cuestiones de fe y moral. La unidad en cuestiones de fe y moral, que está garantizada por el MAGISTERIO, al frente del cual está el Papa, constituye una parte de la capacidad de resistencia y del atractivo de la Iglesia católica.


El Papa representa a Cristo


142. ¿Pueden los obispos actuar y enseñar en contradicción con el Papa? ¿O el Papa contra los obispos?
Los  OBISPOS no pueden actuar ni enseñar contra el  PAPA, sino únicamente junto con él. El Papa, por el contrario, puede, en casos claramente determinados, tomar decisiones sin el acuerdo de los obispos. [880-­890]

No obstante, el PAPA en sus decisiones está sujeto a la fe de la Iglesia. Existe algo así como el sentido general de la fe de la Iglesia; una convicción fundamental en asuntos de fe, presente en toda la Iglesia y obra del Espíritu Santo, por así decir, el sentido común de la Iglesia, es decir lo que «ha sido creído siempre, en todas partes y por todos» (san Vicente de Lérins).



143. ¿Es realmente infalible el Papa?
Sí. Pero el PAPA sólo goza de esta infalibilidad cuando proclama con un acto definitivo la doctrina en cuestiones de fe y moral. También las decisiones magisteriales del colegio episcopal en comunión con el Papa pueden tener carácter infalible, por ejemplo las decisiones de un Concilio Ecuménico cuando proponen una doctrina como definitiva. [888- 892]
La infalibilidad del PAPA no tiene nada que ver con su integridad moral ni con su inteligencia. Infalible es en realidad la Iglesia, pues Jesús le ha prometido el Espíritu Santo, que la sostiene en la verdad y la introduce en ella cada vez más profundamente. Cuando una verdad de fe evidente es negada o tergiversada de repente, la Iglesia debe tener una última palabra que exprese de forma vinculante lo que es verdadero y lo que es falso. Esta palabra es la del Papa. Como sucesor de Pedro y primero de los OBISPOS, tiene el poder de formular la verdad cuestionada según la tradición de la fe de la Iglesia, de tal modo que se presente a los fieles para todos los tiempos como «segura para ser creída o mantenida de manera definitiva». Un caso particular de esto se da cuando el Papa proclama un dogma. Por eso un dogma no puede nunca tener un contenido «nuevo». Un dogma se proclama muy raramente. El último es de 1950.


 Misión del Papa en la Iglesia



* El texto (pregunta y respuesta) proviene del Youcat = Catecismo para Jóvenes. Los números que aparecen después de la respuesta hacen referencia al pasaje correspondiente del Catecismo de la Iglesia Católica que desarrolla el tema aún más. Basta un clic en el número y será transferido. 



lunes, 23 de enero de 2017

¿Es bueno para un cristiano meditar sobre el infierno? Depende: ¿le lleva a amar más?


«Maranatha», del padre Spidlik, sobre la vida después de la muerte


 el carro de heno

La Iglesia respira con dos pulmones, Oriente y Occidente, recordaba San Juan Pablo II, refiriéndose a toda la sabiduría que aportan las comunidades cristianas orientales en sus distintas tradiciones y liturgias. Monjes, escritores y filósofos, santos y mártires y el sentir popular de los cristianos de Oriente tienen mucho que decir al cristiano de hoy.

Un autor que siempre ejerció de puente entre ambos “pulmones” fue el jesuita moravo Tomás Spidlik, sabio profesor del Pontificio Instituto Oriental, fallecido en 2010. Ahora la editorial Ciudad Nueva publica en español su libro de 2007 Maranatha. La vida  después de la muerte, con interesantísimos capítulos dedicados al Juicio Final, al Purgatorio, al Cielo, el Infierno, la Resurrección, la Vida Eterna y el sentido de la Cruz. Es decir, a esos temas que interesan a todo hombre -puesto que todos moriremos, y mueren nuestros seres queridos- pero que no suelen comentarse en las homilías.

Los romanos son juristas; pero Oriente respeta el Misterio 
Mientras la Iglesia de tradición latina ha heredado de los antiguos romanos una mentalidad jurídica, que busca normas, reglamentos y disposiciones muy estructuradas y codificadas, las Iglesias orientales, sean de tradición griega, egipcia o siríaca, siempre han sido más rápidas en asumir que las cosas de Dios son misteriosas, que son más para contemplar que para definir y que ciertas expresiones muy tajantes no son adecuadas para lo que está Más Allá, especialmente en la Otra Vida.

Un ejemplo lo vemos en cómo Spidlik recoge diversas consideraciones sobre el infierno, contrastando algunas intuiciones de Oriente con las de Occidente.

¿Pensar en el infierno? Sí, pero...
Los monjes ascetas de Oriente, que buscaban purificarse del mal con su vida monástica extrema, recomendaban pensar en el infierno al levantarse y al acostarse. Pero lo hacían con un objetivo muy concreto, explica Spidlik: debía suscitarse así el “temor de Dios”, y al avanzarse en la vida espiritual eso debía llevar a un amor de Dios. “El temor se transforma en amor, el llanto en alegría inefable, en sentimiento de gratitud por la liberación de los peligros. San Antonio Abad podía decir: ‘ya no temo a Dios’.”

Algo similar le pasó a Santa Teresa de Ávila: la visión que Dios le dio acerca del infierno le enseñó, decía ella, a soportar con paciencia las dificultades presentes, a tener más celo por la salvación de los demás y a estar agradecida por haber visto “de dónde me había librado Su misericordia”.

Spidlik afirma que las visiones de predicadores como San Pablo de la Cruz o Santa Francesca Romana “no se pueden argumentar como pruebas en argumentaciones teológicas” y que la Providencia las permitió “para suscitar un temor saludable, un motivo para convertirse”.

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El cardenal Spidlik deslinda en "Maranatha". La vida después de la muerte los beneficios y riesgos espirituales de la meditación sobre el infierno.

Lo que sirve a unos santos no sirve a otros
Pero Spidlik explica que esto, que sirve a algunos santos, no funciona para otros. Pone el ejemplo de Santa Teresita de Lisieux, Doctora de la Iglesia.

 “Meditar sobre el infierno depende de la disposición personal y el modo de hacerlo no puede ser generalizado”, escribe Spidlik. “Las meditaciones habituales que proponían en el convento [sobre el infierno] no convenían a Santa Teresa del Niño Jesús, que practicaba una espiritualidad de confianza amorosa en Jesús. La predicación sobre el infierno la afligía tanto que, según el testimonio de la superiora, habría muerto si se hubiera perpetuado en ese estilo”.

Spidlik señala que el método clásico es que el temor, al madurar el progreso espiritual, lleve al amor, pero “no es bueno darle la vuelta al camino y volver al esquema de arriba abajo”, es decir, quien ya vive confiado en este amor, no tiene sentido que descienda al temor.

El infierno no es como la pena de un tribunal 
Spidlik repasa algunas concepciones sobre el infierno. No le convence la visión “judicial” que tienen muchos y que por ello la rechazan. “Se imagina el castigo divino igual que una pena impuesta por un juez en un tribunal profano, que podría ser intercambiada por otra”, dice, considerándolo una “falsa premisa”.



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Icono del descenso de Cristo a los infiernos (el limbo de los justos) tras la Resurrección.

Spidlik ve más sentido en la intuición (que comparte, por ejemplo, C.S.Lewis) de que Dios está hecho de un mismo fuego de amor: a quien le ama y acepta, este fuego le vivifica; a quien se niega a aceptarlo, le daña.

La visión de Dios como fuego es muy común en la liturgia oriental y en autores como San Efrén de Siria. “Recibe el carbón ardiente” se dice en la liturgia oriental al repartir la comunión. Y María es la zarza ardiente, como aparece en muchos iconos: llena del fuego de Dios, pero no se consume. También el hombre debe ser así.El que no ha sido transformado por el Espíritu, se quema (sufre) en este fuego.

Un amor bueno... que los malos experimentan mal  
¿Cómo puede un amor bueno, un fuego de bondad, dañar a alguien? Puede, si es malo. El ejemplo de manual que da Spidlik es el de un marido infiel que una y otra vez engaña a su esposa y vuelve a casa, y ve que la esposa, pese a saberlo, le acoge con amor, intenta amarle más y mejor, y perdonarle… y todo ese amor y perdón de su esposa al marido le duele, le da rabia, reacciona con más maldad. “Esta analogía psicológica ayuda a comprender cómo un fuego de amor puede provocar un fuego de furia dolorosa”. Que es lo que vivirían los condenados.
  
Así, san Isaac de Siria, místico del siglo VII, escribe: “Yo digo que quienes sufren en la gehena [el infierno] son atormentados por los sufrimientos del amor, es decir, donde han sentido que han faltado en el amor, más que por los tormentos causados por el temor”.

Condenación "eterna" no significa "mucho tiempo"
También reflexiona sobre la idea de que la condenación en el infierno es eterna. ¿Es justo que para maldades limitadas en el tiempo y el espacio se decreten castigos eternos?

Spidlik recuerda que la eternidad no es “mucho tiempo”, que no es tiempo en absoluto. Desde luego, no es “un tiempo que se prolonga indefinidamente”. Es más bien el hecho de que Dios, desde su eterno presente, ve cada hecho, cada bien y cada mal, vivo, indeleble. El que se salva, desde el cielo, ve que cada obra buena y cada momento de arrepentimiento que vivió, siguen ahí, con valor eterno.

Pero ¿qué ve el condenado? Ve siempre su mal.

El sacerdote, científico y filósofo ruso Pavel Florenski reflexiona sobre la condición del condenado, no con argumentos, sino con un sueño que tuvo: el condenado está en una oscuridad, “el borde del Ser Divino, más allá del cual hay una nada absoluta. Quería gritar y no podía, un instante más y sería la aniquilación suprema”. Pero no llega esa aniquilación: está siempre en ese borde. Puede imaginarse que es el “estado” más lejano posible a donde “está” Dios.

El Cristo de los iconos no es el de Miguel Ángel
Spidlik también contrasta el Cristo de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel, del siglo XVI, que arroja a los condenados al infierno, con el Cristo de los iconos cristianos orientales, que desciende del Cielo, glorioso, tendiendo su mano a los que están en el abismo de la tumba, a los que caen hacia el infierno.




El Juicio Final de Miguel Ángel, en la Capilla Sixtina, con los condenados al infierno en la parte inferior.


 Infierno juicio final capilla sixtina
 “Su prototipo es el Buen Ladrón, que fue crucificado junto a Cristo y ahora se encuentra en el paraíso. Pero si, a pesar de tanto amor divino, hay tozudos que rechazan la mano tendida del Salvador, son ellos los que han elegido para sí mismos la segunda muerte”.
   
Spidlik previene, finalmente, en este capítulo sobre el infierno: “Es mejor no escudriñar más en el misterio del mal, que siendo esencialmente negativo, es inexpresable con conceptos positivos”. De nuevo, el Misterio es más para contemplar que para definir y codificar.