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domingo, 22 de marzo de 2026

«¿Vamos a bajar a los infiernos o no?» La pregunta de las religiosas en «Las locas del obelisco»

El director Pablo Moreno y el actor Javier Godino (padre Méndez) revelan los rasgos artísticos y espirituales de su película.

Mariana Allsopp (Paula Iglesias) y el padre Méndez (Javier Godino) preparan la fundación de las trinitarias de Madrid para sacar chicas de la prostitución

Mariana Allsopp (Paula Iglesias) y el padre Méndez (Javier Godino) preparan la fundación de las trinitarias de Madrid para sacar chicas de la prostituciónSTELLARUM FILMS




    Una historia de fe, esperanza y superación en los cines españoles al acercarse Semana Santa: Las locas del obelisco, la historia de Mariana Allsop, la aristócrata que fundó las trinitarias de Madrid para rescatar a mujeres de la prostitución en el Madrid del siglo XIX.  

    El director Pablo Moreno y Stellarum Films aplicaron su experiencia contando historias de ese siglo en España, con sus instalaciones de "Rodriwood" (en Ciudad Rodrigo), con atrezzo, trajes, objetos. Pero había un reto: no parecerse demasiado a La Sirvienta (2023, Mejor Película Mirabile Dictu), que contaba la historia de Santa Vicenta María, otra santa que en Madrid trabajaba con chicas del servicio doméstico.

    "Son complementarias", explica Pablo Moreno a ReL, refiriéndose tanto a las dos religiosas como a las películas. "Las religiosas de María Inmaculada hacían más prevención, y las trinitarias hacían más bien rescate. Vamos completando un puzle del gran rostro de la Iglesia: cuantas más películas hacemos, más grande nos parece, con toda su historia de denuncia y testimonio".

    Una diferencia con películas previas es que toda la trama sucede en el siglo XIX, sin incursiones en nuestra época moderna. "En esta película queríamos hacer la trama de las dos hermanas, que se basa en miles de historias reales similares. Eran chicas que llegaban del campo. Para poder explicar su sufrimiento y dureza había que contar la historia de una decisión: ¿vamos a bajar a los infiernos, o no? Era su carisma. Roma no quería que las religiosas fueran a esos lugares. Hablamos de la vocación de Mariana Allsop, pero también del carisma de las trinitarias".

    En lo visual, la película es muy pictórica, como una galería de cuadros de Caravaggio. Pablo Moreno dice que es intencionado. "Queríamos ese contraste: un tema truculento, pero presentado con gran belleza formal, visual. Dios está en la belleza, hasta en los sitios más oscuros. Hacer de cada fotograma un cuadro es una forma de mostrar la presencia de Dios", explica el cineasta.

    Chicas del campo llegan a la ciudad y son engañadas... fotogramas muy pictóricos, como de pintura romántica o realista

    Chicas del campo llegan a la ciudad y son engañadas... fotogramas muy pictóricos, como de pintura romántica o realistaSTELLARUM FILMS

    Eso implica un lenguaje del color. "Nuestro figurinista, Nacho Pérez, y la sastra María Josefa García, hicieron un trabajo semiótico para hablar con el color. Saturamos los colores de la clase alta. Mariana, joven rica, va con colores estridentes, verdes, azules. Luego cambia hacia la sobriedad", revela el director.

    Tormentas del alma: romanticismo y deseo de bien

    La película se ambienta en pleno romanticismo y la climatología, con sus lluvias y tormentas, expresan cosas de las almas. "Ella decía en sus cartas: 'hay una tormenta en mi interior a punto de desatarse'. Nosotros mostramos esas tormentas visualmente. Los que han leído su biografía novelada, Pasión de Libertad, reconocen esa tormenta".

    Los guionistas, como siempre, tienen que adaptar los datos históricos al ritmo de una película. "Mariana Allsop tiene que elegir: ¿casarse o dedicarse a ayudar a chicas? En la vida real fue un proceso largo. Pero en la película la concentramos. Sabemos que había un joven casadero que la rondaba. No sabemos su nombre, nosotros lo llamamos Rodrigo. Pero ella no quiso esa vida convencional", explica Moreno.

    Pablo Moreno admite además que "queríamos ver a Assumpta Serna en un papel más oscuro". Es la madame que recoge chicas y las introduce en la prostitución. "Ella cree que hace un cierto bien, que apoya a las chicas... pagando un precio. Vemos que protege algo a la menor. En general, queremos evitar el maniqueísmo total, cada personaje tiene su fondo".

    A Mariana la acompaña y alienta el padre Francisco Méndez. "Es, digamos, el Gandalf de la historia: sacude la vida de la protagonista y la lleva a la aventura. Hacemos la película cuando se cumplen 100 años de su muerte, pero el padre Méndez se parece a San José en que sabe ponerse a un lado. Es una historia de mujeres que salvan a mujeres. El padre Méndez tenía otra fundación, un apostolado con golfillos de la calle, el Porta Caeli", explica el director.

    El padre Méndez (Javier Godino) alimenta a golfillos del Madrid del siglo XIX en Las Locas del Obelisco

    El padre Méndez (Javier Godino) alimenta a golfillos del Madrid del siglo XIX en Las Locas del ObeliscoSTELLARUM FILMS

    De Hollywood al padre Méndez

    Al padre Méndez lo interpreta Javier Godino, un actor español que ha trabajado en Hollywood, incluyendo Sound of Freedom. "Al principio pensamos en él para que hiciera del matón, pero él nos dijo que le atraía el papel del padre Francisco", explica Moreno.

    Javier Godino habla con ReL y admite que en tiempos recientes ha crecido su interés por los papeles religiosos.

    "El padre Méndez era un hombre muy hombre, en cierto sentido", explica el actor. "Me recordó a mi padre, que es un hombre muy creyente. Mi familia paterna tiene una fe bonita y austera. Pensé en cómo mi padre se dedica generosamente a su familia. Su fuerza constante es estar al servicio de los demás de forma dedicada. Me inspiré en él".

    "Las trinitarias me miraban y decían 'veo al padre Francisco en ti'. Eso te hace sentir como un instrumento de algo grande", comenta.

    Javier Godino leyó la biografía que publicó en 1993 Joaquín Martín Abad, canónigo en la Almudena y capellán del monasterio de la Encarnación, titulado, sencillamente, Francisco Méndez Casariego. También visitó la habitación del sacerdote que conservan las trinitarias en Porta Caeli.

    "Yo ahora vivo en Madrid, en Ópera, cerca de los lugares del padre Méndez. En el Monasterio de la Encarnación fue su despertar espiritual, ya siendo cura. Ahí tuvo su visión social. Iba a las cárceles y se hizo famoso entre las señoras ricas como 'demasiado atrevido'. Yo creo que sabía manejarse bien en la clase alta, su padre era pintor de burgueses y aristócratas. Pero al padre Francisco le dolía ver a las prostitutas junto a los cuarteles militares. Sabía que necesitaría mujeres para hacer su obra. Primero intentó que su hermana la impulsara, pero ella entró en clausura. Y Mariana Allsopp ya tenía esa vocación incluso desde antes. Con Mariana hizo las Constituciones de la comunidad. Yo, como actor seguí el guion, que está muy trabajado".

    No es la primera vez que interpreta un personaje religioso. En la película sobre Ignacio de Loyola de Paolo Dy, de 2017, encargada por los jesuitas de Filipinas, interpretó al primo "golfo" del joven San Ignacio. Pero luego, durante la pandemia, interpretó al mismo San Ignacio en Íñigo, "un peliculón de Imanol Rayo, donde soy el único actor; hay un plano de 15 minutos, yo soy Ignacio, paseando en la naturaleza, cojo por la herida de guerra, antes de ir a Manresa, en Loyola..."

    "Ignacio tiene algo de ese padre Francisco, por su entrega. Pero era militar, era más de dar órdenes. El padre Francisco era más de servir", considera Javier Godino.

    El actor ha disfrutado trabajando en Stellarum Films. "¡En Rodriwood tienen un barco y todo! Y hay buen rollo. He hecho muchas películas en un entorno infeliz, lleno de gente que manda y punto. Cada vez lo soporto menos. Aquí es más horizontal. Pablo Moreno, el director, cuida a todo el mundo, es cariñoso, y hay comunicación entre todos. Hace mucho por los actores. Creo que con esta película he sanado algo de mi relación con el arte, vuelve a ser más una pasión, como en mi adolescencia. Ahora estoy en un musical sobre Francisco de Goya, que va de gira por España".

    Pablo J. Ginés, ReL

    Vea también    ¿Por qué existe el infierno?...




    domingo, 16 de marzo de 2025

    Hay cielo e infierno de verdad

    El Infierno de Dante, de Bartolomeo de Fruosino (c. 1366-1441).

    El Infierno de Dante, de Bartolomeo de Fruosino (c. 1366-1441).

    Jesucristo nos advierte claramente en diversos pasajes evangélicos de la posibilidad real de la condenación, del infierno. Por ejemplo, cuando dice: “¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?” (Mt 16, 21).

    En otro pasaje evangélico, es taxativo: “Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la gehenna. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la gehena” (Mt 5, 29-30). Ciertamente, no hay que tomarse literal eso de sacarse el ojo o cortarse la mano, pero Jesús nos invita a luchar firmemente contra el pecado (que muchas veces entra por el cuerpo, aunque tenga su raíz en el corazón), porque, si no, nos dice que las consecuencias son muy serias.

    Y es que algunas veces tenemos la concepción de Dios como alguien tan bueno que lo hacemos casi tonto y creemos en una cosa que, en sí misma, resulta injusta: que todos vamos a ir al cielo (algunos creen que a la nada), de modo que el mayor criminal y el mayor santo de esta tierra compartirán el mismo destino después de la muerte (esto es, o el cielo o la nada).

    Entonces da lo mismo ser bueno que ser malo, hacer obras buenas que malas, porque, total, o no hay nada tras la muerte o, si lo hay, todos nos salvaremos. Da igual que me pase la vida haciendo el bien que fastidiando a los demás, siendo inaguantable, egoísta, etc., porque, finalmente, todos nos iremos de rositas. Guay del Paraguay. No hace falta que me esfuerce por mejorar; solo tengo que dejarme llevar. En esta visión, convertimos a Dios en un relativista, al que le son indiferentes nuestros actos buenos o malos y al que, por lo tanto, no ofendemos nunca. Craso error. Estaríamos más ante un Dios Abuelo y no ante un Dios Padre que nos educa, en feliz expresión que varias veces he escuchado al fallecido sacerdote y teólogo navarro José Antonio Sayés.

    La mencionada visión, desde una lógica humana, constituye una soberana injusticia, porque no es lo mismo esforzarse por amar a Dios y a los demás que no hacerlo, hacer todo lo contrario o pasar por esta vida de modo egoísta, máxime si lo hacemos pisando a los demás.

    Ahora bien, no podemos atribuir a Dios una injusticia. Precisamente porque Dios es muy bueno, tiene que ser justo, porque alguien injusto no puede ser bueno. El injusto es malo por definición.

    Eso sí, en Él es una justicia regulada por su misericordia, pero no nos engañemos: si no nos arrimamos en esta vida a su misericordia, en algún momento tendremos que pasar por su justicia, al haber rechazado o al no haber acogido aquella con los medios dispuestos por Él (sacramento de la Confesión: “A quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”, Jn 20, 19-23).

    La frase “¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?” cambió la vida de San Ignacio de Loyola y de San Francisco Javier. ¿Va a cambiar también la tuya? Sería bueno que empezara a hacerlo desde ya. Y si no es esa, cualquier otra frase de la Biblia o un encuentro personal con Dios que tienes que propiciar poniéndote a tiro de su gracia, por la oración, los sacramentos, un retiro, etc. Te aseguro que no te arrepentirás.

    Miguel Ángel Irigaray Soto, ReL

    Vea  también       Cielo: felicidad de amar, infierno: el fracaso definitivo





















    martes, 5 de marzo de 2024

    El sueño de Don Bosco sobre el infierno y cómo escapar de él

     

    Wizja piekła księdza Jana Bosko


    La Biblia y las historias de muchos conversos atestiguan cómo Dios puede hablar en el sueño. San Juan Bosco tuvo muchos, algunos de ellos proféticos

    Los sueños fueron muy útiles a Don Bosco para explicar las verdades de la fe a los muchachos a su cargo, a los que trataba de guiar por el camino del bien. Tal es el famoso sueño sobre el infierno que contó a los muchachos del Oratorio el 3 de mayo de 1868.

    Una noche, apenas Don Bosco se había dormido, se le apareció un ángel que lo condujo por un camino ancho y cómodo, rodeado de magníficos setos verdes cubiertos de rosas. Delante de él, Don Bosco vio a los jóvenes del Oratorio, todos reconocibles e identificables.

    Corriendo hacia el santo sacerdote, algunos de ellos parecieron tropezar y caer de repente. Fueron arrastrados por una fuerza misteriosa pendiente abajo hasta la boca de un terrible horno.

    El sueño y las trampas terribles

    Asustado por este espectáculo, Don Bosco descubrió lazos en el suelo, peligrosas trampas que capturaban firmemente a sus presas. A la orden del ángel, siguió una de las cuerdas hasta la abertura del abismo. Tirando de ella con todas sus fuerzas, sacó del horno un monstruo repugnante, un demonio. La criatura del infierno agarró todos los lazos con sus uñas, y tiró frenéticamente en cuanto un niño quedó atrapado, para arrastrarlo al infierno.

    Mirando atentamente los lazos, Don Bosco descubrió que cada uno tenía un nombre: el lazo del orgullo, el lazo de la desobediencia, de la envidia, de la impureza, del robo, de la gula, de la ira y de la pereza.

    Observó que los lazos más peligrosos, los que más rápidamente conducían a los niños al infierno, eran los lazos de la deshonestidad, de la desobediencia y, sobre todo, del orgullo. Había también un lazo particularmente formidable, una trampa terrible en la que casi todos los jóvenes caen alguna vez. Su nombre: respeto humano, es decir, la falta de voluntad para hacer lo que es correcto por miedo a lo que los demás pensarán de ti, en otras palabras, querer el respeto de los demás antes que nada.

    Los medios de escape

    Afortunadamente, tirados en el suelo junto a estos lazos había cuchillos y espadas. Algunos niños los cogieron y cortaron firmemente los lazos del pecado. Estos instrumentos de salvación tenían nombres: «Comunión frecuente», «meditación», «devoción a la Virgen» y, sobre todo, la maravillosamente eficaz «confesión». Gracias a estas ayudas, varios muchachos lograron liberarse definitivamente de sus ataduras. Desgraciadamente, muchos otros siguieron atrapados.

    Fue un espectáculo estremecedor para el santo sacerdote, que reconocía a cada uno de los muchachos que desaparecían con aullidos de espanto. En cada ocasión, quiso precipitarse e intentar sacar de nuevo a los desafortunados muchachos, pero el demonio le contuvo, explicándole que estos chicos habían recibido todas las advertencias necesarias.

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    Por su sueño, don Bosco ayudó a los niños a salvarse de infierno.

    Una advertencia

    Este sueño puede parecer duro, incluso violento. Pero, por el contrario, era un signo de la gran bondad de Dios. Estaba explicando y advirtiendo mientras aún había tiempo. Ninguno de los niños que Don Bosco vio caer al infierno estaba realmente allí, ya que todos estaban todavía muy vivos. Al revelar qué chicos corrían el riesgo de sufrir una grave caída, Dios permitió al santo sacerdote ayudarles.

    Esta visión ayudó a Don Bosco a explicar las «últimas cosas» a sus protegidos. Les ayudó a comprender la importancia de la confesión, del arrepentimiento sincero y de la devoción a la Virgen María, que siempre está presente para apoyar los esfuerzos sinceros de quienes buscan liberarse de las cadenas del pecado.

    Thérèse Puppinck, Aleteia 

    Vea también     El Infierno: alejarse eternamente de Dios


    domingo, 29 de mayo de 2022

    ¿Estás preparado para morir ahora y estar con Cristo? 10 consejos prácticos para el gran momento


     

    “El momento más importante de nuestra vida es, indiscutiblemente, el momento en que morimos. La forma en que muramos determinará para toda la eternidad nuestro destino eterno: ¡salvados o condenados, en el cielo o en el infierno! No existe otra posibilidad”, explica el padre Ed Broom, religioso oblato y especialista en divulgación de temas de espiritualidad.

    Los grandes santos a lo largo de la historia han predicado mucho sobre la Escatología, meditando sobre la muerte, el juicio final, el cielo, el infierno, el purgatorio y sobre la eternidad. El padre Broom recuerda que San Alfonso de Ligorio, doctor de la Iglesia, llegó a escribir una obra maestra espiritual que llevaba un título de lo más revelador, Preparación para la muerte.

    Pero es el mismo Cristo el que predicó constantemente sobre ello. Los Evangelios están repletos de las exhortaciones de Jesús en las que pide estar preparado.

    Habló de la muerte comparándola con el ladrón en la noche o hablando de los amigos desprevenidos del Esposo. Jesús utilizó también la imagen del agricultor rico que construye un granero más grande, pero fue sorprendido por la muerte esa misma noche.

    “En términos muy claros, Jesús nos advierte recurrentemente que debemos estar preparados para nuestra propia muerte, porque no sabemos ni el día, ni la hora, ni el modo en que el fantasma de la muerte llamará a la puerta de nuestras vidas”, añade este sacerdote.

    Santa Catalina de Sienta, otra gran doctora de la Iglesia, lo explicó también de forma formidable: “Los dos momentos más importantes de nuestra vida son los siguientes: ahora y en la hora de nuestra muerte”.

    Para estar preparado para la muerte, Ed Broom ofrece con sus propias palabras 10 consejos prácticos para prepararse para este momento, aunque "no sabemos ni el día ni la hora”:

    Preparados para encontrarse con el Señor Jesús

    1. Vive cada día como si fuera el último

    Cada mañana cuando te despiertes da gracias a Dios y reza tu oración de la Mañana. Pero luego reflexiona sobre la posibilidad real de que éste sea el último día de tu vida. Vive cada día que Dios te ha dado como un regalo, como si realmente fuera a ser tu último día. Eso significa en concreto hacer todo para agradar a Dios. Como dice San Pablo: “ya sea que comas o bebas, hazlo todo para el honor y la gloria de Dios”.

    2. Huye del veneno

    Las dos peores cosas que podrían ocurrir en nuestra vida serían cometer un pecado mortal, pero peor sería morir en estado de pecado mortal. Visualiza el pecado, especialmente el pecado mortal como un veneno. Lo que el veneno es para el cuerpo, así es el pecado mortal para el alma: ¡es fatal y mortal!

    Sacerdote confesando a una joven

    3. Arrepentirse y convertirse

    Si de hecho nos encontramos en el estado de pecado mortal, entonces debemos esforzarnos con todo nuestro ser y la fuerza de nuestra voluntad para salir de ese estado. ¿Cómo? Primero pedir la gracia de hacer un acto de contrición perfecto; luego, cuanto antes, recurrir a hacer una confesión sacramental bien preparada. Una vez hecho, hemos vuelto al estado de gracia santificante y de amistad con el Señor Jesús.

    4. Meditar a menudo sobre los Novísimos

    En efecto, es muy saludable, por decirlo suavemente, meditar a menudo, incluso a diario, sobre las Últimas Cosas. Si quieres, para que te sirva de guía: un día moriré y no sé cuándo; entonces Jesús me juzgará por todo lo que he hecho. Es el momento de la verdad. ¿El resultado neto? Iré al cielo o al infierno y para toda la eternidad. Meditar en estas verdades terrenales, con la ayuda de la gracia de Dios, puede convertir al más endurecido de todos los pecadores y llevarlo de vuelta a la gracia y la amistad de Dios.

    5. Recordar las muertes inesperadas y repentinas

    A diario nos sorprenden con noticias sobre muertes, a menudo repentinas e inesperadas. Sitúate en la página de ese diario porque tarde o temprano, y quizá más temprano que tarde, ese será mi nombre escrito en letras grandes en la sección de obituarios del periódico.

    6. Meditar sobre la parábola del rico insensato

    Después de una cosecha abundante y de la construcción de nuevos y amplios graneros quiere relajarse y disfrutar de la vida. Jesús llama a este hombre y la razón de ser un insensato de primera clase es porque esa misma noche su vida será cortada y todas sus posesiones se convertirán en humo. Aunque corta y aleccionadora, esta Parábola va al grano y nos muestra el carácter serio de lo efímero y transitorio de la existencia humana.

    7. El discurso del Pan de Vida: la Misa y la Eucaristía

    Lee y medita a menudo el "Discurso del Pan de Vida" (Juan, 6). Luego, anímate a asistir a la Misa diaria, en la medida en que te sea posible según tu estado de vida. Luego, estando en estado de gracia recibe la Sagrada Comunión con gran fe, amor, devoción y hambre… la Promesa de Jesús es muy consoladora: “Yo soy el Pan de Vida. Quien come mi Cuerpo y bebe mi Sangre tendrá vida eterna y yo lo resucitaré en el último día”. La recepción frecuente de la Sagrada Comunión estando en estado de gracia y la salvación eterna son sinónimos.

    8. Pedir la Gracia

    San Agustín afirma que todos nosotros somos verdaderos mendigos ante Dios. Necesitamos desesperadamente la ayuda y la gracia de Dios en todo tiempo y lugar, y muy especialmente en la hora y el momento de nuestra muerte. Suplica a María, a los ángeles, a tu ángel de la guarda y a todos los santos la gracia de todas las gracias, en palabras de San Alfonso de Ligorio, que es morir en estado de gracia. Jesús nos manda: “Pedid y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá la puerta” (Mateo 7,7) ¿Por qué no pedir, buscar y llamar para obtener la gracia de una muerte santa y feliz y la salvación de nuestra alma inmortal?

    Rosario

    9. Últimos sacramentos y el perdón

    Haz escribir e informar a tus familiares, amigos y seres queridos que en tus últimos momentos deseas recibir los tres últimos sacramentos: la confesión, la unción de los enfermos y el viático, la Santa Eucaristía. Especifica también que deseas recibir del sacerdote el Perdón Apostólico. Con ello recibirás una Indulgencia Plenaria en la que se perdonan todos los pecados y se remiten las penas temporales. Si lo haces, estarás preparado para encontrarte con Jesús, que no será tanto tu Juez sino tu amoroso Salvador y Redentor.

    10. Nuestra Señora: el Avemaría y el Santo Rosario

    Acostúmbrate desde ahora a rezar el Ave María, y mejor aún, rezar el Santísimo Rosario. ¡En efecto, cada vez que rezas el Rosario te estás preparando para la muerte 50 veces! Así es: ¡preparación para la muerte 50 veces en cada Santo Rosario rezado! ¿La prueba? “Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”. Si formamos seriamente el hábito del rezo diario del Santísimo Rosario a la Santísima Virgen María, entonces, cuando estemos muriendo, María misma se acercará a nosotros y nos ayudará a morir arrepentidos del pecado, confiando en la infinita misericordia de Jesús y amándolo hasta el final. La Virgen nunca fallará a sus amigos fieles, a los que han rezado fielmente el Santísimo Rosario.

    En conclusión, recemos unos por otros para obtener la gracia de todas las gracias, que es morir en estado de gracia santificante. Si lo hacemos, nuestra alma se salvará y viviremos para amar, alabar y adorar a Dios con los ángeles y los santos por toda la eternidad. “Santa María, Madre de Dios ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”.

    ReL

    Vea también       Muerte, Juicio, Infierno, Cielo: Escatología




































    domingo, 17 de octubre de 2021

    No permitas que el infierno sea tu destino final

     

    Dios quiere que seas santo, para que pases una eternidad feliz, a su lado. Si eres infeliz, es hora de cambiar

    «…y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes»

    Mateo 13, 50

    Recuerdo haber leído el encuentro de san Pío de Pietrelcina con un increyente. Este le dijo durante una confesión:

    – Padre Pío, no creo en el infierno.

    A lo que el buen sacerdote respondió:

    – Ya creerás cuando estés allá.

    Sufrimientos eternos

    Muchos dicen que el infierno es la ausencia de Dios.

    Otros que el mayor sufrimiento de los que están allí es ver la gloria de Dios a la distancia, con un muro impenetrable de por medio y no poder disfrutar de su Amor, vivir eternamente alejados de Él.

    La Biblia por otro lado lo describe como un lugar de sufrimientos eternos.

    Igual lo describen muchos santos de nuestra iglesia a los que Dios les ha permitido tener una visión corta de ese estado.

    Sabemos que es un lugar de tormentos eternos, “un estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios” (Catecismo de la Iglesia Católica)

     «Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la puerta y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que la encuentran».

    Mateo 7, 13-14

    Leer la Biblia

    He querido dedicar unos escritos a estos temas tan delicados porque se trata de nuestras almas inmortales y de su salvación. No es cualquier cosa.

    Hablamos de nuestra eternidad, que debemos pasar en la presencia amorosa de Dios en el Paraíso.

    Creo que es hora de empezar a leer la Biblia y conocer mejor nuestra fe para poder saber lo que Dios espera de nosotros y cuidarnos mejor.

    Decía la beata sor María Romero Meneses: “No podemos elegir la fecha ni el lugar de nacimiento o nuestra muerte, o la familia con que viviremos en este mundo, pero sí podemos elegir nuestra eternidad. Procura que sea una feliz.”

    Sé feliz para siempre

    Dios quiere que seas santo, para que pases una eternidad feliz, a su lado. Si actualmente eres infeliz y vives en pecado, ese que te atormenta por las noches, es hora de cambiar.

    Nuestro Dios es el Dios de las oportunidades, mientras tengas vida puedes hacerlo.

    San Josemaría Escrivá aconsejaba soltar en la confesión primero aquello que más nos avergonzaba y torturaba, ese pecado tan difícil de soltar.

    —Si dentro de ti, hijo mío, hay un «sapo», ¡suéltalo! Di primero, como te aconsejo siempre, lo que no querrías que se supiera. Una vez que se ha soltado el «sapo» en la Confesión, ¡qué bien se está!

    Busca hoy un sacerdote y haz una confesión sacramental. Limpia tu alma de todo pecado y restaura tu amistad con el Padre Eterno. Seguro te mirará complacido desde el cielo y sonreirá.

    Debemos estar en vela, preparados para ir al encuentro de Dios, en cualquier momento.

    Conserva tu estado de gracia como un tesoro. Piensa más en tu alma, no la descuides.  No cometas ese grave error. Te espera una eternidad, ¿cuál elegirás?

    7 imágenes del cielo

    Claudio de Castro, Aleteia 

    Vea también      El infierno como rechazo definitivo de Dios - San Juan Pablo II





























    sábado, 2 de octubre de 2021

    URGENTE: El infierno existe

     


    Hemos olvidado que esta vida es pasajera y corta, y que nuestro destino lo definimos con nuestro comportamiento

    Es urgente que sepas que el infierno existe. El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice (para que nadie diga: “yo no sabía”):

    Salvo que elijamos libremente amarle no podemos estar unidos con Dios. Pero no podemos amar a Dios si pecamos gravemente contra Él, contra nuestro prójimo o contra nosotros mismos: «Quien no ama permanece en la muerte. Todo el que aborrece a su hermano es un asesino; y sabéis que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él».

    1 Jn 3, 14-15

    Nuestro Señor nos advierte que estaremos separados de Él si omitimos socorrer las necesidades graves de los pobres y de los pequeños que son sus hermanos (cf. Mt 25, 31-46).

    Elige evitar el infierno

    Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de Él para siempre por nuestra propia y libre elección.

    Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra «infierno«.

    Con los goces de este mundo, el disfrute del poder, la soberbia, el amor al dinero, el placer y los bienes materiales, hemos olvidado que esta vida es pasajera y corta, y que nuestro destino lo definimos con nuestro comportamiento.

    Tenemos libre albedrío para decidir.

    Te das cuenta de la seriedad del asunto cuando lees en la Biblia versículos como éste:

    «Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio”

    Mateo 12, 36

    La ayuda de la Virgen María

    Ya poco se habla en la Iglesia de la realidad del infierno.

    La Virgen María, preocupada por nuestro comportamiento e indiferencia hacia las cosas de Dios, mostró a los niños videntes Jacinta, Francisco y Lucía, el 13 de julio de 1917, una visión aterradora del infierno. Si no creías, más te vale creer. Esto es serio.

    Lucía cuenta en sus Memorias:

    “Mientras Nuestra Señora decía estas palabras abrió sus manos una vez más, como lo había hecho en los dos meses anteriores. Los rayos de luz parecían penetrar la tierra, y vimos como si fuera un mar de fuego. Sumergidos en este fuego estaban demonios y almas en forma humana, como tizones transparentes en llamas, todos negros o color bronce quemado, flotando en el fuego, ahora levantadas en el aire por las llamas que salían de ellos mismos junto a grandes nubes de humo, se caían por todos lados como chispas entre enormes fuegos, sin peso o equilibrio, entre chillidos y gemidos de dolor y desesperación, que nos horrorizaron y nos hicieron temblar de miedo (debe haber sido esta visión la que hizo que yo gritara, como dice la gente que hice). Los demonios podían distinguirse por su similitud aterradora y repugnante a miedosos animales desconocidos, negros y transparentes como carbones en llamas. Horrorizados y como pidiendo auxilio, miramos hacia Nuestra Señora, quien nos dijo, tan amablemente y tan tristemente: ‘Ustedes han visto el infierno, donde van las almas de los pobres pecadores. Es para salvarlos que Dios quiere establecer en el mundo una devoción a mi Inmaculado Corazón. Si ustedes hacen lo que yo les diga, muchas almas se salvarán, y habrá paz’”.

    Visiones aterradoras

    Muchos santos han tenido la horrible visión del infierno, un lugar de tormentos inimaginables, al que van los grandes pecadores, que han vivido alejados de Dios, ofendiéndole.

    Casi siempre van acompañados de un ángel que les dice: “Cuenta a todos lo que has visto y oído”.

    «—Si los jóvenes —decía don Bosco— oyesen el relato de lo que oí, o se darían a una vida santa o huirían espantados para no escucharlo hasta el fin. Por lo demás, no me es posible describirlo todo, pues sería muy difícil representar en su realidad los castigos reservados a los pecadores en la otra vida. Vi primeramente una masa informe que poco a poco fue tomando la figura de una formidable cuba de fabulosas dimensiones: de ella salían los gritos de dolor. Pregunté espantado qué era aquello y qué significaba lo que estaba viendo. Entonces los gritos, hasta allí inarticulados, se intensificaron más haciéndose más precisos. Después vi dentro de aquella cuba ingente, personas indescriptiblemente deformes. Los ojos se les salían de las órbitas; las orejas, casi separadas de la cabeza, colgaban hacia abajo; los brazos y las piernas estaban dislocadas de un modo fantástico. A los gemidos humanos se unían angustiosos maullidos de gatos, rugidos de leones, aullidos de lobos y alaridos de tigres, de osos y de otros animales”.

    La visión del infierno que ellos han tenido apenas puede describir los horrores de este lugar de sufrimientos del que nunca podrán salir los que allí lleguen. Procura que no seas tú.

    Salvación

    Salva tu alma y salva cuantas almas puedas, orientando, evangelizando a tiempo y a destiempo, dando ejemplo con tu vida, rezando por los demás, llevando una vida de santidad.

    Restaura tu amistad con Dios, una buena confesión sacramental es un primer paso.

    Busca un sacerdote que te brinde dirección espiritual. Salva tu alma, ahora que puedes. No le des el gusto al demonio.

    Es mejor vivir en paz, en la cercanía de Dios, una eternidad.

    Te sugiero leer este artículo de Aleteia, te enseña cómo salvarte en el último minuto:

    Claudio de Castro, Aleteia 

    Vea también         Las penas del infierno  -  Fray Luís de Granada









































    lunes, 25 de noviembre de 2019

    Por qué el Infierno «tiene que existir» y ser eterno: los tres claros ejemplos de monseñor Pope

    ¿De verdad todos queremos ir al Cielo? ¿Al Cielo real?

    El infierno en «Constantine» (2005) de Francis Lawrence, con Keanu Reeves y Rachel Weisz: una visión claramente inspirada en los cuadros de El Bosco (1450-1516).
    El infierno en «Constantine» (2005) de Francis Lawrence,
    con Keanu Reeves y Rachel Weisz:
    una visión claramente inspirada en los cuadros de El Bosco (1450-1516).

    Nada disgusta más a la mentalidad moderna que la idea del Infierno y su eternidad. Las advertencias de Dios a los hombres sobre la condenación eterna como castigo del pecado sobrevuelan las Sagradas Escrituras de principio a fin, pero esa verdad literalmente ha desaparecido de la predicación católica en los últimos sesenta años.
    Una de las escasas excepciones es monseñor Charles Pope, párroco en Washington, D.C., predicador en todo el país como conferenciante y a través de la red, y uno de los más influyentes creadores de opinión de la Iglesia estadounidense. Ha dedicado una reciente serie de su blog diocesano a los Novísimos (Muerte, Juicio, Infierno y Gloria), que concluye precisamente con un post sobre el Infierno, que por su interés reproducimos íntegro:
    Monseñor Pope, en el programa The World Over que dirige Raymond Arroyo en EWTN.
    El infierno tiene que existir
    Llegamos hoy al último de los Novísimos: el Infierno. A lo largo de los años he escrito abundantemente sobre esta cuestión, casi siempre en respuesta al rechazo generalizado de la doctrina revelada sobre el Infierno. Contradiciendo a las Escrituras, muchos dan por hecho que el Infierno es un destino improbable para la mayoría. No importa que Jesús haya enseñado justo lo contrario (p. ej., Mt 7, 13-14: "Entrad por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos"). En la medida de mis posibilidades, he intentando mantener a la gente apegada más a la sobriedad del Evangelio que al wishful thinking [pensamiento desiderativo] de la época moderna. Nadie advirtió sobre el Infierno más que Jesús. De hecho, 21 de las 38 parábolas conducen a advertencias sobre el Infierno y sobre la necesidad de estar preparados para el día del juicio. 
    Sin embargo, en este post querría considerar por qué el Infierno tiene que existir. Quienes dudan sobre las enseñanzas bíblicas de Jesús suelen preguntar: si Dios es amor, ¿por qué existe el infierno y por qué es eterno?
    El Cielo real y los "cielos" inventados
    Brevemente: existe el Infierno porque Dios respeta nuestra libertad. Dios nos ha hecho libres y nuestra libertad es absolutamente necesaria si tenemos que amar. Supongamos que un joven desea que una chica le ame. Supongamos que encuentra una poción mágica para echarle en la bebida. Y ¡zas!, nada más ingerirla... ¡ella le “ama”! ¿Es un amor real? No, es un efecto químico. El amor debe ser entregado libremente. El sí del amor solo tiene sentido si somos libres para decir que no. Dios nos invita a amarle. Tiene que existir el Infierno porque tiene que existir una alternativa real al Cielo. Dios no nos obliga a amarle ni a ir al Cielo con Él.
    Pero, un momento: ¿acaso no todo el mundo quiere ir al Cielo?
    Sí, pero suele ser un “cielo” tal como ellos lo definen, no el Cielo real. Muchas personas entienden el cielo egocéntricamente: es un lugar donde serán felices según sus propios términos, donde tendrán en abundancia todo aquello que les agrada. El Cielo real es el Reino de Dios en plenitud. Aunque todo el mundo quiere ir a un “cielo” tal como ellos lo definen, no todo el mundo quiere vivir en el Reino de Dios en plenitud.
    Tres ejemplos
    Considérense los siguientes ejemplos:
    1. El Reino de Dios es un reino de misericordia y de perdón. No todo el mundo quiere mostrar misericordia y perdón. Algunos prefieren la venganza. Otros son partidarios de la justicia más severa. Algunos prefieren aferrarse a su rabia y alimentar resentimiento e intolerancia. Es más, no todo el mundo quiere recibir misericordia y perdón. Posiblemente hay quien no puede explicarse por qué alguien tendría necesidad de perdonarles, ¡dado que son ellos quienes tienen la razón! Recordad al hijo mayor en la Parábola del Hijo Pródigo. En vez de incorporarse a la fiesta como le suplicaba su padre, rechaza entrar porque ese miserable hermano suyo está dentro. Él no piensa perdonar ni amar a su hermano como lo hace el padre. De esta forma, se excluye a sí mismo de la fiesta. A pesar de la súplica de su padre, él no pasará por el perdón y la misericordia. Para él, la fiesta no es en absoluto una fiesta. Del mismo modo, el Cielo no será “cielo” para quienes rechacen la gracia de perdonar y de amar a sus enemigos y a quienes les han hecho daño.
    2. El Reino de Dios es un reino de castidad. Dios es muy claro con nosotros diciéndonos que Su Reino valora la castidad. Para los no casados, eso significa no tener relaciones sexuales. Para los casados, eso significa una absoluta fidelidad mutua. Es más, cosas como la pornografía, las actitudes obscenas y la inmodestia están excluidas del Reino. Muchas personas hoy no prefieren la castidad. Prefieren ser impúdicas e inmodestas. Muchos celebran la fornicación y los actos homosexuales como una especie de liberación de las normas “represivas”. A muchas personas les gusta consumir pornografía y no quieren trabas a su conducta sexual. Una cosa es caer por debilidad en alguna de estas materias, y otra muy distinta insistir en que no hay nada malo en ese comportamiento.
    Una representación de La Gloria por Tiziano (1551-1554). Fuente: Museo del Prado.
    3. El Reino de Dios es un reino litúrgico. Todas las descripciones del Cielo insisten en la liturgia. Se cantan himnos. Se alaba a Dios. En unos momentos se está de pie, en otros sentado, en otros de rodillas. Hay velas, incienso y amplias túnicas. Se abre, se lee y se venera un manuscrito o libro. Hay un Cordero en un altar a modo de trono. Todo se parece mucho a la misa, pero… muchos no están interesados en estas cosas. Se mantienen a distancia porque dicen que es “aburrido”. Quizá no les gustan los himnos ni toda esa alabanza. Quizás el manuscrito (el Leccionario) y sus contenidos no les interesan o no concuerdan con sus preferencias morales. Tener a Dios como centro en vez de ellos mismos no les resulta atractivo.
    "¡No puedo soportar a los negros!"
    La cuestión es ésta: si el Cielo no lo diseñamos nosotros; si el Cielo –el Reino de Dios real– es un reino con todas estas características, entonces ¿no parece claro que realmente hay muchos que no quieren ir al Cielo? Todo el mundo quiere ir a un “cielo” diseñado por él, pero no todo el mundo quiere vivir en el Reino de los Cielos real. Dios no obligará a nadie a vivir en el Cielo si él no quiere vivir allí. Él no obligará a nadie a amarle, ni a amar lo que Él ama, ni a amar a quien Él ama. Somos libres de optar o no por su Reino.
    Tal vez una breve historia aclare mi posición:
    Una vez conocí a una mujer en una de mis parroquias que en muchos aspectos era muy devota. Iba a misa todos los días y rezaba el rosario casi a diario. Sin embargo, había algo en ella muy preocupante: no podía soportar a los afroamericanos.
    A menudo me comentaba: “¡No puedo soportar a los negros! ¡Están viniendo a este barrio y arruinándolo todo! ¡Me gustaría que se fuesen!” Recuerdo haberla regañado varias veces por esta forma de hablar, pero no parecía tener ningún efecto.
    Un día decidí ser más claro. “¿Sabe? Usted no quiere realmente ir al Cielo”, la reté.
    “Por supuesto que quiero, Padre”, replicó: “Dios y su Bendita Madre están allí, yo quiero ir allí”.
    “No, usted no será feliz allí”, respondí.
    “¿Por qué?”, preguntó: “¿A qué se refiere, padre?”
    “Verá… En el Cielo hay negros y usted ha dicho que no puede soportar tenerlos alrededor, así que temo que usted no sea feliz allí. Dios no quiere obligarla a vivir en el Cielo si usted no va a ser feliz allí. Por eso creo que usted no quiere realmente ir al Cielo”
    Creo que captó el mensaje, porque me di cuenta de que su actitud empezó a mejorar.
    En ningún lugar felices
    ¿Está claro ahora? Dios no nos obligará a vivir en el Reino si nosotros realmente no queremos o no nos gusta el Reino tal como es. No podemos inventar nuestro propio “cielo”. El Cielo es un lugar real. Tiene contornos y realidades propias que no podemos dejar de lado. O aceptamos el Cielo tal cual es o ipso facto optamos por vivir lejos de él y de Dios. Por eso tiene que existir el Infierno. No es un lugar agradable, pero supongo que lo más triste de las almas del Infierno es que nunca serían felices en el Cielo. Es trágico no ser feliz en ninguna parte.
    Comprended también esto: Dios no rechaza ni siquiera a las almas que están en el Infierno. De alguna forma, provee sus necesidades básicas. Siguen existiendo y por tanto Dios sigue sosteniéndolas en todo cuanto requiera esa existencia. No las aniquila ni las apaga.
    Dios respeta su voluntad de vivir lejos del Reino y de sus valores. Él las ama, pero respeta su decisión.
    Pero ¿por qué tiene que ser eterno?
    ¿Por qué es eterno el Infierno? Creo que aquí nos topamos con un misterio sobre nosotros mismos. Dios parece enseñarnos que llegará un día en el que nuestras decisiones quedarán fijadas para siempre. En este mundo siempre tenemos la posibilidad de cambiar nuestra mentalidad, así que la idea de una decisión permanente nos parece extraña.
    Los que ya vamos teniendo cierta edad podemos atestiguar que, a medida que vamos cumpliendo años, nos vamos asentando más en nuestras costumbres; cada vez es más difícil cambiar. Quizá esto sea un pequeño anticipo del momento en el que nuestras decisiones se fijen para siempre y ya nunca cambien.
    Los Padres de la Iglesia empleaban una imagen de la cerámica para enseñarnos esto. Pensemos en la arcilla húmeda en una rueda de alfarero. Mientras la arcilla esté húmeda y disponible sobre la rueda, puede ser moldeada y vuelta a moldear, pero una vez que se mete en el horno o en el fuego, su forma queda fijada para siempre.
    Así sucede con nosotros cuando comparecemos ante Dios, que es un Fuego Santo: nuestra forma fundamental queda fijada para siempre, nuestras decisiones serán definitivas. Esto nos resulta misterioso y solo lo entendemos vagamente, pero dado que el Cielo y el Infierno son eternos, parece que ese estado fijado para siempre es nuestro futuro.
    Esto es lo mejor que puedo decir sobre una cuestión difícil: el Infierno tiene que existir. Es por el respeto que Dios nos tiene. Es por nuestra libertad y nuestro llamamiento a amar. Es por el Cielo real. Es sobre lo que realmente queremos en nuestro final. Sabemos lo que Dios quiere: salvarnos. Lo que realmente está en cuestión es lo que queremos nosotros.
    Traducción de Carmelo López-Arias.
    ReL