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jueves, 9 de septiembre de 2021

¿Amar al otro es tapar sus defectos o no?

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Amar mientras no me decepcionan es hasta sencillo. Porque la persona amada responde a todas mis expectativas, a todo lo que espero de ella. Pero ¿y cuando me falla?

Dicen que cuanto más conozco algo más puedo amarlo. Un conocimiento que logro con el corazón. No sólo con los ojos que se apegan a la superficie de las cosas, de las personas. O tal vez es amando a alguien o algo que llego a conocerlo en profundidad.

La cercanía que me da el conocimiento me ayuda a crear una intimidad nueva, antes desconocida. De cerca veo mejor la humanidad de la persona amada. Y conociéndola hasta en lo más pequeño puedo amarla más.

Conocer los defectos y límites puede lograr que mi amor sea más grande, eso siempre me sorprende. Amando conozco más. Conociendo más, amo más.

No es un amor verdadero el que siento por un desconocido al que sólo admiro. La admiración no conlleva necesariamente el amor. Pero eso sí, cuando amo es necesario que admire a la persona amada.

Amar tapando lo que no me gusta de mi amado empobrece mi amor. Es como si no supiera integrar en el amor los defectos y los límites. Queriendo que la fascinación del enamoramiento tape o disimule las manchas y pecados.

¿Cómo puedo llegar a sentir que amo incluso lo que me incomoda? Es un paso más en ese amor que me engrandece como persona. El que ama así ama a un nivel superior.

Amar mientras no me decepcionan es hasta sencillo. Porque la persona amada responde a todas mis expectativas, a todo lo que espero de ella. Y cuando me falla o no logra hacer todo lo que yo deseo, me frustro y siento que no es igual mi amor que antes, cuando todo fluía y era sencillo.

Pensar que mi amor depende del sentimiento es limitarlo a un aspecto del amor que pretende ser más grande. El sentimiento faltará en ocasiones. Sentiré poco o no sentiré como antes. ¿Ha muerto el amor?

Entonces descubro que el amor es una elección continua. Elijo a quien amo, pero no la primera vez, sino todos los días. Incluso cuando los defectos me han herido, o las expectativas se han visto frustradas. Incluso cuando lo que sentía, pasión, o deseo, ya no es tan grande, es menor y parece estar dormido.

Me siento culpable y pienso que ha muerto el amor, que todo es pasajero. Pero no es así necesariamente. El amor es más grande que un sentimiento. Más profundo que la admiración. Más fuerte que la fuerza de la pasión primera. Llamado a ser eterno el amor no conoce límites, conviviendo con ellos.

Mi capacidad de amar es limitada. No puedo amar como Jesús me ama. No logro amar renunciando a mi deseo. Y no consigo amar entregando el cien por cien y sabiendo de antemano que no me importa lo que reciba a cambio.

Ese amor generoso, imposible, es el amor que desea vivir mi corazón pequeño y eterno. Es el amor que puede hacer que mi vida sea diferente y merezca la pena. Me levanto de nuevo cada mañana pidiéndole a Dios que renueve mi amor.

Vuelvo a elegir, como un niño, siempre en presente, a la persona amada. Elijo el camino previamente elegido. Elijo los sueños ya antes soñados. Y no tengo miedo. Dios lo puede hacer posible en mí.

Quiero amar más, conociendo más en profundidad lo que Dios ha puesto en mí, como un amor que me saca de mis egoísmos y mis miedos. Porque sufre menos quien no ama. Y también goza menos. Porque amando más se sufre siempre.

La pérdida en la vida es el mayor desgarro. No por eso dejo de pensar que quiero conocer más a quien amo. No dejo de sorprenderme y admirarme de su belleza escondida. Y no dejo de amar también aquello que no es virtud, sino defecto.

El límite que me confronta con mis propios límites. Y entonces tiene sentido todo lo que vivo, todo lo que amo. Y la vida florece a mi alrededor al sentir los dedos de quien me ama y me describe en sus sueños.

El amor humano es sólo el reflejo pálido del amor del cielo. Amar y ser amado el sentido último de mi vida plena. Y sé que he nacido para amar de muchas maneras y a muchos.

Y no por amar a más mi corazón ama menos. Es más grande su poder, no sé como lo logra Dios, pero lo hace. No por no amar  a alguien en exclusividad es mi amor más pobre. Porque lo personal es lo que hace que el amor sea grande.

Un amor que ama conociendo y cuanto más conoce a quien ama, con más fuerza lo ama. 

Carlos Padilla Esteban, ReL

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miércoles, 25 de noviembre de 2020

Descubre las sorpresas de la vida



Déjate sorprender por la vida, déjala entrar, hazla vibrar y siéntente más conectados con la realidad que está llena de sorpresas

Sin una intención consciente de corresponder a lo que nos sucede, mucho de lo que ocurre a nuestro alrededor puede pasarnos de largo sin que nos demos cuenta. En este sentido, tener una actitud de apertura frente a la vida es clave ya que las cosas buenas solo pueden sorprendernos si estamos abiertos a recibirlas.

En tiempos de pandemia disfrutar de la vida se ha convertido en un desafío. A veces sin pensarlo nos vamos cerrando a la vida de muchas formas como ocurre cuando no dejamos entrar a otros por pensar distinto, cuando usamos el humor para poner distancia o lastimamos antes de que nos lastimen. Cuando hacemos estas cosas vamos perdiendo pedacitos de vida.

En cambio, al incorporar estar más abiertos a las sorpresas a la vida nos predisponemos a recibir y acoger más naturalmente las circunstancias o nuevas experiencias como puede ser la llegada de un hijo, un cambio laboral o un giro inesperado en nuestro día. No solo podemos atravesar mejor los cambios, sino también beneficiarnos de grandes oportunidades.

Estar abiertos a la vida significa estar más presentes, hacer espacio en el corazón y en cierto punto ser valiente lo suficiente como para abrazar lo incierto.

Significa aceptar más y juzgar menos, ser más feliz sin importar lo que venga, saborear lo maravilloso de sus detalles y lo simple de su grandeza. Se trata de experimentar la vida de manera más plena.

Estas son algunas de las experiencias que pueden animarte a disfrutar más. Tu día a día está lleno de sorpresas de la vida. Tan solo has de estar atento y decidirte a vivir algunas de las experiencias que encontrarás en la siguiente galería.



BUS
Shutterstock | michaeljun

Actúa como un turista en tu ciudad

Tomar el metro para ir al trabajo puede ser una experiencia muy diferente a tomarlo estando de vacaciones. La actitud de ser un turista nos hace apreciar más las cosas. Estamos más expectantes y con otra energía para recibir lo desconocido. Ahora que no se puede viajar, convertirnos en turistas en nuestra propia ciudad puede abrirnos a nuevas experiencias.

FUN
Shutterstock | Lucky Business

Sonríe aunque no tengas motivo

Todos sabemos esto pero con frecuencia lo olvidamos o nos parece que las razones para sonreír se van agotando. De todos modos, vale la pena hacerlo. Cuando sonreímos no solo nos sentimos mejor sino que de algún modo nos abrimos a los demás y al mundo. Sería raro que alguien inicie una conversación si nos vemos serios o malhumorados. La sonrisa es una invitación, una puerta abierta a cosas buenas.

DOG
Shutterstock | Syda Productions

Descansa de las pantallas cuando estés en la calle

Puede ser algo muy agradable desconectarnos o que la atención esté centrada en escuchar o ver algo que nos gusta, pero cuando si estás con otros y al mismo tiempo con auriculares o el móvil, eso será una señal clara de que no quieres ser molestado. Cuando vas a algún sitio y estás más tiempo interactuando con un dispositivo es probable que le pierdas atención a tu entorno, y si alguien te quiere hablar o te está mirando, tampoco lo notarás.

NEIGHBOUR
Shutterstock | Media-Whalestock

Conoce a personas en tu entorno cercano

Hoy cuando los contactos parecen ser tan rápidos por el distanciamiento físico de la pandemia, haz un esfuerzo adicional para conocer a las personas en tu entorno más cercano. Saluda a las personas que ves todos los días como el panadero o el verdulero y conoce sus nombres. Iniciar una conversación sencilla no solo es un gesto amable, sino que te abre a los demás. Nunca sabes quién se está dando cuenta de lo amigable que eres.

FRIENDS
Shutterstock | Dubova

Considera minutos extra en tus planes

Cuando planifiques una salida o una tarea, ten en cuenta hacerlo con un margen de tiempo entre una y la otra, como por ejemplo salir diez minutos antes de lo estipulado. Esto permitirá que no tengas que correr, estarás más relajado y no solo concentrado en el objetivo de llegar a un sitio. Sin estrés o tensión podrás renovar tu perspectiva, descubrir cosas nuevas e incluso detalles que siempre han estado ahí, pero que tal vez no los habías percibido antes.

GUITAR
Shutterstock | Ulza

No te obsesiones con una sola cosa

No te limites a una cosa. Renueva tus metas y sueños. El ser humano tiene una capacidad para el bien más amplia de la que imaginas. Si permaneces obsesionado con un objetivo, eso puede cerrarte a muchas cosas buenas que te rodean. Cierta flexibilidad puede hacer crecer tu meta con algo que no habías considerado antes, dejar ir proyectos en un momento adecuado o dar lugar a otros nuevos.

fear
Shutterstock-file404

Reconoce tus mecanismos de defensa

Muchas veces la manera con la que respondemos suelen ser mecanismos de defensa que ya tenemos incorporados sin casi darnos cuenta que están y por eso son tan difíciles de manejar. Reconocerlos puede ser útil porque estos nos cierran a personas o situaciones si hemos tenido experiencias pasadas dolorosas. Analiza el motor de tus actos y enfrenta el miedo que pueda estar cerrándote. Una actitud amorosa es la que nos permite abrirnos más.

NEIGHBORS
Shutterstock

Encuentra algo atractivo en los demás

No importa si son hombres, mujeres, jóvenes o viejos, siempre podrás encontrar que hay algo atractivo en todos. Una vez que comienzas a hacer este ejercicio de notarlo y ver a las personas a través de ese filtro, todos se vuelven más interesantes. Esto te llevará a descubrir cosas buenas en los demás que incluso ni siquiera ellos aún se han dado cuenta que tienen.

PONDER
Nick Starichenko | Shutterstock

Busca la verdad profunda de las cosas

Es común crear juicios sobre todo lo que nos rodea y tal vez muchas veces lo hacemos con una justa razón, pero eso nos puede cerrar a descubrir más. Incluso cuando vemos que algo no nos convence, con un juicio podemos cerrarnos a una verdad más completa. Si en vez de quedarnos con el juicio elegimos buscar comprender, nos abrimos a ver más, tal vez quitarnos un peso y hacer espacio para dejar entrar algo mejor que una sensación negativa.

PRAY
Shutterstock | etonastenka

Déjale el control a Dios

Cuando nos esforzamos por controlar todo lo que nos rodea al final somos nosotros los que decidimos todo y esto nos hace caer en una forma de excluir muchas cosas. Lo ideal es tener nuestra agenda, pero también poder compartirla. Cuando entregamos nuestra vida poniéndolo todo en manos de Dios, nos abrimos a muchos canales de gracias. Al soltar el control para depositarlo en una fuente de amor tan poderosa, las posibilidades son infinitas.

Cecilia Zinicola, Edifa Aleteia

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martes, 15 de septiembre de 2020

¿Te cuesta soportar a tu pareja? Admítelo

KŁÓTNIA MAŁŻEŃSKA

Ser paciente con quien compartimos la vida es todo un arte

La paciencia no consiste en aguantarnos y comernos las uñas, sino en abrir nuestro corazón. A continuación, algunos consejos para alcanzar una paciencia verdadera en nuestra relación de pareja.
El matrimonio, cuando funciona, funciona. Cuando no, esperas con paciencia”.
Esta frase ofrece una visión bastante realista de la vida diaria del matrimonio respecto al ejercicio de una virtud esencial: la paciencia. Con nuestro cónyuge, sin duda. Con nuestros hijos, faltaría más. Pero, más sutilmente, paciencia con nosotros mismos. E incluso, admitámoslo, también necesitamos tener paciencia con Dios.
Porque somos seres llenos de expectativas y esperamos de los demás mucho, sobre todo en las relaciones más importantes de nuestras vida, las relaciones donde el amor ha de ser la esencia.
Para desarrollar el arte de la paciencia conviene ser realista para saber qué podemos esperar del otro: del marido, de la esposa, del hijo, de la hija, del hermano, de la hermana, del amigo, de la amiga, y… como no, de Dios. Elaborar una lista de nuestras expectativas es bueno y es esencial ver si son legítimas y saber que implican precisamente una espera.
No existe un matrimonio donde no se ejercite la paciencia.

Ser paciente y esperar no es siempre una buena solución

Tal vez son muchas las ocasiones en las que nos lamentamos de que nuestro cónyuge tarde tanto en darnos lo que esperamos, cuando podría haberlo hecho hace mucho tiempo si le hubiéramos dado el espacio o la libertad que necesitaba.
Nos sorprende el tiempo que tarda Dios (o nuestro cónyuge) en complacernos, mientras que es aún más sorprendente el tiempo que tardamos en comprender que ya estaríamos complacidos si hubiéramos hecho cierto ejercicio de abandono o de confianza, o incluso que ya estamos complacidos de una manera que no logramos ver.
Nos quejamos de que tarda mucho en corregir algún defecto, mientras que nosotros nos quedamos en la omnipotencia de quien cree conocer todos los entresijos de su propia personalidad y olvidamos la humildad necesaria para acercarnos a su propia complejidad.
Con frecuencia, perdemos la paciencia porque miramos la situación desde un único punto de vista o con un único razonamiento, sin pensar que pueden existir otras perspectivas del todo diferentes. Nuestro cónyuge se encuentra a menudo en esa “diferencia” que no hemos sabido contemplar. Y viceversa. 

Aceptar la sorpresa

Cuando no funciona, esperas con paciencia”.
La frase podría parecer una máxima fatalista carente de esperanza. Y sería cierto si hablara de una paciencia estática, la de quien sufre un retraso, por ejemplo. Pero deja de ser fatalista cuando se trata de la paciencia dinámica del artista que revisa y rectifica su escultura las veces que haga falta, desde todos los ángulos. Es la paciencia del educador que sabe que no se construye una persona en un día o la del cónyuge consciente de que su paciencia no es solo una espera, sino una oportunidad fecunda de transformación interior.
La paciencia no consiste en aguantarnos y comernos las uñas, sino en abrir nuestro corazón. Puede costar, pero es la forma de dejarnos sorprender, de descubrir lo desconocido en nosotros, en el otro, en Dios, de recibir cambios que no habíamos previsto, controlado o ni siquiera comprendido. Recibir lo que (ya) no esperábamos es una cumbre de dicha.
Sophie Lutz Edifa Aleteia
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viernes, 6 de marzo de 2015

Tenían un futuro, ¿por qué lo perdieron?

Tiene todo un futuro delante.... si lo dejan vivir
Los de video nos presentan los recuerdos de lo que pudieron ser. 
Luego nos explican por qué esos recuerdos, en realidad, no existen.