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martes, 1 de agosto de 2023

Un sencillo método de seis pasos para la lectura de la Biblia que te puede «cambiar la vida»


 

"¿Por qué no salimos todos corriendo hacia la estantería para abrir esa Biblia olvidada que solo sirve de adorno en el salón?" María Luisa Sánchez Vinader ha escrito un libro, Palabra de Dios, solo para animarnos a ello.

Un "ilusionante proyecto", según lo califica en el prólogo el párroco de Santa María la Mayor en Talavera de la Reina (Toledo), Daniel Ramos Moreno, quien lo considera útil para "sentir al Señor, que viene, cada vez más cerca de nosotros".

Sánchez Vinader (n. 1960) es licenciada en Ciencias de la Educación, diplomada en Teología Bíblica por la Universidad de Navarra y maestra en el ámbito de la Educación Especial. Quien advierte como mensaje fundamental: "La lectura de los textos sagrados encierra un peligro, puede cambiar la vida... La Palabra de Dios es poderosa y eficaz". Y "siempre es dulce, por dura que parezca... porque solo el Señor puede colmar las ansias de felicidad del hombre".

Para ello hay que leerla bien, y la forma "más segura y correcta" es la lectio divina, a la que dedica la autora una parte central del libro. (Otros  capítulos relevantes son los que dedica a "las páginas oscuras de la Biblia" o a la indulgencia plenaria con que la Iglesia recompensa su lectura.)

Los antecedentes de la lectio divina se remontan al siglo VI, pero se sistematizó a partir del siglo XII, con la figura de Guigo II (1114-1193), noveno prior de la Gran Cartuja, quien la detalló en su obra La escalera de los monjes.

'Palabra de Dios' de María Luisa Sánchez Vinader.

 'Palabra de Dios' de María Luisa Sánchez Vinader.

¿Cómo hacerla, en la práctica? Esto es un resumen de lo que propone la autora llevar a cabo en seis pasos, desde el principio de la Biblia hasta el final, todos los días un rato, aunque sean solo unos versículos.

1. Invocatio (invocación)

Hay que invocar la presencia del Espíritu Santo, su acción y su poder.

a) María Luisa propone la oración del cardenal Jean Verder (1864-1940), en la que hay un párrafo muy importante porque, señala la autora, "solo existe una interpretación correcta de las Sagradas Escrituras, y esta es en el marco de la senda trazada por nuestra Iglesia". Por eso hay que pedirle al Espíritu Santo, en palabras del purpurado: "Líbrame del espíritu de soberbia a fin de que yo siga fielmente las enseñanzas de la que nos diste como Maestra infalible de la verdad".

b) Esa invocación puede ser musical: se sabe que los salmos del Antiguo Testamento eran cantados y en la Biblia hay innumerables alusiones a cánticos y a himnos.

2. Lectio (lectura)

No tiene que ser larga, bastan unos pocos versículos. Pero:

a) debe ser atenta;

b) es conveniente repetir la lectura varias veces para ir captando matices.

3. Meditatio (meditación)

Es aquí donde está el esfuerzo, porque hay que buscar el significado.

a) Es útil consultar las propias notas de la edición de la Biblia que usemos. María Luisa recomienda particularmente, por la riqueza de su aparato crítico, la Biblia de la Universidad de Navarra, disponible en e-book.

b) Ayuda utilizar la imaginación para ponernos en situación de los hechos o consideraciones leídos, según el estilo de San Ignacio de Loyola.

c) Si la imaginación nos falla, existe un recurso: las visiones de algunos místicos, en particular las de la beata Ana Catalina Emmerick (1774-1824). Para el Nuevo Testamento, podemos citar La amarga Pasión de Cristo o La vida oculta de la Virgen María.

4. Oratio (oración)

Es el momento de alabar y bendecir a Dios y pedirle que nos ayude a cumplir lo que hemos leído.

5. Contemplatio (contemplación)

a) También en esto Sánchez Vinader recomienda la contemplación ignaciana, que encontramos en sus Ejercicios Espirituales.

 b) Es más fácil conseguirla después de haber comulgado o en presencia del Santísimo, porque se trata de abandonarse ante la presencia de Dios: "Durante la meditación, yo hago mío al Señor; en la contemplación, Él me hace suya".

Resumen de la presentación de 'Palabra de Dios', con la intervención de la autora.

6. Actio (acción)

No todo puede quedar aquí, porque en la contemplación hemos "hallado y adquirido un tesoro" que se pierde si no le hacemos dar fruto y nos lo reservamos para nosotros solos. María Luisa recuerda la parábola de los talentos (Mt 25, 14-30).

Esto se consigue:

a) difundiéndola con palabras;

b) difundiéndola con nuestra actitud ante las personas y los acontecimientos de la vida;

c) difundiéndola con obras: las obras de misericordia.

* * *

"Acudiendo a los textos sagrados, tomarás las decisiones correctas y hallarás las respuestas que no encontrabas": es otro argumento de  Sánchez Vinader, al que añade un consejo: "Escuchar a María", procurar que la madre de Dios "esté presente" durante la lectio divina para que, con lo que le pidamos, ella actúe con su Hijo como en las bodas de Caná.

C.L., ReL

Vea también     La Biblia no ha sido escrita para hacer ciencia sino para dar Salvación

























lunes, 2 de mayo de 2022

El secreto de los monjes para dejarse transformar por Dios

 


Cómo practicar la “Lectio divina”, oración con la Palabra de Dios, en ocho pasos

¿Cómo es posible dejar que Dios transforme tu alma, moldeándola como el escultor modela la arcilla? En este arte, desde sus inicios, la Iglesia cuenta con verdaderos artistas, las monjas y los monjes. 

Y, ¿cuál es el método que siguen estos consagrados a Dios  para tratar de parecerse lo más posible a Él?  

La “lectio divina”, es decir, la lectura en oración de la Biblia, la Palabra de Dios,  un diálogo con Él, que interpela la vida del creyente.

Desde inicios del cristianismo

Si vemos los horarios de vida de la mayoría de las monjas y monjes, nos daremos cuenta de que, además del trabajo, el estudio, los sacramentos y la oración en comunidad, su actividad más destacada está constituida  precisamente por la “lectio divina”.

Esta forma de hacer oración tiene sus raíces en las sinagogas judías, donde leer las Escrituras, su meditación y oración, eran enseñadas para comprenderlas mejor por los rabinos.

Pronto se hizo popular entre los primeros cristianos. Algunos padres de la Iglesia, como Orígenes de Alejandría (c. 184-c. 253) o san Juan Crisóstomo (347-407), ya dieron testimonio de su importancia.

De este modo, la «lectio divina» fue desarrollándose entre los monasterios, convirtiéndose en un pilar importante dentro de la vida religiosa monástica.

El beato Guigo, que es conocido como “el Cartujo”  (un discípulo de san Bruno), estableció hacia  el año 1150 los pasos básicos de la “lectio divina” como método de lectura bíblica, plasmándolo en una obra titulada “La escalera de los monjes”. 

Los ocho pasosque transforman la vida

Inspirado en los consejos ancestrales de estos monjes, también tú puedes escoger un pasaje de la Palabra de Dios (ya sea del Antiguo o del Nuevo Testamento) y seguir estos ocho  pasos para que tu vida pueda quedar transformada por  el amor de Dios.

1PREPARACIÓN (STATIO)

Esperar la Palabra.

Nos ponemos a la espera, nos ponemos en disposición interior de escucha de la Palabra de Dios. Implica hacer un alto en las actividades regulares para emprender otra ruta, el camino de la lectura orante de la Palabra de Dios.

2LECTURA (LECTIO) 

Escuchar la Palabra.

Leemos el texto con atención. Leer bien es escuchar en profundidad. Se trata de leer la Palabra de manera inteligente para captar tanto su sentido literal, como su sentido espiritual, lo que Dios nos está diciendo.

3MEDITACIÓN (MEDITATIO) 

Comprender la Palabra.

Quiere decir, concentrarse para comprender el significado de la Palabra: ¿qué dice? ¿Qué nos dice? ¿Quién me dice? A través de la meditación, la Palabra se encarna en nosotros y nos introduce al misterio de Cristo.

4ORACIÓN (ORATIO) 

Orar con la Palabra.

Nuestra palabra responde a la Palabra de Dios. Iniciamos un diálogo con su Palabra. De ahí, en diálogo con el texto, brota la oración. La oración tiene sentido en sí misma. Su valor radica en expresar a Dios lo que nace de nuestro corazón. Es el diálogo de corazón a corazón.

5CONTEMPLACIÓN (CONTEMPLATIO) 

Contemplar la Palabra de Dios.

Gracias a la contemplación, la Palabra puede penetrar en nuestra vida. Ante la manifestación de Dios en su Palabra, nos postramos y adoramos en silencio. Nuestra atención pasa de la Palabra hablada a Aquel que habla: Dios mismo, para perdernos en Él.

6DISCERNIMIENTO (DISCRETIO)

La Palabra como criterio para tu vida.

Prolongamos la escucha, discerniendo, analizando, la voluntad de Dios para nosotros. Empezamos a discernir al hacer la lectura y seguimos en la oración. Luego la contemplación nos ayuda de modo singular, ya que nos da un color distinto a nuestra vida.

7COMPARTIR (COLLATIO) 

Comparte la Palabra con los demás.

Sopesamos con otros nuestra respuesta a la Palabra. El diálogo con nuestros hermanos, nos enriquece. La Palabra de Dios es para todos los cristianos. Al responder a la Palabra en la vida, lo hacemos como cuerpo de Cristo activo en la historia.

8ACCIÓN (ACTIO) 

La Palabra en acción.

La Palabra da frutos, se cumple, se realiza. Nuestra vida es testimonio, anuncio y compromiso. La Palabra de Dios es letra muerta, si los cristianos no la hacemos vida. Es un compromiso y testimonio en la vida cotidiana.

Matilde Latorre, Aleteia 

Vea también     Maneras, Modos, Métodos y Estilos de comunicarse con Dios































sábado, 27 de febrero de 2021

Enseñar a los jóvenes la Lectio Divina

 


Cuando tenía 19 años, una religiosa del consejo general de las Hijas del Espíritu Santo me mandó por correo electrónico un enlace sobre los pasos de la lectio divina. Desde entonces, la practico y es lo que me ayuda en todo momento, porque es la Palabra de Dios aplicada a lo que voy viviendo.

¿Cómo hacer que un joven crezca en la fe? Ayudándolo a experimentar a Dios, porque cuando eso sucede, en automático, se siente identificado y encuentra razones para vivirla a tope. La lectio divina es un camino muy efectivo para que nuestra pastoral eche raíces. Es la opción de los monjes y, aunque seamos laicos, tenemos mucho que aprenderles porque la lectio puede acompañarnos a todas partes.

Hay que enseñarles a las nuevas generaciones y, en general, al resto de las personas, el significado de la lectio. Es un recurso al alcance de todos. Simplemente hay que explicar los pasos y tener a la vista el Evangelio del día. Está bien que hagamos diferentes tipos de actividades pastorales, pero que no falte la que aquí se propone porque permite que la persona entre en contacto con Dios. Una vez que lo haga, el proceso comienza y le traerá grandes posibilidades de crecimiento personal.

La lectio no nos aísla. Al contrario, el que contempla a Dios, el que sabe escucharlo y releer su día desde esa perspectiva, movido por el Espíritu Santo, siente el empuje de llevarlo a los demás, comprometiéndose con ellos. Esa debe ser la primera tarea de la Iglesia. En este caso, de la pastoral juvenil y de la labor que se realiza en los colegios católicos. No significa que todo será pura lectio, pero sí que contribuya, porque es Dios mismo el que toma el uso de la voz y genera procesos de conversión. La lectio es una buena opción frente al secularismo para mostrar, desde la experiencia, la alternativa fascinante de Jesús. Un cambio que no consiste en llenarnos de actividades, sino de escucharlo y llevar lo aprendido a la práctica.

Duc in altum, ReL

Vea también     Lectio Divina: Lectura de Dios a partir de su Palabra (mucha ayuda)



sábado, 17 de octubre de 2020

Cómo se reza la Lectio Divina? El Papa Francisco te lo enseña, paso por paso

Silvana Ramos, catholic-link





viernes, 29 de mayo de 2020

Lectio Divina: una guía rápida para subir la escalera de los monjes

En una calurosa mañana de verano, según cuenta la historia, en algún momento justo antes de 1150, Guigo, un cartujo de la Grande Chartreuse, estaba trabajando duro en el jardín de su celda cuando se sintió impresionado por la imagen de oración encontrada en las entrañas del Viejo Testamento.

Mientras meditaba acerca de la escalera de Jacob de Génesis 28, Guigo comenzó a pensar en la oración monástica como en una escalera de cuatro peldaños, donde comienzas con los pies plantados firmemente en el suelo, y tomando cada peldaño en orden, ascenderás al cielo. Más tarde ese año, antes de la muerte de San Bernardo de Claraval, Guigo publicó su obra más famosa sobre la oración, Scala Claustralium/Escalera de los Monjes, que describe la lectio divina, un método de oración que tiene igual valor para el laico católico como para el claustro de los monjes de la Grande Chartreuse.


A pesar de que pueda provocar una sacudida intimidante al principio, la lectio divina es una forma simple y efectiva de orar que ha sido parte de la práctica de la fe católica durante casi un milenio. Un elemento básico de la tradición monástica desde que fue introducido por Guigo el Cartujo en Scala Claustralium, la lectio divina es una práctica contemplativa que casi cualquiera puede asumir y hacer parte de su vida diaria de oración.
Esta escalera de oración se sube como cualquier escalera, un peldaño a la vez, en orden y desde cero. A diferencia de cualquier escalera que pueda encontrarse en su ferretería local, esta escalera se extiende hasta las puertas del cielo.


Paso uno: Lectio

Tradicionalmente, 'la lectio divina', o lectura divina, se divide en cuatro pasos o peldaños. El primer renglón, lectio, es una lectura lenta "a paso de tortuga" de un texto de la Escritura hasta el momento que una palabra o frase en el texto te atrapa. Puedes comenzar con un pasaje familiar, tu libro bíblico favorito como los salmos o simplemente comenzar al comienzo del Génesis o los Evangelios. Pues, haces unas lecturas lentas de unos pocos versículos para que encuentres tu palabra. Una vez que algo te atrape, escríbelo. Este será el tema de tu oración.



Paso dos: Meditatio
Luego, en 'meditatio', como una vaca rumiante, reflexionas sobre esa palabra o frase, meditando sobre ella, profundizándola y, como lo hacía Nuestra Señora, guardándola en tu corazón. Este paso es una consideración activa ya que estás explorando el tema de tu oración mental. Se pueden hacer preguntas como "qué significa esta frase" o "en qué me hace pensar esta palabra" o “qué es lo que quiere decirme el Señor con esto” o ¿"Esta palabra o frase le recuerda algún episodio de tu vida?" Todo esto puede ser un estímulo importante que te puede ayudar a llevarte al siguiente paso de la oración.



Paso tres: Oratio

Nuestro tercer peldaño es 'oratio'. Este es el paso donde la mayoría de las personas intentan comenzar su oración mental, pero al hacerlo, se están perdiendo los dos primeros peldaños vitales que establecen los postulados de la oración. Pero después de haber pasado tanto por la lectio cuanto por la meditación, será entonces que nos percatamos como nos habla de Dios en las Escrituras y entonces podemos responder con oración. Este es un buen momento para explayarnos en alabanzas, adoración, acción de gracias y petición, además de hablar con Dios sobre el tema de nuestra meditación en los pasos anteriores. Si bien las oraciones vocales que solemos recitar pueden ser muy formales, el Ave María, los Actos de Fe, Esperanza y Amor, y el Padre Nuestro, y así vienen a la mente, la oración mental suele ser mucho más informal. Es la oración de un niño hablando con su padre o un amigo hablando con otro. Los dos modos de orar valen.


Paso cuatro: contemplación

 
El cuarto paso es la ‘contemplatio’ o contemplación. Aquí es donde callamos nuestros corazones y esperamos a Dios. Puede hablarnos en silencio, o puede usar este tiempo para ayudarnos a crecer en silencio. Esta parte depende de la acción de Dios y simplemente estamos presentes en esta etapa. Esta es la etapa en la que Dios está más activo y lo esperamos en silencio. A veces hablará en voz alta. A veces escucharemos su voz suave y apacible. A veces simplemente nos colma con su presencia en un profundo silencio.


Paso cinco no oficial: Decisión/Propósito

 
Tal vez estarás diciendo: "Pensé que sólo había cuatro pasos". Y estarías en lo cierto. San Francisco de Sales,  Doctor de la Iglesia, adiciona a los pasos de la lectio divina con un quinto paso que originalmente no formaba parte de la Scala de Guigo. Decisión/Propósito es donde concluimos nuestra oración con una propósito concreto que ayuda a guiar nuestro día y así continúa nuestro crecimiento espiritual a través de nuestra oración. En su obra, Introducción a la Vida Devota, San Francisco de Sales aconseja a sus lectores que usen esta oración para recolectar una especie de tesoro/recuerdo al que puedan regresar durante todo el día, volviendo al tema de su oración.

Subiendo la escalera
Cada peldaño de la escalera de Guigo te llevará a profundizar en la vida de oración que debes tener. Al incluir 15-20 minutos diarios en tu tiempo de oración siguiendo estos pasos, puedes aprender a subir la escalera de la oración. A medida que este método se te hace familiar, te acercarás cada vez más a Dios en este tiempo que pases con él.



¿Buscas un poco de ganancia adicional?

¿Ganar más aún? Una de las indulgencias plenarias más fáciles que puede ganar, y una de las pocas que puedes ganar todos los días se da con las condiciones habituales, confesión y misa en ocho días, padrenuestro y avemaría en la intención del Papa y el rechazo del pecado; esto es todo lo que se necesita para ganar una indulgencia plenaria:  30 minutos de lectura orante de las Escrituras. Esta es una gracia increíble, y una que puedes compartir. Ofrécela por las almas del purgatorio, por los que se han alejado de la fe y por los que más lo necesitan. Como el difunto p. Michael Sherliza diría, "la gracia nunca se desperdicia".


Tim Mason, epicpew

miércoles, 19 de septiembre de 2018

La Lectio Divina 10/10

Dña. Beatriz Ozores Rey —licenciada en Ciencias Religiosas— termina este bloque de «Marcando el Norte» con una explicación de la Lectio Divina, es decir, de la lectura meditada y orada de la Palabra de Dios, con sus cinco pasos, basándose en la Exhortación Apostólica «Verbum Domini» del papa emérito Benedicto XVI.








sábado, 21 de noviembre de 2015

10 formas de oración que no pueden faltar en tu vida cristiana



Daniel Prieto, CatholikLink
“No tengo tiempo para rezar”, porfían algunos. “No es verdad”, replico yo. Me dan miles de excusas y se van. Luego pasan las horas, y yo los observo. Largas horas invertidas en series de televisión, en facebook, en juegos, en youtube, en música, en algún hobby… en fin, todo justificable, pues en el fondo uno siempre encuentra tiempo para todo, incluso para las cosas más banales (qué decir si se trata de algo que se considera de vital importancia para nuestra vida). ¿Por qué no pasará lo mismo con la oración? Repito, no me creo eso de no tener tiempo para rezar. El problema es otro. ¿Quieres rezar? “Sí”, debes responder ¿Tienes tiempo? “Sí”. Ahora nos estamos entendiendo. Pero antes necesitamos responder: ¿qué es la oración?
No faltan definiciones elocuentes, de grandes santos, que responden con profundidad a la pregunta. Santa Teresita, por ejemplo, decía: «Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como en la alegría». O San Agustín: «La oración, sepámoslo o no, es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de Él». Sin embargo, no faltan personas insatisfechas con tales definiciones. Y no les falta razón.
Sabemos que estas respuestas no abarcan todos los aspectos y matices que la palabra implica. En realidad este tampoco era el afán de los santos citados, ni el nuestro. Ni siquiera un tratado sería suficiente para describir y explicar los numerosos tipos (alabanza, perdón, acción de gracias, súplica), métodos (liturgia de las horas, lectio, rosario, oración del nombre de Jesús), experiencias (personales, litúrgicas, sacramentales), que existen y en los cuales se puede vivir, enmarcar  y comprender la oración.


Aun así, debemos intentar llegar a describir su fundamento último, es decir, tratar de definir lo que está en la base y constituye su esencia respecto al hombre. En ese sentido creo que podemos afirmar que la oración es relación. Relación de amor entre Dios y el hombre. Relación de amor entre el hombre y Dios. Relación que lleva a la reconciliación.Re-conciliación que es la dinámica de reunificación entre lo humano y lo divino. Me explico mejor. El hombre fue creado no solo a través de la Palabra, sino también a imagen y semejanza de Ella, por ello es el la única creatura visible capaz de entablar un diálogo de amor con su Creador (GS 12,3). Como decía Ratzinger comentando el Génesis: “El aliento de Dios le ha sido insuflado, por lo cual la divinidad ha literalmente entrado en él, su barro adquiere el ser-imagen-de-Dios”. Imagen que es capacidad de desplegarse en el amor y puede alcanzar la semejanza divina. Por eso el respiro del hombre va más allá de ser un mecanismo necesario para la conservación de su vida terrena. En su caso, lo decisivo es su capacidad de respirar la vida del Espíritu, que es la vida de Dios. El hombre es capaz de Dios. Su corazón (entendido como toda su persona), puede albergar la vida Trinitaria y así la materia de su cuerpo puede convertirse en auténtico santuario (templo) del  Espíritu Santo. Con ello glorifica a Dios (1 Cor. 6, 19-20), porque es portador de la gloria de Dios.  Sí, San Ireneo tenía razón, “la gloria de Dios es el hombre viviente”.
La naturaleza del hombre de oración, al entrar en comunión con Dios, se transfigura y diviniza, al participar de la naturaleza divina (de su amor, porque Dios es amor). En la oración  lo decisivo es esta relación de comunión. Es en este marco que se entiende cómo toda la existencia del hombre puede convertirse en oración. Orígenes sobre esto decía:«Solamente podemos poner en práctica el precepto de “Orar siempre” (1Tes 5,17) si consideramos toda la existencia cristiana como una única y gran oración, de la que eso que solemos llamar “oración” es tan solo una parte» (Sobre la oración 12,2). La relación de amor con Dios caracteriza toda nuestra existencia, y desde esta se forja una nueva modalidad operativa que transforma toda nuestra actividad.


Esta relación obviamente depende en primera instancia de Dios. Dios nos amó primero (1 Jn 4,19) y nunca ha dejado de amarnos y llamarnos, incluso después del pecado. Si bien es cierto que  pecado original tuvo y sigue teniendo graves consecuencias (la privación de la santidad y de la justicia original, la naturaleza herida, la desarmonía del cosmos, etc.) Dios no nos abandona, y nos confirma su fidelidad. Su relación hacia nosotros no se interrumpe, más bien se reconstituye con una novedad inaudita: Cristo, el nuevo y definitivo Dia-logo entre el Padre y el hombre es la Palabra que se hace carne.Encarnación, pasión, muerte y resurrección, se convierten en el movimiento de reconciliación que nos devuelve la vida del Espíritu. Ese respiro de vida eterna que habíamos perdido, se nos dona nuevamente. Dios sopla de nuevo en nuestro barro herido. La divinidad ha literalmente entrado en nosotros otra vez haciéndonos revivir, resucitar. Esto es el bautismo: morir para renacer a la vida en Cristo. Y vivir con coherencia este dinamismo bautismal es la fuente de la vida de oración. Quien se conforma con Cristo, no puede más que tender como Él a la sincera entrega de sí mismo a los demás. Esta entrega encuentra su fuente y culmen en la Eucaristía, que es la fuente y culmen de la entrega de Cristo, y por ende la fuente y culmen de la vida y de la misión de la Iglesia.
El hombre de oración es aquel que viviendo su bautismo se convierte en un hombre eucarístico. Por Cristo, con Él y en Él, toda su actividad (y con ella el cosmos) se vuelven ofrenda (oración) agradable, dirigida y elevada al Padre. Desde esta perspectiva podemos decir que el corazón de la oración es esta comunión y reconciliación en Cristo, quien nos une a través del Espíritu al Padre. Esta es la esencia de la vida cristiana: el amor de la Trinidad que germina en nuestros corazones, llevándonos a donarnos a los demás en un constante y cotidiano gesto litúrgico, «presentando nuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es nuestro culto razonable» (Cfr. Rom 12,1-2).  Entonces experimentaremos aquello que describía Isaac de Nínive:
«Cuando el Espíritu establece su morada en el hombre, este no puede ya dejar de orar, porque el Espíritu no deja de orar en él: duerma o vele, la oración no cesa en él; coma o beba, duerma o trabaje, el perfume de la oración exhala espontáneamente de su corazón. También el silencio en él es oración, y los movimientos de su corazón son como una voz silenciosa y secreta que canta, canta para Dios».

domingo, 12 de julio de 2015

Vídeo del Papa Francisco a los jóvenes: un mensaje espontáneo en un teléfono móvil para promover la oración con la Biblia




En un encuentro privado con el Papa Francisco, el presidente de la Fundación Ramón Pané, el hermano Ricardo Grzona, le pidió que animara a todas las personas que siguen los procesos de oración con la Biblia (Lectio Divina) que ellos animan.

El Papa, sin dudarlo un momento, aceptó espontáneamente la propuesta y con el mismo teléfono del hermano Ricardo grabó un mensaje para compartir la belleza de la oración con la Palabra de Dios.

Ahora la Fundación Ramón Pané (www.fundacionpane.org y www.cristonautas.com) ha publicado el vídeo en varios idiomas como regalo para toda la Iglesia. Y, como se podía imaginar, ya ha comenzado a ser viral.
(cortesía del Pbo. Juan Herrera)