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sábado, 25 de mayo de 2024

Nuestra Señora del Sagrado Corazón

Para que tengan a la mano

 Textos de la Misa de Nuestra Señora del Sagrado Corazón


LITURGIA MISIONEROS DEL SAGRADO CORAZÓN 

MISA DE NUSTRA SEÑORA DEL SAGRADO CORAZÓN 

ANTÍFONA DE ENTRADA Con amor eterno te amé, por eso prolongué mi misericordia, y tú te llenarás de alegría, Doncella de Israel. 

ORACIÓN COLECTA Oh, Dios, que has manifestado en Jesucristo las inefables riquezas de tu amor y quisiste asociar al misterio de su Corazón a Santa María la Virgen, te suplicamos nos concedas participar también nosotros de ese amor y ser cada día sus testigos en la Iglesia.  Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén 

LITURGIA DE LA PALABRA
1ª lectura: Isaías 66,10-14
Salmo: Sl 44,11-12; 14-17
2ª lectura: San Pablo a los Gálatas 4,4-7
Evangelio: Juan 19,25-37

 LITURGIA EUCARÍSTICA

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Señor escucha las plegarias y recibe las ofrendas que te presentamos en honor de Santa Maria, siempre Virgen; que, por este saludable intercambio, sintamos en nosotros lo que ella sintió en las relaciones con su Hijo.  Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor.  Amen. 

ANTÍFONA DE COMUNIÓN Dios es amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en el. 

ORACIÓN DESPUES DE LA COMUNIÓN Después de saciar nuestra sed en las fuentes del salvador en esta fiesta de Santa María siempre Virgen, te pedimos, Señor, que por este sacramento de unidad y amor, sepamos hacer lo que te agrada, sirviendo con amor a nuestros hermanos.  Por Jesucristo, nuestro Señor.  Amen. 


Oficio de la Solemnidad de Nuestra Señora del Sagrado Corazón


miércoles, 9 de agosto de 2023

Si quieres rezar la Liturgia de las Horas, te decimos como comenzar

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La oración oficial de la Iglesia puede resultar un tanto complicada cuando no se tiene idea de cómo rezarla, sin embargo, es tan rica y profunda que vale la pena iniciar hoy

Sinónimos como Liturgia de las Horas, Oficio Divino u oración del tiempo presente, se usan para designar la oración diaria y oficial de la Iglesia que da ritmo a los días y a los años, santifica el tiempo y lo transfigura en Cristo, por eso es fundamental conocer cuándo y cómo rezar con las Horas.

Los primeros cristianos eran «asiduos en la oración» (Hechos 2, 42). La Oración de las Horas pasó por muchos cambios, pero el fundamento sigue siendo siempre el mismo: responder al llamado de Cristo a orar en todo momento, en la Iglesia y desde la Palabra de Dios (especialmente los Salmos).

El Concilio Vaticano II reiteró esta obligación para los clérigos y las personas consagradas. Además, renovando la tradición más antigua, la recomendaba a todos los fieles, ya sea que rezaran «con el clero, con otros o a solas» (Sacrosanctum Concilium, nº 100).

La Liturgia de las Horas está así «destinada a convertirse en la oración de todo el Pueblo de Dios» (Catecismo de la Iglesia Católica § 1175).

Fue en respuesta a este deseo del Concilio que se inició la revisión de la publicación Magnificat con el apoyo de san Juan Pablo II. Los tesoros de la Liturgia de las Horas se ofrecen a los fieles laicos de forma adaptada a su vida familiar y profesional cotidiana.

Alabar por la mañana, agradecer por la tarde

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© Jeffrey Bruno

La Liturgia de las Horas se compone de la alabanza matutina (Laudes), donde se consagra el día a Dios, y la acción de gracias vespertina (Vísperas).

A estas se añaden las del medio día (tercia, sexta, nona) y las de antes de acostarse (Completas), así como el oficio de lecturas, sin hora fija.

Este ciclo diario se extiende a lo largo de cuatro semanas. Se combina con el ciclo anual de la liturgia: Adviento, Navidad, Tiempo Ordinario, Cuaresma, Pascua, celebrando los misterios de Cristo, la Virgen María y los santos.

Las pausas y los silencios son parte integral de ella para promover la resonancia en los corazones de la voz del Espíritu Santo. Como la mayoría de estos elementos cambian según los días y las épocas del año, el dominio de la Liturgia de las Horas requiere un cierto aprendizaje y una cierta habilidad para pasar las páginas.

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¿Por qué rezar la Liturgia de las Horas?

Es la oración oficial de toda la Iglesia, la «voz de la Novia que habla a su Esposo» (Vaticano II). Al asociarnos a ella, damos ritmo a nuestros días con la Iglesia, participamos en su misión de alabanza e intercesión, estamos en comunión más estrecha con todos aquellos cuyo oficio es esta oración.

La Liturgia de las Horas es una pedagogía del Espíritu Santo, especialmente a través de los Salmos. Los rezamos en diálogo con Dios, le respondemos con sus propias palabras, con su Palabra.

Estos cantos pueden tener más de mil quinientos años de historia, pero tratan de nosotros y se dirigen a nosotros, tan actuales y a menudo mucho más reales que lo que leemos en los periódicos.

La felicidad, la infelicidad, las luchas de la vida, la desesperación, la súplica, la intercesión y, sobre todo, la alabanza y la acción de gracias, todo el espectro de nuestra relación con Dios, con los demás y con nosotros mismos se encuentra en ellas.

No hay ningún riesgo, con los Salmos, de vivir un cristianismo sensiblero o diluido. Gracias a ellos, la vida se transforma en oración y la oración en una escuela de vida (e incluso, a través de la alabanza, una escuela de vida eterna).

Oración personal versus rezo colectivo

Jesús nos dice: «Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.» (Mt 6,6), pero también: «Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos» (Mt 18,20).

Estos dos modos de oración se irrigan mutuamente y son fructíferos para transfigurar nuestros días juntos a la luz de Cristo.

¿Debe convertirse esta forma de oración recomendada por la Iglesia, incluso para las familias, en una obligación moral para todos? No. Las vocaciones y posibilidades de cada uno de sus miembros deben ser tomadas en cuenta en este caso.

El Rosario también es una oración familiar muy recomendada por la Iglesia, y otras formas de oración dan hermosos frutos, para el hogar y más allá. Dejemos que la experiencia, especialmente la de los niños, nos sirva de guía hacia la verdad.

Pero si una comunidad religiosa o una parroquia reza las Horas no muy lejos de su casa, ¿por qué no unirse a ellos cuando pueda?

¿Cómo leer los Salmos?

Lo mejor es, por supuesto, cantar los Salmos, porque son cantos (algunos incluso tienen indicaciones de melodías e instrumentos). Lo más importante es que sea hermoso y que «el alma esté en sintonía con la voz» (San Benito)

Sin embargo, las dificultades no deben minimizarse, incluso después de haber dominado el proceso.  Al «no tengo tiempo», al estrés de la vida moderna, cuyo ritmo caótico no va bien con el ritmo de la liturgia, a las distracciones o a los hábitos y a la rutina, se añaden la distancia cultural con los Salmos y la repugnancia ante la violencia de algunos (aunque no se canten los versos más chocantes para la mentalidad contemporánea).

Es necesario aprender la lectura cristiana y espiritual de los Salmos, y perseverar. ¡Los salmos que tan a menudo hablan de combate también pueden ser un combate! Para muchos de nosotros, incluyendo a los clérigos, el oficio divino cantado o recitado en solitario casi exige heroísmo.

Pero a cambio, qué alegría es experimentar la misericordia de Dios día tras día, saber que estamos «rodeados de una verdadera nube de testigos» (Hebreos 12:1) que se han enriquecido de ella a través de los siglos.

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Jeffrey Bruno

Y a veces, sin buscarlo, el versículo de un salmo se te agarra de repente, como si lo escucharas por primera vez, como si hubiera sido escrito sólo para ti. Te golpeará, y tal vez cambie tu vida. Sobre todo, tu intimidad con Cristo crecerá.

A él, que rezaba y cantaba estos salmos, le gustaba levantarse ante el sol para la oración de la mañana (Mc 1, 35) y a veces prolongaba la oración de la tarde toda la noche (Lc 6, 12).

Nuestro corazón en su corazón, nuestra experiencia de oración se fundió con la suya, podemos entonces decir: «Y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Gal 2, 20), y entonces seremos introducidos en su intimidad con el Padre.

Por Didier Rance, Aleteia

       Vea también    Liturgia de las Horas en manos de los Fieles               

(abundante información)




























miércoles, 25 de noviembre de 2020

Una app oficial de los obispos españoles para rezar la liturgia de las horas con móvil o tablet

 


A partir del 28 de noviembre la Conferencia Episcopal Española lanza la app “Liturgia de las horas” , la primera app oficial de los obispos españoles para rezar el oficio divino.

La app estará disponible de manera gratuita a partir del sábado, 28 de noviembre, coincidiendo con el inicio del Adviento y del nuevo año litúrgico. Podrá descargarse accediendo a la App Store, si dispone de un dispositivo móvil de Apple (iPhone o iPad), o a Google Play, si utiliza un móvil o tablet con sistema operativo Android.

Los obispos españoles tomaron la decisión de ofrecer una app para facilitar la oración litúrgica en aquellas situaciones, como desplazamientos, en que no sea posible disponer de los libros litúrgicos oficiales.

Incorpora una serie de funcionalidades exclusivas orientadas a simplificar su manejo.

A través de la app oficial de la CEE, el usuario podrá disponer a diario en su dispositivo móvil de la Liturgia de las horas. Al acceder a la aplicación, y para facilitar la veritas horarum, se mostrará siempre destacada la hora correspondiente al momento del día en el que se encuentre, aunque se podrá acceder al resto de las Horas e incluso seleccionar, mediante un calendario, el día del año litúrgico en curso que se desee.

Asimismo, la nueva aplicación incluye los textos propios para cada día del Misal Romano y del Leccionario de la Misa, así como el Martirologio Romano, para poder conmemorar diariamente a los mártires y santos.

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Vea también    Liturgia de las Horas en manos de los fieles



martes, 16 de mayo de 2017

188 ¿Su Fe es la Fe de la Iglesia? ¡Compruébelo!

Esta es nuestra Fe, la Fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor nuestro.


 Liturgia de las horas

188. ¿Qué es la Liturgia de las Horas?

La Liturgia de las Horas es la oración general y pública de la Iglesia. Textos bíblicos introducen al orante cada vez más profundamente en el misterio de la vida de Jesucristo. De este modo, en todo el mundo, en cada hora del día, se da al Dios trino espacio para transformar paso a paso al orante y al mundo. No sólo los PRESBÍTEROS y los monjes rezan la Liturgia de las Horas. Muchos cristianos para quienes la fe es importante unen su voz a la invocación de miles y miles, que se eleva a Dios desde todos los lugares del mundo. [1174­-1178,1196]

Las siete horas litúrgicas son como un vocabulario de oración de la Iglesia, que nos suelta la lengua también cuando la alegría, la preocupación o el miedo nos dejan sin palabras. Una y otra vez nos asombramos al rezar la Liturgia de las Horas: una frase, un texto entero concuerdan «casualmente» de forma exacta con mi situación. Dios escucha cuando le llamamos. Nos responde en estos textos, a veces de un modo tan concreto que causa estupor. No obstante muchas veces nos exige largos periodos de silencio y de sequedad, en espera de nuestra fidelidad.

 Liturgia de las horas + laicos
* El texto (pregunta y respuesta) proviene del Youcat = Catecismo para Jóvenes. Los números que aparecen después de la respuesta hacen referencia al pasaje correspondiente del Catecismo de la Iglesia Católica que desarrolla el tema aún más. Basta un clic en el número y será transferido. 

sábado, 21 de noviembre de 2015

10 formas de oración que no pueden faltar en tu vida cristiana



Daniel Prieto, CatholikLink
“No tengo tiempo para rezar”, porfían algunos. “No es verdad”, replico yo. Me dan miles de excusas y se van. Luego pasan las horas, y yo los observo. Largas horas invertidas en series de televisión, en facebook, en juegos, en youtube, en música, en algún hobby… en fin, todo justificable, pues en el fondo uno siempre encuentra tiempo para todo, incluso para las cosas más banales (qué decir si se trata de algo que se considera de vital importancia para nuestra vida). ¿Por qué no pasará lo mismo con la oración? Repito, no me creo eso de no tener tiempo para rezar. El problema es otro. ¿Quieres rezar? “Sí”, debes responder ¿Tienes tiempo? “Sí”. Ahora nos estamos entendiendo. Pero antes necesitamos responder: ¿qué es la oración?
No faltan definiciones elocuentes, de grandes santos, que responden con profundidad a la pregunta. Santa Teresita, por ejemplo, decía: «Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como en la alegría». O San Agustín: «La oración, sepámoslo o no, es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de Él». Sin embargo, no faltan personas insatisfechas con tales definiciones. Y no les falta razón.
Sabemos que estas respuestas no abarcan todos los aspectos y matices que la palabra implica. En realidad este tampoco era el afán de los santos citados, ni el nuestro. Ni siquiera un tratado sería suficiente para describir y explicar los numerosos tipos (alabanza, perdón, acción de gracias, súplica), métodos (liturgia de las horas, lectio, rosario, oración del nombre de Jesús), experiencias (personales, litúrgicas, sacramentales), que existen y en los cuales se puede vivir, enmarcar  y comprender la oración.


Aun así, debemos intentar llegar a describir su fundamento último, es decir, tratar de definir lo que está en la base y constituye su esencia respecto al hombre. En ese sentido creo que podemos afirmar que la oración es relación. Relación de amor entre Dios y el hombre. Relación de amor entre el hombre y Dios. Relación que lleva a la reconciliación.Re-conciliación que es la dinámica de reunificación entre lo humano y lo divino. Me explico mejor. El hombre fue creado no solo a través de la Palabra, sino también a imagen y semejanza de Ella, por ello es el la única creatura visible capaz de entablar un diálogo de amor con su Creador (GS 12,3). Como decía Ratzinger comentando el Génesis: “El aliento de Dios le ha sido insuflado, por lo cual la divinidad ha literalmente entrado en él, su barro adquiere el ser-imagen-de-Dios”. Imagen que es capacidad de desplegarse en el amor y puede alcanzar la semejanza divina. Por eso el respiro del hombre va más allá de ser un mecanismo necesario para la conservación de su vida terrena. En su caso, lo decisivo es su capacidad de respirar la vida del Espíritu, que es la vida de Dios. El hombre es capaz de Dios. Su corazón (entendido como toda su persona), puede albergar la vida Trinitaria y así la materia de su cuerpo puede convertirse en auténtico santuario (templo) del  Espíritu Santo. Con ello glorifica a Dios (1 Cor. 6, 19-20), porque es portador de la gloria de Dios.  Sí, San Ireneo tenía razón, “la gloria de Dios es el hombre viviente”.
La naturaleza del hombre de oración, al entrar en comunión con Dios, se transfigura y diviniza, al participar de la naturaleza divina (de su amor, porque Dios es amor). En la oración  lo decisivo es esta relación de comunión. Es en este marco que se entiende cómo toda la existencia del hombre puede convertirse en oración. Orígenes sobre esto decía:«Solamente podemos poner en práctica el precepto de “Orar siempre” (1Tes 5,17) si consideramos toda la existencia cristiana como una única y gran oración, de la que eso que solemos llamar “oración” es tan solo una parte» (Sobre la oración 12,2). La relación de amor con Dios caracteriza toda nuestra existencia, y desde esta se forja una nueva modalidad operativa que transforma toda nuestra actividad.


Esta relación obviamente depende en primera instancia de Dios. Dios nos amó primero (1 Jn 4,19) y nunca ha dejado de amarnos y llamarnos, incluso después del pecado. Si bien es cierto que  pecado original tuvo y sigue teniendo graves consecuencias (la privación de la santidad y de la justicia original, la naturaleza herida, la desarmonía del cosmos, etc.) Dios no nos abandona, y nos confirma su fidelidad. Su relación hacia nosotros no se interrumpe, más bien se reconstituye con una novedad inaudita: Cristo, el nuevo y definitivo Dia-logo entre el Padre y el hombre es la Palabra que se hace carne.Encarnación, pasión, muerte y resurrección, se convierten en el movimiento de reconciliación que nos devuelve la vida del Espíritu. Ese respiro de vida eterna que habíamos perdido, se nos dona nuevamente. Dios sopla de nuevo en nuestro barro herido. La divinidad ha literalmente entrado en nosotros otra vez haciéndonos revivir, resucitar. Esto es el bautismo: morir para renacer a la vida en Cristo. Y vivir con coherencia este dinamismo bautismal es la fuente de la vida de oración. Quien se conforma con Cristo, no puede más que tender como Él a la sincera entrega de sí mismo a los demás. Esta entrega encuentra su fuente y culmen en la Eucaristía, que es la fuente y culmen de la entrega de Cristo, y por ende la fuente y culmen de la vida y de la misión de la Iglesia.
El hombre de oración es aquel que viviendo su bautismo se convierte en un hombre eucarístico. Por Cristo, con Él y en Él, toda su actividad (y con ella el cosmos) se vuelven ofrenda (oración) agradable, dirigida y elevada al Padre. Desde esta perspectiva podemos decir que el corazón de la oración es esta comunión y reconciliación en Cristo, quien nos une a través del Espíritu al Padre. Esta es la esencia de la vida cristiana: el amor de la Trinidad que germina en nuestros corazones, llevándonos a donarnos a los demás en un constante y cotidiano gesto litúrgico, «presentando nuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es nuestro culto razonable» (Cfr. Rom 12,1-2).  Entonces experimentaremos aquello que describía Isaac de Nínive:
«Cuando el Espíritu establece su morada en el hombre, este no puede ya dejar de orar, porque el Espíritu no deja de orar en él: duerma o vele, la oración no cesa en él; coma o beba, duerma o trabaje, el perfume de la oración exhala espontáneamente de su corazón. También el silencio en él es oración, y los movimientos de su corazón son como una voz silenciosa y secreta que canta, canta para Dios».