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lunes, 7 de julio de 2025

La vida del Padre Pío lo llevó a descubrir su vocación y entrar al seminario


 

Para Guilherme Silva de Araujo, un joven de 20 años, la vocación llegó de forma inesperada: al ver una película sobre el Padre Pío. Aquel encuentro transformó por completo su historia. Hoy se prepara para el sacerdocio, con el anhelo de entregar toda su vida a Dios.

Guilherme nació el 26 de octubre de 2003 en Aracaju, en el noreste de Brasil. Aunque su familia era católica, no iba regularmente a Misa ni rezaba el Rosario, pero su madre siempre procuró que él y su hermana recibieran los sacramentos iniciales.

A los 14 años, comenzó a atravesar momentos difíciles. Influenciado por malas amistades y arrastrando heridas emocionales, se fue alejando de Dios en busca de una felicidad que no terminaba de encontrar. Solo mantenía un pequeño vínculo con la Iglesia como auxiliar de catequesis en su parroquia.

Guilherme narra a la Fundación CARF que en medio de tantos problemas, creció en él una necesidad de buscar el sentido a su vida, encontrar una “causa” por la que entregar su existencia.

Un reencuentro con la fe

El futuro seminarista inició el curso de Confirmación con buena voluntad, abierto a lo que Dios quisiera mostrarle. Fue un año lleno de experiencias hermosas. Además, se reencontró con un amigo que lo animaba a asistir a la Misa dominical, y más adelante se unió a un grupo juvenil parroquial. Allí encontró jóvenes que, como él, anhelaban entregar su vida a una causa verdadera: Jesús.

Guilherme junto al grupo parroquial.

Comenzó a conocer la vida de los santos con más profundidad, el Catecismo de la Iglesia Católica y la tradición de la fe. Poco a poco, los vicios fueron perdiendo terreno en su vida, y la oración se convirtió en su motor diario.

“Mis amistades cambiaron, mis argumentos también, incluso mi forma de vestir. Pero, sobre todo, había una novedad esencial en mi vida: la oración”, señala a la Fundación CARF.

El impacto de Padre Pío

En 2019, todo dio un giro definitivo. En una reunión del grupo juvenil, proyectaron una película sobre la vida de San Pío de Pietrelcina. Su vida y su entrega total a Dios lo golpeó profundamente.

“Ya no era él mismo. Por más que intentara seguir con mi vida como si nada hubiera cambiado, no podía”, resalta.

Hasta entonces, deseaba formar una familia, pero desde aquel momento surgió un nuevo deseo: “quiero hacerme religioso”. Compartió esta inquietud con un amigo que ya seguía un camino vocacional, quien lo invitó a conocer a la comunidad de los Siervos del Corazón Inmaculado de María. 

Guilherme junto al grupo pastoral.
“Al acoger mi apertura de corazón, me invitó a la comunidad de los Siervos del Corazón Inmaculado de María para participar en una celebración el 13 de octubre, en honor a la aparición de Nuestra Señora en Fátima.
Allí me confesé y participé en la Misa. Todo lo que viví ese día tocó profundamente mi corazón. Volví algunas veces más, pero la comunidad estaba muy lejos de mi casa y, por mi falta de perseverancia, dejé de frecuentarla durante un año”.

En 2020 se unió a la pastoral de monaguillos y, al final de ese año, retomó con los Siervos, decidido a seguir el camino vocacional. Fue aceptado en la Universidad Federal de su estado, pero eligió renunciar a su plaza para vivir una experiencia de un año con la comunidad como laico consagrado.

“Viví tantas experiencias hermosas: misiones marianas, encuentros con jóvenes y niños en el oratorio… Conocí a muchas personas que enriquecieron mi vida con sus buenos ejemplos, especialmente en las parroquias por las que pasé”, afirma.
Grupo de seminaristas de la congregación los Siervos del Corazón Inmaculado de María.

Su viaje en la fe lo llevó a Roma

En agosto de 2023, Guilherme llegó a Roma para iniciar formalmente su formación. Actualmente cursa el segundo año del postulantado y también el segundo año de Filosofía en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (PUSC), gracias al apoyo de la Fundación CARF. Forma parte de un grupo de veinte miembros de su congregación, entre seminaristas y sacerdotes.

“Cada día estoy más agradecido al Señor por la gracia de haber recibido una llamada particular, pero aún más por haber podido responderle”, comparte con emoción.

La vida vocacional del joven seminarista está impulsada por el amor infinito que recibe de Dios diariamente y por tantas heridas que Jesús ha curado.

Crédito: Fundación CARF.
 “Le ofrezco mi existencia diariamente, para que pueda ser instrumento de sanación y canal de gracia para tantas otras personas; para que descubran cuánto amor las envuelve y quién es el que las ama: ¡el Amor! Y a ese Amor sólo se le puede responder amando”.

También expresa su gratitud a los benefactores de la Fundación CARF:

“Les aseguro mis oraciones cada día, y les pido que me tengan presentes en las suyas, para que pueda seguir firme y siempre fiel a los santos designios de Dios”.

Harumi Suzuki, ChurchPOP

Vea también      La Vocación Cristiana - Vocación a la Santidad















viernes, 1 de diciembre de 2023

¿Por qué han disminuido las vocaciones al sacerdocio?

Pielgrzymka seminarzystów na Jasną Górę

Peregrinación de seminaristas a Jasna Gora el 1 de junio de 2023


En el mundo hay 408 mil sacerdotes y 206 mil seminaristas, un número pequeño para atender a casi mil 400 millones de personas en el mundo, ¿ya no hay vocaciones?

El mundo tiene casi 8 mil millones de habitantes, y aproximadamente mil 400 millones de ellos son católicos, de acuerdo con el último Anuario Estadístico de la Iglesia del 31 en diciembre de 2021, el cual recoge las cifras recabadas en todas las diócesis del planeta para conocer su situación.

El documento registra que existen 407 mil 872 sacerdotes entre diocesanos y religiosos. Una pequeña cantidad para atender al gran número de católicos que existen en los cinco continentes. Además, los seminaristas mayores y menores alcanzan la cifra de 205 mil 609 jóvenes que se preparan para el presbiterado. ¿Se están acabando las vocaciones? Para responder a esta pregunta, el Pbro. Omar Sánchez Sánchez, promotor vocacional, habló con Aleteia.

NICARAGUA

¿Hay crisis de vocaciones?

El padre Omar afirma que no hay crisis de vocaciones. «Las vocaciones ahí están. Hay crisis de respuesta, incluso de los que ya vivimos una vocación» asegura el sacerdote. Y es que resulta que, cuando una persona ya está casada, ya se ha ordenado, es religioso o religiosa, o eligió quedarse soltero, puede pensar que «ya la hizo», es decir, que ha alcanzado la meta y ya no tendrá que preocuparse.

Sin embargo, el promotor vocacional dice que no es así. «Lo difícil es responder a partir de ahí, hacia adelante. Entonces, podemos vivir la vocación pero no estar respondiendo en ese mismo sentido, sobre todo, salirnos de lo que Dios nos pide en esta vocación», comenta.

Respecto a la crisis de respuesta a la que se refirió anteriormente, añade que sí existe debido a que los jóvenes no ubican el sentido de la felicidad ‘para siempre’ como algo fijo, sino que consideran que se trata de algo pasajero: «Pasa con las parejas: me sirves para un fin de semana, somos novios, nos acostamos y para el siguiente fin ya no me sirves, ya quiero a alguien más. Es impensable quedarme con alguien para siempre». Añade el padre que los jóvenes desean experiencias y quizá llenar vacíos.

Ausencia de testimonios

Otro punto importante para el presbítero es la falta de testimonios. «Nosotros mismos fallamos, obviamente somos humanos, pero a veces no vemos la repercusión que un antitestimonio de esta magnitud pueda tener». El sacerdote puntualiza que no se refiere solo a los casos escandalosos de abuso, sino a la manera de vivir la vocación específica; por ejemplo, un matrimonio frustrado que vive peleando, o un cura amargado que regaña a la gente. Estos ejemplos no son nada edificantes, al contrario, quien los ve de cerca prefiere no casarse ni ordenarse para no caer en la misma situación.

Falta de oración y promoción

A lo anterior, el p. Omar agrega «la falta oración y promoción». Con promoción no solo se refiere a dar un tema. «Promueve con tu propia vida. San Juan Pablo II fue una promoción para muchísimos sacerdotes que, en su tiempo, entraron al seminario simplemente por verlo. Les cambió la vida».

Por otro lado, está la falta de oración. Comenta el clérigo que él como promotor ha hecho campañas repartiendo oraciones por las vocaciones en todo momento, «apréndansela», insiste, y confiesa que le preocupa que la gente no la sepa ni forme parte de las oraciones básicas del cristiano creyente. «Así como el Padre nuestro y el Ave María. Porque el hecho de pedir vocaciones, es algo que Cristo mismo dijo: ‘rueguen, por tanto, al Dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos’ (Lc 10, 2). Ahí está, pues, el mandato».

Mónica Muñoz, Aleteia

Vea también     Qué hay que hacer para NO tener vocaciones























 

jueves, 21 de marzo de 2019

SACERDOCIO: MISIÓN DE HOMBRES SIN MIEDO

El nuevo vídeo de la Campaña Vocacional del Seminario de Toledo (España) esboza una definición de lo que es un sacerdote y de las razones de su imperiosa necesidad: «El Padre te ha soñado para esta bella misión. Si Cristo te llama a ser sacerdote, no tengas miedo a su voz».








jueves, 6 de septiembre de 2018

Carta a «El País» y «El Periódico» de un seminarista: celibato, abusos y defensa de la Iglesia


Iñigo es seminarista en el Seminario de Barcelona
La Iglesia Católica está viviendo durante las últimas semanas momentos muy convulsos ante los escándalos de abusos por parte del clero, la participación de algún importante miembro de la Iglesia y el encubrimiento de otros.
Como en otras ocasiones se ha puesto el foco en el celibato como uno de los causantes de estos casos. Y así se han hecho eco distintos medios de comunicación. Para dar otra versión y ofrecer su testimonio en estos tiempos difíciles, Iñigo de Alfonso Mustienes, seminarista de la Archidiócesis de Barcelona, ha enviado una carta al director de algunos de estos medios. Y El Periódico o El País la han publicado. Esto es lo que dice:
Sobre el celibato
“Tengo 32 años y soy seminarista en Barcelona. Antes del seminario estudié Derecho y me dediqué a temas legales internacionales.
Llevamos unos años en los que se van haciendo públicos hechos asquerosos de obispos, sacerdotes y religiosos que han abusado de niños y adultos indefensos. Esos abusadores deben ser puestos, como muchos ya lo están, ante las autoridades judiciales para que recaiga sobre ellos todo el peso de las leyes. Y, por supuesto, como también se está haciendo, deben ser expulsados de los ministerios que desempeñan.
Es un error pensar que con abolir el celibato o permitir que las mujeres se puedan ordenar, como piensan algunos, se soluciona el problema. Hay muchos más abusos y violencia doméstica en un matrimonio y nadie piensa en poner celibato opcional entre los esposos, que ya lo es, según libertad de cada uno.
Yo sentí la llamada de Dios. Yo libremente escogí seguirle aceptando una decisión que sé que no se entiende. Es una vida de amor y entrega. Una vida en la que debemos ver, y para eso nos forman, a las personas que se nos encomiendan a través de la Iglesia como nuestra verdadera esposa.
Una vida de entrega que solo en la verdadera vida de piedad y entrega a los demás puede funcionar. Pero teniendo muy claro que el sacerdocio no es un derecho de nadie. Es la Iglesia quien debe discernir sobre si yo soy apto o no. Y soy yo quien debo ser 100% sincero para esta vida de entrega y de amor fraterno”.
ReL







sábado, 3 de marzo de 2018

En Tierra Santa se prepara para la misión entre los árabes: «Estoy dispuesto a ir a donde sea»

El español Javier Martínez estudia en el Seminario Redemptoris Mater de Galilea
En Tierra Santa se prepara para la misión entre los árabes: «Estoy dispuesto a ir a donde sea»
Javier Martínez delante de las capilla de adoración perpetua del Seminario, 
rodeada por las celdas de los seminaristas

En pleno monte de las Bienaventuranzas y junto al Mar de Galilea se sitúa el Seminario internacional Redemptoris Mater, donde desde la 
universalidad de la Iglesia con 34 seminaristas de 14 nacionalidades, se 
preparan para ser misioneros en Tierra Santa, precisamente donde empezó todo. Aunque su misión también les lleva a las tierras del islam: 
Jordania, Siria, Bahrein, Emiratos Árabes y quién sabe si algún 
día a Arabia Saudí.

Uno de estos jóvenes dispuestos a dar la vida en la misión ya desde antes de 
ser ordenado es Javier Martínez, un joven español de 27 años natural de Zaragoza. Este es su octavo año y si todo va bien el próximo curso 
será ordenado diácono.

"Dispuesto a ir a donde sea"
En todos estos años uno de los puntos importantes ha sido el aprendizaje 
tanto del árabe, para hablar con los cristianos de esta zona y con los propios musulmanes, así como el hebreo. Pero además, para conocer bien la tierra a
 la que dedicará su vida ha estado dos años en en zonas muy diferentes entre 
sí, una localidad turística israelí y un pueblo en la musulmana
 Jordania, como parte de su formación. Esta experiencia misionera es un r
equisito para ser ordenado.

Javier cuenta a Religión en Libertad la historia de su vocación y su sí a Dios 
para ser enviado ya sea a Israel o a países de mayoría islámica. “Quizás 
hubiera sido más fácil y más lógico estar en España pero los pensamientos de Dios no son los míos. Yo estoy dispuesto a ir 
donde sea”, asegura.


Imagen del seminario, con las celdas rodeando la capilla de Adoración Perpetua y al fondo el Mar de Galilea

Para él es una auténtica experiencia vivir mezclado con árabes cristianos, musulmanes, hebreos y tantos extranjeros que pasan por esta tierra. Incluso el propio seminario, que depende del Camino Neocatecumenal, ayuda a esto pues además de los católicos de rito latino de todo el mundo hay candidatos tanto maronitas como greco-melquitas.

Conocer mejor a musulmanes y judíos
Sobre la experiencia de vivir en una tierra con árabes musulmanes, cristianos y judíos, Javier confiesa que “me siento llamado a amar a todos, conociéndolos. Hacemos cursos del Corán para conocerlos mejor y estudiamos el hebreo, el judaísmo y sus fiestas, también. Pero sobre todo estamos con los árabes cristianos anunciando que la salvación para todo hombre sea cristiano, judío o musulmán es Cristo”.

Estos dos años de “itinerancia”, de experiencia misionera y pastoral, que ha experimentado en este tiempo de seminario le han ayudado a conocer mejor la tierra en la que está. En un primer momento estuvo un año en Eilat, la ciudad turística israelí situada en el Mar Rojo. Llevaba años estudiando árabe, estando con ellos y yendo dos días por semana a parroquias para convivir con estos cristianos. De repente llegaba a un lugar donde había pocos cristianos nativos: “me mandaron a una parroquias en la que los católicos eran filipinos, sudaneses, eritreos…”. Estas personas en la mayoría de los casos se habían visto obligadas a emigrar, muchas en situaciones muy difíciles.

Su experiencia de por qué es importante la misión
“Trabajaban muchísimo, había mujeres filipinas e indias que sólo tenían dos horas libres a la semana y estas dos horas las utilizaban para ir a la iglesia a rezar, recibir una Palabra para toda la semana que les consolaba y ayudaba a seguir adelante”.


Los seminaristas junto al arzobispo Pizzaballa, administrador apostólico del Patriarcado Latino de Jerusalén

Ver estas situaciones, asegura este seminarista español, “me ayudaban a ver que la misión es importante, que hay que estar ahí pues era una pequeñísima parroquia en la que durante la semana  apenas había gente pero era necesario que estuviera allí por estas personas”.

Un año en Jordania con cristianos rodeados de musulmanes
Esta situación era muy diferente a la que vivió durante su otro año de itinerancia en Jordania, en un pueblo cristiano rodeado de musulmanes. Eran 250 familias cristianas, 200 de rito latino y 50 greco-católicas. Un lugar también, explica este seminarista, con sus dificultades ante el mundo islámico que les rodea.

En este tiempo vio conversiones y la vuelta a la fe de cristianos que la habían abandonado. “En este pueblo jordano un joven estaba en la droga y vivía prácticamente en una pocilga como consecuencia de su adicción. Íbamos a verle, a estar con él y a través de la misión cambió completamente su vida. Es ahora otra persona”, relata.

Esto se produce también porque Dios llama a personas para que realicen esta misión por lo que “me veo toda la vida aquí porque lo lleva Dios, no yo. Esto es lo que me da la alegría, evangelizar, encomendando mi vida a Él”.


Los seminaristas viven de dos en dos pequeñas habitaciones 

La adoración y la oración, pilares en el seminario
El seminario está enclavado en un lugar bellísimo. Como si se trata de un monasterio, los seminaristas viven en unas celdas que hacen una forma de U. En medio hay una capilla de Adoración Perpetua, en la que hacen turnos durante día y noche mientras que de fondo aparece imponente el mar en el que Cristo hizo milagros y predicó.

Es por ello que la adoración y la oración ocupan un lugar central en el Seminario. Se levantan a las 6.30 y van a la capilla donde hacen una lectura continuada de la Biblia. Luego rezan la oración de laúdes y ya entonces desayunan antes de empezar las clases.  La Eucaristía, las labores pastorales y el estudio quedan para la tarde.

No esconde que en estos años ha tenido dudas, y también tentaciones. “Al final es un problema de fe, a veces quieres adecuar la misión a tu forma de ver las cosas, otras veces es el miedo pero al final el Señor da una respuesta: Él ha pasado primero y entonces con Él puedo todo. Y esto es lo que he experimentado en este tiempo”.

En sus planes nunca estuvo el ser sacerdote
Javier proviene de una familia católica del Camino Neocatecumenal con seis hijos, de la que él es el tercero. Nunca se le había pasado por la cabeza ser sacerdote cuando vivía en Zaragoza. Él quería casarse, tener una familia, un buen trabajo y una vida cómoda.

Pero hubo un día en el que llegó a la conclusión de que “la Iglesia no me daba nada” y durante años la abandonó para vivir su vida. “Trabajaba para pagarme una academia para ser bombero, tenía mi novia, mis amigos”, recuerda este joven. Sin embargo, había algo que le extrañaba: “Aunque realmente hacía todo lo que quería, no estaba satisfecho y me preguntaba: ‘¿qué me falta?’”.



Habló con sus padres y también con sus catequistas del Camino Neocatecumenal. Le propusieron hacer una experiencia en la Domus Galileae como voluntario, un centro internacional de acogida de peregrinos en Tierra Santa y en el que se encuentra el seminario en el que más tarde recalaría.

La gran ayuda de un sacerdote
Pero como había lista de espera le mandaron con un sacerdote en Navarra. “Fui allí  y una cosa me dejó un sello pues después de años fui a confesarme. Ahí vi que esto no era un cuento, que lo que me hacía sufrir era vivir lejos de Dios y de su amor".

Este fue “el principio del signo de la llamada”. Esta experiencia le remitía una y otra vez a un pensamiento: "Si a través de este presbitero he experimentado este amor, si alguien a través de mí puede experimentar que Dios le ama, que puede ser feliz con la vida que tiene, entonces quiero hacer la voluntad de Dios".

La providencia le llevó a Tierra Santa
Una semana más tarde le llegaba el turno para ir a la Domus Galileae y el conocer los santos lugares fue otro de los puntos fuertes para descubrir su vocación.

En Tierra Santa, un sacerdote le dio una palabra. “Me proclamó el Evangelio en el que María está a los pies de Jesús y Marta sirviendo. María había elegido la mejor parte. Justo después en la capilla de adoración perpetua que había en el seminario que luego sería su hogar abrí la Biblia al azar y me salió de nuevo, al igual que al día siguiente. Dios me llamaba a ponerme a sus pies”.

Supo que Dios le llamaba al sacerdocio y la providencia quiso que además fuera enviado a este seminario de Tierra Santa en el que precisamente descubrió su llamada. Ahora con su ardor evangelizador espera ser ordenado para llevar esta Buena Nueva a Israel y a los países musulmanes del entorno y quien sabe si a Arabia.
Javier Lozano (Tierra Santa) / ReL