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lunes, 18 de marzo de 2024

Doce obstáculos vocacionales: remedios para una crisis sacerdotal

 El cardenal Omella, en el centro de la primera fila, junto a profesores y alumnos del seminario de Barcelona.

El cardenal Omella, en el centro de la primera fila, junto a profesores y alumnos del seminario de Barcelona.

La archidiócesis de Barcelona ha realizado una jornada de formación sobre la "cultura vocacional". En ella han participado sacerdotes jóvenes de las más recientes promociones, así como aquellos que acompañan grupos de pastoral juvenil. Todo surgió a partir de la preocupación del cardenal Juan José Omella sobre las vocaciones al sacerdocio y de las diversas iniciativas organizadas por la delegación de pastoral vocacional. Ofrecemos una síntesis de los 12 obstáculos vocacionales y de los remedios para una crisis sacerdotal desarrollados durante el encuentro.

1. La humanidad divina de Cristo es una evasión de la realidad.

Como consecuencia, consideramos que todo lo que no sea encontrar a Dios en las necesidades humanas es perder el tiempo. 

En cambio, si Cristo es el mismo ayer y hoy además de ser el principio y fin de la misión de sus instrumentos... ¡tendremos vocaciones sacerdotales!

2. La liturgia es incomprensible. 

Como consecuencia, lo primordial será la comunidad reunida que sigue a Jesús, que vive según su estilo de vida y que practica una solidaridad humana. 

En cambio, si la liturgia verdadera eleva la vida, la redime y nos confraterniza en las causas humanas más nobles... ¡tendremos vocaciones sacerdotales!

3. Rezar a Dios diciéndole lo que ha de hacer.

Como consecuencia, lo que disgusta, agrada o espera Dios importa poco porque la oración es tan solo el vehículo de nuestros sentimientos y necesidades. 

En cambio, si unimos nuestra voluntad a la de Cristo como actitud esencial a toda oración... ¡tendremos vocaciones sacerdotales!

4. La celebración de los Sacramentos ya no es un cielo abierto. 

Como consecuencia, Cristo viene a nosotros y, en lugar de acogerlo, nos celebramos a nosotros mismos. 

En cambio, si permanecemos unidos a Cristo Cabeza y, en la celebración de la Iglesia, nos reconocemos como miembros de su Cuerpo... ¡tendremos vocaciones sacerdotales!

5. Utilizar la Sagrada Escritura como comodín de nuestras palabras.

Como consecuencia, acabamos creyendo que hay que completar el lenguaje incompleto de Dios para que sea atractivo y eficaz. 

En cambio, si la Palabra de Dios, que resuena en la predicación de la Iglesia, es recibida con fe, descanso del alma y conversión de vida... ¡tendremos vocaciones sacerdotales!

6. Una comprensión insuficiente del depósito de la fe.

Como consecuencia, la entrega pastoral del sacerdote se fundamenta sobre unos cimientos teológicos discutibles y unos argumentos discutidos que pueden acabar en parálisis espiritual. 

En cambio, si la misión apostólica contiene la única Verdad que salva y merece ser custodiada hasta el martirio... ¡tendremos vocaciones sacerdotales!

7. Crear refugios de fidelidad meramente individual.

Como consecuencia, unos fabrican alternativas al llamado "inmovilismo formal" y otros reconstruyen nostalgias ante lo que juzgan como "infidelidad a las formas".

En cambio, si la Iglesia es la comunión formada por la Sangre preciosa de Cristo y únicamente ella es la garante de nuestra fidelidad... ¡tendremos vocaciones sacerdotales!

8. Renunciar a una enseñanza propiamente catequética. 

Como consecuencia, al dudar de su capacidad razonable de iniciar y sostener en la fe, la instrucción se basa en reflexiones evangelizadoras o vivencias más emocionales. 

En cambio, si la transmisión de la fe verdadera es la pasión de los pastores y el compromiso de los laicos... ¡tendremos vocaciones sacerdotales!

9. Pensar y actuar como si fuéramos una ONG. 

Como consecuencia, se imponen los respetos humanos hasta disimular la raíz cristiana de nuestras obras. 

En cambio, si el compromiso cristiano conserva su origen divino e irradia a todos la verdadera humanidad en sus frutos... ¡tendremos vocaciones sacerdotales!

10. Encerrarnos en el pequeño círculo de los hermanos en la fe. 

Como consecuencia, nuestra compasión es de corta distancia y se alimenta de lo que íntimamente nos conmueve. 

En cambio, si nuestra mirada se extiende a los que todavía no forman parte del rebaño y andamos deseosos de que muchos descubran el amor de Dios... ¡tendremos vocaciones sacerdotales!

11. Preferir la inestabilidad a la identidad.

Como consecuencia, repensar continuamente lo que es ser sacerdote no suscita decisiones heroicas ni ofrece las condiciones favorables para un discernimiento sereno y un acompañamiento seguro.

En cambio, si decimos con claridad quiénes somos por voluntad de Cristo y que es lo que quiere la Iglesia de sus ministros... ¡tendremos vocaciones sacerdotales!

12. Formar sin una forma idónea. 

Como consecuencia, sin la "forma" de un mismo espíritu, lenguaje y perfil en la formación, pueden coexistir modelos contrapuestos de sacerdocio y de sacerdotes para confusión de los llamados. 

En cambio, si somos fieles a lo que la Iglesia ha recibido del Señor sobre el sacerdocio ministerial como válido para todo tiempo y lugar... ¡tendremos vocaciones sacerdotales!

* * *

Además de nuestra oración para que muchos jóvenes se abran a la voluntad de Cristo, hay que sobrepasar estos 12 obstáculos. Es el momento de dejarnos de autojustificaciones e interrogarnos por lo que no hemos hecho bien. Para dar un nuevo impulso a la cultura vocacional, ya el Congreso Europeo sobre las vocaciones del año 1997 advertía: "Es tiempo, por fin, de que se pase decididamente de la «patología del cansancio» y de la resignación, que se justifica atribuyendo a la actual generación juvenil la causa única de la crisis vocacional, al valor de hacerse los interrogantes oportunos y ver los eventuales errores y fallos a fin de llegar a un ardiente nuevo impulso creativo de testimonio" (n. 13). 

Vivamos, pues, esperanzados porque Cristo es la medida de todos los tiempos. ¡Que Él mismo nos alegre el corazón en cada una de las nuevas vocaciones al sacerdocio!

Pere Montagut, autor del artículo, es director espiritual del Seminario Conciliar de Barcelona.



miércoles, 31 de enero de 2024

En la crisis vocacional, usa estas ayudas espirituales

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La vocación específica es regalo de Dios para realizarnos y santificarnos, pero la crisis vocacional llegará. Conoce tres ayudas espirituales que te ayudarán

Casados, religiosos, solteros, religiosas, sacerdotes; todos hemos recibido un llamado especial para realizarnos como cristianos y como personas, el cual a veces no está muy claro para todos, pero se trata de reconocerlo porque es donde daremos más frutos.

De hecho, por los sacramentos de iniciación cristiana, recibimos la «vocación común de todos los discípulos de Cristo, que es vocación a la santidad y a la misión de evangelizar el mundo», como lo menciona el Catecismo de la Iglesia Católica (1533).

El llamado de Dios

En cuanto a la vocación especial, es un deber de todo cristiano discernir profunda y concienzudamente cuál es la misión a la que está invitado a vivir y asumir su compromiso, y si ha elegido bien, no le costará trabajo decidirse a seguir la voz de Dios, con quien tiene que estar en contacto constante.

Sin embargo, los obstáculos se presentarán durante el camino, indudablemente, porque cuando se quiere hacer lo correcto, el maligno se interpondrá para desviarnos. Un candidato a diácono responde para Aleteia qué hacer cuando llega la crisis.

La crisis llega para cualquiera

Juan Pablo pronto se ordenará como diácono. Su vocación siempre estuvo latente, sin embargo, después de ejercer su profesión, decidió ingresar al seminario y ser sacerdote. Él cuenta a Aleteia que dentro del proceso siempre surge la crisis vocacional, sin embargo, en la formación les van enseñando a madurar la decisión tomada, a ser perseverantes y aprender a superar las crisis. Por ello, nos ofrece algunas ayudas espirituales para hacerle frente a la duda:

1
CUIDAR LA PARTE ESPIRITUAL

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«Dios siempre está con nosotros y la Virgen María siempre nos va ayudando»; Juan Pablo, por eso, propone encontrar tiempo para estar a solas con Dios y la Santísima Virgen. Orar, ir a Misa y confesarse frecuentemente serán clave para no quedarse estancado.

2
UNA ESTRECHA RELACIÓN CON LA FAMILIA

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Tener «una familia fuerte» que siempre esté cerca de nosotros será apoyo incondicional y nunca sobrará su compañía, porque nos ayudarán a recordar «los principios que nos inculcaron nuestros padres», agrega el próximo diácono.

3
LA BUENAS AMISTADES

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Otro vínculo esencial es el que tenemos con las personas cercanas, aquellas que nos ayudan a centrarnos cuando tenemos un conflicto y que desean verdaderamente nuestro bien, por eso es importante saber elegirlas. Una amistad que nos aconseje en el camino correcto, siempre será un valioso tesoro (Eclo 6, 14).

Estos consejos valen para cualquier cristiano que quiera crecer espiritualmente, pues las tentaciones no solo son para los sacerdotes o las personas consagradas, casados y solteros también tienen que cuidarse para no perder la gracia y ser fieles en su vocación.

Mónica Muñoz, Aleteia






viernes, 1 de diciembre de 2023

¿Por qué han disminuido las vocaciones al sacerdocio?

Pielgrzymka seminarzystów na Jasną Górę

Peregrinación de seminaristas a Jasna Gora el 1 de junio de 2023


En el mundo hay 408 mil sacerdotes y 206 mil seminaristas, un número pequeño para atender a casi mil 400 millones de personas en el mundo, ¿ya no hay vocaciones?

El mundo tiene casi 8 mil millones de habitantes, y aproximadamente mil 400 millones de ellos son católicos, de acuerdo con el último Anuario Estadístico de la Iglesia del 31 en diciembre de 2021, el cual recoge las cifras recabadas en todas las diócesis del planeta para conocer su situación.

El documento registra que existen 407 mil 872 sacerdotes entre diocesanos y religiosos. Una pequeña cantidad para atender al gran número de católicos que existen en los cinco continentes. Además, los seminaristas mayores y menores alcanzan la cifra de 205 mil 609 jóvenes que se preparan para el presbiterado. ¿Se están acabando las vocaciones? Para responder a esta pregunta, el Pbro. Omar Sánchez Sánchez, promotor vocacional, habló con Aleteia.

NICARAGUA

¿Hay crisis de vocaciones?

El padre Omar afirma que no hay crisis de vocaciones. «Las vocaciones ahí están. Hay crisis de respuesta, incluso de los que ya vivimos una vocación» asegura el sacerdote. Y es que resulta que, cuando una persona ya está casada, ya se ha ordenado, es religioso o religiosa, o eligió quedarse soltero, puede pensar que «ya la hizo», es decir, que ha alcanzado la meta y ya no tendrá que preocuparse.

Sin embargo, el promotor vocacional dice que no es así. «Lo difícil es responder a partir de ahí, hacia adelante. Entonces, podemos vivir la vocación pero no estar respondiendo en ese mismo sentido, sobre todo, salirnos de lo que Dios nos pide en esta vocación», comenta.

Respecto a la crisis de respuesta a la que se refirió anteriormente, añade que sí existe debido a que los jóvenes no ubican el sentido de la felicidad ‘para siempre’ como algo fijo, sino que consideran que se trata de algo pasajero: «Pasa con las parejas: me sirves para un fin de semana, somos novios, nos acostamos y para el siguiente fin ya no me sirves, ya quiero a alguien más. Es impensable quedarme con alguien para siempre». Añade el padre que los jóvenes desean experiencias y quizá llenar vacíos.

Ausencia de testimonios

Otro punto importante para el presbítero es la falta de testimonios. «Nosotros mismos fallamos, obviamente somos humanos, pero a veces no vemos la repercusión que un antitestimonio de esta magnitud pueda tener». El sacerdote puntualiza que no se refiere solo a los casos escandalosos de abuso, sino a la manera de vivir la vocación específica; por ejemplo, un matrimonio frustrado que vive peleando, o un cura amargado que regaña a la gente. Estos ejemplos no son nada edificantes, al contrario, quien los ve de cerca prefiere no casarse ni ordenarse para no caer en la misma situación.

Falta de oración y promoción

A lo anterior, el p. Omar agrega «la falta oración y promoción». Con promoción no solo se refiere a dar un tema. «Promueve con tu propia vida. San Juan Pablo II fue una promoción para muchísimos sacerdotes que, en su tiempo, entraron al seminario simplemente por verlo. Les cambió la vida».

Por otro lado, está la falta de oración. Comenta el clérigo que él como promotor ha hecho campañas repartiendo oraciones por las vocaciones en todo momento, «apréndansela», insiste, y confiesa que le preocupa que la gente no la sepa ni forme parte de las oraciones básicas del cristiano creyente. «Así como el Padre nuestro y el Ave María. Porque el hecho de pedir vocaciones, es algo que Cristo mismo dijo: ‘rueguen, por tanto, al Dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos’ (Lc 10, 2). Ahí está, pues, el mandato».

Mónica Muñoz, Aleteia

Vea también     Qué hay que hacer para NO tener vocaciones























 

domingo, 29 de septiembre de 2019

¿Cómo aumentar el número de seminaristas? 7 obispos revelan qué han hecho para lograrlo en unos años

Algunas de estas diócesis experimentan un boom vocacional

Estas diócesis han visto aumentar el número de seminaristas durante los últimos años
Estas diócesis han visto aumentar
el número de seminaristas durante los últimos años

Uno de los grandes problemas a los que se enfrenta la Iglesia Católica es la falta de vocaciones al sacerdocio, algo especialmente grave en Occidente. Y el gran reto para los obispos es intentar frenar esta crisis vocacional y aumentar el número de jóvenes que estén dispuestos a seguir a Cristo como sacerdotes.
En muchos casos las cifras hablan por sí solas y las buenas prácticas, la perseverancia y los buenos programas vocacionales tienen frutos. Así se puede ver cómo hay lugares en los que el seminario está repleto y en otras diócesis con características sociales y demográficas similares está completamente vacío.
Siete obispos ofrecen algunas claves
Catholic Herald ha querido preguntar a siete obispos de Estados Unidos en cuyas diócesis se ha visto el fruto de estos programas vocacionales aumentando en unos años el número de seminaristas. Los prelados ofrecen algunas pequeñas claves que, sin embargo, han sido fundamentales para este despertar vocacional.
Kevin Rhoades es el obispo de la pequeña diócesis de Fort Wayne-South Bend, en el estado de Indiana. Tiene una población de más de 1,2 millones de personas pero los católicos apenas llegan al 13%, es decir, unos 160.000. Así, de las 191 diócesis estadounidenses, aparece en el puesto 97 en el número de católicos y en el 120 en porcentaje de católicos.
El obispo Rhoades, con los seminaristas de Fort Wayne
Sin embargo, el pasado curso ordenó a cinco jóvenes y en su seminario desde hace ya varios años se superan siempre la treintena de seminaristas. Una cifra nada desdeñable para una diócesis con pocos católicos y que en número de creyentes se asemeja a Palencia, Zamora, Urgel o Ávila, cuyos seminarios apenas tienen seminaristas.
Mucha oración y mucha Adoración
Rhoades fue antes que obispo rector de seminario y centró gran parte de sus esfuerzos en revitalizar las vocaciones. Cuando llegó en 2010 encontró 15 seminaristas, desde hace años dobla las cifras. El prelado considera que una pastoral vocacional exitosa empieza con mucha oración, particularmente con Horas Santas en las parroquias. Otro dato es la importancia que tiene que los sacerdotes participen activamente en la promoción de las vocaciones. “En las parroquias en las que tenemos fuertes programas de ministerio juvenil estamos viendo muchas vocaciones”, señala.
Una de las iniciativas que hizo tras llegar a la diócesis fue asignar a sacerdotes jóvenes como capellanes en la Educación Secundaria, pues se ha demostrado que el ejemplo de estos religiosos jóvenes inspira a posibles candidatos. Y agrega otro pequeño dato: “Como la familia es el último semillero de vocaciones, vemos a nuestras familias alentar a sus hijos a considerar el sacerdocio o la vida religiosa”.
Involucrar a toda la comunidad, también a los enfermos
Michael Barber es obispo de Oakland, en California, en cuya diócesis viven algo más de 500.000 católicos, un 19,9% de la población de la zona. Los datos no son tan espectaculares como los de Fort Wayne aunque también están aumentando desde 2013, cuando llegó el obispo, el número de candidatos hasta colocarse en torno a los 25 seminaristas. El propio prelado reconoce que la cifra es mejorable aunque cada año es mejor.
Una de sus primeras ideas fue comenzar una campaña de oración pidiendo también “a las personas que están en el hospital o enfermas que ofrezcan sus oraciones y sufrimientos por un aumento de las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa”.  Y aunque parezca obvio, este es uno de los primeros pasos para crecer en número.
El ejemplo de los buenos sacerdotes y el papel del padre
Por su parte, en la diócesis de Arlington en Virginia hay en estos momentos en torno a 50 seminaristas en una población de más de más de 3 millones de personas, entre los que los católicos no llegan al medio millón (14,5%). Su obispo, Michael Burbidge, fue también rector del seminario, y ha querido priorizar la pastoral vocacional. Él habla de tres puntos clave para el éxito:
  • Una cultura de oración por las vocaciones.
  • El ejemplo de los buenos sacerdotes que muestran su alegría de vivir el sacerdocio e invitan a otros a esta vida; también necesitamos padres que den un ejemplo fiel de su llamada, para que sus hijos e hijas busquen lo que Dios les está pidiendo”.
  • Programas para introducir a los jóvenes a la vida sacerdotal y la vida religiosa.
La fidelidad total a las enseñanzas de la Iglesia
La de Lincoln es el ejemplo de boom vocacional. Esta pequeña diócesis de Estados Unidos es líder en vocaciones con más de 20 ordenados en apenas 3 años y casi 40 seminaristas. De las 193 diócesis de Estados Unidos es la 141 por población, la 131 por número de católicos y la 102 por porcentaje de católicos. Y es que apenas tiene 96.000 católicos.
Su obispo James Conley asegura que la diócesis se ha visto bendecida gracias a las comunidades religiosas que están rezando por las vocaciones en Lincoln. El prelado añade un matiz nuevo y asegura que la diócesis tiene un fuerte número de vocaciones debido a la fidelidad a la enseñanza de la Iglesia con la que se vive allí. “Ese es un sello distintivo de la Diócesis de Lincoln. Durante los últimos 40 años ha tenido un liderazgo episcopal muy bueno, que no pide perdón por abrazar la fe. Tener la seguridad de saber que la Diócesis de Lincoln es 100% fiel a la enseñanza de la Iglesia sobre la fe y la moral es muy atractivo para muchos jóvenes que consideran el sacerdocio”.
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El obispo Conley destaca la fidelidad total a las enseñanzas de la Iglesia como un factor de éxito
El efecto de la "atracción" que da un grupo compacto
La de Spokane es otra pequeña diócesis con apenas 110.000 católicos de una población total de más de 800.000. Este año hay 23 seminaristas. El obispo de Spokane llegó en 2015 a la diócesis y ha conseguido la cifra más alta en décadas. Muy preocupado en esta pastoral, el obispo Thomas Daly afirma que “una vez que obtienes un núcleo sólido de jóvenes en el seminario, se comunican con otros y los invitan a venir”.
En Oklahoma el catolicismo es casi testimonial. Sólo un 4,4% son católicos, es decir, algo menos de 120.000 católicos. Sin embargo, la Diócesis acaba de ordenar cinco nuevos sacerdotes y tiene 23 seminaristas, ocho nuevos este año.
Contacto personal y cercano
Su obispo, Paul Coakley, se muestra esperanzado porque las vocaciones en su diócesis “avanzan en la dirección correcta". Asegura que es importante la idea de una invitación personal, particularmente de un sacerdote a la persona joven. Igualmente cree vital que en las propias familias se hagan estas invitaciones cuando haya cierta inquietud. Y como el resto de obispos considera que hay que alentar en toda la comunidad la oración por las vocaciones.
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Los obispos coinciden en la importancia de las familias y los padres para fomentar las vocaciones
“Queremos que los padres y los maestros tengan conversaciones regularmente con chicos y chicas jóvenes sobre el plan de Dios para sus vidas”, recalca.
El sentido del "sacrificio"
Por último, habla el arzobispo de Portland, Alexander Sample, que tiene 430.000 católicos (12,5%) en una población que caso llega a los 3,5 millones. Este año, el seminario cuenta con 27 jóvenes.
Una de las claves que propone es “ignorar” cualquier noción mundana del sacerdocio. “Nosotros somos sus humildes siervos. No se trata de que obtengamos un cierto nivel de estatus en la Iglesia, sino de tener un corazón de servicio para el pueblo santo de Dios. Ese es mi tema constante sobre el sacerdocio”.
Por otro lado, denuncia que se vive en la “cultura de los derechos” y afecta a todos, incluido a él mismo. “Les digo a nuestros jóvenes que deben luchar contra esta idea. En cambio, debemos formarlos con un sentido de sacrificio”.
Javier Lozano, ReL

viernes, 15 de septiembre de 2017

La opinión de un sacerdote sobre la crisis de vocaciones


Hay una reticencia colectiva a admitir dónde están consiguiéndose éxitos vocacionales. Las diócesis tradicionales y las órdenes tradicionales están produciendo la parte del león de las vocaciones.


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Donald Kloster, aleteia

Como alguien que ha vivido en tres continentes y en once diócesis de Estados Unidos durante su vida adulta, he visto mucho en lo que se refiere a vocaciones. Un artículo en Liturgy Guy acertaba recientemente al señalar que la respuesta a por qué crecen las vocaciones no es algo que esté más allá de nuestra capacidad. Por desgracia, nuestras diócesis suelen gastar demasiado tiempo y dinero buscando vocaciones en todos los lugares equivocados.

Que las vocaciones crezcan no es cuestión de más conferencias, más retiros, más publicaciones, más anuncios y más power points. Todo eso tiene un efecto mínimo. Es como si quedarse a la expectativa fuese a hacerle a la Iglesia algún bien. Es como si quienes tienen realmente poder no estuviesen interesados en las auténticas soluciones.

Desde mi punto de vista, da la impresión de que hay un montón de postulados apriorísticos que inhiben un verdadero crecimiento de las vocaciones. Hay una reticencia colectiva a admitir dónde están consiguiéndose éxitos vocacionales. Las diócesis tradicionales y las órdenes tradicionales están produciendo la parte del león de las vocaciones.

Como es sabido, Coca-Cola introdujo el 1985 la New Coke. Duró solo 77 días. Solo al 13% de los consumidores de Coke les gustó. ¿Dobló la compañía su inversión publicitaria en la New Coke? Después de todo, se habían gastado millones de dólares en introducir el producto... ¡Pues no! ¡Cambiaron totalmente de planes y reintrodujeron la Coca-Cola clásica! Si comparamos, nuestros obispos han hecho exactamente lo contrario en lo que se refiere a las vocaciones. Mantienen métodos que se han demostrado fallidos.

Sugiero humildemente que existe una conexión espiritual entre el nivel de vocaciones de 1965 y nuestra escasez de vocaciones, que se prolonga 52 años ya. ¿Qué es exactamente lo que hemos estado haciendo mal? Temo que una gran mayoría de nuestros actuales prelados no quieran escuchar la respuesta real, porque no encaja en sus esquemas, en su obstinada adhesión a una ideología.

En primer lugar, necesitamos un servicio del altar exclusivamente masculino. El Vaticano II nunca tuvo en mente un ejército de ministras extraordinarias de la comunión. Nunca imaginó “monaguillas”. Nunca proyectó que las lecturas del Antiguo Testamento y de las Epístolas las hiciesen (casi) exclusivamente mujeres.

Solo una diócesis en Estados Unidos obedece la más reciente Instrucción General del Misal Romano. Esta Instrucción General pide que los acólitos y lectores sean instituidos. Es un grave abuso que en las misas más solemnes de casi cualquier catedral de la nación, habiendo seminaristas que son lectores instituidos, se les prohíba desempeñar su privilegio litúrgico.

Prácticamente hemos expulsado a los hombres del servicio del altar (también como sacristanes y para recoger la colecta), con peligro para las vocaciones. Los hombres casi siempre darán un paso atrás si perciben que una tarea está reservada a las mujeres.

En segundo lugar, necesitamos un clero más identificable visualmente. La vestidura más apropiada para un sacerdote es la sotana. Luego viene el traje clerical (clergyman). Un sacerdote debe ir normalmente con chaqueta o al menos tenerla consigo. En el pasado existía también la norma de llevar bonete o teja. No puedo contar cuántas veces me han parado para una pregunta, una bendición o una confesión. Si no se me identifica visualmente, soy invisible como sacerdote disponible. Si habitualmente salgo a la calle de paisano, con mi vestimenta transmito a los demás que concedo poca importancia a mi vocación. Por algo la policía lleva uniforme. Somos su equivalente espiritual, salvo que nosotros nunca estamos “fuera de servicio”.

En tercer lugar, y lo más importante, necesitamos una penitencia obligatoria colectiva para promover las vocaciones. Quizá eso implique volver a la abstinencia de los viernes. Quizá, bajo pena de pecado venial, todos los católicos tendrían que hacer diez minutos semanales de adoración al Santísimo o de visita al sagrario. Quizá un día al mes de ayuno bajo las condiciones habituales, como en Miércoles de Ceniza o Viernes Santo.

Lincoln (Nebraska) y Guadalajara (México) son quizá las dos mejores diócesis de América suscitando vocaciones. ¿Por qué las demás diócesis no les copian? Mi desazón es que parece que, colectivamente como Iglesia, estamos contentos de que la proporción de sacerdotes por número de fieles decaiga continuamente. Como en casi todas las situaciones de la vida, si algo no funciona, lo abandonas. Es pura lógica. La tradición no es una mala palabra.

Como es sabido, la Madre Teresa de Calcuta rechazó una vez enviar a Albania a sus religiosas sin sacerdotes: “Sin sacerdotes no tenemos misa”.

Las vocaciones no son solo la parte piadosa de una “lista de deseos”. Son la necesidad básica de nuestra supervivencia como Iglesia. Cuanto antes empiecen las vocaciones a crecer (significativamente) de nuevo, antes seremos testigos de una Iglesia católica de nuevo espiritualmente más sana.



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Publicado en Liturgy Guy.
Donald Kloster, sacerdote de la diócesis de Bridgeport (Connecticut), ha sido seis años párroco en la archidiócesis de Guayaquil (Ecuador).
Traducción de Carmelo López-Arias.