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lunes, 30 de septiembre de 2019

Cuando no se siente que Dios es un padre

Todas nuestras dificultades se utilizarán para un plan mayor que no imaginamos,
pero ¿de qué forma podemos recordar la bondad de Dios
cuando no podemos sentirla en nuestras vidas?

SAD GIRL

Las personas más buenas que conozco han pasado por las pruebas más difíciles que nos podamos imaginar. Las personas que desearía que fueran felices por el resto de su vida han pasado por extensos valles de tristeza. Los corazones más amorosos a menudo son los que han tenido que aprender sobre el amor a través de grandes desilusiones.
Tenemos un Padre que nos ama lo suficiente como para morir por nosotros, y hoy nos parece que aliviar algo de nuestro dolor sería una tarea mucho más pequeña que la Cruz en la que se sacrificó; sin embargo, una y otra vez, parece que ni siquiera nos escucha.
Sí, sabemos que el sufrimiento proviene de nuestras equivocaciones. Cometemos errores y estos tienen consecuencias. Éstas no se limitan a nosotros, afectan a los demás, y, parece que el sufrimiento que generan es totalmente desproporcionado.
Las personas buenas reciben una dosis alta, mientras que las que causan dolor parecen inmunes a sus consecuencias.
No importa cuánto este dilema sobre el sufrimiento pueda estar basado en nuestra propia responsabilidad… Todavía duele verlo, experimentarlo; y a veces, tener la experiencia de que a Dios ni siquiera le importa.
Si Dios es tan buen Padre, ¿por qué se siente tan distante en momentos como estos?

Dios está haciendo algo

La traición de amigos o familiares sigue siendo dolorosa; las promesas incumplidas suelen ser difíciles de aceptar; y, por supuesto, perder a personas cercanas a ti puede voltear tu mundo.
Seguir adelante no significa que estas cosas no duelan. No significa que quisieras que no hubieran sucedido de esa manera. No significa que sea difícil aceptar que te pasen a ti. Sin embargo, en medio de estas situaciones, experimentamos que todo lo que somos hoy se basa en lo que hemos pasado para llegar hasta aquí.
Si miramos con detenimiento y un poquito de esperanza, logramos percibir que hay un Padre que está haciendo algo. Alguien está actuando en nuestra vida de forma misteriosa. Cada desafío, cada fracaso y cada elección incorrecta se sigue presentando como una oportunidad de aprendizaje y crecimiento. 
¿Qué pasa si las cosas difíciles nos están preparando para tener las cualidades apropiadas para un papel o para un acontecimiento que Dios tiene reservado para nosotros?

Konstantin Romanov - Shutterstock

Cuando nos equivocamos siempre podemos recurrir a un Dios misericordioso que está dispuesto a tomar incluso nuestros errores y heridas para obrar su misericordia. De igual manera podemos confiar en que todas nuestras dificultades se utilizarán para un plan mayor que no imaginamos.
Dios no detiene en nuestro dolor. Dios usa de forma misteriosa cada una de esas opciones para traer bien al mundo. Si lo dejamos trabajar en nuestras vidas y confiamos en Él podemos llegar a verlo como a un Padre bueno.
Esto es más fácil de decir, por supuesto, que de experimentar. Entonces, ¿de qué forma podemos recordar la bondad de Dios cuando no podemos sentirla en nuestras vidas?

Reza

Como cualquier Padre amoroso, Él quiere escuchar lo que nos duele, lo que no entendemos, lo que nos rebela. Él ya lo sabe, pero quiere escucharlo, quiere hacer parte de nuestra vida.
Ninguna relación se beneficia en cortar la comunicación cuando alguno de los dos está enojado. La oración es eso: dialogar con Dios. Decirle exactamente cómo me duele cuando no siento su bondad en mi vida.

PRAYING
P Deliss | GODONG

Al final, su bondad, no depende de mi bondad, ni todo en mi vida estará bien porque creo en Dios; pero es solo a través de Dios que cualquier cosa puede hacerse bien.
Nada en nuestras vidas será perfecto, pero cualquier cosa utilizada para prepararnos para el papel que Dios tiene para nosotros, es buena. No siempre se siente así, pero nuestro Dios es la bondad misma.
Luisa Restrepo, Aleteia 

viernes, 22 de abril de 2016

Dios está, ¿lo percibes?

Incluso cuando te equivocas de camino, Él sigue ahí, no te deja



Carlos Padilla Esteban, aleteia
Me gustaría sentirme siempre querido por Dios. Es verdad que Él me mira mejor de lo que soy. O al menos mejor de cómo yo me veo.

Él me llama por mi nombre. Ese nombre que sólo Él y yo conocemos. Pero a veces me olvido de su voz.

Me gustaría tener una oración calmada para poder escuchar siempre su voz y saber que está a mi lado, en mi camino. Incluso cuando creo seguir una que tal vez no es la que Él hubiera elegido.

En mis aparentes decisiones equivocadas, está Él. En esas caídas que me han apartado de un camino sin tacha, inmaculado y perfecto, también está Él. No me deja. No se va. Me llama, me acompaña, me cuida. Me perdona. Me recuerda cuánto valgo.
Es esa misma voz que me dice que me ama, que me anhela, que me espera. La reconozco. Esa voz que me alaba por las cosas que hay en mí. Incluso por esas cosas que yo creo despreciables. Él las mira de otra manera.

Y las transforma. Lo negro en blanco. Lo oscuro en luz. Lo despreciable en querible. La mentira en verdad. La rabia en perdón.
No lo entiendo. Pero Él lo hace posible. Las negaciones de Pedro en un amor para siempre. Las lágrimas del rechazo en un abrazo hondo. Así lo hace conmigo cuando me alejo y vuelvo arrepentido.
El otro día una persona me comentaba: Me cuesta mucho alabar a Dios. Creo que es porque no soy capaz de alabar nada de lo que hacen las personas a las que quiero. ¿Cómo voy entonces a alabar a Dios?”.

Me gustaría alabar a Dios por las obras que hace en mí. Alabarle por su amor, por su presencia en mi vida. Darle gracias por ese amor incondicional que me acepta como soy y me persigue para que no me pierda.Alabarle admirando lo que yo hago, lo que otros hacen.

Tantas veces no soy capaz de alabar al que está más cerca. Me quedo en su pecado, en su error, en su miseria. En lo que me gusta a mí. Y no me elevo más alto. No profundizo en su belleza. No la veo. No alabo a Dios por su vida. No le doy a él las gracias por caminar conmigo.
Me gustaría ser más niño, para dar gracias a Dios y a los hombres. Más niño para ser más dócil. Decir que sí siempre a Dios. Sí a su querer como si fuera un niño.

Creo que a veces pretendo ver la voluntad de Dios en cualquier cosa. Y puedo confundirme. O puedo llegar a pensar que todo lo que me piden es lo que Dios quiere para mí. Porque es bueno. Porque hace bien a alguien.

Pero ser dócil no consiste en ser una marioneta en manos de los hombres. No siempre quiere Dios todo lo que puede ser bueno de forma objetiva. No es tan sencillo descifrar su querer y besarlo. No es fácil mantener el sí dado en algún momento de nuestra vida en los labios y en el corazón.

Me gustaría ahondar más en mi corazón para poder ver lo que me quiere decir Dios en todas las circunstancias de mi vida. Para fortalecer mi sí, mi amor.

Las ovejas no temen perder la vida porque confían en el pastor. Se fían de su voz, de su amor. Se saben amadas. Y yo muchas veces no me fío tanto. Tal vez no me sé tan amado. Mendigo cariño. Y escucho voces y no sé distinguir cuál es la de Dios, cuál es la mía, cuál es la de los otros.

Sé, gracias a Dios, que no voy solo. La oveja no va sola. Busca a otros para emprender caminos nuevos y descansa en otros. Se deja aconsejar por otros. Cuidar por otros. En los otros descubre el querer de Dios, su voz oculta.

Hay personas que me enseñan a saber lo que es de Dios y lo que no lo es. Me enseñan a distinguir la voz de Dios entre otras muchas.
Me falta interioridad. Me falta silencio. Y me falta confrontar mis decisiones con otros. Dejarme ayudar con humildad, para lograr enderezar los caminos cuando todo parece torcerse.