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sábado, 26 de agosto de 2017

¡Auxilio! Mi hijo es adolescente: Artículo de RedFamilia.org

Hay 6 reglas de oro que te ayudarán a vivir mejor esa etapa apasionante (y difícil) de los chavales y las chicas

Todos los que hemos tenido un adolescente en casa sabemos de sus cambios de ánimo, mal humor o rebeldía. Para los que no han tenido la fortuna de tener un hijo adolescente, hoy tendrán la oportunidad de conocer un poquito de esta maravillosa etapa.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la adolescencia abarca de los 10 a los 19 años. Es una etapa muy complicada tanto para el adolescente como para sus padres, ya que, contrario a lo que podríamos pensar, es necesario estar más al pendiente de los jóvenes.
Es fundamental estar bien enterados sobre los cambios físicos que están atravesando y de las nuevas relaciones sociales que están apareciendo en su vida, ya que es justo en estas nuevas interacciones sociales, distintas a su familia, en donde empiezan a conocer otras formas de relación, de expresarse y de comportarse que podrían marcarlos de manera definitiva.
Por ello, es necesario que los padres estén presentes para supervisar y orientar en caso de que el joven se ponga en una situación de riesgo que pueda salirse de control.
Una de las actitudes que vemos con mayor frecuencia en esta etapa es la de ir en contra de toda normatividad. Los padres generalmente mencionan que su hijos se han vuelto rebeldes, ya que se enfrentan en discusiones con ellos por detalles tan simples como solicitar un permiso o por la manifestación del deseo de no asistir a la escuela.
Cambian su manera de vestir, de peinarse y hasta de expresarse. Se olvidan de los buenos modales que les enseñaron sus padres y expresan su desacuerdo con las normas sociales y todo aquello que represente una autoridad.
Sin embargo, no es que la adolescencia esté caracterizada por actitudes negativas, simplemente los niños que anteriormente obedecían y cuestionaban muy poco las indicaciones que se les daban, ahora han crecido y están empezando a tomar sus propias decisiones y a cuestionar las reglas bajo las cuales crecieron. Será necesario cambiar la forma de relacionarnos y dirigirnos a ellos.
En Red Familia queremos darte algunos tips que te ayudarán a sobrellevar esta importante etapa en la vida de la familia y a mejorar la relación con tu hijo adolescente.
  • Deja pasar los enfrentamientos por temas que no tienen importanciacomo: modas, forma de peinar, cambios en su habitación, entre otros, que solo desgastarán la relación familiar… Elige tus batallas.
  • No tengas miedo a la culpabilidad. Si se toma una decisión en pareja como padres, sosténganla mientras esta no ponga en riesgo la integridad de su hijo.
  • Sé firme, la disciplina es fundamental para su desarrollo. Ellos necesitan límites.
  • Genera una comunicación efectiva, trata de poner en la mesa temas que le agraden: se sentirá identificado.
  • Evita hablar de castigos, más bien procura que asuma las consecuencias de haberse saltado una regla o de haber realizado un acto inadecuado.
  • Asegúrate de que se cumplan las sanciones resultantes de sus actos.
No olvides que la vida familiar es muy importante para el adolescente, en ella puede encontrar el apoyo y el amor necesarios para construirse un mejor futuro. Y recuerda, ¡en la familia está la solución!
Artículo originalmente publicado por Red Familia



Cómo los hombres han querido demostrar la existencia de Dios: Artículo de CHARLES ROUVIER

A menudo se dice, al menos desde el siglo XVII, que fe y razón son enemigos y que no es posible probar que Dios existe. Sin embargo, desde hace mucho tiempo filósofos y sabios famosos han identificado "pruebas", a veces muy convincentes, de Su existencia. Selección.


 La prueba por el consenso
Como en todo tiempo y en todo lugar los hombres han creído en la existencia de uno o varios dioses, debe haber “algo”. Este argumento fue desarrollado primero por Cicerón. Podría parecer débil, basado en la mera presunción de que la opinión mayoritaria es la buena. Pero la constante es clara: allí donde reina el ateísmo, pululan los sustitutos de las religiones: “diosa razón” de la Revolución, culto a la personalidad, a la ideología y el partido de turno, sectas New Age, espiritismo, cientifismo,… Como si la necesidad de creer en algo fuera incontenible. ¿Pero por qué?

La prueba por la imperfección de los seres 

Todo el mundo diferencia una manzana podrida y una sana. Si se sabe que la manzana está podrida es porque se la puede comparar con una manzana sana. El mundo, aunque bello, no deja de ser imperfecto: el amor se tiñe de celos, la riqueza se acompaña de inquietudes,… Nada es nunca perfecto. Sin embargo no tenemos ningún modelo absolutamente perfecto para usar como modelo. Si por tanto sabemos que este mundo es imperfecto, es porque un ser perfecto existe en alguna parte.

El diseño inteligente 

El mundo obedece a reglas. Eso vale para las flores que cierran sus pétalos de noche y los reabren al alba, para los planetas que giran en torno a las estrellas, para el agua que hierve a los 100 grados Celsius, etcétera. ¿Cómo leyes tan generales, permanentes y absolutas podrían ser fruto del azar? El universo me abraza, y no puedo pensar que este reloj existe y no hay ningún relojero, decía Voltaire. Toma un cubo de pintura y lánzalo sobre un lienzo y hazlo hasta que aparezca una línea recta. Imposible. Sin embargo es un milagro así el que parece presidir por toda la eternidad la mecánica universal.

La causa primera 

Todo lo que existe viene de otra cosa. Toda cosa es la consecuencia de una o varias cosas que son su causa y el número de causas para un acontecimiento es infinito. Sin embargo es necesario que haya una causa primera. Algo o alguien que haya sido el primero en producir un efecto sin ser él mismo. La descripción de esta prueba conoce algunas variantes. Una de ellas es la prueba por el movimiento: todo se mueve y todo lo que se mueve es movido por otra cosa: alguien ha tenido que impulsar el primer movimiento. Este argumento se desarrolló durante siglos, entre otros por Aristóteles, en su Metafísica.

La prueba ontológica

“Si pienso en Dios, pienso en un ser perfecto y si pienso en un ser perfecto, tiene que existir, porque es perfecto (la perfección no puede ser perfecta sin existencia) y por tanto Dios existe porque yo pienso en él”. Esta prueba era muy apreciada por Descartes, a quien le gustaban mucho silogismos como ese.
Estas diferentes “pruebas” filosóficas permiten comprender que la existencia de Dios es también cuestión de razón y de lógica. Estas pueden ayudar a reafirmar una fe débil o iniciar una reflexión metafísica con alguien con quien no lo pensabas.
Siempre hay que tener en mente que la razón no puede dar la fe como tal. El Dios cristiano es más que el “Dios filosófico” cuya existencia tienden a demostrar estas pruebas: además de existir, es trino, se hizo hombre, resucitó de entre los muertos, perdona los pecados y da su cuerpo en comunión. De esta realidad esencial, sólo la Sagrada Escritura y la Tradición son las fuentes.
“Porque me has visto has creído. Felices quienes creen si haber visto” (Jn 20,29). Esta palabras de Jesús son indispensables para conceder a la filosofía su justo lugar, ni menor ni hegemónico.



7 canciones en español que llenarán de sentido tu día

Por ejemplo, "Guerras perdidas", una canción que representa la lucha diaria del ser humano, esa lucha entre sus propios deseos y lo que llena su corazón...

Últimamente he escuchado buenas canciones. Me pasa que (en medio de todo este bombardeo de reggaeton y bachatas) me es difícil encontrar algo decente. Por eso decidí compartirles algunas que me parecen buenas, por si en algo los ayuda a salir de la tormenta sin sentido de toda la música que no dice nada, literalmente.
Acá van algunas que me gustan a mí y otras que me han sugerido. Espero que esta lista les sea útil y que puedan compartirla con sus amigos y en su grupos. También pueden revisar esta lista, que hicimos hace un tiempo, con canciones buenas en inglés.

1. Axel – Celebra la vida

Para empezar, una viejita con un buen ritmo y una letra que dice cosas muy valiosas. Cada frase tiene una gran sabiduría, la sabiduría del agradecimiento, del perdón y de la esperanza para seguir adelante y no dejarse vencer por las dificultades.

2. Diego Torres – Hoy es domingo (Official Video) ft. Rubén Blades

Una bastante alegre y con un gran valor, pues rescata una hermosa tradición católica de nuestros pueblos latinos: el domingo como día del Señor, un día familiar, un día para ir a misa, un día para celebrar la vida que nos ha regalado Dios.

3. Bacilos – Guerras perdidas

Ésta es un poco más profunda y es una de mis favoritas. Es una pena que Bacilos ya no exista, pues algunas letras de sus canciones eran bastante buenas… Bueno, pero pasando a comentar esta canción, para mí representa la lucha diaria del ser humano: esa lucha entre sus propios deseos y lo que llena su corazón; la lucha por la propia felicidad, esa que buscamos en “cualquier fuego” y terminamos “quemados” por la frustración, la desilusión y la tristeza; la lucha por alcanzar la luz del “sol de la mañana”, ese que nos asegura la victoria verdadera de nuestra “guerra”.

4.  Morat- Aprender a quererte

Esta es una canción llena de esperanza. La letra y el video le alegran el día a cualquiera, y con un mensaje muy sencillo de “más sumas que restas”, nos enseña que siempre nuestra vida es un don para los demás y que no podemos desperdiciar el amor que Dios ha puesto en nuestro corazón. Siempre hay que aprender a querer a quienes tenemos al lado.

5. Hombres G – Todo el mundo es feliz

Ésta es una nostálgica de los Hombres G, pero muy buena. Es un cuestionamiento profundo y a la vez sencillo para aquellos que no se contentan con lo que viven. Me recuerda a esa famosa frase de Unamuno: “Yo no digo que merezcamos un más allá ni que la lógica nos lo muestre; digo que lo necesito, merézcalo o no. Y nada más. Digo que lo que me pasa no me satisface, que tengo sed de eternidad, y que sin ella me es igual todo. Yo necesito eso, ¡lo ne-ce-si-to! Y sin ella ni hay alegría de vivir, ni la alegría de vivir quiere decir nada. Es muy como esto de decir: ‘¡Hay que vivir!’, ‘¡Hay que contentarse con la vida!’ ¿Y los que no nos contentamos con ella?”. Solo escúchenla, la letra habla por sí sola, no hay mucho más que agregar.

6. Cali y Dandee – La estrategia

Con el videoclip de esta canción, hasta el más duro llora. Cali y Dandee no se caracterizan por la letra profunda de sus canciones, pero esta les resultó realmente bonita. Llena de valores, esta canción nos habla de la reconciliación con la propia historia, del lazo profundo entre padres e hijos, de la soledad y el abandono que muchos sufren por causas injustas. Nos enseña, que al final de cuentas, estamos hechos para amar y ser amados.

7. Carlos Rivera – Lo Digo(Cover Audio) ft. Gente de Zona

Ésta es un poco más movida y su ritmo es pegajoso y bastante bailable. A mí me gusta. Precisamente me parece valioso rescatarla, pues su letra, a diferencia de muchas otras de su género, nos habla de los sueños, de la luz de día, de la alegría; de una un poco menos pasajera, de una que se consigue con la ayuda de otro, con la esperanza y las ganas de ponerle una buena cara a la vida.
¿Te gustaron? ¿Agregarías otra canción a esta lista? 
Artículo originalmente publicado por Catholic Link



viernes, 25 de agosto de 2017

Pregunta 238: ¿Su Fe es la Fe de la Iglesia? ¡Compruébelo!

Esta es nuestra Fe, la Fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Esta es nuestra Fe, la Fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor nuestro.

secreto de confesión


238. ¿Puede un sacerdote contar a otras personas algo que haya conocido en la confesión?
No, de ningún modo. El secreto de confesión es absoluto. Todo PRESBÍTERO quedaría excomulgado si contara a otras personas cualquier cosa que haya conocido en confesión. Ni siquiera a la policía puede decir o insinuar algo. (1467)


Quizá no haya nada que los PRESBÍTEROS tomen más en serio que el secreto de confesión. Hay sacerdotes que por ello han soportado torturas y han llegado a morir. Por eso se puede hablar abiertamente sin reservas y uno puede confiarse con gran tranquilidad a un sacerdote, cuya única tarea en ese momento es ser todo «oídos de Dios».



secreto de confesión

* El texto (pregunta y respuesta) proviene del Youcat = Catecismo para Jóvenes. Los números que aparecen después de la respuesta hacen referencia al pasaje correspondiente del Catecismo de la Iglesia Católica que desarrolla el tema aún más. Basta un clic en el número y será transferido. 

ÁFRICA/SUDÁFRICA - Una misión de 72 neocatecumenales de Sudáfrica


Camino Neocatecumenal + de dos en dos enviados



Johannesburgo (Agencia Fides) - En respuesta a la llamada del Papa Francisco, 72 hombres y mujeres de las comunidades neocatecumenales de Sudáfrica, han sido enviados en misión del 11 al 21 de agosto, de dos en dos, con nada más que una Biblia en sus manos, para anunciar la Buena Nueva en Sudáfrica, Swazilandia, Botswana y Lesotho.

Al comienzo de su misión, el grupo ha sido bendecido por Su Exc. Mons. Brislin, Arzobispo de Ciudad del Cabo y Presidente de la Southern African Catholic Bishops’ Conference (SACBC), durante un retiro en Ciudad del Cabo, con las siguientes palabras: “A través de nuestro Bautismo compartimos como los apóstoles, en el ministerio de Jesucristo, el anuncio del Reino de Dios. La evangelización en los tiempos modernos no consiste únicamente en llevar a Cristo a aquellos que no han oído hablar de Él, sino también a las personas para las que Cristo no es importante, para volver a reavivar su fe”.

Esta misma misión está en curso en todo el mundo, como se anunció el año pasado durante la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia, cuando más de 150.000 jóvenes del Camino Neocatecumenal se reunieron para una reunión vocacional.

“Esta misión no es sólo para las personas consagradas”, ha dicho Dino Furgione, responsable del Camino Neocatecumenal en Sudáfrica. “Es para personas casadas, solteras, jóvenes y viejos, sacerdotes y seminaristas”. Este es el espíritu del Concilio Vaticano II, el cuerpo de la Iglesia como verdadera presencia de Cristo. Hemos experimentado que Cristo nos acompaña. Y ante la pregunta que dirige a sus discípulos en el Evangelio de Lucas: 'Cuando te envié fuera, sin una bolsa, dinero o sandalias, ¿te falto algo?' ¡Podemos atestiguar que no nos ha faltado nada!, algunos han sufrido algunas privaciones, pero todos hemos experimentamos la 'alegría perfecta' de San Francisco, que también solía enviar a sus hermanos dos en dos”. (L.M.) (Agencia Fides 25/2017)


 Camino Neocatecumenal + de dos en dos



jueves, 24 de agosto de 2017

La lucha interior


El combate interior



Cerca de ti, Gonzalo Abadie ReL
«Te amo no por lo que das, sino por lo que quitas, Jesús». Ante palabras como estas, uno no puede dejar de maravillarse de la capacidad de algunos santos para comunicar lo que están viviendo. Una frase de tono coloquial aunque secreta, porque pertenece a las cartas personales y privadas que la santa de Calcuta escribió y que procuró fueran destruidas. Eran palabras para Jesús, solo para él. Esa frase desnuda el intenso proceso espiritual de su encuentro con él, que llegó a sentir como una demolición: «quiero amar a Dios por lo que Él se lleva. Ha destruido todo en mí».

¿Qué es lo que destruyó Jesús en ella? El aire de la frase no esconde cierto dolor. No es este un amor olvidable, uno que no deja marcas. Este duele, pero lo hace crecer. Como el que enfrentó Jesús en la cruz, hasta ver destruido su cuerpo, es decir, hasta morir. Sin embargo, este amor doloroso le abrió para siempre las puertas de una vida nueva. Sus llagas y heridas, presentes en su cuerpo resucitado y glorioso, nos recuerdan este misterio. Como si nos dijera: amo estas marcas, porque por ellas entré en esta vida nueva.

San Pablo busca decirnos en todo momento que nosotros, misteriosamente, vivimos ya esa experiencia de Jesús, y que, por lo tanto, el sufrimiento y sus marcas nos permiten ir entreviendo una vida nueva. Que la felicidad que buscamos, si no deja marcas, es muy frágil y pasajera. Que sufrimiento y vida vienen entreverados, y no es tan fácil distinguirlos. Que muchas cosas que sufrimos hoy, tienen un sentido que solo con el paso del tiempo y la experiencia iremos descubriendo. Que aun los grandes dolores de la vida, los no queridos por Dios, dolores incomprensibles y tremendos, como aquellos en los que sí tenemos algún tipo de responsabilidad, traen asociados la fuerza de la redención, es decir, la misericordia y el consuelo personal de Cristo, y su poder de dar vida, si nos dejamos influir por la acción del Espíritu Santo. Si confiamos en él.

El combate interior - junto con el Espíritu Santo

Es el Espíritu quien ha recibido de Cristo Jesús este poder redentor obrado en la cruz, poder que puede irse plasmando gradualmente en nuestras propias vidas, corazones y conciencias, haciéndonos participar desde dentro de aquella lucha que, aunque tiene ya un vencedor, no impone su victoria, sino que nos invita a conquistarla y pelear por ella.

Podríamos decirlo así. Jesús dio la vida por todos nosotros, por todo el mundo en la cruz. Pero, ¿quiero yo esa vida? Ese sí o ese no, no es un instante, no es una palabra dicha en un momento sentimental. Esa respuesta, por tratarse del hecho más radical y profundo que afecta a todo lo que fui, soy y seré, coincide con el curso de toda mi existencia. Nuestra vida es la respuesta. Y esa respuesta, cuando es positiva— ¡cuando uno quiere vivir!— implica toda una lucha. ¿Pero contra qué luchamos? San Pablo dice lo siguiente (Gál 5, 16-17):

«Yo los exhorto a que se dejen conducir por el Espíritu de Dios, y así no serán arrastrados por los deseos de la carne. Porque la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne. Ambos luchan entre sí».

Pablo presenta estos dos modos contrapuestos de ser: uno según el espíritu, y otro según la carne. Habla de una lucha, una lucha interior. 

El combate interior

El «espíritu» y la «carne» son dos palabras que, en la Biblia, están un poco en tensión. Porque «carne» quiere decir «corporalidad», y aunque esta es vista como algo hermoso, como la condición humana, la posibilidad de hacernos presentes ante los demás, como aquello que somos, no por eso deja de señalar nuestro límite. Porque somos carne (basar en hebreo, sarx en griego), nos cansamos, somos dependientes, experimentamos la debilidad, tenemos necesidades. O sea: nuestra condición corporal nos convierte en personas situadas en un contexto determinado e ineludible: soy este y no otro, vivo en este tiempo, hablo este idioma, nací en esta familia, tengo esta historia, estos vínculos, este cuerpo… Decir «soy carne» significa decir «soy este», «aquí me ves».

Por otra parte, espíritu (rúaj en hebreo, pneuma en griego) significa viento, y viene a significar lo que no conoce límites, lo que no puede ser controlado, la libertad sin fronteras, el poder, lo que no termina ni muere ni conoce la decadencia, una realidad superior, invisible… Por eso, propiamente, solo Dios es Espíritu. (Allí tenemos este gran misterio del Dios que se hizo carne).

La Escritura se refiere al hombre con uno u otro término según el aspecto que desee acentuar. Para referirse a él en su condición precaria, habla de que es sarx. «Esto es mi cuerpo que será entregado por ustedes», dice Jesús en la última cena. Otras veces se habla del hombre como espíritu. ¿Cuándo? Cuando este percibe en sí mismo esos deseos de ir más allá de lo que le permite su condición corporal, ese contexto que lo sitúa entre su nacimiento y su muerte, entre esas fechas concretas. Cuando sueña con amar a alguien para siempre, cuando siente deseos de alcanzar una felicidad más y más grande, cuando sueña mundos ideales y escribe una poesía capaz de desmentir la muerte, cuando siente que está hecho para la inmortalidad…, y que el límite debe ser traspasado y vencido.

El combate interior

A esto también alude Pablo cuando pide que nos dejemos conducir por el Espíritu con mayúscula. El Espíritu te lleva a eso grande que te llena de ilusiones. El lugar al que te conduce no es mediocre, sino uno que está del otro lado de las fronteras.

Pero Pablo va a enriquecer estos conceptos, pues él sabe que hay límites más pesados que los naturales de la sarx (carne), y una vida más alta que los simples sueños humanos (rúaj, espíritu). Entonces nos invita a entrar en un mundo que el bautizado va descubriendo poco a poco. Aquel de la cruz. Aquel por el cual luchó Jesús y al que nos ha vinculado por el bautismo y la fe: «nuestro hombre viejo ha sido crucificado con él» (Rm 6, 6). Teresa lo decía a su modo: «lo que  quitas», o «lo que Él se lleva», lo que destruye. Esto ya es más que aquella tensión interior de la que hablábamos y que forma parte de nuestro modo de ser.

Pablo habla ahora de una lucha entre la carne y el espíritu. Y se trata de un conflicto no solo moral (entre lo que está bien y lo que está mal), sino también sobrenatural, salvífico (= soteriológico), pues está vinculado a nuestra participación en la lucha que Cristo sostuvo en la cruz contra el pecado del mundo, ese que se opone a su persona:


«Comprendámoslo: nuestro hombre viejo ha sido crucificado con él, para que fuera destruido este cuerpo de pecado» (Rm 6, 6).

Y dice Cantalamessa: «el Espíritu crea la vida nueva, es cierto, pero haciendo morir la vida vieja».

La vida vieja es la del pecado, consecuencia de no dejarse conducir por el Espíritu, que, como sabemos, no habla por sí mismo, sino que nos introduce en toda la Verdad (= Jesús), y dice «lo que ha oído» (Jesús es la Palabra de Dios), y actúa con la fuerza redentora de Cristo. Dejarse conducir por el Espíritu es lo mismo que decir dejarse conducir por Cristo. Recordemos que el Espíritu es como el micrófono del Hijo, el aliento que hace sonar su palabra. Cuando esto no sucede, cuando Jesús es desoído (este es el sentido de desobedecido), cuando la acción del Espíritu es resistida, persisten las «obras de la carne: fornicación, impureza y libertinaje, idolatría y superstición, enemistades y peleas, rivalidades y violencias, ambiciones y discordias, sectarismos, disensiones y envidias, ebriedades y orgías, y todos los excesos de esta naturaleza» (Gál 5, 19-21). Pablo solo propone una «lista» abierta de actitudes, de hábitos estables o vicios. Busca provocar la conversión, que nos sintamos necesitados de perdón, que nos demos cuenta de que tenemos modos de relacionarnos propios de la «carne», de ese «cuerpo de pecado» que tiene que ser destruido, purificado, «porque los que pertenecen a Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y sus malos deseos» (Gál 5,  24). «Te amo no por lo que das, sino por lo que quitas, Jesús».

«Por el contrario, el fruto del Espíritu es: amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza, mansedumbre y temperancia. […] Si vivimos animados por el Espíritu, dejémonos conducir también por él. No busquemos la vanagloria, provocándonos los unos a los otros y envidiándonos mutuamente» (Gál 5, 22-23. 25-26).


En un artículo anterior hemos visto cómo el Paráclito (= Espíritu) es el que nos muestra dónde está el pecado (cf. Jn 16, 8), es decir, nos ayuda a que nos demos cuenta: ah, yo soy así…, me gustaría cambiar (esta «obra de la carne»)… El darnos cuenta lleva tiempo…. Y el cambiar, toda la vida. Y nos damos cuenta de que no podemos, además. Por eso Pablo nos invita a dejarnos conducir por el Espíritu en esta lucha. Es él en nosotros quien puede destruir el pecado y darnos una vida nueva. Recordemos que es simbolizado con el fuego, el cual ilumina el corazón (nos permite ver el pecado), lo purifica (hace arder el pecado, perdonándolo), y finalmente, lo llena del ardor y amor de Jesús (da vida nueva).

En Las moradas, Teresa de Ávila  se refiere a esta lucha de la fe, y habla de que «es terrible la batería», y de cómo «andan los golpes y la artillería», y de la «barahúnda» de la pobre alma, y llega a impetrar: «¡Acábese ya esta guerra…!». Y habla del modo de vencer: «no a fuerza de brazos» (no en base a la sola voluntad, la fuerza y el esfuerzo personales), sino por medio de la oración «con suavidad», para seguir la voluntad del Señor, y confiar «en la misericordia de Dios y nonada en sí».

Juan Pablo II, reflexionando a propósito de esta rebelión contra Dios, de este drama entre el espíritu y la carne, se confía también al amor divino. Señala que de un lado se halla el límite y la pecaminosidad del hombre, y del otro, «el misterio del don, aquella incesante donación de la vida divina por el Espíritu Santo. ¿De quién será la victoria? De quien haya sabido acoger el don» (Dominum et vivificantem, 55). «Quien no tiene combate, no tendrá victoria —escribe santa Catalina de Siena—, y quien no vence queda confundido». Hay que pelear, no hay más remedio. Y para ganar, hay que perder, dejarse vencer por la misericordia.

Diez formas en las que puedes herir a tu esposo más de lo que crees y quieres: ¿qué dice la Biblia?


Diez formas en las que puedes herir a tu esposo más de lo que crees y quieres: ¿qué dice la Biblia?

CL/ReL
Recientemente publicamos  un artículo bajo el título 
Diez formas en las que puedes herir a tu esposa sin darte cuenta:  la Biblia advierte de ellas.

Su autora, Molly Parker, casada hace 22 años y madre de tres hijos, residente en California, ha escrito en Crosswalk otro dirigido a la segunda parte del matrimonio: ellas y algunas actitudes que de forma inconsciente pueden dañar mucho a ellos, hacerles sentir como unos fracasados, y perjudicar la relación misma. Como en el caso de los errores masculinos, acude a la Biblia buscando orientación... y la encuentra.

Molly ha extraído sus diez conclusiones preguntando a su marido y a amigos, y hace una observación general: una cosa es tener un fallo, "de lo cual cualquier hombre puede reponerse y salir adelante", y otra sentirse un fracasado, porque eso "es más duradero,puede convertirse en una etiqueta, un distintivo, una identidad". Y ahí está el peligro.

Por fortuna, Parker recuerda a quienes se sientan así que Dios ya emitió su propio juicio sobre el hombre: "Algo menor le hiciste que los ángeles y de gloria y honor le coronaste" (Sal 8, 6).

1. No está satisfecha con los ingresos familiares
Es natural desear cosas y es normal que muchas cosas que se desean no se puedan tener. El problema viene cuando "cojo mi lista de deseos y la agito sobre su cabeza dos veces al día": "Eso no puede ser bueno para nuestro matrimonio. Si yo siento la tentación de sentirme una fracasada por no tener esas cosas... ¿cómo le haré sentirse a él, que me regalaría el mundo si pudiese?". En vez de contar dinero, la esposa debería ser, como en un dicho del siglo XVII, "la mejor compañera de su marido en la prosperidad y su amiga más fiel en la adversidad".

"Mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su riqueza, en Cristo Jesús" (Filip 4, 19).

2. No olvida ningún fallo del pasado
"Recordar los fallos del pasado genera una doble carga sobre el corazón de un hombre", advierte Parker: "Ya es bastante tener que lidiar con las deficiencias de hoy, para que encima su mujer se abalance sobre él recordándole deficiencias de ayer que no tienen nada que ver". Una esposa que se comporta así "no entiende la profundidad de la gracia de Dios", y por tanto no puede darla a su vez.

"Hermanos, una cosa hago: olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante" (Filip 3, 13).

3. Plantea expectativas desmedidas para las vacaciones
Pedir un masaje con piedras calientes una vez en la vida por tu cumpleaños es una cosa, pedirlo todos los años y en Hawai "quizá es pedir demasiado", ironiza Molly. "Una vez", recuerda, "establecí unas expectativas poco realistas para la participación de mi marido en la cena de Nochebuena. Pero el año pasado se durmió antes que los niños y todas las fantasías de abrir los regalos junto al árbol bebiendo sidra se vinieron abajo". Pero ella se hace esta reflexión: "Si en el contexto de un matrimonio de 22 años ha demostrado ser un buen hombre, ¿por qué hacerle sentir como si me hubiese fallado... y además en Navidad?".

"Sed prontos para escuchar, tardos para hablar, tardos para la ira" (Sant 1, 19).

4. Pone excusas para las relaciones íntimas
Puede haber razones de todo tipo con las que la mujer evita las relaciones íntimas con su marido, "pero cuando las excusas se acumulan sin motivo aparente, un hombre puede pensar que ha fallado en algo: '¡Solía volverla loca! ¿Por qué mis necesidades ya no son una prioridad para ella?'". Tal vez la esposa considera que hay que resolver los problemas conyugales antes de mantener relaciones, "pero los expertos no están de acuerdo", dice: "La probabilidad de arreglar las cosas es mucho mayor después del sexo".

"Lo que Dios unió no lo separe el hombre" (Mc 10, 9).

5. Le recuerda que se supone que él debe ser el líder
Hay algo más enojoso que un marido recordándole a su mujer que debe obedecerle, dice la autora: ¡una esposa recordándole que el líder es él... y un "líder a su servicio"! Resulta paternalista, sermoneador y presuntuoso, especialmente si se usa cierto "tono". Molly sugiere que una esposa amable, humilde y sabia tiene más poder, "y si las oraciones por su marido sustituyen a las impertinencias sobre sus fallos, es más probable que ella le convierta en el hombre de sus sueños".

"Las mujeres estén sujetas a sus maridos, para que, si algunos no se rinden a la Palabra, sin palabra sean ganados por el comportamiento de las mujeres, al considerar vuestra conducta casta y respetuosa" (I Pe 3, 1-2).

6. Cuestiona la forma en la que educa a sus hijos
Molly confiesa que es demasiado correctora y quisquillosa con la forma en la que su marido educa a los hijos: "Fuiste muy duro con ella... Fuiste muy blando con él... Ve ahora a darle un abrazo...". Y considera "ridículo" actuar así porque "¡es un padre increíble que incluso les hace los deberes de ciencias!". Y plantea una idea importante: "Si un hombre fracasa como padre, lo arrastrará el resto de su vida. Pero si lo hace bien... ¡no hay mayor medida del éxito! Así que una mujer debe estar junto a su marido cuando ambos abordan juntos el trabajo más difícil sobre la tierra: educar hijos que se conviertan en buenos adultos".

"No es bueno que el hombre esté solo. Le haré una ayuda semejante a él" (Gén 2, 18).

7. Le compara con otros hombres
Lo cual es una "faena" para ellos, educados desde el colegio en competir continuamente. Pero luego está "el hogar, un lugar donde sentirse libre de la trampa de las comparaciones... ¿o no?". Escuchar de su esposa el dinero que ganan otros hombres, o lo galantes que son con sus mujeres, o cómo les ofrecen una vida de emoción y aventuras... "sugiere que ellas están más interesadas en moldear a su marido según su ideal que según el ideal de Dios", en vez de "dejar margen a Dios para que actúe en su vida". Las cosas requieren su tiempo: ¡incluso Jesús, en cuanto hombre, maduró!

"Y Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres" (Lc 2, 52).

8. Se avergüenza de sus actividades
"Si una mujer no respeta, admira y apoya su profesión, sus aficiones y sus intereses, es seguro que él se sentirá un fracasado": no hace falta darle muchas vueltas. Es posible que el hombre se entregue en exceso a cualquiera de esas actividades, pero entonces será probablemente más eficaz rezar para que él establezca mejor sus prioridades teniendo presente a Dios en su camino.

"En todos tus caminos piensa en Él, y Él allanará tus senderos" (Prov 3, 6).

9. No disfruta de su vida juntos
Molly recuerda que, cuando llevaban 12 años casados, tuvieron que trasladarse de California a Alabama por razones de trabajo que su marido no podía evitar. Para ella fue un disgusto y no consiguió dejar a un lado sus sentimientos: "Él se sintió desesperanzado y desanimado, como si hubiese fallado en darme una vida feliz". Puede haber otras razones que hagan difícil la alegría, pero... "una mujer sin alegría hace que su hombre se considere un fracaso". Lo importante en estos casos es siempre "mantener abierta la línea de comunicación".

"Llevad los unos las cargas de los otros, y así cumplid plenamente la ley de Cristo" (Gál 6, 2).

10. Le corrige en público
"Nada le chupa la vida a un hombre más que una esposa que le empequeñece en público, y a veces basta para ello una mirada", afirma la autora del artículo: "Incluso si él se lo merece, una mujer se ganará más el respeto, de él y de los demás, si lo guarda para sí y ama profundamente a su marido".

"Mantened la caridad unos con otros, porque la caridad cubre la muchedumbre de los pecados" (I Pe 4, 8).

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