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sábado, 22 de julio de 2023

Adolescentes: entiéndelos para ayudarlos en esta etapa

TEEN

Los adolescentes necesitan de sus padres para enfrentarse
a esta etapa adecuadamente.


Una de las etapas de la vida, considerada por muchos como la peor, sin duda es la adolescencia; caracterizada por muchos cambios a nivel físico, emotivo, intelectual e incluso espiritual

Según la Organización Mundial de la Salud la adolescencia es un período de vida comprendido entre los 10 y los 19 años; aunque varios especialistas han desarrollado la teoría que la edad de iniciación de esta etapa se está adelantando a entre los 8 y 9 años.

De igual forma, seguramente podrás encontrar en tu grupo de amigos a aquellos denominados «eternos adolescentes», ya que esta etapa se está extendiendo, en algunos casos, hasta los 25 y 26 años. Debido a la imposibilidad de cerrar capítulos en su vida, se encuentran bloqueados en esta etapa crucial y sumamente trascendente.

Aleteia consultó con el psicólogo Enrique Pacheco acerca de este tema y nos compartió algunos consejos para entenderlos y acompañar esta etapa del crecimiento.

¿Cómo detectar la etapa de la adolescencia?

«Podemos darnos cuenta de que un niño está entrando en la adolescencia, principalmente por los cambios físicos que se presentan dentro de esa etapa, y que indican el inicio del proceso de maduración sexual que se tendría que culminar aproximadamente hacia los 23 años».

Nos vamos a encontrar también con algunos cambios sociales y emocionales que pueden advertirnos que un niño esta entrando en esta nueva etapa. «Por ejemplo, se empiezan a presentar ciertas crisis existenciales, preguntas que antes ni siquiera tenían relevancia en la vida del niño, así como el interés o la preocupación por temas de relaciones de pareja».

Podemos darnos cuenta de que el adolescente, en ocasiones, puede cuestionarnos en nuestras órdenes o en nuestra forma de ver la vida, lo que puede representar cierto conflicto para los padres de familia.

En esta etapa notamos una preocupación por el aspecto físico, o el deseo de pertenecer a algún grupo o subcultura urbana de moda.

¿Qué debemos entender de la adolescencia?

A la adolescencia se le ha llamado la «edad difícil» durante muchos años, sobre todo para aquellos padres de familia que no aceptan que sus hijos están creciendo y haciéndose autónomos poco a poco.

Todo es un proceso, y eso no significa que un chico de 14 años ya sea capaz de gobernar su vida. Sin embargo, hay que considerar que más que estar en nuestra contra, un adolescente busca —con su rebeldía— darse cuenta de que también puede ser capaz de tomar sus propias decisiones para la vida, aunque algunas puedan resultarnos extrañas o hasta cierto punto, desconcertantes.

«Es importante considerar que las hormonas juegan un papel importante en el comportamiento del adolescente, y no todo enojo significa necesariamente «mala conducta». Esta es una etapa en la que también se pueden presentar constantes situaciones de ansiedad, depresión, y en ocasiones, por la falta de un apropiado apoyo profesional, también se pueden presentar ideaciones o hasta tentativas suicidas».

Los conflictos internos y la necesidad de pertenencia son un tema cotidiano para ellos.

¿Cómo debemos tratar a un adolescente?

Es muy importante que como adultos mostremos una actitud abierta hacia ellos, sin juzgarlos ni criticarlos por lo que nos platiquen. Se trata de buscar la forma de ayudarlos sin hacerlos sentir incapaces, permitirles que ellos formen conclusiones y tomen decisiones positivas para su vida.

También es necesario que les demos consejos de nuestras experiencias de vida, pero siempre acompañados de congruencia, pues si les pedimos algo que nosotros no damos, nos estamos echando al bolsillo a un crítico que nos cuestionará cuando le demos una orden.

¿Cómo ayudar a un adolescente a sobrellevar su etapa?

Hay que permitirles que tomen sus propias decisiones, pero explicarles que cualquier decisión conlleva responsabilidades. También es necesario mostrarnos dispuestos a escucharlos sin juzgar y comprender esta etapa.

La adolescencia es muy importante en la consolidación de su personalidad, por lo cual, se encuentran explorando nuevos estilos de vida y de comportamiento. Sin embargo, la educación en valores también es muy importante, esencialmente aquellos que se apegan a la dignidad humana y las buenas costumbres.

Teen girls on the way to school looking to camera, close up
Durante la adolescencia se consolidan la personalidad y un nuevo estilo de vida

Por este motivo, es muy importante nuestra congruencia como adultos, sobre todo dando ejemplo de lo que es correcto. En este momento de su vida, es necesario que ellos nos consideren personas en las cuales pueden confiar, y no tanto como una autoridad castigadora; eso sí, sin perder la firmeza y coherencia de nuestras reglas en casa.

Una de las capacidades que nuestros adolescentes necesitan adquirir es la habilidad de resolver problemas y situaciones complejas. En esta etapa es fundamental enseñarles a no tomar decisiones fundamentadas en sus emociones, ya que estas no son constantes, y en consecuencia, son poco confiables.

El desafío es ir equilibrando el área emocional y el área racional, de modo que la toma de decisiones se pueda realizar con madurez y teniendo todas las herramientas a su alcance.  Si logramos este equilibrio, entre emoción y razón, estaremos brindando una ayuda fundamental en el desarrollo de nuestros adolescentes.


Mia Schroeder, Aleteia 

Vea también     Convivir con un adolescente
y no morir en el intento
  (abundante información)
















lunes, 17 de febrero de 2020

Mi hijo adolescente ya no quiere pasar tiempo en familia

Está cambiando. Quiere pasar más tiempo con los amigos, en casa se encierra en su cuarto 

PARENTING

Nos sentimos frustrados cuando ves que cada día cuesta más hacer planes con los hijos. Nos parece que prefieren pasar más tiempo con otras personas o que nos rechazan todas las iniciativas que intentamos concretar con ellos.
Antes de planificar actividades, es importante entender sus necesidades y tener en cuenta ciertos aspectos prácticos. Toca no solo comprenderlos y mejorar la convivencia con ellos, sino también compartir tiempo con ellos, un tiempo que resulta cada día más valioso.

Quieren ser independientes

Muchas veces el problema puede venir porque los padres no tenemos en cuenta a nuestros hijos a la hora de hacer planes. A lo largo de su infancia, hemos sido nosotros los que hemos decidido sobre la agenda familiar. Nos hemos acostumbrado pero, cuando nuestros hijos llegan a la adolescencia, ellos también quieren proponer planes o decidir sobre su tiempo libre.
Solemos planificar, incluso pensando en ellos, pero cuando la reacción es negativa el rechazo nos lastima. Esto no significa que no quieran pasar tiempo con nosotros o hacer cosas en familia: simplemente ya tienen planeado cosas con sus amigos y no quieren venir con nosotros.
Cuando tratamos a nuestros jóvenes como niños, hacemos planes por ellos sin consultarles o esperamos un día antes para decirles lo que hemos pensado. En cambio, si reconocemos que ya tienen capacidad de decisión, cierta independencia e identidad propia, podremos dialogar con tiempo sobre lo que queremos hacer y tal vez escoger juntos algo que pueda interesarles.

Tener amigos

Una situación que podemos malinterpretar es que nuestros hijos tengan más interés de pasar tiempo con sus amigos que con la familia. Damos por sentado que no quieren estar con nosotros, pero lo normal es que la adolescencia sea una etapa en la que ellos se centren en construir amistades profundas.
Tener un grupo de amigos es algo muy positivo: les ayuda en la transición hacia la edad adulta como apoyo social y emocional, les ofrece criterios para juzgar su propio comportamiento y experiencias, así como también la oportunidad para formar relaciones interpersonales y habilidades sociales en un contexto donde desarrollan el sentido de identidad propia.
Salir con sus amigos y estar en contacto con ellos es algo que se incrementa de manera automática cuando el niño se transforma en adolescente. El grupo de amigos le ayuda a satisfacer una necesidad de compañerismo y diversión, con apoyo emocional, comprensión e intimidad. Esto lo puede tener de su familia, pero es vital que lo reciba de sus amigos.

Hacer cosas que les interesan

Otra de las razones por las que nuestros hijos adolescentes a veces son reacios a responder positivamente a las actividades que les proponemos, es porque fallamos al considerar sus intereses y lo que les gusta compartir con nosotros.
Cuando les forzamos demasiado a hacer cosas, no podemos esperar que vivamos experiencias de tiempo de calidad con ellos. Esto no significa que tienen que estar de acuerdo con nosotros en todo lo que hacemos, o que nunca les obliguemos a hacer cosas como acompañarnos a visitar a los parientes; pero es clave que pongamos el foco en trabajar con sus intereses.
Podemos planear juntos actividades que serán importantes para ambos y con unas simples ideas pensar en un viaje o alguna actividad que quizá les resulte de interés y lo haga más atrayente. Mucho tendrá que ver el que se sientan escuchados y considerados y el modo en que les hablamos y lo que perciben de nosotros como adultos.
Cecilia Zinicola, Aleteia 


martes, 15 de enero de 2019

Ideas para controlar hijos con actitudes rebeldes

Nunca permitas que tus hijos te hablen con faltas de respeto porque, para empezar, no son iguales. 

PARENTING
¿Qué hacer con un hijo con actitudes rebeldes, altaneras, prepotentes con comportamientos groseros y desafiantes?
 Si leyeron bien no escribí hijos groseros ni tal porque soy en contra de etiquetar, mucho menos a nuestros hijos. Ellos son mucho más que sus comportamientos. Aún así no podemos negar que hay unos tantos que tratan muy mal a sus padres, que les faltan el respeto. Es decir, que tienen un grave problema con la figura de autoridad.
Hay tantísimo que se puede hacer para lidiar con esta clase de conductas tan negativas. Si lo que buscamos es que verdaderamente no se repitan este tipo de escenas, te sugiero lo siguiente. Parece muy sencillo, pero requiere que los padres tengan carácter, equilibrio y firmeza. 
Para comenzar, cuando el niño está con la rabieta, te está ofendiendo y soltando sapos y culebras por la boca, no es el momento para hablar ni para arreglar nada, sino para que tú mantengas un silencio estratégico inteligente. 
El adulto, en este caso el padre y/o la madre, es quien debe mantener la paz y la ecuanimidad y no ponerse al tú por tú con el chico. Una buena estrategia es mirarlo fijamente a los ojos y cuando mucho decirle: “Voy a hacer como que no he escuchado lo que acabas de decir”.
Seguramente el chico querrá seguir provocando tu ira. ¡Respira! ¡Sigue manteniendo la paz, aunque de momento no la sientas! Y así, sin levantarle la voz le dices: “Cuando te controles podremos hablar”. Y salte de la habitación. Pon un espacio prudente de distancia.
Aquí deseo hacer un paréntesis para compartir algo que yo hago y que siempre me funciona. Justo en el momento en que me doy cuenta de que estoy a nada de tener una fricción con alguno de mis hijos -o con quien sea-, lo primero que hago es rezar esta jaculatoria: 
“Justo juez, justo juez, pon el alma de mi hijo (nombre) a tus pies.  
Justo juez, justo juez, pon mi alma a tus pies”.
Una vez que las aguas se hayan tranquilizado, que ambos estén más en paz busca a tu hijo y comienza el diálogo. 
Generalmente tendrán un diálogo así:
– ¿Qué me dijiste hace rato?
Como el agua ya está muy tranquila quizá te responderá que nada.
– ¿Nada? Pues yo te recuerdo. Dijiste esto y esto.
– ¡Claro! Es que tú me desesperas. Papá, tú nunca… Mamá, siempre…
Tu hijo se puede ir como hilo de media excusando su comportamiento y buscando culpables de su acción con tal de no hacerse responsable de los hechos. Especialmente se irá en contra de los padres.
Aquí es muy importante que lo pares en seco y le digas con amor y firmeza:
-Entiendo cómo te sientes, pero para empezar a mi no me hablas así porque tú y yo no somos iguales. Soy tu papá y no te lo voy a permitir.
Esto parece duro, pero es bueno recordárselo. Que se ubique y tenga claro sobre quién es la figura de autoridad y quien debe obediencia. 
 Ahora sí, con todos los puntos sobre las íes pueden seguir con la plática aclarando y llegando a acuerdos sobre el asunto que estaban tratando.
Si el chico vuelve a perder el control, nuevamente se deja la plática para después.
La primera regla de todo hogar debe ser el respeto, por lo que está de más decir que en ninguna circunstancia se pueden permitir faltas a esta. En caso de que estas vuelvan a suceder -después de que el diálogo no funcionara- entonces hay que tomar la estrategia dolorosa. No hablo de golpes, sino de recortar permisos y beneficios. Eso dependerá de cada hogar. 
Papás, lo peor que podemos hacer es dejar pasar las cosas; hacernos los enojados y dejarles de hablar pretendiendo que no pasa nada o que no fue para tanto. 
Estas situaciones hay que combatirlas de frente, pero con inteligencia. Si dejamos pasar una falta de respeto, al rato no solo será una y cada vez serán más serias. Siempre hay que hablar, tantas veces como sea necesario, pero hacerlo por la línea de la comprensión, de la empatía y del amor. Y obviamente hacerlo de acuerdo con la edad y madurez del hijo.

Luz Yvonne Ream, Aleteia






















lunes, 15 de enero de 2018

¿Se puede tener un hijo adolescente y no discutir con él?



Es común que algunos padres se preocupen cuando sus hijos están por llegar a la adolescencia.

Erróneamente se tiende a limitar el periodo de la adolescencia a un constante conflicto; si se detuvieran un momento a pensar en cada momento del desarrollo que han tenido los hijos, descubrirían con asombro que en todas, hay situaciones conflictivas que han afrontado han tenido que superar adversidades y conflictos. A esto se le llama crecimiento.
Que la adolescencia de los hijos transcurra tranquila, depende mucho de los padres.
En lugar de enfatizar la preocupación que se está viviendo una etapa difícil es más constructivo ocuparse en hacerles ver y sentir que los cambios que están experimentando son parte del crecimiento de todas las personas.
Así, en lugar de avergonzarse es importante que se sientan orgullosos y felices porque pronto serán adultos. El sueño de todo niño es ser “grande”.


Yakobchuk Viacheslav | Shutterstock

Calma y diálogo

En todas las etapas, pero en especial durante la adolescencia, es básico que la comunicación entre padres e hijos sea abierta. Potenciar la escucha y los comentarios positivos para ir sembrando un clima de confianza y estima.
La mayoría de los padres se atemorizan cuando ven que sus hijos pasan de un niño dócil a un adolescente rebelde, que siempre anda de mal humor y se resiste a seguir las reglas paternas. Ante esta situación, tienden a ser más estrictos, presionando a los adolescentes para que se apeguen a las normas, y esperan que se conviertan en adultos rápidamente.
Quizás el interesa también:

No olvidemos que el tiempo juega un papel decisivo en el proceso de maduración de los hijos
Las claves del éxito están más bien en la flexibilidad y en la calma, sin por ello perder la proa de los propios objetivos.
Pero no siempre los desacuerdos entre padres e hijos son perjudiciales, a veces pueden tener un efecto positivo dentro del desarrollo, ya que estas disputas y negociaciones facilitan que los adolescentes pasen de depender de sus padres a ser autónomos.
Cuando los adolescentes manifiestan desacuerdo a sus padres, es más viable que adquieran herramientas para avanzar hacia la autonomía, ya que tras el conflicto viene la negociación. El perfil de padres más eficaz en esta situación es la del padre democrático, que sabe escuchar, motivar y persuadir.
Ante los padres autocráticos el adolescente ni siquiera se atreve a manifestar su desacuerdo, porque está acostumbrado a aceptar todo lo que el padre le diga o a buscar otras alternativas sin evidenciar el desacuerdo para evitar tensiones y consecuencias negativas.
La adolescencia es una etapa significativa en la vida del ser humano dado que se define e integra la personalidad del individuo. Es precisamente en esta etapa cuando se dan los cambios que tienden a ser  permanentes, ya que el crecimiento dura toda la vida, pero de aquí se parte para la etapa adulta.
La influencia de los padres en los adolescentes es decisiva para afrontar esta etapa sanamente obteniendo el mayor número de resultados positivos, porque a través del estilo paternal que ejerza es como ayudará al adolescente a pasar a la siguiente etapa, creciendo siempre en responsabilidad y autonomía.  
Javier Fiz Pérez, aleteia


sábado, 26 de agosto de 2017

¡Auxilio! Mi hijo es adolescente: Artículo de RedFamilia.org

Hay 6 reglas de oro que te ayudarán a vivir mejor esa etapa apasionante (y difícil) de los chavales y las chicas

Todos los que hemos tenido un adolescente en casa sabemos de sus cambios de ánimo, mal humor o rebeldía. Para los que no han tenido la fortuna de tener un hijo adolescente, hoy tendrán la oportunidad de conocer un poquito de esta maravillosa etapa.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la adolescencia abarca de los 10 a los 19 años. Es una etapa muy complicada tanto para el adolescente como para sus padres, ya que, contrario a lo que podríamos pensar, es necesario estar más al pendiente de los jóvenes.
Es fundamental estar bien enterados sobre los cambios físicos que están atravesando y de las nuevas relaciones sociales que están apareciendo en su vida, ya que es justo en estas nuevas interacciones sociales, distintas a su familia, en donde empiezan a conocer otras formas de relación, de expresarse y de comportarse que podrían marcarlos de manera definitiva.
Por ello, es necesario que los padres estén presentes para supervisar y orientar en caso de que el joven se ponga en una situación de riesgo que pueda salirse de control.
Una de las actitudes que vemos con mayor frecuencia en esta etapa es la de ir en contra de toda normatividad. Los padres generalmente mencionan que su hijos se han vuelto rebeldes, ya que se enfrentan en discusiones con ellos por detalles tan simples como solicitar un permiso o por la manifestación del deseo de no asistir a la escuela.
Cambian su manera de vestir, de peinarse y hasta de expresarse. Se olvidan de los buenos modales que les enseñaron sus padres y expresan su desacuerdo con las normas sociales y todo aquello que represente una autoridad.
Sin embargo, no es que la adolescencia esté caracterizada por actitudes negativas, simplemente los niños que anteriormente obedecían y cuestionaban muy poco las indicaciones que se les daban, ahora han crecido y están empezando a tomar sus propias decisiones y a cuestionar las reglas bajo las cuales crecieron. Será necesario cambiar la forma de relacionarnos y dirigirnos a ellos.
En Red Familia queremos darte algunos tips que te ayudarán a sobrellevar esta importante etapa en la vida de la familia y a mejorar la relación con tu hijo adolescente.
  • Deja pasar los enfrentamientos por temas que no tienen importanciacomo: modas, forma de peinar, cambios en su habitación, entre otros, que solo desgastarán la relación familiar… Elige tus batallas.
  • No tengas miedo a la culpabilidad. Si se toma una decisión en pareja como padres, sosténganla mientras esta no ponga en riesgo la integridad de su hijo.
  • Sé firme, la disciplina es fundamental para su desarrollo. Ellos necesitan límites.
  • Genera una comunicación efectiva, trata de poner en la mesa temas que le agraden: se sentirá identificado.
  • Evita hablar de castigos, más bien procura que asuma las consecuencias de haberse saltado una regla o de haber realizado un acto inadecuado.
  • Asegúrate de que se cumplan las sanciones resultantes de sus actos.
No olvides que la vida familiar es muy importante para el adolescente, en ella puede encontrar el apoyo y el amor necesarios para construirse un mejor futuro. Y recuerda, ¡en la familia está la solución!
Artículo originalmente publicado por Red Familia



martes, 10 de enero de 2017

Somos unos padres ejemplares, ¿por qué entonces los hijos no nos hacen caso?

En la relación padre/madre–hijo no importa si eres una limpiadora o tienes un doctorado, si eres discapacitada/o ni cuántos ceros hay en tu cuenta bancaria 

Somos unos padres ejemplares, ¿por qué entonces los hijos no nos hacen caso?

NATALIA BIAŁOBRZESKA, aleteia
Antes no necesitábamos manuales de cómo ejercer de padres, simplemente lo éramos… 

Adán, de seis años de edad, sufre ataques de histeria y es agresivo con sus padres. Cuando llega a casa, se sienta delante del televisor y “desaparece”. Los juegos iniciados por su madre los resume brevemente con un: “Aburriiiiiiiiido, no me interesa”.

María, de once años de edad, como regalo del cumpleaños recibió una tablet y un smartphone. Es su actividad principal. SnapChat, Messenger y YouTube, es decir, el centro de operaciones del mundo adolescente. Gracias a ello está en contacto permanente con lo amigos y adquiere conocimientos sobre cualquier tema.

-¿Has ordenado tu habitación?, ¿Has hecho los deberes y has preparado las cosas para mañana?” -pregunta una vez más el padre irritado-. ¿Cómo qué noooo?
-¡¿No ves que estoy haciendo algo?
-!¡No voy a discutir contigo! ¡A la habitación, ya! –grita el padre
-¡Ahhhhh! ¡Tú no entiendes nada! –la adolescente se enoja y cierra con rabia la puerta.

¿Mal padre o mal hijo? Conocemos muy bien este tipo de escenarios. No necesitamos ir lejos. Todo el mundo tiene amigos con los niños que estallan de ira como volcanes activos, niños retirados de la vida social, encerrados en sí mismos, usuarios de sustancias psicoactivas, violentos, tratados por depresión, neurosis y ansiedad.

Niños que parecen no tener ningún rumbo en la vida, cuyos guías son los famosos de YouTube y los amigos de la escuela, no sus padres. Añadamos, unos padres realmente involucrados, responsables y cariñosos.

Cuanto más chocamos con el muro que se interpone entre nosotros y nuestros hijos, tanto más y con mayor probabilidad, para lograr resultados, empezamos a suplicar, pedir favores, regatear, chantajear, premiar o castigar.

Disciplinamos de forma autoritaria, buscando culpables en la escuela, en los juegos o la televisión y llegamos al punto donde nos sentimos simplemente inútiles.

El papel del padre empieza a molestar, porque estamos perdiendo la certeza de que el mundo de los valores y de los principios que queremos transmitir a los hijos, se ancla en ellos.

Es una paradoja de nuestro tiempo, porque tenemos acceso a una enorme dosis de conocimientos sobre el desarrollo y los métodos educativos, a un millón de guías y cursos. En teoría, deberíamos ser padres ejemplares.

Mientras tanto, con demasiada frecuencia nos sentimos inútiles, y los hijos no obedecen o son simplemente indiferentes. ¿Por qué, a pesar de involucrarnos plenamente y con todo el amor, ser padres, en práctica, nos sale así así?

El contacto y la cercanía 
Esta pregunta fue formulada por el psicólogo del desarrollo Dr. Gordon Neufeld * en el libro La unión, un bestseller que considero un manual must-have para cualquier padre.

Según Neufeld, la clave para entender los orígenes de la crisis de la paternidad es el contexto. Esto es lo que exige la educación productiva. Porque la educación automática -resultante del simple hecho de ser adultos, y de que, en nuestra opinión hacer lo mejor para nuestros hijos, y decidir motivados por el amor- no funciona.

Sólo cuando el niño confía en nosotros, todo el problema de la educación, toda nuestra preocupación, queriendo ser el faro y un lugar seguro en el mundo, traerán los resultados esperados.

Pero para “que el niño esté abierto a ser educado por un adulto, debe buscar un vínculo con este adulto, querer estar cerca de él (…). El secreto de la paternidad no radica en lo que hace el progenitor, sino más bien en cómo es como padre”.

En el mundo de un hijo, en la relación padre/madre-hijo, no importa si se eres una señora de la limpieza, si tienes un doctorado, si eres famosa/o, discapacitada/o o el número de ceros que tienes en tu cuenta. Ninguna de estas cosas cancela ni garantiza el éxito de ser padres.

Por nuestro mundo caminan millones de personas, a las que parecerás más o menos tonto en el campo de las ciencias, el trabajo o los deportes. Pero será a ti a quien vendrá tu hijo en busca de consolación y de consejo. Porque el mejor maestro, inspiración, guía, refugio, patrón a seguir, amigo, serás tú y nadie más, si anteriormente te habías preocupado por consolidar vuestra relación, es decir, por crear un fuerte vínculo. Es la única condición que debes cumplir.

domingo, 17 de enero de 2016

5 consejos para educar a un niño de carácter fuerte

¿Te cuesta educar con alegría? ¿Estás haciendo que tu y tu hijo se sientan mal?

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Dicen que si educas a un niño pertinaz a hacer lo correcto, hará lo correcto con toda la determinación de la que es capaz. Siempre y cuando no quiebres su voluntad. Educar a un hijo o una hija con mucho carácter puede agotar todas tus energías si no pones esmero y creatividad en su educación. Cuanto más astuto sea tu hijo, más difícil será tu trabajo como padre o madre. Aquí tienes cinco consejos que te ayudarán a evitar la tensión de educar a un chico o una chica de fuerte carácter y convertirla en diversión:

1. Nunca luches para ver quién tiene la voluntad más fuerte: El truco para educar con amor a un niño temperamental es no entrar nunca en una batalla de voluntades. Acabarás agotado. Si ganas, habrás quebrado la voluntad de tu hijo. Si pierdes, será él o ella quien habrá pasado por encima de ti.

Tu trabajo no es enseñar a tu hijo quién está al mando usando penosas técnicas disciplinarias. Tu trabajo es el de ayudar a que tu hijo reconduzca su temperamento y lo ponga en buen uso, al tiempo que refuerzas ciertas normas básicas del hogar. ¿Que es más fácil decirlo que hacerlo? Pues sí. Pero sigue leyendo, porque tengo algunas ideas que te pueden ayudar a conseguirlo.

2. Escribe las normas básicas del hogar y cíñete a ellas: Haz una lista de las reglas de casa y asegúrate de que las escribes bien claras. Aquí está nuestra lista. Los más pequeños necesitan menos normas; intenta usar una norma por cada año de edad: si tienes una niña de cuatro años, con cuatro normas será bastante, por ejemplo.
Si tienes varios hijos de diferentes edades, escribe las suficientes normas para cubrir las necesidades del mayor. Colócalas en un lugar central de la vivienda, como el frigorífico. Relee las normas de tu casa regularmente, una vez al día al menos. Nosotros las revisamos cada mañana después de las oraciones.

Cuando alguno de tus hijos rompa alguna, relee dicha norma para recordarla. Por ejemplo, una de nuestras normas es “Sé agradecido, no envidioso”. Así que cada vez que empiezan las quejas y los caprichos, les repito “Sé agradecido, no envidioso”.

3. Para los castigos no uses dolor, mejor consecuencias naturales y reflexión personal: Con un hijo temperamental, siempre existe la tentación de imponer la disciplina, usando cada vez más y más muestras de fuerza, para demostrar quién está al mando. Cuando un hijo o una hija pone a prueba tu paciencia, es fácil caer en los castigos típicos de sin salir del cuarto, sin postre o una azotaina en el trasero.

O simplemente, como pasa a la mayoría de padres y madres, recurrimos a los gritos. Gritar y dar azotainas no son soluciones a largo plazo. Es posible que den el resultado inmediato que buscas (que el infante cese un comportamiento no deseado), pero en última instancia los gritos y los castigos físicos conducen sencillamente a una lucha de voluntades que causa más mal que bien.

Más que gritos y castigos corporales, lo que un niño necesita es una educación armonizada para un desarrollo cerebral sano. Es entonces cuando tienes que ser un educador creativo. En lugar de recurrir a castigos precipitados e irreflexivos como dar azotes o quitar premios, opta mejor por medidas disciplinarias que requieran reflexión o permitan a tu hijo o hija compensar por su comportamiento inapropiado.

Por ejemplo, si un niño se porta mal con otro, tal vez el que ha sido malo podría compensar haciéndole algún favor al otro en forma de tarea del hogar o algún gesto amable. Los más mayores pueden escribir cartas de disculpa para las personas con las que han sido injustos. Nosotros a menudo pedimos a nuestros hijos que escriban ensayos sobre las normas del hogar que han quebrantado. Los castigos con escritura logran dos cosas: permiten al menor reflexionar sobre su error y nos dan a todos un poco de tiempo y espacio para calmarnos.
La doctora Joan Luby es profesora de psiquiatría infantil y directora del Programa de Desarrollo Emocional Temprano en la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington en San Luis, Misuri, EE.UU. Sus investigaciones han demostrado que la educación positiva de bebés de uno a dos años en situaciones de estrés, en lugar de las reprimendas o el castigo corporal, se asocia a un incremento del tamaño de ciertas zonas del cerebro.

4. Reconducir los deseos egoístas: Los caprichos obstinados son fundamentalmente egoístas. Nuestra labor como padres es redirigir esa gran fuerza de voluntad para alejarla de deseos egoístas y conducirla hacia el bien. Ofrece a tu hija o hijo oportunidades para el liderazgo, incluso si eso supone dejar a uncrío de tres años con carácter fuerte al cargo de una situación durante unos pocos minutos. Déjale que «vigile» a un hermano mientras preparas la cena, por ejemplo.

Cuando ya tengan edad de ir a la escuela, ayuda a tu hijo a reconducir su carácter involucrándolo en alguna buena causa: un refugio de animales, un banco de alimentos, cuidar de un vecino mayor, etc. Los niños mayores necesitan retos reales que sirvan de válvula de escape a su carácter pertinaz, así que plantéate encauzarles en proyectos deportivos, académicos o musicales que pongan a prueba los límites de su fortaleza personal. Las actividades de supervivencia al aire libre, rutas para senderismo, bicicleta o en canoa, por ejemplo, son buenas opciones para el verano de un chico o una chica temperamental.

5. Calma el carácter fuerte de tu hijo a través de la ternura y el amor: Con un hijo o una hija de carácter fuerte, es común que el cansancio y la frustración nos hagan olvidarnos de la ternura, la dulzura y el cariño. Y es que sin nuestro ejemplo, nuestros hijos no pueden aprender a ser amables y cariñosos por sí mismos. Dedica siempre alguna actividad o momento del día para el contacto físico, para un abrazo, para una conversación amable y cariñosa con tus hijos. Unos buenos momentos para ello pueden ser las primeras horas de la mañana, a la vuelta del colegio y a la hora de ir a dormir.
Invertir en tu hijo o hija ahora es la mejor inversión de tu vida. Dedicar tu tiempo a amar y educar a tus hijos te brindará abundantes dosis de alegría. Pero si aún tienes problemas para educar con alegría, aquí tienes otros 12 consejos para criar a hijos alegres.

KATHELEEN M. BERCHELMANN, aleteia