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miércoles, 8 de abril de 2026

Fe: confiar en Dios incluso cuando el cielo guarda silencio

Prayer. Man on his knees praying. On the background of the sunset sky. Kneeling Prayer to God. Worship and praise.

Hay momentos en la vida en los que rezamos mucho y, aun así, todo parece estar en silencio. Las palabras suben y no hay respuesta; pero la fe es confiar en Dios

Para muchas personas, esos momentos son los más difíciles para la fe. Porque es fácil confiar en Dios cuando las cosas salen bien, cuando se abren las puertas, cuando los caminos parecen claros. El verdadero desafío de la fe surge precisamente cuando todo parece incierto.

Cuando no entendemos lo que está pasando. Cuando los planes cambian. Cuando las respuestas no llegan en el momento que nos gustaría.

Pero quizá sea precisamente ahí donde la fe revela su forma más profunda. La fe no es la certeza de que todo sucederá exactamente como imaginamos. La fe es seguir caminando aunque no veamos todo el camino. Es confiar en que, incluso cuando no comprendemos, se está construyendo un sentido.

Convertir el silencio en un recurso y no en un sentimiento insoportable

Hay un tipo de silencio que no significa abandono. A veces, el silencio de Dios es también una invitación a madurar, a mirar más profundamente dentro de nosotros mismos, a descubrir fuerzas que aún no sabíamos que existían.

El silencio también educa el corazón. Nos enseña a esperar, a confiar, a reconocer que la vida no es totalmente controlable y que, aun así, sigue estando llena de sentido.

Muchas veces, cuando miramos atrás, nos damos cuenta de que aquel período en el que todo parecía estar parado fue, en realidad, un tiempo de transformación silenciosa. Algo se estaba preparando dentro de nosotros: más paciencia, más profundidad, más sensibilidad hacia lo que realmente importa.

La fe madura en ese espacio entre la petición y la respuesta, entre el dolor y la esperanza, entre el silencio y la confianza.

Y confiar no significa negar el sufrimiento. No significa fingir que todo va bien. Confiar también es poder decir: «No entiendo lo que está pasando, pero sigo creyendo que mi historia no está perdida».

La fe sostiene el corazón

La fe no elimina las preguntas, pero sostiene el corazón mientras las respuestas aún no llegan.

Y es importante recordar que confiar también implica cuidarse a uno mismo. En muchos momentos de la vida, necesitamos personas que caminen con nosotros, que nos ayuden a ordenar los sentimientos, a comprender el dolor y a encontrar nuevos significados para lo que estamos viviendo.

En este sentido, el acompañamiento psicológico con un buen profesional puede ser un apoyo muy valioso. La psicoterapia no sustituye a la fe, pero puede fortalecer el corazón para atravesar momentos difíciles, ayudando a la persona a comprender su propia historia, a recuperar la esperanza y a encontrar caminos más saludables por los que seguir.

A veces, Dios habla en el silencio. Otras veces, habla a través de los encuentros que la vida pone en nuestro camino.

Y, incluso cuando el cielo parece estar en calma, la vida sigue guiada por un sentido que, poco a poco, se va revelando a quien sigue confiando.

Talita Rodrigues, Aleteia

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«¿Tú quieres ser cura, verdad?»: la pregunta que le hizo su novia y cambió todos los planes

Su novia, con la que llevaba tres años, intuyó la situación antes de que él se lo dijera.

Vinagrero mantenía una relación estable con una chica y soñaba con ser profesor de música.

Vinagrero mantenía una relación estable con una chica y soñaba con ser profesor de música.archivo


    Cada año, la Iglesia celebra el Día del Seminario, una jornada que busca poner en primer plano la vocación sacerdotal y la vida de quienes deciden emprender ese camino. 

    En España, actualmente hay 1.066 seminaristas, una cifra que refleja un ligero repunte respecto al año anterior y que consolida una tendencia al alza.

    Un "tsunami" interior

    Entre ellos se encuentra Miguel Vinagrero, joven de la diócesis de Getafe que cursa su cuarto año de formación y cuya historia rompe con lo frecuente de una vocación descubierta en la infancia. El seminarista acaba de ofrecer su testimonio en 13 TV.

    Hasta los 19 años, Miguel tenía su vida perfectamente planificada: estudiaba Musicología, mantenía una relación estable desde hacía tres años y soñaba con ser profesor de música y formar una familia. Todo cambió el 4 de noviembre de 2018, durante la primera misa de un amigo recién ordenado sacerdote. 

    En ese momento, sintió con claridad que Dios le pedía ser sacerdote. Lo describe como un auténtico "tsunami" interior que desbarató sus planes. La decisión le obligó a afrontar conversaciones difíciles, especialmente con su novia, que intuyó la situación antes de que él lo dijera. "Miguel, tú quieres ser cura, ¿verdad?". Con sus padres, en cambio, la noticia fue recibida con alegría y apoyo.

    Un proceso largo

    El ingreso en el seminario marca el inicio de un proceso largo y exigente. En España, la formación dura al menos ocho años. El primer paso es el curso propedéutico, dedicado a la vida espiritual y comunitaria, con asignaturas como latín, patrística y liturgia. 

    Después llegan cinco años de estudios superiores en la Universidad San Dámaso: dos de Filosofía y tres de Teología. Miguel se encuentra en el segundo año de Teología y confiesa que siente especial interés por la liturgia y la dogmática. 

    Tras esta etapa académica, los seminaristas realizan un año de pastoral antes de recibir la ordenación diaconal, primer grado del sacramento del orden, centrado en la caridad y la palabra. Finalmente, llega la ordenación presbiteral, que los configura como pastores.

    La vida cotidiana en el seminario combina oración, estudio y convivencia. Miguel la describe como una mezcla entre colegio mayor y monasterio: habitaciones, comedor, capilla y espacios comunes donde se comparte la fe. La música, su gran pasión, sigue presente en su día a día, ya sea en la liturgia o en momentos festivos con la guitarra. 

    El discernimiento es constante: algunos entran con claridad sobre su vocación, otros lo hacen para seguir buscando. Miguel recuerda que dos compañeros que comenzaron con él dejaron el seminario y hoy tienen pareja y trabajo, pero asegura que incluso en esos casos Dios les mostró algo valioso.

    El fenómeno del "giro católico" también se percibe en el seminario. Profesores y alumnos comentan el creciente interés por la espiritualidad, y algunos seminaristas provienen de movimientos como Hakuna o de retiros de impacto. 

    Para quienes se plantean la vocación, Miguel ofrece tres consejos: cultivar la vida interior y la amistad con Jesús, comprometerse en la comunidad eclesial y buscar acompañamiento espiritual. "El sacerdocio no es para ti, es para servir a tus hermanos", resume.

    Su testimonio refleja que la vocación puede irrumpir en cualquier momento de la vida y que, pese a las renuncias, el camino hacia el sacerdocio es también una experiencia de plenitud y entrega.

    ReL

    Vea también   Los elementos de una vocación MSC auténtica



    Pascua de Resurrección: ocho días que se viven como uno solo

    RESURRECTION

    La Pascua de Resurrección es la fiesta más importante del cristianismo, por eso vale la pena prolongarla durante ocho días y se vive como si fuera uno solo.

    La Pascua de Resurrección es la fiesta más grande e importante del cristianismo. Nada tendría sentido si Jesucristo, el Señor, no hubiera resucitado, como lo dice firmemente san Pablo:

    "Y si Cristo no resucitó, es vana nuestra predicación y vana también la fe de ustedes" (1Cor 15, 14).

    Pero no fue nada más el sufrimiento de la Pasión, sino la vida entera de Cristo, por el solo hecho de haberse humillado hasta el punto de hacerse un hombre, renunciando a todas sus prerrogativas divinas. Dios, hecho hombre, ha querido asemejarse en todo a nosotros, menos en el pecado:

    "Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado" (Gaudium et spes, 22).

    PAINTING OF RESURRECTED JESUS CHRIST,

    Una fiesta sin comparación

    Esta realidad nos ubica en la magnitud del sacrificio de Cristo, y, sobre todo, en que con su gloriosa Resurrección, venció para siempre a la muerte. El hombre y la mujer de hoy poco se ponen a pensar en este portento, pero deberíamos vivir tan agradecidos y extasiados en él, que nada más que eso tuviera cabida en nuestra mente y corazón.

    Así mismo, la fiesta de la Pascua de Resurrección, el paso del Señor de la muerte a la vida eterna, se celebra con tal solemnidad y alegría que ninguna se le puede asemejar.

    La Octava de Pascua

    Por la misma razón, no basta con un día, es tan magnífica que la celebración se prolonga durante ocho días, de ahí que reciba el nombre de Octava de Pascua, la cual se vive como un solo día. La alegría de la Resurrección la disfrutamos toda la cincuentena pascual hasta Pentecostés, pero esos ocho días no tienen igual.

    Y la manera más afortunada de celebrarla es acudiendo a Misa, dando gracias a Dios a cada momento por su infinito amor y la inmensidad de la Resurrección, que nos abrió a la posibilidad de nuestra propia resurrección, que se realizará al final de los tiempos, para la mayor gloria de Dios.

    Mónica Muñoz, Aleteia

    Vea también   Cómo  salpicar el día con
    la oración y la  salmodia