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sábado, 15 de agosto de 2026

Especialmente para los que NO suelen ir a Misa los Domingos: Para que descubran lo que están perdiendo

 Aquí podemos ofrecerle sólo unos cuantos aspectos
de las mil maravillas de la Santa Misa

En la Santa Misa está encerrado todo el misterio de nuestra santa religión.

Mientras participaba al Santo Sacrificio de la Misa, Jesús me daba a entender que en la Santa Misa, bien considerada hasta el fondo del misterio que se desarrolla, está encerrado en ella todo el misterio de nuestra sacrosanta religión. ¡Ah! Sí, la Santa Misa nos da a conocer todo, y sin palabras nos habla al corazón de todo el infinito amor de Dios con expansión inaudita, y que tan generosamente se le ha dado al hombre para su provecho. Nos recuerda siempre nuestra redención cumplida; nos hace recordar parte por parte las penas que Jesús sufrió por nosotros, ingratos a su amor; nos hace comprender que él, no estando satisfecho de haber muerto sobre la cruz una sola vez por nosotros, quiso todo él difundirse siempre más en su inmenso amor, mediante la institución de este perenne sacrificio, para continuar su estado de víctima en la Santísima Eucaristía.

Sierva de Dios Luisa Piccarreta; Diario, volumen 1



El sacrificio es siempre uno sólo.

Nosotros ofrecemos siempre el mismo Cordero, y no uno hoy y otro mañana, sino siempre el mismo. Por esta razón el sacrificio es siempre uno sólo... También nosotros ofrecemos ahora aquella víctima, que se ofreció entonces y que jamás se consumirá.

San Juan Crisóstomo



La Sagrada Eucaristía culmina la iniciación cristiana.

La Sagrada Eucaristía culmina la iniciación cristiana. Los que han sido elevados a la dignidad del sacerdocio real por el Bautismo y configurados más profundamente con Cristo por la Confirmación, participan por medio de la Eucaristía con toda la comunidad en el sacrificio mismo del Señor.

Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1322


La Eucaristía significa y realiza la comunión de vida con Dios.

La Eucaristía significa y realiza la comunión de vida con Dios y la unidad del pueblo de Dios, por las que la Iglesia es ella misma. En ella se encuentra a la vez la cumbre de la acción por la que, en Cristo, Dios santifica el mundo, y del culto que en el Espíritu Santo los hombres dan a Cristo y por él al Padre.

Instrucción sobre el culto a la Eucaristía, Eucharisticum Mysterium, n. 6


"Tomad y comed... Tomad y bebed..."

"Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros". (Mt 26, 26; Lc 22, 19; 1 Co 11, 24)

"Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados". (Mc 14, 24; Lc 22, 20; 1 Co 11, 25)


La Eucaristía es fuente y cima de toda la vida cristiana.

La Eucaristía es "fuente y cima de toda la vida cristiana". Los demás sacramentos, como también todos los ministerios eclesiales y las obras de apostolado, están unidos a la Eucaristía y a ella se ordenan. La sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua.

Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1324


La unidad y caridad perfecta en la Eucaristía.

Mi Corazón -dice Jesús- desea unir constantemente a sí todos los corazones por medio de la Eucaristía, como él mismo está unido a Mi Padre por el Amor, en la unidad y caridad perfecta.

Beata Dina Bélanger


¿Está mal sentarse en la iglesia con las piernas cruzadas?

Ludzie świeccy na Eucharystii

En la iglesia, sentarse con las piernas cruzadas denota una relajación excesiva y una falta de seriedad hacia la liturgia, pero ¿está mal hacerlo?

En el lenguaje corporal, sentarse con las piernas cruzadas suele expresar costumbre y relajación, coqueteo y simpatía, especialmente si la planta del pie de la pierna que está encima apunta hacia el interlocutor. Sin embargo, esa misma postura también puede significar arrogancia.

Si, además de las piernas, también se cruzan los brazos, esto indica una postura defensiva y de cierre, en la que la persona no está dispuesta a recibir el mensaje del otro.

Posturas dentro de la Iglesia

En la iglesia, tener las piernas cruzadas denota una relajación excesiva y una falta de formalidad para el culto divino. Esta postura se interpreta a menudo como una muestra de falta de respeto hacia el espacio sagrado. Las normas de etiqueta dictan que debemos sentarnos erguidos, con ambos pies en el suelo, lo que transmite respeto y recogimiento.

Para unificar y renovar las posturas de los católicos, la Iglesia en todo el mundo ha establecido en el Misal Romano cuáles son las posturas correctas durante la misa. Lamentablemente, en las parroquias aún no están totalmente unificadas. Por este motivo, los obispos eslovenos redactaron una carta pastoral extraordinaria en febrero de 2003, en la que recordaban a los sacerdotes y a los fieles las posturas correctas en la liturgia.

Estar acordes con el corazón

Lo más importante de todo, sin embargo, es que las posturas externas estén en armonía con la postura del corazón, que se ve constantemente desafiado a "arrodillarse" con humildad ante el Señor y a tener el valor de demostrarlo también exteriormente.

Pero, de preferencia y por respeto al lugar, a la celebración de la sagrada Misa, a la presencia del Señor Jesús en el sacramento de la Eucaristía y a la asamblea con la que participamos, es mejor que no crucemos las piernas.

Paulo Teixeira, Aleteia

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en el templo




León XIV recuerda que la Misa dominical no puede sustituirse por una presencia virtual

Durante la audiencia general, afirmó que el año litúrgico no es un recuerdo del pasado, sino Cristo presente en su Iglesia

León XIV, durante la audiencia de este 12 de agosto.

León XIV, durante la audiencia de este 12 de agosto.


    El Papa León XIV dedicó la audiencia general de este miércoles, celebrada en la Basílica de San Pedro, al sentido del año litúrgico en la vida cristiana, dentro del ciclo de catequesis sobre la constitución Sacrosanctum Concilium.

    El Pontífice recordó que la expresión “año litúrgico” se extendió en el lenguaje eclesial gracias a la obra del abad Prosper Guéranger, pero centró su intervención en la idea de Pío XII de que el año litúrgico no es “una representación fría e inerte” de hechos pasados, sino “Cristo mismo que persevera en su Iglesia”.

    Desde esa perspectiva, León XIV explicó que el calendario de las celebraciones cristianas debe entenderse como una actualización constante de la obra de salvación. La Iglesia, dijo, no se limita a recordar acontecimientos antiguos, sino que permanece en contacto con la acción redentora de Cristo, muerto y resucitado, para que los fieles puedan participar de sus misterios.

    En este marco, el Papa subrayó de modo especial el lugar del domingo, definido por el Concilio como “fundamento y núcleo de todo el año litúrgico” y “fiesta primordial”. León XIV recordó que el domingo es el dies Domini, el día del Señor, y que incluso en aquellas lenguas donde se conserva la referencia al “día del sol” puede reconocerse una alusión a Cristo como verdadero “sol de justicia”.

    Siguiendo a San Juan Pablo II, el Papa señaló que el domingo es también la “Pascua semanal”, el día que da sentido al tiempo y orienta la historia hacia la venida definitiva de Cristo. Por eso, insistió, su santificación no puede separarse de la celebración de la Eucaristía.

    Uno de los puntos más concretos de la catequesis fue la insistencia en el carácter presencial de la asamblea litúrgica, con una escucha de la Palabra y participación en el Cuerpo de Cristo que implican la convocatoria real de los fieles. Esta asamblea, advirtió, “no puede sustituirse por una presencia meramente virtual” ni reducirse a una reunión pasiva.

    León XIV animó además a crear las mejores condiciones posibles para que también puedan participar en la Misa dominical quienes no tienen facilidad para ausentarse del trabajo los domingos.

    El Papa repasó brevemente el desarrollo histórico del año litúrgico: la Pascua semanal, la Pascua anual, el tiempo de alegría hasta Pentecostés, la Cuaresma, el ciclo de Navidad, la veneración de la Virgen María y la memoria de los mártires y santos.

    “El año litúrgico propone así, de forma sacramental, la pedagogía de la historia de la salvación, guiando a los fieles desde la espera del Mesías hasta la plenitud del misterio pascual y la anticipación de la gloria futura”, explicó. “En él, la Iglesia celebra la actualidad salvífica del misterio de Cristo, permitiendo a los creyentes participar en él cada vez más profundamente. Por eso, el año litúrgico constituye el principio inspirador y el marco de referencia esencial de toda acción pastoral”.

    En su saludo a los peregrinos de lengua española, pidió la intercesión de la Virgen María para que los fieles puedan participar de los misterios de Cristo, especialmente en la celebración dominical de la Eucaristía. Concluyó la audiencia expresando también su cercanía a los afectados por el reciente terremoto en Colombia.

    ReL

    Vea también   La Misa Dominical Centro
    de la Vida Cristiana




    Evangelio del día - Solemnidad de la Asunción de la Virgen María


     

    San Esteban de Hungría , San NapoleónMás...

    Apocalipsis 11,19a.12,1-6a.10ab.

    En ese momento se abrió el Templo de Dios que está en el cielo y quedó a la vista el Arca de su Alianza, y hubo rayos, voces, truenos y un temblor de tierra, y cayó una fuerte granizada.
    Y apareció en el cielo un gran signo: una Mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza.
    Estaba embarazada y gritaba de dolor porque iba a dar a luz.
    Y apareció en el cielo otro signo: un enorme Dragón rojo como el fuego, con siete cabezas y diez cuernos, y en cada cabeza tenía una diadema.
    Su cola arrastraba una tercera parte de las estrellas del cielo, y las precipitó sobre la tierra. El Dragón se puso delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo en cuanto naciera.
    La Mujer tuvo un hijo varón que debía regir a todas las naciones con un cetro de hierro. Pero el hijo fue elevado hasta Dios y hasta su trono,
    y la Mujer huyó al desierto, donde Dios le había preparado un refugio para que allí fuera alimentada durante mil doscientos sesenta días.
    Y escuché una voz potente que resonó en el cielo: "Ya llegó la salvación, el poder y el Reino de nuestro Dios y la soberanía de su Mesías, porque ha sido precipitado el acusador de nuestros hermanos, el que día y noche los acusaba delante de nuestro Dios.


    Salmo 45(44),10bc.11.12ab.16.

    Es la reina, adornada con tus joyas y con oro de Ofir.

    Es la reina, adornada con tus joyas
    y con oro de Ofir.
    ¡Escucha, hija mía, mira y presta atención!
    Olvida tu pueblo y tu casa paterna,

    y el rey se prendará de tu hermosura.
    Él es tu señor: inclínate ante él;
    Con gozo y alegría entran al palacio real.


    Carta I de San Pablo a los Corintios 15,20-26.

    Hermanos: Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos.
    Porque la muerte vino al mundo por medio de un hombre, y también por medio de un hombre viene la resurrección.
    En efecto, así como todos mueren en Adán, así también todos revivirán en Cristo,
    cada uno según el orden que le corresponde: Cristo, el primero de todos, luego, aquellos que estén unidos a él en el momento de su Venida.
    En seguida vendrá el fin, cuando Cristo entregue el Reino a Dios, el Padre, después de haber aniquilado todo Principado, Dominio y Poder.
    Porque es necesario que Cristo reine hasta que ponga a todos los enemigos debajo de sus pies.
    El último enemigo que será vencido es la muerte,


    Evangelio según San Lucas 1,39-56.

    María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.
    Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.
    Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo,
    exclamó: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!
    ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?
    Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno.
    Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor".
    María dijo entonces: "Mi alma canta la grandeza del Señor,
    y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador,
    porque él miró con bondad la pequeñez de tu servidora.
    En adelante todas las generaciones me llamarán feliz".
    Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas:
    ¡su Nombre es santo!
    Su misericordia se extiende de generación en generación
    sobre aquellos que lo temen.
    Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.
    Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.
    Colmó de bienes a los hambrientos
    y despidió a los ricos con las manos vacías.
    Socorrió a Israel, su servidor,
    acordándose de su misericordia,
    como lo había prometido a nuestros padres,
    en favor de Abraham y de su descendencia para siempre".
    María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.


    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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    Bulle

    Beato Columba Marmion (1858-1923)
    abad
    La Virgen María y el sacerdote (Le Christ idéal du prêtre, Maredsous, 1951), trad. sc©evangelizo.org


    En Cristo, hijos de la Reina del cielo

    ¿Sobre qué reposa la feliz certeza de ser hijos de la Reina del Cielo? Antes que nada, sobre el dogma de nuestra incorporación a Cristo, en nuestra cualidad de miembros.
    Una mujer, ¿no es madre al ser fuente de vida para alguien y comunicar la vida que tiene en sí misma? En el orden sobrenatural, ¿de dónde viene en nosotros esta vida divina destinada no a terminar con la muerte cómo nuestra vida corporal, sino a expandirse en gloria en la eternidad? Eva nos dio la vida según la naturaleza y el pecado, la vida de la gracia vino a nosotros por María. María es la nueva Eva, asociada por su predestinación al nuevo Adán. ¡Cuán eficaz fue su cooperación a la obra redentora! En la Anunciación, cómo lo hemos dicho, de cierta forma es a su consentimiento que Dios ha querido subordinar la venida de su Hijo. La Virgen se convirtió entonces en la criatura privilegiada que comunica a todos el don de Dios, la vida sobrenatural, aceptando su maternidad según la grandeza de las intenciones divinas. Además, los designios de Dios implicaban que ella fuera madre no solamente de Cristo sino de todos sus miembros. (…)
    Aceptando ser hijos de María, entramos plenamente en el designio misericordioso del Señor. El Padre nos “predestinó a reproducir la imagen de su Hijo” (Rom 8,29). (…) ¡Qué consuelo! Con nuestra veneración y amor a María, culminamos nuestra semejanza al Salvador.  
    (EDD)

    Oración

    "Dios todopoderoso y eterno, que has elevado en cuerpo y alma a los cielos a la Inmaculada Virgen María, Madre de tu Hijo; concédenos, te rogamos, que aspirando siempre a las realidades divinas, lleguemos a participar con ella de su misma gloria en el cielo.
    Por nuestro Señor Jesucristo. Amén." [1]

    Oración corta de consagración y esperanza
    ¡Oh María, Inmaculada Asunta al cielo!
    Te damos gracias por tu paso fiel en la tierra y por tu entrada triunfal a la gloria.
    Madre de esperanza y de consuelo, ruega por nosotros ante el Señor.
    Ayúdanos a vivir con bondad y fe, para que un día podamos compartir contigo la alegría eterna del cielo. [1, 2, 3]
    Amén.


    jueves, 13 de agosto de 2026

    Evangelio del día Jueves 19a. Semana TO


     

    Beato Mariano Mullerat Soldevila , Mártires de BarbastroMás...

    Libro de Ezequiel 12,1-12.

    La palabra del Señor me llegó en estos términos:
    Hijo de hombre, tú habitas en medio de un pueblo rebelde: ellos tienen ojos para ver, pero no ven, tienen oídos para oír, pero no oyen, porque son un pueblo rebelde.
    En cuanto a ti, hijo de hombre, prepara tu equipaje como si tuvieras que ir al exilio, y parte en pleno día, a la vista de ellos. Emigrarás del lugar donde te encuentras hacia otro lugar, a la vista de ellos: tal vez así comprendan que son un pueblo rebelde.
    Sacarás tu equipaje en pleno día, a la vista de ellos, y saldrás por la tarde, también a la vista de ellos, como salen los deportados.
    Abrirás un boquete en el muro y saldrás por él, a la vista de ellos.
    Cargarás el equipaje sobre tus espaldas y saldrás cuando sea de noche, cubriéndote el rostro para no ver el país, porque yo te he convertido en un presagio para el pueblo de Israel.
    Yo hice exactamente lo que se me había ordenado: saqué mi equipaje en pleno día como quien parte para el exilio, y por la tarde abrí un boquete en el muro con la mano. Salí cuando estaba oscuro y cargué el equipaje sobre mis espaldas, a la vista de ellos.
    A la mañana, la palabra del Señor me llegó en estos términos:
    Hijo de hombre, ¿no te ha preguntado la casa de Israel, ese pueblo rebelde, qué es lo que estás haciendo?
    Diles: Así habla el Señor: Este oráculo se refiere al príncipe que está en Jerusalén y a todo el pueblo de Israel que vive en medio de ella.
    Diles también: Yo soy un presagio para ustedes. Lo mismo que yo hice se hará con ellos: serán deportados e irán al exilio.
    El príncipe que está en medio de ellos cargará el equipaje sobre sus espaldas durante la noche, y saldrá por el boquete que abrirán en el muro para hacerlo salir; y él se cubrirá el rostro, para no ver el país.


    Salmo 78(77),56-57.58-59.61-62.

    Pero ellos tentaron e irritaron a Dios,
    no observaron los preceptos del Altísimo;
    desertaron y fueron traidores como sus padres,
    se desviaron como un arco fallido.

    Lo afligieron con sus lugares de culto,
    le provocaron celos con sus ídolos:
    Dios lo advirtió y se llenó de indignación,
    y rechazó duramente a Israel.

    entregó su Fortaleza al cautiverio,
    su Arca gloriosa en manos del enemigo.
    Entregó su pueblo a la espada,
    se enfureció contra su herencia;


    Evangelio según San Mateo 18,21-35.19,1.

    Se adelantó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?".
    Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
    Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores.
    Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos.
    Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.
    El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo".
    El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.
    Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: 'Págame lo que me debes'.
    El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: 'Dame un plazo y te pagaré la deuda'.
    Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
    Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor.
    Este lo mandó llamar y le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.
    ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?'.
    E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.
    Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos".
    Cuando Jesús terminó de decir estas palabras, dejó la Galilea y fue al territorio de Judea, más allá del Jordán.

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



    Bulle

    San Agustín (354-430)
    obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
    Sermón 83


    “Si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros”

    Todo hombre está en deuda con Dios y todo hombre está en deuda con su hermano. En efecto, ¿quién no estaría en deuda con Dios sino aquel en quien no se encontrara pecado? ¿Y quién no estaría en deuda con su hermano sino aquel que nunca ha ofendido a nadie? Así pues, todo hombre es a la vez deudor y acreedor… Un mendigo te pide limosna y tú eres el mendigo de Dios, porque, cuando oramos, todos nosotros somos mendigos de Dios. Permanecemos en pié, o mejor, nos prosternamos ante la puerta de nuestro Padre de familia (cf Lc 11,5s); le suplicamos lamentándonos, deseosos de recibir de él una gracia, y esta gracia, es Dios mismo. ¿Qué es lo que te pide el mendigo? Pan. Y tú, que es lo que le pides a Dios si no es a Cristo, el cual ha dicho: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo” (Jn 6,51). ¿Queréis ser perdonados? Perdonad. “Devolved y se os devolverá”. ¿Queréis recibir? “Dad y se os dará” (Lc 6,37)…
    Debemos, pues, estar dispuestos a perdonar todas las faltas que se cometen contra nosotros si queremos que Dios nos perdone. Sí, verdaderamente, si nos ponemos a considerar nuestros pecados y pasamos revista a las faltas que hemos cometido, no creo que podamos dormirnos sin que nos sintamos el peso de nuestra deuda. Por eso cada día presentamos a Dios nuestras peticiones, cada día nuestras peticiones llegan a sus oídos, cada día nos prosternamos diciendo: “Perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido”. ¿Qué deudas quieres que se te perdonen? ¿Todas, o una parte? Seguro que respondes: Todas. Pues haz tú lo mismo con tu deudor.
    (EDD)

    Reflexión sobre el cuadro

    La última línea del Evangelio de hoy puede pasar fácilmente desapercibida: ‘Cuando Jesús terminó de decir estas cosas, se marchó de Galilea y entró en la región de Judea, al otro lado del Jordán’. Sin embargo, esta breve frase marca un importante punto de inflexión en el Evangelio de Mateo. Jesús está constantemente en movimiento. Viaja de una ciudad a otra y de un pueblo a otro, cruza el mar de Galilea, predica en las montañas, se adentra en territorios desconocidos y se encuentra con la gente allí donde está. Ahora abandona Galilea, donde ha desarrollado gran parte de su ministerio de enseñanza y sanación, y emprende el camino hacia Judea y, en última instancia, hacia Jerusalén.

     

    La mención que hace Mateo del río Jordán es mucho más que un simple detalle geográfico. El Jordán discurre como un hilo sagrado a lo largo de la historia de la salvación. Fue allí donde Jesús fue bautizado por Juan al comienzo de su ministerio público. Ahora, cuando ese ministerio se acerca a su culminación, el río vuelve a aparecer. El Jordán fue, por supuesto, también la frontera que los israelitas tuvieron que cruzar antes de entrar en la Tierra Prometida. Tras cuarenta años de deambular por el desierto, Moisés murió con la tierra a la vista, pero no llegó a entrar en ella. Josué pasó entonces a primer plano como sucesor elegido de Moisés, encargado por Dios de guiar al pueblo hacia adelante. Su tarea era abrumadora: tenía que asumir el liderazgo de un pueblo formado por Moisés y guiarlo a través del río hacia un futuro desconocido.

    Nuestro cuadro de Benjamin West, terminado en 1800, representa este dramático cruce del Jordán. Josué se yergue supervisando a la multitud, mientras los sacerdotes transportan el Arca de la Alianza dorada a través del río. Según el relato bíblico, las aguas dejaron de fluir cuando los pies de los sacerdotes que llevaban el Arca tocaron el río, lo que permitió a todo el pueblo cruzar por tierra firme (Josué 3:14-17). West llena la escena de movimiento, nubes ondulantes y luz celestial, convirtiendo el cruce en una vasta visión de la guía divina.

    La última línea del Evangelio de hoy nos dice, por tanto, que Jesús también está cruzando. Al igual que en su bautismo, cuando pasó de una vida oculta al ministerio público, y como Josué al cruzar el río, Jesús guía ahora al pueblo de Dios hacia el cumplimiento de la promesa divina que se cumplirá en Jerusalén. Cristo abrirá un paso no solo a través de un río, sino a través del pecado y de la muerte misma. Nosotros también nos encontramos con muchos Jordanes en la vida: momentos en los que debemos abandonar terreno conocido y adentrarnos en algo nuevo. En esos momentos, el Evangelio de hoy y el cuadro de West nos ofrecen la misma seguridad: Dios siempre va por delante de nosotros. La fe no significa saber exactamente qué hay en la orilla opuesta; significa tener el valor de cruzar porque Cristo ya nos está mostrando el camino.

    by Padre Patrick van der Vorst

    Oración

    Señor, mi Dios amado, te vengo a pedir que por favor elimines de mi corazón todo rastro de rencor o resentimiento que pueda haber albergado en él. No quiero ser una persona llena de amargura. Sé que Tú eres un Dios de amor, perdón y misericordia y quiero seguir Tu ejemplo. Te pido que me ayudes a perdonar a todos quienes me hicieron daño, para no tener que cargar con el peso abrumador que puede ser el rencor dentro de nosotros. Te lo pido, en el nombre de Jesús, amén. 

    Por el contrario, sean amables unos con otros, sean de buen corazón, y perdónense unos a otros, tal como Dios los ha perdonado a ustedes por medio de Cristo.

    Efesios 4:32 (NTV)


    miércoles, 12 de agosto de 2026

    Evangelio del día Miércoles 19a. Semana TO


     


    Santa Juana Francisca Chantal , Beato Flavio Argüeso GonzálezMás...

    Libro de Ezequiel 9,1-7.10,18-22.

    El gritó fuertemente a mis oídos: "Acérquense, Castigos de la ciudad, cada uno con su instrumento de exterminio en la mano".
    Entonces llegaron seis hombres del lado de la puerta superior que mira hacia el norte, cada uno con su instrumento de destrucción en la mano. En medio de ellos había un hombre vestido de lino, con la cartera de escriba en la cintura. Todos entraron y se detuvieron delante del altar de bronce.
    La gloria del Dios de Israel se levantó de encima de los querubines sobre los cuales estaba, se dirigió hacia el umbral de la Casa, y llamó al hombre vestido de lino que tenía la cartera de escriba en la cintura.
    El Señor le dijo: "Recorre toda la ciudad de Jerusalén y marca con una T la frente de los hombres que gimen y se lamentan por todas las abominaciones que se cometen en medio de ella".
    Luego oí que les decía a los otros: "Recorran la ciudad detrás de él, hieran sin una mirada de piedad y sin tener compasión.
    Maten y exterminen a todos, ancianos, jóvenes, niños y mujeres, pero no se acerquen a ninguno que esté marcado con la T. Comiencen por mi Santuario". Y comenzaron por los ancianos que estaban delante de la Casa.
    Después dijo: "Contaminen la Casa y llenen de víctimas los atrios; luego salgan y golpeen en la ciudad".
    La gloria del Señor salió de encima del umbral de la Casa y se detuvo sobre los querubines.
    Al salir, los querubines desplegaron sus alas y se elevaron del suelo, ante mis propios ojos, y las ruedas lo hicieron al mismo tiempo. Ellos se detuvieron a la entrada de la puerta oriental de la Casa de Señor, y la gloria del Dios de Israel estaba sobre ellos, en lo alto.
    Eran los seres vivientes que yo había visto debajo del Dios de Israel a orillas del río Quebar, y reconocí que eran querubines.
    Cada uno tenía cuatro rostros y cuatro alas, y una especie de manos de hombre debajo de sus alas.
    En cuanto a la forma de sus rostros, era la misma que yo había visto en una visión a orillas del río Quebar. Cada uno avanzaba derecho hacia adelante.


    Salmo 113(112),1-2.3-4.5-6.

    Alaben, servidores del Señor,
    alaben el nombre del Señor.
    Bendito sea el nombre del Señor,
    desde ahora y para siempre.

    Desde la salida del sol hasta su ocaso,
    sea alabado el nombre del Señor.
    El Señor está sobre todas las naciones,
    su gloria se eleva sobre el cielo.

    ¿Quién es como el Señor, nuestro Dios,
    que tiene su morada en las alturas,
    y se inclina para contemplar
    el cielo y la tierra?


    Evangelio según San Mateo 18,15-20.

    Jesús dijo a sus discipulos:
    Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano.
    Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos.
    Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano.
    Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.
    También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá.
    Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos.

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



    Bulle

    Santa Teresa de Calcuta (1910-1997)
    fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad
    El amor más grande


    «Todo lo que desatareis en la tierra, será desatado en el cielo»: el sacramento del perdón

    El otro día un periodista me hizo una curiosa pregunta: "¿Incluso usted tiene que confesarse?" Sí, le dije. Me confieso cada semana. "Entonces Dios tiene que ser muy exigente, si hasta usted tiene que confesarse."
    Seguro que su hijo a veces se equivoca, le dije. Y ¿qué ocurre cuando viene y le dice «papá, lo siento»?, ¿qué hace usted? Lo rodea con sus brazos y lo besa. ¿Por qué? Pues porque esa es su manera de decirle que lo ama. Dios hace lo mismo. Nos ama tiernamente. Por lo tanto cuando pecamos o cometemos un error, lo que debemos hacer es servirnos de eso para acercarnos más a Dios. Digámosle humildemente: «Sé que no debería haber hecho esto, pero incluso esta falta te la ofrezco».
    Si hemos pecado o cometido un error, digámosle: «¡Lo siento! Me arrepiento». Dios es un Padre que perdona. Su clemencia es mayor que nuestros pecados. Él nos perdonará.
    (EDD)

    Reflexión sobre el cuadro

    Jesús concluye el Evangelio de hoy con una maravillosa promesa: “Donde dos o tres se reúnan en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. A lo largo de los siglos, estas sencillas palabras nos han animado a los cristianos a reunirnos en la fe, ya sea para celebrar la misa, la adoración eucarística, un estudio bíblico, una reunión parroquial o, simplemente, para que dos amigos recen juntos. Lo importante no es el número de personas que se reúnen. El Señor no mide la fe por el número de personas. Aunque solo se reúnan dos o tres en su nombre, el propio Cristo está presente entre ellos.

    En una época en la que podemos desanimarnos ante el descenso del número de feligreses o la reducción del tamaño de las parroquias, el Evangelio de hoy nos invita a mirar con otros ojos. Es fácil fijarnos en los bancos vacíos o comparar la asistencia a misa de hoy con la de generaciones anteriores. Jesús, sin embargo, dirige nuestra atención hacia otro lugar. Dondequiera que los creyentes se reúnan en su nombre, por pequeña que sea la asamblea, está ocurriendo algo extraordinario. Cristo resucitado está presente, no solo como una idea reconfortante, sino como una presencia viva y activa, que fortalece, sana y transforma silenciosamente a quienes se han reunido.

    Por eso, siempre que nuestra salud y las circunstancias lo permitan, es importante reunirnos físicamente con los demás para el culto. Ver la misa por Internet es un regalo precioso para quienes no pueden salir de casa, están enfermos o no pueden desplazarse, pero nunca puede sustituir por completo el hecho de estar presentes en la comunidad de fieles. El cristianismo es una fe encarnada. Dios vino a nosotros en carne y hueso, y sigue uniéndonos como su Cuerpo. Cuando nos reunimos en torno al altar, hacemos mucho más que ocupar el mismo edificio: nos convertimos en la Iglesia reunida físicamente, permitiendo que Cristo actúe entre nosotros.

    Nuestro cuadro, obra del artista noruego Adolph Tidemand, representa una reunión de oración en una casa de campo corriente. La escena muestra un encuentro de los haugianos, seguidores del predicador laico luterano Hans Nielsen Hauge (1771-1824), quien recorrió toda Noruega animando a la gente a profundizar en su fe. A principios del siglo XIX, este tipo de reuniones religiosas celebradas sin un ministro ordenado eran, de hecho, ilegales según la legislación noruega, por lo que a menudo tenían lugar en secreto en casas o graneros, en lugar de en iglesias.

    Vemos a un predicador de pie sobre un sencillo taburete, con la Biblia en la mano, mientras hombres, mujeres y niños se reúnen a su alrededor con atención. Nadie domina la escena. En cambio, cada rostro cuenta su propia historia: algunos oyentes están profundamente conmovidos, otros pensativos, otros absortos en silencio en la oración y otros distraídos. Un haz de luz se cuela por la chimenea del tejado y recae sobre el predicador, simbolizando con delicadeza la luz de la Palabra de Dios que inspira sus palabras. No se trata de un cuadro sobre una gran liturgia ni sobre la magnífica arquitectura de una iglesia. Más bien, nos recuerda que Cristo está igualmente presente siempre que los creyentes se reúnen en su nombre, ya sea en una catedral o en una sencilla casa.

    by Padre Patrick van der Vorst

    Oración