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miércoles, 23 de septiembre de 2026

Catequesis del Santo Padre León XIV

 

LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro
Miércoles, 23 de septiembre de 2026

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Catequesis - Los documentos del Concilio Vaticano II. IV. Constitución pastoral Gaudium et spes (GS 12-22) 4. El sentido de la actividad humana en el universo (GS, 33-39) 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Continuando nuestro recorrido por la Constitución pastoral Gaudium et Spes del Concilio Ecuménico Vaticano II, llegamos al tercer capítulo de la primera parte, que tiene un título atractivo: «La actividad humana en el mundo». La pregunta de fondo es esta: ¿cuál es el valor de la actividad humana en el mundo, y, por lo tanto, del progreso técnico, social y científico? Podemos recordar que, menos de cuatro años después de la clausura del Concilio, en la noche entre el 20 y el 21 de julio de 1969, el hombre pisó la Luna por primera vez.

Creado a imagen y semejanza de Dios, el ser humano es agente del progreso. Mediante la libertad y la inteligencia aumenta sus propios conocimientos, logrando así que toda la sociedad progrese. Esto se aprecia fácilmente al considerar la mejora en las condiciones de vida a lo largo de las sucesivas generaciones. En efecto, dice el Documento, un «gran número de bienes que antes el hombre esperaba alcanzar sobre todo de las fuerzas superiores, hoy los obtiene por sí mismo» (n. 33).

Por este motivo, algunos pensadores han presentado el progreso técnico-científico como algo que debilita la relación del hombre con Dios hasta el punto de hacerla parecer superflua o, incluso, como algo contrario a la fe cristiana. Y esta lectura ha provocado, respecto a las épocas precedentes, un cambio en la mirada del hombre contemporáneo sobre el mundo. Un prejuicio de este tipo prevalece, principalmente, en esa parte de la cultura occidental que ha perdido su vínculo con la Revelación cristiana. En los humanismos postcristianos, el ser humano y Dios son presentados erróneamente como rivales: para afirmar sus conocimientos, su libertad y su progreso, el hombre debería emanciparse de Dios. Sin embargo, al negar la relación con Dios, al final se pierde también la posibilidad de afirmar el valor trascendente de la persona humana. Es el “drama del humanismo ateo”, bien descrito por un importante teólogo del Concilio Vaticano II, Henri de Lubac. [1]

El Concilio desea proporcionar una respuesta clara. Afirma la Gaudium et spes: «Una cosa hay cierta para los creyentes: la actividad humana individual y colectiva o el conjunto ingente de esfuerzos realizados por el hombre a lo largo de los siglos para lograr mejores condiciones de vida, considerado en sí mismo, responde a la voluntad de Dios» (n. 34). Es más, prosigue la Constitución, «los cristianos, lejos de pensar que las conquistas logradas por el hombre se oponen al poder de Dios y que la criatura racional pretende rivalizar con el Creador, están, por el contrario, persuadidos de que las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios y consecuencia de su inefable designio» (ibid.). En resumen, Dios ha puesto en las manos del hombre y de la mujer una creación todavía in statu viae -es decir, en camino, en crecimiento- para que ellos la conduzcan a buen término por medio de su sabia actividad [2].

Se encuentra aquí una importante referencia al misterio de la Encarnación. La humanidad -y, con ella, el trabajo, el progreso y la autonomía de las realidades creadas- no queda absorbida o anulada por el encuentro con Dios, sino más bien asumida en su totalidad; y sigue siendo, en Cristo, libre y operosa: efectivamente, en Él encuentra la verdad y la libertad plenas. Asimismo, en la celebración eucarística, el fruto del trabajo humano, representado por el pan y el vino, se coloca cada día sobre el altar para ser transformado en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Desde esta perspectiva surge una verdad importante: para encontrar a Dios, el ser humano no debe abandonar las ocupaciones terrenas, sino que puede vivir plenamente su propia vocación haciendo bien su trabajo cotidiano y santificándolo [3]. Los cristianos participan, como todos, en la edificación de la ciudad de los hombres, con la mirada puesta en el fin de todas las cosas y en el encuentro con Dios, y recordando este fin último a aquellos con quienes comparten la aventura del progreso, la ciencia y la vida.

Ciertamente, es preciso distinguir bien el progreso temporal del crecimiento del reino de Cristo; sin embargo, el Concilio afirma que tal progreso, «en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al reino de Dios. […] Todos los frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo, después de haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y de acuerdo con su mandato, volveremos a encontrarlos limpios de toda mancha, iluminados y trasfigurados» (n. 39).

Finalmente, recordemos que, para constituir auténtico progreso humano -es decir, de todo el hombre y de todos los hombres-, el progreso técnico y científico debe estar animado y orientado por la caridad. Solo así se podrá utilizar siempre para defender la dignidad del hombre y promover las condiciones de vida de todos, especialmente de los más desfavorecidos.

Queridos hermanos y hermanas, el Concilio Vaticano II nos invita a compartir el pan del saber y del saber-hacer, para que todos los hombres y todos los pueblos puedan desarrollar sus potencialidades, de forma que podamos construir juntos, con la ayuda de Dios, un futuro mejor.
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[1] Cfr. H. de Lubac, Le drame de l’humanisme athée (1944), tr. it. Brescia 2013.

[2] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 302, 306, 307.

[3] Cfr. S. Juan Pablo II, Homilia para la canonización de Josemaría Escrivá de Balaguer (6 de octubre de 2002).
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Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. En la Eucaristía ofrecemos los frutos de la tierra y del trabajo humano para que se conviertan en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo. Unamos también nuestra vida y nuestras tareas al sacrificio eucarístico, para que el Señor las transforme en una ofrenda viva, santa y agradable a Él. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. En la Eucaristía ofrecemos los frutos de la tierra y del trabajo humano para que se conviertan en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo. Unamos también nuestra vida y nuestras tareas al sacrificio eucarístico, para que el Señor las transforme en una ofrenda viva, santa y agradable a Él. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

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Llamamiento

El próximo domingo, 27 de septiembre, se celebra la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado. Mi pensamiento va a los migrantes y los refugiados, especialmente a los menores que se ven obligados a abandonar su tierra. Los niños y los adolescentes son los más vulnerables. A menudo viven sufrimientos indescriptibles, violencia, torturas, explotación y situaciones traumáticas, y no es raro que pierdan la vida a lo largo de las rutas migratorias. Hago un llamamiento a la responsabilidad de todos: que cada uno se sienta implicado en la vida de estos jóvenes, que siempre deben ser tutelados y asistidos.
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Resumen leído en español por el Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas:

En esta catequesis reflexionamos sobre el tercer capítulo de la Constitución pastoral Gaudium et spes, dedicado a la actividad humana en el mundo. El hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, gracias a su libertad e inteligencia es capaz de conocer, de progresar y de mejorar las condiciones de vida de la sociedad.

Algunos pensadores, sin embargo, comenzaron a afirmar erróneamente que la humanidad, para demostrar sus conocimientos, su libertad y su progreso, debería emanciparse de Dios. El Concilio Vaticano II, en cambio, haciendo referencia al misterio de la Encarnación, asevera que los hombres, así como las obras de sus manos, no son anulados en el encuentro con Dios, sino que en Él encuentran su plena verdad y libertad.

Otra consecuencia de esta perspectiva es que el ser humano no debe abandonar las ocupaciones terrenas, sino que está llamado a vivir su vocación realizando bien su trabajo cotidiano y hallando en él un camino de santificación.

(vatican.va)



Evangelio del día miércoles 25a semana TO - Memoria de Padre Pío

 


San Pío de Pietrelcina , Beato Guillermo WayMás...

Libro de los Proverbios 30,5-9.

Toda palabra de Dios es acrisolada, Dios es un escudo para el que se refugia en él.
No añadas nada a sus palabras, no sea que te reprenda y seas tenido por mentiroso.
Hay dos cosas que yo te pido, no me la niegues antes que muera:
aleja de mí la falsedad y la mentira; no me des ni pobreza ni riqueza, dame la ración necesaria,
no sea que, al sentirme satisfecho, reniegue y diga: "¿Quién es el Señor?", o que, siendo pobre, me ponga a robar y atente contra el nombre de mi Dios.


Salmo 119(118),29.72.89.101.104.163.

Apártame del camino de la mentira,
y dame la gracia de conocer tu ley.

Para mí vale más la ley de tus labios
que todo el oro y la plata.

Tu palabra, Señor, permanece para siempre,
está firme en el cielo.

Yo aparto mis pies del mal camino,
para cumplir tu palabra.

Tus preceptos me hacen comprender:
por eso aborrezco el camino de la mentira.

Odio y aborrezco la mentira;
en cambio, amo tu ley.


Evangelio según San Lucas 9,1-6.

Jesús convocó a los Doce y les dio poder y autoridad para expulsar a toda clase de demonios y para curar las enfermedades.
Y los envió a proclamar el Reino de Dios y a sanar a los enfermos,
diciéndoles: "No lleven nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tampoco dos túnicas cada uno.
Permanezcan en la casa donde se alojen, hasta el momento de partir.
Si no los reciben, al salir de esa ciudad sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos".
Fueron entonces de pueblo en pueblo, anunciando la Buena Noticia y curando enfermos en todas partes.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Bulle

San Carlos de Foucauld (1858-1916)
ermitaño y misionero en el Sahara
Carta a Joseph Hours, 3 de mayo de 1912

“Les envió por primera vez”

Ser apóstol ¿por medio de qué? Con aquellos que Dios pone a su disposición: los sacerdotes tienen sus superiores que les dicen lo que deben hacer. Los laicos deben ser apóstoles con aquellos a quienes pueden atender: sus prójimos y sus amigos, pero no sólo con ellos; la caridad no es estrecha, sino que abraza todo lo que abraza el corazón de Jesús.
¿Por medio de qué? Por los medios mejores, dándose a aquellos a los que se dirigen: con todos aquellos, sin excepción, con quienes están en relación a través de la bondad, la ternura, el afecto fraterno, el ejemplo de la virtud, por la humildad y la dulzura que siempre son atractivas y muy cristianas. Con algunos sin decirles jamás una palabra de Dios ni de religión, teniendo paciencia como Dios es paciente, siendo buenos como Dios es bueno, siendo un hermano tierno y orante. Con otros hablando de Dios en la medida en que ellos puedan soportar; desde que está en su pensamiento la búsqueda de la verdad por el estudio de la religión, procurando se relacionen con un sacerdote muy bien escogido y capaz de hacerles bien. Sobre todo ver en toda persona humana a un hermano.
(EDD)

Reflexión sobre el cuadro

Hoy celebramos a uno de los santos más queridos y venerados de la Iglesia en la época moderna: el Padre Pío. Nacido como Francesco Forgione en 1887 en Pietrelcina, Italia, mostró una profunda devoción religiosa desde muy joven, ingresando finalmente en la orden de los Capuchinos a los 15 años y siendo ordenado sacerdote en 1910. A lo largo de su vida, el Padre Pío sufrió intensos padecimientos espirituales y físicos; cabe destacar que en 1918 recibió los estigmas, unas heridas similares a las de la crucifixión de Cristo, que llevó durante 50 años. Su reputación como hombre santo se extendió rápidamente, y miles de personas acudían a él en busca de confesión, orientación y sanación. También fundó un hospital en San Giovanni Rotondo, donde pasó gran parte de su vida. Allí falleció en 1968, a los 81 años. Fue canonizado en 2002 por el papa Juan Pablo II.

Incluso hoy en día, la devoción al Padre Pío sigue estando muy extendida, con santuarios, imágenes y devociones populares dedicadas a él en iglesias de Roma y de todo el mundo. San Giovanni Rotondo, donde vivió y está enterrado San Pío, atrae a la asombrosa cifra de 8 millones de peregrinos al año, superando incluso a los conocidos lugares de peregrinación de Lourdes y Fátima. En número de visitantes, sólo es superado por el santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, en México.

Nuestro cuadro, obra de John McCoy, representa al Padre Pío con las muñecas vendadas, cubriendo los estigmas que llevaba. Levanta las manos hacia una luz radiante que desciende desde lo alto, ofreciendo sus sufrimientos a Dios en un gesto de entrega. Los tonos apagados de marrón y beige, junto con la paleta de colores sobria, reflejan la sencillez y la humildad que caracterizaron la vida espiritual del Padre Pío.

Una de las historias más conmovedoras que se cuentan sobre el Padre Pío tiene que ver con una mujer que acudió a él sumida en un profundo dolor. Su hijo había fallecido y ella no lograba entender por qué Dios lo había permitido. El Padre Pío no intentó darle una explicación simplista. En cambio, le mostró el reverso de un bordado, donde los hilos estaban enredados, anudados y aparentemente sin orden alguno. Luego le dio la vuelta. Por el otro lado había un diseño precioso, cuidadosamente tejido. Nuestras vidas, sugirió, suelen ser así. Solo vemos el reverso: los hilos sueltos, los nudos, las cosas que parecen carecer de sentido. Dios ve la obra terminada. La fe no significa que entendamos cada hilo; significa confiar en que, aunque aún no podamos ver el patrón, puede haber una belleza conocida por Dios que permanece oculta para nosotros.

San Padre Pío, ruega por nosotros.

by Padre Patrick van der Vorst




Oración

«Quédate conmigo, Señor, pues es necesario tenerte presente para no olvidarte. Tú sabes con qué facilidad te abandono.

 

Quédate conmigo, porque soy débil y necesito tu fuerza para no caer tan a menudo.

 

Quédate conmigo, Señor, porque tú eres mi vida, y sin ti estoy sin fervor.

 

Quédate conmigo, Señor, porque tú eres mi luz y sin ti estoy a oscuras.

 

Quédate conmigo, Señor, para mostrarme tu voluntad.

 

Quédate conmigo, Señor, para que oiga tu voz y te siga.

 

Quédate conmigo, Señor, porque quiero amarte mucho y estar siempre en tu compañía.

 

Quédate conmigo, Señor, si quieres que te sea fiel. Quédate conmigo, Señor, porque por pobre que sea mi alma, desea ser para Ti un lugar de consuelo, un nido de amor.

 

Quédate conmigo, Jesús, porque se hace tarde y el día declina… es decir, la vida pasa, la muerte, el juicio y la eternidad se acercan y necesito reponer fuerzas para no detenerme en el camino, y para eso te necesito a Ti. Se hace tarde y la muerte se acerca. Temo la oscuridad, las tentaciones, las sequías, las cruces, las penas y cuánto te necesito, Jesús mío, en esta noche de destierro.

 

Quédate conmigo, Jesús, porque en esta noche de vida y de peligro, te necesito. Que en la fracción del pan te reconozca como discípulo tuyo, es decir, que la Comunión Eucarística sea la Luz que disipe las tinieblas, la Fuerza que me sostenga y la única Alegría de mi corazón.

 

Quédate conmigo, Señor, porque en la hora de mi muerte, quiero permanecer unido a Ti, si no por la Comunión, al menos por la Gracia y el Amor.

 

Quédate conmigo, Jesús, no te pido consuelos divinos porque no los merezco, pero el don de tu presencia, oh sí, te lo pido.

 

Quédate conmigo, Señor, sólo a Ti busco, a tu Amor, a tu Gracia, a tu Voluntad, a tu Corazón, a tu Espíritu, porque Te amo y no pido otra recompensa que amarte más. Con un amor firme y práctico, amarte, de todo corazón, en la tierra, para seguir amándote perfectamente por toda la eternidad. Que así sea».

 

San Padre Pío de Pietrelcina (1887-1968)

martes, 22 de septiembre de 2026

Cómo Fulton Sheen dominó el arte de “influir” antes de las redes sociales

Arcybiskup Fulton Sheen

Con una pizarra, un brillante sentido del humor y una audiencia de 30 millones de personas, el futuro beato sabía cómo captar la atención del público


Mucho antes de que los influencers católicos tuvieran que preocuparse por los algoritmos, el número de seguidores o si alguien veía realmente el video que les llevaba tres horas grabar, Fulton Sheen ya había resuelto el problema. En la cima de su fama, se calcula que 30 millones de personas sintonizaban cada semana para ver a un obispo católico hablar de fe en televisión.

Es cierto que no tenía que lidiar con los bailes de TikTok ni acordarse de grabar en vertical, pero mientras Sheen se prepara para ser beatificado el 24 de septiembre, resulta fascinante recordar a un hombre que comprendía algo sobre la comunicación de la fe que se siente increíblemente actual.

Y, de hecho, si analizamos con detenimiento sus logros, el medio que eligió era realmente moderno. Cuando comenzó "La vida vale la pena vivirla" en 1952, la televisión aún se estaba abriendo camino en los hogares estadounidenses. En medio de esta nueva y emocionante tecnología, apareció un obispo con su vestimenta clerical, armado con poco más que una pizarra, un rostro maravillosamente expresivo y una extraordinaria habilidad para hablar directamente con la persona que estaba sentada en casa. De alguna manera, funcionó de maravilla.

Un obispo en horario estelar

Sheen no era ajeno a la radiodifusión. Antes de aparecer en pantalla, ya había pasado más de dos décadas en el programa de radio The Catholic Hour, pero la televisión permitió al público ponerle rostro a la voz y lo convirtió en algo parecido a una celebridad.

La serie "Life Is Worth Living" llegó a atraer a una audiencia estimada en unos impresionantes 30 millones de espectadores semanales, según datos de la Universidad Católica de América. Además, el arzobispo Sheen no se emitía en un horario poco conocido; competía por la audiencia en horario estelar, en una época repleta de grandes estrellas. ¡Y vaya si lo hizo!

En 1953, el obispo ganó un Emmy y, en su discurso de aceptación, pronunció una frase ingeniosa que los gestores de redes sociales actuales probablemente habrían aprovechado. Sheen agradeció a sus cuatro guionistas: "Mateo, Marcos, Lucas y Juan".

Por supuesto, fue gracioso e inesperado, pero también reveló mucho sobre el éxito de su comunicación. Sheen supo aprovechar la televisión y sacar el máximo partido a este medio relativamente nuevo, pero nunca perdió de vista su objetivo principal: compartir el Evangelio con la mayor cantidad de personas posible.

Utilizaba anécdotas, humor, un gran sentido del ritmo y aquella famosa pizarra, pero había algo más que explicaba su atractivo. Para ser un obispo que hablaba desde un estudio de televisión, Sheen estaba sorprendentemente conectado con las preocupaciones cotidianas de quienes lo veían desde casa. Abordaba el matrimonio, la soledad, la ansiedad, el sufrimiento y las cuestiones sociales de su época con una empatía y una comprensión que podían sorprender a quienes esperaban que un clérigo estuviera algo alejado de la vida diaria.

La hora que nadie vio

Sin embargo, quizás la parte más interesante de la extraordinaria carrera mediática de Sheen tuvo lugar lejos de las cámaras.

El día de su ordenación en 1919, se propuso pasar una hora diaria en presencia del Santísimo Sacramento. Cumplió este propósito durante todo su sacerdocio. Pero también significaba que, detrás del obispo que se dirigía a millones de personas, había un sacerdote que dedicaba una hora diaria al silencio ante Cristo.

Curiosamente, Sheen no consideraba que ambas vidas estuvieran separadas. Todo lo contrario. Su Hora Santa se convirtió en lo que él llamaba "La Hora que Alegra Mi Día", y creía que era la fuente de la que emanaban su predicación, sus escritos y sus ideas.

El propio Sheen fue maravillosamente honesto al reconocer que incluso una Hora Santa diaria no siempre resultaba en una hora de contemplación sublime. Durante una visita a la iglesia de Saint-Roch en París, se dispuso a rezar y enseguida se quedó dormido, despertando exactamente una hora después. Dudando de haber cumplido su promesa, imaginó a su ángel de la guarda señalándole que los Apóstoles también habían pasado su primera Hora Santa durmiendo, antes de añadir que no debía hacer costumbre de seguir su ejemplo.

Es un hermoso atisbo del humor que hizo a Sheen tan atractivo en la pantalla, pero también de una disciplina espiritual que no dependía de que todo saliera a la perfección. Durante más de 60 años, ya fuera inspirado, distraído o aparentemente profundamente dormido en una iglesia parisina, siempre estuvo presente.

Influencia sin el influencer

Hoy en día, la influencia viene acompañada de cifras: seguidores, me gusta, visualizaciones, comparticiones e interacción. Sheen tenía el equivalente en la década de 1950 en cantidades extraordinarias, pero la cifra que parece haber sido más importante para él fue una: la hora que pasaba cada día ante el Santísimo Sacramento.

Eso no significa que los católicos deban abandonar Instagram durante una hora de Adoración y esperar que su video se vuelva viral. Sheen era excepcionalmente inteligente, muy culto, carismático y sumamente hábil en lo que hacía. Su éxito requirió tanto talento como fe.

Quizás eso es lo que lo convierte en una figura tan interesante para cualquiera que intente comunicar el cristianismo hoy en día. Adoptó las últimas tecnologías a su alcance, aprendió a usarlas con maestría y no le asustaba en absoluto entretener al público. Sin embargo, no buscaba la popularidad; esta era la consecuencia de ser muy bueno comunicando algo en lo que creía sinceramente.

Y en el fondo de todo estaba la fe que daba sentido a su extraordinario talento. Antes de intentar llevar a Cristo a millones de personas, Fulton Sheen se aseguró de haber pasado una hora con Él personalmente.

Cerith Gardiner, Aleteia

Vea también   Guía práctica para el uso de los medios de comunicación en la familia


¿Cómo proteger a tus hijos o feligreses de grupos que captan con técnicas sectarias? 8 ideas

Las personas en busca espiritual pueden llegar a una parroquia... y que, lamentablemente, nadie les acoja ni responda sus preguntas - foto Thomas Vitali, Unsplash

Las personas en busca espiritual pueden llegar a una parroquia... y que, lamentablemente, nadie les acoja ni responda sus preguntas 


    La gente tiene necesidades espirituales, se hace preguntas sobre el sentido de la vida, la esperanza tras la muerte, la relación del hombre con Dios, cómo encajar el sufrimiento... Jesucristo y la Iglesia Católica dan respuestas que han ayudado a miles de millones de personas durante 20 siglos. Y siguen respondiendo al corazón humano.Sin embargo, en las últimas décadas, muchas personas de origen católico -aunque fueran sólo de cultura católica- se han ido con grupos no católicos que les ofrecen una espiritualidad que parece "viva", un estilo de vida virtuoso (a veces puritano) y una comunidad muy cercana, de personas siempre pendientes y atentas, que suelen absorber casi todo el tiempo libre. ¿Por qué?

    Lo que ofrecen los grupos con técnicas sectarias

    Algunos son grupos de teología protestante y técnicas sectarias, como ciertos grupos protestantes o pseudoprotestantes que predican prosperidad y milagros a cambio de donativos (Pare de Sufrir, teología de la prosperidad, etc...).

    Otros son grupos de teología heterodoxa y fuerte autoritarismo (como los adventistas del Séptimo Día, que no creen en el infierno ni el domingo y completan la biblia con su profetisa Ellen G. White).

    Otros grupos hablan de Jesús y la Biblia, pero niegan la Trinidad y la divinidad de Jesucristo, como los Testigos de Jehová y los mormones.

    Hay también grupos "new age" o "nueva era" que dicen que Jesús era sólo un maestro más, y que de la Biblia toman o dejan lo que interesa al jefe de grupo concreto, mezclándolo con todo tipo de espiritualidades orientales.

    Lo que tienen en común todos es que ofrecen espiritualidad y acompañamiento y recurren -a su manera- a la Palabra de Dios. Y funciona, porque muchas personas sienten que necesitan las tres cosas: espiritualidad, acompañamiento y la Palabra de Dios.

    Se supone que la Iglesia Católica fundada por Jesucristo debería ofrecer estas cosas. La realidad es que muchas veces no las ofrece, o no consigue llegar a la gente con su oferta. A veces los líderes católicos no hablan de Jesús ni de la Biblia (o no se les entiende cuando lo hacen), y las personas que intuyen que Jesús y la Biblia tienen respuestas los buscan en otros grupos.

    Yasmín Oré, co-autora del libro Las sectas y la nueva era: guía católica para conocer las nuevas formas de religiosidad (13 euros en papel, 5 en Kindle), ofrece una serie de ideas que tanto los padres de familia como los pastores, sacerdotes o superiores de comunidad deberían fomentar para proteger a sus feligreses, hermanos o seres queridos de estos grupos. Siempre consiste en ofrecer más Biblia, más formación, más oración, más Jesús, y no menos.

    Yasmín, de familia católica pero con poca formación en su juventud, fue misionera con los mormones y tardó un tiempo en volver a la Iglesia Católica en 2007, recibió formación apologética en la Fraternidad Misionera Apóstoles de la Palabra y es hoy profesora de religión y una experta en grupos sectarios, de los que habla en su web www.convertidoscatolicos.com . Esto es lo que propone:

    1- Ofrecer la Palabra de Dios y ayudar a entenderla

    No basta la homilía del domingo. Mormones, testigos de Jehová y adventistas, entre otros grupos, hablan mucho de la Biblia, utilizando unos versículos e ignorando otros según su conveniencia. Los testigos incluso usan traducciones bíblicas "retocadas". Y en las Biblias protestantes faltan los libros deuterocanónicos. Incluso los musulmanes pueden usar las frases que prometen un Paráclito o Defensor que "os enseñará", después de Jesús, para decir que se está anunciando a Mahoma (en realidad se refiere al Espíritu Santo).

    Por eso, Yasmín pide "que se imponga en los laicos la necesidad urgente de leer la Palabra de Dios diariamente, hacer oración con sus textos -lectura de las horas, lectio divina-, estudiar la Biblia, sus géneros literarios, cómo se formó, qué nos dice a nosotros... No es necesario una formación erudita en las Escrituras, basta algo básico y sencillo al alcance de todos para que se convierta en nuestro libro de cabecera. Se pueden dar cursos bíblicos en parroquias, talleres de Biblia, teología bíblica, espiritualidad bíblica..."

    2- Ofrecer buena formación catequética

    El Catecismo de la Iglesia Católica está gratis en Internet, tiene 2.865 puntos y respuestas a muchas preguntas. Vale la pena acercar a jóvenes y adultos al Catecismo para que sepan buscar allí lo que les inquieta y aprendan los contenidos de la fe. Esta formación catequética se puede acompañar de algunos documentos eclesiales importantes.

    Biblia, catequesis, amistad fraterna, voluntad de seguir a Cristo... una receta contra los grupos sectarios y muchos otros males

    3- Hablar de la vida futura, de la vida eterna, el Cielo, el Infierno...

    ¿Qué pasa tras la muerte? Es una pregunta lícita, incluso obligatoria, porque todos los hombres mueren. Si los grupos sectarios hablan de este tema, y nuestros párrocos o catequistas no lo hacen, mucha gente se sentirá atraída a esos grupos. Hay algunos grupos que se dedican a meter miedo, o al menos urgencia, hablando del Apocalipsis. Yasmín señala un grupo que predica cosas maravillosas como que "la muerte no es el fin para tu matrimonio, pues este es eterno y tendrás esposa en el Cielo". En cualquier caso, Jesús hablaba del Juicio, del infierno, del Cielo, y la Iglesia debería hacerlo también.

    4- Que en las parroquias, grupos y comunidades haya cercanía y amistad

    Muchos católicos llegan a misa semanal (o menos que semanal) sin conocer a nadie, excepto quizá de vista, ni tratarse con nadie. Si no acudieran, nadie les echaría de menos. Estos católicos no viven fraternidad, cercanía ni amistad en su parroquia. Cuando un grupo sectario les ofrezca esta cercanía fraterna y amistosa, se irán con él. "En comunidades parroquiales, grupos, movimientos y carismas debemos recuperar esa fraternidad y amistad entre los miembros, de manera que nadie se sienta aislado, ni solo, sino como en familia. De esa manera evitamos que la gente busque otras formas de vida espiritual fuera de la Iglesia".

    5- Crear y apoyar grupos de defensa de la fe

    Aunque todas las parroquias y comunidades católicas deberían formar a los fieles para poder responder a los grupos sectarios proselitistas, vale la pena crear grupos especializados en esta tarea. Serían "grupos de laicos preparados para acercarse a los alejados, a la oveja perdida, para enseñar a otros a defender la fe"; pueden organizar cursos, visitas domiciliarias, misiones callejeras... Recurrirían al trato cercano y personal. A Yasmín, por ejemplo, le ayudaron mucho los Apóstoles de la Palabra.

    6- Vivir la fe con coherencia cristiana

    "Muchas personas entran en las sectas porque ven a esas personas sanas, sin vicios, con una moral intachable", constata Yasmín. Es especialmente debilitante para la Iglesia porque las personas exigentes y que buscan tomarse en serio la moral cristiana, son las que se sienten más atraídas por esos grupos. Por eso, los líderes católicos deben dar ejemplo y también fomentar grupos donde los feligreses vean una vida cristiana coherente y alegre.

    7- Usar los medios de comunicación para educar en la fe

    Internet, redes sociales, radio, televisión, un simple blog o web, un podcast... todo sirve para transmitir la enseñanza católica sobre la Biblia, la vida eterna, el amor de Dios. Muchos grupos anti-católicos repiten siempre las mismas 20 o 30 acusaciones (imágenes, hermanos de Jesús y virginidad de María, orar por los difuntos, intercesión de los santos, el Papado...) y todos esos temas tienen respuestas razonables y se pueden publicar en Internet.

    8- Mejorar la acogida de los que vuelven a la Iglesia o se interesan

    Hay personas que han estado en un grupo sectario o cristiano heterodoxo y sienten que no pueden seguir ahí. Pueden entonces querer explorar la propuesta católica, acercándose a una parroquia o mirando su web o redes sociales, o consultando a un amigo católico. Probablemente en su grupo les dijeron que los católicos eran muy malos, ignorantes, fumadores y bebedores, idólatras, etc...

    Es importante que en la web haya algo para ellos, y que en la parroquia sepan con qué persona ponerles en contacto de inmediato. Quizá no sea el sacerdote, que a lo mejor sabe mucha teología pero no es acogedor o no entiende el proceso en el que se encuentra la persona. En cualquier caso, hay que tener una o más personas capaces de acoger, escuchar, dar buen ejemplo y acompañar a los que se acercan a explorar la propuesta católica.

    Al final, es un mandato de Jesús

    Yasmín es consciente de que se pueden hacer muchas más cosas, como suscitar muchas más vocaciones sacerdotales y religiosas (en Hispanoamérica hay diócesis del tamaño de Castilla atendidas por apenas 6 sacerdotes y algunas religiosas), mejorar la catequesis, mejorar la música, animar a una vida espiritual más intensa de cada laico y, en general, suscitar el encuentro personal con Cristo y el celo evangelizador en cada fiel.

    Pero, en el fondo, recuerda Yasmín, se trata de hacer en serio lo que Jesús pide: "Id pues y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado" (Mateo 28,20). Y eso incluye a los que se alejaron de la Iglesia y se fueron a otros grupos.

    P.J.Ginés, ReL

    Vea también    Evangelización: Tarea de la Iglesia y de todo Bautizado






    Siglo XXI: un nueva era de mártires

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    El siglo pasado fue uno de los periodos más sangrientos de la historia de la Iglesia; por ende, se han validado 1068 martirios de todas partes del mundo en los últimos diez años


    El 15 de septiembre de 2026, el Dicasterio para las Causas de los Santos, la entidad vaticana encargada de tramitar los casos de personas consideradas santas para su reconocimiento oficial, celebrará un seminario en Roma titulado: "El siglo XXI: Una nueva era de mártires". Para comprender la situación actual de estos santos y beatos que fueron asesinados por su fe, I.MEDIA analiza a aquellos reconocidos oficialmente por la Iglesia en los últimos diez años.

    Para la Iglesia Católica, un mártir es alguien que dio testimonio de Cristo muriendo antes que renunciar a su fe. Numerosos en los primeros siglos de nuestra era debido a la persecución del Imperio Romano, se convirtieron en un modelo que dio forma al concepto moderno de santidad.

    En los últimos siglos, se han establecido procedimientos para la canonización, sin que el martirio sea ya un requisito indispensable. Actualmente, la Iglesia Católica acompaña estas canonizaciones mediante un proceso que sigue un camino específico. Quienes son considerados dignos son reconocidos como venerables, beatos y, finalmente, santos. En el caso de los mártires, el reconocimiento de que fueron asesinados por no traicionar su fe les permite obtener directamente el título de beato. Para ser canonizados, la Iglesia debe atribuir un milagro a la intercesión del bienaventurado mártir.

    Siglo XX, un periodo de sangre de mártires

    El Dicasterio para las Causas de los Santos, órgano de la Santa Sede encargado de estos procesos, ha validado los casos de 1068 mártires en los últimos diez años, frente a tan solo 78 beatificaciones tras el reconocimiento de un milagro o después de una "ofrenda de vida" —un sacrificio realizado según el Evangelio, pero, a diferencia de un mártir, sin que este haya sido obligado a renunciar a su fe—. Asimismo, se han producido 65 canonizaciones de mártires durante el mismo periodo. En total, los mártires representan diez veces más declaraciones de beatificación y canonización que otros procesos.

    La explicación reside en los periodos más sangrientos de la historia de la Iglesia, especialmente en el siglo XX. El siglo pasado está plagado de mártires, como la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, y sobre todo las masacres cometidas por las tropas republicanas durante la Guerra Civil Española en torno a 1936.

    El caso de España

    La Guerra Civil Española ha generado 821 casos de beatificación validados por Roma tan solo en los últimos diez años, pero hasta el momento no se ha producido ninguna canonización. Los expedientes llegan gradualmente, presentados por las distintas diócesis y órdenes religiosas implicadas, y se tramitan en grupos que a veces superan el centenar de personas.

    Pero incluso sin incluir a España, el Dicasterio para las Causas de los Santos ha aprobado los casos de 228 mártires del siglo XX, a menudo en grupos, durante los últimos diez años. Entre ellos se encuentran mártires del nazismo, el comunismo y la descolonización, como los de Argelia (incluidos los monjes de Tibhirine).

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    La Santa Sede también presentó 71 casos más antiguos, que se remontan al siglo XVI (Guerras de Religión), al siglo XVIII (en particular la Revolución Francesa) y al siglo XIX. En tres casos, se reconoció el martirio de personas asesinadas en el siglo XXI: el misionero italiano Nazareno Lanciotti, fallecido en Brasil en 2001; el catequista laico congoleño Floribert Bwana Chui, asesinado en Goma en 2007; y la monja Maria Laura Mainetti, asesinada en Italia en 2000.

    En los últimos diez años, Roma ha beatificado o canonizado mártires de todos los continentes, incluyendo a uno de Oceanía: Peter To Rot de Papúa Nueva Guinea, asesinado en 1945 por tropas japonesas mientras defendía su fe. Europa del Este, particularmente durante la Guerra Fría, está representada, especialmente en Albania y Polonia. También hay 76 mártires franceses, entre ellos 16 monjas carmelitas de Compiègne y 50 víctimas del nazismo.

    Durante el pontificado del Papa Francisco, se ha reconocido a numerosos mártires de regímenes autoritarios en Sudamérica, entre los que destaca San Óscar Romero en El Salvador, canonizado en 2018. También se ha reconocido a mártires misioneros en Asia, así como a víctimas del islamismo, como las de Argelia. En 2023, el Papa Francisco anunció además el reconocimiento de los 21 mártires cristianos de Libia, a pesar de ser coptos ortodoxos, un poderoso gesto de ecumenismo.

    I.Media, Aleteia

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    Evangelio del día martes 25a semana del tiempo ordinario


    San Ignacio de Santhià , San Silvano de LevrouxMás...

    Libro de los Proverbios 21,1-6.10-13.

    El corazón del rey es una corriente de agua en manos del Señor: él lo dirige hacia donde quiere.
    Al hombre le parece que todo su camino es recto, pero el Señor pesa los corazones.
    Practicar la justicia y el derecho agrada al Señor más que los sacrificios.
    Los ojos altaneros, el corazón arrogante, la luz de los malvados: todo eso es pecado.
    Los proyectos del hombre laborioso son pura ganancia, el que se precipita acaba en la indigencia.
    Tesoros adquiridos con engaños son ilusión fugaz de los que buscan la muerte.
    El alma del malvado desea el mal, él no se apiada de su prójimo.
    El simple se hace sabio cuando se castiga al insolente, y asimila la ciencia cuando se instruye al sabio.
    El justo observa la casa del malvado, y precipita en la desgracia a los malos.
    El que cierra los oídos al clamor del débil llamará y no se le responderá.


    Salmo 119(118),1.27.30.34.35.44.

    Felices los que van por un camino intachable,
    los que siguen la ley del Señor,

    Instrúyeme en el camino de tus leyes,
    y yo meditaré tus maravillas.

    Elegí el camino de la verdad,
    puse tus decretos delante de mí.

    Instrúyeme, para que observe tu ley
    y la cumpla de todo corazón.

    Condúceme por la senda de tus mandamientos,
    porque en ella tengo puesta mi alegría.

    Yo cumpliré fielmente tu ley:
    lo haré siempre, eternamente.


    Evangelio según San Lucas 8,19-21.

    Su madre y sus hermanos fueron a verlo, pero no pudieron acercarse a causa de la multitud.
    Entonces le anunciaron a Jesús: "Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren verte".
    Pero él les respondió: "Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican".

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

    Bulle

    Guillermo de San Teodorico (c. 1085-1148)
    monje benedictino y después cisterciense
    La contemplación de Dios


    “Busca su rostro. Sí, tu rostro, Señor, es lo que busco” (Sal 26,7-8)

        Soy desvergonzado y temerario, oh tú, mi socorro y mi apoyo de siempre, tú que no me abandonas jamás. Mira, es el amor de tu amor el que me hace buscar tu rostro (Sal 26,8). Tú me ves y yo no puedo verte. Pero tú me has dado el deseo de verte y ver todo lo que te complace en mí. Tú perdonas al instante a este ciego que corre hacia ti. Tú le das la mano en cuanto tropieza.
        En el fondo de mi alma resuena la voz de tu presencia y responde a mi deseo. El alma protesta y echa fuera todo lo que hay en mí y mis ojos interiores son deslumbrados por el fulgor de tu verdad. Me recuerda que el hombre no te puede ver y quedar con vida (Ex 33,20). Hundido en el pecado hasta el día de hoy, no he logrado morir a mí mismo para vivir únicamente para ti (2Cor 5, 15). No obstante, por tu palabra y por tu gracia, me quedo atento, aguardando sobre la roca de la fe, en el lugar que está junto a ti (Ex 33, 21). Apoyado en esta fe, espero paciente, según mis posibilidades y abrazo tu derecha que me sostiene y me guarda(Sab 5,16).
        Alguna vez, cuando contemplo y miro por la espalda (Ex 33,23) a aquel que me ve, a Cristo tu Hijo, en su humildad como hombre, me paro a contemplar... Lo poco que he podido sentir y percibir de él atiza la llama de mi deseo interior. Con paciencia espero que tú retires tu mano (cf Ex 33,22) y que derrames en mí tu gracia iluminadora para que según la respuesta de tu verdad, muerto a mí mismo y vivo para ti, comience a contemplar tu rostro descubierto.
    (EDD)

    Reflexión sobre el cuadro

    Cuando Jesús caminaba por esta tierra, podríamos decir que pertenecía a dos familias. En primer lugar, estaba su familia celestial: su relación única e íntima con Dios Padre, cuya voluntad determinaba todo lo que Jesús decía y hacía. Pero Jesús también pertenecía plenamente a una familia terrenal. Era hijo de María y José, rodeado de otros hermanos y hermanas (primos) que se mencionan en la lectura del Evangelio de hoy. Al igual que nosotros, conocía los lazos de la vida familiar. Como solemos decir, «la sangre es más espesa que el agua». Por eso, podemos imaginar que, cuando su madre y sus parientes vinieron a buscarlo, su presencia significó mucho para él.

    Sin embargo, Jesús aprovechó precisamente ese momento para revelar algo completamente nuevo. Señalando a quienes escuchaban la palabra de Dios e intentaban vivir según ella, declaró que ellos también eran su madre, sus hermanos y sus hermanas. No estaba rechazando a su familia terrenal; estaba ampliando mucho más el concepto de familia. A su alrededor, Jesús estaba reuniendo una nueva familia, unida no por lazos de sangre, sino por la fe y el amor. Esta es la familia que se convirtió en la Iglesia. En Cristo, personas que, de otro modo, no tendrían nada en común se convierten en hermanos y hermanas, unidos por su amor hacia Él. Por eso, el cristianismo no solo nos pide que nos llamemos hermanos y hermanas, sino que nos tratemos como tales: que nos cuidemos, nos perdonemos, nos apoyemos y nos acompañemos con la misma devoción que mostramos de forma natural hacia nuestros seres más cercanos.

    Murillo nos adentra en el hogar de la familia terrenal de Jesús, la Sagrada Familia, como si hubiéramos entrado en silencio por la puerta en un día cualquiera. Aquí no hay nada grandioso ni ceremonial. María ha hecho una pausa en su labor de hilar, José está sentado con el joven Jesús junto a su banco de trabajo y, a sus pies, un perrito mira hacia arriba con entusiasmo. Jesús sostiene un jilguero en la mano y juega con él para provocar al perro, tal y como cualquier niño jugaría con la mascota de la familia. Es una escena doméstica maravillosamente tierna. Murillo nos permite imaginar que gran parte de la infancia de Jesús debió de estar compuesta por momentos como este: trabajo, juego, cariño y las sencillas rutinas de la vida familiar cotidiana.

    Sin embargo, el pequeño jilguero aporta un matiz más solemne. En el arte cristiano, este pájaro se convirtió en símbolo de la Pasión de Cristo, en parte porque a los jilgueros les encanta pasar el tiempo entre matorrales espinosos, lo que evoca la corona de espinas de Cristo. Las marcas rojas que rodean su cabeza asocian aún más al jilguero con la sangre de Cristo. El perro, por su parte, se asociaba tradicionalmente con la fidelidad y la lealtad. Así pues, incluso en este momento familiar aparentemente cotidiano, Murillo apunta discretamente hacia lo que está por venir: el niño que juega con tanta inocencia dará un día su vida por nosotros, permaneciendo fiel al Padre hasta el final.

    by Padre Patrick van der Vorst

    Oración
    (la de Guillermo de San Teodorico, arriba)