Entradas populares

domingo, 23 de agosto de 2026

Evangelio del día Domingo 21a. Semana del Tiempo Ordinario. ¿No sería muchísimo mejor escucharlo con la familia proclamado en la Santa Misa Dominical presencial?

 


 San Restituto AntioquíaMás...

Libro de Isaías 22,19-23.

Yo te derribaré de tu sitial y te destituiré de tu cargo.
Y aquel día, llamaré a mi servidor Eliaquím, hijo de Jilquías;
lo vestiré con tu túnica, lo ceñiré con tu faja, pondré tus poderes en su mano, y él será un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá.
Pondré sobre sus hombros la llave de la casa de David: lo que él abra, nadie lo cerrará; lo que él cierre, nadie lo abrirá.
Lo clavaré como una estaca en un sitio firme, y será un trono de gloria para la casa de su padre.


Salmo 138(137),1-2a.2bc-3.6.8bc.

Tu amor es eterno, Señor,

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
te cantaré en presencia de los ángeles.
Me postraré ante tu santo Templo.
y daré gracias a tu Nombre

por tu amor y tu fidelidad.
Me respondiste cada vez que te invoqué
y aumentaste la fuerza de mi alma.
El Señor está en las alturas,

pero se fija en el humilde
y reconoce al orgulloso desde lejos.
Tu amor es eterno, Señor,
¡no abandones la obra de tus manos.


Carta de San Pablo a los Romanos 11,33-36.

¡Qué profunda y llena de riqueza es la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Qué insondables son sus designios y qué incomprensibles sus caminos!
¿Quién penetró en el pensamiento del Señor? ¿Quién fue su consejero?
¿Quién le dio algo, para que tenga derecho a ser retribuido?
Porque todo viene de él, ha sido hecho por él, y es para él. ¡A él sea la gloria eternamente! Amén.


Evangelio según San Mateo 16,13-20.

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?".
Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas".
"Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?".
Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo".
Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.
Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.
Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo".
Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

Santa Catalina de Siena (1347-1380)
terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa
Carta 86 a Nicolás de Osimo, (Lettres I, Téqui, 1976), trad. sc©evangelizo.org


Construir el edificio de nuestra alma

Queridísimo y bien amado padre en Cristo Jesús: Yo, Catalina, sierva y esclava de servidores de Jesucristo, le escribo en su preciosa Sangre, con el deseo de verlo una piedra firme, fundada sobre el buen Jesús, la piedra inquebrantable.
Querido padre, ¿existe algo mejor y más bueno que construir el edificio de nuestra alma? Sí, es algo muy bueno haber encontrado la piedra, el arquitecto y el obrero que se necesitan para este edificio. ¡Oh, el buen arquitecto que es el Padre eterno, en el que reposan sabiduría, ciencia y bondad infinitas! Nuestro Dios es el que Es, todo lo que es se recibe de Él. Es un Señor que realiza todo lo que es útil y sólo quiere nuestra santificación. Todo lo que da o permite, es por nuestro bien, para purificarnos de nuestros pecados o para aumentar en nosotros la gracia y la perfección. Es un buen señor que sabe bien edificar y nos da todo lo que necesitamos. (…)
Hemos perdido la gracia por el pecado cometido y él vino a unirse e injertarse en nuestra naturaleza, se dio completamente a nosotros, ya que su virtud está en su Hijo. Lo ha hecho artista también, dándole su poder, lo ha hecho piedra como escribe san Pablo “Nuestra piedra es Cristo” (1 Cor 10,4). Lo hizo servidor y obrero del edificio, ya que la caridad, el amor inefable con el que ofreció su vida y su sangre, ha preparado el cimiento y nada nos falta ahora.
Regocijémonos estremeciéndonos de alegría, porque tenemos un buen arquitecto, una piedra excelente y un obrero que nos ha cimentado con su sangre. Su obra es tan sólida que, si nosotros consentimos, ni el demonio, ni las criaturas, ni el granizo, ni la tempestad, ni el viento, podrán nunca destruir el edificio.

Reflejo en el panel del techo

Cuando Jesús pregunta a sus discípulos: “¿Quién decís que soy yo?”, Pedro pronuncia una de las profesiones de fe más claras de los Evangelios: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo”. A continuación, Jesús le confía a Pedro una misión única: “Te daré las llaves del reino de los cielos”. En el mundo antiguo, las llaves eran mucho más que meros objetos prácticos. Eran un símbolo de autoridad, responsabilidad y confianza. La persona que poseía las llaves actuaba en nombre del dueño de la casa, abriendo la puerta a quienes eran bienvenidos y cuidando de todo lo que se le había confiado. Aún hoy en día, si le damos a un amigo las llaves de nuestra casa, eso implica que confiamos en él. Por lo tanto, Jesús confía en Pedro como un fiel administrador, otorgándole la responsabilidad de cuidar de la Iglesia.

 

La imagen de las llaves también habría recordado a los oyentes de Jesús el Antiguo Testamento. En el Libro de Isaías (22, 22), la ’llave de la Casa de David“ se entrega a Eliaquim como señal de autoridad: ”Lo que él abra, nadie lo cerrará; lo que él cierre, nadie lo abrirá“. Jesús se hace eco deliberadamente de estas palabras. Él, el verdadero Hijo de David, confía ahora a Pedro una parte de su propia misión. Las llaves en la Biblia son, por tanto, símbolos de servicio humilde. Pedro dedicará el resto de su vida a abrir el camino hacia Cristo para los demás… algo que también se nos pide a todos nosotros: guiar a las personas a través de las puertas de nuestra Iglesia para que se encuentren con Dios.

 

En todo el arte cristiano, a San Pedro se le representa casi siempre sosteniendo dos llaves. Tradicionalmente, una de ellas es de oro, lo que representa la autoridad del Cielo. La otra es de plata, y representa la misión de la Iglesia aquí en la tierra. Juntas nos recuerdan que el cielo y la tierra están unidos en Cristo, y que el ministerio de Pedro consistía en ayudar a las personas a pasar de uno a otro.

 

Las dos llaves cruzadas siguen siendo uno de los símbolos más reconocibles de la Iglesia católica. Todavía aparecen en el escudo de armas de la Santa Sede, en la bandera del Vaticano y en el escudo personal de cada Papa. Aunque las llaves llevaban muchos siglos apareciendo en el arte cristiano, no se consolidaron como emblema oficial del papado hasta el siglo XIV, bajo el pontificado de los papas de Aviñón. En el siglo XV, las llaves cruzadas bajo la tiara papal se habían convertido en el escudo de armas papal estándar, y se han utilizado desde entonces.

 

Nuestra fotografía muestra un panel de techo tallado en madera dorada y pintado en policromía, en el que aparece representado el escudo papal del papa Pío VI (1717 – 29 de agosto de 1799) en la Basílica de San Juan de Letrán, en Roma, con las dos llaves cruzadas.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

Señor Dios, pastor y guía de todos los fieles, mira con bondad a tu siervo el papa León XIV, a quien elegiste como sucesor de Pedro para guiar a tu Iglesia con amor, palabra y ejemplo. [1, 2, 3]
  • Señor, dale salud, fuerza y valor en su misión.
  • Ilumina su mente para guiar al rebaño hacia la vida eterna.
  • Protege sus pasos y consolale en su servicio diario.
  • Amén. [1, 2, 3, 4]

sábado, 22 de agosto de 2026

Ni frailes ni monjas: los consagrados que viven sin hábito y tienen «el mundo» como monasterio

Trabajan como médicos, abogados o profesores y viven consagrados a Dios sin hábito. El padre Mario Ortega explica una vocación aún desconocida.

Miembros de Institutos seculares en una jornada de formación en Madrid

Miembros de Institutos seculares en una jornada de formación en Madrid

Entre el 18 y el 23 de agosto tendrá lugar en Madrid el Congreso y Asamblea de la Conferencia Mundial de Institutos Seculares (CMIS). 

Es la primera vez que se realiza en España un evento de estas características, de la organización que agrupa a la mayor parte de los institutos seculares de todo el mundo. 

Se espera para el Congreso la participación de 240 miembros de un total de 107 institutos seculares provenientes de 30 países distintos y de 4 continentes.

El responsable de comunicación de este evento es el Padre Mario Ortega, del Instituto Secular Servi Trinitatis, sacerdote de Madrid que ha pasado también algunos años de su ministerio en la Diócesis de Roma. 

Él nos acerca a la historia y actualidad de los institutos seculares, esta realidad eclesial que fue aprobada por el Papa Pío XII en 1947, pero que aún resulta demasiado desconocida incluso dentro de la Iglesia.

- P. Mario Ortega, cuéntanos brevemente tu vinculación y trabajo con los institutos seculares.

- Mi vinculación se debe sobre todo a que Dios me llamó a ser sacerdote dentro de un instituto secular con rama sacerdotal. Desde aquí he ido conociendo esta maravillosa realidad de vida consagrada en medio del mundo, suscitada por el Espíritu Santo en los tiempos modernos, para una más profunda penetración del Evangelio en las realidades del mundo, o mejor dicho, para saber descubrir en la riqueza del mundo redimido por Cristo las huellas y señales de la presencia de Dios y mostrarlas a los hombres y mujeres de hoy. 

Esa es la vocación especial de los miembros de los institutos seculares: vivir la consagración a Dios desde las mismas realidades temporales, desde dentro del mundo.

- ¿En qué se diferencia los institutos seculares de los institutos religiosos?

- La vida consagrada a Dios a través de la práctica de los consejos evangélicos de la pobreza, la castidad y la obediencia, surgió en la Iglesia como un apartamiento del mundo. Para vivir una vida contemplativa, eremítica o de clausura en unos casos o para poder ejercer en el mundo la caridad de Cristo, en el caso de la vida religiosa activa. Sean de vida contremplativa o de vida activa, las órdenes y congregaciones religiosas conciben la consagración como un “apartarse del mundo”. Entiéndase bien esta expresión – que es de orden teológico y canónico. Significa que los religiosos marcan una distinción con el mundo laical, a través del hábito religioso, la vida de comunidad en el monasterio o convento, la regla religiosa, horarios de comunidad, etc. 

En el caso de los institutos seculares, la consagración a Dios se vive de modo diferente, esto es, desde dentro del mundo. Ya en el siglo XIX aparecieron intentos de vivir una consagración total a Dios en medio de las realidades temporales, sin convertirse en religiosos (monjas, monjes o frailes) sino conservando las características esenciales de la vida laical. 

Santos como Antonio María Claret o Juan Bosco intuyeron ya estas formas de vida, aunque lo que fundaron fueran aún congregaciones religiosas, pero el germen de lo que iban a ser los institutos seculares ya estaba plantado. Y fue creciendo mucho a lo largo de la primera mitad del siglo XX, con figuras que fueron decisivas como Agostino Gemelli y Armida Barelli, de modo que en 1947, a través de la Constitución Apostólica Provida Mater Ecclesia y el Motu Proprio del año siguiente Primo Feliciter, se dio cabida entre las formas de vida consagrada a los institutos seculares: la posibilidad de consagrarse a Dios sin los signos externos que puede tener un fraile o una monja.

- O sea, que los miembros de institutos seculares son consagrados a Dios como los religiosos, pero no son religiosos...

- Efectivamente. Así lo dice claramente el Código de Derecho Canónico, que dice que “por su consagración, un miembro de un instituto secular no modifica su propia condición canónica, clerical o laical, en el Pueblo de Dios” (canon 711). Es decir, que los miembros laicos siguen siendo laicos – no son monjas o frailes – pero viven su consagración total a Dios en su profesión (maestros, abogados, ingenieros, médicos, etc), sin necesidad de distinguirse en el vestir llevando algún hábito y sin la obligación de llevar una vida comunitaria. Pueden vivir su vocación en sus familias, solos o en pequeños grupos de vida fraterna. 

Su “monasterio” es el mundo mismo, lo cual no quita que hayan de llevar una vida de oración y orden de vida – claro está – conforme a su estado, viviendo el carisma particular de su propio instituto. Es lo que se llama la “secularidad consagrada”, que explicó muy bien el Papa Francisco en su mensaje al último Congreso de CMIS celebrado en Roma en 2022.

En el caso de los sacerdotes pertenecientes a un instituto secular, también nos diferenciamos de los religiosos (clero regular) porque vivimos incardinados normalmente en las propias diócesis, como sacerdotes diocesanos (clero secular), compartiendo con todo el presbiterio la pastoral diocesana desde la experiencia de la consagración total a Dios en un instituto secular.

- Desde esa aprobación inicial, ¿cómo han ido desarrollándose y creciendo los institutos seculares?

- En la segunda mitad del siglo XX experimentaron un fuerte auge, sobre todo en Europa. Los institutos seculares encajaban muy bien con la letra y el espíritu del Concilio Vaticano II. Es decir, una mayor protagonismo de los laicos en la vida de la Iglesia y una más incisiva presencia de la vida consagrada en las realidades de un mundo cada vez mas secularizado.

San Pablo VI fue el gran Papa de los institutos seculares. Suyos son cantidad de discursos, cartas y documentos que definen más profunda y claramente la vocación y misión de los institutos seculares (ver aquí). Bajo su pontificado surgió en 1972 la CMIS (Conferencia Mundial de los Institutos Seculares) y también las distintas Conferencias y confederaciones continentales y nacionales.

En España proliferaron muchos institutos seculares (aquí se puede ver la lista de los institutos inscritos en CEDIS en la actualidad) y, aunque la presencia de sus miembros, desde su realidad laical – de levadura en medio de la masa – es más bien discreta, los frutos han sido abundantísimos.

- Y en la actualidad, ¿no están los institutos seculares un poco “de capa caída”?

- Bueno, la fuerte crisis vocacional que afecta no sólo a la vida consagrada, sino también a la vida matrimonial, está claro que también ha afectado a los institutos seculares. Asimismo, el hecho de que han ido surgiendo nuevas formas de vida consagrada que, sin considerarse institutos seculares, sí que comparten un modo de vida parecido. E igualmente, se ha dado el hecho de que el abandono por parte de muchos religiosos de sus hábitos que los distinguía como monjas, frailes, etc. habiendo adoptado un modo de vida más cercana a la laical, ha desdibujado un poco la especificidad original de los institutos seculares. Los cuales, por otro lado, siguen reivindicando – y con toda la razón, apoyados por los papas sucesivos – su identidad y su misión.

En España se han hecho y se siguen haciendo cantidad de obras y proyectos para seguir mostrando a la Iglesia y al mundo lo maravillosa y urgente que es esta vocación de laicos consagrados en medio del mundo. 

Destaca la creación de la cátedra “Iglesia, Secularidad y Consagración” que CEDIS, Conferencia Española de Institutos seculares – es decir, similar a lo que es CONFER para religiosos – impulsó junto a la Universidad Pontificia de Salamanca. También desde la Conferencia Episcopal se han multiplicado los intentos de visibilizar más a los institutos seculares, pero creo que sigue habiendo por parte de sacerdotes y agentes de pastoral un gran desconocimiento de la realidad y alcance de esta vocación a la “secularidad consagrada”.

- ¿Qué supone este próximo Congreso Mundial de CMIS y el hecho de que se celebre en España?

- Sin duda, una oportunidad para que los institutos seculares se muestren más al mundo. Es verdad que muchos de los miembros laicos guardan la llamada “reserva” con respecto a su consagración, pues siguen siendo laicos, para que no les confundan con religiosas o religiosos. O se diga - ¡qué horror! - que son “monjas seglares”. Esa es una contradicción, puesto que las monjas en el momento de su profesión como tal, dejan de ser seglares o laicas. Sin embargo, otros – siempre con discreción, pero con una gran alegría y muy deseosos y deseosas de mostrar al mundo la belleza de esta vocación consagrada en medio del mundo, ejercen su labor profesional y viven su vida familiar con una entrega tremenda. Son muy eclesiales los miembros de institutos seculares. Siempre al servicio de las parroquias, diócesis, etc.

También servirá este Congreso – y la Asamblea que le seguirá – para conocerse y encontrarse miembros de institutos seculares de todo el mundo, con una gran variedad de edades y estilos. No olvidemos que van a estar representados 107 institutos de todo el mundo. Habrá encuentro, diálogo, oración juntos, reflexión sobre la vocación común. También estaremos presentes sacerdotes vinculados a institutos seculares, puesto que necesitamos también revivir esta especificidad dentro de nuestra vocación sacerdotal.

Que se celebre este Congreso y la Asamblea de CMIS por primera vez en España es, sin duda, un fuerte aldabonazo a la labor preciosa, muchas veces callada pero constante, que los institutos seculares – CEDIS, en particular – están realizando en nuestro país.

- Y, finalmente. Qué significa el lema escogido para este congreso: “En el corazón del mundo, ¿qué profecía de esperanza?”

- Como hemos dicho antes, lo original y genuino de la vocación y misión de los institutos seculares es la de vivir completamente consagrados desde dentro del mundo, implicándose completamente en las realidades temporales: el mundo del trabajo, la familia, la cultura, el arte, la tecnología, la educación... en una palabra, el corazón del mundo, los miembros de institutos seculares, uniendo en su corazón la pasión por Dios y la pasión por el mundo que Dios tanto ama, ofrecen un testimonio que siempre resulta profético, es decir, una señal de Dios, un faro para el mundo y para la Iglesia.

No en vano, San Pablo VI dijo ya hace cinco décadas que, si los miembros de institutos seculares viven bien su vocación “serán como un laboratorio experimental en el que la Iglesia verificará sus relaciones con el mundo moderno”. Es muy fuerte esta afirmación ¿eh? Por eso, el mismo Papa llamaba también a los miembros de institutos seculares “alpinistas del Espíritu”, porque su vocación les exige una vida espiritual muy fuerte, para no ser “engullidos” por la mentalidad y los intereses del mundo en el que están completamente inseridos. 

El lema, por tanto, de “En el corazón del mundo, ¿qué profecía de esperanza?” se entiende ahora mejor cómo es un deseo de reflexionar juntos sobre cómo se puede cumplir bien esta misión propia de los institutos seculares en este cambio de era que estamos viviendo.

ReL

Vea también    Laicos MSC que participan en
la misma misión




Una bella catequesis sobre la Eucaristía

 Te va a impresionar




Santa María Reina: reinar sirviendo en la familia


En pleno verano, la fiesta de María Reina y el evangelio de Mateo 23, 1‑12 invitan a ejercer la autoridad en casa como servicio humilde, no como dominio.opiar enlace

Una tarde de verano en la que la casa se entiende como un pequeño reino donde quien está al frente se levanta para servir, y María Reina inspira un liderazgo hecho de humildad y cuidado.

Una tarde de verano en la que la casa se entiende como un pequeño reino donde quien está al frente se levanta para servir, y María Reina inspira un liderazgo hecho de humildad y cuidado.


    El Evangelio: autoridad que pesa o autoridad que se entrega

    “Entonces Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen. Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame rabbí. Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar rabbí, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido” (Mateo 23, 1‑12).

    Jesús denuncia una forma de ejercer la autoridad que dice pero no hace, que carga pesos que no ayuda a llevar, que busca honores y títulos más que el bien real de la gente. Frente a esa lógica, propone otra: quien está “primero” debe hacerse servidor; la verdadera grandeza está en la humildad. Trasladado a la familia, el contraste es muy claro: hay formas de ser padre, madre, abuelo, que consisten en mandar, exigir, quedar bien; y hay formas que se parecen más a Cristo: escuchar, acompañar, compartir el peso. En verano, cuando la convivencia se intensifica, este Evangelio es casi un examen de conciencia para los que tienen más autoridad en casa.

    María Reina: coronada en el cielo, sierva en la tierra

    El 22 de agosto la Iglesia celebra a la Bienaventurada Virgen María Reina. Reina, pero no en clave mundana: no como quien se sienta en un trono lejano, sino como la Madre que ha vivido la humildad hasta el extremo. María es Reina porque ha dicho “hágase” a Dios, porque ha estado en Nazaret y al pie de la cruz, porque ha acogido, escuchado, sostenido, sin imponerse. Su “reinado” es el de la mujer que ha dejado reinar a Dios en su corazón antes que nada.

    Juan Pablo II quiso que toda la Iglesia la invocase explícitamente como “Reina de la familia”, subrayando que los hogares necesitan mirar hacia Ella para aprender un estilo de presencia, de gobierno y de servicio. Contemplar a María Reina en agosto es un recordatorio: la autoridad en la familia no se mide por volumen de voz ni por número de órdenes, sino por capacidad de servir, de organizar para el bien común, de perdonar, de crear paz.

    Verano en familia: autoridad que sirve, no que tiraniza

    El verano, con más horas juntos, más calor y menos rutinas, es campo de prueba para el modo de ejercer la autoridad familiar: padres que deciden horarios, abuelos que marcan límites, adultos que organizan vacaciones y tiempos de descanso. Hay dos maneras de “reinar” en ese contexto: una que se parece a los escribas y fariseos —mandar sin ayudar, exigir sin dar ejemplo, buscar que se note “quién manda”— y otra que se parece al Evangelio y a María —servir más, escuchar más, ceder algo de comodidad para el bien de los demás.

    Reinar sirviendo en la familia puede significar cosas muy concretas: ser el primero en levantarse para preparar el desayuno, el último en hablar cuando hay tensión, el que busca soluciones en lugar de culpables, el que piensa en los que tienen menos voz (niños, mayores, enfermos) antes de decidir el plan del día. La autoridad cristiana no desaparece —los padres siguen siendo padres, los abuelos siguen siendo referencia—, pero se entiende como responsabilidad que se arrodilla, no como poder que aplasta.

    Actitudes marianas para “presidir” el verano en casa

    Si María es Reina porque es sierva, su estilo puede inspirar gestos muy concretos en la familia:

    Escuchar antes de mandar. En lugar de decidir cada detalle sin preguntar, escuchar deseos y preocupaciones de los demás y, desde ahí, orientar.

    • Acoger al que está cansado o irritable, sin humillarlo. María acoge a Juan al pie de la cruz; la autoridad que sirve se fija en quien más sufre y se vuelve refugio, no acusación.
    • Perdonar a menudo y pedir perdón de verdad. “El que se humilla será enaltecido”: reconocer un error delante de los hijos no debilita la autoridad, la purifica.
    • Organizar pensando en el bien común, no en el propio capricho. Reinar en casa es hacer de “director de orquesta” que armoniza tiempos, espacios, silencios, actividades, buscando que todos descansen y crezcan.
    • Dejar que Dios reine también en los planes: incluir la misa, algún rato de oración, un gesto de caridad, como parte natural del verano familiar, no como imposición caprichosa. María Reina de la familia recuerda que la casa está llamada a ser pequeña Iglesia.

    Revisar nuestro liderazgo en casa

    El Evangelio advierte contra quienes “lían fardos pesados” que ellos no están dispuestos a mover, y buscan que les llamen “rabbi”, “maestro”, “padre”, más por reconocimiento que por servicio. Puede ayudar preguntarse, en clave muy concreta:

    • ¿Uso mi autoridad en casa para aliviar cargas o para añadir peso?
    • ¿Busco más tener razón que construir paz?
    • ¿Me preocupa más que se note que “yo mando” que el bien real de los demás?
    • ¿Me detengo a preguntar qué necesita cada uno o sólo impongo mi calendario?

    La fiesta de María Reina puede ser una ocasión para pedir una “conversión de liderazgo”: pasar de una autoridad centrada en uno mismo a una autoridad que se entiende como servicio. No se trata de dejar la casa sin guía, sino de aprender a guiar desde abajo, como quien lava los pies.

    Una oración para quienes “reinan” en la familia

    Este artículo concluye con una súplica sencilla, que muchos padres, madres y abuelos puedan hacer suya:

    “Jesús, que nos enseñas que el más importante debe hacerse servidor, y tú, María, Reina humilde que reinaste sirviendo en Nazaret y al pie de la cruz, mirad nuestras familias en este verano. Tú sabes cuánto pesa a veces la responsabilidad de organizar, decidir, corregir. Líbranos de ejercer la autoridad como tiranía o como búsqueda de protagonismo. Enséñanos a reinar sirviendo: a escuchar más, a acoger mejor, a perdonar de corazón, a ordenar nuestros planes pensando en el bien de todos. Que en nuestra casa no reine el orgullo ni el capricho, sino tu amor. María Reina de la familia, preside nuestros días de descanso con tu paciencia y tu ternura, para que, en medio de la vida cotidiana, aprendamos a vivir ya el estilo de cielo al que tú nos precedes.”

    Luis Javier Moxó Soto, ReL

    Vea también    Familia, Patrimonio de la Humanidad ... y Tesoro de la Iglesia católica





    Especialmente para los que NO suelen ir a Misa los Domingos: Para que desubran lo que están perdiendo

     Aquí podemos ofrecerle sólo unos cuantos aspectos
    de las mil maravillas de la Santa Misa

    La hora de nuestra Redención.

    Jesús, aunque sometido a una prueba terrible, no huye ante su "hora": "¿Qué voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto!" (Jn 12, 27). Desea que los discípulos le acompañen y, sin embargo, debe experimentar la soledad y el abandono: "¿Conque no habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad, para que no caigáis en tentación" (Mt 26, 40-41). Sólo Juan permanecerá al pie de la Cruz, junto a María y a las piadosas mujeres. La agonía en Getsemaní ha sido la introducción a la agonía de la Cruz del Viernes Santo. La hora santa, la hora de la redención del mundo. Cuando se celebra la Eucaristía ante la tumba de Jesús, en Jerusalén, se retorna de modo casi tangible a su "hora", la hora de la cruz y de la glorificación. A aquel lugar y a aquella hora vuelve espiritualmente todo presbítero que celebra la Santa Misa, junto con la comunidad cristiana que participa en ella.

    San Juan Pablo II; Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 4

    La Epíclesis.

    En la epíclesis, la Iglesia pide al Padre que envíe su Espíritu Santo (o el poder de su bendición) sobre el pan y el vino, para que se conviertan, por su poder, en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, y que quienes toman parte en la Eucaristía sean un solo cuerpo y un solo espíritu.

    En el relato de la institución, la fuerza de las palabras y de la acción de Cristo y el poder del Espíritu Santo hacen sacramentalmente presentes bajo las especies de pan y de vino su Cuerpo y su Sangre, su sacrificio ofrecido en la cruz de una vez para siempre.

    Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1353

    La Eucaristía está en el centro de la vida eclesial.

    Del misterio pascual nace la Iglesia. Precisamente por eso la Eucaristía, que es el sacramento por excelencia del misterio pascual, está en el centro de la vida eclesial. Se puede observar esto ya desde las primeras imágenes de la Iglesia que nos ofrecen los Hechos de los Apóstoles: "Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones". (Hc, 2,42)

    San Juan Pablo II; Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 3

    En la Eucaristía se hace presente la obra restauradora de Cristo.

    La Eucaristía constituye como una transfiguración por la cual la naturaleza creada queda inundada de luz divina y del resplandor del misterio de Cristo encarnado y salvador, cuya obra restauradora perdura y se hace presente de un modo inefable y consolador en el sacramento eucarístico.

    P. Guillermo Pons; La Eucaristía, en los textos de los Padres de la Iglesia.

    En la Eucaristía se hace presente la obra restauradora de Cristo.

    La Eucaristía constituye como una transfiguración por la cual la naturaleza creada queda inundada de luz divina y del resplandor del misterio de Cristo encarnado y salvador, cuya obra restauradora perdura y se hace presente de un modo inefable y consolador en el sacramento eucarístico.

    P. Guillermo Pons; La Eucaristía, en los textos de los Padres de la Iglesia.

    ucaristía es el compendio y la suma de nuestra fe.

    Por la celebración eucarística nos unimos ya a la liturgia del cielo y anticipamos la vida eterna cuando Dios será todo en todos.

    La Eucaristía es el compendio y la suma de nuestra fe: "Nuestra manera de pensar armoniza con la Eucaristía, y a su vez la Eucaristía confirma nuestra manera de pensar" (San Ireneo de Lyon).

    Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1326-1327


    La Eucaristía debe ser el centro de nuestra vida.

    "La Eucaristía debe ser el centro de nuestra vida".

    San Francisco de Asís

    "Entre las prácticas de la religión, la Eucaristía es lo que el Sol entre los astros".

    San Francisco de Sales

    En el Banquete Pascual en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia.

    Nuestro Salvador, en la última Cena, la noche en que fue entregado, instituyó el sacrificio eucarístico de su cuerpo y su sangre para perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz y confiar así a su Esposa amada, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección, sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de amor, banquete pascual en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria futura.

    Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1323