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domingo, 19 de abril de 2026

Evangelio del día - ¿No sería muchísimo mejor de escucharlo con la familia en la Santa Misa Dominicial presencial?


 

Libro de los Hechos de los Apóstoles 2,14.22-33.

El día de Pentecostés, Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo: "Hombres de Judea y todos los que habitan en Jerusalén, presten atención, porque voy a explicarles lo que ha sucedido.
Israelitas, escuchen: A Jesús de Nazaret, el hombre que Dios acreditó ante ustedes realizando por su intermedio los milagros, prodigios y signos que todos conocen,
a ese hombre que había sido entregado conforme al plan y a la previsión de Dios, ustedes lo hicieron morir, clavándolo en la cruz por medio de los infieles.
Pero Dios lo resucitó, librándolo de las angustias de la muerte, porque no era posible que ella tuviera dominio sobre él.
En efecto, refiriéndose a él, dijo David: Veía sin cesar al Señor delante de mí, porque él está a mi derecha para que yo no vacile.
Por eso se alegra mi corazón y mi lengua canta llena de gozo. También mi cuerpo descansará en la esperanza,
porque tú no entregarás mi alma al Abismo, ni dejarás que tu servidor sufra la corrupción.
Tú me has hecho conocer los caminos de la vida y me llenarás de gozo en tu presencia.
Hermanos, permítanme decirles con toda franqueza que el patriarca David murió y fue sepultado, y su tumba se conserva entre nosotros hasta el día de hoy.
Pero como él era profeta, sabía que Dios le había jurado que un descendiente suyo se sentaría en su trono.
Por eso previó y anunció la resurrección del Mesías, cuando dijo que no fue entregado al Abismo ni su cuerpo sufrió la corrupción.
A este Jesús, Dios lo resucitó, y todos nosotros somos testigos.
Exaltado por el poder de Dios, él recibió del Padre el Espíritu Santo prometido, y lo ha comunicado como ustedes ven y oyen."


Salmo 16(15),1-2a.5.7-8.9-10.11.

Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.

Protégeme, Dios mío,
porque me refugio en ti.
Yo digo al Señor:
El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,

¡tú decides mi suerte!
Bendeciré al Señor que me aconseja,
¡hasta de noche me instruye mi conciencia!
Tengo siempre presente al Señor:

él está a mi lado, nunca vacilaré.
Por eso mi corazón se alegra,
se regocijan mis entrañas
y todo mi ser descansa seguro:

porque no me entregarás a la Muerte
ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro.
Me harás conocer el camino de la vida,
saciándome de gozo en tu presencia,

de felicidad eterna a tu derecha.


Epístola I de San Pedro 1,17-21.

Queridos hermanos:
Y ya que ustedes llaman Padre a aquel que, sin hacer acepción de personas, juzga a cada uno según sus obras, vivan en el temor mientras están de paso en este mundo.
Ustedes saben que fueron rescatados de la vana conducta heredada de sus padres, no con bienes corruptibles, como el oro y la plata,
sino con la sangre preciosa de Cristo, el Cordero sin mancha y sin defecto,
predestinado antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos para bien de ustedes.
Por él, ustedes creen en Dios, que lo ha resucitado y lo ha glorificado, de manera que la fe y la esperanza de ustedes estén puestas en Dios.


Evangelio según San Lucas 24,13-35.

Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén.
En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.
Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos.
Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran.
El les dijo: "¿Qué comentaban por el camino?". Ellos se detuvieron, con el semblante triste,
y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: "¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!".
"¿Qué cosa?", les preguntó. Ellos respondieron: "Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo,
y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron.
Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas.
Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro
y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo.
Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron".
Jesús les dijo: "¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas!
¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?"
Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él.
Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante.
Pero ellos le insistieron: "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba". El entró y se quedó con ellos.
Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio.
Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista.
Y se decían: "¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?".
En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos,
y estos les dijeron: "Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!".
Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975)
presbítero, fundador
Homilía en amigos de Dios


“Quédate con nosotros”

Los dos discípulos se dirigían a Emaús. Su porte era normal, como el de tantas otras personas que pasaban por aquellos parajes. Y es allí, con naturalidad, que Jesús se les aparece y camina con ellos, comenzando una conversación que les hace olvidar su fatiga… Jesús en el camino. ¡Señor, tú siempre eres grande! Pero me conmueves cuando condesciendes a seguirnos, a buscarnos en nuestro ir y venir cotidiano. Señor, concédenos la simplicidad de espíritu; danos una mirada pura, una inteligencia clara para poder comprenderte cuando vienes a nosotros sin ningún signo exterior de tu gloria.
Al llegar al pueblo, el trayecto se acaba y a los dos discípulos que, sin darse cuenta, han sido tocados en lo más profundo de su corazón por la palabra y el amor de Dios hecho hombre, les duele que se marche. Porque Jesús, se despide de ellos “aparentando que iba más lejos”. Nuestro Señor no se impone jamás. Una vez percibida la pureza del amor que ha puesto en nuestra alma, quiere que le llamemos libremente. Hemos de retenerle a la fuerza y rogarle: “Quédate con nosotros porque atardece y se acaba el día, empieza ya la noche”.
Nosotros somos así: nos falta audacia, quizás por falta de sinceridad, o por pudor. En el fondo pensamos: Quédate con nosotros, porque las tinieblas envuelven nuestra alma, y solo tú eres la luz, solo tú puedes calmar esta sed que nos consume… Y Jesús se queda con nosotros. Se abren nuestros ojos, como los de Cleofás y su compañero, cuando Cristo parte el pan; y aunque él desaparezca de nuevo de nuestra vista, seremos capaces de ponernos de nuevo en camino - empieza ya la noche- para hablar de él a los demás, porque tanto gozo no puede quedar guardado en un solo corazón.
Camino de Emaús. Nuestro Dios ha llenado de dulzura este nombre, y Emaús es el mundo entero porque el Señor ha abierto los caminos divinos de la tierra. 
(EDD)

Reflexión sobre el cuadro

Hay momentos en la vida en los que nos damos cuenta de que caminamos en la dirección equivocada. Nos dejamos llevar por hábitos u opciones que no encajan con nosotros, y algo dentro de nosotros empieza a agitarse. Una inquietud. Sentimos que nos estamos alejando de donde deberíamos estar, y sabemos que es un error, pero aun así seguimos en la dirección equivocada. A menudo no es deliberado. A menudo comienza simplemente con la decepción, con el dolor, con la confusión. Nuestras emociones nublan nuestra visión, y nos encontramos alejándonos cuando quizás deberíamos quedarnos... o volver atrás.

Eso es lo que les ocurre a los discípulos del Evangelio de Lucas cuando se dirigen a Emaús. Los dos discípulos se alejan de Jerusalén, dejando atrás el mismo lugar donde todo está a punto de cambiar. La Cruz ha destrozado sus esperanzas y, en esa pesadumbre, olvidan la promesa de la resurrección. Lo único en lo que podían concentrarse era en ver a Jesús muerto en la cruz, y se olvidaron de la promesa de la Resurrección, por lo que simplemente abandonaron el mismo lugar donde deberían haber permanecido. Cuántas veces nos ocurre lo mismo: el dolor nubla nuestra memoria, la decepción estrecha nuestra visión, y nos encontramos alejándonos de lo que más profundamente necesitamos.

Entonces Cristo resucitado hace algo hermoso: no les llama de vuelta desde la distancia, sino que camina junto a ellos en su camino equivocado. Les escucha. Les deja hablar, aunque su historia esté incompleta. Primero camina con ellos en la dirección equivocada, antes incluso de hablar. Y quizá haya aquí una lección para nosotros: cuando vemos a otros caminar en la dirección equivocada, podemos estar llamados a hacer lo mismo: caminar con ellos un rato, escuchar pacientemente... y luego, con delicadeza, ayudarles a encontrar el camino de vuelta.

La artista contemporánea Liz Lemon Swindle pintó nuestro lienzo que representa el camino de Emaús. Cristo está vestido con una luminosa prenda blanca después de la Resurrección, caminando tranquilamente junto a los dos discípulos. La escena se desarrolla en un entorno apacible y bucólico, lleno de follaje verde y fresco... verde, el color de los nuevos brotes, de la esperanza, de la vida que comienza de nuevo.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

(https://televid.tv/)


sábado, 18 de abril de 2026

Renacer constantemente. Comentario para Matrimonios: san Juan 3, 1-8

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 1-8

Había un hombre del grupo de los fariseos llamado Nicodemo, jefe judío. Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo:«Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él».

Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios».

Nicodemo le pregunta:«¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?».

Jesús le contestó:«En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: “Tenéis que nacer de nuevo”; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabemos de dónde viene ni adónde va. Así es todo lo que ha nacido del Espíritu».

Renacer constantemente.

Cuando Jesús habla de “nacer de nuevo”, es una llamada directa a cada uno:el amor no se sostiene solo con lo que fue al principio; necesita renacer constantemente. No basta con el “sí” del día de la boda, hay que volver a elegirse.

Nicodemo piensa de forma literal (“¿cómo volver al vientre?”), como muchas veces pensamos: “esto ya es así”, “yo soy así”, “la relación es así”. Pero Jesús abre otra dimensión: no se trata de repetir el pasado, sino de dejar que algo nuevo suceda desde dentro. Hay que dejar que el amor se purifique (agua), limpiando heridas, rencores, reproches; y hay que dejar que el amor se eleve (Espíritu). Jesús le nombra al Espíritu… confirmando que este nuevo nacimiento no es algo que cada uno realice por sí mismo sino que es algo que se realiza en Él. En realidad, nacer es un verbo que esconde su pasividad, pues, propiamente, “somos nacidos”: debemos nuestro nacimiento a nuestra madre, que realiza el trabajo del parto y nos hace nacer. Y este nuevo nacimiento se lo debemos al Espíritu Santo, que nos va disponiendo a otro modo de vida, un modo de vivir en la libertad que Dios soñó originalmente para nosotros y que nos hace tener un amor más gratuito, más paciente, más libre.

Jesús nos recuerda que si la relación se queda solo en lo superficial (atracción, rutina, convivencia), se empobrece (“Lo que nace de la carne es carne…”). Pero cuando entra el “Espíritu” —la entrega, el perdón, la apertura al otro tal como es…—, el amor se transforma. Un matrimonio vivo es el que se deja renovar una y otra vez, el que aprende a “volver a nacer” juntos, incluso después de las crisis, del desgaste o de los años.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Paloma: Alfonso… siento que últimamente estamos como en automático, ¿no? Como si todo fuera rutina.

Alfonso: Sí… como cuando pongo el piloto automático en el coche… aunque el nuestro no tiene ni eso.

Paloma: (ríe) Pues algo así… pero en serio, me da pena que perdamos lo bonito que teníamos.

Alfonso: A mí también. Pero hoy pensaba… quizá necesitamos “empezar de nuevo”..

Paloma: ¿Empezar de nuevo? Eso me recuerda a lo de “nacer de nuevo”… como si Dios nos diera otra oportunidad dentro del mismo matrimonio..

Alfonso: ¿Otra oportunidad? ¿Vamos a tener ahora otro matrimonio? A nuestros años me da hasta pereza.

Paloma: (sonríe) Tonto… No, en serio. Creo que es dejar que Dios renueve lo nuestro por dentro. No solo cambiar cosas externas..

Alfonso: O sea… ¿menos discusiones por tonterías y más… querernos mejor?.

Paloma: Sí. Limpiar lo que nos pesa… y dejar espacio para algo nuevo. Como si el amor pudiera volver a empezar, pero más profundo.Pidiéndole ayuda a Dios porque solos no vamos a poder.

Alfonso: Pues a mí me vendría bien… porque a veces me sale más “carne” que “espíritu”, ¿eh?.

Paloma: A todos nos pasa. Pero si dejamos que Dios sople… aunque no lo controlemos, puede hacer algo bonito en nosotros..

Alfonso: Entonces… ¿volvemos a empezar?.

Paloma: Volvemos a elegirnos. Y esta vez, con Dios en medio..

Alfonso: Vale… pero que conste que si “nacemos de nuevo”, yo no cambio los pañales

Madre,

Que, como tú, sepamos confiar aunque no entendamos todo, y dejemos que el Espíritu renueve nuestra vida. Bendito seas Señor por estas luces que nos inspiras.

Proyecto Amor Conyugal

Tu matrimonio como Dios lo pensó




Camerún: para impulsar la paz, León XIV se transforma en tribuno

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Desde su elección, León XIV se ha mostrado bastante reservado, a veces un poco distante y a menudo impasible. Pero este jueves 16 de abril, al visitar Bamenda, en el norte de Camerún, una región azotada por movimientos separatistas, el papa número 267 dejó huella por su tono apasionado, pronunciando cada palabra con énfasis, como si esperara grabar su mensaje profundamente en esta tierra

"Todo el dolor que ha abrumado a vuestra comunidad refuerza hoy aún más esta certeza: ¡Dios nunca nos ha abandonado!" Los habitantes de Bamenda esperaban al Papa con fervor, y desde sus primeras palabras, las ovaciones estallaron en la catedral. Hay que decir que el pontífice estadounidense-peruano marcó el tono: pronunciando cada sílaba en inglés, transmitió su mensaje con determinación.

"Estoy aquí para anunciar la paz, pero constato de inmediato que son ustedes quienes la anuncian al mundo entero y a mí", asegura el Papa, continuando con su vibrante discurso, mientras la atención de los bancos de la catedral se centra en él. Improvisando algunas exhortaciones con un ímpeto decidido, busca animar a los cameruneses: "Que todos sigamos por el camino del bien que conduce a la paz", desea el pontífice, asegurando que el testimonio de diálogo interreligioso de Bamenda puede ser "un modelo" para todo el planeta.

En esta región de tierra ocre y colinas cubiertas de bosques verdes, el jefe de la Iglesia católica transmite a este pueblo toda su convicción, pronunciando su discurso con un vigor sin precedentes desde su elección. Y Bamenda se lo devuelve con creces: en las calles, desde el aeropuerto y a lo largo de los 13 kilómetros que lo separan de la catedral, una multitud ininterrumpida lo esperó bajo el sol y el calor, aclamando con alegría al paso de su automóvil. Con una generosidad conmovedora, aún se barría apresuradamente el umbral de la catedral unos instantes antes de que el Papa subiera a la alfombra roja.

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Dondequiera que se acercaba la sombra del Papa, gritos de alegría lo recibían. "¡Bamenda, hoy eres la ciudad sobre la montaña, resplandeciente a los ojos de todos!", responde el Papa a esta euforia, como para elevar las almas que lo escuchan. De pie ante el altar, el sucesor de Pedro tampoco se anda con rodeos para condenar a "los señores de la guerra" y denunciar "un mundo al revés, una perversión de la creación de Dios que toda conciencia honesta debe denunciar y rechazar".

A lo largo de su discurso, León XIV prepara el futuro: "No pierdan su esencia en los años venideros", advierte ya, animando a la "miríada" de sedientos de paz a llevar a cabo una "revolución silenciosa" para desconcertar a los "pocos dominadores" que destruyen el mundo. Y remacha el clavo unas horas más tarde durante una misa, antes de volver a tomar el avión para regresar a Yaundé: "Es el momento de cambiar, de transformar la historia de este país. Hoy y no mañana, ahora y no en el futuro". Como eco, se alzan entonces los aplausos de todo un pueblo que lo esperaba con esperanza, al igual que Jeannette, quien confiaba entre la multitud que "si las cosas no cambian en Bamenda, no hay futuro para nuestros hijos".

Anna Kurian, Aleteia





Evangelio del día - Sábadode la 2a. Semana de Pascua


 

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 

Hechos 6, 1-7

En aquellos días, como aumentaba mucho el número de los discípulos, hubo ciertas quejas de los judíos griegos contra los hebreos, de que no se atendía bien a sus viudas en el servicio de caridad de todos los días.

Los Doce convocaron entonces a la multitud de los discípulos y les dijeron: “No es justo que, dejando el ministerio de la palabra de Dios, nos dediquemos a administrar los bienes. Escojan entre ustedes a siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a los cuales encargaremos este servicio. Nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra”.

Todos estuvieron de acuerdo y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Pármenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles, y éstos, después de haber orado, les impusieron las manos.

Mientras tanto, la palabra de Dios iba cundiendo. En Jerusalén se multiplicaba grandemente el número de los discípulos. Incluso un grupo numeroso de sacerdotes había aceptado la fe.v

Evangelio del Día

Lectura del santo evangelio según san Juan 

Juan 6, 16-21

Al atardecer del día de la multiplicación de los panes, los discípulos de Jesús bajaron al lago, se embarcaron y empezaron a atravesar hacia Cafarnaúm. Ya había caído la noche y Jesús todavía no los había alcanzado. Soplaba un viento fuerte y las aguas del lago se iban encrespando.

Cuando habían avanzado unos cinco o seis kilómetros, vieron a Jesús caminando sobre las aguas, acercándose a la barca, y se asustaron. Pero él les dijo: “Soy yo, no tengan miedo”. Ellos quisieron recogerlo a bordo y rápidamente la barca tocó tierra en el lugar a donde se dirigían.

Las palabras de los Papas

Detrás del caminar sobre las aguas hay un mensaje no inmediato, un mensaje para que acojamos nosotros. De hecho, en aquella época las grandes extensiones de agua eran consideradas sedes de fuerzas malignas no dominables por el hombre; especialmente si eran agitadas por la tempestad, los abismos eran símbolo del caos y hacían referencia a las oscuridades de los infiernos. Entonces, los discípulos se encontraban en el medio del lago en la oscuridad: en ellos está el miedo de ahogarse, de ser absorbidos por el mal. Y aquí llega Jesús, que camina sobre las aguas, es decir por encima de las fuerzas del mal, (…)  Es todo un mensaje que Jesús nos da. Este es el sentido del signo: los poderes malignos, que nos asustan y no logramos dominar, con Jesús se redimensionan inmediatamente. Él, caminando sobre las aguas, quiere decirnos: “no temas, yo pongo bajo los pies a tus enemigos” - bonito mensaje: “yo pongo bajo los pies a tus enemigos” -: ¡no las personas!, no son esos los enemigos, sino la muerte, el pecado, el diablo: estos son los enemigos de la gente, nuestros enemigos. Y Jesús estos enemigos los pisa por nosotros. Cristo hoy repite a cada uno de nosotros: “¡Animo, soy yo, no temas!”. Ánimo, es decir, porque estoy yo, porque ya no estás solo en las aguas agitadas de la vida. (Papa Francisco, Angelus, 13 de agosto de 2023)

Reflexión sobre el grabado

Hay algo en todos nosotros que anhela “el otro lado”. Pensamos que la hierba es más verde en el otro lado. Queremos explorar nuevas orillas... y eso puede inquietarnos. Como los discípulos que cruzaron el Mar de Galilea, sentimos que no estamos destinados a quedarnos donde estamos; nos sentimos atraídos hacia adelante, llamados, invitados a una nueva orilla. Y, sin embargo, en el momento en que nos ponemos en camino, las aguas rara vez están tranquilas. Se levantan vientos. El mar se agita. Se cierne la oscuridad. Cada nuevo paso, cada nueva vocación, cada nuevo trabajo, cada nueva casa a la que nos mudamos, cada cambio parece traer consigo resistencia, incertidumbre, incluso miedo. por un lado estamos entusiasmados, pero por otro tenemos miedo.

Es precisamente ahí, en medio de la lucha, en medio de los cambios, donde viene Cristo. No cuando todo está en calma, sino cuando las olas están altas. No en el resplandor de la certeza, sino en la oscuridad de la noche. Viene hacia nosotros y pronuncia esas mismas palabras tranquilas: “Soy yo. No temas”. Y de algún modo, cuando reconocemos Su presencia y nos damos cuenta de que ya está en la tormenta con nosotros, todo el viaje cambia. La distancia se acorta. La orilla lejana ya no parece inalcanzable. Quizá el objetivo de las tormentas nunca fue simplemente llegar... sino descubrir que Él está con nosotros a cada paso del camino.

El grabado coloreado a mano de Gustave Doré, hacia 1870, imagina la escena desde el punto de vista del propio Cristo: desde cerca de la orilla. Ve a lo lejos la pequeña barca de los discípulos y se pone a caminar sobre las aguas. Y sin embargo, después de haber estado yo mismo junto al mar de Galilea, de sólo unos 21 km de largo y 13 km de ancho, uno se da cuenta de lo ligeramente extraña que es la lectura de hoy. El mar de Galilea no es un océano. En ningún momento estás realmente lejos de la tierra. Y aun así... los discípulos entraron verdaderamente en pánico. Esto nos dice quizá algo interesante: incluso en un lago pequeño, el miedo puede parecer inmenso. Incluso cuando la orilla está cerca, puede parecer fuera de nuestro alcance. Incluso los acontecimientos más pequeños de nuestra vida pueden inquietarnos, haciéndonos sentir como si estuviéramos atrapados en una tormenta en el mar, cuando en realidad, la orilla está más cerca de lo que pensamos. Los discípulos estaban cerca de la seguridad y, sin embargo, abrumados. Y es precisamente ahí, en esa brecha entre la realidad y el miedo, donde Cristo los ve... y viene hacia ellos... y hacia nosotros.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

"Amado Dios, vengo ante Ti con humildad y un corazón lleno de esperanza. Señor, Tú que eres mi Creador y mi Padre misericordioso, te confío todas mis preocupaciones y esos pensamientos que perturban mi mente.
Dame la fuerza para soltar, para ya no querer controlarlo todo, y para rendirme a Tu plan perfecto. Cuando la oscuridad me rodee y no vea una solución inmediata, ayúdame a confiar en Ti, a creer que Tú abres un camino donde yo no puedo verlo.
Quita de mi corazón y de mi mente todo lo que está causando miedo e impotencia. Renuevo mi fe en que Tú tienes el control de todo. Gracias porque en Tus brazos estoy a salvo. Amén".