La música es medio de encuentro con Dios, nos inspira en los
momentos de oración personal y comunitaria. Escuchar una canción a Dios nos
dispone a su presencia en medio de nuestras labores cotidianas para poder tomar
decisiones, encontrar la calma o simplemente poder escucharlo.
“La música puede abrir las mentes y los corazones a la
dimensión del espíritu y lleva a las personas a levantar la mirada hacia lo
Alto, a abrirse al Bien y a la Belleza absolutos, que tienen en Dios su fuente
última” (Benedicto XVI).
Hoy te traemos 7 canciones al Espíritu Santo que son una
oportunidad para el encuentro con Dios.
“Ven Espíritu Divino”- Coro Misión País
Es un canto inspirado en la secuencia al Espíritu Santo,
perfecta para disponernos a la oración y al discernimiento.
“Ven Espíritu Santo” - Martín Valverde
La letra es una súplica para que el Espíritu Santo
descienda. Habla de pedir luz, consuelo y guía interior, especialmente en
momentos de debilidad espiritual.
“Espíritu Santo” - Athenas
Es una delicada y sencilla canción, ideal para momentos de
silencio y de oración personal.
"Espíritu Santo ven a mí” - Alfareros
Es una oración personal de apertura. Habla de dejar que el
Espíritu transforme nuestra vida, cambie el corazón y nos ayude a vivir según
la voluntad de Dios.
“Ven Espíritu de Dios” - Kairy Márquez
La letra de esta hermosa canción gira en torno a la
renovación espiritual. Pide que el Espíritu sane nuestras heridas, fortalezca
nuestra fe y renueve nuestra esperanza en medio de dificultades.
“Ruah” - Hakuna Group Music
La letra es una oración para que Dios derrame su Espíritu
sobre cada uno de nosotros y encienda hoy en nuestros corazones ese mismo
fuego de amor.
“Sopla” - Son by Four
Un bonito canto que pide la acción del Espíritu Santo en
nuestros corazones para que sople fuerte enviando sus dones y nos permita vivir
llenos de su amor, consuelo y paz.
San Agustín nos decía que "cantar es propio de quien
ama", permitamos que estas canciones se conviertan para nosotros en
muestra de nuestro deseo de amar más a Dios y a su Espíritu Santo.
Plaza de San Pedro
Domingo de Pentecostés, 24 de mayo de 2026
________________________________________
Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
En esta solemnidad
de Pentecostés estamos llamados a contemplar el don del Espíritu
Santo, derramado en abundancia sobre la Iglesia naciente y, hoy, nuevamente
dispensado a sus miembros, como luz y fuerza que los acompaña en cada momento
de la vida.
Podemos detenernos en una imagen del Espíritu que nos da la
liturgia de hoy: el Espíritu abre las puertas. En efecto, el
Evangelio nos dice que estaban «cerradas las puertas del lugar donde se
encontraban los discípulos, por temor a los judíos» (Jn 20,19) y,
al mismo tiempo, el libro de los Hechos de los Apóstoles nos narra que el
Espíritu llegó como una ráfaga de viento (cf. Hch 2,2), que
abriendo las puertas impulsó a los discípulos a salir a anunciar la Buena
Noticia de Cristo resucitado.
Hoy también nos podemos preguntar: ¿qué puertas abre
el Espíritu Santo?
La primera puerta es la del mismo Dios, en el sentido en que
nos abre el acceso al misterio de Dios, así como se ha revelado en Jesucristo.
Con el don de su Espíritu, Dios nos concede la verdadera fe, nos hace
comprender el sentido de las escrituras, se nos muestra cercano y nos permite
participar de su misma vida. El Espíritu Santo nos ayuda a tener una
experiencia de Dios personal; a encontrarlo en Jesús y no sólo en la
observancia de una ley; a reconocerlo en nosotros y a descubrir los signos de
su presencia en la vida ordinaria.
La segunda puerta es la del cenáculo, es decir de la
Iglesia. Sin el fuego del Espíritu, la Iglesia permanece prisionera del miedo,
temerosa ante los desafíos del mundo, cerrada en sí misma y por tanto también
incapaz de entrar en diálogo con los tiempos que cambian. El Espíritu abre las
puertas de la Iglesia para que pueda acoger y recibir a todos, incluso a
aquellos que le han cerrado las puertas a Dios, a los demás, a la esperanza, a
la alegría de vivir. Como recordaba el Papa Francisco,
estamos llamados a ser «una Iglesia que bendice y anima […] Iglesia con las
puertas abiertas para todos» (Homilía
de la Misa de apertura de la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los
Obispos, 4 octubre 2023).
Por último, el Espíritu Santo abre las puertas de nuestros
corazones, ayudándonos a vencer las resistencias, los egoísmos, las
desconfianzas y los prejuicios, y haciéndonos capaces de vivir como hijos de
Dios y hermanos entre nosotros. En donde está el Espíritu del Señor nace la
fraternidad entre las personas, los grupos, los pueblos de la tierra, y todos
hablan el único lenguaje del amor, que une y armoniza las diferencias.
Hermanos y hermanas, incluso en nuestros días, especialmente
en este día de Pentecostés, debemos invocar al Espíritu Santo, para que abra
todas las puertas que aún permanecen cerradas. Necesitamos redescubrir a Dios
como Padre que nos ama; edificar una Iglesia en donde todos se sientan en casa;
y hacer crecer un mundo fraterno en el que reine la paz entre todos los
pueblos.
Como los primeros discípulos, nos confiamos a la intercesión
de la Virgen María, Morada del Espíritu Santo y Madre de la Iglesia.
_____________________
Después del Regina Caeli
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy se celebra la Jornada de Oración por la Iglesia en
China, en la memoria litúrgica de la Bienaventurada Virgen María Auxilio de los
cristianos, venerada con grandísima devoción en el santuario de Sheshan, en
Shanghái. Unamos nuestra oración a la de los católicos chinos, como signo de
nuestro afecto por ellos y de su comunión con la Iglesia universal y con el
Sucesor de Pedro. Que la intercesión de la Reina del Cielo obtenga para la
comunidad creyente en China la gracia de la unidad y conceda a todos la fuerza
para dar testimonio del Evangelio en las dificultades cotidianas, para ser
semilla de esperanza y de paz. En particular, invoco la paz eterna para las
víctimas del accidente ocurrido en días pasados en una mina en el norte de
China.
A María Santísima, Auxilio de los cristianos, confiamos
también las comunidades cristianas de Tierra Santa, del Líbano y de todo
Oriente Medio, que sufren a causa de la guerra.
Y ahora dirijo mi saludo a todos ustedes, fieles de Roma y
peregrinos de diversos países.
En particular, saludo al grupo de personas con discapacidad
procedentes de Polonia; así como a los peregrinos que han venido en bicicleta
desde Kelmis, en Bélgica. ¡Felicidades!
Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar.
De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban.
Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos.
Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse.
Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo.
Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua.
Con gran admiración y estupor decían: "¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos?
¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua?
Partos, medos y elamitas, los que habitamos en la Mesopotamia o en la misma Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia Menor,
en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma,
judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios".
Salmo 104(103),1ab.24ac.29bc-30.31.34.
Señor, envía tu Espíritu y renueva la faz de la tierra.
¡Bendice al Señor, alma mía:
¡Señor, Dios mío, qué grande eres!
¡Qué variadas son tus obras, Señor!
la tierra está llena de tus criaturas!
Si les quitas el aliento,
expiran y vuelven al polvo.
Si envías tu aliento, son creados,
y renuevas la superficie de la tierra.
¡Gloria al Señor para siempre,
alégrese el Señor por sus obras!
que mi canto le sea agradable,
y yo me alegraré en el Señor.
Carta I de San Pablo a los Corintios 12,3b-7.12-13.
Hermanos:
Nadie puede decir: «Jesús es el Señor», si no está impulsado por el Espíritu Santo.
Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu.
Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor.
Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos.
En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común.
Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo.
Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo -judíos y griegos, esclavos y hombres libres- y todos hemos bebido de un mismo Espíritu.
Evangelio según San Juan 20,19-23.
Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!".
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes".
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo.
Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan".
El Espíritu descendió sobre los apóstoles para revestirlos de su poder y bautizarlos. Dice el Señor: «Ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días» (Hech 1,5). No es que la gracia sea parcial, ya que es una fuerza íntegra y de poder absoluto. Así como el que es bautizado por inmersión queda rodeado de agua por todas partes, así los apóstoles, bautizados en el Espíritu se encontraron totalmente inmersos en él. Además, el agua se derrama de modo externo al cuerpo, pero el Espíritu penetra y bautiza al alma escondida en lo íntimo, sin que nada se excluya.
¿De qué te asombras? Toma un ejemplo de la materia (…). El fuego, al penetrar en el interior del hierro, todo lo convierte en fuego y hace que hierva el metal frío, comenzando así a brillar lo que era negro y oscuro. Si el fuego, una realidad material, al introducirse en el interior del hierro, actúa ahí sin encontrar obstáculos, ¿por qué te asombra que el Espíritu Santo penetre en el interior del alma? (…) Y «llenó toda la casa en la que se encontraban» (Hech 2,2). Aquella casa se convirtió en el receptáculo de una onda mística. Los discípulos estaban sentados en el interior y se llenó toda la casa. Fueron bautizados, «sumergidos» totalmente según la promesa (cf. Hech 1,5). Se revistieron en el alma y en el cuerpo de una vestidura divina salvífica.
«Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo» (Hech 2,3). (…) Recibieron un fuego que no abrasaba, sino que era salvífico y destruyendo las espinas de los pecados, devolvió al alma su brillo y su esplendor. Él pronto habrá de venir sobre ustedes. Mientras suprime sus pecados, que son como espinas, hará resplandecer sus almas y les hará el don de la gracia, como entonces a los apóstoles. Se posó sobre ellos bajo la forma de lenguas de fuego, ciñendo sus cabezas con diademas espirituales en forma de lenguas de fuego. Antes, una espada de fuego impedía la entrada al paraíso (Gen 3,24). Ahora, una lengua de fuego de salvación devolvió la gracia.
(EDD)
Reflejo en la placa de
esmalte
Cuando salgo de la catedral
de Westminster por unos instantes, me encuentro con el mundo. Voces de
todos los continentes recorren las calles. Diferentes lenguas se
superponen en el aire. Rostros, culturas, historias y tradiciones de todo
el mundo se cruzan junto a las puertas de nuestra catedral. En efecto,
nuestras ciudades se han vuelto profundamente multiculturales, y en
ningún lugar es esto más visible que en las grandes urbes de todo el
mundo. Sin embargo, en muchos sentidos, esta realidad no es nueva. La
primera lectura de la fiesta de Pentecostés de hoy ya describe una escena
internacional notablemente similar. Jerusalén se llenó de peregrinos de
todo el mundo conocido: Partos, medos, elamitas; visitantes de
Mesopotamia, Capadocia, Egipto, Libia, Roma, Arabia y muchas otras
regiones que se mencionan en nuestra primera lectura. Aunque unidos por
su fe judía, hablaban lenguas diferentes y llevaban consigo identidades
culturales muy distintas, forjadas en tierras lejanas.
Sin embargo, algo
extraordinario sucede cuando el Espíritu Santo desciende sobre los
apóstoles. De repente, las divisiones que normalmente separan a las
personas empiezan a desaparecer. La multitud se asombra porque cada uno
escucha el mensaje proclamado en su propia lengua. El milagro de
Pentecostés no es que, de repente, todos hablen de forma idéntica, sino
que, en medio de sus diferencias, se hace posible una unidad más
profunda. El Espíritu Santo no borra la diversidad; la transfigura en
comunión. Voces diferentes se convierten en una sola proclamación.
Quizá sea ésta una de las
grandes lecciones de Pentecostés para nosotros hoy. Vivimos en un mundo
fragmentado, a menudo dividido por la política, la raza, la cultura, la
ideología y el miedo. Sin embargo, el Espíritu Santo sigue moviéndose
silenciosamente a través de la humanidad, uniendo a las personas de un
modo que el mundo por sí solo no puede lograr. La Iglesia misma está
llamada a ser una imagen viva de esta realidad de Pentecostés: muchas
naciones, muchas lenguas, muchas historias, pero una en Cristo.
Para la fiesta de Pentecostés
de hoy, nos fijamos en esta hermosa y pequeña placa medieval de esmalte.
La belleza resplandeciente de la obra se adapta perfectamente al
acontecimiento místico que representa. Mediante el uso del dorado y de
esmaltes de ricos colores colocados sobre una lámina de metal, toda la
superficie parece parpadear con la luz. Ese resplandor es apropiado para
Pentecostés, cuando el Espíritu Santo desciende sobre los apóstoles como
fuego divino. Lo que es especialmente inusual en esta representación es
que el Espíritu Santo no está representado en la forma familiar de una
paloma. En su lugar, vemos rayos de luz que fluyen hacia abajo desde la
mano de Dios que emerge de lo alto. Aquí, la gracia divina se derrama
hacia abajo como rayos que penetran en la oscuridad del mundo. Los
apóstoles están reunidos abajo, esperando, vulnerables, inseguros,
mientras los cielos se abren.
by Padre Patrick van der Vorst
Oración
Ven, Espíritu Creador, visita las almas de tus fieles llena con tu divina gracia, los corazones que creaste.
Tú, a quien llamamos Paráclito, don de Dios Altísimo, fuente viva, fuego, caridad y espiritual unción.
Tú derramas sobre nosotros los siete dones; Tú, dedo de la diestra del Padre; Tú, fiel promesa del Padre; que inspiras nuestras palabras.
Ilumina nuestros sentidos; infunde tu amor en nuestros corazones; y, con tu perpetuo auxilio, fortalece la debilidad de nuestro cuerpo.
Aleja de nosotros al enemigo, danos pronto la paz, sé nuestro director y nuestro guía, para que evitemos todo mal.
Por ti conozcamos al Padre, al Hijo revélanos también; Creamos en ti, su Espíritu, por los siglos de los siglos
Gloria a Dios Padre, y al Hijo que resucitó, y al Espíritu Consolador, por los siglos de los siglos. Amén.
Celebramos la fiesta de Pentecostés y es momento de revisar
cómo está nuestra relación con el Espíritu Santo, la tercera persona de la
Trinidad, quien anima nuestra vida y clama en nuestro interior al Padre para
hacernos cada vez más semejantes al Hijo.
Para poder recibirlo en nuestra vida, en el día de
Pentecostés, podemos empezar a aplicar estas prácticas en nuestra vida
cotidiana:
1) La alabanza y la gratitud
Quizá, lo que nos impide recibir gracias más abundantes de
Dios es simplemente no reconocer y agradecer las que ya nos ha concedido.
No hay duda de que si damos gracias a Dios con todo nuestro corazón por cada
gracia recibida, Él nos concederá aún más.
Santa Teresa de Lisieux nos dice: “Lo que más atrae
las gracias de Dios es la gratitud, pues si le agradecemos un bien, se conmueve
y se apresura a concedernos diez más, y si se las agradecemos con la misma
efusión ¡qué incalculable multiplicación de gracias! Yo tengo la experiencia,
inténtalo y lo verás. Mi gratitud por todo lo que me da no tiene límites, y se
lo demuestro de mil maneras”.
La alabanza nos dispone a recibir las mociones del Espíritu
Santo. Expresar nuestro amor y devoción hacía Dios permite a nuestro espíritu
estar más atento para reconocer todo lo que viene de Él.
Por eso, no dejemos de agradecer y alabar en momentos
especiales, ante decisiones importantes, cuando estemos bien, o cuando nuestra
vida se estanque.
2) Estar decididos a no negar nada a Dios
Que haya en nosotros una firme y constante determinación de
hacer lo que Dios nos pide en todas las cosas, grandes o pequeñas. Sabemos que,
por nuestra fragilidad, es evidente que no seremos capaces de obedecer en todo
a Dios; sin embargo, apoyados en la oración podemos estar firmemente decididos
a no descuidar ninguno de los deseos que Dios tiene para nuestra vida.
Es importante mantenernos en su presencia para no permitir
que el demonio se valga de estos esfuerzos para turbarnos con inquietudes o
para descorazonarnos cuando caemos.
3) Vivir una obediencia filial y confiada
Aceptar por amor de Dios todas las ocasiones legítimas que
se nos ofrecen para vivir la obediencia en nuestra vida. Estar dispuestos a
renunciar a nuestra propia voluntad, ideas, gustos, aficiones, por amor a Dios.
Estar atentos a las inspiraciones del Espíritu en nuestra
vida permitirá que nos mantengamos dispuestos a amar, a cumplir los
mandamientos, las enseñanzas de la Iglesia, las exigencias propias de nuestra
vocación y de nuestra vida cotidiana.
4) Vivir el abandono
Los acontecimientos de la vida son un lugar seguro para
descubrir la voluntad de Dios. Muchas veces, el Señor nos habla a través de los
contextos más cotidianos. Si Dios nos ve dóciles a los acontecimientos; capaces
de aceptar serena y amorosamente lo que nos "imponen" las
circunstancias de la vida con un espíritu de confianza filial, no habrá duda de
que hablará a nuestro corazón a través de su Espíritu.
Y, al contrario, si persistimos en rebelarnos y endurecernos
ante las contrariedades, esta desconfianza no permitirá que el Espíritu Santo
guíe nuestra vida. Con frecuencia, lo que más dificulta nuestro camino de
santidad es nuestra resistencia para aceptar plenamente todo lo que nos sucede.
Santa Teresita decía: "Quiero todo lo que me
contraría". Exteriormente esto no cambia en nada la situación,
pero interiormente lo transforma todo: esa aceptación, inspirada por el amor,
nos hace libres y permite a Dios sacar un bien de todo lo que nos sucede, tanto
de lo bueno como de lo malo.
Lluvia de pétalos por Pentecostés en el Panteón en Roma, símbolo del Espíritu Santo como lenguas de fuego
Si el Espíritu Santo tiene una fiesta a lo largo del año donde es el gran protagonista esa no es otra que Pentecostés. Pero, ¿qué se celebra este día, qué pasajes evangélicos hacen referencia a esta celebración y qué significado tiene hoy para los cristianos?
Índice de temas sobre esta fiesta
¿Qué se celebra en Pentecostés?
¿En qué fechas tiene lugar?
¿Cuál es su trasfondo histórico?
¿En qué parte de la Biblia se habla de Pentecostés?
¿Qué papel tiene el Espíritu Santo en Pentecostés?
¿Qué importancia tiene para los cristianos Pentecostés?
¿Qué tradiciones se asocian a esta fiesta?
¿Qué se celebra en Pentecostés?
En Pentecostés, del griego ‘pentēkostḗ’, que significa ‘quincuagésimo’, se celebra la reunión de los discípulos y la Virgen María en el Cenáculo de Jerusalén para recibir el Espíritu Santo. Esta fiesta está considerada el punto culminante del tiempo de Pascua y la tercera en importancia del calendario litúrgico cristiano, después de la Vigilia Pascual y de la Navidad.
Durante Pentecostés, además, se celebra la consagración de la propia Iglesia y el inicio de la misión de ésta en la tierra. Una de las liturgias más importantes a lo largo del año es, precisamente, la Vigilia de Pentecostés, que se celebra ese día en todos los templos y lugares de culto del orbe católico.
¿En qué fechas tiene lugar?
La fiesta de Pentecostés es una festividad móvil en el calendario, ya que depende de en qué fechas se celebra la Semana Santa. Sin embargo, como indica su propio nombre, su celebración es siempre cincuenta días después de la Vigilia de Pascua, y diez días después del jueves de la Ascensión, aunque en la actualidad la partida de Jesús al cielo se celebra justo el domingo anterior a Pentecostés.
Nueve días antes de la fiesta de Pentecostés, además, comienza la Novena en honor al Espíritu Santo. Se trata de la más "antigua" de todas, ya que se rezó por primera vez cuando Jesús envió a sus apóstoles de regreso a Jerusalén para celebrar el primer Pentecostés. Esta Novena sigue siendo la única prescrita oficialmente por la Iglesia.
¿Cuál es su trasfondo histórico?
La celebración que hoy conocen todos los cristianos como Pentecostés está muy vinculada a la fiesta judía de Shavuot, o también llamada Fiesta de las semanas, De las cosechas o Día de los primeros frutos. Esta festividad tiene lugar cincuenta días después de la noche de Pésaj y celebra la entrega de la Ley (mandamientos) por parte de Dios al pueblo de Israel.
Sin embargo, en sus orígenes esta fiesta no tenía un carácter religioso sino agrícola. Los judíos celebraban la recolección y era un día de regocijo en el que se ofrecían a Dios las primicias de lo producido por la tierra.
La Fiesta de las Semanas debía festejarse siete semanas después de que se empezase la primera labor de la siega, y se trataba, por tanto, de una celebración cuya fecha dependía del ritmo que tuviera la agricultura ese año.
¿En qué parte de la Biblia se habla de Pentecostés?
La fiesta de Pentecostés se relata en la Biblia en el Nuevo Testamento, concretamente, en el capítulo dos del libro de los Hechos de los Apóstoles.
El pasaje bíblico de la venida del Espíritu Santo es el siguiente:
"Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse" (Hechos de los Apóstoles, 2: 1-4).
¿Qué papel tiene el Espíritu Santo en Pentecostés?
El papel del Espíritu Santo, una de las tres personas de la Santísima Trinidad, durante Pentecostés fue anunciado por el propio Cristo antes de morir y resucitar: "Y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito (forma de llamar al Espíritu Santo, que significa "consolador"), para que esté con vosotros para siempre" (Jn 14,16).
El Espíritu Santo es el gran protagonista de la fiesta de Pentecostés y su venida es uno de los fundamentos de la fe. En la liturgia se representa con el color rojo en las vestiduras y ornamentos.
El obispo de Huelva con los romeros en la Misa de Pentecostés del Rocío de 2025DIÓCESIS HUELVA
Para el propio San Juan el papel del Espíritu Santo, gracias a Pentecostés, es el siguiente: "El Espíritu Santo prepara a los hombres, los previene por su gracia, para atraerlos hacia Cristo. Les manifiesta al Señor resucitado, les recuerda su palabra y abre su mente para entender su Muerte y su Resurrección. Les hace presente el misterio de Cristo, sobre todo en la Eucaristía para reconciliarlos, para conducirlos a la comunión con Dios, para que den mucho fruto" (Jn 15, 5. 8. 16).
Pero la venida del Espíritu Santo no solo es importante a título personal, sin su acción tampoco existiría la propia Iglesia. Como explicó San Juan Pablo II en la Audiencia General del miércoles 30 de enero de1991, el Espíritu Santo tendrá un papel clave en la transubstanciación del pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Jesucristo durante la Eucaristía. Así como en el Bautismo, donde el Espíritu Santo desciende sobre los catecúmenos. Para los creyentes, por tanto, a partir de Pentecostés, todos los sacramentos y actos que realice la Iglesia llevarán el sello de la acción del Espíritu Santo.
Por último, mediante el Espíritu Santo el espíritu del cristiano se perfecciona gracias a los dones y frutos que este otorga.
Los dones que concede el Espíritu Santo son: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.
Mientras que los frutos del Espíritu Santo son los siguientes: caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia y castidad.
¿Qué importancia tiene Pentecostés?
En Pentecostés se celebra, aparte de la venida del Espíritu Santo, el comienzo de la misión evangelizadora de la propia Iglesia, que se realiza por el poder del Espíritu.
"Con su venida, que no cesa, el Espíritu Santo hace entrar al mundo en los 'últimos tiempos', el tiempo de la Iglesia, el Reino ya heredado, pero todavía no consumado", afirma el Catecismo de la Iglesia Católica sobre la importancia de Pentecostés.
Es, precisamente, el Espíritu Santo el que dota a la Iglesia de ese dinamismo misionero tan característico. Pentecostés es esa 'primera materia' desde la cual comienza a expandirse la Iglesia por el mundo entero. Y, es, esto mismo, lo que pide Jesús antes de irse: "Vayan a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos; bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo" (Mateo 28:19).
La importancia de Pentecostés para un cristiano es, principalmente, poder recibir el Espíritu Santo. Según la teología cristiana, será a partir de Pentecostés cuando los creyentes cuenten en la figura del Espíritu Santo con un "consolador" que los acompañe y un "abogado" que los defienda. Su presencia, además, estará siempre detrás de cada acción que tome la Iglesia en la tierra y será su gracia la que la lleve a expandirse por el mundo.
El Panteón de Roma se llena de pétalos para celebrar Pentecostés con gran alegría (vídeo de 2018).
Creyentes de los cinco continentes celebran cada año la fiesta de Pentecostés, y para ello no dudan en cumplir con bellas y originales tradiciones. En Italia, por ejemplo, es costumbre esparcir pétalos de rosas desde el techo de las iglesias para conmemorar las lenguas de fuego.
En Francia, en cambio, es habitual escuchar el toque de trompetas, como si del viento que provocó la venida del Espíritu Santo se tratara.
En Inglaterra, que suelen llamar a la fiesta "Whitsunday" (Domingo Blanco), por las prendas blancas de los recién bautizados, las carreras de caballos son las grandes protagonistas de esta jornada.
Para la fiesta de Pentecostés, los rusos llevan flores y ramas verdes en sus manos.
Muchos pueblos de España también cuentan con numerosos festejos durante este día. La celebración más famosa es la multitudinaria romería a caballo que se realiza en la aldea de Almonte (Huelva) a la Virgen de El Rocío.
Cabe destacar, además, que en varios países y ciudades el lunes después de Pentecostés no se trabaja (por ejemplo, en Barcelona y su área metropolitana, o en Bélgica, Francia, Holanda o Suiza). Es la fiesta de Lunes de Pentecostés o de Segunda Pascua.
Aquí podemos ofrecerle sólo unos cuantos aspectos de las mil maravillas de la Santa Misa
Misa por encima de todo.
No hay novena ni triduo que se pueda comparar a la eficacia impetratoria de una sola Misa. ¡Cuánta desorientación entre los fieles en torno al valor objetivo de las cosas! Lo que no obtengamos con la Santa Misa, jamás lo obtendremos con ningún otro procedimiento. Está muy bien el empleo de esos otros procedimientos bendecidos y aprobados por la Iglesia; es indudable que Dios concede muchas gracias a través de ellos; pero coloquemos cada cosa en su lugar. La Misa por encima de todo.
P. Antonio Royo Marín op
Hagamos todo lo posible para asisitir a la Santa Misa diariamente.
Haz, pues, todos los esfuerzos posibles para asistir todos los días a la santa Misa, con el fin de ofrecer, con el sacerdote, el sacrificio de tu Redentor a Dios, su Padre, por ti y por toda la Iglesia.
San Francisco de Sales, Doctor de la Iglesia
En cada Santa Misa recibimos bienes inestimables.
Cada Santa Misa disminuye la fuerza de nuestras pasiones pecaminosas.
Cada Santa Misa anima a obrar bien y aumenta la castidad.
Cada Santa Misa hace más grande nuestro amor a Dios y al prójimo.
Cada Santa Misa nos comunica fuerza para sufrir con paciencia las adversidades.
Santo Tomás de Aquino op, Doctor de la Iglesia
Santa Misa es la escuela del amor.
La Santa Misa es la escuela en donde los católicos tienen que aprender a amar. Jesús nos da ejemplo. Nadie ama al Padre como Jesús en la Santa Misa. Nadie ama a los hombres como Jesús en la Santa Misa.
R.P. Carlos Miguel Buela IVE
¡Mi Misa es mi vida, y mi vida es una Misa prolongada!
¡Qué horizontales se abren aquí a la vida cristiana! La Misa centro de todo el día y de toda la vida. Con la mira puesta en el sacrificio eucarístico, ir siempre atesorando sacrificios que consumar y ofrecer en la Misa!
¡Mi Misa es mi vida, y mi vida es una Misa prolongada!
San Alberto Hurtado
Jesús en la Santa Misa es el mismo y único de siempre.
El Cristo eucarístico se identifica con el Cristo de la historia y el de la eternidad. No hay dos Cristos sino uno solo. Nosotros poseemos en la Hostia al Cristo del sermón de la montaña, al Cristo de la Magdalena, al que descansa junto al pozo de Jacob con la samaritana, al Cristo del Tabor y del Getsemaní, al Cristo resucitado de entre los muertos y sentado a la diestra del Padre. No es un Cristo el que posee la Iglesia en la tierra y otro el que contemplan los bienaventurados en el cielo: ¡Una sola Iglesia, un solo Cristo!
San Alberto Hurtado
Tú, ante el asombro de toda la creación, engendraste a tu Creador.
El título de Madre de Dios es, juntamente con el de Virgen santa, el más antiguo y constituye el fundamento de todos los demás títulos con los que María ha sido venerada y sigue siendo invocada de generación en generación, tanto en Oriente como en Occidente. Al misterio de su maternidad divina hacen referencia muchos himnos y numerosas oraciones de la tradición cristiana, como por ejemplo una antífona mariana del tiempo navideño, el Alma Redemptoris Mater, con la que oramos así: "Tu quae genuisti, natura mirante, tuum sanctum Genitorem, Virgo prius ac posterius", "Tú, ante el asombro de toda la creación, engendraste a tu Creador, Madre siempre virgen"...
Ella es madre porque engendró en la carne a Jesús; y lo es porque se adhirió totalmente a la voluntad del Padre. San Agustín escribe: "Ningún valor hubiera tenido para ella la misma maternidad divina, si no hubiera llevado a Cristo en su corazón, con una suerte mayor que cuando lo concibió en la carne"
Benedicto XVI
Participando en la Santa Misa somos cristificados.
Cuando participamos de la Eucaristía experimentamos la espiritualización deificante del Espíritu Santo, que no sólo nos configura con Cristo, como sucede en el Bautismo, sino que nos cristifica por entero, asociándonos a la plenitud de Cristo Jesús.
Libro de los Hechos de los Apóstoles 28,16-20.30-31.
Cuando llegamos a Roma, recibió autorización para alojarse en una casa particular con un soldado que lo custodiara.
Tres días después convocó a los judíos principales, y cuando se reunieron les dijo: "Hermanos, sin haber hecho nada contra el pueblo ni contra las costumbres de nuestros padres, fui arrestado en Jerusalén y puesto en manos de los romanos.
Después de interrogarme, quisieron dejarme en libertad, porque no encontraban en mí nada que mereciera la muerte;
pero ante la oposición de los judíos, me vi obligado a apelar al Emperador, sin querer por esto acusar en nada a mi pueblo.
Por eso he querido verlos y hablarles, ya que a causa de la esperanza de Israel llevo estas cadenas".
Pablo vivió dos años enteros por sus propios medios, recibiendo a todos los que querían verlo,
proclamando el Reino de Dios, y enseñando con toda libertad y sin encontrar ningún obstáculo, lo concerniente al Señor Jesucristo.
Salmo 11(10),4.5.7.
Los que son rectos verán tu rostro, Señor.
El Señor está en su santo Templo,
el Señor tiene su trono en el cielo.
Sus ojos observan el mundo,
sus pupilas examinan a los hombres.
El Señor examina al justo y al culpable,
y odia al que ama la violencia.
Porque el Señor es justo y ama la justicia,
y los que son rectos verán su rostro.
Evangelio según San Juan 21,20-25.
Pedro, volviéndose, vio que lo seguía el discípulo al que Jesús amaba, el mismo que durante la Cena se había reclinado sobre Jesús y le había preguntado: "Señor, ¿quién es el que te va a entregar?".
Cuando Pedro lo vio, preguntó a Jesús: "Señor, ¿y qué será de este?".
Jesús le respondió: "Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa? Tú sígueme".
Entonces se divulgó entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría, pero Jesús no había dicho a Pedro: "El no morirá", sino: "Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa?".
Este mismo discípulo es el que da testimonio de estas cosas y el que las ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero.
Jesús hizo también muchas otras cosas. Si se las relata detalladamente, pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que se escribirían.
Benedicto XVI papa 2005-2013 Audiencia general del 9/8/06
La enseñanza del apóstol san Juan
Si hay una característica que sobresale en los escritos de san Juan, es el amor… Ciertamente que Juan no es el único autor de los orígenes cristianos que habla del amor. Siendo el amor, constitutivo y esencial al cristianismo, todos los autores del Nuevo Testamento, hablan de él, si bien que con acentos diversos. Si nos tomamos un tiempo para reflexionar sobre este tema en san Juan, es porque él nos trazó, con insistencia y de manera incisiva, las líneas principales. Nos remitimos, pues, a sus palabras.
Una cosa es cierta: san Juan no ha hecho un tratado abstracto, filosófico o incluso teológico, sobre qué es el amor. No, Juan no es un teórico. En efecto, el verdadero amor, por su misma naturaleza, no es nunca puramente especulativo, sino que está en referencia directa, concreta y verificable, a unas personas reales. Pues bien, Juan, en tanto que apóstol y amigo de Jesús, nos hace ver cuales son los componentes, o mejor, las fases del amor cristiano.
El primer componente concierne a la fuente misma del amor, que el apóstol Juan sitúa en Dios, llegando a afirmar que “Dios es amor” (1Jn 4,16). Juan es el único autor del Nuevo Testamento que nos da una especie de definición de Dios. Dice, por ejemplo, que “Dios es Espíritu” (Jn 4,24), o que “Dios es luz” (1Jn 1,15). Aquí, por una intuición fulgurante, proclama que “Dios es amor”. Remarquémoslo bien: no ha afirmado simplemente que “Dios ama” y, menos aún, que “el amor es Dios”. En otras palabras, Juan no se limita a describir el actuar divino, sino que remonta hasta sus raíces. Además, no quiere atribuir una cualidad divina a un amor genérico y, tal vez, impersonal. No se remonta hasta el amor de Dios, sino que se vuelve directamente hacia Dios para definir su naturaleza a través de la dimensión infinita del amor. Por aquí, Juan quiere decir que el constitutivo esencial de Dios es el amor, y que, por consiguiente, toda la actividad de Dios nace del amor y está marcada por el amor. Todo lo que Dios hace, lo hace por amor y con amor, incluso si nosotros no podamos comprender inmediatamente que es amor, verdadero amor.
(EDD)
Reflexión sobre la capilla
La lectura del Evangelio de
hoy nos ofrece los versículos finales del Evangelio de Juan, el cuarto y
último Evangelio que se escribió, del que hemos estado leyendo durante
las últimas siete semanas del tiempo de Pascua. Siempre me han conmovido
profundamente las líneas finales. Al final del Evangelio de Juan, el
evangelista nos recuerda que Jesús hizo mucho más de lo que jamás podría
quedar registrado por escrito. El Evangelio que tenemos en nuestras manos
nos ofrece una visión profunda de Cristo y, sin embargo, el escritor
admite humildemente que lo que se ha escrito es sólo un atisbo de la
plenitud de lo que Jesús es en realidad. Es casi como si el propio
lenguaje alcanzara su límite ante el misterio de Cristo. Bien, pues así
es como debe ser. Después de todo lo que se dice, se canta, se escribe,
se pinta, nos encontramos ante el misterio de Cristo. Y quizá podría
decirse lo mismo de los cuatro Evangelios. Juntos nos revelan a Cristo
con extraordinaria belleza y verdad, pero no agotan el misterio de su persona.
Hace poco, un amigo mío
hablaba del lugar donde trabaja desde hace más de veinte años.
Reflexionando sobre sus compañeros de trabajo, me dijo de repente: “Hay
mucho más en mí de lo que ellos pueden ver”. Esas palabras se me quedaron
grabadas. En cierto modo, se hacen eco del sentimiento expresado al final
del Evangelio de hoy. San Juan se da cuenta de que ningún relato escrito
podrá jamás contener plenamente la profundidad de lo que es Cristo.
Siempre hay más allá de lo que se puede ver o describir. Y tal vez lo
mismo sea cierto, en menor medida pero no por ello menos cierto, para
toda persona humana. Nos pasamos gran parte de la vida viendo sólo
fragmentos de los demás: los roles externos, las conversaciones
superficiales, los éxitos o fracasos visibles. Sin embargo, bajo cada
rostro humano se esconde una profundidad de recuerdos, heridas,
esperanzas, miedos, anhelos y oraciones silenciosas que los demás tal vez
nunca lleguen a conocer del todo. Si realmente hemos sido creados a
imagen y semejanza de Dios (¡que lo somos!), entonces cada ser humano
lleva dentro algo del misterio de Dios mismo. Ninguna persona puede
reducirse enteramente a lo que aparece en la superficie.
A lo largo de la historia,
los artistas se han enfrentado a uno de los mayores retos imaginables:
¿cómo pintar este misterio divino? ¿Cómo hacer visible el misterio
invisible? Dios está más allá del color, más allá de la forma, más allá
de la plena comprensión humana. Sin embargo, a lo largo de los siglos,
los artistas han intentado hacer visible algo de la realidad invisible de
Dios. Algunos recurrieron a la luz que inunda la oscuridad. Otros
utilizaron fondos dorados para sugerir la eternidad. Algunos pintaron
gestos de ternura, silencio o sacrificio para insinuar el amor divino. El
arte sacro, en su nivel más profundo, no es mera ilustración; es un
intento de pintar una ventana hacia el misterio.
Curiosamente, algunos
artistas modernos llegaron a creer que cuanto más se alejaba el arte de
la representación literal, más se acercaba al misterio en sí mismo. En
lugar de pintar figuras, paisajes o historias reconocibles, empezaron a
explorar si el color puro, la luz, el espacio y el silencio podían evocar
algo más profundo, algo casi espiritual. Uno de los artistas que lo
comprendió fue Mark Rothko. Rothko insistía en que sus grandes campos
flotantes de color (como en la Capilla Rothko de Houston, Texas,
ilustrada) no eran ejercicios abstractos de diseño, sino experiencias
profundamente emocionales e incluso espirituales. Quería que los
espectadores se acercaran a sus cuadros y casi entraran en ellos. En
lugares como la Capilla Rothko, sus lienzos monumentales y oscuros crean
una atmósfera de silencio, meditación y misterio.
by Padre Patrick van der Vorst
Oración
Señor Dios, Creador del universo, me presento ante Ti con el corazón abierto y consciente de mi pequeñez. Tu grandeza supera todo entendimiento humano y los misterios de Tu amor escapan a mi limitada comprensión. [1, 2, 3, 4]
En medio de las preguntas y la incertidumbre, elijo descansar en Tu presencia. Que el misterio de Tu ser no sea motivo de confusión, sino una fuente inagotable de paz y confianza. Dame la sabiduría para aceptar lo que no puedo entender y la fe para ver Tu luz en cada circunstancia. [1, 2, 3]
Señor, aunque mis ojos no puedan verte, siento Tu mano guiando mi camino. Te entrego mis temores, mis dudas y todo aquello que no logro comprender. Que el misterio de Tu amor me envuelva, me fortalezca y me enseñe a vivir cada día con esperanza y gratitud. [1, 2]