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domingo, 30 de agosto de 2026

Ángelus del Papa León XIV

 

PAPA LEÓN XIV

ÁNGELUS

Plaza de la Libertad (Castel Gandolfo)
Domingo, 30 de agosto de 2026

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Queridos hermanos y hermanas, ¡buen día y feliz domingo!

Hoy el Evangelio nos habla de Jesús, que revela a sus discípulos el Misterio de su pascua inminente: el Mesías —dice— «tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día» (Mt 16,21).

Esta afirmación está muy lejos de lo que esperaban de un Mesías triunfante y poderoso, con cuya ayuda derrotarían y humillarían a sus enemigos (cf. Sal 108,14). Ya habían tenido el modo, en el tiempo transcurrido con Él, de maravillarse de muchos de sus gestos y palabras. Pero este último mensaje, fue más allá de toda perspectiva. Pedro, particularmente, manifiesta su desacuerdo y comienza a reprender a Jesús diciéndole: «“¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte”» (v. 22).

Apenas hacía un instante que había reconocido en Él al «Mesías, el Hijo del Dios vivo» (v. 16). Ahora en cambio, sorprendido y quizá decepcionado de lo que había escuchado, en contraste con la hermosa profesión de fe que acababa de pronunciar, lo reprende. Parecería que le dice: “sí, creo que tú eres el Mesías, pero ese no es el modo de salvar al mundo”. Es un impulso de fervor, sin duda motivado por un amor sincero que, sin embargo, nos hace reflexionar.

Tampoco para nosotros, es siempre fácil entender y aceptar los caminos de Dios, especialmente cuando están muy alejados de los nuestros. Entonces las tentaciones son, contra toda lógica de fe, pensar que sea el Señor el que se equivoca o, peor aún, el que no nos escucha o no se interesa por nosotros. Frente a esta incertidumbre Pedro, aun dentro de su impulsividad, nos enseña dos cosas importantes.   

La primera es la de no interrumpir nunca, ni siquiera en estos momentos, el diálogo con el Señor; más bien, manifestarle con confianza nuestra dificultad para comprender lo que nos pide.

La segunda es la de no juzgar nunca el obrar de Dios, sino más bien, ponernos a la escucha, con humildad, en la oración, de lo que nos está revelando a través de su accionar, aun cuando no corresponde a nuestras expectativas.

Y la grandeza del primero de los apóstoles se manifiesta también en esto.

Jesús le responde: «¡Ponte detrás de mí, Satanás!» (v. 23), y les explica, a él y a los otros discípulos que, para seguir sus huellas, deberán negarse a sí mismos, tomar su cruz y seguirlo (cf. v. 24). Pedro lo hará después de haberlo escuchado, asumirá el desafío y permanecerá fiel a las palabras del Cristo, al que ha reconocido como su redentor, por toda la existencia, hasta el martirio. 

Pidamos entonces al Señor que también nosotros tengamos en nuestra vida de fe y en nuestra oración, la misma sinceridad de Pedro, diciéndole con humildad lo que sentimos realmente, aun cuando el corazón está confuso; y, al mismo tiempo, que sepamos cultivar su docilidad, aceptando aquello que nos pide más allá de nuestras expectativas.

Que nos ayude María, que fue obediente a los designios de Dios permaneciendo de pie junto a la cruz de su hijo Jesús.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Nos llegan desde Haití noticias dramáticas sobre la grave masacre perpetrada en Kenscoff, en la que han perdido la vida numerosas personas, mientras que otras han sido secuestradas. Expreso mi solidaridad y la oración con las víctimas y sus familiares, y pido que se libere sin demora a todos los rehenes. Dirijo un sincero llamamiento a todos los responsables para que se comprometan de forma concreta a garantizar la seguridad de la población y a poner fin a toda forma de violencia.

Aseguro mis oraciones a los afectados por la terrible inundación que se ha producido en Nepal y el Tíbet. Recemos por quienes han perdido la vida, por los heridos y los desaparecidos, por las familias y por los equipos de rescate. Que los gestos de solidaridad contribuyan a aliviar el sufrimiento y a llevar la ayuda necesaria a la población.

Sigamos rezando por la paz. San Agustín, cuya memoria hemos celebrado estos días, decía que «la paz es semejante a aquel pan que se multiplicaba en las manos de los discípulos del Señor cuando ellos lo partían y repartían» (Sermón 357, 2). Que aumenten en el mundo aquellos que, con valentía, parten y reparten el pan de la paz, superando las divisiones, promoviendo la justicia y practicando el perdón, por el bien de todos.

El martes celebraremos el Día Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación. Este día marca el inicio del Tiempo de la Creación — que celebran los cristianos de diversas confesiones— y cuyo tema este año es “Agua Viva”. Como recordé en el mensaje para este día, cuidar de nuestra casa común exige una conversión del corazón, para que aquello que se ha utilizado para causar destrucción pueda, en cambio, orientarse hacia la vida. Invito a todos a unirse en la oración y en la acción, para que podamos convertirnos en canales del agua viva de la paz de Dios, que refresca nuestro mundo herido.

¡Saludo a todos ustedes, fieles de Castel Gandolfo y peregrinos de diversos países! Doy la bienvenida, en particular, a los participantes en la carrera benéfica “Run to Rome”, a los jóvenes que han recorrido la Vía Lucis itinerante, al grupo de devotos de la Virgen de los Milagros de Corbetta y a los motociclistas presentes con motivo de su tradicional encuentro anual.

Doy las gracias a las fuerzas del orden y a todos aquellos que han contribuido a mi estancia veraniega aquí, en Castel Gandolfo, así como al servicio de seguridad que ha colaborado durante los encuentros con los peregrinos. Muchas gracias.

Envío mi cordial saludo a los fieles que siguen el Ángelus desde la Plaza de San Pedro.

¡Les deseo a todos un feliz domingo!

(vatican.va)

(Nota: En el Perú celebramos hoy la Solemnidad de Santa Rosa de Lima, primera Santa  y Patrona de América Latina  




Evangelio del día Solemnidad Santa Rosa 30 de Agosto. ¿No sería muchísimo mejor escucharlo con la familia proclamado en la Santa Misa Dominiical presencial?


 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Eclesiástico 3, 17-24

Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad, y te querrán más que al hombre generoso.
 Hazte pequeño en las grandezas humanas, y alcanzarás el favor de Dios; porque es grande
 la misericordia de Dios, y revela sus secretos a los humildes.
No pretendas lo que te sobrepasa, ni escudriñes lo que se te esconde; atiende a lo
que te han encomendado, pues no te importa lo profundo y escondido; no te preocupes
 por lo que te excede, aunque te enseñen cosas que te desbordan; ¡son tan numerosas
 las opiniones de los hombres!; y sus locas fantasías los extravían.


SALMO RESPONSORIAL (Sal 15)

El Señor es el lote de mi herencia

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso. R.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R. 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Filipenses 3, 8-14

Hermanos: Todo lo estimo pérdida, comparado con la excelencia del conocimiento
 de  Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de
ganar a Cristo y existir en él, no con una justicia mía -la de la Ley-, sino con la que
viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe.
Para conocerlo a él, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus
padecimientos, muriendo su misma muerte, para llegar un día a la resurrección de
entre los muertos. No es que ya haya conseguido el premio, o que ya esté en la meta:
 yo sigo corriendo. Y aunque poseo el premio, porque Cristo Jesús me lo ha entregado,
hermanos, yo a mí mismo me considero como si aún no hubiera conseguido el premio.
Sólo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que
está por delante, corro hacia la meta, para ganar el premio, al que Dios desde
arriba llama en Cristo Jesús. 



ALELUYA Jn 15, 9b. 5b
Dice el Señor:
Permanezcan en mi amor;
el que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto.

 


Evangelio: Mt 13, 31-35
Otra parábola les propuso: «El Reino de los Cielos es semejante a un grano
 de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo.
Es ciertamente más pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es
 mayor que las hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que las aves
del cielo vienen y anidan en sus ramas.»
Les dijo otra parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a la levadura
que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo.»
Todo esto dijo Jesús en parábolas a la gente, y nada les hablaba sin parábolas,
para que se cumpliese el oráculo del profeta: Abriré en parábolas mi boca,
publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo.

Benedicto XVI -  Santa Rosa

Rosa de Lima, la cual se llamaba en verdad Isabel, recibió su nombre de una mujer india que trabajaba en su casa paterna. Esta mujer simple condensó en este nombre todo lo que ella había visto y experimentado en Isabel. La rosa representa la reina de las flores y por lo tanto el prototipo de la belleza de la creación de Dios. La rosa no es, sin embargo, solamente placentera a nuestros ojos, sino que con su perfume crea una nueva atmósfera alrededor de nosotros, tocando así todos nuestros sentidos y, por así decirlo, nos arrebata de este mundo cotidiano hacia un mundo mejor y más alto. Ella nos alegra precisamente porque, al menos por un instante, nos hace experimentar también el bien a través de lo bello.

Esta mujer india, que ha permanecido desconocida pero que dio a Isabel el nombre de Rosa, reaccionó propiamente de esta manera ante la belleza de esta pequeña niña y, ciertamente, no sólo ante su belleza exterior y corpórea.

Así como la rosa no sólo parece hermosa, sino que de su interior difunde a su alrededor belleza a través de su perfume, así seguramente debió parecerlo también esta niña: por medio de su belleza exterior ella había percibido también la belleza interior. Ciertamente, que esta mujer india no habría dado este nombre tan lleno de ternura y de veneración si, por parte de esta niña, no hubiera habido algo cálido y bueno que llamara su atención: el perfume del bien. En este modo de llamarla se puede advertir el afecto de esta mujer, como también, por otra parte, el hecho de que después con ocasión de la confirmación, recibida de las manos de Santo Toribio de Mogrovejo, Rosa misma haya aceptado definitivamente este nombre muestra su "sí", su constante afecto por aquella mujer india.

En su canonización, la Iglesia ha interpretado este nombre como una forma de testimonio profético y lo ha usado en referencia a una bella expresión de San Pablo, el cual dice de sí mismo que Dios había difundido el perfume del conocimiento de Cristo en el mundo entero a través de él. "Nosotros somos el perfume de Cristo entre aquellos que se salvan" (2 Cor 2, 14ss). Aquello que Pablo, el apóstol de los gentiles, una vez pudo decir de su acción, vale ahora de nuevo para la pequeña Rosa, que proviene del país sudamericano, Isabel de Flores: ella se ha convertido en la Rosa de Lima que difunde el perfume del conocimiento de Cristo en el mundo entero.

El afectuoso sobrenombre, que la desconocida mujer había dado a la pequeña niña, se ha revelado como una profecía y así también ella, aunque sin nombre, toma parte siempre junto a Rosa y ambas en conjunto expresan algo original de este país y de su misión: la herencia europea junto con aquella de los indios ha dado origen a una nueva expresión de la fe; en esta nueva síntesis se encuentra el perfume del conocimiento que emana de Rosa. ¿No es sorprendente, quizá, que para una mujer que nunca dejó la ciudad de Lima, valga la misma alabanza que se aplicó al infatigable apóstol de los gentiles, el cual recorrió a lo largo y a los ancho todo el mundo hasta entonces conocido? El difundió en todo el mundo el perfume de  Cristo a través de su predicación, a través de su actividad sin descanso, de su acción y de sus sufrimientos. Rosa de Lima lo ha difundido y continúa difundiéndolo hasta hoy simplemente a través de su ser. Su figura humilde y pura irradia su luz a través de los siglos sin muchas palabras; ella es el perfume de Cristo que hace resonar de sí misma su anuncio más fuertemente que a través de escritos e impresos. Así ella es también una gran maestra de vida espiritual, cuyas palabras están llenas de la profundidad de una experiencia vivida de Cristo en la consumación interior de sus sufrimientos vividos en comunión con Jesús Crucificado. "Me encontraba, llena de asombro, en la luz de la más serena contemplación que une todo, cuando en medio de este resplandor vi brillar la cruz del Redentor; y al interno de este arco luminoso divisé la santísima humanidad de mi Señor Jesucristo". En estas palabras suyas se manifiesta el fundamento más profundo de su existencia: el estar inflamada por las llamas del fuego que provienen de EL. "He venido a traer el fuego sobre la tierra, y ¡cómo quisiera que ya estuviera prendido!" (Lc 12, 49): Rosa de Lima se dejó encender por este fuego y aún hoy de su figura llegan hasta nosotros la luz y el calor – luz y calor que transforman esta tierra oscura y fría.

Rosa de Lima puso en su vida espiritual tres puntos esenciales, que son válidos como programas para la Iglesia de hoy así como lo fueron en su tiempo.

1. Como primer punto está la oración, entendida no como recitación de fórmulas, sino como un dirigirse interiormente al Señor, como estar en su luz, como dejarse incendiar por su fuego santo.

2. Los otros dos puntos esenciales provienen de aquí espontáneamente: puesto que ella ama a Cristo, el despreciado, el doliente, Aquel que por nosotros se ha hecho pobre, ella también ama a todos los pobres que llegaron a ser sus hermanos más cercanos. El amor preferencial por los pobres no es un descubrimiento de nuestro siglo – al máximo es un redescubrimiento, puesto que esta jerarquía del amor era bien clara para todos los grandes santos. Era clarísima sobre todo para Rosa de Lima, cuya mística del sufrimiento con todos los pobres y los que sufren, que brota de la solidaridad con el Cristo doliente.

3. De aquí deriva también su tercer punto esencial: la misión. A través de sus palabras y de sus reflexiones aparece una perspectiva universalista. Ella deseaba poder ir, libre de las ataduras y de los límites que comporta nuestra corporeidad, a través de las calles de todo el mundo y conducir los hombres hacia el Salvador doliente. Rosa se expresaba de esta manera: "¡Escucharme, pueblos! ¡Escucharme, naciones! Por mandato de Cristo os exhorto". Ahora ella está libre de vínculo de un solo lugar; ahora ella va, como santa, por las calles de toda la tierra. Ahora ella vuelve a llamar con la autoridad de Cristo a todos nosotros, a la entera cristiandad, a vivir con radicalidad a partir del centro, de la más profunda comunión con Jesús, porque sólo así y de ningún otro modo el mundo puede ser salvado. "¡Escuchadme, pueblos! ¡Escuchadme, naciones! ¡Por mandato de Cristo os exhorto!" Así nos habla ella hoy. Esta mujer es, por así decirlo, una personificación de la Iglesia latinoamericana: inmersa en el sufrimiento, sin grandes medios exteriores y sin poder, pero aferrada por el fervor de la cercanía de Jesucristo.

Agradezcamos al Señor por habernos dado esta mujer, Démosle gracias por el coraje de su fe, que ÉL ha vuelto a despertar aquí en América Latina. Pidámosle que su presencia sea cada vez más fuerte y que su perfume se extienda desde aquí a todo el mundo.
(Homilía del Card. Joseph Ratzinger en el Santuario de Santa Rosa, 1986, Lima)

Oración

Señor, Dios nuestro,
Tú haz querido que Santa Rosa
se consagre totalmente a ti,
por su amor virginal,
y por su penitencia de amor.

Haz que guiados por el ejemplo de su caridad,
seamos fecundos en el servicio de amor al prójimo,
como buenos testigos del amor de Cristo.

Guiados por el ejemplo de Santa Rosa,
fortalece Padre, nuestro amor a ti
y a nuestros hermanos,
junto a quienes queremos alabarte y bendecirte,
por los siglos de los siglos.

Amén.

sábado, 29 de agosto de 2026

El fenómeno que crece en EE.UU: cientos de mormones en Utah se bautizan como católicos cada año

La diócesis de Salt Lake City (EE.UU) reporta cientos de conversos llegados de esa religión.

Samuel Smith, converso al catolicismo, afirma haber aprendido mucho durante su misión mormona en Argentina.

Samuel Smith, converso al catolicismo, afirma haber aprendido mucho durante su misión mormona en Argentina.


    Samuel Smith jamás imaginó que el Domingo de Pascua acabaría entrando en una iglesia católica para recibir el bautismo. Nacido en una familia mormona, pasó años siguiendo los pasos de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días: sirvió en una misión en Argentina, se casó, intentó llevar una vida perfecta. 

    Sin embargo, tras su divorcio y una crisis espiritual, comenzó a buscar respuestas en otras tradiciones cristianas. Finalmente, en la parroquia de San Olaf, en Bountiful, se convirtió oficialmente al catolicismo. The Salt Lake Tribune cuenta su historia.

    Entrar en estado de gracia

    "Al haberme criado en la fe mormona, se hacía mucho hincapié en la obediencia", explicó. "Dentro del catolicismo, se trata más bien de entrar en estado de gracia". Smith, de 39 años, es uno de los miles de conversos que cada año se suman a la Iglesia Católica en Estados Unidos.

    La diócesis de Salt Lake City reporta cientos de nuevos bautismos anuales. Según el Pew Research Center, los conversos representan el 8% de los católicos estadounidenses, unos cuatro millones de personas. 

    La Iglesia Católica, con más de 1.400 millones de fieles en el mundo, sigue siendo la mayor confesión cristiana y, en Utah, se abre paso en medio de la tradición mormona predominante.

    La historia de Smith se suma a la de otras familias. Chandra y Chad Starks, tras años intentando reintegrarse en la comunidad mormona, dieron un paso atrás en su fe y siguieron los pasos de su hijo adolescente CJ, quien pidió unirse a la Iglesia Católica tras estudiar en el colegio Juan Diego, en Draper

    "Siempre sentí que no terminaba de encajar", confesó Chandra. "No me sentía como en casa, como sí me siento en el catolicismo". Tras un año de estudios, CJ fue bautizado y, poco después, sus padres también recibieron el sacramento.

    Otro testimonio es el de Carlyle Ferrin, residente de Murray, que nació en una familia alejada de la religión. Tras décadas de búsqueda espiritual, crisis de salud y un diagnóstico de trastorno bipolar, encontró en el catolicismo la paz que necesitaba

    "El catolicismo no estaba entre mis planes, pero mi alma me decía que estaba en serios problemas", relató. Hoy asiste a la parroquia de Santo Tomás Moro en Cottonwood Heights y se prepara para ayudar a otros en la Orden de Iniciación Cristiana de Adultos.

    El reverendo Andrzej Skrzypiec, párroco de San Olaf, subraya que estas conversiones no solo transforman vidas individuales, sino que también fortalecen matrimonios y familias. "Cuando vemos que alguien de la familia se interesa y quiere unirse, es un excelente indicador de una conversión exitosa", afirmó.

    Las historias de Samuel, los Starks y Carlyle muestran que la búsqueda espiritual continúa abriendo caminos inesperados. En Utah, donde la cultura mormona marca la vida cotidiana, el catolicismo se presenta como refugio y hogar para quienes buscan una fe que les devuelva paz, comunidad y sentido.

    ReL

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    La Fe es el fruto de haberte encontrado con Jesús


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    Es fundamental tener un encuentro personal con Jesús, porque es el principio de una relación de amor con Él, pero tal vez ya lo tuviste y no te diste cuenta.

    > 3 lugares para el encuentro con Dios




    Por eso no voy a Misa los Domingos

     


    Especialmente para los que NO suelen ir a Misa los Domingos: que descubran lo que están perdiendo

     Aquí podemos ofrecer sólo unos cuantos aspectos 
    de las mil maravillas de la Santa Misa

    La medicina celestial es el venerable sacramento de la Eucaristía.

    Si el pan es cotidiano, ¿por qué esperas un año para que lo recibas, como acostumbran a hacerlo los griegos en Oriente? Recibe cada día lo que te aprovecha cada día. Vive de tal modo que, cada día merezcas recibirlo. Quien no merece recibirlo cada día, no merece recibirlo después de un año. Por tanto, oyes decir que cada vez que se ofrece el sacrificio se significa la muerte del Señor, la Resurrección del Señor, la Ascensión del Señor y la remisión de los pecados, ¿y no recibes este pan de vida cada día? El que tiene una herida busca la medicina. La herida es para nosotros, estar bajo el pecado; la medicina celestial es el venerable sacramento.

    San Ambrosio de Milán; Los sacramentos n. 5, 4, 25: BPa 65, 124

    Reuniros frecuentemente para la Acción de Gracias.

    Así pues, esforzaros por reuniros frecuentemente para la Acción de Gracias (Eucaristía) y gloria de Dios. Pues cuando os reunís con frecuencia, las fuerzas de Satanás son destruidas, y su ruina (la que prepara para otros) se deshace por la concordia de vuestra fe.

    San Ignacio de Antioquía, A los esmirniotas, 8,1-2 FuP 1,177


    Acoger en la fe el don de la Eucaristía es acoger a Jesús mismo.

    El primer anuncio de la Eucaristía dividió a los discípulos, igual que el anuncio de la pasión los escandalizó: "Es duro este lenguaje, ¿quién puede escucharlo?". La Eucaristía y la cruz son piedras de tropiezo. Es el mismo misterio, y no cesa de ser ocasión de división. "¿También vosotros queréis marcharos?": esta pregunta del Señor resuena a través de las edades, como invitación de su amor a descubrir que sólo El tiene "palabras de vida eterna", y que acoger en la fe el don de su Eucaristía es acogerlo a El mismo.

    Catecismo de la Iglesia Católica, 1336.


    ¡Bienaventurada tú que has creído!

    En cierto sentido, María ha practicado su fe eucarística antes incluso de que ésta fuera instituida, por el hecho mismo de haber ofrecido su seno virginal para la encarnación del Verbo de Dios. La Eucaristía, mientras remite a la pasión y la resurrección, está al mismo tiempo en continuidad con la Encarnación. María concibió en la anunciación al Hijo divino, incluso en la realidad física de su cuerpo y su sangre, anticipando en sí lo que en cierta medida se realiza sacramentalmente en todo creyente que recibe, en las especies del pan y del vino, el cuerpo y la sangre del Señor.

    Hay, pues, una analogía profunda entre el fiat pronunciado por María a las palabras del Ángel y el amén que cada fiel pronuncia cuando recibe el cuerpo del Señor. A María se le pidió creer que quien concibió "por obra del Espíritu Santo" era el "Hijo de Dios" (cf. Lc 1, 30.35). En continuidad con la fe de la Virgen, en el Misterio eucarístico se nos pide creer que el mismo Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María, se hace presente con todo su ser humano-divino en las especies del pan y del vino.

    "Bienaventurada la que ha creído" (Lc 1, 45): María ha anticipado también en el misterio de la Encarnación la fe eucarística de la Iglesia. Cuando, en la Visitación, lleva en su seno el Verbo hecho carne, se convierte de algún modo en "tabernáculo" -el primer "tabernáculo" de la historia- donde el Hijo de Dios, todavía invisible a los ojos de los hombres, se ofrece a la adoración de Isabel, como "irradiando" su luz a través de los ojos y la voz de María. Y la mirada embelesada de María al contemplar el rostro de Cristo recién nacido y al estrecharlo en sus brazos, ¿no es acaso el inigualable modelo de amor en el que ha de inspirarse cada comunión eucarística?

    San Juan Pablo II; Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 55.

    ¡Resucitó!

    En la Vigilia Pascual, la noche de la nueva creación, la Iglesia presenta el misterio de la luz con un símbolo del todo particular y muy humilde: el cirio pascual. Esta es una luz que vive en virtud del sacrificio. La luz de la vela ilumina consumiéndose a sí misma. Da luz dándose a sí misma. Así, representa de manera maravillosa el misterio pascual de Cristo que se entrega a sí mismo, y de este modo da mucha luz. Otro aspecto sobre el cual podemos reflexionar es que la luz de la vela es fuego. El fuego es una fuerza que forja el mundo, un poder que transforma...

    ...El cirio, se debe principalmente a la labor de las abejas. Así, toda la creación entra en juego. En el cirio, la creación se convierte en portadora de luz. Pero, según los Padres (de la Iglesia), también hay una referencia implícita a la Iglesia. La cooperación de la comunidad viva de los fieles en la Iglesia es algo parecido al trabajo de las abejas. Construye la comunidad de la luz. Podemos ver así también en el cirio una referencia a nosotros y a nuestra comunión en la comunidad de la Iglesia, que existe para que la luz de Cristo pueda iluminar al mundo.

    Benedicto XVI; Homilía de la Vigilia Pascual 2012.

    "Haced lo que él os diga"

    Mysterium fidei! Puesto que la Eucaristía es misterio de fe, que supera de tal manera nuestro entendimiento que nos obliga al más puro abandono a la palabra de Dios, nadie como María puede ser apoyo y guía en una actitud como ésta. Repetir el gesto de Cristo en la Última Cena, en cumplimiento de su mandato: "¡Haced esto en conmemoración mía!", se convierte al mismo tiempo en aceptación de la invitación de María a obedecerle sin titubeos: "Haced lo que él os diga" (Jn 2, 5). Con la solicitud materna que muestra en las bodas de Caná, María parece decirnos: "No dudéis, fiaros de la Palabra de mi Hijo. Él, que fue capaz de transformar el agua en vino, es igualmente capaz de hacer del pan y del vino su cuerpo y su sangre, entregando a los creyentes en este misterio la memoria viva de su Pascua, para hacerse así 'pan de vida' ".

    San Juan Pablo II; Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 54

    La Iglesia vive de la Eucaristía.

    La Iglesia vive de la Eucaristía. Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia. Ésta experimenta con alegría cómo se realiza continuamente, en múltiples formas, la promesa del Señor: "He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28, 20); en la sagrada Eucaristía, por la transformación del pan y el vino en el cuerpo y en la sangre del Señor, se alegra de esta presencia con una intensidad única. Desde que, en Pentecostés, la Iglesia, Pueblo de la Nueva Alianza, ha empezado su peregrinación hacia la patria celeste, este divino Sacramento ha marcado sus días, llenándolos de confiada esperanza.

    San Juan Pablo II; Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 1