Es importante que los católicos conozcamos mejor la Sagradas Escrituras.
El mes de septiembre la Iglesia lo dedica a las Sagradas Escrituras, el alma de la teología como lo indica la Dei Verbum nº 24. Es por eso necesario, que el católico sepa leer la Biblia correctamente para entenderla y asi le ayude en su crecimiento espiritual. Vamos a dar 5 consejos útiles para iniciarnos en la lectura de la Biblia:
1.- Elegir correctamente la versión de la Biblia
Existen infinidad de versiones de la Biblia unas mejores y otras peores, yo recomiendo dos criterios a la hora de elegir la versión de la Biblia: a) Fidelidad al texto original y b) Buenas notas o comentarios bíblicos de ciertos pasajes. Teniendo en cuenta esto, podemos enumerar algunas de las mejores Biblias: las de las conferencias episcopales, la Biblia de Navarra, la Biblia de Jerusalén, la Nacar Colunga, la Biblia Platense etc. Cualquiera de estas es buena para iniciar una lectura amena y meditada de las Sagradas Escrituras.
2.- Orar antes de leer la Biblia
La Lectura de la Biblia, libro cuyo autor es Dios, es necesario una preparación previa para un correcto entendimiento por eso se recomienda la oración antes de leer cualquier texto de las Escrituras. Debemos acudir al Espíritu Santo para que nos de luz en la lectura y entendimiento de la Palabra de Dios. Por ejemplo San Agustín nos dejó una oración muy bella: Confesiones, XI, 2, 4, «Dame espacio para meditar en los secretos de tu ley; no cierres sus puertas a los que llaman a ellas.» Por lo tanto, podemos usar esta oración para prepararnos antes de leer las Sagradas Escrituras.
3.- Interpretar las Escrituras a la luz de las enseñanzas de la Iglesia
Se debe tener cuidado en hacer un estudio privado de las Escrituras, estaríamos cayendo en la doctrina bíblica de los protestantes de la interpretación privada o individual de las Escrituras. Por ello, debemos seguir la interpretación que hacen los Santos Padres, doctores o santos de la Iglesia o los Papas. Ya lo enseña el catecismo: 113 2. Leer la Escritura en «la Tradición viva de toda la Iglesia»
Por otro lado, se debe tener en cuenta idioma, géneros literarios, época, contexto histórico y social para entender un texto bíblico así como entender el antiguo testamento a la luz del Nuevo Testamento. Ya lo decía San Agustín: «El Nuevo Testamento está latente en el Antiguo, y el Antiguo está patente en el Nuevo.» (San Agustín, Cuestiones sobre el Heptateuco, libro II, cuestión 73) .Esta formulación fue posteriormente incorporada por el Concilio Vaticano II, Dei Verbum, 16, que dice: «el Nuevo Testamento está latente en el Antiguo y el Antiguo está patente en el Nuevo», reconociendo así la unidad de ambos Testamentos. Entenderlos juntos no aisladamente.
4.- No leer la Biblia como un libro de historia o manual científico
Aunque algunos relatos de la Biblia son históricos y verdaderos, no siguen los criterios históricos habituales, tampoco se trata de un libro puramente histórico por la cantidad de géneros literarios que tiene ni es un libro científico donde corroboremos verdades científicas, la biblia no nos enseña como funciona el cielo, sino como vamos al cielo.
Debemos darle a la Biblia el uso para el que fue concebido: acercar las almas a Dios, enseñarnos la doctrina divina del Salvador, y conducir nuestras almas al cielo cumpliendo la ley de Dios que ha quedado recogida en ese libro sagrado. San Agustín enseña: No se lee en el Evangelio que el Señor haya dicho: “Os envío el Paráclito, que os enseñe acerca del curso del sol y de la luna”. Pues quería hacer cristianos, no matemáticos.» (San Agustín, Actas contra Félix el Maniqueo libro I, capítulo 10)
5.- Aplicar las enseñanzas a tu vida y seguir profundizando
De nada sirve leer la Biblia si luego no ponemos en practica su lectura, ya decía San Jerónimo “Desconocer las Escrituras es desconocer a Jesucristo”, si somos cristianos y amamos a Cristo tenemos la obligación de conocer y vivir las Escrituras, ellas son fuente de espiritualidad, y el mejor libro que un cristiano podría leer y del que mas aprende, porque de un simple evangelio aunque lo leas mil veces, sacaras siempre mil enseñanzas nuevas. Ya lo decía Santa Faustina: No busco con curiosidad la perfección en ninguna parte, sino que penetro en el espíritu de Jesús y contemplo sus acciones que tengo relatadas en el evangelio y aunque viviera mil años, no agotaría lo que en él está contenido (Diario 510)
Yasmin Oré y Jesús UronesReL Matrimonio evangelizador
"Estaba feliz de estar ahí pero, al mismo tiempo, la calle, el mundo... lo tenía tan arraigado y tan dentro de mí que no podía soltarlo solo. Me acuerdo de que iba a las celebraciones con una piedra de hachís en el bolsillo", relata Andrés.
Andrés Carrión es español, tiene 34 años, está casado y tiene cuatro hijos. Del Camino Neocatecumenal, su historia es realmente de película. De una dura infancia en una familia desestructurada, pasó a la cleptomanía, a consumir drogas, posteriormente al tráfico de drogas, a la santería... hasta que el encuentro con Dios en la cárcel le devolvió la paz, y a conocer a la que hoy es su mujer. Acaba de contar su testimonio en El Rosario de las 11 pm.
"Nací en una familia cristiana, al uso, pero un poco desestructurada. Mi madre me tuvo con 17 años. Fue por accidente, no digo que fuera un hijo 'no querido' pero sí 'no deseado'. Mi vida, desde los primeros días, no fue nada fácil. Mi madre tuvo anorexia de joven y estuvo a punto de morir. Fue un milagro que siguiera viva. Entonces, mis abuelos maternos fueron los que me sustentaron y me criaron".
El abismo de las drogas
"Vivía en un barrio de la zona sur de Móstoles, en Madrid. Un barrio normal y corriente en el que se ven muchas cosas. Desde bien pequeñito empecé a jugar con ciertas cosas, empecé a robar en los bazares chinos (...). Eso, poco a poco, me llevó a dar más pasos. Con 8 años di mi primera calada a un cigarrillo (...). Yo tenía una carencia muy grande de madre y de padre, y la buscaba llenar en la calle. Lo que fueron hurtos pequeños sin importancia empezaron a ser un poquito más grandes".
"Esto me creó una adicción que se llama cleptomanía. Todo lo que veía lo tenía que robar, sentía que lo necesitaba, tenía que robarlo, incluso hasta a mis amigos. Con nueve o diez años ya no era feliz, y no era feliz porque, en realidad, mi corazón ansiaba lo que veía en mis amigos, que tenían padre y madre en casa. Yo no sé lo que es llegar a mi casa y decir 'hola, mamá', y 'hola, papá'". Mi vida fue un ir y venir".
"Me llevaron a un colegio que me generó mucha violencia. Tenía muchos problemas en la escuela. No sentía esa paz, esa felicidad, esa tranquilidad. Estaba harto de volver con mi madre, luego con mi padre, otra vez con mi abuela. Con doce o trece años empecé a tocar los porros y me generó una adicción desde bien joven, hasta el punto de que no podía vivir sin ello. Con trece o catorce años yo ya no podía vivir sin una piedra de hachís en el bolsillo".
"Yo tenía una carencia muy grande de madre y de padre, y la buscaba llenar en la calle".
"Tenía la adicción al chocolate, al hachís... y, con esa edad, no tenía ingresos, con lo cual solo tenía una opción, que era gastar lo que me daban de paga. Pero, como mi consumo diario era muchísimo, eso me llevaba a robar constantemente, a robar a mi familia, a mi madre... a mi abuela le he robado muchísimo, no puedo decir la cantidad de cosas de casa que le quitaba para venderlas. El día que me levantaba y no tenía una piedra de hachís en el bolsillo del pantalón me generaba una ansiedad...".
"Esto me llevó un punto de querer quitarme la vida, con 15 años ya no quería vivir más, era un completo infeliz. Pero mi padre había vuelto a retomar contacto conmigo, gracias a la Iglesia y en concreto al Camino Neocatecumenal, porque él también tuvo una juventud muy complicada por la droga. Sus catequistas le invitaron a recuperar esa paternidad que había perdido. Entonces me empezó a llevar a la Iglesia. Con nueve o diez años yo participaba de las eucaristías con la comunidad de mi padre, veía en la Iglesia algo que me llamaba mucho la atención, sentía, y vivía, una paz, y una felicidad".
"A mí Dios nunca me ha dejado ni siquiera un segundo, siempre ha estado conmigo, a pesar de todo el sufrimiento que tenía desde pequeño. Yo tenía una doble vida, cuando iba con mi padre a la Iglesia me iba calando poco a poco, y, con 15 años, me invitaron a hacer las catequesis del Camino. Estaba feliz de estar ahí pero, al mismo tiempo, la calle, el mundo lo tenía tan dentro de mí que no podía soltarlo solo. Me acuerdo de que iba a las celebraciones con una piedra de hachís en el bolsillo, comulgaba con una piedra de chocolate en el bolsillo. Muchas veces he comulgado en pecado mortal. Estaba totalmente absorbido en el mundo de la delincuencia".
"Empiezas por una cosa simple y luego pasas a otras drogas, a ver la cocaína, el cristal, drogas sintéticas... Me pasaba noches enteras en Madrid de fiesta drogándome. Hasta que un día, acabé tirado inconsciente en una calle. Había consumido tantos tipos de drogas que no sé por qué no me llegó a pasar algo más. Llegué a desarrollar un trastorno de doble personalidad, en la Iglesia era una persona y fuera otra totalmente diferente".
"La droga te genera mucha violencia interna y mi abuela me amenazaba con no dejarme entrar en casa. Un día cumplió su promesa y, gracias a Dios, acabé en la calle. Con 20 años me ofrecieron ganar un dinero fácil, era para hacer un transporte de drogas. Estaba sumido en tantos problemas, y tenía tanta ansia de dinero, que lo acepté sin ningún problema. Era hacer un viaje a Venezuela con todos los gastos pagados, me montaron en un avión y me llevaron para allá. Aquí empieza a torcerse la cosa. Me acuerdo de que me recibió una chica, con la cual tuve una relación personal bastante fuerte".
"Ella me dijo que no lo hiciera, porque me iban a meter en la cárcel 15 años. Vi un ángel de Dios que me avisaba, aunque tengo que decir que esta chica es un milagro, porque iba a ganar dinero conmigo, no es que fuese una persona de bien, formaba parte de este negocio. Le hice caso en todo momento, la voz de Dios siempre estuvo conmigo. Siempre he tenido esa conciencia de pecado. Decidí no hacerlo y eso generó un problema grande, estamos hablando de traficantes, de cosas muy serias, hay mucho dinero envuelto. Entonces tuvimos que inventar un accidente de tráfico, que me había roto el fémur y que no podía volar. Cogimos a un maquillador profesional que me maquilló, que me vendó la pierna. Pero el chico, desde España, estaba interesado en venir a ver mi estado".
"El tiempo se iba alargando y el chico seguía insistiendo en que iba a venir. Entonces decidí quedarme durante un tiempo en Venezuela. Mis padres pusieron una denuncia por desaparición, y, a los dos meses, les llamé y les dije que estaba allí".
La santería y el demonio
"Esta amiga, que en teoría era amiga, participaba de una cosa que se llama la santería. Yo he llegado a participar de un rito satánico, te hacen lavados con gallos, cortan la cabeza de los gallos y te limpian. He llegado a hablar incluso con demonios, he llegado a ver cómo mi propia amiga era poseída delante de mí. De la nada más absoluta era poseída por un espíritu que entre tres personas no éramos capaz de sostenerla. Luego me llevaron a hablar con un demonio, con una persona que había sido poseída por el demonio, que hablaba una lengua muy rara, era un lenguaje muy extraño, que yo no entendía, lógicamente".
"Estuve nueve meses, hasta que llegó un punto en el que ya tenía que volver a España. La vuelta era muy complicada, me esperaba gente... Durante los primeros días me escondía entre los coches. No podía hacer vida normal, no podía salir a la calle, y una vez, por casualidad, uno de mis mejores amigos me vio y vino a mi casa, y, durante un tiempo, me mantuvo en secreto, me llevaba en coche a otro sitio donde seguía consumiendo droga. Seguía en esa vida de la drogadicción".
"Un día me dijo que tenía que plantar cara y decir que estaba aquí, y quedamos con esa persona que llevaba el tema del narcotráfico. Fui pensando que iba a morir, literalmente, ellos no sabían que lo del accidente era un montaje. Yo pensaba que sí lo sabían y que querían cogerme para pagar las consecuencias. Para mi sorpresa, después de un rato largo hablando con esta persona, me dijo que a mí no me iba a pasar nada, pero que la otra chica iba a morir. Entonces la avisé, me dijeron que no lo hiciera, pero cómo iba a quedarme callado, si esta chica a mí me salvó de estar muerto. Ella cometió el error y habló con ellos, y entonces me tacharon de chivato. Me pusieron una cantidad económica que tenía que pagar, yo no tenía dinero y me obligaban a robar, me llevaban a centros comerciales y me obligaban a robar para ir pagando esa deuda".
"Entonces volví a la iglesia, mi comunidad seguía rezando por mí, es muy importante tener una comunidad que rece por ti, porque la vida no sabe las vueltas que te puede dar (...). Intenté hacer una nueva vida, pero la calle seguía tirándome. Hasta que con 22 años me volvieron a ofrecer otro transporte de droga, en ese momento estaba en la miseria más absoluta, vivía en la calle. Mi abuela ya no me abría las puertas de su casa. Ocupaba pisos de nueva construcción, para poder pasar la noche allí y, a la mañana siguiente, me iba a un hospital público, me aseaba, y volvía a la vida en el barrio a seguir fumando porros".
"Descubrí que el regalo más grande que Dios nos ha dado es la libertad, no tiene precio".
"Había caído en la cocaína, había gastado mucho dinero. En dos meses, unos 6000 euros, que eran de mi abuelo, él me dejó un dinero para poder montar un pequeño negocio, pero lo acabé malgastando en droga. Me llegué a quedar en 50 kg, esquelético perdido, no comía, solo consumía, fue terrible. Intenté volver a la Iglesia. Dios siempre está abierto a la conversión de quien se arrepiente y soy testigo de ello".
"Durante estos años tuve un intento de suicidio, cogí un cuchillo... como yo no sabía lo que era ser feliz, para mí quitarme la vida no era un problema. El problema era que tenía esa voz de Dios, y una vez escuché que el que se suicida tiene unas papeletas muy grandes para ir al infierno. Está claro que la misericordia de Dios es infinita. Ese miedo a ir al infierno a mí me ha salvado".
"Me llegaron a ofrecer este segundo viaje y no me lo pensé ni siquiera un minuto, mi vida estaba tan destruida, estaba en la calle, no tenía nada que perder. Partí para Perú y allí estuve un mes y medio, viviendo en un hotel, drogándome, esperando el momento para hacer el viaje y volver a mi casa. Con la buena intención de que con ese dinero iba a recomenzar una nueva vida, pero eso era mentira. Aquí empieza la verdadera historia de conversión".
De la cárcel a Dios
"En Brasil, en la fila del avión, sacaron la cocaína y un policía me dijo que la cárcel iba a ser mi casa durante los próximos 4 años. Fue un punto de inflexión muy grande, el mayor de mis problemas era que había vivido toda mi vida haciendo mi voluntad. Empecé a pegar puñetazos en el suelo de esa celda del aeropuerto en la que me retuvieron, y a decir, en adelante 'hazlo Tú, Señor, guíame, ayúdame'. Fui llevado a una prisión preventiva. Allí los lunes se juntaban para hacer una liturgia diaria de las lecturas de la misa, daban un pequeño eco, y también rezábamos el Rosario. Me agarré muy fuerte a esa liturgia, a esa pequeña celebración que hacíamos".
"Un día, me llaman, salgo y veo a un sacerdote que había preguntado por mí. Mi padre había entrado en contacto con catequistas del Camino Nacatecumenal en Brasil y empezaron a mover todo para que pudiese tener algún tipo de ayuda. Ese sacerdote me confesó, me dio una palabra y vino unas tres o cuatro veces a verme (...). Fui condenado a cinco años y medio, pero la condena se me redujo a un año y once meses (...). Allí descubrí que el regalo más grande que Dios nos ha dado es la libertad, no tiene precio. Por eso Dios nunca se mete en nuestra libertad. El sufrimiento era terrible, dormía con ratas".
"Tuve un permiso en la cárcel de una semana, pero volver por tus propios pies a la cárcel no fue nada fácil, caí en una depresión (...). Mi fuerza residía en la Biblia y en el Rosario, rezaba, intentaba evangelizar a mis compañeros de celda, encima en un ambiente donde estaba lleno de protestantismo. Todas las semanas se hacía un culto obligatorio, tan obligatorio que si no asistía te pegaban una paliza. Cuando participaba de esos cultos lo que hacía era rezar el Rosario. Mi cuerpo estaba preso pero mi espíritu estaba libre".
"Entonces, volví a salir de permiso y conocí a una chica de allí, del Camino. Esta chica se involucró mucho conmigo y me llevaba a varios sitios, me invitó a su casa a comer. Intentó hacérmelo lo más agradable posible. A medida que pasaba el tiempo con esta chica, en mi corazón nacía un fuego cada vez más fuerte (...). Si algún día quiero algo con esta chica tengo que dejar la droga definitivamente. De un día para otro dejé la droga".
"Si no hace Dios esto es imposible, me quedaban tres meses para poder salir y, de repente, me dieron la libertad (...). Yo le digo a la gente que si Dios no existe yo no tendría que estar aquí, es imposible humanamente, por todo lo que he pasado. (...). Soy muy feliz, tengo una familia maravillosa que no me merezco, que no me la he ganado y, por tanto, sé que viene de Dios. Espero que pueda haber ayudado a alguien, la Iglesia está para ayudar".
La correspondencia revela la sorprendente evolución del alma de esta mujer herida.
"Veo la paternidad misericordiosa de Dios hacia mí y creo verdaderamente en Él", llegó a escribir María.4
Se hacía llamar María de Nápoles, era joven y vivía atrapada en la explotación sexual y en una profunda sensación de abandono. En medio de esa oscuridad, intentó quitarse la vida hasta en tres ocasiones.
Hasta que todo dio un giro inesperado cuando descubrió Radio María Italia. Aquel vacío que la consumía durante años empezó a disiparse, y María terminó encontrándose con Dios y recibiendo los sacramentos que transformaron su vida.
Un tremendo despertar interior en el que desempeñó un papel decisivo el programa El Hermano de la emisora católica. María comenzó a enviar cartas que recibían respuesta, ya fuera desde el estudio o de parte de los propios oyentes. A través de un total de 15 cartas, se puede ver cómo evoluciona su alma.
Dios estaba cerca de ella
María era una mujer de gran personalidad y exquisita sensibilidad, que estuvo durante muchos años marcada por una vida de pecado. Un día escuchó al presentador Federico Quaglini y comenzó a enviarle cartas personales.
En ellas, María cuenta el terrible esfuerzo que le suponía salir del sórdido mundo en el que estaba sumergida. Posteriormente, describía su terrible enfermedad y cómo asumía sus dolores. Escribía desde la conversión absoluta y la convicción de que Dios estaba cerca de ella y la amaba.
Su última carta fue el 26 de septiembre de 1993. La escribió cuatro días antes de morir de cáncer. En ella contaba su encuentro con Dios a través del dolor y la terminaba con una bellísima frase: "Que la ternura de Jesús colme vuestros corazones". María moriría el 30 de septiembre de 1993. Tenía tan solo 35 años.
Carta número 1, 13 de diciembre de 1992:
"Mi experiencia de una vida negativa me ha llevado a encerrarme en una soledad tremenda y sin salida. Cuando apenas tenía quince años fui violada por mi padre de manera tan bestial que sólo el recuerdo me hace daño".
"Mi padre, me repugna el solo pensamiento de llamarlo así, para evitar una denuncia por parte de mi madre, amenazó a mi madre delante de mis ojos. ¿Te puedes imaginar cuál fue mi reacción? Lo denuncié y ahora está cumpliendo la pena de cadena perpetua".
"Espero que termine preso sus últimos días porque para mí ya no existe. Ahora vivo sola, encerrada en mí misma, con una desesperación infinita. Por fortuna trabajo como asistente social, lo que me permite vivir una vida autónoma e independiente".
"Pero me falta una cosa esencial, la fe. Termino pidiéndote perdón por hacerte perder un tiempo tan precioso. Perdóname este desahogo, tenía tanta necesidad".
Carta número 2, 17 de enero de 1993:
"Te escribo de nuevo porque, créeme, tengo tanta necesidad de sentirme cerca de una persona que me pueda comprender y darme a la vez una mano amiga. Sabes que estoy completamente sola, y precisamente por esta tremenda soledad he comenzado un tipo de vida que no es digna de una persona humana. En pocas palabras, te confieso, te hablo como a un confesor que trabajo como prostituta".
"No por necesidad, sino como escape, como acción desesperada. Créeme, cuando regreso a casa después de haber dado a los puercos —perdóname esta expresión— la posibilidad animal de desfogar sus instintos, me siento más sola aún, con un sabor amargo en la bocay lo que es peor, con unas ganas locas de suicidarme. Ayúdame a salir de esta tremenda situación y pide al Señor que me regale la fe, aquella fe que comencé a desear desde que escucho Radio María".
"Tengo 35 años, pero me siento como si tuviera 90. Estoy agotada, lacerada bajo el peso de una existencia que no vale la pena vivir".
Carta número 3, 27 de enero de 1993:
"Me han hecho un lavado gástrico para remediar otro intento voluntario de suicidio que, por desgracia, no ha tenido éxito. Dentro de unos días me darán el alta. Evidentemente, el Señor, si es que existe, no quiere todavía mi vida".
"Radio María me ha puesto en una crisis tremenda. Por casualidad encendí la radio. No conocía su existencia. Todo comenzó un sábado por la noche, en la transmisión del hermano, dirigida por ti. Ahora no puedo dejar de escucharte".
"¿Cómo entender la atracción que experimento por el bien si el mal me arrastra? ¿Soy acaso distinta a los demás? ¡Oh! Es que el Señor se olvidó de mí por tantos errores cometidos. Lamentablemente, me faltan esos principios sagrados que forman a la persona, pues no he tenido la fortuna de conocerlos de pequeña. Debes saber que tengo 35 años y aún no he hecho la primera comunión ni la confirmación".
"Te lo pido, Federico, ayúdame a salir de esta tremenda crisis mediante tus oraciones y las oraciones de tus oyentes. Te confieso que cuando te acuerdas de mí en Radio María me siento menos sola y me parece recibir una serenidad distinta nunca antes probada".
María tuvo que sufrir los abusos constantes de su padre.archivo
Carta número 5, 16 de febrero de 1993:
"¿Quién sabe cuánto tiempo hace que el Señor llamaba a mi puerta? Sentía siempre una fuerte llamada interior pero no la lograba entender dada mi terrible situación. El golpe de gracia fue Radio María".
"Yo no tuve la fortuna de crecer en una familia sana salvo mi madre por lo que a menudo me pregunto hasta qué punto pueda yo ser responsable. La otra tarde experimenté fuertemente la necesidad de ir a la Iglesia. Mi deseo coincidió con la jornada mundial de los enfermos querida por el Papa".
"Era el 11 de febrero, aniversario de las apariciones de Lourdes. Te aclaro que en mi ignorancia no sabía nada de esta jornada sólo lo que he aprendido a través de Radio María. Al volver a casa era ya tarde".
"La ceremonia fue muy linda pero muy larga. Al llegar me encontré con algunas personas que me esperaban cerca de casa. De repente me empujaron brutalmente dentro de un automóvil".
"Eran cuatro energúmenos por lo que mi reacción sirvió de poco. Estaba sola contra cuatro. Hicieron de mí cuanto quisieron después de haberme atado y amordazado".
"Sería muy humillante para mí y doloroso para ti, que tienes la amabilidad de leerlo. Pero yo me pregunto ¿es posible que el mal se imponga al bien? ¿Es esta la ayuda de Dios?".
"Sufro desde hace algún tiempo una grave anorexia por lo que al no alimentarme estoy débil y agotada. Te dejo por ahora porque no quiero cansarte. Te agradezco por todo y creo siempre en tu amistad".
"Dentro de unos días comenzaré la catequesis de preparación para la admisión a la primera comunión. Me preparará un diácono. Un motivo adicional para orar".
La audiencia contestaba a María
Estas cartas tuvieron un fuerte impacto en la audiencia de Radio María. Una oyente, Rosa, escribió una carta de ánimo para María. De Rosa no se sabe nada excepto que conoció también ella lo terrible de esta vida.
"Pienso en ti, rezo por ti, María. Tus cartas, tres bellísimas cartas, que dejan transparentar toda tu angustia, toda tu desesperación y al mismo tiempo el fuerte deseo de querer salir del abismo en que caíste. Ánimo, María, no llores, y lucha sin desmayo".
"La gracia de Dios te ha tocado, y por eso debes sentirte muy feliz. Sigue rezando, aun cuando sientas que la vida es vacía e inútil. Jesús y María Santísima te escuchan, ¿sabes?, y están muy cerca de ti, más de lo que te imaginas", escribe Rosa el 22 de febrero de 1993.
Carta número 6, 1 de marzo de 1993:
"En Cusato continuaré el curso de preparación para la admisión a la Eucaristía. Espero con ansia la hora de probar la ternura de la Eucaristía. Al regreso de Cusato haré una escapada a San Giovanni Rotondo, donde dejé mi corazón. Tienes razón de ser un enamorado del Padre Pío".
Carta número 7, 21 de marzo de 1993:
"Ayer regresé de San Giovanni Rotondo. Cuando llegué a San Giovanni, me esperaba mi confesor. Me acogió con los brazos abiertos, por lo que tuve la seguridad de ser abrazada también por el Señor. Me dio la sorpresa de regalarme la Biblia de Jerusalén. He comenzado a leerla con interés".
"Desde el día bellísimo en el que tuve la fortuna de reconciliarme con Dios y perdonar a mi padre, he ido a misa todos los días. Mis familiares se burlaban de mí. Me hace sufrir verlos tan lejanos, sin la fe que nos pone en condiciones de vivir una existencia más serena".
"Quisiera hacerles conocer mi extraordinaria experiencia y hacerles probar esa alegría única, pero he encontrado un muro de resistencia, por lo que no he podido hacer otra cosa que rezar. Para ellos llegará también el momento tan hermoso en que dejen de lado su escepticismo, estoy segura".
"Ahora veo al Señor y creo en Él. Dejaos modelar por Él y encontraréis una alegría inmensa. El tiempo pasado fuera de Nápoles me ha ayudado mucho en el plano espiritual y en el físico, porque encontré la oportunidad de ir al santuario de Europa, un lugar situado muy cerca de donde vivo".
"He orado mucho por todos, en especial por este magnífico instrumento tan pequeño, pero a la vez tan grande en su ayuda infinita, Radio María. Mi conversión la dejo sobre todo a esta radio".
"El diablo me tienta a cada momento, haciéndome sentir nostalgia del pasado. Lamentablemente, es muy difícil olvidar veinte años, toda la juventud, basados en una situación tan tremenda que el solo recuerdo me inquieta".
Carta número 8, 28 de marzo de 1993:
"Había un sacerdote que estaba disponible en el confesionario, un sacerdote que no conocía, pero que luego se me manifestaría como un gran hombre de Dios. Me arrodillé y, sin hablar, me faltaban las fuerzas. Comencé a llorar desesperadamente".
"Este momento de emoción me duró un buen rato. El sacerdote me dejó llorar y luego, tomando mis manos en las suyas, exclamó: 'Hijita, ánimo. Siento que el Señor te ha perdonado mucho porque mucho has amado'. Me citó luego algunos pasajes del Evangelio, la Magdalena, el hijo pródigo. Cuando me calmé, comencé a vaciar mi fardo y poner al desnudo mi alma".
"Me liberé de cadenas que me eran insoportables. Conocí finalmente el amor y experimenté la misericordia de Dios a través de este gran sacramento. Ahora me siento libre. Ya no soy prisionera de un mundo de pecado y de esclavitud. Cuando salí, tenía la sensación de volar".
"Me parece que ya te dije que no he hecho la primera comunión. Para prepararme a ella, comencé un curso de admisión a este sacramento y, dado que tengo ya 35 años, una edad madura como puedes comprender, estoy dispuesta, con la preparación adecuada, a recibir también el sacramento de la confirmación. Después de esta preparación a los dos sacramentos, podré considerarme como una persona que ha vuelto a nacer".
"El sacerdote me impuso como penitencia poner en práctica uno de los consejos evangélicos, visitar a los presos. Créeme que me costó mucho, pero lo logré. Este doloroso encuentro fue el comienzo triste, pero luego, como por encanto, se transformó en una serenidad inesperada".
"La visita, excepcionalmente, se realizó en un estudio del director acompañado por el capellán. Vi a mi padre llorar como un niño y de rodillas me pidió perdón. Sustituyó en mí una profunda ternura".
"Espontáneamente sentí el deseo de abrazarle y de besarlo con afecto. Tanto el director como el capellán permanecieron en silencio conmovidos. Hacía veinte años que no nos veíamos".
"Al final, el capellán me llamó aparte y me dijo... 'Tu padre ya no es un monstruo, como tú lo definiste. Es un hombre nuevo, recuperado por la gracia redentora'. Sólo entonces entendí que, en el fondo, los dos estábamos sobre el mismo camino, y ese camino era el encuentro del pecador con el Dios misericordioso".
Carta por la Pascua de 1993:
"Es la primera Pascua que viviré con alegría y serenidad, como fruto de un alma en paz conmigo misma y con Dios. Pronto haré la primera comunión y la confirmación. Este tiempo de espera me parece ya interminable. Ya te conté que encontré una gran solidaridad en la comunidad parroquial".
"He recibido del catequista que me prepara como regalo el Catecismo de la Iglesia Católica y me he propuesto leerlo y estudiarlo para incrementar mi escasa cultura religiosa. Ahora me doy cuenta de que puedo amar a todos con una óptica distinta. Me siento privilegiada por Dios y amada por los hombres de fe, con un amor verdadero y sincero".
"Veo la paternidad misericordiosa de Dios hacia mí y creo verdaderamente en Él, que no me ha abandonado ni siquiera en los momentos en los que me encontraba en un profundo abismo. Todo lo que me está sucediendo me parece un sueño. Es tan bonito. Felices Pascuas".
Carta del 9 de abril de 1993:
"Coincidiendo con la institución de la Sagrada Eucaristía, hice la primera comunión. Fue un día verdaderamente excepcional. Todavía estoy emocionada. Me pregunto cómo he podido vivir años y meses sin gustar esta ternura del amor misericordioso".
"Mi experiencia de vida es un milagro. Quisiera gritar al mundo entero que no existe gloria más grande para una existencia que gastarse por aquel que la creó. Siento tan viva la presencia de Dios y de la Madrecita que ya no me siento preocupada por mí".
"Ahora ya no tengo miedo de nada. Aunque tenga que sufrir todavía chantajes por algún desalmado, tengo fuerzas para combatir porque Dios está conmigo y Él ciertamente no permite tentaciones superiores a nuestras fuerzas. Me siento como una niña que da los primeros pasos y que está contenta porque, si tropieza, tiene la fuerza de volver a levantarse, acompañada y sostenida por la mano del único Padre que está en los cielos".
"Ahora, en cada momento, puedo comenzar de nuevo a dar todo a Cristo y Él siempre está dispuesto a acogerme y a dar respuesta en profundidad a mi amor dándome todo de nuevo. No logro hacer una relación de los dones que Dios me ha dado en mi vida".
"No existe alegría mayor que olvidar las propias penas para consolar la de los otros. ¿Qué quiere el Señor de mí? ¿Qué otra cosa me quiere regalar? Me dio todo y yo quiero corresponder plenamente a su gracia".
"Sólo la fe puede permitirme entender la inmensidad del misterio de la cruz en la que estamos meditando durante esta Semana Santa. Ningún obstáculo que venga de fuera me va a afectar porque estoy en paz".
"Ya mi odisea espiritual termina y no me queda otra cosa que caminar ágilmente por este camino de conversión y agarrarme cada vez más fuertemente al manto de la madrecita. Ah, no había escrito tanto en mi vida. Agradezco de corazón a toda la familia de Radio María y estamos siempre unidos en la alegría y en el dolor".
Carta número 15, la última, 26 de septimebre de 1993:
"Te escribo en un momento de gran postración y sufrimiento físico. No sé si cuando recibas mi carta estaré viva todavía. Te confieso que humanamente hablando no puedo más y deseo la muerte como una liberación. Sé que no es propio de los seguidores de Cristo librarse de los sufrimientos".
"La vida está llena de fatigas y las alegrías son tan breves que no se logra ni siquiera saborearlas. Pido perdón por esta debilidad humana y pido perdón al Señor. La vida de todos modos es siempre un inmenso don y no obstante las pruebas es algo estupendo que vale la pena vivir con confianza y serenidad aun sabiendo que eso no es fácil".
"No debo rechazar este don. Al contrario debo vivirlo con valor y amor porque a pesar de mis momentos tristes cada vez comprendo más que Dios está cerca de mí y me ama, me ama. En este lugar de dolor veo con alegría que los enfermos se ayudan entre ellos".
"El gran secreto para no decaer nunca es pensar que el Señor me ama y que está cerca. Entonces le hablo en voz baja con amor filial y Él me llena de alegría. Cuando estoy en el límite de mis fuerzas y del sufrimiento no puedo hacer otra cosa que bendecir la mano de Aquel que me clava en la cruz y me da la posibilidad de purificarme".
"En esta gran prueba doy gracias a Dios por haberme dado el don de una fe estupenda. Las fuerzas del mal pueden temporalmente subyugarla, pero al final vence siempre la fe. Solo Dios es capaz de darnos recursos interiores para afrontar las pruebas y las dificultades del momento presente".
"Él no ofrece medios naturales ni nos quita nuestros sufrimientos. Nos ofrece un don. Os doy la paz y es la verdadera paz que supera toda comprensión humana".
"Nunca como en este momento crítico he podido comprobar que cuando estoy en las tinieblas Dios es luz. En mi camino lleno de espinas, como un padre siempre amoroso, Él obra mi salvación a través del dolor. No obstante haber tocado de cerca en el pasado el fondo de mi debilidad, puedo exclamar con alegría Feliz culpa que mereció tanta gracia".
"El encuentro con el Padre misericordioso se realiza cada día, momento tras momento, llenando mi alma de una alegría indescriptible. Cuán efímera es la alegría del mundo, cuán grande y duradera es la que proviene de Dios".
"Hoy, domingo, día del Señor, estoy muy feliz. He recibido tres grandes sacramentos, la confesión, la unción de los enfermos y la Eucaristía. Ahora Él está mucho más presente en mí y no me faltan sus paternales caricias".
"Tengo dolores continuos e inauditos, fiebres altas, insomnios. ¡Qué hermosos son los momentos de la Sagrada Comunión! Los dolores no son otra cosa que caricias, sorpresas amorosas de las que Jesús se sirve para estar siempre conmigo y para darme su dulzura".
"¡Qué hermoso debe ser el paraíso si sólo con mirar el cielo y admirar su inmensidad nos invade una gran dulzura! ¿Qué será cuando vayamos a habitar en él, confiándome a Jesús, que es mi verdadero amigo? Pienso a menudo en sus divinas y consoladoras palabras. Mi yugo es suave y mi carga ligera. Entonces ninguna cruz es insoportable, porque todo es amor, alegría y dulzura".
"Ciertamente no es fácil, ni es trabajo de un día, especialmente para una criatura como yo, hecha de debilidades. Hoy he estado continuamente con él en la cruz. ¡Qué hermoso es estar a solas con él! La enfermedad se agrava cada vez más, pero no me desaliento".
"Tengo el pensamiento fijo en la muerte. Abrazo con alegría este dolor cuando y como él quiera, pero antes deseo fervientemente seguir sufriendo por amor a Él, porque para mí vivir es Cristo sufriente. Nada me asusta, ni la muerte, ni el dolor, ni la enfermedad, porque bella es la victoria, pero mucho más meritoria es la lucha".
"No me cansaré nunca de agradecerle por su llamada al sufrimiento. Mi enfermedad es una gracia, más aún la considero como la mayor gracia después de mi conversión. Mi naturaleza lamentablemente a veces gime bajo el peso de la cruz, y por eso quisiera rebelarse deseando el fin, pero entiendo que él quiere mi adhesión a su paterna voluntad".
"En esta tremenda y dolorosa situación mi única arma es la oración, sin la cual no existe salvación alguna. Decía un gran santo napolitano que quien ora se salva, quien no ora se daña. Es verdad, orar es entrar en coloquio con el Padre, por eso me acojo siempre a vuestras oraciones".
"Mi enfermedad ya hizo en mí metástasis, por lo que mi cuerpo es todo un sufrimiento, excluidas las manos con las que puedo por fortuna escribir. Ya termino, querido Federico y oyentes todos. La mano me tiembla y la debilidad se deja sentir también en la mente, por lo que me es muy difícil concentrarme".
"Chao. Que la ternura de Jesús invada vuestros corazones. María".
Así habla el Señor:
Tú, Belén Efratá, tan pequeña entre los clanes de Judá, de ti me
nacerá el que debe gobernar a Israel: sus orígenes se remontan al pasado, a un
tiempo inmemorial.
Por eso, el Señor los abandonará hasta el momento en que dé a luz
la que debe ser madre; entonces el resto de sus hermanos volverá junto a los
israelitas. Él se mantendrá de pie y los apacentará con la fuerza del Señor,
con la majestad del nombre del Señor, su Dios.
Ellos habitarán tranquilos, porque Él será grande hasta los
confines de la tierra. ¡Y Él mismo será la paz!.
Palabra de Dios.
O bien:
A los que Dios conoció de antemano, los predestinó
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los
cristianos de Roma 8, 28-30
Hermanos:
Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que
lo aman, de aquellos que Él llamó según su designio.
En efecto, a los que Dios conoció de antemano, los predestinó a
reproducir la imagen de su Hijo, para que Él fuera el Primogénito entre muchos
hermanos; y a los que predestinó, también los llamó; y a los que llamó, también
los justificó; y a los que justificó, también los glorificó.
Palabra de Dios.
SALMO Sal 12, 6abc
R. ¡Mi corazón se alegra en el Señor!.
Yo confío en tu misericordia:
que mi corazón se alegre porque me salvaste. R.
¡Cantaré al Señor porque me ha favorecido! R.
ALELUIA
Aleluia.
¡Eres feliz, santa Virgen María, y digna de toda alabanza;
de ti nació el sol de justicia, Cristo, nuestro Dios! Aleluia.
EVANGELIO
Lo que ha sido engendrado en ella
proviene del Espíritu Santo
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo
1, 1-16. 18-23
Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham
fue padre de Isaac; Isaac, padre de Jacob; Jacob, padre de Judá y de sus
hermanos. Judá fue padre de Fares y de Zará, y la madre de estos fue Tamar.
Fares fue padre de Esrón; Esrón, padre de Arám; Arám, padre de Aminadab;
Aminadab, padre de Naasón; Naasón, padre de Salmón. Salmón fue padre de Booz, y
la madre de este fue Rahab. Booz fue padre de Obed, y la madre de este fue Rut.
Obed fue padre de Jesé; Jesé, padre del rey David.
David fue padre de Salomón, y la madre de este fue la que había
sido mujer de Urías. Salomón fue padre de Roboám; Roboám, padre de Abías;
Abías, padre de Asá; Asá, padre de Josafat; Josafat, padre de Jorám; Jorám,
padre de Ozías. Ozías fue padre de Joatám; Joatám, padre de Acaz; Acaz, padre
de Ezequías; Ezequías, padre de Manasés. Manasés fue padre de Amón; Amón padre
de Josías; Josías, padre de Jeconías y de sus hermanos, durante el destierro en
Babilonia.
Después del destierro en Babilonia: Jeconías fue padre de
Salatiel; Salatiel, padre de Zorobabel; Zorobabel, padre de Abiud; Abiud, padre
de Eliacím; Eliacím, padre de Azor. Azor fue padre de Sadoc; Sadoc, padre de
Aquím; Aquím, padre de Eliud; Eliud, padre de Eleazar; Eleazar, padre de Matán;
Matán, padre de Jacob. Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual
nació Jesús, que es llamado Cristo.
Este fue el origen de Jesucristo:
María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían
vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo,
que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió
abandonarla en secreto.
Mientras pensaba en esto, el Angel del Señor se le apareció en
sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa,
porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará
a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque Él salvará a su
Pueblo de todos sus pecados.»
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había
anunciado por el Profeta: La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien
pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa: «Dios con nosotros».
Palabra del Señor.
O bien más breve:
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo
1, 18-23
Este fue el origen de Jesucristo:
María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía
no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su
esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió
abandonarla en secreto.
Mientras pensaba en esto, el Angel del Señor se le apareció en
sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa,
porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará
a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque Él salvará a su
Pueblo de todos sus pecados.»
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había
anunciado por el Profeta: La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien
pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa: «Dios con nosotros».
Nadie
jamás estuvo tan próxima a Dios como la bienaventurada y toda admirable
Virgen María. La más pura, más irreprochable. Fue tan infinitamente amada de
Dios, luz suprema e totalmente pura, que él se encarnó en ella por la
irrupción del Espíritu Santo, guardando su propia naturaleza sin cambio y sin
confusión. ¡Qué maravilla!
En su
inmenso amor por los hombres, Dios no dudó en tomar como Madre la que era su
sierva. ¡Qué condescendencia! En su infinita bondad no hesitó en devenir Hijo
de la que había él mismo creado. Estaba realmente embelesado por la más
graciosa de sus criaturas y la consideró más valiosa que las potencias del
cielo. La palabra del profeta Zacarías se puede aplicar a ella “Grita de
júbilo y alégrate, hija de Sion, porque yo vengo a habitar en medio de ti,
oráculo del Señor” (Za 2,14). (…)
“Alégrate,
casa del Señor, tierra que Dios ha marcado con su paso. Tú, que has contenido
en tu seno al que, por su divinidad, nada puede contener. De ti, el que es
simplicidad, ha tomado la naturaleza compleja del hombre. El Eterno entró en
el tiempo y el Infinito en la finitud. Alégrate plena de gracia, tu nombre
alegra más que toda alegría. De ti ha venido al mundo la alegría inmortal,
Cristo, remedio a la tristeza de los hombres. Alégrate, paraíso más feliz que
el jardín del Edén, donde germina toda virtud y crece el árbol de Vida” (cf.
liturgia bizantina: troparios a la Theotokos, Himno Acatista). (EDD)