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martes, 29 de septiembre de 2026

¿Las matemáticas dicen algo sobre Dios?


matemáticas científicos católicos

Un científico expone el argumento ontológico de Gödel en un congreso de científicos católicos 

os han tratado demostrar la existencia de Dios a través de sus observaciones y razonamientos a lo largo de la historia. 

El matemático Kurt Gödel, por ejemplo, conocido por su teorema de la incompletitud -cualquier sistema lógico si es consistente, es incompleto-, formuló el argumento ontológico mediante la lógica modal. 

Lo hizo siguiendo una larga tradición iniciada por san Anselmo y profundizada por filósofos como Descartes y Leibniz.

Partiendo de la definición de Dios como el que tiene todas las perfecciones y usando reglas lógicas, Gödel buscaba demostrar que ese ser debería existir.

Este matemático del siglo XX se dio cuenta de que la lógica de primer orden no le servía y recurrió a la lógica modal de orden superior. 

Por un lado, ese lenguaje hecho de símbolos de relación, de función, de constante y elementos del universo no lograba abarcar el concepto de necesidad propuesto por Descartes. 

Tampoco podía expresar el cumplimiento de todas las propiedades buenas porque usaba un “para todo” con algo que no es una entidad, sino una propiedad de un objeto.

matemáticas Miguel Recio científico católicoMiguel Recio, matemático

Por eso su intento “no resultó finalmente satisfactorio”, afirmó el matemático Miguel Recio en el V Congreso de la Sociedad de Científicos Católicos de España celebrado del 17 al 19 de septiembre de 2026 en la Universidad Pontificia de Comillas de Madrid.

“Sin darse cuenta, en alguna de las premisas él mismo estaba asumiendo la existencia de Dios”, explicó en su ponencia, en la que expuso detalladamente el argumento ontológico de Gödel.

“Al menos en este ejemplo, la lógica matemática, con todo su formalismo y su rigor, no puede abarcar lo que es Dios”, concluyó Recio.

“La ciencia por sí misma no es capaz de llegar a todo lo que significa Dios -añadió-. Necesitamos algo más: la revelación y conocer a Dios de manera personal”. 

Cuando la ciencia redescubre a Dios

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Cuando las matemáticas llevan a Dios

Sin embargo, para Recio, aunque las matemáticas solas parecen no servir para demostrar la esencia divina, sí pueden usarse para acercarse un poco más a Él.

“Las matemáticas tienen mucha belleza y mucha elegancia en su profundidad -explicó a Aleteia-: eso puede ayudar a encontrar a Dios, al menos a mí me ayuda”.

“Cuando me siento a investigar, aunque haga cosas muy concretas y a veces me cueste, me gusta ver que todo esto viene de Dios y que conocer las matemáticas es una manera de conocerle a Él”, detalló. 

Recio destacó que las matemáticas “son muy prácticas y tienen utilidades en muchos aspectos de la vida, están presentes en todas las ciencias”.

Sin embargo, confesó, “a mí me fascinan y me dedico totalmente a ellas no por la utilidad que puedan tener, sino por las matemáticas en sí, por la belleza que pueden tener: ahí descubro a Dios”.

“No hablo de las matemáticas con el misticismo que a menudo se les atribuye, por ejemplo con la sucesión de Fibonacci o la razón aurea, como algo espiritual”, aclaró. 

“Yo personalmente descubro a Dios en las matemáticas y en su belleza no como una prueba de que tiene que haber un creador porque todo es demasiado bonito, sino porque en todo lo que es Bueno, Bello y Verdadero puedo contemplar la presencia de Dios -añadió-. Conocer las matemáticas me permite contemplarLe desde ellas”.

El primer “Papa matemático” revela la unidad de fe y razón

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Congreso de científicos católicos

Recio agradece haber podido intervenir en el congreso de científicos católicos celebrado este mes en la capital española.

Los participantes pudieron constatar que “no hay una incompatibilidad entre ser científico y ser creyente”, dijo Recio.

“La ciencia nos puede hablar de Dios -subrayó-, y creer en Dios nos puede dar incluso ciertas ventajas como científicos, a la hora de mirar la realidad e intentar entenderla”.

El congreso de la sección española de la Society of Catholic Scientists, que el año que viene se celebrará en Cartagena, permite la relación entre científicos de distintos ámbitos: matemáticos, físicos, químicos, biólogos,…

Además, destaca Recio, “empezar un congreso científico con la Eucaristía lo hace especial en sí mismo”.

Patricia Navas, Aleteia

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- Benedicto XVI



Cuando seis acólitos con síndrome de Down participan en una misa papal

Maxime, François et Théophile.

Servir ante cientos de miles de personas podría intimidar a cualquiera, pero estos jóvenes pidieron el puesto, y el miembro más joven ayudó a que se hiciera realidad


Servir en la misa puede poner nervioso incluso a un acólito experimentado. Hay movimientos que recordar, objetos que colocar en el lugar correcto, en el momento preciso. Ahora, imagínese sustituir la congregación parroquial habitual por casi un millón de personas, añadir cientos de acólitos, miles de clérigos, cámaras de televisión y, para que todo el mundo se relaje, el Papa.

Habría sido una tarea desalentadora incluso para el más experimentado, pero entre los que se ofrecieron como voluntarios para la misa del Papa León en París había seis jóvenes con síndrome de Down que deseaban fervientemente estar allí.

François, Théophile, Maxime, Foucauld, Timothée y Jérôme, de entre 11 y 28 años, están vinculados a la Fundación Jérôme Lejeune, que apoya a personas con síndrome de Down y otras discapacidades intelectuales genéticas. Servir en el altar tampoco fue algo que se les ocurrió especialmente para la visita papal. Maxime, de 22 años, ha servido desde su Primera Comunión y ahora ayuda a formar a los monaguillos más jóvenes de su parroquia, mientras que François, de 28 años, sirve regularmente en Saint-Augustin en París.

Si bien sentían nervios antes de la tarea más importante de su vida como monaguillos, la emoción parece haberlos vencido. François admitió de antemano que estaba algo estresado, pero describió la perspectiva de estar cerca del Papa como un "rayo de sol".

Y luego estaba la pequeña cuestión de cómo los seis habían logrado obtener la misión en primer lugar.

Enviar al más joven

Cuando se necesitó un representante para llevar su petición hasta las más altas instancias, el grupo aparentemente no vio motivo para enviar a su miembro de mayor rango. En cambio, la tarea recayó en Théophile, de 11 años.

Durante una audiencia de la Fundación Jérôme Lejeune en el Vaticano en junio, Théophile se acercó al Papa León con una carta firmada por los seis, preguntándole si podían servir en su misa cuando visitara París. Teniendo en cuenta que François tiene 28 años y Maxime cuenta con 14 años de experiencia como acólito, permitir que el miembro más joven del grupo gestionara las negociaciones papales parece una muestra de gran confianza y, como se demostró, sumamente eficaz.

Tres meses después, los seis se ponían sus albas blancas en la Plaza de la Concordia y tomaban lugar entre unos 400 acólitos.

Hay un detalle importante en esa historia. Théophile y sus amigos no habían pedido una aparición especial en la misa ni la oportunidad de conocer al papa; habían preguntado si podían colaborar. Sabían cómo servir en el altar y querían poner esa experiencia al servicio de la que seguramente era la tarea más importante de sus vidas.

La descripción que hace Maxime de su papel habitual en la parroquia lo ilustra a la perfección. Además de ser turiferario, ayuda a formar a los acólitos más jóvenes y, con orgullo, le comentó a Aleteia Francia que él era el "encargado de los acólitos".

Cualquiera que esté familiarizado con la vida parroquial probablemente pueda imaginárselo de inmediato. Todo grupo necesita a alguien que sepa dónde debe estar cada uno, qué deben llevar y si lo están haciendo correctamente, y Maxime claramente ha adquirido la experiencia suficiente para ser la persona que ayude a los demás.

La alegría de tener algo que dar

Es comprensible que a menudo se hable de las personas con síndrome de Down en términos del apoyo, las oportunidades y la acogida que deberían recibir. Los seis monaguillos de París ofrecieron otra perspectiva, porque pertenecer a una comunidad también significa tener la oportunidad de contribuir a ella.

Eso podría significar capacitar a un acólito más joven, asistir fielmente a la misa o recibir una responsabilidad en un día importante. En la Plaza de la Concordia, significó que seis jóvenes ocuparan sus lugares junto a cientos de otros acólitos y desempeñaran un papel que ya conocían.

El Papa León no los mencionó específicamente durante su homilía, pero una de sus observaciones de aquella mañana pareció particularmente pertinente. Advirtiendo contra la reducción de los seres humanos a lo que se puede contar o medir, el Papa recordó a la congregación que "ninguno de nosotros es simplemente un número o una anotación en un registro, sino una persona única e irremplazable".

"Debemos sentirnos orgullosos y felices de estar vivos"

Los seis jóvenes que rodeaban el altar no necesitaban demostrar su valía siendo útiles, por supuesto, pero su presencia ofrecía otro recordatorio de cómo se manifiesta el respeto a la dignidad humana en la práctica. No se trata simplemente de hacerle un hueco a alguien; se trata también de reconocer sus talentos, confiar en ellos y, a veces, permitirles ser quienes saben qué hacer.

François tenía una perspectiva mucho más sencilla. Antes de la misa, reconoció su discapacidad sin permitir que limitara su vida: "Somos discapacitados", dijo, "pero debemos sentirnos orgullosos y felices de estar vivos".

Esa alegría parece una forma apropiada de recordar a los seis en medio de todas las espectaculares imágenes de la misa del Papa León XIII en París. Se habían ofrecido voluntarios para una tarea que habría puesto nervioso incluso al acólito más experimentado, convencieron al Papa para que les permitiera hacerlo y se encontraron sirviendo ante una de las congregaciones más grandes que probablemente jamás verán.

Para Théophile, François, Maxime, Foucauld, Timothée y Jérôme, fue sin duda un día extraordinario. Sin embargo, quizás lo que hizo que su presencia fuera tan significativa fue algo mucho más ordinario: tenían algo que ofrecer a su Iglesia, y su Iglesia les brindó la oportunidad de ofrecerlo.

Cerith Gardiner - Cyprien Viet, Aleteia

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León XIV cierra su viaje a Francia con un llamamiento a «desarmar los corazones y las palabras»

 En Metz, la ciudad de Robert Schuman, que cambió de manos entre Francia y Alemania León XIV cerró su viaje con dos avisos: a los líderes religiosos, que usar el nombre de Dios para justificar la violencia es profanarlo, y a Europa, que su futuro no está en la uniformidad sino en la «armonía de las diferencias».

El Papa ha clausurado su segundo gran viaje apostólico en Metz, ciudad francesa en la frontera con Alemania. La próxima parada serán 10 ciudades de América del Sur en noviembre.

El Papa ha clausurado su segundo gran viaje apostólico en Metz, ciudad francesa en la frontera con Alemania. La próxima parada serán 10 ciudades de América del Sur en noviembre.


    León XIV puso este lunes punto final en Metz, en el noreste de Francia, a su viaje apostólico de cuatro días por el país. Lo hizo con dos citas que, aunque separadas por unas horas, tenían mucho que ver. 

    Por la mañana, en el Centro de Congresos Robert Schuman, reunió a representantes de las distintas tradiciones religiosas presentes en Francia y les recordó que «invocar el nombre de Dios para legitimar la violencia o la opresión es una profanación de este nombre». 

    Por la tarde presidió la misa por la paz y la justicia en la catedral de San Esteban. Según el Vaticano, participaron unas 35.000 personas, dentro del templo y en las calles cercanas, donde se instalaron pantallas gigantes. Emmanuel Macron y su esposa, Brigitte, se sentaron en la primera fila.

    El Papa con el presidente de la República Emmanuel Macron.

    El Papa con el presidente de la República Emmanuel Macron.Vatican Media

    Dios no firma la violencia

    El lugar ya era parte del mensaje. Schuman, venerable y uno de los padres fundadores de la Unión Europea, vivió en Metz, y el Papa lo presentó como un hombre que «supo transformar las antiguas líneas de fractura en puntos de esperanza». 

    Antes de su discurso, los responsables de las principales confesiones del país leyeron y firmaron el Llamamiento de Metz. El texto mira al encuentro de Asís de hace cuarenta años y sostiene que no se puede construir una paz duradera sin los demás ni contra ellos.

    León XIV se apoyó en Francisco y en la Fratelli tutti, en Juan Pablo II y hasta en Paul Ricoeur para defender que «dialogar no disminuye nuestra identidad, sino que la expresa con simplicidad y verdad». Para él, el diálogo es el arte de ver al otro como una promesa y no como una amenaza. 

     «Nada de lo que desfigura la dignidad humana se puede reivindicar como una auténtica inspiración divina», afirmó también. De ahí sacó una tarea concreta para cada líder presente: que el discurso religioso sirva para «desarmar los corazones y las palabras». No es poca cosa en una Europa donde, a veces, se reza con el puño cerrado.

    Durante un momento de su discurso en el encuentro «A las raíces de Europa por la paz y la unidad».

    Durante un momento de su discurso en el encuentro «A las raíces de Europa por la paz y la unidad».

    La segunda parte del discurso apuntó a otro frente. «La grandeza de una civilización no se mide por sus éxitos materiales, sino por la manera en la que abraza, protege y eleva la persona humana», dijo, y añadió que servir a la vida es «envolverla en cuidados, presencia y ternura, sobre todo en la prueba, hasta el final».

    Veinticuatro horas después de llamar «falsa compasión» a la eutanasia ante los enfermos de Lourdes, y en un país que acaba de legalizar la «ayuda para morir», ese «hasta el final» no necesitaba traducción.

    El desierto, el jardín y la casa

    En la homilía de la misa que se celebró posteriormente, el Papa partió de Isaías y de sus tres imágenes del Reino de Dios. El desierto es el lugar de lo esencial. El jardín es el de la belleza. La casa es la única de las tres que no brota sola, porque exige ladrillo, sudor y manos humanas. 

    Así ocurre de la misma manera con la paz, explicó: «la paz, que es don de Dios, exige una respuesta por parte de los hombres en un esfuerzo compartido».

    Después, al comentar el Evangelio, el de poner la otra mejilla, el Papa explicó que habrá quien lo vea como debilidad o como rendición ante el mal, «pero no es así en absoluto». 

    Y, mirando a una tierra «lacerada en el pasado por conflictos fratricidas», según dijo, afirmó que «no es verdad que el que comete venganza es más fuerte que el que perdona. No es verdad que el que no cede es más fuerte que el que busca la reconciliación. No es verdad que el que se marcha azotando la puerta es más fuerte que el que afronta el esfuerzo de caminar juntos».

    Metz, dijo, demuestra que la reconciliación solo es posible cuando alguien tiene «la valentía de romper las cadenas del resentimiento». Citó a san Agustín y su tranquillitas ordinis, y también a Juan Pablo II en el Acto Europeo de Santiago de Compostela de 1982.

    Recordó también que Europa se construyó sobre un patrimonio espiritual y moral «aun antes que económico y político». Enumeró ese patrimonio sin tapar ninguna parte: el carácter sagrado de la vida «en todas sus fases», la familia como fundamento de la sociedad, los pobres, la acogida del extranjero y el respeto a los ancianos. Es un inventario que no deja cómodo a nadie, y probablemente por eso es el bueno.

    A las 16:00 presidió la Santa Misa en la catedral de Metz.

    A las 16:00 presidió la Santa Misa en la catedral de Metz.

    La linterna del Buen Dios

    El final de la homilía se lo regaló la propia catedral, conocida como la «Linterna del Buen Dios» por sus 6.500 metros cuadrados de vidrieras. Entre ellas brillan las del pintor judío Marc Chagall.

    El Papa vio en ellas «un extraordinario símbolo ecuménico y de diálogo interreligioso», y así cerró el círculo con el encuentro de la mañana. De ahí salió su frase para Europa: «el futuro de Europa no reside en la uniformidad, sino en la armonía de las diferencias, donde la herida del pasado se convierte en una fisura que deja filtrar la luz».

    También aplicó la imagen a la Iglesia. Sin vidrieras, las ventanas de San Esteban serían solo huecos llenos de una luz que ciega. Con ellas, se convierten en libros. Las estructuras eclesiales, vino a decir, solo tienen sentido si sirven para eso.

    Fuera esperaban scouts de uniforme, jubilados en banquetas plegables y banderas alemanas mezcladas con las francesas, algo impensable en esta plaza hace ochenta años. Había también una profesora de Física que se tomó el día libre para venir con cuatro de sus seis hijos. 

    El Papa se despidió pidiendo a Metz que sea «un faro de esperanza para este país, para Europa y para el mundo», y puso rumbo a Roma. Deja en Francia una idea sencilla y nada cómoda: la luz, para que sirva de algo, tiene que atravesar algo roto.

    ReL





    Evangelio del día Fiesta de los santos arcángeles


     

    Lectura del Día

    Lectura de la profecía de Daniel 

    Daniel 7, 9-10. 13-14

    Yo, Daniel, tuve una visión nocturna:
    Vi que colocaban unos tronos
    y un anciano se sentó.
    Su vestido era blanco como la nieve,
    y sus cabellos, blancos como lana.
    Su trono, llamas de fuego,
    con ruedas encendidas.
    Un río de fuego brotaba delante de él.
    Miles y miles lo servían,
    millones y millones estaban a sus órdenes.
    Comenzó el juicio y se abrieron los libros.

    Yo seguí contemplando en mi visión nocturna
    y vi a alguien semejante a un hijo de hombre,
    que venía entre las nubes del cielo.
    Avanzó hacia el anciano de muchos siglos
    y fue introducido a su presencia.
    Entonces recibió la soberanía, la gloria y el reino.
    Y todos los pueblos y naciones
    de todas las lenguas lo servían.
    Su poder nunca se acabará, porque es un poder eterno,
    y su reino jamás será destruido.

    Evangelio del Día

    Lectura del santo evangelio según san Juan 

    Juan 1, 47-51

    En aquel tiempo, cuando Jesús vio que Natanael se acercaba, dijo: "Éste es un verdadero israelita en el que no hay doblez". Natanael le preguntó: "¿De dónde me conoces?" Jesús le respondió: "Antes de que Felipe te llamara, te vi cuando estabas debajo de la higuera". Respondió Natanael: "Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel". Jesús le contestó: "Tú crees, porque te he dicho que te vi debajo de la higuera. Mayores cosas has de ver". Después añadió: "Yo les aseguro que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre".

    Las palabras de los Papas

    El evangelista nos refiere que, cuando Jesús ve a Natanael acercarse, exclama:  "Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño" (Jn 1, 47). Se trata de un elogio que recuerda el texto de un salmo:  "Dichoso el hombre... en cuyo espíritu no hay fraude" (Sal 32, 2), pero que suscita la curiosidad de Natanael, que replica asombrado:  "¿De qué me conoces?" (Jn 1, 48). La respuesta de Jesús no es inmediatamente comprensible. Le dice:  "Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi" (Jn 1, 48). No sabemos qué había sucedido bajo esa higuera. Es evidente que se trata de un momento decisivo en la vida de Natanael. Él se siente tocado en el corazón por estas palabras de Jesús, se siente comprendido y llega a la conclusión:  este hombre sabe todo sobre mí, sabe y conoce el camino de la vida, de este hombre puedo fiarme realmente. Y así responde con una confesión de fe límpida y hermosa, diciendo:  "Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel" (Jn 1, 49). En ella se da un primer e importante paso en el itinerario de adhesión a Jesús.  (Benedicto XVI, Catequesis del 4 de octubre de 2006)

    (vatican.va)

    Nota
    Cada 29 de septiembre celebramos la fiesta de los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, mensajeros de Dios que aparecen en la Sagrada Escritura cumpliendo misiones decisivas. Ellos nos recuerdan que el Señor no abandona a su pueblo y nos llama a vivir bajo su amor, protección y guía.
    Encomendemos a San Miguel nuestras luchas y la defensa ante el mal; a San Gabriel, nuestras familias y el deseo de escuchar la voluntad de Dios; y a San Rafael, la salud, los viajes y las necesidades que llevamos en el corazón. (ACI)

    Reflexión sobre el cuadro

    Hoy celebramos la fiesta de los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. La palabra ‘arcángel’ proviene del griego 'arch'-angelos, que significa 'jefe' o ángel principal: algo parecido a cómo un 'ar'-obispo ocupa un lugar de especial responsabilidad entre los obispos. Estos tres ángeles son especialmente importantes porque las Escrituras les dan un nombre a cada uno de ellos, y cada nombre nos dice algo sobre Dios. Miguel significa ‘¿Quién es como Dios?’, Gabriel ‘Dios es mi fortaleza’ y Rafael ‘Dios sana’. Por lo tanto, su fiesta de hoy no celebra simplemente a tres seres celestiales, sino tres formas diferentes en las que Dios se acerca a su pueblo: protegiendo, hablando y sanando.

    Francesco Botticini reúne a los tres en este magnífico cuadro florentino de alrededor de 1485. A la izquierda se encuentra Miguel, espléndidamente ataviado con su armadura, listo para luchar contra las fuerzas del mal. En el centro está Gabriel, con el lirio blanco que recuerda su aparición ante la Virgen María en la Anunciación. Y a la derecha camina Rafael, sujetando con delicadeza de la mano al joven Tobías. Sus enormes alas, de hermosos colores, confieren a la escena un aire casi sobrenatural, aunque sus pies están firmemente plantados en la tierra. El cielo camina aquí en la tierra.

    Las dos figuras de la derecha  (Rafael y Tobías) proceden de la maravillosa historia narrada en el Libro de Tobías. Tobías es enviado por su padre a emprender un difícil viaje, y Rafael le acompaña, aunque al principio Tobías no se da cuenta de que su compañero de viaje es un ángel. Tobías lleva consigo el pescado que ha capturado por el camino. Su corazón y su hígado se utilizarán para ahuyentar al demonio Asmodeo de Sara, con quien Tobías se casará, mientras que su hiel acabará devolviendo la vista a su padre ciego, Tobit. Por lo tanto, Rafael no es simplemente un ángel de la curación. Es un ángel del camino: camina junto a Tobías, lo protege y lo guía en silencio hacia un futuro que él aún no puede ver.

    Detrás del cuadro se esconde también un precioso detalle histórico. Botticini lo pintó para la capilla de la Cofradía del Arcángel Rafael en la iglesia de Santo Spirito de Florencia. La imagen de Tobías viajando bajo la protección de un ángel se había hecho especialmente popular entre las familias de comerciantes florentinos, cuyos hijos a menudo tenían que abandonar el hogar y recorrer distancias considerables para comprar tejidos, por ejemplo, en Brujas o incluso más lejos, en el Lejano Oriente. Los padres podían contemplar un cuadro como este y reconocer en él algo de sus propias esperanzas y preocupaciones: «Que un ángel acompañe a mi hijo cuando yo no pueda hacerlo».

    Hay algo especialmente bello en el hecho de que los ángeles del cuadro de Botticini no estén flotando en algún lugar de los cielos. Están caminando. Me recuerda una cita de G. K. Chesterton, quien escribió que ‘el arte nace cuando lo temporal roza lo eterno’. Hay algo de esa idea en el cuadro de hoy. Miguel, Gabriel y Rafael son enviados por Dios a una situación humana muy concreta, a un camino terrenal. Lo eterno entra en lo temporal.

    Quizás eso sea también algo por lo que podamos rezar hoy. Cada uno de nosotros tiene su propio camino que recorrer y su propia tarea que cumplir. Puede que no siempre veamos adónde nos lleva. Al igual que Tobías, puede que ni siquiera nos demos cuenta de toda la ayuda que Dios nos brinda a lo largo del camino. Hoy pedimos a los tres arcángeles que nos acompañen y les dirigimos nuestras oraciones.

    by Padre Patrick van der Vorst

    Oración

    “San Miguel Arcángel, tú eres el Príncipe de las milicias celestiales, el vencedor del dragón infernal, has recibido de Dios la fuerza y el poder para aniquilar por medio de la humildad el orgullo de los poderes de las tinieblas. Te imploramos, suscita en nosotros la auténtica humildad del corazón, la fidelidad inquebrantable, para cumplir siempre la voluntad de Dios, la fortaleza en el sufrimiento y las necesidades, ayúdanos a subsistir delante del tribunal de Dios.

    San Gabriel Arcángel, tú eres el ángel de la Encarnación, el mensajero fiel de Dios, abre nuestros oídos para captar los más pequeños signos y llamamientos del corazón amante de nuestro Señor; Permanece siempre delante de nuestros ojos, te imploramos, para que comprendamos correctamente la Palabra de Dios y la sigamos y obedezcamos y para cumplir aquello que Dios quiere de nosotros. Haznos vigilantes en la espera del Señor para que no nos encuentre dormidos cuando llegue.

    San Rafael Arcángel, tú eres el mensajero del amor de Dios. Te imploramos, hiere nuestro corazón con un amor ardiente por Dios y no dejes que esta herida se cierre jamás para que permanezcamos sobre el camino del amor en la vida diaria y venzamos todos los obstáculos por la fuerza de este amor.

    Ayudadnos hermanos grandes y santos, servidores como nosotros delante de Dios. Protegednos contra nosotros mismos, contra nuestra cobardía y tibieza, contra nuestro egoísmo y nuestra avaricia, contra nuestra envidia y desconfianza, contra nuestra suficiencia y comodidad, contra nuestro deseo de ser apreciados. Desligadnos de los lazos del pecado y de toda atadura al mundo.

    Desatad la venda que nosotros mismos hemos anudado sobre nuestros ojos, para dispensarnos de ver la miseria que nos rodea, y poder mirar nuestro propio yo sin incomodarnos y con conmiseración.

    Clavad en nuestro corazón el aguijón de la santa inquietud de Dios, para que no cesemos jamás de buscarlo con pasión, contrición y amor.

    Buscad en nosotros la Sangre de Nuestro Señor que se derramó por nosotros. Buscad en nosotros las lágrimas de vuestra Reina vertidas por nuestra causa. Buscad en nosotros la imagen de Dios destrozada, desteñida, deteriorada, imagen a la cual Dios quiso crearnos por amor.

    Ayudadnos a reconocer a Dios, a adorarlo, amarlo y servirlo. Ayudadnos en la lucha contra los poderes de las tinieblas que nos rodean y nos oprimen solapadamente.

    Ayudadnos para que ninguno de nosotros se pierda, y para que un día, gozosos, podamos reunirnos en la felicidad eterna. Amén.”

    (hozana.org)

    lunes, 28 de septiembre de 2026

    León XIV concluye su visita a Lourdes con una procesión con antorchas

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    León XIV participó en la procesión de antorchas en Lourdes. Subrayó que la Madre de Jesús es una figura fundamental y que su apoyo e intercesión no son secundarios


    "Un peregrino entre peregrinos». Así se presentó León XIV al concluir su visita de unas 36 horas a Lourdes con la tradicional procesión de antorchas la noche del 27 de septiembre de 2026. Esta actitud caracterizó su paso por la ciudad mariana: al llegar el día anterior, había ido a la gruta y bebido del agua del manantial, como hacen los innumerables visitantes del lugar.

    Al final del tercer día de su viaje apostólico a Francia, el Papa participó en la procesión de antorchas en Lourdes, siguiendo una estatua de la Virgen Coronada. La procesión recorrió la orilla del río desde la gruta y la gran explanada durante más de media hora. Mientras caminaba, rezó el rosario en muchos idiomas del mundo, junto a decenas de miles de católicos cuyas velas brillaban intensamente en la noche.

    ALBERTO PIZZOLI | AFP

    En su meditación en las escaleras de la basílica, el jefe de la Iglesia Católica expresó su emoción al pensar en los fieles que acuden a Lourdes para venerar a la Virgen María de generación en generación. Subrayó que la Madre de Jesús es una figura fundamental y que su apoyo e intercesión no son secundarios en la vida de un cristiano.

    Haciendo hincapié en el "milagro" de la fe, que puede "traer serenidad y alegría en medio de la adversidad", León XIV vio en el resplandor de las velas un símbolo de la esperanza que "nunca nos abandona". Más allá del horizonte terrenal, el pontífice prometió a quienes sufren "un futuro de felicidad infinita en Dios, que tenemos la certeza de alcanzar si permanecemos firmes en la fe y la caridad".

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    ALBERTO PIZZOLI | AFP

    Se espera que el Papa pase la noche en Lourdes. Mañana por la mañana, 28 de septiembre, partirá de los Pirineos para cruzar Francia en diagonal y dirigirse a Metz, en la región del Mosela, última parada de su viaje apostólico por el país. Esta jornada en la tierra de Robert Schuman culminará con un encuentro por la paz en Europa, al que asistirán, entre otros, el presidente Emmanuel Macron y los soberanos de Luxemburgo y Mónaco.

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    I.Media, Aleteia