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martes, 7 de abril de 2026

Evangelio del día - Martes de Pascua

 

Libro de los Hechos de los Apóstoles 2,36-41.

El día de Pentecostés, Pedro dijo a los judíos:
"Todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías".
Al oír estas cosas, todos se conmovieron profundamente, y dijeron a Pedro y a los otros Apóstoles: "Hermanos, ¿qué debemos hacer?".
Pedro les respondió: "Conviértanse y háganse bautizar en el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo.
Porque la promesa ha sido hecha a ustedes y a sus hijos, y a todos aquellos que están lejos: a cuantos el Señor, nuestro Dios, quiera llamar".
Y con muchos otros argumentos les daba testimonio y los exhortaba a que se pusieran a salvo de esta generación perversa.
Los que recibieron su palabra se hicieron bautizar; y ese día se unieron a ellos alrededor de tres mil.

Salmo 33(32),4-5.18-19.20.

La tierra está llena del amor del Señor.

Porque la palabra del Señor es recta
y él obra siempre con lealtad;
él ama la justicia y el derecho,
y la tierra está llena de su amor.

Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,
sobre los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y sustentarlos en el tiempo de indigencia.

Nuestra alma espera en el Señor;
él es nuestra ayuda y nuestro escudo.

Evangelio según San Juan 20,11-18.

María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro
y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús.
Ellos le dijeron: "Mujer, ¿por qué lloras?". María respondió: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto".
Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.
Jesús le preguntó: "Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?". Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: "Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo".
Jesús le dijo: "¡María!". Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: "¡Raboní!", es decir "¡Maestro!".
Jesús le dijo: "No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: 'Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes'".
María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

San Máximo de Turín (¿-c. 420)
obispo
CC Sermón 39a; PL 57, 359


«Ve a buscar a mis hermanos y diles: Subo al Padre mío y Padre vuestro»

Después de la resurrección, María Magdalena buscó al Señor en la tumba, olvidó su promesa de regresar de los infiernos al tercer día, lo imaginó preso en la tierra... Una fe humilde e ignorante busca lo que no sabe, olvida al que le enseñó; es pronta para venerar, pero su creencia es imperfecta. Se preocupa de las heridas que el Señor llevó en su carne, pero duda de la gloria de su resurrección. Llora porque ama a Cristo, se aflige por no haber encontrado su cuerpo; imagina muerto al que ya reinaba...
Le reprochamos pues a la bienaventurada María, haber sido demasiado lenta en creer (Lc 24, 5s); reconoció al Señor, un poco tarde. Por eso el Salvador le dice: " No me toques, porque todavía no he subido al Padre "... Es decir, ¿por qué deseas tocarme, tú que, buscándome entre las tumbas, no crees que subí cerca de mi Padre, tú que, buscándome en el lugar de los muertos, dudas que haya regresado al cielo; tú que, buscándome entre los muertos, no te esperas verme vivir cerca de Dios, mi Padre? "Todavía no he subido al Padre ", dice, es decir: para ti todavía no he subido al Padre, yo que, según tu fe, estoy retenido para siempre en la tumba...
El que quiere tocar al Señor debe primero, por fe, colocarle a la derecha de Dios; su corazón, más bien que buscarle entre los muertos, debe situarlo en el cielo. El Señor sube hacia el Padre, él que sabe estar siempre en el Padre... "El Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios " (Jn 1,1)... San Pablo nos enseña cómo buscar nosotros también al Salvador en el cielo, diciendo: "Buscad las cosas de arriba, allí dónde está Cristo, sentado a la derecha de Dios".
Y para hacernos olvidar completamente la búsqueda a ras de tierra de María, añade: "Desead las cosas de arriba, no las de la tierra" (Col 3,1-2). No es pues en la tierra, ni bajo la tierra, ni según la carne, donde debemos buscar al Salvador, si queremos encontrarlo y tocarlo, sino en la gloria de la majestad. divina.
(EDD)


Reflexión sobre el cuadro

El Evangelio de esta mañana se centra en las lágrimas de María Magdalena. Está de pie ante el sepulcro, llorando. Se le hace la misma pregunta dos veces en nuestra breve lectura. Primero los ángeles le preguntan: “Mujer, ¿por qué lloras?” y luego Jesús mismo repite la misma pregunta: “¿Por qué lloras?” Llora porque no encuentra a quien ama. Reconocemos esa experiencia: cuando alguien querido ha muerto o está vivo pero se siente perdido, distante o fuera de nuestro alcance, el dolor surge en nuestro interior. Nosotros, como María en la tumba, lloramos.

Sin embargo, la historia de María no termina en la pérdida. En su búsqueda, sucede algo inesperado. El Señor que ella buscaba la encuentra. La llama por su nombre, “María”, y en ese momento todo cambia. Esta es la promesa silenciosa en el corazón del Evangelio: aunque no siempre logremos encontrar a quienes anhelamos, el Señor nunca está fuera de nuestro alcance... siempre está ahí, siempre nos busca incluso antes de que lo busquemos.

Hay algo, me atrevería a decir, sagrado en el llanto. No lloramos por lo que significa poco para nosotros; lloramos por aquellos a quienes amamos. Las lágrimas son el amor hecho visible, el corazón que se desborda cuando las palabras ya no bastan. Aparecen cuando los lazos se estrechan por la distancia, por la pérdida, por la incomprensión o por el dolor silencioso de ver a un ser querido tomar quizá decisiones equivocadas. En esos momentos, las lágrimas no son un signo de debilidad, sino de profundidad y amor. Las lágrimas son un testimonio de que hemos permitido a otros entrar en nuestras vidas, de que nos hemos preocupado, de que hemos amado. Y quizá por eso tienen tanta dignidad: cada lágrima lleva en sí una historia de relación, una oración silenciosa que surge del corazón y nos recuerda que donde hay lágrimas, hay amor.

Hoy comparto un detalle de La lamentación por Cristo muerto, de Andrea Mantegna. La mujer que llora está de pie a la izquierda del cuadro, inclinada sobre el cuerpo sin vida de Cristo, con el rostro contorsionado por el dolor y la boca abierta en un grito que casi podemos oír. No son lágrimas suaves; son crudas, desenfrenadas, casi violentas en su honestidad. Mantegna no suaviza el dolor, lo expone. Fíjense también en las arrugas de su rostro, es como si la angustia de la mujer estuviera grabada en cada línea de su cara. Esta mujer que llora es una de las expresiones de luto más sobrecogedoras de todo el arte. Y sin embargo, precisamente por eso, es también una de las expresiones más bellas del amor... un amor que debe llorar porque ha amado tan profundamente...

by Padre Patrick van der Vorst


Oración-Secuencia Pascual

Ofrezcan los cristianos
Ofrendas de alabanza
A gloria de la victima
Propicia de la Pascua
Cordero sin pecado
Que a las ovejas salva
A Dios y a los culpables
Unió con nueva alianza
Aleluya, aleluya
Aleluya, aleluya
Aleluya, aleluya
Aleluya, aleluya
Lucharon vida y muerte
En singular batalla
Y muerto el que es vida
Triunfante se levanta
¿Qué has visto de camino
María en la mañana?
A mi Señor glorioso
La tumba abandonada
Aleluya, aleluya
Aleluya, aleluya
Aleluya, aleluya
Aleluya, aleluya
Los ángeles testigos
Sudarios y mortajas
Resucitó de veras
Mi amor y mi esperanza
Venid a Galilea
Ahí el Señor aguarda
Ahí veréis los suyos
La Gloria de la Pascua
Aleluya, aleluya
Aleluya, aleluya
Aleluya, aleluya
Aleluya, aleluya
Primicia de los muertos
Sabemos por tu gracia
Que está el Resucitado
La muerte en ti no manda
Rey vencedor apiádate
De la miseria humana
Y da a tus fieles parte
En tu victoria santa
Aleluya, aleluya
Aleluya, aleluya
Aleluya, aleluya
Aleluya, aleluya




lunes, 6 de abril de 2026

Enkhjin se va a bautizar en Mongolia esta Pascua: primero la atrajo el belén, luego el altar

La joven Enkhjin con su amigo Arvanai; ella conoció la fe por él, acólito en la catedral de Ulán Bator, y ahora se va a bautizar

La joven Enkhjin con su amigo Arvanai; ella conoció la fe por él, acólito en la catedral de Ulán Bator, y ahora se va a bautizar


    En Mongolia, país de tradición budista que vivió décadas de dictadura comunista, los católicos son muy pocos, con apenas 8 parroquias y unos 1.500 católicos bautizados. El catolicismo pudo empezar a crear comunidades, muy humildes, solo en 1992, tras la caída del régimen comunista. El Papa Francisco hizo historia al visitar el país y crear cardenal a su joven obispo misionero italiano, Giorgio Marengo, que tiene hoy 51 años.

    Las conversiones aquí son historias humanas en las que Dios habla al corazón, a menudo a través de amigos. Es el caso de Enkhjin Baatar, una estudiante de 21 años.

    Enkhjin Baatar es una chica de campo que llegó hace unos años a la capital, Ulán Bator, para estudiar en la universidad. Sus padres, de familia humilde, trabajan en una fábrica de carne en una zona remota. Allí quedaron con sus hermanas, de 15 y 13 años.

    Enkhjin y su familia no tenían religión alguna. En la capital, la joven estudiante conoció a un compañero de clase que era católico y monaguillo en la catedral, Khashdorj Michael Arvanai. Él le hablaba de su fe, y de la iglesia, a la que acude con su abuela, tía y primos.

    Un móvil perdido

    Una tarde de invierno, Enkhjin perdió su móvil en un autobús aborrotado. Se sintió impotente y hundida. Su amigo Arvanai le propuso rezar en la iglesia, ante el belén navideño, pidiendo ayuda al Niño Jesús.

    “La experiencia fue profunda”, explica la joven. No recuperó el teléfono gracias a las oraciones, "pero sí obtuvo mucha tranquilidad". “Fue entonces cuando empecé a comprender el poder de la oración”, recordó. “Jesús escucha. Cuando pedimos con fe, Él responde a su manera”.

    Enkhjin, con traje típico, la tercera por la derecha, con su madre, sus hermanas menores y su padre

    Enkhjin, con traje típico, la tercera por la derecha, con su madre, sus hermanas menores y su padre

    Enkhjin ya había visitado antes una iglesia protestante. Notó su énfasis en las Escrituras. Pero el catolicismo le atrae a otro nivel. "Lo que me atrae de la Iglesia Católica es el altar, donde el Cuerpo y la Sangre de Jesús son sacrificados y entregados a los fieles», dijo. «Esto alimenta el alma. Quiero experimentarlo personalmente". Y añade: "Anhelo el día en que reciba por primera vez el Cuerpo y la Sangre de Jesús".

    Fue aceptada oficialmente como catecúmena el año pasado, y en esta vigilia pascual será bautizada en la Catedral de San Pedro y San Pablo.

    Dispuesta a evangelizar

    Tuya, la abuela de Arvanai, comenta a UCANews que "es una chica inteligente y devota; todavía no comprende muchas enseñanzas de la Iglesia, pero dice: "Tengo fe en Jesús"».

    La catedral de San Pedro y San Pablo en Mongolia en 2023, y casi todos los católicos del país, recibiendo al Papa Francisco

    La catedral de San Pedro y San Pablo en Mongolia en 2023, y casi todos los católicos del país, recibiendo al Papa FranciscoVaticanMedia

    Cuando se le pregunta cómo puede ella servir a la Iglesia, responde que quiere convertirse en lectora, para proclamar la Palabra de Dios a los demás. Le gusta el Evangelio de Juan, la escena en la que Andrés acerca a Pedro a Jesús. "Al igual que Andrés, mi amigo Arvanai me acercó a Jesús", apunta ella. "En el futuro, también quiero convertirme en un ‘Andrés’ para muchos ‘Pedros’, llevándolos a Jesús. Entiendo que este es el papel de todo misionero en esta joven Iglesia en Mongolia".

    ReL

    Vea también    Testimonios de Fe y de Conversión




    El Papa: Anunciar la Pascua de Cristo significa dar nueva voz a la esperanza

     


    Este 6 de abril, Lunes del Ángel, en la Octava de Pascua, el Papa León XIV dirigió el rezo de la oración mariana del Regina Coeli. Desde la ventana del Palacio Apostólico el Pontífice invitó a testimoniar en el mundo: la Pascua del Señor, porque “el anuncio pascual exime del sepulcro nuestro futuro”. Y recordó “con particular afecto, a la luz del Resucitado”, al Papa Francisco, quien precisamente el Lunes de Pascua del año pasado entregó su vida al Señor.

    “Así como el Resucitado —siempre vivo y presente— libera el pasado de un final destructivo, así el anuncio pascual exime del sepulcro nuestro futuro”, este fue el centro de la reflexión del Papa León XIV en su alocución previa a la oración mariana del Regina Coeli de este 6 de abril, Lunes del Ángel, en la Octava de Pascua.

    Toda la creación entra en el tiempo de la salvación

    A los más de ocho mil fieles y peregrinos que se congregaron en la Plaza de San Pedro para rezar a la Madre de Dios, el Santo Padre les manifestó el tradicional saludo pascual: “¡Cristo ha resucitado! ¡Feliz Pascua!”. Y les dijo que, este saludo, lleno de asombro y de alegría, nos acompañará toda la semana.

    “Al celebrar el día nuevo que el Señor ha hecho para nosotros, la liturgia celebra el ingreso de toda la creación en el tiempo de la salvación; la desesperación de la muerte es removida para siempre, en el nombre de Jesús”.

    De un mismo hecho, el sepulcro vacío, brotan dos interpretaciones

    Al comentar el Evangelio que la liturgia presenta este Lunes de la Octava de Pascua (Mt 28, 8-15), el Pontífice señaló que, este texto bíblico nos pide elegir entre dos relatos: el de las mujeres, que han encontrado al Resucitado (vv. 9-11), o el de los guardias, que han sido sobornados por los jefes del sanedrín (vv. 11-14).

    “Las primeras anuncian la victoria de Cristo sobre la muerte; los segundos anuncian que la muerte vence siempre y en todo caso. En su versión, Jesús no ha resucitado, sino que su cadáver ha sido robado. De un mismo hecho, el sepulcro vacío, brotan dos interpretaciones: una es fuente de vida nueva y eterna, la otra de muerte cierta y definitiva”.

    El Papa: Perseveremos en la invocación del don de la paz para todo el mundo

    06/04/2026

    Este 6 de abril, Lunes del Ángel, en la Octava de Pascua, el Papa León XIV después de la oración mariana del Regina Coeli invitó a seguir perseverando “en la invocación del don de ...

    Reflexionar sobre el valor del testimonio cristiano

    Este contraste, precisó el Papa León, nos hace reflexionar sobre el valor del testimonio cristiano y sobre la honestidad de la comunicación humana. A menudo, el relato de la verdad es oscurecido por fake news —como se dice hoy—, es decir, por mentiras, alusiones y acusaciones sin fundamento. No obstante, frente a tales obstáculos, la verdad no permanece oculta, al contrario, viene a nuestro encuentro, viva y radiante, iluminando las tinieblas más densas.

    “Tal como a las mujeres que fueron al sepulcro, Jesús también hoy a nosotros nos dice: «No teman. Vayan a anunciar» (v. 10). Jesús mismo se convierte así en la buena noticia que hay que testimoniar en el mundo: la Pascua del Señor es nuestra Pascua —la Pascua de la humanidad— porque este hombre, que ha muerto por nosotros, es el Hijo de Dios, que por nosotros ha dado su vida. Así como el Resucitado —siempre vivo y presente— libera el pasado de un final destructivo, así el anuncio pascual exime del sepulcro nuestro futuro”.

    Anunciar la Pascua de Cristo significa dar nueva voz a la esperanza

    Por este motivo, el Santo Padre dijo que, ¡cuán importante es que este Evangelio llegue sobre todo a quienes están oprimidos por la maldad, que corrompe la historia y confunde las conciencias! Y su pensamiento se dirigió especialmente a los pueblos atormentados por la guerra, a los cristianos perseguidos por su fe, a los niños privados de la educación.

    “Anunciar con palabras y obras la Pascua de Cristo significa dar nueva voz a la esperanza, que de otro modo sería sofocada en manos de los violentos. Cuando es proclamada en el mundo, la Buena Nueva disipa toda sombra, en cada época”.

    El gran testimonio de fe y de amor del Papa Francisco

    Y antes de concluir su alocución, León XIV recordó “con particular afecto, a la luz del Resucitado”, al Papa Francisco, quien precisamente el Lunes de Pascua del año pasado entregó su vida al Señor.

    “Al recordar su gran testimonio de fe y de amor, recemos juntos a la Virgen María, Trono de la Sabiduría, para que podamos convertirnos en anunciadores cada vez más luminosos de la verdad”.

    Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

    León XIV: la Pascua tuvo un precio altísimo porque Cristo murió para librarnos del «dominio del mal»

    El Papa convoca a una vigilia de oración por la paz en la Basílica de San Pedro el sábado 11 de abril.

    Momento de la bendición del Papa, acompañada de indulgencia plenaria.

    Momento de la bendición del Papa, acompañada de indulgencia plenaria.Vatican Media (captura)


      Este domingo tuvo lugar la primera bendición Urbi et Orbi por Pascua de Resurrección de León XIV como Papa. Está cerca el aniversario de la muerte de Francisco, el 21 de abril, y de la elección de su sucesor, el cardenal Robert Prevost, el 8 de mayo.

      Así que fue la primera vez que escuchamos de sus labios, y además en numerosos idiomas, la expresión "¡Cristo ha resucitado! ¡Felices pascuas!".

      Una Plaza de San Pedro abarrotada saludó al Papa y recibió su bendición.

      Una Plaza de San Pedro abarrotada saludó al Papa y recibió su bendición.Vatican Media

      Y en sus palabras desde el balcón central de la basílica vaticana, y ante tropas de la Santa Sede y de Italia que tocaron sus himnos, destacó que en este día "la Iglesia canta con júbilo el acontecimiento que es el origen y el fundamento de su fe".

      Además, "la Pascua es una victoria: de la vida sobre la muerte, de la luz sobre las tinieblas, del amor sobre el odio", dijo, y añadió la gran verdad que conmemoramos en la Semana Santa. A saber, que la victoria que supone la Pascua "ha tenido un precio altísimo: Cristo, el Hijo del Dios vivo, tuvo que morir, y morir en una cruz, tras sufrir una condena injusta, ser escarnecido y torturado, y haber derramado toda su sangre". Y fue porque "tomó sobre sí el pecado del mundo y así nos liberó a todos, y con nosotros también a toda la creación, del dominio del mal".

      ¿Y cómo lo hizo? Mediante la entrega confiada "a la voluntad del Padre, a su plan de salvación" para nosotros.

      ¿Para nosotros? Sí, y no con palabras sino con hechos, porque:

      • "para encontrarnos a nosotros, los perdidos, se hizo carne"; 
      • "para liberarnos a nosotros, los esclavos, se hizo esclavo"; 
      • "para darnos vida a nosotros, los mortales, se dejó morir a manos de sus verdugos en la cruz".
      Una imagen que recordó a la de un año, cuando León XIV se asomó por primera vez a los balcones vaticanos.

      Una imagen que recordó a la de un año, cuando León XIV se asomó por primera vez a los balcones vaticanos.Vatican Media

      "La fuerza con la que Cristo resucitó no es violenta", subrayó el Sumo Pontífice, en una tesis que ha querido resaltar en prácticamente todos sus mensajes de la Semana Santa, atendiendo a la realidad bélica del mundo actual. Frente a ella, "la verdadera fuerza que trae la paz a la humanidad... genera relaciones respetuosas a todos los niveles: entre las personas, las familias, los grupos sociales y las naciones".

      Frente a cualquier manifestación de egoísmo u odio, "la resurrección de Cristo es el comienzo de la nueva humanidad, es la entrada a la verdadera tierra prometida, donde reinan la justicia, la libertad y la paz, donde todos se reconocen como hermanos y hermanas, hijos del mismo Padre que es Amor, Vida y Luz".

      Por ello, ante el sepulcro vacío todos nos encontramos ante el mismo dilema que "los discípulos", llenos de "esperanza y asombro", y "los guardias y los fariseos", que se vieron "obligados a recurrir a la mentira y al engaño para no reconocer que aquel que había sido condenado verdaderamente ha resucitado".

      León XIV hizo así la afirmación fundamental de la Resurrección como hecho histórico: hay pruebas de ella.

      Dicho lo cual, el Papa consagró la última parte de su mensaje de Pascua a combatir la violencia que sacude el mundo, a la cual "nos estamos acostumbrando" y "nos volvemos indiferentes". No podemos mantener esa actitud, proclamó, porque "no podemos resignarnos al mal". ¿Por qué? "Porque el mal no tiene la última palabra, porque ha sido vencido por el Resucitado".

      En efecto, "la paz que Jesús nos entrega no es aquella que se limita a silenciar las armas, sino la que toca y transforma el corazón de cada uno de nosotros. ¡Convirtámonos a esa paz de Cristo! ¡Hagamos oír el grito de paz que brota del corazón!".

      Para lo cual anunció en ese momento una vigilia de oración por la paz que se celebrará en la Basílica de San Pedro el próximo sábado 11 de abril.

      Y concluyó afirmando que la fiesta de Pascua nos lleva a pedir al Señor "que conceda su paz al mundo asolado por las guerras y marcado por el odio y la indiferencia, que nos hacen sentir impotentes ante el mal. Al Señor encomendamos todos los corazones que sufren y esperan la verdadera paz que sólo Él puede dar".

      ReL

      Vea también    Historia de la Pascua




      Evangelio del día - Lunes de Pascua


       

      Libro de los Hechos de los Apóstoles 2,14.22-33.

      El día de Pentecostés, Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo: "Hombres de Judea y todos los que habitan en Jerusalén, presten atención, porque voy a explicarles lo que ha sucedido.
      Israelitas, escuchen: A Jesús de Nazaret, el hombre que Dios acreditó ante ustedes realizando por su intermedio los milagros, prodigios y signos que todos conocen,
      a ese hombre que había sido entregado conforme al plan y a la previsión de Dios, ustedes lo hicieron morir, clavándolo en la cruz por medio de los infieles.
      Pero Dios lo resucitó, librándolo de las angustias de la muerte, porque no era posible que ella tuviera dominio sobre él.
      En efecto, refiriéndose a él, dijo David: Veía sin cesar al Señor delante de mí, porque él está a mi derecha para que yo no vacile.
      Por eso se alegra mi corazón y mi lengua canta llena de gozo. También mi cuerpo descansará en la esperanza,
      porque tú no entregarás mi alma al Abismo, ni dejarás que tu servidor sufra la corrupción.
      Tú me has hecho conocer los caminos de la vida y me llenarás de gozo en tu presencia.
      Hermanos, permítanme decirles con toda franqueza que el patriarca David murió y fue sepultado, y su tumba se conserva entre nosotros hasta el día de hoy.
      Pero como él era profeta, sabía que Dios le había jurado que un descendiente suyo se sentaría en su trono.
      Por eso previó y anunció la resurrección del Mesías, cuando dijo que no fue entregado al Abismo ni su cuerpo sufrió la corrupción.
      A este Jesús, Dios lo resucitó, y todos nosotros somos testigos.
      Exaltado por el poder de Dios, él recibió del Padre el Espíritu Santo prometido, y lo ha comunicado como ustedes ven y oyen."


      Salmo 16(15),1-2a.5.7-8.9-10.11.

      Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.

      Protégeme, Dios mío,
      porque me refugio en ti.
      Yo digo al Señor:
      El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,

      ¡tú decides mi suerte!
      Bendeciré al Señor que me aconseja,
      ¡hasta de noche me instruye mi conciencia!
      Tengo siempre presente al Señor:

      él está a mi lado, nunca vacilaré.
      Por eso mi corazón se alegra,
      se regocijan mis entrañas
      y todo mi ser descansa seguro:

      porque no me entregarás a la Muerte
      ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro.
      Me harás conocer el camino de la vida,
      saciándome de gozo en tu presencia,

      de felicidad eterna a tu derecha.


      Evangelio según San Mateo 28,8-15.

      Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos.
      De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: "Alégrense". Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él.
      Y Jesús les dijo: "No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán".
      Mientras ellas se alejaban, algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que había sucedido.
      Estos se reunieron con los ancianos y, de común acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero,
      con esta consigna: "Digan así: 'Sus discípulos vinieron durante la noche y robaron su cuerpo, mientras dormíamos'.
      Si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a ustedes cualquier contratiempo".
      Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna. Esta versión se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy.


      Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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      Bulle

      San Pedro Crisólogo (c. 406-450)
      obispo de Ravenna, doctor de la Iglesia
      Sermón 76,2-3; CCL 24A, 465-467


      “Id, avisad a mis hermanos (...). Allí me verán.”

      El ángel dijo a las mujeres (...): “Y ahora id enseguida a decir a sus discípulos: "Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de vosotros a Galilea; allí le veréis”. “Ya os lo he dicho” (Mateo 28,7). Al decir esto, el ángel no se dirigía a María Magdalena ni a la otra María, sino que a estas dos mujeres, Él encomendaba la misión para la Iglesia, él estaba enviando a la Esposa en busca del Esposo.
      Mientras ellas se marchaban, el Señor salió a su encuentro y las saludó diciéndoles: “Os saludo, alegraos” (griego)... Él le había dicho a sus discípulos: “No saludéis a nadie en el camino” (Lucas 10,4); ¿cómo es que en el camino Él acudió al encuentro de estas mujeres y las saludó con tanta alegría? Él no espera ser reconocido, no busca ser identificado, no se deja cuestionar, sino que se adelanta con gran ímpetu hacia este encuentro...
      Esto es lo que provoca la fuerza del amor; ésta fuerza es más fuerte que todo, la que todo sobrepasa. Al saludar a la Iglesia, es al mismo Cristo al que saluda, porque Él la ha hecho suya, ésta es su carne, su cuerpo, como lo atestigua el apóstol Pablo: “Él es también la Cabeza del Cuerpo, de la Iglesia” (Col. 1,18). Sí, es a la Iglesia en su plenitud a la que personifican estas dos mujeres... Él dispone que estas mujeres ya han alcanzado la madurez de la fe: ellas dominaron sus debilidades y se apresuraron hacia el misterio, ellas buscan al Señor con todo el fervor de su fe. Este es el motivo por el que merecen que Él se entregue a ellas al ir a buscarlas y decirles: “Os saludo, alegraos”. Él les deja no solo tocarle, sino también aferrarse a Él en la misma medida de su amor... Estas mujeres son en el seno de la Iglesia, un ejemplo de predicación de la Buena Noticia.
      (EDD)

      Reflexión sobre el cuadro

      El Evangelio de hoy revela que la oposición a Jesús no terminó con su muerte; incluso su resurrección fue resistida. Así como su vida terrena fue rechazada y llevada a su fin, también hubo intentos de silenciar la verdad del sepulcro vacío. Las autoridades religiosas se reunieron y acordaron una versión de los hechos para explicarla: que los discípulos habían llegado de noche y se habían llevado el cuerpo. De este modo, el que había sido ejecutado como un criminal tendría a sus seguidores desacreditados como engañadores. Sin embargo, estos esfuerzos por distorsionar lo sucedido, no pudieron sostenerse. Las autoridades podían acabar con la vida terrenal de Jesús, ¡pero no podían acabar con la vida resucitada de Jesús!

      El Señor resucitado no permaneció oculto. Se reveló primero a las mujeres que acudieron con fe al sepulcro, y después a los discípulos de Galilea. Como atestigua más tarde San Pablo, muchos otros encontraron también a Cristo resucitado, y algunos de ellos vivían todavía cuando escribió a los Corintios, décadas más tarde. Mucha gente vio al Señor resucitado. Y los que lo habían visto no podían permanecer en silencio; se convirtieron en testigos, proclamando su vida, muerte y resurrección a todos, judíos y gentiles por igual. Lo que antes se reprimía ahora se extendía... ¡y era imparable!

      También nosotros estamos invitados a este mismo movimiento de la Pascua: a encontrarnos personalmente con Jesús y a llevarlo hacia fuera. Como las mujeres en el sepulcro, como los apóstoles en Jerusalén, como los numerosos testigos que vieron después al Señor resucitado, se nos invita a encontrarnos con Él y a no guardarnos ese encuentro para nosotros mismos. La alegría de la Pascua nunca está destinada a permanecer encerrada; anhela ser compartida, hablada, vivida. La fe no se difunde por la fuerza, sino por el testimonio.

      El cuadro de hoy nos muestra que después de la Cruz (representada en el panel izquierdo), y después de la Resurrección (representada en el derecho), la historia no termina... continúa. En el fondo de ese panel derecho, casi en silencio, vemos a Cristo apareciéndose a los discípulos en el camino de Emaús. Esta obra de Gerard David, hacia 1510, formaba parte de lo que en su día fueron alas de un retablo mayor. En nuestros paneles pintados, la Crucifixión nos ancla en la oscuridad del Viernes Santo, la Resurrección irrumpe en primer plano y, sin embargo, casi suavemente, en el fondo, se muestra la verdadera repercusión de los acontecimientos: que Jesús se encuentra y que la fe se extiende. Esta es la dinámica de la Pascua: Cristo aparece, los corazones se inflaman y el mensaje se difunde.

      by Padre Patrick van der Vorst

      Oración-Secuencia Pascual

      Ofrezcan los cristianos
      Ofrendas de alabanza
      A gloria de la victima
      Propicia de la Pascua
      Cordero sin pecado
      Que a las ovejas salva
      A Dios y a los culpables
      Unió con nueva alianza
      Aleluya, aleluya
      Aleluya, aleluya
      Aleluya, aleluya
      Aleluya, aleluya
      Lucharon vida y muerte
      En singular batalla
      Y muerto el que es vida
      Triunfante se levanta
      ¿Qué has visto de camino
      María en la mañana?
      A mi Señor glorioso
      La tumba abandonada
      Aleluya, aleluya
      Aleluya, aleluya
      Aleluya, aleluya
      Aleluya, aleluya
      Los ángeles testigos
      Sudarios y mortajas
      Resucitó de veras
      Mi amor y mi esperanza
      Venid a Galilea
      Ahí el Señor aguarda
      Ahí veréis los suyos
      La Gloria de la Pascua
      Aleluya, aleluya
      Aleluya, aleluya
      Aleluya, aleluya
      Aleluya, aleluya
      Primicia de los muertos
      Sabemos por tu gracia
      Que está el Resucitado
      La muerte en ti no manda
      Rey vencedor apiádate
      De la miseria humana
      Y da a tus fieles parte
      En tu victoria santa
      Aleluya, aleluya
      Aleluya, aleluya
      Aleluya, aleluya
      Aleluya, aleluya