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viernes, 29 de mayo de 2026

95 años de vida y 70 de sacerdocio: los gemelos irlandeses amantes del golf y ordenados a la vez

Joe y Matt Kelly comparten la misma vocación, aunque siguieron caminos muy distintos.

Nacieron un 31 de marzo de 1931 en Coolcarrigan, condado de Kildare (Irlanda).

Nacieron un 31 de marzo de 1931 en Coolcarrigan, condado de Kildare (Irlanda).


    Los protagonistas de esta historia son dos hermanos gemelos irlandeses que, recientemente, han celebrado no solo su 95 cumpleaños, sino también el jubileo de platino de su ordenación sacerdotal, cumpliendo así setenta años desde que ingresaron al sacerdocio en 1956. 

    Joe y Matt Kelly han seguido caminos bien distintos: Joe pasó décadas atendiendo en la Archidiócesis de Dublín y recuerda con emoción los destinos que lo marcaron, especialmente aquel que lo llevó de vuelta a la parroquia de sus abuelos, donde sintió "esa conexión con mis raíces"

    Una partida semanal

    Matt, por su parte, dedicó unos veinte años a la enseñanza de la filosofía en el Carlow College, estuvo en varias parroquias y dedicó buena parte de su vida en la música sacra, a la dirección coral y al acompañamiento pastoral

    Los dos hermanos formaban parte del Royal Dublin Golf Club y, hasta hace bien poco, mantenían la costumbre de jugar una partida semanal con un grupo de sacerdotes amigos

    Joe y Matt Kelly han seguido caminos distintos en su vida.

    Joe y Matt Kelly han seguido caminos distintos en su vida.archivo

    En su juventud habían practicado fútbol, y siempre han sostenido que mantenerse activos y deportistas ha sido clave para llegar a su edad con buena salud. "Me gusta jugar al fútbol, y cuando no puedo, juego al golf", comenta con humor el padre Joe.

    Nacidos el 31 de marzo de 1931 en Coolcarrigan, condado de Kildare (Irlanda), cursaron la primaria en Timahoe, donde su madre trabajaba como maestra. Su padre regentaba una tienda de comestibles en la zona, y allí pasaron buena parte de su infancia junto a sus dos hermanos y dos hermanas. Para la secundaria, ambos ingresaron en el St Mary’s, Knockbeg College, en el condado de Carlow.

    Joe fue el primero en sentir la llamada al sacerdocio, aunque poco después Matt también descubrió su vocación. Pero, cuando llegó el momento de entrar al seminario, el obispo Thomas Keogh decidió separarlos: envió a Joe al Clonliffe College, en Dublín, y a Matt al Maynooth College. 

    Tres años más tarde, Joe se reunió con su hermano en Maynooth, donde permanecieron hasta su ordenación. Según recuerda Matt, el obispo Keogh "no quería" que fueran ordenados juntos. "En Maynooth querían que nos ordenáramos a la vez; les parecía una buena idea", explicó. Pero la decisión ya estaba tomada. Finalmente, fueron ordenados con tres semanas de diferencia en 1956: Joe para la Archidiócesis de Dublín en mayo y Matt para la Diócesis de Kildare y Leighlin en junio.

    No es nada habitual que dos gemelos elijan la misma vocación, y menos aún que la mantengan durante siete décadas, defendiendo con su ejemplo la fuerza de la perseverancia. 

    Hay que recordar que el Código de Derecho Canónico no fija una edad máxima para ejercer el sacerdocio, pues el sacramento del orden es permanente, aunque establece los 75 años como edad "oficial" de jubilación para dejar responsabilidades directas, como la de párroco o cargos administrativos. 

    ReL

    Vea también     El Sacerdote en la Iglesia Católica
    y su Misión




    María nos enseña a creer: 3 virtudes para imitar la fe y el amor de la Virgen

     


    Cuando hablamos de la fe se vienen varios nombres a nuestra mente: Abraham, Moisés o José. Sin embargo, a veces olvidamos que  una de las personas que vivió la fe de manera más profunda fue la Virgen María. Y es que la vida de María es también la más honda historia de amor.

    Más que admirarla desde lejos, el verdadero camino cristiano nos invita a imitar sus actitudes interiores, aquellas que hicieron posible que Dios obrara maravillas en ella.

    Entre las muchas virtudes que resplandecen en María, existen tres actitudes fundamentales que pueden transformar nuestra vida espiritual y que en este mes de mayo, queremos profundizar y vivir: la confianza total en Dios, la humildad y la perseverancia en el amor.

    1. La confianza total en Dios

    Cuando el ángel anunció a María una misión humanamente incomprensible, ella respondió con total disponibilidad y fe: “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38). No entendía todos los detalles del camino, pero eligió confiar.

    La fe de María no fue una fe libre de pruebas. Tuvo que afrontar incertidumbres, dificultades y momentos dolorosos. Sin embargo, nunca permitió que el miedo fuera más grande que su confianza en Dios.

    "En su libertad, acogió a Jesús abrazando el proyecto de Dios. El Señor actúa siempre así: nos hace grandes dones, pero nos deja libres de aceptarlos o no. Por esto Agustín añade: 'Creamos también nosotros, para que lo que se cumplió [en ella] pueda aprovechar también a nosotros'" (Papa León XIV).

    2. La humildad

    Después de recibir el anuncio del ángel, María no se encerró en sí misma ni buscó reconocimiento. Fue rápidamente a ayudar a su prima Isabel. Ese gesto revela una verdad profunda: la gracia recibida debe darse de inmediato, pues no viene a nosotros por mérito nuestro, sino en virtud del amor de Dios.

    María nunca buscó protagonismo. Su grandeza estuvo precisamente en su humildad. Supo ponerse al servicio de los demás con discreción, ternura y disponibilidad.

    "Es maravilloso el 'sí' de la Madre del Señor, pero también puede serlo el nuestro, renovado cada día fielmente, con gratitud, humildad y perseverancia, en la oración y en las obras concretas del amor, desde los gestos más extraordinarios hasta los compromisos y servicios más comunes y cotidianos, para que en todas partes Jesús pueda ser conocido, acogido y amado, y a todos llegue su salvación" (Papa León XIV).

    3. La perseverancia en el amor

    A la vida de María llegó un Amor grandioso, uno tan inmenso que jamás habría podido imaginarlo. Ella permitió que ese Amor llenara su vida y eso la fortaleció para permanecer fiel incluso al pie de la cruz. No huyó del dolor ni abandonó a Jesús en la hora difícil. Por el amor, María entró a oscuras en la penumbra de la fe y recorrió ese camino junto a su hijo, para luego resucitar con Él.

    Su amor fue constante, maduro y perseverante; y continúa siéndolo hoy. Desde ese mismo amor, se dedica a ser madre de todos nosotros. Ella sigue engendrándonos a la vida, a la fe y mostrándonos el camino perfecto del amor.

    Luisa Restreppo, churchpop

    Vea también      La Virgen María, Madre de Dios y
    Madre nuestra

    León XIV invita a orar por la paz el 30 de mayo

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    Todos los santuarios del mundo han sido convocados por el Papa León XIV para unirse en un momento de oración por la paz

    El sábado 30 de mayo de 2026, a las 19:00 horas, el Papa León XIV presidirá el rezo del Rosario ante la réplica de la Gruta de Lourdes, ubicada en los Jardines Vaticanos, un momento de oración dedicado a la paz mundial. Ha invitado a todos los santuarios del mundo a unirse a él.

    I.Media, ReL



    Evangelio del día - Viernes de la 8a. Semana T.O.

    Epístola I de San Pedro 4,7-13.

    Ya se acerca el fin de todas las cosas: por eso, tengan la moderación y la sobriedad necesarias para poder orar.
    Sobre todo, ámense profundamente los unos a los otros, porque el amor cubre todos los pecados.
    Practiquen la hospitalidad, sin quejarse.
    Pongan al servicio de los demás los dones que han recibido, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.
    El que ha recibido el don de la Palabra, que la enseñe como Palabra de Dios. El que ejerce un ministerio, que lo haga como quien recibe de Dios ese poder, para que Dios sea glorificado en todas las cosas, por Jesucristo. ¡A él sea la gloria y el poder, por los siglos de los siglos! Amén.
    Queridos míos, no se extrañen de la violencia que se ha desatado contra ustedes para ponerlos a prueba, como si les sucediera algo extraordinario.
    Alégrense en la medida en que puedan compartir los sufrimientos de Cristo. Así, cuando se manifieste su gloria, ustedes también desbordarán de gozo y de alegría.


    Salmo 96(95),10.11-12.13.

    Digan entre las naciones: «El Señor reina!
    El mundo está firme y no vacilará.
    El Señor juzgará a los pueblos con rectitud.»

    Alégrese el cielo y exulte la tierra,
    resuene el mar y todo lo que hay en él;
    regocíjese el campo con todos sus frutos,
    griten de gozo los árboles del bosque.

    Griten de gozo delante del Señor,
    porque él viene a gobernar la tierra:
    Él gobernará al mundo con justicia,
    y a los pueblos con su verdad.


    Evangelio según San Marcos 11,11-26.

    Jesús llegó a Jerusalén y fue al Templo; y después de observarlo todo, como ya era tarde, salió con los Doce hacia Betania.
    Al día siguiente, cuando salieron de Betania, Jesús sintió hambre.
    Al divisar de lejos una higuera cubierta de hojas, se acercó para ver si encontraba algún fruto, pero no había más que hojas; porque no era la época de los higos.
    Dirigiéndose a la higuera, le dijo: "Que nadie más coma de tus frutos". Y sus discípulos lo oyeron.
    Cuando llegaron a Jerusalén, Jesús entró en el Templo y comenzó a echar a los que vendían y compraban en él. Derribó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas,
    y prohibió que transportaran cargas por el Templo.
    Y les enseñaba: "¿Acaso no está escrito: Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las naciones? Pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones".
    Cuando se enteraron los sumos sacerdotes y los escribas, buscaban la forma de matarlo, porque le tenían miedo, ya que todo el pueblo estaba maravillado de su enseñanza.
    Al caer la tarde, Jesús y sus discípulos salieron de la ciudad.
    A la mañana siguiente, al pasar otra vez, vieron que la higuera se había secado de raíz.
    Pedro, acordándose, dijo a Jesús: "Maestro, la higuera que has maldecido se ha secado".
    Jesús le respondió: "Tengan fe en Dios.
    Porque yo les aseguro que si alguien dice a esta montaña: 'Retírate de ahí y arrójate al mar', sin vacilar en su interior, sino creyendo que sucederá lo que dice, lo conseguirá.
    Por eso les digo: Cuando pidan algo en la oración, crean que ya lo tienen y lo conseguirán.
    Y cuando ustedes se pongan de pie para orar, si tienen algo en contra de alguien, perdónenlo, y el Padre que está en el cielo les perdonará también sus faltas".
    Pero si no perdonan, tampoco el Padre que está en el cielo los perdonará a ustedes.


    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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    Bulle

    San Jerónimo (347-420)
    sacerdote, traductor de la Biblia, doctor de la Iglesia
    Homilías sobre el Evangelio de San Marcos, n° 9


    « No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre»

          "Jesús entró en el Templo y empezó a expulsar a los que vendían y compraban".Ciertamente enterados de la resurrección de Lázaro están estupefactos de que el hijo de una viuda haya resucitado, otros se impresionan por otros milagros. Sin duda, es admirable devolver a la vida un cuerpo muerto. Por mi parte, estoy más impresionado por este hecho: este hombre, hijo de carpintero, un pobre sin morada, sin lugar donde reposar, desarmado, ni líder ni juez ¿qué autoridad tiene....para enfrentarse él sólo a una multitud? Nadie ha protestado, nadie ha osado poner resistencia, ninguna persona ha osado oponerse al Hijo que repara la injuria hecha a su Padre...
         "Empezó a expulsar a aquellos que vendían y compraban dentro del Templo" si esto ha sido posible  en casa de los judíos, ¿por qué no puede ser con más razón en nuestra propia casa? Si esto acontece dentro del marco de la Ley ¿por qué no puede ocurrir con más motivo en el marco del Evangelio? ... Cristo, pobre, expulsa a vendedores y compradores que son ricos. Aquellos que venden son expulsados igual que los que compran. Que nadie diga: "Yo regalo todo lo que tengo, yo hago limosna a los pobres como Dios manda".En un pasaje de San Mateo leemos esto:"Gratis habéis recibido, dad gratis" (Mt 10,8). La gracia de Dios no se vende, se da.
    (EDD)

    Reflexión sobre el cuadro

    En el Evangelio de hoy, Jesús entra en el Templo de Jerusalén y realiza una de las acciones más dramáticas de su ministerio público. Volcando las mesas y expulsando a los mercaderes, clama con palabras tomadas del profeta Isaías “Mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos”. Esas palabras finales son profundamente importantes: "para todos los pueblos". El Templo nunca estuvo destinado a pertenecer a un solo grupo. Dentro del complejo del Templo había incluso un atrio exterior especial reservado a los gentiles, a los no judíos, a los extranjeros, a los que estaban en los márgenes buscando a Dios. Sin embargo, este mismo espacio había sido invadido por el ruido, el comercio, el regateo y la distracción. El lugar donde los forasteros debían orar se había convertido en un mercado.

    Por eso Jesús reacciona tan ferozmente. Su ira no es una indignación aleatoria; nace del amor al Padre y del amor a los excluidos. El Templo había empezado a servir a intereses humanos en lugar de a fines divinos. Y quizá esto siga siendo una advertencia para cada generación de creyentes. Las instituciones religiosas, por muy sagradas que sean, siempre corren el riesgo de ocuparse demasiado del poder, los sistemas, el dinero, la reputación o la autopreservación. Cuando eso sucede, dejan de reflejar el corazón de Dios. Cristo nos recuerda hoy que la Iglesia, como el Templo, debe seguir siendo siempre un lugar donde la gente pueda encontrar verdaderamente a Dios, abierto a todos, una casa de oración, acogida, misericordia, silencio y apertura para todos los que le buscan.

    Nuestro cuadro de hoy, Purificación del Templo, de El Greco, es una de las representaciones más electrizantes de Cristo purificando el Templo. El Greco volvió sobre este tema muchas veces a lo largo de su vida, especialmente durante la Contrarreforma, cuando la escena pasó a simbolizar la purificación de la Iglesia de la corrupción. En el centro de la composición aparece Cristo, alto y dominante, con el brazo extendiéndose dramáticamente en el aire mientras expulsa a los mercaderes y cambistas. A su alrededor, la escena estalla en caos. Los cuerpos se retuercen violentamente. Los mercaderes retroceden asustados. Las mesas se desploman. El movimiento recorre el lienzo como una tormenta. Sin embargo, Cristo permanece extrañamente tranquilo en medio de la confusión, casi como el centro inmóvil de un torbellino. El Greco intensifica el dramatismo mediante atrevidos contrastes de color: amarillos ácidos, rojos profundos, verdes y naranjas ardientes.

    El cuadro está lleno de detalles simbólicos. A un lado están los asustados pecadores y mercaderes que son expulsados; sobre ellos El Greco incluye un relieve esculpido de Adán y Eva expulsados del Paraíso. En el lado opuesto, unos creyentes más tranquilos observan la escena y sobre ellos aparece el Sacrificio de Isaac. Estas escenas del Antiguo Testamento profundizan en el significado del cuadro: el pecado conduce al exilio, el sacrificio a la redención.

    Lo que es extraordinario es la cantidad de gente que nos dice cuánto le gusta El Greco. Es cierto, El Greco nos parece muy contemporáneo hoy en día, a pesar de que estas pinturas fueron creadas hace más de cuatrocientos años. En parte se debe a la distorsión radical de sus figuras y del espacio. Los cuerpos se alargan de forma antinatural; las proporciones se estiran; la luz se comporta de forma extraña; los colores arden con intensidad emocional más que con realismo. En muchos sentidos, anticipa el expresionismo moderno siglos antes de que existiera. Pablo Picasso y muchos artistas modernos posteriores vieron en El Greco a un pintor que se atrevía a distorsionar la realidad para revelar verdades más profundas.

    by Padre Patrick van der Vorst

    Oración   

    "Señor Dios, reconozco que mi cuerpo y mi alma son morada de tu Espíritu Santo. Te pido perdón por los errores cometidos y te ruego que limpies mi mente de pensamientos negativos, mi corazón de todo rencor y mi espíritu de cualquier atadura. Purifícame, Señor, para ser un vaso de honra, un reflejo de tu luz y un lugar de paz. Amén." [1]


    jueves, 28 de mayo de 2026

    León XIV frena los abusos litúrgicos: nadie puede cambiar la misa «por iniciativa propia»

    El Papa reclama respeto a la liturgia y advierte contra quienes “añaden o modifican” los ritos por iniciativa propia.

    El Papa León XIV saludando a los fieles reunidos en la plaza de San Pedro del Vaticano

    El Papa León XIV saludando a los fieles reunidos en la plaza de San Pedro del Vaticano


      El Papa León XIV lanzó este miércoles un claro mensaje sobre la liturgia católica durante la Audiencia General celebrada en el Vaticano, al pedir respeto a las normas de la Iglesia y advertir contra los “inventos” o modificaciones arbitrarias en la misa y en las celebraciones litúrgicas.

      El Pontífice inició una nueva serie de catequesis centradas en la constitución Sacrosanctum Concilium, el primer gran documento aprobado por el Concilio Vaticano II, dedicado precisamente a la reforma litúrgica de la Iglesia.

      Añadir o quitar por iniciativa propia

      León XIV quiso reivindicar el verdadero espíritu de la reforma conciliar y rechazó la falsa oposición entre tradición y progreso. Citando a Benedicto XVI, recordó que “no pocas veces se contrapone de manera torpe tradición y progreso”, cuando en realidad “la tradición es una realidad viva”.

      El Papa explicó que la Iglesia puede adaptar algunos aspectos litúrgicos a las circunstancias históricas y culturales, pero insistió en que esto debe hacerse siempre “en continuidad con la auténtica y viva tradición católica”.

      En uno de los pasajes más contundentes de la catequesis, León XIV recordó que el Concilio Vaticano II ya advertía contra quienes alteran los ritos por cuenta propia. El Magisterio conciliar, señaló, invita a evitar “desorientar a los fieles”, y disuade “a cualquiera de añadir o quitar o modificar algo, en materia litúrgica, por iniciativa propia”.

      El Pontífice subrayó además que toda reforma auténtica debe estar precedida por “una concienzuda investigación teológica, histórica y pastoral”, y no responder simplemente a gustos personales o improvisaciones.

      León XIV defendió también el valor evangelizador de la liturgia a lo largo de la historia de la Iglesia. 

      “La liturgia ha sido así, durante siglos, un motor de evangelización”, afirmó, añadiendo que hoy es necesario renovar esa energía para introducir a los creyentes “en la plenitud de la verdad”.

      En la parte final de su catequesis, el Papa se dirigió especialmente a sacerdotes y responsables de las celebraciones litúrgicas, exhortándoles a custodiar “el respeto de los textos y de los ordenamientos de la liturgia”.

      Ese respeto, explicó, nace de una actitud interior de “disponibilidad y entrega a Dios”, y debe expresarse con “humildad frente a su grandeza y fidelidad sincera a la comunión eclesial”.

      Las palabras de León XIV llegan en un momento en que los debates sobre la liturgia continúan muy presentes dentro de la Iglesia, especialmente tras años de tensiones entre sectores más tradicionales y corrientes favorables a una mayor creatividad en las celebraciones.

      El Pontífice continuó con una nueva serie de catequesis durante la Audiencia General, centrada en la Constitución Sacrosanctum Concilium, el primer documento promulgado por el Concilio Vaticano II. Lea aquí el texto completo de la catequesis.

      Catequesis íntegra

      A continuación reproducimos la catequesis íntegra:

      Queridos hermanos y hermanas:

      En la Encíclica Mediator Dei, el Venerable Pío XII escribe que «la Iglesia, en realidad, es un organismo vivo, y por eso crece y se desarrolla también en lo que toca a la sagrada liturgia, adaptándose a las circunstancias y a las exigencias que se presentan en el transcurso del tiempo y acomodándose a ellas» (I,V).

      En plena continuidad con este principio, el Concilio Vaticano II en el Proemio de la Constitución Sacrosanctum Concilium (SC) reconoce «que le corresponde de un modo particular proveer a la reforma y al fomento de la Liturgia» (n. 1). De hecho, la asamblea conciliar se había reunido con el objetivo de «acrecentar de día en día entre los fieles la vida cristiana, adaptar mejor a las necesidades de nuestro tiempo las instituciones que están sujetas a cambio, promover todo aquello que pueda contribuir a la unión de cuantos creen en Jesucristo y fortalecer lo que sirve para invitar a todos los hombres al seno de la Iglesia» (ibid.).

      En aquel momento histórico se advertía fuertemente la necesidad de una renovación de las formas rituales, mediante las que desde hacía siglos la Iglesia había realizado la glorificación de Dios y la santificación del pueblo cristiano. Gracias al movimiento litúrgico se había madurado la convicción, expresada posteriormente por san Juan Pablo II, de que «existe, en efecto, un vínculo estrechísimo y orgánico entre la renovación de la liturgia y la renovación de toda la vida de la Iglesia. La Iglesia no sólo actúa, sino que se expresa también en la liturgia, vive de la liturgia y saca de la liturgia las fuerzas para la vida» (Carta Dominicae Cenae, 13).

      Para favorecer el acceso de los fieles a la riqueza de los dones de gracia dispensados por la sagrada liturgia, la Constitución Sacrosanctum Concilium indica, por lo tanto, con una fórmula muy eficaz la dirección a seguir: «Conservar la tradición y apertura al legítimo progreso» (SC, 23).

      El Papa Benedicto XVI acogió en esta declaración de intenciones el «programa de reforma» de los Padres conciliares, «en equilibrio con la gran tradición litúrgica del pasado y el futuro. No pocas veces se contrapone de manera torpe tradición y progreso. En realidad, los dos conceptos se integran: la tradición es una realidad viva y por ello incluye en sí misma el principio del desarrollo, del progreso. Es como decir que el río de la tradición lleva en sí también su fuente y tiende hacia la desembocadura» (Discurso a los participantes en el Congreso por el 50° aniversario de la fundación del Instituto litúrgico pontificio de San Anselmo, 6 de mayo de 2011).

      El Concilio afirma la legitimidad de ese proceso arraigado en la auténtica Tradición, distinguiendo dentro de la liturgia «una parte que es inmutable por ser la institución divina» de «otras partes sujetas a cambio, que en el decurso del tiempo pueden y aún deben variar, si es que en ellas se han introducido elementos que no responden bien a la naturaleza íntima de la misma Liturgia o han llegado a ser menos apropiados» (SC, 21).

      A lo largo de los siglos se han producido constantemente cambios de este tipo, con el fin de consentir a los fieles una fructuosa participación, por medio de las acciones rituales, en el ministerio pascual de Cristo, fundamento de la fe cristiana. El culto de la Iglesia, por lo tanto, se ha “encarnado” en las formas culturales de cada época y ha sido capaz de influir en ellas e incluso de transformarlas. La liturgia ha sido así, durante siglos, un motor de evangelización. Hoy es necesario renovar esta energía en continuidad con la auténtica y viva tradición católica, es decir, según una dinámica dirigida a introducir a los creyentes en la plenitud de la verdad.

      Se comprende entonces por qué los Padres conciliares recomendaron la revisión de los ritos, cuando responda a «una utilidad verdadera y cierta de la Iglesia», se lleve a cabo «después de haber tenido la precaución de que las nuevas formas se desarrollen, por decirlo así, orgánicamente a partir de las ya existentes» (SC, 23). Por el bien de toda la Iglesia, toda reforma debe ir siempre precedida por «una concienzuda investigación teológica, histórica y pastoral» (ibid.). El Magisterio conciliar, de este modo, invita a evitar desorientar a los fieles, disuadiendo a cualquiera de añadir o quitar o modificar algo, en materia litúrgica, por iniciativa propia (cf. SC, 22). El progreso evocado por la Constitución conciliar no compromete en absoluto la comunión eclesial: más bien pretende confirmarla y favorecerla.

      Exhorto, por lo tanto, a todos aquellos que están llamados a preparar la celebración de los divinos misterios, en particular a los sacerdotes que ejercen el ministerio de la presidencia litúrgica, a custodiar siempre ese respeto de los textos y de los ordenamientos de la liturgia que nace de la actitud interior de disponibilidad y de entrega a Dios, manifestando humildad frente a su grandeza y fidelidad sincera a la comunión eclesial.

      ReL

      Vea también    Catequesis sobre la Santa Misa y su Participación





      Evangelio del día - Fiesta de Cristo Sumo y Eterno Sacerdote

       


      Lectura del Evangelio

      Jesús fue con ellos a un lugar llamado Getsemaní, y dijo a sus discípulos: ‘Sentaos aquí, mientras yo voy allí a orar’. Tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse. Entonces les dijo: ‘Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo.’

      Y yendo un poco más adelante, se postró sobre su rostro y oró, diciendo: ‘Padre mío, si es posible, pase de mí este cáliz; pero no sea como yo quiero, sino como tú’. Vino a los discípulos y los encontró durmiendo. Y dijo a Pedro: ‘¿No podías velar conmigo una hora? Velad y orad para que no entréis en tentación. El espíritu está dispuesto, pero la carne es débil’. Otra vez, por segunda vez, se fue y oró: ‘Padre mío, si esto no puede pasar si yo no lo bebo, hágase tu voluntad.’

      Reflexión sobre el icono ruso

      La fiesta de Nuestro Señor Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, es una adición relativamente reciente al calendario litúrgico. Fue establecida en 1987 por la Congregación para el Culto Divino para su celebración en España, y poco a poco fue adquiriendo un reconocimiento más amplio en toda la Iglesia universal. Actualmente se celebra en muchas diócesis de todo el mundo el primer jueves después de Pentecostés, momento propicio que sigue a la efusión del Espíritu Santo y refleja la misión permanente de la Iglesia bajo el sacerdocio eterno de Cristo.

      La fiesta dirige nuestra atención al Oficio Sacerdotal de Cristo, que es a la vez sacrificio y sacerdote. Sirve de poderoso modelo para todos los bautizados (ya que por nuestro bautismo todos somos sacerdote, profeta y rey) y, de modo particular, para el sacerdocio ordenado. Como sacerdotes actúan in persona Christi (en la persona de Cristo) están llamados a reflejar el amor abnegado del Sumo y Eterno Sacerdote. Hoy se nos recuerda que debemos rezar por nuestros sacerdotes, para que sus vidas reflejen cada vez más la santidad, la humildad y la compasión de Cristo.

      Nuestro icono del siglo XVII de Cristo entronizado como Sumo Sacerdote pertenece a una larga y profunda tradición teológica que surgió muy pronto en el arte bizantino y se extendió después por el mundo ortodoxo eslavo y ruso. La imagen se inspira especialmente en la Carta a los Hebreos, donde se describe a Cristo como Sumo Sacerdote eterno (Heb 3:1-10:39): Él, porque permanece para siempre, tiene un sacerdocio que no pasa'. A diferencia de los sacerdotes de la Antigua Alianza, cuyos sacrificios debían repetirse continuamente, Cristo se ofrece a sí mismo de una vez por todas. Por ello, los artistas bizantinos comenzaron a representar a Jesús no sólo como Pantocrátor (el soberano de toda la creación), sino también vestido con los ornamentos litúrgicos de un sumo sacerdote, sentado en un trono celestial con autoridad divina. Esta iconografía se desarrolló especialmente entre los siglos XII y XIII en Bizancio, antes de extenderse hacia el norte, a Rusia.

      En nuestro icono, Cristo está sentado de frente en el trono, con inmensa quietud y autoridad. Su mirada es directa, penetrante, casi intemporal. Bendice con una mano mientras sostiene el Evangelio con la otra, recordándonos que es a la vez sacerdote y maestro, sacrificio y Palabra. Sus vestiduras están cargadas de simbolismo. Lleva vestiduras sacerdotales parecidas a las de un obispo o patriarca bizantino. El omophorion (estola) que lleva sobre los hombros simboliza al pastor que lleva a casa a la oveja perdida. En la teología bizantina, la liturgia terrenal se entendía como participación en la liturgia celestial. Así, Cristo aparece aquí no sólo como una figura histórica del pasado, sino como el eterno celebrante de los misterios celestiales.

      Flanquean a Cristo dos grandes serafines, los misteriosos seres de seis alas descritos en la visión del profeta Isaías. Estas ardientes criaturas celestiales rodean el trono de Dios cantando “Santo, Santo, Santo”. Sus seis alas simbolizan tradicionalmente la abrumadora santidad de la presencia divina: con dos alas se cubren el rostro, incapaces de contemplar plenamente la gloria de Dios; con dos se cubren los pies en humildad; y con dos vuelan en perpetua adoración. El contraste de colores también es simbólico. El serafín rojo evoca el fuego divino, el amor ardiente, la energía celestial y la purificación. El serafín más oscuro, casi negro, sugiere el misterio, la trascendencia y el aspecto incognoscible de Dios, más allá de la comprensión humana.

      by Padre Patrick van der Vorst

      Oración

      Señor, Jesucristo, nuestro magnífico y supremo Sacerdote.

      Por tu Muerte y Resurrección te hemos reconocido
      como el Cordero sacrificial, mediador entre el Padre y nosotros mismos.

      Nos llamas a participar en tu Muerte y Resurrección.

      .

      Nos llamas a participar en tu Muerte y Resurrección
      por los sacramentos del Bautismo y Confirmación,
      para unirnos en el ofrecimiento del sacrificio de Ti mismo
      por la participación de tu Sacerdocio en la Eucaristía.

      Así pertenecemos a tu Reino en la tierra, haciéndonos tu pueblo santo.

      Señor Jesucristo, nuestro Sumo Sacerdote,
      concédenos tu Espíritu de Amor y Vida que nos una a ti,
      Sacerdote y Víctima, para que el plan de salvación
      para todos los pueblos se establezca dentro de nosotros.


      Señor, Jesucristo, nuestro Sumo Sacerdote,
      concédenos tu Espíritu de Sabiduría y unión,
      que a todos nos unifique en tu Cuerpo Místico,
      la Iglesia, para ser tus testigos en el mundo.


      Señor, Jesucristo, nuestro Sumo Sacerdote,
      tu cruz remedie nuestros males, tu Resurrección nos renueve,
      tu Espíritu Santo nos santifique, tu Realeza nos glorifique
      y nos redima tu Sacerdocio, para que podamos unirnos contigo
      como tú lo estás con el Padre en el Espíritu Santo.


      Señor, Jesús, reúnenos a todos en tu Persona –Víctima,
      Sacerdote, Rey– por el banquete salvador de la Eucaristía
      que tú y nosotros ofrecemos en el altar del Sacrificio,
      ahora y durante todos los días de nuestra peregrinación por este mundo.

      Cuando nos llames a tu Reino celestial, entonces podamos participar
      con todos los santos de tu gloria, amor y vida en unión
      con el Padre y el Espíritu Santo por toda la eternidad.

      Amén.

      (ACI)