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jueves, 12 de marzo de 2026

Las cinco lecciones que aprendió sobre la paternidad católica el hijo teólogo de Scott Hahn

Él tiene sus propios hijos y ofrece los consejos que aprendió de su padre en el día a día de su educación durante años.

El autor de este artículo, David Hahn, junto con sus padres cuando recibió el título de teólogo.

El autor de este artículo, David Hahn, junto con sus padres cuando recibió el título de teólogo.Scott Hahn (Facebook)


    Scott Hahn (n. 1957), casado con Kimberly, es padre de seis hijos (dos de ellos sacerdotes) y suma ya más de veinte nietos. Uno de sus hijos es David Hahn, casado y entre cuya formación figura su licenciatura en Teología.

    Recientemente ha compartido lo que aprendió de Scott sobre ser padre. Así lo cuenta David Hahn en The Catholic Herald:

    Cinco lecciones que aprendí de mi padre sobre la paternidad católica

    Sin duda, hay muchas maneras de ser un buen padre católico, quizá tantas como padres hay. Yo he tenido la maravillosa, aunque limitada, experiencia de conocer a uno de ellos. No pretendo poseer una sabiduría secreta desconocida, pero espero poder compartir aquí un poco de lo que mi padre me transmitió mientras crecía y de lo que me sigue transmitiendo hoy en día.

    Aquí hay cinco cosas que aprendí de mi padre sobre cómo ser un padre católico.

    1. A la gente no le importa cuánto sabes hasta que sabe cuánto te importa: interésate por tus hijos.

    Mi padre me repitió muchas veces un principio durante mi educación: antes de compartir lo que sabía, debía interesarme primero por la persona con la que hablaba. Hubo una ocasión en Roma que ilustra esto. Estábamos en el vestíbulo de nuestro hotel cuando un grupo de seminaristas pasó por delante. Uno de ellos vio a mi padre y, deteniendo al grupo, los trajo a todos adentro. Naturalmente, hubo cierta incomodidad, pero mi padre ayudó a superarla rápidamente entablando una conversación sencilla sobre quiénes eran y de dónde venían. No sabía mucho sobre la región de su país, ¿podrían contarle más? En pocos momentos, este grupo de desconocidos nerviosos se sintió seguro y a gusto.

    Hubo muchas ocasiones similares. A veces en aviones, a menudo con personas que no tenían fe ni interés en la teología, pero que se interesaban por lo que decía mi padre porque él mostraba un interés real por ellos. Esto era tan cierto para mí como para el desconocido. Me importaba mucho lo que pensaba mi padre porque sabía lo mucho que él se preocupaba por mí. Espero demostrar un cuidado similar -llevando a mis hijos a pasear, lanzándoles una pelota de béisbol o un disco, sacando tiempo de mi ajetreada jornada solo para charlar- para que mis hijos sepan que me preocupo por ellos y aprendan a preocuparse por lo que yo sé.

    2. Las relaciones correctas son más importantes que simplemente tener razón: asume la responsabilidad de tus propios errores y repara lo que puedas.

    Los padres discuten con sus hijos. No es impío decir que esto es cierto para todos los padres, o al menos que todos los padres ocasionalmente entran en conflicto.

    Después de un conflicto, mi padre siempre se disculpaba. Recuerdo una ocasión en la que tuvimos una acalorada conversación. Se alzaron las voces y terminó con palabras duras y un portazo en la puerta del dormitorio. Mi orgullo no tiene ningún problema ahora en admitir que, de hecho, yo estaba equivocado. Ni dos minutos después de este intercambio, se oyó un suave golpe en la puerta de mi dormitorio, que acababa de cerrar de un portazo, y entró mi padre, ahora con una expresión más suave y una disculpa por su mal genio.

    Me parece adecuado escribir sobre uno de los defectos de mi padre para resaltar lo que considero una de sus mayores fortalezas: la capacidad de reconocer cuando se había equivocado, incluso si, como en este caso, tenía razón. La fuerza para reparar las relaciones por encima de la autosatisfacción. Me enseñó a pedir perdón y a hacerlo de corazón. Lo demostró de la mejor manera posible acudiendo con frecuencia a la confesión y, si yo lo necesitaba, hacía todo lo posible para ayudarme a acudir también. Saber pedir perdón a los demás y a Dios me sigue siendo muy útil en mis relaciones con mis hermanos, mis amigos y mi esposa. Espero sinceramente poder transmitir este don a mis hijos a través de mi comportamiento.

    3. Cuida tu expresión facial: controla cómo reaccionas ante las cosas que no te gustan y con las que no estás de acuerdo; tus hijos te están observando.

    Asistí a una escuela llamada St. Gregory the Great Academy. Tenía el privilegio de ofrecer una diversidad de tradiciones litúrgicas -melquita, rutenia, ordinariato y tridentina- a los estudiantes para enriquecer su fe. Esta experiencia fue una bendición para mí y sigo estando agradecido por ello. Sin embargo, en mi adolescencia, también tuvo el efecto de desencantarme de las misas ordinarias en casa. Me volví combativo y me irritaba con facilidad. Rara vez salía de un Novus Ordo sin criticar al celebrante, su homilía o la falta de ornamentos litúrgicos.

    Mi padre no respondía directamente a mi negatividad. No ignoraba las deficiencias reales que yo observaba, pero tampoco se unía a las críticas. En cambio, sus acciones me invitaron a adoptar una perspectiva diferente. Me di cuenta de que, a diferencia de mí, él no tenía la cabeza levantada, con los ojos escrutando cada faceta de la liturgia. Tenía la cabeza inclinada en oración. No hacía muecas ante cada pequeña cosa que le molestaba. Mantenía el control de su rostro. Estaba más agradecido por la oportunidad de participar en la fiesta divina que ansioso por ser un crítico.

    La liturgia es importante, pero lo que mi padre me enseñó fue que Dios era más importante. Me lo demostró con su autocontrol. La forma correcta de participar en la misa, e incluso en la tradición, era con alegría y gratitud por el regalo que se le había concedido a alguien tan indigno. Si había algo realmente fuera de lugar en la misa, algo que no merecía estar allí, sin duda era yo.

    4. No te creas tu propio bombo publicitario: mantén siempre la perspectiva.

    Otra virtud que demostró mi padre es la humildad. En efecto, me enseñó a mantener la perspectiva. Recuerdo que un día, cuando era niño, sentí envidia de mis amigos. Le dije a mi padre lo mucho más inteligentes, atléticos y talentosos que eran. Él me escuchó pacientemente. Luego me llevó al jardín y arrancó una brizna de hierba. Me la mostró y me dijo que compararnos unos con otros es como que una brizna de hierba se compare con otra. A la luz de la distancia del sol, su altura es casi insignificante. Un católico no debe preocuparse por compararse con sus hermanos, sino por compararse con Cristo.

    Si mi padre presta atención a sus éxitos o fracasos, siempre mantiene la otra mirada puesta en Cristo. Ve la brizna de hierba y ve el sol. Esto es algo que espero poder transmitir a mis propios hijos: cómo mantener la perspectiva.

    5. Dar prioridad a la oración: deja que tus hijos vean lo que valoras.

    Lo último que mi padre me ha enseñado es quizás lo más importante. Aunque la bondad, el arrepentimiento, el autocontrol y la humildad son importantes, he aprendido que lo primero es la oración. Cada mañana sé dónde encontrar a mi padre: en la sala de estar, rezando sus oraciones. Añadiré que mi madre se encuentra en la habitación contigua haciendo lo mismo. Fue un regalo maravilloso crecer sabiendo que mis padres eran amigos de Dios, que dedicaban tiempo a conocerlo y a escuchar su voz. Por encima de todo, es el regalo que más deseo ofrecer a mis propios hijos.

    Si aún no tienes el hábito de rezar a diario, te invito a que empieces, aunque solo sea durante diez o quince minutos. No lo digo como alguien con mucha disciplina en la práctica, sino como observador de quienes la tienen y como seguidor.

    * * *

    Hombres, así es como llevaremos a nuestras familias al cielo

    • cuando mostremos a nuestros hijos lo importantes que son para nosotros; 
    • cuando reconozcamos nuestros errores y pidamos perdón por ellos; 
    • cuando demostremos paciencia y autocontrol
    • cuando mantengamos la perspectiva de nuestra vocación divina;
    • y cuando hagamos del encuentro con Dios la parte más importante de nuestro día. 

    Estas son algunas de las cosas que he aprendido de mi padre, Scott Hahn. Por la gracia de Dios, espero que sean de alguna ayuda.

    ReL

    Vea también     Catequesis del Papa Francisco
    sobre la Familia




    6 ideas que revolucionarán tu ayuno y sacrificios esta Cuaresma: una de ellas «no es para blandos»

    El ayuno, uno de los pilares de la vida cristiana y especialmente en Cuaresma, es descrita como un auténtico arma de combate espiritual.

    El ayuno, uno de los pilares de la vida cristiana y especialmente en Cuaresma, es descrita como un auténtico arma de combate espiritual.

    El ayuno es junto con la oración y la limosna uno de los pilares de la vida cristiana en los que se incide especialmente en Cuaresma. Su práctica como método de ascesis, mortificación y arma de combate espiritual se dan en la Iglesia desde sus mismos orígenes, con los 40 días de ayuno de Jesús en el desierto como el ejemplo más representativo.

    También se describe en el Antiguo Testamento, cuando Esaú perdió su primogenitura al no ayunar (Génesis 25:30-34), cuando Samuel fue entregado a su madre cuando ella ayunó (1 Samuel 1:13-16) o en el heroísmo que Sansón logró mediante el ayuno (Jueces 13:4). Padres del desierto como San Juan Clímaco (siglos VI-VII) eran auténticos expertos prácticos en el ayuno, que definen como el acto de "violentar a la naturaleza, cercenar los deleites del gusto, mortificar la carne, librarse de los sueños".

    Según la Iglesia, la ley del ayuno indica actualmente que el Católico desde los 18 hasta los 59 años debe reducir la cantidad de comida usual, entendiéndose esto como una comida más dos comidas pequeñas que sumadas no sobrepasen la comida principal en cantidad. Es obligado el Miercoles de Ceniza y el Viernes Santo.

    Aunque se encuentra concretado y definido, no faltan las propuestas que promueven ampliar las restricciones existentes e incluso añadir otras nuevas formas de ayuno o abstinencia, muchas de ellas adaptadas a las amenazas del modo de vida actual o a las nuevas necesidades espirituales.

    Recogemos algunas de ellas:

    1º Comer menos, aumentar el ayuno eucarístico y recibir más la Eucaristía

    Una idea expresada en varias ocasiones por el sacerdote Ed Broom, con la que se da más importancia a la vida espiritual y a la salvación del alma". También indaga en ello el sacerdote católico bizantino y experto en ascesis y padres del desierto David Abernethy (quien dirige Ministerios Philokalia), quien invita a que, al experimentar el hambre del ayuno, esta "se vincule a la relación con Cristo" y se considere "que solo puede ser satisfecha por Él". Comenta que el ayuno eucarístico, "reducido en los últimos tiempos a una hora, rara vez nos da hambre". Por eso invita a "alargar este periodo previo a la recepción de la Eucaristía", pues permite preparar "la forma de pensar" en la comunión, pero también físicamente, pues "llegamos al altar con hambre y sed de Dios".

    2º No apta "para blandos": comenzar el itinerario de Exodus 90

    Se trata de uno de los programas más exigentes de vida ascética, de ayuno y virtud cristianas. En principio el programa de Exodus completo dura 90 días y está basado en la oración, la relación comunitaria de sus integrantes, la meditación y lectura de las Escrituras y diversas formas de ayuno.

    De entre sus múltiples propuestas relativas exclusivamente al ayuno, Exodus propone a sus seguidores que durante el periodo establecido se renuncie al alcohol, a refrescos y bebidas con azúcar, a los postres o los dulces o a picar entre horas. A la hora de tratar el ayuno, invita a que este sea durante dos días, los miércoles y viernes, realizando -como máximo- solo una comida completa y dos más pequeñas que entre las dos no equivalgan a una normal. También propone ampliar la abstinencia de carne a los miércoles.

    Entre otras medidas complementarias al ayuno, destacan las duchas frías, la renuncia a los videojuegos, compras, música que no eleve el alma o evitar el uso del móvil más allá de lo estrictamente necesario.

    Se trata de un programa dirigido a luchar "contra la laxitud" progresiva de ayunos y penitencias, en un contexto en que "las presiones de la vida moderna a menudo ahogan el llamado a la reflexión y al sacrificio", uniendo "el ascetismo antiguo con las necesidades espirituales modernas".

    Desde 2015 son más de 100.000 hombres de cerca de 90 países los que han hecho el itinerario de forma presencial u online a través de su App: según las tasas de Éxodus, el 99% de ellos admiten haber hallado una vez concluido "un nivel de libertad que nunca antes habían experimentado". Solo el 6% admite tener problemas recurrentes con el uso del móvil tras finalizar.

    Uno de ellos es Brendan Sweeney, que escribe en la página de Éxodus como, tras alejarse de la fe, cayó en patrones erráticos que perjudicaron su vida como beber demasiado, descuidar su salud mental o quedar atrapado en internet.

    "Cuando escuché por primera vez sobre Éxodo 90, estaba sutilmente interesado en tal vez dejar el alcohol durante 90 días y las redes sociales durante 90 días. Pero todas esas cosas a la vez, junto con las duchas frías, parecían muy intensas. Pensé que nunca iba a hacer eso, pero mi vida estaba en un mal lugar y sabía que comprometerme con estas disciplinas mejoraría enormemente mi vida".

    La mejoría fue instantánea. Nada más comenzar, dice, "noté que ya no me molestaba por cosas triviales, la tranquilidad que obtuve al eliminar las redes durante 90 días, las duchas frías o pasar una hora al día en silencio con Dios".

    "Cambió mi relación con Dios. Las relaciones con los hombres de mi parroquia se fortalecieron. La transformación fue radical en mi forma de pensar durante 90 días al renunciar a todas estas cosas. Estar con Dios cada mañana ha provocado cambios medibles y concretos en mi vida", relata.

    Hoy admite encontrarse "mejor en todas las áreas: espiritualmente, en las relaciones, financieramente y en el éxito profesional. Todos esos cambios se atribuyen a los 90 días de defensa constante de esas disciplinas".

    3º "La hora, en punto, de levantarte sin vacilación"

    El sacerdote Ed Broom también se refiere a la práctica del "minuto heroico", conocida por su propuesta en Camino, del fundador del Opus Dei, San Josémaría, consistente en "la hora, en punto, de levantarte. Sin vacilación: un pensamiento sobrenatural y... ¡arriba!. Ahí tienes una mortificación que fortalece tu voluntad y no debilita tu naturaleza". Con esto –añade Ed Broom- San Josemaría afirma que tan pronto como escuchemos el despertador debemos levantarnos de la cama, rezar y comenzar nuestro día. ¡El demonio de la pereza nos anima a presionar el botón de apagar!

    El minuto heroico combate al demonio de la pereza: `Fortalece tu voluntad y no debilita tu naturaleza´.

    4º Los niños sí pueden "ayunar" o sacrificarse

    Otra de las App que aspira a potenciar y mejorar la forma en que se ayuna es Hallow, líder en el sector de las aplicaciones católicas. Entre sus ideas para ayunar esta Cuaresma, dedican un espacio por entero al ayuno de niños y adolescentes, como puede ser renunciar al juego favorito de cada uno, dejar de usar las redes sociales, renunciar a la comida o al sitio preferido en la escuela, beber solo agua en lugar de refrescos, no utilizar los cascos o dejar que los compañeros pasen delante en las filas.

    5º También hay propuestas para adultos

    La aplicación conocida por su fichaje de Jim Caviezel (La Pasión) y Jonathan Roumie (The Choosen) propone medidas concretas para adultos. Entre ellas, dejar el café (o prepararlo solo en casa), dejar el alcohol, renunciar a las redes sociales o limitarlos a ciertos días u horas del día o dejar las pantallas pasada una hora determinada. Otras ideas son dormir sin almohada, despertarse sin pulsar la repetición de la alarma, ducharse sin agua caliente, bajar la calefacción, aparcar más lejos y rezar el tiempo extra que se dedica a andar o abstenerse de leer cotilleos y rumores.

    6º Cambiar lo que está mal en uno mismo

    Madre Angélica, la fundadora de la cadena evangelizadora EWTN, se refirió en varias ocasiones a los sacrificios, ayunos y mortificaciones de Cuaresma. En una de ellas animó a renunciar a "algo más que dulces", en referencia a la forja del propio temperamento o los hábitos que redunden en el cuidado de la familia.

    Durante la Cuaresma, reflexionó, "se supone que debes renunciar a algo que sea duradero. Renunciar a los dulces no es duradero. En Semana Santa te comerás los huevos de Pascua. ¿Por qué no muestras tu temperamento? Eso es lo que voy a hacer durante la Cuaresma: quiero dejar mi [mal] temperamento", propuso. Un propósito que podría redundar, como agregó en otra ocasión, en mejorar las ocasiones de la ira.

    "Necesito renunciar a algo que sé que está mal en mí. Y entonces, tal vez estos 40 días te harán adquirir un hábito, el hábito de no perder los estribos, el hábito de ser amable. Y comienza con tu familia", agregó.

    J.M.C., ReL

    Vea también     Vivir la Cuaresma cada día (de los 40)...


    5 consejos para aprender a elegir bien y que te vaya mejor

    Manos sosteniendo papel con símbolo de cruce de flechas dividido en tres direcciones diferentes.

    Elegir es un ejercicio diario, pero hay que aprender que si elegimos bien, aún con los inevitables altibajos la vida siempre será mejor. Sigue estos consejos.

    A diario hay que hacer elecciones: eliges entre desayunar huevos o cereal, tomar el autobús o salir en auto, ir por la misma ruta o por un atajo, llevar abrigo o algo más ligero, en fin. De cada decisión resulta una consecuencia. Pero cuando se trata de la parte espiritual, hay que aprender que debemos elegir bien porque podríamos jugarnos hasta la salvación. Para reflexionarlo mejor te dejamos algunos consejos.

    1Educa tu voluntad

    Los humanos solemos elegir entre lo que perciben nuestros sentidos, esa ha sido la forma en la que aprendimos a reconocer olores, sabores, sonidos, texturas, escenas bellas… por eso, existe una sentencia que dice que "las apariencias engañan".

    Es importante recordar que nuestra voluntad define qué vamos hacer en la vida y las elecciones que tomamos a diario. Por eso, educar la voluntad significa usar esta potencia del alma para ordenar nuestra conducta tomando la decisión que más se apegue al bien.

    Un ejemplo bastante trillado puede ser la persona que se pone a dieta. Necesita mucha "fuerza de voluntad" para no autocomplacer su antojo por la comida y vencer los malos hábitos que ha llevado durante mucho tiempo para no romper su buen propósito. De lo contrario nunca bajará de peso.

    En lo espiritual recordemos que Cristo narró una parábola en la que un señor dio a sus servidores diferentes cantidades de dinero. El que recibió una moneda la enterró. El señor lo castigó porque no fue fiel en lo poco.

    Para ser fieles en lo mucho, en nuestro caso como cristianos, será obedecer a Dios y servirle fielmente, haciendo uso de nuestros talentos para alcanzar la salvación. Pero para eso necesitamos una buena dosis de voluntad fuerte y educada.

    2Acepta la Palabra de Dios
    con integridad

    Unido al punto anterior está la obediencia a la Palabra de Dios y sus mandamientos. Por eso es necesario formar nuestra fe para decidir el mayor bien, porque para el cristiano, elegir el mal nunca debe ser una opción.

    No existe un mal menor. Así es que, todo lo que atente contra los mandatos de Dios - especialmente si tienen que ver con la vida - está en contra de Su voluntad.

    Por eso debemos aceptar la Palabra de Dios con integridad y no manipular los mandamientos; creámoslo bien y entendámoslo claramente: son eternos y nunca pasarán de moda ni la Iglesia tiene poder para modificarlos. Seamos dóciles a la voz de Dios.

    3Niégate algunos gustos

    Otra manera de ayudarnos a fortalecer nuestro espíritu es sacrificarse un poco. No se trata de imponernos castigos corporales que atenten contra nuestra integridad, sino de algo más simple: niégate algunos gustos.

    Puede ser que se nos antoje un helado, ver algún programa, consultar las redes sociales, en fin, comer o hacer algo que nos cause placer y que podamos prescindir de ello por unas horas o hasta días. Esas pequeñas acciones agradan a Dios y nos hacen más fuertes.

    Y por supuesto, no te pongas en riesgo. Si tienes alguna debilidad grave, nada tienes que hacer en donde sabes que peligrarás porque es casi seguro que cederás a la tentación.

    Es como aquél hombre que, a sabiendas de que tenía un problema de alcoholismo conservaba las mismas amistades malas que no dejaban de invitarlo a beber. Tenía el firme propósito de dejar el vicio pero no cortaba don las malas influencias.

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    4Medita la Palabra de Dios

    Dios no pide imposibles. Cada vez que tengas oportunidad lee un pasaje del Evangelio y medita la Palabra del Señor. Él te hablará hasta lo más profundo de tu corazón. Entonces tendrás claro que debes hacer para continuar con tu vida, pero llena de Él y haciendo las obras que le agradan, amando al prójimo como a ti mismo.

    5Confiésate a menudo

    Por último, el consejo que el católico nunca deberá ignorar porque le ayudará a mejorar en todos los aspectos de su vida: la confesión frecuente, con plena confianza en la misericordia de Dios.

    El que revisa su conciencia cada noche y se prepara reflexionando sobre su vida hará una buena confesión. Es muy útil utilizar una guía y, si es necesario, anotar los pecados y las veces que se han cometido para decirlos al sacerdote sin olvidar ninguno.

    Haz un propósito firme de enmienda para que poco a poco, esa falta que se ha convertido en tu talón de Aquiles se vaya debilitando hasta vencerla por completo.

    Es obvio que la vida nos depara situaciones alegres y tristes, problemas y desencantos, pero si elegimos bien seremos mas felices y estaremos satisfechos porque nuestros esfuerzos estarán encaminados a cumplir con la voluntad de Dios, que siempre será la mejor elección.

    Mónica Muñoz, Aleteia

    Vea también    Guía para el Examen diario de Conciencia