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martes, 6 de octubre de 2026

Cómo un grupo de jóvenes concibió la estatua más grande de san Carlo Acutis en Brasil


Acutis - Pompeia

En el interior de Sao Paulo, un grupo de jóvenes encontró la manera de financiar una estatua del santo del Internet, a quien Brasil le tiene una gran devoción


Durante siglos, la devoción católica midió la intensidad de su fe a través de la grandiosidad monumental de sus catedrales y estatuas gigantescas. Un fenómeno nuevo, silencioso y profundamente conmovedor comienza a surgir en el corazón de las plazas rurales: la búsqueda de una santidad sencilla y cercana que conecte directamente con la juventud de la era digital.

El santo de los jóvenes

En la tranquila ciudad de Pompeya, a unos treinta kilómetros de Marília, encontramos el contraste más conmovedor en esta nueva cartografía de la fe. En la plaza de la parroquia de Nuestra Señora del Rosario, no hay un gigante de hormigón que observe a los fieles desde lo alto de un pedestal inalcanzable. Lo que atrae la mirada emotiva de los visitantes es una imagen de apenas dos metros de altura, que representa a un joven con vaqueros, zapatillas, camiseta y mochila. Se trata de la escultura de San Carlos Acutis, considerada por los feligreses como la imagen más grande del "santo de internet" en todo Brasil.  

Concebida y financiada por un grupo de jóvenes feligreses, la obra tardó unos ocho meses en ser elaborada por artesanos de la ciudad de Londrina, Paraná. La estatua se instaló a principios de agosto de 2026, al cierre de la Semana de la Juventud de la ciudad, convirtiéndose de inmediato en un vibrante punto de oración y reflexión comunitaria. Carlo Acutis no carga con el peso de siglos pasados. Nacido en Londres en 1991 y criado en Milán, este joven de aspecto sereno era un auténtico representante de la generación millennial. Apasionado por la informática y la programación, utilizó su talento tecnológico para catalogar milagros eucarísticos alrededor del mundo, creando su propia página web y definiendo la Eucaristía con una frase que se convirtió en su lema: "La Eucaristía es mi camino al cielo".  

La vida del joven genio de la informática se vio truncada prematuramente el 12 de octubre de 2006, a los 15 años, víctima de una leucemia fulminante. Sin embargo, la conexión espiritual de Carlo con Brasil ya estaba grabada en la historia y el dogma: fue en suelo brasileño, en 2013, con la inexplicable curación de un niño enfermo, donde tuvo lugar el milagro reconocido por el Vaticano para su canonización.  

El viaje para instalar la imagen en Pompeya fue una verdadera peregrinación de fe. En abril de 2025, el párroco, el padre Antônio Padula, viajó a Italia para asistir a la ceremonia de canonización. Sin embargo, el fallecimiento del papa Francisco en ese momento provocó el aplazamiento del solemne evento. Aun ante este imprevisto, el sacerdote, junto con una delegación de Sao Paulo, peregrinó a la ciudad de Asís y visitó la tumba del joven. "Hicimos muchas historias y enviamos videos a la gente de aquí. Así fue como creamos todo un carisma en torno a Carlo", recuerda Guilherme, quien, junto con la comunidad, continuó en profunda oración hasta que el papa León XIV proclamó oficialmente la canonización en la Plaza de San Pedro. 

Más allá de la estatua, la parroquia de Pompeya alberga ahora un relicario con mechones del cabello del santo, fragmentos de su ataúd e incluso un pétalo de flor blanca que cayó sobre su tumba en Asís y que ha permanecido intacto durante dos años. La estatua de San Carlos Acutis en Pompeya nos enseña que la verdadera monumentalidad de la fe trasciende las esculturas. En tiempos de distanciamiento virtual, el joven vestido de vaqueros demuestra que la santidad puede recorrer las plazas de los pueblos pequeños, recordándonos que lo divino está presente en los gestos más sencillos y en el valor cotidiano de entregar la vida al servicio del amor. 


Paulo Teixeira, Aleteia

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El papa León y las sorprendentes cosas que cambió en París

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Más allá de las multitudes y las ceremonias oficiales, algunos detalles encantadores revelaron lo que sucede cuando un Papa llega a la capital francesa


El informe oficial de una visita papal te dirá qué dijo el Papa León, con quién se reunió, dónde celebró la misa y cuántas personas acudieron a verlo. Es menos probable que mencione la imagen de sacerdotes escuchando confesiones en los Campos Elíseos, la extraordinaria cantidad de autobuses que se necesitaron para transportar a los fieles o cuántas monjas sonrientes puede albergar París al mismo tiempo.

Sin embargo, el mensaje es aún más profundo, porque durante un par de días, una de las capitales más ajetreadas del mundo se vio y se sintió notablemente diferente.

Los Campos Elíseos dejaron de ser un lugar de compras

En un sábado normal, los Campos Elíseos hacen lo que mejor saben hacer. Los turistas fotografían el Arco del Triunfo, los parisinos intentan llegar a algún lado mientras esquivan a los turistas, y una cantidad impresionante de personas sale de las tiendas cargando bolsas con cosas que cuestan mucho más de lo que la mayoría de nosotros estaríamos dispuestos a admitir. Este sábado fue diferente, porque un hombre logró cerrar una de las avenidas más famosas del mundo.

Ese hecho por sí solo ya era bastante extraordinario. París, un sábado, no cede sus calles fácilmente; sin embargo, se habían levantado las barreras, el tráfico había desaparecido y la avenida se había entregado a la gente que esperaba al Papa León. Incluso la actividad a lo largo de ella había cambiado: los sacerdotes escuchaban confesiones mientras los fieles esperaban la llegada del Papa.

Nadie te advierte sobre los autobuses

SEBASTIEN BOZON / POOL / AFP

Las glamurosas fotografías de una visita papal rara vez muestran autobuses, lo cual es injusto porque los autobuses merecen su momento: estaban por todas partes.

O, mejor dicho, parecían estar por todas partes, porque las enormes avenidas arboladas que rodeaban la zona acordonada para la misa, normalmente abarrotadas de tráfico parisino, de repente estaban llenas de ellos. Un autobús tras otro se detenía bajo los árboles después de dejar a grupos de peregrinos de toda Francia y más allá, mientras los peatones deambulaban libremente por espacios que normalmente están cedidos a los autos.

París se vistió para León

París es, después de todo, una ciudad que se toma muy en serio el estilo, y era evidente que mucha gente había decidido que el Papa León merecía la misma consideración. Entre las inevitables zapatillas deportivas y mochilas se veían vestidos elegantes, chamarras y atuendos cuidadosamente elegidos, con familias que, obviamente, habían decidido que si iban a ver al Papa, aunque fuera desde cierta distancia, iban a hacer un esfuerzo.

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El pequeño problema de llegar a algún lado

Naturalmente, ceder temporalmente grandes zonas del centro de París al Papa y a varios cientos de miles de visitantes trajo consigo un pequeño inconveniente: todos los demás aún tenían lugares a donde ir.

Se cerraron estaciones clave del metro en el centro, los enormes bulevares quedaron intransitables y las rutas habituales terminaban abruptamente en las barreras de seguridad. Incluso se podía ver a parisinos experimentados consultando mapas y teléfonos después de descubrir que el trayecto que habían hecho innumerables veces antes simplemente no iba a ser posible de la misma manera ese día.

El gran éxodo tras la misa papal

Una vez terminada la misa, cientos de miles de personas hicieron lo que la gente suele hacer después de pasar horas de pie, cantando, vitoreando y concentrándose: se fueron en busca de un lugar donde sentarse y algo para beber.

Por una vez, todos se dirigían en la misma dirección

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JB.Delerue | Diocese of Paris

Quizás la sensación más extraña del fin de semana provino de la enorme cantidad de personas unidas por un mismo propósito. Las capitales no suelen funcionar así. París alberga a millones de personas que persiguen millones de planes diferentes al mismo tiempo: ir al trabajo, reunirse con amigos, comprar comestibles, visitar museos, tomar trenes, pasear a los perros, ir de compras, discutir con los repartidores e intentar encontrar un lugar donde sirvan café justo en el momento en que lo necesitan.

Y el rostro de Leo estaba por todas partes

Incluso cuando el propio Papa no se veía por ningún lado, resultaba sorprendentemente difícil escapar de su rostro. Aparecieron carteles y pancartas por toda la ciudad, mientras que las banderas amarillas y blancas llevaban los colores del Vaticano a calles más acostumbradas a las marcas de las casas de moda y las empresas internacionales.

Cerith Gardiner, Aleteia

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Evangelio del día martes 27a semana del tiempo ordinario - Memoria de San Bruno


 

Carta de San Pablo a los Gálatas 1,13-24.

Hermanos:
Seguramente ustedes oyeron hablar de mi conducta anterior en el Judaísmo: cómo perseguía con furor a la Iglesia de Dios y la arrasaba,
y cómo aventajaba en el Judaísmo a muchos compatriotas de mi edad, en mi exceso de celo por las tradiciones paternas.
Pero cuando Dios, que me eligió desde el seno de mi madre y me llamó por medio de su gracia, se complació
en revelarme a su Hijo, para que yo lo anunciara entre los paganos, de inmediato, sin consultar a ningún hombre
y sin subir a Jerusalén para ver a los que eran Apóstoles antes que yo, me fui a Arabia y después regresé a Damasco.
Tres años más tarde, fui desde allí a Jerusalén para visitar a Pedro, y estuve con él quince días.
No vi a ningún otro Apóstol, sino solamente a Santiago, el hermano del Señor.
En esto que les escribo, Dios es testigo de que no miento.
Después pasé a las regiones de Siria y Cilicia.
Las Iglesias de Judea que creen en Cristo no me conocían personalmente,
sino sólo por lo que habían oído decir de mí: "El que en otro tiempo nos perseguía, ahora anuncia la fe que antes quería destruir".
Y glorificaban a Dios a causa de mí.


Salmo 139(138),1-3.13-14ab.14c-15.

Señor, tú me sondeas y me conoces,
tú sabes si me siento o me levanto;
de lejos percibes lo que pienso,
te das cuenta si camino o si descanso,

y todos mis pasos te son familiares.
Tú creaste mis entrañas,
me plasmaste en el seno de mi madre:
te doy gracias porque fui formado

de manera tan admirable.
¡Qué maravillosas son tus obras!
y nada de mi ser se te ocultaba,
cuando yo era formado en lo secreto,

cuando era tejido en lo profundo de la tierra.


Evangelio según San Lucas 10,38-42.

Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa.
Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra.
Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: "Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude".
Pero el Señor le respondió: "Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas,
y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada".

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Sermón 104,


«Una mujer llamada Marta lo recibió en su casa»

     En la eternidad todos estaremos sentados a la mesa. Yo no me atrevería a decirlo si no fuera porque el mismo Señor lo promete. Promete una gran recompensa a sus servidores porque les dice: «Los hará sentar a la mesa y uno a uno los irá sirviendo» (Lc 12,37)... Grande es, pues, la promesa y dichoso su cumplimiento. Actuemos de manera tal que lo merezcamos; que podamos ser ayudados de manera que alcancemos este lugar en el que el Señor nos servirá a la mesa.
     ¿Qué será esta cena si no un descanso? Y ¿qué quiere decir «Él nos servirá» sino que nos saciará? ¿De qué alimento y de qué bebida? Seguramente de la misma verdad... ¿No crees que Dios te puede alimentar así, siendo así que de esta misma manera tu ojo se sacia de luz? Que sean muchos los que vean la luz ya que brilla con abundancia; aunque la vean pocos ella brilla con la misma intensidad. Esparce consuelo, pero no puede faltar; se la usa sin que ella disminuya... ¿Por qué todavía no lo entendéis? Porque estáis ocupados en muchas cosas. El trabajo de Marta os tiene ocupados; más aún: nos ocupa a todos. Porque ¿quién está dispensado de este trabajo de asistencia?...
     Por eso, amados míos, os ruego y exhorto...: esta vida, deseémosla todos juntos.Vayamos todos juntos, corriendo, hacia ella para, al llegar, permanecer en ella. Llega la hora y ésta no tendrá fin cuando el Señor nos hará sentar a la mesa para servirnos. ¿Qué nos servirá sino es él mismo? ¿Por qué buscar qué vamos a comer? –es el mismo Señor... «Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor... (Sl 27,4)---No queramos, pues, el sabor de las cosas carnales...: éstas pasarán. Si quieres hacer el oficio de Marta  ocupándote en ellas, que sea con moderación y misericordia... El trabajo pasa, el descanso vendrá, pero no se llega al descanso si no es a través del trabajo. La nave acaba su misión, se llega a la patria, pero no se llega a la patria si no es por la nave. Pero estoy seguro que no vamos a naufragar, porque somos llevados sobre el madero de la cruz.
(EDD)

Reflexión sobre el cuadro

San Bruno, a quien hoy conmemoramos, nació en Colonia hacia el año 1030 y se convirtió en uno de los grandes eruditos y maestros de su época. Estudió y, más tarde, impartió clases en Reims, donde se ganó una gran reputación como excelente profesor. Entre sus alumnos se encontraba el futuro papa Urbano II. Sin embargo, Bruno se fue convenciendo poco a poco de que Dios le llamaba a algo mucho más tranquilo. Hacia 1084, cuando ya había cumplido los cincuenta años, dejó atrás la vida que había conocido y, junto con seis compañeros, buscó un lugar donde pudieran dedicarse casi por completo a la oración. Su búsqueda les llevó finalmente hasta Hugo, obispo de Grenoble, quien condujo a los siete hombres a las salvajes y remotas montañas de la Chartreuse. Allí construyeron una pequeña iglesia y ermitas individuales, sentando las bases de lo que se convertiría en la Orden Cartujana.

Hay una historia maravillosa en torno a su llegada. Poco antes de que Bruno y sus seis compañeros se presentaran ante él, el obispo Hugo había tenido un sueño extraordinario en el que veía a Dios construyendo una morada en el desierto de la Cartuja, mientras siete estrellas le mostraban el camino hacia ella. Entonces, siete hombres llamaron a su puerta en busca precisamente de un lugar así de soledad. Hugo interpretó la coincidencia como un signo providencial y les ayudó a establecerse en aquel paraje montañoso y salvaje. Las siete estrellas pasarían a estar estrechamente relacionadas con la imaginería cartujana.

Nuestro cuadro, «La visión de San Bruno», fue pintado hacia 1660 por el artista barroco italiano Pier Francesco Mola. Se trata de un lienzo de gran tamaño, de casi dos metros de altura. Bruno yace casi fundido con la naturaleza salvaje, envuelto en los amplios pliegues de su hábito cartujo blanco. A su lado hay un libro, una cruz y una calavera: la Escritura, la oración y Cristo. Todo lo que necesitaba. A lo lejos, dos compañeros monjes caminan juntos, pero Bruno aparece deliberadamente separado de ellos. Esta es la vocación que él eligió: la comunidad, sin duda, pero una comunidad en la que cada monje también pasa largos períodos a solas con Dios. Incluso el paisaje parece participar en su oración. Dos grandes árboles se entrecruzan detrás de él, formando sutilmente otra cruz.

Y entonces ocurre algo. Las nubes se abren y aparecen querubines en lo alto. Bruno vuelve el rostro hacia ellos y extiende la mano, casi como si quisiera tocar lo que ve. O tal vez simplemente le ciega la luz celestial. Quizá ese sea el regalo que nos hace hoy San Bruno. La mayoría de nosotros no estamos llamados a desaparecer en las montañas de la Cartuja, pero todos necesitamos un poco de Cartuja en nuestras vidas: un lugar donde se deja a un lado el teléfono, cesa el ruido, se detiene nuestra actividad incesante y simplemente nos permitimos estar ante Dios. La vida de Bruno nos recuerda que el silencio no es la ausencia de algo; puede ser la presencia de Alguien. La tradición cartujana resume maravillosamente su espiritualidad en las palabras “Stat crux dum volvitur orbis” —“La cruz permanece mientras el mundo gira”—. El mundo sigue corriendo, cambiando, discutiendo y exigiendo nuestra atención. Pero la cruz permanece inmóvil en su centro.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

«Padre celestial, hoy te pongo en el primer lugar de mi vida. Te entrego mis pensamientos, mis planes, mi familia y cada paso que voy a dar. Ayúdame a buscar primero tu reino y tu justicia, sabiendo que lo demás vendrá por añadidura. Que mi voluntad se alinee con la tuya y que todo lo que haga hoy sea para honrar y glorificar tu nombre. En el nombre de Jesús, amén.» [1, 2, 3, 4]

Ideas clave para poner a Dios primero:

  • Inicia el día con silencio y gratitud: Dedica los primeros minutos de tu mañana a hablar con Él antes de revisar el teléfono o las preocupaciones diarias. [1]
  • Busca su guía: Apóyate en el versículo de San Mateo 6:33: «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas». [1]

lunes, 5 de octubre de 2026

Apuñalado y con la cabeza vendada, vuelve al altar dos días después: «Recen por nuestro agresor»

El padre Adrian Mantykiewicz sobrevivió al ataque de Jarosław, donde murió otro sacerdote. Dos días después volvió al altar y perdonó al agresor.

El padre Adrian Mantykiewicz, de la abadía de Jarosław, en Polonia, sufrió una agresión que le pudo costar la vida.

El padre Adrian Mantykiewicz, de la abadía de Jarosław, en Polonia, sufrió una agresión que le pudo costar la vida.


    Dos días después de resultar herido en el brutal ataque con cuchillo ocurrido en la abadía de Jarosław, en Polonia, el padre Adrian Mantykiewicz regresó al altar. Lo hizo con la cabeza y una mano vendadas y con las heridas todavía visibles en el rostro. Pero sus primeras palabras no fueron de rabia ni de condena. Fueron de perdón.

    «Perdonamos y pedimos que recéis por nosotros, pero de manera particular os pido que recéis por nuestro agresor y por la gracia de su conversión: él es quien más necesita esta oración», afirmó ante los fieles.

    El sacerdote presidió el sábado 26 de septiembre la primera Misa celebrada en la iglesia rectoral de San Nicolás Obispo después del ataque que, dos días antes, había acabado con la vida del padre Stanisław Zbojnowicz, de 67 años.

    Según informan Fides y AgenSIR, el ataque tuvo lugar el jueves 24 de septiembre en el complejo de la abadía de Jarosław, en el sureste de Polonia. Cinco personas —tres sacerdotes y dos laicos— fueron atacadas con un cuchillo.

    «Nosotros perdonamos»

    El padre Mantykiewicz sufrió heridas de menor gravedad y, después de recibir atención médica, pudo regresar a la abadía. Cuando la iglesia reabrió sus puertas, quiso que su primera celebración tuviera también un mensaje inequívocamente cristiano.

    «Desde este lugar, como discípulo de Jesucristo, quiero decir muy claramente, en mi nombre, en el nombre del padre Marek y en el nombre del padre Stanisław, que nosotros perdonamos», aseguró.

    Y añadió una petición especialmente significativa: rezar por el hombre que los había atacado.

    «No respondamos al mal con el mal», pidió el sacerdote.

    El presunto agresor es un ciudadano ucraniano de 31 años, identificado como Ihor M. Tras ser detenido, la Fiscalía de Przemyśl le imputó delitos de asesinato, tentativa de asesinato y lesiones graves. Un tribunal decretó tres meses de prisión preventiva, que deberá cumplir en condiciones hospitalarias debido a su estado de salud.

    Los especialistas que lo examinaron detectaron síntomas psicóticos graves que dificultaban su participación en las actuaciones judiciales.

    «El mal ha sido cometido por una persona concreta»

    Mantykiewicz quiso además evitar que el crimen provocara una reacción contra los ciudadanos ucranianos, especialmente significativa en una comunidad que desde el comienzo de la guerra ha trabajado intensamente en la acogida y asistencia a refugiados.

    «Os pido que no culpéis a la nación de origen del culpable, porque el mal ha sido cometido por una persona concreta, una persona concreta que tiene un nombre, una vida propia y es responsable de sus actos», afirmó.

    El sacerdote pidió que años de ayuda a los ucranianos no quedaran empañados por la actuación de un solo hombre.

    Murió intentando detener al agresor

    La peor parte del ataque se la llevó el padre Stanisław Zbojnowicz. El sacerdote, de 67 años, sufrió graves heridas cuando trató de detener al agresor y falleció pese a recibir asistencia médica.

    También resultó gravemente herido el padre Marek Pieńkowski, director del Centro de Cultura y Formación Cristiana situado en el complejo. Tuvo que ser hospitalizado y sometido a dos operaciones. Pieńkowski se había distinguido precisamente por su ayuda a los refugiados ucranianos.

    Tras conocer la tragedia, el arzobispo de Przemyśl, Adam Szal, pidió oraciones por el sacerdote asesinado, por los heridos y también por la conversión del atacante. Asimismo, reclamó que lo sucedido no fuera utilizado para alimentar el odio o los enfrentamientos.

    El último adiós al padre Zbojnowicz

    Las exequias por el padre Zbojnowicz comenzaron el lunes en Jarosław con el rezo del Rosario y una Misa presidida por el arzobispo Szal.

    El funeral se celebró este martes 29 de septiembre en la parroquia de la Exaltación de la Santa Cruz de Grzęska, localidad natal del sacerdote, y fue presidido por el obispo auxiliar Stanisław Jamrozek.

    Zbojnowicz había nacido en 1958 y fue ordenado sacerdote en 1986. Desarrolló su ministerio en distintas parroquias y en el hospital provincial de Krosno. Desde 2010 estaba vinculado a la iglesia de San Nicolás Obispo y a la abadía de Jarosław.

    En sus últimos años se había dedicado especialmente al sacramento de la confesión. Su muerte y el regreso al altar de uno de los sacerdotes heridos han dejado ahora una última imagen de lo ocurrido en Jarosław: frente a la violencia sufrida, una petición de perdón y de oración por quien la provocó.

    ReL

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    en 2003




    La Francia laica no esperaba esto: un país dividido se pregunta qué está pasando con la fe

    La visita de León XIV desborda las previsiones y abre un intenso debate en Francia: creyentes, ateos e intelectuales discuten qué está pasando.

    Una de las imágenes que ha dejado este viaje es la del papamóvil paseando por los Campos Elíseos.

    Una de las imágenes que ha dejado este viaje es la del papamóvil paseando por los Campos Elíseos.


      Andrianarison Matriniaha toca la armónica, vive en la región de París y es protestante. El sábado se plantó en los Campos Elíseos para ver pasar a León XIV y le confesó a Le Monde su sorpresa: no sabía que en París hubiera tantos creyentes.

      Su tía había volado desde Madagascar solo para asistir a la gran misa que celebró el pontífice en la Plaza de la Concordia. Grababa con el móvil una multitud que agitaba banderas blancas y amarillas, maravillada de ver juntas a personas de todos los orígenes, algo muy poco habitual en su isla.

      La anécdota resume mejor que cualquier encuesta lo que ha pasado en Francia estos cuatro días. Un país conocido por su laicismo, en el que cualquier símbolo religioso está terminantemente prohibido en todo lo que tenga que ver con lo público o el estado, descubrió de pronto que Dios sí tenía algo que decir en él. El descubrimiento no se celebró en silencio sino que el debate se ha formado especialmente en la opinión pública.

      Unos números espectaculares

      Según el Vaticano, 800.000 personas asistieron a la misa de la Concordia. Le Monde, conocido por su tendencia liberal de izquierda, tituló su crónica con dos adjetivos que en Francia valen el doble: un Papa tranquilo y unificador. Hubo 17.000 voluntarios, 15.000 policías y gendarmes y un presupuesto de 27 millones de euros.

      Ni uno de estos euros salió de las arcas públicas, sino que lo aportaron los fieles y en última instancia la Conferencia Episcopal. En su homilía, ante católicos fervientes, curiosos y varios candidatos a la presidencia de la República, el Papa habló de la sed de trascendencia, pero también de la defensa de la vida.

      La presencia de esos candidatos no es un detalle menor. Faltan siete meses para las elecciones presidenciales, y en la política francesa nadie se deja ver en una misa por casualidad, especialmente en un país en el que el propio Macron solo participó en lo estrictamente necesario, como marcan las reglas de un país que evita ante toda costa el término confesional.

      «Justa», no «verdadera»

      El viernes en el Elíseo, después de escuchar a Emmanuel Macron, León XIV subió al mismo atril y puso las bases de lo que repetiría los siguientes días por activa y pasiva: la justa laicidad no consiste en excluir la religión del espacio público ni de la educación, sino en que el Estado y las instituciones religiosas dialoguen y unan fuerzas al servicio del bien común.

      En España se ha traducido como «verdadera laicidad», pero el Papa dijo juste, «justa». No enmendaba la totalidad a la República; le proponía un punto de equilibrio. Es la diferencia entre corregir a alguien y ofrecerle una alternativa.

      Macron escuchó, recibió al Papa con todos los honores y después no acudió a la misa de la Concordia ni a ninguna otra celebración religiosa del viaje, a excepción de a Metz, donde saludó a algunos de los fieles presentes en la catedral. La laicidad también tiene sus propias liturgias y normas.

      Lourdes: el aplauso más incómodo

      El tono subió en Lourdes. Por la mañana, ante los obispos, el Papa defendió que la palabra de la Iglesia tiene pleno derecho a participar en el debate público francés. Por la tarde, ante enfermos y personas con discapacidad, dijo que es imposible considerar normal dar la muerte y que lo legal no es necesariamente moral. Los aplausos fueron largos.

      El destinatario tenía nombre y fecha: la ley que reconoce un derecho a la ayuda para morir, aprobada por el Parlamento francés el 15 de julio. Era la segunda vez en tres días que el Papa cargaba contra ella, después de su encuentro con Macron. Olivier Falorni, el exdiputado que impulsó el texto, dijo no sorprenderse.

      La guerra de los platós

      Aquí empieza lo interesante. Porque si algo ha dejado la visita, además de fotos, es una opinión pública muy dividida.

      En un lado están los conversos del momento, aunque no a la fe, sino a la evidencia. Estelle Denis, presentadora de Estelle Midi en RMC Story, había debatido en antena si se estaba exagerando con el Papa. Ella pensaba que sí. Después de la vigilia escribió en la red social X que se había equivocado totalmente.

      No es creyente, explicó, pero se dejó arrastrar por aquella alegría contagiosa. El JDD recopiló reacciones parecidas de no creyentes, agnósticos, ateos y fieles de otras religiones: les había sentado de maravilla, habían palpado algo universal, una bocanada de paz, decían. Otro presentador, Mohamed Bouhafsi, insistió también en una emoción que desbordaba a los católicos y que se contagiaba a las calles de la capital.

      En el otro lado, los que se niegan a dejarse impresionar. Patrick Cohen, editorialista político de France Inter, la radio pública, redujo a los asistentes a una minoría practicante. La respuesta llegó desde el programa de Pascal Praud en Europe 1, donde el exdiputado Georges Fenech preguntó qué placer encuentra Cohen en herir a los católicos.

      El propio Praud había escrito el día anterior que los católicos están ahí y, con ellos, una cierta idea de Francia. Y fue más lejos: el espacio mediático, dijo, no refleja la realidad en muchos terrenos. Sin embargo, más de un millón de personas no quisieron perderse este acontecimiento, en cualquiera de sus citas.

      Tampoco faltaron los escépticos de oficio. Jean-Loup Adenor, redactor jefe adjunto de Charlie Hebdo, muy crítico y ácido con la Iglesia, admitió que ver a gente confesándose en los Campos Elíseos le inquietaba. Por otro lado, Bernadette Sauvaget, especialista en religión de Libération, calificó de «cutre» el decorado de la vigilia del Stade de France.

      Merece la pena fijarse en lo que discuten unos y otros. Los críticos cuestionan la escenografía, el gasto y la cercanía entre Iglesia y Estado. Sin embargo, casi nadie cuestiona la afluencia y el impacto, al menos mediático, en el país.

      Los que intentan entenderlo

      ¿Y qué piensan los intelectuales? El politólogo Olivier Roy explicó en Mediapart que los jóvenes de entre 16 y 25 años no viven la religión como una identidad que defender, sino como una búsqueda de sentido y de espiritualidad.

      El historiador Jean-François Colosimo, en el programa C Ce Soir de France 5, describió la visita como un paréntesis encantado en una Francia llena de divisiones, hostilidad e inestabilidad. A su juicio, León XIV defiende el Estado de derecho y un mundo en el que todavía podemos hablarnos.

      No obstante, los encuentros no estuvieron libres de sombras. El encuentro del Papa con siete víctimas de abusos sexuales generó tensiones, y sus matices posteriores sobre el carácter sistémico de esos abusos y las heridas que han producido. También, durante los días previos a la visita, este fue un tema candente en los medios y la conversación sobre la visita del pontífice.

      «Buscan algo»

      El propio León XIV parecía tan sorprendido como sus anfitriones con los resultados de la visita. En el Instituto Católico de París se declaró maravillado por el número de personas que hoy llaman a la puerta de la fe, como es el caso de la explosión de nuevos catecúmenos que vive hoy Francia. En el avión de vuelta, con los periodistas, al recordar a los 80.000 jóvenes del Stade de France, lo resumió sencillamente: buscan algo.

      Quizá esa sea la frase que mejor explica la guerra de los platós. Unos han visto en la calle una minoría ruidosa; otros, una mayoría silenciosa que por fin hablaba. Pero todos la han presenciado. En la Francia de la laicidad, que Dios vuelva a ser motivo de pelea en horario de máxima audiencia ya es, en sí mismo, una noticia.

      Diego Peralta, ReL

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      Evangelio del día lunes 27a semana del tiempo ordinario

       


      San Bartolomé Longo , San Lito de OrléansMás...

      Carta de San Pablo a los Gálatas 1,6-12.

      Hermanos:
      Me sorprende que ustedes abandonen tan pronto al que los llamó por la gracia de Cristo, para seguir otro evangelio.
      No es que haya otro, sino que hay gente que los está perturbando y quiere alterar el Evangelio de Cristo.
      Pero si nosotros mismos o un ángel del cielo les anuncia un evangelio distinto del que les hemos anunciado, ¡que sea expulsado!
      Ya se lo dijimos antes, y ahora les vuelvo a repetir: el que les predique un evangelio distinto del que ustedes han recibido, ¡que sea expulsado!
      ¿Acaso yo busco la aprobación de los hombres o la de Dios? ¿Piensan que quiero congraciarme con los hombres? Si quisiera quedar bien con los hombres, no sería servidor de Cristo.
      Quiero que sepan, hermanos, que la Buena Noticia que les prediqué no es cosa de los hombres, porque
      yo no la recibí ni aprendí de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo.


      Salmo 111(110),1-2.7-8.9.10c.

      Doy gracias al Señor de todo corazón,
      en la reunión y en la asamblea de los justos.
      Grandes son las obras del Señor:
      los que las aman desean comprenderlas.

      Las obras de sus manos son verdad y justicia;
      todos sus preceptos son indefectibles:
      están afianzados para siempre
      y establecidos con lealtad y rectitud.

      Él envió la redención a su pueblo,
      promulgó su alianza para siempre:
      Su Nombre es santo y temible.
      ¡El Señor es digno de alabanza eternamente!


      Evangelio según San Lucas 10,25-37.

      Un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?".
      Jesús le preguntó a su vez: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?".
      El le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo".
      "Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida".
      Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: "¿Y quién es mi prójimo?".
      Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: "Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto.
      Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo.
      También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino.
      Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió.
      Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo.
      Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: 'Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver'.
      ¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?".
      "El que tuvo compasión de él", le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: "Ve, y procede tú de la misma manera".

      Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


      Bulle

      San Gregorio de Nisa (c. 335-395)
      monje, obispo
      Homilía 15 sobre el Cantar de los Cantares; PG 44, 1085-1087

      El buen Samaritano

              “Así es mi amado, mi amigo, muchachas de Jerusalén.” (Cant 5,16) La Esposa del Cantar señala a aquel que busca cuando dice: “Éste es el que yo busco, aquel que para hacerse hermano nuestro subió de Judá. Se hizo amigo de aquel que cayó en manos de los bandoleros,  curó sus heridas con  aceite y vino y las vendó. Luego lo montó en su cabalgadura, lo llevó al mesón y cuidó de él. Dio dos denarios al mesonero, prometió pagar a su vuelta lo que hiciera falta". Todos estos detalles tienen su significado.
              El doctor de la Ley tentó al Señor queriendo estar por encima de los demás. En su orgullo hace caso omiso de toda igualdad con los demás, diciendo: “¿Quién es mi prójimo?” El Verbo le expone luego en forma de narración toda la historia santa de la misericordia: cuenta como baja el hombre a Jericó, la emboscada de los bandoleros, el despojo del vestido de la incorruptibilidad, las heridas del pecado, la amenaza de la muerte para la mitad de nuestra naturaleza (pues nuestra alma sigue inmortal), el paso inútil por la Ley (pues ni el sacerdote ni el levita se cuidaron de las heridas de aquel que había caído en manos de los bandoleros).
              Era realmente imposible que la sangre de toros y de machos cabríos expiase el pecado (Hb 9,13). Sólo lo podía hacer aquel que se ha revestido de toda la naturaleza humano--- de los judíos, los samaritanos, los griegos---, en una palabra, de toda la humanidad. Con su cuerpo, que es la montura, se fue al lugar de la miseria humana. Ha curado las heridas de la humanidad, se la ha cargado sobre su montura e hizo de su misericordia un hostal para ella, para que todos aquellos que gimen bajo el peso de infortunios encuentren descanso. (cf Mt 11,28)
      (EDD)

      Reflexión sobre el cuadro

      Una de las formas más bonitas de rezar con los Evangelios es situarnos dentro de la escena. En lugar de limitarnos a quedarnos al margen de la historia y observar lo que sucede, podemos adentrarnos en ella y preguntarnos: ¿dónde estoy yo en esta historia? ¿Con qué personaje me identifico? Lo maravilloso de las parábolas de Jesús es que son tan ricas que debemos fijarnos en todos los diferentes personajes que forman parte de cada historia. En un momento dado, una parábola puede hablarnos a través de un personaje; en otra etapa de nuestra vida, puede que de repente nos reconozcamos en alguien completamente diferente. El mismo Evangelio permanece inalterable, pero, de alguna manera, sigue encontrando nuevas formas de dirigirse a nosotros.

      Normalmente interpretamos la parábola de hoy como una invitación a ser como el buen samaritano: a fijarnos en la persona necesitada, a detenernos en lugar de pasar de largo y a dejar que la compasión interrumpa nuestros planes. Pero quizá hoy podamos situarnos en otro lugar de la escena. Quizá seamos nosotros el viajero herido que yace al borde del camino. Todos sabemos algo de lo que significa estar herido. La enfermedad puede dejarnos físicamente vulnerables; la decepción o el dolor pueden rompernos el corazón; la ansiedad y el agotamiento pueden dejarnos mentalmente agotados. Todos hemos sido ese viajero herido.

      Lo que debió de resultar especialmente sorprendente para el viajero judío herido fue la identidad de la persona que finalmente se detuvo. El sacerdote pasó de largo. El levita pasó de largo. Fue un samaritano —alguien a quien él podría haber mirado con recelo— quien se arrodilló a su lado, le curó las heridas y lo llevó a un lugar seguro. Jesús parece decirnos que la compasión de Dios no siempre llega vestida como esperamos. La ayuda puede llegar a través de una persona insospechada, tal vez incluso a través de alguien a quien nosotros mismos nunca hubiéramos elegido. Por eso, en nuestros momentos de vulnerabilidad, debemos tener la humildad de dejarnos ayudar por quien menos esperábamos.

      Lo que llama la atención de nuestro cuadro de hoy, «El buen samaritano», pintado hacia 1615-16 por el gran artista barroco flamenco Jacob Jordaens, es que el samaritano no es, en realidad, el centro visual de la composición en absoluto. Nuestra mirada se dirige primero hacia el enorme cuerpo, casi a tamaño real, del viajero herido. Desnudo, indefenso y agotado, se inclina hacia delante de forma tan dramática que parece que va a salirse del cuadro y entrar en nuestro propio espacio. Detrás de él, el samaritano, ricamente ataviado y con un turbante, se esfuerza por levantarlo y sostenerlo. Jordaens nos ha acercado extraordinariamente a la acción: hay poco paisaje que nos distraiga, ninguna distancia cómoda desde la que observar la historia. En cambio, nos enfrentamos al peso y a la vulnerabilidad de este cuerpo humano herido. Quizás, por eso, Jordaens nos ayuda a adentrarnos en el Evangelio de hoy a través del personaje al que con demasiada facilidad pasamos por alto.

      by Padre Patrick van der Vorst

      Oración

      "Señor Jesús, tú que te hiciste el prójimo de todos al acercarte al herido y al olvidado con compasión, te pido que transformes mi corazón. [1]

      Quítame la indiferencia, el egoísmo y la tentación de elegir a quién amar o a quién ignorar. Dame ojos para ver el dolor de los que me rodean, manos dispuestas a servir sin esperar nada a cambio, y labios que construyan y edifiquen en lugar de herir. [1, 2, 3]

      Enséñame a amar no solo con palabras, sino con hechos y en verdad, cargando con un poco de las cargas de mi hermano y reflejando tu amor en lo cotidiano. [1]

      Amén."