
Al son de salvas de cañón, el repique de las campanas de la cercana Catedral de la Almudena y música militar, el Papa, escoltado por guardias a caballo, llegó al Palacio Real de Madrid el sábado 6 de junio. La presencia policial en las calles aledañas fue tan imponente como el fasto desplegado para la llegada del pontífice. "Nunca había visto un palacio tan gigantesco", comentó un experto en el Vaticano, acostumbrado a las visitas papales a países que no escatiman en atenciones para recibir al jefe de la Iglesia Católica.

Otro observador comentó que incluso la Guardia Suiza y los pasillos del Vaticano palidecían en comparación con el porte "viril" de los guardias del palacio con sus uniformes de gala y con la espectacular magnitud de estos edificios. "Cuando uno recorre todas estas escaleras y laberintos interminables, comprende por qué la reina Letizia es tan delgada", se atrevieron a decir algunos periodistas, con una ironía que rozaba la lesa majestad.
Pero en este país marcado por el trauma de la guerra civil y la violencia separatista, la monarquía se presenta ante todo como un pilar de estabilidad y seguridad. Las tendencias antimonárquicas presentes en las fuerzas de izquierda no impidieron que el jefe del gobierno socialista, Pedro Sánchez, participara respetuosamente en la ceremonia de bienvenida al Papa en el Palacio Real.

Durante el discurso ante las autoridades, en el prestigioso Salón de las Columnas, estuvieron representadas todas las fuerzas políticas. Resultó sorprendente, en el contexto actual de alta polarización, ver a los exlíderes de derecha José María Aznar y Mariano Rajoy, al expresidente Felipe González, al izquierdista que gobernó España entre 1982 y 1996 y la introdujo en la Unión Europea, e incluso al líder del partido ultraderechista Vox, Santiago Abascal, cuya llegada causó cierta sorpresa entre el público, todos ellos conviviendo en un ambiente tan distendido.
El discurso del Papa, en el que insta a la gente a "huir de los enfoques basados en la identidad", pretende, sin embargo, ser una súplica por una España abierta al mundo y a su "complejidad". Al Papa le preocupa que la Iglesia desempeñe un papel transformador en la sociedad, en lugar de fomentar la nostalgia por una sociedad que buscaba la homogeneidad y que, al hacerlo, arrastraba consigo los peligros del autoritarismo y la exclusión.
Una Iglesia al servicio de toda la sociedad
En su discurso, el rey Felipe VI elogió "la enorme labor social de la Iglesia Católica, fruto del compromiso de religiosos y religiosas, sacerdotes, diáconos, jóvenes involucrados en la vida parroquial y voluntarios que ayudan en residencias y albergues", expresando así ante León XIV la gratitud de todo el pueblo español por el compromiso de "todos estos hombres y mujeres". Asimismo, expresó su "especial admiración" por todos los misioneros españoles que trabajan en los lugares más remotos del mundo.
Durante una visita a última hora de la tarde al centro Cedia 24 Horas, un centro de Cáritas que ayuda a personas sin hogar, el Papa se enfrentó a la compleja realidad social de España. Recibido calurosamente por los vecinos de este barrio obrero, escuchó los testimonios de varias personas agradecidas por la ayuda prestada por Cáritas, entre ellas una abogada cubana que huyó de su país el año pasado estando embarazada de gemelos, y un inmigrante senegalés que llegó en 2020, en plena pandemia.
En su breve discurso, el Papa dijo sentirse en este lugar "como en una gran y maravillosa familia donde, como en todas las familias, ocurren milagros de amor". Se mostró muy feliz de encontrarse, en particular, con los peruanos, sus compatriotas. "Hoy entras a Madrid por una puerta singular: pequeña en apariencia, pero inmensa en misericordia", declaró el cardenal José Cobo Cano, arzobispo de Madrid, en su discurso de bienvenida al Papa.
"Dos habitaciones, dos ambientes", podrían haber pensado algunos, considerando estos dos momentos tan distintos en la vida del Papa. Pero en sus primeros pasos en Madrid, León XIV asumió principalmente su papel de "pontífice", tendiendo puentes entre los diferentes niveles de responsabilidad dentro de la Iglesia, desde el apoyo a la estabilidad institucional del Estado hasta el cuidado de los más pobres y vulnerables. Su programa no estaba diseñado para enfrentar mundos, sino para conectarlos.
Mira las imágenes de su encuentro con los jóvenes:
Cyprien Viet, Aleteia

