Seis hermanos, sus padres, una guitarra y 40 segundos de canción: así nació el fenómeno de Los Caño, con 34 millones de impactos en apenas nueve días.
Los Caño se han convertido en un fenómeno viral tras difundirse el vídeo en el que cantan "Dama y Vagabundo" durante sus vacaciones familiares en Huesca.
Apenas ha transcurrido un mes desde que el 21 de agosto comenzó a verse por redes a los seis hermanos Caño y sus padres cantando 'Dama y Vagabundo' (Bromas Aparte) durante sus vacaciones en Huesca. De apenas 40 segundos de duración, el vídeo muestra familia, música y alegría por vacaciones y se ha convertido en una experiencia tan viral como respondida en redes, superando los 34 millones de impactos en los 9 días posteriores a la republicación del vídeo por la cuenta de X @LoCyber.
El vídeo llegó al mismo futbolista Gerard Piqué, que lo difundió desde su cuenta bajo el mensaje: "Este contenido tendría que ser de pago".
¿Qué lleva a que unos pocos segundos de canciones y alegría familiar se vuelva un fenómeno viral? Para Irene Alonso, influencer desde @soyunamadrenormal y madre de 11 hijos, el secreto reside en solo tres ingredientes que llenan el día a día de la familia. “Son gente que yo quiero mucho y, los que conocemos a los Caño sabemos que su casa es así: es música, es fiesta, es alegría”, comentaba en Instagram.
"Una realidad que no mucha gente puede disfrutar"
También incide en lo que significa una familia numerosa en una España cuya tasa de fecundidad ronda los 1,1 hijos por mujer.
“Esto lo tenía que saber el mundo”, comenta la influencer en su cuenta al celebrar la abundante difusión del vídeo. La publicación aborda también los comentarios críticos con la familia, convencida de que “escuece porque muestra una realidad que no mucha gente puede disfrutar” como es una familia divirtiéndose juntos, “en la que no es necesaria una pantalla de por medio” y con “una relación entre padres, hijos y hermanos que va mucho más allá de las redes sociales”.
“Estoy convencida de que la mayoría de gente que comenta ofensivamente estaría encantada de poder participar de un momento tan auténtico y genuino como este. Ojalá en todas las casas y familias se pudiera vivir algo tan maravilloso como lo que se vive en este vídeo en casa de los Caño”, agregaba Alonso.
Los hermanos han llegado a protagonizar informaciones y entrevistas en los principales medios que recogen la reacción de la familia ante los abundantes comentarios.
"Llevamos un mes riéndonos de todos los comentarios que nos llegan, hay que quedarse con los que son ocurrentes", contaban Javi, Miki y David en COPE. "Sí nos ha llamado la atención que alguna gente nos tachara de niños ricos, cuando salimos la mayoría con ropa de Hipercor", contaba David a El País.
En el caso de Divinity, recoge un breve perfil de cada uno de los integrantes del fenómeno viral. Menciona a David Caño, psicólogo, profesor en un colegio del Opus Dei y vinculado a Effetá. Hablan también de Javi, con más de 16.000 seguidores en Instagram y creador de contenido, o de Miki, compositor y músico que destaca por su papel en el vídeo interpretando el tema. Completan la familia Nata, la única chica y la mayor de los seis hermanos, Álvaro y Pepe, el pequeño y responsable de la cuenta familiar.
Catequesis - Los documentos
del Concilio Vaticano II. IV. Constitución
pastoral Gaudium et spes (GS 12-22) 4. El sentido de la actividad
humana en el universo (GS, 33-39)
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!
Continuando nuestro recorrido por la Constitución
pastoral Gaudium et Spes del Concilio
Ecuménico Vaticano II, llegamos al tercer capítulo de la primera parte, que
tiene un título atractivo: «La actividad humana en el mundo». La pregunta de
fondo es esta: ¿cuál es el valor de la actividad humana en el mundo, y, por lo
tanto, del progreso técnico, social y científico? Podemos recordar que, menos
de cuatro años después de la clausura del Concilio, en la noche entre el 20 y
el 21 de julio de 1969, el hombre pisó la Luna por primera vez.
Creado a imagen y semejanza de Dios, el ser humano es agente
del progreso. Mediante la libertad y la inteligencia aumenta sus propios
conocimientos, logrando así que toda la sociedad progrese. Esto se aprecia
fácilmente al considerar la mejora en las condiciones de vida a lo largo de las
sucesivas generaciones. En efecto, dice el Documento, un «gran número de bienes
que antes el hombre esperaba alcanzar sobre todo de las fuerzas superiores, hoy
los obtiene por sí mismo» (n. 33).
Por este motivo, algunos pensadores han presentado el
progreso técnico-científico como algo que debilita la relación del hombre con
Dios hasta el punto de hacerla parecer superflua o, incluso, como algo
contrario a la fe cristiana. Y esta lectura ha provocado, respecto a las épocas
precedentes, un cambio en la mirada del hombre contemporáneo sobre el mundo. Un
prejuicio de este tipo prevalece, principalmente, en esa parte de la cultura
occidental que ha perdido su vínculo con la Revelación cristiana. En los
humanismos postcristianos, el ser humano y Dios son presentados erróneamente
como rivales: para afirmar sus conocimientos, su libertad y su progreso, el
hombre debería emanciparse de Dios. Sin embargo, al negar la relación con Dios,
al final se pierde también la posibilidad de afirmar el valor trascendente de
la persona humana. Es el “drama del humanismo ateo”, bien descrito por un
importante teólogo del Concilio Vaticano II, Henri de Lubac. [1]
El Concilio
desea proporcionar una respuesta clara. Afirma la Gaudium
et spes: «Una cosa hay cierta para los creyentes: la actividad humana
individual y colectiva o el conjunto ingente de esfuerzos realizados por el
hombre a lo largo de los siglos para lograr mejores condiciones de vida,
considerado en sí mismo, responde a la voluntad de Dios» (n. 34). Es más,
prosigue la Constitución, «los cristianos, lejos de pensar que las conquistas
logradas por el hombre se oponen al poder de Dios y que la criatura racional
pretende rivalizar con el Creador, están, por el contrario, persuadidos de que
las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios y consecuencia de su
inefable designio» (ibid.). En resumen, Dios ha puesto en las manos del hombre
y de la mujer una creación todavía in statu viae -es decir, en camino,
en crecimiento- para que ellos la conduzcan a buen término por medio de su
sabia actividad [2].
Se encuentra aquí una importante referencia al misterio de
la Encarnación. La humanidad -y, con ella, el trabajo, el progreso y la
autonomía de las realidades creadas- no queda absorbida o anulada por el
encuentro con Dios, sino más bien asumida en su totalidad; y sigue siendo, en
Cristo, libre y operosa: efectivamente, en Él encuentra la verdad y la libertad
plenas. Asimismo, en la celebración eucarística, el fruto del trabajo humano,
representado por el pan y el vino, se coloca cada día sobre el altar para ser
transformado en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Desde esta perspectiva surge una verdad importante: para
encontrar a Dios, el ser humano no debe abandonar las ocupaciones terrenas,
sino que puede vivir plenamente su propia vocación haciendo bien su trabajo
cotidiano y santificándolo [3]. Los cristianos participan, como todos,
en la edificación de la ciudad de los hombres, con la mirada puesta en el fin
de todas las cosas y en el encuentro con Dios, y recordando este fin último a
aquellos con quienes comparten la aventura del progreso, la ciencia y la vida.
Ciertamente, es preciso distinguir bien el progreso temporal
del crecimiento del reino de Cristo; sin embargo, el Concilio afirma que tal
progreso, «en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana,
interesa en gran medida al reino de Dios. […] Todos los frutos excelentes de la
naturaleza y de nuestro esfuerzo, después de haberlos propagado por la tierra
en el Espíritu del Señor y de acuerdo con su mandato, volveremos a encontrarlos
limpios de toda mancha, iluminados y trasfigurados» (n. 39).
Finalmente, recordemos que, para constituir auténtico
progreso humano -es decir, de todo el hombre y de todos los hombres-, el
progreso técnico y científico debe estar animado y orientado por la caridad.
Solo así se podrá utilizar siempre para defender la dignidad del hombre y
promover las condiciones de vida de todos, especialmente de los más
desfavorecidos.
Queridos hermanos y hermanas, el Concilio
Vaticano II nos invita a compartir el pan del saber y del saber-hacer, para
que todos los hombres y todos los pueblos puedan desarrollar sus
potencialidades, de forma que podamos construir juntos, con la ayuda de Dios,
un futuro mejor.
___________________________
[1] Cfr. H. de Lubac, Le drame de l’humanisme
athée (1944), tr. it. Brescia 2013.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. En
la Eucaristía ofrecemos los frutos de la tierra y del trabajo humano para que
se conviertan en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo. Unamos también nuestra
vida y nuestras tareas al sacrificio eucarístico, para que el Señor las
transforme en una ofrenda viva, santa y agradable a Él. Que Dios los bendiga.
Muchas gracias.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. En
la Eucaristía ofrecemos los frutos de la tierra y del trabajo humano para que
se conviertan en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo. Unamos también nuestra
vida y nuestras tareas al sacrificio eucarístico, para que el Señor las
transforme en una ofrenda viva, santa y agradable a Él. Que Dios los bendiga.
Muchas gracias.
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Llamamiento
El próximo domingo, 27 de septiembre, se celebra la Jornada
Mundial del Migrante y del Refugiado. Mi pensamiento va a los migrantes y los
refugiados, especialmente a los menores que se ven obligados a abandonar su
tierra. Los niños y los adolescentes son los más vulnerables. A menudo viven
sufrimientos indescriptibles, violencia, torturas, explotación y situaciones
traumáticas, y no es raro que pierdan la vida a lo largo de las rutas
migratorias. Hago un llamamiento a la responsabilidad de todos: que cada uno se
sienta implicado en la vida de estos jóvenes, que siempre deben ser tutelados y
asistidos.
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Resumen leído en español por el Santo Padre
Queridos hermanos y hermanas:
En esta catequesis reflexionamos sobre el tercer capítulo de
la Constitución
pastoral Gaudium et spes, dedicado a la actividad humana en el
mundo. El hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, gracias a su libertad e
inteligencia es capaz de conocer, de progresar y de mejorar las condiciones de
vida de la sociedad.
Algunos pensadores, sin embargo, comenzaron a afirmar
erróneamente que la humanidad, para demostrar sus conocimientos, su libertad y
su progreso, debería emanciparse de Dios. El Concilio
Vaticano II, en cambio, haciendo referencia al misterio de la Encarnación,
asevera que los hombres, así como las obras de sus manos, no son anulados en el
encuentro con Dios, sino que en Él encuentran su plena verdad y libertad.
Otra consecuencia de esta perspectiva es que el ser humano
no debe abandonar las ocupaciones terrenas, sino que está llamado a vivir su
vocación realizando bien su trabajo cotidiano y hallando en él un camino de
santificación.
Toda palabra de Dios es acrisolada, Dios es un escudo para el que se refugia en él.
No añadas nada a sus palabras, no sea que te reprenda y seas tenido por mentiroso.
Hay dos cosas que yo te pido, no me la niegues antes que muera:
aleja de mí la falsedad y la mentira; no me des ni pobreza ni riqueza, dame la ración necesaria,
no sea que, al sentirme satisfecho, reniegue y diga: "¿Quién es el Señor?", o que, siendo pobre, me ponga a robar y atente contra el nombre de mi Dios.
Salmo 119(118),29.72.89.101.104.163.
Apártame del camino de la mentira,
y dame la gracia de conocer tu ley.
Para mí vale más la ley de tus labios
que todo el oro y la plata.
Tu palabra, Señor, permanece para siempre,
está firme en el cielo.
Yo aparto mis pies del mal camino,
para cumplir tu palabra.
Tus preceptos me hacen comprender:
por eso aborrezco el camino de la mentira.
Odio y aborrezco la mentira;
en cambio, amo tu ley.
Evangelio según San Lucas 9,1-6.
Jesús convocó a los Doce y les dio poder y autoridad para expulsar a toda clase de demonios y para curar las enfermedades.
Y los envió a proclamar el Reino de Dios y a sanar a los enfermos,
diciéndoles: "No lleven nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tampoco dos túnicas cada uno.
Permanezcan en la casa donde se alojen, hasta el momento de partir.
Si no los reciben, al salir de esa ciudad sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos".
Fueron entonces de pueblo en pueblo, anunciando la Buena Noticia y curando enfermos en todas partes.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
San Carlos de Foucauld (1858-1916) ermitaño y misionero en el Sahara Carta a Joseph Hours, 3 de mayo de 1912
“Les envió por primera vez”
Ser apóstol ¿por medio de qué? Con aquellos que Dios pone a su disposición: los sacerdotes tienen sus superiores que les dicen lo que deben hacer. Los laicos deben ser apóstoles con aquellos a quienes pueden atender: sus prójimos y sus amigos, pero no sólo con ellos; la caridad no es estrecha, sino que abraza todo lo que abraza el corazón de Jesús.
¿Por medio de qué? Por los medios mejores, dándose a aquellos a los que se dirigen: con todos aquellos, sin excepción, con quienes están en relación a través de la bondad, la ternura, el afecto fraterno, el ejemplo de la virtud, por la humildad y la dulzura que siempre son atractivas y muy cristianas. Con algunos sin decirles jamás una palabra de Dios ni de religión, teniendo paciencia como Dios es paciente, siendo buenos como Dios es bueno, siendo un hermano tierno y orante. Con otros hablando de Dios en la medida en que ellos puedan soportar; desde que está en su pensamiento la búsqueda de la verdad por el estudio de la religión, procurando se relacionen con un sacerdote muy bien escogido y capaz de hacerles bien. Sobre todo ver en toda persona humana a un hermano.
(EDD)
Reflexión sobre el cuadro
Hoy celebramos a uno de los santos más queridos y venerados de la
Iglesia en la época moderna: el Padre Pío. Nacido como Francesco Forgione
en 1887 en Pietrelcina, Italia, mostró una profunda devoción religiosa
desde muy joven, ingresando finalmente en la orden de los Capuchinos a
los 15 años y siendo ordenado sacerdote en 1910. A lo largo de su vida,
el Padre Pío sufrió intensos padecimientos espirituales y físicos; cabe
destacar que en 1918 recibió los estigmas, unas heridas similares a las
de la crucifixión de Cristo, que llevó durante 50 años. Su reputación
como hombre santo se extendió rápidamente, y miles de personas acudían a
él en busca de confesión, orientación y sanación. También fundó un
hospital en San Giovanni Rotondo, donde pasó gran parte de su vida. Allí
falleció en 1968, a los 81 años. Fue canonizado en 2002 por el papa Juan
Pablo II.
Incluso hoy en día, la
devoción al Padre Pío sigue estando muy extendida, con santuarios,
imágenes y devociones populares dedicadas a él en iglesias de Roma y de
todo el mundo. San Giovanni Rotondo, donde vivió y está enterrado San
Pío, atrae a la asombrosa cifra de 8 millones de peregrinos al año,
superando incluso a los conocidos lugares de peregrinación de Lourdes y
Fátima. En número de visitantes, sólo es superado por el santuario de
Nuestra Señora de Guadalupe, en México.
Nuestro cuadro, obra de John
McCoy, representa al Padre Pío con las muñecas vendadas, cubriendo los
estigmas que llevaba. Levanta las manos hacia una luz radiante que
desciende desde lo alto, ofreciendo sus sufrimientos a Dios en un gesto
de entrega. Los tonos apagados de marrón y beige, junto con la paleta de
colores sobria, reflejan la sencillez y la humildad que caracterizaron la
vida espiritual del Padre Pío.
Una de las historias más
conmovedoras que se cuentan sobre el Padre Pío tiene que ver con una
mujer que acudió a él sumida en un profundo dolor. Su hijo había
fallecido y ella no lograba entender por qué Dios lo había permitido. El
Padre Pío no intentó darle una explicación simplista. En cambio, le
mostró el reverso de un bordado, donde los hilos estaban enredados,
anudados y aparentemente sin orden alguno. Luego le dio la vuelta. Por el
otro lado había un diseño precioso, cuidadosamente tejido. Nuestras vidas,
sugirió, suelen ser así. Solo vemos el reverso: los hilos sueltos, los
nudos, las cosas que parecen carecer de sentido. Dios ve la obra
terminada. La fe no significa que entendamos cada hilo; significa confiar
en que, aunque aún no podamos ver el patrón, puede haber una belleza
conocida por Dios que permanece oculta para nosotros.
San Padre Pío, ruega por
nosotros.
by Padre Patrick van der Vorst
Oración
«Quédate conmigo, Señor, pues es necesario tenerte presente para no olvidarte. Tú sabes con qué facilidad te abandono.
Quédate conmigo, porque soy débil y necesito tu fuerza para no caer tan a menudo.
Quédate conmigo, Señor, porque tú eres mi vida, y sin ti estoy sin fervor.
Quédate conmigo, Señor, porque tú eres mi luz y sin ti estoy a oscuras.
Quédate conmigo, Señor, para mostrarme tu voluntad.
Quédate conmigo, Señor, para que oiga tu voz y te siga.
Quédate conmigo, Señor, porque quiero amarte mucho y estar siempre en tu compañía.
Quédate conmigo, Señor, si quieres que te sea fiel. Quédate conmigo, Señor, porque por pobre que sea mi alma, desea ser para Ti un lugar de consuelo, un nido de amor.
Quédate conmigo, Jesús, porque se hace tarde y el día declina… es decir, la vida pasa, la muerte, el juicio y la eternidad se acercan y necesito reponer fuerzas para no detenerme en el camino, y para eso te necesito a Ti. Se hace tarde y la muerte se acerca. Temo la oscuridad, las tentaciones, las sequías, las cruces, las penas y cuánto te necesito, Jesús mío, en esta noche de destierro.
Quédate conmigo, Jesús, porque en esta noche de vida y de peligro, te necesito. Que en la fracción del pan te reconozca como discípulo tuyo, es decir, que la Comunión Eucarística sea la Luz que disipe las tinieblas, la Fuerza que me sostenga y la única Alegría de mi corazón.
Quédate conmigo, Señor, porque en la hora de mi muerte, quiero permanecer unido a Ti, si no por la Comunión, al menos por la Gracia y el Amor.
Quédate conmigo, Jesús, no te pido consuelos divinos porque no los merezco, pero el don de tu presencia, oh sí, te lo pido.
Quédate conmigo, Señor, sólo a Ti busco, a tu Amor, a tu Gracia, a tu Voluntad, a tu Corazón, a tu Espíritu, porque Te amo y no pido otra recompensa que amarte más. Con un amor firme y práctico, amarte, de todo corazón, en la tierra, para seguir amándote perfectamente por toda la eternidad. Que así sea».
Con una pizarra, un brillante sentido del humor y una
audiencia de 30 millones de personas, el futuro beato sabía cómo captar la
atención del público
Mucho antes de que los influencers católicos tuvieran
que preocuparse por los algoritmos, el número de seguidores o si alguien veía
realmente el video que les llevaba tres horas grabar, Fulton Sheen ya había resuelto el
problema. En la cima de su fama, se calcula que 30 millones de personas
sintonizaban cada semana para ver a un obispo católico hablar de fe en
televisión.
Es cierto que no tenía que lidiar con los bailes de TikTok
ni acordarse de grabar en vertical, pero mientras Sheen se prepara para ser
beatificado el 24 de septiembre, resulta fascinante recordar a un hombre que
comprendía algo sobre la comunicación de la fe que se siente increíblemente
actual.
Y, de hecho, si analizamos con detenimiento sus logros, el
medio que eligió era realmente moderno. Cuando comenzó "La vida vale
la pena vivirla" en 1952, la televisión aún se estaba abriendo camino
en los hogares estadounidenses. En medio de esta nueva y emocionante
tecnología, apareció un obispo con su vestimenta clerical, armado con poco más
que una pizarra, un rostro maravillosamente expresivo y una extraordinaria
habilidad para hablar directamente con la persona que estaba sentada en casa.
De alguna manera, funcionó de maravilla.
Un obispo en horario estelar
Sheen no era ajeno a la radiodifusión. Antes de aparecer en
pantalla, ya había pasado más de dos décadas en el programa de radio The
Catholic Hour, pero la televisión permitió al público ponerle rostro a la
voz y lo convirtió en algo parecido a una celebridad.
La serie "Life Is Worth Living" llegó
a atraer a una audiencia estimada en unos impresionantes 30 millones de
espectadores semanales, según datos
de la Universidad Católica de América. Además, el arzobispo Sheen no se
emitía en un horario poco conocido; competía por la audiencia en horario
estelar, en una época repleta de grandes estrellas. ¡Y vaya si lo hizo!
En 1953, el obispo ganó un Emmy y, en su discurso de
aceptación, pronunció una frase ingeniosa que los gestores de redes sociales
actuales probablemente habrían aprovechado. Sheen agradeció a sus cuatro
guionistas: "Mateo, Marcos, Lucas y Juan".
Por supuesto, fue gracioso e inesperado, pero también reveló
mucho sobre el éxito de su comunicación. Sheen supo aprovechar la televisión y
sacar el máximo partido a este medio relativamente nuevo, pero nunca perdió de
vista su objetivo principal: compartir el Evangelio
con la mayor cantidad de personas posible.
Utilizaba anécdotas, humor, un gran sentido del ritmo y
aquella famosa pizarra, pero había algo más que explicaba su atractivo. Para
ser un obispo que hablaba desde un estudio de televisión, Sheen estaba
sorprendentemente conectado con las preocupaciones cotidianas de quienes lo
veían desde casa. Abordaba el matrimonio, la soledad, la ansiedad, el
sufrimiento y las cuestiones sociales de su época con una empatía y una
comprensión que podían sorprender a quienes esperaban que un clérigo estuviera
algo alejado de la vida diaria.
La hora que nadie vio
Sin embargo, quizás la parte más interesante de la
extraordinaria carrera mediática de Sheen tuvo lugar lejos de las cámaras.
El día de su ordenación en 1919, se propuso pasar una hora
diaria en presencia del Santísimo Sacramento. Cumplió este propósito durante
todo su sacerdocio. Pero también significaba que, detrás del obispo que se
dirigía a millones de personas, había un sacerdote que dedicaba una hora diaria
al silencio ante Cristo.
Curiosamente, Sheen no consideraba que ambas vidas
estuvieran separadas. Todo lo contrario. Su Hora Santa se convirtió en lo que
él llamaba "La Hora que Alegra Mi Día", y creía que era la fuente de
la que emanaban su predicación, sus escritos y sus ideas.
El propio Sheen fue maravillosamente honesto al reconocer
que incluso una Hora Santa diaria no siempre resultaba en una hora de
contemplación sublime. Durante una visita a la iglesia de Saint-Roch en París,
se dispuso a rezar y enseguida se quedó dormido, despertando exactamente una
hora después. Dudando de haber cumplido su promesa, imaginó a su ángel de la
guarda señalándole que los Apóstoles también habían pasado su primera Hora
Santa durmiendo, antes de añadir que no debía hacer costumbre de seguir su ejemplo.
Es un hermoso atisbo del humor que hizo a Sheen tan
atractivo en la pantalla, pero también de una disciplina espiritual que no
dependía de que todo saliera a la perfección. Durante más de 60 años, ya fuera
inspirado, distraído o aparentemente profundamente dormido en una iglesia
parisina, siempre estuvo presente.
Influencia sin el influencer
Hoy en día, la influencia viene acompañada de cifras:
seguidores, me gusta, visualizaciones, comparticiones e interacción. Sheen
tenía el equivalente en la década de 1950 en cantidades extraordinarias, pero
la cifra que parece haber sido más importante para él fue una: la hora que
pasaba cada día ante el Santísimo Sacramento.
Eso no significa que los católicos deban abandonar Instagram
durante una hora de Adoración y esperar que su video se vuelva viral. Sheen era
excepcionalmente inteligente, muy culto, carismático y sumamente hábil en lo
que hacía. Su éxito requirió tanto talento como fe.
Quizás eso es lo que lo convierte en una figura tan
interesante para cualquiera que intente comunicar el cristianismo hoy en día.
Adoptó las últimas tecnologías a su alcance, aprendió a usarlas con maestría y
no le asustaba en absoluto entretener al público. Sin embargo, no buscaba la
popularidad; esta era la consecuencia de ser muy bueno comunicando algo en lo
que creía sinceramente.
Y en el fondo de todo estaba la fe que daba sentido a su
extraordinario talento. Antes de intentar llevar a Cristo a millones de
personas, Fulton Sheen se aseguró de haber pasado una hora con Él
personalmente.
Las personas en busca espiritual pueden llegar a una parroquia... y que, lamentablemente, nadie les acoja ni responda sus preguntas
La gente tiene necesidades espirituales, se hace preguntas sobre el sentido de la vida, la esperanza tras la muerte, la relación del hombre con Dios, cómo encajar el sufrimiento... Jesucristo y la Iglesia Católica dan respuestas que han ayudado a miles de millones de personas durante 20 siglos. Y siguen respondiendo al corazón humano.Sin embargo, en las últimas décadas, muchas personas de origen católico -aunque fueran sólo de cultura católica- se han ido con grupos no católicos que les ofrecen una espiritualidad que parece "viva", un estilo de vida virtuoso (a veces puritano) y una comunidad muy cercana, de personas siempre pendientes y atentas, que suelen absorber casi todo el tiempo libre. ¿Por qué?
Lo que ofrecen los grupos con técnicas sectarias
Algunos son grupos de teología protestante y técnicas sectarias, como ciertos grupos protestantes o pseudoprotestantes que predican prosperidad y milagros a cambio de donativos (Pare de Sufrir, teología de la prosperidad, etc...).
Otros son grupos de teología heterodoxa y fuerte autoritarismo (como los adventistas del Séptimo Día, que no creen en el infierno ni el domingo y completan la biblia con su profetisa Ellen G. White).
Otros grupos hablan de Jesús y la Biblia, pero niegan la Trinidad y la divinidad de Jesucristo, como los Testigos de Jehová y los mormones.
Hay también grupos "new age" o "nueva era" que dicen que Jesús era sólo un maestro más, y que de la Biblia toman o dejan lo que interesa al jefe de grupo concreto, mezclándolo con todo tipo de espiritualidades orientales.
Lo que tienen en común todos es que ofrecen espiritualidad y acompañamiento y recurren -a su manera- a la Palabra de Dios. Y funciona, porque muchas personas sienten que necesitan las tres cosas: espiritualidad, acompañamiento y la Palabra de Dios.
Se supone que la Iglesia Católica fundada por Jesucristo debería ofrecer estas cosas. La realidad es que muchas veces no las ofrece, o no consigue llegar a la gente con su oferta. A veces los líderes católicos no hablan de Jesús ni de la Biblia (o no se les entiende cuando lo hacen), y las personas que intuyen que Jesús y la Biblia tienen respuestas los buscan en otros grupos.
Yasmín Oré, co-autora del libro Las sectas y la nueva era: guía católica para conocer las nuevas formas de religiosidad (13 euros en papel, 5 en Kindle), ofrece una serie de ideas que tanto los padres de familia como los pastores, sacerdotes o superiores de comunidad deberían fomentar para proteger a sus feligreses, hermanos o seres queridos de estos grupos. Siempre consiste en ofrecer más Biblia, más formación, más oración, más Jesús, y no menos.
Yasmín, de familia católica pero con poca formación en su juventud, fue misionera con los mormones y tardó un tiempo en volver a la Iglesia Católica en 2007, recibió formación apologética en la Fraternidad Misionera Apóstoles de la Palabra y es hoy profesora de religión y una experta en grupos sectarios, de los que habla en su web www.convertidoscatolicos.com . Esto es lo que propone:
1- Ofrecer la Palabra de Dios y ayudar a entenderla
No basta la homilía del domingo. Mormones, testigos de Jehová y adventistas, entre otros grupos, hablan mucho de la Biblia, utilizando unos versículos e ignorando otros según su conveniencia. Los testigos incluso usan traducciones bíblicas "retocadas". Y en las Biblias protestantes faltan los libros deuterocanónicos. Incluso los musulmanes pueden usar las frases que prometen un Paráclito o Defensor que "os enseñará", después de Jesús, para decir que se está anunciando a Mahoma (en realidad se refiere al Espíritu Santo).
Por eso, Yasmín pide "que se imponga en los laicos la necesidad urgente de leer la Palabra de Dios diariamente, hacer oración con sus textos -lectura de las horas, lectio divina-, estudiar la Biblia, sus géneros literarios, cómo se formó, qué nos dice a nosotros... No es necesario una formación erudita en las Escrituras, basta algo básico y sencillo al alcance de todos para que se convierta en nuestro libro de cabecera. Se pueden dar cursos bíblicos en parroquias, talleres de Biblia, teología bíblica, espiritualidad bíblica..."
2- Ofrecer buena formación catequética
El Catecismo de la Iglesia Católica está gratis en Internet, tiene 2.865 puntos y respuestas a muchas preguntas. Vale la pena acercar a jóvenes y adultos al Catecismo para que sepan buscar allí lo que les inquieta y aprendan los contenidos de la fe. Esta formación catequética se puede acompañar de algunos documentos eclesiales importantes.
Biblia, catequesis, amistad fraterna, voluntad de seguir a Cristo... una receta contra los grupos sectarios y muchos otros males
3- Hablar de la vida futura, de la vida eterna, el Cielo, el Infierno...
¿Qué pasa tras la muerte? Es una pregunta lícita, incluso obligatoria, porque todos los hombres mueren. Si los grupos sectarios hablan de este tema, y nuestros párrocos o catequistas no lo hacen, mucha gente se sentirá atraída a esos grupos. Hay algunos grupos que se dedican a meter miedo, o al menos urgencia, hablando del Apocalipsis. Yasmín señala un grupo que predica cosas maravillosas como que "la muerte no es el fin para tu matrimonio, pues este es eterno y tendrás esposa en el Cielo". En cualquier caso, Jesús hablaba del Juicio, del infierno, del Cielo, y la Iglesia debería hacerlo también.
4- Que en las parroquias, grupos y comunidades haya cercanía y amistad
Muchos católicos llegan a misa semanal (o menos que semanal) sin conocer a nadie, excepto quizá de vista, ni tratarse con nadie. Si no acudieran, nadie les echaría de menos. Estos católicos no viven fraternidad, cercanía ni amistad en su parroquia. Cuando un grupo sectario les ofrezca esta cercanía fraterna y amistosa, se irán con él. "En comunidades parroquiales, grupos, movimientos y carismas debemos recuperar esa fraternidad y amistad entre los miembros, de manera que nadie se sienta aislado, ni solo, sino como en familia. De esa manera evitamos que la gente busque otras formas de vida espiritual fuera de la Iglesia".
5- Crear y apoyar grupos de defensa de la fe
Aunque todas las parroquias y comunidades católicas deberían formar a los fieles para poder responder a los grupos sectarios proselitistas, vale la pena crear grupos especializados en esta tarea. Serían "grupos de laicos preparados para acercarse a los alejados, a la oveja perdida, para enseñar a otros a defender la fe"; pueden organizar cursos, visitas domiciliarias, misiones callejeras... Recurrirían al trato cercano y personal. A Yasmín, por ejemplo, le ayudaron mucho los Apóstoles de la Palabra.
6- Vivir la fe con coherencia cristiana
"Muchas personas entran en las sectas porque ven a esas personas sanas, sin vicios, con una moral intachable", constata Yasmín. Es especialmente debilitante para la Iglesia porque las personas exigentes y que buscan tomarse en serio la moral cristiana, son las que se sienten más atraídas por esos grupos. Por eso, los líderes católicos deben dar ejemplo y también fomentar grupos donde los feligreses vean una vida cristiana coherente y alegre.
7- Usar los medios de comunicación para educar en la fe
Internet, redes sociales, radio, televisión, un simple blog o web, un podcast... todo sirve para transmitir la enseñanza católica sobre la Biblia, la vida eterna, el amor de Dios. Muchos grupos anti-católicos repiten siempre las mismas 20 o 30 acusaciones (imágenes, hermanos de Jesús y virginidad de María, orar por los difuntos, intercesión de los santos, el Papado...) y todos esos temas tienen respuestas razonables y se pueden publicar en Internet.
8- Mejorar la acogida de los que vuelven a la Iglesia o se interesan
Hay personas que han estado en un grupo sectario o cristiano heterodoxo y sienten que no pueden seguir ahí. Pueden entonces querer explorar la propuesta católica, acercándose a una parroquia o mirando su web o redes sociales, o consultando a un amigo católico. Probablemente en su grupo les dijeron que los católicos eran muy malos, ignorantes, fumadores y bebedores, idólatras, etc...
Es importante que en la web haya algo para ellos, y que en la parroquia sepan con qué persona ponerles en contacto de inmediato. Quizá no sea el sacerdote, que a lo mejor sabe mucha teología pero no es acogedor o no entiende el proceso en el que se encuentra la persona. En cualquier caso, hay que tener una o más personas capaces de acoger, escuchar, dar buen ejemplo y acompañar a los que se acercan a explorar la propuesta católica.
Yasmín es consciente de que se pueden hacer muchas más cosas, como suscitar muchas más vocaciones sacerdotales y religiosas (en Hispanoamérica hay diócesis del tamaño de Castilla atendidas por apenas 6 sacerdotes y algunas religiosas), mejorar la catequesis, mejorar la música, animar a una vida espiritual más intensa de cada laico y, en general, suscitar el encuentro personal con Cristo y el celo evangelizador en cada fiel.
Pero, en el fondo, recuerda Yasmín, se trata de hacer en serio lo que Jesús pide: "Id pues y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado" (Mateo 28,20). Y eso incluye a los que se alejaron de la Iglesia y se fueron a otros grupos.
El siglo pasado fue uno de los periodos más sangrientos de
la historia de la Iglesia; por ende, se han validado 1068 martirios de todas
partes del mundo en los últimos diez años
El 15 de septiembre de 2026, el Dicasterio para las Causas
de los Santos, la entidad vaticana encargada de tramitar los casos de personas
consideradas santas para su reconocimiento oficial, celebrará un seminario en
Roma titulado: "El siglo XXI: Una nueva era de mártires". Para
comprender la situación actual de estos santos y beatos que fueron asesinados
por su fe, I.MEDIA analiza a aquellos reconocidos oficialmente
por la Iglesia en los últimos diez años.
Para la Iglesia Católica, un mártir es alguien que dio
testimonio de Cristo muriendo antes que renunciar a su fe. Numerosos en los
primeros siglos de nuestra era debido a la persecución del Imperio Romano, se
convirtieron en un modelo que dio forma al concepto moderno de santidad.
En los últimos siglos, se han establecido procedimientos
para la canonización, sin que el martirio sea ya un requisito
indispensable. Actualmente, la Iglesia Católica acompaña estas
canonizaciones mediante un proceso
que sigue un camino específico. Quienes son considerados dignos son
reconocidos como venerables, beatos y, finalmente, santos. En el caso de los
mártires, el reconocimiento de que fueron asesinados por no traicionar su fe
les permite obtener directamente el título de beato. Para ser canonizados, la
Iglesia debe atribuir un milagro a la intercesión del bienaventurado mártir.
Siglo XX, un periodo de sangre de mártires
El Dicasterio para las Causas de los Santos, órgano de la Santa
Sede encargado de estos procesos, ha validado los casos de 1068 mártires en
los últimos diez años, frente a tan solo 78 beatificaciones tras el
reconocimiento de un milagro o después de una "ofrenda de vida" —un
sacrificio realizado según el Evangelio, pero, a diferencia de un mártir, sin
que este haya sido obligado a renunciar a su fe—. Asimismo, se han producido 65
canonizaciones de mártires durante el mismo periodo. En total, los mártires
representan diez veces más declaraciones de beatificación y canonización que
otros procesos.
La explicación reside en los periodos más sangrientos de la
historia de la Iglesia, especialmente en el siglo XX. El siglo pasado está
plagado de mártires, como la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, y sobre todo las masacres cometidas por
las tropas republicanas durante la Guerra Civil Española en torno a 1936.
El caso de España
La Guerra Civil Española ha generado 821 casos de
beatificación validados por Roma tan solo en los últimos diez años, pero hasta
el momento no se ha producido ninguna canonización. Los expedientes llegan
gradualmente, presentados por las distintas diócesis y órdenes religiosas
implicadas, y se tramitan en grupos que a veces superan el centenar de
personas.
Pero incluso sin incluir a España, el Dicasterio para las
Causas de los Santos ha aprobado los casos de 228 mártires del siglo XX, a
menudo en grupos, durante los últimos diez años. Entre ellos se encuentran
mártires del nazismo, el comunismo y la descolonización, como los de Argelia
(incluidos los monjes de Tibhirine).
La Santa Sede también presentó 71 casos más antiguos, que se
remontan al siglo XVI (Guerras de Religión), al siglo XVIII (en particular la
Revolución Francesa) y al siglo XIX. En tres casos, se reconoció el martirio de
personas asesinadas en el siglo XXI: el misionero italiano Nazareno Lanciotti,
fallecido en Brasil en 2001; el catequista
laico congoleño Floribert Bwana Chui, asesinado en Goma en 2007; y la monja
Maria Laura Mainetti, asesinada en Italia en 2000.
En los últimos diez años, Roma ha beatificado o canonizado
mártires de todos los continentes, incluyendo a uno de Oceanía: Peter To Rot de
Papúa Nueva Guinea, asesinado en 1945 por tropas japonesas mientras
defendía su fe. Europa del Este, particularmente durante la Guerra Fría, está
representada, especialmente en Albania y Polonia. También hay 76 mártires
franceses, entre ellos 16 monjas carmelitas
de Compiègne y 50 víctimas del nazismo.
Durante el pontificado del Papa Francisco, se ha reconocido
a numerosos mártires de regímenes autoritarios en Sudamérica, entre los que
destaca San Óscar Romero en El Salvador, canonizado en 2018. También se ha
reconocido a mártires misioneros en Asia, así como a víctimas del islamismo,
como las de Argelia. En 2023, el Papa Francisco anunció además el
reconocimiento de los 21 mártires cristianos de Libia, a pesar de ser coptos
ortodoxos, un poderoso gesto de ecumenismo.