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lunes, 11 de mayo de 2026

Caminó 10 km diarios durante 35 años para evangelizar: el catequista que conoció al Papa León XIV

 


Durante la visita apostólica del Papa León XIV a Angola, un catequista compartió un testimonio que interpela: una historia que revela la valentía silenciosa de quienes llevan el Evangelio donde casi nadie llega. ¿Harías lo mismo por acercar más almas a Cristo?

El pasado 20 de abril, en la parroquia de Nuestra Señora de Fátima en Luanda, Manuel de Almeida, de 61 años, fue elegido para representar a los catequistas de Angola en su encuentro con el Santo Padre.

Desde hace 35 años, camina largas distancias —hasta 10 km diarios— para llevar el Evangelio a comunidades donde los sacerdotes no siempre pueden llegar. 

Manuel es parte de la diócesis de Uíge, donde muchos catequistas sostienen la vida de fe en lugares remotos. Su tarea es sencilla de explicar, pero exigente de vivir: acompañar a las comunidades, fortalecer la fe y mantener el vínculo con la Iglesia. En muchos casos, ellos son la única presencia eclesial. 

No ha sido un camino fácil. Durante años ha tenido que caminar largas distancias en condiciones difíciles, bajo la lluvia, con cansancio y con la preocupación de sostener a su familia. En tiempos de conflicto, incluso fue detenido varias veces por hombres armados y acusado de colaborar con fuerzas enemigas. En ocasiones, tampoco se le permitía celebrar la Palabra. 

A pesar de todo, siguió adelante.

No porque fuera sencillo, sino porque asumió su misión con seriedad. Como él mismo lo dijo, el catequista es “un evangelizador a tiempo completo”, alguien que está disponible cuando la comunidad lo necesita.

En medio de su testimonio, recordó una expresión del primer obispo de Uíge, Mons. Francisco de Mata Morisca, con la que solía referirse a quienes viven esta misión: 

“Llamó a los catequistas ‘comandos de la evangelización’; sin duda, soy uno de ellos”.

No es una frase vacía. Resume la historia de una Iglesia que ha sabido mantenerse en pie en medio de la guerra, el aislamiento y la escasez, donde los catequistas han sido muchas veces la única presencia eclesial en las comunidades. Es lo que el Catecismo señala al hablar de la vocación de los laicos: no como colaboradores ocasionales, sino como verdaderos protagonistas de la misión (CIC 897).

Manuel también habló de las dificultades que siguen presentes: “la falta de catequistas, la proliferación de sectas religiosas, la creencia en la brujería, el mal estado de las carreteras y la falta de transporte”.

El Papa León XIV escuchó su historia y en su discurso, el Santo Padre señaló:

“Por último, su fidelidad, aquí en Angola, como debe ser en todo el mundo, está hoy particularmente ligada al anuncio de la paz. En el pasado han demostrado valentía al denunciar el flagelo de la guerra, al apoyar a las poblaciones atormentadas permaneciendo a su lado, al construir y reconstruir, y al señalar caminos y soluciones para poner fin al conflicto armado. Su aportación es reconocida y apreciada por todos. ¡Pero este compromiso no ha terminado! Promuevan, pues, una memoria reconciliada, educando a todos en la concordia y valorando, en medio de ustedes, el testimonio sereno de aquellos hermanos y hermanas que, después de haber atravesado dolorosas tribulaciones, lo han perdonado todo”.

Y fue directo a lo esencial:

“No dejen de denunciar las injusticias, ofreciendo propuestas inspiradas en la caridad cristiana”.

Anunciar la paz y denunciar la injusticia no son caminos opuestos, sino parte del mismo anuncio. Jesús llamó a sus discípulos a ser constructores de paz (Mt 5,9), pero también enfrentó lo que no estaba bien (Jn 2,15).

Como recuerda el Catecismo: “La paz no puede alcanzarse en la tierra, sin la salvaguardia de los bienes de las personas” (CIC 2304).

Oremos por la Iglesia en Angola y por tantos catequistas que hoy siguen caminando, en silencio, sosteniendo la fe en lugares donde casi nadie mira.

Cleiton Ramos, churchpop

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Las oraciones de León XIV, una conversación íntima con Cristo

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Todos los papas se han enfrentado al reto de escribir oraciones para nutrir la vida espiritual de los fieles. Gracias a su estilo sencillo y directo, las oraciones de León XIV tienen la capacidad de propiciar una relación íntima con Cristo

Desde su elección el 8 de mayo, el Papa León XIV ha escrito, o al menos revisado y aprobado, varias oraciones: las oraciones mensuales a las que nos invita a unirnos con una intención específica, y aquellas escritas para un encuentro o acontecimiento particular. Estas oraciones se distinguen por la cercanía que crean con el Señor y por su arraigo en las realidades del mundo contemporáneo. Han desaparecido las expresiones anticuadas; el estilo de las oraciones de León XIV es sencillo, franco y directo. Y es, sin duda, por esta razón que sus oraciones son tan conmovedoras. Nos invitan a dirigirnos a un Dios tierno y misericordioso, no rehúyen las dificultades del presente y parecen encontrar las palabras que el corazón lucha por articular.

Ellos acercan mucho a Cristo

Cuando León XIV se dirige a Dios, al Espíritu Santo, a la Virgen María o a san Francisco de Asís, utiliza el pronombre "tú". Al hacer suyas las oraciones del Papa, los fieles se dirigen al Señor diciendo "tú". Esto crea una verdadera cercanía con Cristo, aún más fuerte porque el trato es siempre sencillo, directo y apropiado para el tiempo presente: "Señor de la Vida", "Espíritu Santo", "¡Ave María!" o "San Francisco, hermano nuestro".

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El Papa León XIV reza durante una visita al yacimiento arqueológico de Hipona, en Annaba, el 14 de abril de 2026.

Si bien la mayoría de las oraciones se ofrecen en nombre de todos los fieles usando el pronombre "nosotros", algunas adoptan un tono mucho más personal usando el pronombre "yo". Por ejemplo, la oración de León XIV al Sagrado Corazón de Jesús: "Es a tu tierno Corazón a quien acudo hoy", o la oración al Espíritu Santo pidiendo la gracia del discernimiento: "Concédeme la gracia de escuchar atentamente tu voz y discernir los caminos ocultos de mi corazón". Esto permite a los fieles acoger plenamente estas palabras y fomenta una comunión íntima con Cristo.

Resaltan la gentileza de Cristo

Pocas oraciones de León XIV dejan de enfatizar la dulzura y la misericordia de Dios. "Te bendecimos, Dios de misericordia", comienza la oración de alabanza escrita para el cierre de la Puerta Santa. Y más adelante: "Esta Puerta Santa se cierra, pero la puerta de tu clemencia no".

"Es a tu tierno Corazón a quien vengo hoy", continúa la oración al Sagrado Corazón de Jesús. "Espíritu Santo, tú, luz de nuestro entendimiento, suave aliento que guía nuestras decisiones", comienza la oración al Espíritu Santo. Y en su oración mariana , León XIV evoca la "presencia maternal" de María, que nos da la certeza de que "toda persona es redimida por el amor [de Cristo]".

Las oraciones de León XIV están arraigadas en la vida cotidiana y reflejan las inquietudes de los fieles. No eluden las dificultades y pruebas que enfrenta la humanidad: "Te pido la gracia de aprender a detenerme", "Siempre sostienes a los que flaquean, levantas a los que han caído". "Cambia, moldea y transforma nuestros planes". Seas hombre o mujer, joven o anciano, es fácil identificarse con las palabras de León XIV.

Tienen su origen en los acontecimientos actuales.

Las oraciones de León XIV resuenan también porque están arraigadas en la actualidad. En estos tiempos atribulados al conflicto, la súplica más frecuente es por la paz. León XIV, quien al ser elegido se dirigió a todos los pueblos de la tierra con la bendición: "¡La paz sea con vosotros!" y quien desde entonces ha abogado incansablemente por una paz "desarmada" y "desarmadora", pide, en su oración a San Francisco: "En esta época marcada por el conflicto y la división, intercede para que nos convirtamos en artífices de la paz: testigos desarmados y desarmadores de la paz que viene de Cristo".

En su oración por la paz en marzo, implora con gran precisión y relevancia: "Hoy elevamos nuestra oración por la paz en el mundo, suplicando que las naciones renuncien a las armas y elijan el camino del diálogo y la diplomacia. (...) Que la amenaza nuclear jamás vuelva a determinar el futuro de la humanidad". Y de nuevo en abril, durante la vigilia de oración por la paz: "Danos tu paz". ¡Que su perseverancia se escuche!

Mathilde De Robien, Aleteia

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El cristianismo y la cultura Woke en el mundo moderno

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El libro "Woke, cristianismo y sentido común" de Daniel Arasa llega en un momento especialmente oportuno, cuando el debate cultural se ha tensado hasta extremos donde, con frecuencia, se confunden las ideas con las personas

Comenzando con una premisa clara del libro: hoy más que nunca es urgente recuperar el sentido común. Y eso pasa, en primer lugar, por algo tan básico como olvidado: combatir ideas sin atacar a las personas. Sin insultar, sin herir y, desde luego, sin incitar al odio.

La discrepancia entre la visión cristiana y otras cosmovisiones no es superficial; atraviesa todos los ámbitos de la vida. Por eso, reducir la fe al ámbito privado no es una opción inocente: es desactivarla.

Un refugio íntimo y seguro

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El cristianismo no es un refugio íntimo, sino una propuesta de vida que aspira a transformar la sociedad desde el adentro, desde cada alma.

En esa tarea, la familia ocupa un lugar central. No está llamada a ser espectadora ni a replegarse, sino a generar cultura, a influir, a construir. No basta con resistir: es necesario proponer.

Frente a esta visión, fenómenos como el transhumanismo pretenden superar las limitaciones humanas mediante la tecnología, sustituyendo el papel de Dios en la creación y en la salvación, debilitando así las raíces cristianas.

La cultura Woke

Por otro lado, la llamada cultura woke introduce con frecuencia una visión marcada por el relativismo moral, la mentalidad utilitarista y el hedonismo, junto a una cierta pérdida de esperanza. Se desplaza el foco de la persona al colectivo y, en ocasiones, se presentan como derechos lo que en realidad son deseos.

En el fondo, estamos ante concepciones antropológicas incompatibles. Para el cristianismo, el bien y el mal se comprenden a la luz de la ley natural,  la Revelación, y la salvación es un don de la gracia. En cambio, en la lógica woke, el bien y el mal se relativizan y la redención se identifica con la transformación social.

No se trata de una batalla superficial. Es exigente y, en gran medida, interior: una lucha contra uno mismo. De ahí la necesidad de formarse, porque nadie puede dar lo que no tiene. La coherencia personal se convierte así en el primer testimonio: un cristiano sigue hablando incluso cuando calla.

La caridad como puente

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Sin embargo, lo propio del cristiano no es levantar trincheras, sino tender puentes. Sin caridad, el coraje degenera en temeridad. La caridad es la forma más alta de todas las virtudes.

Y, precisamente por eso, resulta decisivo identificar los puntos de encuentro. A pesar de las diferencias, existen espacios comunes desde los que dialogar: la preocupación por los marginados, la crítica a las estructuras injustas, el reconocimiento del sufrimiento histórico, el énfasis en la compasión, la llamada al cambio y el deseo de un mundo más justo.

Ahí es donde se juega el verdadero diálogo. No en el ruido ni en la descalificación, sino en la capacidad de reconocer al otro como alguien digno de ser escuchado. Porque no es el enfrentamiento lo que transforma, sino la relación personal.

Mar Dorrio, Aleteia

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