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martes, 16 de junio de 2026

Desde 2010 hay un santo patrón de los futbolistas... pero probablemente no lo conoces

Trabajó con huérfanos, creó una congregación para atender niñas pobres...pero aún es poco popular en el fútbol.

San Luigi Scrosoppi, oratoriano, fundador de las Hermanas de la Providencia y desde 2010 santo patrono del fútbol

San Luigi Scrosoppi, oratoriano, fundador de las Hermanas de la Providencia y desde 2010 santo patrono del fútbol


    ¿Tu selección nacional de fútbol no lo está haciendo muy bien en el Mundial de 2026? ¿Necesitaría una ayuda celestial? 

    El 22 de agosto de 2010 un clérigo del siglo XIX fue proclamado santo patrono de los futbolistas, con la idea de incentivar las virtudes cristianas en el deporte, incluyendo la lealtad, el compromiso, la solidaridad, el respeto y el trabajo en equipo.

    Pero, por el momento, incluso muchos católicos devotos amigos del fútbol desconocen de quién se trata. Fue el fundador de las Hermanas de la Providencia, pero fuera de ese entorno y su ciudad de Udine no es muy conocido.

    Hablamos de San Luigi Scrosoppi (1804-1884) un sacerdote italiano de la congregación de los oratorianos, que como el fundador de esta comunidad apreciaba el buen humor, los juegos y el trato alegre con niños y jóvenes.

    Cuando ya el el siglo XXI se buscó un santo patrono para el fútbol, se pensó en él por su amor por los jóvenes, su dedicación educativa, su espíritu alegre, su paciencia y su capacidad para trabajar por el bien común.

    San Luigi Scrosoppi dedicó su vida a los huérfanos y a la educación de los jóvenes y fue canonizado por San Juan Pablo II en 2001.

    Atendiendo huérfanos en tiempos de pobreza y epidemia

    Luigi Scrosoppi nació el 4 de agosto de 1804 en Udine, al norte de Italia, en el seno de una familia profundamente cristiana. Desde los 12 años ingresó al seminario diocesano y fue ordenado sacerdote en 1827. Antes habían sido ordenados sacerdotes sus hermanos Carlos y Juan Bautista.

    Su ministerio se desarrolló en una época marcada por la pobreza, las epidemias y las consecuencias de los conflictos que golpeaban la región de Friuli. Ante esta realidad, decidió dedicar gran parte de sus esfuerzos a la atención de niños y, especialmente, de niñas huérfanas y abandonadas.

    Junto con sacerdotes, maestros y jóvenes voluntarios fundó la Casa de los Huérfanos, una obra sostenida gracias a la caridad y a una profunda confianza en la Providencia divina. Allí las niñas recibían educación académica y formación para el trabajo, aprendiendo lectura, escritura, aritmética, costura y bordado.

    “La providencia de Dios, que prepara las mentes y los corazones para emprender su obra, fue el único fundamento de este Instituto… esa amorosa y tierna Providencia que nunca abandona a quienes confían en Él", escribió.

    De esta experiencia surgió posteriormente la Congregación de las Hermanas de la Providencia, hoy presentes en 14 países, incluyendo tres de lengua española: Uruguay, Bolivia y Argentina. Países donde, por cierto, es grande la afición al fútbol.

    Una espiritualidad de alegría y humildad

    Aunque en un primer momento se sintió atraído por la espiritualidad franciscana (que también es humilde, alegre y un poco juguetona) Scrosoppi finalmente entró en 1846 en la Congregación del Oratorio, al estilo indicado por San Felipe Neri: alegría, humildad y cercanía pastoral, con sacerdotes que viven juntos en comunidades sin votos.

    Rechazaba la vanidad y la búsqueda de protagonismo (algo que en el fútbol también tiene sus ventajas) mientras dedicaba sus energías a acompañar a los pobres, a los huérfanos y a los jóvenes en formación.

    Vivió durante las guerras que unificaron Italia, a menudo con fuertes corrientes anticlericales. Una de ellas cerró su Casa de los Huérfanos y la comunidad oratoriana de Udine. Pero él nunca abandonó a quienes dependían de él y continuó trabajando por los necesitados. Falleció el 3 de abril de 1884 rodeado del cariño y la gratitud de la población de la gente de Udine.

    Buscando santo patrono para el fútbol

    Ya en el siglo XXI el empresario austriaco, Manfred Pesek, junto con un grupo de especialistas, y con el apoyo del obispo Andrea Bruno (obispo de Udine) y el obispo Alois Schwarz (entonces obispo de Gurk, Austria) y de la sección ‘Iglesia y Deporte’ dentro del Consejo Pontificio para los Laicos, comenzaron una iniciativa para elegir un patrono para los futbolistas y aficionados a este deporte. Entre los criterios para elegirlo, debían articularse virtudes específicas que se cultivan en el futbol, sumado a un ministerio especial con los niños.

    Scrosoppi fue proclamado en 2010 santo patrono de los futbolistas.

    En 2020, en Milton, una ciudad de 120.000 habitantes en Ontario (Canadá), se creó el Scrosoppi Football Club, en honor al santo, que en años posteriores ha tenido buenos resultados tanto en su categoría masculina como femenina, subiendo a categorías superiores y ganando algunos torneos canadienses.

    El 5 de diciembre de 2025 se inauguró una estatua de tamaño natural de San Luigi Scrosoppi en la Iglesia de San Valentino, cerca del Estadio Olímpico de Roma, con una ceremonia presidida por Rino Fisichella, pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización. Su fiesta se celebra cada 7 de octubre.

    ReL

    Vea también     Testimonio de César Cueto




    América fue consagrada al Sagrado Corazón de Jesús

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    Los obispos estadounidenses consagraron oficialmente los Estados Unidos al Sagrado Corazón de Jesús el 11 de junio, como parte de las celebraciones de "America 250" con motivo del 250 aniversario de la independencia del país

    ¡Qué año para los estadounidenses! Un Papa estadounidense en 2025, el 250 aniversario de la independencia de la nación en 2026 y la consagración al Sagrado Corazón de Jesús. El 11 de junio de 2026, como parte de la celebración del 250 aniversario de la firma de la Declaración de Independencia, los obispos estadounidenses consagraron oficialmente los Estados Unidos de América al Sagrado Corazón de Jesús, en vísperas de la gran Solemnidad del Sagrado Corazón, este viernes 12 de junio. Durante varias semanas, todas las parroquias del país habían sido invitadas a unirse a los obispos para celebrar la consagración de la nación al Sagrado Corazón, participando en misas, horas santas, novenas y otras devociones organizadas en todo el país. 

    “El futuro pertenece a Dios”

    Mientras tanto, los obispos de Estados Unidos, reunidos en asamblea plenaria en Orlando, Florida, concelebraron la Misa especial y la oración de consagración el jueves por la tarde, 11 de junio. La misa fue transmitida en directo por el canal de YouTube de la Conferencia Americana de Obispos Católicos. Durante la misa, el arzobispo William E. Lori de Baltimore pronunció la homilía, describiendo la consagración de Estados Unidos como "un acto de fe" y "un acto de esperanza" para el futuro de la nación, recordando a todos que "el futuro pertenece a Dios".

    "En vísperas del 250 aniversario de nuestra nación, nos reunimos no principalmente para celebrarnos a nosotros mismos, sino para consagrar, encomendar y colocar a la Iglesia en los Estados Unidos —y, en verdad, a toda nuestra nación— en el Sagrado Corazón de Jesucristo", comenzó el arzobispo.

    "Damos gracias por las bendiciones de los últimos 250 años, pero lo hacemos con humilde fe, reconociendo que toda nación necesita la misericordia, la sabiduría y la guía de Dios. Consagramos nuestra nación, no porque sea perfecta, sino porque es amada por Dios. Encomendamos al corazón de Cristo nuestros éxitos y fracasos, nuestras esperanzas y ansiedades, nuestros desafíos presentes y nuestras aspiraciones para el futuro. Le pedimos que sane lo que está mal, fortalezca lo que está bien y nos guíe hacia un futuro basado en la justicia, la paz, la libertad y el respeto a la dignidad de toda persona humana, especialmente la de los no nacidos, los migrantes, los pobres y los vulnerables", continuó. 

    "Hoy elegimos la confianza."

    El obispo William Lori continuó su meditación sobre el Sagrado Corazón: "Es el signo visible de este amor. No es una devoción abstracta, sino una revelación del amor de Dios encarnado, un corazón que ha conocido la alegría y el dolor, la amistad y la traición, el sufrimiento y el sacrificio…" (…) "Los católicos han hecho una contribución invaluable a la vida de este país a través de su fe, su sacrificio, su educación, su caridad y su servicio. Damos gracias y alabamos a Dios por esta herencia y encomendamos a su amor —el amor de su corazón— a quienes nos precedieron en la fe".

    "El Sagrado Corazón no divide, sino que reconcilia. No endurece los corazones, sino que los transforma. No solo nos invita a recibir amor, sino que nos envía a compartirlo"

    El Arzobispo de Baltimore concluyó con estas palabras: "Al acercarnos a este gran aniversario de nuestra nación, podríamos sentir la tentación de ceder a la nostalgia por el pasado o a la ansiedad por el futuro. Hoy, elegimos una mejor opción: la confianza. Hoy, encomendamos la Iglesia en los Estados Unidos y los Estados Unidos de América al Sagrado Corazón de Jesús, no porque tengamos todas las respuestas, sino porque conocemos a Aquel cuyo amor perdura para siempre. En ese Corazón, encontramos gratitud por el pasado, fortaleza para el presente y esperanza para el futuro".

    Esta consagración coincide con la proyección de la película de los Gunnell, "Sagrado Corazón: Su reinado no tiene fin", que, tras su éxito en cines de Francia y Europa, se exhibe actualmente en cines estadounidenses los días 9, 10, 11 y 14 de junio. El documental sobre la vida de Santa Margarita María permitirá, sin duda, que las familias, parroquias y escuelas estadounidenses profundicen su devoción y espiritualidad al Sagrado Corazón, ahora que su país está consagrado a él.

    La espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús constituye un poderoso resumen de la fe cristiana. Algunos la consideran un camino privilegiado para comprender todas las riquezas y tesoros del amor divino. "La devoción al Sagrado Corazón de Jesús, en su naturaleza íntima, es la devoción al amor con que Dios nos amó por medio de Jesús, y al mismo tiempo, el ejercicio del amor que nosotros mismos sentimos por Dios y por los demás; consiste, en otras palabras, en honrar el amor de Dios por nosotros y en hacer de Dios nuestro objeto de culto para adorarlo, darle gracias y vivir imitándolo", como nos recordó Pío XII en su encíclica Haurietis Aquas, publicada en 1956.

    Tess Barber - Bérengère Dommaigné, Aleteia

    Vea también    Tu consagración al Sagrado Corazón


    Tres lecciones para mí y una gran enseñanza para mi hijo de la visita de León XIV


    El Papa, con una multitud de jóvenes en su visita a España

    El Papa, con una multitud de jóvenes en su visita a España

      Debo reconocer que no tenía claras mis expectativas sobre el viaje de León XIV a España. En los días previos mi objetivo era que Juan Pablo, mi hijo mayor, tuviera –a pesar de sus escasos 10 años– una experiencia tan buena y sana como todos los encuentros con el Papa o Jornadas Mundiales de la Juventud que yo había vivido en mi adolescencia y juventud. Y como ocurre siempre con las cosas de Dios, el Señor siempre se desborda…

      No sólo mi hijo se ha llevado algo único (¡tendrían que haber visto su carita en la vigilia con el Papa León!), sino que yo mismo he recibido unas gracias inmensas e inmerecidas con unas palabras de ánimo y de esperanza que me vuelven a recordar que sólo en Cristo están las respuestas a las grandes preguntas de hoy, a los sufrimientos y a todo aquello que en el día a día se presenta en mi camino.

      Pero de esta lluvia de gracias que han caído de lo alto estos días, donde el Papa ha sido un certero instrumento del Señor, no sólo se han beneficiado los que estuvimos presentes en los multitudinarios actos o los que los siguieron a través de los medios. Esta visita del Papa se ha producido en un momento providencial para España. Sólo Dios sabe los frutos espirituales que este viaje tendrá en muchas personas, pero hay aspectos que sí se pueden percibir ya.

      La sociedad, entre los que incluiría también a los católicos, estaba, bajo mi punto de vista, aletargada, anestesiada y diría que casi narcotizada. La situación social y los enormes problemas que afrontamos como país, o la rápida secularización del país de María, habían generado un enorme clima de resignación y de impotencia. ¡Habíamos bajado los brazos!

      Sin embargo, la visita del Papa ha sido un soplo del Espíritu Santo. En nombre de Cristo, León XIV nos ha zarandeado con su dulzura, su ternura y con sus palabras llenas de firmeza, como diciéndonos: despertad, levantaos, recordad quiénes sois, de dónde venís y cuál es vuestra meta. Ha sido un torrente que de manera inesperada ha trascendido más allá de los católicos. Todo un país ha quedado pasmado con una obra que sólo Dios puede hacer.

      Javier Lozano, junto a su hijo, en la vigilia de León XIV con los jóvenes en la Plaza de Lima

      Javier Lozano, junto a su hijo, en la vigilia de León XIV con los jóvenes en la Plaza de LimaJ. Lozano

      Confieso que no me imaginaba las multitudes que han acompañado al Papa. Creo que pocos podían creer que en cada lugar por el que pasara el Papa hubiera tal cantidad de personas. ¿Cuántos bebés ha bendecido el Pontífice estos días? Ojalá este signo sea el preludio de un despertar del matrimonio y de la natalidad.

      Fui consciente por primera vez de que esta visita iba a superar claramente mis expectativas al intentar acceder a la vigilia de los jóvenes. Ya se percibía que algo pasaba, que estaba a punto de vivir uno de esos acontecimientos inolvidables. Y ahí recibí la primera enseñanza: recordé con fuerza que Cristo ya ha vencido, que la derrota no está en el diccionario del cristiano y que la resignación es algo que no nos es propio. Lo nuestro son las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. Y, de repente, en un mundo plagado de malas noticias, muchas veces también en la Iglesia, vi mi esperanza colmada.

      La Iglesia es grande, la Iglesia vive, la Iglesia estaba ahí presente representada en esos jóvenes que bajaban hacia la Castellana alabando con sus guitarras, esas monjas alegres que irradiaban luz a su paso o en esos niños como mi hijo que veían por primera vez que la fe no es algo que sólo se vive en su familia, en su parroquia o en su colegio. La Iglesia es universal y aunque muchas veces no se vea, está ahí. Porque en cada familia católica hay una iglesia doméstica. Y esto se ha visto con enorme claridad estos días.

      “¡Somos libres en Cristo! Y Cristo nos ha liberado con su amor”, nos dijo el Papa en esta vigilia, recordándonos que “somos libres de las modas, porque somos discípulos de la verdad; estamos abiertos al futuro, porque sabemos que no nos espera la muerte”. No se podía decir ni más alto ni más claro. Y allí en el Paseo de la Castellana, a cientos de metros del Papa, donde ni siquiera lograba ver el escenario, estaba presente toda la Iglesia, con todos sus carismas, todos unidos en torno a Pedro y adorando a Cristo Sacramentado.

      ¡Sólo quien estuviera ahí presente puede entender lo que allí se vivió durante la Adoración al Santísimo! ¿Cómo puede ser que habiendo más de medio millón de personas no se oyera nada, pero absolutamente nada? Todos de rodillas y en silencio adorando a nuestro Dios. El silencio, del que precisamente habló mucho León XIV, es una de las armas que nos ha dejado para este combate. Sólo en el silencio podemos escuchar a Dios. Y en la sociedad del ruido y de los auriculares, cientos de miles de jóvenes entraron en el silencio para escuchar a su Padre. ¡No quiero imaginar lo que puede salir de ahí si cada joven allí presente se puso en disposición a hacer la voluntad de Dios! ¡Que tiemblen los demonios!

      En mi sector estaba representada, como supongo que en el resto de zonas, lo que es la Iglesia. Había personas de todos los carismas, órdenes religiosas, parroquias. Unos alababan y cantaban con los brazos en alto, otros rezaban con recogimiento, otros cantaban a Dios con palmas… Pero la sensación de ser todos uno en Uno era palpable, manifiesta.

      No puedo, ni quiero olvidarme, de aquellas personas que han sostenido la fe de España en este tiempo. He visto a muchas personas mayores emocionadas, con lágrimas en las mejillas y que estaban exultantes, pero no sólo por ver al Papa en su tierra o recibir una palabra, sino por lo que veían sus ojos: multitudes de jóvenes, familias y niños, todos unidos en comunión.

      Esto lo percibí especialmente tras la misa con el Santo Padre en Cibeles. Volvía a casa junto a mi mujer, mi hijo mayor y las dos pequeñas. Era tal la cantidad de gente que era imposible utilizar el transporte público. No nos quedaba más remedio que caminar bajo el sol, cargando en brazos las mochilas, las sillas… y las niñas. Lo que vivimos nos tocó el corazón. Cada poco tiempo, personas mayores y matrimonios veteranos nos ofrecían su ayuda, nos felicitaban por formar familias numerosas, nos daban aliento, querían comprar chuches para los niños para aliviarles el camino…

      A todos se les veía agradecidos con el Señor y felices de ver que tras ellos queda esperanza y futuro. Estas muestras de amor que vivimos no sólo me hicieron emocionarme, sino que me dieron otra lección: la Iglesia es comunión. No importa la edad, la clase social o el origen, pues todos somos hermanos e hijos de un mismo Dios. Y me alegro especialmente de que las personas más mayores pudieran vivir todo esto, pues sin su sostén, su empuje y su oración muchos no hubiésemos estado ese día en la fiesta del Corpus Christi.

      Pero no sólo los católicos han recibido esta gran lección. Los dirigentes políticos y también todos aquellos que creen que los cristianos somos el ejemplo del mal en el mundo han visto, y no han podido negarlo, que la Iglesia que creían domada, dormida o herida de muerte resurge con la fuerza del Resucitado. Sólo había que ver las noticias, tertulias y publicaciones en redes sociales para percibir la sorpresa por un catolicismo vivo, muy vivo. Con sus retos y dificultades, por supuesto, pero que recobra las fuerzas para continuar su batalla por ganar el Reino.

      En la homilía del domingo el Papa nos dejaba un mensaje: “He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy”. Recogemos el guante, pues la España presente en esta misa es hija de esta religiosidad que ha dado tantos santos a la Iglesia, que sigue dándolos. Es también esta tierra donde han nacido tantas órdenes y realidades eclesiales que han renovado la Iglesia universal y que son esta escuela de fe que lleva a Dios a todos los rincones de la sociedad.

      Con su serenidad, con sus gestos, con sus palabras claras, profundas y precisas, el Papa ha sorprendido a muchos, a mí el primero, y ha desconcertado a otros tantos, como ocurrió en el Congreso de los Diputados, pero a nadie ha dejado indiferente. Ha colocado a Dios en el centro de la nación durante unos días en un momento donde el conflicto, la polarización y la división son las notas dominantes.

      Ya para acabar me viene a la mente la cita del Evangelio en la que Jesús nos invita “a ser como niños”. Vi muchos niños estos días, algunos de 10 años, otros de 40 y algunos de más de 90 que sorteaban obstáculos y vallas como si fueran atletas olímpicos. Lo vi en los ojos de mi hijo, que emocionado, sorprendido y alegre, me miraba feliz diciéndome que nunca olvidaría aquello. En esa vigilia vi en mi hijo y en muchos otros pequeños, a ese niño del Evangelio, pero también el lunes a las 6 de la mañana cuando al despertarme para ir a trabajar me lo encontré ya levantado escribiendo en su diario todo lo que había experimentado. ¡Concédenos Señor ser como niños, abandonarnos a ti como un hijo con su padre y a saber que tú siempre estás ahí para auxiliarnos! Gracias, Santo Padre por invitarnos a alzar la mirada para que en España volvamos a mirar otra vez a Cristo.

       Javier Lozano,Publicado en la revista Misión, ReL




      Evangelio del día Martes 11a. Semana TO


       

      Primer Libro de los Reyes 21,17-29.

      Después que murió Nabot, la palabra del Señor llegó a Elías, el tisbita, en estos términos:
      "Baja al encuentro de Ajab, rey de Israel en Samaría. Ahora está en la viña de Nabot: ha bajado allí para tomar posesión de ella.
      Tú le dirás: Así habla el Señor: ¡Has cometido un homicidio, y encima te apropias de lo ajeno! Por eso, así habla el Señor: En el mismo sitio donde los perros lamieron la sangre de Nabot, allí lamerán tu sangre".
      Ajab respondió a Elías: "¡Me has sorprendido, enemigo mío!". "Sí, repuso Elías, te he sorprendido, porque te has prestado a hacer lo que es malo a los ojos de Señor.
      Yo voy a atraer la desgracia sobre ti: barreré hasta tus últimos restos y extirparé a todos los varones de la familia de Ajab, esclavos o libres en Israel.
      Dejaré tu casa como la de Jeroboám, hijo de Nebat, y como la de Basá, hijo de Ajías, porque has provocado mi indignación y has hecho pecar a Israel.
      Y el Señor también ha hablado contra Jezabel, diciendo: Los perros devorarán la carne de Jezabel en la parcela de Izreel.
      Al de la familia de Ajab que muera en la ciudad, se lo comerán los perros, y al que muera en despoblado, se lo comerán los pájaros del cielo".
      No hubo realmente nadie que se haya prestado como Ajab para hacer lo que es malo a los ojos del Señor, instigado por su esposa Jezabel.
      El cometió las peores abominaciones, yendo detrás de los ídolos, como lo habían hecho los amorreos que el Señor había desposeído delante de los israelitas.
      Cuando Ajab oyó aquellas palabras, rasgó sus vestiduras, se puso un sayal sobre su carne, y ayunó. Se acostaba con el sayal y andaba taciturno.
      Entonces la palabra del Señor llegó a Elías, el tisbita, en estos términos:
      "¿Has visto cómo Ajab se ha humillado delante de mí? Porque se ha humillado delante de mí, no atraeré la desgracia mientras él viva, sino que la haré venir sobre su casa en tiempos de su hijo".


      Salmo 51(50),3-4.5-6a.11.16.

      ¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,
      por tu gran compasión, borra mis faltas!
      ¡Lávame totalmente de mi culpa
      y purifícame de mi pecado!

      Porque yo reconozco mis faltas
      y mi pecado está siempre ante mí.
      Contra ti, contra ti sólo pequé
      Aparta tu vista de mis pecados

      y borra todas mis culpas.
      ¡Líbrame de la muerte, Dios, salvador mío,
      y mi lengua anunciará tu justicia!


      Evangelio según San Mateo 5,43-48.

      Jesús dijo a sus discípulos:
      Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo.
      Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores;
      así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.
      Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos?
      Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos?
      Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.

      Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



      Bulle

      San Jerónimo (347-420)
      sacerdote, traductor de la Biblia, doctor de la Iglesia
      «Comentario de la Epístola a los Gálatas» (Trad. ©Evangelizo.org)


      «Amor al prójimo: apoyo mutuo y bondad; extraer del manantial de la Bondad divina»

      «Por tanto, mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, pero especialmente a nuestros hermanos en la fe.» (Ga 6:10). El tiempo presente, el del curso de la vida, es el tiempo de siembra. Durante esta vida, podemos sembrar lo que queramos. Cuando esta vida se acabe, se nos quitará el tiempo de actuar. Es por eso que el Salvador dice: «Trabajen mientras sea de día. La noche vendrá, y nadie podrá trabajar más» (Jn 9:4).
      Que estemos enfermos o en buena salud, que seamos humildes o poderosos, pobres o ricos, que estemos hambrientos o saciados, hagamos todo en el nombre del Señor, con paciencia y ecuanimidad. Entonces se cumplirá en nosotros lo que dice la Escritura: «en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman» (Rm 8:28). La ira misma, la pasión, la ofensa recibida que exige ser vengada, se convierten, para mí, si me domino, si conservo el silencio por Dios, si a través cada dolorosa inyección y bajo la presión de los vicios, pienso en Dios que me mira desde arriba, en múltiples ocasiones de triunfo.
      No digamos, cuando hacemos donaciones: esto es para un amigo, a este lo ignoro; este otro tiene derecho a recibir, este debe ser menospreciado. Imitemos nuestro Padre, «que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos» (Mt 5:45). La fuente de su Bondad está abierta a todos. Esclavo u hombre libre, plebeyo o rey, rico y pobre, todos beben igualmente. La lámpara encendida en la casa ilumina a todos sin distinción.
      San Juan el Evangelista al final de su vida, cuando no podía más expresar su pensamiento por medio de un discurso continuo, no decía otras palabras que estas: «Mis niñitos, ámense los unos a los otros» (Jn 13:34). Al final, sus discípulos le dijeron: « ¿Maestro, porque nos dices siempre esto?» Juan respondió por esta sentencia digna de él: «Porque es el precepto del Señor; que solamente lo cumplamos, y eso basta».
      (EDD)

      Reflexión sobre el cuadro

      La llamada del Evangelio puede ser muy exigente. La lectura de hoy es posiblemente uno de los pasajes más exigentes de todos los evangelios. Jesús llama a sus discípulos no sólo a amar al prójimo, un mandamiento que se encuentra en el Antiguo Testamento, sino que también les llama, y nos llama, a amar a nuestro enemigo, lo que va más allá de todo lo que se encuentra en el Antiguo Testamento.

      A muchos de nosotros nos cuesta pensar en alguien a quien describiríamos como nuestro 'enemigo'. Sin embargo, podemos recordar a personas que no nos caen especialmente bien o que nos han hecho daño de alguna manera. Es poco probable que tengamos sentimientos afectuosos hacia esas personas. Pero cuando Jesús llama a sus discípulos a amar a sus enemigos, no está hablando principalmente de emociones o sentimientos. Habla de un acto de voluntad. El amor cristiano no es sentimental. Significa elegir no odiar, negarse a buscar venganza, resistirse al rencor y seguir reconociendo la dignidad de la otra persona, incluso cuando las relaciones están heridas. Amar a un enemigo no significa aprobar lo que ha hecho; significa negarse a permitir que las tinieblas tengan la última palabra en nuestro propio corazón.

      "Las antorchas de Nerón", también conocido como "Candelabros del cristianismo", es un cuadro creado por el artista polaco Henryk Hektor Siemiradzki en 1876. Es un drama monumental que representa los horrores de las primeras persecuciones cristianas durante el reinado del emperador Nerón (54-68 d.C.). Tras el Gran Incendio de Roma en el año 64 d.C., Nerón culpó a los cristianos del desastre. Los sometió a terribles castigos, como ser utilizados como antorchas humanas para iluminar sus jardines. El cuadro capta con meticuloso detalle el escalofriante momento en que los cristianos son atados a estacas y prendidos fuego para iluminar una decadente fiesta en el jardín de Nerón y sus invitados. La escena está ambientada en un opulento jardín, lo que acentúa el marcado contraste entre la crueldad del acto y la grandiosidad del entorno.

      El cuadro suscita una fuerte respuesta emocional, pues destaca la inocencia y el sufrimiento de los mártires al tiempo que condena la barbarie de sus perseguidores. La yuxtaposición de la crueldad humana con la opulencia y la belleza como telón de fondo resulta muy atractiva. El cuadro sirve de conmovedor recordatorio de los sacrificios de los primeros mártires cristianos... todos los cristianos que pusieron en práctica la llamada de la lectura del Evangelio de hoy..

      by Padre Patrick van der Vorst

      Oración

      Señor Dios, hoy presento ante Ti a las personas que me han lastimado o me desean el mal. Te pido que les concedas tu paz y llenes sus vidas de bendiciones. Sana sus corazones, ayúdame a perdonarlos de verdad y quita todo rencor de mi interior. Dame la sabiduría para bendecirlos y la gracia de amarlos como Tú nos amas. Amén. [1, 2, 3, 4, 5]