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sábado, 26 de septiembre de 2026

Especialmente para los que NO van a Misa los Domingos: Para que descubran cuánto están perdiendo

 Aquí podemos ofrecerle sólo unos cuantos aspectos
de las mil maravillas de la Santa Misa

Cuando no puedo asistir a la Santa Misa...

Cuando no puedo asistir a la Santa Misa, adoro el Cuerpo de Cristo con los ojos del espíritu en la oración, lo mismo que le adoro cuando le veo en la Santa Misa.

San Francisco de Asís


"¡La Santa Misa es la manera más perfecta de hacer oración!"

San Pablo VI

"La Santa Misa es la oración perfecta y no puede ser sustituida. Toda otra oración encuentra su origen y cima en la Santa Misa".

Padre Jordi Rivero


La oración unida con ese divino sacrificio de la Misa.

La oración, unida con ese divino sacrificio de la Misa, tiene una fuerza indecible; de modo que por este medio abunda el alma de celestiales favores como apoyada sobre su Amado.

San Francisco de Sales


Sagrada Eucaristía contiene todo el bien espiritual de la Iglesia.

Los demás sacramentos, como también todos los ministerios eclesiales y las obras de apostolado, están unidos a la Eucaristía y a ella se ordenan. La sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, a Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan de Vida, que da la vida a los hombres por medio del Espíritu Santo. Así los hombres son invitados y llevados a ofrecerse a sí mismos, sus trabajos y todas las cosas creadas junto con Cristo.

Decreto, Presbyterorum Ordinis, n. 5


¡Cuerpo y Sangre, Pan y Vino!

Reconoced en el pan lo que colgó del madero, y en el cáliz lo que manó del costado.

San Agustín; Sermón 228





Para participar de la Eucaristía...

A nadie le es lícito participar de la Eucaristía sino al que crea que son verdad las cosas que enseñamos, y se haya lavado en aquel baño que da el perdón de los pecados y la nueva vida, y lleve una vida tal como Cristo enseñó.

San Justino


La Santa Misa y la entrega personal.

Para meditar sobre la unidad que existe entre el Sacrificio de la Cruz y la Santa Misa, fijemos nuestra atención en la oblación interior que Cristo hace de sí mismo, con una total entrega y sumisión amorosa a su Padre.

La Santa Misa y el Sacrificio de la Cruz son el mismo y único sacrificio, aunque estén separados en el tiempo; se vuelve a hacer presente, no las circunstancias dolorosas y cruentas del Calvario, sino la total sumisión amorosa de Nuestro Señor a la voluntad del Padre.

Ese ofrecimiento interno de sí mismo es idéntico en el Calvario y en la Misa: es la oblación de Cristo. Es el mismo Sacerdote, la misma Víctima, la misma oblación y sumisión a la voluntad de Dios Padre; cambia la manifestación externa de esta misma entrega: en el Calvario, a través de la Pasión y Muerte de Jesús; en la Misa, por la separación sacramental, no cruenta, del Cuerpo y de la Sangre de Cristo mediante la transustanciación del pan y del vino.

Meditación de "Hablar con Dios"; Cuaresma 4ª semana, jueves


Los nombres del Banquete del Señor: F. Santa y Divina Liturgia, Santos Misterios.

F. Santa y Divina Liturgia, Santos Misterios:

En la celebración eucarística se unen la Iglesia celeste y terrestre en una única fiesta. Puesto que los dones eucarísticos en los que Cristo está presente son, por así decir, lo más santo en este mundo, son llamados también Santísimo Sacramento.

YouCat, n. 212


Los nombres del Banquete del Señor: E. Memorial de la Pasión, Muerte y Resurrección.

E. Memorial de la Pasión, Muerte y Resurrección:

En la Eucaristía la comunidad no se celebra a sí misma, sino que descubre y celebra siempre de nuevo la presencia del paso salvador de Cristo a través de la pasión y la muerte hasta la vida.

YouCat, n. 212


Los nombres del Banquete del Señor: D. Asamblea Eucrística.

D. Asamblea Eucarística:

La celebración del Banquete del Señor es también una asamblea de "Acción de Gracias", en la que le Iglesia encuentra su expresión visible.

YouCat, n. 212


Los nombres del Banquete del Señor: C. Fracción del Pan.

C. Fracción del Pan:

La "Fracción del Pan" era un antiguo rito del banquete judío, que Jesús utilizó en la Última Cena para expresar su entrega "por nosotros" (Rom 8,32). En la "Fraccción del Pan" lo reconocieron los discípulos después de la Resurrección. La comunidad primitiva llamaba "Fracción del Pan" a sus asambleas eucarísticas.

YouCat, n. 212

Los nombres del Banquete del Señor: B. Banquete del Señor.

B. Banquete del Señor:

Cada celebración eucarística es aún hoy el mismo banquete que celebró Jesús con sus discípulos, y al mismo tiempo la anticipación del banquete que el Señor celebrará con los redimidos al final de los tiempos. No somos nosotros los hombres los que hacemos la celebración, es el Señor quien convoca a ella y está presente en ella de un modo misterioso.

YouCat, n. 212

Los nombres del Banquete del Señor: A. Santo Sacrificio de la Misa.

A. Santo Sacrificio, Santa Misa, Sacrificio de la Misa:

El único sacrificio de Cristo, que completa y supera todos los sacrificios, se hace presente en la Eucaristía. La Iglesia y los creyentes se incluyen a sí mismos, con su entrega, en el sacrificio de Cristo. La palabra misa viene de la frase de despedida (al final de la Santa Misa) en latín, Ite missa est, ¡Id, sois enviados!

YouCat, n. 212


Apostolado de la Santa Misa Diaria
http://www.sancta-missa-cotidiana.org
correo@sancta-missa-cotidiana.org

Evangelio del día sábado 15a semana del tiempo ordinario - Memoria de san Cosme y san Damián

 


Santos Cosme y Damián , Beato Gaspar StanggassingerMás...

Libro de Eclesiastés 11,9-10.12,1-8.

Alégrate, muchacho, mientras eres joven, y que tu corazón sea feliz en tus años juveniles. Sigue los impulsos de tu corazón y lo que es un incentivo para tus ojos; pero ten presente que por todo eso Dios te llamará a juicio.
Aparta de tu corazón la tristeza y aleja de tu carne el dolor, porque la juventud y la aurora de la vida pasan fugazmente.
Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que lleguen los días penosos y vengan los años en los que dirás: "No encuentro en ellos ningún placer";
antes que se oscurezcan el sol y la luz, la luna y las estrellas, y vuelvan las nubes cargadas de lluvia.
En aquel día temblarán los guardianes de la casa y se encorvarán los hombres vigorosos; se detendrán las moledoras, que ya serán pocas, y se oscurecerán las que miran por las ventanas;
se cerrarán las puertas de la calle, mientras declina el ruido del molino; cesará el canto de los pájaros y enmudecerán las que entonan canciones.
Entonces se temerán las cuestas empinadas y los terrores acecharán por el camino. El almendro estará florecido, se pondrá pesada la langosta y la alcaparra perderá su eficacia. Porque el hombre se va a su morada eterna, mientras las plañideras rondan por la calle.
Sí, acuérdate de él antes que se corte la hebra de plata y se quiebre la ampolla de oro, antes que se haga pedazos el cántaro en la fuente y se rompa la cuerda del aljibe;
antes que el polvo vuelva a la tierra, como lo que es, y el aliento vuelva a Dios, porque es él quien lo dio.
¡Vanidad, pura vanidad!, dice Cohélet. ¡Nada más que vanidad!


Salmo 90(89),3-4.5-6.12-13.14.17.

Tú haces que los hombres vuelvan al polvo,
con sólo decirles: “Vuelvan, seres humanos”.
Porque mil años son ante tus ojos
como el día de ayer, que ya pasó,
como una vigilia de la noche.

Tú los arrebatas, y son como un sueño,
como la hierba que brota de mañana:
por la mañana brota y florece,
y por la tarde se seca y se marchita.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que nuestro corazón alcance la sabiduría.
¡Vuélvete, Señor! ¿Hasta cuándo...?
Ten compasión de tus servidores.

Sácianos en seguida con tu amor,
y cantaremos felices toda nuestra vida.
Que descienda hasta nosotros
la bondad del Señor;
que el Señor, nuestro Dios,

haga prosperar la obra de nuestras manos.


Evangelio según San Lucas 9,43b-45.

Mientras todos se admiraban por las cosas que hacía, Jesús dijo a sus discípulos:
"Escuchen bien esto que les digo: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres".
Pero ellos no entendían estas palabras: su sentido les estaba velado de manera que no podían comprenderlas, y temían interrogar a Jesús acerca de esto.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San Gregorio Magno (c. 540-604)
papa y doctor de la Iglesia
Morales sobre Job, Libro XIII (SC 212 (Morales sur Job, Cerf, 1974), trad. sc©evangelizo.org


Recibir y anunciar la pasión de nuestro Redentor

Sin la mínima iniquidad en sí mismo, ya que “no cometió pecado y nadie pudo encontrar una mentira en su boca” (1 Pe 2,22), el Señor ha sufrido y soportó el sufrimiento de la cruz para nuestra redención. Sólo él, es el único en el mundo que hace subir oraciones puras hacia el Padre. Aún en medio del sufrimiento de su pasión, ha rezado por sus persecutores, diciendo “Padre, perdónalos, no saben lo que hacen” (Lc 23,24). ¿Qué podemos decir, qué podemos imaginar más alto que acordar la misericordia de la intercesión a los mismos responsables del sufrimiento que soporta? (…)
“Tierra, no cubras mi sangre, que no haya un lugar de descanso para mi clamor” (Jb 16,18) Esta tierra, lo sabemos, no esconde la sangre de nuestro Redentor. Porque recibiendo el valor de su redención, cada pecador lo confiesa, lo alaba y se preocupa de hacerlo conocer a su prójimo. La tierra no se ha cubierto de su sangre porque la Iglesia ya ha predicado el misterio de la Redención en todo el mundo. (…)
Si queremos que el sacramento de la pasión del Señor no permanezca en nosotros en vano, debemos imitar y anunciar a otros el Dios que veneramos. Su grito permanecerá escondido en nosotros si nuestra boca se calla acerca de lo que nuestra alma cree. Para que su grito no permanezca escondido en nosotros, debemos dar a conocer a los que nos rodean, por todos los medios, el misterio de nuestra regeneración.
(EDD)

Reflexión sobre el cuadro

Hoy celebramos la memoria de los santos Cosme y Damián, hermanos gemelos y médicos de Arabia que se hicieron famosos no sólo por su habilidad médica, sino también por su radical testimonio cristiano. Ofrecían sus curaciones gratuitamente, sin aceptar nunca pago alguno, lo que les valió el título de anargyroi en griego. La palabra griega “Anargyroi” (ἀνάργυροι) cobra un significado especial cuando se descompone en sus partes. “An-” (ἀν-) significa “sin”, mientras que “argyros” (ἄργυρος) significa «plata» y, por extensión, dinero, ya que la plata se utilizaba habitualmente como moneda. Así pues, «anargyroi» significa literalmente «los que carecen de plata» o «los que no cobran honorarios». Su generosidad a la hora de ejercer la medicina atrajo a muchos hacia la fe cristiana. En el arte cristiano, suelen representarse sosteniendo frascos de ungüentos, instrumentos médicos o, a veces, incluso un bisturí, símbolos de su papel como sanadores tanto del cuerpo como del alma.

Cosme y Damián sufrieron mucho durante las persecuciones del emperador Diocleciano (303-311 d. C.), una de las campañas más feroces para reprimir el cristianismo en el Imperio Romano. Soportaron repetidos intentos de ejecución: fueron apedreados, quemados e incluso ahogados, pero sobrevivieron milagrosamente a cada uno de ellos hasta que finalmente fueron decapitados. Su valentía y firmeza se convirtieron en un poderoso testimonio de la fuerza de su fe. Como siempre atribuían sus curaciones a la gracia de Cristo y no a su propia habilidad, se convirtieron en una amenaza para las autoridades romanas, que temían la propagación del cristianismo. Su martirio les aseguró un lugar como intercesores muy queridos, especialmente para los médicos, los farmacéuticos y los enfermos. La devoción hacia ellos se extendió ampliamente tanto por Oriente como por Occidente, con magníficas iglesias dedicadas en su honor, incluida la famosa basílica del Foro Romano, que aún hoy se puede visitar (una de mis iglesias favoritas de Roma).

En nuestro retablo español, vemos a los santos Cosme y Damián, representados apareciendo en una visión, ataviados con las lujosas túnicas de los médicos eruditos, mientras realizan el famoso milagro del trasplante de pierna. La historia está recogida en la Legenda Aurea (La Leyenda Dorada) de Jacobo de Vorágine, recopilada hacia 1275. Según el relato, un sacristán de la basílica romana dedicada a los santos en el Foro Romano padecía una enfermedad que le consumía la carne de la pierna izquierda. Una noche soñó que los dos santos médicos se le aparecían, le extirpaban la extremidad enferma y la sustituían por la pierna de un hombre africano recientemente fallecido y enterrado en las cercanías. Al despertar, descubrió que, efectivamente, la pierna enferma había sido sustituida y que ahora tenía una pierna negra y sana.

Este extraordinario milagro se convirtió en uno de los episodios más populares de la leyenda de los santos y se representó a menudo en el arte. El retablo de Burgos, pintado por el anónimo Maestro de los Balbases (llamado así por un retablo que creó para la iglesia de San Esteban de esa ciudad), probablemente se encontraba originalmente en la iglesia de los santos Cosme y Damián de Burgos, en el norte de España.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración y Meditación

El Amor de Dios hecho Corazón humano
cambia nuestro corazón


viernes, 25 de septiembre de 2026

El celibato, en los boxes

En la carretera de la vida el joven ha de saber detenerse a reflexionar sobre la virtud y lo mejor

En la carretera de la vida el joven ha de saber detenerse a reflexionar sobre la virtud y lo mejor


    Es bien conocido que últimamente, en Occidente, el celibato no está en sus mejores momentos, atraviesa un importante declive y no se ve su fundamento trascendente y, consecuentemente, su necesidad.

    La religiosidad de los jóvenes está creciendo, al menos en manifestaciones públicas. Pero esos mismos jóvenes no se plantean el celibato y las vocaciones al sacerdocio son demasiado escasas para realizar el relevo generacional. Lo mismo ocurre en las órdenes religiosas tradicionales, tanto masculinas como femeninas. Aunque existen afortunadas excepciones.

    A primera vista parece que son las nuevas circunstancias sociales las causantes de esta anomalía. Una de estas “circunstancias”, que justificarían bastante esta situación es la revolución sexual comenzada en los años 60 y que ha llevado a la hipersexualización de la sociedad. 

    Otra podría ser la decadencia de la familia como cooperadora en la transmisión de la vida, que lleva a la oscuridad demográfica.

    Otros lo atribuyen a la globalización, la técnica y al bienestar, como fenómeno social imparable, etc.

    Un análisis que ponga las causas de esta sequía sólo en la paganización de la sociedad es un análisis equivocado e irresponsable. Si así fuese, serían causas externas las culpables de esta situación y nosotros sólo podríamos lamentarlo.

    Ciertamente concurren muchas causas, no siendo la menor el interés del maligno en incrementarlas. Pero para resolver un problema es necesario hacer un diagnóstico certero. 

    Si miramos a aquellos primeros seguidores del Crucificado, estaríamos de acuerdo en que tenían muchas razones para estar quejándose de lo mal que estaba la sociedad. ¡Qué poco beneficio social les traía esa “secta” que, a los ojos de esa sociedad, era una locura y un sinsentido!

    No es la sociedad la que ha cambiado, sino nosotros los que no hemos sido fieles, porque la sociedad siempre está cambiando, pero es la sal quién la da el sabor, y si la sal se vuelve insípida…

    El pecado de origen trajo la confusión para no conocernos como somos y creernos que somos autosuficientes: como dioses. Pero esto ha existido siempre desde Adán y los pecados capitales nos han acompañado también siempre. Entonces ¿hay algo más?

    Una mirada a la juventud actual nos muestra una juventud preocupada por la casa común, generosa en la prestación de su tiempo hacia los más desheredados, muy educada en el trato y con un gran acceso a la información. 

     Lo cierto es que han nacido en una sociedad pagana y que para muchos de ellos la única referencia trascendente está en sus abuelos o sencillamente no la tienen. 

    Su problema no es de generosidad, sino de miedo. 

    El miedo más grande es a vivir, a afrontar la vida como un riesgo no controlable. La persona, según el filósofo Leonardo Polo, es un ser que necesita de su “réplica” para existir. Según este autor, el hombre es un ser en busca de su réplica. Necesita del otro para entenderse y crecer, pero sobre todo es el miedo a conocerse el que impone la parálisis y si no se conoce a sí mismo, ¿cómo va a encontrar su réplica?   

    Si desde su más tierna infancia su relación ha sido con las cosas: móviles, redes sociales, mascotas, etc. y ha observado al universo como un lugar donde el “yo” puede poseer todo y vivir mejor, entonces siempre tendrá miedo al futuro, porque en realidad, no poseemos el futuro y sólo tenemos pasado, siendo este, a veces, tan pesado como una losa. 

    En definitiva, no saben relacionarse con el universo ni con su Creador. Al universo lo explotan para sí y al Creador lo ignoran.

    Los movimientos juveniles, asociaciones, parroquias, clubes, etc., utilizan el único lenguaje que pueden aprender rápidamente: el lenguaje del sentimiento. En su mayoría los jóvenes están huérfanos de aceptación y cualquier signo en este sentido es muy bien recibido. Y esa puede ser la trampa, porque pueden quedarse en eso, pero no trascender a conocer y amar en libertad a Quién es su “réplica” personal.

    Los jóvenes piden aceptación personal y se les ofrece amistad. Un paso muy importante, pero no suficiente porque, según Polo, la amistad sólo se puede dar entre intimidades personales, y esto exige conocerse como uno es. 

    Para esto no sirven las redes sociales, ni los influencers, ni los consejos, sino sólo el conocimiento personal, aquel que requiere interioridad y crecimiento en virtudes, que es la única forma de crecer.

    Y ¿qué se les enseña? Un crecimiento en la esencia, en el “yo” autónomo, en un voluntarismo auto suficiente y en un sentimentalismo que fomenta la autocompasión.  Y eso es un fraude.

    La percepción de la vocación al celibato apostólico la ven deformada: es una merma y en esta percepción juega un papel importante el no considerarlo como una llamada personal, sino como un estado, tal como se ha considerado históricamente también al matrimonio.

    No podemos resignarnos a lo que se puede y debe cambiar. Todos somos cómplices de no mostrar la belleza de la virtud, aquello que nos hace crecer, aunque no tengamos nada. 

    Como decía Teresa de Jesús: Quien a Dios tiene, nada le falta.

    Los católicos hemos construido sólidos edificios de lo espiritual, pero ya Benedicto XVI nos advirtió que la Iglesia de los próximos tiempos será de minorías muy activas, de aquellos que se jueguen la vida, todos los días, por vivir en virtud y por educar en virtud: vivir sin paracaídas. Sólo Dios basta.

    Domingo Aguilera Pascual, ReL

    Vea también    ¿Cómo debe comportarse la mujer con los Consagrados?





    El hábito diario que sustentaba la santidad de Fulton Sheen

     SHEEN

    Si quieres imitar la extraordinaria vida de santidad de Fulton Sheen, deberías plantearte adoptar este importante hábito diario.


    Amenudo, cuando admiramos a alguien y nos inspira su forma de vida, queremos averiguar qué hizo de forma diferente, por ejemplo, qué hábito diario tenía.

    Como cuando un niño quiere ser como una estrella del fútbol en concreto, es probable que intente averiguar qué tipo de preparación siguió ese jugador para alcanzar el éxito en el campo de fútbol.

    Del mismo modo, cuando examinamos las vidas de los santos, podemos descubrir diversas prácticas que les ayudaron a alcanzar las cimas de la santidad durante su vida en la tierra.

    Un héroe al que muchos han admirado a lo largo de los años es el arzobispo Fulton Sheen, un evangelizador extraordinario que vivió constantemente unido a Jesucristo y a su Madre.

    Al investigar su vida para descubrir qué fue lo que impulsó su ministerio, resulta evidente qué hábito diario le proporcionaba un impulso espiritual cada día.

    Hora santa eucarística diaria

    El arzobispo Fulton Sheen era un hombre muy ocupado, que no solo dirigía un popular apostolado mediático, sino que también era obispo auxiliar de la arquidiócesis de Nueva York antes de ser nombrado obispo de la diócesis de Rochester, Nueva York. Recibía invitaciones para dar charlas por todo Estados Unidos y solía viajar con frecuencia para ofrecer orientación espiritual a todo tipo de personas.

    Basta con decir que le habría resultado muy fácil dejar de lado su vida de oración diaria, considerándola algo para lo que no tenía tiempo.

    Sin embargo, Fulton Sheen sabía que, para ser un sacerdote y obispo fiel que pastoreara a su rebaño, necesitaba pasar tiempo en silencio y soledad con Jesús.

    De hecho, el día de su ordenación tomó la resolución de dar prioridad a la hora santa eucarística. Escribió en Tesoro en vasijas de barro:

    "También me propuse pasar cada día una hora santa ininterrumpida en presencia de nuestro Señor en el Santísimo Sacramento".

    Para un obispo tan ocupado y un conferenciante tan popular como Fulton Sheen, esto no era una tarea fácil. Admite que le resultaba difícil, pero se mantuvo fiel a ello, independientemente de lo que surgiera en su agenda:

    "La Hora Santa. ¿Es difícil? A veces parecía serlo; podía suponer tener que renunciar a un compromiso social o levantarse una hora antes, pero, en general, nunca ha sido una carga, sino solo una alegría".

    Beatificación de Fulton Sheen: todo lo que hay que saber

    Beatificación de Fulton Sheen: todo lo que hay que saber

    Lea el artículo

    Aprovecha todo tu tiempo con Dios

    A continuación, habló de tener que levantarse tan temprano como a las 3:00 de la madrugada para celebrar una Hora Santa:

    "Recuerdo una Hora Santa difícil que tuve cuando tomé un tren de Jerusalén a El Cairo. El tren salía a las cuatro de la madrugada; eso significaba levantarse muy temprano. En otra ocasión, en Chicago, le pedí permiso a un párroco para entrar en su iglesia a celebrar una Hora Santa sobre las siete de la tarde, ya que la iglesia estaba cerrada con llave. Él se olvidó de que me había dejado entrar, y estuve allí unas dos horas intentando encontrar una forma de escapar. Al final, salté por una ventanilla y aterricé en el sótano de carbón. Esto asustó a la ama de llaves, que finalmente acudió en mi ayuda…

    Al principio de mi sacerdocio, solía dedicar la Hora Santa durante el día o por la tarde. A medida que pasaban los años y cada vez tenía más trabajo, pasé a dedicarla a primera hora de la mañana, normalmente antes de la Santa Misa".

    Si admiras a Fulton Sheen y quieres imitar de alguna manera su ejemplo de santidad, plantéate dedicar una hora santa cada día para pasar un rato de calidad con Dios. Sheen sabía que, para poder entregarse a los demás, necesitaba llenarse de Dios cada mañana.

    Philip Kosloski, Aleteia

    Vea también     Si no fuera católico...



    Evangelio del día viernes 25a semana del tiempo ordinario


     

    San Fermín de Amiens , Beato Pedro Bengoa ArangurenMás...

    Libro de Eclesiastés 3,1-11.

    Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol:
    un tiempo para nacer y un tiempo para morir, un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo plantado;
    un tiempo para matar y un tiempo para curar, un tiempo para demoler y un tiempo para edificar;
    un tiempo para llorar y un tiempo para reír, un tiempo para lamentarse y un tiempo para bailar;
    un tiempo para arrojar piedras y un tiempo para recogerlas, un tiempo para abrazarse y un tiempo para separarse;
    un tiempo para buscar y un tiempo para perder, un tiempo para guardar y un tiempo para tirar;
    un tiempo para rasgar y un tiempo para coser, un tiempo para callar y un tiempo para hablar;
    un tiempo para amar y un tiempo para odiar, un tiempo de guerra y un tiempo de paz.
    ¿Qué provecho obtiene el trabajador con su esfuerzo?
    Yo vi la tarea que Dios impuso a los hombres para que se ocupen de ella.
    El hizo todas las cosas apropiadas a su tiempo, pero también puso en el corazón del hombre el sentido del tiempo pasado y futuro, sin que el hombre pueda descubrir la obra que hace Dios desde el principio hasta el fin.


    Salmo 144(143),1a.2abc.3-4.

    Bendito sea el Señor, mi Roca,
    él es mi bienhechor y mi fortaleza,
    mi baluarte y mi libertador;
    él es el escudo con que me resguardo.

    Señor, ¿qué es el hombre para que tú lo cuides,
    y el ser humano, para que pienses en él?
    El hombre es semejante a un soplo,
    y sus días son como una sombre fugaz.


    Evangelio según San Lucas 9,18-22.

    Un día en que Jesús oraba a solas y sus discípulos estaban con él, les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?".
    Ellos le respondieron: "Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado".
    "Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?". Pedro, tomando la palabra, respondió: "Tú eres el Mesías de Dios".
    Y él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie.
    "El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día".

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



    Bulle

    San Pablo VI
    papa 1963-1978
    Homilía en Manila, 29•11•1979


    «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

         ¡Cristo! Siento la necesidad de anunciarlo, no puedo callarlo: «¡Desdichado de mí si no anuncio el Evangelio! (1C 9,16). Para esto he sido enviado; soy apóstol, soy testigo. Cuanto más lejos esta el objetivo más difícil es la misión, más me siento apremiado por el amor (2C 5,14). Debo proclamar su nombre: Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo (Mt 16,16). Él es quien nos ha revelado al Dios invisible, el primer nacido de toda criatura, es el fundamento de toda cosa (Col 1,15s). Es el Señor de la humanidad y el Redentor: nació, murió y resucitó por nosotros; es el centro de la historia y del mundo. Él es el que nos conoce y nos ama; es el compañero y el amigo de nuestra vida. Es el hombre del dolor y de la esperanza; es el que ha de venir y un día será también nuestro juez, nosotros le esperamos, es la plenitud eterna de nuestra existencia, nuestra bienaventuranza.
         Nunca acabaría de hablar de él: él es la luz, es la verdad; mucho más, es «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14,6). Es el Pan, la Fuente de agua viva que sacian nuestra hambre y nuestra sed (Jn 6, 35; 7, 38); Es el Pastor, nuestro guía, nuestro ejemplo, nuestro consuelo, nuestro hermano. Igual que nosotros, y más que nosotros, ha sido pequeño, pobre, humillado, trabajador, desdichado y paciente. Para nosotros habló, hizo milagros, y fundó un Reino nuevo en el que los pobres serán dichosos, en el que la paz es el principio de la vida de todos juntos, en el que los que son puros de corazón y los que lloran serán exaltados y consolados, en el que los que suspiran por la justicia serán escuchados, en el que los pecadores pueden ser perdonados, en el que todos son hermanos.
         Jesucristo: vosotros habéis oído hablar de él, e incluso la mayoría sois ya de los suyos, sois cristianos. ¡Pues bien! A vosotros cristianos os repito su nombre, a todos os lo anuncio: Jesucristo es «el principio y el fin, el alfa y la omega» (Ap 21,6). ¡Él es el rey del mundo nuevo; es el secreto de la historia, la llave de nuestro destino; es el Mediador, el puente entre la tierra y el cielo...; el Hijo del hombre, el Hijo de Dios..., el Hijo de María... Jesucristo! Acordaos: es el anuncio que hacemos para la eternidad, es la voz que hacemos resonar por toda la tierra (Rm 10,18) y por los siglos de los siglos. 
    (EDD)

    Reflexión sobre el fresco

    ‘¿Hasta qué punto me conoce realmente la gente?’. Esa es, en cierto sentido, la pregunta que Jesús plantea a sus discípulos en el Evangelio de hoy. Es una pregunta que cualquiera de nosotros podría hacerse. La mayoría de la gente solo sabe algo de nosotros: lo que han visto, lo que han oído, la impresión que les hemos causado. De hecho, a veces vivimos nuestras vidas mostrando solo una faceta de nosotros mismos con el fin de causar una buena impresión. Por eso, es probable que la mayoría de la gente no nos conozca tan bien.

    Lo mismo ocurría con Jesús. Quienes se cruzaban con él reconocían que había algo extraordinario en él, pero no lograban comprender del todo quién era. Algunos pensaban que era Elías, otros que era Juan el Bautista, o uno de los profetas. No estaban del todo equivocados, pero solo habían vislumbrado una parte de la verdad.

    Así que Jesús se dirige a aquellos que han viajado con él y han compartido su vida cotidiana: sus discípulos. ¡A estas alturas ya deberían saber quién es él! ‘Pero ¿quién decís que soy yo?’, pregunta Jesús. Pedro responde: ‘El Cristo de Dios’. Ha vivido taaaaan cerca de Jesús y, sin embargo, incluso Pedro tiene aún mucho por descubrir. Jesús revela inmediatamente algo que nunca podrían haber esperado: el Mesías sufrirá, será rechazado y condenado a muerte. Pedro conoce el título de 'Cristo', pero aún no comprende todo lo que ese título implica. Quizá eso sea cierto para todas las personas a las que amamos: hay profundidades en su interior que ni siquiera años de amistad pueden desvelar por completo. Cuánto más, pues, es esto cierto en el caso de Cristo. Podemos pasar toda una vida conociéndole y seguir descubriendo que siempre hay más. Ahí reside algo hermoso en el corazón de nuestra fe: podemos pasar toda una vida conociéndole a Jesús y seguir descubriendo que siempre hay más de él por descubrir.

    La ‘Transfiguración’ de Fra Angelico nos adentra de forma maravillosa un poco más en la cuestión central del Evangelio de hoy: ‘¿Quién decís que soy yo?’. Pedro ya ha respondido: «El Cristo de Dios», pero es en la Transfiguración, apenas unos versículos más adelante en el Evangelio de Lucas, cuando realmente empiezan a darse cuenta. En la montaña, el Jesús que Pedro, Santiago y Juan creían conocer aparece de repente ante ellos en una gloria deslumbrante. Por un breve instante, se levanta el velo. Se les permite vislumbrar que hay infinitamente más en este hombre con el que han estado caminando de lo que jamás habían imaginado.

    Fra Angelico pintó esta ’Transfiguración» entre 1440 y 1442 directamente sobre la pared de la celda n.º 6 del convento dominico de San Marcos, en Florencia. Formaba parte de un extraordinario conjunto de más de cuarenta frescos creados por Fra Angelico en todo el convento, recién reconstruido. Las celdas de los frailes, situadas en la planta superior, eran deliberadamente austeras: habitaciones pequeñas, paredes encaladas, una ventana y poco más. Sin embargo, cada celda contaba con su propio fresco, normalmente una escena de la vida o la Pasión de Cristo. No se trataba de decoraciones en el sentido moderno del término. ¡Eran compañeros! Compañeros de oración. Un fraile dominico se despertaba, estudiaba, rezaba y dormía con esta única imagen sagrada continuamente ante sus ojos.

    Hay algo profundamente bello en la celda 6 en particular. Fra Angelico despoja a la Transfiguración de casi todo lo superfluo. Apenas hay paisaje; Cristo simplemente se eleva ante nosotros en un blanco resplandeciente, rodeado de un gran resplandor, mientras que Pedro, Santiago y Juan se agachan a sus pies, abrumados por lo que ven. Moisés y Elías aparecen casi misteriosamente como cabezas incorpóreas, mientras que la Virgen María y Santo Domingo permanecen en los extremos, sumidos en la oración. Los brazos de Cristo están bien abiertos, insinuando ya la Cruz que le espera. Imagina al fraile que vivió aquí volviendo a esta imagen día tras día, quizá durante años. Nunca se esperaba que ‘terminara’ de contemplarla, como si su misterio pudiera agotarse alguna vez. Porque, al igual que el fresco seguiría revelándose a lo largo de toda una vida de contemplación, lo mismo ocurre con Cristo: por mucho que lo miremos, por muy profundamente que recemos, siempre hay algo más de él por descubrir.

    by Padre Patrick van der Vorst

    Oración

    ¡Quiero conocerte, Señor, y aprender de Ti! ¡Quiero, mi Señor Jesús, conocerte íntimamente, profundizar en tu verdad, aprender de tu amor, interiorizar  palabras y tus gestos! ¡Este es mi anhelo, Señor!

     ¡Quiero conocer y llegar hasta lo más profundo de tu Sagrado Corazón, aprender de tu amor, de tu misericordia y de tu perdón! ¡Quiero, Señor, conocerte más y mejor para vivir en Ti y desde Ti hacia los demás! ¡Quiero, Señor, conocerte para hacerme más pequeño, más sencillo, más pobre, más vacío de mí! 

    ¡Quiero conocerte, Señor, quiero conocer la profundidad de tu misericordia que vence mi incapacidad para pecar, que derrota mis debilidades y mi pecados y, sobre todo, sostiene con firmeza mi alma! ¡Quiero conocerte, Señor, como hizo Tu Madre! ¡Y a Ti, María, Madre de Amor y de Misericordia, a Ti me acojo para que me ayudes a ir de Tu mano siempre para conocer más a Jesús! ¡A Ti me acojo, Madre, para entrar en el corazón de Dios! 

    (orarconelcoorazonabierto)

    jueves, 24 de septiembre de 2026

    Evangelio del día - Memoria libre de Nuestra Señora de la Merced


     


    San Gerard Venecia , San AndoquioMás...

    Libro de Eclesiastés 1,2-11.

    ¡Vanidad, pura vanidad!, dice Cohélet. ¡Vanidad, pura vanidad! ¡Nada más que vanidad!
    ¿Qué provecho saca el hombre de todo el esfuerzo que realiza bajo el sol?
    Una generación se va y la otra viene, y la tierra siempre permanece.
    El sol sale y se pone, y se dirige afanosamente hacia el lugar de donde saldrá otra vez.
    El viento va hacia el sur y gira hacia el norte; va dando vueltas y vueltas, y retorna sobre su curso.
    Todos los ríos van al mar y el mar nunca se llena; al mismo lugar donde van los ríos, allí vuelven a ir.
    Todas las cosas están gastadas, más de lo que se puede expresar. ¿No se sacia el ojo de ver y el oído no se cansa de escuchar?
    Lo que fue, eso mismo será; lo que se hizo, eso mismo se hará: ¡no hay nada nuevo bajo el sol!
    Si hay algo de lo que dicen: "Mira, esto sí que es algo nuevo", en realidad, eso mismo ya existió muchísimo antes que nosotros.
    No queda el recuerdo de las cosas pasadas, ni quedará el recuerdo de las futuras en aquellos que vendrán después.


    Salmo 90(89),3-4.5-6.12-13.14.17.

    Tú haces que los hombres vuelvan al polvo,
    con sólo decirles: “Vuelvan, seres humanos”.
    Porque mil años son ante tus ojos
    como el día de ayer, que ya pasó,
    como una vigilia de la noche.

    Tú los arrebatas, y son como un sueño,
    como la hierba que brota de mañana:
    por la mañana brota y florece,
    y por la tarde se seca y se marchita.

    Enséñanos a calcular nuestros años,
    para que nuestro corazón alcance la sabiduría.
    ¡Vuélvete, Señor! ¿Hasta cuándo...?
    Ten compasión de tus servidores.

    Sácianos en seguida con tu amor,
    y cantaremos felices toda nuestra vida.
    Que descienda hasta nosotros
    la bondad del Señor;
    que el Señor, nuestro Dios,

    haga prosperar la obra de nuestras manos.


    Evangelio según San Lucas 9,7-9.

    El tetrarca Herodes se enteró de todo lo que pasaba, y estaba muy desconcertado porque algunos decían: "Es Juan, que ha resucitado".
    Otros decían: "Es Elías, que se ha aparecido", y otros: "Es uno de los antiguos profetas que ha resucitado".
    Pero Herodes decía: "A Juan lo hice decapitar. Entonces, ¿quién es este del que oigo decir semejantes cosas?". Y trataba de verlo.

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


    Bulle

    Orígenes (c. 185-253)
    presbítero y teólogo
    Homilía sobre el Génesis, I 5-7; SC 7, pag 70-73


    “Herodes trataba de ver a Jesús”

    El sol y la luna iluminan nuestros cuerpos. Así, Cristo y la Iglesia iluminan nuestro espíritu. Por lo menos los iluminan si nosotros no somos unos ciegos en el espíritu. Porque así como el sol y la luna no dejan de irradiar su claridad sobre los ciegos que no ven la luz, así Cristo envía su luz a nuestro espíritu. Pero esta iluminación sólo será efectiva si nuestra ceguera no les ofrece obstáculo. Pues bien, por de pronto que los ciegos sigan a Cristo gritando: “¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!” (Mt 9,27) y cuando hayan recobrado la vista, gracias a Cristo, serán iluminados por el esplendor de su luz.
    Pero no todos los que ven son iluminados de la misma manera por Cristo. Cada uno lo es según la medida de la que es capaz de recibir la luz (cf Lc 23,8ss)...No vamos todos a él por el mismo camino, sino cada uno va según sus propias posibilidades.(cf Mt 25,15)
    (EDD)


    La festividad de Nuestra Señora de la Merced (o de las Mercedes) se celebra cada 24 de septiembre, siendo una de las advocaciones marianas más entrañables y de mayor arraigo histórico en el Perú, donde es reconocida como Patrona de las Armas del Perú y de los Campos de Lima. [1, 2]  También  se celebra en muchas otros lugares del mundo.

    Reflexión sobre el estandarte procesional

    La fiesta de Nuestra Señora de Walsingham honra uno de los santuarios marianos más preciados de Inglaterra, que se encuentra en Walsingham, Norfolk. Sus orígenes se remontan a 1061, cuando Richeldis de Faverches, la noble del lugar, recibió tres visiones de la Virgen María. En estas visiones, María le mostró la casa de la Anunciación en Nazaret y le pidió que construyera una réplica en Walsingham, para que se convirtiera en un lugar de peregrinación y oración. Según la tradición, María prometió: "Quien busque mi ayuda allí no se irá con las manos vacías".

    Walsingham se convirtió rápidamente en uno de los mayores destinos de peregrinación de la Europa medieval, ganándose el título de "el Nazaret de Inglaterra". Reyes y plebeyos por igual recorrían descalzos la milla santa para rezar en el santuario. Sin embargo, como tantos otros lugares sagrados, fue destruido durante la Reforma de Enrique VIII y la disolución de los monasterios. Durante siglos, el santuario estuvo en ruinas, pero la devoción a Nuestra Señora de Walsingham nunca desapareció del todo. En los siglos XIX y XX revivió con nuevo vigor, y hoy en día acuden a Walsingham peregrinos de todo el mundo.

    En los santuarios marianos como Walsingham, Lourdes y Fátima, las procesiones constituyen una parte fundamental de la devoción, especialmente las procesiones a la luz de las velas o del rosario, que reúnen a los peregrinos en un acto visible de amor hacia Nuestra Señora. Estas procesiones suelen contar con estandartes procesionales, ricamente bordados con imágenes de la Virgen María, de santos o de escenas bíblicas. Dichos estandartes son hermosos y representan, literalmente, una “iglesia peregrina en movimiento”. Estas procesiones y sus estandartes también recuerdan a los participantes que la fe no es solo algo privado, sino también algo que se testimonia públicamente. La tradición de los estandartes procesionales se remonta a la Antigüedad, desarrollándose inicialmente a partir de los estandartes militares romanos y las insignias cívicas que se adaptaron al culto cristiano.

     En los siglos XII y XIII, los estandartes eran un elemento habitual en las procesiones litúrgicas y marianas, y se utilizaban para identificar a los gremios, las cofradías y las parroquias. Son pocos los estandartes procesionales medievales que han sobrevivido, precisamente porque estaban hechos de tejidos frágiles y se sometían a un uso intensivo. Al ser transportados al aire libre, expuestos al viento, la lluvia y la luz del sol, y sometidos a un manejo repetido, eran mucho más vulnerables que las pinturas o las esculturas que se conservaban a salvo en el interior.

    Las estandartes en sí mismas suelen ser bienes muy apreciados por las parroquias, que se transmiten con reverencia de generación en generación. Nuestra ilustración muestra una estandarte bordada de finales del siglo XIX, muy detallada, que representa a Nuestra Señora de Walsingham  (de la Merced) y el escudo de armas de la Diócesis de Richmond, EE. UU.

    Nuestra Señora de Walsingham (de la Merced), ruega por nosotros.

    by Padre Patrick van der Vorst

    Oración

    María, Merced de Dios, regalo de Cristo a los hombres. La Trinidad Santa te envió a Barcelona, mensajera de libertad y misericordia, para, por medio de Pedro Nolasco, mostrarte corredentora, mediadora, Madre de todos, ternura de Dios para los pobres.

    Madre de la Merced, enséñanos a valorar nuestra fe cristiana, haznos capaces de amar con caridad mercedaria, conviértenos en portadores de paz.

    Que tus besos derritan la violencia que nos envuelve, hasta que recuperemos, en tu regazo materno, la ilusión de familia, transformado el mundo en un hogar.

    Bendice esta ciudad tuya, que te proclama patrona y princesa y gusta, enamorada, de llamarte madre.