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viernes, 11 de septiembre de 2026

De «punky» y drogadicto a padre de 9 hijos: una paliza acabó llevándole al hospital y de ahí a Dios

Unas catequesis del Camino Neocatecumenal lograron que de un día para otro dejara la vida punk.

Ricardo pasó de punk a formar una familia numerosa con 9 hijos tras su conversión.

Ricardo pasó de punk a formar una familia numerosa con 9 hijos tras su conversión.


    Ricardo Pareja Meseguer es ahora marido, padre de nueve hijos y evangelizador digital. Su vida, como reconoce este catalán de casi 50 años, es un milagro. Sigue vivo por la gracia de Dios, pues antes de conocer la Iglesia era punk, con su estrafalaria estética y su cresta, estaba metido en el mundo de la droga y borracho todo el día en la calle. El empeño de su tía, que rezaba por él en todo momento, y una paliza que le propinaron unos neonazis en la que perdió la visión en un ojo, fueron el desencadenante que acabaron llevándole a Dios.

    Unas catequesis del Camino Neocatecumenal lograron que de un día para otro dejara la vida punk, todos los vicios y arreglara las cosas con su familia. Ya estando en esta realidad eclesial conoció a la que hoy es su mujer, ella también entró en la Iglesia, y juntos crearon esta familia numerosa.

    Vida punk, drogas y alcohol

    Yo era uno de esos ‘punkies’ de mediados de los 80 que estaba metido en la droga,siempre borracho, iba con una cresta de gallo y encadenado con cadenas gruesas, no me lavaba, andaba con unos colegas donde el amor libre y la homosexualidad eran el ambiente dominante. Realmente estaba hecho un asco y nadie daba un céntimo por mi vida”, explica Ricardo.

    Todo estalló cuando estudió en una academia de peluquería. Era una persona muy tímida y pasó una mala experiencia. “En esa situación –cuenta este barcelonés- conocí una chica punk y me fascinó ese mundo. Entrar en él era como salir de golpe de la timidez y echarle cara a todo y como no, para esta hazaña necesitaba la ayuda del alcohol y de las drogas”.

    Así era Ricardo antes de conocer a Dios

    La paliza con la que casi le matan

    Su vida se convirtió en una espiral de vicios y malas compañías. Su familia temía que cualquier día llegara una llamada diciéndoles que su hijo estaba muerto. Y esto estuvo a punto de suceder. “Cuando peor estaba, el Señor, que ya había intentado atraerme con lazos de amor sin éxito, me hizo vivir una experiencia que cambió mi vida para siempre… Un día me cogieron un grupo de neonazis, me golpearon con barras de hierro en la cabeza hasta que todo yo era brechas de sangre. Me dejaron medio muerto en mitad de la vía pública mientras la gente deambulaba sin hacer ni decir nada”, recuerda.

    Finalmente, una ambulancia le trasladó al hospital. Allí estuvo dos semanas ingresado y le dijeron que nunca más vería con uno de sus ojos.

    La convivencia que cambió su vida

    Poco antes de que le dieran el alta, su tía que siempre había rezado por él y le hablaba de Dios apareció con un matrimonio. Le invitaron a una convivencia. Y sin nada que perder acabó yendo.

    En aquella convivencia quedó fascinado con las catequesis. En una entrevista en Misioneros Digitales explica que “muchas cosas me impactaron. Por ejemplo, descubrir que en las Escrituras estaba mi vida, que no eran solo historias que pasaron, sino que era totalmente actual para mí. Que Dios me amaba tal como yo era a pesar de que era despreciable, que me quería tanto que había muerto y resucitado por mis pecados. Que me esperaba una vida plena de la mano de Cristo, que yo me había pasado la vida buscando el sentido y el sentido era amar y esto no lo podía realizar yo, que es un don de Dios”.

    Tras esta convivencia regresó a Barcelona y entró en una comunidad neocatecumenal de la parroquia de San Luis Gonzaga. Su vida dio un vuelco total, y entonces conoció a Merche, que no era creyente, y que acabó siendo su esposa y madre de sus nueve hijos. “El Señor nos permitió un noviazgo santo, ¡qué regalo! Era como un tesoro preciado para mí. El Señor me colmaba con creces… ¿merecía yo ese derroche de gracias? Sentía, sin duda, que no me lo merecía pero el Señor es infinitamente bondadoso. Tiempo después Merche entró a la Iglesia y nos casamos”.

    La conversión es diaria

    Ricardo recuerda el cambio radical de su vida, pero también las luchas enormes a lo largo de los años. “Después de mi conversión, de casarme con Merche, aunque ya nunca consumí drogas, sí bebía con asiduidad y eso me volvió a traer problemas”, confiesa. Ya han pasado 10 años sin abusar del alcohol. Pero también “he tenido mis crisis de fe, porque la conversión es diaria, aunque en esto, mi esposa ha sido un instrumento de Dios y una ayuda perfecta”.

    Su vida tenía ya un orden. La relación con sus padres experimentó un cambio total. “Estaba recobrando la alegría perdida entre las falsas carcajadas de cuando estás colocado. Ya no necesitaba aparentar ni llamar la atención con una indumentaria. Podía estar limpio y perfumado, era un joven contento con su vida porque hasta lo más oscuro de mi vida pertenecía a mi historia de salvación”.

    Sus hijos conocen su historia

    Tampoco ha ocultado nunca a sus hijos cuál ha sido su pasado. Ricardo afirma que “siempre les he hablado con franqueza de mi historia” porque “la vida es un misterio de alegrías y sufrimientos, de vigor y enfermedad, de luchas y noches oscuras. Pero todo es historia de salvación”.

    “Mis hijos –agrega este padre- me conocen, saben que muchas veces me equivoco, que a veces soy duro, cabezón, gritón y muchas más cosas, y aunque siempre hay un tiempo en la adolescencia en el que parece que yo soy como el enemigo, la verdad es que es un tiempo que pasa y a la luz de la fe ellos también descubren que lo que a su padre le pasa también en parte les pasa a ellos. Para nada somos perfectos, una familia tan numerosa la hace grande el Señor, porque nos reconciliamos, rezamos los unos por los otros y eso es lo más”.

    El mundo necesita apóstoles

    Ricado Pareja es consciente de la necesidad de Dios que hay en el mundo y por ello evangeliza también a través de Internet. A tiempo y a destiempo. En la entrevista explica que “los divorcios superan en muchos países a las bodas, los jóvenes han perdido el sentido del esfuerzo, la capacidad de sufrimiento, no saben lo que es el amor. Todo es sexo y libertinaje. No podemos estar impasibles a este terrorismo que nos sacude. Los ancianos nadie los quiere porque ya no producen sólo son un gasto y cuidarlos nos destruye. Estamos construyendo una sociedad individualista donde todo se realiza a través de una pantalla, sin el trato humano, sin que se puedan conocer personalmente al otro y amarlo. Donde sólo hay un dios que es el dinero. En nuestra mano está decir la verdad, y la verdad es que el que tiene el Espíritu de Jesucristo tiene un corazón dispuesto a amar. Esto es lo que esta sociedad necesita, porque si tú has experimentado que Cristo te ama, tú ya no abortas, ni metes a tus padres en el asilo, ni dejas a tu mujer por otra más joven. El problema está en el corazón y Dios es un renovador de corazones. Por eso, que mejor aprovechar estos medios que llegan a tanta gente”.

    Javier Lozano, ReL

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    Las palabras de León XIV a una joven que intentó suicidarse

    Ante 40 mil personas que participaban en la vigilia en el estadio olímpico de Barcelona, Carmina habló de su lucha contra la depresión y le preguntó al Papa cómo confiar en Dios en la oscuridad

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    Ante 40 mil personas, este martes en la vigilia con el Papa León XIV en el estadio olímpico de Barcelona, una profesora de secundaria, Carmina, habló de la “enfermedad silenciosa” de su depresión que la llevó incluso a intentar suicidarse.

    Desde el escenario presidido por una gran cruz gaudiniana, la joven le preguntó a León XIV: “¿Cómo podemos confiar en Dios si parece que nada, ni siquiera una misma, vale la pena?”.

    La respuesta del Papa alcanza a cualquier persona sumida en la oscuridad.

    “Ante todo, gracias por compartir tu experiencia de sufrimiento -le dijo-. Me conmueve que puedas hablar de ello, que estés aquí entre nosotros y que hayas encontrado la fuerza de acoger esta segunda posibilidad que el Señor te da”.

    León XIV constató que “hay momentos de oscuridad y de sufrimiento que nuestra sociedad hace callar”. Y alertó ante los que “nos quieren siempre vencedores y perfectos”, los que tratan de eliminar o silenciar el “límite de la fragilidad y el dolor” empujando a la soledad o incluso la vergüenza.

    En cambio, “tus palabras nos han mostrado que el dolor pone a prueba la fe y el sentido de la vida”, agradeció.

    Cruz

    “En estos momentos podemos pensar instintivamente que también Dios nos ha abandonado -reconoció-, pero la cruz de Jesús nos dice que Dios no nos abandona”.

    En ella “su sufrimiento se vuelve oración y grito y eso vale también para nosotros frente a las situaciones más difíciles y dolorosas”, afirmó.

    “Cuando Dios parece ausente, debemos confiarle una vez más las cargas que llevamos en el corazón, incluso gritándole a Él, incluso protestando como Job, seguros de que de algún modo Él se hace presente y se acerca”, invitó.

    “Pero pienso que no podemos hacerlo solos”, precisó. Y animó a “en las horas de dolor, al menos en cuanto sea posible abrirnos a alguien que nos ayude a orar de manera sencilla, que nos acompañe, que nos tome de la mano y nos haga salir de este grito”.

    También propuso no “espiritualizar el dolor” reconduciéndolo misteriosamente a la voluntad de Dios, porque se corre el riesgo de “minimizar el sufrimiento, silenciarlo, herir” a las personas.

    “Dios no quiere el sufrimiento -afirmó-: lo lleva con nosotros, y nos invita a confiar en Él de modo perseverante”.

    Para León XIV es “un milagro maravilloso” que Carmina se haya levantado y retomado el camino, como tantos personajes del Evangelio que sanan en contacto con Jesús.

    Salud mental

    “Es importante tomar conciencia de cómo la salud mental se ve cada vez más amenazada en el contexto de sociedades que se consideran avanzadas”, destacó.

    Y añadió que “es una señal de que hay algo profundamente equivocado en una cierta idea de crecimiento que somete a presiones y tensiones que comprometen equilibrios fundamentales”.

    “Por eso se necesita un sistema sanitario que incluya entre sus prioridades este malestar invisible y generalizado que afecta también a los jóvenes”, dijo. 

    Dios llora nuestras lágrimas

    Después el Papa habló de las “horas de angustia y dolor” que Jesús vivió cuando se acercaba su muerte.

    “En realidad no se trata solo de un sufrimiento personal -afirmó-: el Hijo de Dios está sufriendo en su propia carne toda la angustia, soledad y sufrimiento de toda la humanidad”.

    “Muriendo en la cruz, Jesús comparte nuestro dolor -explicó- y nos revela el rostro de un Dios compasivo que carga y sufre con nosotros, llora nuestras lágrimas y permanece a nuestro lado con su presencia llena de amor y misericordia”.

    Además de esta profesora de secundaria, otros dos jóvenes ofrecieron sus impactantes testimonios de conversión y plantearon preguntas al Papa, sobre el perdón y el sentido de la vida.

    Fraternidad

    La vigilia incluyó también actuaciones musicales, reflexiones, oración e incluso el levantamiento de una torre humana por una “colla castellera, una tradición catalana que expresa la fraternidad tan promovida por el Papa.

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    STEFANO RELLANDINI | AFP

    Decenas de sacerdotes confesaban sin parar a algunos asistentes que se acercaban a recibir el sacramento de la reconciliación.

    Como Álvaro Zaragoza, quien asegura que “el Papa nos toca dentro, con mensajes como el de la unidad, para que el Espíritu Santo llegue a cada uno de nosotros y nos reencienda”.

    Álvaro Zaragoza fue uno de las decenas de sacerdotes que confesaron durante la vigilia del Papa


    También los voluntarios organizaban los accesos y se encargaban de varios servicios de orden.

    Entre ellos, Antonella y María del Socorro, de la parroquia de la Sagrada Familia de Barcelona, ofrecían con una sonrisa abanicos y botellas de agua.

    “Como católicos tenemos que estar en este momento de la historia en línea con él -subrayan-: él habla de la fraternidad, de recibir al otro, de que no se puede abortar, de cambiar el enfrentamiento con el otro por el abrazo”.

    La celebración acabó con un canto a la Virgen de Montserrat, cuya imagen se encontraba en el centro del escenario, por los niños de la Escolanía de Montserrat.

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    Patricia Navas, Aleteia

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    J.R.R. Tolkien sobre su matrimonio y su receta del éxito

    Era miércoles, 22 de marzo de 1916. John Ronald Reuel Tolkien, un soltero de 24 años de Staffordshire, se casó con Edith Bratt, una soltera de 27 años de Warwick. Compartieron cincuenta y cinco años juntos, que abarcaron dos guerras mundiales, el nacimiento de cuatro hijos y el éxito literario de las obras maestras de Tolkien: "El Hobbit" y "El Señor de los Anillos". Su feliz matrimonio es una de las historias de amor verdadero más bellas. ¿Dejaron tras de sí una fórmula para la felicidad?


    John conoció a Edith muy joven, en 1908, cuando él tenía 16 años y ella 19. Ella lo cautivó desde el primer momento; la reconoció como un alma gemela y comenzaron a reunirse para tomar el té por la tarde. Hablaban mucho, organizaban picnics y, en momentos de locura, lanzaban terrones de azúcar desde las ventanas a los sombreros de los transeúntes.

    "Y nuestras buenas noches, cuando a veces estabas con tu camisón blanco, y nuestras absurdas y largas conversaciones a través de la ventana; y cómo pasábamos horas viendo amanecer sobre la ciudad a través de la niebla, y nuestros paseos en bicicleta, y nuestras apasionadas conversaciones, y nuestros tres grandes besos", recordó años después.

    Todo esto duró hasta que el padre Morgan, quien cuidó de los hermanos Tolkien tras la muerte de su madre, descubrió el primer amor de John. Les prohibió estrictamente el contacto. Le pidió que se concentrara en sus estudios y que volviera a las reuniones románticas después de cumplir veintiún años. Tolkien obedeció.

    Tras cinco años de espera, en su vigésimo primer cumpleaños, le escribió una carta a Edith pidiéndole matrimonio. Aunque tuvieron que esperar otros tres años para la boda —tiempo durante el cual Edith se convertiría del anglicanismo al catolicismo—, sus caminos jamás se separarían. Atravesarían muchas dificultades, y los problemas económicos serían inevitables —los escritos de Tolkien no les proporcionaron estabilidad inmediata—, sufrirían enfermedades y cambiarían de domicilio, pero jamás se cambiarían por nadie. "Separarme de mi esposa, inmediatamente después de nuestra boda, fue como morir", escribió cuando lo enviaron al frente en junio de 1916.

    Lúthien y Bern, o Edith y John

    Su esposa era su amiga y musa. Años después, mientras escribía la historia de la Tierra Media, inspirado por su propio matrimonio, introdujo en la mitología la historia de Beren y Lúthien, la más bella de los elfos, rindiendo así homenaje al único amor de su vida. "Nunca llamé a Edith como Lúthien, pero ella fue la fuente de la historia, que en aquel entonces constituía el corazón de El Silmarillion. La historia nació en un pequeño claro del bosque lleno de trébol en Roos, Yorkshire, donde en 1917 comandé la guarnición de Humber durante un breve tiempo; entonces mi amada pudo vivir conmigo. En aquel entonces, tenía el cabello negro como el azabache y la piel tersa. Sus ojos eran más brillantes de lo que jamás hayas visto. Bailaba y cantaba", escribió en una carta a su hijo. Los nombres de Beren y Lúthien fueron inscritos en la tumba de la familia Tolkien.

    ¿Cómo construir un matrimonio exitoso?

    ¿Qué se puede hacer para permanecer juntos en la salud y en la enfermedad, como los Tolkien, durante 55 años? Hay que ser realista, conocer las propias debilidades y cultivar una relación con Dios, porque por cuenta propia, mantenerse fiel es casi imposible. Tolkien intentaba asistir a misa todos los días, llevaba a sus hijos a la iglesia y Edith los esperaba en casa con el desayuno. Era trabajador, muy sociable y recibía con gusto a profesores de Oxford en su casa para debates académicos. Edith no compartía todas las ideas de su marido, pero con el paso de los años llegaron a un acuerdo que les permitió vivir una vida tranquila, algo que no fue fácil para el escritor en lengua inglesa más eminente del siglo XX.

    La receta de Tolkien

    "Los hombres no son monógamos. No tiene sentido fingir. Los hombres no son así por naturaleza. La fidelidad en los matrimonios cristianos presupone una gran mortificación", instruyó a su hijo Michel, añadiendo que el matrimonio cristiano puede ayudar a un hombre a santificar y dirigir sus deseos sexuales hacia el objetivo correcto; la gracia del sacramento puede ayudarlo en su lucha, pero la lucha siempre permanecerá en su vida.

    "Ningún hombre, por mucho que haya amado a su esposa en su juventud, podría serle fiel en mente y cuerpo sin ejercer conscientemente su voluntad, sin abnegación. A muy pocos hombres se les dice esto, incluso a aquellos criados en la Iglesia", y por eso ocurren tragedias. La atracción sexual está sujeta a cambios, pero la perseverancia en la fidelidad de por vida está determinada por un vínculo de alma, amistad, pasiones compartidas y respeto.

    "Cuando el hechizo se desvanece, o simplemente se vuelve menos efectivo, los hombres piensan que han cometido un error y necesitan encontrar otra 'alma gemela'". Y esa "alma gemela" suele ser la siguiente persona sexualmente atractiva que conocen. Alguien con quien se casarían con gusto y provecho.. "Y ahí es donde entra el divorcio", le explicó Tolkien a su hijo. Para que un matrimonio perdure a pesar del paso del tiempo, no se requiere tanto éxtasis constante, sino trabajo, fuerza de voluntad y actos diarios realizados con amor.

    Agnieszka Bugała, Aleteia

    Vea  también     El Matrimonio en el Plan de Dios



    Evangelio del día viernes 23a. semana del tiempo ordinario

     



    San Pafnucio Tebaida , Beato Gaspar KotedaMás...

    Carta I de San Pablo a los Corintios 9,16-19.22b-27.

    Hermanos:
    Si anuncio el Evangelio, no lo hago para gloriarme: al contrario, es para mí una necesidad imperiosa. ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!
    Si yo realizara esta tarea por iniciativa propia, merecería ser recompensado, pero si lo hago por necesidad, quiere decir que se me ha confiado una misión.
    ¿Cuál es entonces mi recompensa? Predicar gratuitamente la Buena Noticia, renunciando al derecho que esa Buena Noticia me confiere.
    En efecto, siendo libre, me hice esclavo de todos, para ganar al mayor número posible.
    Me hice todo para todos, para ganar por lo menos a algunos, a cualquier precio.
    Y todo esto, por amor a la Buena Noticia, a fin de poder participar de sus bienes.
    ¿No saben que en el estadio todos corren, pero uno solo gana el premio? Corran, entonces, de manera que lo ganen.
    Los atletas se privan de todo, y lo hacen para obtener una corona que se marchita; nosotros, en cambio, por una corona incorruptible.
    Así, yo corro, pero no sin saber adónde; peleo, no como el que da golpes en el aire.
    Al contrario, castigo mi cuerpo y lo tengo sometido, no sea que, después de haber predicado a los demás, yo mismo quede descalificado.


    Salmo 84(83),3.4.5-6.12.

    Mi alma se consume de deseos
    por los atrios del Señor;
    mi corazón y mi carne claman ansiosos
    por el Dios viviente.

    Hasta el gorrión encontró una casa,
    y la golondrina tiene un nido
    donde poner sus pichones,
    junto a tus altares, Señor del universo,
    mi Rey y mi Dios.

    ¡Felices los que habitan en tu Casa
    y te alaban sin cesar!
    ¡Felices los que encuentran su fuerza en ti,
    al emprender la peregrinación!

    Porque el Señor es sol y escudo;
    el Señor da la gracia y la gloria,
    y no niega sus bienes
    a los que proceden con rectitud.


    Evangelio según San Lucas 6,39-42.

    Jesús hizo a sus discípulos esta comparación: "¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un pozo?
    El discípulo no es superior al maestro; cuando el discípulo llegue a ser perfecto, será como su maestro.
    ¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo?
    ¿Cómo puedes decir a tu hermano: 'Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo', tú, que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano."

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



    Bulle

    San Cirilo de Alejandría (380-444)
    obispo y doctor de la Iglesia
    Comentario al Evangelio de Lucas, 6; PG 72, 601


    El discípulo aventajado será como su maestro

        «El discípulo no es más que su maestro, si bien cuando termine su aprendizaje, será como su maestro» Los bienaventurados discípulos estaban destinados a ser guías y maestros espirituales de toda la tierra. Debían, pues, dar prueba, más que los demás, de un fervor sobresaliente, estar familiarizados con la manera de vivir según el Evangelio y acostumbrados a practicar toda obra buena. Debían transmitir a los que instruirían la doctrina exacta, saludable y estrictamente según la verdad, después de haberla contemplado ellos mismos y haber dejado que la luz divina iluminara su inteligencia. Sin lo cual serían ciegos conduciendo a otros ciegos. Porque los que están sumergidos en las tinieblas de la ignorancia no pueden conducir al conocimiento de la verdad a los hombres que son víctimas de la misma ignorancia. Por otra parte, no querrían que cayeran todos juntos en el abismo de sus malas tendencias.
    Por eso el Señor ha querido frenar la pendiente que conduce a la jactancia que se encuentra en tanta gente, y disuadirlos de querer rivalizar con sus maestros para llegar a tener más reputación que éstos. Les dijo: «El discípulo no es más que su maestro». Aunque algunos llegaran a un grado de virtud igual a sus predecesores, deberían, sobre todo, imitar su modestia. Pablo nos da prueba de ello cuando dice: «Sed imitadores míos como yo lo soy de Cristo» (1C 11,1).
    Siendo así ¿por qué juzgas cuando el Maestro todavía no ha juzgado? Porque él no vino al mundo para  juzgarlo (Jn 12,47) sino para salvarlo... «Si yo no juzgo, dice, tampoco juzgues tú que eres mi discípulo. Es posible que tú seas culpable de aquel a quien juzgas... ¿Por qué tienes que mirar la paja en el ojo de tu hermano?»
    (EDD)

    Reflexión sobre la escultura

    En la lectura del Evangelio de hoy, Jesús plantea una pregunta maravillosamente sencilla: "¿Puede un ciego guiar a otro ciego?". A continuación, describe una escena deliberadamente cómica en la que alguien intenta quitarle una pequeña astilla del ojo a otra persona mientras tiene una gran viga de madera clavada en el suyo. La imagen nos hace sonreír, pero también nos hace reflexionar… ¡ya que todos tenemos puntos ciegos!

    Hay aspectos de nosotros mismos que no logramos ver: nuestros prejuicios, nuestro orgullo, nuestra impaciencia, nuestras suposiciones. A menudo nos damos cuenta de los defectos de los demás mucho más rápido de lo que reconocemos los nuestros. Jesús no nos pide que nunca nos corrijamos unos a otros. Más bien, nos invita a empezar por nosotros mismos. Solo cuando permitimos que Dios nos sane podemos ayudar de verdad a otra persona.

    La historia de San Pablo ilustra esto a la perfección. Antes de su conversión en el camino a Damasco, Pablo creía sinceramente que estaba sirviendo a Dios al perseguir a los cristianos. Estaba convencido de que tenía razón, pero estaba profundamente equivocado. Solo cuando Cristo se le apareció se puso de manifiesto su ceguera. Se le cayeron las escamas de los ojos. Pablo descubrió que el mayor peligro no es simplemente estar equivocado, sino estar tan seguro de tener razón que ya no permitimos que Dios nos corrija.

    La obra de arte sobre la que reflexionamos hoy es la famosa escultura de Banksy con los ojos vendados, instalada en las primeras horas de la mañana del 29 de abril de 2026 en Waterloo Place, cerca de St James’s, en Londres. Sigue allí y merece la pena visitarla. Al tapar los ojos de una figura pública, Banksy plantea una pregunta que hoy es tan relevante como siempre: ¿a quién elegimos seguir? A lo largo de la historia, las sociedades han sufrido cada vez que la gente ha seguido ciegamente a líderes políticos, ideologías u opiniones públicas sin plantearse preguntas difíciles. La lealtad ciega puede llegar a ser peligrosa. Los cristianos nunca están llamados a seguir a personalidades de forma acrítica. Nuestra primera lealtad es siempre hacia Cristo, quien es el único "el camino, la verdad y la vida". Cualquier otra autoridad debe medirse a la luz de Su Evangelio.

    by Padre Patrick van der Vorst

    Oración

    Dios mío, guárdame de la soberbia que no reconoce sus errores. Hazme humilde para aprender, para corregir y para crecer. Quita de mí la necesidad de tener siempre la razón. Enséñame a escuchar, a observar y a cambiar cuando sea necesario.
    Inquebrantable soy en tu nombre.
    Amén.
    (Daniel Habif)

    jueves, 10 de septiembre de 2026

    Evangelio de día Jueves de la 23a semana del Tiempo Ordinario

     


    San Salvio de Albi , San Nemesio de EgiptoMás...

    Carta I de San Pablo a los Corintios 8,1b-7.11-13.

    Hermanos:
    El conocimiento llena de orgullo, mientras que el amor edifica.
    Si alguien se imagina que conoce algo, no ha llegado todavía a conocer como es debido;
    en cambio, el que ama a Dios es reconocido por Dios.
    En cuanto a comer la carne sacrificada a los ídolos, sabemos bien que los ídolos no son nada y que no hay más que un solo Dios.
    Es verdad que algunos son considerados dioses, sea en el cielo o en la tierra: de hecho, hay una cantidad de dioses y una cantidad de señores.
    Pero para nosotros, no hay más que un solo Dios, el Padre, de quien todo procede y a quien nosotros estamos destinados, y un solo Señor, Jesucristo, por quien todo existe y por quien nosotros existimos.
    Sin embargo, no todos tienen este conocimiento. Algunos, habituados hasta hace poco a la idolatría, comen la carne sacrificada a los ídolos como si fuera sagrada, y su conciencia, que es débil, queda manchada.
    Y así, tu, que tienes el debido conocimiento, haces perecer al débil, ¡ese hermano por el que murió Cristo!
    Pecando de esa manera contra sus hermanos e hiriendo su conciencia, que es débil, ustedes pecan contra Cristo.
    Por lo tanto, si un alimento es ocasión de caída para mi hermano, nunca probaré carne, a fin de evitar su caída.


    Salmo 139(138),1-3.13-14ab.23-24.

    Señor, tú me sondeas y me conoces,
    tú sabes si me siento o me levanto;
    de lejos percibes lo que pienso,
    te das cuenta si camino o si descanso,
    y todos mis pasos te son familiares.

    Tú creaste mis entrañas,
    me plasmaste en el seno de mi madre:
    te doy gracias porque fui formado
    de manera tan admirable.
    Sondéame, Dios mío, y penetra mi interior;

    examíname y conoce lo que pienso;
    observa si estoy en un camino falso`
    y llévame por el camino eterno.


    Evangelio según San Lucas 6,27-36.

    Jesús dijo a sus discípulos:
    «Yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian.
    Bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman.
    Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra; al que te quite el manto, no le niegues la túnica.
    Dale a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames.
    Hagan por los demás lo que quieren que los hombres hagan por ustedes.
    Si aman a aquellos que los aman, ¿qué mérito tienen? Porque hasta los pecadores aman a aquellos que los aman.
    Si hacen el bien a aquellos que se lo hacen a ustedes, ¿qué mérito tienen? Eso lo hacen también los pecadores.
    Y si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores, para recibir de ellos lo mismo.
    Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada en cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno con los desagradecidos y los malos.
    Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso.

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



    Bulle

    Santa Catalina de Siena (1347-1380)
    terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa
    Carta 42 al rey Luis de Hungría (Lettres, I, Téqui, 1976), trad. sc©evangelizo.org


    Los signos de la verdadera y perfecta caridad

    Querido padre en Cristo, el manso Jesús. Yo, Catalina, esclava de los servidores de Jesucristo, le escribo en su preciosa Sangre, con el deseo de verlo fundado en la verdadera y perfecta caridad. (…)
    He aquí los signos particulares que muestran si el alma tiene caridad o no. Ella no desprecia a nadie, sino que soporta con paciencia los defectos de otros. No se irrita, sino que está plena de mansedumbre, no convierte al hombre en injusto sino en justo, rendiendo a cada uno lo que le corresponde, ya sea que él obedezca o que mande. Da gloria a Dios y alabanza a su Nombre. Rechaza al odio y le da horror el pecado, ejerce el amor y la benevolencia con el prójimo. Si él es poderoso y tiene que ejercer la justicia, escucha al grande como al pequeño, al pobre como al rico. No mancha su conciencia cediendo a los elogios, a las amenazas, al placer o al displacer. Tiene la balanza derecha, dando a cada uno lo que quiere la justicia. Sirve con celo al prójimo, mostrando hacia él el amor que tiene por Dios: no puede rendir un servicio a Dios, pero se aplica a rendir servicio a los que Dios ama tanto, a la criatura razonable, que le es dada como intermediaria.
    ¡Qué dulce es la caridad, tierna madre! No existe tristeza en ella, ella es la alegría del que la posee.
    (EDD)

    Reflexión sobre nuestro logotipo

    El Evangelio de hoy contiene algunas de las palabras más exigentes que Jesús pronunció jamás: "Amad a vuestros enemigos… haced el bien a los que os odian… bendecid a los que os maldicen… orad por los que os maltratan". Por nosotros mismos, no es así como nos comportamos de forma natural. Instintivamente, correspondemos con amabilidad a quienes son amables con nosotros y con amistad a quienes nos quieren. Esa es, sencillamente, la naturaleza humana. Jesús nos invita a algo más grande. ¡Nos pide que no nos limitemos a reflejar nuestros propios instintos, sino que reflejemos el corazón mismo de Dios!

    El Libro del Génesis nos dice que cada persona humana ha sido creada a imagen y semejanza de Dios. Una imagen tiene por finalidad revelar a aquel a quien representa. Nuestra vocación, por tanto, es convertirnos en imágenes vivas de la compasión, la misericordia y la generosidad de Dios. Así como Cristo revela perfectamente al Padre, también nosotros estamos llamados a revelar a Cristo al mundo a través de nuestra forma de amar, perdonar y servir. Debemos ser Su imagen.

    Esta idea de 'imagen' se encuentra en el corazón mismo del cristianismo. La imagen por excelencia es Jesucristo, a quien san Pablo llama "la imagen del Dios invisible". En la Encarnación, el Dios invisible se hizo visible. Dado que Dios ha mostrado su rostro en Cristo, el arte cristiano siempre ha entendido que las imágenes pueden convertirse en ventanas al misterio de Dios. Nunca se veneran por sí mismas; nos ayudan a contemplar a Aquel a quien señalan. Cada icono, pintura, escultura o vidriera es una invitación a mirar más allá de lo visible y descubrir la realidad invisible de la presencia de Dios.

    En nuestro ministerio de Arte Cristiano queremos utilizar imágenes precisamente por esa razón: para reflexionar sobre el arte, señalando más allá de sí mismo, hacia Dios. Cuando nos pusimos a diseñar nuestro nuevo logotipo hace unos cuatro años, queríamos que transmitiera varias cosas. A primera vista, es una paleta de pintor, la herramienta familiar de todo artista. Sin embargo, también se puede ver la forma de una cruz dentro de la paleta. Creo que expresa de manera maravillosa nuestra misión: descubrir a Cristo a través del arte y reflexionar sobre la Belleza como un camino hacia Dios. La paleta nos recuerda el oficio del artista; la cruz nos recuerda que la mayor obra maestra jamás revelada es el amor abnegado de Cristo.

    Incluso los tres colores de la paleta encierran cierto simbolismo. El rojo evoca el amor, el sacrificio y la Preciosa Sangre de Cristo. El amarillo, el color del oro, representa desde hace mucho tiempo la luz divina, la gloria y el resplandor del cielo. El azul, tradicionalmente asociado a la Virgen María, simboliza el encuentro entre el cielo y la tierra. Juntos nos recuerdan que nuestro ministerio es, en esencia, un ministerio de imágenes... no imágenes que se agotan en sí mismas, sino imágenes que conducen más allá de sí mismas. Gracias de nuevo por todo vuestro apoyo y por leer nuestras reflexiones diarias.

    by Padre Patrick van der Vorst

    Oración

    Señor, te pido por mis amados críticos, Aquellos que señalaron mis errores, mis defectos y mis fallas. Algunos de ellos me ayudaron a descubrir aspectos de mí mismo que yo no era capaz de ver. Otros me obligaron a purificar mis intenciones para servirte sin depender del reconocimiento de los hombres. Otros me enseñaron que es imposible agradar a todo el mundo y que la paz no consiste en ser aprobado por todos, sino en ser fiel a Ti. Si me hubiera rodeado solamente de aduladores, quizá nunca habría crecido de verdad. Bendícelos, Señor, y ayúdalos a crecer en prudencia y caridad para corregir. Sana esa herida que lleva a algunos a rebajar a otros para sentirse superiores.
    Señor, te pido por mis amados traidores, Por aquellos en quienes confié y me decepcionaron. Gracias porque, aunque me hicieron sufrir, me enseñaron que sólo Tú eres absolutamente fiel. Gracias porque me ayudaron a distinguir entre la ingenuidad y la confianza verdadera. Gracias porque me hicieron más prudente y más consciente del valor inmenso de la lealtad, y también porque me hicieron descubrir en quienes sí puedo confiar de verdad. Bendícelos, Señor, sé que no estaban en contra mía, sino a favor de sí mismos. Ayúdalos a descubrir la alegría de ser dignos de confianza.
    Señor, te pido por mis amados causantes de heridas emocionales. Por quienes me rechazaron, me ignoraron, me hicieron sentir insuficiente o poco importante. Algunos dejaron cicatrices que todavía duelen. Pero también gracias a ellos aprendí a buscar mi valor en Ti y no en la aceptación de los demás. Me enseñaron que mi dignidad no depende de quien me ama o me rechaza, sino de que soy hijo tuyo. Señor, sana sus propias heridas, porque muchas veces quien hiere profundamente es alguien que también sangra por dentro. Igual que tú, los perdono, porque no sabían lo que hacían.
    Señor, te pido por mis amados ladrones. Por quienes me quitaron dinero, oportunidades, tiempo, reputación o tranquilidad. Nunca estuvo bien lo que hicieron, pero me ayudaron a recordar que las cosas materiales son pasajeras y que mi verdadera riqueza está en Ti. Me enseñaron a valorar más lo que tengo y a vivir con menos apegos. Bendícelos, Señor. Que aprendan la alegría de ganar el pan honestamente y que descubran que la paz de una conciencia limpia vale más que cualquier botín.
    Señor, te pido por mis amados mentirosos.
    Por aquellos que me engañaron, me ocultaron la verdad o manipularon los hechos para su beneficio. Gracias porque me enseñaron a ser más atento, más prudente y menos ingenuo. Gracias porque me hicieron apreciar aún más la verdad y la transparencia. Bendícelos, Señor. Libéralos del miedo que los lleva a esconderse detrás de máscaras. Que entiendan que la verdad nos hace libres, y la mentira, esclavos.
    Señor, te pido por mis amados difamadores.
    Por quienes hablaron mal de mí, inventaron historias o sembraron sospechas sobre mi nombre. Gracias porque me enseñaron que la verdad no siempre necesita defenderse a gritos y que la conciencia tranquila vale más que una fama impecable. Gracias porque me ayudaron a comprender un poco mejor lo que Tú mismo sufriste cuando fuiste acusado injustamente. Bendícelos, Señor. Que usen su lengua para sanar y no para herir, para bendecir y no para destruir.
    Y, Señor, te pido por aquellos cuyo nombre todavía me cuesta pronunciar.
    Por los que aún me provocan enojo al recordarlos. Por aquellos a quienes todavía no logro perdonar completamente. Gracias por todo el bien que, contra sus propias intenciones, Tú supiste sacar de sus acciones. Porque ellos escribieron una parte dolorosa de mi historia, pero Tú escribiste una historia más grande todavía.
    Bendícelos a todos, Señor. Dales aquello que más necesitan para salvarse. Y a mí dame un corazón semejante al tuyo: un corazón que no llame bien al mal, pero que tampoco responda al mal con más mal; un corazón capaz de decir la verdad, hacer justicia y, aun así, seguir amando.
    Amén.
    (Padre Ricardo López Díaz)