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lunes, 27 de julio de 2026

Leandro Bonnin, cura argentino experto en Teología del Cuerpo: «Muchos comienzan a desear el cielo»

El sacerdote explica que la Iglesia no crece escondiendo la verdad o rebajando la exigencia, sino proponiendo con belleza «el sueño de Dios» para cada persona.

El Diplomado en Teología del cuerpo y Nueva Evangelización busca ofrecer una mirada cristiana sobre el cuerpo, la afectividad, la vocación y el amor humano.

El Diplomado en Teología del cuerpo y Nueva Evangelización busca ofrecer una mirada cristiana sobre el cuerpo, la afectividad, la vocación y el amor humano.


    Una médico soltera que descubre cómo integrar ciencia y fe en la atención a sus pacientes; una viuda de 37 años que aprende a sanar heridas y a comprender incluso el sentido de su existencia; un seminarista que profundiza en su vocación y una alumna que encuentra un camino de “sanación, luz para la vida y una propuesta concreta de esperanza”. Son muchos los testimonios de quienes han pasado por el Diplomado en Teología del cuerpo y Nueva Evangelización de Vocación al Amor, y en su gran mayoría muestran que su propuesta va mucho más allá de una simple formación sobre afectividad o matrimonio.

    A poco más de una semana de que comience la cuarta edición del diplomado, el padre Leandro Bonnin, sacerdote argentino y uno de sus impulsores, explica a Religión en Libertad cómo el curso vuelve precisamente para responder determinadas inquietudes. Especialmente a quienes precisan de una formación más profunda, extensa y “aterrizada” sobre las catequesis de San Juan Pablo II acerca del amor humano en el plan divino. Una enseñanza que, resume, no trata solo de “lo que Dios dice sobre el cuerpo”, sino de “lo que el cuerpo dice sobre Dios”.

    “Lo que el cuerpo dice de Dios”

    La llamada Teología del cuerpo surgió hace algo más de cuatro décadas, pero aún suena en determinados contextos como una disciplina extraña o difusa. Para el sacerdote, la explicación sobre las catequesis impartidas por Juan Pablo II sobre “El amor humano en el plan divino” sigue siendo plenamente vigente.

    “Quiere decir mucho más que una “visión cristiana” o “visión bíblica” sobre el cuerpo. También es eso. Pero no consiste tanto en “lo que Dios dice sobre el cuerpo” sino en “lo que el cuerpo dice sobre Dios”, subraya. “La intuición de Juan Pablo II es que nuestros cuerpos sexuados (es decir masculino y femenino) transfieren a la realidad visible el misterio invisible y escondido desde la eternidad en Dios: El matrimonio fecundo es la primera teofanía del Misterio divino”.

    En síntesis, Bonnin afirma que “el cuerpo revela a Dios” y que, con esa revelación, se refleja también “la mayor y más elevada comprensión de la dignidad del cuerpo sexuado que jamás hubiéramos podido imaginar. En ese marco, añade, el cuerpo sexuado puede comprenderse como “sacramento de la vida íntima de Dios”.

    Aunque estrechamente relacionada con el matrimonio y la moral conyugal, la Teología del cuerpo es, según el sacerdote, mucho más, “es una nueva lente para entendernos a nosotros mismos y entrar en relación con la Santísima Trinidad, una antropología que puede transformar al hombre completo en cualquier etapa de su vida”.

    Una comprensión litúrgica del matrimonio

    La Teología del cuerpo, aunque relativamente reciente, se encuentra según el sacerdote plenamente inserta en la enseñanza tradicional de la Iglesia, siendo esta última “el humus en el que surge”.

    Y es que, con un contenido basado en las Sagradas Escrituras —especialmente en el Génesis, la Carta a los Efesios, el Cantar de los Cantares y el libro de Tobías—, Juan Pablo II presenta “una comprensión sacramental e incluso litúrgica” de la vida conyugal. El Papa, agrega Bonnin, enseña que cuando los esposos se unen de manera fiel al designio del Creador y a las promesas del día de su boda, sus cuerpos “hablan la lengua de la liturgia” y se convierten en “ofrendas vivas” que salen al encuentro del misterio.

    El padre Leandro Bonnin, sacerdote argentino e impulsor del Diplomado en Teología del Cuerpo y Nueva Evangelización de Vocación al Amor.

    El padre Leandro Bonnin, sacerdote argentino e impulsor del Diplomado en Teología del Cuerpo y Nueva Evangelización de Vocación al Amor.YouTube / Padre Leandro Bonnin.

    A partir de ahí, el sacerdote destaca por encima de otros aportes de esta disciplina que, con ella, la visión cristiana no se presenta como una serie de normas o una conducta exterior aceptable, sino que promete “un corazón nuevo y un espíritu nuevo”.

    Por ello, afirma que la educación de la afectividad es una obra que dura toda la vida y que debe tener como protagonista al Espíritu Santo. “Hay un camino de ascesis necesario, pero se reconoce claramente la necesidad de la sanación y de la transformación que obra en nosotros la tercera Persona de la Santísima Trinidad. Por eso la Teología del cuerpo es incompleta sin una adecuada espiritualidad”, puntualiza.

    Convicción, verdad y cercanía

    Para Bonnin y Vocación al Amor, una de las propuestas centrales del diplomado pasa por reconocer que en las enseñanzas de Cristo y de la Iglesia existe una verdad objetiva.

    El sacerdote es consciente de que esa verdad “puede ser dolorosa para algunos, sobre todo cuando han tomado decisiones difíciles de revocar que les impiden abrazar el ideal de modo completo”. Por ello, un término que menciona con frecuencia es el acompañamiento, que aspira a tener una traducción práctica en el diplomado. “Cuando esa verdad es propuesta con belleza, con ternura, con perfiles bien definidos y, al mismo tiempo, como proveniente de un Dios que es amor, las personas se saben acompañadas”, explica. “Incluso cuando aún hoy están viviendo situaciones que no les permiten vivir en gracia”, agrega.

    Sin embargo, precisa que ese acompañamiento, lejos de restar peso a la verdad, busca reforzarla. Según el sacerdote, “la experiencia más reciente de la Iglesia nos muestra que no es rebajando la exigencia o escondiendo la verdad como ella crece, sino todo lo contrario: expresando con convicción, pero con mucha belleza, cuál es el sueño de Dios para todos”.

    Ese ideal, añade, también puede iluminar a quienes todavía no pueden vivirlo plenamente. “Incluso quien no puede hoy vivirlo puede gozar de esa belleza, apropiársela e incluso proponerla a otros”, afirma. Piensa, por ejemplo, en tantos adultos que, aun sin vivir la plenitud de la belleza del matrimonio, la anhelan para sus hijos y nietos.

    La importancia de la comunidad

    Tras tres ediciones y multitud de contactos con alumnos, profesores, retiros presenciales, talleres virtuales o cursos breves, Vocación al Amor comienza a contar con una dilatada experiencia y aprendizajes con los que mejorar su oferta.

    Muestra de ello son las novedades que se incorporan cada año. De cara a este 2026, Bonnin anticipa que ya no será necesario que los alumnos cuenten con un mínimo de asistencias a las clases sincrónicas. O lo que es lo mismo, que cada alumno inscrito podrá completar el curso “en sus tiempos y a su ritmo”, incluso si no puede participar de las clases en directo a la hora en que tienen lugar. Una medida que busca dar mayores facilidades a los alumnos pero que, sin embargo, no entrará en colisión con el marcado deseo de generar comunidad entre alumnos, profesorado y otros especialistas, que consideran “uno de los aprendizajes principales”.

    “No buscamos sólo conocimientos, sino una comunidad donde compartamos nuestros hallazgos, búsquedas e incertidumbres. Lo queremos garantizar mediante un acompañamiento a los alumnos en el cursado y a través de pequeñas comunidades virtuales”, explica el sacerdote. En último término, los interesados pueden encontrar toda la información necesaria para la inscripción y resolución de dudas en el sitio web de Vocación al Amor

    “Comenzar a desear el cielo”

    El fruto del diplomado, explica Bonnin, no se limita solo a la adquisición de herramientas pastorales, de un planteamiento doctrinal más firme o a una mayor capacidad para acompañar casos concretos. “Todas las opciones son correctas”, afirma. Sin embargo, los testimonios recibidos en las anteriores ediciones apuntan, sobre todo, a una renovación de la propia vida y vocación.

    Personas solteras, novios, matrimonios con años de camino, sacerdotes y consagrados han encontrado en la Teología del cuerpo una propuesta capaz de iluminar su historia personal. Muchos, asegura, descubren en el diplomado “un justo equilibrio” entre visiones demasiado rigoristas y planteamientos excesivamente laxos.

    Bonnin resume ese equilibrio en dos claves: fidelidad al Magisterio de la Iglesia, claridad doctrinal y seguridad en la exposición de la verdad; pero también una comprensión realista de la naturaleza humana, “frágil y necesitada de misericordia”.

    Con todo, añade, lo más hermoso no es solo la conversión moral, conceptual o intelectual. Es que muchos alumnos cuentan que han crecido en el amor a la Santísima Trinidad, en el vínculo con Dios Padre, en el amor a Jesús Eucaristía y en la docilidad al Espíritu Santo. “Muchos nos dicen también que por primera vez en su vida han comenzado a desear el cielo. Esta es para nosotros la alegría más grande”.

    ReL

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    Evangelio del día Lunes 17a. Semana T O


    San Pantaleón de Nicodemia , San Desiderato de BesançonMás...

    Libro de Jeremías 13,1-11.

    Así me habló el Señor: "Ve a comprarte una faja de lino; te la ajustarás a la cintura, pero no la meterás en el agua".
    Yo compré la faja, conforme a la palabra del Señor, y me la ajusté a la cintura.
    La palabra del Señor me llegó por segunda vez, en estos términos:
    "Toma la faja que habías comprado y que llevas puesta a la cintura. Ve en seguida a Perat y escóndela allí en la hendidura de una roca".
    Yo fui a esconderla en Perat, como el Señor me lo había ordenado.
    Al cabo de muchos días, el Señor me dijo: "Ve enseguida a Perat y recoge la faja que yo te mandé esconder allí".
    Yo fui a Perat, cavé y recogí la faja del lugar donde la había escondido: la faja estaba estropeada, no servía para nada.
    Entonces la palabra del Señor me llegó en estos términos:
    Así habla el Señor: De esa misma manera destruiré el orgullo de Judá y el gran orgullo de Jerusalén.
    Este pueblo malvado, que se niega a escuchar mis palabras, que sigue los impulsos de su corazón obstinado, que va detrás de otros dioses para servirlos y postrarse delante de ellos, será como esta faja que ya no sirve para nada.
    Porque así como la faja se adhiere a la cintura del hombre, así yo me había adherido a toda la casa de Israel y a toda la casa de Judá -oráculo del Señor- para que ellos fueran mi pueblo, ni renombre, mi honor y mi gloria. ¡Pero no han escuchado!


    Deuteronomio 32,18-19.20.21.

    Despreciaste a la Roca que te engendró,
    olvidaste al Dios que te hizo nacer.
    Al ver esto, el Señor se indignó
    y desechó a sus hijos y a sus hijas.
    Entonces dijo: Les ocultaré mi rostro,
    para ver en qué terminan.
    Porque son una generación perversa,
    hijos faltos de lealtad.
    Provocaron mis celos con algo que no es Dios,
    me irritaron con sus ídolos vanos;
    yo provocaré sus celos con algo que no es un pueblo,
    los irritaré con una nación insensata.


    Evangelio según San Mateo 13,31-35.

    Jesús propuso a la gente otra parábola:
    "El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo.
    En realidad, esta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas".
    Después les dijo esta otra parábola: "El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa".
    Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin parábolas,
    para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: Hablaré en parábolas, anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo.

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



    Bulle

    San Máximo de Turín (¿-c. 420)
    obispo
    Homilía 111; PL 57, 511


    La levadura del mundo entero

    En el evangelio leemos: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, quedará solo; si muere dará mucho fruto ” (Jn 12,24). El Señor Jesús es el grano de trigo, pero también es levadura... Viniendo al mundo, como hombre y solo, el Señor Jesús ha dado a todos los hombres la posibilidad de llegar a ser lo que él mismo es. Todo aquel que se incorpora a la levadura de Cristo se convierte en levadura, útil para si mismo y para todos los demás. Se salvará y salvará a muchos.
    Antes de ser introducida en una medida de harina, la levadura se bate, se desmenuza, se disuelve--- Entonces es cuando se asemeja a los innumerables granos de trigo molidos que constituyen la harina. Unifica en un cuerpo sólido una sustancia que, de suyo era tan inconsistente como el mismo polvo. La levadura, en fin, convierte en una pasta útil lo que parecía ser pura dispersión vana.
    Así, Nuestro Señor Jesucristo, levadura del mundo entero, fue quebrantado por muchos sufrimientos, lacerado y destruido, y su sustancia, su preciosa sangre, fue derramada por nosotros para dar consistencia a todo el género humano disperso. Nosotros, que éramos como la harina de pueblos dispersos, nos ha reunido como la levadura convierte la harina en masa compacta. Nosotros yacíamos, miserables, por toda la tierra, dispersos y quebrantados, ahora quedamos unidos en el cuerpo de Cristo, gracias al poder de su pasión.
    (EDD)

    Reflexión sobre el tarro de mostaza

    La breve parábola de Jesús sobre la semilla de mostaza habría calado de inmediato entre sus oyentes. Esa diminuta semilla negra era muy conocida en toda Tierra Santa. Aunque era extraordinariamente pequeña, podía convertirse en un gran arbusto, llegando a alcanzar varios metros de altura. Los agricultores y jardineros conocían bien su asombrosa transformación. Jesús eligió esta planta común para revelar algo grandioso: el Reino de Dios suele comenzar de formas que parecen insignificantes, casi invisibles, pero que poseen un inmenso poder de crecimiento. Lo que parece pequeño en manos de Dios puede convertirse en algo que ofrezca refugio, alimento y vida a muchos.

    Nuestra encantadora mostaza de porcelana de Meissen, fabricada alrededor de 1744-1745, es mucho más que un simple accesorio de mesa. Formaba parte del magnífico servicio Andreevsky, una opulenta vajilla encargada por Augusto III, rey de Polonia y elector de Sajonia, y entregada como regalo diplomático a la emperatriz Isabel de Rusia. La mostaza está decorada con el águila imperial rusa de dos cabezas en negro y con la insignia de la Orden de San Andrés, la más alta orden de caballería de Rusia, fundada por Pedro el Grande. Fabricada en porcelana de pasta dura, demuestra la extraordinaria maestría técnica de la fábrica de Meissen, la primera productora europea de auténtica porcelana. Resulta fascinante que se dedicara tal maestría artística a un objeto destinado simplemente a contener mostaza.

    La mostaza ya se cultivaba ampliamente en el antiguo Oriente Próximo mucho antes de la época de Cristo. Los arqueólogos han encontrado semillas de mostaza en yacimientos egipcios que datan de hace más de 3.000 años, y tanto los romanos como los griegos apreciaban la mostaza tanto como condimento como medicina. En la época de Jesús, la mostaza se elaboraba triturando o moliendo las diminutas semillas con un mortero, para luego mezclar el polvo resultante con mosto de uva (zumo de uva recién prensado y sin fermentar) o con vinagre, agua o vino, con el fin de crear una pasta. De hecho, la palabra inglesa ’mustard“ deriva del latín ”mustum ardens», que significa «mosto ardiente», en referencia a la mezcla picante de semillas trituradas y mosto de uva.

    Hay también algo profundamente simbólico en todo esto. La diminuta semilla tuvo que ser aplastada antes de que se liberara todo su sabor. Del mismo modo, el Reino de Dios suele crecer a través de la humildad, el sacrificio y la perseverancia paciente. Los actos de bondad más pequeños, las oraciones más silenciosas y los gestos de fe más sencillos pueden parecer insignificantes, pero, en la providencia de Dios, poseen el poder de transformar vidas.

    by Padre Patrick van der Vorst

    Oración

    Señor, quiero ser un instrumento en tu mano, para que tú puedas transformar toda la masa en la que yo me encuentro, este mundo tan espectacular en el que me pusiste. Aquí, en este mundo, en medio del mundo, quiero ser ese factor de transformación, tanto: en mi familia, mi trabajo, en mi universidad, si estoy estudiando, con las personas con las que me encuentre.

    Quiero ser esa levadura en la masa que transforma todo y que pone Tu Nombre, Señor, en todas partes. Quiero ser ese verdadero apóstol, como san Marcos que, aunque no era uno de los doce, sí que fue un gran apóstol y llevó tu mensaje, lo escribió, lo mandó y hoy, tú y yo quizá, nos hemos convertido, nos hemos acercado a el Señor.

    (hablarconJesus.com)

    domingo, 26 de julio de 2026

    Los abuelos son la extensión del amor de Dios

    Los abuelos son la extensión de amor de Dios

    Los abuelos aman con ternura a sus nietos y dedican sus últimos años a llenarlos de atenciones. Ahora que nos aproximamos al Día Internacional de los Abuelos

    Quien tiene abuelos sabe que se convierten en las personas favoritas de sus nietos porque les regalan amor en abundancia y sin condiciones. Y damos gracias a Dios de que existan para consentir a sus nietos y dedicarles sus últimos años.

    Sin embargo, para quien no ha tenido la oportunidad de ser abuelo o no ha conocido a los suyos, podría ser difícil entender por qué la gente que tiene nietos los ame tanto, así que mencionaremos algunas posibles razones:

    1Madurez y experiencia

    Por su madurez, entienden mejor el comportamiento de los menores; ellos ya tuvieron la experiencia con sus propios hijos, por eso saben tratarlos con más dulzura y menos rigor.

    2Libertad para actuar con los nietos

    La educación de sus nietos ya no es su responsabilidad directa, por eso gozan de mayor libertad para pasar por alto pequeños caprichos que corresponde a sus padres corregir, sin embargo, sus enseñanzas son invaluables.

    3Recuerdan a sus hijos pequeños

    Ven a sus hijos reflejados en los nietos, recordando con algo de añoranza a sus propios pequeños; ahora tienen la oportunidad de disfrutarlos sin las presiones que vivieron cuando ellos estaban a cargo de la manutención y la educación.

    4Tienen tiempo para convivir más

    Disponen de tiempo y tranquilidad para convivir con ellos, pues ya han pasado la etapa de la prisa y las actividades que requieren atención inmediata.

    El amor de Dios no tiene límites

    Dice el libro de los Proverbios:

    "Corona de los ancianos son los nietos, y la gloria de los hijos son sus padres" (Pro 17, 6).

    Dios nuestro Señor nos ama tanto que no deja de enviarnos lo que necesitamos para sostener nuestra existencia, ese rasgo de amor es común en los abuelos, quienes están al pendiente de lo que necesitan sus hijos y sus nietos.

    ¿Cómo nos demuestra Dios todo su amor? En cada amanecer, en la familia, en la comida, el trabajo que nos da el sustento, su providencia divina se encarga de satisfacer nuestras necesidades.

    Por eso, cuando los abuelos comparten con su familia lo que tienen, entendemos que Dios, a través de ellos, nos recuerda que nada nos faltará y que Él nos ha dejado a esos maravillosos seres para colmarnos de amor.

    Mónica Muñoz, Aleteia

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