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domingo, 25 de octubre de 2026

Un fraile revoluciona la catequesis infantil con ovejas, barcos, pizzas y búsquedas del tesoro

Los pequeños participan en búsquedas de tesoros por el monasterio para descubrir que el auténtico tesoro del Evangelio no se encuentra en los bienes materiales.

Este año, la catequesis se desarrolla en torno a un nuevo escenario: un corral lleno de ovejas.

Este año, la catequesis se desarrolla en torno a un nuevo escenario: un corral lleno de ovejas.


    ¿Se puede enseñar el Evangelio a un niño utilizando una barca de pescadores, un corral lleno de ovejas, una pizza o una búsqueda del tesoro? En un monasterio franciscano de Polonia están convencidos de que sí. Y los resultados parecen darles la razón: decenas de niños participan cada mes en unas catequesis que apuestan por la experiencia antes que por la teoría.

    Mientras muchas parroquias buscan fórmulas para atraer a las nuevas generaciones, el monasterio franciscano de Kobylin, en Polonia, ha encontrado un camino singular. Allí, el padre franciscano Masseo Senczek ha desarrollado un proyecto catequético que transforma los relatos bíblicos en experiencias tangibles para los más pequeños.

    La propuesta nació cuando los religiosos comprobaron que la enseñanza religiosa escolar se reducía a una única hora semanal. Lejos de resignarse, decidieron ofrecer una formación complementaria dentro del monasterio que ayudara a los niños a profundizar en la fe de una forma más cercana y participativa. Misyjne cuenta esta iniciativa.

    El resultado son unas catequesis que se alejan de los formatos tradicionales y que convierten el jardín monástico en un auténtico escenario evangélico.

    Un pozo para hablar de la samaritana

    Inspirándose en el encuentro de Jesús con la mujer samaritana, los frailes construyeron un pequeño pozo del que los niños extraían materiales relacionados con la catequesis del día. A través de objetos, juegos y dinámicas participativas, los pequeños descubrían el significado del Evangelio y profundizaban en cuestiones relacionadas con la Iglesia y la vida cristiana.

    La propuesta nació cuando los religiosos comprobaron que la enseñanza religiosa escolar se reducía a una única hora semanal.

    La propuesta nació cuando los religiosos comprobaron que la enseñanza religiosa escolar se reducía a una única hora semanal.misyjne

    Lo que comenzó con un grupo reducido de participantes fue creciendo con el paso de los meses hasta convertirse en una de las iniciativas más populares del monasterio.

    Una barca para navegar con los apóstoles

    La segunda edición trasladó la catequesis a una gran maqueta de barco construida junto al estanque del monasterio.

    Bajo el lema "Echad vuestras redes", cada encuentro giró en torno a la figura de uno de los apóstoles. Los niños conocían sus historias mientras reflexionaban sobre aspectos muy concretos de la vida cotidiana.

    La figura de Mateo sirvió para hablar de aquellos obstáculos que alejan de Dios. Natanael permitió explicar la importancia de la Palabra de Dios y la búsqueda interior. Tomás abrió la puerta a reflexionar sobre la verdad y las dudas.

    Según el religioso, cada personaje se convirtió en una herramienta para acercar cuestiones espirituales complejas al lenguaje y la experiencia de los niños.

    Ovejas para descubrir el amor de Dios

    Este año, la catequesis se desarrolla en torno a un nuevo escenario: un corral lleno de ovejas.

    Los pequeños pueden acercarse a los animales mientras escuchan la parábola de la oveja perdida. El objetivo principal es transmitir una idea sencilla: Dios busca a cada persona porque la ama.

    La iniciativa ha despertado un interés creciente entre las familias. En algunas sesiones han llegado a reunirse alrededor de sesenta niños, una cifra que ha sorprendido incluso a los propios organizadores.

    Además, los encuentros están acompañados por vídeos elaborados con inteligencia artificial en los que personajes como una oveja llamada Rosa y su pastor presentan las temáticas de las siguientes catequesis.

    Cuando la catequesis acaba en una pizzería

    Durante las vacaciones, los franciscanos organizan jornadas especiales inspiradas en las parábolas del Reino de Dios. En una de ellas, los niños preparan masa y cocinan pizzas para comprender cómo la levadura transforma la harina, una imagen utilizada por Jesús para hablar del crecimiento de la fe.

    En otra actividad siembran semillas de mostaza en pequeños recipientes que después llevan a casa para observar su desarrollo, aprendiendo así el valor de la paciencia.

    También participan en búsquedas de tesoros escondidos por el monasterio para descubrir que el auténtico tesoro del Evangelio no se encuentra en bienes materiales, sino en valores como la paz, la justicia y el amor.

    Bicicletas, códigos QR y Pascua

    Entre las actividades más llamativas figura una gran búsqueda del tesoro pascual. Los participantes se dividen en equipos, recorren distintos lugares en bicicleta y utilizan códigos QR para ir descubriendo pruebas y mensajes relacionados con la Resurrección de Cristo.

    Cada parada les permite profundizar en aspectos de la fe cristiana hasta llegar a un gran tesoro final que simboliza la presencia de Jesús resucitado.

    La jornada concluye con un ágape comunitario en el que participan niños, familias y voluntarios.

    La implicación de los padres

    Uno de los aspectos que más destacan los responsables del proyecto es el creciente protagonismo de los padres.

    Las reuniones comienzan con la Eucaristía y finalizan con momentos de convivencia compartida. Lo que empezó siendo una iniciativa organizada exclusivamente por los frailes ha ido incorporando cada vez más colaboración familiar.

    Algunos padres elaboran postres, otros ayudan en la logística de los encuentros y muchos permanecen escuchando las actividades desde los alrededores de los espacios donde se desarrollan las catequesis.

    Para el franciscano, esta participación resulta fundamental porque considera que los padres continúan siendo los primeros educadores en la fe.

    Más allá de la Primera Comunión

    La filosofía de estas iniciativas parte de una convicción sencilla: la formación cristiana no debería limitarse únicamente a la preparación para la Primera Comunión.

    Por ello, el monasterio organiza también campamentos, encuentros deportivos, actividades de convivencia y grupos de formación continuada para niños y adolescentes.

    Detrás de todas estas propuestas existe un mismo objetivo: ayudar a los menores a descubrir que la parroquia no es únicamente un lugar donde asistir a misa, sino una comunidad donde establecer relaciones, crear amistad y encontrar un espacio de crecimiento personal y espiritual.

    ReL

    Vea también      Pastoral de la Infancia


    sábado, 24 de octubre de 2026

    Una avispa, un crucifijo y varios infartos: los cinco curas que han muerto celebrando misa en 2026

    Uno de los casos más sorprendentes ocurrió en Eslovenia, donde una simple picadura de avispa acabó provocando una tragedia.

    Un gran crucifijo situado detrás del altar se desprendió y le golpeó en la cabeza mientras celebraba la misa.

    Un gran crucifijo situado detrás del altar se desprendió y le golpeó en la cabeza mientras celebraba la misa.


      La repentina muerte del sacerdote ecuatoriano Patricio Alfredo Sánchez Molinari, fallecido el pasado 17 de octubre después de que un gran crucifijo se desprendiera de la pared y cayera sobre él mientras celebraba la Eucaristía en Guayaquil, ha conmocionado a católicos de todo el mundo. El suceso, además, fue retransmitido en directo a través de internet, lo que multiplicó su impacto.

      Sin embargo, el caso de Ecuador no ha sido el único. A lo largo de 2026 varias comunidades católicas han tenido que enfrentarse a una circunstancia tan excepcional como dolorosa: la muerte de sacerdotes en pleno ejercicio de su ministerio, mientras celebraban la misa.

      Uno de los casos más sorprendentes ocurrió en Eslovenia, donde una simple picadura de avispa acabó provocando una tragedia.

      Una avispa acabó con la vida de un sacerdote durante la misa

      El 14 de junio, el sacerdote esloveno Robert Emeršič, de 51 años, falleció mientras celebraba la Eucaristía en Planica tras sufrir una grave reacción alérgica a la picadura de una avispa.

      El sacerdote Robert Emeršič.

      El sacerdote Robert Emeršič. archivo

      La noticia causó una enorme conmoción en la archidiócesis de Maribor. El sacerdote acababa de cumplir 51 años y era conocido por su dedicación pastoral y su implicación en las parroquias de San José Obrero de Rače y Santa Ana de Fram.

      Los fieles destacaron especialmente su amor por la liturgia, su cercanía y su participación en el canto litúrgico. En los mensajes de despedida recordaron también su carácter directo y sincero, valorado por muchos de los feligreses que le trataron durante años.

      Un crucifijo se desplomó sobre el altar en Ecuador

      El sacerdote redentorista Patricio Alfredo Sánchez Molinari, párroco de la iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Guayaquil, murió cuando un gran crucifijo de madera situado detrás del altar se desprendió y le golpeó en la cabeza mientras celebraba la misa.

      Originario de Cuenca, había profesado como redentorista en el año 2000 y recibido la ordenación sacerdotal en 2005. Durante su ministerio trabajó en diversas comunidades ecuatorianas, incluidas zonas rurales de difícil acceso.

      Desde 2023 estaba al frente de la parroquia del Perpetuo Socorro, donde impulsó especialmente la adoración eucarística.

      Un sacerdote nigeriano murió mientras predicaba la homilía

      El 31 de diciembre de 2025, durante una celebración que litúrgicamente ya se consideraba dentro del nuevo año, el sacerdote nigeriano Stephen Chukwuma se desplomó mientras pronunciaba la homilía en la iglesia de San Juan Bautista de Boji-Boji Agbor, en la diócesis de Issele-Uku.

      El sacerdote nigeriano Stephen Chukwuma.

      El sacerdote nigeriano Stephen Chukwuma.archivo

      Tenía 63 años y era una figura muy conocida en su diócesis, no solo por su labor sacerdotal sino también por su formación jurídica y su responsabilidad en distintos organismos pastorales.

      Los asistentes observaron con estupor cómo el sacerdote caía repentinamente durante la predicación, en uno de los momentos centrales de la celebración.

      Falleció tras distribuir la comunión en Austria

      Otro de los casos que impactó a Europa tuvo lugar el 1 de febrero en la localidad austríaca de Wiesmath.

      El párroco Raimund Beisteiner, de 59 años, acababa de distribuir la comunión cuando se desplomó delante de los fieles congregados en la iglesia.

      El austriaco Raimund Beisteiner.

      El austriaco Raimund Beisteiner.archivo

      Los equipos de emergencia acudieron rápidamente al lugar, pero no pudieron salvarle la vida.

      Su muerte generó una profunda respuesta de la comunidad local. Esa misma noche numerosos fieles, sacerdotes y responsables eclesiales se reunieron en oración en el templo parroquial para encomendar a quien había sido su pastor durante años.

      Un infarto fulminante durante la homilía en Italia

      La quinta tragedia ocurrió el 21 de agosto en la región italiana de Molise.

      El sacerdote camerunés Aloys Ghislain Mewoli Mbala, de 47 años, sufrió un infarto repentino mientras pronunciaba una homilía en la iglesia de Santa Maria Assunta de Sant'Angelo Limosano.

      Aloys Ghislain Mewoli Mbala.

      Aloys Ghislain Mewoli Mbala.archivo

      Los servicios sanitarios intentaron reanimarlo durante un largo periodo de tiempo, pero finalmente no pudieron evitar su fallecimiento.

      Antes de llegar a Italia había desarrollado una intensa labor social y educativa en Camerún, donde fundó proyectos dirigidos a niños y jóvenes. En la archidiócesis italiana de Campobasso-Bojano ejercía como párroco, rector de santuario y vicario judicial.

      ReL

      Vea también     Un muerto hace de guía




      miércoles, 21 de octubre de 2026

      Envido6, los seis hermanos católicos que arrasan en TikTok con 40 millones de visitas

      Una canción improvisada en familia los hizo virales. Los hermanos Caño triunfan con su música, su alegría y una fe que no esconden ante las críticas.

      Los seis hermanos de la familia Caño que ahora ya son grupo musical: Envido6

      Los seis hermanos de la familia Caño que ahora ya son grupo musical

      Todo comenzó una noche de verano, en el porche de una casa familiar de Madrid. Seis hermanos, una guitarra, unas palmas y una canción que todos conocían. Alguien sacó el móvil, grabó la escena y la compartió en las redes sociales. Nadie podía imaginar lo que estaba a punto de suceder.

      Aquellos seis jóvenes son Natalia, David, Álvaro, Javi, Miki y Pepe Caño, integrantes de Envido6, el grupo musical que se ha convertido en uno de los fenómenos virales de TikTok.

      Su interpretación de Dama y Vagabundo, del grupo Bromas Aparte, ha acumulado decenas de millones de visualizaciones y ha convertido a esta familia madrileña en una auténtica sensación de internet.

      Pero detrás de su éxito musical hay algo que también ha llamado la atención: son seis hermanos de una familia católica que transmiten una alegría y una complicidad poco habituales en las redes sociales.

      Una familia unida por la música

      Los seis hermanos tienen entre 18 y 26 años. Tres estudian y los otros tres trabajan. Cada uno tiene sus propios intereses y proyectos, pero todos comparten una pasión que les ha acompañado desde pequeños: la música.

      «Seis hermanos, una sola voz», es el lema con el que se presentan.

      En una entrevista concedida a El Mundo, los jóvenes reconocen que nunca imaginaron semejante repercusión.

      «Este salto a la fama lo hemos vivido con sorpresa inicial, pero también con mucha calma. Lo estamos disfrutando», explican.

      Su éxito no parece responder a una sofisticada campaña de marketing. La espontaneidad, las risas y la alegría de una familia cantando juntos han conseguido conectar con millones de personas.

      «La clave del éxito es la alegría de disfrutar», aseguran.

      Su fe católica también ha provocado críticas

      La popularidad ha traído consigo comentarios sobre su estilo de vida, su posición social y sus creencias religiosas.

      Los hermanos Caño no ocultan su catolicismo, aunque tampoco quieren que su identidad quede reducida a una etiqueta.

      «No nos gustan las etiquetas. Una etiqueta no define a una persona», responden ante las críticas recibidas.

      Su manera de afrontar la polémica ha sido continuar haciendo lo que más les gusta: cantar juntos y disfrutar de la música.

      En una reciente entrevista en MegaStarFM, de la cadena COPE, los jóvenes mostraron precisamente esa unión familiar que les ha hecho populares.

      La emisora destacó que detrás del fenómeno viral hay una familia que ha crecido compartiendo canciones y que ha convertido la música en una forma de estar juntos.

      De cantar en casa a preparar su primera canción

      Lo que comenzó como una grabación doméstica se está convirtiendo en un proyecto musical profesional.

      Los hermanos ya cuentan con representante, han superado los tres millones de escuchas en Spotify y han participado en diferentes encuentros y entrevistas.

      Ahora preparan su primera canción propia como grupo, con la intención de demostrar que su éxito no se limita a un vídeo viral.

      «Esto ha sido solo el inicio. Pretendemos que en el futuro se nos conozca por mucho más», aseguran.

      De momento, Envido6 ha conseguido algo que no resulta sencillo en el universo de las redes sociales: que millones de personas se interesen por seis hermanos que cantan juntos, disfrutan de su familia y no esconden sus convicciones.

      Una historia que comenzó con una guitarra en un porche madrileño y que ahora podría convertirse en una prometedora carrera musical.

      ReL

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      Cómo hablar con Dios en la vida cotidiana


      En este vídeo de Mater Mundi TV, el sacerdote Jesús Higueras explica de manera sencilla y práctica cómo hacer oración y mantener una relación personal con Dios. 

      Parte del ejemplo de Jesucristo, que madrugaba para hablar con su Padre y recomendaba a sus discípulos rezar para no caer en la tentación.

      La idea fundamental es que rezar significa dialogar con Dios. No consiste únicamente en repetir oraciones, sino también en escucharle y compartir con Él nuestras preocupaciones, alegrías y necesidades.

      El primer consejo del sacerdote es encontrar tiempo para Dios. Aunque llevemos una vida muy ocupada, siempre podemos reservar cinco o diez minutos diarios para rezar. También recomienda buscar un lugar tranquilo, ya sea en casa, ante el sagrario o incluso en la naturaleza.

      Higueras distingue dos grandes formas de oración:

      - Oración vocal: consiste en utilizar oraciones conocidas, como el Padrenuestro, el Avemaría, el Rosario o los salmos. Lo importante es rezarlas conscientemente, comprendiendo lo que decimos.

      - Oración mental: es una conversación personal con Dios que puede adoptar tres modalidades: discursiva, reflexionando sobre el Evangelio y aplicándolo a nuestra vida; contemplativa, imaginándonos dentro de las escenas evangélicas y acompañando a Jesús; y unitiva, permaneciendo sencillamente en silencio junto a Dios, disfrutando de su presencia.

      El sacerdote también explica que podemos rezar a partir de los acontecimientos cotidianos, preguntándonos qué quiere decirnos Dios a través de nuestras dificultades, relaciones y experiencias. Los libros espirituales, las meditaciones y las enseñanzas de los santos pueden ayudarnos.

      Su mensaje final es especialmente esperanzador: la oración siempre da fruto, aunque no percibamos resultados inmediatos. Dios desea relacionarse con nosotros y, cuando le dedicamos tiempo, esa relación va transformando poco a poco nuestra alma y nuestra manera de vivir.

      En definitiva, rezar no es complicado: se trata de encontrar tiempo para estar con Dios, hablarle, escucharle y dejarse transformar por Él.



      La homilía de León XIV sobre la familia (TEXTO COMPLETO)


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      "Sin familias fuertes, abiertas al don de los hijos, atentas a su educación y crecimiento, el mundo no tiene futuro", afirmó León XIV en su homilía, leída por el cardenal filipino


      Hospitalizado en la Policlínica Gemelli, el Papa León XIV delegó la presidencia de la misa que iba a celebrar el 14 de octubre de 2026 en la Plaza de San Pedro al Cardenal Luis Antonio Tagle, recientemente nombrado Decano del Colegio Cardenalicio.

      Con semblante serio durante toda la ceremonia, el cardenal Tagle leyó la homilía que el Papa estadounidense había preparado para este evento, que reúne a los presidentes de todas las conferencias episcopales del mundo y a numerosos cardenales y patriarcas orientales. Este encuentro, recordó el pontífice en su homilía, tiene como objetivo "asimilar la riqueza e implementar las directrices pastorales" de la exhortación apostólica Amoris Laetitia el Papa Francisco, publicada diez años antes.

      A continuación el texto completo de la homilía del Papa León XIV:

      "La alegría del amor que se vive en las familias es también el júbilo de la Iglesia" (Francisco, Exhort. ap. Amoris Laetitia, 19 marzo 2016, 1). Así, hace diez años, el Santo Padre Francisco iniciaba la Exhortación Apostólica Amoris laetitia (Al).

      Hoy celebramos la Eucaristía, presentando al Señor los frutos del trabajo que, en este tiempo, hemos realizado en torno a tal documento, tratando de asimilar su riqueza y de poner en práctica sus directrices pastorales.

      La liturgia de hoy nos invita a reflexionar sobre este tema. En la primera lectura, escuchamos el “himno a la caridad” de san Pablo (cf. 1 Cor 12,31-13,13), que la Exhortación, en su cuarto capítulo, sitúa como base de una profunda meditación sobre las virtudes del matrimonio cristiano, una unión "afectiva, espiritual y oblativa" (Al, 120) e icono del amor de Dios (cf. Al, 121). Es a través de estos valores que los esposos, a imagen de la Trinidad y con la ayuda de la gracia, crecen juntos día a día, madurando cada uno en su propia singularidad y, al mismo tiempo, realizando esa semejanza recíproca que crece a partir del "proyecto estable de compartir y construir juntos toda la existencia" (Al, 123). Así pues, la verdadera alegría del amor es una lenta fusión de ambos esposos, en la que la singularidad de uno florece, en el don, a través de la presencia del otro.

      El apóstol, además, dirigió sus palabras a una comunidad rica en dones y carismas (cf. 1 Cor 12,4-11), pero necesitada de madurar en la caridad. Recordó a los corintios que, sin ella, a pesar de todos los talentos recibidos, el hombre es como "un metal que resuena o platillos que retumban" (1 Cor 13,1): una voz desprovista de amor, un oído incapaz de transmitir mensajes al corazón, una individualidad distante, fría e impenetrable.

      No estamos hechos para esto. El Salmo responsorial también nos lo recordó, llamándonos “pueblo” y “rebaño” de un Dios cuyo "amor permanece para siempre" y cuya fidelidad se extiende "por todas las generaciones" (Sal 99,5), de un Señor que ama sin cesar, sin dejar jamás de buscarnos, de confiar en nosotros y de renovar su amistad con nosotros.

      Esta es la caridad que Amoris laetitia nos invita a establecer como fundamento de nuestras familias. Es por amor verdadero que nos exhorta especialmente a educar a los jóvenes que se preparan para el matrimonio, enseñándoles "la importancia de las virtudes", entre las que se otorga un lugar especial a la castidad, "condición preciosa para el crecimiento genuino del amor interpersonal" (Al, 206). Para ello, son dignos de elogio los programas específicos que se llevan a cabo a nivel parroquial o pastoral. Recordemos, sin embargo, que estos programas por sí solos no bastan si no van precedidos y apoyados por una educación en el amor que acompañe todo el crecimiento del niño, desde la infancia. El Papa Francisco, al respecto, observó que "aprender a amar a alguien no es algo que se improvisa ni puede ser el objetivo de un breve curso previo a la celebración del matrimonio" (Al, 208). Y explicó: "En realidad, cada persona se prepara para el matrimonio desde su nacimiento" (ibíd.), y todo lo que un joven experimenta en el hogar debe contribuir a "capacitarle para un compromiso pleno y definitivo" (ibíd.).

      Así, la caridad doméstica —concreta, con sus momentos de dificultad, errores y fracasos, pero maravillosa en su impredecible rutina diaria— es la primera escuela del afecto, el primer aprendizaje precioso e irremplazable en la “alegría del amor”. Por ello, merecen ser valorados y apoyados los esfuerzos de tantas familias en nuestras ciudades y pueblos que viven su vocación y misión día a día, con discreción, pero con una fidelidad a veces heroica. Son una respuesta generosa y universalmente comprensible a las palabras de Jesús que escuchamos en el Evangelio: "No me eligieron ustedes a mí, sino que yo los elegí a ustedes y los destiné para que vayan y den fruto, y un fruto que permanezca" (Jn 15,16). A través del testimonio de estos padres, hijos, abuelos, jóvenes y mayores, de todas las edades, el mensaje evangélico de verdad y plenitud de vida se difunde eficazmente por todo el mundo.

      Juan el Evangelista nos legó el sencillo y claro mensaje que Jesús nos dejó al final de su vida terrenal: "Este es mi mandamiento: ámense los unos a los otros como yo los he amado" (Jn 15,12). Pongámoslo en práctica para crecer como una Iglesia que es una "familia de familias" (Al, 87), en un clima de cuidado mutuo del que todos nos beneficiaremos: los jóvenes esposos, que se sentirán alentados al iniciar su vida matrimonial; los padres, que contarán con ayuda para afrontar los exigentes retos de la crianza de los hijos y la vida familiar; los ancianos, que verán reconocido y valorado su papel como testigos de sabiduría y virtud, incluso cuando su fuerza física disminuya. Aquí, incluso los más frágiles, o quienes atraviesan situaciones difíciles y momentos de crisis, encontrarán apoyo y motivación, rodeados de afecto y protegidos del juicio y los prejuicios. Recordemos que, "por muy herida que puede estar una familia, esta puede crecer gracias al amor" (XIV Asamblea General del Sínodo de los Obispos, Relatio finalis, 1).

      Esta caridad, fundamental para nuestra existencia y nuestra convivencia como seres humanos, sustenta también los valores de apertura y respeto por la vida, desde la concepción hasta la muerte natural. La familia es depositaria por excelencia de estos valores, faro del bien de la humanidad. El Papa Francisco, en este sentido, subrayó que "ninguna unión precaria o cerrada a la comunicación de la vida nos asegura el futuro de la sociedad" (Al, 52). Sin familias fuertes, abiertas al don de los hijos, atentas a su educación y crecimiento, el mundo no tiene futuro.

      En los textos que hemos escuchado, sin embargo, hay una importante invitación de Jesús que quisiera recordar: "Pidan al Padre en su nombre" (cf. Jn 15,16). Estas palabras nos recuerdan que la familia es un lugar privilegiado de oración. Hay que reconocer, lamentablemente, que hoy, en muchas partes del mundo, el hábito de rezar juntos en el hogar —antes de las comidas, al principio y al final del día, o en ocasiones especiales— se ha debilitado considerablemente. Amoris laetitia nos recuerda que esto es fundamental: "Es preciso resaltar la importancia de la espiritualidad familiar, de la oración y de la participación en la Eucaristía dominical" (Al, 223), y recomienda que las familias se reúnan también "regularmente para que crezca la vida espiritual y la solidaridad en las exigencias concretas de la vida" (ibíd.). La oración común y los sacramentos desempeñan un papel muy importante en la vida familiar porque, al abrir los corazones a la acción de Dios, nos permiten llegar juntos a lugares a los que nunca llegaríamos solos. Son alimento sólido y medicina sanadora; por lo tanto, exhorto fervientemente a todos a redescubrir y promover esta práctica.

      Queridos hermanos y hermanas, tengo además el honor de presidir esta celebración con un mandato especial del Santo Padre León XIV, con el fin de manifestar públicamente la comunión eclesiástica que Él ha concedido a Su Beatitud Polis III Nona, Patriarca de Bagdad de los caldeos, que participa en esta Eucaristía.

      La comunión de un Patriarca con el Sucesor de Pedro remite a una práctica antigua, que consagraba la unidad en la fe y en la caridad de una Iglesia patriarcal con la Sede de Roma y, en aquella época, de las propias Iglesias entre sí: no representa, por tanto, una mera formalidad, sino una realidad viva, que hunde sus raíces en la comunión eucarística, fuente y culmen de la unidad de la Iglesia en Cristo.

      Beatitud, su presencia nos ayuda a comprender mejor nuestro ser Iglesia, comunión en Cristo Señor de Iglesias de diversos ritos y tradiciones en la unidad visiblemente manifestada con el Sucesor de Pedro. Le aseguramos el afecto de toda la Iglesia católica y la oración por los fieles confiados a su cuidado pastoral, que desde hace tiempo son puestos a prueba, pero que se mantienen firmes y, a menudo, heroicos al dar testimonio de la fe en Jesús en medio de muchas adversidades.

      Queridos hermanos y hermanas, encomendamos a todas las familias y a toda la Iglesia a la Sagrada Familia de Nazaret, haciéndonos eco de la oración que el Papa Francisco ofreció al final de Amoris laetitia:

      "Santa Familia de Nazaret,
      haz también de nuestras familias
      lugar de comunión y cenáculo de oración,
      auténticas escuelas del Evangelio
      y pequeñas iglesias domésticas. […]
      que nunca más haya en las familias episodios
      de violencia, de cerrazón y división;
      que quien haya sido herido o escandalizado
      sea pronto consolado y curado.
      […] haz tomar conciencia a todos
      del carácter sagrado e inviolable de la familia,
      de su belleza en el proyecto de Dios.
      Jesús, María y José,
      escuchad, acoged nuestra súplica.
      Amén"
      (Al, 325).

      I.Media, Aleteia

      Vea también   La familia y sus problemas...