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viernes, 25 de septiembre de 2026

El celibato, en los boxes

En la carretera de la vida el joven ha de saber detenerse a reflexionar sobre la virtud y lo mejor

En la carretera de la vida el joven ha de saber detenerse a reflexionar sobre la virtud y lo mejor


    Es bien conocido que últimamente, en Occidente, el celibato no está en sus mejores momentos, atraviesa un importante declive y no se ve su fundamento trascendente y, consecuentemente, su necesidad.

    La religiosidad de los jóvenes está creciendo, al menos en manifestaciones públicas. Pero esos mismos jóvenes no se plantean el celibato y las vocaciones al sacerdocio son demasiado escasas para realizar el relevo generacional. Lo mismo ocurre en las órdenes religiosas tradicionales, tanto masculinas como femeninas. Aunque existen afortunadas excepciones.

    A primera vista parece que son las nuevas circunstancias sociales las causantes de esta anomalía. Una de estas “circunstancias”, que justificarían bastante esta situación es la revolución sexual comenzada en los años 60 y que ha llevado a la hipersexualización de la sociedad. 

    Otra podría ser la decadencia de la familia como cooperadora en la transmisión de la vida, que lleva a la oscuridad demográfica.

    Otros lo atribuyen a la globalización, la técnica y al bienestar, como fenómeno social imparable, etc.

    Un análisis que ponga las causas de esta sequía sólo en la paganización de la sociedad es un análisis equivocado e irresponsable. Si así fuese, serían causas externas las culpables de esta situación y nosotros sólo podríamos lamentarlo.

    Ciertamente concurren muchas causas, no siendo la menor el interés del maligno en incrementarlas. Pero para resolver un problema es necesario hacer un diagnóstico certero. 

    Si miramos a aquellos primeros seguidores del Crucificado, estaríamos de acuerdo en que tenían muchas razones para estar quejándose de lo mal que estaba la sociedad. ¡Qué poco beneficio social les traía esa “secta” que, a los ojos de esa sociedad, era una locura y un sinsentido!

    No es la sociedad la que ha cambiado, sino nosotros los que no hemos sido fieles, porque la sociedad siempre está cambiando, pero es la sal quién la da el sabor, y si la sal se vuelve insípida…

    El pecado de origen trajo la confusión para no conocernos como somos y creernos que somos autosuficientes: como dioses. Pero esto ha existido siempre desde Adán y los pecados capitales nos han acompañado también siempre. Entonces ¿hay algo más?

    Una mirada a la juventud actual nos muestra una juventud preocupada por la casa común, generosa en la prestación de su tiempo hacia los más desheredados, muy educada en el trato y con un gran acceso a la información. 

     Lo cierto es que han nacido en una sociedad pagana y que para muchos de ellos la única referencia trascendente está en sus abuelos o sencillamente no la tienen. 

    Su problema no es de generosidad, sino de miedo. 

    El miedo más grande es a vivir, a afrontar la vida como un riesgo no controlable. La persona, según el filósofo Leonardo Polo, es un ser que necesita de su “réplica” para existir. Según este autor, el hombre es un ser en busca de su réplica. Necesita del otro para entenderse y crecer, pero sobre todo es el miedo a conocerse el que impone la parálisis y si no se conoce a sí mismo, ¿cómo va a encontrar su réplica?   

    Si desde su más tierna infancia su relación ha sido con las cosas: móviles, redes sociales, mascotas, etc. y ha observado al universo como un lugar donde el “yo” puede poseer todo y vivir mejor, entonces siempre tendrá miedo al futuro, porque en realidad, no poseemos el futuro y sólo tenemos pasado, siendo este, a veces, tan pesado como una losa. 

    En definitiva, no saben relacionarse con el universo ni con su Creador. Al universo lo explotan para sí y al Creador lo ignoran.

    Los movimientos juveniles, asociaciones, parroquias, clubes, etc., utilizan el único lenguaje que pueden aprender rápidamente: el lenguaje del sentimiento. En su mayoría los jóvenes están huérfanos de aceptación y cualquier signo en este sentido es muy bien recibido. Y esa puede ser la trampa, porque pueden quedarse en eso, pero no trascender a conocer y amar en libertad a Quién es su “réplica” personal.

    Los jóvenes piden aceptación personal y se les ofrece amistad. Un paso muy importante, pero no suficiente porque, según Polo, la amistad sólo se puede dar entre intimidades personales, y esto exige conocerse como uno es. 

    Para esto no sirven las redes sociales, ni los influencers, ni los consejos, sino sólo el conocimiento personal, aquel que requiere interioridad y crecimiento en virtudes, que es la única forma de crecer.

    Y ¿qué se les enseña? Un crecimiento en la esencia, en el “yo” autónomo, en un voluntarismo auto suficiente y en un sentimentalismo que fomenta la autocompasión.  Y eso es un fraude.

    La percepción de la vocación al celibato apostólico la ven deformada: es una merma y en esta percepción juega un papel importante el no considerarlo como una llamada personal, sino como un estado, tal como se ha considerado históricamente también al matrimonio.

    No podemos resignarnos a lo que se puede y debe cambiar. Todos somos cómplices de no mostrar la belleza de la virtud, aquello que nos hace crecer, aunque no tengamos nada. 

    Como decía Teresa de Jesús: Quien a Dios tiene, nada le falta.

    Los católicos hemos construido sólidos edificios de lo espiritual, pero ya Benedicto XVI nos advirtió que la Iglesia de los próximos tiempos será de minorías muy activas, de aquellos que se jueguen la vida, todos los días, por vivir en virtud y por educar en virtud: vivir sin paracaídas. Sólo Dios basta.

    Domingo Aguilera Pascual, ReL

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    El hábito diario que sustentaba la santidad de Fulton Sheen

     SHEEN

    Si quieres imitar la extraordinaria vida de santidad de Fulton Sheen, deberías plantearte adoptar este importante hábito diario.


    Amenudo, cuando admiramos a alguien y nos inspira su forma de vida, queremos averiguar qué hizo de forma diferente, por ejemplo, qué hábito diario tenía.

    Como cuando un niño quiere ser como una estrella del fútbol en concreto, es probable que intente averiguar qué tipo de preparación siguió ese jugador para alcanzar el éxito en el campo de fútbol.

    Del mismo modo, cuando examinamos las vidas de los santos, podemos descubrir diversas prácticas que les ayudaron a alcanzar las cimas de la santidad durante su vida en la tierra.

    Un héroe al que muchos han admirado a lo largo de los años es el arzobispo Fulton Sheen, un evangelizador extraordinario que vivió constantemente unido a Jesucristo y a su Madre.

    Al investigar su vida para descubrir qué fue lo que impulsó su ministerio, resulta evidente qué hábito diario le proporcionaba un impulso espiritual cada día.

    Hora santa eucarística diaria

    El arzobispo Fulton Sheen era un hombre muy ocupado, que no solo dirigía un popular apostolado mediático, sino que también era obispo auxiliar de la arquidiócesis de Nueva York antes de ser nombrado obispo de la diócesis de Rochester, Nueva York. Recibía invitaciones para dar charlas por todo Estados Unidos y solía viajar con frecuencia para ofrecer orientación espiritual a todo tipo de personas.

    Basta con decir que le habría resultado muy fácil dejar de lado su vida de oración diaria, considerándola algo para lo que no tenía tiempo.

    Sin embargo, Fulton Sheen sabía que, para ser un sacerdote y obispo fiel que pastoreara a su rebaño, necesitaba pasar tiempo en silencio y soledad con Jesús.

    De hecho, el día de su ordenación tomó la resolución de dar prioridad a la hora santa eucarística. Escribió en Tesoro en vasijas de barro:

    "También me propuse pasar cada día una hora santa ininterrumpida en presencia de nuestro Señor en el Santísimo Sacramento".

    Para un obispo tan ocupado y un conferenciante tan popular como Fulton Sheen, esto no era una tarea fácil. Admite que le resultaba difícil, pero se mantuvo fiel a ello, independientemente de lo que surgiera en su agenda:

    "La Hora Santa. ¿Es difícil? A veces parecía serlo; podía suponer tener que renunciar a un compromiso social o levantarse una hora antes, pero, en general, nunca ha sido una carga, sino solo una alegría".

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    Lea el artículo

    Aprovecha todo tu tiempo con Dios

    A continuación, habló de tener que levantarse tan temprano como a las 3:00 de la madrugada para celebrar una Hora Santa:

    "Recuerdo una Hora Santa difícil que tuve cuando tomé un tren de Jerusalén a El Cairo. El tren salía a las cuatro de la madrugada; eso significaba levantarse muy temprano. En otra ocasión, en Chicago, le pedí permiso a un párroco para entrar en su iglesia a celebrar una Hora Santa sobre las siete de la tarde, ya que la iglesia estaba cerrada con llave. Él se olvidó de que me había dejado entrar, y estuve allí unas dos horas intentando encontrar una forma de escapar. Al final, salté por una ventanilla y aterricé en el sótano de carbón. Esto asustó a la ama de llaves, que finalmente acudió en mi ayuda…

    Al principio de mi sacerdocio, solía dedicar la Hora Santa durante el día o por la tarde. A medida que pasaban los años y cada vez tenía más trabajo, pasé a dedicarla a primera hora de la mañana, normalmente antes de la Santa Misa".

    Si admiras a Fulton Sheen y quieres imitar de alguna manera su ejemplo de santidad, plantéate dedicar una hora santa cada día para pasar un rato de calidad con Dios. Sheen sabía que, para poder entregarse a los demás, necesitaba llenarse de Dios cada mañana.

    Philip Kosloski, Aleteia

    Vea también     Si no fuera católico...



    Evangelio del día viernes 25a semana del tiempo ordinario


     

    San Fermín de Amiens , Beato Pedro Bengoa ArangurenMás...

    Libro de Eclesiastés 3,1-11.

    Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol:
    un tiempo para nacer y un tiempo para morir, un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo plantado;
    un tiempo para matar y un tiempo para curar, un tiempo para demoler y un tiempo para edificar;
    un tiempo para llorar y un tiempo para reír, un tiempo para lamentarse y un tiempo para bailar;
    un tiempo para arrojar piedras y un tiempo para recogerlas, un tiempo para abrazarse y un tiempo para separarse;
    un tiempo para buscar y un tiempo para perder, un tiempo para guardar y un tiempo para tirar;
    un tiempo para rasgar y un tiempo para coser, un tiempo para callar y un tiempo para hablar;
    un tiempo para amar y un tiempo para odiar, un tiempo de guerra y un tiempo de paz.
    ¿Qué provecho obtiene el trabajador con su esfuerzo?
    Yo vi la tarea que Dios impuso a los hombres para que se ocupen de ella.
    El hizo todas las cosas apropiadas a su tiempo, pero también puso en el corazón del hombre el sentido del tiempo pasado y futuro, sin que el hombre pueda descubrir la obra que hace Dios desde el principio hasta el fin.


    Salmo 144(143),1a.2abc.3-4.

    Bendito sea el Señor, mi Roca,
    él es mi bienhechor y mi fortaleza,
    mi baluarte y mi libertador;
    él es el escudo con que me resguardo.

    Señor, ¿qué es el hombre para que tú lo cuides,
    y el ser humano, para que pienses en él?
    El hombre es semejante a un soplo,
    y sus días son como una sombre fugaz.


    Evangelio según San Lucas 9,18-22.

    Un día en que Jesús oraba a solas y sus discípulos estaban con él, les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?".
    Ellos le respondieron: "Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado".
    "Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?". Pedro, tomando la palabra, respondió: "Tú eres el Mesías de Dios".
    Y él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie.
    "El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día".

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



    Bulle

    San Pablo VI
    papa 1963-1978
    Homilía en Manila, 29•11•1979


    «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

         ¡Cristo! Siento la necesidad de anunciarlo, no puedo callarlo: «¡Desdichado de mí si no anuncio el Evangelio! (1C 9,16). Para esto he sido enviado; soy apóstol, soy testigo. Cuanto más lejos esta el objetivo más difícil es la misión, más me siento apremiado por el amor (2C 5,14). Debo proclamar su nombre: Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo (Mt 16,16). Él es quien nos ha revelado al Dios invisible, el primer nacido de toda criatura, es el fundamento de toda cosa (Col 1,15s). Es el Señor de la humanidad y el Redentor: nació, murió y resucitó por nosotros; es el centro de la historia y del mundo. Él es el que nos conoce y nos ama; es el compañero y el amigo de nuestra vida. Es el hombre del dolor y de la esperanza; es el que ha de venir y un día será también nuestro juez, nosotros le esperamos, es la plenitud eterna de nuestra existencia, nuestra bienaventuranza.
         Nunca acabaría de hablar de él: él es la luz, es la verdad; mucho más, es «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14,6). Es el Pan, la Fuente de agua viva que sacian nuestra hambre y nuestra sed (Jn 6, 35; 7, 38); Es el Pastor, nuestro guía, nuestro ejemplo, nuestro consuelo, nuestro hermano. Igual que nosotros, y más que nosotros, ha sido pequeño, pobre, humillado, trabajador, desdichado y paciente. Para nosotros habló, hizo milagros, y fundó un Reino nuevo en el que los pobres serán dichosos, en el que la paz es el principio de la vida de todos juntos, en el que los que son puros de corazón y los que lloran serán exaltados y consolados, en el que los que suspiran por la justicia serán escuchados, en el que los pecadores pueden ser perdonados, en el que todos son hermanos.
         Jesucristo: vosotros habéis oído hablar de él, e incluso la mayoría sois ya de los suyos, sois cristianos. ¡Pues bien! A vosotros cristianos os repito su nombre, a todos os lo anuncio: Jesucristo es «el principio y el fin, el alfa y la omega» (Ap 21,6). ¡Él es el rey del mundo nuevo; es el secreto de la historia, la llave de nuestro destino; es el Mediador, el puente entre la tierra y el cielo...; el Hijo del hombre, el Hijo de Dios..., el Hijo de María... Jesucristo! Acordaos: es el anuncio que hacemos para la eternidad, es la voz que hacemos resonar por toda la tierra (Rm 10,18) y por los siglos de los siglos. 
    (EDD)

    Reflexión sobre el fresco

    ‘¿Hasta qué punto me conoce realmente la gente?’. Esa es, en cierto sentido, la pregunta que Jesús plantea a sus discípulos en el Evangelio de hoy. Es una pregunta que cualquiera de nosotros podría hacerse. La mayoría de la gente solo sabe algo de nosotros: lo que han visto, lo que han oído, la impresión que les hemos causado. De hecho, a veces vivimos nuestras vidas mostrando solo una faceta de nosotros mismos con el fin de causar una buena impresión. Por eso, es probable que la mayoría de la gente no nos conozca tan bien.

    Lo mismo ocurría con Jesús. Quienes se cruzaban con él reconocían que había algo extraordinario en él, pero no lograban comprender del todo quién era. Algunos pensaban que era Elías, otros que era Juan el Bautista, o uno de los profetas. No estaban del todo equivocados, pero solo habían vislumbrado una parte de la verdad.

    Así que Jesús se dirige a aquellos que han viajado con él y han compartido su vida cotidiana: sus discípulos. ¡A estas alturas ya deberían saber quién es él! ‘Pero ¿quién decís que soy yo?’, pregunta Jesús. Pedro responde: ‘El Cristo de Dios’. Ha vivido taaaaan cerca de Jesús y, sin embargo, incluso Pedro tiene aún mucho por descubrir. Jesús revela inmediatamente algo que nunca podrían haber esperado: el Mesías sufrirá, será rechazado y condenado a muerte. Pedro conoce el título de 'Cristo', pero aún no comprende todo lo que ese título implica. Quizá eso sea cierto para todas las personas a las que amamos: hay profundidades en su interior que ni siquiera años de amistad pueden desvelar por completo. Cuánto más, pues, es esto cierto en el caso de Cristo. Podemos pasar toda una vida conociéndole y seguir descubriendo que siempre hay más. Ahí reside algo hermoso en el corazón de nuestra fe: podemos pasar toda una vida conociéndole a Jesús y seguir descubriendo que siempre hay más de él por descubrir.

    La ‘Transfiguración’ de Fra Angelico nos adentra de forma maravillosa un poco más en la cuestión central del Evangelio de hoy: ‘¿Quién decís que soy yo?’. Pedro ya ha respondido: «El Cristo de Dios», pero es en la Transfiguración, apenas unos versículos más adelante en el Evangelio de Lucas, cuando realmente empiezan a darse cuenta. En la montaña, el Jesús que Pedro, Santiago y Juan creían conocer aparece de repente ante ellos en una gloria deslumbrante. Por un breve instante, se levanta el velo. Se les permite vislumbrar que hay infinitamente más en este hombre con el que han estado caminando de lo que jamás habían imaginado.

    Fra Angelico pintó esta ’Transfiguración» entre 1440 y 1442 directamente sobre la pared de la celda n.º 6 del convento dominico de San Marcos, en Florencia. Formaba parte de un extraordinario conjunto de más de cuarenta frescos creados por Fra Angelico en todo el convento, recién reconstruido. Las celdas de los frailes, situadas en la planta superior, eran deliberadamente austeras: habitaciones pequeñas, paredes encaladas, una ventana y poco más. Sin embargo, cada celda contaba con su propio fresco, normalmente una escena de la vida o la Pasión de Cristo. No se trataba de decoraciones en el sentido moderno del término. ¡Eran compañeros! Compañeros de oración. Un fraile dominico se despertaba, estudiaba, rezaba y dormía con esta única imagen sagrada continuamente ante sus ojos.

    Hay algo profundamente bello en la celda 6 en particular. Fra Angelico despoja a la Transfiguración de casi todo lo superfluo. Apenas hay paisaje; Cristo simplemente se eleva ante nosotros en un blanco resplandeciente, rodeado de un gran resplandor, mientras que Pedro, Santiago y Juan se agachan a sus pies, abrumados por lo que ven. Moisés y Elías aparecen casi misteriosamente como cabezas incorpóreas, mientras que la Virgen María y Santo Domingo permanecen en los extremos, sumidos en la oración. Los brazos de Cristo están bien abiertos, insinuando ya la Cruz que le espera. Imagina al fraile que vivió aquí volviendo a esta imagen día tras día, quizá durante años. Nunca se esperaba que ‘terminara’ de contemplarla, como si su misterio pudiera agotarse alguna vez. Porque, al igual que el fresco seguiría revelándose a lo largo de toda una vida de contemplación, lo mismo ocurre con Cristo: por mucho que lo miremos, por muy profundamente que recemos, siempre hay algo más de él por descubrir.

    by Padre Patrick van der Vorst

    Oración

    ¡Quiero conocerte, Señor, y aprender de Ti! ¡Quiero, mi Señor Jesús, conocerte íntimamente, profundizar en tu verdad, aprender de tu amor, interiorizar  palabras y tus gestos! ¡Este es mi anhelo, Señor!

     ¡Quiero conocer y llegar hasta lo más profundo de tu Sagrado Corazón, aprender de tu amor, de tu misericordia y de tu perdón! ¡Quiero, Señor, conocerte más y mejor para vivir en Ti y desde Ti hacia los demás! ¡Quiero, Señor, conocerte para hacerme más pequeño, más sencillo, más pobre, más vacío de mí! 

    ¡Quiero conocerte, Señor, quiero conocer la profundidad de tu misericordia que vence mi incapacidad para pecar, que derrota mis debilidades y mi pecados y, sobre todo, sostiene con firmeza mi alma! ¡Quiero conocerte, Señor, como hizo Tu Madre! ¡Y a Ti, María, Madre de Amor y de Misericordia, a Ti me acojo para que me ayudes a ir de Tu mano siempre para conocer más a Jesús! ¡A Ti me acojo, Madre, para entrar en el corazón de Dios! 

    (orarconelcoorazonabierto)

    jueves, 24 de septiembre de 2026

    Evangelio del día - Memoria libre de Nuestra Señora de la Merced


     


    San Gerard Venecia , San AndoquioMás...

    Libro de Eclesiastés 1,2-11.

    ¡Vanidad, pura vanidad!, dice Cohélet. ¡Vanidad, pura vanidad! ¡Nada más que vanidad!
    ¿Qué provecho saca el hombre de todo el esfuerzo que realiza bajo el sol?
    Una generación se va y la otra viene, y la tierra siempre permanece.
    El sol sale y se pone, y se dirige afanosamente hacia el lugar de donde saldrá otra vez.
    El viento va hacia el sur y gira hacia el norte; va dando vueltas y vueltas, y retorna sobre su curso.
    Todos los ríos van al mar y el mar nunca se llena; al mismo lugar donde van los ríos, allí vuelven a ir.
    Todas las cosas están gastadas, más de lo que se puede expresar. ¿No se sacia el ojo de ver y el oído no se cansa de escuchar?
    Lo que fue, eso mismo será; lo que se hizo, eso mismo se hará: ¡no hay nada nuevo bajo el sol!
    Si hay algo de lo que dicen: "Mira, esto sí que es algo nuevo", en realidad, eso mismo ya existió muchísimo antes que nosotros.
    No queda el recuerdo de las cosas pasadas, ni quedará el recuerdo de las futuras en aquellos que vendrán después.


    Salmo 90(89),3-4.5-6.12-13.14.17.

    Tú haces que los hombres vuelvan al polvo,
    con sólo decirles: “Vuelvan, seres humanos”.
    Porque mil años son ante tus ojos
    como el día de ayer, que ya pasó,
    como una vigilia de la noche.

    Tú los arrebatas, y son como un sueño,
    como la hierba que brota de mañana:
    por la mañana brota y florece,
    y por la tarde se seca y se marchita.

    Enséñanos a calcular nuestros años,
    para que nuestro corazón alcance la sabiduría.
    ¡Vuélvete, Señor! ¿Hasta cuándo...?
    Ten compasión de tus servidores.

    Sácianos en seguida con tu amor,
    y cantaremos felices toda nuestra vida.
    Que descienda hasta nosotros
    la bondad del Señor;
    que el Señor, nuestro Dios,

    haga prosperar la obra de nuestras manos.


    Evangelio según San Lucas 9,7-9.

    El tetrarca Herodes se enteró de todo lo que pasaba, y estaba muy desconcertado porque algunos decían: "Es Juan, que ha resucitado".
    Otros decían: "Es Elías, que se ha aparecido", y otros: "Es uno de los antiguos profetas que ha resucitado".
    Pero Herodes decía: "A Juan lo hice decapitar. Entonces, ¿quién es este del que oigo decir semejantes cosas?". Y trataba de verlo.

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


    Bulle

    Orígenes (c. 185-253)
    presbítero y teólogo
    Homilía sobre el Génesis, I 5-7; SC 7, pag 70-73


    “Herodes trataba de ver a Jesús”

    El sol y la luna iluminan nuestros cuerpos. Así, Cristo y la Iglesia iluminan nuestro espíritu. Por lo menos los iluminan si nosotros no somos unos ciegos en el espíritu. Porque así como el sol y la luna no dejan de irradiar su claridad sobre los ciegos que no ven la luz, así Cristo envía su luz a nuestro espíritu. Pero esta iluminación sólo será efectiva si nuestra ceguera no les ofrece obstáculo. Pues bien, por de pronto que los ciegos sigan a Cristo gritando: “¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!” (Mt 9,27) y cuando hayan recobrado la vista, gracias a Cristo, serán iluminados por el esplendor de su luz.
    Pero no todos los que ven son iluminados de la misma manera por Cristo. Cada uno lo es según la medida de la que es capaz de recibir la luz (cf Lc 23,8ss)...No vamos todos a él por el mismo camino, sino cada uno va según sus propias posibilidades.(cf Mt 25,15)
    (EDD)


    La festividad de Nuestra Señora de la Merced (o de las Mercedes) se celebra cada 24 de septiembre, siendo una de las advocaciones marianas más entrañables y de mayor arraigo histórico en el Perú, donde es reconocida como Patrona de las Armas del Perú y de los Campos de Lima. [1, 2]  También  se celebra en muchas otros lugares del mundo.

    Reflexión sobre el estandarte procesional

    La fiesta de Nuestra Señora de Walsingham honra uno de los santuarios marianos más preciados de Inglaterra, que se encuentra en Walsingham, Norfolk. Sus orígenes se remontan a 1061, cuando Richeldis de Faverches, la noble del lugar, recibió tres visiones de la Virgen María. En estas visiones, María le mostró la casa de la Anunciación en Nazaret y le pidió que construyera una réplica en Walsingham, para que se convirtiera en un lugar de peregrinación y oración. Según la tradición, María prometió: "Quien busque mi ayuda allí no se irá con las manos vacías".

    Walsingham se convirtió rápidamente en uno de los mayores destinos de peregrinación de la Europa medieval, ganándose el título de "el Nazaret de Inglaterra". Reyes y plebeyos por igual recorrían descalzos la milla santa para rezar en el santuario. Sin embargo, como tantos otros lugares sagrados, fue destruido durante la Reforma de Enrique VIII y la disolución de los monasterios. Durante siglos, el santuario estuvo en ruinas, pero la devoción a Nuestra Señora de Walsingham nunca desapareció del todo. En los siglos XIX y XX revivió con nuevo vigor, y hoy en día acuden a Walsingham peregrinos de todo el mundo.

    En los santuarios marianos como Walsingham, Lourdes y Fátima, las procesiones constituyen una parte fundamental de la devoción, especialmente las procesiones a la luz de las velas o del rosario, que reúnen a los peregrinos en un acto visible de amor hacia Nuestra Señora. Estas procesiones suelen contar con estandartes procesionales, ricamente bordados con imágenes de la Virgen María, de santos o de escenas bíblicas. Dichos estandartes son hermosos y representan, literalmente, una “iglesia peregrina en movimiento”. Estas procesiones y sus estandartes también recuerdan a los participantes que la fe no es solo algo privado, sino también algo que se testimonia públicamente. La tradición de los estandartes procesionales se remonta a la Antigüedad, desarrollándose inicialmente a partir de los estandartes militares romanos y las insignias cívicas que se adaptaron al culto cristiano.

     En los siglos XII y XIII, los estandartes eran un elemento habitual en las procesiones litúrgicas y marianas, y se utilizaban para identificar a los gremios, las cofradías y las parroquias. Son pocos los estandartes procesionales medievales que han sobrevivido, precisamente porque estaban hechos de tejidos frágiles y se sometían a un uso intensivo. Al ser transportados al aire libre, expuestos al viento, la lluvia y la luz del sol, y sometidos a un manejo repetido, eran mucho más vulnerables que las pinturas o las esculturas que se conservaban a salvo en el interior.

    Las estandartes en sí mismas suelen ser bienes muy apreciados por las parroquias, que se transmiten con reverencia de generación en generación. Nuestra ilustración muestra una estandarte bordada de finales del siglo XIX, muy detallada, que representa a Nuestra Señora de Walsingham  (de la Merced) y el escudo de armas de la Diócesis de Richmond, EE. UU.

    Nuestra Señora de Walsingham (de la Merced), ruega por nosotros.

    by Padre Patrick van der Vorst

    Oración

    María, Merced de Dios, regalo de Cristo a los hombres. La Trinidad Santa te envió a Barcelona, mensajera de libertad y misericordia, para, por medio de Pedro Nolasco, mostrarte corredentora, mediadora, Madre de todos, ternura de Dios para los pobres.

    Madre de la Merced, enséñanos a valorar nuestra fe cristiana, haznos capaces de amar con caridad mercedaria, conviértenos en portadores de paz.

    Que tus besos derritan la violencia que nos envuelve, hasta que recuperemos, en tu regazo materno, la ilusión de familia, transformado el mundo en un hogar.

    Bendice esta ciudad tuya, que te proclama patrona y princesa y gusta, enamorada, de llamarte madre.

    miércoles, 23 de septiembre de 2026

    Los Caño, la familia viral ligada al Opus Dei que arrasa en redes con 6 hermanos, música y alegría

    Seis hermanos, sus padres, una guitarra y 40 segundos de canción: así nació el fenómeno de Los Caño, con 34 millones de impactos en apenas nueve días.

    Los Caño se han convertido en un fenómeno viral tras difundirse el vídeo en el que cantan

    Los Caño se han convertido en un fenómeno viral tras difundirse el vídeo en el que cantan "Dama y Vagabundo" durante sus vacaciones familiares en Huesca.


      Apenas ha transcurrido un mes desde que el 21 de agosto comenzó a verse por redes a los seis hermanos Caño y sus padres cantando 'Dama y Vagabundo' (Bromas Aparte) durante sus vacaciones en Huesca. De apenas 40 segundos de duración, el vídeo muestra familia, música y alegría por vacaciones y se ha convertido en una experiencia tan viral como respondida en redes, superando los 34 millones de impactos en los 9 días posteriores a la republicación del vídeo por la cuenta de X @LoCyber. 

      El vídeo llegó al mismo futbolista Gerard Piqué, que lo difundió desde su cuenta bajo el mensaje: "Este contenido tendría que ser de pago".

      ¿Qué lleva a que unos pocos segundos de canciones y alegría familiar se vuelva un fenómeno viral? Para Irene Alonso, influencer desde @soyunamadrenormal y madre de 11 hijos, el secreto reside en solo tres ingredientes que llenan el día a día de la familia. “Son gente que yo quiero mucho y, los que conocemos a los Caño sabemos que su casa es así: es música, es fiesta, es alegría”, comentaba en Instagram.

      "Una realidad que no mucha gente puede disfrutar"

      También incide en lo que significa una familia numerosa en una España cuya tasa de fecundidad ronda los 1,1 hijos por mujer. 

      “Esto lo tenía que saber el mundo”, comenta la influencer en su cuenta al celebrar la abundante difusión del vídeo. La publicación aborda también los comentarios críticos con la familia, convencida de que “escuece porque muestra una realidad que no mucha gente puede disfrutar” como es una familia divirtiéndose juntos, “en la que no es necesaria una pantalla de por medio” y con “una relación entre padres, hijos y hermanos que va mucho más allá de las redes sociales”.

      “Estoy convencida de que la mayoría de gente que comenta ofensivamente estaría encantada de poder participar de un momento tan auténtico y genuino como este. Ojalá en todas las casas y familias se pudiera vivir algo tan maravilloso como lo que se vive en este vídeo en casa de los Caño”, agregaba Alonso.

      Los hermanos han llegado a protagonizar informaciones y entrevistas en los principales medios que recogen la reacción de la familia ante los abundantes comentarios.

      "Llevamos un mes riéndonos de todos los comentarios que nos llegan, hay que quedarse con los que son ocurrentes", contaban Javi, Miki y David en COPE. "Sí nos ha llamado la atención que alguna gente nos tachara de niños ricos, cuando salimos la mayoría con ropa de Hipercor", contaba David a El País.

      En el caso de Divinity, recoge un breve perfil de cada uno de los integrantes del fenómeno viral. Menciona a David Caño, psicólogo, profesor en un colegio del Opus Dei y vinculado a Effetá. Hablan también de Javi, con más de 16.000 seguidores en Instagram y creador de contenido, o de Miki, compositor y músico que destaca por su papel en el vídeo interpretando el tema. Completan la familia Nata, la única chica y la mayor de los seis hermanos, Álvaro y Pepe, el pequeño y responsable de la cuenta familiar. 

      Escuchar una versión

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      Vea también     Testimonios y Conversión




      Catequesis del Santo Padre León XIV

       

      LEÓN XIV

      AUDIENCIA GENERAL

      Plaza de San Pedro
      Miércoles, 23 de septiembre de 2026

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      Catequesis - Los documentos del Concilio Vaticano II. IV. Constitución pastoral Gaudium et spes (GS 12-22) 4. El sentido de la actividad humana en el universo (GS, 33-39) 

      Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

      Continuando nuestro recorrido por la Constitución pastoral Gaudium et Spes del Concilio Ecuménico Vaticano II, llegamos al tercer capítulo de la primera parte, que tiene un título atractivo: «La actividad humana en el mundo». La pregunta de fondo es esta: ¿cuál es el valor de la actividad humana en el mundo, y, por lo tanto, del progreso técnico, social y científico? Podemos recordar que, menos de cuatro años después de la clausura del Concilio, en la noche entre el 20 y el 21 de julio de 1969, el hombre pisó la Luna por primera vez.

      Creado a imagen y semejanza de Dios, el ser humano es agente del progreso. Mediante la libertad y la inteligencia aumenta sus propios conocimientos, logrando así que toda la sociedad progrese. Esto se aprecia fácilmente al considerar la mejora en las condiciones de vida a lo largo de las sucesivas generaciones. En efecto, dice el Documento, un «gran número de bienes que antes el hombre esperaba alcanzar sobre todo de las fuerzas superiores, hoy los obtiene por sí mismo» (n. 33).

      Por este motivo, algunos pensadores han presentado el progreso técnico-científico como algo que debilita la relación del hombre con Dios hasta el punto de hacerla parecer superflua o, incluso, como algo contrario a la fe cristiana. Y esta lectura ha provocado, respecto a las épocas precedentes, un cambio en la mirada del hombre contemporáneo sobre el mundo. Un prejuicio de este tipo prevalece, principalmente, en esa parte de la cultura occidental que ha perdido su vínculo con la Revelación cristiana. En los humanismos postcristianos, el ser humano y Dios son presentados erróneamente como rivales: para afirmar sus conocimientos, su libertad y su progreso, el hombre debería emanciparse de Dios. Sin embargo, al negar la relación con Dios, al final se pierde también la posibilidad de afirmar el valor trascendente de la persona humana. Es el “drama del humanismo ateo”, bien descrito por un importante teólogo del Concilio Vaticano II, Henri de Lubac. [1]

      El Concilio desea proporcionar una respuesta clara. Afirma la Gaudium et spes: «Una cosa hay cierta para los creyentes: la actividad humana individual y colectiva o el conjunto ingente de esfuerzos realizados por el hombre a lo largo de los siglos para lograr mejores condiciones de vida, considerado en sí mismo, responde a la voluntad de Dios» (n. 34). Es más, prosigue la Constitución, «los cristianos, lejos de pensar que las conquistas logradas por el hombre se oponen al poder de Dios y que la criatura racional pretende rivalizar con el Creador, están, por el contrario, persuadidos de que las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios y consecuencia de su inefable designio» (ibid.). En resumen, Dios ha puesto en las manos del hombre y de la mujer una creación todavía in statu viae -es decir, en camino, en crecimiento- para que ellos la conduzcan a buen término por medio de su sabia actividad [2].

      Se encuentra aquí una importante referencia al misterio de la Encarnación. La humanidad -y, con ella, el trabajo, el progreso y la autonomía de las realidades creadas- no queda absorbida o anulada por el encuentro con Dios, sino más bien asumida en su totalidad; y sigue siendo, en Cristo, libre y operosa: efectivamente, en Él encuentra la verdad y la libertad plenas. Asimismo, en la celebración eucarística, el fruto del trabajo humano, representado por el pan y el vino, se coloca cada día sobre el altar para ser transformado en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

      Desde esta perspectiva surge una verdad importante: para encontrar a Dios, el ser humano no debe abandonar las ocupaciones terrenas, sino que puede vivir plenamente su propia vocación haciendo bien su trabajo cotidiano y santificándolo [3]. Los cristianos participan, como todos, en la edificación de la ciudad de los hombres, con la mirada puesta en el fin de todas las cosas y en el encuentro con Dios, y recordando este fin último a aquellos con quienes comparten la aventura del progreso, la ciencia y la vida.

      Ciertamente, es preciso distinguir bien el progreso temporal del crecimiento del reino de Cristo; sin embargo, el Concilio afirma que tal progreso, «en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al reino de Dios. […] Todos los frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo, después de haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y de acuerdo con su mandato, volveremos a encontrarlos limpios de toda mancha, iluminados y trasfigurados» (n. 39).

      Finalmente, recordemos que, para constituir auténtico progreso humano -es decir, de todo el hombre y de todos los hombres-, el progreso técnico y científico debe estar animado y orientado por la caridad. Solo así se podrá utilizar siempre para defender la dignidad del hombre y promover las condiciones de vida de todos, especialmente de los más desfavorecidos.

      Queridos hermanos y hermanas, el Concilio Vaticano II nos invita a compartir el pan del saber y del saber-hacer, para que todos los hombres y todos los pueblos puedan desarrollar sus potencialidades, de forma que podamos construir juntos, con la ayuda de Dios, un futuro mejor.
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      [1] Cfr. H. de Lubac, Le drame de l’humanisme athée (1944), tr. it. Brescia 2013.

      [2] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 302, 306, 307.

      [3] Cfr. S. Juan Pablo II, Homilia para la canonización de Josemaría Escrivá de Balaguer (6 de octubre de 2002).
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      Saludos

      Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. En la Eucaristía ofrecemos los frutos de la tierra y del trabajo humano para que se conviertan en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo. Unamos también nuestra vida y nuestras tareas al sacrificio eucarístico, para que el Señor las transforme en una ofrenda viva, santa y agradable a Él. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

      Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. En la Eucaristía ofrecemos los frutos de la tierra y del trabajo humano para que se conviertan en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo. Unamos también nuestra vida y nuestras tareas al sacrificio eucarístico, para que el Señor las transforme en una ofrenda viva, santa y agradable a Él. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

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      Llamamiento

      El próximo domingo, 27 de septiembre, se celebra la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado. Mi pensamiento va a los migrantes y los refugiados, especialmente a los menores que se ven obligados a abandonar su tierra. Los niños y los adolescentes son los más vulnerables. A menudo viven sufrimientos indescriptibles, violencia, torturas, explotación y situaciones traumáticas, y no es raro que pierdan la vida a lo largo de las rutas migratorias. Hago un llamamiento a la responsabilidad de todos: que cada uno se sienta implicado en la vida de estos jóvenes, que siempre deben ser tutelados y asistidos.
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      Resumen leído en español por el Santo Padre

      Queridos hermanos y hermanas:

      En esta catequesis reflexionamos sobre el tercer capítulo de la Constitución pastoral Gaudium et spes, dedicado a la actividad humana en el mundo. El hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, gracias a su libertad e inteligencia es capaz de conocer, de progresar y de mejorar las condiciones de vida de la sociedad.

      Algunos pensadores, sin embargo, comenzaron a afirmar erróneamente que la humanidad, para demostrar sus conocimientos, su libertad y su progreso, debería emanciparse de Dios. El Concilio Vaticano II, en cambio, haciendo referencia al misterio de la Encarnación, asevera que los hombres, así como las obras de sus manos, no son anulados en el encuentro con Dios, sino que en Él encuentran su plena verdad y libertad.

      Otra consecuencia de esta perspectiva es que el ser humano no debe abandonar las ocupaciones terrenas, sino que está llamado a vivir su vocación realizando bien su trabajo cotidiano y hallando en él un camino de santificación.

      (vatican.va)