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martes, 21 de julio de 2026

Saber ganar: la verdadera grandeza de un campeón

fútbol

Todos ganamos y perdemos en algún punto y aunque se habla más de la actitud que debemos tomar ante la derrota, saber ganar también nos exige un actitud virtuosa

Ganar es fácil cuando se trata de sonreír con éxito ante las cámaras, pero es una de las pruebas de carácter más difíciles para la condición humana. La victoria mal gestionada engendra soberbia, desconecta de la realidad y humilla a quienes perdieron; mientras que saber ganar, edifica, une y genera gratitud.

La verdadera grandeza de un campeón

Así sean pequeños triunfos o grandes campeonatos -como lo fue la Copa Mundial- hay que aprender a celebrar con júbilo pero sin burlas ni prepotencia, respetando la dignidad de quien se quedó en el camino.

Estas son cuatro actitudes importantes que conviene mencionar y mantener presentes ante una victoria:

1empatía con quien fue vencido

Es importante que así como nosotros sentimos júbilo por el resultado obtenido, la otra parte experimenta tristeza, y frustración. Por ello, celebrar es válido, pero sin prepotencia, burlas o provocaciones.

2La gratitud sobre el ego

Recuerda que nadie gana solo. Quien sabe ganar reconoce que su victoria es el resultado del esfuerzo invisible de un equipo, el apoyo interminable de la familia, el esfuerzo de los entrenadores y hasta el aprendizaje por derrotas pasadas, porque cuando se pierde también queda el aprendizaje.

3La victoria como responsabilidad

El triunfo no es la meta final, sino un medio para servir de ejemplo y recordar la importancia de esforzarse cada día. Un verdadero campeón utiliza su momento de gloria para inspirar a los demás, mantener los pies en la tierra y recordar que la gloria terrenal es pasajera; la verdadera gloria es el cielo.

4Ayudar a otros a lograrlo también

Después de haber conseguido la victoria es momento de ayudar a aquellos que siguen preparándose y que buscan algún consejo. La parábola de los talentos nos recuerda que debemos multiplicar las habilidades que Dios nos dio; y la mejor manera de hacerlo es compartiendo los conocimientos aprendidos. 

¿Ganar, un trabajo colaborativo?

Para lograr cualquier meta que nos hemos propuesto es necesario entender que para ganar muchas veces se necesita la ayuda de otros, ya que aunque quizás se pueda llegar solo a la cima, es más eficaz cuando se llega con la ayuda de otros. 

Aunque sea un deporte o concurso en el que se participe de manera singular, siempre hay un entrenador detrás compartiendo su conocimiento y la mejor estrategia; así como una madre dispuesta a festejar tus logros por más pequeños que sean.

Por eso es importante avanzar con la mirada puesta en el cielo y con los pies en la tierra, recordando que nuestra principal meta es alcanzar la santidad.

El verdadero "campeonato" empieza hoy

El Mundial terminó, pero la vida continúa. Hoy nos toca volver a nuestra rutina diaria, a nuestros propios "partidos" personales: madrugar, cuidar a la familia, volver a intentar aquel proyecto que fracasó. Y cuando la victoria llegue, saber ganar e inspirar a otros.

Si este Mundial nos enseñó algo es que siempre hay una oportunidad para levantarse, que el esfuerzo silencioso tarde o temprano rinde frutos y que, al final del día, lo más valioso no es la copa, sino con quiénes la celebramos.

Karen Hutch, Aleteia

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Vida profesional: el arte de aprovechar las oportunidades

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El "factor suerte" en la vida profesional no se reduce a un acontecimiento fortuito que cae del cielo. La suerte es el encuentro entre lo imprevisto y la capacidad de aprovechar la oportunidad que se presenta

¿Ysi el éxito profesional dependiera más de la suerte de lo que estamos dispuestos a admitir? En la misma época que Steve Jobs, otros emprendedores brillantes llevaban a cabo proyectos similares. ¿Por qué uno se convirtió en una leyenda mientras que los demás cayeron en el olvido? La hipótesis resulta incómoda, ya que pone en tela de juicio la idea de que el éxito depende únicamente del mérito.

Nos hace plantearnos el papel de la suerte en la vida profesional: por lo general, se considera que el puesto que ocupamos se lo debemos, ante todo, a nuestras competencias y a nuestro esfuerzo. Sin embargo, numerosos artículos de la prensa especializada relativizan esta afirmación: según ellos, habría tres tipos de suerte: la que nos llega, la que sabemos reconocer y la que preparamos.

La importancia del azar

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En un podcast de Les Échos, Frédéric Fréry, profesor de la ESCP, explica que no siempre es conveniente imitar a los mejores: si su estrategia es ganadora, no es necesariamente porque sea buena; es probable que otros hayan utilizado esa misma estrategia sin alcanzar el mismo éxito. Es aquí donde introduce el concepto de suerte: hubo muchos otros genios además de Steve Jobs —como Adam Osborne—, pero que no tuvieron su suerte y que, además, cometieron errores que Steve Jobs supo evitar.

¿Existe la personalidad afortunada?

En su libro *The Luck Factor* (Arrow, 2004), el mago Richard Wiseman —hoy profesor universitario y psicólogo— analiza qué puede ser una "persona afortunada". A él se le debe un famoso experimento: se reparte una revista entre personas que se consideran afortunadas y otras que se consideran desafortunadas. Se les pide que cuenten todas las fotografías. En la segunda página aparece un mensaje enorme: "Dejen de contar. Hay 43 fotografías en este periódico".

Pues bien, las personas "afortunadas" se fijaban en ese mensaje mucho más que las desafortunadas. ¿Conclusión? Los desafortunados suelen estar tan concentrados en su objetivo que pasan por alto las oportunidades que se les presentan.

Una persona con suerte no disfruta necesariamente de un destino más favorable, pero desarrolla su red de relaciones, se muestra más abierta a los encuentros inesperados, se da cuenta de las oportunidades, toma iniciativas con gusto y transforma más fácilmente los reveses en ocasiones para recuperarse. Es como si contara con un capital de atención y de apertura a la realidad que marca la diferencia.

"El azar solo favorece a las mentes preparadas"

Esa era la convicción de Pasteur. La suerte no es solo algo involuntario, ni es solo privilegio de una personalidad abierta: hay que prepararse para ella. Esta misma idea se refleja en el término "serendipia": el arte de crear las condiciones que permiten reconocer y aprovechar lo inesperado cuando surge. No se trata de provocar los acontecimientos, sino de estar abierto a lo que estos aportan.

La oportunidad implica una reciprocidad entre, por un lado, un acontecimiento fortuito y, por otro, una mirada capaz de reconocerlo y aprovecharlo. Dos personas pueden vivir exactamente el mismo imprevisto: una lo verá como un obstáculo y la otra, como el punto de partida de una nueva aventura.

¿Tienes suerte?

éxito

En realidad, nadie puede responder por completo a esta pregunta. No elegimos ni el lugar donde nacemos, ni nuestra familia, ni nuestros talentos, ni los encuentros decisivos que marcan nuestra existencia. Pero cada uno conserva el poder de elegir cómo afronta los acontecimientos fortuitos. Así pues, podemos introducir otra forma de mérito: aprovechar lo que se nos ofrece.

La suerte presenta, por tanto, una doble naturaleza: es a la vez un acontecimiento independiente de nuestra voluntad y, cuando surge, una disposición interior para aprovecharla y convertirla en una ventaja. Ni puro azar ni puro mérito, la suerte nace del encuentro entre un acontecimiento que no esperábamos y nuestro discernimiento, que, por su parte, se cultiva.

Pierre d’Elbée, Aleteia

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