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miércoles, 3 de junio de 2026

¿Qué es el Sagrado Corazón de Jesús? ¿Qué es la «Gran Promesa»? ¿Cómo es su espiritualidad?

Christian, graffitero de Madrid, pintó este Sagrado Corazón en 2019 en Ciempozuelos

Christian, graffitero de Madrid, pintó este Sagrado Corazón en 2019 en Ciempozuelos

    Junio es el mes que la Iglesia centra en el Sagrado Corazón de Jesús, cuya fiesta se celebra siempre el viernes después de la Octava del Corpus Christi, ocho días después del Jueves del Corpus, y al depender esta fecha también de la Pascua, cada año la fiesta del Corazón de Jesús se conmemora un día diferente.

    Esta preciada devoción está extendida por todo el mundo y se basa especialmente en el mensaje del propio Cristo en sus apariciones a Santa Margarita María de Alacoque en siglo XVII, donde entre otras cosas, el Señor dijo: “Mira este corazón que tanto ha amado a la humanidad y a cambio no recibe de ellos más que deshonor y desprecio. Tú, al menos, ámame”. Es una espiritualidad de amor, que muestra el amor inmenso de Cristo por el hombre, y en la que pide a su vez a sus hijos ser correspondido en este amor.

    ¿Qué es la espiritualidad del Corazón de Jesús?

    En el propio Evangelio, San Mateo recoge la propia mención de Jesús a su propio corazón, cuando dice: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”. Así es el Corazón de Jesús, manso y humilde, y así es como pide ser amado.

    El corazón es símbolo de amor. Pero el Corazón de Jesús va mucho más allá, pues significa amor en su máxima expresión. Es un amor de entrega total, de entrega hasta la muerte, de hacerse hombre para morir por él y rescatarle de la muerte. No existe amor más grande en el mundo y en la historia que el del Corazón de Cristo.

    Aunque desde siempre en la Iglesia ha existido en la Iglesia una devoción al Corazón de Cristo, esta espiritualidad se definió y se propagó en la Iglesia rápidamente a partir del siglo XVII. En 1670 el sacerdote Juan Eudes celebró la primera fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.

    Poco después, la religiosa de la orden de la Visitación, hoy Santa Margarita María de Alacoque, comenzó a recibir las visiones de Jesús, que le llegó a mostrar su Corazón, y que según explicó ella misma tenía una herida, estaba envuelto en una corona de espinas y estaba coronado con una cruz rodeada de llamas.

    En estas visiones Jesús consoló a esta religiosa, mientras le hablaba del gran amor que profesaba por la humanidad. En estas revelaciones también le dijo a Sor Margarita que quería ser honrado bajo la figura de su corazón de carne, y para ello también pidió que los fieles lo recibieran con frecuencia a través de la Eucaristía.

    En una de estas visiones Jesús señalando su corazón le dijo: “Mira este corazón que tanto ha amado a la humanidad y a cambio no recibe de ellos más que deshonor y desprecio. Tú, al menos, ámame”.

    Esta espiritualidad del Corazón de Jesús tiene como principal objetivo mostrar al mundo el amor que Jesús tiene por su pueblo y llamar de nuevo a todos a renovar y reconocer ese amor. Jesús sólo pide una cosa: que correspondamos a su amor.

    ¿Qué significa la imagen del Sagrado Corazón de Jesús?

    La imagen del Corazón de Jesús es un universalmente conocida. El Corazón de Cristo aparece rodeado por una corona de espinas y además está marcado por una herida. En la parte superior tiene una llama de fuego sobre la que hay una cruz. Esta representación responde a un sentido concreto. Es la misma desde hace cuatro siglos pues fue así como el Señor se lo mostró a Santa Margarita María de Alacoque mientras rezaba ante el Santísimo.

    El sacerdote Julián Lozano, de la diócesis de Getafe explica que la herida del corazón procede de la muerte de Cristo, tras la cual el soldado romano lo traspasó con la lanza. “La herida del costado es un Corazón que se derrama, que se entrega, de ahí brota la salvación, la sangre y el agua, los sacramentos, la vida nueva, la vida eterna...la Iglesia".

    Según asegura este sacerdote en cuya diócesis se encuentra el Cerro de los Ángeles, la imagen del Corazón de Jesús puede ayudar a comprender el amor de Cristo, de ahí que aparezcan los símbolos relacionados con su Pasión, como son la corona, y la cruz rodeada de llamas, además de la herida ya citada. "Es la forma visual de ver y entender cómo es el amor de Jesucristo, que es un amor ardiente, de un fuego inextinguible, por eso las llamas. Un Corazón que ama es un amor herido, porque le tocan nuestros pecados, por eso la corona de espinas”, añade el sacerdote.

    ¿Quién fue Santa Margarita María de Alacoque?

    Santa Margarita María Alacoque, religiosa de la Orden de la Visitación de la Virgen María, es la gran propagadora de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, del cual tuvo varias revelaciones que mostrarían la que es una de las espiritualidades más importantes y extendidas por toda la Iglesia.

    En el monasterio de Paray-le-Monial, en la región de Autun, en Francia, lugar en el que también fallecería décadas después, sor Margarita María a la edad de 25 años recibió la primera de las manifestaciones visibles de Jesús que se repetirían durante dos años todos los primeros viernes de mes.

    En 1675, durante la octava del Corpus Christi, Jesús se le manifestó con el corazón abierto, y señalando con la mano su corazón, exclamó: “He aquí el corazón que ha amado tanto a los hombres, que no se ha ahorrado nada, hasta extinguirse y consumarse para demostrarles su amor. Y en reconocimiento no recibo de la mayoría sino ingratitud.”

    Fueron varias las visiones y revelaciones que experimentó, lo que en un principio le generó grandes incomprensiones. Sin embargo, Dios quiso ponerla bajo la dirección espiritual de otro gran santo, el jesuita San Claudio de la Colombière. Y al final de su vida, Santa Margarita pudo ver cómo la devoción al Sagrado Corazón se extendía rápidamente, incluso entre los que al principio fueron sus más grandes detractores.

    ¿Cómo fueron las revelaciones a Santa Margarita María de Alacoque?

    En la primera revelación, 27 de diciembre de 1673, Jesús dijo a la joven religiosa: "Mi Divino Corazón, está tan apasionado de Amor a los hombres, en particular hacia ti, que, no pudiendo contener en el las llamas de su ardiente caridad, es menester que las derrame valiéndose de ti y se manifieste a ellos para enriquecerlos con los preciosos dones que te estoy descubriendo los cuales contienen las gracias santificantes y saludables necesarias para separarles del abismo de perdición. Te he elegido como un abismo de indignidad y de ignorancia, a fin de que sea todo obra mía."

    La santa cuenta de aquel instante: "Me pidió el corazón, el cual yo le suplicaba tomara y lo cual hizo, poniéndome entonces en el suyo adorable, desde el cual me lo hizo ver como un pequeño átomo que se consumía en el horno encendido del suyo, de donde lo sacó como llama encendida en forma de corazón, poniéndolo a continuación en el lugar de donde lo había tomado, diciéndome al propio tiempo: ‘He ahí, mi bien amada, una preciosa prenda de mi amor, que encierra en tu costado una chispa de sus mas vivas llamas, para que te sirva de corazón y te consumas hasta el último instante y cuyo ardor no se extinguirá ni enfriará. De tal forma te marcaré con la Sangre de mi Cruz, que te reportará más humillaciones que consuelos. Y como prueba de que la gracia que te acabo de conceder no es nada imaginario, aunque he cerrado la llaga de tu costado, te quedará para siempre su dolor y, si hasta el presente solo has tomado el nombre de esclava mía, ahora te doy el de discípula muy amada de mi Sagrado Corazón’”.

    En la segunda revelación, dos meses después, se produjo la gran revelación. Margarita escribe: "El divino Corazón se me presentó en un trono de llamas, más brillante que el sol, y transparente como el cristal, con la llaga adorable, rodeado de una corona de espinas y significando las punzadas producidas por nuestros pecados, y una cruz en la parte superior... la cual significaba que, desde los primeros instantes de su Encarnación, es decir, desde que se formó el Sagrado Corazón, quedó plantado en el la cruz, quedando lleno, desde el primer momento, de todas las amarguras que debían producirle las humillaciones, la pobreza, el dolor, y el menosprecio que su Sagrada Humanidad iba a sufrir durante todo el curso de su vida y en Su Santa Pasión."

    La santa proseguía asegurando que le hizo ver que “el ardiente deseo que tenía de ser amado por los hombres y apartarlos del camino de la perdición, en el que los precipita Satanás en gran número, le había hecho formar el designio de manifestar su Corazón a los hombres, con todos los tesoros de amor, de misericordia, de gracias, de santificación, y de salvación que contiene, a fin de que cuantos quieran rendirle y procurarle todo el amor, el honor y la gloria que puedan, queden enriquecidos abundante y profusamente con los divinos tesoros del Corazón de Dios, cuya fuente es, al que se ha de honrar bajo la figura de su Corazón de carne, cuya imagen quería ver expuesta y llevada por mi sobre el corazón, para grabar en el, su amor y llenarlo de los dones de que está repleto, y para destruir en él todos los movimientos desordenados. Que esparciría sus gracias y bendiciones por dondequiera que estuviere expuesta su santa imagen para tributarle honores, y que tal bendición sería como un último esfuerzo de su amor, deseoso de favorecer a los hombres en estos últimos siglos de la Redención amorosa, a fin de apartarlos del imperio de Satanás, al que pretende arruinar, para ponernos en la dulce libertad del imperio de su amor, que quiere restablecer en el corazón de todos los que se decidan a abrazar esta devoción”.

    En la tercera revelación, en junio de 1674. “Una vez, estando expuesto el Santísimo Sacramento, se presentó Jesucristo resplandeciente de gloria, con sus cinco llagas que se presentaban como otro tanto soles, saliendo llamaradas de todas partes de Su Sagrada Humanidad, pero sobre todo de su adorable pecho que, parecía un horno encendido. Habiéndose abierto, me descubrió su amabilísimo y amante Corazón, que era el vivo manantial de las llamas. Entonces fue cuando me descubrió las inexplicables maravillas de su puro amor con que había amado hasta el exceso a los hombres, recibiendo solamente de ellos ingratitudes y desconocimiento", contó la santa.

    Y añadía que "eso” -le dijo Jesús a Margarita, "fue lo que más me dolió de todo cuanto sufrí en mi Pasión, mientras que si me correspondiesen con algo de amor, tendría por poco todo lo que hice por ellos y, de poder ser, aún habría querido hacer más. Mas sólo frialdades y desaires tienen para todo mi afán en procurarles el bien. Al menos dame tú el gusto de suplir su ingratitud de todo cuanto te sea dado conforme a tus posibilidades."

    El propio Jesús le advirtió de las tentaciones del demonio: "Primeramente me recibirás en el Santísimo Sacramento tanto como la obediencia tenga a bien permitírtelo; algunas mortificaciones y humillaciones por ello habrán de producirse y que recibirás como gajes de mi amor. Comulgarás, además, todos los primeros viernes de mes, y en la noche del jueves al viernes, te haré participe de la mortal tristeza que quise sentir en el huerto de los Olivos, cuya tristeza te reducirá, sin que logres comprenderlo, a una especie de agonía más difícil de soportar que la muerte. Para acompañarme en la humilde plegaria que elevé entonces a mi Padre, en medio de todas tus angustias, te levantarás entre las once y las doce de la noche para postrarte conmigo durante una hora, con la cara en el suelo, tanto para apaciguar la cólera divina, pidiendo por los pecadores, como para endulzar de algún modo la amargura que sentía por el abandono de mis apóstoles, lo cual me llevó a reprocharles que no habían podido velar una hora conmigo. Durante esa hora harás lo que te diga. Pero, oye hija mía, no creas a la ligera todo espíritu, ni te fíes, porque Satanás está rabiando por engañarte. Por eso, no hagas nada sin permiso de los que te guían, a fin de que, contando con la autoridad de la obediencia, él no pueda engañarte, ya que no tiene poder alguno sobre los obedientes."

    La cuarta revelación se produjo en junio de 1675. En ella, Jesús le dijo: "No puedes tributarme ninguno mayor que haciendo lo que tantas veces te he pedido ya”. Entonces el Señor le descubrió su Corazón y le dijo: "He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres y que no ha ahorrado nada hasta el extremo de agotarse y consumirse para testimoniarles su amor. Y, en compensación, sólo recibe, de la mayoría de ellos, ingratitudes por medio de sus irreverencias y sacrilegios, así como por las frialdades y menosprecios que tienen para conmigo en este Sacramento de amor. Pero lo que más me duele es que se porten así los corazones que se me han consagrado. Por eso te pido que el primer viernes después de la octava del Corpus se celebre una fiesta especial para honrar a mi Corazón, y que se comulgue dicho día para pedirle perdón y reparar los ultrajes por él recibidos durante el tiempo que ha permanecido expuesto en los altares. También te prometo que mi Corazón se dilatará para esparcir en abundancia las influencias de su divino amor sobre quienes le hagan ese honor y procuren que se le tribute”.

    ¿Cuáles son las promesas del Sagrado Corazón de Jesús?

    En las visiones del Sagrado Corazón que tuvo Santa Margarita María de Alacoque, Jesús hizo unas promesas a todos los devotos de su Sagrado Corazón, pero también unas condiciones para que se produjeran.

    Estas son las promesas:

    1. Les daré todas las gracias necesarias a su estado.
    2. Pondré paz en sus familias.
    3. Les consolaré en sus penas.
    4. Seré su refugio seguro durante la vida, y, sobre todo, en la hora de la muerte.
    5. Derramaré abundantes bendiciones sobre todas sus empresas.
    6. Bendeciré las casas en que la imagen de mi Corazón sea expuesta y venerada.
    7. Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente, el Océano infinito de la misericordia.
    8. Las almas tibias se volverán fervorosas.
    9. Las almas fervorosas se elevarán a gran perfección.
    10. Daré a los sacerdotes el talento de mover los corazones más empedernidos.
    11. Las personas que propaguen esta devoción tendrán su nombre escrito en mi Corazón, y jamás será borrado de El.
    12. Les prometo en el exceso de mi misericordia, que mi amor todopoderoso concederá a todos aquellos que comulgaren por nueve primeros viernes consecutivos, la gracia de la perseverancia final; no morirán sin mi gracia, ni sin la recepción de los santos sacramentos. Mi Corazón será su seguro refugio en aquel momento supremo.


    Y las condiciones para obtener estas gracias son estas tres:

    1. Recibir la Sagrada Comunión durante nueve primeros viernes de mes de forma consecutiva y sin ninguna interrupción.
    2. Tener la intención de honrar al Sagrado Corazón de Jesús y de alcanzar la perseverancia final.
    3. Ofrecer cada Sagrada Comunión como un acto de expiación por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento.


    ¿Quién fue el beato Bernardo de Hoyos y cuál fue la Gran Promesa?

    El beato Bernardo de Hoyos, jesuita ilustre y “apóstol del Sagrado Corazón de Jesús” fue el gran propagador de esta devoción por toda España y toda la Hispanidad en el siglo XVIII, a pesar de fallecer con tan sólo 24 años, poco tiempo después de haber sido ordenado sacerdote.

    Nació en 1711, dos décadas después de que hubiera fallecido Santa Margarita María de Alacoque en Francia. Pocos en España sabían de las apariciones del Corazón de Jesús a esta religiosa en Paray-le-Monial, pero Bernardo sí tuvo la gracia de poder conocerlas.

    En 1733, cuando Bernardo tenía 21 años y estudiaba Teología en Valladolid, recibió una carta de su amigo Agustín Cadaveraz que era sacerdote en Bilbao. A Agustín le habían pedido un sermón para la octava de Corpus, y recordaba que en Valladolid había leído un libro escrito en latín cuyo título era ‘De cultu Sacratissimi Cordis Iesu’, del padre Gallifet, sobre la devoción al Corazón de Jesús. Para preparar el sermón, Agustín le pedía a Bernardo que copiase determinados fragmentos de ese libro y que se los enviase.

    Bernardo tomó el libro de la biblioteca y lo llevó a su habitación para copiar los párrafos pedidos. Esto es lo que relata Bernardo: “Yo que no había oído jamás tal cosa, empecé a leer el origen del culto del Corazón de nuestro amor Jesús, y sentí en mi espíritu un extraordinario movimiento fuerte, suave y nada arrebatado ni impetuoso, con el cual me fui luego al punto delante del Señor sacramentado a ofrecerme a su Corazón para cooperar cuanto pudiese a lo menos con oraciones a la extensión de su culto”

    “No pude echar de mí este pensamiento hasta que, adorando la mañana siguiente al Señor en la Hostia consagrada, me dijo clara y distintamente que quería por mi medio extender el culto de su Corazón Sacrosanto, para comunicar a muchos sus dones por su Corazón adorado y reverenciado, y entendí que había sido disposición suya especial que mi Hermano el P. N. (P. Agustín de Cardaveraz) me hubiese hecho el encargo para arrojar con esa ocasión en mi corazón estas inteligencias. Yo, envuelto en confusión renové la oferta del día antes, aunque quedé algo turbado, viendo la improporción del instrumento y no ver medio para ello”, contaba por carta a su director espiritual.

    El 14 de mayo de 1733 en Valladolid a Bernardo de Hoyos se le apareció Jesús, que le mostró su Corazón. Además, le instó a introducir su corazón en el suyo. Pero esto no era un regalo sólo para él sino para todo el mundo, y así fue como le hizo la que es conocida como la Gran Promesa: “Reinaré en España, y con más veneración que en otras partes”.

    De este modo, este joven jesuita se sintió fuertemente llamado a propagar el reinado del Corazón de Jesús, y pidió ayuda para llevar por España esta devoción con dos sacerdotes amigos suyos: el padre Pedro Calatayud y el padre Agustín Cardaveraz. Luego, Bernardo antes de morir dejó escrita la historia de esta espiritualidad en el libro Tesoro escondido en el Sacratísimo Corazón de Jesús.

    ¿Cómo son las letanías del Sagrado Corazón de Jesús?

    Letanías del Sagrado Corazón de Jesús

    Señor, ten piedad de nosotros.

    Cristo, ten piedad de nosotros.

    Señor, ten piedad de nosotros.

    Cristo, óyenos.

    Cristo, escúchanos.

    Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.

    Dios Hijo Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.

    Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.

    Santísima Trinidad, que eres un solo Dios, ten misericordia de nosotros.

    (A todas las invocaciones que siguen se responde: “Ten misericordia de nosotros”.)

    Corazón de Jesús, Hijo del Eterno Padre,

    Corazón de Jesús, formado en el seno de la Virgen Madre por el Espíritu Santo,

    Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo de Dios,

    Corazón de Jesús, de infinita majestad,

    Corazón de Jesús, templo santo de Dios,

    Corazón de Jesús, tabernáculo del Altísimo,

    Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del cielo,

    Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad,

    Corazón de Jesús, santuario de la justicia y del amor,

    Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor,

    Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes,

    Corazón de Jesús, digno de toda alabanza,

    Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones,

    Corazón de Jesús, en quien se hallan todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia,

    Corazón de Jesús, en quien reside toda la plenitud de la divinidad,

    Corazón de Jesús, en quien el Padre se complace,

    Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido,

    Corazón de Jesús, deseado de los eternos collados,

    Corazón de Jesús, paciente y lleno de misericordia,

    Corazón de Jesús, generoso para todos los que te invocan,

    Corazón de Jesús, fuente de vida y santidad,

    Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados,

    Corazón de Jesús, colmado de oprobios,

    Corazón de Jesús, triturado por nuestros pecados,

    Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte,

    Corazón de Jesús, traspasado por una lanza,

    Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo,

    Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra,

    Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra,

    Corazón de Jesús, víctima por los pecadores,

    Corazón de Jesús, salvación de los que en ti esperan,

    Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren,

    Corazón de Jesús, delicia de todos los santos,

    Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos Señor.

    Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.

    Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten misericordia de nosotros.

    Jesús, manso y humilde de Corazón,

    haz nuestro corazón semejante al tuyo.

    Oración

    Oh Dios todopoderoso y eterno, mira el Corazón de tu amantísimo Hijo y las alabanzas y satisfacciones que te ofrece en nombre de los pecadores y, aplacado por estos homenajes, perdona a los que imploran tu misericordia en nombre de tu mismo Hijo, Jesucristo, que contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos. Amén.

    ¿Cómo puedo consagrarme al Corazón de Jesús?

    CONSAGRACIÓN PERSONAL

    Corazón de Jesús, manantial inagotable de gracia, amor y paz. Corazón del que nació la Iglesia, gracias por recibirme en ella en el bautismo. Gracias por mostrarme en ella el rostro de tu Padre. Gracias por enviarnos tu Espíritu Santo que nos congrega y construye. Gracias por continuar ofrendándose diariamente en la Eucaristía que une y alimenta.

    Yo me entrego y consagro a ti por el Corazón Inmaculado de María. Quiero vivir a plenitud mis promesas bautismales. Adéntrame Señor Jesús, en tu Corazón. Cámbiame este corazón de piedra. Que sea semejante al tuyo para que no viva ya más en mi voluntad, sino, como Tú, la del Padre para que venga a nosotros tu reino de justicia, de amor y de paz. AMÉN

    CONSAGRACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

    Ven, Espíritu Santo, inflama nuestro corazón en las ansias redentoras del Corazón de Cristo, para que ofrezcamos de veras nuestras personas y obras, en unión con Él, por la redención del mundo.

    ¡Señor mío y Dios mío Jesucristo! Por el Corazón Inmaculado de María, me consagro a tu Corazón, y me ofrezco contigo al Padre en el Santo Sacrificio del Altar, con mi oración y mi trabajo, sufrimientos y alegrías de hoy, en reparación de nuestros pecados y para que venga a nosotros tu Reino.

    CONSAGRACIÓN FAMILIAR

    Jesús, Señor y Redentor nuestro; Tú manifestaste a santa Margarita María de Alacoque el deseo de reinar sobre las familias cristianas.

    Ofrecemos a tu Sagrado Corazón nuestras personas y nuestra casa, por medio de nuestra Madre, la Virgen María y de San José, padre y custodio de la Sagrada Familia.

    No siempre y todos te aceptan en sus relaciones familiares, en sus viviendas o en sus puestos de trabajo. Por ellos y por nosotros te queremos recibir contentos y agradecidos en nuestra familia, en nuestro hogar y en nuestro trabajo.

    Señor, no somos dignos de que entres en nuestra casa; pero Tú que fuistes a la de aquel centurión, entraste en la de Zaqueo y te hospedaste en la de Marta y María, quédate con nosotros para siempre, que procuraremos no hacer nunca algo que te disguste.

    Señor Jesús, que nos ofreces tu Corazón, enciende en nuestros corazones un gran amor a Ti y a nuestros prójimos; que nuestra vida sea un testimonio de fe, esperanza y caridad; que hagamos bien a cuantos nos rodean, viéndote en ellos a Ti; y que al final de nuestra peregrinación por este valle de lágrimas, todos nos reunamos Contigo en el cielo, con la Virgen María, nuestra Madre, con todos los santos y las personas queridas que nos han precedido en su camino a la casa del Padre.

    Así lo prometemos, Jesús; así lo pedimos y lo esperamos de Ti, que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. AMÉN.

    ACTO DE CONSAGRACIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

    (compuesto por Santa Margarita María de Alacoque)

    Yo, (nombre) , entrego y consagro al Sagrado Corazón de Jesús mi persona y mi vida, mis acciones, trabajos y sufrimientos, para no servirme ya de ninguna parte de mi ser, sino para amarle, honrarle y glorificarle. Ésta es mi voluntad irrevocable: ser todo suyo y hacerlo todo por su amor, renunciando de todo corazón a cuanto pudiera desagradarle.

    Te elijo, pues, ¡oh Sagrado Corazón!, por el único objeto de mi amor, protector de mi vida, garantía de mi salvación, remedio de mi fragilidad, reparador de todas mis faltas y mi asilo seguro en la hora de la muerte. Corazón lleno de bondad, justifícame ante Dios Padre y desvía de mí los rayos de su justa cólera.

    ¡Corazón de Amor!, pongo toda mi confianza en Ti, pues todo lo temo de mi debilidad, pero todo lo espero de tu bondad. Consume en mí todo lo que te pueda desagradar o resistir. Que tu amor se imprima en lo más íntimo de mi corazón de tal modo que jamás pueda olvidarte ni separarme de Ti.

    Te suplico por tu bondad, que mi nombre esté escrito en Ti, porque toda mi felicidad es vivir y morir en calidad de esclavo tuyo. Amén.

    ReL

    Vea también   Julio Chevalier, Fundador de los Misioneros del Sagrado Corazón 




    El Papa: una liturgia viva, recurso para despertar la apertura al encuentro con Dios

     

    El Pontífice preside la Audiencia General en la Plaza de San Pedro y explica a los fieles cuáles son los elementos de la acción litúrgica, la cual permite “gustar la presencia de Dios por medio de Jesucristo”. Con la sobriedad solemne de sus ritmos, el rito —que debe ser cuidado “con mano delicada y sin arbitrariedades”— interrumpe las actividades frenéticas y nos reconduce a lo esencial.


    En la audiencia general celebrada este 3 de junio, el Papa León XIV dedicó su tercera catequesis sobre la Constitución Sacrosanctum Concilium a profundizar en el significado del rito, los signos y los símbolos dentro de la liturgia, continuando así su reflexión sobre los documentos del Concilio Vaticano II.

    Tras el habitual recorrido en papamóvil entre fieles y peregrinos en la Plaza de San Pedro, el Papa, llegado al atrio de la Basílica Vaticana, explicó en primer lugar que "los ritos de la liturgia cristiana" son, en la práctica, "la mediación eclesial mediante la cual nos alcanza el don divino", y no simplemente «un revestimiento exterior del misterio sacramental".

    En la liturgia se hace concreto el misterio de la fe

    La Sacrosanctum Concilium aclara que "en la liturgia, a través de los ritos y las oraciones, se hace concreto el Mysterium fidei (Misterio de la fe)", y que es "el rito" el que da "forma a la acción litúrgica". Esta acción, en los creyentes que participan no como "espectadores mudos", sino con "cuerpo, mente y corazón", genera una "sensibilidad espiritual" que permite "gustar la presencia de Dios por medio de Jesucristo".

    "A través del rito sagrado somos formados para escuchar la Palabra de Dios, dar gracias y adorar, compartir fraternalmente y vivir la comunión eclesial. Descubrimos que somos una asamblea de muchos rostros, reunida por una misma fe".

    Una pausa que regenera el corazón

    El rito posee "una secuencia de gestos y oraciones bien definida", precisó además el Pontífice. Sin embargo, "su lógica no es la de encerrar la libertad en esquemas"; más bien, "con la sobriedad solemne de sus ritmos, el rito interrumpe las actividades frenéticas y nos reconduce a lo esencial". Por ello, permite vivir "otra experiencia del tiempo y del espacio".

    "En el rito experimentamos una lógica de gratuidad, encontramos una pausa que regenera el corazón, reconocemos que somos precedidos por la gracia divina y aprendemos a vivir con un ritmo habitado por el Espíritu Santo. La gramática del rito está tejida por los signos y símbolos propios de la liturgia."

    Dejarse educar por los ritos

    Para León XIV, hoy es necesario dejarse "educar por los ritos de la liturgia". Por ello, resulta indispensable cuidar "con delicadeza y sin arbitrariedades la belleza" de las celebraciones y comprometerse en una auténtica mistagogía.

    "La experiencia de una liturgia viva y devota, acompañada de una adecuada catequesis mistagógica, es el mejor recurso para despertar en todos esa apertura al encuentro con Dios que, según la lógica de la encarnación, solo puede darse involucrando a toda la persona: espíritu, alma y cuerpo."

    Los signos en la acción litúrgica

    En cuanto a los signos, en la liturgia significan "la santificación del ser humano". Así, por ejemplo, el agua —desde los orígenes de la creación hasta el diluvio, desde el paso del Mar Rojo hasta el Jordán, y hasta aquella que brota del costado de Cristo— es litúrgicamente "signo sacramental de la inmersión" en la muerte y resurrección de Jesús.

    Pero el "signo" también es "simbólico" cuando remite "a todo un sistema de significados y valores", precisó León XIV. Es el caso de la aspersión con agua bendita, gesto mediante el cual "se reaviva en nosotros la conciencia del don recibido en el Bautismo y nuestra adhesión a la vida nueva en Cristo".

    Los símbolos

    Además, en la liturgia existen "los símbolos", que pueden consistir en "acciones más simples y comunes, como arrodillarse o darse la paz, o más significativas, como los actos constitutivos de cada sacramento". Lo que los caracteriza es esa "singular dimensión performativa y transformadora", tanto respecto a los elementos materiales que los componen como a quienes entran en contacto con ellos. Esta dimensión genera sentido de pertenencia, toca "el corazón y la mente" y suscita "auténticas relaciones eclesiales".

    Finalmente, el Pontífice, al igual que su predecesor, el Papa Francisco, en la carta apostólica Desiderio desideravi, y retomando el pensamiento de Romano Guardini, subrayó que, en el "trabajo de formación litúrgica", la primera tarea del ser humano es "volver a ser capaz de comprender y vivir los símbolos".


    Tiziana Campisi – Ciudad del Vaticano

    Evangelio del día Miércoles 9a. Semana TO - San Carlos Luanga y compañeros mártires


     

    Segunda Carta de San Pablo a Timoteo 1,1-3.6-12.

    Pablo, Apóstol de Jesucristo, por la voluntad de Dios, para anunciar la promesa de Vida que está en Cristo Jesús,
    saluda a Timoteo, su hijo muy querido. Te deseo la gracia, la misericordia y la paz que proceden de Dios Padre y de nuestro Señor Jesucristo.
    Doy gracias a Dios, a quien sirvo con una conciencia pura al igual que mis antepasados, recordándote constantemente, de día y de noche, en mis oraciones.
    Por eso te recomiendo que reavives el don de Dios que has recibido por la imposición de mis manos.
    Porque el Espíritu que Dios nos ha dado no es un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de sobriedad.
    No te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni tampoco de mí, que soy su prisionero. Al contrario, comparte conmigo los sufrimientos que es necesario padecer por el Evangelio, animado con la fortaleza de Dios.
    El nos salvó y nos eligió con su santo llamado, no por nuestras obras, sino por su propia iniciativa y por la gracia: esa gracia que nos concedió en Cristo Jesús, desde toda la eternidad,
    y que ahora se ha revelado en la Manifestación de nuestro Salvador Jesucristo. Porque él destruyó la muerte e hizo brillar la vida incorruptible, mediante la Buena Noticia,
    de la cual he sido constituido heraldo, Apóstol y maestro.
    Por eso soporto esta prueba. Pero no me avergüenzo, porque sé en quien he puesto mi confianza, y estoy convencido de que él es capaz de conservar hasta aquel Día el bien que me ha encomendado.


    Salmo 123(122),1-2a.2bcd.

    Levanto mis ojos hacia ti,
    que habitas en el cielo.
    Como los ojos de los servidores
    están fijos en las manos de su señor,
    y los ojos de la servidora
    en las manos de su dueña:


    Evangelio según San Marcos 12,18-27.

    Se le acercaron unos saduceos, que son los que niegan la resurrección, y le propusieron este caso:
    "Maestro, Moisés nos ha ordenado lo siguiente: 'Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda'.
    Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos.
    El segundo se casó con la viuda y también murió sin tener hijos; lo mismo ocurrió con el tercero;
    y así ninguno de los siete dejó descendencia. Después de todos ellos, murió la mujer.
    Cuando resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?".
    Jesús les dijo: "¿No será que ustedes están equivocados por no comprender las Escrituras ni el poder de Dios?
    Cuando resuciten los muertos, ni los hombres ni las mujeres se casarán, sino que serán como ángeles en el cielo.
    Y con respecto a la resurrección de los muertos, ¿no han leído en el Libro de Moisés, en el pasaje de la zarza, lo que Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?
    El no es un Dios de muertos, sino de vivientes. Ustedes están en un grave error".

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



    Bulle

    San Atanasio (295-373)
    obispo de Alejandría, doctor de la Iglesia
    Tratado sobre la Encarnación del Verbo 10,14 (PG 25,111-114. “Lectures chrétiennes pour notre temps”, Abbaye d'Orval, 1972), trad. sc©evangelizo.org


    La esperanza de la resurrección es dada en Cristo

    ¿Por qué es el Verbo de Dios el que debía encarnarse? La Escritura nos indica la razón en estas palabras: “Convenía, en efecto, que aquel por quien y para quien existen todas las cosas, a fin de llevar a la gloria a un gran número de hijos, perfeccionara, por medio del sufrimiento, al jefe que los conduciría a la salvación” (Hb 2,10). Así nos es aclarado que levantar a los hombres de la ruina en la que habían caído, únicamente pertenecía al Verbo de Dios, que los había creado en el comienzo.
    Con el sacrificio de su cuerpo, él puso fin a la ley que pesaba sobre nosotros y renovó para nosotros el principio de la vida, dándonos la esperanza de la resurrección. Ya que, si es por los hombres que la muerte ha dominado sobre los hombres, es por la encarnación del Verbo de Dios que la muerte fue destruida y que la vida es resucitada, como escribe el Apóstol pleno de Cristo: “Porque la muerte vino al mundo por medio de un hombre, y también por medio de un hombre viene la resurrección. En efecto, así como todos mueren en Adán, así también todos revivirán en Cristo” (1 Cor 15,21-22).
    No es como condenados que morimos, sino con la esperanza de despertarnos de la muerte, esperando la resurrección universal que Dios nos mostrará en su tiempo. Él, que es el autor y que nos hace la gracia.
    (EDD)

    Reflexión sobre la vidriera

    San Carlos Lwanga y sus compañeros fueron un grupo de veintidós mártires católicos, asesinados por su fe en Uganda entre 1885 y 1887. Formaban parte de una persecución más amplia de conversos cristianos (tanto católicos como anglicanos) bajo el gobierno del rey Mwanga II de Buganda. El rey, temeroso de la creciente influencia del cristianismo en su corte y encolerizado por la oposición de los cristianos a sus exigencias inmorales, especialmente hacia los jóvenes pajes varones, inició una brutal campaña contra los conversos cristianos. Charles Lwanga, funcionario de la corte y devoto católico, protegió valientemente a los más jóvenes de los abusos del rey y siguió instruyéndoles en la fe, incluso después del asesinato del misionero católico Joseph Mukasa Balikuddembe.

    El 3 de junio de 1886, Carlos y doce de sus compañeros fueron quemados vivos en Namugongo, tras negarse a renunciar a su fe. Su martirio se convirtió en un poderoso testimonio que inspiró el crecimiento del cristianismo en toda Uganda y más allá. El Papa Pablo VI los canonizó en 1964, reconociendo no sólo su heroica virtud, sino también el extraordinario testimonio de una joven Iglesia autóctona africana. La fiesta de hoy tiene un significado especial en África, especialmente en Uganda, donde son héroes nacionales e intercesores espirituales.

    Entre los mártires estaba San Kizito, el más joven del grupo, que sólo tenía 14 años en el momento de su muerte. Nuestra vidriera del Santuario de los Mártires de Munyonyo. Paje de la corte real, Kizito estaba profundamente influido por el ejemplo y los cuidados de Carlos Lwanga. La noche antes de su ejecución, en Munyonyo, Carlos bautizó en secreto a Kizito, sabiendo que su muerte era inminente. Fue un acto de inmenso valor y amor, ¡un último regalo de fe de un santo a otro! Ese momento, en la oscuridad de la persecución, simboliza la luz de Cristo transmitida de un alma a otra, y la fuerza perdurable de la fe frente al terror. Hoy, Munyonyo es un lugar de peregrinación, donde el recuerdo de su sacrificio sigue inspirando a generaciones de creyentes.

    Hoy rezamos especialmente por nuestros hermanos y hermanas de África, donde la Iglesia católica crece con extraordinaria vitalidad y alegría. En muchos países africanos, la fe florece con vibrantes comunidades cristianas y un notable número de vocaciones sacerdotales y religiosas. En la actualidad, casi uno de cada cinco católicos del mundo vive en África, y la Iglesia sigue creciendo rápidamente año tras año. Mientras que en muchas partes del mundo occidental disminuye la asistencia a la iglesia, las iglesias africanas suelen rebosar de fieles, llenas de cantos, oraciones y energía juvenil. Sin embargo, junto a este crecimiento, muchos cristianos en África también se enfrentan a inmensas dificultades: pobreza, inestabilidad política, violencia, persecución y falta de recursos. Hoy rezamos para que la Iglesia en África siga siendo un testimonio radiante para toda la Iglesia universal.

    by Padre Patrick van der Vorst

    Oración

    Oh Jesús, nuestro Señor y Redentor, a través de tu pasión y muerte, te adoramos y te damos gracias. Santa María, Madre y Reina de los Mártires, obtennos la santificación por medio de nuestros sufrimientos. Santos Mártires, los seguidores de Cristo sufriente, concedednos la gracia de imitarlo.

    (colombia.com)

    martes, 2 de junio de 2026

    Ante la Virgen de Lourdes el Papa reza el Rosario y pide al mundo buscar la paz con corazón sincero

     

    El Papa León XIV ante la Virgen de Lourdes en los Jardines Vaticanos este sábado 30 de mayo 

    Desde la Gruta de la Virgen de Lourdes que está asentada en los Jardines Vaticanos, el Papa León XIV rezó el rosario por la paz este sábado, asegurando que para alcanzarla debemos asumir un compromiso cotidiano en nuestra vida.

    A esta iniciativa del Santo Padre se unieron 19 de los más importantes santuarios marianos en el mundo entero —incluyendo los de Fátima, Lourdes y Guadalupe— para pedir a la Santísima Virgen el don de la paz en el mundo entero.

    En su intervención, el Papa precisó que la paz “no es una teoría que se verifique en un laboratorio” sino que es “un compromiso cotidiano de nuestra vida” cuando se le busca “con corazón sincero”. La paz, añadió, “brota de la justicia y del amor” como una armonía que une a las personas, a las familias y a los pueblos.

    “También en este tiempo de tensiones y conflictos, la paz se hace posible cuando se quiere escuchar el grito de quienes se ven privados de ella: niños inocentes, madres y padres angustiados, prisioneros maltratados, refugiados, personas que sufren, de todas las edades. Todos ellos tienen en los labios una sola palabra: ¡paz!”, agregó.

    En medio de la oración, el Papa puso de manifiesto “la esperanza de la que sentimos necesidad” en medio de las dificultades. Además, pidió preparar el corazón para poder “comprender el sentido de lo que ocurre en la historia, reconociendo la providencia de Dios que siempre la guía y nos socorre”.

    El Santo Padre pronunciando un discurso. 

    La Virgen María, continuó, inclina el oído del corazón para escuchar “lo que dice Dios”. El Papa León dijo que “Ella nos sirve de ejemplo con su obediencia, que acoge la encarnación del Hijo de Dios en su seno”.

    Así, el Rosario nos permite reconocer al Señor Jesús como la Palabra de Dios, una Palabra de Paz “para todos aquellos que vuelven a Él con un corazón arrepentido”.

    “El Señor nunca nos abandona, ni siquiera cuando nos olvidamos de Él, ni siquiera cuando perdemos el camino; Él viene a buscarnos y se nos acerca con el amor de siempre”, aseguró.

    La paz es siempre posible

    El Santo Padre explicó que la paz “es siempre posible porque es un don de Dios”. La paz “tiene el rostro de Jesucristo” porque Él es quien “derriba los muros de la enemistad, que vence la arrogancia con la humildad y redime del pecado a toda la creación”.

    “Cuando el Señor Jesús está con nosotros y nos comportamos como verdaderos discípulos de su amor, entonces el Espíritu Santo puede realizar lo que humanamente parece imposible. Cuando, en cambio, nos alejamos de Dios, nos alejamos también del hombre, de nuestro prójimo, permaneciendo indiferentes a su dolor”, señaló.

    León XIV explicó que cada vez que volvemos al Señor, “su paz se convierte en nuestro compromiso, según las tareas y responsabilidades de cada uno”, convirtiéndose así nuestra oración “en misión y profecía”.

    “Ya no habrá llanto de inocentes en nuestras ciudades; nadie tendrá que huir de su hogar por la amenaza de las bombas; la sed de poder y la violencia de las palabras darán paso a la sed de justicia y de verdad”, dijo.

    “Pero cada uno puede y debe aportar su granito de arena, empezando por cosas pequeñas pero importantes, absteniéndose de toda violencia verbal o física, en la vida cotidiana y también en las redes sociales”, agregó el Papa León.

    Finalmente, el Santo Padre remarcó que la paz “comienza en un corazón que ama” y se manifiesta “en los labios que pronuncian palabras de reconciliación” y en la mirada que observa al mundo “con mansedumbre y sabiduría”.

    “Esta es la verdadera fuerza, la fuerza de la verdad y del amor. ¡Dios busca constructores de paz! Que nuestra Santísima Madre nos ayude a responderle cada día con nuestro ‘heme aquí’, no con palabras, sino con hechos”, concluyó.

    Andrés Henríquez, ACI