Entradas populares

martes, 25 de agosto de 2026

El sacerdote que ha visto cientos de posesiones alerta: «Muchos van a gurús buscando sanación»

James Manjackal, experto en sanación y liberación, advierte del auge del yoga, el reiki y los gurús, y pide recuperar la fuerza de los sacramentos.

Padre James Manjackal

Padre James Manjackal


    El padre James Manjackal (www.jmanjackal.net) es uno de los predicadores más populares de la Renovación Carismática Católica, especialmente por su fuerte denuncia contra la Nueva Era y a las supersticiones de estilo orientalista. Nació en 1946 en Cheruvally (Kerala, al sur de la India) y fue ordenado sacerdote en 1973, en la congregación de los fransalianos (Misioneros de San Francisco de Sales, www.msfstoday.org), fundada en Francia en el siglo XIX, con gran presencia en la India.

    Durante décadas el padre Manjackal ha recorrido los más diversos países con retiros de sanación y evangelización. En la India es muy conocido por haber fundado en 1989 el activísimo centro de retiros de la Renovación Carismática Charis Bhavan (www.charisbhavan.org), que dirigió durante los 6 primeros años. Con la caída del Muro de Berlín, ha podido predicar el Evangelio en los países de Europa Oriental, donde ha encontrado durante tres décadas una población muy herida por el comunismo y las espiritualidades orientalistas y la Nueva Era.

    A su paso por Madrid, en el centro de retiros de los agustinos en la población de Guadarrama, le hemos entrevistado para ReL acerca de la Nueva Era y el mundo sobrenatural.

    Le preguntamos primero por el debate acerca de los laicos que hacen "palabras de mando" o "órdenes" a enfermedades. En esta práctica, hay laicos que dicen: "espíritu de parálisis" o "espíritu de cojera, vete en el nombre de Jesús, te lo ordeno en el nombre de Jesús"... Hay quien dice que esta práctica es como hablar con espíritus y no debería realizarse, que deben limitarse a hablar con Dios pidiendo sanación. Otros dicen que deberían realizarla solo sacerdotes. Ya consultamos el tema con el padre Gareth Leyshon (léalo aquí). La postura del Padre Manjackal es similar.

    - Padre Manjackal, ¿cuál es su postura al respecto de las "órdenes" o "palabras de mando" dirigidas al "espíritu de tal enfermedad", que practican algunos laicos?

    - Hay una diferencia entre hablar de "espíritus de enfermedades" y "espíritus malignos". El cristianismo enseña que las cosas que pasan en el mundo dependen de dos espíritus. El bueno es el que llamamos Espíritu Santo, que es Dios. El malo es Satanás. Así, en 1 Juan 5, 19 leemos: "El mundo entero está bajo el maligno. Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero". Sí, el espíritu del mal puede causar enfermedades y una persona que sufra bajo este espíritu puede estar físicamente enfermo por su acción. En esos casos, un cristiano laico, ungido por el Espíritu Santo, puede, en oración, en nombre de Jesús, ordenar al espíritu de enfermedad que se vaya. Lo que un laico no puede hacer (excepto por encargo expreso del obispo) es realizar el ritual del exorcismo, que es para casos de posesión, cuando el demonio tiene una dominación total, muy fuerte de la persona.

    - ¿Ha conocido muchos casos de posesión?

    - Sí, muchos casos de posesión y de liberación, pero no tanto en la India como en Europa. En la India los obispos son bastante reacios a estos temas, casi ninguno tiene exorcistas designados en las diócesis. El padre Rufus Pereira, de la Renovación Carismática, era el único conocido allí, y ya murió. La gente con problemas de liberación de lo maligno acude a grupos carismáticos, y allí rezan por ellos con oraciones de liberación y los obispos no objetan. Si se encuentra un caso que parece de verdadera posesión, el obispo designa un exorcista para el caso. Tanto en India como en Europa hay muchos obispos que, por desgracia, no creen en el demonio ni los exorcismos.

    - ¿Dice que ha visto más posesiones en Europa que en India?

    - Sí, cientos de casos en Croacia, Polonia, Bosnia, en general en el Este de Europa... También bastantes en Francia. En Austria conocí 3 o 4 casos, uno en Alemania. En general, tiene que ver con la falta de recurso a los sacramentos y la extensión de prácticas de new age, de esoterismo, de satanismo y de masonería. Todas esas cosas atraen lo demoníaco.

    - ¿Qué piensa del reiki y de esas prácticas de new age que se presentan como sanadoras?

    - En la Iglesia hoy nos encontramos en exorcismos con que el demonio, al ser detectado y expulsado, dice de si mismo "me llamo reiki" o "me llamo Sai Baba" o... dan nombres de gurús de nueva era. Quieren decir que ellos, los demonios, han podido actuar en la víctima porque ella se relacionó con esas prácticas o gurús. La realidad es que hay gente con poderes ocultos que curan de verdad, al menos al principio. El enfermo empieza a sentirse bien y se engancha a ese ambiente. Luego empezarán a sentir éxtasis, sentirse "renacer", etc... Todo son trucos del Maligno, que como dice la escritura puede disfrazarse de ángel de luz. Si una curación viene de Dios también deberíamos ver crecer su vida de fe y de sacramentos. Dicho esto, es verdad que existen algunas personas con un poder dado por Dios para sanar.

    - ¿Cómo definiría de forma sencilla la "new age" o "nueva era"?

    - Son unas prácticas que prometen que encontrarás a Dios en ti mismo, que de hecho tú mismo llegarás a ser, con estas prácticas, un dios. 

    En realidad, eso te aleja del verdadero Dios, porque creerás que ya no le necesitas y no le rezarás ni te tratarás con Él.

    - Hay bautizados, incluso católicos creyentes, que van a retiros de meditación a sitios budistas, con prácticas budistas... ellos no buscan hacer un culto o adoración, sino sólo practicar una cierta relajación, concentración...

    - Un católico no puede hacer eso, ir a sitios sagrados de otras religiones ni realizar prácticas sagradas de otras religiones. El cristiano sigue a Jesucristo como único Señor. No puede ir a Buda, a Shiva o a cualquiera de los 3 millones de dioses hindúes a buscar nada, aunque luego además vaya a misa o rece el rosario. Eso va contra el primer mandamiento: "No tendrás otros dioses junto a mí".

    - ¿Por qué la gente va a sanadores y curanderos de new age, o paganos, y no a los cristianos?

    - Porque los sacerdotes no están dando la sanación que está en los sacramentos. La confesión es muy sanadora, la misa es sanadora... pero los sacerdotes hoy no dan eso.

    - De todas las supersticiones o prácticas new age, ¿cuál le parece la peor?

    - Sin duda el yoga, en mi opinión. El 75% de la población de Europa Oriental ha participado alguna vez en una práctica de yoga.

    - Pero muchas personas no hacen yoga como algo religioso, sino como simple gimnasia...

    - El yoga tiene 11 niveles o pasos que buscan unir a la persona con la divinidad, pero no con el Dios cristiano, sino con la divinidad hindú. Y el primer paso es el kada yoga, que se presenta como gimnasia, unos ejercicios. Pero está integrado en todo el sistema de yoga y lleva a los demás pasos. El hinduismo dice que con el yoga y sus pasos podrás llegar a ser un dios tú mismo. Eso te aleja del Dios verdadero. Es algo sagrado, es un culto religioso pagano. En la India, como en Occidente, siempre existió la simple gimnasia, que está bien y es sana y lícita. Pues haz gimnasia, pero no hagas yoga. La gimnasia es gimnasia, y el yoga es yoga.

    - ¿Alguna otra práctica preocupante que se esté divulgando?

    - La homeopatía: es mala ciencia, es falsa, no cura, sólo es placebo, no es medicina real... Pero, además de estafar, hay casos en los que en el agua se puede ocultar poder maligno, con prácticas ocultistas, para dañar y enganchar a las personas. Sea por ocultismo o por no ser medicina real, debemos rechazar la homeopatía.

    - ¿Qué debe hacer una persona que se haya involucrado en estas prácticas para protegerse de sus consecuencias?

    - Primero, renunciar a todo lo new age, a sus libros, casetes, perfumes, estatuillas, objetos... Renunciar a ellos, destruirlos, sacarlos de casa. Mientras no hagas eso, seguirás incumpliendo el Primer Mandamiento: "amarás a Dios sobre todas las cosas". Después, es necesario acudir a una oración de liberación, a ser posible con la oración de un sacerdote. En tercer lugar, hay que confesarse y acudir a la vida de sacramentos, a la misa. En cuarto lugar, tener oración personal cada día. Y, finalmente, nunca, nunca, volver a ese mundo de la new age y lo oculto.

    - ¿Qué le parecen los escándalos que se conocen hoy de clérigos involucrados en abusos sexuales y otros clérigos que lo ocultaban o minimizaban?

    - Creo que es lo que el profeta Oseas describía en su capítulo 5: un espíritu de adulterio. La esposa, consagrada al Esposo, le traiciona y adultera. Aquí son los clérigos, consagrados a Dios, volcados en la homosexualidad, la inmoralidad sexual... El primer mandamiento y el sexto van muy ligados: el sexo descontrolado y la idolatría tienen un lazo. Yo creo que la ola de abusos apareció hace unos 50 o 60 años, al igual que la ola de New Age y de esoterismo. Ese espíritu de adulterio, que yo digo, quitó al mismo tiempo la conexión con Dios y la conexión con una buena moral sexual, de vida íntegra.

    - ¿Una relación entre new age y los abusos sexuales?

    - Muchos sacerdotes y obispos se han metido en estas cosas esotéricas y accedieron, con el adulterio espiritual, a la inmoralidad sexual.

    - ¿Pero usted conoce a esos clérigos, tiene pruebas, los ha visto haciendo new age?

    - Seguro que algunos casos podrías verlos hasta en Internet. En realidad, la New Age se presenta como una oferta espiritual más, compatible con el cristianismo, pero saben que no puede ser. Insisten en que la era de Piscis, del Pez cristiano, se acaba y la de Acuarius, con sus ideales fluidos, nada firmes, debe sustituirla.

    - ¿La New Age pretende sustituir al cristianismo?

    - Sí, ellos necesitan destruir al cristianismo, con su Dios único, su religión única y su moral cristiana tan firme. Pero no lo tiene fácil, porque el cristianismo cuenta con Cristo, que no es un concepto sino una persona, que ha muerto por nosotros, es nuestro Salvador y no se dejará absorber. El cristiano debe equiparse con sus valores, la moral cristiana. En todo el mundo la gente respeta al catolicismo sus valores éticos: no al divorcio, no al aborto, no a la eutanasia, esos valores... hasta los paganos admiran estos valores y debemos conservarlos. Como sacerdote y predicador digo, en India, en Europa Occidental o en Europa Oriental, que el cristianismo es la luz del mundo y sal de la tierra.

    Pablo J. Ginés, ReL

    Vea también     Fe cristiana y Demonología (Congregación para la Doctrina de la Fe)




    Consejos para tu hijo que entra a la universidad y otras reflexiones más

    JOVENES

    Consejos para tu hijo que entra a la universidad

    La universidad es una nueva e importante etapa en la vida de los hijos ¡y también de los padres! Descubre qué hacer ahora que tu hijo estudia la licenciatura

    > Padres e hijos adultos pueden fortalecer su relación

    > Uso de pantallas y regreso a clases: ¿cómo conciliarlos? 

    > Si eres universitario, lee este mensaje del Papa en la JMJ

    Aleteia


    Evangelio del día Martes 21a. Semana TO

     


    Santa María Troncatti , San Luis IXMás...

    Segunda Carta de San Pablo a los Tesalonicenses 2,1-3a.14-17.

    Acerca de la Venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra reunión con él, les rogamos, hermanos,
    que no se dejen perturbar fácilmente ni se alarmen, sea por anuncios proféticos, o por palabras o cartas atribuidas a nosotros, que hacen creer que el Día del Señor ya ha llegado.
    Que nadie los engañe de ninguna manera. Porque antes tiene que venir la apostasía y manifestarse el hombre impío, el Ser condenado a la perdición,
    El los llamó, por medio de nuestro Evangelio, para que posean la gloria de nuestro Señor Jesucristo.
    Por lo tanto, hermanos, manténganse firmes y conserven fielmente las tradiciones que aprendieron de nosotros, sea oralmente o por carta.
    Que nuestro Señor Jesucristo y Dios, nuestro Padre, que nos amó y nos dio gratuitamente un consuelo eterno y una feliz esperanza,
    los reconforte y fortalezca en toda obra y en toda palabra buena.


    Salmo 96(95),10.11-12a.12b-13.

    Digan entre las naciones: «El Señor reina!
    El mundo está firme y no vacilará.
    El Señor juzgará a los pueblos con rectitud.»
    Alégrese el cielo y exulte la tierra,

    resuene el mar y todo lo que hay en él;
    regocíjese el campo con todos sus frutos,
    griten de gozo los árboles del bosque.
    Griten de gozo delante del Señor,

    porque él viene a gobernar la tierra:
    Él gobernará al mundo con justicia,
    y a los pueblos con su verdad.


    Evangelio según San Mateo 23,23-26.

    ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que pagan el diezmo de la menta, del hinojo y del comino, y descuidan lo esencial de la Ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello.
    ¡Guías ciegos, que filtran el mosquito y se tragan el camello!
    ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera la copa y el plato, mientras que por dentro están llenos de codicia y desenfreno!
    ¡Fariseo ciego! Limpia primero la copa por dentro, y así también quedará limpia por fuera.


    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



    Bulle

    Catecismo de la Iglesia Católica
    § 1455-1458


    “Purifica primero el interior de tu alma”

    La confesión de los pecados (acusación), incluso desde un punto de vista simplemente humano, nos libera y facilita nuestra reconciliación con los demás. Por la confesión, el hombre se enfrenta a los pecados de que se siente culpable; asume su responsabilidad y, por ello, se abre de nuevo a Dios y a la comunión de la Iglesia con el fin de hacer posible un nuevo futuro. La confesión de los pecados hecha al sacerdote constituye una parte esencial del sacramento de la Penitencia... “Cuando los fieles de Cristo se esfuerzan por confesar todos los pecados que recuerdan, no se puede dudar que están presentando ante la misericordia divina para su perdón todos los pecados que han cometido... Porque si el enfermo se avergüenza de descubrir su llaga al médico, la medicina no cura lo que ignora" (Concilio de Trento: DS 1680; cf San Jerónimo, Commentarius in Ecclesiasten 10, 11).
    Según el mandamiento de la Iglesia "todo fiel llegado a la edad del uso de razón debe confesar, al menos una vez la año, fielmente sus pecados graves"... Sin ser estrictamente necesaria, la confesión de los pecados veniales, sin embargo, se recomienda vivamente por la Iglesia (cf Concilio de Trento: DS 1680; CIC 988, §2). En efecto, la confesión habitual de los pecados veniales ayuda a formar la conciencia, a luchar contra las malas inclinaciones, a dejarse curar por Cristo, a progresar en la vida del Espíritu. Cuando se recibe con frecuencia, mediante este sacramento, el don de la misericordia del Padre, el creyente se ve impulsado a ser él también misericordioso (cf Lc 6,36)... “Cuando empiezas a detestar lo que hiciste, entonces empiezan tus buenas obras buenas, porque repruebas las tuyas malas... Practicas la verdad y vienes a la luz” (San Agustín; Jn 12, 13).
    (EDD)

    Reflexión sobre el vaso y el platillo de porcelana

    Jesús solía utilizar objetos cotidianos para enseñarnos verdades espirituales. Hablaba de semillas, lámparas, redes de pesca, monedas, pan, viñedos y, en el Evangelio de hoy, de una sencilla taza y un plato. Todo el mundo sabe que, si una taza está sucia por dentro, da igual lo reluciente que parezca por fuera. Lo que realmente importa es lo que hay dentro. Jesús utiliza esta imagen tan familiar para interpelar a los líderes religiosos de su época, que se esmeraban en parecer bien vestidos y santos ante los demás, pero descuidaban lo que ocurría en sus corazones. Se preocupaban por las apariencias externas, mientras que el orgullo, la codicia y el interés propio permanecían ocultos en su interior. ¡La verdadera santidad siempre comienza por dentro! Una vez que el interior crece, eso se hará visible en el exterior… Un corazón lleno del amor de Dios, en última instancia, siempre se verá reflejado en el exterior.

    Es fácil dedicar tiempo a pulir el ‘exterior’ de nuestras vidas: nuestra reputación, nuestros logros o la imagen que proyectamos al mundo. Sin embargo, Dios siempre mira primero al corazón. Nos invita a dejar que Él nos purifique desde dentro, eliminando con delicadeza todo aquello que nos aleja de Él: el resentimiento, los celos, el egoísmo, el miedo o la falta de perdón. El sacramento de la confesión nos ayuda mucho en esto. Cuando el interior se transforma, el exterior le sigue de forma natural. Nuestras palabras se vuelven más amables, nuestras acciones más generosas y nuestras vidas más auténticas. La santidad no consiste en parecer perfectos. Consiste en permitir que Cristo nos renueve desde dentro hacia fuera, para que toda nuestra vida se convierta en un reflejo de su amor.

    Nuestra preciosa taza y platillo de porcelana nos recuerdan que las tazas y los platos siempre han sido algo más que simples objetos domésticos. Este elegante juego se fabricó en la famosa fábrica de porcelana de Meissen, en Alemania, a principios del siglo XVIII, y formaba parte de un lujoso servicio de té y chocolate que Augusto el Fuerte, elector de Sajonia —bajo cuyo patrocinio se fundó la fábrica de Meissen—, obsequió como regalo diplomático al rey Víctor Amadeo II de Cerdeña. Fue diseñado para impresionar a su propietario y a sus invitados, reflejando la mejor artesanía de su época.

    Sin embargo, Jesús nos invita a mirar más allá de esa belleza exterior. Por muy valiosas que sean una taza o un plato, su verdadero propósito no es ser admirados en una estantería, sino estar lo suficientemente limpios como para servir a los demás.

    by Padre Patrick van der Vorst

    Oración

    ¡Salve María!
    Oh Santísima Madre de Dios y mi Madre, fortaleza de los débiles y refugio de los pecadores, llegará el momento en que tendré que pasar por las circunstancias por donde el demonio más me tienta.
    Tengo horror a la impureza, porque sé cuanto es opuesta a vuestro espíritu y contraria a la esclavitud a Vos, en la cual deseo ser perfecto.
    Ayúdame -os lo pido- por intercesión de San Luis Gonzaga, modelo admirable de pureza, a no ofenderte en esta ocasión, para que yo pueda desde ahora ofrecerte mi resistencia a la tentación: resistencia que deseo oponer al enemigo infernal, ahora y para siempre.
    Yo os imploro que todos los días de mi vida, transcurran en la práctica eximia de la virtud angélica de la pureza. Así sea.
    Plinio Correa de Oliveira (Heraldos del Evangelio en Argentina)

    lunes, 24 de agosto de 2026

    ¿Hasta dónde hay que obedecer al Papa? Benedicto XVI puso un límite que también obliga a Pedro

    ¿Puede un Papa enseñar lo que quiera? Benedicto XVI fue tajante: no es dueño de la fe, sino servidor y custodio de una verdad recibida.

    Cuando se cumplen varios años de su muerte, el interés por la obra de Joseph Ratzinger en sus distintas etapas no ha decaído, sino todo lo contrario.

    Cuando se cumplen varios años de su muerte, el interés por la obra de Joseph Ratzinger en sus distintas etapas no ha decaído, sino todo lo contrario.


      ¿Hasta dónde llega la obediencia de un católico al Papa? El periodista Vik van Brantegem, que trabajó en la Sala de Prensa de la Santa Sede durante los pontificados de Juan Pablo II, Benedicto XVI y el comienzo del de Francisco, y actualmente es el editor del diario digital Korazym.org, recupera una decisiva homilía de Benedicto XVI para responder a una cuestión que sigue provocando tensiones en la Iglesia. 

      Frente a quienes convierten cada palabra pontificia en indiscutible y quienes solo aceptan al Papa cuando confirma sus propias ideas, Ratzinger recordó un principio esencial: «El Papa no es un soberano absoluto». Su autoridad no está por encima de la Palabra de Dios, sino a su servicio. Por eso, la primera obediencia exigida por el ministerio petrino es precisamente la del propio Papa.

      A continuación reproducimos íntegro esta interesante reflexión del periodista belga, publicada en Korazym.org a propósito de una homilía de Benedicto XVI:

      Obedecer al Papa no significa obedecer a un hombre. El Sucesor de Pedro es el primero en estar sujeto a la Palabra.

      Existe un malentendido que se repite periódicamente en la vida de la Iglesia. Por un lado, están quienes parecen considerar cada palabra pronunciada por el Papa como una definición infalible, a la que no se le puede añadir ni una sola pregunta

      Por otro lado, están quienes tratan el magisterio papal como una opinión más entre las muchas presentes en el debate eclesial: autorizada, tal vez, pero aceptable solo cuando coincide con lo que ya se cree. Estos dos extremos terminan oscureciendo la esencia misma del ministerio petrino.

      Una de las explicaciones más claras la dio el Papa Benedicto XVI el 7 de mayo de 2005, en su homilía durante la celebración eucarística de su instalación como Obispo de Roma en la Archibasílica Papal, Catedral Metropolitana Primada del Santísimo Salvador y de los Santos Juan Bautista y Evangelista en Letrán, Iglesia Madre y Cabeza de Roma y del Mundo. 

      Este texto también confirma un detalle importante: Benedicto XVI definió la Cátedra Romana ante todo como la «Cátedra de este credo» y vinculó explícitamente la tarea del Sucesor de Pedro a «confirmar a sus hermanos» en la fe.

      Había transcurrido poco más de un mes desde la muerte de San Juan Pablo II y apenas dieciocho días desde la elección del Cardenal Joseph Ratzinger. Al tomar posesión de la Cátedra del Obispo de Roma, Benedicto XVI explicó que la Cátedra no era principalmente un símbolo de poder soberano, sino el signo de la responsabilidad: la potestad docendi, la potestad de enseñar.

      Y pronunció palabras que, más de veinte años después, siguen siendo esenciales para comprender no solo lo que significa que un Papa enseñe, sino también lo que significa que un católico escuche al Papa.

      "El Papa no es un soberano absoluto"

      «El obispo de Roma se sienta en su Cátedra para dar testimonio de Cristo», afirmó Benedicto XVI. La Cátedra es, por tanto, símbolo del poder de enseñanza que Cristo confió a Pedro y a los apóstoles. Pero precisamente aquí introdujo una aclaración fundamental: esta autoridad no convierte al Papa en el amo de la fe. «El Papa no es un soberano absoluto, cuyos pensamientos y voluntad son ley». Resulta difícil imaginar una formulación más clara.

      La autoridad papal no significa que lo que un Papa piensa se convierta en verdad solo porque él lo piense. No significa que pueda crear una nueva Revelación, modificar el Depósito de la Fe a su antojo o reemplazar la Palabra de Dios con su propia visión personal. Significa exactamente lo contrario.

      «El ministerio del Papa», continuó Benedicto XVI, «es una garantía de obediencia a Cristo y a su Palabra». Por lo tanto, antes incluso de pedir obediencia, el Papa debe obedecer.

      La primera obediencia es la del Papa

      Aquí reside quizás el punto más crucial de todo el argumento. La obediencia católica al Papa no surge de una concepción monárquica de la Iglesia, como si un hombre en la cima pudiera establecer arbitrariamente lo que millones de fieles deben pensar. Surge de la fe que Cristo confió a Pedro, a los apóstoles y a sus sucesores, con una responsabilidad particular para la preservación y transmisión de la fe.

      Por esta razón, el Papa no es dueño de la Palabra: es su servidor. No es el amo de la Tradición: es su custodio. No es la fuente de la Revelación: debe dar testimonio de ella. No debe guiar a la Iglesia hacia sí mismo, sino confirmar a sus hermanos y hermanas en la fe en Cristo. Benedicto XVI lo expresó de manera particularmente enérgica: el Papa debe «unirse constantemente, junto con la Iglesia, a la obediencia a la Palabra de Dios». Ese «él mismo» está por encima de la Iglesia. Y es precisamente esta limitación la que fundamenta su autoridad. El Papa puede exigir obediencia a la fe porque él mismo está sujeto a ella.

      La obediencia no significa renunciar a la inteligencia

      Pero, ¿qué significa obedecer las enseñanzas del Papa? Ciertamente no significa suspender la razón.

      La propia Iglesia distingue cuidadosamente los distintos niveles del Magisterio y, por consiguiente, las distintas formas de asentimiento que se exigen a los fieles. 

      No toda declaración de un Pontífice es una definición ex cathedra; no toda entrevista, consideración prudencial u declaración ocasional posee el mismo valor magisterial que una enseñanza propuesta de forma definitiva sobre cuestiones de fe y moral. Pero esta distinción necesaria no significa que todo lo que no sea infalible pueda simplemente ignorarse.

      El Concilio Vaticano II enseña en Lumen Gentium que el auténtico Magisterio del Romano Pontífice, aun cuando no hable ex cathedra, debe someterse a una «religiosa sumisión de la voluntad y del intelecto». Este mismo principio es aceptado por el Catecismo de la Iglesia Católica y el Código de Derecho Canónico . La unión de estas dos palabras —voluntad e intelecto— es significativa.

      La obediencia eclesial no nos exige dejar de pensar. Nos exige pensar dentro de la comunión de la Iglesia, reconociendo que la fe no comienza con nosotros ni nos pertenece.

      El riesgo de construir un Magisterio a medida

      Es aquí donde el tema cobra especial relevancia. Resulta relativamente fácil obedecer cuando el Papa dice lo que nosotros habríamos dicho. Es mucho más difícil escuchar cuando su enseñanza desafía nuestras creencias, nuestras afiliaciones culturales, nuestras preferencias políticas o incluso ciertas sensibilidades eclesiales.

      Pero si reconocemos la autoridad del Magisterio solo cuando confirma lo que ya pensamos, en realidad no estamos obedeciendo. Estamos eligiendo. Y, en última instancia, el criterio definitivo ya no es Pedro, sino nosotros mismos.

      Naturalmente, pueden surgir dificultades de comprensión, cuestiones teológicas y problemas de interpretación. La historia de la Iglesia lo demuestra ampliamente. La obediencia católica no es servilismo ni prohíbe la búsqueda de la verdad. Pero existe una profunda diferencia entre intentar comprender una enseñanza de la Iglesia desde una actitud de comunión y situarse prematuramente por encima del Magisterio, arrogando el derecho a decidir qué enseñanzas merecen obediencia y cuáles pueden descartarse.

      La Escritura, la Tradición y el Magisterio no son rivales

      Benedicto XVI también abordó otra tentación: la de contraponer la Escritura a la Iglesia. La investigación bíblica, explicó, es valiosa. La exégesis histórica y científica nos permite comprender mejor la formación de los textos, su contexto y su extraordinaria riqueza. Pero la Escritura no fue confiada por Cristo a una comunidad de eruditos aislados, sino a la Iglesia.

      Separada de la voz viva de la Iglesia, observó Benedicto XVI, corre el riesgo de convertirse en un terreno de interminables disputas interpretativas. El conocimiento científico puede revelarnos mucho sobre la historia de un texto; sin embargo, no puede, por sí solo, conferir esa certeza de fe «con la que podemos vivir y por la que también podemos morir». Por eso, la Escritura y la interpretación auténtica de la Iglesia van de la mano. No porque la Iglesia sea superior a la Palabra de Dios, sino precisamente porque debe servirle.

      Una autoridad contraria al espíritu de los tiempos

      Desde esta perspectiva, también podemos comprender otra afirmación de la homilía del 7 de mayo de 2005: El Papa debe salvaguardar la Palabra «frente a todo intento de adaptarla y diluirla, así como a todo oportunismo». Este pasaje merece ser recordado.

      El ministerio petrino no tiene como objetivo hacer compatible el cristianismo con todas las épocas culturales. Si así fuera, el Papa se convertiría simplemente en el administrador eclesiástico del espíritu de la época. Su función es diferente: salvaguardar una verdad recibida. 

      Por eso Benedicto XVI recordó el ejemplo de Juan Pablo II y su defensa de la inviolabilidad de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural. El Papa, explicó, está vinculado «a la gran comunidad de fe de todos los tiempos» y a las interpretaciones vinculantes que se han desarrollado a lo largo del camino de la Iglesia. Su poder, por lo tanto, «no está por encima de la Palabra de Dios, sino a su servicio».

      Pedro no se señala a sí mismo

      En definitiva, todo se reduce a una pregunta muy sencilla: ¿por qué un católico escucha al Papa? No porque se crea infalible. No porque cada una de sus valoraciones sea necesariamente correcta. No porque cada frase que pronuncia posea el carisma de la infalibilidad. Ni porque el católico haya renunciado a su propia inteligencia. Lo escucha porque cree que Cristo le encomendó a Pedro la tarea de fortalecer a sus hermanos en la fe y que este ministerio continúa en la Iglesia.

      La Cátedra de Pedro no existe para que Pedro hable de sí mismo, sino para que la confesión que él mismo pronunció por primera vez siga resonando: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo». Por lo tanto, la auténtica obediencia al Papa no es un culto a la personalidad, sino algo mucho más exigente, incluso para el propio Papa. Es la obediencia de la Iglesia a la verdad, que no surgió por sí sola.

      Y es significativo que Benedicto XVI, el mismo día en que tomó posesión de la Cátedra Romana, no afirmara la libertad de quienes finalmente detentan el poder. En cambio, señaló sus límites. Un límite que también representa la grandeza del ministerio petrino. El Papa no puede enseñarse a sí mismo. Debe dar testimonio de Cristo.

      Y precisamente por eso, cuando Pedro habla como maestro de la fe, el católico no debería preguntarse en primer lugar si esas palabras coinciden con lo que ya piensa, sino qué le pide la Iglesia que comprenda, acepte y viva.

      Porque, en la Iglesia, la obediencia auténtica no es la victoria de una voluntad humana sobre otra. Es, para Pedro como para todos los demás, obediencia a la Palabra.

      ReL

      Vea también    Magisterio ordinario, Magisterio extraordinario...