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jueves, 3 de septiembre de 2026

San Gregorio Magno, el Papa que bautizó a Gran Bretaña

SAINT Gregory the Great

San Gregorio Magno inició la evangelización de Inglaterra, aunque él mismo no llegó a viajar hasta allí, pero una frase indica por qué envió una misión en 597.


San Gregorio Magno fue papa a finales del siglo VI y principios del VII, y fue quien inició la cristianización de la Britania anglosajona. Envió a la isla una misión dirigida por San Agustín de Canterbury, apoyando él mismo esta labor desde Roma.

Los ángeles del mercado

Es uno de los acontecimientos más famosos de la historia de la Iglesia. El futuro papa Gregorio pasaba por el mercado de Roma y vio a unos niños expuestos a la venta. Tenían la piel clara, el pelo rubio y una belleza inusitada en Italia. Le preguntó al comerciante quiénes eran. Se enteró de que eran ingleses de la Britania pagana.

Se dice que Gregorio respondió: «Non Angli, sed angeli» —«No son ingleses, sino ángeles»—. Añadió de inmediato que, puesto que parecían ángeles, debían convertirse en coherederos del cielo.

SPOSOBY ŚWIĘTYCH NA POKORĘ

La historia en sí procede de biografías posteriores del santo y no es una transcripción literal del encuentro. Sin embargo, refleja bien lo que ocurrió después. Su compasión se convirtió en un plan concreto.

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Misión desde Roma, trabajo in situ

Cuando Gregorio se convirtió en obispo de Roma a finales del siglo VI, no se olvidó de los pueblos del norte. Como no podía emprender el viaje él mismo, en el año 597 envió al prior de su monasterio —Agustín— junto con un grupo de monjes.

Hay que mantener la precisión histórica. Decir que Gregorio «bautizó a Gran Bretaña» personalmente es una simplificación. El Papa fue el artífice de toda la empresa: daba instrucciones, apoyaba económicamente la expedición y escribía cartas a los gobernantes locales. Sin embargo, el trabajo directo sobre el terreno lo llevó a cabo Agustín, conocido hoy como Agustín de Canterbury.

Los monjes desembarcaron en Kent y rápidamente se ganaron la simpatía del rey Ethelbert, cuya esposa ya era cristiana. Fue allí donde se crearon las primeras estructuras de la Iglesia en las Islas.

Una frase

La decisión de Gregorio tuvo consecuencias enormes. Gran Bretaña, que tras la marcha de los romanos se había convertido en un mosaico pagano de reinos enfrentados, entró a formar parte del círculo de la cultura latina y cristiana de Europa.

La preocupación por el destino de las personas con las que uno se cruza y una réplica acertada pueden cambiar la historia de toda una nación. Si no hubiera sido por la sensibilidad de aquel monje romano en el mercado, la historia de Inglaterra podría haber tomado un rumbo completamente diferente.

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AUDIENCIA GENERAL

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Miércoles, 2 de septiembre de 2026

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Catequesis - Los Documentos del Concilio Vaticano II IV. Constitución Pastoral Gaudium et spes (GS 1-10) 1. La Iglesia en escucha y al servicio del mundo

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Con el encuentro de hoy comenzamos a reflexionar sobre la Constitución pastoral Gaudium et spes, con la que el Concilio Vaticano II se propuso profundizar en un tema fundamental, es decir, la relación de la Iglesia con el mundo contemporáneo. San Juan XXIII, ya en el discurso de inauguración del 11 de octubre de 1962, quiso mostrar su desacuerdo con los «profetas de calamidades», que  «aun en su celo ardiente […] van diciendo que nuestra época, comparada con las pasadas, ha ido empeorando; y se comportan como si nada hubieran aprendido de la historia» (Discurso Gaudet Mater Ecclesia, 11 de octubre de 1962, 4.2). De ahí la tarea que se encomendó a los Padres conciliares: «En el presente momento histórico, la Providencia nos está llevando a un nuevo orden de relaciones humanas que, por obra misma de los hombres pero más aún por encima de sus mismas intenciones, se encaminan al cumplimiento de planes superiores e inesperados; pues todo, aun las humanas adversidades, aquélla lo dispone para mayor bien de la Iglesia». (Gaudet Mater Ecclesia, 4.4).

Tres años después, la promulgación de Gaudium et spes reconocía en ese discernimiento un elemento esencial de la naturaleza de la Iglesia, describiendo como constitutiva su índole pastoral: de ahí la definición de “Constitución pastoral”. No se trata de optimismo ingenuo, sino de una renovada fidelidad al Misterio de Cristo que, encarnándose, elige compartir nuestra vida: Él «tenía que parecerse en todo a sus hermanos» (Heb 2,17; cf. 4,15) y se cargó de las consecuencias del pecado, muriendo «en rescate por todos» (1Tm 2,6). Ese hecho de compartir con la humanidad es el camino que Cristo pide a la Iglesia; por ello, la Constitución conciliar Gaudium et Spes se abre declarando que la Iglesia siente como propios «los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren» (GS 1).

Es una entrega que nos llama a salir de toda pasividad e indiferencia ante los acontecimientos que se producen, ante la historia y la vida de las personas, sobre todo ante el cambio rápido y profundo que experimentamos hoy. No es posible permanecer como espectadores desinteresados, es necesario, en cambio, escuchar con el corazón, dejarse interpelar, involucrarse. Con Cristo y sostenidos por la fuerza de su Espíritu, los creyentes están llamados a hacerse cargo de las dificultades de los hermanos, sobre todo de aquellos que se ven oprimidos por la injusticia, por la discriminación, por la violencia. De hecho, solo a través de la entrega y en el compromiso es posible llegar a respuestas adecuadas, siempre sostenidos por la certeza de que «los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará» (Rm 8,18).

En ese sentido, la proximidad hacia la humanidad abre la puerta a una lectura más profunda de los acontecimientos e de la propia Revelación y, en la misma perspectiva, Gaudium et spes reclama el «deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio» (GS 4). Esta Constitución conciliar ha llamado, por tanto, a la Iglesia a un compromiso de conversión, para dar testimonio de que no se mueve por «ambición terrena alguna», sino que «sólo desea una cosa: continuar, bajo la guía del Espíritu, la obra misma de Cristo, quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido» (GS 3).

No se trata, de hecho, de una disposición simplemente moral. El Papa Francisco nos recordó que para la Iglesia «la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica […] Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos» (Exhort. Ap. Evangelii gaudium, 198).

La entrega cristiana nos compromete a asumir la realidad y también a desenmascarar las contradicciones que caracterizan la vida personal y social del mundo contemporáneo: por ejemplo, un progreso científico y tecnológico, que ofrece siempre nuevas posibilidades, pero solo a algunos y que no siempre el ser humano es capaz de poner  «a su servicio»; o un conocimiento más claro de las «leyes dela vida social», pero acompañado de incertidumbres «sobre la dirección que hay que imprimirle»; o aún, una mayor disponibilidad de «riquezas, tantas posibilidades, tanto poder económico», y desafortunadamente, hoy como en los tiempos del Concilio, «una gran parte de la humanidad sufre hambre y miseria» (GS 4); o una conciencia compartida de que está en juego el futuro del planeta y al mismo tiempo la incapacidad a renunciar al consumo egoísta y a la ilusión de que la guerra es una vía eficaz para construir la paz.

En una época marcada por profundos cambios, de los que se derivan desequilibrios preocupantes, la Iglesia está llamada a servir al ser humano, escuchando y acogiendo los interrogantes más profundos de su corazón y los anhelos que lo habitan, señalando en Cristo «la clave, el centro y el fin de toda la historia humana» (GS 10). Por ello, en la Iglesia, en todo nivel, en toda época debe realizarse la kenosis misericordiosa de Cristo que «siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo […] hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz» (Fil 2,6-8).

Queridos hermanos y hermanas, que la alegría y la esperanza – gaudium et spes – sean los rasgos distintivos de una Iglesia que anuncia y da testimonio del Evangelio, acercándose a las mujeres y a los hombres de nuestro tiempo.

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Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos a la Bienaventurada Virgen María que interceda por toda la Iglesia, para que anuncie el Evangelio con alegría y esperanza, cercana a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, y sepa guiar a todos hacia Cristo, «la clave, el centro y el fin de toda la historia humana» (GS 10). Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

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Resumen leído en español por el Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas:

Continuamos nuestro ciclo de catequesis dedicado a los documentos del Concilio Vaticano II. Hoy comenzamos a reflexionar sobre la Constitución pastoral Gaudium et spes, cuyo tema central es la Iglesia en el mundo actual.

Este documento nos dice que los discípulos de Cristo estamos llamados a compartir los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo (cf. GS 1). Esto significa que la Iglesia no puede permanecer pasiva ni indiferente a lo que ocurre en el mundo, sino que está llamada a caminar con la humanidad, sobre todo teniendo en cuenta los cambios rápidos y profundos que se experimentan.

Por lo tanto, los creyentes, unidos a Cristo y sostenidos por su Espíritu, deben comprometerse a escuchar con el corazón y a dejarse interpelar, acompañando y ayudando a las personas en dificultad, sobre todo a los pobres y a los que sufren a causa de la injusticia, la discriminación y la violencia.





Evangelio del día Jueves 22a. Semana TO - Memoria de San Gregorio Magno

 


Carta I de San Pablo a los Corintios 3,18-23.

Hermanos:
¡Que nadie se engañe! Si alguno de ustedes se tiene por sabio en este mundo, que se haga insensato para ser realmente sabio.
Porque la sabiduría de este mundo es locura delante de Dios. En efecto, dice la Escritura: El sorprende a los sabios en su propia astucia,
y además: El Señor conoce los razonamientos de los sabios y sabe que son vanos.
En consecuencia, que nadie se gloríe en los hombres, porque todo les pertenece a ustedes:
Pablo, Apolo o Cefas, el mundo, la vida, la muerte, el presente o el futuro. Todo es de ustedes,
pero ustedes son de Cristo y Cristo es de Dios.


Salmo 24(23),1-2.3-4ab.5-6.

¡Felices los que buscan al Señor!

Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella,
el mundo y todos sus habitantes,
porque El la fundó sobre los mares,
Él la afirmó sobre las corrientes del océano.

¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor
y permanecer en su recinto sagrado?
El que tiene las manos limpias
y puro el corazón;

él recibirá la bendición del Señor,
la recompensa de Dios, su Salvador.
Así son los que buscan al Señor,
los que buscan tu rostro, Dios de Jacob.


Evangelio según San Lucas 5,1-11.

En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret.
Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes.
Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca.
Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: "Navega mar adentro, y echen las redes".
Simón le respondió: "Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes".
Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse.
Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: "Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador".
El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido;
y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: "No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres".
Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Sermón 43, 5-5; CCL 41, 510-511


“No temas, desde ahora serás pescador de hombres”

¡Qué grande es la bondad de Cristo! Pedro ha sido pescador, y ahora un orador merece un gran elogio si es capaz de comprender a este pescador. Ved por qué el apóstol Pablo dirigiéndose a los primeros cristianos, dice: “Hermanos, fijaos en vuestra asamblea, no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; todo lo contrario, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios... Ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta” (1Co 1,26-28).
Porque si Cristo hubiese escogido en primer lugar a un orador, el orador hubiera podido decir: “Me ha escogido por mi elocuencia”. Si hubiera escogido a un senador, el senador hubiera podido decir: “Me ha escogido a causa de mi rango”. Si, en fin, hubiera escogido a un emperador, el emperador hubiera podido decir: “Me ha escogido a causa de mi poder. Que se calle toda esa gente, que esperen un poco y estén tranquilos. No serán olvidados ni rechazados; que esperen un poco, porque podrían gloriarse de lo que son en sí mismos.
“Dame, dice Cristo, este pescador, dame ese hombre simple y sin instrucción, dame ese hombre con el cual el senador no se digna hablar, ni tan sólo cuando le compra un pescado. Sí, dame ese hombre. Cuando lo habré llenado, se verá claramente que soy únicamente yo quien actúa. Ciertamente, llevaré a cabo mi obra en el senador, en el orador, en el emperador..., pero mi acción será más evidente en el pescador. El senador, el orador y el emperador pueden gloriarse de lo que ellos son: el pescador, únicamente de Cristo. Que el pescador venga a enseñarles la humildad que procura la salvación. Que el pescador pase primero.”
(EDD)

Reflexión sobre la página del manuscrito

Hoy celebramos la fiesta de uno de los grandes Padres y Doctores de la Iglesia: San Gregorio Magno. Monje benedictino, fue el primer monje en ascender al papado, ocupando el cargo de papa (el 64.º obispo de Roma) desde el 3 de septiembre de 590 hasta su muerte, el 12 de marzo de 604.

Nació en el seno de una familia rica y noble. Su padre, Gordiano, era senador y ocupaba un alto cargo en la ciudad de Roma, y su madre, Silvia, también es venerada como santa. Gracias a este origen patricio, Gregorio recibió una excelente educación, especialmente en derecho y administración, lo que le preparó para una carrera en la función pública. A principios de los treinta ya había ascendido hasta convertirse en prefecto de Roma, el cargo civil más alto de la ciudad.

A pesar de su éxito, Gregorio se sintió atraído por una vida de oración y sencillez. Tras la muerte de su padre, se alejó gradualmente de las ambiciones políticas. Convirtió las propiedades de su familia en Roma en monasterios, uno de ellos dedicado a San Andrés en la colina Caeliana, donde él mismo se hizo monje. Esta elección radical, la de un hijo de senador convertido en humilde monje benedictino, configuró su espiritualidad e impactó en la gente que le rodeaba.

Gregorio es recordado como el "Padre del culto cristiano" por sus reformas de la liturgia romana, que marcaron la vida de la Iglesia durante siglos. Muchos de nosotros conocemos su nombre sobre todo por el canto gregoriano, el estilo de música sacra asociado a él, aunque los historiadores debaten hasta qué punto influyó directamente en su composición. Por eso se le honra como patrón de músicos, cantantes, profesores y estudiantes.

Así que hoy voy a compartir la página del Introito del Cantatorium de San Galo (Códice Sangallensis 359), escrito entre los años 922 y 926 en la abadía benedictina de San Galo, en la actual Suiza. Se trata de uno de los mayores tesoros de la historia de la música cristiana. Es el manuscrito completo más antiguo que se conserva y que recoge los cantos solistas de la misa, y sigue siendo una de las principales fuentes del canto gregoriano. La página que aquí se ilustra es el Introito, el canto que se entona cuando el sacerdote y los ministros hacen su entrada en la misa. Lo que hace que este manuscrito sea especialmente notable es el uso de los neumas. Los neumas son pequeños signos escritos sobre el texto que indican el flujo y la forma de la melodía. Antes de la invención del pentagrama, estos neumas servían de ayuda mnemotécnica a los monjes que ya se sabían los cantos de memoria, preservando así una tradición de oración cantada que se había transmitido de generación en generación.

El canto gregoriano se ha asociado desde hace mucho tiempo con San Gregorio Magno, cuya festividad celebramos hoy. Aunque es casi seguro que él mismo no compusiera los cantos, su liderazgo marcó tan profundamente la liturgia de la Iglesia que esta música sagrada acabó llevando su nombre. Los artistas medievales solían representar una paloma, símbolo del Espíritu Santo, susurrando las melodías al oído de Gregorio, lo que expresaba la creencia de que la música más bella de la Iglesia está, en última instancia, inspirada por Dios. Este hermoso manuscrito nos recuerda que la liturgia nunca estuvo pensada simplemente para ser recitada, sino para ser cantada.

by Padre Patrick van der Vorst

Música de piano para ayudar en le Meditación y Oración


miércoles, 2 de septiembre de 2026

«Vivir como si Dios existiera»: el reto viral de un influencer que desmontó todos sus esquemas

Brian reconoció que no sabía si Dios era real, sin embargo, decidió poner a prueba un principio: «Primero la práctica, luego la fe».

Lo que comenzó como un experimento dejó de serlo.

Lo que comenzó como un experimento dejó de serlo. "Me cansé de fingir. Esto es real", declaró en un vídeo.


    La historia de Brian Guan, influencer que vive en Nueva York (EE.UU), ha captado la atención de miles de personas en redes sociales. Masfe.org cuenta su historia.

    Lo que comenzó como un reto personal de 30 días terminó convirtiéndose en un proceso de transformación espiritual que él mismo bautizó como Faithless Christianity ("Cristianismo sin fe"). 

    Su idea inicial era sencilla y radical: vivir como si Dios existiera, aun sin estar seguro de ello, y observar qué sucedía.

    De la duda a la práctica

    Brian reconoció abiertamente que no sabía si Dios era real. Sin embargo, decidió poner a prueba un principio: "Primero la práctica, luego la fe"

    Así, comenzó a incluir en su rutina diaria oraciones, lecturas bíblicas y gestos de gratitud. Sus primeras oraciones eran casi un experimento: "Dios, no sé si eres real, pero por favor acércame a ti". Aunque al inicio se sentía extraño, poco a poco estas prácticas empezaron a moldear su vida.

    Brian leyendo la biblia en la calle.

    Brian leyendo la biblia en la calle.masfe.org

    Uno de los momentos más significativos ocurrió al leer sobre el perdón de Jesús en la cruz. Recordó a un amigo con quien había roto relación y decidió reconciliarse. También empezó a practicar la bondad en gestos simples, como recoger basura en su vecindario. Aunque los cambios no fueron inmediatos, con el tiempo comenzaron a ser evidentes.

    El reto no solo implicó gestos externos. Brian decidió enfrentar su adicción a la nicotina, un hábito de ocho años. Inspirado por 1 Corintios 10:13, comenzó a incluir la oración en su lucha contra la tentación. Reconoció sus tropiezos, pero descubrió que no podía simplemente eliminar un hábito sin reemplazarlo por algo distinto. La fe se convirtió en un recurso para su batalla personal.

    Con el paso de los meses, Brian notó transformaciones profundas. Se volvió más amable con los demás y encontró un propósito renovado

    Comparó su experiencia con los años dedicados al yoga, disciplina que había practicado e incluso enseñado. Aunque valoraba esa práctica, aseguró que nunca le había producido el mismo cambio interior que la lectura de la Biblia. "Con la Escritura, salgo queriendo ser mejor con los demás", explicó.

    Lo que comenzó como un experimento dejó de serlo. "Me cansé de fingir. Esto es real", declaró en un vídeo. Poco después confesó: "Jesucristo es real. Jesucristo es mi Señor y Salvador". 

    Su proyecto dejó de ser un reto para convertirse en una experiencia de fe personal. Brian comenzó a compartir el Evangelio en parques de Nueva York, conversando con desconocidos y ofreciendo pasajes bíblicos. En una ocasión, alguien lo llamó "celebridad", a lo que él respondió: "Jesús es la celebridad".

    ReL

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    7 posesiones horribles a jóvenes y niños: vecinos aullando, furia por la ropa... y demonios «dobles»

     Candido Amantini fue durante 36 años exorcista en Roma y vivió cosas increíbles

    El padre Cándido Amantini, y en la sombra, su discípulo como exorcista, el padre Amorth

    El padre Cándido Amantini, y en la sombra, su discípulo como exorcista, el padre Amorth


      Fue el verdadero "exorcista del Papa", el exorcista de la diócesis de Roma durante más de tres décadas, en los años 60 y 70. El Padre Pío lo definió como "un sacerdote según el corazón de Dios". Candido Amantini (1914-1992) fue un pasionista, actualmente en proceso de beatificación, que durante 36 años fue el exorcista diocesano en Roma, en la Scala Santa, la sede de los pasionistas en la ciudad eterna.

      Uno de sus discípulos más aventajados fue el padre Gabriel Amorth, "el exorcista del Vaticano", quien murió a los 91 años tras haber realizado más de 80.000 exorcismos. En su libro Habla un exorcista, el padre Amorth cuenta algunos de los casos más sorprendentes de posesiones diabólicas a jóvenes y niños que le contó en vida el propio Amantini.

      El Padre Pío lo definió como

      El Padre Pío lo definió como "un sacerdote según el corazón de Dios".

      1. El chico que pesaba toneladas

      Pierluigi, de catorce años, era alto y corpulento para su edad. No podía estudiar, era la desesperación de sus profesores, con ninguno de los cuales conseguía estar de acuerdo; pero no era violento. Una de sus características era que cuando se sentaba en el suelo, con las piernas cruzadas (él decía que "hacía el indio"), ninguna fuerza conseguía levantarlo, como si se hubiese vuelto de plomo.

      Después de varios tratamientos médicos sin resultado, lo llevaron al padre Candido, quien comenzó a exorcizarlo y apreció una verdadera posesión. Otra de sus características: no era pendenciero, pero con él la gente se ponía nerviosa, gritaba, no dominaba los nervios.

      Un día estaba sentado con las piernas cruzadas en el rellano de su casa, en el tercer piso. Los demás inquilinos subían y bajaban por las escaleras, le zarandeaban para que se fuera de allí, pero él no se movía. En un momento dado, todos los inquilinos del edificio se encontraron a la vez en la escalera, en los distintos rellanos, y aullaban y gritaban como obsesos contra Pierluigi.

      Alguien llamó a la Policía, mientras los padres del muchacho llamaban al padre Candido, que llegó antes y se puso a charlar con el chico para convencerlo de que entrara en su casa.

      Pero los policías (tres muchachos grandes) le dijeron: "Apártese, reverendo; estas cosas son para nosotros". Cuando trataron de mover a Pierluigi, no consiguieron desplazarlo ni un milímetro. Asombrados y chorreando sudor, no sabían qué hacer. Entonces el padre Candido les dijo: "Que todos vuelvan a sus casas"; y se hizo un completo silencio.

      Luego añadió: "Ahora bajad un tramo de escalera y observad". Le obedecieron. Por último dijo a Pierluigi: "Has estado muy bien: no has dicho ni una palabra y los has tenido a todos a raya. Ahora vuelve a entrar en casa conmigo". Le cogió de la mano y él se levantó y le siguió, muy contento, adonde le esperaban sus padres. Con los exorcismos logró una mejoría, pero no una total liberación.

      2. El que distinguía la ropa bendita

      Una madre estaba abrumada por las extravagancias que notaba en un hijo suyo: en ciertos momentos se enfadaba, lanzaba alaridos desatinados, blasfemaba y luego, cuando recobraba la calma, no recordaba nada de su comportamiento. No rezaba y nunca habría aceptado dejarse bendecir por un sacerdote. Un día, mientras el joven estaba en el trabajo y, como de costumbre, había salido vestido con su mono de mecánico, la madre hizo bendecir las ropas con la correspondiente oración del Ritual.

      Al regresar del trabajo, el hijo se quitó el mono sucio y se cambió sin sospechar nada. A los pocos segundos se quitó la ropa con furia, casi se la arrancó de encima, y se volvió a poner el mono de trabajo sin decir nada. No hubo manera de que se pusiera aquellas ropas; las distinguía perfectamente de las que no habían sido bendecidas. Este hecho demostraba más la necesidad de practicar exorcismos sobre aquel jovencito.

      Una madre estaba abrumada por las extravagancias que notaba en su hijo.

      Una madre estaba abrumada por las extravagancias que notaba en su hijo.

      3. El que se burlaba del exorcista

      Un mismo demonio puede estar presente en varias personas. La muchacha se llamaba Pina y el demonio había anunciado que, a la noche siguiente, se habría ido. El padre Candido, aun sabiendo que en estos casos los demonios casi siempre mienten, se hizo ayudar también por otros exorcistas y pidió la presencia de un médico.

      A veces, para mantener sujeta a la endemoniada, la recostaban sobre una larga mesa. Ella se agitaba y de vez en cuando se caía al suelo. Sin embargo, en el último tramo de la caída, disminuía la velocidad como si una mano la sostuviera, por lo cual nunca se hacía daño. Después de haber trabajado en vano toda la tarde y la mitad de la noche, los exorcistas decidieron desistir.

      A la mañana siguiente, el padre Candido estaba exorcizando a un niño de seis o siete años. Y el diablo que estaba dentro de aquel niño comenzó a burlarse del padre: "Esta noche habéis trabajado mucho pero no habéis conseguido nada. Os la hemos jugado. ¡Yo también estaba allí!".

      4. El que pasaba de una niña a otra

      Exorcizando a una niña, el padre Candido preguntó al demonio que cómo se llamaba. "Zabulón", respondió. Acabado el exorcismo, mandó a la pequeña a rezar delante del Sagrario. Llegó el turno de otra niña, igualmente poseída y también a este demonio el padre Candido le preguntó el nombre. "Zabulón", fue la respuesta.

      Y, el padre Candido: "¿Eres el mismo que estaba en la otra? Quiero una señal. Te ordeno en nombre de Dios que vuelvas a la que ha venido antes". La niña emitió una especie de aullido y luego, de golpe, se calló y se quedó calmada. Entretanto, los asistentes oyeron que la otra chiquilla, la que estaba rezando, proseguía aquel aullido.

      Entonces el padre Candido ordenó: "Regresa aquí de nuevo". Inmediatamente la primera niña reanudó su aullido, mientras la otra volvía a rezar.

      5. El niño que respondía a preguntas inteligentes

      A un chico de once años el padre Candido quiso formularle preguntas difíciles cuando se reveló en él la presencia del demonio. Le preguntó: "En la tierra hay grandes científicos, altísimas inteligencias que niegan la existencia de Dios y vuestra existencia. ¿Tú qué dices a esto?". El niño respondió en seguida: "¡Qué va, altísimas inteligencias! ¡Son altísimas ignorancias!".

      Y el padre Candido añadió, con la intención de referirse a los demonios: "Hay otros que niegan a Dios conscientemente, con su voluntad. ¿Qué son para ti?". El pequeño poseído se puso en pie de un salto y gritó con furia: "Fíjate bien. Recuerda que hemos querido reivindicar nuestra libertad incluso delante de él. Le hemos dicho que no para siempre".

      El exorcista apremió: "Explícamelo y dime qué sentido tiene reivindicar la propia libertad delante de Dios, cuando separado de Él tú no eres nada, como no soy nada yo. Es como si en el número 10, el 0 quisiera emanciparse del 1. ¿En qué se convertiría? ¿Qué haría? Te ordeno en nombre de Dios, dime, ¿qué has hecho de positivo?, vamos, habla". El otro, lleno de maldad y de miedo, se retorcía, babeaba, lloraba de un modo terrible e inconcebible en un niño de once años, y decía: "¡No me hagas este proceso! ¡No me hagas este proceso!".

      6. El demonio que sabía latín... y griego

      Un día el padre Candido exorcizaba a una muchacha de diecisiete años, campesina, acostumbrada a hablar en dialecto, por lo que conocía mal el italiano. Estaban presentes otros dos sacerdotes que, cuando la presencia de Satanás se manifestó, no se cansaban de hacer preguntas.

      El padre Candido, mientras seguía rezando las fórmulas en latín, mezcló palabras en griego: "¡Cállate, déjala en paz!". Inmediatamente la muchacha se volvió hacia él: "¿Por qué ordenas que me calle? ¡Díselo más bien a estos dos que no paran de interrogar!".

      7. La pequeña que describía las relaciones en el infierno

      El padre Candido ha hecho preguntas al demonio en personas de todas las edades; pero le gusta explicar el interrogatorio a los niños, porque resulta más evidente que no dan respuestas al alcance de su edad; por eso es más segura la presencia del demonio.

      Un día le preguntó a una chiquilla de trece años: "Dos enemigos que durante la vida se han odiado a muerte y terminan ambos en el infierno, ¿qué relación tienen entre sí, al haber de estar juntos durante toda la eternidad?".

      Aquí puedes ver un vídeo del padre Amorth sobre los objetos que llevan los endemoniados.

      He aquí la respuesta: "¡Qué tonto eres! Allá abajo cada uno vive replegado sobre sí mismo y desgarrado por sus remordimientos. No existe ninguna relación con nadie; cada uno se encuentra en la soledad más absoluta, llorando desesperadamente por el mal que ha hecho. Es como un cementerio".

      Juan Cadarso, ReL

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