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jueves, 17 de septiembre de 2026

Escocia también experimenta un auge de conversiones en la Generación Z

 

Escocia ha experimentado un aumento en el número de conversos al catolicismo en 2026, y estas cifras auguran un buen futuro


A principios de este año, mientras las iglesias de toda Escocia celebraban la Vigilia Pascual, el país fue testigo de la increíble cifra de 549 personas que se incorporaron a la Iglesia. Esto representa un espectáculo espiritual sin precedentes.

En la archidiócesis de St. Andrew's y Edimburgo, la iglesia jesuita del Sagrado Corazón recibe a unos 100 jóvenes adultos en la misa dominical vespertina, y existe un foro de WhatsApp con más de 200 miembros. Si bien esto demuestra el interés de los jóvenes de la ciudad por el catolicismo romano, en todo el país hay muchos conversos recientes. 

La edición de Aleteia en inglés entrevistó a dos jóvenes de la Generación Z que explicaron qué los atrajo a la Iglesia y qué creen que ofrece el catolicismo.

De Agustín a la Presencia Real

Aaron Johnstone, de 27 años y originario de Aberdeen, Escocia, fue bautizado y recibido en la Iglesia en 2024. Con una formación laica, no estaba familiarizado con la Misa ni con las tradiciones católicas, pero en su adolescencia encontró su vocación en la filosofía. La lectura de las obras de San Agustín fue el catalizador de su conversión a la fe. Posteriormente, los escritos de Santo Tomás de Aquino lo inspiraron a asistir a Misa. A partir de ahí, se inscribió en el Rito de Iniciación Cristiana de Adultos (RICA) [ahora conocido como la Orden de Iniciación Cristiana de Adultos (OCIA)]. Luego, Aaron asistió a la Exposición del Santísimo Sacramento. Dijo:

“Llegué a la conclusión de que, en efecto, se trataba de Cristo en la custodia”.

Aaron afirma que estar ante la Presencia Real “nos une sacramentalmente al Calvario y a la eternidad”, y que encuentra un sentido de comunidad en la Misa dominical y en los días de precepto, ya que, por necesidad, todos se reúnen como un solo Cuerpo. Cree que los jóvenes se acercan al catolicismo romano porque las tradiciones milenarias, las leyes sociales, morales y teológicas les brindan respuestas y un marco de referencia para la vida.

Amplió su discurso hablando sobre el impacto de los medios digitales en la salud mental: "Podemos encender la televisión o leer los titulares del periódico", señaló, "y siempre hay un desfile de cosas terribles sucediendo en el mundo. Los teléfonos inteligentes lo empeoran. La gente necesita un salvador".

Johnstone expresó su esperanza de que la Iglesia en Escocia continúe prosperando.

Parte de algo más grande

Corey Morrison es un joven de 21 años originario de Inverness, ciudad conocida popularmente como la "Capital de las Tierras Altas Escocesas". Fue recibido en la Iglesia Católica durante la Vigilia Pascual de 2026 en Exeter, Inglaterra, pero su devoción católica comenzó en Escocia. De niño, no era religioso; sin embargo, en Inverness, la Iglesia Libre de Escocia tenía una presencia destacada. En la escuela, participaba en las festividades cristianas, pero fue al crecer cuando su fe se fortaleció. Asistió a su primera misa en la iglesia de San Aidan en Aviemore, a unos 50 kilómetros al sur de Inverness.

“Era una misa de rito latino”, relató. “No entendía lo que decía el sacerdote, pero tenía una fuerza especial... Recibí una bendición y me sentí en paz”.

Corey explicó que el catolicismo romano le atrajo porque en esa fe se encuentra un sentido de comunidad y compañerismo. La confesión regular le ha sido útil, ya que le ayuda a ser responsable de sus actos y encuentra consuelo al recibir orientación espiritual sin prejuicios.

Considerando importante la camaradería, compartió que los jóvenes de la Generación Z también necesitan encontrarla:

"[Al unirse a una iglesia católica], el joven encuentra una familia más amplia y se integra a algo más grande que él mismo", afirmó. Corey añadió que, después de la escuela, es especialmente importante encontrar un nuevo lugar al que pertenecer, y que la Iglesia ofrece esto a todos los que lo buscan.

Corey animó a los jóvenes a "darle una oportunidad al catolicismo" y afirmó que cree que le espera un futuro brillante a la Iglesia Católica en Escocia.

El futuro católico de Escocia

Los jóvenes de la Generación Z encuentran un hogar en la Iglesia Católica Romana. Ya sea por encuentros con Cristo Resucitado ante el Santísimo Sacramento, por una comunidad que los fortalece y les brinda alimento espiritual, o por respuestas a las dificultades de la vida, los jóvenes buscan consuelo en la Madre Iglesia.

En la actualidad, gracias al optimismo que muestran los jóvenes escoceses, el futuro de la Iglesia Católica en el país se presenta prometedor. Queda por ver si esta tendencia positiva se mantiene y cómo la Iglesia puede aprovechar las nuevas conexiones con la juventud. Si el número de conversos de la Generación Z continúa creciendo, es razonable suponer que el futuro de la espiritualidad escocesa dará buenos frutos.

Bryan Lawrence Gonsalves, Aleteia

Vea también    Testimonios de Fe y Conversión




Muerte, eternidad, software libre, Hipatia...: el congreso de Científicos Católicos

Del 17 al 19 de septiembre, la Universidad Pontificia Comillas-ICADE en Madrid acoge a gente a la vez creativa e inteligente... y un sondeo insólito.

Mesa redonda sobre libertad y determinismo en el IV Congreso de la Sociedad de Científicos Católicos, en San Pablo CEU, en 2025, Madrid

Mesa redonda sobre libertad y determinismo en el IV Congreso de la Sociedad de Científicos Católicos, en San Pablo CEU, en 2025, Madrid


    Del 17 al 19 de septiembre, la Universidad Pontificia Comillas-ICADE en Madrid alberga el V Congreso de la Sociedad de Científicos Católicos de España (SCCE). 

    Como en las cuatro ediciones anteriores, los temas son de lo más variado y estimulan la imaginación y las hipótesis (y a veces sus refutaciones).

    Habrá sesiones dedicadas a los orígenes medievales de la ciencia moderna, a figuras históricas como Hipatia o el médico embarcado Francisco Javier Balmis, la historia de las mujeres de fe en la Ciencia, la mecánica cuántica, la cosmología, la muerte y la eternidad, la inteligencia artificial o el software libre desde la doctrina social católica.

    Además, el congreso contará con mesas redondas sobre la presencia de la ciencia y la fe en el cine, las redes sociales y la divulgación científica.

    Lo nunca visto: un estudio sobre creencia de los científicos españoles

    Pero lo más especial es la presentación de algo hasta ahora insólito en España: sendos estudios sociológicos sobre la religiosidad de los científicos españoles y sobre las opiniones de alumnos de ciencias acerca de la relación ciencia-religión. 

    ¿Qué piensan los jóvenes? ¿Y qué creencias religiosas tienen, estadísticamente, los hombres y mujeres que hacen ciencia en España? Nunca antes se habían hecho sondeos serios al respecto. Se presentarán el viernes a la una y media de la tarde.

    La Sociedad de Científicos Católicos

    La Sociedad de Científicos Católicos cuenta con unos 2.500 investigadores de más de 60 países y una organización central en Estados Unidos, donde se gestó la asociación. Pero España es la segunda nación en número de miembros y cuenta con una sección propia, es decir, con una organización interna para realizar diversas actividades.

    La sección española ha multiplicado sus labores de formación, divulgación y presencia pública, con docenas de charlas cada año en parroquias y colegios, además de cursos de formación para profesores de religión, filosofía y ciencias.

    La sección española mantiene diversos grupos de trabajo dedicados a temas como inteligencia artificial y robótica, bioética, cuidado del medio ambiente, Sábana Santa, indicios científicos de la existencia de Dios, biografías de científicos católicos españoles, mujer científica, epistemología, vida después de la muerte, milagros, así como un grupo específico dedicado a jóvenes investigadores.

    P. J. Ginés, ReL

    Vea también     Dios, la fe, la razón y la ciencia - Papa Benedicto XVI




    Película «Sagrado Corazón»: el otro tráiler

     


      Este 11 de septiembre llega a los cines españoles la película Sagrado Corazón, que atrajo medio millón de espectadores en Francia. 

      Cuenta la historia de las apariciones del Sagrado Corazón a Santa Margarita María en el siglo XVII y las enlaza con testimonios actuales del amor ardiente de Dios que transforma a las personas, a menudo ligados al mismo lugar de las apariciones hoy. Es una película hermosa y edificante, un docudrama con partes de recreación. 

      Este segundo tráiler (vea aquí el primero) hace alusiones a la promesa del Sagrado Corazón al beato Bernardo de Hoyos: "Reinaré en España", pero lo cierto es que la película solo se centra en testimonios y episodios en Francia, sin alusión a otros países (con una excepción: El Salvador). [1 min 46 seg]

      ReL




      De Madrid, casi escribe «atea» en un formulario para ir a China: así volvió a la fe, muy lejos de casa

      En China, junto con dos compañeras musulmanas devotas, comenzó a interrogarse en serio sobre Dios y el cristianismo... y Dios respondió.

      Ainara es de Madrid, y, aunque había recibido la fe en su familia, su encuentro con Dios sucedió en una temporada en China en la que hizo amistad con dos chicas musulmanas.

      Ainara es de Madrid, y, aunque había recibido la fe en su familia, su encuentro con Dios sucedió en una temporada en China en la que hizo amistad con dos chicas musulmanas. 07:58


        Esta historia es la de una joven de Madrid que tenía la fe en su propia casa, en su barrio y en el colegio, pero que sin embargo, tuvo que ir al fin del mundo para encontrarse con Dios

        La conversión de Ainara Santín Torrecilla empezó con un formulario de un gobierno comunista para obtener una beca con la que estudiar en China. En un apartado, el gobierno pide declarar la religión que se profesa, ya que en el país está prohibido todo culto fuera de los lugares exclusivamente registrados para ello. Ainara en un primer momento escribió "atea". 

        Era lo más honesto: llevaba años sin confesarse y solo iba a misa por el miedo al qué dirán en su familia. Le estuvo dando vueltas varios días, con la solicitud a medio enviar, hasta que borró la palabra y puso "católica", pensando en sus raíces culturales y lo que había recibido en su familia, pero no en lo que ella creía.

        Lo interesante de esta historia no es que alguien redescubra la fe, sino dónde: en una ciudad de once millones de habitantes, casi el triple que Madrid, con una sola iglesia católica y gracias a la amistad de dos compañeras musulmanas

        "Lo que más sorprende a la gente es que fuera en China", dice ella. "Y para mí es lo menos sorprendente: yo necesitaba empezar de cero, donde nadie me dijera absolutamente nada de por dónde debo tirar." 

        Y es que Dios muchas veces es capaz de ir al fin del mundo con tal de buscar a la oveja perdida.

        Una fe, en España, "más cultural que real"

        Ainara se crió en un ambiente católico de manual: misa los domingos, catequesis y colegio concertado. Iba, aunque participaba tímidamente. Lo resume con una frase que retrata una gran parte de la sociología española: "Me he criado rodeada de una fe que era más cultural que real. Nunca llegué a interiorizar lo que creía”.

        Cuando tuvo que elegir qué iba a estudiar, no sabía qué haría, pero sí que quería salir de su casa. Acabó en Sevilla estudiando sobre Asia Oriental, sola. 

        Cuando se encontraba inmersa en un ambiente ateo o prácticamente anticlerical, "no tenía una base consolidada, no tenía fuerza para contestar a los argumentos que sacaban cuando atacaban la religión", cuenta.

        Cortó con la fe, definitivamente, en tercero de carrera, con un intercambio en Taiwán. Viajó con dos chicas abiertamente contrarias a la Iglesia y dejó de ir a misa, primero por pereza y después por vergüenza. 

        "Allí dio la casualidad de que había una iglesia a quince minutos, pero no iba porque no quería que se enteraran o por pura pereza”, recuerda.

        Mantener la imagen ante su familia practicante

        Cuando volvió a España de Taiwán, comulgaba sin confesarse. Iba a misa cuando estaba su familia delante, "por mantener la imagen", como cuenta ella misma. 

        Una Navidad, tomando chocolate con ellos en una cafetería, su madre le preguntó si seguía yendo a misa. Dijo que sí, aunque no era verdad. "Me sentí tan mal que el resto del curso empecé a ir otra vez, porque estaba decepcionando a mis padres. Ahora en perspectiva veo que solo hacía eso por no sentirme juzgada."

        Terminó la carrera y pasó un año en Madrid sin trabajo, sin estudios y sin ganas: días enteros vacíos, sentada en el sofá. “Cuando digo que me perdí es que literalmente no tenía motivación para nada." 

        Solo una: la beca del Gobierno chino, trece plazas en toda España. Se la dieron. "Yo estaba huyendo, llevaba seis años huyendo, de mi vida, de mi casa, de todo lo que había recibido en definitiva."

        Una Biblia del revés y dos compañeras musulmanas

        Entre el formulario y el avión pasó otra cosa que describe como providencial: metió la Biblia en la maleta. Iba justa de peso —"pesa un montón y pensaba, ¿a dónde voy yo llevando esto?"— y aun así la cargó. Al llegar la colocó en la estantería dada la vuelta, con el lomo hacia dentro, para que nadie supiera que la tenía. No la abrió hasta meses después.

        Lo único que se propuso fue ir a misa los domingos. Ni confesarse, ni rezar, ni buscar comunidad: mantener el hábito por pura costumbre, ya que tenía el recuerdo agridulce de lo sola y perdida que se había sentido en Taiwán. 

        Sin haberlo planeado, el hostal donde se alojó los primeros días en una ciudad de millones de habitantes ¡estaba justo al lado de la única iglesia católica de la ciudad!

        Con el jet lag se despertó a las cinco de la mañana y vio que había misa a las seis – en China el culto religioso es a horas intempestivas para no colisionar con el resto del día– y se sentó en los bancos de atrás. 

        Lo que encontró le desmontó algo: chinos arrodillados en el suelo, rezando con devoción, y mucha más gente de la esperada. "Aquí el catolicismo no es la norma. La gente que viene es porque se lo cree de verdad. A mí eso me sorprendía: aquí tiene que haber algo. Y más en un país profundamente ateo donde la religión se mira con lupa y con recelo"

        El segundo golpe llegó en clase. Eran siete alumnos y dos eran musulmanas, una yemení y otra marroquí. Ainara, que llegó con prejuicios y con miedo a ofenderlas; se encontró con dos mujeres que rezaban sin esconderse, que llevaban velo en un país donde está mal visto y que hablaban de Dios en voz alta.

         "Yo, que había puesto la Biblia del revés nada más llegar, de repente me encontré a gente súper abierta con su religión, que compartía con naturalidad lo que vivía y que lo hacía desde el corazón y con convicción. Me pintaban una imagen de Dios en la que realmente deseaba crear, aunque no sabía todavía cómo."

        Una noche de viaje, la yemení se puso a rezar en la habitación, ya que en China está prohibido rezar en espacios públicos. Ainara sintió el impulso de rezar algo, lo que fuera, y así acompañarla y hacer algo mientras tanto. Buscó cómo rezar el rosario en el móvil porque no se lo sabía. Rezaron a la vez, cada una lo suyo. "Sentí con ellas una libertad de ir encontrando lo que yo quería."

        El ayuno, la promesa y el tren cancelado

        Las tres amigas se fueron de viaje por toda la costa este china. En una iglesia de Qingdao, las musulmanas le señalaron una estatua. ¿Quién es este?, preguntaron "Creo que es San José", dijo ella. Y no supo defender nada más. 

        "Me supuso un gran impacto no saber responder. Se suponía que tenía una infancia y educación católicas y no sabía responder nada sobre san José, ellas conocían mejor su historia incluso".

        Esa tarde abrió la Biblia en el móvil para buscar la historia. Fue la primera vez que leía algo relacionado con la fe de manera voluntaria. Este fue el primer gran cambio de Ainara: descubrir que realmente nunca se había parado a profundizar en aquello que decía crear (aunque fuese solo culturalmente).

        El rosario por teléfono y debates sobre religión

        A partir de ahí todo se aceleró. Una amiga del colegio, también alejada de la fe, le escribió desde España transformada después de hacer un retiro de Effetá y empezaron a rezar el rosario juntas por teléfono todos los días salvando la diferencia horaria: mediodía en España y por la noche en China. Las llamadas de quince minutos acabaron durando dos horas. 

        Los debates con sus amigas musulmanas subían de nivel —la venganza, la pena de muerte, la misericordia— y Ainara empezó a formarse por su cuenta para sostener lo suyo. "Sentía un fuego interior y mucha sed", defiende.

        Llegó la Cuaresma, cuatro días después del comienzo del Ramadán aquel año, y las conversaciones derivaron al ayuno. Escuchando cómo ayunaban ellas, sintió rechazo por lo poco que se le pedía a ella con solo dos ayunos en todo ese tiempo litúrgico (Miércoles de Ceniza y Viernes Santo).

        "Sentí una llamada muy fuerte a hacer un ayuno en condiciones, y sobre todo a hacerlo por el Señor". Y aquí hay algo que ella insiste en que se diga: llevaba ocho años luchando contra la bulimia, y el ayuno había sido siempre parte del problema, no de la solución, lo que hacía este propósito un poco más complicado debido a una relación problemática con la comida a la que ella todavía no había puesto nombre.

        Le pidió ayuda a su compañera de habitación que le escondiera la báscula y que no la dejara pesarse ni un solo día. Sustituyó las horas de comer por rezar, leer la Biblia y pasear. Cuenta que llegó a hacer ayunos completos durante varios días seguidos, pero que en este caso su única motivación era la mortificación y unirse más a Dios.

        Ainara en varios de los destinos que visitó durante su año en China.

        Ainara en varios de los destinos que visitó durante su año en China.cedida a rel

        Ella seguía hablando a diario con su amiga en España y con sus dos amigas musulmanas en China. En medio de un debate en el que ella defendía la confesión, oía como se decía a sí misma en su interior: “Llevas cuatro años sin confesarte, estás hablando como una hipócrita”.

        Ella era consciente de que no estaba en gracia y no podía seguir comulgando sin antes hacer una buena confesión

        No había sacerdotes occidentales en su ciudad. Rezando, se acordó de que cuando había estado en Pekín, escuchó que en algún lugar había una misa en castellano. Montó un plan de película para el siguiente fin de semana, que además coincidía que era Domingo de Ramos: cogería un tren nocturno de dieciséis horas a Pekín, la distancia que separaba su ciudad de la capital, buscaría la iglesia el sábado, se confesaría y volvería directa en otro tren de dieciséis horas para las clases del lunes.

        La semana se le vino encima: le cambiaron las clases y le encargaron un montón de trabajos que no podía hacer en el tren. Agobiada, salió al balcón de la residencia, se sentó en un taburete azul y le hizo a Dios una promesa que sabía que no debía hacer: "De aquí a tres días estoy confesada". Volvió a la habitación, miró el móvil y leyó: por razones desconocidas, el tren de mañana a Pekín queda cancelado.

        "Mi primera reacción fue enfadarme. '¡Acabo de prometerte que me voy a confesar y me estás quitando las posibilidades!' El cabreo me duró treinta segundos." Después vino una paz que no supo explicar. Preparó la confesión en inglés con la app de notas del móvil y el domingo se plantó una hora antes en su iglesia, vacía, a preguntar en la tienda de artículos religiosos si alguien conocía a un sacerdote angloparlante. 

        "En media hora llega uno que habla inglés y viene a confesar", le dijeron. Se confesó allí, sin tren y sin dieciséis horas de viaje. Salió con el ramo bendecido y con una sensación de paz indescriptible.

        ¡Jesús es el Señor!

        Sin embargo, quedaba un muro por derribar: creía en Dios Padre con naturalidad, pero no terminaba de ver a Jesús como Dios. Escuchando una canción de alabanza que decía «Cristo es Rey» le chirrió tanto que llamó a su amiga para despotricar. 

        En mitad de la llamada, mirándose al espejo del baño de los dormitorios, tuvo una imagen mental muy nítida: un camino de arena, gente a los lados y alguien acercándose hacia ella. "Supe que era Jesús, y tuve la certeza absoluta de que era Dios. En esa imagen caí de rodillas delante de Él." Hubo dos segundos de silencio al teléfono e inmediatamente comenzó a alabar a Cristo como Hijo de Dios.

        Ocho años de enfermedad, borrados de golpe

        Ainara pasó la Semana Santa en la basílica de Sheshan, en Shanghái, uno de los grandes lugares de peregrinación de Extremo Oriente. 

        Y al volver ocurrió lo que no había pedido: entró a una tienda a por su atracón de comida habitual y salió sin nada. 

        Ya en España, después de cenar, sacó las galletas y se quedó cinco minutos mirándolas. "De repente entendí cosas como que cuando estás lleno dejas de comer, que es algo que no entendía antes". 

        Ocho años de enfermedad desaparecieron en un instante. Hasta el día de hoy afirma que no ha vuelto a sentir la necesidad de repetir los comportamientos que tanto le habían hecho sufrir. "Ese es mi milagro, mi sanación." Y lo subraya: solo había pedido ayuda para llevar bien los ayunos de Cuaresma.

        Contarlo en casa le daba algo de respeto. 

        Sus padres, que habían sido durante muchos años coordinadores nacionales de Encuentro Matrimonial, un movimiento eclesial para matrimonios, ni siquiera sabían que había perdido la fe ni que estaba enferma. Se lo contó todo este verano de 2026. "Me dijeron que les daba pena no haber sido participes de mi vida, pero se llevaron una gran alegría". 

        Hoy vive en Madrid, ha empezado dirección espiritual, ha sido monitora en un campamento, tiene una comunidad parroquial que buscó a propósito porque sabía que sola volvería a perderse, y un novio que no entraba en ningún plan. 

        También reconoce que hay bajones. "El impulso inicial ya no lo tengo. Y me da rabia, porque cuando la gente me pide testimonio lo cuento y digo: ¿cómo es posible que ahora haya cambiado tanto todo, si he vivido todo esto en mi propia piel?".

        "La conversión es algo constante. Es una decisión, es un decir sí", entiende hoy. Y tiene una advertencia: no hay que rendirse en los momentos de menos fe, vale la pena sostener lo básico, y aceptar de vez en cuando que el Señor te cancele el tren.

        Diego Peralta, ReL

        Vea también    Conversión, Regreso a Casa,
        Iglesia católica
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        Evangelio del día jueves 24a semana del tiempo ordinario

         


        Santa Hildegarda de Bingen , San Sátiro de MilánMás...

        Carta I de San Pablo a los Corintios 15,1-11.

        Hermanos, les recuerdo la Buena Noticia que yo les he predicado, que ustedes han recibido y a la cual permanecen fieles.
        Por ella son salvados, si la conservan tal como yo se la anuncié; de lo contrario, habrán creído en vano.
        Les he trasmitido en primer lugar, lo que yo mismo recibí: Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura.
        Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura.
        Se apareció a Pedro y después a los Doce.
        Luego se apareció a más de quinientos hermanos al mismo tiempo, la mayor parte de los cuales vive aún, y algunos han muerto.
        Además, se apareció a Santiago y de nuevo a todos los Apóstoles.
        Por último, se me apareció también a mí, que soy como el fruto de un aborto.
        Porque yo soy el último de los Apóstoles, y ni siquiera merezco ser llamado Apóstol, ya que he perseguido a la Iglesia de Dios.
        Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no fue estéril en mí, sino que yo he trabajado más que todos ellos, aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios que está conmigo.
        En resumen, tanto ellos como yo, predicamos lo mismo, y esto es lo que ustedes han creído.

        Salmo 118(117),1-2.16ab-17.28.

        ¡Den gracias al Señor, porque es bueno,
        porque es eterno su amor!
        Que lo diga el pueblo de Israel:
        ¡es eterno su amor!

        La mano del Señor es sublime,
        la mano del Señor hace proezas.
        No, no moriré:
        viviré para publicar lo que hizo el Señor.

        Tú eres mi Dios, y yo te doy gracias;
        Dios mío, yo te glorifico.

        Evangelio según San Lucas 7,36-50.

        Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús entró en la casa y se sentó a la mesa.
        Entonces una mujer pecadora que vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de perfume.
        Y colocándose detrás de él, se puso a llorar a sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos, los cubría de besos y los ungía con perfume.
        Al ver esto, el fariseo que lo había invitado pensó: "Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo toca y lo que ella es: ¡una pecadora!".
        Pero Jesús le dijo: "Simón, tengo algo que decirte". "Di, Maestro!", respondió él.
        "Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta.
        Como no tenían con qué pagar, perdonó a ambos la deuda. ¿Cuál de los dos lo amará más?".
        Simón contestó: "Pienso que aquel a quien perdonó más". Jesús le dijo: "Has juzgado bien".
        Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: "¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies; en cambio, ella los bañó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos.
        Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entré, no cesó de besar mis pies.
        Tú no ungiste mi cabeza; ella derramó perfume sobre mis pies.
        Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados porque ha demostrado mucho amor. Pero aquel a quien se le perdona poco, demuestra poco amor".
        Después dijo a la mujer: "Tus pecados te son perdonados".
        Los invitados pensaron: "¿Quién es este hombre, que llega hasta perdonar los pecados?".
        Pero Jesús dijo a la mujer: "Tu fe te ha salvado, vete en paz".

        Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


        Bulle

        Homilía atribuida a San Macario de Egipto (¿-390)
        monje
        Homilías espirituales 30,9


        La acogida del fariseo y de la pecadora

        Acojamos a nuestro Dios y Salvador, el verdadero médico, el único capaz de curar nuestras almas, él que tanto sufrió por nosotros. Llama sin cesar a la puerta de nuestro corazón para que le abramos y le dejemos entrar, para que descanse en nuestras almas, nos lave los pies y los envuelva de perfume y se quede con nosotros. En un lugar del evangelio, Jesús reprende a uno que no le había lavado los pies, y en otro lugar dice: “Mira que estoy llamando a la puerta; si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa...” (Ap 3,20) Por esto ha soportado tantos sufrimientos, ha entregado su cuerpo a la muerte y nos ha rescatado de la esclavitud: para venir a nosotros y morar en nosotros.
        Por esto, el Señor dice a los que en el día del juicio estarán a su izquierda, condenados al infierno: “Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me alojasteis; estaba desnudo y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis.” (Mt 25,42-43) Porque su alimento, su bebida, su vestido, su techo, su descanso están en nuestro corazón. De ahí que está llamando sin cesar, queriendo entrar. Acojámosle, pues, e introduzcámosle dentro de nosotros, ya que él es también nuestro alimento, nuestra bebida, nuestra vida eterna.
        Y toda persona que no lo acoge ahora en su interior, para que ahí descanse, o mejor dicho, para que ella descanse en él, no heredará el Reino de los cielos con los santos; no podrá entrar en la ciudad celestial. Pero tú, Señor Jesucristo, danos poder entrar para gloria de tu nombre, junto con el Padre y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
        (EDD)

        Oración

        "Señor Jesús, hoy abro la puerta de mi corazón para acogerte. Reconozco que te necesito y te pido perdón por mis faltas. Entra en mi vida y quédate para siempre. Toma mi libertad, mi mente y mi voluntad. Guía mis pensamientos, mis palabras y mis obras. Amén." [1, 2]


        miércoles, 16 de septiembre de 2026

        Evangelio del día - Memoria de San Cornelio Papa y San Cipriano Obiso Mártires

         


        San Cornelio Papa y San Cipriano Obispo Mártires , San Lucía GeminianoMás...

        Carta I de San Pablo a los Corintios 12,31.13,1-13.

        Hermanos:
        Aspiren a los dones más perfectos. Y ahora voy a mostrarles un camino más perfecto todavía.
        Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe.
        Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada.
        Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada.
        El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece,
        no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido,
        no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.
        El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
        El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá;
        porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas.
        Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto.
        Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño,
        pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí.
        En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de todas es el amor.

        Salmo 33(32),2-3.4-5.12.22.

        Alaben al Señor con la cítara,
        toquen en su honor el arpa de diez cuerdas;
        entonen para él un canto nuevo,
        toquen con arte, profiriendo aclamaciones.

        Porque la palabra del Señor es recta
        y él obra siempre con lealtad;
        él ama la justicia y el derecho,
        y la tierra está llena de su amor.

        ¡Feliz la nación cuyo Dios es el Señor,
        el pueblo que él se eligió como herencia!
        Señor, que tu amor descienda sobre nosotros,
        conforme a la esperanza que tenemos en ti.

        Evangelio según San Lucas 7,31-35.

        Dijo el Señor: «¿Con quién puedo comparar a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen?
        Se parecen a esos muchachos que están sentados en la plaza y se dicen entre ellos: '¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!'.
        Porque llegó Juan el Bautista, que no come pan ni bebe vino, y ustedes dicen: '¡Ha perdido la cabeza!'.
        Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: '¡Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores!'.
        Pero la Sabiduría ha sido reconocida como justa por todos sus hijos.»

        Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

        Bulle

        San Basilio (c. 330-379)
        monje y obispo de Cesárea en Capadocia, doctor de la Iglesia
        Grandes Reglas monásticas, prólogo


        Dios nos llama incansablemente a la conversión

        ¿Hasta cuándo esperaremos para decidirnos a obedecer a Cristo, que nos llama a su Reino celestial? ¿No nos vamos a purificar? ¿No vamos a dejar de una vez este género de vida que llevamos, para seguir a fondo el Evangelio? (...) Decimos que deseamos el Reinado de Dios, pero sin preocuparnos demasiado por los medios a emplear para conseguirlo.
        Aún más, por la vanidad de nuestro espíritu, sin preocuparnos lo más mínimo por observar los mandamientos del Señor, creemos ser dignos de recibir las mismas recompensas que aquellos que han resistido al pecado hasta la muerte. Pero ¿quién en tiempo de la siembra ha podido quedarse sentado y dormir en casa y después recoger las gavillas preparadas durante la cosecha? ¿Quién ha hecho la vendimia sin haber plantado y cultivado la viña? Los frutos son para los que han trabajado, las recompensas y las coronas para los que han vencido. ¿Alguien ha coronado a un atleta que no se hubiera ni siquiera revestido para combatir con su adversario? Sin embargo, no sólo es necesario vencer sino también “luchar según las reglas”, como dice el apóstol Pablo (2 Tes 114,5), según los mandamientos que nos han sido dados. (…)
        Dios es bueno, pero también es justo (…):”El Señor ama la justicia y el derecho” (Sal 32,5), por eso Señor "celebraré con un canto la bondad y la justicia (Sal 100, 1) (…) Fíjate con qué discernimiento el Señor usa la misericordia. No es misericordioso sin ver, no juzga sin tener piedad, porque “el Señor es justo y bondadoso, nuestro Dios es compasivo” (Sal 114,5). Entonces, no tengamos de Dios una idea incompleta. Su amor por los hombre no sea un pretexto para nuestra negligencia.
        (EDD)

        Reflexión sobre el Libro de las Horas

        Los santos el papa Cornelio y el obispo Cipriano se conmemoran juntos el 16 de septiembre debido a su estrecha amistad y a su compromiso compartido con la Iglesia cristiana primitiva durante una época de intensa persecución por parte del emperador Decio. Cornelio, nacido en Roma, ocupó el cargo de papa entre los años 251 y 253 d. C. Su papado se caracterizó por su actitud compasiva hacia los cristianos que, ante la persecución, habían flaqueado y habían apostatado. La apostasía se refiere al acto de renunciar a la fe cristiana, a menudo bajo la amenaza de muerte o de un castigo severo, negando públicamente la creencia en Cristo o participando en rituales paganos. El papa Cornelio defendía que se perdonara a quienes habían actuado así y se les acogiera de nuevo en la Iglesia, en lugar de que sus hermanos cristianos les infligieran castigos severos.

        Cipriano, obispo de Cartago (África del Norte romana; la actual Túnez), que se había convertido al cristianismo a los 35 años, se convirtió en un firme defensor de Cornelio en este asunto. Ambos mantuvieron una intensa correspondencia, en la que Cipriano defendía a Cornelio frente a los movimientos cismáticos que pretendían socavar su autoridad. El papa Cornelio y el obispo Cipriano siguen siendo de gran relevancia hoy en día porque defendieron el perdón como piedra angular de nuestra fe cristiana. En un mundo cada vez más implacable y, en consecuencia, más duro y difícil de sobrellevar, su mensaje es más importante que nunca. Aunque las reivindicaciones de justicia suelen ser adecuadas y necesarias, nunca debemos perder de vista la necesidad imperiosa de perdonar, un principio que se encuentra en el corazón de nuestra fe.

        Nuestra ilustración procede de una doble página del Libro de Horas de Catalina de Cleves, creado hacia 1440 en Utrecht (Países Bajos). Aquí vemos a los santos Cornelio y Cipriano compartiendo la iluminación de la página superior derecha: Cornelio sostiene un cuerno (cornus en latín, un juego de palabras con su nombre), mientras que Cipriano lleva la espada, símbolo de su martirio. La escena está enmarcada por exquisitas cenefas de jaulas de pájaros en plata y oro, quizá una referencia a Cornelio como patrón de los animales domésticos. Las Horas de Catalina de Cleves están reconocidas como el mayor manuscrito holandés iluminado, con 157 extraordinarias miniaturas del artista anónimo conocido como el "Maestro de Catalina de Cleves". Se le considera el mejor y más original iluminador de los Países Bajos septentrionales medievales, y este libro, su obra maestra.

        by Padre Patrick van der Vorst

        Oración

        Amados Santos Cornelio y Cipriano, En medio de la persecución y el sufrimiento, mantuvisteis firmes vuestro compromiso con Cristo. Hoy, acudimos a vosotros buscando vuestra intercesión, para que fortalezcáis nuestra determinación y fe. Vosotros, que supisteis enfrentar los desafíos con valentía, interceded por nosotros en nuestras luchas diarias. Que en nuestra vida, la verdad sea nuestra guía, y el amor sea nuestra constante motivación. En el cielo, contempla la gloria eterna de Dios, pero en la Tierra, sigue siendo faros de esperanza. Santos Cornelio y Cipriano, rogad por nosotros, y ayudadnos a ser fieles discípulos de Cristo en todo momento. Con confianza en tu intercesión, decimos: Santos Cornelio y Cipriano, rueguen por nosotros.
        Amén.
        (PadreArturoCornejo)