Entradas populares

domingo, 4 de octubre de 2026

La conciencia de lo sagrado

Recientemente en Córcega han vandalizado y profanado una imagen de la Virgen

Recientemente en Córcega han vandalizado y profanado una imagen de la Virgen

04.10.2026 | 07:47

Actualizado:

El odio es una pasión que actúa a modo de reflejo manifiesto de algo que permanece oculto en los repliegues de nuestra alma. De ahí que el odio religioso sea el más habitual –y el más pujante– de todos los odios: puesto que el ser humano es, por naturaleza, un ser religioso, la represión de su identidad religiosa azuza el odio; o cuando menos un sentimiento de pesadumbre íntima que se suele mitigar abrazando los más diversos sucedáneos idolátricos: utopías ideológicas, afanes mundanos, concupiscencias plutónicas o venéreas, etcétera.

Con frecuencia, tales placebos logran hacer creer al hombre que la represión de su identidad religiosa es auténtica “indiferencia”; pero a veces también ocurre que tales placebos idolátricos enardecen su odio religioso: así ha sucedido siempre, en los sucesivos ocasos de la Historia, y así sucede hoy, aunque las utopías políticas en boga se emperifollen de “libertad religiosa”.

Para derruir una cruz o profanar una iglesia es preciso odiar algo que, en lo más secreto de nuestras entretelas, forma parte de nosotros; hace falta –como diría la Epístola de Santiago– “creer y temblar”. Pues alguien que, simplemente, fuese ­descreído no sentiría irritación alguna ante una cruz, ni querría despelotarse ante un sagrario; le parecerían objetos tan triviales o absurdos como a mí me lo parecen los amuletos o las estatuillas de Buda.

Es cierto que las idolatrías sustitutorias en boga pueden travestirse, mediante una suerte de “coraza civilizatoria”, de indiferentismo religioso; y que muchos forofos de tal o cual utopía ideológica, afán mundano o concupiscencia plutónica logran pasar ante una iglesia fingiendo que no se inmutan. Pero no es menos cierto que, con frecuencia, tales idolatrías sustitutorias no hacen sino hurgar en la llaga abierta del odio religioso. Para arrancar la cruz de la cima de una montaña o quitarse el sostén ante un sagrario es preciso “creer y temblar”, es preciso ser un creyente invertido. Ni siquiera podemos confundir estas reacciones con actos de mera “barbarie”, pues el salvaje actúa de forma instintiva o impulsiva; y quienes perpetran estas irreverencias y profanaciones lo hacen muy calculadamente, en volandas de consignas ideológicas, azuzados (o siquiera jaleados) por las biliosas alfalfas que les suministraron en los medios de cretinización de masas y en las aulas académicas. Es, pura y simplemente, odium fidei, salpimentado con su dosis azufrosa de utopía ideológica en boga.

Pero el caso es que este tipo de profanaciones empieza a hacerse frecuente en nuestro Occidente terminal. Y aquí deberíamos preguntarnos si el caldo de cultivo que las alimenta no será la falta de ardor de los creyentes, la tibieza de nuestra fe, la languidez de nuestras devociones. El ultraje de lo sagrado sólo adquiere su plena dimensión monstruosa cuando se tiene conciencia de lo que significa lo sagrado.

En este sentido, el odiador que arranca la cruz de la cima de un monte o la odiadora que se despelota en una iglesia tienen mucha más conciencia de lo sagrado que muchos creyentes rutinarios que pasan ante el sagrario como quien pasa ante un armatoste, o que se quedan como estafermos en la consagración, o que comulgan de forma frívola e indigna. Y mucha más conciencia también, por cierto, que los prelados que permiten que muchedumbres de turistas estivales se paseen en pantalón corto por las iglesias, como se pasearían por una verbena de pueblo o una feria de productos agropecuarios. Esta pérdida del significado de lo sagrado entre los propios creyentes es un triunfo mucho más jubiloso para los que “creen y tiemblan” que todas las irreverencias y profanaciones de los exaltados.

 Juan Manuel de Prada, ReL

Vea también   Consagrar el día con la Liturgia de las Horas




Las 2 virtudes de San Francisco de Asís que pueden cautivar al hombre de hoy 800 años después

Este domingo 4 de octubre se cumplen 800 años de la muerte de San Francisco de Asís. Los franciscanos ensalzan su figura en un jubileo que da la vuelta al mundo.

Franciscanos de la Custodia de Tierra Santa por las calles de Jerusalén.

Franciscanos de la Custodia de Tierra Santa por las calles de Jerusalén.


    Este domingo se cumplen 800 años de la muerte de San Francisco de Asís, uno de los santos que más ha influido en el catolicismo a lo largo de la historia. Su legado es palpable ocho siglos después y la Iglesia Católica no se entendería sin su figura, especialmente en Tierra Santa, donde la Custodia franciscana ha protegido los santos lugares desde entonces.

    De cara a esta fecha tan redonda, la Custodia de Tierra Santa entrevista a fray Cesar Viani, fraile franciscano y uno de los mayores expertos en el santo de Asís:

    ¿Qué significa celebrar los 800 años del tránsito de San Francisco?

    Creo que los centenarios son siempre una ocasión para volver a las fuentes, a los orígenes. Y por eso los 800 años marcan un momento importante para volver a esta fuente y traducirla en el presente. Esta ocasión no es celebrada solamente por nosotros, los frailes, que evidentemente estamos un poco más interesados e implicados, sino en muchos niveles, en ámbitos un tanto inesperados. Y esta es una prueba de la actualidad de Francisco, que atrae a las personas por su dimensión mística, religiosa, pero también por su dimensión fraterna de atención a la Creación. Esta amistad social que se extiende a cada persona, que el Papa Francisco evocó con su encíclica "Fratelli tutti".

    Son aspectos diferentes de la persona de Francisco, y es fácil que alguien absolutice uno solo de ellos o vea solamente ese. Pero quizá también está bien así, cada uno capta los elementos que siente más cercanos a su propia sensibilidad. Creo que Francisco tiene algo que decir al hombre y a la mujer de nuestro tiempo, ofreciendo una solución que fascina por su sencillez, por su pobreza, por la posibilidad de traducirse en la práctica sin emplear grandes medios humanos, sino con esa intensidad del corazón y de la mente que cada uno de nosotros puede poner en lo que hace.

    ¿Qué aspectos de la propuesta franciscana pueden atraer a un joven hoy?

    Creo que existen tipos muy diferentes de jóvenes hoy. Como siempre, por otra parte, pero en particular las nuevas generaciones tienen sensibilidades y expectativas diferentes que no sé si una persona anciana como yo puede comprender hasta el fondo. Creo que un elemento que todavía puede fascinar a un joven es el de la libertad y la pobreza. Y relaciono libertad y pobreza porque hablo de esa libertad que nace de una pobreza, de una concentración consciente en lo esencial.

    Esto es la pobreza, no es solo la renuncia a los bienes, sino un uso de las cosas y de los bienes sin ese vínculo que hace difícil su gestión. Un desapego interior que permite disfrutar de las cosas buenas y bellas, pero sin apropiarse de ellas. Esta dimensión, creo, es una dimensión esencial de la espiritualidad franciscana y es también algo que puede fascinar a los jóvenes, como creo que puede fascinar a toda persona.

    ¿Y es esta, por tanto, la libertad?

    En este desapego de las cosas existe una gran libertad, porque el vínculo, que es lo contrario de la libertad, es precisamente este espíritu de posesión y apropiación, que nos hace esclavos de aquello que creemos poseer y que, al final, posee nuestro corazón.

    Imaginemos a Francisco de Asís entrando hoy en una comunidad franciscana, ¿qué nos pediría que verificáramos de nuestra vida? ¿Qué buscaría y qué encontraría?

    Al final de su vida, hay una frase muy hermosa de Francisco, que, ya moribundo, se dirige a sus frailes: "Yo he hecho mi parte, la vuestra que os la enseñe Cristo."

    Lo que Francisco nos dice es, por una parte, su testimonio, que está situado hace 800 años, en su propio recorrido de vida, y, por otra, nos invita a dirigirnos a Cristo, es decir, a encontrar nosotros mismos las soluciones o, en cualquier caso, las propuestas que puedan ser útiles para el mundo de hoy. No creo que sea posible encontrarlas mediante una aplicación directa de la experiencia de Francisco a nuestro tiempo, que es tan diferente, pero creo que su invitación es a convertirnos nosotros en protagonistas de las opciones de hoy.

    Y las opciones que quizá están más en sintonía con él son también aquellas que se encuentran en el nombre que eligió para sí mismo y para sus hermanos, hermanos y menores, es decir, fraternidad y minoridad. Una fraternidad que es un vínculo de cercanía, de igualdad, de proximidad con cada persona, incluso con todas las criaturas, pero desde la minoridad, por tanto, desde una condición de pequeños, con atención a quien es más pequeño, pero también con la voluntad de no ser más grandes que aquellos junto a los cuales estamos.

    Esto es, en el fondo, lo que pone a cada persona a gusto al acercarse a San Francisco, no lo ve como alguien que está sobre un pedestal, sino como alguien que va y camina a su lado como hermano y menor.

    ¿Qué une tan profundamente a Francisco con Tierra Santa? ¿Y qué significa hoy custodiar la intuición franciscana de venir aquí, a este lugar?

    El vínculo de Francisco con Tierra Santa está relacionado sobre todo con aquel viaje suyo a Oriente, cuando también se encuentra con el Sultán. Y propone a los hermanos dos maneras de estar en estos lugares.

    Las dos maneras son de una total actualidad también hoy. La primera es que no entablen litigios ni disputas, sino que estén sometidos a toda criatura humana y confiesen que son cristianos. La primera manera, por tanto, es la de una presencia humilde, sumisa, como hermanos y menores precisamente, confesando que son cristianos. La segunda manera dice, cuando le plazca al Señor, por tanto, no de cualquier manera y siempre, sino cuando comprendas que ha llegado el momento adecuado, anunciar la palabra del Señor.

    Creo que es concretamente la manera de estar todavía hoy en estos países, con una presencia ante todo silenciosa y sumisa y con una palabra, cuando es posible, explícita y de anuncio explícito del Evangelio. Y es la manera, me parece, con la que también los frailes han interpretado durante 800 años su presencia en estos Santos Lugares. Al mismo tiempo, sin embargo, también está la cercanía a las personas, actividades de apoyo y ayuda a las personas que están aquí y custodia de estos lugares. Una custodia vinculada a la importancia de la encarnación en la espiritualidad franciscana. El Dios que se hace carne en lugares concretos, en situaciones específicas. Y aquí los frailes custodian desde hace 800 años los lugares en los que vivió el Señor, precisamente en esta memoria de su humanidad y de su encarnación.

    ReL

    Vea también   San Francisco: Paráfrasis del Padrenuestro



    Ángelus del Papa León XVI comentando el Evangelio del día

     

    PAPA LEÓN XIV

    ÁNGELUS

    Plaza de San Pedro
    Domingo, 4 de octubre de 2026

    ___________________________________

    Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

    Las palabras del Evangelio que se proclaman en la liturgia de este domingo nos hablan de la vida de Jesús e iluminan el sentido de su misión (cf. Mt 21,33-43). Él es el Hijo de Dios enviado al mundo, pero es rechazado precisamente por aquellos que deberían haberlo acogido con los brazos abiertos. El que ha venido a traer la salvación recibe una condena; el que quiere dar la vida es condenado a muerte. Mientras nos hace reflexionar sobre las numerosas crueldades que devastan al mundo y a la historia de los pueblos, la enseñanza de Cristo nos revela la infinita misericordia de su Padre.

    Ese rechazo violento, en efecto, no fragmenta la voluntad de Dios, que en su infinita justicia transforma el mal en rescate: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular» (Mt 21,42; cf. Sal 118,22). El propio Jesús recuerda estas palabras del salmo, que celebra la obra maravillosa realizada por el Señor: precisamente lo descartado se convierte en el fundamento que lo sostiene todo. Este es el modo en que el Todopoderoso guía la historia, socorriéndonos en todas nuestras caídas: ¡Dios nunca desecha nuestra vida!

    Según la imagen utilizada en la parábola, la viña que hay que cultivar con justicia es la Iglesia, que construimos o dañamos con nuestras decisiones. A este respecto, precisamente hoy, en el octavo centenario de su muerte, deseo recordar a un trabajador que se dedicó con gran fruto en la viña del Señor: San Francisco de Asís, a quien el propio Jesús pidió que reparara su Iglesia. Inspirado por el Crucificado, Francisco edificó ante todo su propia vida sobre el fundamento de Cristo, compartiendo su pobreza, su alegría y sus sufrimientos, hasta recibir el signo místico de los estigmas. Hombre de ardiente oración, lleno de caridad hacia todos, fue un ejemplo para los primeros frailes que compartieron su ascetismo como condición auténtica para la reforma de la Iglesia. San Francisco la reparó en virtud de la fe en el Señor Jesús, sanando las grietas de la discordia con el testimonio del amor fraterno.

    Queridos amigos: el carisma de san Francisco aún hoy, después de ocho siglos, da fruto; de ello dan testimonio no sólo la gran y dinámica familia franciscana, sino también los numerosos dones que su legado espiritual difunde entre el Pueblo de Dios. Por eso, mientras celebramos el Año Jubilar Franciscano, pidamos con perseverancia el don de la paz y comprometámonos sinceramente a construir la concordia entre los pueblos.

    Que en esta obra nos acompañe siempre la intercesión de María Santísima, nuestra Madre, a quien ahora nos dirigimos, unidos espiritualmente a los fieles reunidos en el Santuario de Pompeya para elevar la Súplica a la Virgen del Santo Rosario.

    _____________________________

    Después del Ángelus

    Queridos hermanos y hermanas:

    El domingo pasado, en Lourdes, he hecho la invitación a rezar el santo rosario, durante este mes de octubre, ofreciéndolo por la intención particular de que cesen las guerras y se construya la paz. De los primeros en comenzar fueron los niños, y lo están llevando a cabo. Del 1 al 7 de octubre, la Fundación “Ayuda a la Iglesia Necesitada”, está promoviendo la iniciativa “Un millón de niños rezan el rosario”, por la paz y la unidad en el mundo. Agradezco de todo corazón a todos los niños y niñas que, en tantas partes del mundo, se unen a esta oración; y sigamos todos su ejemplo, invocando la intercesión de la Virgen María para que los pueblos sean liberados del flagelo de la guerra. En particular, recemos por Tierra Santa y por las víctimas inocentes de la violencia.

    En los próximos días, con motivo del décimo aniversario de la Exhortación apostólica Amoris laetitia, tendrá lugar un encuentro en el Vaticano al cual he convocado a los jerarcas de las Iglesias Orientales Católicas y a los presidentes de las Conferencias episcopales de todo el mundo. Será un momento de discernimiento sinodal, para identificar los pasos que hay que dar al anunciar el Evangelio hoy en día a las familias y a las generaciones jóvenes. Encomiendo esta tarea a la oración de ustedes, principalmente por las familias que, con la ayuda de Dios, son signo de esperanza y riqueza inestimable para la Iglesia y la sociedad.

    Me da alegría ver las numerosas iniciativas con las que se celebra el octavo centenario de la muerte de San Francisco de Asís. Recuerdo, en particular, las que se llevaron a cabo en Asís, con la presencia de las más altas autoridades del Estado italiano. Saludo también a los radioaficionados de Asís y Foligno que difunden el mensaje de paz de san Francisco.

    Ahora les dirijo mi saludo a todos ustedes, aquí presentes hoy en la Plaza de San Pedro.

    Doy la bienvenida a los participantes de la International Week of Sacred Music, organizada por el Pontificio Instituto de Música Sacra; así como a los fieles de Puente Alto de Santiago de Chile; y a los profesores y alumnos del Gymnasium Sankt Bonaventura de Dilinga, Alemania.

    Saludo a los confirmandos de Pinerolo; a los fieles de Fasana Polesine; a los jóvenes del Valle Brembana que caminaron sobre la Vía Francígena desde Viterbo hasta Roma; a la Asociación FIABA, que promueve campañas para mejorar la accesibilidad de los lugares públicos; al grupo Mamme che regalano un sorriso de Tarento; y a la asociación Studenti con le Stellette, de Lurago d’Erba.

    Bendigo de corazón a los fieles que hoy, desde esta Plaza, peregrinarán hacia el Santuario de la Virgen de la Revelación en Via Laurentina, siguiendo con la tradición que comenzó el Papa Pío XII.

     Les deseo a todos un feliz domingo.

    (vatican.va)




    Evangelio del día Domingo 27a T O - ¿No sería muchísimo mejor esucharlo con la familia proclamado en le Santa Misa Dominical presencial?

     


    San Francisco de Asís , San Félix ValoisMás...

    Libro de Isaías 5,1-7.

    Voy a cantar en nombre de mi amigo
    el canto de mi amado a su viña.
    Mi amigo tenía una viña
    en una loma fértil.
    La cavó, la limpió de piedras
    y la plantó con cepas escogidas;
    edificó una torre en medio de ella
    y también excavó un lagar.
    El esperaba que diera uvas,
    pero dio frutos agrios.
    Y ahora, habitantes de Jerusalén
    y hombres de Judá,
    sean ustedes los jueces
    entre mi viña y yo.
    ¿Qué más se podía hacer por mi viña
    que yo no lo haya hecho?
    Si esperaba que diera uvas,
    ¿por qué dio frutos agrios?
    Y ahora les haré conocer
    lo que haré con mi viña:
    Quitaré su valla, y será destruida,
    derribaré su cerco y será pisoteada.
    La convertiré en una ruina,
    y no será podada ni escardada.
    Crecerán los abrojos y los cardos,
    y mandaré a las nubes
    que no derramen lluvia sobre ella.
    Porque la viña del Señor de los ejércitos
    es la casa de Israel,
    y los hombres de Judá
    son su plantación predilecta.
    ¡El esperó de ellos equidad,
    y hay efusión de sangre;
    esperó justicia,
    y hay gritos de angustia!


    Salmo 80(79),9.12.13-14.15-16.19-20.

    La viña del Señor es su pueblo.

    Tú sacaste de Egipto una vid,
    expulsaste a los paganos y la plantaste;
    extendió sus sarmientos hasta el mar
    y sus retoños hasta el Río.

    ¿Por qué has derribado sus cercos
    para que puedan saquearla todos los que pasan?
    Los jabalíes del bosque la devastan
    y se la comen los animales del campo.

    Vuélvete, Señor de los ejércitos,
    observa desde el cielo y mira:
    ven a visitar tu vid,
    la cepa que plantó tu mano,

    el retoño que Tú hiciste vigoroso.
    y nunca nos apartaremos de ti:
    devuélvenos la vida e invocaremos tu Nombre.
    ¡Restáuranos, Señor de los ejércitos,

    que brille tu rostro y seremos salvados!


    Carta de San Pablo a los Filipenses 4,6-9.

    Hermanos:
    No se angustien por nada, y en cualquier circunstancia, recurran a la oración y a la súplica, acompañadas de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios.
    Entonces la paz de Dios, que supera todo lo que podemos pensar, tomará bajo su cuidado los corazones y los pensamientos de ustedes en Cristo Jesús.
    En fin, mis hermanos, todo lo que es verdadero y noble, todo lo que es justo y puro, todo lo que es amable y digno de honra, todo lo que haya de virtuoso y merecedor de alabanza, debe ser el objeto de sus pensamientos.
    Pongan en práctica lo que han aprendido y recibido, lo que han oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con ustedes.


    Evangelio según San Mateo 21,33-43.

    Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
    «Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero.
    Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos.
    Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon.
    El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera.
    Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: "Respetarán a mi hijo".
    Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: "Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia".
    Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron.
    Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?».
    Le respondieron: «Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo.»
    Jesús agregó: «¿No han leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos?
    Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos.»

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



    Bulle

    San Máximo de Turín (¿-c. 420)
    obispo
    Sermón para la fiesta de San Cipriano


    Producir frutos

    La viña del Señor, dice el profeta, es la casa de Israel (Is 5,7). Ahora bien, esta casa somos nosotros...y pues somos Israel, somos también la viña del Señor. Vigilemos, pues, que no nazca de nuestros sarmientos, en lugar de la uva dulce, el fruto de la cólera(Ap 14,19), para que no diga: “esperaba uvas i dio agraces” (cf Is 5,7) ¡Qué tierra tan ingrata! La que tenía que dar a su amo frutos de dulzura, lo atravesó con espinas agudas. Así, sus enemigos, los que tenían que haber acogido a su Salvador con toda la devoción de su fe, lo coronaron con espinas en la pasión. Para ellos, esta corona significaba ultraje e injuria, pero, a los ojos del Señor, era la corona de las virtudes...
    Prestad atención, hermanos, que no se diga a vuestro propósito: “esperaba buenos frutos y dieron agraces”. Estemos atentos a que nuestras malas acciones no hieran la cabeza del Salvador como espinas crueles. Hay espinas del corazón que han herida hasta la misma palabra de Dios, como lo dice el Señor en el evangelio cuando narra que el grano del sembrador cayó entre espinos, éstos crecieron y ahogaron la semilla (cf Mt 13,7)... Vigilad, pues, que vuestra viña no produzca espinos en lugar de racimos, que vuestra vendimia no dé vinagre en lugar de vino. Cualquiera que haga la vendimia sin distribuir a los pobres sus bienes, recoge vinagre en lugar de vino. Y aquel que mete su cosecha en los graneros sin dar alimento a los indigentes, no recoge el fruto de la limosna sino el rastrojo de la avaricia. (EDD)

    Reflexión sobre el cuadro

    Estamos acostumbrados a pensar en términos de inversión y rendimiento. Invertimos dinero en una casa con la esperanza de que su valor aumente. Invertimos tiempo y energía en nuestro trabajo y esperamos obtener un aumento de sueldo o un ascenso. Los estudiantes se esfuerzan mucho en sus estudios, esperando que sus esfuerzos den sus frutos. Sin embargo, quizá la mayor inversión que hacemos en la vida sea en otras personas. Los padres dedican una cantidad extraordinaria de amor, paciencia, tiempo y sacrificio a sus hijos, con la esperanza de que lo que les han dado les ayude a prosperar. Sin embargo… la vida nos enseña que la inversión y el rendimiento no siempre van de la mano. Los mercados caen, los exámenes salen mal, los proyectos fracasan y, a veces, las personas a las que más hemos dado parecen devolvernos muy poco.

    Esa es la dolorosa imagen que constituye el núcleo de la primera lectura de hoy. Isaías describe a un propietario que cuida con esmero su viña. Elige un terreno fértil, retira las piedras, planta las mejores vides y construye todo lo necesario para una cosecha próspera. Difícilmente podría haber hecho más. Naturalmente, espera uvas buenas. En cambio, la viña produce uvas agrias. Isaías revela entonces que la viña es una imagen del pueblo de Dios. Dios les había dado tanto, con la esperanza de encontrar justicia y bondad creciendo entre ellos. En cambio, encuentra violencia y oye los gritos de quienes sufren. El problema no era que Dios no hubiera dado lo suficiente; era que no se había permitido que lo que había dado diera fruto.

    Y, sin embargo, es aquí donde la historia de Dios se vuelve tan extraordinaria. Ante unos frutos tan escasos, Dios no retira su inversión. Da aún más. En la parábola que cuenta Jesús en el Evangelio de hoy, el dueño de la viña acaba enviando a su propio hijo. Incluso cuando el hijo es rechazado y asesinado, Dios sigue sin abandonar a la humanidad. La Cruz se convierte en el signo extraordinario de hasta qué punto Dios está dispuesto a invertir en nosotros. Puede que le decepcionemos, que ignoremos lo que nos da y que produzcamos más uvas agrias de las que nos gustaría admitir. Sin embargo, Dios sigue sembrando. Su generosidad hacia nosotros es mucho mayor que el rendimiento que jamás podríamos ofrecerle.

    El mercado del arte, quizás más que la mayoría de los ámbitos, se rige por la idea de la rentabilidad de la inversión. Las pinturas no solo se compran porque a alguien le encantan, sino también como inversión. Pocos ejemplos son tan espectaculares como la obra «Sin título» de Jean-Michel Basquiat, de 1982. El cuadro, con su enorme cabeza con forma de calavera, casi eléctrica, que emerge de un fondo azul, se compró en una subasta en 1984 por tan solo $19 000. Treinta y tres años después, en 2017, volvió a subastarse y se vendió en Sotheby’s por la asombrosa cifra de $110,5 millones. Eso es casi 5.800 veces lo que se había pagado originalmente por ella. Independientemente de lo que se piense del cuadro en sí, como inversión dio unos frutos realmente deliciosos.

    Pero el Evangelio nos invita a valorar la inversión de una manera muy diferente. Dios no es un inversor que observa el mercado, preguntándose si hemos aumentado lo suficiente de valor como para justificar lo que ha gastado en nosotros. ¡Él invierte en nosotros simplemente porque nos ama! La pregunta que nos plantea la parábola de la viña, pues, no es simplemente cuánto ha invertido Dios en nuestras vidas, sino ¿qué fruto estamos dando para Él? En la economía de Dios, ¿qué le hemos devuelto realmente?

    by Padre Patrick van der Vorst

    Oración



    sábado, 3 de octubre de 2026

    ¿Quién es la niña que León XIV bendijo en París? Detrás de la imagen hay una sorprendente historia

     Marie-Garance tiene 10 años y múltiples discapacidades. León XIV la bendijo en los Campos Elíseos y su madre vivió el momento como un regalo inesperado.

    El Papa León XIV deteniendo el papamóvil para bendecir a Marie-Garance Noël, una niña con discapacidad severa.

    El Papa León XIV deteniendo el papamóvil para bendecir a Marie-Garance Noël, una niña con discapacidad severa.


      Entre las innumerables imágenes que ha dejado el viaje apostólico de León XIV a Francia, una de las más difundidas tiene como protagonista a una niña de 10 años. 

      Se llama Marie-Garance Noël, tiene múltiples discapacidades y necesita cuidados permanentes. Su encuentro con el Papa en pleno corazón de París duró apenas unos segundos, pero detrás de esa fotografía se esconde una historia de fe, adopción y acogida de la vida.

      Ocurrió el sábado 26 de septiembre. León XIV recorría los Campos Elíseos camino de la Plaza de la Concordia, donde iba a celebrar la multitudinaria Misa, cuando reparó en Marie-Garance entre las personas que esperaban su paso. El Pontífice se detuvo ante ella y la bendijo.

      La escena fue captada por las cámaras y rápidamente comenzó a circular por las redes sociales hasta convertirse en una de las imágenes más emotivas de la visita papal.

      Según recoge ChurchPOP, la presencia de Marie-Garance aquel día escondía una historia familiar muy especial.

      Una niña que necesitaba una familia

      Durante sus primeros meses de vida, Marie-Garance estuvo bajo la protección del Estado francés. Sus múltiples discapacidades hacen que necesite asistencia constante, medicación y alimentación mediante una gastrostomía. 

      Su delicada salud también la ha obligado a pasar largas temporadas hospitalizada.

      En 2016, Clotilde y Nicolas Noël decidieron acogerla en su familia.

      No era la primera vez que lo hacían. El matrimonio tenía ya seis hijos biológicos cuando decidió abrir las puertas de su casa a niños con discapacidad. 

      En 2013 habían adoptado a Marie, una niña con síndrome de Down. Después llegó Marie-Garance y, años más tarde, Frédéric-Moïse, afectado por una enfermedad que afecta al cerebelo.

      Una familia numerosa cuya historia ha estado marcada por una convicción: la discapacidad no disminuye el valor de una vida.

      Clotilde Noël explicaba en una entrevista concedida a Aleteia en 2023 cómo la fe había sostenido a la familia ante las dificultades.

      «Una vez que decimos “sí” a Dios, todo sucede con naturalidad. Él nunca nos abandona», afirmaba.

      La familia de Marie-Garance Noël al completo

      La familia de Marie-Garance Noël al completo

      Unos segundos inesperados ante León XIV

      La familia no tenía previsto ningún encuentro personal con el Papa. Tampoco disponía de un acceso especial. Todo ocurrió de manera espontánea.

      Clotilde explicó posteriormente a la emisora francesa RTL que incluso había dudado sobre si intentar acercar a su hija al Pontífice. No quería ocupar el lugar de otras personas que llevaban también mucho tiempo esperando.

      Fueron precisamente quienes se encontraban a su alrededor quienes la animaron.

      Y entonces se produjo el encuentro.

      León XIV vio a Marie-Garance, se acercó a ella y la bendijo. Para su madre, aquellos pocos segundos adquirieron un significado que iba mucho más allá de su propia familia.

      «Es una hermosa respuesta para nosotros, los padres de niños con discapacidad», aseguró.

      Clotilde interpretó el gesto como un reconocimiento a tantas familias que cuidan diariamente de hijos con graves discapacidades y también a personas que, con demasiada frecuencia, pueden quedar relegadas a un segundo plano.

      Una familia volcada con la discapacidad

      La experiencia de los Noël no se ha limitado a su propio hogar.

      Dos años después de adoptar a Marie, Clotilde publicó Tombée du Nid (Caída del nido), donde contó las dificultades, los temores y también las alegrías que había supuesto acoger a una hija con discapacidad.

      De aquella experiencia nació posteriormente la asociación Tombée du Nid, dedicada a acompañar a familias que viven situaciones relacionadas con la discapacidad y a ayudar a quienes se plantean acoger a niños con necesidades especiales.

      Por eso, para los Noël, la fotografía de Marie-Garance junto a León XIV no representa únicamente un recuerdo extraordinario del viaje del Papa.

      En medio de una multitud de cientos de miles de personas, el Pontífice se detuvo durante unos segundos ante una niña especialmente vulnerable y la bendijo. 

      Un pequeño gesto que su familia ha querido interpretar como un mensaje dirigido también a tantos padres que cada día cuidan y defienden la dignidad de sus hijos con discapacidad.

      ReL

      Vea también     La discapacidad y la visión de la fe



      Especialmente para los que NO van a Misa los Domingos: Para que desubran lo que están perdiendo

       Aquí podemos ofrecerle sólo unos cuantos aspectos
      de las mil maravillas de la Santa Misa

      Los Santos dicen ...

      Los Santos dicen que la Santa Misa es el sol que ilumina toda nuestra semana.

      P. Eliécer Sálesman; Cien noticias acerca de la Santa Misa


      ¿Por qué buscar más?

      ¿Pero es que no tenemos en la Eucaristía a Jesús viviente, real y verdaderamente presente ante nosotros? ¿Por qué buscar más?

      Santa Teresa de Jesús, Doctora de la Iglesia.

      En la Eucaristía está presente el Crucificado y el Resucitado.

      En la Eucaristía está presente no sólo el Crucificado, sino también el Resucitado.

      P. Raniero Cantalamessa ofmcap, Predicador Pontificio.

      Ciudad del Vaticano, 25 febrero 2005.


      Jamás dejéis la Misa dominical.

      Que vuestra fidelidad se manifieste especialmente en la participación litúrgica dominical y festiva: jamás dejéis la Santa Misa y, si os es posible, no dejéis jamás el encuentro con Cristo en la comunión eucarística.

      San Juan Pablo II; Visita Pastoral a Velletri (Italia), 7-IX-1980

      Mientras uno oye Misa no pierde el tiempo.

      "Mientras uno oye la Santa Misa no pierde el tiempo, sino que gana mucho, por muy dilatado que el sacerdote se esté en el Santo Sacrificio de la Misa".

      San Agustín, Doctor de la Iglesia

      "Es tanto el Amor de Dios por sus criaturas, y habría de ser tanta nuestra correspondencia que, al decir la Santa Misa, deberían pararse los relojes".

      San Josemaría Escrivá; Forja, n. 436


      No hay nada tan santo, ni tan divino como el Santo Sacrificio de la Misa.

      Estamos obligados a reconocer que entre todas las obras, que los fieles han de cumplir, no hay nada tan santo, ni tan divino como este imponente Misterio de la Santa Misa.

      Concilio de Trento



      Lloremos de amor y adoración contemplando el Misterio de la Cruz.

      La Santa Misa es Cristo en la Cruz, con María y Juan a los pies de la misma y los ángeles en adoración.

      Lloremos de amor y adoración en esta contemplación.

      San Pío de Pietrelcina