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viernes, 17 de abril de 2026

El país ateo que construye 200 iglesias al año

La Iglesia en Vietnam se ha multiplicado exponencialmente, alcanzando los 7 millones de católicos organizados en 27 diócesis, y 30.000 sacerdotes y religiosos.

Fieles de la parroquia de San José en Vietnam, inaugurada el pasado enero de 2025.

Fieles de la parroquia de San José en Vietnam, inaugurada el pasado enero de 2025.

La Iglesia de Vietnam atraviesa uno de los momentos más dinámicos de su historia reciente. En los últimos años, el país ha visto surgir un número extraordinario de nuevos templos, un fenómeno que el Nuncio Apostólico, el arzobispo Marek Zalewski, describe como "un signo de esperanza que recorre todo el país"

Solo en 2025, la Iglesia vietnamita habrá levantado más de 200 templos, una cifra que refleja la energía espiritual de una Iglesia que ya representa alrededor del 7% de la población.

Este crecimiento resulta aún más impresionante al considerar que hace apenas ocho décadas, la comunidad católica vietnamita no alcanzaba los 2 millones de fieles. Esta expansión sin precedentes puede atribuirse a una combinación de factores históricos, testimonios de martirio, coherencia en el modo de vida cristiano, esfuerzos diplomáticos y el papel fundamental de los laicos en la preservación y difusión de la fe.

Templos para 5000 fieles

Buena parte de este impulso procede de las diócesis del norte, donde numerosas propiedades de la Iglesia permanecían cerradas o deterioradas desde mediados del siglo XX. La migración interna, el crecimiento urbano y la reorganización de comunidades parroquiales han reactivado zonas que durante décadas apenas contaban con presencia pastoral. Hoy, más de 150 nuevas construcciones están devolviendo vida a regiones que habían quedado marcadas por el éxodo de 1954.

El nuevo paisaje religioso vietnamita no solo crece en número, sino también en ambición arquitectónica. Uno de los ejemplos más llamativos es la iglesia de Lang Van, en Ninh Binh, inaugurada en diciembre de 2025. Con un estilo neogótico imponente, capacidad para 5.000 personas y un campanario que se eleva 110 metros, se ha convertido en el templo católico más grande del sudeste asiático. Su construcción, que se prolongó durante una década, responde al crecimiento constante de una comunidad que ya superaba los 4.000 fieles.

La iglesia rosa ha sido una de las últimas en ser restaurada.

En Ciudad Ho Chi Minh, otro símbolo ha recuperado su esplendor: la Catedral de Notre Dame volvió a lucir sus cruces doradas tras una delicada restauración. Las nuevas piezas, de casi cuatro metros, fueron izadas a más de cincuenta metros de altura, devolviendo a la ciudad uno de sus iconos religiosos más reconocibles.

Con 7,2 millones de católicos, 27 diócesis y más de 2.000 parroquias, Vietnam alberga una de las comunidades católicas más grandes y dinámicas de Asia. La vitalidad también se refleja en las vocaciones: solo la arquidiócesis de Ciudad Ho Chi Minh reúne a más de 720.000 fieles y cerca de 400 sacerdotes diocesanos, además de un amplio número de religiosos dedicados a la educación, la pastoral y la acción social.

Para el arzobispo Zalewski, este crecimiento no es solo estadístico: "La Iglesia en Vietnam está viva porque su gente está viva". La combinación de tradición, juventud, migración interna y una profunda sed espiritual está impulsando un renacimiento que se percibe en cada diócesis. En un país donde la fe ha atravesado momentos difíciles, la construcción de templos, la restauración de símbolos y el aumento de vocaciones revelan una comunidad que mira al futuro con confianza.

La presencia católica en Vietnam se remonta al siglo XVII, cuando misioneros dominicos y jesuitas comenzaron a evangelizar una región caracterizada por la fragmentación feudal y los conflictos bélicos. A pesar del recelo de las autoridades locales, que interpretaban el mensaje cristiano como una posible herramienta de control occidental, la Iglesia logró prosperar inicialmente.

Sin embargo, este crecimiento desencadenó persecuciones sistemáticas que se extendieron hasta bien entrado el siglo XIX, replicando patrones similares en otras regiones asiáticas como Japón.

Según datos de la Agencia Fides, antes de 1945 la población católica en Vietnam era relativamente modesta, con menos de dos millones de fieles distribuidos en 12 diócesis. En la actualidad, estas cifras se han multiplicado exponencialmente, alcanzando los 7 millones de católicos organizados en 27 diócesis, con aproximadamente 30.000 sacerdotes y religiosos.

El escritor Lee Nguyen, en su artículo El auge del catolicismo en Vietnam publicado en el medio local The Vietnamese, identifica tres factores fundamentales que explican no solo la supervivencia sino el florecimiento de la Iglesia Católica en este contexto: "Las habilidades diplomáticas de los líderes de las iglesias locales, la lealtad de los laicos a la Iglesia y la fortuna de la historia".

ReL

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El Papa León logra un alto el fuego en Camerún: felicita a los constructores de paz desde Bamenda

El llamado conflicto de Ambazonia ha causado unas 6.500 víctimas mortales en Camerún en 10 años y ha desplazado a unas 580.000 personas. 

León XIV suelta una paloma de la paz ante la catedral de Bamenda, en la zona anglófona de Camerún

León XIV suelta una paloma de la paz ante la catedral de Bamenda, en la zona anglófona de Camerún


    En un comunicado de la Alianza por la Unidad, que agrupa a los movimientos separatistas anglófonos de Camerún, se ha decretado desde el martes un alto el fuego con motivo de la visita de León XIV, en nombre de "la responsabilidad, la moderación y el respeto por la dignidad humana", para crear "un corredor y un ambiente seguros" para las actividades del Papa.

    En el Oeste de Camerún, en las dos regiones anglohablantes, desde 2016 hay un conflicto armado entre guerrillas y el ejército, que según un Informe de 2025 de International Crisis Group ha causado unas 6.500 víctimas mortales en el llamado conflicto de Ambazonia. También ha desplazado a unas 580.000 personas dentro del país. A eso habría que sumar unas 73.000 que habrían pasado a Nigeria. Según la ONU, 1,8 millones de los cuatro millones de habitantes de las regiones anglófonas necesitan ayuda humanitaria, mientras que unos 250.000 niños se ven afectados por el cierre de escuelas debido al conflicto.

    León XIV exhorta a trabajar por la paz desde la catedral de Bamenda, en la zona anglófona de Camerún, golpeada por guerrillas

    León XIV exhorta a trabajar por la paz desde la catedral de Bamenda, en la zona anglófona de Camerún, golpeada por guerrillas

    En el marco de este "corredor", el Papa llegó este jueves a Bamenda, capital de una de esas regiones, cerca de la frontera con Nigeria. En la catedral de San José, en Bamenda, celebró un encuentro con representantes de diversas religiones (religiones tradicionales animistas, protestantes y musulmanes) y de ambas lenguas, aunque el Papa se dirigió a los presentes en el inglés que caracteriza a la región.

    Hablaron testimonios de afectados por la guerra. "¡En Dios, en su paz, siempre podemos comenzar de nuevo!", dijo el Pontífice.

    Cristianos y musulmanes de la región trabajan en un Movimiento por la Paz con el que intentar mediar entre los bandos enfrentados por razones políticas, en las que el separatismo ha estado muy presente. "Desearía que esto sucediese en muchos otros lugares del mundo", exhortó el pontífice, "vuestro trabajo por la paz puede ser un modelo".

    "Los maestros de la guerra aparentan ignorar que basta un momento para destruir, y en ocasiones toda una vida no es suficiente para reconstruir. Y cierran los ojos al hecho de que se gastan miles de millones de dólares en matar y destruir, pero no se encuentran en ningún lado los recursos necesarios para la salud, la educación y la restauración", denunció.

    "La paz no es algo que tengamos que inventar, sino algo que hemos de abrazar aceptando a nuestro prójimo como hermano y hermana. No elegimos a nuestros hermanos y hermanas: ¡simplemente debemos aceptarnos mutuamente! Somos una sola familia, que habita el mismo hogar: este maravilloso planeta que las culturas antiguas han cuidado durante milenios", añadió.

    Al salir de la catedral soltó una paloma en signo de la paz, acompañado de varios líderes locales, ante la multitud congregada fuera del templo.

    ReL





    Cuando la fe se vuelve viral: el ejército de «influencers» que atrae a la Generación Z a la Iglesia

    «Nos dijeron que el éxito era tener dinero, carrera… pero eso no llena», afirma un joven converso.

    Gross y la creadora de contenido Kate DePetro posan, con el padre Jonah Teller, durante una quedada con pizza previa a la misa dominical en Nueva York (EE.UU).

    Gross y la creadora de contenido Kate DePetro posan, con el padre Jonah Teller, durante una quedada con pizza previa a la misa dominical en Nueva York (EE.UU).archivo


      Lejos de los formatos clásicos de evangelización, los jóvenes influencers de la Generación Z combinan humor, cultura digital y experiencias personales para convertir así el catolicismo en algo mucho más atractivo. New York Post y The Washington Post amplían esta información.

      En sus publicaciones, los influencers católicos de hoy suelen alternar, por ejemplo, reflexiones sobre el sentido de la vida con bromas sobre las rutinas litúrgicas —como cuántas veces debe uno arrodillarse durante la misa—, creando así un espacio donde lo espiritual se mezcla con lo más cotidiano. 

      Espiritualidad y estilo de vida 

      Un enfoque atractivo que permite que miles de jóvenes, muchos alejados de la práctica religiosa, se acerquen de nuevo a la Iglesia católica. De hecho, algunos de estos influencers provienen del mundo del entretenimiento, otros de la teología, pero todos comparten un objetivo común: hacer comprensible y relevante el mensaje cristiano en el siglo XXI.

      Entre ellos, destaca un perfil que rompe con los estereotipos más tradicionales: el creador de contenido que mezcla espiritualidad y estilo de vida. Es gente que suele publicar vídeos sobre su rutina diaria, entrenamiento físico y alimentación, junto a reflexiones de Cuaresma o de la importancia de la oración. 

      La misa del domingo por la noche en la iglesia neoyorkina de San José atrae a muchos jóvenes.
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      La misa del domingo por la noche en la iglesia neoyorkina de San José atrae a muchos jóvenes. .The Washington Post

      Una combinación, aparentemente contradictoria hasta ahora, que conecta bien con una generación que entiende la identidad como algo multifacético. "Hace unos años, la fe tenía una connotación negativa entre los jóvenes", explica uno de estos jóvenes influencers. "Ahora se percibe como algo cada vez más normal. Ves a gente que admiras yendo a misa, y eso cambia tu percepción".

      Este cambio de narrativa no es casual. En un entorno donde las redes sociales funcionan como termómetro cultural, la visibilidad genera legitimidad. La llamada "prueba social" —ver a otros adoptar ciertos comportamientos— está jugando un papel clave en el retorno de muchos jóvenes a la práctica religiosa. La fe, que durante años fue percibida como algo marginal, empieza a integrarse ahora en la conversación pública digital.

      Es el caso del neoyorquino Anthony Gross, que se suma al creciente coro de voces jóvenes que buscan ayudar a la Generación Z a comprender el mundo en el que viven. Este joven de 22 años publica regularmente contenido de temática católica junto con vídeos de ejercicios sin camiseta para sus 125.000 seguidores en Instagram.

      Gross afirma haber percibido entre sus compañeros un anhelo de algo más en la vida, y declara a The Post que está viendo un número creciente de ellos "volviendo a Dios".

      Por su parte, el actor David Henrie, de 36 años, publica regularmente para sus 2.900.000 millones de seguidores en Instagram, y charla con otras figuras importantes como el obispo Barron, de Minnesota, que cuenta con 654.000 seguidores en Instagram. 

      En TikTok, está la joven Emily Dinneny, creadora de @catholic.converts, un canal muy activo con casi 100.000 seguidores, donde comparte su experiencia como católica conversa.

      Incluso sacerdotes jóvenes, como el padre David Michael Moses (1.100.000 millones de seguidores) en Instagram, forman parte de esta tendencia, publicando vídeos con títulos llamativos que van desde Un fin de semana como sacerdote católico hasta El Evangelio según Shrek.

      Pero el fenómeno no se limita al ámbito online. Lo significativo es cómo estas comunidades virtuales están dando el salto al mundo físico. En ciudades como Nueva York, por ejemplo, se organizan encuentros que combinan lo social y lo espiritual: reuniones informales en pizzerías antes de asistir juntos a misa. En uno de estos eventos, cerca de un centenar de jóvenes se congregaron recientemente para compartir una comida sencilla antes de participar en la liturgia dominical.

      La escena resulta reveladora. Jóvenes vestidos de manera informal pero cuidada, conversaciones animadas, risas… y, posteriormente, silencio y recogimiento en la iglesia. Para muchos, estas reuniones representan algo más que una actividad religiosa: son un espacio de pertenencia. "La Generación Z está muy perdida", afirma uno de los organizadores. "Necesitamos propósito y conexión. Aquí encontramos ambas cosas".

      Este anhelo de comunidad aparece como uno de los motores principales del fenómeno. En una sociedad donde las relaciones se han digitalizado y fragmentado, la Iglesia ofrece un "tercer espacio": ni hogar ni trabajo, sino un lugar donde establecer vínculos significativos. No es casual que muchas parroquias estén experimentando un aumento notable en la asistencia de jóvenes adultos, especialmente en celebraciones como la Vigilia Pascual.

      Los datos apuntan en esa dirección. En algunas comunidades, el número de personas que reciben los sacramentos de iniciación cristiana se ha duplicado o incluso triplicado en los últimos años. Este crecimiento, aunque todavía limitado, refleja una tendencia que no puede ignorarse. Como señala un catequista, "en tiempos de ansiedad e incertidumbre, la fe ofrece estabilidad y sentido".

      Después de la misa, los jóvenes se dirigen a In Vino Veritas para disfrutar de vino, queso y una charla sobre teología.

      Después de la misa, los jóvenes se dirigen a In Vino Veritas para disfrutar de vino, queso y una charla sobre teología.The Washington Post

      "Hay cuentas en redes sobre cocina, sobre moda, sobre deporte… Nosotros hablamos de lo que nos importa: nuestra fe", explica una influencer. Su objetivo no es imponer, sino invitar; no convencer, sino compartir.

      El tono también marca la diferencia. Algunos optan por el humor como herramienta principal. Sus vídeos, llenos de referencias culturales y formatos virales, abordan temas teológicos de manera ligera. "Si puedes hacer reír a alguien, ya has abierto una puerta", comenta uno de ellos. Este enfoque recuerda a la idea de que la belleza y la verdad pueden atraer sin necesidad de discursos explícitamente doctrinales.

      En paralelo, emerge una conexión interesante entre la cultura del desarrollo personal y ciertas prácticas religiosas tradicionales. Retos como dejar el alcohol durante un mes, entrenamientos exigentes o disciplinas de autocontrol encuentran un eco en conceptos como el ayuno, la mortificación o la vida ascética. Para algunos jóvenes, la fe no es solo creencia, sino también disciplina.

      Las aplicaciones móviles han sabido también capitalizar esta tendencia. Existen plataformas que proponen programas estructurados de oración, hábitos diarios e incluso discernimiento vocacional. Estas herramientas, diseñadas con estética moderna y enfoque práctico, facilitan la integración de la espiritualidad en la vida cotidiana.

      Pero, detrás de todo ello subyace una búsqueda más profunda. Muchos testimonios coinciden en describir una sensación de insatisfacción con el modelo de vida dominante. "Nos dijeron que el éxito era tener dinero, carrera, reconocimiento… pero eso no llena", afirma un joven converso. Para él, la fe representa una alternativa: un camino hacia algo más grande que uno mismo.

      Los feligreses ríen con sus amigos en Pizza Box, antes de dirigirse a la misa en la iglesia de San José en Nueva York.

      Los feligreses ríen con sus amigos en Pizza Box, antes de dirigirse a la misa en la iglesia de San José en Nueva York.The Washington Post

      Este sentimiento se repite en muchos jóvenes. Algunos hablan de una "crisis de significado", otros de una "fatiga cultural". En cualquier caso, la religión aparece como respuesta a preguntas que el entorno contemporáneo no logra resolver. "La gente no sabe en qué confiar", señala otro influencer. "La Iglesia ofrece una base, unos valores claros".

      No obstante, el fenómeno también genera tensiones internas. Surgen debates sobre la autenticidad, el papel del cuerpo en la representación de la fe o la posible superficialidad de ciertos contenidos. La figura del "teo-bro" —el joven que combina religiosidad intensa con estética de gimnasio— ha sido objeto de críticas por reducir la fe a normas o símbolos de estatus.

      Frente a estas interpretaciones, otros recuerdan que la tradición católica ha sido históricamente diversa y compleja. Desde su origen, ha estado vinculada al servicio, la atención a los más vulnerables y la construcción de comunidad. "No se trata solo de disciplina o estética", apunta un feligrés. "Se trata de amar y de servir".

      El auge de los influencers católicos revela algo más amplio que una simple tendencia religiosa. Habla de una generación en búsqueda, que utiliza las herramientas digitales para explorar preguntas antiguas. Habla de la capacidad de adaptación de las tradiciones, que encuentran nuevas formas de expresión sin perder su esencia.

      Quizá no estemos ante un renacimiento en sentido estricto, pero sí ante un síntoma significativo de cambio cultural. La fe, lejos de desaparecer, ahora se transforma. Se adapta a nuevos lenguajes, nuevos formatos y nuevas sensibilidades.

      Y en ese proceso, jóvenes creadores de contenido —con sus contradicciones, su creatividad y su deseo de sentido— están desempeñando un papel inesperado: el de mediadores entre una tradición milenaria y una generación que, en medio del ruido digital, sigue buscando respuestas.

      ReL

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      Evangelio del día - Viernes de la 2a Semana de Pascua

       


      Libro de los Hechos de los Apóstoles 5,34-42.

      Un fariseo, llamado Gamaliel, que era doctor de la Ley, respetado por todo el pueblo, se levantó en medio del Sanedrín. Después de hacer salir por un momento a los Apóstoles,
      dijo a los del Sanedrín: "Israelitas, cuídense bien de lo que van a hacer con esos hombres.
      Hace poco apareció Teudas, que pretendía ser un personaje, y lo siguieron unos cuatrocientos hombres; sin embargo, lo mataron, sus partidarios se dispersaron, y ya no queda nada.
      Después de él, en la época del censo, apareció Judas de Galilea, que también arrastró mucha gente: igualmente murió, y todos sus partidarios se dispersaron.
      Por eso, ahora les digo: No se metan con esos hombres y déjenlos en paz, porque si lo que ellos intentan hacer viene de los hombres, se destruirá por sí mismo,
      pero si verdaderamente viene de Dios, ustedes no podrán destruirlos y correrán el riesgo de embarcarse en una lucha contra Dios". Los del Sanedrín siguieron su consejo:
      llamaron a los Apóstoles, y después de hacerlos azotar, les prohibieron hablar en el nombre de Jesús y los soltaron.
      Los Apóstoles, por su parte, salieron del Sanedrín, dichosos de haber sido considerados dignos de padecer por el nombre de Jesús.
      Y todos los días, tanto en el Templo como en las casas, no cesaban de enseñar y de anunciar la Buena Noticia de Cristo Jesús.


      Salmo 27(26),1.4.13-14.

      El Señor es mi luz y mi salvación.

      El Señor es mi luz y mi salvación,
      ¿a quién temeré?
      El Señor es el baluarte de mi vida,
      ¿ante quién temblaré?

      Una sola cosa he pedido al Señor,
      y esto es lo que quiero:
      vivir en la Casa del Señor
      todos los días de mi vida,
      para gozar de la dulzura del Señor
      y contemplar su Templo.

      Yo creo que contemplaré la bondad del Señor
      en la tierra de los vivientes.
      Espera en el Señor y sé fuerte;
      ten valor y espera en el Señor.


      Evangelio según San Juan 6,1-15.

      Jesús atravesó el mar de Galilea, llamado Tiberíades.
      Lo seguía una gran multitud, al ver los signos que hacía curando a los enfermos.
      Jesús subió a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.
      Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos.
      Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a él y dijo a Felipe: "¿Dónde compraremos pan para darles de comer?".
      El decía esto para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer.
      Felipe le respondió: "Doscientos denarios no bastarían para que cada uno pudiera comer un pedazo de pan".
      Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo:
      "Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?".
      Jesús le respondió: "Háganlos sentar". Había mucho pasto en ese lugar. Todos se sentaron y eran uno cinco mil hombres.
      Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que quisieron.
      Cuando todos quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: "Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada".
      Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada.
      Al ver el signo que Jesús acababa de hacer, la gente decía: "Este es, verdaderamente, el Profeta que debe venir al mundo".
      Jesús, sabiendo que querían apoderarse de él para hacerlo rey, se retiró otra vez solo a la montaña.

      Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



      Bulle

      Cardenal José Ratzinger [Benedicto XVI
      papa 2005-2013]
      Meditaciones de Semana Santa, 1969


      “Dadles vosotros de comer” (Mateo 14,16)

      En el pan de la eucaristía recibimos la multiplicación infatigable de los panes del amor de Jesucristo, que es tan rico como para saciar el hambre por los siglos, y que también busca ponernos, a nosotros mismos, al servicio de esta multiplicación de panes. Algunos panes de nuestra vida podrían parecer inútiles, pero el Señor los necesita y los pide.
      Los sacramentos de la Iglesia son, como la Iglesia misma, el fruto del grano de trigo que muere (Juan 12,24). Para recibirlos debemos entrar en el movimiento mismo del que ellos provienen. Este movimiento consiste en perderse a sí mismo, sin lo cual uno no podría encontrarse: “Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará” (Mc 8,35). Esta palabra del Señor es la fórmula fundamental de la vida cristiana...; la forma característica de la vida cristiana está en la cruz. La apertura cristiana al mundo, tan preconizada en nuestros días, sólo puede hallar su modelo en el costado abierto del Señor (Juan 19,34), expresión de este amor radical, la única capaz de dar salvación.
      Sangre y agua brotaron del costado atravesado de Jesús crucificado. Lo que a primera vista es símbolo de su muerte, símbolo de su error más completo, constituye al mismo tiempo un nuevo comienzo: el Crucificado resucita y no muere nunca. De las profundidades de la muerte surge la promesa de la vida eterna. Sobre la cruz de Jesucristo resplandece ya la claridad victoriosa de la mañana de Pascua. Es por eso que vivir bajo la señal de la cruz es sinónimo de vivir bajo la promesa de la alegría pascual. 
      (EDD)

      Reflexión sobre el cuadro

      En el Evangelio de hoy, la imagen del muchacho con su sencilla comida (cinco panes de cebada y dos peces) nos recuerda a un niño que va a la escuela con una fiambrera, con lo justo para pasar el día. Es una pequeña provisión, nada extraordinario, ciertamente no suficiente para alimentar a una gran multitud. Sin embargo, este niño hace algo extraordinario: ofrece lo poco que tiene. Por sí solo, es insignificante. Pero puesto en las manos de Jesús, se convierte en algo mucho más grande de lo que nadie podría haber imaginado.

      Lo que sigue no es sólo un milagro de multiplicación, sino una revelación de cómo actúa Dios. El niño no podía alimentar a la multitud por sí solo, y sin embargo Jesús decide no actuar sin él. Recibe el pequeño regalo y lo transforma, de modo que todos son alimentados, y aún queda más. Es un recordatorio suave pero poderoso: lo que tenemos puede parecer pequeño, incluso inadecuado, pero cuando se lo confiamos al Señor, se convierte en suficiente. Más que suficiente. El niño se desprende de lo que tiene, y al hacerlo, otros se alimentan.

      Nuestra gran (280 cm; 110 pulg. de altura) y vibrante pintura de Ambrosius Francken I capta el milagro de la multiplicación de los panes y los peces con un notable sentido del color y la abundancia. Pintada en 1598, la obra es de estilo manierista. El manierismo surgió en el siglo XVI, tras el Alto Renacimiento, y se caracterizó por figuras alargadas, poses exageradas, emociones exaltadas y composiciones complejas, a menudo abarrotadas. El término procede de la palabra italiana 'maniera', que significa “estilo” o “manera”, y originalmente se refería a artistas que trabajaban de forma muy estilizada, a veces artificial, dando prioridad a la elegancia, el dramatismo y la expresión sobre el estricto naturalismo o el equilibrio clásico. Se trata de un estilo que superó el sereno equilibrio del Alto Renacimiento para convertirse en algo más teatral, pero que aún no ha llegado al Barroco.

      A su alrededor se despliega una multitud bulliciosa: discípulos que distribuyen la comida, personas que se reúnen en grupos y, en primer plano, el niño que ofrece sus panes y sus peces. La composición atrae nuestra mirada hacia el exterior: desde el momento íntimo de la ofrenda hasta el milagro de gran alcance cuando la comida se reparte entre la multitud en la distancia. Francken llena el lienzo de detalles, casi abrumándonos con cuerpos, colores y gestos, como para enfatizar la escala del milagro. Este cuadro fue encargado originalmente por un gremio de panaderos, lo que hace aún más significativa la abundancia de pan.

      by Padre Patrick van der Vorst

      Oración

      "Señor Jesús,
      Te adoro y te doy gracias por tu presencia real en la Santísima Eucaristía. Al recibirte, te pido que transformes mi corazón frío en un corazón ardiente y generoso, semejante al tuyo.
      Enséñame, Señor, a ser generoso; a servirte como te mereces, a dar sin contar el costo, a luchar sin prestar atención a las heridas, a trabajar sin buscar descanso, a esforzarme sin pedir recompensa, salvo la de saber que cumplo tu voluntad.
      Que, al alimentarme de tu Cuerpo y Sangre, aprenda a entregarme a los demás sin medida. Dame la gracia de amar hasta el extremo y de compartir mis dones, tiempo y amor con mis hermanos, especialmente con los más necesitados.
      Amén."