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jueves, 13 de agosto de 2026

Evangelio del día Jueves 19a. Semana TO


 

Beato Mariano Mullerat Soldevila , Mártires de BarbastroMás...

Libro de Ezequiel 12,1-12.

La palabra del Señor me llegó en estos términos:
Hijo de hombre, tú habitas en medio de un pueblo rebelde: ellos tienen ojos para ver, pero no ven, tienen oídos para oír, pero no oyen, porque son un pueblo rebelde.
En cuanto a ti, hijo de hombre, prepara tu equipaje como si tuvieras que ir al exilio, y parte en pleno día, a la vista de ellos. Emigrarás del lugar donde te encuentras hacia otro lugar, a la vista de ellos: tal vez así comprendan que son un pueblo rebelde.
Sacarás tu equipaje en pleno día, a la vista de ellos, y saldrás por la tarde, también a la vista de ellos, como salen los deportados.
Abrirás un boquete en el muro y saldrás por él, a la vista de ellos.
Cargarás el equipaje sobre tus espaldas y saldrás cuando sea de noche, cubriéndote el rostro para no ver el país, porque yo te he convertido en un presagio para el pueblo de Israel.
Yo hice exactamente lo que se me había ordenado: saqué mi equipaje en pleno día como quien parte para el exilio, y por la tarde abrí un boquete en el muro con la mano. Salí cuando estaba oscuro y cargué el equipaje sobre mis espaldas, a la vista de ellos.
A la mañana, la palabra del Señor me llegó en estos términos:
Hijo de hombre, ¿no te ha preguntado la casa de Israel, ese pueblo rebelde, qué es lo que estás haciendo?
Diles: Así habla el Señor: Este oráculo se refiere al príncipe que está en Jerusalén y a todo el pueblo de Israel que vive en medio de ella.
Diles también: Yo soy un presagio para ustedes. Lo mismo que yo hice se hará con ellos: serán deportados e irán al exilio.
El príncipe que está en medio de ellos cargará el equipaje sobre sus espaldas durante la noche, y saldrá por el boquete que abrirán en el muro para hacerlo salir; y él se cubrirá el rostro, para no ver el país.


Salmo 78(77),56-57.58-59.61-62.

Pero ellos tentaron e irritaron a Dios,
no observaron los preceptos del Altísimo;
desertaron y fueron traidores como sus padres,
se desviaron como un arco fallido.

Lo afligieron con sus lugares de culto,
le provocaron celos con sus ídolos:
Dios lo advirtió y se llenó de indignación,
y rechazó duramente a Israel.

entregó su Fortaleza al cautiverio,
su Arca gloriosa en manos del enemigo.
Entregó su pueblo a la espada,
se enfureció contra su herencia;


Evangelio según San Mateo 18,21-35.19,1.

Se adelantó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?".
Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores.
Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos.
Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.
El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo".
El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.
Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: 'Págame lo que me debes'.
El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: 'Dame un plazo y te pagaré la deuda'.
Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor.
Este lo mandó llamar y le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.
¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?'.
E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.
Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos".
Cuando Jesús terminó de decir estas palabras, dejó la Galilea y fue al territorio de Judea, más allá del Jordán.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Sermón 83


“Si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros”

Todo hombre está en deuda con Dios y todo hombre está en deuda con su hermano. En efecto, ¿quién no estaría en deuda con Dios sino aquel en quien no se encontrara pecado? ¿Y quién no estaría en deuda con su hermano sino aquel que nunca ha ofendido a nadie? Así pues, todo hombre es a la vez deudor y acreedor… Un mendigo te pide limosna y tú eres el mendigo de Dios, porque, cuando oramos, todos nosotros somos mendigos de Dios. Permanecemos en pié, o mejor, nos prosternamos ante la puerta de nuestro Padre de familia (cf Lc 11,5s); le suplicamos lamentándonos, deseosos de recibir de él una gracia, y esta gracia, es Dios mismo. ¿Qué es lo que te pide el mendigo? Pan. Y tú, que es lo que le pides a Dios si no es a Cristo, el cual ha dicho: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo” (Jn 6,51). ¿Queréis ser perdonados? Perdonad. “Devolved y se os devolverá”. ¿Queréis recibir? “Dad y se os dará” (Lc 6,37)…
Debemos, pues, estar dispuestos a perdonar todas las faltas que se cometen contra nosotros si queremos que Dios nos perdone. Sí, verdaderamente, si nos ponemos a considerar nuestros pecados y pasamos revista a las faltas que hemos cometido, no creo que podamos dormirnos sin que nos sintamos el peso de nuestra deuda. Por eso cada día presentamos a Dios nuestras peticiones, cada día nuestras peticiones llegan a sus oídos, cada día nos prosternamos diciendo: “Perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido”. ¿Qué deudas quieres que se te perdonen? ¿Todas, o una parte? Seguro que respondes: Todas. Pues haz tú lo mismo con tu deudor.
(EDD)

Reflexión sobre el cuadro

La última línea del Evangelio de hoy puede pasar fácilmente desapercibida: ‘Cuando Jesús terminó de decir estas cosas, se marchó de Galilea y entró en la región de Judea, al otro lado del Jordán’. Sin embargo, esta breve frase marca un importante punto de inflexión en el Evangelio de Mateo. Jesús está constantemente en movimiento. Viaja de una ciudad a otra y de un pueblo a otro, cruza el mar de Galilea, predica en las montañas, se adentra en territorios desconocidos y se encuentra con la gente allí donde está. Ahora abandona Galilea, donde ha desarrollado gran parte de su ministerio de enseñanza y sanación, y emprende el camino hacia Judea y, en última instancia, hacia Jerusalén.

 

La mención que hace Mateo del río Jordán es mucho más que un simple detalle geográfico. El Jordán discurre como un hilo sagrado a lo largo de la historia de la salvación. Fue allí donde Jesús fue bautizado por Juan al comienzo de su ministerio público. Ahora, cuando ese ministerio se acerca a su culminación, el río vuelve a aparecer. El Jordán fue, por supuesto, también la frontera que los israelitas tuvieron que cruzar antes de entrar en la Tierra Prometida. Tras cuarenta años de deambular por el desierto, Moisés murió con la tierra a la vista, pero no llegó a entrar en ella. Josué pasó entonces a primer plano como sucesor elegido de Moisés, encargado por Dios de guiar al pueblo hacia adelante. Su tarea era abrumadora: tenía que asumir el liderazgo de un pueblo formado por Moisés y guiarlo a través del río hacia un futuro desconocido.

Nuestro cuadro de Benjamin West, terminado en 1800, representa este dramático cruce del Jordán. Josué se yergue supervisando a la multitud, mientras los sacerdotes transportan el Arca de la Alianza dorada a través del río. Según el relato bíblico, las aguas dejaron de fluir cuando los pies de los sacerdotes que llevaban el Arca tocaron el río, lo que permitió a todo el pueblo cruzar por tierra firme (Josué 3:14-17). West llena la escena de movimiento, nubes ondulantes y luz celestial, convirtiendo el cruce en una vasta visión de la guía divina.

La última línea del Evangelio de hoy nos dice, por tanto, que Jesús también está cruzando. Al igual que en su bautismo, cuando pasó de una vida oculta al ministerio público, y como Josué al cruzar el río, Jesús guía ahora al pueblo de Dios hacia el cumplimiento de la promesa divina que se cumplirá en Jerusalén. Cristo abrirá un paso no solo a través de un río, sino a través del pecado y de la muerte misma. Nosotros también nos encontramos con muchos Jordanes en la vida: momentos en los que debemos abandonar terreno conocido y adentrarnos en algo nuevo. En esos momentos, el Evangelio de hoy y el cuadro de West nos ofrecen la misma seguridad: Dios siempre va por delante de nosotros. La fe no significa saber exactamente qué hay en la orilla opuesta; significa tener el valor de cruzar porque Cristo ya nos está mostrando el camino.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

Señor, mi Dios amado, te vengo a pedir que por favor elimines de mi corazón todo rastro de rencor o resentimiento que pueda haber albergado en él. No quiero ser una persona llena de amargura. Sé que Tú eres un Dios de amor, perdón y misericordia y quiero seguir Tu ejemplo. Te pido que me ayudes a perdonar a todos quienes me hicieron daño, para no tener que cargar con el peso abrumador que puede ser el rencor dentro de nosotros. Te lo pido, en el nombre de Jesús, amén. 

Por el contrario, sean amables unos con otros, sean de buen corazón, y perdónense unos a otros, tal como Dios los ha perdonado a ustedes por medio de Cristo.

Efesios 4:32 (NTV)


miércoles, 12 de agosto de 2026

Evangelio del día Miércoles 19a. Semana TO


 


Santa Juana Francisca Chantal , Beato Flavio Argüeso GonzálezMás...

Libro de Ezequiel 9,1-7.10,18-22.

El gritó fuertemente a mis oídos: "Acérquense, Castigos de la ciudad, cada uno con su instrumento de exterminio en la mano".
Entonces llegaron seis hombres del lado de la puerta superior que mira hacia el norte, cada uno con su instrumento de destrucción en la mano. En medio de ellos había un hombre vestido de lino, con la cartera de escriba en la cintura. Todos entraron y se detuvieron delante del altar de bronce.
La gloria del Dios de Israel se levantó de encima de los querubines sobre los cuales estaba, se dirigió hacia el umbral de la Casa, y llamó al hombre vestido de lino que tenía la cartera de escriba en la cintura.
El Señor le dijo: "Recorre toda la ciudad de Jerusalén y marca con una T la frente de los hombres que gimen y se lamentan por todas las abominaciones que se cometen en medio de ella".
Luego oí que les decía a los otros: "Recorran la ciudad detrás de él, hieran sin una mirada de piedad y sin tener compasión.
Maten y exterminen a todos, ancianos, jóvenes, niños y mujeres, pero no se acerquen a ninguno que esté marcado con la T. Comiencen por mi Santuario". Y comenzaron por los ancianos que estaban delante de la Casa.
Después dijo: "Contaminen la Casa y llenen de víctimas los atrios; luego salgan y golpeen en la ciudad".
La gloria del Señor salió de encima del umbral de la Casa y se detuvo sobre los querubines.
Al salir, los querubines desplegaron sus alas y se elevaron del suelo, ante mis propios ojos, y las ruedas lo hicieron al mismo tiempo. Ellos se detuvieron a la entrada de la puerta oriental de la Casa de Señor, y la gloria del Dios de Israel estaba sobre ellos, en lo alto.
Eran los seres vivientes que yo había visto debajo del Dios de Israel a orillas del río Quebar, y reconocí que eran querubines.
Cada uno tenía cuatro rostros y cuatro alas, y una especie de manos de hombre debajo de sus alas.
En cuanto a la forma de sus rostros, era la misma que yo había visto en una visión a orillas del río Quebar. Cada uno avanzaba derecho hacia adelante.


Salmo 113(112),1-2.3-4.5-6.

Alaben, servidores del Señor,
alaben el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
desde ahora y para siempre.

Desde la salida del sol hasta su ocaso,
sea alabado el nombre del Señor.
El Señor está sobre todas las naciones,
su gloria se eleva sobre el cielo.

¿Quién es como el Señor, nuestro Dios,
que tiene su morada en las alturas,
y se inclina para contemplar
el cielo y la tierra?


Evangelio según San Mateo 18,15-20.

Jesús dijo a sus discipulos:
Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano.
Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos.
Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano.
Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.
También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá.
Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

Santa Teresa de Calcuta (1910-1997)
fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad
El amor más grande


«Todo lo que desatareis en la tierra, será desatado en el cielo»: el sacramento del perdón

El otro día un periodista me hizo una curiosa pregunta: "¿Incluso usted tiene que confesarse?" Sí, le dije. Me confieso cada semana. "Entonces Dios tiene que ser muy exigente, si hasta usted tiene que confesarse."
Seguro que su hijo a veces se equivoca, le dije. Y ¿qué ocurre cuando viene y le dice «papá, lo siento»?, ¿qué hace usted? Lo rodea con sus brazos y lo besa. ¿Por qué? Pues porque esa es su manera de decirle que lo ama. Dios hace lo mismo. Nos ama tiernamente. Por lo tanto cuando pecamos o cometemos un error, lo que debemos hacer es servirnos de eso para acercarnos más a Dios. Digámosle humildemente: «Sé que no debería haber hecho esto, pero incluso esta falta te la ofrezco».
Si hemos pecado o cometido un error, digámosle: «¡Lo siento! Me arrepiento». Dios es un Padre que perdona. Su clemencia es mayor que nuestros pecados. Él nos perdonará.
(EDD)

Reflexión sobre el cuadro

Jesús concluye el Evangelio de hoy con una maravillosa promesa: “Donde dos o tres se reúnan en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. A lo largo de los siglos, estas sencillas palabras nos han animado a los cristianos a reunirnos en la fe, ya sea para celebrar la misa, la adoración eucarística, un estudio bíblico, una reunión parroquial o, simplemente, para que dos amigos recen juntos. Lo importante no es el número de personas que se reúnen. El Señor no mide la fe por el número de personas. Aunque solo se reúnan dos o tres en su nombre, el propio Cristo está presente entre ellos.

En una época en la que podemos desanimarnos ante el descenso del número de feligreses o la reducción del tamaño de las parroquias, el Evangelio de hoy nos invita a mirar con otros ojos. Es fácil fijarnos en los bancos vacíos o comparar la asistencia a misa de hoy con la de generaciones anteriores. Jesús, sin embargo, dirige nuestra atención hacia otro lugar. Dondequiera que los creyentes se reúnan en su nombre, por pequeña que sea la asamblea, está ocurriendo algo extraordinario. Cristo resucitado está presente, no solo como una idea reconfortante, sino como una presencia viva y activa, que fortalece, sana y transforma silenciosamente a quienes se han reunido.

Por eso, siempre que nuestra salud y las circunstancias lo permitan, es importante reunirnos físicamente con los demás para el culto. Ver la misa por Internet es un regalo precioso para quienes no pueden salir de casa, están enfermos o no pueden desplazarse, pero nunca puede sustituir por completo el hecho de estar presentes en la comunidad de fieles. El cristianismo es una fe encarnada. Dios vino a nosotros en carne y hueso, y sigue uniéndonos como su Cuerpo. Cuando nos reunimos en torno al altar, hacemos mucho más que ocupar el mismo edificio: nos convertimos en la Iglesia reunida físicamente, permitiendo que Cristo actúe entre nosotros.

Nuestro cuadro, obra del artista noruego Adolph Tidemand, representa una reunión de oración en una casa de campo corriente. La escena muestra un encuentro de los haugianos, seguidores del predicador laico luterano Hans Nielsen Hauge (1771-1824), quien recorrió toda Noruega animando a la gente a profundizar en su fe. A principios del siglo XIX, este tipo de reuniones religiosas celebradas sin un ministro ordenado eran, de hecho, ilegales según la legislación noruega, por lo que a menudo tenían lugar en secreto en casas o graneros, en lugar de en iglesias.

Vemos a un predicador de pie sobre un sencillo taburete, con la Biblia en la mano, mientras hombres, mujeres y niños se reúnen a su alrededor con atención. Nadie domina la escena. En cambio, cada rostro cuenta su propia historia: algunos oyentes están profundamente conmovidos, otros pensativos, otros absortos en silencio en la oración y otros distraídos. Un haz de luz se cuela por la chimenea del tejado y recae sobre el predicador, simbolizando con delicadeza la luz de la Palabra de Dios que inspira sus palabras. No se trata de un cuadro sobre una gran liturgia ni sobre la magnífica arquitectura de una iglesia. Más bien, nos recuerda que Cristo está igualmente presente siempre que los creyentes se reúnen en su nombre, ya sea en una catedral o en una sencilla casa.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración


martes, 11 de agosto de 2026

7 anécdotas curiosas que revelan la fe de Clara de Asís: ¡«inventó» las fotocopias y la televisión!

 El 11 de agosto la Iglesia celebra la fiesta de esta gran santa italiana

Fue la primera mujer en la Iglesia en escribir una Regla aprobada por el Papa. 

Fue la primera mujer en la Iglesia en escribir una Regla aprobada por el Papa. f

A Clara de Asís, cuya fiesta se celebra este 11 de agosto, le llamaban "la hermana Luna", porque "el sol" era Francisco de Asís, y así esta mujer quedaba más en la penumbra. 

Sin embargo, hoy podemos asegurar que aquella muchacha, doce años más joven que Francisco, hija de una familia noble venida a menos en la Italia del siglo XIII es, con todo derecho, una persona que brilla con luz propia

De hecho, de su intensa vida espiritual se pueden extraer varias anécdotas que demuestran la santidad de esta joven mujer. A continuación, enumeramos siete de las más interesantes:

1. Milagro del pan y la cruz: toda una "fotocopia"

En una de las visitas del Papa al convento de Santa Clara, a las doce del día, la joven invitó a comer al Santo Padre pero éste no accedió. Entonces ella le pidió que, por favor, bendijera los panes para que quedaran de recuerdo, pero el Papa respondió:

- Quiero que seas tú la que bendigas estos panes.

Santa Clara le dijo que sería irrespetuoso por su parte hacer eso delante del Vicario de Cristo. El Papa, entonces, le ordenó bajo voto de obediencia que haciera la señal de la cruz. Ella bendijo los panes, haciéndole la señal de la cruz y, al instante, quedó la cruz impresa sobre todos los panes.

2. Lavar y besar los pies con humildad extrema

Santa Clara guardaba grandes atenciones a las hermanas que mendigaban fuera del monasterio. Hasta llegaba a lavarles los pies cuando regresaban.

En una ocasión, después de haber lavado los pies, quiso besarlos. La hermana, no soportando tanta humildad, retiró el pie, sin querer, y golpeó el rostro de Clara. Pese al hilo de sangre de la nariz, la santa volvió a tomar con ternura el pie y bajo la misma planta estampó un beso.

3. "Primera transmisión televisiva"

Gravemente enferma, Clara ya no podía asistir a la misa navideña. Según la tradición, contempló la celebración "en vivo" desde su celda, como si la televisión la proyectara hasta allí. Este evento llevó al Papa Pío XII a declararla patrona de la televisión y las telecomunicaciones.

4. Ahuyentó a los sarracenos con la custodia

En 1241, ante el ataque de sarracenos a las murallas de Asís, Clara, temerosa pero firme, tomó la custodia con la Eucaristía y salió al exterior. Los invasores huyeron despavoridos ante esa presencia divina.

5. Ayuno penintencial para liberar Asís

Ese mismo año, convocó a sus hermanas a ayunar y a cubrirse de ceniza para orar por la ciudad. A la mañana siguiente, el ejército enemigo se retiró —ya fuera por tormenta, peste o la fuerza de la oración— .

6. El corte de pelo como renuncia radical

Cuando huyó de su hogar para unirse a Francisco (1212), le cortaron simbólicamente el cabello ante el altar, rechazando su vida nobiliaria. Luego, su familia intentó recuperar a su hermana Inés, pero Clara rezó y logró que regresara ante su decisión libre.

7. Una regla hecha por una mujer

Clara fue la primera mujer en la Iglesia en escribir una Regla aprobada por el Papa (Inocencio IV, 1253). Fue un acto de liderazgo espiritual que consolidó la Segunda Orden Franciscana.

Estas anécdotas muestran a una mujer humilde y radical, valiente, fiel y profundamente centrada en el poder de la presencia de Cristo. Su ejemplo resuena hoy: confianza, obediencia, fraternidad y coraje espiritual siguen siendo luz para nuestro tiempo.

ReL

 Aclarando:         Diferencia entre Adoración y Veneración

  • Adoración: Es el culto supremo debido solo a Dios, Creador y Señor de todo.
  • Veneración (dulía): Es la honra y el respeto hacia los santos como amigos y modelos de fidelidad a Cristo.
  • Hiperdulía: Es el culto especial de veneración que se le otorga a la Virgen María, por ser la Madre de Dios. [1, 2, 3]
Fundamentos de esta práctica católica
  • Comunión de los santos: La Iglesia enseña que los cristianos forman un solo cuerpo místico en Cristo, lo que une a los fieles de la Tierra con los que ya están en el cielo. [1]
  • Intercesión: Los santos no reemplazan a Dios; al contrario, oran e interceden ante el Padre por las necesidades de los creyentes. [1]
  • Uso de imágenes y reliquias: Las imágenes y reliquias de los mártires no se adoran; sirven como recordatorios visibles que estimulan la fe y dirigen el pensamiento hacia las realidades divinas. [1, 2, 3]





Evangelio del día Martes 19a. Semana TO - Memoria de Santa Clara


 

Santa Clara de Asís , San Rufino de AsísMás...

Libro de Ezequiel 2,8-10.3,1-4.

Y tú, hijo de hombre, escucha lo que te voy a decir; no seas rebelde como ese pueblo rebelde: abre tu boca y come lo que te daré.
Yo miré y vi una mano extendida hacia mí, y en ella había un libro enrollado.
Lo desplegó delante de mí, y estaba escrito de los dos lados; en él había cantos fúnebres, gemidos y lamentos.
El me dijo: Hijo de hombre, come lo que tienes delante: como este rollo, y ve a hablar a los israelitas.
Yo abrí mi boca y él me hizo comer ese rollo.
Después me dijo: Hijo de hombre, alimenta tu vientre y llena tus entrañas con este libro que yo te doy. Yo lo comí y era en mi boca dulce como la miel.
El me dijo: Hijo de hombre, dirígete a los israelitas y comunícales mis palabras.


Salmo 119(118),14.24.72.103.111.131.

Me alegro de cumplir tus prescripciones,
más que de todas las riquezas.

Porque tus prescripciones son todo mi deleite,
y tus preceptos, mis consejeros.

Para mí vale más la ley de tus labios
que todo el oro y la plata.

¡Qué dulce es tu palabra para mi boca,
es más dulce que la miel!

Tus prescripciones son mi herencia para siempre,
porque alegran mi corazón.

Abro mi boca y aspiro hondamente,
porque anhelo tus mandamientos.


Evangelio según San Mateo 18,1-5.10.12-14.

En aquel momento los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle: "¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?".
Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos
y dijo: "Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos.
Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el Reino de los Cielos.
El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí mismo.
Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial."
¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y una de ellas se pierde, ¿no deja las noventa y nueve restantes en la montaña, para ir a buscar la que se extravió?
Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se extraviaron.
De la misma manera, el Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños."

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San Juan María Vianney (1786-1859)
presbítero, párroco de Ars
Pensamientos elegidos del santo Cura de Ars (J. Frossard, Tequi 2007), trad. sc©evangelizo.org


La unión a Dios

El Buen Dios no tiene necesidad de nosotros. Si nos pide rezar, es porque quiere nuestra felicidad y nuestra felicidad sólo se puede encontrara así. Cuando nos ve llegar, inclina su corazón hacia abajo, hacia su pequeña criatura, como un padre que se inclina hacia su hijo que le habla, para escucharlo.
A la mañana, tenemos que hacer como el niño que está en su cuna. Apenas abre los ojos, rápido mira a su madre…
Tenemos dos medios para unirnos con nuestro Señor y recibir la salvación: la oración y los sacramentos. Todos los que han devenidos santos, han frecuentado los sacramentos y han elevado el alma a Dios con la oración.
(EDD)

Reflexión sobre el cuadro

Hoy celebramos la fiesta de Santa Clara de Asís (1194-1253), una de las primeras seguidoras de San Francisco y fundadora de la Orden de las Damas Pobres, más tarde conocida como las Clarisas. Inspirada por la adhesión radical de Francisco al Evangelio, Clara dejó atrás una vida de riqueza y privilegios para dedicarse por completo a Cristo. Junto con sus hermanas, abrazó una vida de oración, silencio y pobreza absoluta, renunciando a las posesiones tanto a título personal como comunitario. Su compromiso con la pobreza evangélica fue tan inquebrantable que pasó años solicitando a los papas lo que se conoció como el ’Privilegio de la Pobreza», es decir, el derecho a no poseer nada. Poco antes de su muerte, su Regla de Vida recibió la aprobación papal, convirtiéndose así en la primera regla monástica de la historia de la Iglesia que se sabe que fue escrita por una mujer. Tras su muerte, su comunidad pasó a denominarse Orden de Santa Clara, o simplemente las Clarisas.

Esta hermosa pintura de mediados del siglo XV, obra de Giovanni di Paolo, ilustra uno de los milagros atribuidos a Santa Clara tras su muerte. En la esquina superior derecha, aparece envuelta en un radiante resplandor dorado, respondiendo a las desesperadas plegarias de una madre afligida. Según la leyenda, un niño pequeño de los alrededores de Asís había sido arrebatado por un lobo feroz, y toda esperanza parecía perdida. La angustiada madre recurrió a Santa Clara, implorando su intercesión. Clara rezó con gran compasión y pronto se produjo el milagro: el lobo regresó, no como una bestia salvaje, sino sometido por la gracia divina, devolviendo con delicadeza al niño con vida y completamente ileso. En primer plano, se muestra al lobo tumbado boca arriba en actitud de rendición, ya no como una criatura violenta, sino como una criatura vencida por la misericordia de Dios. Junto a él yace la espeluznante imagen de un brazo cortado, no como algo que realmente ocurriera, sino como un vívido recordatorio del terrible destino que se había temido. Gracias a la intercesión de Santa Clara, ese terrible desenlace se evitó milagrosamente.

El cuadro también recurre a la convención artística medieval conocida como 'narración simultánea', en la que se representan diferentes momentos de una misma historia dentro de una única composición. Por ello, el lobo aparece más de una vez: primero llevándose al niño y, más tarde, sometido tras producirse el milagro. Esta técnica narrativa permitía a los artistas contar una historia completa en una sola escena pintada. El episodio en sí mismo se basa en la primera biografía de Santa Clara escrita por Tommaso da Celano (h. 1185-1260), uno de los primeros biógrafos tanto de Francisco como de Clara.

En el arte, se suele representar a santa Clara sosteniendo una custodia o una píxide, lo que evoca otro episodio célebre de su vida. Cuando unos soldados sitiaron el convento de San Damián, Clara pidió que le trajeran el Santísimo Sacramento. Con Cristo presente en la Eucaristía en alto y rezando con total confianza, suplicó al Señor que protegiera a sus hermanas. Los atacantes se vieron invadidos por el miedo y se retiraron. Ya sea consolando a una madre desesperada o defendiendo su convento mediante el poder de la oración, Clara nos enseña que la verdadera fuerza no reside en la violencia, sino en la confianza inquebrantable en Cristo.

Santa Clara, ruega por nosotros.

by Padre Patrick van der Vorst


 Oración

Gloriosísima virgen
y dignísima madre santa Clara de Asís,
espejo clarísimo de santidad y pureza,
base firme de la más viva fe,
llamarada de perfecta claridad
y erario riquísimo de todas las virtudes.
 
Por todos estos favores con que
el Divino Esposo os colmó,
y por la especial prerrogativa
de haber hecho a vuestra alma
trono de su infinita grandeza,
alcánzanos de tu inmensa piedad,
que limpie nuestras almas
de las manchas y de las culpas,
y, destituidas de todo efecto terreno,
sean templo digno de su morada.
 
También te suplicamos por la paz
y tranquilidad de la Iglesia,
para que se conserve siempre en la unidad de fe,
de la santidad y de las costumbres,
que la hacen incontrastable
a los esfuerzos de sus enemigos.
 
Y si fuese para mayor gloria de Dios
y bien espiritual mío
concededme, os ruego 
cuanto pido en esta oración,
y el favor especial que tanto necesito:
 
(hacer la petición).
 
Apiadaros de mi y conseguidme
rápida y favorable solución
a esta urgente y apremiante solicitud,
que agobia y entristece mi corazón. 
 
Vos, como Madre y protectora,
no me abandonéis en este difícil trance,
presentad mis deseos ante el Trono de Dios,
pues yo confío en la bondad infinita,
que por vuestros méritos alcanzaré,
para mayor honra y gloria
de Nuestro Señor,
que vive y reina por los siglos de los siglos,
 
Amén.
(aciprensa)