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martes, 9 de junio de 2026

Quién era el santo de los «Sagrarios abandonados» que citó León XIV

León XIV recordó a san Manuel González en Corpus Christi y reavivó un mensaje actual: acompañar a Jesús en el Sagrario cada día.

San Manuel González, obispo que desde Andalucía fomentó la devoción a la Eucaristía

San Manuel González, obispo que desde Andalucía fomentó la devoción a la Eucaristía


    En la Misa del Corpus Christi celebrada en Cibeles, el Papa León XIV ante más de un millón y medio de personas habló en su homilía de San Manuel González, el “Obispo de los Sagrarios Abandonados”, un santo todavía desconocido por muchos.

    Don José María Marín Fernández-Díez, párroco de la iglesia de San Manuel González, en San Sebastián de los Reyes (Madrid), ha escrito un artículo titulado "La fidelidad silenciosa que acompaña a Jesús", donde explica la vida y espiritualidad de este santo español que es una referencia para el Papa.

    La fidelidad silenciosa que acompaña a Jesús

    «Hermanos y hermanas, deseo recordar aquí a San Manuel González, el “Obispo de los Sagrarios Abandonados”. Su vida nos recuerda que la Eucaristía no puede ser honrada sólo en las grandes celebraciones o de modo ocasional, sino también en la fidelidad silenciosa de quien acompaña al Señor con una amistad humilde y discreta que se alimenta día a día».

    Con estas palabras, en la Misa del Corpus Christi celebrada en Cibeles, el Papa León XIV nos puso delante una figura providencial para nuestro tiempo: san Manuel González.

    En una gran celebración pública, con miles de fieles reunidos en torno a la Eucaristía, el Papa nos recordó algo esencial: la Eucaristía no se honra sólo en los momentos grandes. Se honra también —y quizá sobre todo— en esa fidelidad escondida de cada día, cuando una persona se acerca al Sagrario, permanece con Jesús, lo acompaña, lo escucha y se deja mirar por Él. Sólo así se hace vida en nuestra vida, sólo así podremos vivir de la Eucaristía.

    La soledad de Jesús

    Pero para entender bien a san Manuel González hay que empezar por una herida de su corazón: la herida de Palomares del Río.

    Todo comenzó cuando aquel joven sacerdote llegó a Palomares del Río. Entró en una iglesia pobre, descuidada, sucia, casi abandonada. Y en ella un Sagrario con Jesús realmente presente. Sólo y abandonado. Durante años nadie había ido a visitarle, a estar con Él. Allí, ante el Sagrario, no vio sólo pobreza material. Vio algo mucho más hondo: la soledad de Jesús.

    ”¡Qué esfuerzos tuvieron que hacer allí – nos cuenta él mismo – mi fe y mi valor para no volver a tomar el burro que aún estaba amarrado a los aldabones de la puerta de la iglesia y salir corriendo para mi casa! Pero no huí. Allí me quedé un rato largo y allí encontré mi plan de misión y alientos para llevarlo a cabo: pero sobre todo encontré… allí, de rodillas ante aquel montón de harapos y suciedades, a través de aquella puertecilla apolillada a un Jesús tan callado, tan paciente, tan desairado, tan bueno, que me miraba... sí. Me parecía que después de recorrer con su vista aquel desierto de almas, posaba su mirada entre triste y suplicante, que me decía mucho y me pedía más, que me hacía llorar y guardar al mismo tiempo las lágrimas para no afligirlo más, una mirada en la que se reflejaba una ganas infinitas de querer y una angustia infinita también por no encontrar quien quisiera ser querido. Sí, sí, aquellas tristezas estaban allí en aquel Sagrario oprimiendo, estrujando al Corazón dulce de Jesús y haciendo salir por sus ojos su jugo amargo, ¡lágrimas benditas las de aquellos ojos!... ¿verdad que la mirada de Jesucristo en esos Sagrarios es una mirada que se clava en el alma y no se olvida nunca?”.

    "Aquella experiencia le cambió la vida".

    San Manuel no empezó preguntándose: «¿Qué tengo que hacer?». La pregunta que atravesó su alma fue otra: «¿Qué siente Jesús?».

    Ahí está el origen de toda su espiritualidad. Antes que el deber, está el amor. Antes que las prácticas, está una Presencia. Antes que la organización, está el dolor de Cristo abandonado. San Manuel nos enseña a contemplar la Eucaristía desde el corazón de Jesús.

    San Manuel dejó que esa herida del Corazón de Jesús entrara en su propio corazón. Por eso podía rezar: «Hiere, Corazón de Jesús, mi corazón con tu herida, la del abandono de los tuyos».

    La Eucaristía no era para él una idea, ni una devoción más, ni una costumbre piadosa. Era Jesús vivo, real, cercano, esperando amor. Jesús que sigue amando. Jesús que sigue llamando. Jesús que sigue buscando amigos.

    ¿Puede Jesús sentirse abandonado?

    Ésta es la pregunta que san Manuel nos obliga a hacernos.

    Si Cristo está realmente presente en la Eucaristía, entonces no estamos ante un símbolo vacío. Estamos ante Alguien. Ante el Señor vivo. Ante el Corazón de Cristo que ama, espera, se entrega y permanece.

    El abandono del Sagrario no es sólo que haya pocas visitas. Es algo más profundo: es vivir como si Jesús no estuviera. Es pasar junto a Él sin darnos cuenta. Es comulgar sin asombro. Es entrar en la iglesia sin saludarlo. Es organizar muchas cosas para Él, pero estar poco con Él.

    San Manuel lo entendió con una claridad inmensa: Jesús en el Sagrario no es un mudo ni un ausente. Es el Maestro callado. Calla, pero habla. Espera, pero ama. Permanece oculto, pero está.

    Por eso la respuesta cristiana no puede ser sólo hacer cosas. La primera respuesta es acompañar, y así le pedía a la Virgen: «Madre Inmaculada, que yo desagravie el abandono en que los hombres tienen los ojos, los oídos, las manos, la boca, el Corazón de carne sacramentada yendo muchas veces a verlo y a que me vea, a oírlo y a que me oiga, a tocarlo y a que me toque y a poner mi corazón frío y malo en contacto con su Corazón ardiente y bueno».

    La respuesta: amistad humilde y discreta

    El Papa León XIV lo expresó con una fórmula preciosa: «fidelidad silenciosa», «amistad humilde y discreta», «que se alimenta día a día».

    Eso fue san Manuel: un amigo de Jesús Eucaristía.

    Su respuesta no fue primero organizar grandes actos, sino acompañar a Jesús. Estar con Él. Reparar su abandono. Hacerle compañía. Convertirse él mismo en respuesta al amor olvidado.

    Por eso la gran pregunta que nace de Palomares del Río es muy sencilla:

    ¿Qué hago yo por acompañar a Jesús en el Sagrario?

    No se trata de cargar la vida cristiana con más obligaciones. Se trata de recuperar el lenguaje de la amistad. Porque los amigos se buscan. Los amigos se visitan. Los amigos se escuchan. Los amigos cuidan los detalles. Los amigos no dejan solo al Amado.

    Cinco formas de fidelidad silenciosa

    1. Visitar

    La primera forma de fidelidad silenciosa es visitar a Jesús. Cada día si podemos. Tenemos sagrarios en las parroquias, en los hospitales, en las capillas de muchos colegios y universidades,… ahí está Jesús. Te espera.

    Los amigos se visitan. No siempre hace falta decir mucho. A veces basta entrar, saludar, arrodillarse, estar unos minutos, mirar el Sagrario y decir: «Señor, aquí estoy».

    San Manuel quería que toda la vida estuviera orientada a esto: que Jesús se sintiera un poco más acompañado en el Sagrario.

    Una visita breve, hecha con amor, puede ser una respuesta inmensa al abandono de Jesús.

    2. Adorar en silencio

    La segunda forma es adorar en silencio.

    Vivimos rodeados de ruido. Ruido exterior y ruido interior. Nos cuesta callar, estar, escuchar. Pero el Sagrario es la escuela del Maestro callado.

    San Manuel enseña que Jesús, callado en el Sagrario, nos educa en un silencio que no es vacío, sino presencia. Callar ante Jesús es dejar que Él sea el centro. Es apagar el ruido del amor propio, de la prisa, de la queja, de la necesidad de tener siempre algo que decir.

    Adorar es aprender a estar con Él. Nos lo recordaba el Papa León en la Vigilia de Jóvenes la noche del sábado: “También la adoración eucarística, que esta noche compartimos, es precisamente el lugar adecuado para guardar silencio, liberar el corazón y “estar” nosotros mismos ante el Señor, dialogando con Él, de modo que se haga elocuente en su amor, hecho alimento para toda la humanidad”.

    3. Comulgar con frecuencia y con fervor

    La tercera forma es comulgar con frecuencia, con el corazón hambriento y el alma limpia.

    La Eucaristía no es sólo Jesús que se queda. Es Jesús que se da. Quiere entrar en nuestra vida, alimentar nuestra fe, sostener nuestra debilidad, hacernos vivir de Él.

    San Manuel pedía a la Virgen: «Enséñame a orar y a comulgar, a andar y a vivir por el mundo acompañando con mi presencia, imitación y compasión a Jesús».

    Comulgar no es cumplir un rito. Es recibir al Amigo. Es dejar que Cristo viva en nosotros.

    Pero no basta comulgar muchas veces. Hay que comulgar bien.

    San Manuel tenía expresiones muy fuertes porque sabía que en la Comunión no recibimos una cosa, sino una Persona. Por eso pedía: «Madre Inmaculada, que yo no comulgue sólo para que tu Jesús entre, sino para que no se vaya».

    Comulgar con fervor es preparar el corazón. Es dar gracias. Es cuidar el silencio después de recibir al Señor. Es preguntarse: «Jesús, ¿qué quieres hacer hoy en mí?».

    4. Cuidar cuanto rodea al Sagrario

    La cuarta forma de fidelidad silenciosa es cuidar los detalles.

    El amor cuida. Para san Manuel, el amor a Jesús no podía separarse de los detalles. La lámpara encendida, el altar cuidado, el silencio de la iglesia, la limpieza del templo o una genuflexión hecha con devoción no son simples formas externas. Son gestos de quien sabe que detrás de la puerta del Sagrario hay una Persona viva.

    San Manuel no podía separar el amor a Cristo del cuidado concreto de su Presencia. Quien ama, cuida. Quien cree, se nota.

    5. Confesarse con frecuencia

    La quinta forma es la confesión frecuente.

    Si queremos ser sagrarios vivos, necesitamos un corazón limpio. No perfecto, pero sí humilde. Un corazón que se deja perdonar. Un corazón que vuelve una y otra vez. Donde más a gusto quiere estar Jesús en tu alma, en cada comunión. Prepárala bien, por amor, para Él.

    San Manuel pedía a la Virgen ser «sagrario perpetuo de Jesús». Y eso exige dejar que el Señor limpie lo que estorba, sane lo que hiere y perdone lo que nos aleja.

    La confesión no es un castigo. Es dejar que Jesús recupere sitio en el alma.

    Nosotros somos la respuesta

    No basta lamentarse de que haya Sagrarios abandonados.

    La verdadera pregunta es: ¿está Jesús acompañado por mí?

    Quizá muchos pasen de largo. Pero yo no quiero pasar de largo.

    Quizá muchos no lo visiten. Pero yo sí quiero visitarlo.

    Quizá muchos comulguen distraídos. Pero yo quiero recibirlo con amor.

    Quizá muchos no se acuerden de Él durante el día. Pero yo quiero vivir sabiendo que Jesús está.

    Éste es el camino que nos propone el san Manuel González: pasar de lamentar los Sagrarios abandonados a ser discípulos de los Sagrarios acompañados.

    Y hacerlo sin ruido. Sin protagonismo. Sin esperar aplausos.

    Con esa fidelidad silenciosa de la que nos ha hablado el Papa León XIV. Una fidelidad humilde, discreta, diaria. La fidelidad de quien sabe que el Señor está ahí y merece ser amado.

    Porque donde hay un cristiano que acompaña a Jesús, allí el Sagrario ya no está solo. Y entonces,… pasan cosas.

    Sólo así, viviendo de la Eucaristía, podremos cumplir la tarea que el Papa nos ha encomendado: “sed vosotros mismos chispa de una humanidad nueva”.

    José María Marín Fernández-Díez

    Párroco de San Manuel González

    San Sebastián de los Reyes (Madrid)

    Vea también  Letanías del Sagrado
    Corazón de Jesús





    Evangelio del día Martes 10a. Semana TO


     

    Primer Libro de los Reyes 17,7-16.

    Al cabo de un tiempo, el torrente se secó porque no había llovido en la región.
    Entonces la palabra del Señor llegó a Elías en estos términos:
    "Ve a Sarepta, que pertenece a Sidón, y establécete allí; ahí yo he ordenado a una viuda que te provea de alimento".
    El partió y se fue a Sarepta. Al llegar a la entrada de la ciudad, vio a una viuda que estaba juntando leña. La llamó y le dijo: "Por favor, tráeme en un jarro un poco de agua para beber".
    Mientras ella lo iba a buscar, la llamó y le dijo: "Tráeme también en la mano un pedazo de pan".
    Pero ella respondió: "¡Por la vida del Señor, tu Dios! No tengo pan cocido, sino sólo un puñado de harina en el tarro y un poco de aceite en el frasco. Apenas recoja un manojo de leña, entraré a preparar un pan para mí y para mi hijo; lo comeremos, y luego moriremos".
    Elías le dijo: "No temas. Ve a hacer lo que has dicho, pero antes prepárame con eso una pequeña galleta y tráemela; para ti y para tu hijo lo harás después.
    Porque así habla el Señor, el Dios de Israel: El tarro de harina no se agotará ni el frasco de aceite se vaciará, hasta el día en que el Señor haga llover sobre la superficie del suelo".
    Ella se fue e hizo lo que le había dicho Elías, y comieron ella, él y su hijo, durante un tiempo.
    El tarro de harina no se agotó ni se vació el frasco de aceite, conforme a la palabra que había pronunciado el Señor por medio de Elías.


    Salmo 4,2-3.4-5.7-8.

    Respóndeme cuando te invoco, Dios, mi defensor,
    tú, que en la angustia me diste un desahogo:
    ten piedad de mí y escucha mi oración.
    Y ustedes, señores,
    ¿hasta cuando ultrajarán al que es mi Gloria,
    amarán lo que falso y buscarán lo engañoso?

    Sepan que el Señor hizo maravillas por su amigo:
    él me escucha siempre que lo invoco.
    Tiemblen, y no pequen más;
    reflexionen en sus lechos y guarden silencio.

    Hay muchos que preguntan:
    «¿Quién nos mostrará la felicidad,
    si la luz de tu rostro, Señor,
    se ha alejado de nosotros?.»
    Pero tú has puesto en mi corazón más alegría
    que cuando abundan el trigo y el vino.


    Evangelio según San Mateo 5,13-16.

    Jesús dijo a sus discípulos:
    Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.
    Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña.
    Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.
    Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



    Bulle

    Santa Hildegarda de Bingen (1098-1179)
    abadesa benedictina y doctora de la Iglesia
    El Libro de las Obras Divinas (“Hildegarde de Bingen, Prophète et docteur pour le troisième millénaire”, Éditions des Béatitudes, 2012), trad. sc©evangelizo.org


    El alma es penetrada con la luz de la razón, como el mundo por el sol

    Todos los elementos son distintos en el hombre y respetan un orden determinado. El alma aparece como un fuego y, en ella, la razón es como una luz. El alma es penetrada con la luz de la razón, como el mundo es iluminado por el sol. Así, por la razón, ella puede prever y conocer todas las obras del hombre. (…)
    El sol, obscurecido por una nube negra, escondido bajo los relámpagos, truenos y lluvias abundantes, no aparece. Cuando ellos cesan, el sol esparce de nuevo su luz. Así ocurre en el alma del hombre, tan oprimida por el cuerpo que ella actúa según los deseos de la carne y la luz interior de la razón se ensombrece. Porque la cólera es como el relámpago, la avidez como el trueno, los deseos ilícitos de la carne como las lluvias torrenciales. Cuando la penitencia la ha limpiado de sus males, el alma brilla de nuevo en la claridad de la verdadera luz, iluminada por la esperanza de la liberación y la salvación. El alma exhala entonces la razón, como el fuego solar difunde sus rayos, y por ella discierne lo que es celeste de lo que es terrestre.
    El alma del hombre es afirmada por el fuego del sol del Espíritu Santo para cumplir el bien, pero el fuego de la pereza y de la negligencia, la debilita. El fuego de la paciencia y de la compunción del espíritu, se unen, hacen producir al hombre frutos buenos, lo confortan y lo ornan de todo lo que es útil para que nada lo pueda separar del servicio y amor de Dios. 
    (EDD)

    Reflexión sobre la acuarela

    Cuando Jesús dice a sus discípulos: “Vosotros sois la luz del mundo”, les confiere una vocación y una responsabilidad. La luz nunca debe ocultarse. Jesús utiliza la imagen de una ciudad construida en lo alto de una colina que no puede ocultarse. Aquí, en Gran Bretaña, dondequiera que el paisaje sea montañoso o accidentado, las ciudades y los pueblos tienden a construirse en los valles, donde se resguardan del viento y de las lluvias torrenciales; en lugares como Italia y en toda Tierra Santa, la mayoría de las ciudades antiguas se construían en lo alto de las colinas, no en lo profundo de los valles. En el intenso calor del verano, el terreno elevado proporcionaba aire más fresco y brisas refrescantes. Estas ciudades en lo alto de las colinas a menudo podían verse desde grandes distancias a través del paisaje. Nazaret, donde creció Jesús, era un pueblo situado en la ladera de una colina, visible desde los valles y las colinas circundantes. Cristo utiliza esta imagen familiar para recordar a sus seguidores que la fe nunca es meramente privada. Una vida verdaderamente modelada por Dios se hará naturalmente visible para los demás, igual que una ciudad en una colina brilla en el campo. Es una bella imagen la que nos ofrece.


    Jesús continúa explicando que esta luz se hace visible a través del bien que hacemos. La luz de la fe brilla a través de vidas transformadas por la misericordia, la humildad, la compasión, la pureza de corazón y la pacificación, las mismas cualidades de las que habló en las Bienaventuranzas, la lectura de ayer. Pero hay algo más extraordinario en la forma en que Jesús habla aquí. No dice: “Tú eres la luz de tu casa”, o “la luz de tu pueblo”, o incluso “la luz de tu propia comunidad”. No, dice: “Tú eres la luz del mundo”. Del mundo. Es una imagen asombrosamente audaz y ambiciosa. Cristo ve en sus discípulos mucho más de lo que ellos ven en sí mismos. Muchos de los que le escuchaban eran gente corriente: pescadores, jornaleros, hombres y mujeres desconocidos de pequeñas aldeas de los confines del Imperio Romano. Sin embargo, Jesús les confía una misión que llega hasta los confines de la tierra. Él sabe que incluso los pequeños actos de fe, valentía, misericordia y amor pueden irradiar mucho más allá de lo que imaginamos. Estas palabras nos recuerdan que ninguna vida cristiana es insignificante. Cada uno de nosotros tiene el potencial de llevar la luz de Cristo a los lugares más remotos a través de acciones sencillas.


    Nazaret se eleva sobre las laderas de Galilea, visible desde los alrededores. Nuestra acuarela lo capta maravillosamente. Pintada por Charles William Meredith van de Velde, la escena muestra Nazaret bañada por una luz cálida, con sus casas de piedra agrupadas descansando en las laderas bajo un amplio cielo abierto. La ciudad parece surgir orgánicamente de la propia tierra, humilde y modesta, pero visible desde lejos, sobre todo por la noche, cuando las luces parpadean a través de las ventanas de las casas. Contemplándolo, uno puede imaginarse fácilmente al joven Jesús caminando por estas colinas, rezando en estos paisajes, y viendo cómo las lámparas del pueblo empiezan a brillar a medida que la tarde desciende por Galilea.


    Nuestro artista, Van de Velde, tuvo una vida fascinante. Nacido en los Países Bajos en 1818, no sólo fue artista, sino también oficial naval, viajero, cartógrafo y, más tarde, incluso estuvo vinculado a los primeros trabajos de la Cruz Roja. A principios de la década de 1850 viajó extensamente por Tierra Santa, creando detallados dibujos, mapas y acuarelas de lugares bíblicos. Sus obras combinan el ojo de un artista con la precisión de un topógrafo. No son fantasías románticas de Tierra Santa, sino observaciones minuciosas realizadas por alguien profundamente fascinado por los paisajes donde se desarrolló la historia de la salvación.

    by Padre Patrick van der Vorst

    Oración 

    Gracias te damos, Jesús, porque sentimos con gozo

    el calor de tu presencia en nuestro corazón.

    Igualmente queremos sentir cada día con más fuerza,

    el calor de tu presencia en el corazón de nuestros hermanos y hermanas,

    en el corazón de nuestros prójimos heridos… tus preferidos.

    Tu amor, tu alegría y tu fuerza, habitan en cada uno de nosotros,

    y nos impulsan a formar una comunidad viva,

    una comunidad donde estamos llamados a amarnos,

    donde no hay excluidos, donde no hay olvidados,

    una comunidad que quiere salir a los caminos

    para contagiar el tesoro que nos has dado,

    un tesoro que nos lanza a rescatar a los prójimos heridos,

    a los prójimos caídos por la injusticia, la maldad y la indiferencia.

    Queremos vivir alegres, para llevar a los cuatro vientos la alegría de tu Evangelio.

    Queremos vivir unidos sintiéndonos familia humana,

    para juntos hacer posible grandes cosas,

    un mundo nuevo, una presencia de tu Reino,

    un mundo donde nadie se sienta marginado, excluido, desamparado.

    Queremos ser instrumentos en tus manos,

    para seguir abriendo caminos de Esperanza.

    Concédenos la gracia, Señor, de ser allí donde estemos, tu SAL y tu LUZ,

    para que viendo nuestras obras,

    los demás puedan dar gloria a nuestro Padre Dios del cielo, tu abba querido.

    (caritas valencia)

    lunes, 8 de junio de 2026

    Carmen Hernández, «misionera, libre y profeta»: Madrid cierra solemne la fase diocesana de su causa

    El Seminario Redemptoris de Madrid acogió este martes el acto de clausura, que fue presidido por el cardenal Cobo.

    Se calcula que 120.000 personas, de 107 países, han rezado ya ante su tumba.

    Se calcula que 120.000 personas, de 107 países, han rezado ya ante su tumba.


      Mientras los asistentes miran al escenario instalado para la ocasión, uno, en cambio, vuelve la cabeza hacia la capilla donde está su tumba... y se la imagina allí, apoyada en la puerta, con su camiseta negra, mirando de espaldas a la muchedumbre, y diciendo para sí, con esa abrumadora sinceridad:

      "Ellos acurrucados en su rincón. Tejen el pálido lienzo de sus horas. Sentados en el polvo cuentan sus monedas. Y me llaman para que vuelva. Pero ya mi espada está forjada. Ya tengo puesta mi armadura. Mi caballo se impacienta. Y yo, ganaré mi reino" (poema del nobel indio Rabindranath Tagore, adaptado en el canto del Camino llamado Carmen '63).

      El "milagro" de la embarazada

      Seminario Redemptoris Mater de Madrid, martes dos de junio, a cuatro días de la llegada del Papa León XIV a España. Unas 650 personas, y cerca de una decena de obispos, participan en la solemne clausura de la fase diocesana de la causa de canonización y beatificación de la Sierva de Dios Carmen Hernández, coiniciadora del Camino Neocatecumenal.

      Son cerca de las ocho de la tarde cuando, en la acristalada capilla en la que reposan sus restos mortales desde el año 2016 –fecha en la que murió–, el arzobispo de Madrid, José Cobo, y el Equipo Internacional del Camino –Kiko Argüello, el padre Mario y Ascensión Romero–, participan en un responso por el alma de Carmen Hernández (1930-2016). 

      "Son ya 120.000 personas de 107 países las que han visitado y rezado ante su tumba. Han pasado también 3.000 sacerdotes y 70 obispos", dice Carlos Metola, postulador de la causa.

      Participaron unas 300 personas y una decena de obispos.

      Participaron unas 300 personas y una decena de obispos.TOMASZ MARINOWSKY

      "Hoy ha llegado también el testimonio de alguien que no está en el Camino. Embarazada, iba a perder el niño y una amiga le había hablado de Carmen y le había dicho que era 'experta en embarazos'. Rezó a Carmen cuando iba al hospital y finalmente el niño se ha salvado", añade, destacando así el número ingente de gracias recibidas que se notifican.

      Metola explica que "con los documentos y declaraciones hemos seguido 52 años de vida trepidante evangélica de Kiko y de Carmen". "¡Qué viajes han hecho!, ¡cuántas convivencias! Se han gastado y desgastado por el Evangelio".

      La tarde, en esta parte de Madrid, es apacible, hoy el termómetro da un respiro, ¿para recibir mejor a Su Santidad? ¡Quién sabe! Entre los presentes se encuentran las comunidades que fueron catequizadas por Carmen –junto con Kiko–, hay también miembros de la familia de la Sierva de Dios, itinerantes del Camino, incluso personas de otras realidades eclesiales, como de Cursillos de Cristiandad –donde estuvo Kiko antes del Camino–.  

      En su intervención, el postulador explica que los documentos recogidos sobre la vida de Hernández (70 cajas, con un peso de 6,8 kg  y 1.200 páginas cada una), que ahora tendrán que ser enviados a Roma para continuar con la fase vaticana, hablan, entre muchas otras cosas,"del amor de Carmen a la Eucaristía".

      Discreta, ocupando un segundo plano, pero con la firmeza de un carácter que le hacía buscar siempre lo que Dios le iba pidiendo, aunque ello conllevara resistir frente a todo y frente a todos. Carmen se ha convertido hoy, sin duda, en todo un modelo a seguir para muchos miembros del Camino.

      Una vida evangelizando

      María del Carmen Hernández Barrera (1930-2016) fue coiniciadora del Camino Neocatecumenal junto con Kiko Argüello. Con él y con el padre Mario Pezzi formó parte del Equipo Responsable Internacional de dicha realidad eclesial hasta su fallecimiento.

      Nacida en Ólvega (Soria) el 24 de noviembre de 1930, Carmen pasó su infancia en Tudela (Navarra). Ya desde niña sintió la vocación misionera gracias a la influencia de San Francisco Javier.

      Estudiante de Ciencias Químicas en la Universidad de Madrid. Concreta su vocación misionera en Javier (Navarra), en el "Instituto de Misioneras de Cristo Jesús" y estudia Ciencias Religiosas en Valencia.

      En el año 1964 conoce a Kiko Argüello en las barracas de Palomeras Altas de Madrid y, tras su experiencia de anunciar el Evangelio a los pobres, inician el Camino Neocatecumenal, dando su vida en esta misión durante más de 50 años en el mundo entero. Murió en Madrid el 19 de julio de 2016.

      "Estar aquí es una gran alegría, es un momento para la historia de la Iglesia. Son más de un millón de personas las que caminan en la fe gracias al Camino y a la humildad de Carmen y Kiko, que se han dejado utilizar como instrumentos en manos de Dios. Me quedo con su defensa de la verdadera mujer, como ella la concebía y la expresaba. Carmen ha sido un regalo de Dios", dice a Religión en Libertad María Dolores García, presidenta de la Universidad Católica de Murcia (UCAM).

      "Para nosotros, es una gran alegría, y, para la Iglesia universal, también. Ya hay otro testigo más del Evangelio en el siglo XX, y en el siglo XXI. Lo que hemos hecho hoy es un paso, nada más. La Iglesia diocesana de Madrid ha reconocido que Carmen ha podido vivir las virtudes cristianas en un grado heroico, y esto, ahora, lo tiene que sellar la Santa Sede", comenta a ReL Carlos Metola.

      Carmen buscaba siempre lo que Dios le iba pidiendo en cada momento.

      Carmen buscaba siempre lo que Dios le iba pidiendo en cada momento.TOMASZ MARINOWSKY

      "Carmen era una persona especial, tocada por el Señor, por el amor a la Iglesia y a la Tierra Santa. Y un signo de ello es todos los Papas que la han conocido. Carmen era bastante natural hablando y, frente a ellos, ni se cortaba ni nada. Este apoyo que ha tenido Carmen de los Papas es un certificado de que algo había ahí", añade Metola.

      Sin ella no habría Camino

      Tras la intervención de Metola en el atril, el propio Argüello ofrece unas palabras, en la que recuerda con cariño y emoción a su fiel escudera en la labor evangelizadora. Posteriormente, se invoca al Espíritu Santo. El acto prosigue con la presentación de las actas del proceso y la firma del decreto de clausura, así como el nombramiento y jurado del portador de las actas.

      "Yo puedo decir que Carmen siempre ha estado pensando en el bien de la Iglesia. ¡Qué amor tenía a los Papas, a los obispos, a los presbíteros! Además, sin ella el Camino Neocatecumenal no existiría. ¡Qué enorme ayuda para el Camino ha sido Carmen! Ella nos ha traído las riquezas del Concilio Vaticano II, de la Vigilia Pascual, de las raíces judías del cristianismo. Era una teóloga en constante investigación y búsqueda. Su extraordinaria inteligencia espiritual la puso con generosidad al servicio del Camino, sabiendo transmitirnos con entusiasmo la novedad del Concilio. Toda su existencia ha sido marcada por su amor a Cristo y a la misión de la Iglesia", comenta Kiko.

      Puedes ver aquí el acto solemne de clausura de forma íntegra.

      Entre los invitados también está su sobrina Blanca Hernández, recién llegada desde Sevilla. "Es un grandísimo honor, Carmen es un ejemplo. Yo, que trabajo con personas sin hogar, y con muchas congregaciones religiosas, con muchos sacerdotes, me doy cuenta de lo importantísima que ha sido para la Iglesia, y la cantidad de vocaciones que han surgido del Camino. La cantidad de Iglesia que ha hecho ella, de personas que se han encontrado con Dios gracias al Camino. Carmen ha estado completamente entregada a la misión de llevar a Dios a las personas", relata a ReL.

      Carmen, para los obispos

      • José Cobo: "Es una figura que ha salido de la Iglesia de Madrid. La causa demuestra que ha habido mucha participación, y un apoyo y una huella importante en la Iglesia diocesana. Es la primera etapa que celebramos y, ahora, vamos a por las siguientes", comenta a Religión en Libertad
      • Rouco Varela: "Hoy se ve lo importante que ha sido Carmen para la vida de la Iglesia. Fue receptora de uno de esos carismas que el Concilio Vaticano II llama 'esplendorosos', de los que asumen con fidelidad, seriedad y entusiasmo la tarea de llevar la Palabra de Dios. La visité en sus últimos meses y fumaba unos cigarrillos delgaditos, y, yo, le decía: 'mira, Carmen, que no te vamos a poder canonizar, que no le obedeces al médico'..., pues aquí estamos". 
      • Sanz Montes: "Su figura era una sorpresa, porque Dios nunca nos aburre. Nos da en cada momento la santidad que tiene que ver con las preguntas, heridas, certezas y esperanza de cada generación. Carmen supone, junto con Kiko y Mario, el regalo que Dios ha hecho a este momento de la Iglesia. Fue una sorpresa que agradecemos y que esperemos que desde el cielo nos siga ayudando, como nos ayudó aquí en la tierra".
      • Reig Pla: "Fue un gran regalo, una mujer libre, con la libertad de los hijos de Dios. Que supo anunciar verdaderamente a Jesucristo, y poner en marcha todo el proceso del catecumenado con Kiko. Fue una verdadera gracia".
      • Aznárez Cobo (obispo castrense): "Fue un don de Dios grande, para el Camino, para todos los que se benefician de este carisma y para el conjunto de la Iglesia. Ha sido un testigo de la misericordia de Dios y de cómo Dios actúa cuando le dejamos, y hace maravillas en nosotros", comenta a ReL.

      Tras los discursos, el sellado y lacrado de la última caja del arquetipo –los documentos que recogen la vida de Carmen–, concluye con un gran aplauso de los presentes, que cantan a una sola voz el canto Están rotas mis ataduras, al que Carmen le tenía especial cariño. 

      Antes de concluir, se procede a la lectura del instrumento de clausura, la entrega de las actas al portador y la carta que el cardenal Kevin Farrell, prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, ha mandado en ocasión del acontecimiento.

      Carta del Prefecto de los Laicos

      "Muchos recuerdan de ella su carácter franco e incapaz de fingir, su amor por la oración y la liturgia, su inclinación a la reflexión teológica, su familiaridad con la Sagrada Escritura, su afecto filial por los Sumos Pontífices, la conciencia viva de la centralidad del misterio pascual en la existencia cristiana, la veneración por los lugares santos vinculados a los misterios de la vida terrena de Jesús, su amor tierno y apasionado por Cristo, considerado como el esposo de su propia alma. Son aspectos de su pensamiento, de su sensibilidad religiosa y de su fe límpida los que constituyen un patrimonio espiritual que todos los miembros del Camino Neocatecumenal, y no solo ellos, deben custodiar, profundizar e imitar", señala el cardenal Kevin Farrell.

      El acto de clausura de la fase diocesana de la causa de Carmen Hernández llega a su fin y la figura de esta gran laica española cobra una nueva dimensión para los miembros del Camino y para toda la Iglesia. Su voz, tantas veces profética, retumba hoy en la memoria de muchos y su ejemplo de vida anima a todos a caminar con una fe que no se conforma. Madrid ha hablado... ahora, le toca el turno a Roma. 

      Puedes enviar las gracias y favores recibidos por la intercesión de Carmen Hernández a esta dirección: carmenhernandez@ffn.es

      Obras sobre Carmen Hernández:

      -Carmen Hernández, Diarios 1979-1981(BAC, Madrid 2017).

      -Carmen Hernández – Notas biográficas (BAC, Madrid 2021).

      -Carmen Hernández, La necesidad de la oración en el pensamiento de Pío XII (Desclée de Brouwer, Bilbao 2022).

      -Símbolos Judeocristianos entre Ciencia y Fe. Reflexiones con Carmen Hernández (Chirico, Nápoles 2023).

      Juan Cadarso,  ReL

      Vea también    Información sobre el Camino Neocatecumenal