| San Gerard Venecia , San Andoquio |
Libro de Eclesiastés 1,2-11.
| ¡Vanidad, pura vanidad!, dice Cohélet. ¡Vanidad, pura vanidad! ¡Nada más que vanidad! |
| ¿Qué provecho saca el hombre de todo el esfuerzo que realiza bajo el sol? |
| Una generación se va y la otra viene, y la tierra siempre permanece. |
| El sol sale y se pone, y se dirige afanosamente hacia el lugar de donde saldrá otra vez. |
| El viento va hacia el sur y gira hacia el norte; va dando vueltas y vueltas, y retorna sobre su curso. |
| Todos los ríos van al mar y el mar nunca se llena; al mismo lugar donde van los ríos, allí vuelven a ir. |
| Todas las cosas están gastadas, más de lo que se puede expresar. ¿No se sacia el ojo de ver y el oído no se cansa de escuchar? |
| Lo que fue, eso mismo será; lo que se hizo, eso mismo se hará: ¡no hay nada nuevo bajo el sol! |
| Si hay algo de lo que dicen: "Mira, esto sí que es algo nuevo", en realidad, eso mismo ya existió muchísimo antes que nosotros. |
| No queda el recuerdo de las cosas pasadas, ni quedará el recuerdo de las futuras en aquellos que vendrán después. |
Salmo 90(89),3-4.5-6.12-13.14.
| Tú haces que los hombres vuelvan al polvo, |
| con sólo decirles: “Vuelvan, seres humanos”. |
| Porque mil años son ante tus ojos |
| como el día de ayer, que ya pasó, |
| como una vigilia de la noche. |
| Tú los arrebatas, y son como un sueño, |
| como la hierba que brota de mañana: |
| por la mañana brota y florece, |
| y por la tarde se seca y se marchita. |
| Enséñanos a calcular nuestros años, |
| para que nuestro corazón alcance la sabiduría. |
| ¡Vuélvete, Señor! ¿Hasta cuándo...? |
| Ten compasión de tus servidores. |
| Sácianos en seguida con tu amor, |
| y cantaremos felices toda nuestra vida. |
| Que descienda hasta nosotros |
| la bondad del Señor; |
| que el Señor, nuestro Dios, |
| haga prosperar la obra de nuestras manos. |
Evangelio según San Lucas 9,7-9.
| El tetrarca Herodes se enteró de todo lo que pasaba, y estaba muy desconcertado porque algunos decían: "Es Juan, que ha resucitado". |
| Otros decían: "Es Elías, que se ha aparecido", y otros: "Es uno de los antiguos profetas que ha resucitado". |
| Pero Herodes decía: "A Juan lo hice decapitar. Entonces, ¿quién es este del que oigo decir semejantes cosas?". Y trataba de verlo. |
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
![]() | Orígenes (c. 185-253) |
“Herodes trataba de ver a Jesús”
| El sol y la luna iluminan nuestros cuerpos. Así, Cristo y la Iglesia iluminan nuestro espíritu. Por lo menos los iluminan si nosotros no somos unos ciegos en el espíritu. Porque así como el sol y la luna no dejan de irradiar su claridad sobre los ciegos que no ven la luz, así Cristo envía su luz a nuestro espíritu. Pero esta iluminación sólo será efectiva si nuestra ceguera no les ofrece obstáculo. Pues bien, por de pronto que los ciegos sigan a Cristo gritando: “¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!” (Mt 9,27) y cuando hayan recobrado la vista, gracias a Cristo, serán iluminados por el esplendor de su luz. |
| Pero no todos los que ven son iluminados de la misma manera por Cristo. Cada uno lo es según la medida de la que es capaz de recibir la luz (cf Lc 23,8ss)...No vamos todos a él por el mismo camino, sino cada uno va según sus propias posibilidades.(cf Mt 25,15) (EDD) |
La festividad de Nuestra Señora de la Merced (o de las Mercedes) se celebra cada 24 de septiembre, siendo una de las advocaciones marianas más entrañables y de mayor arraigo histórico en el Perú, donde es reconocida como Patrona de las Armas del Perú y de los Campos de Lima. [1, 2] También se celebra en muchas otros lugares del mundo.
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Oración
María, Merced de Dios, regalo de Cristo a los hombres. La Trinidad Santa te envió a Barcelona, mensajera de libertad y misericordia, para, por medio de Pedro Nolasco, mostrarte corredentora, mediadora, Madre de todos, ternura de Dios para los pobres.
Madre de la Merced, enséñanos a valorar nuestra fe cristiana, haznos capaces de amar con caridad mercedaria, conviértenos en portadores de paz.
Que tus besos derritan la violencia que nos envuelve, hasta que recuperemos, en tu regazo materno, la ilusión de familia, transformado el mundo en un hogar.
Bendice esta ciudad tuya, que te proclama patrona y princesa y gusta, enamorada, de llamarte madre.





