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sábado, 29 de agosto de 2026

El fenómeno que crece en EE.UU: cientos de mormones en Utah se bautizan como católicos cada año

La diócesis de Salt Lake City (EE.UU) reporta cientos de conversos llegados de esa religión.

Samuel Smith, converso al catolicismo, afirma haber aprendido mucho durante su misión mormona en Argentina.

Samuel Smith, converso al catolicismo, afirma haber aprendido mucho durante su misión mormona en Argentina.


    Samuel Smith jamás imaginó que el Domingo de Pascua acabaría entrando en una iglesia católica para recibir el bautismo. Nacido en una familia mormona, pasó años siguiendo los pasos de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días: sirvió en una misión en Argentina, se casó, intentó llevar una vida perfecta. 

    Sin embargo, tras su divorcio y una crisis espiritual, comenzó a buscar respuestas en otras tradiciones cristianas. Finalmente, en la parroquia de San Olaf, en Bountiful, se convirtió oficialmente al catolicismo. The Salt Lake Tribune cuenta su historia.

    Entrar en estado de gracia

    "Al haberme criado en la fe mormona, se hacía mucho hincapié en la obediencia", explicó. "Dentro del catolicismo, se trata más bien de entrar en estado de gracia". Smith, de 39 años, es uno de los miles de conversos que cada año se suman a la Iglesia Católica en Estados Unidos.

    La diócesis de Salt Lake City reporta cientos de nuevos bautismos anuales. Según el Pew Research Center, los conversos representan el 8% de los católicos estadounidenses, unos cuatro millones de personas. 

    La Iglesia Católica, con más de 1.400 millones de fieles en el mundo, sigue siendo la mayor confesión cristiana y, en Utah, se abre paso en medio de la tradición mormona predominante.

    La historia de Smith se suma a la de otras familias. Chandra y Chad Starks, tras años intentando reintegrarse en la comunidad mormona, dieron un paso atrás en su fe y siguieron los pasos de su hijo adolescente CJ, quien pidió unirse a la Iglesia Católica tras estudiar en el colegio Juan Diego, en Draper

    "Siempre sentí que no terminaba de encajar", confesó Chandra. "No me sentía como en casa, como sí me siento en el catolicismo". Tras un año de estudios, CJ fue bautizado y, poco después, sus padres también recibieron el sacramento.

    Otro testimonio es el de Carlyle Ferrin, residente de Murray, que nació en una familia alejada de la religión. Tras décadas de búsqueda espiritual, crisis de salud y un diagnóstico de trastorno bipolar, encontró en el catolicismo la paz que necesitaba

    "El catolicismo no estaba entre mis planes, pero mi alma me decía que estaba en serios problemas", relató. Hoy asiste a la parroquia de Santo Tomás Moro en Cottonwood Heights y se prepara para ayudar a otros en la Orden de Iniciación Cristiana de Adultos.

    El reverendo Andrzej Skrzypiec, párroco de San Olaf, subraya que estas conversiones no solo transforman vidas individuales, sino que también fortalecen matrimonios y familias. "Cuando vemos que alguien de la familia se interesa y quiere unirse, es un excelente indicador de una conversión exitosa", afirmó.

    Las historias de Samuel, los Starks y Carlyle muestran que la búsqueda espiritual continúa abriendo caminos inesperados. En Utah, donde la cultura mormona marca la vida cotidiana, el catolicismo se presenta como refugio y hogar para quienes buscan una fe que les devuelva paz, comunidad y sentido.

    ReL

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    La medicina celestial es el venerable sacramento de la Eucaristía.

    Si el pan es cotidiano, ¿por qué esperas un año para que lo recibas, como acostumbran a hacerlo los griegos en Oriente? Recibe cada día lo que te aprovecha cada día. Vive de tal modo que, cada día merezcas recibirlo. Quien no merece recibirlo cada día, no merece recibirlo después de un año. Por tanto, oyes decir que cada vez que se ofrece el sacrificio se significa la muerte del Señor, la Resurrección del Señor, la Ascensión del Señor y la remisión de los pecados, ¿y no recibes este pan de vida cada día? El que tiene una herida busca la medicina. La herida es para nosotros, estar bajo el pecado; la medicina celestial es el venerable sacramento.

    San Ambrosio de Milán; Los sacramentos n. 5, 4, 25: BPa 65, 124

    Reuniros frecuentemente para la Acción de Gracias.

    Así pues, esforzaros por reuniros frecuentemente para la Acción de Gracias (Eucaristía) y gloria de Dios. Pues cuando os reunís con frecuencia, las fuerzas de Satanás son destruidas, y su ruina (la que prepara para otros) se deshace por la concordia de vuestra fe.

    San Ignacio de Antioquía, A los esmirniotas, 8,1-2 FuP 1,177


    Acoger en la fe el don de la Eucaristía es acoger a Jesús mismo.

    El primer anuncio de la Eucaristía dividió a los discípulos, igual que el anuncio de la pasión los escandalizó: "Es duro este lenguaje, ¿quién puede escucharlo?". La Eucaristía y la cruz son piedras de tropiezo. Es el mismo misterio, y no cesa de ser ocasión de división. "¿También vosotros queréis marcharos?": esta pregunta del Señor resuena a través de las edades, como invitación de su amor a descubrir que sólo El tiene "palabras de vida eterna", y que acoger en la fe el don de su Eucaristía es acogerlo a El mismo.

    Catecismo de la Iglesia Católica, 1336.


    ¡Bienaventurada tú que has creído!

    En cierto sentido, María ha practicado su fe eucarística antes incluso de que ésta fuera instituida, por el hecho mismo de haber ofrecido su seno virginal para la encarnación del Verbo de Dios. La Eucaristía, mientras remite a la pasión y la resurrección, está al mismo tiempo en continuidad con la Encarnación. María concibió en la anunciación al Hijo divino, incluso en la realidad física de su cuerpo y su sangre, anticipando en sí lo que en cierta medida se realiza sacramentalmente en todo creyente que recibe, en las especies del pan y del vino, el cuerpo y la sangre del Señor.

    Hay, pues, una analogía profunda entre el fiat pronunciado por María a las palabras del Ángel y el amén que cada fiel pronuncia cuando recibe el cuerpo del Señor. A María se le pidió creer que quien concibió "por obra del Espíritu Santo" era el "Hijo de Dios" (cf. Lc 1, 30.35). En continuidad con la fe de la Virgen, en el Misterio eucarístico se nos pide creer que el mismo Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María, se hace presente con todo su ser humano-divino en las especies del pan y del vino.

    "Bienaventurada la que ha creído" (Lc 1, 45): María ha anticipado también en el misterio de la Encarnación la fe eucarística de la Iglesia. Cuando, en la Visitación, lleva en su seno el Verbo hecho carne, se convierte de algún modo en "tabernáculo" -el primer "tabernáculo" de la historia- donde el Hijo de Dios, todavía invisible a los ojos de los hombres, se ofrece a la adoración de Isabel, como "irradiando" su luz a través de los ojos y la voz de María. Y la mirada embelesada de María al contemplar el rostro de Cristo recién nacido y al estrecharlo en sus brazos, ¿no es acaso el inigualable modelo de amor en el que ha de inspirarse cada comunión eucarística?

    San Juan Pablo II; Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 55.

    ¡Resucitó!

    En la Vigilia Pascual, la noche de la nueva creación, la Iglesia presenta el misterio de la luz con un símbolo del todo particular y muy humilde: el cirio pascual. Esta es una luz que vive en virtud del sacrificio. La luz de la vela ilumina consumiéndose a sí misma. Da luz dándose a sí misma. Así, representa de manera maravillosa el misterio pascual de Cristo que se entrega a sí mismo, y de este modo da mucha luz. Otro aspecto sobre el cual podemos reflexionar es que la luz de la vela es fuego. El fuego es una fuerza que forja el mundo, un poder que transforma...

    ...El cirio, se debe principalmente a la labor de las abejas. Así, toda la creación entra en juego. En el cirio, la creación se convierte en portadora de luz. Pero, según los Padres (de la Iglesia), también hay una referencia implícita a la Iglesia. La cooperación de la comunidad viva de los fieles en la Iglesia es algo parecido al trabajo de las abejas. Construye la comunidad de la luz. Podemos ver así también en el cirio una referencia a nosotros y a nuestra comunión en la comunidad de la Iglesia, que existe para que la luz de Cristo pueda iluminar al mundo.

    Benedicto XVI; Homilía de la Vigilia Pascual 2012.

    "Haced lo que él os diga"

    Mysterium fidei! Puesto que la Eucaristía es misterio de fe, que supera de tal manera nuestro entendimiento que nos obliga al más puro abandono a la palabra de Dios, nadie como María puede ser apoyo y guía en una actitud como ésta. Repetir el gesto de Cristo en la Última Cena, en cumplimiento de su mandato: "¡Haced esto en conmemoración mía!", se convierte al mismo tiempo en aceptación de la invitación de María a obedecerle sin titubeos: "Haced lo que él os diga" (Jn 2, 5). Con la solicitud materna que muestra en las bodas de Caná, María parece decirnos: "No dudéis, fiaros de la Palabra de mi Hijo. Él, que fue capaz de transformar el agua en vino, es igualmente capaz de hacer del pan y del vino su cuerpo y su sangre, entregando a los creyentes en este misterio la memoria viva de su Pascua, para hacerse así 'pan de vida' ".

    San Juan Pablo II; Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 54

    La Iglesia vive de la Eucaristía.

    La Iglesia vive de la Eucaristía. Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia. Ésta experimenta con alegría cómo se realiza continuamente, en múltiples formas, la promesa del Señor: "He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28, 20); en la sagrada Eucaristía, por la transformación del pan y el vino en el cuerpo y en la sangre del Señor, se alegra de esta presencia con una intensidad única. Desde que, en Pentecostés, la Iglesia, Pueblo de la Nueva Alianza, ha empezado su peregrinación hacia la patria celeste, este divino Sacramento ha marcado sus días, llenándolos de confiada esperanza.

    San Juan Pablo II; Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 1

    Evangelio del día Martirio de San Juan Bautista


     

    Lectura del Día

    Jeremίas 1, 17-19

    En aquellos días, el Señor me dirigió estas palabras:
    "Cíñete y prepárate;
    ponte en pie y diles lo que yo te mando.
    No temas, no titubees delante de ellos,
    para que yo no te quebrante.

    Mira: hoy te hago ciudad fortificada,
    columna de hierro y muralla de bronce,
    frente a toda esta tierra,
    así se trate de los reyes de Judá, como de sus jefes,
    de sus sacerdotes o de la gente del campo.
    Te harán la guerra, pero no podrán contigo,
    porque yo estoy a tu lado para salvarte".

    Evangelio del Día

    Marcos 6, 17-29

    En aquel tiempo, Herodes había mandado apresar a Juan el Bautista y lo había metido y encadenado en la cárcel. Herodes se había casado con Herodías, esposa de su hermano Filipo, y Juan le decía: "No te está permitido tener por mujer a la esposa de tu hermano". Por eso Herodes lo mandó encarcelar.

    Herodías sentía por ello gran rencor contra Juan y quería quitarle la vida, pero no sabía cómo, porque Herodes miraba con respeto a Juan, pues sabía que era un hombre recto y santo, y lo tenía custodiado. Cuando lo oía hablar, quedaba desconcertado, pero le gustaba escucharlo.

    La ocasión llegó cuando Herodes dio un banquete a su corte, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea, con motivo de su cumpleaños. La hija de Herodías bailó durante la fiesta y su baile les gustó mucho a Herodes y a sus invitados. El rey le dijo entonces a la joven: "Pídeme lo que quieras y yo te lo daré". Y le juró varias veces: "Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino".

    Ella fue a preguntarle a su madre: "¿Qué le pido?" Su madre le contestó: "La cabeza de Juan el Bautista". Volvió ella inmediatamente junto al rey y le dijo: "Quiero que me des ahora mismo, en una charola, la cabeza de Juan el Bautista".

    El rey se puso muy triste, pero debido a su juramento y a los convidados, no quiso desairar a la joven, y enseguida mandó a un verdugo que trajera la cabeza de Juan. El verdugo fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una charola, se la entregó a la joven y ella se la entregó a su madre.

    Al enterarse de esto, los discípulos de Juan fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.

    Las palabras de los Papas

    Como último acto, el Bautista testimonia con la sangre su fidelidad a los mandamientos de Dios, sin ceder o retroceder, cumpliendo su misión hasta las últimas consecuencias.  (…) Vemos esta gran figura, esta fuerza en la pasión, en la resistencia contra los poderosos. Preguntamos: ¿de dónde nace esta vida, esta interioridad tan fuerte, tan recta, tan coherente, entregada de modo tan total por Dios y para preparar el camino a Jesús? La respuesta es sencilla: de la relación con Dios, de la oración, que es el hilo conductor de toda su existencia. (…) celebrar el martirio de san Juan Bautista nos recuerda también a nosotros, cristianos de nuestro tiempo, que el amor a Cristo, a su Palabra, a la Verdad, no admite componendas. La Verdad es Verdad, no hay componendas. La vida cristiana exige, por decirlo así, el «martirio» de la fidelidad cotidiana al Evangelio, es decir, la valentía de dejar que Cristo crezca en nosotros, que sea Cristo quien oriente nuestro pensamiento y nuestras acciones. Pero esto sólo puede tener lugar en nuestra vida si es sólida la relación con Dios. La oración no es tiempo perdido, no es robar espacio a las actividades, incluso a las actividades apostólicas, sino que es exactamente lo contrario: sólo si somos capaces de tener una vida de oración fiel, constante, confiada, será Dios mismo quien nos dará la capacidad y la fuerza para vivir de un modo feliz y sereno, para superar las dificultades y dar testimonio de él con valentía. Que san Juan Bautista interceda por nosotros, a fin de que sepamos conservar siempre el primado de Dios en nuestra vida.   (Benedicto XVI - Audiencia general, 29 de agosto de 2012)

    (vatican.va)


    Reflexión sobre el cuadro

    Recuerdo haber leído la historia del Evangelio de hoy en mi Biblia para niños cuando era niño, y de todas las historias del Nuevo Testamento, ésta era la que realmente me asustaba. Es tan crudo, tan cruel y tan gráfico. A lo largo de la historia del arte, he descubierto que las representaciones de la decapitación de San Juan Bautista son más impactantes cuando el artista lo reduce todo a lo esencial: la cabeza del santo presentada en un plato. Estas imágenes son difíciles de contemplar, pero son las que mejor reflejan la realidad de aquel día: la vanidad, la debilidad y el abuso de poder de Herodes, que culminaron con la brutal muerte de Juan.

    Nuestro retablo, obra de Aelbert Bouts y pintado hacia el año 1500, presenta una imagen inquietantemente vívida, casi tridimensional, de la cabeza cortada de Juan el Bautista. Aunque resultan inquietantes para el espectador actual, estas representaciones macabras gozaron en su día de una enorme popularidad, sobre todo a finales de la Edad Media, cuando la devoción por este santo creció rápidamente.

    En esencia, el Evangelio de hoy contrapone a dos hombres que no podrían ser más diferentes: uno es creyente y el otro no. En Herodes vemos la incredulidad al descubierto y las terribles consecuencias que acarrea. Frente a él se encuentra Juan el Bautista, un hombre de convicciones inquebrantables, tan comprometido con la verdad de su fe que estaba dispuesto a morir por ella. Herodes silenció literalmente a Juan cortándole la cabeza, simplemente para evitar escuchar la verdad proclamada por boca de su líder. Cuando las personas se niegan a escuchar la verdad, son capaces de llegar muy lejos para ocultarla, reprimirla o incluso destruir a quien la proclama.

    Es un episodio espantoso, pero dista mucho de ser único. A lo largo de la historia, han rodado cabezas porque hombres y mujeres se mantuvieron firmes en defensa de la fe. Y sigue ocurriendo hoy en día. En los conflictos por la justicia y por la fe cristiana, el destino de Juan el Bautista se refleja en el valor de los mártires de hoy. Estos nuevos testigos, en su hora de prueba, seguramente piensan en la firmeza de Juan. Su certeza, entonces como ahora, es que Dios está de su lado. Les debemos una profunda gratitud. Hoy hacemos una pausa para rezar por estos mártires modernos de todo el mundo. Según las estadísticas, 4.476 cristianos fueron asesinados por su fe entre octubre de 2023 y septiembre de 2024, mientras que más de 380 millones sufren altos niveles de persecución y discriminación. Diversas organizaciones estiman que cada día mueren alrededor de 13 cristianos por su fe (casi uno cada dos horas). Estos datos nos recuerdan de forma aleccionadora que el martirio no es meramente una reliquia del pasado, sino una realidad actual.

    by Padre Patrick van der Vorst

    Oración

    Sagrado precursor de Cristo, que santificado en el vientre de vuestra madre, fuiste la admiración del mundo en el ejercicio de las virtudes y en los privilegios con que te enriqueció Dios. Ángel en la castidad, apóstol en el celo y predicación, y mártir en la constancia con que por reprender al adúltero Herodes ofrecisteis la cabeza al cuchillo, y en las luces sobrenaturales de que te dotó el cielo, profeta del que llegó a decir el mismo Cristo: "Entre los nacidos de las mujeres ninguno mayor que Juan Bautista"; suplica al Señor que:

    por tu penitencia me haga mortificado,
    por tu soledad, recogido,
    por tu silencio, callado,
    casto por tu virginidad,
    espiritual por tu contemplación,
    e invencible a mis pasiones por la victoria que tu alcanzaste de tus enemigos, para que logre verte en la patria eterna. Amén.

    (devocionario.com)

    viernes, 28 de agosto de 2026

    ¿No sabes cómo hablar de sexo con un joven? 7 claves de la Teología del Cuerpo que aportan claridad

     La docente Blanca Guasch ofrece una serie de pautas interesantes

    "No podemos reducir a la persona a solamente su corporalidad. El cuerpo es la puerta de entrada a toda la persona a su dimensión más profunda", asegura Guasch.


      La adolescencia es una etapa de cambios y autoconocimiento, donde es esencial proporcionar una educación afectivo-sexual integral. La Teología del Cuerpo de San Juan Pablo II ofrece un marco valioso desde una perspectiva cristiana, viendo el cuerpo no solo como biológico, sino como expresión completa de la persona. Esta enseñanza ayuda a los jóvenes a comprender quiénes son y a perseguir sus deseos profundos de amor y de felicidad.

      Tratar con los adolescentes estos temas puede parecer un desafío, pero es una oportunidad para abrir con ellos un camino donde se va descubriendo una forma de vivir plena y feliz. Blanca Guasch es docente en el programa Aprendamos a Amar de la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid y ofrece en ReligiónEnLibertad unas claves que pueden servir como guía para acompañar a los jóvenes a apreciar la dignidad del cuerpo humano y la riqueza de vivir una sexualidad ordenada al deseo de amor que hay en lo más profundo de todos.

      1. ¿De dónde vengo? ¡Vales infinito!

      Cada persona es creada a imagen y semejanza de Dios. Lo que implica que nuestro origen no es solamente biológico, tiene una dimensión divina: es un acto de amor de Dios. Qué importante transmitir a los jóvenes esta idea: Dios crea a cada uno de manera única e irrepetible, pensándonos y amándonos desde la eternidad. Cada vida está aportando ya algo al mundo, sin depender de circunstancias externas como la salud, la capacidad o la utilidad.

      Es necesario reconocer el don que es cada uno para la humanidad. Porque si uno no es consciente de su dignidad y su valor infinito, puede acabar conformándose con cualquier cosa, con cualquier forma de relacionarse, pero no todo le va a hacer feliz. Por venir del Amor y querer volver a Él, hay un deseo de amar y ser amados que buscará saciarse constantemente.

      2. Tu cuerpo es tu persona

      La persona tiene cuerpo y alma. Tiene una dimensión más externa. Pero también tiene una interioridad. No podemos reducir a la persona a solamente su corporalidad. El cuerpo es la puerta de entrada a toda la persona a su dimensión más profunda. Decía Juan Pablo II que "el cuerpo revela el alma viviente". Quedarse en lo superficial, corporal o material es reducir a la persona a lo puramente superficial, y perdernos toda la riqueza que encierra su ser y el don que es para el mundo.

      Esta unidad cuerpo y alma, es también fundamento de que el cuerpo tiene dignidad, la misma que toda la persona, y por eso mismo nunca debería ser tratado como objeto. Es necesario transmitir esta visión integral del ser humano que pueda combatir la idea de la separación entre lo material y lo espiritual, tan promovida hoy día por el materialismo. Es ir adquiriendo consciencia de que todo lo que uno vive con su cuerpo, dejará por tanto una huella en toda su persona.

      3. El impulso sexual como motor para el amor

      En la adolescencia aparece el deseo sexual con fuerza, lo cual es natural y positivo, ya que es el motor que permite salir de uno mismo para amar y entregarse a otro. Sin embargo, es crucial acompañar a los jóvenes para que aprendan a ordenar estos impulsos y orientarlos hacia el amor verdadero, que es lo que les dará felicidad. Ante estos deseos, pueden optar por satisfacerlos de forma automática e impulsiva o, por otro lado, pueden conectar con su deseo más profundo que va más allá del placer físico: el deseo de amar y ser amados, de ser elegidos y mirados por quienes son.

      Es esencial guiar a los jóvenes para que entiendan el papel que juega aquí la libertad: la capacidad de dejar atrás el "me apetece" para dirigir todas sus acciones hacia aquello que les hace bien y les acerca a saciar su deseo de amor.

      No se trata de reprimir, como si el placer fuera algo malo en sí mismo. No es así. Pero sin una entrega sincera que lo acompañe, no podrá llenar el anhelo de amor y comunión que reside en todo corazón humano. La práctica de virtudes como el autodominio y templanza permitirán una entrega y felicidad mayor. Pues solo aquel que es dueño de sus impulsos será capaz de entregarse anteponiendo y buscando el bien del amado.

      4. Tu cuerpo tiene un lenguaje

      El cuerpo tiene un lenguaje que puede expresar el amor, la donación y la comunión. Las personas hablamos no solamente con palabras, también con el mismo cuerpo, y para eso existen también muchos gestos físicos para expresar amor. Pero no todos expresan lo mismo.

      No dice lo mismo una caricia, que un abrazo, que un beso o una relación sexual, siendo ésta la máxima expresión de amor físicamente donde mediante la entrega del cuerpo se entrega también toda la persona. Es entonces importante aprender a hablar bien el lenguaje del cuerpo y entender lo que cada gesto expresa para así saber cuándo vivirlo de forma sincera.

      Donde uno entrega el cuerpo, el corazón va detrás. No se pueden separar. Y si éste aún no está preparado para esa entrega, es cuando el corazón puede sufrir. De ahí la importancia de vivir la entrega de los gestos acorde a la entrega del corazón.

      5. Cuidar la mirada para descubrir belleza

      Si cuerpo y alma forman una unidad, todo lo que experimentamos impacta no solo en el cuerpo, sino en toda nuestra persona. Es esencial que los jóvenes comprendan que todo lo que ven, oyen, consumen… deja una huella profunda que va configurando quiénes son y cómo se relacionan con los demás; que todas sus experiencias sensoriales y emocionales influyen en su identidad y en su manera de interactuar con el mundo.

      Por eso es crucial acompañarles en el camino de educar su mirada, de invitarles a reflexionar sobre si lo que consumen les ayuda a mantener una mirada limpia capaz de reconocer el don de quien tienen delante o si por el contrario les lleva a reducir a los demás a su apariencia física o incluso a compararse superficialmente. Y ya no es solo en la pornografía donde se ve más evidente la cosificación de la persona, también en las series, los libros, música, las cuentas que siguen en redes sociales…

      La educación del corazón pasa por enseñarles a tener un criterio, para que, desde su libertad, vayan dirigiendo su voluntad hacia aquello que responde a la dignidad y la verdad de quiénes son y para lo que han sido creados: vivir en plenitud la vocación al amor.

      6. Pudor como reverencia ante el valor infinito

      El pudor sexual no es una huida del amor, sino un medio para alcanzarlo. El pudor custodia la dignidad del cuerpo, mostrando que el cuerpo es valioso y debe ser tratado con respeto. Es una ayuda para proteger el valor de la persona, permitiendo que se descubra todo su valor intrínseco y no se reduzca solamente a lo corporal.

      El pecado original introdujo la vergüenza, cambiando la percepción de Adán y Eva sobre el otro. Antes vivían en comunión perfecta, amándose con dignidad y reverencia. Después del pecado, comenzaron a ver al otro como una amenaza y un objeto de posesión, en lugar de un regalo. Este cambio les llevó a protegerse, alterando la dinámica de sus relaciones. Es esa misma amenaza ante la que uno quiere protegerse hoy.

      Es importante que los jóvenes comprendan que la manera en que se visten y cómo guardan su intimidad refleja su comprensión de la dignidad personal y del valor de los demás. Vestirse de manera adecuada no significa esconder algo malo, sino proteger algo valioso, afirmando así que su valor no está solo en su apariencia física, sino en su totalidad como personas. Además, guardar la intimidad y ser selectivos con lo que comparten no es una señal de desconfianza, sino una manera de reservar su valor personal para aquellos que realmente lo aprecian y respetan.

      7. La sexualidad está en toda la persona. ¡La diferencia enriquece!

      Observando el cuerpo, podemos obtener más información acerca de quién somos. De primeras vemos que tenemos un cuerpo sexuado, entendiendo la sexualidad como ser varón y mujer. Pero la sexualidad no se reduce solamente al cuerpo físico; se manifiesta también en la forma de pensar, actuar, sentir, cuidar, expresar amor… Y aunque la sexualidad está en toda la persona, esto no significa que solamente haya una forma de ser varón o mujer. Hay tantas como hombres y mujeres en el mundo.

      Ahora bien, esta diferencia en nuestra sexualidad no podemos verla como algo negativo que tengamos que eliminar. Más bien la riqueza de la complementariedad está en cómo nuestras diferencias se unen para formar una unidad armoniosa. Lo vemos directamente en el cuerpo: cuando están juntos nuestros cuerpos hablan de amor y fecundidad. Y aunque estemos llamados ambos a lo mismo, lo hacemos de forma distinta y es el cuerpo que nos lo recuerda. El cuerpo del hombre habla de entregarse saliendo fuera de él mientras que el de la mujer está hecho para la acogida, la maternidad, para recibir dentro de ella y así entregarse al otro.

      Esta interacción entre dar y recibir no solo enriquece nuestras relaciones, sino que también resalta nuestra capacidad para amar y crear vida juntos.

      8. No se puede querer lo que no se conoce

      Si en cada corazón hay un deseo de amar y ser amado, vivir relaciones solo en el plano superficial, físico o corporal impide conocer y ser conocido verdaderamente por el otro. El amor genuino requiere conocimiento profundo de la otra persona, y es crucial guiar a los jóvenes hacia relaciones auténticas que involucren toda su persona, acompañándoles a descubrir quiénes son y su valor infinito, ganando así en confianza y autoestima.

      Las relaciones profundas requieren confianza, tiempo y comunicación, algo difícil de lograr en relaciones superficiales, como encuentros de una noche donde se comparte solo una apariencia, pero que no satisfacen el verdadero deseo de amor. Pues no se puede amar lo que no se conoce. Sin mostrarse auténticamente, no se puede ser amado en totalidad.

      J. Cadarso, ReL

      Vea también   Profundizando la Teología del Cuerpo





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