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viernes, 28 de agosto de 2026

¿No sabes cómo hablar de sexo con un joven? 7 claves de la Teología del Cuerpo que aportan claridad

 La docente Blanca Guasch ofrece una serie de pautas interesantes

"No podemos reducir a la persona a solamente su corporalidad. El cuerpo es la puerta de entrada a toda la persona a su dimensión más profunda", asegura Guasch.


    La adolescencia es una etapa de cambios y autoconocimiento, donde es esencial proporcionar una educación afectivo-sexual integral. La Teología del Cuerpo de San Juan Pablo II ofrece un marco valioso desde una perspectiva cristiana, viendo el cuerpo no solo como biológico, sino como expresión completa de la persona. Esta enseñanza ayuda a los jóvenes a comprender quiénes son y a perseguir sus deseos profundos de amor y de felicidad.

    Tratar con los adolescentes estos temas puede parecer un desafío, pero es una oportunidad para abrir con ellos un camino donde se va descubriendo una forma de vivir plena y feliz. Blanca Guasch es docente en el programa Aprendamos a Amar de la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid y ofrece en ReligiónEnLibertad unas claves que pueden servir como guía para acompañar a los jóvenes a apreciar la dignidad del cuerpo humano y la riqueza de vivir una sexualidad ordenada al deseo de amor que hay en lo más profundo de todos.

    1. ¿De dónde vengo? ¡Vales infinito!

    Cada persona es creada a imagen y semejanza de Dios. Lo que implica que nuestro origen no es solamente biológico, tiene una dimensión divina: es un acto de amor de Dios. Qué importante transmitir a los jóvenes esta idea: Dios crea a cada uno de manera única e irrepetible, pensándonos y amándonos desde la eternidad. Cada vida está aportando ya algo al mundo, sin depender de circunstancias externas como la salud, la capacidad o la utilidad.

    Es necesario reconocer el don que es cada uno para la humanidad. Porque si uno no es consciente de su dignidad y su valor infinito, puede acabar conformándose con cualquier cosa, con cualquier forma de relacionarse, pero no todo le va a hacer feliz. Por venir del Amor y querer volver a Él, hay un deseo de amar y ser amados que buscará saciarse constantemente.

    2. Tu cuerpo es tu persona

    La persona tiene cuerpo y alma. Tiene una dimensión más externa. Pero también tiene una interioridad. No podemos reducir a la persona a solamente su corporalidad. El cuerpo es la puerta de entrada a toda la persona a su dimensión más profunda. Decía Juan Pablo II que "el cuerpo revela el alma viviente". Quedarse en lo superficial, corporal o material es reducir a la persona a lo puramente superficial, y perdernos toda la riqueza que encierra su ser y el don que es para el mundo.

    Esta unidad cuerpo y alma, es también fundamento de que el cuerpo tiene dignidad, la misma que toda la persona, y por eso mismo nunca debería ser tratado como objeto. Es necesario transmitir esta visión integral del ser humano que pueda combatir la idea de la separación entre lo material y lo espiritual, tan promovida hoy día por el materialismo. Es ir adquiriendo consciencia de que todo lo que uno vive con su cuerpo, dejará por tanto una huella en toda su persona.

    3. El impulso sexual como motor para el amor

    En la adolescencia aparece el deseo sexual con fuerza, lo cual es natural y positivo, ya que es el motor que permite salir de uno mismo para amar y entregarse a otro. Sin embargo, es crucial acompañar a los jóvenes para que aprendan a ordenar estos impulsos y orientarlos hacia el amor verdadero, que es lo que les dará felicidad. Ante estos deseos, pueden optar por satisfacerlos de forma automática e impulsiva o, por otro lado, pueden conectar con su deseo más profundo que va más allá del placer físico: el deseo de amar y ser amados, de ser elegidos y mirados por quienes son.

    Es esencial guiar a los jóvenes para que entiendan el papel que juega aquí la libertad: la capacidad de dejar atrás el "me apetece" para dirigir todas sus acciones hacia aquello que les hace bien y les acerca a saciar su deseo de amor.

    No se trata de reprimir, como si el placer fuera algo malo en sí mismo. No es así. Pero sin una entrega sincera que lo acompañe, no podrá llenar el anhelo de amor y comunión que reside en todo corazón humano. La práctica de virtudes como el autodominio y templanza permitirán una entrega y felicidad mayor. Pues solo aquel que es dueño de sus impulsos será capaz de entregarse anteponiendo y buscando el bien del amado.

    4. Tu cuerpo tiene un lenguaje

    El cuerpo tiene un lenguaje que puede expresar el amor, la donación y la comunión. Las personas hablamos no solamente con palabras, también con el mismo cuerpo, y para eso existen también muchos gestos físicos para expresar amor. Pero no todos expresan lo mismo.

    No dice lo mismo una caricia, que un abrazo, que un beso o una relación sexual, siendo ésta la máxima expresión de amor físicamente donde mediante la entrega del cuerpo se entrega también toda la persona. Es entonces importante aprender a hablar bien el lenguaje del cuerpo y entender lo que cada gesto expresa para así saber cuándo vivirlo de forma sincera.

    Donde uno entrega el cuerpo, el corazón va detrás. No se pueden separar. Y si éste aún no está preparado para esa entrega, es cuando el corazón puede sufrir. De ahí la importancia de vivir la entrega de los gestos acorde a la entrega del corazón.

    5. Cuidar la mirada para descubrir belleza

    Si cuerpo y alma forman una unidad, todo lo que experimentamos impacta no solo en el cuerpo, sino en toda nuestra persona. Es esencial que los jóvenes comprendan que todo lo que ven, oyen, consumen… deja una huella profunda que va configurando quiénes son y cómo se relacionan con los demás; que todas sus experiencias sensoriales y emocionales influyen en su identidad y en su manera de interactuar con el mundo.

    Por eso es crucial acompañarles en el camino de educar su mirada, de invitarles a reflexionar sobre si lo que consumen les ayuda a mantener una mirada limpia capaz de reconocer el don de quien tienen delante o si por el contrario les lleva a reducir a los demás a su apariencia física o incluso a compararse superficialmente. Y ya no es solo en la pornografía donde se ve más evidente la cosificación de la persona, también en las series, los libros, música, las cuentas que siguen en redes sociales…

    La educación del corazón pasa por enseñarles a tener un criterio, para que, desde su libertad, vayan dirigiendo su voluntad hacia aquello que responde a la dignidad y la verdad de quiénes son y para lo que han sido creados: vivir en plenitud la vocación al amor.

    6. Pudor como reverencia ante el valor infinito

    El pudor sexual no es una huida del amor, sino un medio para alcanzarlo. El pudor custodia la dignidad del cuerpo, mostrando que el cuerpo es valioso y debe ser tratado con respeto. Es una ayuda para proteger el valor de la persona, permitiendo que se descubra todo su valor intrínseco y no se reduzca solamente a lo corporal.

    El pecado original introdujo la vergüenza, cambiando la percepción de Adán y Eva sobre el otro. Antes vivían en comunión perfecta, amándose con dignidad y reverencia. Después del pecado, comenzaron a ver al otro como una amenaza y un objeto de posesión, en lugar de un regalo. Este cambio les llevó a protegerse, alterando la dinámica de sus relaciones. Es esa misma amenaza ante la que uno quiere protegerse hoy.

    Es importante que los jóvenes comprendan que la manera en que se visten y cómo guardan su intimidad refleja su comprensión de la dignidad personal y del valor de los demás. Vestirse de manera adecuada no significa esconder algo malo, sino proteger algo valioso, afirmando así que su valor no está solo en su apariencia física, sino en su totalidad como personas. Además, guardar la intimidad y ser selectivos con lo que comparten no es una señal de desconfianza, sino una manera de reservar su valor personal para aquellos que realmente lo aprecian y respetan.

    7. La sexualidad está en toda la persona. ¡La diferencia enriquece!

    Observando el cuerpo, podemos obtener más información acerca de quién somos. De primeras vemos que tenemos un cuerpo sexuado, entendiendo la sexualidad como ser varón y mujer. Pero la sexualidad no se reduce solamente al cuerpo físico; se manifiesta también en la forma de pensar, actuar, sentir, cuidar, expresar amor… Y aunque la sexualidad está en toda la persona, esto no significa que solamente haya una forma de ser varón o mujer. Hay tantas como hombres y mujeres en el mundo.

    Ahora bien, esta diferencia en nuestra sexualidad no podemos verla como algo negativo que tengamos que eliminar. Más bien la riqueza de la complementariedad está en cómo nuestras diferencias se unen para formar una unidad armoniosa. Lo vemos directamente en el cuerpo: cuando están juntos nuestros cuerpos hablan de amor y fecundidad. Y aunque estemos llamados ambos a lo mismo, lo hacemos de forma distinta y es el cuerpo que nos lo recuerda. El cuerpo del hombre habla de entregarse saliendo fuera de él mientras que el de la mujer está hecho para la acogida, la maternidad, para recibir dentro de ella y así entregarse al otro.

    Esta interacción entre dar y recibir no solo enriquece nuestras relaciones, sino que también resalta nuestra capacidad para amar y crear vida juntos.

    8. No se puede querer lo que no se conoce

    Si en cada corazón hay un deseo de amar y ser amado, vivir relaciones solo en el plano superficial, físico o corporal impide conocer y ser conocido verdaderamente por el otro. El amor genuino requiere conocimiento profundo de la otra persona, y es crucial guiar a los jóvenes hacia relaciones auténticas que involucren toda su persona, acompañándoles a descubrir quiénes son y su valor infinito, ganando así en confianza y autoestima.

    Las relaciones profundas requieren confianza, tiempo y comunicación, algo difícil de lograr en relaciones superficiales, como encuentros de una noche donde se comparte solo una apariencia, pero que no satisfacen el verdadero deseo de amor. Pues no se puede amar lo que no se conoce. Sin mostrarse auténticamente, no se puede ser amado en totalidad.

    J. Cadarso, ReL

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    Las historias detrás de las fotografías de los santos

    SLIDE 3 - Visiting St. Therese in Lisieux

    ¿Te has preguntado quién estuvo detrás del lente que capturó las imágenes más conocidas de los santos? Estas personas los fotografiaron en vida sin saber que dejaban una gran herencia para toda la Iglesia.

    ¿Qué sería de la devoción a los santos sin fotografías que nos recuerden sus rostros? Seguramente conservas más de una: en tu casa, en tu lugar de oración, incluso de formato más pequeño en la funda de tu celular o cartera. 

    En marco del Día Internacional de la Fotografía te compartimos sus historias. 

    Celine Martin

    CELINE MARTIN

    Es la hermana mayor de Santa Teresita de Lisieux y, para fortuna de los devotos, su fiel fotógrafa. El fotoperiodista Jeffrey Bruno descubrió su legado mientras buscaba fotos de la "florecita de Jesús" y se dió cuenta que existían en gran cantidad y calidad en comparación a otros santos del siglo XIX. 

    Fue la primera persona de la historia en fotografiar la vida dentro del claustro. Consagrada al carmelo al igual que su hermana, se le permitió ingresar con su voluminosa cámara y con ella tomó alrededor de 41 fotografías entre las que destacan los retratos de Santa Teresita. 

    “Ser miembro de la comunidad religiosa le dio acceso al corazón de la orden: su funcionamiento interno, su vida interior, y qué vida fue” escribió Bruno pára National Catholic Register. 

    Su nombre de monja era Genoveva de la Santa Faz, en su diario autobiográfico, contó que le gustaba mucho hacer inventos y entender los mecanismos de los aparatos. 

    Bruno apunta: “La cámara que usó era una caja de madera de 13x18 cm con un lente Darlot. Utilizaba un proceso de placa seca o ferrotipo, una técnica fotográfica del siglo XIX que generaba una imagen positiva en una lámina de metal lacada”. 

    Puedes ver imágenes de Teresa de Lisieux en la siguiente galería:

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    Galería fotográfica

    Elia stelluto

    Elia Stelluto conocido como "El fotógrafo del Padre Pío" paseaba por el convento de San Giovanni Rotondo —lugar en el que el santo vivió y murió— desde niño. Por esta razón, el entonces fraile de Pietrelcina le permitió tomar todas las fotos que quisiera, pero eso sí, sin flash.

    Aunque lo que más suele sobresalir del San Pío son los estigmas, Stelluto buscó retratarlo en su faceta más sencilla y humilde: bendiciendo un rosario, caminando con sus hermanos, presidiendo misa o postrado en cama. 

    En 2024, Stelluto liberó para uso gratuito 10 fotografías con motivo del vigésimo quinto aniversario de su beatificación. 

    "Era mi deseo donar fotos a todo el mundo católico y a los hijos espirituales del Padre Pío" expresó durante la presentación en la Filmoteca Vaticana. Y añadió, aún se conservan fotografías inéditas. 

    Padre Pío, una luz interior revelada por fotos inéditas

    Padre Pío, una luz interior revelada por fotos inéditas

    Lea el artículo

    Józef Ulma 

    Wiktoria i Józef Ulmowie

    fot. ulmowie.pl

    Józef Ulma tomó fotografías a su familia sin saber que estas acompañarían su propia causa de beatificación y serían objeto de piedad para miles de fieles. 

    Józef con su esposa Wiktoria y sus siete hijos (uno en el vientre de su madre), son la primera familia entera en ser beatificada. Conocidos como los "samaritanos de Markowa" fueron masacrados por los nazis por ayudar a ocho judíos durante la Segunda Guerra Mundial. 

    Durante nueve años de matrimonio, los Ulma se dedicaron a la agricultura y a educar a sus hijos con un espíritu de fe y amor. Asistían a misa todos los domingos y oraban diariamente. 

    Józef era hábil para trabajar con herramientas y manuales, de hecho, su casa fue la primera del pueblo en tener luz eléctrica gracias a una instalación que él mismo inventó. 

    Con su cámara retrató la vida del pueblo pero especialmente la de su familia en lo cotidiano: su mujer tendiendo ropa, sus hijos entre los surcos de la tierra, tomando un baño al aire libre, en el comedor de la casa. Una vida iluminada por la belleza de la sencillez. 

    Estas son sus fotografías:

    {"rendered":"La familia Ulma: sus fotograf\u00edas"}

     Monserrat Martinez, Aleteia

    Vea también     Vocación de Todos a la Santidad


    Evangelio del día Viernes 21a. Semana TO - Memoria de San Agustín

     


    San Agustin de Hipona , Beato Juan Bautista Faubel CanoMás...

    Carta I de San Pablo a los Corintios 1,17-25.

    Porque Cristo no me envió a bautizar, sino a anunciar la Buena Noticia, y esto sin recurrir a la elocuencia humana, para que la cruz de Cristo no pierda su eficacia.
    El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden, pero para los que se salvan -para nosotros- es fuerza de Dios.
    Porque está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios y rechazaré la ciencia de los inteligentes.
    ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el hombre culto? ¿Dónde el razonador sutil de este mundo? ¿Acaso Dios no ha demostrado que la sabiduría del mundo es una necedad?
    En efecto, ya que el mundo, con su sabiduría, no reconoció a Dios en las obras que manifiestan su sabiduría, Dios quiso salvar a los que creen por la locura de la predicación.
    Mientras los judíos piden milagros y los griegos van en busca de sabiduría,
    nosotros, en cambio, predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos,
    pero fuerza y sabiduría de Dios para los que han sido llamados, tanto judíos como griegos.
    Porque la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los hombres.


    Salmo 33(32),1-2.4-5.10ab.11.

    Aclamen, justos, al Señor:
    es propio de los buenos alabarlo.
    Alaben al Señor con la cítara,
    toquen en su honor el arpa de diez cuerdas.

    Porque la palabra del Señor es recta
    y él obra siempre con lealtad;
    él ama la justicia y el derecho,
    y la tierra está llena de su amor.

    El Señor frustra el designio de las naciones
    y deshace los planes de los pueblos,
    pero el designio del Señor
    permanece para siempre,

    y sus planes, a lo largo de las generaciones.


    Evangelio según San Mateo 25,1-13.

    Por eso, el Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo.
    Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes.
    Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite,
    mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos.
    Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas.
    Pero a medianoche se oyó un grito: 'Ya viene el esposo, salgan a su encuentro'.
    Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas.
    Las necias dijeron a las prudentes: '¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?'.
    Pero estas les respondieron: 'No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado'.
    Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta.
    Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: 'Señor, señor, ábrenos',
    pero él respondió: 'Les aseguro que no las conozco'.
    Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.
    (EDD)

    Reflexión sobre el cuadro

    San Agustín de Hipona (354-430) es una de las figuras más destacadas de la historia del cristianismo. Nacido en lo que hoy es Argelia, poseía una mente brillante, pero pasó muchos años buscando la verdad en los lugares equivocados. Buscó el éxito, el placer y la filosofía, y durante casi una década siguió la religión maniquea, pero su corazón seguía insatisfecho. Su fiel madre, Santa Mónica (a quien celebramos ayer), nunca dejó de rezar por él. Finalmente, gracias a su perseverancia y a la predicación de San Ambrosio en Milán, Agustín experimentó una profunda conversión. Se bautizó en la Vigilia Pascual del año 387 y más tarde escribiría las famosas palabras: “Nuestros corazones están inquietos hasta que descansan en Ti”. Esas palabras siguen hablándonos hoy en día.

    Agustín regresó al norte de África, se desprendió de sus bienes y se dedicó a la oración, al estudio y al servicio de la Iglesia. Como obispo de Hipona durante treinta y cinco años, se convirtió en uno de los más grandes maestros del cristianismo. Su Confesiones sigue siendo una de las autobiografías espirituales más conmovedoras del mundo, mientras que La Ciudad de Dios ha marcado el pensamiento cristiano durante siglos. Agustín, declarado Doctor de la Iglesia, nos recuerda que nadie está fuera del alcance de la misericordia de Dios.

    Nuestra hermosa pintura flamenca, realizada hacia 1490, reúne en una sola imagen cinco momentos clave de la vida del santo. En el centro, Agustín es consagrado obispo de Hipona, rodeado de clérigos ricamente ataviados. El artista se deleita con la belleza de la liturgia, pintando con esmero las vestiduras, los báculos, los incensarios y los ornamentos del altar, recordándonos que el culto a Dios es en sí mismo algo bello.

    Las cuatro escenas más pequeñas que rodean el episodio central narran el resto de la historia de Agustín. En la parte superior izquierda, recibe la ordenación sacerdotal.

    Debajo, predica con gran convicción mientras su madre, Santa Mónica, aparece escuchando en actitud de oración, un conmovedor recordatorio de que sus años de paciente intercesión dieron frutos extraordinarios. En la parte superior derecha vemos una de las leyendas más queridas sobre Agustín. Mientras reflexiona sobre el misterio de la Santísima Trinidad, se encuentra con un niño en la orilla del mar que intenta verter todo el mar en un pequeño agujero en la arena. Cuando Agustín le señala que eso es imposible, el niño le responde que no es más imposible que el hecho de que la mente humana comprenda plenamente el misterio de la Trinidad. Por último, en la parte inferior derecha, Agustín continúa enseñando y debatiendo sobre la fe con quienes se han reunido a su alrededor.

    San Agustín, ruega por nosotros.

    by Padre Patrick van der Vorst

    Oración