PAPA LEÓN XIV
ÁNGELUS
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Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
En el Evangelio de la liturgia de hoy (Mt 10,26-33)
Jesús, al enviar a los discípulos a la misión, les dirige esta exhortación: «Lo
que les digo en la oscuridad, díganlo a la luz, y lo que les digo al oído,
pregónenlo desde la azotea» (v. 27).
Establece una relación entre lo que escuchamos “al oído”, es
decir, en lo secreto del corazón, y lo que estamos llamados a proclamar a
todos, recordándonos que el anuncio del Evangelio es ante todo compartir un
encuentro personal con Él, único para cada quien.
La fuerza del apostolado, más allá de las técnicas y los
instrumentos, se basa en la obra del Espíritu Santo en nosotros y en la
autenticidad de nuestra respuesta. Santo Tomás de Aquino hablaba de la
predicación como la transmisión a otros de lo que hemos contemplado: “contemplata
aliis tradere” (cf. Summa Theologiae, III, q. 40, a. 1, ad 2).
Sin embargo, no hay que pensar en el “contemplar” como una
experiencia exclusiva, reservada a algunos santos o a los monjes y a los
ermitaños. Todos podemos hacerlo, esforzándonos por dedicar, entre los
compromisos de cada día, momentos de quietud para permanecer en silencio ante
Dios, escuchar su voz, encomendarle nuestras alegrías y nuestras
preocupaciones, y revisar con Él nuestra vida. Esto nos hace, cada vez más,
personas de fe sólida y consciente, y por consiguiente apóstoles creíbles y
libres, hombres y mujeres capaces de reflejar la luz del Evangelio en todos los
ambientes y en todas las situaciones de la vida, testimoniándolo también allí
donde su valor no es comprendido ni es aceptado.
San Mateo —autor del pasaje bíblico al que nos
referimos—escribía para comunidades que no tenían una vida fácil. Debían
afrontar hostilidad y persecuciones, como sucede aún hoy a muchos cristianos en
tantos lugares de la tierra, y además había una gran tentación de desanimarse y
dejarse vencer por el cansancio o el miedo.
Tanto hoy como ayer, es difícil permanecer fieles a las
enseñanzas de Jesús y anunciar su Palabra: responder al odio con el amor, a la
prepotencia con la mansedumbre, al desánimo con la perseverancia. Por eso es
necesario que profundicemos en las raíces de nuestra fe y de nuestra misión en
una relación intensa con Él (cf. Francisco, Exhort. ap. Evangelii
gaudium, 8). Esto nos da la fuerza para no rendirnos y seguir
transmitiendo a todos, en cualquier circunstancia, su mensaje de esperanza, de
amor y de paz. ¡Al mundo le hace mucha falta!
Que la Virgen María nos ayude a ser discípulos misioneros
del Señor Jesús, cada uno conforme a su propia vocación.
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Después del Ángelus
Queridos hermanos y hermanas:
Ayer se celebró el Día Mundial de los Refugiados, promovido
por las Naciones Unidas, conmemorando el 75 aniversario de la Convención sobre
el Estatuto de los Refugiados, que fue establecida con el fin de proteger a
quienes son perseguidos y se ven obligados a abandonar su tierra, su hogar y su
familia. Espero que el espíritu que inspiró la elaboración de este importante
instrumento internacional siga iluminando hoy en día las conciencias de los
responsables de las naciones. Nadie puede mirar hacia otro lado ante quienes
buscan protección y seguridad. Exhorto a todos, además, a acoger a quienes son
víctimas de persecución, para que puedan vivir en paz, con dignidad, y mirar al
futuro con esperanza.
Quisiera saludar a los miembros del Diálogo Internacional
Católico-Pentecostal. “La Iglesia cree como ora”, y reflexionar juntos sobre el
principio «lex orandi, lex credendi» resulta especialmente relevante en
la actualidad.
Saludo con afecto a todos ustedes, fieles de Roma y
peregrinos procedentes de distintos países.
Pensando en los peregrinos que han venido de Brasil, les
aseguro mis oraciones por los jóvenes que fallecieron hace unos días en un
accidente vial en el estado de Ceará.
Saludo a los jóvenes confirmandos de dos parroquias de
Ozieri, en Cerdeña.
¡Feliz domingo para todos!
(vatican.va)






