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martes, 24 de marzo de 2026

Ciencia y misión en Santo Toribio de Mogrovejo

 

Santo Toribio de Mogrovejo es un exponente más de que, en la obra civilizadora de España en América, la ciencia no iba a la zaga de la fe.

Santo Toribio de Mogrovejo es un exponente más de que, en la obra civilizadora de España en América, la ciencia no iba a la zaga de la fe.

27.03.2021 | 00:05

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    Toribio de Mogrovejo (1538-1606), cuya onomástica ha sido el pasado 23 de marzo, es una de esas personas con pena y con gloria, prácticamente desconocida. Nada menos que el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la mayor institución científica de la actualidad española, fundado por José Ibáñez Martín, de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, y Jose María Albareda Herrera, sacerdote del Opus Dei, inauguró hace ahora 75 años (concretamente el 1 de febrero de 1946) un centro de investigación en su honor: el Instituto Santo Toribio Mogrovejo, proveniente de la Sección de Misiones del Instituto Gonzalo Fernández de Oviedo de Historia Hispanoamericana.

    El instituto fue dedicado al estudio científico de la actividad misionera española, tan abundante como desconocida. De ahí la Leyenda Negra, de ahí la actual leyenda progre que sostiene sin base científica que ciencia y fe católica son antagónicas en la España del siglo XX: en la Bibliotheca Missionum del padre Streit, obra magna de la actividad misionera de la Iglesia católica, se indicaba que la misionología española hasta el siglo XIX sobrepasó la de todas las demás naciones juntas. Gracias a los progres laicistas hoy no queda ni el Departamento de Historia de la Iglesia que sobrevivía en el actual Instituto de Historia del CSIC, resto que dejó la Transición democrática del Santo Toribio Mogrovejo. Sin duda que había interés ideológico por hacer desaparecer cualquier recuerdo del santo y de la Iglesia cuanto antes.

    Pero ¿quién fue este personaje? Empezando por el principio, se le ha llegado a llamar El Javier de América, equiparándolo a San Francisco Javier y su obra evangelizadora en Asia.

    El vallisoletano Toribio Alfonso de Mogrovejo, que fuera, además de santo, arzobispo de Lima y metropolitano de buena parte de las Indias del siglo XVI, estudió Humanidades en Valladolid y Cánones en la Universidad de Salamanca, licenciándose en Santiago de Compostela, donde había peregrinado en 1568.

    Su extraordinaria formación académica la empleó en las misiones, tras ser nombrado el 16 de marzo de 1579 por Felipe II obispo de Lima. A Lima partió con su biblioteca, la primera que pasó a Indias, además de aceite para encender las lámparas de los sagrarios. La travesía fue prolongada, por dos océanos (Atlántico y Pacífico) y por tierra. Nueve meses duró el viaje, hasta el 11 de mayo de 1581.

    Su incansable e infatigable acción evangelizadora usando el idioma de aquellos a quienes invitaba a conversión le llevó a desarrollar una enorme actividad científica en filología, publicando un catecismo en castellano, quechua y aymara (el primer libro impreso en América del Sur) que se tradujo también a otras lenguas vernáculas de dentro de Perú, como collana, cañeri, purgay, quillasinga y puquina; y fuera, en la lengua general del Reino de Chile, la araucana, y en el guaraní y la musca de Bogotá. En esta empresa le ayudó su colaborador, el científico jesuita José de Acosta.

    Promovió la construcción de seminarios, monasterios de monjas y de religiosos en los que admitía indígenas, y la famosa Casa de Divorciadas, para recoger a mujeres susceptibles de ser presa de los proxenetas. En el plano más académico fundó dos colegios mayores anejos a la Universidad de San Marcos de Lima, la cual ya se encontraba dotada de los mismos privilegios de las propias de Castilla, consiguiendo además poner en marcha en ella una Cátedra de Lenguas Autóctonas, y obligando a todos los predicadores a su formación.

    A Santo Toribio se atribuyen unas bellas Letanías a la Virgen que se siguen rezando en Lima y sobre las que muchos de sus títulos aparecen en diferentes cuadros pictóricos de iglesias y conventos del norte de Perú.

    Alfonso V. Carrascosa, ReL

    Vea también    

    Puntos clave sobre Santo Toribio de Mogrovejo:
    • Labor Pastoral: Dedicó su vida a recorrer su extensa diócesis, visitando lugares necesitados, promoviendo la justicia y la ayuda social.
    • Organizador de la Iglesia: Jugó un papel crucial en la estructuración de la Iglesia peruana durante el siglo XVI.
    • Legado: Es reconocido como modelo de liderazgo católico, fe y dedicación, según Euroinnova International Online Education.
    • Condecoración: La Conferencia Episcopal Peruana otorga anualmente la "Medalla de Oro de Santo Toribio de Mogrovejo" a personas e instituciones destacadas en el trabajo eclesiástico.
    Nota: Asegúrese de no confundir a Santo Toribio de Mogrovejo (Arzobispo de Lima) con Santo Toribio Romo González (mártir mexicano).





    Evangelio del día - Martes 5a. Semana de Cuaresma


     

    Libro de los Números 21,4-9.

    Los israelitas partieron del monte Hor por el camino del Mar Rojo, para bordear el territorio de Edóm. Pero en el camino, el pueblo perdió la paciencia
    y comenzó a hablar contra Dios y contra Moisés: "¿Por qué nos hicieron salir de Egipto para hacernos morir en el desierto? ¡Aquí no hay pan ni agua, y ya estamos hartos de esta comida miserable!".
    Entonces el Señor envió contra el pueblo unas serpientes abrasadoras, que mordieron a la gente, y así murieron muchos israelitas.
    El pueblo acudió a Moisés y le dijo: "Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti. Intercede delante del Señor, para que aleje de nosotros esas serpientes". Moisés intercedió por el pueblo,
    y el Señor le dijo: "Fabrica una serpiente abrasadora y colócala sobre un asta. Y todo el que haya sido mordido, al mirarla, quedará curado".
    Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un asta. Y cuando alguien era mordido por una serpiente, miraba hacia la serpiente de bronce y quedaba curado.


    Salmo 102(101),2-3.16-18.19-21.

    ¡Señor, escucha mi oración!

    Señor, escucha mi oración
    y llegue a ti mi clamor;
    no me ocultes tu rostro
    en el momento del peligro;
    inclina hacia mí tu oído,
    respóndeme pronto, cuando te invoco.

    Las naciones temerán tu Nombre, Señor,
    y los reyes de la tierra se rendirán ante tu gloria:
    cuando el Señor reedifique a Sión
    y aparezca glorioso en medio de ella;
    cuando acepte la oración del desvalido
    y no desprecie su plegaria.

    Quede esto escrito para el tiempo futuro
    y un pueblo renovado alabe al Señor:
    porque él se inclinó desde su alto Santuario
    y miró a la tierra desde el cielo,
    para escuchar el lamento de los cautivos
    y librar a los condenados a muerte.


    Evangelio según San Juan 8,21-30.

    Jesús dijo a los fariseos:
    "Yo me voy, y ustedes me buscarán y morirán en su pecado. Adonde yo voy, ustedes no pueden ir".
    Los judíos se preguntaban: "¿Pensará matarse para decir: 'Adonde yo voy, ustedes no pueden ir'?".
    Jesús continuó: "Ustedes son de aquí abajo, yo soy de lo alto. Ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo.
    Por eso les he dicho: 'Ustedes morirán en sus pecados'. Porque si no creen que Yo Soy, morirán en sus pecados".
    Los judíos le preguntaron: "¿Quién eres tú?". Jesús les respondió: "Esto es precisamente lo que les estoy diciendo desde el comienzo.
    De ustedes, tengo mucho que decir, mucho que juzgar. Pero aquel que me envió es veraz, y lo que aprendí de él es lo que digo al mundo".
    Ellos no comprendieron que Jesús se refería al Padre.
    Después les dijo: "Cuando ustedes hayan levantado en alto al Hijo del hombre, entonces sabrán que Yo Soy y que no hago nada por mí mismo, sino que digo lo que el Padre me enseñó.
    El que me envió está conmigo y no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada".
    Mientras hablaba así, muchos creyeron en él.

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



    Bulle

    San Atanasio (295-373)
    obispo de Alejandría, doctor de la Iglesia
    Sobre la encarnación del Verbo, 21-22; SC 199, pag. 343ss


    “Cuando hubiereis levantado al Hijo del Hombre, comprenderéis que Yo Soy.”

    Alguien podría preguntar: Si Cristo tenía que entregar su cuerpo a la muerte ¿por qué no lo hizo como todo hombre, por qué fue tan lejos hasta entregarlo a la muerte de cruz? Uno podría argumentar que hubiera sido más conveniente para él entregarlo en la dignidad, que no padecer el ultraje de una muerte en cruz. Esta objeción es demasiado humana; lo que sucedió al Salvador es verdaderamente divino y digno de su divinidad por varias razones.
    Primero, porque la muerte que padecen los hombres les sobreviene a causa de la debilidad de su naturaleza. No pudiendo durar por mucho tiempo, se desgastan con el tiempo. Aparecen las enfermedades y habiendo perdido las fuerzas, mueren. Pero el Señor no es débil, es el poder de Dios, es el Verbo de Dios y es la vida misma. Si hubiera entregado su cuerpo en privado, en una cama, a la manera de los hombres, uno pensaría (...) que no tenía nada especial, diferente de los otros hombres. (...) El Señor no podía padecer enfermedad, él que curaba las enfermedades de los demás. (...)
    ¿Entonces, por qué no apartaba la muerte como apartaba las enfermedades? Porque poseía un cuerpo justamente para esto y para no impedir la resurrección (...). Pero, dirá alguno, hubiera tenido que desbaratar el complot de sus enemigos para conservar su cuerpo inmortal. Éste tal que aprenda, pues, que esto tampoco era conveniente al Señor. Lo mismo que no era digno del Verbo de Dios, siendo la vida, dar muerte a su cuerpo por propia iniciativa, no le era conveniente evitar la muerte que le infligían los otros. (...) Esta actitud no significa en ningún modo una debilidad del Verbo, sino que le da a conocer como Salvador y Vida... El Salvador no venía a consumar su propia muerte sino la de los hombres.
    (EDD)

    Reflexión sobre el cuadro

    En el Evangelio de hoy, los fariseos le hacen a Jesús una pregunta muy directa: “¿Quién eres tú?” Es la pregunta de la gente que está desconcertada por Él, intrigada por Él, tal vez incluso inquieta por Él. Intuyen que hay algo extraordinario en este hombre, pero no acaban de comprender quién es realmente. En cierto modo, es también la pregunta que todo creyente sigue haciéndose. A lo largo de nuestra vida seguimos descubriendo nuevas profundidades en Cristo, y el misterio de su identidad sigue siendo siempre mayor que nuestra comprensión. Nuestras mentes son finitas, y nunca podrán comprender lo verdaderamente infinito.

    Jesús responde de forma sorprendente en nuestra lectura. Les dice a los fariseos que cuando el Hijo del hombre sea levantado, entonces empezarán a entender quién es. Se refiere al momento en que será levantado en la cruz. A primera vista, la cruz parece ser el momento de la derrota y la debilidad. Sin embargo, Jesús revela que ése es precisamente el lugar en el que su verdadera identidad brillará con mayor claridad. En el momento en que parece más impotente, el amor que nos tiene se muestra plenamente. Y eso es lo que Él es: amor.

    Y así, si de verdad queremos responder a la pregunta “¿Quién eres, Jesús?”, también nosotros debemos mirar a la cruz, especialmente cuando nos acercamos a la Semana Santa. Aquí es donde el arte puede ayudarnos. Contemplar un hermoso crucifijo o una escena de la Crucifixión puede ayudarnos a adentrarnos en el misterio de quién era Cristo. Las escenas de la Crucifixión han inspirado a artistas durante casi dos mil años. Algunas de las primeras representaciones que se conservan aparecen ya en los siglos IV y V, después de que el cristianismo fuera aceptado públicamente en el Imperio Romano. Antes de esa época, los cristianos rara vez representaban la Crucifixión directamente, porque la crucifixión seguía siendo una forma de ejecución vergonzosa y brutal. Pero poco a poco los artistas empezaron a representar a Cristo en la cruz, primero de forma más simbólica y triunfal, subrayando su victoria sobre la muerte. En la Edad Media, la Crucifixión se había convertido en uno de los temas centrales del arte cristiano. Los artistas llenaron iglesias, manuscritos, retablos y frescos con imágenes de Cristo crucificado, invitando a los fieles a meditar sobre su sufrimiento y su amor. Durante el Renacimiento, el tema cobró aún más fuerza, pues los pintores exploraron el drama humano en torno a la Cruz: el dolor de María, la tristeza de los discípulos, la sangre que goteaba del cuerpo de Cristo...

    Un bello ejemplo es nuestro pequeño pero conmovedor cuadro de la Crucifixión atribuido a Fra Angelico. Fra Angelico, fraile dominico, era famoso por crear imágenes tan bellas y orantes. En este panel, Cristo cuelga de la cruz en el centro, sereno pero sufriente, mientras las figuras reunidas debajo responden con dolor y contemplación. Hemos entrado de lleno en el Renacimiento, con la emoción humana a flor de piel. En primer plano, la Virgen se derrumba de dolor, abrumada por la pena, sostenida por las figuras enlutadas de María Magdalena y María de Cleofás. Detrás de ellas, un grupo de soldados romanos, acompañados de sus caballos, montan guardia al pie de la cruz, y su presencia contrasta con la íntima tragedia humana que se desarrolla en primer plano.

    by Padre Patrick van der Vorst


    ORACIÓN DE SAN BUENAVENTURA

    Dulcísimo Jesús, Hijo de Dios vivo, Dios y Hombre verdadero, Redentor de mi alma: por el amor con que sufriste ser vendido de Judas, preso y atado por mi salvación: ¡Ten misericordia de mí!

    Benignísimo Jesús mío: por el amor con que padeciste por mi alma tantos desprecios, irrisiones, negaciones y tormentos en la casa de Caifás: ¡Ten misericordia de mi!

    Pacientísimo Jesús mío: por el amor con que por mi padeciste tantos falsos testimonios, afrentas injurias y acusaciones falsas en la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!

    Mansísimo Jesús de mi alma: por los desprecios, escarnios y burlas de la casa de Herodes; por los azotes, corona de espinas y mofas sangrientas y condenación a muerte de la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!

    Piadosísimo Jesús de mi alma: por todo lo que por mí padeciste en tu adorable Pasión, desde la casa de Pilatos hasta el monte Calvario, donde toleraste por mi amor el ser crucificado para que yo me salvase: ¡Ten misericordia de mí, ten misericordia de mí, ten misericordia de mí! Amén.

    (devocionario.com)

    «Fornicador siempre fui, pero hereje nunca»: Andrés Wouters, santo en el último minuto y a lo grande

    Luis Berrueco pintó en 1731 un óleo homenaje a los mártires de Gorcum.

    Luis Berrueco pintó en 1731 un óleo homenaje a los mártires de Gorcum.

    San Dimas recibió del mismo Jesucristo la certeza de su salvación, al reconocerle como Hijo de Dios en la cruz y pedirle perdón: "En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el Paraíso" (Lc 23, 43), escuchó el Buen Ladrón.

    También Andrés Wouters redimió una vida de pecado en el último minuto. Y también por la puerta grande, pues recibió la palma del martirio, que lava todas las culpas y garantiza el cielo, asimismo con palabras del Redentor: "Quien pierda su vida por mí, ése la salvará" (Lc 9, 24).

    Su historia terminó junto con el resto de los 19 mártires de Gorcum (en la actual Holanda), 19 sacerdotes y religiosos torturados y ahorcados por los calvinistas en 1572 durante una de las revueltas protestantes contra Felipe II y cuya festividad de celebra el 9 de julio.

    • Grabado que representa el martirio de Gorcum.

    Pero en Andrés había una peculiaridad: no llegó a la palma martirial como resultado de una vida virtuosa que merece de Dios ese premio, sino como última esperanza de salvación tras haber violentado durante años sus votos sacerdotales.

    San Andrés Wouters de Heynoord (1542-1572), beatificado junto con sus compañeros por Clemente X en 1675 y canonizado también con ellos por Pío IX en 1867, formaba parte de la diócesis de Harlem, pero no era precisamente el miembro más virtuoso de su clero. Borracho y mujeriego, vivía con una concubina y tenía varios hijos, y su obispo había terminado por apartarle de toda función sacerdotal.

    Representación moderna, de L. Williams, de San Andrés Wouters con la soga al cuello y abrazando la palma del martirio. TrinityStores.com.

    Representación moderna, de L. Williams, de San Andrés Wouters con la soga al cuello y abrazando la palma del martirio. TrinityStores.com.

    Pero, en medio de esa vida dejada de la mano de Dios, seguía con preocupación los acontecimientos que se producían en su país. Los calvinistas, envalentonados con su victoria sobre los luteranos (lucha no menos cruel que la que ambos mantuvieron contra la Iglesia y España), se habían lanzado a una rebelión contra la Corona. Se llamaron a sí mismos "los mendigos del mar", un eufemismo para su condición de piratas que se refugiaban en las islas próximas a la costa tras las las derrotas que les infligió el Duque de Alba en tierra. Eran "gente desgarrada, rebotada de todos los países, sin otro vínculo que el odio a los papistas y la sed de pillaje", dice el capuchino Lázaro Iriarte.

    Política de exterminio

    El 1 de abril de 1572, sin embargo, bajo el mando del conde de La Marck, lograron un gran éxito al tomar la ciudad de Brielle, en la desembocadura del Mosa.

    Luego, el 26 de junio, ocuparon Gorcum (Gorinchem), y tras arrasar las iglesias y quemar cuantas imágenes cayeron en sus manos, decidieron deshacerse del clero local, tanto secular como regular.

    Capturaron a nueve franciscanos, a dos hermanos legos de su mismo monasterio, al párroco de la ciudad y a su coadjutor, a otro sacerdote y a un agustino director del convento local de su orden. A estos quince se unieron después otros cuatro futuros mártires: un premonstratense; un dominico de una parroquia cercana que, al conocer la detención de los primeros, acudió a administrarles los sacramentos y fue detenido; un norbertino que, tras una vida frívola y en desobediencia a sus superiores, se había reconducido por la buena senda; y (¡sorpresa!) Andrés Wouters.

    A todos ellos los conoció bien V.G. Estius (Van Est), quien en 1603 escribió la Historia de los mártires de Gorcum, principal fuente de los hechos. Casi todos los detenidos (ignoramos en este relato algunos religiosos más no citados, que acabaron fallando en la fe) eran religiosos de virtud notable y, cuando no, al menos buenos sacerdotes.

    En su puesto en la hora decisiva

    Así que no daban crédito cuando se toparon con Wouters, porque su presencia no obedecía al deseo de ayudar (como el dominico que les llevaba los sacramentos) sino a la convicción de que su puesto estaba entre quienes, bien lo sabía, iban a morir por la fe

    Se había entregado voluntariamente, entendiendo que debía expiar su pasado corriendo la misma suerte que quienes habían sido más fieles al sacerdocio que él. "Tal vez había fallado muy a menudo en acomodar su conducta a sus convicciones, pero en la hora de la crisis fue capaz, con la ayuda divina, de poner en práctica una fe que aún era robusta", explica el jesuita John W. Donohue.

    Los religiosos fueron torturados salvajemente en Gorcum y luego, tras desnudarles para mayor humillación, les trasladaron a Brielle. Durante el camino los secuestradores cobraban a la chusma por verles en tan lamentable estado.

    Ejemplos de fidelidad

    Durante su suplicio les dieron la oportunidad de salvar su vida: sólo tenían que rechazar el Papado y la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía. Se encontraron con respuestas como la del párroco Nicolás Poppel: “Yo sufriré voluntariamente la muerte por la fe católica y la creencia de que el Cuerpo y Sangre de Jesucristo están realmente presentes en el Santísima Sacramento, bajo las especies de pan y de vino”. 

    El lego fray Cornelio de Wyk-by-Duurnstende profesó igualmente su fe, aunque de modo más sencillo y con emocionante obediencia religiosa: "Yo creo todo lo que cree mi superior".

    Al franciscano padre Nicolás Pieck, cuando cayó sin sentido después de horas de colgadura de su propio cordón, le aplicaron una llama a oídos, nariz y boca para comprobar si vivía. Llamaron a un médico para curarle, y sus familiares intentaron aprovechar la circunstancia para una fuga, pero él respondió como corresponde al superior del convento: "No aceptaré la libertad si no es conjuntamente con mis religiosos".

    Los calvinistas habían recibido órdenes de Guillermo de Orange, cabecilla protestante de la revuelta separatista, para mitigar las represalias, pero los mendigos del mar hicieron caso omiso. Colgaron a los 19 religiosos y sacerdotes de la viga de un establo, disponiendo la soga de forma que la muerte tardase en llegar. Una vez consumado el crimen el 9 de julio en presencia del almirante Luney, hombre que odiaba a los católicos, les descuartizaron.

    La frase célebre

    Sus cuerpos fueron enterrados de mala manera, y sólo cuarenta años después, durante una tregua en la larga guerra de los Países Bajos, pudieron ser recuperados, y descansan hoy en una iglesia franciscana de Bruselas.

    Con Andrés Wouters se cebaron especialmente. Conocían su historial, así que era fácil recordárselo en ese trance para reírse de él y vejarle a gusto. Al final terminó soliviantándoles aún más con una frase que se haría célebre: "Fornicador, siempre fui. Pero hereje, nunca". La fe, unida por fin a la caridad en los instantes postreros de su vida, había mantenido firme un último hilo con Nuestro Señor.




    P. Werner Mühl msc cumpleaños 1943




    lunes, 23 de marzo de 2026

    Cómo vencer la tentación: 4 claves que Cristo nos enseñó

    Oración, verdad, confianza y adoración: los principios que Cristo nos enseñó para prepararnos espiritualmente.

    Jesús en el desierto antes de ser tentado por el diablo, modelo de preparación para todo cristiano.

    Jesús en el desierto antes de ser tentado por el diablo, modelo de preparación para todo cristiano.CANVA.


      Desde hace años, el sacerdote Oblato de la Virgen María y misionero -actualmente en Filipinas- Nnamdi Moneme escribe en su blog y portales como Catholic Exchange sobre espiritualidad, evangelización y lucha ascética. El último de sus artículos aborda de lleno la cuestión al profundizar y ofrecer orientación sobre 4 formas de prepararse para enfrentar las tentaciones basándose en el ejemplo de Cristo.

      Sobre las tentaciones sufridas por el Señor, destaca que dos cosas son claras al respecto: que sabía que sería tentado por el diablo y que se preparó para ese momento.

      “Jesús hizo ciertas cosas y tuvo ciertas disposiciones para prepararse, y todo lo que hizo se convierte en un ejemplo divino para nosotros sobre cómo actuar. Se preparó para enseñarnos que nosotros también enfrentaremos ciertas tentaciones y que debemos prepararnos para ellas”, comenta.

      Desacostumbrarse a elegir lo inmediato y placentero

      El artículo, con un marcado tono alentador, comienza remarcando cómo las oraciones y ayunos con que Cristo se preparó para resistir la tentación “intensificaron su deseo y determinación de cumplir la voluntad del Padre. Si el santo Hijo de Dios se preparó para las tentaciones con oración y ayuno, ¿cómo podemos nosotros, pecadores, esperar vencer las tentaciones sin oración y abnegación?”, se plantea.

      Como a los grandes santos, los actos de mortificación y ayuno también fortalecen nuestra voluntad de obedecer a Dios y resistir las tentaciones. Al ayunar, entrenamos nuestra voluntad para negarnos placeres legítimos, preparándola así para rechazar la tentación. No podemos esperar rechazar las tentaciones cuando nuestra voluntad se inclina a elegir lo placentero e inmediato, agrega el sacerdote misionero.

      Conocer, amar y actuar según la verdad

      El Oblato de la Virgen María explica cómo, incluso durante la tentación para paliar su hambre convirtiendo las piedras en panes, el Señor también “consumía la palabra, la mantenía viva en su corazón y vivía de ella. Estaba completamente arraigado en la verdad de quién es ante el Padre y en lo que el Padre deseaba de él en cada momento”.

      Siguiendo su ejemplo, el sacerdote recuerda a los fieles que, en su preparación para la tentación, necesitan cimentarse “en la verdad inmutable de la palabra de Dios, creer en la verdad sobre quién es Dios y lo que su amor exige de nosotros en cada momento”. Sin embargo, no ayuda la actitud del relativismo moral y subjetivismo presente, que hacen de la verdad algo cambiante, algo basado en los sentimientos o la opinión pública. “¿Cómo podemos esperar superar las tentaciones si respondemos a las cuestiones morales diciendo: "¿Quién soy yo para juzgar?"?”.

      En este sentido, recuerda que el diablo es el padre de la mentira y que, por ello, su forma de atacarnos es haciéndonos dudar de la verdad de las palabras de Dios. La incertidumbre o la duda sobre la verdad divina es una puerta para que el enemigo entre en nuestras vidas, explica, de modo que “la manera de vencer sus tentaciones es ser firmes en las verdades que creemos y estar dispuestos a actuar conforme a ellas, sin importar cómo nos sintamos al respecto”.

      Reconocer la dependencia total de Dios

      En este caso, deteniéndose en la tentación al Señor para que se arrojase al vacío desde el templo, el sacerdote Moneme relata cómo Cristo se negó a «probarse a sí mismo» mediante semejante artimaña pública porque sabía que su Padre haría un milagro aún mayor al resucitarlo.

      Basándonos en su ejemplo, explica que es necesario prepararse para la tentación confiando y dependiendo de Dios en todos los aspectos de nuestra vida: finanzas, salud, relaciones, carrera, pruebas, tentaciones, vida espiritual…

      Tenemos la victoria asegurada si confiamos en Dios siempre y en todo, negándonos a ponerlo a prueba de ninguna manera, especialmente en las ocasiones de tentación. El diablo nos domina en las áreas de nuestra vida donde no confiamos en Dios. Nuestra victoria sobre las tentaciones solo es posible cuando tenemos una confianza universal e inquebrantable en Dios”, comenta.

      Servir y adorar únicamente a Dios

      También basándose en la tentación en que Satanás le pide postrarse a cambio del poder, remarca que el Señor estaba “plenamente comprometido con la oración y el servicio a Dios mucho antes de ser tentado”, incluso desde niño, cuando dijo que le era “necesario” ocuparse de los asuntos de su padre.

      Del mismo modo, explica, también nosotros nos preparamos para las tentaciones cuando nos comprometemos plenamente a adorar y servir solo a Dios, sin importar el costo ni las consecuencias.

      “Debemos renovar y profundizar nuestra santa resolución de servir a Dios por su gracia, sin importar nuestros fracasos pasados ni nuestras dificultades presentes. No podemos enfrentar las tentaciones cuando nuestro servicio y adoración a Dios están condicionados de alguna manera”, subraya. 

      José María Carrera Hurtado, Rel

      Vea también      Santo Cura de Ars: Sermón sobre las Tentaciones


      Evangelio del día - Lunes de la 5a. Semana de Cuaresma


       

      Lectura de la profecía de Daniel

      Daniel 13, 41-62

      En aquel tiempo, la asamblea creyó a los ancianos que habían calumniado a Susana y la condenó a muerte. Entonces Susana, dando fuertes voces exclamó: “Dios eterno, que conoces los secretos y lo sabes todo antes de que suceda, tú sabes que éstos me han levantado un falso testimonio. Y voy a morir sin haber hecho nada de lo que su maldad ha tramado contra mí”. El Señor escuchó su voz. Cuando llevaban a Susana al sitio de la ejecución, el Señor hizo sentir a un muchacho, llamado Daniel, el santo impulso de ponerse a gritar: “Yo no soy responsable de la sangre de esta mujer”.

      Todo el pueblo se volvió a mirarlo y le preguntaron: “¿Qué es lo que estás diciendo?” Entonces Daniel, de pie en medio de ellos, les respondió: “Israelitas, ¿cómo pueden ser tan ciegos? Han condenado a muerte a una hija de Israel, sin haber investigado y puesto en claro la verdad. Vuelvan al tribunal, porque ésos le han levantado un falso testimonio”.

      Todo el pueblo regresó de prisa y los ancianos dijeron a Daniel: “Ven a sentarte en medio de nosotros y dinos lo que piensas, puesto que Dios mismo te ha dado la madurez de un anciano”. Daniel les dijo entonces: “Separen a los acusadores, lejos el uno del otro, y yo los voy a interrogar”.

      Una vez separados, Daniel mandó llamar a uno de ellos y le dijo: “Viejo en años y en crímenes, ahora van a quedar al descubierto tus pecados anteriores, cuando injustamente condenabas a los inocentes y absolvías a los culpables, contra el mandamiento del Señor: No matarás al que es justo e inocente. Ahora bien, si es cierto que los viste, dime debajo de qué árbol estaban juntos”. Él respondió: “Debajo de una acacia”. Daniel le dijo: “Muy bien. Tu mentira te va a costar la vida, pues ya el ángel ha recibido de Dios tu sentencia y te va a partir por la mitad”. Daniel les dijo que se lo llevaran, mandó traer al otro y le dijo: “Raza de Canaán y no de Judá, la belleza te sedujo y la pasión te pervirtió el corazón. Lo mismo hacían ustedes con las mujeres de Israel, y ellas, por miedo, se entregaban a ustedes. Pero una mujer de Judá no ha podido soportar la maldad de ustedes. Ahora dime, ¿bajo qué árbol los sorprendiste abrazados?” Él contestó: “Debajo de una encina”. Replicó Daniel: “También a ti tu mentira te costará la vida. El ángel del Señor aguarda ya con la espada en la mano, para partirte por la mitad. Así acabará con ustedes”.

      Entonces toda la asamblea levantó la voz y bendijo a Dios, que salva a los que esperan en él. Se alzaron contra los dos viejos, a quienes, con palabras de ellos mismos, Daniel había convencido de falso testimonio, y les aplicaron la pena que ellos mismos habían maquinado contra su prójimo. Para cumplir con la ley de Moisés, los mataron, y aquel día se salvó una vida inocente.

      Evangelio del Día

      Lectura del santo evangelio según san Juan

      Juan 8, 1-11

      En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos y al amanecer se presentó de nuevo en el templo, donde la multitud se le acercaba; y él, sentado entre ellos, les enseñaba.

      Entonces los escribas y fariseos le llevaron a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola frente a él, le dijeron: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos manda en la ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?”

      Le preguntaban esto para ponerle una trampa y poder acusarlo. Pero Jesús se agachó y se puso a escribir en el suelo con el dedo. Como insistían en su pregunta, se incorporó y les dijo: “Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra”. Se volvió a agachar y siguió escribiendo en el suelo.

      Al oír aquellas palabras, los acusadores comenzaron a escabullirse uno tras otro, empezando por los más viejos, hasta que dejaron solos a Jesús y a la mujer, que estaba de pie, junto a él.

      Entonces Jesús se enderezó y le preguntó: “Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Nadie te ha condenado?” Ella le contestó: “Nadie, Señor”. Y Jesús le dijo: “Tampoco yo te condeno. Vete y ya no vuelvas a pecar”.

      Las palabras de los Papas

      ¡Qué diferencia entre el Maestro y los acusadores! Estos habían citado la Escritura para condenar; Jesús, la Palabra de Dios en persona, rehabilita completamente a la mujer, devolviéndole la esperanza. De esta situación aprendemos que cualquier observación, si no está movida por la caridad y no contiene caridad, hunde ulteriormente a quien la recibe. Dios, en cambio, siempre deja abierta una posibilidad y sabe encontrar caminos de liberación y de salvación en cada circunstancia. La vida de esa mujer cambió gracias al perdón. Se encontraron la Misericordia y la miseria. Misericordia y miseria estaban allí. Y la mujer cambió. Incluso se podría pensar que, perdonada por Jesús, aprendió a su vez a perdonar. Quizá haya visto en sus acusadores ya no personas rígidas y malvadas, sino personas que le permitieron encontrar a Jesús. El Señor desea que también nosotros sus discípulos, nosotros como Iglesia, perdonados por Él, nos convirtamos en testigos incansables de la reconciliación, testigos de un Dios para el que no existe la palabra “irrecuperable”; de un Dios que siempre perdona, siempre. Dios siempre perdona. Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón. Un Dios que sigue creyendo en nosotros y nos brinda a cada momento la posibilidad de volver a empezar. No hay pecado o fracaso que al presentarlo a Él no pueda convertirse en ocasión para iniciar una vida nueva, diferente, en el signo de la misericordia. No hay pecado que no pueda ir por este camino. Dios perdona todo. Todo. (Francisco - Homilía en la Santa Misa en la Plaza de los Graneros en Floriana, 3 de abril de 2022)

      (vatican.va)

      Reflexión sobre el cuadro

      En la lectura del Evangelio de hoy nos encontramos con tres grupos de personajes: Jesús, una mujer y un grupo de hombres expertos en la ley judía. Estos hombres llevan a la mujer ante Jesús, alegando que ha sido sorprendida en adulterio. Sin embargo, su verdadera intención no es tanto la preocupación por la mujer como el deseo de tender una trampa a Jesús. Le ponen en una situación difícil: si la condena, corre el riesgo de contradecir su propio mensaje de misericordia; si se niega a condenarla, pueden acusarle de desobedecer la Ley de Dios. Parece realmente atrapado. Para los expertos de la Ley, Jesús es su verdadero objetivo; sólo están utilizando a la mujer como una herramienta en su intento de desacreditarlo.

      Pero Jesús no cae en su trampa. Lo que hace que la situación sea aún más sorprendente es lo diferente que Jesús mira a la mujer en comparación con los que la acusan. Los hombres sólo la ven a través de la lente de un único momento de su pasado. Se centran totalmente en el pasado de la mujer. Jesús, sin embargo, siempre mira al pasado, al presente y al futuro. Mientras sus acusadores la definirían para siempre por un fracaso, Jesús reconoce que su historia no ha terminado. Y así es como el Señor nos mira también a cada uno de nosotros. No nos reduce a un error o a un momento oscuro de nuestro pasado. Por el contrario, Él ve toda la historia de nuestras vidas, y quiere ayudarnos en el presente, para que podamos construir un futuro mejor. Dios sabe que nuestra historia sigue desarrollándose mientras vivamos; que aún quedan nuevos capítulos por escribir.

      La mujer sorprendida en adulterio (1644), de Rembrandt, muestra el momento en que los escribas y fariseos llevan a la mujer acusada ante Cristo. Rembrandt van Rijn estructura cuidadosamente la escena para resaltar el significado espiritual de la historia: Cristo está de pie en el escalón superior y está bañado por la luz, mientras que los acusadores permanecen en la sombra y en los escalones inferiores de la composición. De este modo, Rembrandt sugiere visualmente la autoridad moral de Jesús. La mujer se arrodilla humildemente ante Cristo, su vulnerabilidad contrasta con la tensa y acusadora multitud que la rodea. Rembrandt pintó esta obra en 1644, cuando tenía unos 38 años. El cuadro muestra todas las cualidades de madurez que distinguen a Rembrandt: una iluminación dramática, una profunda visión psicológica y un enfoque en el drama espiritual interior más que en la mera narración exterior.

      by Padre Patrick van der Vorst

      Oración

      "Señor Dios, hoy me acerco a ti con un corazón arrepentido. Reconozco que he fallado, que mis acciones y palabras no han estado de acuerdo con tu voluntad. Perdóname por mis pecados y lávame, Señor.
      Gracias por tu amor incondicional y por el regalo de tu perdón. Crea en mí un corazón puro y renuévame por dentro. Ayúdame a aprender de mis errores, a crecer en sabiduría y a vivir en obediencia a ti. Confío en tu misericordia. En el nombre de Jesús, Amén".