San Gregorio Magno inició la evangelización de Inglaterra,
aunque él mismo no llegó a viajar hasta allí, pero una frase indica por qué
envió una misión en 597.
San Gregorio Magno fue papa a finales del siglo VI y
principios del VII, y fue quien inició la cristianización de la Britania
anglosajona. Envió a la isla una misión dirigida por San Agustín de Canterbury,
apoyando él mismo esta labor desde Roma.
Los ángeles del mercado
Es uno de los acontecimientos más famosos de la historia de
la Iglesia. El futuro papa Gregorio pasaba por el mercado de Roma y vio a unos
niños expuestos a la venta. Tenían la piel clara, el pelo rubio y una belleza
inusitada en Italia. Le preguntó al comerciante quiénes eran. Se enteró de que
eran ingleses de la Britania pagana.
Se dice que Gregorio respondió: «Non Angli, sed angeli» —«No
son ingleses, sino ángeles»—. Añadió de inmediato que, puesto que parecían
ángeles, debían convertirse en coherederos del cielo.
La historia en sí procede de biografías posteriores del
santo y no es una transcripción literal del encuentro. Sin embargo, refleja
bien lo que ocurrió después. Su compasión se convirtió en un plan concreto.
Cuando Gregorio se convirtió en obispo de Roma a finales del
siglo VI, no se olvidó de los pueblos del norte. Como no podía emprender el
viaje él mismo, en el año 597 envió al prior de su monasterio —Agustín— junto
con un grupo de monjes.
Hay que mantener la precisión histórica. Decir que Gregorio
«bautizó a Gran Bretaña» personalmente es una simplificación. El Papa fue el
artífice de toda la empresa: daba instrucciones, apoyaba económicamente la
expedición y escribía cartas a los gobernantes locales. Sin embargo, el trabajo
directo sobre el terreno lo llevó a cabo Agustín, conocido hoy como Agustín de
Canterbury.
Los monjes desembarcaron en Kent y rápidamente se ganaron la
simpatía del rey Ethelbert, cuya esposa ya era cristiana. Fue allí donde se
crearon las primeras estructuras de la Iglesia en las Islas.
Una frase
La decisión de Gregorio tuvo consecuencias enormes. Gran
Bretaña, que tras la marcha de los romanos se había convertido en un mosaico
pagano de reinos enfrentados, entró a formar parte del círculo de la cultura
latina y cristiana de Europa.
La preocupación por el destino de las personas con las que
uno se cruza y una réplica acertada pueden cambiar la historia de toda una
nación. Si no hubiera sido por la sensibilidad de aquel monje romano en el
mercado, la historia de Inglaterra podría haber tomado un rumbo completamente
diferente.
Catequesis - Los Documentos
del Concilio Vaticano II IV. Constitución Pastoral Gaudium
et spes(GS 1-10) 1. La Iglesia en escucha y
al servicio del mundo
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!
Con el encuentro de hoy comenzamos a reflexionar sobre la
Constitución pastoral Gaudium
et spes, con la que el Concilio Vaticano II se propuso profundizar en
un tema fundamental, es decir, la relación de la Iglesia con el mundo
contemporáneo. San Juan XXIII, ya en el discurso de inauguración del 11 de
octubre de 1962, quiso mostrar su desacuerdo con los «profetas de calamidades»,
que «aun en su celo ardiente […] van diciendo que nuestra época,
comparada con las pasadas, ha ido empeorando; y se comportan como si nada
hubieran aprendido de la historia» (Discurso Gaudet
Mater Ecclesia, 11 de octubre de 1962, 4.2). De ahí la tarea que se
encomendó a los Padres conciliares: «En el presente momento histórico, la
Providencia nos está llevando a un nuevo orden de relaciones humanas que, por
obra misma de los hombres pero más aún por encima de sus mismas intenciones, se
encaminan al cumplimiento de planes superiores e inesperados; pues todo, aun
las humanas adversidades, aquélla lo dispone para mayor bien de la Iglesia». (Gaudet
Mater Ecclesia, 4.4).
Tres años después, la promulgación de Gaudium
et spes reconocía en ese discernimiento un elemento esencial de la
naturaleza de la Iglesia, describiendo como constitutiva su índole pastoral: de
ahí la definición de “Constitución pastoral”. No se trata de optimismo ingenuo,
sino de una renovada fidelidad al Misterio de Cristo que, encarnándose, elige
compartir nuestra vida: Él «tenía que parecerse en todo a sus hermanos» (Heb
2,17; cf. 4,15) y se cargó de las consecuencias del pecado, muriendo «en
rescate por todos» (1Tm 2,6). Ese hecho de compartir con la
humanidad es el camino que Cristo pide a la Iglesia; por ello, la Constitución
conciliar Gaudium et Spes se abre declarando que la Iglesia siente como propios
«los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de
nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren» (GS1).
Es una entrega que nos llama a salir de toda pasividad e
indiferencia ante los acontecimientos que se producen, ante la historia y la
vida de las personas, sobre todo ante el cambio rápido y profundo que
experimentamos hoy. No es posible permanecer como espectadores desinteresados,
es necesario, en cambio, escuchar con el corazón, dejarse interpelar,
involucrarse. Con Cristo y sostenidos por la fuerza de su Espíritu, los
creyentes están llamados a hacerse cargo de las dificultades de los hermanos,
sobre todo de aquellos que se ven oprimidos por la injusticia, por la
discriminación, por la violencia. De hecho, solo a través de la entrega y en el
compromiso es posible llegar a respuestas adecuadas, siempre sostenidos por la
certeza de que «los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria
que un día se nos manifestará» (Rm 8,18).
En ese sentido, la proximidad hacia la humanidad abre la
puerta a una lectura más profunda de los acontecimientos e de la propia
Revelación y, en la misma perspectiva, Gaudium
et spes reclama el «deber permanente de la Iglesia escrutar a
fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio» (GS 4).
Esta Constitución conciliar ha llamado, por tanto, a la Iglesia a un compromiso
de conversión, para dar testimonio de que no se mueve por «ambición terrena
alguna», sino que «sólo desea una cosa: continuar, bajo la guía del Espíritu,
la obra misma de Cristo, quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad,
para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido» (GS3).
No se trata, de hecho, de una disposición simplemente moral.
El Papa Francisco nos recordó que para la Iglesia «la opción por los pobres es
una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica
[…] Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en
sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a
recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos»
(Exhort. Ap. Evangelii
gaudium, 198).
La entrega cristiana nos compromete a asumir la realidad y
también a desenmascarar las contradicciones que caracterizan la vida personal y
social del mundo contemporáneo: por ejemplo, un progreso científico y
tecnológico, que ofrece siempre nuevas posibilidades, pero solo a algunos y que
no siempre el ser humano es capaz de poner «a su servicio»; o un
conocimiento más claro de las «leyes dela vida social», pero acompañado de
incertidumbres «sobre la dirección que hay que imprimirle»; o aún, una mayor
disponibilidad de «riquezas, tantas posibilidades, tanto poder económico», y
desafortunadamente, hoy como en los tiempos del Concilio, «una gran parte de la
humanidad sufre hambre y miseria» (GS4);
o una conciencia compartida de que está en juego el futuro del planeta y al
mismo tiempo la incapacidad a renunciar al consumo egoísta y a la ilusión de
que la guerra es una vía eficaz para construir la paz.
En una época marcada por profundos cambios, de los que se
derivan desequilibrios preocupantes, la Iglesia está llamada a servir al ser
humano, escuchando y acogiendo los interrogantes más profundos de su corazón y
los anhelos que lo habitan, señalando en Cristo «la clave, el centro y el fin
de toda la historia humana» (GS 10).
Por ello, en la Iglesia, en todo nivel, en toda época debe realizarse la
kenosis misericordiosa de Cristo que «siendo de condición divina, no retuvo
ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la
condición de esclavo […] hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz»
(Fil 2,6-8).
Queridos hermanos y hermanas, que la alegría y la esperanza
– gaudium et spes – sean los rasgos distintivos de una Iglesia
que anuncia y da testimonio del Evangelio, acercándose a las mujeres y a los
hombres de nuestro tiempo.
__________________
Saludos
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española.
Pidamos a la Bienaventurada Virgen María que interceda por toda la Iglesia,
para que anuncie el Evangelio con alegría y esperanza, cercana a los hombres y
mujeres de nuestro tiempo, y sepa guiar a todos hacia Cristo, «la clave, el
centro y el fin de toda la historia humana» (GS 10). Que Dios los
bendiga. Muchas gracias.
Este documento nos dice que los discípulos de Cristo estamos
llamados a compartir los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias
de los hombres de nuestro tiempo (cf. GS 1).
Esto significa que la Iglesia no puede permanecer pasiva ni indiferente a lo
que ocurre en el mundo, sino que está llamada a caminar con la humanidad, sobre
todo teniendo en cuenta los cambios rápidos y profundos que se experimentan.
Por lo tanto, los creyentes, unidos a Cristo y sostenidos
por su Espíritu, deben comprometerse a escuchar con el corazón y a dejarse
interpelar, acompañando y ayudando a las personas en dificultad, sobre todo a
los pobres y a los que sufren a causa de la injusticia, la discriminación y la
violencia.
¡Que nadie se engañe! Si alguno de ustedes se tiene por sabio en este mundo, que se haga insensato para ser realmente sabio.
Porque la sabiduría de este mundo es locura delante de Dios. En efecto, dice la Escritura: El sorprende a los sabios en su propia astucia,
y además: El Señor conoce los razonamientos de los sabios y sabe que son vanos.
En consecuencia, que nadie se gloríe en los hombres, porque todo les pertenece a ustedes:
Pablo, Apolo o Cefas, el mundo, la vida, la muerte, el presente o el futuro. Todo es de ustedes,
pero ustedes son de Cristo y Cristo es de Dios.
Salmo 24(23),1-2.3-4ab.5-6.
¡Felices los que buscan al Señor!
Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella,
el mundo y todos sus habitantes,
porque El la fundó sobre los mares,
Él la afirmó sobre las corrientes del océano.
¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor
y permanecer en su recinto sagrado?
El que tiene las manos limpias
y puro el corazón;
él recibirá la bendición del Señor,
la recompensa de Dios, su Salvador.
Así son los que buscan al Señor,
los que buscan tu rostro, Dios de Jacob.
Evangelio según San Lucas 5,1-11.
En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret.
Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes.
Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca.
Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: "Navega mar adentro, y echen las redes".
Simón le respondió: "Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes".
Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse.
Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: "Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador".
El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido;
y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: "No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres".
Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
San Agustín (354-430) obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia Sermón 43, 5-5; CCL 41, 510-511
“No temas, desde ahora serás pescador de hombres”
¡Qué grande es la bondad de Cristo! Pedro ha sido pescador, y ahora un orador merece un gran elogio si es capaz de comprender a este pescador. Ved por qué el apóstol Pablo dirigiéndose a los primeros cristianos, dice: “Hermanos, fijaos en vuestra asamblea, no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; todo lo contrario, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios... Ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta” (1Co 1,26-28).
Porque si Cristo hubiese escogido en primer lugar a un orador, el orador hubiera podido decir: “Me ha escogido por mi elocuencia”. Si hubiera escogido a un senador, el senador hubiera podido decir: “Me ha escogido a causa de mi rango”. Si, en fin, hubiera escogido a un emperador, el emperador hubiera podido decir: “Me ha escogido a causa de mi poder. Que se calle toda esa gente, que esperen un poco y estén tranquilos. No serán olvidados ni rechazados; que esperen un poco, porque podrían gloriarse de lo que son en sí mismos.
“Dame, dice Cristo, este pescador, dame ese hombre simple y sin instrucción, dame ese hombre con el cual el senador no se digna hablar, ni tan sólo cuando le compra un pescado. Sí, dame ese hombre. Cuando lo habré llenado, se verá claramente que soy únicamente yo quien actúa. Ciertamente, llevaré a cabo mi obra en el senador, en el orador, en el emperador..., pero mi acción será más evidente en el pescador. El senador, el orador y el emperador pueden gloriarse de lo que ellos son: el pescador, únicamente de Cristo. Que el pescador venga a enseñarles la humildad que procura la salvación. Que el pescador pase primero.”
(EDD)
Reflexión sobre la página del
manuscrito
Hoy celebramos la fiesta de
uno de los grandes Padres y Doctores de la Iglesia: San Gregorio Magno.
Monje benedictino, fue el primer monje en ascender al papado, ocupando el
cargo de papa (el 64.º obispo de Roma) desde el 3 de septiembre de 590
hasta su muerte, el 12 de marzo de 604.
Nació en el seno de una
familia rica y noble. Su padre, Gordiano, era senador y ocupaba un alto
cargo en la ciudad de Roma, y su madre, Silvia, también es venerada como
santa. Gracias a este origen patricio, Gregorio recibió una excelente
educación, especialmente en derecho y administración, lo que le preparó
para una carrera en la función pública. A principios de los treinta ya
había ascendido hasta convertirse en prefecto de Roma, el cargo civil más
alto de la ciudad.
A pesar de su éxito, Gregorio
se sintió atraído por una vida de oración y sencillez. Tras la muerte de
su padre, se alejó gradualmente de las ambiciones políticas. Convirtió
las propiedades de su familia en Roma en monasterios, uno de ellos
dedicado a San Andrés en la colina Caeliana, donde él mismo se hizo
monje. Esta elección radical, la de un hijo de senador convertido en
humilde monje benedictino, configuró su espiritualidad e impactó en la
gente que le rodeaba.
Gregorio es recordado como el
"Padre del culto cristiano" por sus reformas de la liturgia
romana, que marcaron la vida de la Iglesia durante siglos. Muchos de
nosotros conocemos su nombre sobre todo por el canto gregoriano, el
estilo de música sacra asociado a él, aunque los historiadores debaten
hasta qué punto influyó directamente en su composición. Por eso se le
honra como patrón de músicos, cantantes, profesores y estudiantes.
Así que hoy voy a compartir
la página del Introito del Cantatorium de San Galo (Códice Sangallensis
359), escrito entre los años 922 y 926 en la abadía benedictina de San
Galo, en la actual Suiza. Se trata de uno de los mayores tesoros de la
historia de la música cristiana. Es el manuscrito completo más antiguo
que se conserva y que recoge los cantos solistas de la misa, y sigue
siendo una de las principales fuentes del canto gregoriano. La página que
aquí se ilustra es el Introito, el canto que se entona cuando el
sacerdote y los ministros hacen su entrada en la misa. Lo que hace que
este manuscrito sea especialmente notable es el uso de los neumas. Los
neumas son pequeños signos escritos sobre el texto que indican el flujo y
la forma de la melodía. Antes de la invención del pentagrama, estos
neumas servían de ayuda mnemotécnica a los monjes que ya se sabían los
cantos de memoria, preservando así una tradición de oración cantada que
se había transmitido de generación en generación.
El canto gregoriano se ha
asociado desde hace mucho tiempo con San Gregorio Magno, cuya festividad
celebramos hoy. Aunque es casi seguro que él mismo no compusiera los
cantos, su liderazgo marcó tan profundamente la liturgia de la Iglesia
que esta música sagrada acabó llevando su nombre. Los artistas medievales
solían representar una paloma, símbolo del Espíritu Santo, susurrando las
melodías al oído de Gregorio, lo que expresaba la creencia de que la
música más bella de la Iglesia está, en última instancia, inspirada por
Dios. Este hermoso manuscrito nos recuerda que la liturgia nunca estuvo
pensada simplemente para ser recitada, sino para ser cantada.
by Padre Patrick van der Vorst
Música de piano para ayudar en le Meditación y Oración
Brian reconoció que no sabía si Dios era real, sin embargo, decidió poner a prueba un principio: «Primero la práctica, luego la fe».
Lo que comenzó como un experimento dejó de serlo. "Me cansé de fingir. Esto es real", declaró en un vídeo.
La historia de Brian Guan, influencer que vive en Nueva York (EE.UU), ha captado la atención de miles de personas en redes sociales. Masfe.org cuenta su historia.
Lo que comenzó como un reto personal de 30 días terminó convirtiéndose en un proceso de transformación espiritual que él mismo bautizó como Faithless Christianity ("Cristianismo sin fe").
Su idea inicial era sencilla y radical: vivir como si Dios existiera, aun sin estar seguro de ello, y observar qué sucedía.
De la duda a la práctica
Brian reconoció abiertamente que no sabía si Dios era real. Sin embargo, decidió poner a prueba un principio: "Primero la práctica, luego la fe".
Así, comenzó a incluir en su rutina diaria oraciones, lecturas bíblicas y gestos de gratitud. Sus primeras oraciones eran casi un experimento: "Dios, no sé si eres real, pero por favor acércame a ti". Aunque al inicio se sentía extraño, poco a poco estas prácticas empezaron a moldear su vida.
Brian leyendo la biblia en la calle.masfe.org
Uno de los momentos más significativos ocurrió al leer sobre el perdón de Jesús en la cruz. Recordó a un amigo con quien había roto relación y decidió reconciliarse. También empezó a practicar la bondad en gestos simples, como recoger basura en su vecindario. Aunque los cambios no fueron inmediatos, con el tiempo comenzaron a ser evidentes.
El reto no solo implicó gestos externos. Brian decidió enfrentar su adicción a la nicotina, un hábito de ocho años. Inspirado por 1 Corintios 10:13, comenzó a incluir la oración en su lucha contra la tentación. Reconoció sus tropiezos, pero descubrió que no podía simplemente eliminar un hábito sin reemplazarlo por algo distinto. La fe se convirtió en un recurso para su batalla personal.
Con el paso de los meses, Brian notó transformaciones profundas. Se volvió más amable con los demás y encontró un propósito renovado.
Comparó su experiencia con los años dedicados al yoga, disciplina que había practicado e incluso enseñado. Aunque valoraba esa práctica, aseguró que nunca le había producido el mismo cambio interior que la lectura de la Biblia. "Con la Escritura, salgo queriendo ser mejor con los demás", explicó.
Lo que comenzó como un experimento dejó de serlo. "Me cansé de fingir. Esto es real", declaró en un vídeo. Poco después confesó: "Jesucristo es real. Jesucristo es mi Señor y Salvador".
Su proyecto dejó de ser un reto para convertirse en una experiencia de fe personal. Brian comenzó a compartir el Evangelio en parques de Nueva York, conversando con desconocidos y ofreciendo pasajes bíblicos. En una ocasión, alguien lo llamó "celebridad", a lo que él respondió: "Jesús es la celebridad".
Candido Amantini fue durante 36 años exorcista en Roma y vivió cosas increíbles
El padre Cándido Amantini, y en la sombra, su discípulo como exorcista, el padre Amorth
Fue el verdadero "exorcista del Papa", el exorcista de la diócesis de Roma durante más de tres décadas, en los años 60 y 70. El Padre Pío lo definió como "un sacerdote según el corazón de Dios". Candido Amantini (1914-1992) fue un pasionista, actualmente en proceso de beatificación, que durante 36 años fue el exorcista diocesano en Roma, en la Scala Santa, la sede de los pasionistas en la ciudad eterna.
Uno de sus discípulos más aventajados fue el padre Gabriel Amorth, "el exorcista del Vaticano", quien murió a los 91 años tras haber realizado más de 80.000 exorcismos. En su libro Habla un exorcista, el padre Amorthcuenta algunos de los casos más sorprendentes de posesiones diabólicas a jóvenes y niños que le contó en vida el propio Amantini.
El Padre Pío lo definió como "un sacerdote según el corazón de Dios".
1. El chico que pesaba toneladas
Pierluigi, de catorce años, era alto y corpulento para su edad. No podía estudiar, era la desesperación de sus profesores, con ninguno de los cuales conseguía estar de acuerdo; pero no era violento. Una de sus características era que cuando se sentaba en el suelo, con las piernas cruzadas (él decía que "hacía el indio"), ninguna fuerza conseguía levantarlo, como si se hubiese vuelto de plomo.
Después de varios tratamientos médicos sin resultado, lo llevaron al padre Candido, quien comenzó a exorcizarlo y apreció una verdadera posesión. Otra de sus características: no era pendenciero, pero con él la gente se ponía nerviosa, gritaba, no dominaba los nervios.
Un día estaba sentado con las piernas cruzadas en el rellano de su casa, en el tercer piso. Los demás inquilinos subían y bajaban por las escaleras, le zarandeaban para que se fuera de allí, pero él no se movía. En un momento dado, todos los inquilinos del edificio se encontraron a la vez en la escalera, en los distintos rellanos, y aullaban y gritaban como obsesos contra Pierluigi.
Alguien llamó a la Policía, mientras los padres del muchacho llamaban al padre Candido, que llegó antes y se puso a charlar con el chico para convencerlo de que entrara en su casa.
Pero los policías (tres muchachos grandes) le dijeron: "Apártese, reverendo; estas cosas son para nosotros". Cuando trataron de mover a Pierluigi, no consiguieron desplazarlo ni un milímetro. Asombrados y chorreando sudor, no sabían qué hacer. Entonces el padre Candido les dijo: "Que todos vuelvan a sus casas"; y se hizo un completo silencio.
Luego añadió: "Ahora bajad un tramo de escalera y observad". Le obedecieron. Por último dijo a Pierluigi: "Has estado muy bien: no has dicho ni una palabra y los has tenido a todos a raya. Ahora vuelve a entrar en casa conmigo". Le cogió de la mano y él se levantó y le siguió, muy contento, adonde le esperaban sus padres. Con los exorcismos logró una mejoría, pero no una total liberación.
2. El que distinguía la ropa bendita
Una madre estaba abrumada por las extravagancias que notaba en un hijo suyo: en ciertos momentos se enfadaba, lanzaba alaridos desatinados, blasfemaba y luego, cuando recobraba la calma, no recordaba nada de su comportamiento. No rezaba y nunca habría aceptado dejarse bendecir por un sacerdote. Un día, mientras el joven estaba en el trabajo y, como de costumbre, había salido vestido con su mono de mecánico, la madre hizo bendecir las ropas con la correspondiente oración del Ritual.
Al regresar del trabajo, el hijo se quitó el mono sucio y se cambió sin sospechar nada. A los pocos segundos se quitó la ropa con furia, casi se la arrancó de encima, y se volvió a poner el mono de trabajo sin decir nada. No hubo manera de que se pusiera aquellas ropas; las distinguía perfectamente de lasque no habían sido bendecidas. Este hecho demostraba más la necesidad de practicar exorcismos sobre aquel jovencito.
Una madre estaba abrumada por las extravagancias que notaba en su hijo.
3. El que se burlaba del exorcista
Un mismo demonio puede estar presente en varias personas. La muchacha se llamaba Pina y el demonio había anunciado que, a la noche siguiente, se habría ido. El padre Candido, aun sabiendo que en estos casos los demonios casi siempre mienten, se hizo ayudar también por otros exorcistas y pidió la presencia de un médico.
A veces, para mantener sujeta a la endemoniada, la recostaban sobre una larga mesa. Ella se agitaba y de vez en cuando se caía al suelo. Sin embargo, en el último tramo de la caída, disminuía la velocidad como si una mano la sostuviera, por lo cual nunca se hacía daño. Después de haber trabajado en vano toda la tarde y la mitad de la noche, los exorcistas decidieron desistir.
A la mañana siguiente, el padre Candido estaba exorcizando a un niño de seis o siete años. Y el diablo que estaba dentro de aquel niño comenzó a burlarse del padre: "Esta noche habéis trabajado mucho pero no habéis conseguido nada. Os la hemos jugado. ¡Yo también estaba allí!".
4. El que pasaba de una niña a otra
Exorcizando a una niña, el padre Candido preguntó al demonio que cómo se llamaba. "Zabulón", respondió. Acabado el exorcismo, mandó a la pequeña a rezar delante del Sagrario. Llegó el turno de otra niña, igualmente poseída y también a este demonio el padre Candido le preguntó el nombre. "Zabulón", fue la respuesta.
Y, el padre Candido: "¿Eres el mismo que estaba en la otra? Quiero una señal. Te ordeno en nombre de Dios que vuelvas a la que ha venido antes". La niña emitió una especie de aullido y luego, de golpe, se calló y se quedó calmada. Entretanto, los asistentes oyeron que la otra chiquilla, la que estaba rezando, proseguía aquel aullido.
Entonces el padre Candido ordenó: "Regresa aquí de nuevo". Inmediatamente la primera niña reanudó su aullido, mientras la otra volvía a rezar.
5. El niño que respondía a preguntas inteligentes
A un chico de once años el padre Candido quiso formularle preguntas difíciles cuando se reveló en él la presencia del demonio. Le preguntó: "En la tierra hay grandes científicos, altísimas inteligencias que niegan la existencia de Dios y vuestra existencia. ¿Tú qué dices a esto?". El niño respondió en seguida: "¡Qué va, altísimas inteligencias! ¡Son altísimas ignorancias!".
Y el padre Candido añadió, con la intención de referirse a los demonios: "Hay otros que niegan a Dios conscientemente, con su voluntad. ¿Qué son para ti?". El pequeño poseído se puso en pie de un salto y gritó con furia: "Fíjate bien. Recuerda que hemos querido reivindicar nuestra libertad incluso delante de él. Le hemos dicho que no para siempre".
El exorcista apremió: "Explícamelo y dime qué sentido tiene reivindicar la propia libertad delante de Dios, cuando separado de Él tú no eres nada, como no soy nada yo. Es como si en el número 10, el 0 quisiera emanciparse del 1. ¿En qué se convertiría? ¿Qué haría? Te ordeno en nombre de Dios, dime, ¿qué has hecho de positivo?, vamos, habla". El otro, lleno de maldad y de miedo, se retorcía, babeaba, lloraba de un modo terrible e inconcebible en un niño de once años, y decía: "¡No me hagas este proceso! ¡No me hagas este proceso!".
Un día el padre Candido exorcizaba a una muchacha de diecisiete años, campesina, acostumbrada a hablar en dialecto, por lo que conocía mal el italiano. Estaban presentes otros dos sacerdotes que, cuando la presencia de Satanás se manifestó, no se cansaban de hacer preguntas.
El padre Candido, mientras seguía rezando las fórmulas en latín, mezcló palabras en griego: "¡Cállate, déjala en paz!". Inmediatamente la muchacha se volvió hacia él: "¿Por qué ordenas que me calle? ¡Díselo más bien a estos dos que no paran de interrogar!".
7. La pequeña que describía las relaciones en el infierno
El padre Candido ha hecho preguntas al demonio en personas de todas las edades; pero le gusta explicar el interrogatorio a los niños, porque resulta más evidente que no dan respuestas al alcance de su edad; por eso es más segura la presencia del demonio.
Un día le preguntó a una chiquilla de trece años: "Dos enemigos que durante la vida se han odiado a muerte y terminan ambos en el infierno, ¿qué relación tienen entre sí, al haber de estar juntos durante toda la eternidad?".
Aquí puedes ver un vídeo del padre Amorth sobre los objetos que llevan los endemoniados.
He aquí la respuesta: "¡Qué tonto eres! Allá abajo cada uno vive replegado sobre sí mismo y desgarrado por sus remordimientos. No existe ninguna relación con nadie; cada uno se encuentra en la soledad más absoluta, llorando desesperadamente por el mal que ha hecho. Es como un cementerio".