La corta vida terrenal de la carmelita de Lisieux está siendo muy larga en influencia sobrenatural.
Este documental de Rome Reports nos habla a fondo de la vida y espiritualidad de Santa Teresita del Niño Jesús o de Lisieux (1873-1897), canonizada por Pío XI en 1925.
Y lo hace por medio del testimonio de doce personas cuya vida ha resultado transformada por la presencia intangible (y en ocasiones tangible) de esta santa.
Desde la Plaza
de San Pedro, en este cuarto domingo de Cuaresma, León XIV exhorta a no vivir
la fe como una renuncia a la razón, sino a mirar al mundo “desde el punto de
vista de Jesús”, en particular ante las dramáticas situaciones de injusticia,
violencia y sufrimiento que marcan nuestro tiempo.
Alina Tufani Díaz- Ciudad del
Vaticano
Una fe despierta, atenta y
profética, que abra los ojos ante las oscuridades del mundo, para llevar la luz
del Evangelio es el llamado del Papa León XIV en su alocución antes del rezo
del Ángelus, ante una Plaza de San Pedro repleta de fieles y peregrinos. Desde
la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico, su residencia definitiva
desde ayer, el Pontífice recordó que Dios envió a su Hijo como luz del mundo,
para abrir los ojos de los ciegos e iluminar nuestra vida por medio de un
compromiso de paz, de justicia y de solidaridad.
Cuando la humanidad caminaba en las tinieblas..
La curación de un hombre ciego que
presenta el Evangelio de este cuarto domingo de Cuaresma ha sido el punto de
partida de la reflexión del Santo Padre, pues con este episodio el evangelista
Juan nos habla del misterio de la salvación, es decir, “mientras estábamos en
la oscuridad, mientras la humanidad caminaba en las tinieblas Dios envió a su
Hijo como luz del mundo para abrir los ojos de los ciegos e iluminar nuestra
vida”.
Y es de observar, puntualiza León
XIV que los profetas habían anunciado que el Mesías abriría los ojos de los
ciegos y que Jesús se presenta a sí mismo diciendo: «Yo soy la luz del mundo»
Dios se hizo carne en Jesús, para
que el barro de nuestra humanidad, amasado con el aliento de su gracia, pudiera
recibir una luz nueva, que nos hace capaces de ver finalmente a Dios, a los
demás y a nosotros mismos en la verdad.
15/03/2026
León XIV: La violencia en Oriente Medio es atroz; es
necesario reanudar el diálogo de paz
Tras rezar el Ángelus desde el estudio del Palacio Apostólico, el Papa hizo
un llamamiento a un alto el fuego en la región, sacudida durante más de dos
semanas por el conflicto ...
Mirar con los
ojos de Jesús
Tras recordar que durante siglos y,
aún hoy, esta difundida la idea de que la fe es una especie de “salto en la
oscuridad”, una renuncia a pensar, un creer “ciegamente”, el Santo Padre
reitera que el Evangelio, en cambio, nos dice que en contacto con Cristo los
ojos se abren, como los del ciego curado.
Hermanos y hermanas, también
nosotros, sanados por el amor de Cristo, estamos llamados a vivir un
cristianismo “de ojos abiertos”. La fe no es un acto ciego, un renunciar a la
razón, una disposición de cierta convicción religiosa que nos lleva a alejar la
mirada del mundo. Por el contrario, la fe nos ayuda a mirar «desde el punto de
vista de Jesús, con sus ojos.
El modo de ver
de Jesús
La participación en el modo de ver
de Jesús que nos pide que “abramos los ojos”, como hacía Él, explica el Papa,
es, sobre todo, ver los sufrimientos de los demás y las heridas del mundo.
Hoy, en particular, frente a las
numerosas preguntas del corazón humano y a las dramáticas situaciones de
injusticia, violencia y sufrimiento que marcan nuestro tiempo, es necesario una
fe despierta, atenta y profética, que abra los ojos ante las oscuridades del
mundo y lleve allí la luz del Evangelio por medio de un compromiso de paz, de
justicia y de solidaridad.
Al concluir, León XIV pidió a la
Virgen María que interceda por nosotros, para que la luz de Cristo abra los
ojos de nuestro corazón y podamos dar testimonio de Él con sencillez y
valentía.
El Señor dijo a Samuel: "¡Llena tu frasco de aceite y parte! Yo te envío a Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos al que quiero como rey".
Cuando ellos se presentaron, Samuel vio a Eliab y pensó: "Seguro que el Señor tiene ante él a su ungido".
Pero el Señor dijo a Samuel: "No te fijes en su aspecto ni en lo elevado de su estatura, porque yo lo he descartado. Dios no mira como mira el hombre; porque el hombre ve las apariencias, pero Dios ve el corazón".
Así Jesé hizo pasar ante Samuel a siete de sus hijos, pero Samuel dijo a Jesé: "El Señor no ha elegido a ninguno de estos".
Entonces Samuel preguntó a Jesé: "¿Están aquí todos los muchachos?". El respondió: "Queda todavía el más joven, que ahora está apacentando el rebaño". Samuel dijo a Jesé: "Manda a buscarlos, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que llegue aquí".
Jesé lo hizo venir: era de tez clara, de hermosos ojos y buena presencia. Entonces el Señor dijo a Samuel: "Levántate y úngelo, porque es este".
Samuel tomó el frasco de óleo y lo ungió en presencia de sus hermanos. Y desde aquel día, el espíritu del Señor descendió sobre David.
Salmo 23(22),1-3a.3b-4.5.6.
El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.
El Señor es mi pastor,
nada me puede faltar.
El me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas.
Me guía por el recto sendero,
Aunque cruce por oscuras quebradas,
no temeré ningún mal,
porque Tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza.
Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo.
Carta de San Pablo a los Efesios 5,8-14.
Hermanos:
Antes, ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de la luz.
Ahora bien, el fruto de la luz es la bondad, la justicia y la verdad.
Sepan discernir lo que agrada al Señor,
y no participen de las obras estériles de las tinieblas; al contrario, pónganlas en evidencia.
Es verdad que resulta vergonzoso aun mencionar las cosas que esa gente hace ocultamente.
Pero cuando se las pone de manifiesto, aparecen iluminadas por la luz,
porque todo lo que se pone de manifiesto es luz. Por eso se dice: Despiértate, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo te iluminará.
Evangelio según San Juan 9,1-41.
Jesús, al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento.
Sus discípulos le preguntaron: "Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?".
"Ni él ni sus padres han pecado, respondió Jesús; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios.
Debemos trabajar en las obras de aquel que me envió, mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar.
Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo".
Después que dijo esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego,
diciéndole: "Ve a lavarte a la piscina de Siloé", que significa "Enviado". El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía.
Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: "¿No es este el que se sentaba a pedir limosna?".
Unos opinaban: "Es el mismo". "No, respondían otros, es uno que se le parece". El decía: "Soy realmente yo".
Ellos le dijeron: "¿Cómo se te han abierto los ojos?".
El respondió: "Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo: 'Ve a lavarte a Siloé'. Yo fui, me lavé y vi".
Ellos le preguntaron: "¿Dónde está?". El respondió: "No lo sé".
El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos.
Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos.
Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver. El les respondió: "Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo".
Algunos fariseos decían: "Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado". Otros replicaban: "¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?". Y se produjo una división entre ellos.
Entonces dijeron nuevamente al ciego: "Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?". El hombre respondió: "Es un profeta".
Sin embargo, los judíos no querían creer que ese hombre había sido ciego y que había llegado a ver, hasta que llamaron a sus padres
y les preguntaron: "¿Es este el hijo de ustedes, el que dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?".
Sus padres respondieron: "Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego,
pero cómo es que ahora ve y quién le abrió los ojos, no lo sabemos. Pregúntenle a él: tiene edad para responder por su cuenta".
Sus padres dijeron esto por temor a los judíos, que ya se habían puesto de acuerdo para excluir de la sinagoga al que reconociera a Jesús como Mesías.
Por esta razón dijeron: "Tiene bastante edad, pregúntenle a él".
Los judíos llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: "Glorifica a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador".
"Yo no sé si es un pecador, respondió; lo que sé es que antes yo era ciego y ahora veo".
Ellos le preguntaron: "¿Qué te ha hecho? ¿Cómo te abrió los ojos?".
El les respondió: "Ya se lo dije y ustedes no me han escuchado. ¿Por qué quieren oírlo de nuevo? ¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?".
Ellos lo injuriaron y le dijeron: "¡Tú serás discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés!
Sabemos que Dios habló a Moisés, pero no sabemos de donde es este".
El hombre les respondió: "Esto es lo asombroso: que ustedes no sepan de dónde es, a pesar de que me ha abierto los ojos.
Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero sí al que lo honra y cumple su voluntad.
Nunca se oyó decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento.
Si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada".
Ellos le respondieron: "Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?". Y lo echaron.
Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: "¿Crees en el Hijo del hombre?".
El respondió: "¿Quién es, Señor, para que crea en él?".
Jesús le dijo: "Tú lo has visto: es el que te está hablando".
Entonces él exclamó: "Creo, Señor", y se postró ante él.
Después Jesús agregó: "He venido a este mundo para un juicio: Para que vean los que no ven y queden ciegos los que ven".
Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: "¿Acaso también nosotros somos ciegos?".
Jesús les respondió: "Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado, pero como dicen: 'Vemos', su pecado permanece".
“He venido para que vean los que no ven” (Jn 9,39)
“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros” (1 Jn 1,8). Para las grandes almas, las almas santas, esta afirmación es luminosa. Aproximándose más de Dios, Sol de justicia y santidad inmaculada, ellas perciben mejor las propias manchas. La magnificencia de la luminosidad divina en la que ellas se mueven, hace aparecer las fallas mínimas con un fuerte relieve. Su mirada interior, purificada por la fe y el amor, penetra más profundamente en las perfecciones divinas. Ellas ven más claramente su nada, miden bien el abismo que las separa del infinito. (…)
En las almas santas existe una actitud habitual de arrepentimiento y detestación del pecado, una prueba constante de delicadeza sobrenatural que agrada mucho a Dios e inclina hacia ella la infinita misericordia del Señor. Además, este estado del alma que señalamos, no es para nada, como se podría creer, incompatible con la confianza y alegría espiritual, las efusiones de amor y agrado de Dios. ¡Al contrario! (…) La actitud habitual de arrepentimiento que lleva a la compunción, lejos de ser un obstáculo para el amor y la alegría, constituye una sólida base de la que parte un impulso como desde un trampolín.
(EDD)
Reflexión sobre el cuadro
En los Evangelios, Jesús
suele aparecer respondiendo a quienes desean algo activamente. Sin
embargo, hay momentos en los que da el primer paso, actuando sin que
nadie se lo pida. En el pasaje de hoy, se fija en un ciego de nacimiento
y se acerca a él por iniciativa propia. Sin pedírselo, Jesús hace barro
con su saliva, se lo pone en los ojos y lo manda a lavarse a la piscina
de Siloé. El hombre no había gritado ni se había preparado de ningún
modo; simplemente se convirtió en el destinatario de la mirada atenta y
compasiva de Cristo.
Esta escena nos recuerda que
la gracia a menudo nos llega de una manera similar e inesperada. A veces,
recibimos bendiciones que no hemos hecho nada para ganar o iniciar. Una
persona puede entrar en nuestra vida inesperadamente y alterar su curso
para mejor; o puede surgir una oportunidad imprevista que abra nuevos
caminos ante nosotros. Como el ciego, podemos vernos conducidos de las
tinieblas a la luz, no por nuestro propio esfuerzo, sino por los dones
que se nos dan gratuitamente. Son momentos en los que Dios toma
discretamente la iniciativa y transforma nuestras vidas.
El Greco pintó Cristo curando
al ciego hacia 1570, cuando tenía aproximadamente 29 años, todavía en su
periodo formativo italiano antes de trasladarse a España. Esto hace que
la obra sea especialmente importante: muestra a un joven artista que
absorbe las lecciones del Renacimiento veneciano (color dramático y
arquitectura teatral y compleja), al tiempo que experimenta audazmente
con sus propias composiciones innovadoras. La escena muestra a Cristo en
el centro a la izquierda, rodeado de figuras animadas que reaccionan con
asombro ante el milagro. Lo que hace que este cuadro sea especialmente
'adelantado a su tiempo', es la atrevida inclusión de dos grandes figuras
en primer plano, que están parcialmente recortadas por el borde del
lienzo. Este tipo de recorte era muy inusual en el siglo XVI, donde las
composiciones solían ser equilibradas y contenían las figuras sin
recortarlas. Aquí, sin embargo, El Greco crea la sensación de que la
escena se extiende en nuestro propio espacio, como si estuviéramos de pie
entre la multitud que presencia el milagro. Este audaz recurso visual
anticipa la evolución posterior de la pintura barroca, en la que el
espectador se ve arrastrado a la acción en lugar de mantenerse a
distancia.
by Padre Patrick van der Vorst
Oración
"Amado Padre celestial, tú eres mi refugio y mi luz en medio de cualquier oscuridad. Tócanos con tu poder y defiéndenos de todo mal. Te pido que tu luz ilumine mi interior y mi alrededor, despejando mis ojos de toda duda y temor. Ayúdame a mantener mi vista puesta en ti, Señor, y guía mis pasos para que yo sepa lo que debo hacer en cada situación.
Dame sabiduría y discernimiento para reconocer tus señales en mi camino y la valentía para actuar según tu voluntad. Gracias por tu presencia constante que me llena de paz y por mostrarme la verdad. Confío en tu amor y en que, incluso cuando no puedo verlo todo, estás actuando en mi vida. En el nombre de Jesús, amén".
"En el confesionario, queridos hermanos, contribuimos a la constante edificación de la Iglesia: una, santa, católica y apostólica", declaró León XIV
"¿Tienen estos cristianos, que soportan una gran responsabilidad en los conflictos armados, la humildad y el valor de hacer un examen de conciencia serio y confesarse?", preguntó el Papa León XIV el 13 de marzo de 2026, durante una audiencia concedida a los confesores en el Vaticano. Subrayó cómo el sacramento de la confesión busca restaurar la "unidad interior" de las personas, lo cual, según él, representa una aspiración particular entre las "nuevas generaciones".
Este viernes por la mañana, el Papa recibió a los sacerdotes que participan en el curso de formación sobre el foro interior –la interioridad de las personas, su relación con Dios– que organiza anualmente la Penitenciaría Apostólica para quienes administran el sacramento de la reconciliación (o confesión) a los fieles.
El pontífice repasó la historia de este sacramento, integrado desde los primeros tiempos de la Iglesia y consolidado por el Cuarto Concilio de Letrán en 1215. "Quien reconoce sus pecados y los condena ya está en comunión con Dios. Dios condena tus pecados; y si tú también los condenas, te unes a Dios", afirmó, citando a san Agustín para enfatizar la importancia de la unidad en la confesión.
León XIV insistió en que el sacramento de la reconciliación es un "laboratorio de unidad", porque el perdón de los pecados y la "gracia santificante" que otorga a los fieles promueven la unidad de la Iglesia, así como la unidad interna, y, en un sentido más amplio, la paz para la "familia humana". "¿Acaso estos cristianos que soportan una gran responsabilidad en los conflictos armados tienen la humildad y el valor de hacer un examen de conciencia serio y confesarse?", comentó a continuación.
El Papa afirmó entonces que el pecado "no rompe la unidad" entre Dios y el hombre, sino su "unidad espiritual" con el Creador. Esto equivale a "darle la espalda" al Creador, recalcó, declarando que "negar la posibilidad de que el pecado rompa realmente la unidad con Dios es, en realidad, menospreciar la dignidad del hombre, que es —y sigue siendo— libre y, por lo tanto, responsable de sus actos".
La tarea “muy difícil” de los confesores, aseguró León XIV a los sacerdotes presentes, consiste, por tanto, en “reconstruir la unidad de las personas con Dios” mediante la confesión. “La vida de un sacerdote puede florecer plenamente si celebra este sacramento con diligencia y fidelidad”, insistió, citando como ejemplos a numerosos santos confesores como el francés San Juan Vianney, San Leopoldo Mandić, el Padre Pío y el Beato Miguel Sopoćko.
Unidad
El Papa subrayó entonces que la unidad de la Iglesia depende también de la unidad de las personas que forman parte del "cuerpo místico" de Cristo. "En el confesionario, queridos hermanos, contribuimos a la constante edificación de la Iglesia: una, santa, católica y apostólica", declaró.
León XIV señaló además que las "nuevas generaciones" buscaban especialmente esta "unidad interior". Ante las "promesas incumplidas del consumismo desenfrenado, la frustrante experiencia de una libertad desconectada" y la "sensación de incompletitud", el sacramento del perdón, expresión de la misericordia divina, permite que surjan "aquellas cuestiones existenciales a las que solo Cristo responde plenamente".