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jueves, 12 de febrero de 2026

Cómo vivir toda la cuaresma con la regla de 24 horas ⏰ ¿La conoces?

 


Se acerca la Cuaresma, un camino de 40 días que la Iglesia nos regala para volver el corazón a Dios.
Y quizás ya estuviste pensando cómo te gustaría vivir este tiempo… o incluso ya miraste el calendario y agendaste Semana Santa.

Entre todo lo que pasa en la vida diaria, puede aparecer la pregunta:
¿Voy a poder vivir la Cuaresma como me gustaría este año?

Muchas veces pensamos la Cuaresma como “40 días”.
Y cuando lo vemos así… puede sentirse largo, exigente o imposible de sostener.

Pero la vida espiritual no se vive en bloques de 40 días.
Se vive hoy.

Por eso te traigo una propuesta:
No pienses en toda la Cuaresma.
Piensa solo en las próximas 24 horas.

Pregúntate:
👉 ¿Cómo quiero vivir HOY este camino con Dios?

Y elige algo concreto, pequeño, posible.

Por ejemplo:

💛 Hoy voy a dejar el café.
💛 Hoy voy a usar menos las redes sociales.
💛 Hoy voy a hacer una oración, aunque no sepa por dónde empezar.
💛 Hoy voy a hacer silencio 5 minutos.
💛 Hoy voy a evitar criticar o quejarme.
💛 Hoy voy a tener un gesto concreto de amor con alguien.
💛 Hoy voy a frenar 1 minuto y decir: “Señor, acá estoy”.



Nada más.

Mañana… vuelves a empezar.


Vea también    Introducción a la Cuaresma



León XIV reza con los enfermos en la gruta de Lourdes del Vaticano

 


Tras la habitual audiencia general del miércoles, el Papa León XIV celebró su primer día de la Virgen de Lourdes, y Día de Oración por los Enfermos, como Pontífice.

Acudió a los Jardines Vaticanos, donde hay una gruta que imita la de las apariciones de Lourdes, en Francia. Allí encendió una vela ante la imagen de la Inmaculada. Rezó junto a un grupo de enfermos que acudieron para orar con él, en la Jornada Mundial del Enfermo,

El Papa mencionó "la cercanía de nuestra madre, que siempre nos acompaña y nos enseña mucho: lo que significa el sufrimiento, el amor, entregar la vida en manos del Señor”.

"En este día de los enfermos, queremos rezar en comunión con todos los que sufren en el mundo. Rezamos por ustedes. Les agradezco sinceramente que hayan hecho este esfuerzo de venir y acompañarnos en este momento de oración, aquí ante Nuestra Madre, María, en su memoria litúrgica, Nuestra Señora de Lourdes", dijo a los asistentes. También mencionó a los sanitarios, médicos y enfermeros que acompañan a los enfermos.  [2 min.]

ReL


Evangelio del día - Jueves semana 5


Primer Libro de los Reyes 11,4-13.

Así, en la vejez de Salomón, sus mujeres les desviaron el corazón hacia otros dioses, y su corazón ya no perteneció íntegramente al Señor, su Dios, como el de su padre David.
Salomón fue detrás de Astarté, la diosa de los sidonios, y detrás de Milcóm, el abominable ídolo de los amonitas.
El hizo lo que es malo a los ojos del Señor, y no siguió plenamente al Señor, como lo había hecho su padre David.
Fue entonces cuando Salomón erigió, sobre la montaña que está al este de Jerusalén, un lugar alto dedicado a Quemós, el abominable ídolo de Moab, y a Milcóm, el ídolo de los amonitas.
Y lo mismo hizo para todas sus mujeres extranjeras, que quemaban incienso y ofrecían sacrificios a sus dioses.
El Señor se indignó contra Salomón, porque su corazón se había apartado de él, el Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces
y le había prohibido ir detrás de otros dioses. Pero Salomón no observó lo que le había mandado el Señor.
Entonces el Señor dijo a Salomón: "Porque has obrado así y no has observado mi alianza ni los preceptos que yo te prescribí, voy a arrancarte el reino y se lo daré a uno de tus servidores.
Sin embargo, no lo haré mientras tú vivas, por consideración a tu padre David: se lo arrancaré de las manos a tu hijo.
Pero no le arrancaré todo el reino, sino que le daré a tu hijo una tribu, por consideración a mi servidor David y a Jerusalén, la que yo elegí".


Salmo 106(105),3-4.35-36.37.40.

¡Felices los que proceden con rectitud,
los que practican la justicia en todo tiempo!
Acuérdate de mi, Señor,
por el amor que tienes a tu pueblo;

visítame con tu salvación,
se mezclaron con los paganos
e imitaron sus costumbres;
rindieron culto a sus ídolos,

que fueron para ellos una trampa.
Sacrificaron en honor de los demonios
a sus hijos y a sus hijas;
por eso el Señor se indignó contra su pueblo

y abominó de su herencia.


Evangelio según San Marcos 7,24-30.

Después Jesús partió de allí y fue a la región de Tiro. Entró en una casa y no quiso que nadie lo supiera, pero no pudo permanecer oculto.
En seguida una mujer cuya hija estaba poseída por un espíritu impuro, oyó hablar de él y fue a postrarse a sus pies.
Esta mujer, que era pagana y de origen sirofenicio, le pidió que expulsara de su hija al demonio.
El le respondió: "Deja que antes se sacien los hijos; no está bien tomar el pan de los hijos para tirárselo a los cachorros".
Pero ella le respondió: "Es verdad, Señor, pero los cachorros, debajo de la mesa, comen las migajas que dejan caer los hijos".
Entonces él le dijo: "A causa de lo que has dicho, puedes irte: el demonio ha salido de tu hija".
Ella regresó a su casa y encontró a la niña acostada en la cama y liberada del demonio.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

Guigo el Cartujo (¿-1188)
prior de la Gran Cartuja
Carta sobre la vida contemplativa, 6-7


«En seguida fue a buscarlo y se le echó a los pies»

«Señor, a quien nadie puede ver sino los corazones puros (Mt 5,8), yo busco, por medio de la lectura y de la meditación, lo que es la verdadera pureza de corazón y cómo es posible obtenerla para ser capaz, gracias a ella, de conocerte, aunque sea muy poco. He buscado tu rostro, Señor, he buscado tu rostro (sl 26,8). He meditado mucho en mi corazón, y un fuego se ha encendido en mi meditación: el deseo de conocerte más. Cuando partes para mí el pan de las sagradas Escrituras, me eres conocido en esta fracción del pan (Lc 24,30-35). Y cuanto más te conozco, más deseo conocerte, no solamente en la corteza de la letra, sino en el sabor de la experiencia.
«No pido esto, Señor, en razón de mis méritos propios, sino por tu misericordia. Confieso, en efecto, que soy pecador e indigno, pero también 'los perritos comen las migas que caen de la mesa de sus amos'. Dame, Señor, las prendas de la futura herencia, una gota al menos de la lluvia celestial para refrescar mi sed, porque ardo en amor»...
Con estas palabras ardientes el alma llama a su Esposo. Y el Señor que mira a los justos y que no solamente escucha su oración, sino que está presente en ella, no espera a que termine. La interrumpe a la mitad de su camino; se presenta inesperadamente, se apresura al encuentro del alma que lo desea, emanando del dulce rocío del cielo como del perfume más precioso. Él recrea al alma fatigada, nutre a la que tiene hambre, fortalece su fragilidad, la vivifica mortificándola con un dulce olvido de ella misma, y la hace sobria embriagándola.   
(EDD)

Reflexión sobre el cuadro

En la lectura del Evangelio de hoy, oímos hablar de una madre agobiada por la preocupación. Su ‘hija pequeña’ estaba poseída por un espíritu inmundo. El término ‘hija pequeña’, utilizado por el evangelista Marcos, transmite ternura y subraya la juventud de la niña. Qué desgarrador debió de ser para alguien tan joven, una edad destinada al juego y a la alegría despreocupada, verse oprimida por una aflicción tan terrible. No es de extrañar que su madre estuviera desesperada, decidida a hacer lo que fuera para liberar a su hija. Para una madre, nada es comparable a la alegría de ver a sus hijos florecer, crecer y florecer en la plenitud de su humanidad. Sin embargo, la alegría de esta madre se vio truncada por la presencia de algo maligno y, en su desesperación, dio el valiente paso de acercarse a Jesús. Su determinación y su fe brillan en su decidido acto de acercarse a Jesús. Ella creía que Él podía curar.

Su fe destaca por su sencillez. Tenía un problema y acudió a Jesús. Eso fue todo. No tenía nada que ofrecer, ni nada que reclamar. Sólo puede depender por completo de su misericordia. Jesús, reconociendo su profunda humildad y su fe inquebrantable, respondió a su súplica y curó a su hija.

Este encuentro nos recuerda el poder del amor de una madre. La maternidad, en toda su ternura, está bellamente plasmada en Madre e hijo (1921) de Picasso. En 1917 Picasso viajó a Roma para diseñar decorados y vestuario para los Ballets Rusos de Sergei Diaghilev, y allí quedó profundamente impresionado por el arte de la antigüedad. De este encuentro surgió su llamado “periodo clásico”, marcado por figuras monumentales, composiciones tranquilas y un renovado sentido del orden clásico. Al mismo tiempo, la vida de Picasso estaba cambiando: se había casado con la bailarina rusa Olga Khokhlova, y en 1921 tuvieron un hijo, Paolo. Madre e hijo se convirtieron en un tema recurrente, y entre 1921 y 1923 Picasso volvió a él una y otra vez.

A diferencia de las frágiles y afligidas figuras de su Periodo Azul, estas imágenes de madre e hijo son sólidas, esculturales y serenas. En este caso, el niño está sentado con confianza en el regazo de su madre, que se estira para tocarlo, mientras ella lo mira con serena intensidad. Vestida con una toga romana, la madre recuerda la escultura clásica, arraigada y atemporal, en un paisaje simplificado de arena, mar y cielo. La escena no es sentimental, pero irradia ternura. Picasso presenta la maternidad no como angustia, sino como fuerza y continuidad.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración 

"Amado Padre Celestial, vengo ante ti reconociendo mi necesidad de tu fortaleza. Te pido que aumentes mi fe y me ayudes a confiar en ti, incluso cuando no entiendo tus planes. En momentos de duda o temor, sé mi refugio seguro y ayúdame a descansar en tu amor y cuidado constante.
Señor, te entrego mis preocupaciones, mis miedos y mis cargas, confiando en que tú tienes el control y obrarás para mi bien. Que tu paz, que sobrepasa todo entendimiento, guarde mi corazón y mi mente en Cristo Jesús. Enséñame a caminar por fe y no por vista, confiando plenamente en tu infinita bondad. En el nombre de Jesús, Amén."

miércoles, 11 de febrero de 2026

Audiencia general del Papa León XIV,

 

AUDIENCIA GENERAL

Aula Pablo VI
Miércoles, 11 de febrero de 2026

Catequesis - Los Documentos del Concilio Vaticano II - I. Constitución dogmática Dei Verbum 5. La Palabra de Dios en la vida de la Iglesia


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

En la catequesis de hoy nos detendremos en la profunda y vital relación que existe entre la Palabra de Dios y la Iglesia, relación expresada en la Constitución conciliar Dei Verbum, en el capítulo sexto. La Iglesia es el lugar proprio de la Sagrada Escritura. Bajo la inspiración del Espíritu Santo, la Biblia nació del pueblo de Dios, y está destinada al pueblo de Dios. En la comunidad cristiana tiene, por así decir, su habitat: efectivamente, en la vida y en la fe de la Iglesia encuentra el espacio donde revelar su significado y manifestar su fuerza.

El Vaticano II recuerda que «la Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras al igual que el mismo Cuerpo del Señor, no dejando de tomar de la mesa y de distribuir a los fieles el pan de vida, tanto de la Palabra de Dios como del Cuerpo de Cristo, sobre todo en la Sagrada Liturgia». Además, «siempre las ha considerado y considera, juntamente con la Sagrada Tradición, como la regla suprema de su fe» (Dei Verbum, 21).

La Iglesia nunca deja de reflexionar sobre el valor de las Sagradas Escrituras. Después del Concilio, un momento muy importante a este respecto fue la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre el tema “La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia”, en octubre de 2008. El Papa Benedicto XVI recogió sus frutos en la Exhortación postsinodal Verbum Domini (30 de septiembre de 2010), en la que afirma: «Precisamente el vínculo intrínseco entre Palabra y fe muestra que la auténtica hermenéutica de la Biblia sólo es posible en la fe eclesial, que tiene su paradigma en el sí de María. […] El lugar originario de la interpretación escriturística es la vida de la Iglesia» (n. 29).

Por tanto, la Escritura encuentra en la comunidad eclesial el ámbito en el que desarrollar su propia tarea y alcanzar su fin: dar a conocer a Cristo y abrir al diálogo con Dios. «La ignorancia de la Escritura – de hecho – es ignorancia de Cristo» [1]. Esta célebre frase de san Jerónimo nos recuerda la finalidad última de la lectura y la meditación de la Escritura: conocer a Cristo y, a través de Él, entrar en relación con Dios; relación que puede ser entendida como una conversación, un diálogo. Y la Constitución Dei Verbum nos presenta la Revelación precisamente como un diálogo en el que Dios habla a los hombres como a amigos (cfr. DV, 2). Esto sucede cuando leemos la Biblia con una actitud interior de oración: entonces Dios viene a nuestro encuentro y entra en conversación con nosotros.

La Sagrada Escritura, confiada a la Iglesia y custodiada y explicada por ella, desempeña un papel activo: con su eficacia y potencia, sostiene y fortalece la comunidad cristiana. Todos los fieles están llamados a beber de esta fuente, sobre todo en la celebración de la Eucaristía y de los demás sacramentos. El amor por las Sagradas Escrituras y la familiaridad con ellas deben guiar a quien ejerce el ministerio de la Palabra: obispos, sacerdotes, diáconos, catequistas. El trabajo de los exégetas y de cuantos practican las ciencias bíblicas es muy valioso; y en la Teología, que tiene su fundamento y su alma en la Palabra de Dios, la Escritura ha de ocupar el puesto central.

Lo que la Iglesia desea ardientemente es que la Palabra de Dios pueda alcanzar a todos sus miembros y nutrir su camino de fe. Pero la Palabra de Dios también empuja a la Iglesia más allá de sí misma, la abre continuamente a la misión hacia todos. De hecho, vivimos rodeados de multitud de palabras; sin embargo, ¡cuántas de ellas son palabras vacías! A veces escuchamos también palabras sabias pero que no tocan nuestro destino último. En cambio, la Palabra de Dios sacia nuestra sed de sentido y de verdad sobre nuestra vida. Es la única Palabra siempre nueva: revelándonos el misterio de Dios es inexhaurible, no cesa nunca de ofrecer sus riquezas.

Queridos, viviendo en la Iglesia se aprende que la Sagrada Escritura se refiere totalmente a Jesucristo, y se experimenta que esta es la razón profunda de su valor y su potencia. Cristo es la Palabra viviente del Padre, el Verbo de Dios hecho carne. Todas las Escrituras anuncian su Persona y su presencia que salva, para todos nosotros y para toda la humanidad. Abramos, entonces, el corazón y la mente para acoger este don, siguiendo a María, Madre de la Iglesia.

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[1] S. Jerónimo,  Comm. in Is., Prol.:  PL 24, 17 B.

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Saludos 

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Me uno espiritualmente a cuantos hoy se reúnen en Chiclayo, Perú, para celebrar solemnemente la Jornada Mundial del Enfermo y confío a todos, especialmente a los enfermos y a sus familiares, a la protección maternal de la Santísima Virgen María. Bajo su amparo también encomiendo a las víctimas y a todos los afectados por las graves inundaciones en Colombia, mientras exhorto a toda la comunidad a sostener con la caridad y la oración a las familias damnificadas. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

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Resumen leído por el Santo Padre en español

Queridos hermanos y hermanas:

La Constitución dogmática Dei Verbum reflexiona sobre el vínculo profundo que existe entre la Palabra de Dios y la Iglesia. La Biblia tiene su origen en el Pueblo de Dios, y a él va dirigida; esto significa que su fuerza y su significado se manifiestan plenamente en la vida y en la fe de la comunidad cristiana.

La Iglesia anhela que todos sus miembros conozcan la Palabra de Dios y se alimenten de ella, para que se encuentren con Cristo y puedan dialogar con Él. Pero, además, la Palabra de Dios impulsa a la comunidad eclesial a salir más allá de sí misma y a ser misioneros de la Buena Noticia hasta los confines de la tierra.

En la Iglesia se aprende que Cristo es la Palabra viva del Padre, el Verbo de Dios hecho carne, nuestro Salvador. Por eso, todos los fieles están llamados a acercarse con amor y familiaridad a las Sagradas Escrituras, especialmente en la celebración de la Eucaristía y de los otros sacramentos.

(Vatican.va)


La apariciones de la Virgen en Fátima


Fátima: 95 años de una historia maravillosa

Otras apariciones

Tres vidas con sentido

Oraciones de Fátima

Las tres partes de un solo mensaje

La polémica del «tercer secreto»



Fátima: 95 años de una historia maravillosa
Este domingo 13 de mayo se cumplen 95 años de las apariciones de la Virgen María en Fátima, Portugal.

El himno dedicado a las apariciones ha sido traducido a prácticamente todos los idiomas, por lo que es raro el cristiano que no lo haya escuchado alguna vez. Así comienza la versión en castellano:

El 13 de mayo la Virgen María
bajó de los Cielos a Cova de Iría.
¡Ave, Ave, Ave María!
¡Ave, Ave, Ave María!

Cova de Iría (o Cova da Iría) es el paraje despoblado en el que se apareció la Virgen a tres niños en 1917, y pertenece al distrito o parroquia de Fátima.

Eran alrededor de las 13 horas del 13 de mayo cuando Lucía Dos Santos, de 10 años de edad, y sus primos Francisco y Jacinta Marto, de 9 y 7 años, mientras cuidaban su pequeño rebaño de ovejas, de repente vieron una luz brillante, como un relámpago; aunque el cielo estaba despejado, temieron una tormenta por lo que decidieron juntar el ganado y volver a casa. Pero al repetirse el fenómeno del relámpago vieron encima de una pequeña encina a una «Señora más brillante que el sol», y de sus manos pendía un rosario blanco.

Fátima



Los niños se asustaron. Pero la Señora los tranquilizó diciéndoles:
— No tengan miedo, no les haré daño.
— ¿De donde es usted?— le preguntó Lucía.
— Vengo del Cielo.
— ¿Y qué desea pedirnos?
— Vine a pedirles que vengan aquí seis meses sin interrupción, el 13 de cada mes, a esta misma hora. Más tarde, les diré quién soy y lo que quiero. En seguida, volveré una séptima vez.

Los niños habían intuido de inmediato que una Señora venida del Cielo tenía las respuestas a las cosas verdaderamente importantes; por eso Lucía le preguntó:

— ¿Y yo iré al Cielo?”
— Sí, irás.
— ¿Y Jacinta?
— Ella también.
— ¿Y mi primo?
— Sí, va a ir al Cielo, pero tendrá que rezar muchos rosarios.

En un momento dado la Señora hizo una invitación que en la mentalidad actual se antoja absurda hecha a quien sea, pero más cuando va dirigida a niños de entre 7 y 10 años de edad:

— ¿Quieren ofrecerse a Dios y soportar todos los sufrimientos que Él les mande en reparación de los pecados por los que es ofendido y como súplica para la conversión de los pecadores?
— Sí, queremos.
— Van a sufrir mucho, pero la gracia de Dios será su consuelo. Recen el rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo y el final de la guerra.

Después de esto, la Señora desapareció. Los niños acordaron no decir nada de esto en sus casas y acudir a las citas con la Virgen.

Sin embargo, a la pequeña Jacinta se le dificultó guardar el secreto, por lo que en la segunda aparición —13 de junio— unas 50 personas acudieron por curiosidad a Cova da Iría, y en la tercera, la del 13 de julio, la noticia había alcanzado tal difusión que los congregados eran unos cinco mil. Ese día la Virgen le mostró a los niños una visión del Infierno, y les dijo: «Para salvarlos, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado», y añadió: «Al final, mi Corazón Inmaculado triunfará».

El 13 de agosto, para la cuarta aparición, cerca de 18 mil personas se quedaron esperando en Cova da Iría porque los niños no llegaron. Es que el gobierno masón secuestró temporalmente a los niños y a sus padres para que no asistieran aquel día al sitio de las apariciones.



Al no haber podido acudir los niños a su cita, la Virgen se les apareció el día 19 de agosto a unos 2 kilómetros de Cova da Iría, en un lugar llamado Valinhos.

En la quinta aparición, de nuevo en Cova da Iría, el 13 de septiembre de 1917, había entre 25 mil y 30 mil personas acompañando a los niños.

La sexta y última aparición tuvo lugar el 13 de octubre. Como se sabía que sería el día del milagro, había unas 70 mil personas reunidas, incluido mucho personal de diversos medios de comunicación, así como autoridades políticas ateas y comunistas. Llovía muy fuerte, la gente estaba empapada y había truenos y relámpagos; de pronto la lluvia cesó y la Virgen se apareció con san José cargando al Niño Dios; san José bendijo a todos haciendo varias veces la señal de la cruz y desapareció. María hizo tres peticiones: «No ofendan más a Nuestro Señor», «Recen el rosario» y «Levanten aquí una capilla a Nuestra Señora del Rosario». Entonces toda la multitud presenció la llamada «Danza del sol»: parecía primero un disco de plata que podía observarse a simple vista; luego se movió en zig-zag, y giró sobre sí mismo, lanzando chorros de luz de todos los colores del arco iris sobre las personas; después pareció precipitarse hacia la Tierra, aterrando a todos; finalmente volvió a su sitio, y en ese momento la ropa de la gente estaba completamente seca. El fenómeno duró unos diez minutos y fue visto hasta a 40 millas a la redonda. Fue el milagro más espectacular contemplado en toda la historia, publicado hasta por el New York Times y periódicos comunistas.


Otras apariciones

Antes de aparecerse la Virgen María en Fátima , los niños fueron preparados para este encuentro. En la primavera del año anterior, 1916, estaban pastoreando las ovejas y jugando con piedras después de rezar el Rosario cuando un fuerte viento comenzó a mover los árboles. «Luego comenzamos a ver sobre los árboles una luz más blanca que la nieve con la forma de un joven, algo transparente, tan brillante como un cristal en los rayos del sol».

La aparición dijo ser «el ángel de Portugal», y agregó: «No tengan miedo. Soy el ángel de la paz. Oren conmigo». Él se arrodilló, bajando su rostro hasta el suelo. Los niños lo imitaron y oraron con él. Después el ángel desapareció.

«Nos dejó en una atmósfera de lo sobrenatural —recordaba Lucía— que era tan intensa que estuvimos por largo rato sin darnos cuenta de nuestra propia existencia. La presencia de Dios era tan poderosa e intima que aún entre nosotros mismo no podíamos hablar».

Y agrega: «No sé por qué pero las apariciones de la Virgen produjeron en nosotros efectos muy diferentes que las de las visitas del ángel...No había dificultad al hablar cuando nuestra Señora se apareció, había más bien por mi parte un deseo de comunicarme».

En una segunda aparición del ángel, en el verano de 1916, los tres primos estaban jugando cerca de un pozo. De repente vieron al ángel, que les dijo: «¿Que están haciendo? ¡Ustedes deben rezar! ¡Rezar! Los corazones de Jesús y María tienen designios misericordiosos para ustedes. Deben ofrecer sus oraciones y sacrificios a Dios, el Altísimo».

Dice Lucía que «esta aparición renovó el mismo efecto profundo que tuvo la primera», de manera que Francisco, quien a lo largo de las apariciones tanto del ángel como de la Virgen podía ver pero no escuchar, no logró sino hasta el siguiente día que las niñas le dijeran las palabras del ángel, el cual se apareció por tercera y última vez en el otoño.

Después de la aparición de octubre en Cova da Iría —la del milagro del sol—, Lucía tuvo más. Ya era entonces monja de la congregación de las religiosas de santa Dorotea. Dos ocurieron en España, en el convento de Pontevedra, el 10 de diciembre de 1925 y el 15 de febrero de 1926. En la primera la Virgen le mostró su corazón lleno de espinas «que los hombre ingratos me clavan en todos los momentos con blasfemias e ingratitudes».

Luego hubo otra, la noche del 13 al 14 de junio de 1929, en el convento de Tuy. Ahí la Virgen pidió a través de Lucía la devoción de los cinco primeros sábados y le comunicó las condiciones para dicho ejercicio: rezar el rosario meditando los (entonces) 15 misterios, confesarse y comulgar en reparación de los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María; igualmente pidió la consagración de Rusia al mismo Inmaculado Corazón «para impedir la guerra».

Jacinta también recibió algunas visiones estando lejos de Francisco y Lucía.



Tres vidas con sentido

BEATO FRANCISCO MARTO
Francisco nació en 1908, y era hermano de Jacinta. Durante las apariciones se le concedió el privilegio de verlas pero no de escucharlas, por lo que su prima y su hermana le tenían que comunicar todo lo que la Virgen había dicho.

La Madre de Dios le avisó que moriría muy pronto. Y no se le olvidaba aquel primer mensaje de que sí iría al Cielo pero que antes debía rezar mucho. Francisco en seguida comenzó a inclinarse por la oración a solas. Con frecuencia le decía a Lucía y a Jacinta: «Sigan ustedes. Yo voy a ir a la iglesia a hacerle compañía al Jesús escondido». Varias personas dieron testimonio de haber recibido regalos de gracia después de haberle pedido a Francisco que rezara por ellas.

En octubre de 1918 Francisco cayó gravemente enfermo. Familiares suyos le aseguraron que se curaría, pero él respondió: «Es inútil. ¡Nuestra Señora me quiere a su lado en el Cielo!». Durante su enfermedad, Francisco continuó ofreciendo sacrificios constantes para consolar a Jesús ofendido por tantos pecados. «Me queda solamente poco tiempo antes de ir al Cielo . Allá arriba voy a consolar enormemente a Nuestro Señor y a Nuestra Señora», dijo.

Lucía y Jacinta platicaban con él de sus travesuras, pero él se puso a llorar diciendo: «He confesado estos pecados, pero los confesaré de nuevo. Quizá sea por estos pecados que Jesús está tan triste. Pidan ustedes dos también que Jesús perdone mis pecados.»

Quedó tan débil que ya no podía rezar el Rosario. El día de su muerte, momentos antes de morir, dijo: «Mira, mamá, mira, esa luz tan hermosa, allá cerca de la puerta».

Falleció en 1919 cuando aún no cumplía los 11 años de edad.

BEATA JACINTA MARTO
Jacinta nació en 1910. Ella vio y escuchó las pariciones, pero ni el ángel ni la Virgen le hablaron directamente, sino que toda la conversación era a través de su prima Lucía.

El punto clave de la profunda conversión de Jacinta ocurrió tras la visión de las personas que caían en el Infierno, y decidió ofrecerse completamente por la salvación de las almas. Igual que su hermano, ella recibió de la Virgen el mensaje de que su vida sería muy breve, y se dispuso a aprovechar el tiempo al máximo.

Además de las apariciones en Cova da Iría, a Jacinta le fueron concedidas dos visiones del Papa; en una de ellas lo vio sufriendo por las persecuciones en contra de la Iglesia y también por las guerras y la destrucción que convulsionaban al mundo. «Pobre Santo Padre —dijo la niña—, hay que orar mucho por él». Desde ese momento el Vicario de Cristo estuvo siempre presente en las oraciones y sacrificios de los tres videntes, pero especialmente en los de Jacinta.

Hacía sacrificios para que la gente no cayera en el infierno; por ejemplo, en el caluroso verano dejó de beber agua, o regalaba su merienda vespertina a niños más pobres que ella; además comenzó a usar ropa que le raspaba la piel. Un año después de las apariciones enfermó de bronconeumonía y, más tarde, de pleuresía; pero desde su cama del hospital declaró animadamente que su enfermedad era una nueva oportunidad para sufrir por la conversión de los pecadores. Estuvo dos meses internada y volvió a su casa, pero al poco tiempo le diagnosticaron tuberculosis. De nuevo en el hospital, lejos de sus papás y demás familiares, se consumió hasta quedar como un esqueleto. Pero ahí la visitó al menos tres veces la Madre de Dios.

Falleció en 1920, completamente sola, pocos días antes de cumplir los 10 años de edad.

LUCÍA DE JESÚS DOS SANTOS MARTO
Lucía nació en 1907 y era la menor entre cinco hermanos. Desde la primera aparición de la Virgen tuvo que soportar muchos sufrimientos, empezando porque su mamá no creía en el testimonio de su hija y la llamaba «mentirosa»; luego los sacerdotes de la parroquia de Fátima dijeron que ella era un «pequeño instrumento del demonio». Lucía era el blanco principal de las críticas por parte de todos: familiares, amigos, enemigos, Iglesia, autoridades civiles, etc. Y luego la Virgen le dio una dolorosa noticia: le avisó que pronto se llevaría al Cielo a Francisco y a Jacinta, mientras que Lucía debería permanecer sola en la Tierra, viviendo una larga vida para propagar la devoción al Corazón Inmaculado de María. Sin embargo, la Virgen reconfortó a la dolida niña con esta promesa: «Mi Corazón Inmaculado será tu refugio y el camino que te guiará a Dios».

Cuando tenía 14 años, para que ya no fuera objeto de tanto acoso e interrogatorio, y para evitar que su presencia entorpeciera las investigaciones acerca de las apariciones de la Virgen, el obispo de Leiria-Fátima la internó en un asilo dirigido por las religiosas de Santa Dorotea, en Villar, Oporto. En 1928 Lucía se convirtió en religiosa de esa orden, tomando el nombre de María Lucía de los Dolores. Pero en 1946 decidió ingresar al convento de las Hermanas Carmelitas, en Coimbra, donde adquirió el nombre de sor María Lucía del Inmaculado Corazón. Ahí permaneció el resto de su vida —salvo por algunas breves visitas a Fátima y otras al Papa—, en clausura y oración constante, en compañía de sus hermanas carmelitas, intercediendo todas por la salvación de la humanidad.

Falleció el día 13 de febrero de 2005, a la edad de 97 años.

Sor Lucía escribió dos volúmenes con sus Memorias y los Llamamientos del Mensaje de Fátima. Suya también es la redacción de los llamados «tres secretos» de Fátima que le dio la Virgen.


Oraciones de Fátima

La primera vez que se apareció el Ángel de Portugal a los niños de Fátima, se postró rostro en tierra y oró tres veces esta oración con ellos:

«Dios mío, yo creo en Ti, te adoro, espero en Ti y te amo; y te pido perdón por los que no creen en Ti, no te adoran, no esperan en Ti y no te aman».

Fue en la tercera aparición cuando el ángel se postró de nuevo y les enseñó esta otra oración, que repitieron también tres veces:

«Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo: yo te adoro profundamente y te ofrezco el preciosísimo Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la Tierra, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y, por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pobres pecadores».

En la tercera aparición de la Virgen, Ella pidió: «Cuando sufran algo digan: ‘Oh Jesús, es por tu amor y por la conversión de los pecadores’».

Ella agregó: «Cuando recen el Rosario, después de cada misterio digan: ‘Oh Jesús, perdónanos nuestros pecados, líbranos del fuego del Infierno, lleva al Cielo a todas las almas, y SOCORRE especialmente a las más necesitadas de tu misericordia’».

Aunque muy difundida esta última oración, en la práctica ha resultado mutilada quitándosele la petición «socorre», con lo que se acaba por pedir algo realmente extraño: «Lleva al Cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia»; es decir, que especialmente sean salvadas las más pecadoras, aunque las no pecadoras o poco pecadoras se condenen. En cambio, la oración original no pide tal injusticia, sino simplemente una ayuda especial para quienes más la necesitan.

D. R. G. B.



Las tres partes de un solo mensaje

La Virgen María dio en Fátima un solo mensaje, pero que puede dividirse en tres partes. Aquí presentamos todas:

Escribió sor Lucía el 31 de agosto de 1941 esta carta destinada al obispo de Leiria-Fátima: «El secreto consta de tres partes distintas, de las cuales voy a revelar dos.

1ª PARTE: LA VISIÓN DEL INFIERNO

«Nuestra Señora nos mostró un gran mar de fuego que parecía estar debajo de la tierra. Sumergidos en ese fuego, los demonios y las almas, como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana que fluctuaban en el incendio, llevadas por las llamas que de ellas mismas salían, juntamente con nubes de humo que caían hacia todos los lados, parecidas al caer de las pavesas en los grandes incendios, sin equilibrio ni peso, entre gritos de dolor y gemidos de desesperación que horrorizaba y hacía estremecer de pavor. Los demonios se distinguían por sus formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes y negros.

«Esta visión fue durante un momento, y ¡gracias a nuestra Buena Madre del Cielo, que antes nos había prevenido con la promesa de llevarnos al Cielo! De no haber sido así, creo que hubiésemos muerto de susto y pavor. Inmediatamente levantamos los ojos hacia Nuestra Señora que nos dijo con bondad y tristeza:

2ª PARTE: LA CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

«‘Visteis el Infierno, a donde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si se hace lo que os voy a decir, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra pronto terminará.

«‘Pero si no dejaren de ofender a Dios, en el pontificado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, del hambre y de las persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre.

«‘Para impedirla, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la Comunión reparadora de los Primeros Sábados. Si se atienden mis deseos, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados y el Santo Padre tendrá mucho que sufrir; varias naciones serán aniquiladas. Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará a Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz’».

3ª PARTE: LA VISIÓN DEL PAPA Y DE OTROS MIEMBROS DE LA IGLESIA QUE SON ASESINADOS

Sor Lucía puso por escrito la tercera parte del mensaje el 3 de enero de 1944, al recibir esta orden de su obispo. Existe un único manuscrito, que en sobre blanco y lacrado estuvo primero custodiado por el obispo de Leiria, pero que el 4 de abril de 1957 fue entregado al Archivo Secreto del Santo Oficio. Dice el texto en la traducción oficial hecha por la Santa Sede:

«Después de las dos partes que ya he expuesto, hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más en lo alto a un ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo; pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él. El ángel, señalando la Tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz: ‘¡Penitencia, Penitencia, Penitencia!’.

«Y vimos en una inmensa Luz qué es Dios: algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan ante él. A un Obispo vestido de blanco; hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre. También a otros obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, subir una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran Cruz de maderos toscos como si fueran de alcornoque con la corteza. El Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz, fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron, unos tras otros, los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la Cruz había dos ángeles, cada uno de ellos con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los mártires y regaban con ella las almas que se acercaban a Dios».

 


La polémica del «tercer secreto»

Cuando el obispo de Lieria le pidió a sor Lucía en 1944 que pusiera por escrito la tercera parte del mensaje de la Virgen, ella estaba preocupada; pero la Madre de Dios se le apareció diciéndole qué debería escribir, y dando la orden de que el sobre con el mensaje podía ser abierto sólo a partir de 1960.

Juan XXIII lo abrió y leyó en 1959 para decidir si convenía hacer público su contenido en 1960, y decidió que no. Pablo VI lo leyó en 1965, y tomó idéntica decisión.

Por su parte, Juan Pablo II lo leyó en julio de 1981, es decir, después de haber sido víctima del atentado contra su vida.

En octubre de 1981 la revista Stimme des Glaubens publicó lo que Juan Pablo II dijo en su visita a Fulda, Alemania, en 1980, cuando se le preguntó: «¿Qué hay en el tercer secreto de Fátima? ¿No debía ser publicado ya en 1960?». El Papa respondió: «Dada la gravedad del contenido, mis predecesores en la Cátedra de Pedro prefirieron diplomáticamente posponer su publicación para no alentar al poder mundial del comunismo a tomar ciertas medidas. Por otra parte, para todos los cristianos debería ser suficiente saber esto: si existe un mensaje en el cual está escrito que los océanos inundarán inmensas partes de la Tierra, y que de un momento a otro millones de hombres perecerán, la publicación de tal mensaje ya no es algo tan de desear. Muchos quieren simplemente saber por curiosidad y gusto por el sensacionalismo, pero olvidan que el saberlo implica también una responsabilidad. Se busca solamente satisfacer la propia curiosidad, y esto es peligroso si no se está dispuesto al mismo tiempo a hacer algo, si se está convencido de que nada se puede hacer contra el mal».

Desde el tiempo de las apariciones y a lo largo de las décadas la gente se fue haciendo sus propias ideas de lo podría contener la tercera parte del mensaje de Fátima; especialmente diversos clérigos hicieron toda clase de deducciones: que si anunciaba una gran apostasía en la Iglesia, que si señalaba el establecimiento de una falsa iglesia con un falso Papa, o que si se trataba de un gran castigo acompañado de terremotos y otros desastres naturales, etc.



Pero llegó el día en que Juan Pablo II decidió que su publicara el «tercer secreto», y, como en el texto no aparecía nada de las deducciones antes hechas por tantos expertos, muchos de ellos se han convertido en grandes opositores del mensaje publicado por la Santa Sede. Las acusaciones van desde que el «tercer secreto» no se publicó completo hasta que el manuscrito de sor Lucía es falso, o que la religiosa fue mantenida en «secuestro» por la Iglesia para que no revelara la terrible verdad que la Virgen ordenó que se revelara en 1960.

En realidad la Virgen no ordenó que el mensaje se revelara en 1960, sino que dio permiso para que a partir de esa fecha pudiera ser leído, lo que implica que no era forzoso. En cuanto a Juan Pablo II, él no dijo que el mensaje anunciaba inundaciones y muertes, sino que expresó de modo abierto lo que la gente estaba suponiendo del «secreto», y denunció que, de haber efectivamente un mensaje así, exigiría responsabilidad en quienes llegaran a leerlo.

Por otro lado, como todas las revelaciones privadas auténticas, las de Fátima no añaden nada sustancial pero sí pueden ayudar a entender mejor lo ya revelado por Dios a través de las Escrituras. O sea que, aun sin que se hubiera revelado el «tercer secreto», la Revelación está completa y disponible para todos desde hace siglos.

Aun suponiendo que no se haya dicho todavía todo lo que el Cielo reveló a los pastorcitos, hay que recordar que lo que Lucía escribió en su manuscrito de 1944 es sólo aquello que la Virgen le permitió que escribiera. Igualmente, recuérdese que las de Fátima no son las únicas revelaciones aprobadas por la Iglesia; leyendo todas, es posible entender mucho de lo que nos depara el futuro.

D. R. G. B.

 


 

5 películas para contemplar el milagro de Lourdes


 

Lourdes es uno de los santuarios marianos más importantes del mundo. Miles de peregrinos acuden cada año para buscar la sanación y el amor de nuestra Madre, la Inmaculada Concepción, quién se apareció a Santa Bernardita el 11 de febrero de 1858. A lo largo del tiempo, el cine ha abordado este acontecimiento desde diversas miradas, que nos permiten acercarnos a este misterio.

Cercanos a la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, te compartimos estas cinco películas que pueden acompañarte en tu camino para conocer más sobre la Virgen María, fortalecer tu fe y abrir el corazón a los milagros.

La canción de Bernadette (1943)

Un clásico del cine espiritual. Narra con delicadeza la vida de Bernardita Soubirous y las apariciones marianas. Es una película llena de inocencia y confianza, recordándonos que Dios suele hablar a través de los sencillos.

Bernadette (1988)

En esta producción se profundiza en la humanidad de la joven vidente: sus dudas, su sufrimiento y su fidelidad. En ella podemos contemplar cómo la fe crece en medio de la incomprensión.

Mi nombre es Bernadette (2011)

Presenta una mirada más íntima y cercana de Bernardita como una muchacha real, frágil y valiente. La película invita a descubrir la santidad en lo cotidiano.

La puedes ver en Prime video y en Apple TV.

Lourdes (2019)

Este documental sobre la gruta de Lourdes, tocada por decenas de millones de personas que dejan en ella la huella de sus sueños, de sus esperanzas y de sus penas, nos muestra a Lourdes como un lugar de interés humano en el que acontecen historias conmovedoras y llenas de fe.

Puedes encontrarla en la página de Bosco Films.

Bernardette de Lourdes (2023)

Grabación del exitoso musical homónimo francés que se presentó en las salas de cines durante el 2025 y que se encuentra de gira en Estados Unidos.

“Contemplando a la santísima Virgen María, digamos con Bernardita:  "Mi buena Madre, ten misericordia de mí; me entrego totalmente a ti, para que me des a tu Hijo querido, al que quiero amar con todo mi corazón. Mi buena Madre, dame un corazón que arda completamente por Jesús" (San Juan Pablo II).

Luisa Restrepo, churchpop

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El científico agnóstico y premio nobel que se convirtió tras presenciar un milagro en Lourdes


 

Alexis Carrel nació en 1873 en el seno de una familia católica en un pequeño pueblo de Francia. Asistía regularmente a Misa y estudió en colegios católicos dirigidos por jesuitas.

Lamentablemente, al llegar a la universidad, se volvió agnóstico. Rechazó por completo la fe católica y ni siquiera estaba seguro de la existencia de Dios.

Sin embargo, no permanecería así. Un extraordinario milagro en Lourdes lo ayudaría a reencontrarse con la fe.

Como agnóstico, Carrel estudió biología y medicina, y llegó a convertirse en un científico de fama mundial. Desarrolló un método para mantener órganos vivos fuera del cuerpo, un gran avance hacia los trasplantes, creó nuevas técnicas para la limpieza de heridas y, lo más importante, inventó procedimientos para suturar grandes vasos sanguíneos, lo que le valió el Premio Nobel en 1912.

Por eso, su opinión sobre los supuestos milagros en Lourdes tenía tanta relevancia.

Aunque las apariciones originales en Lourdes ocurrieron en 1858, las personas de inicios del siglo XX (como sucede también hoy) seguían afirmando haber sido curadas por el agua de ese lugar. A pesar del gran número de supuestas curaciones, el estamento médico francés se oponía firmemente a la posibilidad de que estuviera ocurriendo algo sobrenatural.

El propio Carrel era también un fuerte escéptico, hasta que conoció a una joven llamada Marie Bailly.

En 1902, viajaba en tren rumbo a Lourdes con un amigo médico para ver con sus propios ojos aquella “histeria” cuando se encontró con Bailly, quien aparentemente padecía una enfermedad llamada peritonitis tuberculosa. Era una enfermedad mortal. Ella estaba apenas consciente y tenía el vientre muy hinchado.

Tratando de ayudarla, Carrel le administró morfina, pero dijo que no creía que siquiera sobreviviera el resto del viaje hasta Lourdes. Otros médicos en el tren llegaron a la misma conclusión.

Cuando llegaron, sus amigos la llevaron hasta la gruta, y sobre ella vertieron tres jarras de agua de Lourdes.

Con cada una, ella decía sentir un dolor ardiente en todo su cuerpo. Para asombro de los médicos presentes, su vientre comenzó a desinflamarse y a volver a un tamaño normal casi de inmediato, y su pulso regresó a un ritmo normal.

Para esa misma noche, ya se encontraba lo suficientemente bien como para cenar con normalidad.

El científico que había en Carrel no sabía qué pensar de todo aquello. Tenía que admitir que todo lo que conocía sobre la medicina hacía parecer que su curación había sido, en efecto, milagrosa. Pero sabía que afirmar públicamente haber presenciado un milagro arruinaría su carrera. Así que guardó silencio sobre todo lo ocurrido. Ni siquiera quería que la gente supiera que había ido a Lourdes.

Sin embargo, la curación de Bailly se convirtió rápidamente en noticia nacional.

Los medios informaron que Carrel había estado presente, pero que no creía que hubiera nada milagroso en lo sucedido. Esto no era del todo exacto, por lo que se vio obligado a publicar una respuesta.

En ella, reprendió a los creyentes por ser, en general, demasiado rápidos en calificar como milagroso algo inusual, pero también criticó al estamento médico por descartar la posibilidad de los milagros, afirmando que Bailly bien pudo haber sido curada milagrosamente.

¡Aquello desató un escándalo!

¿Cómo podía alguien tan profundamente formado en la ciencia y tan destacado en la medicina decir que la curación de Bailly podría haber sido milagrosa? Su carrera en Francia había terminado.

Incapaz de seguir trabajando en hospitales, se trasladó a Canadá y, finalmente, a Estados Unidos. Se unió al Instituto Rockefeller para la Investigación Médica en Nueva York y pasó allí el resto de su carrera. (Marie Bailly, por su parte, ingresó en un convento).

Así que estaba convencido de que la curación de la mujer podría haber sido milagrosa… ¿qué significaba eso para él en el plano espiritual?

No sabía muy bien qué hacer con ello, pues admitir plenamente que había presenciado un verdadero milagro en Lourdes le habría exigido replantearse sus creencias religiosas (o su ausencia de ellas).

Le tomó 25 años resolverlo en su corazón y en su mente, pero finalmente, en 1939, decidió reunirse con un sacerdote católico para considerar seriamente su regreso a la Iglesia.

Se hicieron amigos y, tres años después, anunció:

“Creo en la existencia de Dios, en la inmortalidad del alma, en la Revelación y en todas las enseñanzas de la Iglesia Católica”.

Y tan solo dos años después, falleció. Pero no sin antes recibir los últimos sacramentos en su lecho de muerte.

Dios lo había traído de regreso justo a tiempo.

¡Oremos por Alexis Carrel, que descanse en paz!


Editor de churchpop

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