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lunes, 27 de agosto de 2018

¡El amor verdadero sí existe! 5 cosas que descubres solo al convertirte en madre

mamá

Convertirte en madre te cambia la vida para siempre, es un hecho. No hay vuelta atrás, tus prioridades no vuelven a ser las mismas, tu forma de ver el mundo, de valorar y amar a otros se transforma en un abrir y cerrar de ojos. Porque pasas nueve meses esperando, pensando en cómo va a ser todo, pero solo hasta que tienes a ese hijo en brazos, te das cuenta que es real, que la vida te acaba de cambiar para siempre.
Aunque la lista es bastante larga, hoy quiero compartir cinco cosas que llegamos a comprender mejor, solo al convertirnos en madres:

1. Compruebas que darías la vida por otra persona

Esta sensación es difícil de explicar, estar dispuesto a entregarlo todo por otra persona es la muestra de amor más profunda, y es exactamente lo que sucede cuando te conviertes en madre. Pelearías a capa y espada por tu hijo, cruzarías desiertos y océanos, te enfrentarías a quien fuera con tal de mantener a tu hijo a salvo.
Probablemente las palabras de tu madre y lo que antes te parecía un «sermón» se convierte ahora en la lección más grande de tu vida. Por fin entiendes todo lo que ella te decía, comprendes que las noches de desvelo, los sacrificios y las lágrimas solo eran muestra del amor desmedido de tu madre, de un corazón que se entregaría por su hijo sin dudarlo un segundo.

2. Conoces el verdadero significado de la palabra sacrificio

Cuando te conviertes en madre te revistes de una fortaleza que no pertenece a este mundo. Es casi como un regalo que Dios le otorga a cada mujer tras dar a luz, nadie comprende o imagina el increíble lazo que une a una madre con su hijo y es por esto que los demás difícilmente entienden por qué sin importar la edad de ese hijo, la madre está dispuesta a cuidarlo, amarlo y sacrificarlo todo.
El hambre, el sueño, el frío o el cansancio, jamás vuelven a significar lo mismo. Ser madres nos convierte en seres capaces de soportarlo casi todo y digo casi porque en esa transformación de amor también nace un nuevo corazón. El de una mujer a la que le duelen las heridas y el sufrimiento de sus hijos más que a cualquier otra persona en el mundo. El corazón de una madre bombea un amor distinto, se perfuma de la esencia de Dios y se transforma con los años en una fuente inagotable de amor, un amor que entiende que a través del sacrificio se descubre el verdadero sentido de la vida.

3. Comprendes un poco mejor el amor de Cristo

Ser mamá me ha permitido meditar en el amor de Cristo, ese amor incalculable. El amor que espera, que soporta, que todo lo entrega, que todo lo da, pero que también es lastimado, pisoteado y que aun así, sigue sereno, intacto. Si sentimos morir de amor por nuestros hijos ¿Cuánto más nos amará Cristo? El misterio de Dios se esconde en lugares inimaginables y se revela con suma majestad ante nuestros ojos, los mismos que a veces lo ignoran todo.
El amor que sentimos por nuestros hijos procede sólo del corazón del Padre, el mismo al que le debemos todo, es como un juego de amor en el que se nos da para que entreguemos con más fuerza. En el proceso de ser madres podemos y debemos seguir el camino de María, la única mujer que puede interceder por nosotros y la única que entiende más que nadie nuestra posición de madres.

4. Aprendes a dar sin medida

Los caprichos, el egoísmo o el orgullo ya no encajan dentro de tu ser cuando te conviertes en madre. Desde el primer día en que conoces a ese otro pedacito de cielo, te despojas de ti misma y aprendes a darlo todo, incluso sin esperar nada a cambio.
La enfermedad, la preocupación por el bienestar, el hambre y el sufrimiento físico y emocional ahora se experimentan desde otra dimensión, la de la caridad y la entrega incondicional.

5. ¡Sí! El amor verdadero existe

Este es mi favorito, ¡qué bien sabe el amor! El más puro, el más inocente, ese que solo conoce el corazón de una madre. Dicen que el parto es una cita a ciegas con el amor de tu vida, y para ser franca antes de ser parte del club me parecía que la frase era bastante cursi, al final resultó ser cierta.
Todas las madres que hoy leen este post saben a qué me refiero. El amor que sentimos por un hijo no conoce límite alguno y ese mismo amor puede impulsarnos a ser mejores seres humanos, mejores hijas de Dios. Es en la maternidad, cuando Dios se revela con su más profundo amor, con el milagro de la vida. Este amor que además no tiene fecha de vencimiento, no disminuye con el tiempo y no se fractura ante la adversidad.
Nory Camargo, catholic-link







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