En la madrugada del 6 de marzo de 2026, a las 3:50 a. m.,
falleció Igor Pavan Tres. Tenía 26 años y era seminarista de la diócesis de
Frederico Westphalen, en Rio Grande do Sul (Brasil). Dos semanas antes de su
muerte había escrito lo que llamó su Testamento Espiritual, un
texto que fue publicado en su perfil de Instagram tras su partida.
El epígrafe que iniciaba su testamento era del Salmo
30: “En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.”
El testamento
Igor escribió el documento el 20 de febrero de 2026,
consciente de la gravedad de su estado de salud:
“Sintiendo la posibilidad del desenlace y del encuentro
con el Juez, cuyo día y hora solo Él conoce, pero consciente de mis condiciones
de salud y de las debilidades que me acompañan, decidí escribir estas líneas
como mi testamento espiritual. Nada sé sobre el tiempo que aún me será
concedido. Sé, sin embargo, que la vida es breve y que cada día es una
preparación silenciosa para comparecer ante Aquel que es la Verdad”.
Igor ofreció su cruz por la Santa Iglesia, por el Papa, por
el obispo diocesano, por el clero, por la conversión de los pecadores, por las
almas del purgatorio y por los cristianos perseguidos. Luego escribió sobre su
propia experiencia con la enfermedad:
“Sé que el sufrimiento, por sí solo, no santifica
automáticamente. Puede endurecer o purificar. En mi debilidad reconozco que
muchas veces fui infiel. Sin embargo, puedo dar testimonio de que el dolor me
enseñó a no permanecer lejos de Dios por mucho tiempo. Como un caballo indómito
que intenta huir, fui mantenido con las riendas por el Señor, que se sirvió del
sufrimiento para impedir mi huida definitiva. Si hoy permanezco, es por
misericordia, no por mérito”.
Pidió perdón públicamente a todos aquellos a quienes
perjudicó. Agradeció a su familia, a sus amigos y a los profesionales de la
salud. Rogó por la intercesión de la Santísima Virgen María. Y concluyó:
“Si soy llamado, pido al Señor que me conceda el descanso
eterno mientras aguardo, en la comunión de los santos, la resurrección de la
carne y la vida del mundo que ha de venir”.
La publicación ya ha superado los 20 mil “me gusta”.
El regreso al seminario
Igor se había alejado de la formación sacerdotal en 2024
para tratar su salud y estar cerca de su familia. Manifestó su deseo de
regresar, fue readmitido oficialmente en el Seminario Mayor de la diócesis de
Frederico Westphalen… y murió al día siguiente.
La estola
El obispo de la diócesis, Mons. Antônio Carlos, comunicó el
fallecimiento y explicó cómo fue sepultado Igor:
“Cuando un seminarista muere, la costumbre es sepultarlo
revestido con la sotana y colocar entre sus manos una estola sacerdotal,
simbolizando el llamado vocacional no concluido. En sus manos también estaban
su rosario y su crucifijo. Así fue como sepultamos al seminarista Igor.”
Cuerpo de Igor con la estola
sacerdotal – Créditos: @dom_antonio_carlos
La carta de su hermana
Giovana, hermana de Igor, publicó una carta abierta tras su
muerte.
“Dios te quiso más pronto con Él, y ahora solo queda la
saudade*”, escribió. “No estarás aquí cuando me gradúe, y esta semana descubrí
que uno de tus grandes deseos era que yo lograra terminar la universidad, y así
será. Tampoco estarás aquí cuando me case; siempre decía: ‘Mi hermano será
quien celebre la ceremonia’. Pero estoy segura de que estarás mirándome desde
el cielo en todos esos momentos y en muchos más”.
Y concluyó con una frase que Igor solía decir: “Nos vemos cuando Dios quiera”.
*Saudade es una palabra en portugues que expresa un
sentimiento profundo de nostalgia añoranza por alguien o algo que ya no está
presente, mezclado con tristeza pero también con gratitud por lo vivido.
Dale, Señor, el descanso eterno, y que brille para él la
luz perpetua. Descanse en paz. Amén.
Cleiton Ramos, churchpop
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