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sábado, 28 de marzo de 2026

1 mes de guerra en Tierra Santa: rosario mundial por la paz

Mientras la violencia sigue asolando Tierra Santa, desde Jerusalén ha surgido una sencilla invitación: hacer una pausa, orar y unirse

Su Beatitud el Cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, exhorta a los fieles de todo el mundo a dedicar un tiempo el sábado 28 de marzo a rezar el Rosario por la paz. Su llamamiento se produce en un momento en que la región sigue profundamente afectada por la guerra en Tierra Santa, y la población civil es la que soporta la mayor carga.

“Los invito a unirse en oración el próximo sábado”, dijo, exhortando a los cristianos a rezar el Rosario “para implorar el don de la paz y la serenidad, especialmente para aquellos que sufren a causa del conflicto”.

El llamamiento es tanto local como universal. En los últimos meses, la guerra en Gaza y el aumento de las tensiones en toda la región han suscitado una renovada preocupación internacional. Iglesias, organizaciones humanitarias y líderes religiosos han advertido repetidamente sobre el empeoramiento de la crisis humanitaria, con familias desplazadas, infraestructuras dañadas y un acceso cada vez más precario a las necesidades básicas.

En este contexto, la invitación del Patriarca resalta una respuesta distintivamente cristiana: la oración como compromiso. El Rosario, con su ritmo constante y su enfoque en la vida de Cristo, se convierte en una forma de participar del sufrimiento ajeno, depositando la esperanza en la providencia divina.

El padre Francesco Patton, Custodio de Tierra Santa, preparó meditaciones especiales que guiarán a los fieles a través de extractos de los misterios Gozosos, Dolorosos, Gloriosos y Luminosos del Rosario , como parte de esta iniciativa global de oración. Este esfuerzo también subraya el llamado del Cardenal Pierbattista Pizzaballa a la oración como punto de partida para una paz duradera.

Resiste la desesperación

Para los cristianos de Tierra Santa, este llamamiento tiene especial relevancia. Muchas comunidades allí viven a diario con la incertidumbre, sorteando puestos de control, dificultades económicas y el desgaste emocional de una inestabilidad prolongada. Sin embargo, siguen siendo testigos de una fe arraigada en los mismos lugares donde se desarrolló el Evangelio.

La elección del Rosario también es significativa. Esta oración, apreciada por todas las culturas y generaciones, es accesible para todos: familias en casa, grupos parroquiales, personas en momentos de soledad. Invita a la meditación sobre los misterios de la vida de Cristo, incluyendo su sufrimiento y resurrección, ofreciendo un marco para sobrellevar tanto el dolor como la esperanza.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que la oración es "una batalla contra nosotros mismos y contra las artimañas del tentador" (CIC 2725). En tiempos de guerra, esa batalla incluye resistir la desesperación y la indiferencia. La oración se convierte en un acto de solidaridad, una negativa a permitir que la violencia tenga la última palabra.

Las recientes declaraciones de líderes de la Iglesia en toda la región reflejan esta urgencia. Continúan los llamamientos a un alto el fuego, al acceso humanitario y al diálogo, pero junto a estos esfuerzos fluye una corriente más silenciosa: la convicción de que la paz también debe buscarse en el corazón.

Daniel Esparza, Aleteia

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