
“La sed de vida y amor de la samaritana es nuestra sed”, afirmó el Papa León XIV al comentar el Evangelio del día durante su visita pastoral del 8 de marzo de 2026 a la parroquia de Santa Maria della Presentazione, ubicada en la Via di Torrevecchia, al este de Roma. Niños de las clases de catecismo, jóvenes y numerosas familias lo esperaban en la plaza de la iglesia, donde se había instalado una pantalla gigante para la ocasión. El Papa agradeció especialmente a la parroquia su compromiso con los necesitados del barrio.
Recibido a su llegada por el cardenal vicario Baldo Reina, el cardenal Francesco Montenegro y el párroco Don Paolo Stacchiotti, León XIV presidió la misa en la iglesia parroquial, un edificio moderno construido en la década del 2000, mientras que Juan Pablo II había celebrado la misa en un garaje durante su visita a la parroquia en 1982.
En su homilía, describió la Cuaresma como “una etapa importante en nuestro camino de seguimiento de Jesús, que nos lleva a su Pascua de pasión, muerte y resurrección”. Este tiempo litúrgico, explicó, invita a los creyentes a renovar la gracia del bautismo y a acoger la llamada a la conversión, mientras Dios purifica los corazones “mediante su amor y las obras de caridad que nos invita a realizar”.
Al comentar el episodio evangélico del encuentro entre Jesús y la samaritana, desarrollado en la liturgia de este tercer domingo de Cuaresma, el Papa lo situó como metáfora de la sed de toda la humanidad, “herida por el pecado, pero aún más profundamente habitada por el deseo de Dios”. Según él, la humanidad busca a Dios “como el agua”, a veces incluso sin darse cuenta, cada vez que se cuestiona el sentido de los acontecimientos o busca el bien.
Atrévanse a escuchar al “Dios de las sorpresas”
En su diálogo con la samaritana, Jesús no responde simplemente a una necesidad material. “Mientras ella buscaba el agua de cada día, él quiso darle agua nueva y viva, capaz de saciar toda sed y calmar toda angustia”, explicó el Papa. Este encuentro inesperado, continuó el Papa, revela al «Dios de las sorpresas», que sale al encuentro de cada persona donde se encuentra y transforma su vida.
El encuentro transforma profundamente a la mujer: «Todo se transforma en el encuentro con el Señor: la mujer sedienta se convierte en manantial, la marginada en confidente», explicó León XIV. Liberada de su vergüenza y llena de alegría, regresa con los habitantes de su pueblo para compartir lo que le ha sucedido.
El Obispo de Roma recordó así que esta experiencia concierne a toda persona bautizada. "Por el bautismo, todos hemos recibido la gracia del agua nueva que lava todo pecado y calma toda sed (...). El tiempo de Cuaresma es, por tanto, una oportunidad para redescubrir este don fundamental que nos introduce en la vida cristiana. El Señor —añadió— siempre acompaña a los creyentes «donde vivimos y tal como somos», sanando las heridas con misericordia y permitiendo que cada persona se convierta, a su vez, en un don para los demás". Atención a una población en necesidad
Dirigiéndose más directamente a la comunidad parroquial, el Papa reconoció las dificultades sociales presentes en este barrio de Roma: situaciones de marginación, pobreza material y moral, y la preocupación por los jóvenes expuestos a las ilusiones o al desánimo. Muchos, observó, aún esperan "un hogar, un trabajo que les asegure una vida digna, lugares seguros donde reunirse, jugar y construir juntos algo hermoso".
En este contexto, la parroquia está llamada a ser un lugar de acogida y esperanza. Como en el pozo del Evangelio, explicó, hombres y mujeres heridos en su dignidad acuden en busca de un signo de vida. La misión de los cristianos es, por tanto, manifestar la cercanía de Cristo y "su voluntad de redimir nuestra existencia de los males que la amenazan". La palabra del Evangelio, insistió, debe ayudar a cada persona a discernir sabiamente entre el bien y el mal, y a formar "conciencias libres y maduras".
Antes de la misa, el Papa se dirigió a los niños y las familias de la parroquia. Refiriéndose a la cuestión de cómo encontrar a Dios en la vida diaria, les aseguró que "a veces no somos nosotros quienes debemos buscarlo: Él ya nos busca".
"Es muy importante que todos aprendamos a orar", declaró el Papa, invitando a los fieles a hablar con Dios con las oraciones de la Iglesia, pero también "con nuestras propias palabras", confiándole las preocupaciones, las dificultades y los sufrimientos de la vida diaria. También animó a los fieles a reconocer la presencia de Cristo "en la persona que sufre, en la persona que no tiene dónde vivir ni dormir, en la persona enferma".
La parroquia como un jardín reconfortante
El Papa elogió la vitalidad de la parroquia, que describió como “una especie de jardín donde las personas pueden encontrar a Jesucristo, una comunidad de fe y la ayuda que necesitan”. Animó especialmente a los niños y jóvenes a rechazar la violencia, el odio y toda forma de acoso, enfatizando que la construcción de la paz en el mundo comienza, ante todo, con las acciones cotidianas.
También se dirigió a los voluntarios de Cáritas, rindiéndoles homenaje, explicando que su labor es “un signo del amor de Dios por quienes a menudo son los más vulnerables”.
“Cada uno de ustedes, incluso el más anciano, el más enfermo o el más débil, tiene un valor inmenso, porque todos somos creados a imagen de Dios”, afirmó el Obispo de Roma, destacando el valor de la presencia y la oración de los más vulnerables. “Vuestra voz, vuestra presencia, vuestras oraciones, incluso vuestro sufrimiento: todo esto tiene un gran valor en el mundo de hoy”, insistió León XIV.
I.Media, Aleteia
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