La Cuaresma nos brinda muchas oportunidades de acercarnos a
Dios y por lo tanto ¡de ser felices! El Obispo de Orihuela-Alicante, Mons. José
Ignacio Munilla, en su libro "Dios te quiere feliz", comenta 10
parámetros —según su parecer— necesarios para la auténtica felicidad, esa que
solo podemos vivir de la mano de Cristo.
Para el obispo, la vocación que tenemos todos a la santidad
(que recibimos de Dios y está inscrita en nuestro ADN espiritual) encaja
perfectamente con nuestro deseo de felicidad.
Tres de esos parámetros son la tríada espiritual que la
Iglesia nos invita a vivir de modo especial en la Cuaresma: oración, ayuno y
limosna.
1. Necesidad del ayuno
Para nuestra santidad y para realizar nuestro anhelo de
felicidad, es importante nuestra fortaleza interior. Hoy se habla mucho de
resiliencia, pero esa fortaleza necesita de la apertura al sacrificio y
mortificación, que muchas veces es importante para poder crecer y madurar
humana y cristianamente.
Sin embargo, la cultura en la que vivimos nos estimula a ser
flojos, blanditos… como una "margarina". Estamos acostumbrándonos
cada vez más a la ley del mínimo esfuerzo. Llenos de caprichos que nos alejan
de una virtud tan importante como la templanza, condición indispensable para la
vida espiritual.
El ayuno al que nos invita la Iglesia tiene todo que ver con
la renuncia para que nuestro ego no se haga la centralidad de nuestra vida. Lo
cual no significa que no podamos tener momentos de disfrute o gozo. Por
supuesto que podemos tenerlos, pero también es necesaria la renuncia para que
cuando esos momentos de alegría y placer lleguen, los sepamos valorar.
2. Coherencia de vida
Ahora, nuestro esfuerzo espiritual no puede encerrarse en
nosotros mismos. Sabemos que para la vida cristiana es esencial la preocupación
por el prójimo. Estar atento a las necesidades de los demás, compadecerse y
ayudar al otro. Por lo tanto, no se trata solamente de ayunar, sino de
entregarnos generosamente a los demás.
Esa limosna es la donación que hacemos de nosotros mismos a
los demás. No se trata solo de caridad, sino de una empatía social, una
preocupación por el bien común. Una lucha por las leyes naturales, que no se
vean atropelladas por leyes civiles que contradigan la naturaleza de las cosas.
Debemos cuidar la sociedad, luchar por un mundo más justo y más compasivo.
3. Importancia de la oración
La vida de fe, es imposible sin la oración. Si no tenemos
los espacios para conectar con Dios nuestra fe se convierte en algo abstracto.
Necesitamos conectarnos con Dios, establecer lazos profundos de relación
personal con Él.
Esto nos debe quedar claro, ¡no hay felicidad sin intimidad
con Dios! A veces hablamos mucho de Cristo, pero no tenemos una relación viva
con Él.
Es muy distinto hablar de..., a relacionarnos y tener
cercanía con Él. Que triste sería llegar a nuestro juicio personal, estar
frente a Jesús, y no percibirlo como nuestro amigo.
Ojalá estas reflexiones ayuden a que vivamos mejor esta
Cuaresma y nos preparemos cada vez más para el misterio central y la razón de
ser de nuestra vida cristiana.
Pidámosle a Dios que nos ayude a rezar, a crecer en nuestro
ayuno y a esforzarnos por brindar la limosna a cuantos necesitan nuestro amor.
Pablo Perazzo, churchpop
Vea también Vivir la Cuaresma cada día (de los 40)...

No hay comentarios:
Publicar un comentario