LEÓN XIV
AUDIENCIA GENERAL
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Catequesis - Los Documentos del Concilio
Vaticano II - II. Constitución
dogmática Lumen gentium. 5. Sobre el fundamento de los
Apóstoles. La Iglesia en su dimensión jerárquica
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!
Continuamos con las catequesis sobre los documentos
del Concilio
Vaticano II, comentando la Constitución dogmática Lumen
Gentium sobre la Iglesia (LG).
Después de haberla presentado como pueblo de Dios, hoy consideraremos su forma
jerárquica.
La Iglesia Católica encuentra su fundamento en los
apóstoles, que Cristo quiso como columnas vivas de su Cuerpo místico; y posee
una dimensión jerárquica que obra al servicio de la unidad, de la misión y de
la santificación de todos sus miembros. Este Orden sacro está permanentemente
fundado sobre los apóstoles (cfr. Ef 2,20; Ap 21,14)
en cuanto testigos autorizados de la resurrección de Jesús (cfr At 1,22; 1Cor 15,7)
y enviados por el Señor mismo en misión al mundo (cfr. Mc 16,15; Mt 28,19).
Como los apóstoles están llamados a custodiar fielmente las enseñanzas
salvíficas del Maestro (cfr. 2Tm 1,13-14), transmiten su
ministerio a hombres que, hasta el retorno de Cristo, siguen santificando,
guiando e instruyendo la Iglesia «gracias a aquellos que les suceden en su
ministerio pastoral» (CIC, n. 857).
El capítulo III de la Lumen
Gentium, titulado Constitución jerárquica de la
Iglesia, y particularmente del episcopado, profundiza en esta sucesión
apostólica fundada en el Evangelio y en la Tradición. El Concilio enseña que la
estructura jerárquica no es una construcción humana que sirve para la
organización interna de la Iglesia como cuerpo social (cfr. LG,
8), sino que es una institución divina que tiene como finalidad perpetuar hasta
el final de los tiempos la misión que Cristo dio a los apóstoles.
El hecho de que esta temática se afronte en el capítulo III,
después de que en los dos primeros se ha contemplado la esencia verdadera y
propia de la Iglesia (cfr. Acta Synodalia III/1, 209-210), no
implica que la constitución jerárquica sea un elemento sucesivo respecto al
pueblo de Dios: como afirma el Decreto Ad gentes, «los Apóstoles
fueron los gérmenes del nuevo Israel y, al mismo tiempo, origen de la sagrada
Jerarquía» (n. 5), en cuanto comunidad de los redimidos por la Pascua de
Cristo, establecida como medio de salvación para el mundo.
A fin de captar la intención del Concilio, es oportuno leer
bien el título del capítulo III de Lumen
Gentium, que explicita la estructura fundamental de la Iglesia,
recibida de Dios Padre mediante el Hijo y llevada a cumplimiento con la efusión
del Espíritu Santo. Los Padres conciliares no quisieron presentar los elementos
institucionales de la Iglesia, como podría dar a entender el sustantivo
“constitución” si se entiende en el sentido moderno. El documento se concentra,
en cambio, en el «sacerdocio ministerial o jerárquico», que difiere
«esencialmente y no sólo en grado» del sacerdocio común de los fieles, y recuerda
que «se ordenan el uno al otro, pues ambos participan a su manera del único
sacerdocio de Cristo» (LG,
10). Así, el Concilio trata el ministerio que se transmite a hombres que son
investidos de sacra potestas (cfr. LG,
18) para el servicio en la Iglesia: se detiene, especialmente, en el episcopado
(LG,
18-27), y luego en el presbiterado (LG,
28) y el diaconado (LG,
29) como grados del único sacramento del Orden.
Con el adjetivo “jerárquica”, por tanto, el Concilio quiere
indicar el origen sacro del ministerio apostólico en la acción de Jesús, Buen
Pastor, así como sus relaciones internas. Los obispos, ante todo, y, a través
de ellos, los presbíteros y los diáconos, han recibido encargos (en
latín, munera) que los llevan a estar al servicio de «todos cuantos
pertenecen al Pueblo de Dios» para que «tendiendo libre y ordenadamente a un
mismo fin, alcancen la salvación» (LG,
18).
La Lumen
Gentium recuerda varias veces y de manera eficaz el carácter
colegial y de comunión de esta misión apostólica, reafirmando que «el encargo
que el Señor confió a los pastores de su pueblo es un verdadero servicio, que
en la Sagrada Escritura se llama con toda propiedad diaconía, o sea ministerio»
(LG,
24). Se comprende entonces por qué San Pablo VI presentó
la jerarquía como realidad «nacida de la caridad de Cristo para realizar,
difundir y garantizar la transmisión intacta y fecunda del tesoro de fe, del
ejemplo, de preceptos, de carismas, dejado por Cristo a su Iglesia» (Disc.
14 de sept. de 1964, en Acta Synodalia III/1, 147).
Queridas hermanas, queridos hermanos, pidamos al Señor que
mande a su Iglesia ministros ardientes en la caridad evangélica, entregados al
bien de todos los bautizados y misioneros valientes en todos los lugares del
mundo.
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Saludos
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española.
Pidamos a Cristo, Buen Pastor, que suscite en la Iglesia pastores dispuestos a
dar la vida por la grey a ellos confiada; que sean ardientes en la caridad,
disponibles en la misión y valientes en el anuncio del Evangelio. Que Dios los
bendiga. Muchas gracias.
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Resumen leído por el Santo Padre en español
Queridos hermanos y hermanas:
En la catequesis de hoy, abordamos el tercer capítulo de la
Constitución dogmática Lumen
gentium, dedicado a la dimensión jerárquica de la Iglesia. Cristo
eligió como columnas vivas de su Cuerpo místico a los apóstoles, llamados a
custodiar y a transmitir sus enseñanzas, a fin de seguir santificando,
instruyendo y guiando al Pueblo de Dios.
La estructura jerárquica no es una invención meramente
humana, sino una institución divina, dirigida a perpetuar la misión dada por
Cristo a los apóstoles hasta el fin de los tiempos. El documento conciliar
menciona particularmente a los obispos, los presbíteros y los diáconos, que
poseen distintos grados del mismo sacramento del Orden, esencialmente distinto
del sacerdocio común de los fieles, y cuya misión apostólica se ejerce
colegialmente y en comunión. Dichos ministros, que poseen la sacra potestad, están
al servicio de todos los bautizados, para que vivan en Cristo y alcancen la
salvación.
(vatican.va)
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