
En una carta publicada el 22 de marzo de 2026, el Papa León XIV reiteró su advertencia sobre los riesgos culturales y morales que plantea la inteligencia artificial, esta vez centrándose especialmente en los niños.
En una carta dirigida a Marco Girardo, director del diario católico italiano Avvenire, el Papa conmemoró el aniversario de Popotus, una publicación semanal para jóvenes lectores. Su mensaje fue claro: en una era marcada por los algoritmos, la infancia misma necesita protección.
"No debemos permitir que los niños lleguen a creer que pueden encontrar en los chatbots a sus mejores amigos o al oráculo del conocimiento universal", escribió. La preocupación no es meramente tecnológica, sino profundamente humana. Para León XIV, el riesgo reside en una sutil transformación de la manera en que los niños aprenden, se relacionan e imaginan.
Advirtió que la excesiva dependencia de la IA podría debilitar el desarrollo intelectual y la capacidad relacional, a la vez que mermaría la creatividad y el pensamiento independiente. Su lenguaje es sorprendentemente directo: los algoritmos, sugirió, podrían "adormecer" las facultades que definen el desarrollo humano.
El llamamiento del Papa se dirige en primer lugar a los adultos. Insiste en que los padres y educadores deben proteger a los niños de "una concepción inhumana de la información y la educación". En la práctica, esto significa garantizar que la tecnología esté al servicio de la formación, en lugar de sustituirla.
Sin embargo, la carta no adopta únicamente un tono de alarma. León XIV también se dirige a los niños, ofreciéndoles un mensaje de aliento en medio de lo que describe como un momento global convulso, marcado por la guerra y la incertidumbre.
"Recuperar la belleza del mundo es posible", les dice , invitando a los jóvenes a ayudar a los adultos a redescubrirla. Señala virtudes sencillas pero exigentes: la confianza en quienes nos aman, el lenguaje universal del amor, el valor de pedir perdón y la fuerza serena de construir la paz.
En el centro de su reflexión se encuentra una antropología marcadamente cristiana. Para conservar la plena humanidad, escribe, es necesario mantener una mirada infantil ante la realidad: "ojos puros" capaces de percibir lo que verdaderamente importa. Esta perspectiva, lejos de ser ingenua, se convierte en una brújula moral en un mundo fragmentado.
El Papa incluso sugiere que el sufrimiento de los niños en las zonas de guerra tiene una fuerza profética: sus ojos desconcertados pueden despertar en los adultos la urgencia de la conversión.
No es la primera vez que León XIV aborda el tema de la inteligencia artificial, pero el énfasis en los niños refleja una creciente preocupación dentro de la Iglesia sobre cómo las tecnologías en rápida evolución están moldeando a la próxima generación. Su advertencia no se centra tanto en rechazar la innovación como en preservar las condiciones para el auténtico florecimiento humano.
Daniel Esparza, Aleteia
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