
María Novella Scardovi era “solo” una madre. Su capacidad de acoger la llevó a ampliar su familia biológica -que formó junto a su marido y sus tres hijos- fundando la Casa Santa Rita y San José, el año 1996 en el municipio italiano de Castel Bolognese.
Ese hogar que acogía a personas con discapacidad, madres solas y menores a los que sus padres no podían cuidar era su sueño hecho realidad.
Sin embargo, unas semanas después de la inauguración del albergue, María Novella murió en un accidente de tráfico.
Su manera de acoger, gratuita y eficaz, y sus palabras inspiraron entonces de una manera nueva a las personas con las que había formado comunidad.
Ellas tomaron el relevo, permitieron que su obra continuara y creciera e impulsaron su proceso de canonización, abierto el 8 de mayo de 2026.
Crisis y renacimiento
María Novella nació el 8 de febrero de 1949 en un pueblecito italiano llamado San Potito. Creció en una familia con una profunda religiosidad en la que fe y caridad estaban muy ligadas.
María Novella no pudo estudiar porque la pobreza familiar la obligó a trabajar desde muy joven. Un tío suyo le ofreció mudarse a Castel Bolognese para ayudarle a administrar su bar. Allí conoció a un policía de tráfico, Giuliano Scardovi, con quien se casó y tuvo tres hijos.
El año 1969, tras la muerte de una tía suya a la que quería mucho, María Novella entró en una profunda crisis que minó sus ganas de vivir y llegó a poner en crisis su matrimonio.
Se medicó para superar su ansiedad y tuvo que ser hospitalizada. Al recibir el alta, le aconsejaron descansar en la montaña y eligió un camping cerca de su pueblo.
Un encuentro decisivo
Allí se encontró con una joven pareja que conocía de la parroquia. Se sintió escuchada y comprendida de una manera transformadora.
Por eso aceptó su invitación a rezar Laudes con ellos y compartió un rato de oración que recordaría toda su vida.
Eran las 10 de la mañana del 26 de julio de 1977. Le invitaron a sentarse en una de las dos sillas que había en su precaria tienda.
Ese sencillo gesto de bienvenida y las palabras de los Salmos le produjeron un verdadero renacimiento.
María Novella inició con ellos una amistad que le conduciría a la organización católica a la que esos nuevos amigos pertenecían: Comunión y Liberación.
Ese verano, durante una misa, se sintió perdonada, agradecida con Dios, y llamada a “que otros pudieran experimentar el mismo encuentro que me había liberado de la angustia”.
Una casa que refugie a todos
Según escribió a una amiga en agosto de 1977, percibió una tarea: “Quien me envió a la tierra me encomienda la construcción de su casa para que todos puedan refugiarse en ella”.
Su matrimonio se fortaleció. Y Maria Novella y Giuliano empezaron a acoger niños en su casa por cortos periodos de tiempo; y después a personas con adicciones.

Más tarde, pensó en una casa grande para acogidas permanentes y gratuitas. Le ofreció su “sí” a Dios y pidió la intercesión de santa Rita, a la que muchos le piden gracias “imposibles”.
“Llevarse a casa a una persona no es imposible”, aseguraba, “pero acogerla es realmente duro porque al cabo de una hora ya ves que te has desplazado”.
La belleza como fuente
El año 1986, Maria Novella conoció la asociación Familias para la Acogida, que ayudó a su familia a responder a su llamada a la hospitalidad.
En 1986, fundaron Familias para Acoger en Emilia-Romaña y en 1990, la Asociación San José y Santa Rita para poner en marcha un gran hogar.
Novella estaba convencida de que “un lugar no se define principalmente por sus paredes, sino por la compañía que le da vida”.
El 17 de marzo de 1996, el obispo de esa diócesis bendijo la casa en la que se buscaba en todo la belleza como fuente del renacimiento de la persona.
50 días después, Maria Novella murió en un accidente de coche. Esa misma noche, sus colaboradores decidieron continuar su legado.
“Lo único que pido es una experiencia que me dé la certeza de saber quién soy y a quién pertenezco para poder ofrecérsela de verdad a cualquiera que me encuentre”, había expresado en una ocasión.

Valor infinito
Bajo el nombre de Obra Casa Novella, la asociación ha crecido con varias actividades de acogida.
“Intentamos mirar a cada una de las 120 personas que entran en nuestras casas como Novella quería mirarlas: por el valor infinito que tienen, no por sus capacidades -explica uno de sus responsables, Francesco Biondini-. Eso requiere tiempo, formación, energía, coordinación y recursos”.
Y añade: “La acogida es el gesto más humano que puede haber porque comunica un gusto por la vida”.
Así se hace hoy realidad lo que María Novella pedía en la oración que compuso para sus bodas de plata.
Oración de María Novella
“Te damos gracias, Señor, por el camino recorrido durante estos años, porque, gracias a la gracia de encontrarte y pertenecer a tu compañía, nos has liberado de falsas expectativas y has transformado nuestra perspectiva de la vida.
Hoy renovamos nuestro “sí” con la certeza de tu presencia como fuente de unidad y ternura.
Oramos por nuestra familia: que guarde nuestros corazones, la verdad para la cual fuimos creados.
Que la gracia del sacramento del matrimonio convierta nuestro hogar en una puerta abierta, disponible para la necesidad de felicidad de cada persona, para que puedan encontrar y experimentar tu paz”.
Patricia Navas, Aleteia
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