Lectura del Día
Hebreos 5, 7-9
Hermanos: Durante su vida mortal, Cristo ofreció oraciones
súplicas, con fuertes voces y lágrimas, a aquel que podía librarlo de la
muerte, y fue escuchado por su piedad. A pesar de que era el Hijo, aprendió a
obedecer padeciendo, y llegado a su perfección, se convirtió en la causa de la
salvación eterna para todos los que lo obedecen.
Evangelio del Día
Juan 19, 25-27
En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre,
la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena.
Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su
madre: ""Mujer, ahí está tu hijo"". Luego dijo al
discípulo: ""Ahí está tu madre"". Y desde entonces el
discípulo se la llevó a vivir con él.
Las palabras de los Papas
Juan, de los Doce el único presente en el Calvario vio y dio
testimonio de que, al pie de la cruz, junto a otras mujeres, estaba la madre de
Jesús (v. 25). Y escuchó con sus propios oídos las últimas palabras del
Maestro, entre la cuales, estas: «Mujer, aquí tienes a tu hijo», y después,
dirigiéndose a él: «Aquí tienes a tu madre» (vv. 26-27). La maternidad de
María, a través del misterio de la cruz, dio un salto impensable. La Madre de
Jesús se convirtió en la nueva Eva, porque el Hijo la asoció a su muerte
redentora, fuente de vida nueva y eterna para todo ser humano que viene a este
mundo. (…) La fecundidad de la Iglesia es la misma fecundidad de María; y se
realiza en la existencia de sus miembros en la medida en que estos reviven, “en
pequeño”, lo que vivió la Madre, es decir, que aman con el amor de Jesús. Toda
la fecundidad de la Iglesia (…) depende de la cruz de Cristo. De lo contrario,
es apariencia, si no es que algo peor. Un gran teólogo contemporáneo escribió:
«Si ella [la Iglesia] es el árbol que sale del granito de mostaza, este árbol
está a su vez destinado a llevar granos de mostaza; frutos, por tanto, que
repiten la forma de la cruz, porque se deben a ella» (H.U. Von Balthasar, La
seriedad de las cosas, Salamanca 1967, 44). (León XIV - Homilía nella Santa
Messa in occasione del Giubileo della Santa Sede, 9 de junio de 2025)
(vatican.va)

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