En este mes de la prevención del suicidio, un pequeño cambio en la forma en que nos preocupamos por alguien podría abrir la puerta a una conversación que realmente importa
Desde pequeños nos han enseñado a responder a la pregunta
"¿cómo estás?" con alguna variante de "¡bien, gracias!" o
incluso "¡genial, gracias!", acompañada de una gran sonrisa. Aunque,
pudiéramos no estar absolutamente de maravilla.
Por supuesto, la mayoría de las veces nadie está siendo
deshonesto. "¿Cómo estás?" se ha convertido más en un ritual social
que en una pregunta, algo así como decir "Me da gusto verte". Nadie
espera que te detengas en el supermercado y des una evaluación honesta de tu
matrimonio, tus finanzas y tu estado de ánimo actual antes de llegar al pasillo
de los lácteos.
El problema es que podemos caer en el mismo hábito con las
personas que amamos, preguntando "¿Cómo estás?" y aceptando un
"¡Bien, gracias!" sin detenernos a preguntarnos si eso es realmente
cierto.
Mes de la prevención del suicidio
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Septiembre es el Mes Nacional de Prevención del
Suicidio, una oportunidad anual para hablar más abiertamente sobre el
suicidio, cómo reconocer cuándo alguien puede estar pasando por dificultades y
dónde encontrar ayuda. Una parte de la prevención es algo considerablemente
menos clínico: la conexión. El apoyo de la familia y los amigos, así como el
sentirse conectado con los demás, son algunos de los factores que pueden ayudar
a prevenir el suicidio.
Eso no significa que una buena conversación pueda, de alguna
manera, prevenir todas las tragedias, ni que debamos empezar a tratar a cada
amigo callado como una posible emergencia. El suicidio es un tema complejo y
rara vez tiene una sola causa. Pero tal vez sí nos dé una razón para pensar en
qué tan bien les damos espacio a las personas que nos rodean para que nos digan
cuando la vida no está tan "bien" como dicen que está.
Pregunta algo que merezca una respuesta
A veces basta con volver a hacer la pregunta. Un rápido
"¿Cómo estás?", seguido, un poco más tarde, de "No, pero ¿cómo
estás de verdad?", le hace entender a la otra persona que la primera
respuesta no fue solo una respuesta de cortesía.
Las preguntas específicas pueden ser aún mejores. Si un
amigo acaba de perder a uno de sus padres, preguntarle: "¿Cómo te las
estás arreglando ahora que todos se han ido a casa?" le da un punto de
partida. A alguien que está pasando por dificultades en el trabajo le puede
resultar más fácil responder a: "¿Sigue siendo el domingo por la noche lo
peor?" que a una pregunta muy amplia sobre su salud mental. Con un
adolescente: "¿Qué es lo que más te ha estado ocupando la mente últimamente?"
podría llevarte más lejos que otro "¿Todo bien?" más.
No hay una fórmula mágica. Lo que importa es el mensaje
detrás de la pregunta: Me di cuenta. Me acordé. No tienes que darme la
respuesta fácil. Y luego, lo más importante, no tengas miedo de la respuesta
difícil.
Es tentador, cuando alguien finalmente admite que las cosas
van mal, apresurarse a ofrecerle tranquilidad. Le señalamos todo lo que tiene a
su favor, le sugerimos soluciones o, instintivamente, le decimos que las cosas
mejorarán. Todo eso suele venir del amor, pero a veces la respuesta más útil es
resistirnos a "arreglar" nada durante cinco minutos y averiguar qué
es lo que la persona realmente está tratando de decirnos.
Eso podría significar hacer otra pregunta, tolerar un
silencio incómodo o simplemente decir: "Cuéntame más". Escuchar sin
juzgar es uno de los pasos recomendados por el Instituto Nacional de Salud
Mental a la hora de apoyar a alguien que tiene pensamientos suicidas, y el
contacto constante también es importante. A veces, la conversación importante
no es la primera, sino el mensaje que se envía dos días después y que dice:
"He estado pensando en lo que me contaste. ¿Cómo te vas hoy?".
Cuando es hora de dejar de ser sutil
Sin embargo, hay un momento importante en el que la
delicadeza no ayuda. Si alguien habla de querer morir, de sentirse
desesperanzado o atrapado, de ser una carga, o dice algo más que te haga
preocuparte genuinamente por el suicidio, pregúntale directamente: "¿Estás
pensando en suicidarte?"
Puede parecer aterradoramente directo, sobre todo cuando
todos nuestros instintos nos dicen que no debemos meterle una idea tan terrible
en la cabeza a alguien. Pero las investigaciones no respaldan ese temor. El
NIMH afirma claramente que preguntarle a alguien sobre el suicidio no aumenta
los pensamientos o comportamientos suicidas; por el contrario, la pregunta
puede abrir una conversación y ayudar a identificar a alguien que necesita
apoyo.
A partir de ahí, nuestra tarea no es convertirnos en el
terapeuta de alguien. El NIMH recomienda ayudar a la persona a conectarse con
el apoyo adecuado, lo cual podría incluir a un profesional de la salud mental,
un familiar de confianza, un consejero espiritual o la línea de ayuda 988 para
suicidios y crisis, y ayudarla a mantenerse a salvo si existe un peligro
inmediato. También es importante dar seguimiento después.
Para los cristianos, nada de esto se siente totalmente separado del quehacer cotidiano de amar a nuestro prójimo. La atención es una de las formas más discretas que toma el amor. Es recordar que alguien tuvo una cita difícil el martes, darse cuenta cuando la persona que por lo general hace reír a todos se ha vuelto bastante callada, y de vez en cuando hacer una pregunta sin tener ya un ojo puesto en la siguiente tarea que hay que hacer.
Cerith Gardiner, Aleteia
Vea también La Biblia y el suicidio
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