Entradas populares

Mostrando entradas con la etiqueta Conflictos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Conflictos. Mostrar todas las entradas

domingo, 6 de abril de 2025

Una miniserie que incomoda… pero interpela (cuidado: escenas fuertes)

Esta semana te recomendamos una miniserie que no es fácil de ver ni está hecha para todos los públicos, pero que puede ser una oportunidad para reflexionar con profundidad: Adolescencia.

Es una serie cruda, con escenas que pueden ser sensibles y con un lenguaje directo, pero que pone sobre la mesa preguntas urgentes sobre nuestra cultura, las relaciones entre hombres y mujeres, la inseguridad emocional, la falta de referentes y la desconexión afectiva en una generación que, a pesar de estar hiperconectada, sufre un enorme vacío interior.

Uno de los temas más complejos que aborda es el de los incel (involuntary celibate): hombres jóvenes que viven el celibato como una imposición social, sintiéndose rechazados, impotentes y marginados. Según esta perspectiva, el 80% de las mujeres se sienten atraídas por el 20% de los hombres, generando frustración y una peligrosa sensación de inferioridad entre muchos chicos.

El protagonista de la serie —sin adelantar detalles— encarna esta realidad desde la inseguridad, el bullying y la falta de vínculos reales, hasta llegar a un acto trágico e incomprensible. Pero más allá del caso, lo que duele es el contexto: un colegio sin límites claros, una diversidad superficial que no logra construir comunidad, una familia que, aun queriendo hacerlo bien, no sabe poner normas ni ofrecer contención… En resumen, una sociedad rota.

Adolescencia no da respuestas, pero sí deja muchas preguntas abiertas.

Y quizá ahí está su valor: en hacernos mirar con más compasión, más lucidez y más urgencia los desafíos que viven nuestros jóvenes.

(catholiclink)

Vea también   Los Adolescentes y la Familia




sábado, 20 de mayo de 2023

15 consejos «prácticos» para matrimonios en problemas: ¿se puede amar en un conflicto constante?


Confiar en el otro, confesarse en pareja, pedirse perdón... son solo algunas de las claves que da a las parejas el profesor Ángel Barahona, doctor en Filosofía y director del Departamento de Humanidades de la Universidad Francisco de Vitoria (Madrid).

"La propuesta de la posmodernidad entiende los conflictos como algo a superar. El cristianismo, como algo con lo que vivir. Se trata de luchar por la reconciliación aprendiendo a vivir en su permanente tensión", escribe el autor.

La editorial Encuentro acaba de publicar Sobre el amor en tiempos incrédulos , de Ángel Barahona, doctor en Filosofía y director del Departamento de Humanidades de la Universidad Francisco de Vitoria (Madrid).

Un "manual" para jóvenes, padres, matrimonios... para "vivir aceptando que la existencia debe pasar una y otra vez por senderos estrechos, por malentendidos, por límites y por cansancios y que todos ellos pueden convertirse en la grieta por donde nos llegue la sabiduría para aprender a caminar mejor".

1. Confiar en el otro

La confianza no se origina porque el otro sea intachable o muy fiable. Es más, contamos con que seguramente vuelva a cometer algún error. Pero sabemos que el camino más seguro, paradójicamente, y aquel que nos hace dignos de amor, es el que nos lleva a ponernos nuevamente en las manos del otro como oportunidad de conversión. Este gesto, nos sana y nos hace fuertes.

2. Confesarse mutuamente los pecados para vivir en verdad

No se trata de una acción exhibicionista a la manera mundana, donde despojarse de las vestimentas para ser hurgado, donde no se tiene en cuenta el misterio y la grandeza del que muestra su miseria, sino la confesión de aquel que desea ser conocido en su profundidad por el amado, más allá de lo que él mismo puede conocerse.

3. Pedir perdón y esperar (no es un recurso mágico)

A veces pedimos perdón como si fuera un pasaporte a un estado previo, ideal y sin huellas. Cargamos al otro con el deber moral de perdonarnos y nos liberamos de nuestro pecado por arte de magia. Pero la petición de perdón parte de la conciencia de no merecerlo, solo se puede mendigar. Por eso, solo se puede esperar. Esperar que la grandeza del otro nos vuelva a acoger gratuitamente.

4. Valorar juntos el tiempo y la duración de la vida

Pensar en envejecer juntos es una de las mayores declaraciones de amor que podemos darnos. Para ello muchas veces deberemos olvidar y preservar el secreto del pecado del otro. No traerlo a colación jamás después del perdón. Y también, mirar con ternura el camino recorrido juntos y con pasión los pasos que quedan por dar.

Mirar el tiempo con la sensatez que nos muestra la Biblia. "Pon tu confianza en Yahvé, confía en él, que él actuará; hará brillar como la luz tu justicia, y tu derecho igual que el mediodía. Vive en calma ante Yahvé, espera en él", Salmo, 37, 5-7.

Libro

5.  Ser un pueblo, insertarse en una comunidad

Con el sacramento matrimonial aparece la comunidad en el escenario. La pareja no puede ser un encerramiento individualista de dos. Uno se casa para donarse, en función de una misión; el matrimonio no es un fin en sí mismo, es la continuidad en la colaboración creadora de Dios que necesita ser arropada por la comunidad.

6. Desear el bien del otro antes que el propio

Custodiar el deseo del otro sin querer otra cosa y sin querer cambiarle, ni en su modo de ser ni en sus esperanzas. Si el cambio en el otro sucede ha de ser por agradecimiento, por despertar al amor.

7. Amar con el cuerpo hasta experimentar el placer de la entrega

El sexo que se cifra en la cantidad de libido que se deposita en el otro está abocado al fracaso al ser un negocio fraudulento, insatisfactorio y frustrante. La experiencia dice que se agota de usarlo si el sentido es solo el mutuo disfrute hedonista.

El sexo en el matrimonio cristiano es otra cosa. Entregarse al otro es una forma de donación que conlleva otro tipo de placer. Proyectar una vida fruto de la entrega es un vínculo sobrenatural, no un cálculo. Es un altar sacrificial, donde se da y celebra la resurrección.

8. Atreverse a cometer equivocaciones

Atreverse a cometer equivocaciones. Lo peor no es "meter la pata", sino no atreverse a tomar decisiones por miedo a sufrir. Los miedosos son los que nunca vivieron de verdad. A todo se anticiparon con sus temores y proyectaron, de lo que habría de suceder, solo lo malo. Se perdieron lo bueno y lo que habrían aprendido. Porque, del aprendizaje humano, lo peor no es el dolor. Este sirve para educarse y nos ayuda a buscar medios para repararlo. Como decía la Epístola a los Hebreos: "por el miedo que tenemos a la muerte estamos de por vida esclavos" (Hb 2,15).

Si actuáramos con valentía descubriríamos la verdad de la vida: consiste en arriesgar, en crear vínculos, en compartir experiencias, en aprender a amar. La vida ha de ser entendida como Dios la concibió; como camino, como paseo por el jardín del Edén acompañados por Él y por la compañía adecuada que Él predestinó para cada uno de nosotros. Si en ese camino titubeamos, nos caemos por pendientes o nos perdemos en valles oscuros. Él previó ese uso erróneo de nuestra libertad sobrenatural creando, antes que al universo, la teshuvah: la posibilidad de retorno.

Un midrash judío nos habla de este "retorno" como el lugar previsto por Dios para cuando nuestras experiencias no nos fueran satisfactorias, cuando nuestro deseo se hubiera visto frustrado, cuando hubiéramos aprendido que no somos dioses conocedores del bien y del mal. No nos reprime antes para que no cometamos pecados que sabe que nos harán daño, sino que nos orienta (nos manda acompañantes y mensajeros que nos ayudan a mirar de nuevo a Oriente, de donde viene la luz, para "orientarnos").

Noviazgo"Atreverse a cometer equivocaciones. Lo peor no es "meter la pata", sino no atreverse a tomar decisiones por miedo a sufrir".

9. Rezar antes que mediar (si somos padres)

Los padres no tenemos que mediar entre los hijos, terminamos tomando partido y creando heridas. No se trata de sermonear sino de interceder ante Dios por los hijos. Santa Catalina indicaba "deja de hablar a tus hijos de Dios y háblale a Dios de tus hijos". Es lo que hizo Santa Mónica por San Agustín.

10. No hacer mudanza en tiempos de tribulación

Hay que enseñar a la pareja a esperar y esperarse. Toda impaciencia viene del demonio, que nos arroja precipitadamente por el atajo y este siempre es violento. Hay que darse tiempo, hablar, buscar ayuda, un tercero en discordia distante o neutral es fundamental. De aquí la importancia de los centros de ayuda matrimoniales en las diferentes diócesis, además de la vida comunitaria y el acompañamiento espiritual.

11. Callar y acompañar

Es imposible penetrar en el misterio del sufrimiento del otro. El mejor acompañamiento es desde el silencio y la oración. En todo caso no se trata de iluminar desde fuera de la relación que es en donde se ha colado el Maligno sino de hacer presente la Cruz.

12. No esperar a la mujer o el hombre perfectos

Porque no existen. El problema de una relación dubitativa en el noviazgo, o ya en la relación consumada, es esperar del otro la perfección. La inseguridad, la incapacidad de tomar decisiones tiene que ver con creer, aunque no lo verbalicemos, que el otro debe ser perfecto según la proyección que mi subjetividad lanza sobre él.

El gran reto de todos los retos, consigna práctica universal, es luchar contra el idealismo. Superar el romanticismo, tal vez necesario, pero no suficiente, es un arduo ejercicio, pero inevitable, pues son formas infantiles de sublimar alguna carencia propia.

13. Salir del ensimismamiento

Luchar contra la tentación, y vencerla, de hacer que el mundo gire en torno nuestro. Nuestro instinto de supervivencia gira siempre alrededor del yo. Salir al encuentro del otro demanda descentrarse. Se trata de aprender a "pasar al otro" y salir de sí mismo, de la prisión del ego. Si este paso no se da estamos en un permanente volver a empezar cada vez más decepcionante y penoso.

El obstáculo para este aprendizaje es haberlo visto en otros. Solo viéndolo en otros se aprende. Por eso la vida comunitaria no es un añadido a la vida de fe, sino una necesidad imponderable.

"Quien decide solo, con frecuencia es víctima de su engreimiento. Porque la mirada de una persona es limitada; solo divisa lo que tiene delante. Como el enemigo suele atacar por detrás, necesita alguien que cubra su espalda. Es otro el que nos ayuda en la dura pugna contra las fuerzas del mal" (A. Gómez Fernández).

Charla del autor sobre "la formación del corazón para el amor".

14. Una prioridad clara

"Amar a Dios con todo el corazón, con todas las fuerzas y con toda la mente" (Dt 6,4), es la clave de la felicidad. Y eso mismo pretende Dios que hagamos con todas sus criaturas. Vivida así la vida se convierte en una aventura apasionante y sorprendente. Y así con la última clave....

15. Siempre amanece

Creer que todo pueda empezar cada de día de nuevo.

J.m.C., ReL

Vea también      Salva tu matrimonio en 40 días:
Matrimonio a prueba de fuego






















domingo, 9 de octubre de 2022

Reducir las rivalidades, ser sinceros... Nueve propuestas útiles para instaurar la paz en el hogar

Los conflictos nunca faltarán, pero se puede aprender
a manejarlos con calma


La clave es comenzar por uno mismo, cultivando la paz interior
para, después, favorecer una atmósfera agradable a los demás.

La armonía en el hogar es de las virtudes que, como cristianos, más se deberían fomentar. La convivencia entre las diferentes personalidades y caracteres que conforman la familia requiere, muchas veces, de grandes dosis de comprensión, misericordia, prudencia, etc. Una actitud que debe comenzar por cada miembro, cultivando su paz interior, para, después, favorecer una atmósfera agradable al resto. La web Crosswalk ha enumerado una lista de nueve consejos prácticos para hacer del hogar un espacio para la paz.

Mantener el orden

El caos y la confusión son lo opuesto al orden. Según 1 Corintios 14:33 , "Dios no es un Dios de confusión sino de paz". Mantener la organización en el hogar ayuda a que reine la calma, disminuya el estrés, se cree un lugar más seguro y se abran las puertas a los de fuera.

Pero, para mantener el orden, se necesita un poco de trabajo entre todos los miembros de la familia. Puede ser útil, por ejemplo, tener un fin de semana al mes para hacer juntos una limpieza en profundidad y, luego, disfrutar de la recompensa con una actividad o salida especial. Eso generará espíritu de equipo y orgullo en el hogar. El objetivo debe ser crear cierta comodidad sin caer en la obsesión. 

Reducir la rivalidad

La rivalidad entre hermanos puede provocar discordia, mientras que el favoritismo de los padres, a veces, causa conflictos y dolor. Una familia necesita unidad y que todos sus miembros se sientan cuidados. Una de las mejores maneras de fomentar la unidad es rezando unos por otros.

NiñosUno de las mejores maneras de reducir las rivalidades es rezando unos por otros.

Cada persona puede rezar por el que tiene al lado, pidiendo por una preocupación suya y agradeciendo a Dios una maravilla. Así, los hijos se pueden unir más unos con otros a través de la oración. Con este método, se hace un seguimiento de las oraciones, para ver cómo Dios responde en la vida del otro miembro. Este sistema logra que los hijos no sean celosos con las bendiciones que cada uno recibe.

Otras formas de reducir la rivalidad puede ser satisfacer las necesidades de atención de cada hijo, por ejemplo, elogiando a cada niño diariamente, llenándolos de afecto, evitando las comparaciones y escuchando realmente a cada uno de ellos cuando habla.

Resolver conflictos

La paz no es la ausencia de diferencias o conflictos sino aprender a manejarlos con calma y buscando soluciones beneficiosas para todos. Para fomentar la paz en el hogar es necesario tener sabiduría. En Lucas 12:13-15 , Mateo 22:15-40 y Lucas 23:34 se puede ver cómo Jesús abordó los conflictos. 

Estas podrían ser algunas ideas para solucionar conflictos en el hogar:

-Reunirse en un lugar neutral cuando todos los miembros estén tranquilos.

-Permitir que cada persona involucrada tenga la oportunidad de compartir su posición.

-Discutir lo que es egoísta y lo que es apropiado.

-Estar dispuesto a ser flexible y a orar para que Dios sea el que guíe a la familia.

-Lluvia de ideas sobre posibles soluciones, que sean buenas para todas las partes.

-Enumerar los pros y los contras de cada solución propuesta.

-Perdonarse unos a otros.

-Lista de compromisos que puedan ser necesarios.

-Elija una solución y fije una fecha para evaluar cómo está funcionando.

-Evaluar el resultado en la fecha establecida.

Comprender las diferentes personalidades 

Para establecer la paz en el hogar antes sería bueno tener claro cuáles son las personalidades de cada miembro de la familia. En este punto, es importante, no confundir con posibles trastornos de personalidad, como un narcisista, que no tiene empatía y necesita ayuda profesional.

FamiliaPara mantener la paz es bueno ser flexible y orar para que Dios sea el que guíe el hogar.

Estos son los rasgos de las personalidades más extrovertidas y cómo se les puede beneficiar:

Suelen ser juguetonas y aman la extroversión. Les encanta estar cerca de las personas y acaparar su atención. Esta persona es una animadora natural, pero es muy habladora y tiene dificultad para cumplir sus promesas. Una persona que quiera mantener la paz podría darle más atención y elogios, y recordarle que sea agradecido con los demás. Se podría, por ejemplo, dejar que este niño ayude a planificar las actividades de los cumpleaños.

A estas personas, también, les gusta establecer metas y dirigir a todos. Pueden parecer mandones y olvidarse de expresar aprecio, pero captan las ideas rápido, trabajan duro, se convierten en grandes triunfadores y son líderes naturales. A los más extrovertidos se les puede dar más responsabilidades, como puede ser planificar una actividad familiar o dar clases particulares a un hermano.

Pero, los miembros más introvertidos también tienen sus necesidades particulares: 

Las personas más introvertidas prefieren quedarse en casa, son pensadores tranquilos y reflexivos, que luchan por la perfección. Pueden obsesionarse con problemas o tareas, ser sensibles a los comentarios y guardar rencor. Pero también son naturalmente analíticos, artísticos y se toman tiempo para tomar decisiones. Necesitan ser alentados a perdonar a los demás. Es bueno darles tiempo adicional para las tareas, sugiriéndoles que comiencen a prepararse antes que los demás y permitiéndoles tener su propio espacio.

También es bueno que se les agradezca las ideas que aportan y escogerlos para trabajar en los detalles más pequeños de una actividad. Este tipo de persona se estresa más fácilmente, así que le debe ayudar a encontrar lo que más les tranquilice. Ellos, además, son pacificadores naturales, con un gran sentido del humor y empatía. Así, como excelentes negociadores que ayudan a alcanzar la paz. Con ellos se pueden usar incentivos, como tiempo extra para que se relajen, motivarles para la acción, elogiarles y pedirles consejo sobre cómo mantener la paz en el hogar.

Programar actividades 

Es bueno colgar un calendario para anotar citas y actividades. Para familias más grandes, se le puede asignar un color a cada persona y escribir sus tareas en ese color. Un solo vistazo le mostrará qué persona tiene cada día ocupado. 

Es bueno establecer siempre metas y hacer planes para las vacaciones familiares. Se debe dejar que cada miembro dé su opinión sobre lo que le gustaría hacer de especial. Eso les hará esperarlas con ansias.

Respetar a todos

Si alguien menosprecia a otra persona, se le debe recordar que esa persona es amada por todos y que es importante, porque fue Dios el que la puso en esa familia.

Se tiene que impedir cualquier comportamiento irrespetuoso de palabras o acciones, ya sea tomar los artículos personales de alguien sin preguntar o insultar a los demás. Una familia que busque la paz debe fomentar que los niños se concentren y escuchen a la persona que habla. 

Reducir el estrés

Cada miembro de la familia canaliza de una manera distinta el estrés. Las reacciones varían desde rabietas, lloros, esconderse o, incluso, una agresión pasiva. Es bueno siempre comprender bien cuáles son los factores estresantes.

FamiliaSi alguien menosprecia a otro debe saber que Dios puso a esa persona dentro de la familia.

Estos podrían ser algunos consejos:

-Cuando se estresan por no hacer algo lo suficientemente perfecto se deben bajar las expectativas y estar agradecidos por lo que se hace bien.

-Dejar que la persona con una rabieta se vaya sola a un lugar para calmarse. Esto reduce la necesidad de atención. Ayudar al niño a manejar el detonante de ese enfado y a no responder a él. Es bueno fomentar que la persona se prepare para evitar el problema con anticipación, como comprobar que la ropa que uno va a necesitar esté lista para ese día. 

-Cuando los planes cambian, o alguien los frena, es bueno ayudar a los hijos a ser indulgentes. Es interesante poder fomentar los planes alternativos por si algo falla.

-Algunas personas necesitan hablar las cosas cuando están estresadas, mientras que otras necesitan estar solas para pensar las cosas. Se debe fomentar según convenga a cada uno en cada momento.

-Es bueno reírse y ayudar a las personas a relajarse. Se pueden contar chistes, historias divertidas o disfrutar juntos de una película.

-El ejercicio siempre es una buena herramienta. Eso puede incluir ejercicios de respiración, para disminuir el ritmo cardíaco, así como caminar para aumentar las endorfinas que hacen que una persona se sienta más feliz.

-A algunas personas les gusta escribir en un diario o dibujar para aliviar el estrés. A otros les gusta la música o la naturaleza para relajarse.

Enfocarse hacia afuera

Para fomentar la paz en un hogar es necesario, a veces, mirar hacia afuera. Siempre es bueno ofrecerse para servir a los demás. Por ejemplo, turnándose para hacer o llevar la cena hasta la mesa. Se puede pedir, también, ayuda con una tarea y después elogiar a los ayudantes.

Pero esta actitud debe ir más allá de las paredes de la propia casa. Se puede proponer a los hijos que ayuden a un vecino o a una madre soltera con el cuidado de sus hijos. Ofrecerse como voluntario para hacer bocadillos para personas sin hogar. O, fomentar que los niños renuncien al postre, y con ese dinero comprar comida para un banco de alimentos. Cuando los miembros de la familia experimenten la alegría de darse a los demás, en el hogar reina la paz.

Hablar con sinceridad y apertura

Cuando haya un problema, como la pérdida de un trabajo o la enfermedad de un miembro de la familia, se puede organizar una reunión para hablar de lo que está sucediendo. Los niños sentirán que son parte de la solución, si están informados y pueden hacer sugerencias para ayudar. Estarán, además, dispuestos a reducir sus actividades si entienden la necesidad.

Discutir las decisiones en familia fomenta el espíritu de equipo. Además, se debe estar abierto a escuchar los deseos de los hijos. Porque comprometerse les da habilidades para tomar decisiones y les permite saber que su voz es importante.

L.C., ReL

Vea también      Rincón de Oración en el hogar























miércoles, 27 de abril de 2022

La caja de zapatos


 

Para mantener un matrimonio hay que ser prácticos,
 muy pacientes, sabios y pedirle a Dios un montón de fortaleza.
-Ricardo Ruvalcaba-

          Hacía 60 años que se habían casado y ya llevaban tiempo adentrados en la década de los ochenta. Habían compartido todo, hablaban de todo y no se habían guardado ningún secreto nunca. Lo único que no compartían era lo que la viejita tenía en una caja de zapatos y le había pedido a su esposo que nunca la abriera y que no le preguntara sobre ella.

           Durante todos estos años, él, Mario, nunca pensó en la caja, pero un día ella, Rosa, enfermó y el médico les dijo que ya no se recuperaría de su enfermedad. Mario, tratando de arreglar todas las cosas de Rosa antes de que muriera, se topó con la caja de zapatos. Rosa le dijo que ya era tiempo de que supiera lo que había adentro. Cuando Mario abrió la caja, encontró 2 muñecas de punto y un sobre con 1.000 €. Él sorprendido le preguntó sobre el contenido de la caja y ella le dijo:

          —Cuando nos casamos, mi abuela me dijo que el secreto de un buen matrimonio era nunca discutir, me aconsejó que cada vez que me enojara contigo, guardase silencio y tejiera una muñequita de punto.

          Mario tuvo que contenerse para no derramar unas lágrimas, ya que solo había dos muñecas en la caja: Rosa solo se había enojado con él dos veces en todos esos años llenos de amor y entendimiento.

          —Cariño, dijo Mario, entiendo lo de las muñecas, pero ¿y el dinero? ¿de dónde salió?

         —¡Ah, el dinero!, susurró Rosa, es lo gané de todas las muñecas que vendí durante todos estos años.

         Cuando me contaron la anécdota, me acordé de los consejos del abuelo. Muy resumidos son así:

*        El matrimonio es para amar. Y amar es una decisión, no un sentimiento. Amar es donación. La medida del amor es amar sin medida.
*        El amor verdadero no caduca. Se mantiene fresco y dura hasta la muerte, a pesar de que toda convivencia, a la larga, traiga problemas. El amor, ama hoy y mañana. El capricho, solo ama hoy.
*        Toda fidelidad matrimonial debe pasar por la prueba más exigente: la de la duración. La fidelidad es constancia. En la vida hay que elegir entre lo fácil o lo correcto. Es fácil ser coherente algunos días. Correcto es ser coherente toda la vida.
*        Séneca afirmó: «Si quieres ser amado, ama». El verdadero amor busca en el otro no algo para disfrutar, sino alguien a quien hacer feliz.
*        El amor matrimonial es como una fogata, se apaga si no la alimentas.
*        Para perseverar en el amor hasta la muerte, vive las tres «des»: Dios, diálogo, detalles.

         Y para terminar, Antonio, me dijo el abuelo que «recordara que el secreto para conseguir una matrimonio largo, fecundo y feliz es hacer un grupo de tres: Dios, el hombre y la mujer».

La fe con chispa, ReL

Vea también     Salva tu matrimonio en 40 días


















miércoles, 3 de noviembre de 2021

Cómo «poner punto muerto» en una pelea

COUPLE


Saber detener la marcha a tiempo en una pelea puede ser el impulso para llegar a donde uno de verdad quiere con el otro

Los conflictos se agrandan a medida que aumentan los niveles de ira y frustración. En ese momento, en lugar de hablar de una manera asertiva comienzan las acusaciones, las críticas o los gritos y uno deja de escuchar activamente haciendo interrupciones, dando lugar a los menosprecios y a la indiferencia.

Fisiológicamente, la respuesta de «pelea o pelea» se activa cuando cada persona entra en un modo de protección con poca o ninguna consideración por su cónyuge. En este estado de escalada no es raro decir o hacer cosas de las que luego nos arrepentimos.

Detenerse a tiempo

Además, uno sabe que en ese contexto es casi imposible tener una conversación productivaque conduzca a una solución mutuamente acordada, pero el enojo nos arrastra. Y ese es el momento en el que un «tiempo muerto» puede resultar beneficioso para los dos.

El tiempo muerto es un tiempo que brinda a las parejas la oportunidad de calmarse, identificar sus sentimientos y necesidades y comenzar a pensar de nuevo de manera productiva sobre cómo abordar los problemas que enfrentan. Estar familiarizado con estos cinco pasos te darán más oportunidades para pasar mejor por las crisis de pareja.

1RECONOCE TU NECESIDAD DE UN TIEMPO FUERA.

¿Tu cara está roja? ¿Estás respirando rápido? ¿Las lágrimas corren por tu rostro? ¿Tienes ganas de gritar o tirar algo? ¿Tienes miedo de los nervios de tu pareja? ¿Te sientes emocionalmente cerrado? Si prestas atención, reconocerás qué reacciones físicas y emocionales son las que indican que necesitas un descanso.

Aprende a reconocer esas señales de que las cosas se han vuelto demasiado intensas para que puedas tener una interacción productiva con tu pareja. Ante uno de esos síntomas recuerda que tienes la posibilidad de poner “punto muerto” en vez de intentar seguir avanzando sabiendo que no podrás llegar lejos en esas condiciones.

2SOLICITA EL TIEMPO MUERTO.

Solicita un tiempo de descanso diciendo algo como: «Estoy demasiado enojado para hablar en este momento” o “Necesito tomarme un descanso. Por favor, dame una hora para calmarme y ordenar mis pensamientos». Recuerda que pedir el tiempo muerto tiene que ser para ti y no para el otro, ya que rara vez es útil decirle a la otra persona “¡Necesitas un descanso!.”

Pedir tiempo puede verse como una forma de evadir un tema importante o una suerte de “escape” que puede ser frustrante para el otro, aun si han hablado y se han puesto de acuerdo en los tiempos de paz. Por eso, es importante solicitarlo pero también sugerir un momento en el que creas que estarás listo para reanudar la conversación.

3RELÁJATE Y CÁLMATE.

Cuando los niveles de estrés son altos es difícil encontrar la calma. No solo para tu relación conyugal sino también para muchas situaciones en la vida, será importante que cuentes con recursos que hayas probado que funcionan para ti y te ayuden a “encontrar tranquilidad en la tormenta”. Mientras más ejercitado estés en eso, más chances tendrás de estar calmado.

¿Qué métodos podrías usar para calmarte? Toma algunas respiraciones profundas, sal a trotar o caminar, tómate un baño, escribe en tu diario, lee, reza o mira televisión por un rato. Haz algo que te ayude a relajarte y recuperarte de la intensidad emocional y poner tu mente en off por un momento para conectarte contigo de nuevo. La calma te ayudará a prepararte mejor para cuando tengas que regresar a tratar el tema de conflicto.

4RECUERDA LO QUE ES IMPORTANTE.

Una vez tranquilo, trata de poner las cosas en perspectiva y haz un esfuerzo por identificar lo que estabas pensando y sintiendo que se volvió tan difícil discutir. Pasa un rato en calma considerando el punto de vista de tu pareja y cómo puede estar sintiéndose. Esto te ayudará a tener una visión más objetiva sobre lo sucedido.

Piensa en los mensajes que podrías usar para decirle lo que estabas pensando o sintiendo y lo que necesitas de él o de ella. Recuerda que son un equipo y la única forma en que su relación «ganará» es si trabajan juntos para encontrar una solución con la que ambos puedan sentirse bien, aun cuando tengan diferencias.

5REANUDA LA CONVERSACIÓN.

Honra tu compromiso de volver al tema cuando estés listo para tener una buena conversación con tu pareja. Las peleas, sobre todo si antes de poner un “punto muerto” no estuvieron excluidas de palabras ofensivas, no pueden dejarse en el aire esperando que el tiempo sane las heridas. Es importante darle una resolución y saber recoger de estas experiencias aquello que les ha sido útil para otros conflictos que puedan llegar en el futuro.

Recurre a aquellas habilidades sobre el modo de comunicarte mejor, la escucha activa, el reconocer faltas para pedir perdón y saber perdonar, así como también modos de tratar los conflictos para poder contener mejor el aspecto tenso de las discusiones. Vale la pena hacer el esfuerzo para llegar mejor preparado a ese nuevo encuentro con el propósito de avanzar hacia un mejor destino para ambos.

Cecilia Zinicola, Aleteia

Vea también      Guerra Espiritual


























domingo, 16 de mayo de 2021

Francisco: «Ser fieles al evangelio significa comprometerse, también arriesgando la propia vida»

 


En la homilía de la solemnidad de la Ascensión, el Papa invitó a cuidar la verdad,
la unidad de la fe y la oración.

Este domingo, el Papa Francisco ha presidido la misa de la Ascensión en el Altar de la Cátedra de la Basílica de San Pedro. Ha dedicado la misa a los fieles de Myanmar –Birmania hasta 1989– residentes en Roma, donde ha pedido por la paz en el país asiático, sumido en el conflicto civil desde su independencia en 1948.

Comenzó su homilía invitando a los presentes a que, “teniendo como modelo la oración de Jesús, aprendamos a atravesar los momentos dramáticos y dolorosos de la vida. Queridos hermanos, mientras Myanmar, vuestro amado país, está marcado por la violencia, nos preguntamos: ¿Qué debemos cuidar?”, planteó.

La oración, "arma de amor y de esperanza"

A lo largo de toda la homilía, el Papa se refirió a la responsabilidad de los asistentes de “cuidar la fe, la verdad y la verdad”, especialmente en lo referido al conflicto civil de la región.

Recordando las últimas horas de Jesús ante la pasión, mencionó que “levanta la mirada hacia Dios, no baja la cabeza ante el mal, no se deja aplastar por el dolor ni se aísla en la amargura de quien está derrotado y decepcionado, sino que mira hacia lo alto”.

Por ello, interpeló a los asistentes al explicar que “custodiar la fe es mantener la mirada en lo alto, hacia el cielo, mientras sobre la tierra se combate y se derrama sangre inocente, permanecer con la mirada puesta en ese Dios que nos llama a ser hermanos”. La oración, dijo el Papa, “es la única arma que tenemos para cuidar el amor y la esperanza en medio de tantas armas que siembran muerte”.

Cuidar la unidad y construir la fraternidad

También llamó a cuidar la unidad frente a la “enfermedad mortal” de la división. “Frecuentemente estamos divididos dentro de nosotros mismos. Experimentamos la división en las familias, en las comunidades, entre los pueblos e incluso en la Iglesia”, destacó.

Partiendo de la oración de Jesús “para que todos sean uno”, el Papa advirtió de que “estos pequeños conflictos que tenemos entre nosotros se reflejan después en grandes conflictos” como el birmano.

“La última recomendación que Jesús hace antes de su Pascua es la unidad, porque la división vine del diablo. Cada uno, en lo pequeño, puede comprometerse a ser constructor de fraternidad, a ser sembrador de fraternidad, a trabajar en la reconstrucción de lo que se ha roto”.

No seguir los criterios del mundo

Por último, aludió al deber de “custodiar la verdad”, que “significa permanecer unidos a Cristo y estar consagrados a su Evangelio. Jesús ruega para que viviendo en el mundo, los discípulos no sigan los criterios del mundo”.

Centrándose en los conflictos, el de Myanmar en particular, como leitmotiv de su discurso, llamó a que “donde hay guerra, violencia y odio, ser fieles al Evangelio y constructores de paz significa comprometerse, también a través de las decisiones sociales y políticas, arriesgando la vida”.

“El Señor no necesita gente tibia”, añadió, “nos quiere consagrados a la verdad, para que podamos testimoniar la alegría del Reino de Dios también en la noche oscura del dolor y cuando el mal parece más fuerte”.

Francisco concluyó su homilía llevando “al altar del Señor el sufrimiento de vuestro pueblo y rezar para que Dios convierta los corazones a la paz”. “No pierdan la esperanza”, animó, “Jesús reza e intercede por todos nosotros, para que nos cuide del maligno y nos libere del poder del mal”.

Motivos de alegría en el día de la Ascensión

En relación a las palabras de su homilía, Francisco presidió el rezo del Regina Coeli desde el balcón del Palacio Apostólico con un mensaje de esperanza. Comentando el Evangelio del día de la Ascensión, destacó que “a pesar de su separación del Señor, los discípulos no están desconsolados, al contrario”.

“¿Por qué no están tristes?” se preguntó: “porque la ascensión completa la misión de Jesús entre nosotros. Si es por nosotros que Jesús bajó del cielo, es siempre por nosotros que asciende”. El Papa explicó que, lejos de tratarse de un abandono, Jesús “se queda para siempre”.

A “la oración de Jesús por nosotros”, añadió un segundo motivo de esperanza: “nos envía y nos promete al Espíritu Santo para ir a evangelizar. Por esto”, concluye, “la alegría de hoy, por esto la alegría de este día de la Ascensión”.

ReL

Vea también     Orientaciones parar Evangelizar en el Internet (tiene como para escoger)





























jueves, 18 de marzo de 2021

¿Levantas muros en tu familia? Una solución para evitar lo que os separa

 

ZŁOŚĆ


Si creas listas de agravios y eso genera conflicto en la familia, estás a tiempo de poner remedio con una receta que está en tus manos

En la vida de una familia, es lógico que siempre haya personas con las que nos es más fácil el trato mientras que con otros hay que poner más esfuerzo. Es cuestión de «química», de carácter, de coincidencia en las opiniones y el modo de enfocar los asuntos…

También ocurre que no todos los momentos son iguales para la convivencia. La familia es «un ser vivo»: se mueve contínuamente, crece y se pone en relación con otros «seres vivos». Hay momentos de paz y momentos en que todo tiembla. Y no es lo mismo cuando llega la enfermedad o la inestabilidad económica, por ejemplo.

SŁOWA
fizkes | Shutterstock
Conviene estar alerta respecto a pequeñas situaciones que parecen sin importancia pero, sumadas, generan un problema familiar.

Recuerdo que un jefe mío, casado y con hijos, empleó todos los ahorros de él y su esposa en la compra de una nueva casa. Era el sueño de los dos y tenían puestas en aquel proyecto todas sus expectativas. Pero de la noche a la mañana se dieron cuenta de que habían sido víctimas de una estafa inmobiliaria. Fue un mazazo.

Un día, al preguntarle cómo estaban, me respondió: «Mi mujer y yo ni nos hablamos cuando nos cruzamos por el pasillo». Y es que cuando hay problemas, estos afectan a nuestro modo de actuar y repercuten incluso en perjuicio de quienes más queremos.

Ese era un problema económico grande que, gracias a Dios, se solucionó en los tribunales y no tuvo más consecuencias familiares.

Pero conviene estar alerta respecto a situaciones que parecen sin importancia y sí la tienen. En la familia puede haber obstáculos que parecen cuestiones menores pero acaban por levantar muros que nos separan de los demás.

Por ejemplo:

  • reacciones de carácter sobre las que no hablamos y nos molestan cada vez más.
  • errores por los que no hemos pedido perdón (o no nos han pedido perdón).
  • equivocaciones del otro que preferimos callar pero guardamos en la memoria.

El momento en que sale la lista acumulada

Quizá nos ocurre como con la cajera del supermercado. Ha ido anotando las cosas en la caja registradora y cuando llega la hora de hacer balance, nos sale una cuenta larguísima que nos deja perplejos. Y es que habíamos ido almacenando una «lista negra», tal vez sin ser muy conscientes de ello.

Esas «listas negras» al final son una bomba que estalla. 

Esas «listas negras» son un muro que levantamos y que nos separa de los seres queridos. Cada apunte «sin importancia» se convierte en una piedra con la que al final levantamos un muro que divide, separa e incluso puede acabar rompiendo la unión.

Especialmente en la vida familiar, es importante estar atentos para evitar que se alcen, ni siquiera un poco, esos muros a veces imperceptibles que nos distancian a unos de otros.

«Si, en lugar de pasar por alto las cosas que nos resultan molestas, alimentáramos resentimientos, lo que en sí es normal e inofensivo nos podría entumecer poco a poco el corazón, de modo que nuestro trato con los demás, y así el ambiente de la casa, se iría enrareciendo», advierte Carlos Ayxelà, un sacerdote que se dedica a la pastoral juvenil y familiar en Suiza.

¿Qué puedo hacer para no levantar muros en mi familia?

En el libro «La ternura de Dios. Misericordia y vida diaria», aporta la receta para que evitemos levantar esos muros que separan: es la misericordia. Permítanme: la MISERICORDIA.

«La misericordia -dice Ayxelà- nos hace salir del círculo vicioso del resentimiento, que lleva a atesorar una lista de agravios en la que el yo es siempre enaltecido a costa de las deficiencias de los demás, reales o imaginarias.»

HEALTHY
Shutterstock | Monkey Business Images
La misericordia es clave para mantener la unidad familiar.

Esa misericordia, para un cristiano es tener los mismos sentimientos de Cristo al mirar a los demás: ¿cómo miraría Jesús a mi suegra?, ¿cómo miraría Jesús a esa hermana o a ese cuñado? ¿Y a ese hijo, ese que te da quebraderos de cabeza? Y un paso previo a mirar con la mirada de Jesús, es hablarle a Jesús.

Hablarle a Dios de lo que nos separa

«El amor de Dios -explica en el libro- nos empuja, en cambio, a buscarle en nuestro corazón, para encontrar allí nuestro desahogo». Gran solución: ¿hay que hablar de los conflictos? Sí, por supuesto, pero primero con Dios, que nos aportará el filtro para que encontremos la medida para juzgar esos hechos y las palabras apropiadas para enfrentarlos al hablar con los demás. O tal vez después de orar con Dios ya tengamos paz sobre ese asunto y podamos optar por el silencio en paz.

«¿Por dónde comenzar para disculpar las pequeñas o grandes ofensas que sufrimos cada día? Ante todo por la oración«, recomendó el Papa Francisco en el Angelus del 26 de diciembre de 2015, o sea, al día siguiente de Navidad.

Fuera el rencor que me separa de la familia

Y proseguía:

«Se comienza por el propio corazón: podemos afrontar con la oración el resentimiento que experimentamos, encomendando a quien nos ha hecho el mal a la misericordia de Dios: ‘Señor, te pido por él, te pido por ella’. Después se descubre que esta lucha interior para perdonar purifica del mal y que la oración y el amor nos liberan de las cadenas interiores del rencor. ¡Es tan feo vivir del rencor! Cada día tenemos la ocasión de entrenarnos para perdonar, para vivir este gesto tan alto que acerca el hombre a Dios.»

Dolors Massot, Aleteia

Vea también      Testimonio de dos familias en misión