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martes, 18 de julio de 2023

Discusiones de pareja frente a los hijos. ¿Cómo manejarlo?

niño escuchando la discusión de sus padres

En toda pareja hay altibajos y a veces se desata una escena doméstica frente a los niños. Un pequeño conflicto puede tener repercusiones en las mentes de nuestros pequeños

Los platos que no han sido lavados, la ropa que no ha sido planchada, la falta de sueño o la discrepancia sobre la educación de los hijos… A veces sucede que estalla un conflicto de pareja; el tono sube, se pronuncian palabras hirientes…

Muchas veces no nos damos cuenta que estamos bajo la mirada de los niños, una pequeña escena doméstica puede pasar desapercibida para los padres, sobre todo si el conflicto se resuelve rápidamente, sin embargo, puede desestabilizar a los niños y sumirlos en una auténtica angustia. 

¿Cómo vive el niño la discusión de sus padres?

El niño ve a sus padres como una verdadera base de amor en la que se siente seguro. Así que a la menor discusión, se hace la pregunta: «¿Mis padres se van a separar?». Una pregunta que puede parecerle lógica si tiene amigos cuyos padres están divorciados.

¡Pero afortunadamente, no siempre significa que se divorciarán! Y aunque los adultos lo saben, el niño no. Por lo tanto, es importante tranquilizarlo sobre este punto. 

Tranquiliza a tu hijo y pídele perdón

Debemos explicarle al niño que la discusión no significa que no haya amor. También debemos dejar que el niño exprese sus emociones, que diga lo que él sintió. Pequeñas preguntas como ¿estabas asustado? o ¿estás triste? pueden ayudarlo a calmar sus emociones y evitar guardárselas porque lo que no se expresa se imprime. Dice el Papa Francisco que «El matrimonio se prepara desde el nacimiento».

Establecer mecanismos para moderar las disputas

Dado que el impacto de una discusión de los padres es real en un niño, es mejor esperar hasta que los niños estén en la cama, en la escuela, la guardería o cualquier otro lugar para reunirse a solas, tener una discusión y resolver el conflicto. 

¿Por qué no establecer un código para indicarle al otro que hemos sido heridos o no estamos de acuerdo? Un cartel que diga: «Hablamos de esto más tarde». Y dado que la mayoría de las discusiones ocurren debido a la fatiga o el estrés experimentado durante el día, es importante escucharse unos a otros.

Por la noche, por qué no le preguntas a tu cónyuge cómo pasó su día o qué necesita. Así se pueden anticipar las necesidades del otro y se evitará la posible disputa ligada a su agotamiento.

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El tiempo dedicado a la familia nunca es tiempo perdido.

Para no lastimar a sus hijos con sus escenas domésticas, la pareja también debe tener momentos privilegiados para hablarse de verdad. Y si él o ella no saben cómo hacerlo, tienen que ir a ver a un consejero matrimonial que les permitirá a ambos cónyuges identificar mecanismos específicos para cada uno y ayudará a que la pareja aprenda a comunicarse mejor y a escucharse. 

Sobre todo, no olvides que cuando la pareja se ama, los hijos cosechan los beneficios. 


Anna Ashkova, Aleteia 

Vea también     Reglas para el Matrimonio: Diálogo, Disputa, Pleito


















sábado, 5 de noviembre de 2022

Cómo evitar discusiones que hacen daño al matrimonio

Discusión pareja     

El matrimonio es mirar y entender al otro, pero ¿cómo?. La experta Mercedes Honrubia, del Instituto Coincidir, da pautas para no caer en discusiones que hieren y acaban minando el amor

Muchas de las discusiones que se generan en los matrimonios, vienen provocadas por una interpretación errónea de la intención de la otra persona.

Si, por ejemplo, por una cuestión que afecta a uno de los hijos de la pareja, la mujer comparte con su marido en forma de pregunta algo que no sabe muy bien cómo resolver, pero en un tono tenso y no le especifica al marido que es sólo una pregunta, éste puede sentirse interpelado por algo de esa frase y reaccionar de manera que pueda generar tensión en la pareja.

Esta tensión puede derivar en una discusión que, si va a más, irá escalando en forma de reproches, tono de voz alto e incluso faltas de respeto, llegando a decirse  cosas que no querrían haberse dicho. Y la esposa sólo estaba compartiendo algo que le preocupaba, pero ni el qué dijo, ni el cómo lo dijo, ni quizás cuándo lo dijo, eran acertados.

El matrimonio es saber mirar al otro en plenitud, es entender a la otra persona sin interpretar lo que dice o cómo lo dice, quedándonos sólo en la forma, porque nos perderíamos parte de su plenitud.

Su convivencia y encuentro es el acontecimiento por excelencia para las personas que conviven en esa unión matrimonial, donde uno se da al otro a través de su esencia, el amor.

Respeto

Tener esto presente nos permite cambiar la mirada hacia el otro, descubrir qué hay en su corazón y tras acogerlo en el nuestro, intentar entenderlo, respetándolo, sin juzgar.

Este ejercicio, sencillo en apariencia,  nos ayudaría a simplificar muchos de los conflictos que hoy en día tienen los matrimonios y donde una simple palabra o frase puede encender la mecha de un torrente de desencuentros, con la consiguiente repercusión que esto tiene no sólo en el matrimonio, sino también en los hijos.

Saber que habrá dificultades

Hoy en día parece que el matrimonio pesa, que si las cosas van mal, corto y me separo, pero… ¿si a uno le duele la cabeza, se la cortaría? No, ¿verdad? Seguramente se tomaría un paracetamol que le permitiera mitigar ese dolor y malestar que está sintiendo.

Pues lo mismo ocurre en la vida matrimonial, con sus roces. Una dificultad puede generar dolor, sufrimiento, apatía e incluso hastío, y uno llega a plantearse tirar la toalla en un momento concreto de dificultad.

Aceptar que esas dificultades forman parte de nuestra convivencia nos permite identificar qué puede estar pasando y buscar los recursos que existen para trabajar en la relación.

Abordar la dificultad y poner los medios para superarla nos permite afrontar esa circunstancia de una manea más constructiva.

Como cuando se construye una casa

Igual que cuando se construye una casa, se asientan muy bien los cimientos para poder ir construyendo poco a poco sus pilares, lo mismo ocurre en el matrimonio: se necesita solidez en la estructura ( saber qué es lo importante) y esa solidez se va forjando a medida que nos hacemos responsables del compromiso adquirido (aceptar que hay situaciones que requieren mirar a lo importante para trabajar en lo que pueda surgir, sin tirar la toalla).

«Queridos novios, vosotros os estáis preparando para crecer juntos, construir esta casa, vivir juntos para siempre. No queréis fundarla en la arena de los sentimientos que van y vienen, sino en la roca del amor auténtico, el amor que viene de Dios. La familia nace de este proyecto de amor que quiere crecer como se construye una casa, que sea espacio de afecto, de ayuda, de esperanza, de apoyo. Como el amor de Dios es estable y para siempre, así también el amor que construye la familia queremos que sea estable y para siempre.»

Papa Francisco, 14 de febrero de 2014, Discurso a las parejas de novios que se preparan para el matrimonio

Que la otra persona pueda expresarse

El matrimonio pasará por diferentes etapas, igual que las atravesarán las personas que lo conforman,  pero es necesario aprender a mirar el interior de cada uno y reconocer a esa persona que está ahí.

Quizás en esa mirada entendamos que está atravesando por un momento que ni siquiera ella sabe cómo definir y que más que nunca necesita nuestro saber mirarla y quererla.

Será en ese momento, al no sentirse juzgada y sí aceptada en su realidad (aunque no la entendamos) cuando pueda expresar qué lleva dentro, porque sentirá ese cariño.

Esta tarea no es fácil, pues muchas veces en ese intento de diálogo nos podemos encontrar con cierto recelo por parte de la otra persona, malas formas o silencios. No pasa nada, esa actitud de nuestro esposo/a, lo que nos está queriendo decir es que ahí en su interior hay algo que necesita salir y que no sabe muy bien cómo hacerlo.

Momentos para hablar con calma

Poco a poco, con cariño, con paciencia, cuidando los momentos para poder hablar desde la calma, encontraremos el camino para acceder a ese corazón herido que interpreta erróneamente nuestro mensaje y reacciona defendiéndose.

Precisamente porque anhelamos ser amados, no queremos que nadie nos haga daño, mucho menos nuestro esposo/a.

Aprender a mirar ese corazón desde el cariño nos dará luz para acceder a él.

Sólo sabiéndonos comprometidos con nuestro cónyuge, seremos capaces de confiar en su capacidad de querernos y para ello, será necesario aprender a comunicarnos para ir consolidando esa confianza que genera esa mirada profunda, hasta el corazón.

Mercedes Honrubia García de la Noceda, Aleteia 

Vea también          Reglas Matrimoniales para el diálogo, la dísputa, la controversia, la discusión,
en fin, la pelea/el pleito de los esposos























viernes, 24 de agosto de 2018

Los 5 niveles de riesgo en el conflicto conyugal

Y la mejor manera de responder y reparar la relación en cada situación

KŁÓTNIA MAŁŻEŃSKA

Algunas personas sueñan con una relación sin conflictos, pero eso no es necesariamente sano: puede ser una señal de dependencia emocional o psicológica excesiva, no de que uno de los cónyuges está siempre de acuerdo con el otro.

En verdad los conflictos y desencuentros prueban que la relación tiene vitalidad. El trabajo, los niños, los parientes, el dinero, son todos temas que pueden provocar debates acalorados. Pero los desencuentros son también oportunidades para que ustedes se conozcan y amen más profundamente. Sea cual fuere la fuente del conflicto, es importante saber cómo navegar esos desencuentros, manteniendo la relación intacta.
Más importante que la causa real de la discusión, que puede ser grande o pequeña, es el impacto que un conflicto tiene en los cónyuges. Para ayudarles a decidir sobre un plan de acción, piensen en su situación en términos de advertencia de avalancha: bajo riesgo, riesgo en ciertas áreas, riesgo en varias áreas, alto riesgo y riesgo muy alto – para la relación. Para evitar ser llevado por la avalancha, aquí están las estrategias para cada nivel de riesgo – para ayudarles a pasar por el conflicto mientras fortalecen su relación:
Bajo riesgo: corregir inmediatamente
Si un pequeño error resulta en sentimientos heridos, un beso y una disculpa sincera muchas veces pueden ser suficientes para corregir. Evita provocaciones o riñas. Basta decir: “Discúlpame”. ¡Existen pocas frases tan eficaces como esa!
Riesgo en ciertas áreas: toma medidas preventivas
Algunos cónyuges evitan completamente el conflicto. Otros tienden a hablar todo en el calor del momento y corren el riesgo de machacar al otro con palabras irritadas. Si se encuentra en el extremo o en algún lugar en medio de eso, una reunión semanal puede ayudar a facilitar la comunicación constructiva.
Saber que todas las noches de viernes, por ejemplo, revisarán las cosas que pasaron durante la semana, puede dar seguridad a los cónyuges. Tales reuniones pueden ser usadas para discutir la próxima semana, hacer planes para el fin de semana y lidiar con el conflicto o una amargura del pasado.
No es necesariamente fácil – agendar esta reunión semanal regular puede exigir sacrificio – pero puede valer la pena. Es un esfuerzo que permite que se refresquen todas las semanas, trabajen los malentendidos, se perdonen el uno al otro… Una vez que adquieran un hábito mejor de comunicación, pueden ser más flexibles con los tiempos de reunión.
Riesgo en varias áreas: usen las herramientas de comunicación
Igual que evitamos tocar un motor hasta que no se enfríe para no quemarnos, también debemos evitar abordar el conflicto cuando las emociones son calurosas. Paren y definan un tiempo para revisar la situación. Antes de lidiar con el conflicto como pareja, dediquen un tiempo solos para escuchar sus propios sentimientos, aceptando todos: rabia, disgusto, rechazo, frustración, tristeza, falta de comprensión, decepción, espanto… También hagan un balance de cualquier necesidad de descanso no atendida, apoyo, compartición, comprensión, etc.
Esperen a que ambos estén calmados y receptivos antes de volver a conversar. Si tu pareja está tranquila, haz preguntas abiertas para atraerle a la conversación. Recuerda que te toca a ti asumir la responsabilidad de tus necesidades. A veces, el simple paso de nombrarlas puede crear cambios positivos.
Comparte tus propios sentimientos y experiencia y pregunta a tu pareja cuál es su punto de vista. Evita declaraciones acusatorias contra la otra persona. En vez de eso, usa frases como “Creo que… Siento que… Desde mi punto de vista…”. Este abordaje invita al diálogo y al verdadero intercambio.
Una vez que ambos se sienten escuchados y entendidos, pasa a la acción. Teniendo en cuenta sus respectivas necesidades, ¿qué decisiones son necesarias para resolver ese conflicto? ¿Cómo pueden evitar un conflicto semejante en el futuro?
Alto riesgo: da un paso atrás
Si están enfrentando un gran desacuerdo, primero determina si es un conflicto de valores o un conflicto de necesidades. Los conflictos de valores son particulares para las personas implicadas. Se relacionan contigo y tu historia personal y muchas veces exigen que uno u otro miembro de la pareja revise sus propios criterios.
Ejemplos de ese tipo de conflicto: “Mi marido se niega a usar un chaleco en la boda de la prima Clara”. “Mi esposa se niega a dejar que nuestra hija se haga agujeros en las orejas”, ou “Ella deja a nuestra hija usar maquillaje a los 13 años”. Hay mucho drama envuelto en ese tipo de conflictos, particularmente si tocan valores personales.
Reconocer que nuestros puntos de vista son distintos es un gran paso que requiere objetividad y apertura mental. Uno o ambos necesitan hacer concesiones; asegúrense de no es siempre el mismo cónyuge el que cede, y que ambos están haciendo esfuerzos para adaptarse. Si es posible, intenta transformar un compromiso en un acto de amor. Hacer sacrificios el uno por el otro puede realmente fortalecer el vínculo matrimonial, si se hace de buen grado y con amor; como seres humanos, cuanto más nos sacrificamos para invertir en algo – incluida una relación –, más nos identificamos com ella y nos comprometemos con su éxito.
Muy alto riesgo: actúa inmediatamente
Si estás profundamente deprimido, desanimado y herido, y crees que la conversación no lleva a ninguna parte, busca ayuda profesional. Los consejeros matrimoniales o terapeutas de parejas pueden proporcionar herramientas y consejos para ayudarles a salir de una situación difícil. Es buena idea buscar ayuda antes que la situación se vuelva insoportable.
Insultos repetidos y/u violencia física no son simplemente desencuentros o conflictos: son actos de abuso. Si estás en esta situación, graba lo sucedido o llama a los servicios de emergencia para obtener ayuda inmediata. El apoyo está disponible para ayudar a tomar las decisiones acertadas para ti y para la seguridad de tus hijos.

BÉNÉDICTE DE DINECHIN, Aleteia








sábado, 9 de diciembre de 2017

Las peleas pueden ser buenas para la pareja

El desafío de los que se aman no es evitar peleas, sino tener la capacidad emocional para atravesarlas.

Un desacuerdo que se deja crecer y no se trata, puede llegar a ser tan malo como una pelea violenta. Son precisamente los desacuerdos saludables o las “peleas buenas” las que le permiten a una pareja superar sus problemas.
Tarde o temprano, el encuentro en situaciones de conflicto también ocurrirá en una relación amorosa y está comprobado que cultivar la inteligencia emocional nos abre la posibilidad de comunicarnos mejor.
Lo cierto es que no todos estamos preparados para pelear y tampoco es sencillo. No es algo que uno espere o le guste, pero si las emociones nos toman desprevenidos es muy probable que nuestra experiencia no sea positiva.

Dean Drobot/Shutterstock

¿Por qué es tan difícil pelear bien?

Muchas respuestas emocionales han sido forjadas desde la infancia, aprendidas en nuestras relaciones más íntimas o modeladas por nuestros padres.
Esto significa que cuando entramos en una relación con alguien, llevamos ciertos hábitos emocionales- incluso aunque hayamos prometido que jamás actuaríamos como lo hicieron nuestros padres.
Estos aspectos que ya traemos con nosotros son importantes reconocerlos para poder enfocarnos y compartirlos con la persona que amamos de manera que podamos ayudarnos mutuamente en ese proceso de crecimiento de la competencia emocional.
Además, la pelea es difícil porque manejar los impulsos no es una tarea fácil para nadie. Los sentimientos pueden ser tan intensos que fácilmente nos pueden dominar, las palabras del otro pueden llegarnos con tanta negatividad que resulta difícil oír algo distinto a un ataque, y lo que está en juego precisamente son nuestras necesidades más profundas: ser amados y sentirnos respetados.
Algunas competencias emocionales – sobre todo el ser capaz de serenarse (y serenar al otro), la empatía y el saber escuchar – pueden ayudarnos a dirimir los conflictos con eficacia. Por supuesto que estos hábitos emocionales no cambian del día a la noche. Se requiere mucha perseverancia y una actitud humilde fundada en el amor.

Serenarse

Dado que la capacidad de escuchar, pensar y hablar con claridad se disuelve durante un pico emocional, serenarse es un paso sumamente constructivo.
Una buena idea es separarse por unos minutos para calmarse antes de reanudar la discusión. La ira residual provoca más ira y una espera más prolongada da al organismo más tiempo para recuperarse de la excitación anterior.
A veces se puede tener un acuerdo preestablecido que permita a uno y a otro hacer una interrupción ante las primeras señales de desbordamiento para luego retomar el diálogo.
Te aconsejo realizar alguna técnica de relajación o dar un paseo para serenarte.

George Rudy - Shutterstock

Escuchar y hablar sin estar a la defensiva

Escuchar es una habilidad que mantiene a la pareja unida. Incluso en los momentos de mayor tensión, se puede hacer el esfuerzo de escuchar más allá de la ira, y oír y responder al gesto reparador del otro.
La actitud defensiva nos hace pasar por alto o rechazar de inmediato la queja del otro. Incluso en el peor de los casos, es posible que una pareja modifique deliberadamente lo que escucha enfocándose en la hostilidad del intercambio.
Algo útil es ver la negatividad mutua como una afirmación implícita de lo importante que es el tema: una exigencia para que se preste atención.
Entonces, si uno grita “¿Vas a dejar de interrumpirme?, el otro podría responder sin hostilidad “De acuerdo, sigue y termina lo que estabas diciendo”.

Poner en práctica la empatía

La actitud defensiva nos ubica en una posición desfavorable. En cambio, una actitud en la que damos un paso para ponernos en el lugar del otro y no contra el otro, puede hacer una diferencia.
La forma más poderosa de atención no defensiva es la empatía: escuchar realmente los sentimientos que hay detrás de lo que se dice.
Cuando el foco no soy yo sino el otro, ambos estamos del mismo lado y desde ese lugar se hace más fácil dialogar.
Cuando se pone en práctica la empatía la comunicación es abierta y no hay amenazas ni insultos, tampoco da lugar a ninguna de las formas de actitud defensiva como las excusas, las críticas, la negación de la responsabilidad o la victimización.
Cecilia Zinicola, aleteia

miércoles, 6 de julio de 2016

Conozco a mi pareja, pero… no la entiendo

Compartamos nuestros diversos puntos de vista

Conozco a mi pareja, pero… no la entiendo

Suele suceder entre esposos: uno de ellos percibe un suceso de tal manera que lo lleva a comportarse como si dicha percepción encajara totalmente en la realidad, y puede venir entonces el apremio, la exagerada preocupación por decidir y actuar en consecuencia, o, por lo contrario, una actitud relajada y un escaso sentido de la urgencia.
Estas actitudes, no siendo apropiadas, pueden generar estrés en uno o ambos cónyuges.

Estas circunstancias ponen a prueba la necesidad de mejorar su comunicación en el aprendizaje, de ponerse en los zapatos del otro. Finalmente dos piensan mejor que uno si se comparten y aprovechan puntos de vista.

También dicho aprendizaje se convierte en la sal de la existencia, cuando las expresiones a propósito serán recordadas con sentido del humor, como anécdotas que pintarán de colores el paisaje de su historia común. Expresiones como:

  • ¡Mujer, gastamos tanto en las vacaciones que tendremos que regalar al perro pues no tendré para sus croquetas!
  • Le he dicho a mi esposo, que si nuestro hijo de tres años, en el kinder ya saca esas malísimas evaluaciones en computación, inglés, francés y chino mandarín, ¡jamás llegara a la universidad!
  • Mi esposo tiene tres días que no me habla de la oficina para decirme que me adora, ¡ya se murió nuestro amor!
  • ¡Tu madre anuncia visita de tres días, seguro de quedará un año!

He aquí una corta historia que describe estos inevitables lances:

Mi esposa me invitó al cine
Como es una de esas películas que a ella le gustan y a mí no tanto, acepté con la condición de que al salir del cine, fuéramos a un pequeño restaurante que suelo visitar con mis amigos.
Le digo que me comeré solo una hamburguesa con su respectiva cerveza. Acepta arrugando el entrecejo pues no le gusta que lo haga, ya que tengo sobrepeso. Aunque… ¿qué fue lo que le dije? ¿Una?
Me encanta salir con ella, siempre que no me malhumore haciéndome llegar tarde a algún lugar por decisiones imprevistas, o “por arreglarse en un minuto”. Así que le advertí por enésima vez, que algo así no podía suceder.

La respuesta fue la de siempre: -No te preocupes, no pasará. Luego, sosteniendo la mirada y poniendo cara de asombro y extrañeza, (gestos que ya conozco), añadió: -¿Por qué habría de pasar? Si te lo estoy prometiendo ahora, ¡ya quita esa cara!

La película empezaba a las 8.00 p.m. Calculando el tiempo de traslado y estacionamiento, deberíamos salir de casa 20 minutos antes. Se lo dije, y quedó acordado.

7.10 p.m. Primera llamada. Llego de la oficina agitado y le digo: -Mi vida, ya estoy aquí, salimos en 30 minutos (para hacer un poco de presión).
Escucho una alegre voz desde el baño: -Mi amor, ya estoy a punto, espero que te guste mucho la película.
La respuesta me causa cierta inquietud, son de esas frases habilidosas, oportunas y un tanto manipuladoras, en las que ella es experta.

7.25 p.m. Segunda llamada. Ya no le digo “mi vida”, sino que le llamo por su nombre poniendo énfasis de gravedad en el tono: -¡Encarnación, mira el reloj, te recuerdo en lo que quedamos!
La serenidad hecha persona me contesta -¡No seas impaciente, que el cine está aquí a la vuelta!
¿A la vuelta dijo? Se enciende un foco rojo. Me tomo un sorbo de agua, respiro profundo y trato de conservar la calma pensando: esta vez no pasará…

7.35 p.m. Tercera llamada. Ya no la llamo por su nombre, sino por el diminutivo propio de los síntomas previos al ataque histérico -¡“Encarna”, ¡que se nos hace tarde! (tengo sudor en la frente).
-Ya casi estoy lista -exclama con un tono de reclamo haciéndose la víctima-. Solo me falta un broche.
Escucho una sirena en el interior de mi cerebro, me veo subiendo por las paredes.

7.40 p.m. Cuarta llamada. Le pego un grito con el súper diminutivo de su nombre: -¡Enca! ¡Que llegamos tarde otra vez!
-¡Solo me falta un zapato!- responde en voz baja, como quien está entre apurada y distraída.
No puede ser, no puede ser… pienso, un zapato puede costarle un cuarto de hora más, debe ser el zapato de la Cenicienta que se le ha perdido y lo está buscando; lo más seguro es que lo dejara en la carroza aquella, y, claro, ahora habrá ido a la carroza por él. (pensamientos que me vienen a la cabeza preparándome para el pleito, integrando previamente fuertes dosis de sarcasmo).

7.45 p.m. De puntillas me acerco a la puerta abierta de la habitación y… ¡oh sorpresa! Mi esposa no está buscando el zapato que le falta, como tampoco lo está buscando en ninguna carroza. Habla por teléfono con la inoportuna de su prima Clara, y aprovecha para reunir calcetines en pares con singular alegría, porque los acaba de sacar de la secadora y no los quiere dejar por ahí.
¡Aunque lleguemos tarde al cine está hablando por teléfono y guardando calcetines!
Me derrumbo en nuestro precioso sofá color morado confundiéndome en su color, rumiando la más terrible de las venganzas. Estoy dispuesto a todo…

7. 50 p.m. Mi esposa sale con una esplendorosa sonrisa y dice -¡Listo, en diez minutos estamos en el cine!
Accedo impasible, porque en mi ya tenebroso y mascullado plan de venganza, pienso… al salir del cine devoraré, sin más, tres hamburguesas con sus respectivas cervezas; mientras que la que adquiera el precioso color morado, habrá de ser ella. La venganza será dulce.

Llegamos 8.05 p.m. La película aún no empezaba, había un pequeño retraso, mi esposa se sentó viéndome de reojo con aire de satisfacción. Yo me hago el occiso.
Disfrutamos de la película y al salir me invitó a comer hamburguesas, diciéndome con desenfado que me comiera todas las hamburguesas que quisiera con sus respectivas cervezas, que ella invitaba con unos ahorrillos que tenía.

Mi mujer me conoce demasiado.
Si los cónyuges no mantienen con excesiva rigidez sus propios valores respecto del otro, entonces, es muy probable que entrenándose ambos en estrategias de negociación y de solución de problemas, muchos conflictos se eviten, controlen o extingan más fácilmente.

Al adquirir experiencia se darán cuenta, de que con el tiempo, los sucesos por difíciles que puedan haber sido, adquirirán siempre una relativa importancia. Por es no se debe de comprometer negativamente la alegría de estar juntos, pues será siempre un valor superior.

Por Orfa Astorga de Lira, m
áster en matrimonio y familia, Universidad de Navarra.

domingo, 24 de mayo de 2015

Las 5 cosas que hubiera agradecido que alguien me explicara antes de casarme

Las 5 cosas que hubiera agradecido que alguien me explicara antes de casarme



Tim Parson ha escrito un interesante artículo sobre la convivencia matrimonial que ha sido traducido y adaptado por Miriam Aguirre para el portal Familias.com Por su interés lo reproducimos íntegramente:

Nuestro matrimonio estaba en crisis
«Nos pasa muy seguido que mi esposa y yo recibimos comentarios sobre nuestro matrimonio que nos hacen sonreír. “Se ven tan felices”, “se portan como recién casados”, “no entenderían nuestros problemas porque su matrimonio es excelente”, “ustedes nunca discuten”.

»No sonreímos porque esto que nos dicen nos hace felices, sino porque muy pocas personas conocen nuestra verdadera historia. Y todas las parejas tienen una, incluso nosotros.

»Hace no mucho tiempo, Consuela y yo estuvimos a punto de divorciarnos. Las cosas no iban bien y nuestro matrimonio estaba en crisis. No digo esto a la ligera. Estábamos en el punto de no retorno – o por lo menos eso pensábamos.

Restaurar el matrimonio
»Asistimos a terapia matrimonial con sacerdotes y consejeros matrimoniales que trataban de ayudarnos a restaurar lo que alguna vez fue nuestro matrimonio. Fue uno de los momentos más dolorosos por los que he pasado personalmente.

Cosas que se hubieran podido evitar
»Al reflexionar de nuevo en ese momento de mi vida, hay algunas cosas que sé que si yo ya las hubiera entendido plenamente cuando me casé, la crisis en la que nos encontrábamos se hubiese podido haber evitado. Aquí están cinco de ellas:

1. No existe un plan B
»Mi matrimonio es para toda la vida y sólo termina con la muerte. Suena un poco lúgubre, pero es verdad. Cuando hice la promesa de amar a mi esposa de por vida, me comprometí a hacer que nuestro matrimonio funcionara sin importar la situación en que nos encontráramos.

»Mi mentalidad era que iba a dejar mis opciones abiertas. Si estar casado no funcionaba o si estar con Consuela no duraba o si ella no me hacía feliz, yo quería estar seguro de que tenía una salida o, peor aún, otra opción. Pero, en el matrimonio no hay un plan B. El tener un plan B y mantener abierta la puerta para escapar u otras posibilidades me privaban de comprometerme y dedicarme totalmente a mi esposa y a nuestro matrimonio.

2. El matrimonio no se trata de mi felicidad
»Muchas parejas cometen este error. Lo escucho todo el tiempo. Y yo mismo lo creía en el año 2000 cuando caminamos por el pasillo el día de nuestra boda. En mi mente pensaba: “Consuelo es mi esposa y su deber es hacerme feliz. Eso es lo que hacen las esposas. Y si ella no me hace feliz, entonces tendré que encontrar a alguien o algo que sí lo haga”.

»La verdad es que el matrimonio se trata de mucho más que solo mi felicidad. Y ella no tiene toda la responsabilidad de mi felicidad. La felicidad es subjetiva y relativa y, como hombre, mi definición de la felicidad cambia tanto que no hay manera de que ella pudiera mantenerse al día con todas mis exigencias. El matrimonio es sobre el amor y el respeto mutuo y honrar a Dios por medio de nuestra fidelidad. No se trata de mi felicidad.

3. La comunicación es más eficaz que el silencio
»Soy una persona introvertida. También soy un hombre. Por lo tanto, hablar de mis sentimientos es tan extraño e incómodo para mí como pilotear un avión.

»Automáticamente, cuando algo me molesta o me hace enojar me aíslo y me quedo callado. Llega un punto en que reprimo tanto esos sentimientos, que empiezo a buscar formas perjudiciales de canalizar mi enojo, depresión o lo que sea que me está molestando.

»De lo que me he dado cuenta es que nadie me ama y cuida de mí y nadie puede atenderme como mi esposa lo hace. Puedo estar seguro de que ella va a tratar mis inseguridades y emociones con delicadeza. Y si estoy molesto con ella, ella es la única persona que puede arreglarlo —entonces ¿por qué no hablar con ella?

4. Ayudarla a ella me beneficia a mí
»Siempre recomiendo el libro “Los 5 lenguajes del amor” a los que se van a casar o a los que ya están casados. Cambió la forma en que veía mi relación con mi esposa. Como es natural, tratamos de amar a los demás como queremos ser amados —pero si ese no es su lenguaje de amor, nuestros esfuerzos son en vano.

Lo que hago por ella me beneficia a mí
»Aunque ayudar a mi esposa es algo que debo y tengo que hacer para tener un matrimonio feliz y saludable —me di cuenta de un fenómeno interesante. Cuando yo hago algo por ella, realmente me beneficia a mí. No me malinterpreten, debemos servir no por lo que recibimos a cambio. Pero es muy bueno que nosotros recibamos algo a cambio cuando ayudamos a nuestros cónyuges. Me parece que cuando yo la ayudo (a lavar los platos, por ejemplo) eso llena su “tanque de amor” hasta el punto en que quiere hacer lo mismo por mí. Suena bien, ¿no?

5. Las diferencias no son un signo de disfunción
»En cualquier relación —de trabajo, familiar, de amistad, etc.— va a haber diferencias. Eso es normal y aceptable. Por alguna razón, muchos de nosotros ponemos al matrimonio en una categoría distinta.

Creemos que si nos peleamos o discutimos es porque debe haber algo mal en nuestro matrimonio.

Inmediatamente saltamos a la conclusión de que nuestro matrimonio es disfuncional o está dañado de alguna manera.

»Y cuando pensamos que nuestro matrimonio es disfuncional, comenzamos a pensar en el plan B, dejamos de comunicarnos, y dejamos de intentar. Pero, el conflicto en el matrimonio es normal.

»La forma en que elegimos enfrentar los malos ratos es lo que determina qué tan saludable o dañado está nuestro matrimonio. Me he dado cuenta que el ver las diferencias como algo normal me ha ayudado a no enfrascarme en alguna ofensa, me ha ayudado a pedir perdón mucho más rápido, y a trabajar duro para resolver las diferencias tan pronto como sucedan.

»Como puedes adivinar por lo que puse al principio y los comentarios que recibimos regularmente – Consuela y yo tenemos un matrimonio espectacular, ahora. Es mejor de lo que era. Incluso es mejor de lo que era el día que nos casamos. Especialmente ahora que sé estas cinco cosas sobre el matrimonio.

»¿Qué tal está tu matrimonio? ¿Has encontrado similitudes en tu experiencia? ¿Qué añadirías a esta lista?».

Fuente: www.familias.com